LAS RELACIONES DE RUSIA Y OCCIDENTE:
¿ROMANCE O DETERIORO? (*)
©  Orlando Cárdenas Fernández (**)
INTRODUCCION

A punto de finalizar el siglo XX somos testigos de un Nuevo Orden Internacional cada vez más complicado e imprevisible. En este contexto las relaciones entre los dos polos que protagonizaron la guerra fría lejos de dar esperanzas de paz al mundo, manifiestan nuevas y mayores incertidumbres.

La vertiente oeste -hacia Estados Unidos y Europa occidental- es considerada la segunda prioridad de la política exterior de Rusia seguida de sus vínculos con los países del espacio post-soviéticos (Comunidad de Estados Independientes y países Bálticos)- aunque algunas fuerzas políticas rusas sostienen que ha sido la dirección más trabajada y la de mayor dedicación por parte del gobierno.

A un primer plano en estas relaciones han pasado los temas estratégicos político-militares, cuyo núcleo central es el problema de la ampliación de la OTAN a los paises ex-socialistas de Europa central y oriental.

LA AMPLIACIÓN DE LA OTAN

La extensión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte se circunscribe como un caso particular en un problema de mayor significación -la liquidación total del sistema de seguridad regional basado en los Acuerdos de Yalta y Postdam- tomando como premisa los resultados finales de la guerra fría.

La ampliación atlántica -proceso considerado por Washington como necesario e históricamente ineludible- encaja perfectamente en la vertiente europea de la política exterior de los Estados Unidos, ante todo porque consolida su presencia en el continente.

La unificación de Alemania, en tanto consecuencia inevitable del fin de la guerra fría, constituye a su vez el punto de partida para el cambio radical de la correlación de fuerzas en la geopolítica europea.

Si bien la tendencia orientalista de Bonn y su ulterior expansión en el plano táctico coinciden con las aspiraciones de Estados Unidos de ejercer control económico, político y estratégico-militar sobre Rusia -evitando de esa forma una evolución peligrosa a sus intereses en ese país no es menos cierto que probablemente sea de vital importancia para la Casa Blanca que Eurasia no sea nunca dominada por una sola potencia central.

Al parecer la diplomacia norteamericana no ha olvidado la doctrina geopolítica de Sir Halford Mckinder cuando definía a Eurasia como el "pivote geográfico de la historia", sentenciando que la potencia que domine esta región y específicamente su nudo central Europa del Este- dominará al mundo en general.

La ampliación de la Alianza hasta sus propias fronteras significa para Rusia una gran amenaza para la seguridad nacional, el reanálisis radical de todos los conceptos defensivos y el despliegue de una infraestructura adicional que conllevará indudablemente al debilitamiento de su capacidad defensiva. Más aún si se tiene en cuenta que este proceso puede incluir la presencia de armas nucleares en los nuevos miembros(1).

Por otra parte esto implica su aislamiento, pues no podría participar sobre bases de igualdad en la solución de los problemas regionales y mundiales. De hecho Moscú ya ha quedado prácticamente aislado de la política internacional, un ejemplo de ello son los bombardeos de la OTAN -en septiembre de 1995- sobre las posiciones serbias en Bosnia-Herzegovina, donde fueron ignorados sus intereses en la región.

En tercer lugar este proceso presupone una notable reducción de su presencia en los países ex-socialistas de Europa central y oriental. Area considerada ano por Moscú como zona de influencia geopolítica.

Frente a una Alianza en proceso de expansión, Rusia se verá precisada a realizar reformas en el ejército para aumentar su capacidad combativa, reevaluar y detener algunos acuerdos de desarme, en especial el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa (CEF) y el Tratado de Limitación y Reducción del Armamento Estratégico Ofensivo (START).

También se verá obligada a rescatar sus relaciones con los aliados tradicionales, en primer lugar con los estados que integran el espacio post-soviético.

Si a pesar del rechazo de Moscú y la posición cautelosa de las potencias europeas vencedoras en la II guerra mundial, se produce la ampliación de la OTAN; este proceso debería ir acompañado de un Tratado de Seguridad Transcontinental que incluya a Rusia.

Este acuerdo podría establecer un compromiso formal de cooperación defensiva Rusia-OTAN y un nuevo mecanismo de consulta dentro de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), como incipiente estructura atlántico-euroasiática de seguridad.

De lo contrario pronto estaremos en presencia de otra guerra fría en sustitución a la presente paz, que por su naturaleza es fría también.

En realidad los planes de ampliación de la OTAN pueden ser valorados como h continuidad de la política de contención a Rusia, esta vez no por su ideología, sino como gran potencia y una determinada civilización histórica.

Como alternativa a la extensión de la Alianza Atlántica hacia el Este, el Kremlin ha concebido su propia concepción de Asociación Común Europea. Esta propuesta tiene como objetivo central la reducción del papel internacional de la OTAN, otorgándole a la OSCE un rol decisivo en el escenario europeo.

Ante la negativa rusa de extensión directa del bloque militar hasta sus propias fronteras y la presión de los países de Europa del Este para su ingreso a él, la dirección atlántica aprobó una variante sutil de ampliación: la Asociación para la Paz.

Esta nueva estructura puede ser -a nuestro juicio- valorada desde diferentes ángulos y posiciones.

Pura los países de Europa central y oriental, la nueva Asociación constituye un peldaño intermedio en el camino que los conducirá hasta su añorada meta de incorporación definitiva a la Alianza, por lo que significa sólo una parte de lo que esperaban de Occidente.

Estos países están llamados a continuar realizando transformaciones económicas, sociales y políticas en aras de lograr una mayor estabilidad interna, que le resulte convincente a los miembros de la OTAN y puedan en un futuro, ingresar al bloque militar.

En este sentido el programa no satisface plenamente las necesidades de seguridad que estos estados plantean y si el proceso de ingreso continúa dilatándose, llegarán a rechazar esta variante edulcorada y exigirán su ingreso a la OTAN.

Con esta nueva fórmula, las potencias occidentales consiguen evadir -por un tiempo- las exigencias de los países ex-socialistas de participación directa en la alianza, a la vez que encuentran una vía eficaz de presionarlos por el camino que más convenga a sus intereses regionales.

También logran extender las fronteras del bloque, pero no de forma oficial, sino a través de una variante escurridiza y solapada que excluye en cierta medida, las preocupaciones de Moscú por una OTAN extendida hasta sus propias fronteras sin su participación.

Tal como planteó el Secretario de Estado norteamericano Warren Christopher: "Si existe peligro a largo plazo en mantener la OTAN tal como está, también existe un peligro inminente en cambiarla de inmediato. Ampliar la extensión de la OTAN al Este podría hacer que la profecía de una Rusia neo-imperialista se hiciese realidad" (2).

Para Rusia, la iniciativa adoptada por los líderes occidentales significó, en cierto sentido, un éxito de su política exterior, ya que ha logrado por el momento esquivar los peligros del acercamiento de la OTAN a su territorio. Sin embargo no debemos ignorar que la Asociación es un primer paso de ampliación del bloque militar occidental y por tanto encierra para Moscú grandes peligros.

Curiosamente Moscú ingresó en la Asociación para la Paz en dos ocasiones: el 22 de junio de 1994, sujeto a ratificación a finales de ese mismo año durante la IX Cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea, lo cual rechazó luego que la OTAN decidiera su inminente expansión y por segunda vez el 31 de mayo de 1995 condicionando su participación a la no ampliación atlántica.

Mientras tanto la Alianza ha estado valorando los elementos básicos de su ampliación, es decir:

El proceso de ampliación ha desarrollado su primera fase durante el año 1995, donde se han dado respuestas a interrogantes de ¿para qué? y ¿cómo?.

La segunda fase de ¿quiénes? y ¿cuándo? fue aplazada para después de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en noviembre de 1996.

Esta determinación de la OTAN evidenció a todas luces el objetivo de Occidente de no influir en un posible triunfo de las fuerzas nacional-patrióticas en las elecciones legislativas y presidenciales en Rusia (diciembre de 1995 y junio de 1996).

Aunque la decisión fue acogida positivamente por la opinión pública rusa, la reacción continúa siendo de renuncia total a la ampliación y no de su aplazamiento. El rechazo a la OTAN es quizás el único elemento sobre cl cual se puede lograr un verdadero consenso de toda la nación.

Somos de la opinión que la ampliación de la Alianza hasta las fronteras de Rusia, no es como quieren ver algunas fuerzas políticas europeas un error de amigos, más bien se trata de un complot de adversarios.

Algunas veces se plantea que Europa del Este conforma un vacío de seguridad regional, sin embargo las estructuras creadas son más que suficientes para garantizar la paz y estabilidad en el continente (3).

Lo importante es imprimir una mayor efectividad al funcionamiento de estas organizaciones, lo cual sólo se logrará con el esfuerzo mancomunado de todos los países miembros y la buena voluntad de cooperación.

LAS RELACIONES RUSO-NORTEAMERICANAS

Un balance general de los nexos ruso-norteamericanos durante la administración Clinton, permite afirmar que la política exterior de Washington hacia Moscú se basa en un tratamiento ambiguo que combina las presiones con los gestos amistosos.

Con esta dualidad se persigue el objetivo de favorecer la transformación de Rusia en un país capitalista, lo suficientemente estable como para no constituir una amenaza militar, pero evitando al mismo tiempo que llegue a convertirse en un competidor económico de primera magnitud.

La actual administración comprende que el apoyo a las reformas capitalistas rusas favorece directamente al interés nacional de los Estados Unidos, ya que una "Rusia democrática" implica el alejamiento del peligro de una guerra nuclear y de conflictos armados entre las antiguas repúblicas soviéticas, la garantía de que no se establezca un régimen nacionalista y antioccidental, la reducción de los gastos militares y el acceso a nuevos mercados para los productos norteamericanos, entre otras implicaciones.

Un análisis de los vínculos entre Estados Unidos y la Nueva Rusia hasta el presente, nos pudiera dar -con carácter preliminar y aproximado- una determinada periodización de su desarrollo.

La primera etapa, que abarca los años 1992-1993, se caracteriza por una gran coincidencia y el máximo acercamiento. En su "luna de miel" estas relaciones se establecen con un carácter esencialmente favorable a EUA, con grandes concesiones y elementos de subordinación unilateral por parte de Rusia.

La segunda etapa se extiende desde finales de 1993 hasta finales de 1994. Ya aquí se empiezan a manifestar las divergencias entre las dos potencias en torno al conflicto en la ex-Yugoslavia, la ampliación de la OTAN al Este y la crisis en Chechenia, entre otras. El triunfo de las fuerzas de izquierda en las elecciones legislativas de diciembre de 1993, acentuó la búsqueda del interés nacional en la política exterior rusa.

El año 1995 marca la tercera etapa de las relaciones bilaterales, caracterizada por un evidente deterioro y enfriamiento, donde las divergencias son predominantes. Concluye el "romance" en las relaciones ruso norteamericanas. El triunfo de los republicanos en el Congreso estadounidense, la inminente ampliación de la OTAN y la profundización de la inclinación euroasiática en la política exterior rusa, son elementos a tener en cuenta.

El análisis de estas etapas nos muestra una tendencia que va desde la máxima coincidencia hasta la agudización de las divergencias y un posterior deterioro.

Al caracterizar con el término "deterioro" el estado actual de estas relaciones, no debemos tomarlo como algo absoluto, sino relativo y en un sentido comparativo a través de las etapas por las que han transitado estos vínculos.

Estados Unidos ha tratado de obtener el mayor provecho de la desaparición de la URSS, el cambio del sistema económico-social y el debilitamiento coyuntural de Rusia.

Moscú por su parte, ha ido moviéndose paulatinamente en la dirección de la defensa de sus intereses nacionales. El fin de las ilusiones de una entrada masiva de capitales norteamericanos, el ascenso de las tendencias euroasiáticas (nacional-patrióticas y eslavófilo-aislacionistas) en detrimento de las pro-occidentales en el diseño de la política exterior y el progresivo avance de las fuerzas de izquierda en la escenario interno, han determinado la variación del rumbo inicial de total sincronismo con EUA hacia unas relaciones mutuamente ventajosas, pero priorizando sus intereses en el plano interno, regional y global.

Esto no significa que en la política que sigue el actual ejecutivo hayan desaparecido todos los elementos de la primera etapa, pero se aprecia un determinado agotamiento del potencial negociador ruso en tal sentido.

Realmente los vínculos ruso-norteamericanos -en general- han tenido un carácter más enunciativo que práctico, pues ha predominado la subordinación unilateral de Moscú y la obtención de grandes provechos por parte de Washington (4).

Los principales obstáculos que han incidido en el deterioro de estos nexos debemos encontrarlos en los enfoques contrapuestos acerca de la ampliación de la OTAN, el protagonismo ruso en la solución militar de los conflictos nacionales de los países miembros de la CEI, el cumplimiento del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, el desarme nuclear, la solución de la crisis en la ex-Yugoslavia, la competencia por nuevas esferas de influencia y la rivalidad en la venta de armamento y tecnología bélica, entre otros.

El principal escollo de los nexos ruso-estadounidenses en la actualidad lo constituye el problema de la ampliación de la OTAN, ya que Washington es el principal arquitecto de este proyecto.

Por otra parte la política de Rusia hacia el espacio post-soviético no deja de provocar serias inquietudes en la Casa Blanca y constituir un elemento de divergencia para las relaciones bilaterales

Si bien EUA no tiene otra salida que aceptar la idea de que las repúblicas ex-soviéticas son área de influencia rusa, esto le ocasiona grandes preocupaciones ante la posibilidad de un renacimiento imperial del Kremlin.

Washington reprocha la presencia exclusiva de Moscú en la solución de los conflictos étnico-nacionales de los países miembros de la CEI. Rusia mientras tanto, insinúa que EUA actúa a su antojo en los problemas de América Latina y el Caribe.

La política de EUA hacia el espacio post-soviético tiene como objetivo principal, evitar que Rusia logre cohesionar a estas repúblicas e imponer su liderazgo en la región.

Ante la intensificación de los conflictos en el Cáucaso y los planes de ampliación de la OTAN, Moscú no ha cumplido sus compromisos de reducción del armamento pesado contemplado en el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa.

Este acuerdo firmado en 1990 por la entonces Unión Soviética, establece que Rusia debía reducir a 600 tanques, 580 vehículos blindados y 1.280 piezas de artillería su armamento en las zonas del flanco oeste -de San Peterburgo al Cáucaso- para el pasado 16 de noviembre.

Estados Unidos a pesar de haber exhortado a Rusia para que cumpla con el acuerdo preservando su integridad, ha dejado una puerta abierta para su renegociación en mayo de 1996.

Evidentemente Washington no le quedará más remedio que aceptar que Moscú mantenga sus armas pesadas en la región, no tanto como las que tiene ahora, pero más de lo fijado por el acuerdo.

En tal sentido el 22 de septiembre la OTAN propuso excluir de las zonas de flanco a 5 regiones militares -Pskov, Novgorod, Vologna, Volgogrado y Astrakan- convirtiéndolas en zonas de retaguardia.

El 31 de octubre Rusia propuso excluir también las regiones de Krasnodar, Adigea y Stavropol; planteando que la presencia de San Peterburgo en las zonas de flanco es una gran concesión a Occidente.

El Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa fue firmado en condiciones internacionales distintas a las actuales, los intentos de ampliación de la OTAN y la gravedad de la crisis en el Cáucaso Norte hacen imposible su cumplimiento por parte de Moscú, de lo contrario se afectaría grandemente el equilibrio convencional en detrimento de Rusia.

Por otro lado el armamento retirado de la parte europea de Rusia y trasladado a la parte asiática no ha sido destruido ano por falta de recursos financieros.

El Kremlin pidió que la fecha limite para la destrucción sea postergada del 31 de diciembre de 1995 para finales de 1998. Aunque las causas esgrimidas son económicas, no se deben ignorar las razones de índole político-militar, Rusia está prestando una gran atención a los problemas de su capacidad defensiva.

El Tratado de Limitación y Reducción del Armamento Estratégico Ofensivo -START- ha devenido en otro elemento de tirantez para las relaciones ruso-norteamericanas.

Como respuesta a los planes de ampliación de la OTAN, Moscú ha anunciado una revisión de sus compromisos contraídos en el Acuerdo START-I, en vigor desde diciembre de 1994 y que establece la reducción de un 30 % de las armas estratégicas de ambas potencias.

El Acuerdo START-II, firmado en enero de 1993 y que prevé la eliminación de 3.000 - 3.500 cabezas nucleares para ambos países antes del 1° de junio del ano 2003, no ha sido ratificado por el Parlamento ruso y difícilmente podría lograr su ratificación en algún momento.

Este convenio podría conllevar a una ruptura del equilibrio nuclear a favor de los Estados Unidos, porque implica para Rusia la pérdida de su arma estratégica más efectiva y barata -los misiles balísticos intercontinentales de cabezas múltiples basificados en tierra- sin apenas afectar la flota de submarinos atómicos norteamericanos, la cual representa una verdadera fuerza de choque. Debemos tener presente que Rusia es una potencia continental, mientras que Estados Unidos es oceánica (5).

Según el guión actual del START-II, hacia el año 2005 las fuerzas estratégicas nucleares de Rusia quedarían reducidas prácticamente a 0.

Pero además, aunque ambas potencias destruyan sus armamentos estratégicos, los Estados Unidos conservan la capacidad técnica de reinstalarlos, mientras que Rusia no puede hacerlo en sus sistemas móviles "Topol" de cabeza única instalados en plataformas ferroviarias (6).

A las complicaciones de este Tratado viene a sumarse la reciente aprobación por parte del senado norteamericano del proyecto de ley sobre la ampliación del Sistema de Defensa Anti-coheteril, a establecerse en el año 2003.

Esta segunda variante de "guerra de las galaxias" constituye una violación del Acuerdo START y del Tratado sobre cohetes antibalísticos (A.B.M.), lo que motiva aún más a Rusia a revisar sus compromisos nucleares.

Desde 1993 los Estados Unidos han ido perfeccionando sus sistemas de defensa anti-coheteril con el pretexto de contrarrestar la amenaza nuclear que proviene de algunos estados de Asia y Africa que poseen o están en camino de fabricar el armamento nuclear.

Washington ha estado incluyendo cohetes "tácticos" que no tienen nada que envidiar a los estratégicos y están dirigidos no sólo contra los objetivos de corto y mediano alcance, sino también contra los intercontinentales (7).

El acuerdo START-II fue firmado en un momento de gran desesperación por parte de Rusia, por un lado las necesidades de inversiones occidentales y por otra parte el predominio de las tendencias pro-occidentalistas en su política exterior.

Los tiempos han cambiado y las promesas de Occidente no se han cumplido, por el contrario la humillación de Rusia se ha profundizado notablemente. START-II ha sido una trampa tendida a Rusia con el objetivo de aniquilar su poderío nuclear y privarla del rango de gran potencia militar.

El Parlamento ruso podría aprobar este acuerdo siempre y cuando se produzca una reducción del 50 % de los portadores instalados en los submarinos norteamericanos, se cumpla estrictamente el Tratado sobre los Sistemas de Defensa Anti-coheteril y se prorrogue hasta el 2008 el cumplimiento del START-II.

Si somos realistas en el análisis de las relaciones internacionales debemos reconocer que esto no podrá ser logrado en un futuro inmediato y el Acuerdo START-II pasará a la historia como un intento de desarme nuclear mundial sobre la base de la rendición total de Rusia.

La venta de tecnología nuclear con fines pacíficos ha sido objeto de divergencia entre Washington y Moscú. La instalación de dos reactores rusos en Irán ha encontrado grandes objeciones por parte de la Casa Blanca, este asunto no pudo ser resuelto en las cumbres de alto nivel por lo que fue trasladado a la Comisión Bilateral integrada por Gore y Chernomirdin.

Estas contradicciones en torno al comercio tecnológico es una manifestación de la competencia y rivalidad internacional por nuevas esferas de influencia y mercados.

La solución de la crisis en Bosnia-Herzegovina ha sido un tema conflictivo en las relaciones de Moscú con Occidente.

Un gran impacto causaron en Rusia los bombardeos de la OTAN -con participación directa y fundamental de los Estados Unidos- sobre los serbios de Bosnia, catalogados por la Duma Estatal como "genocidio a la nación serbio".

Esta escalada bélica ha servido para ilustrar lo que pudiera ocurrir en Rusia y otros estados del espacio post-soviético, con relaciones étnico-nacionales similares a los Balcanes, en el caso de que la alianza militar se amplíe al Este.

Por mucho que Washington ha intentado persuadir a Moscú para mantener inalterables sus relaciones bilaterales, estas acciones vienen a recrudecer la atmósfera antioccidenta,l eslavófila y eurasiática que ya está prevaleciendo en la opinión pública rusa con tendencia a convertirse en un determinado consenso nacional.

En declaraciones del propio presidente Yeltsin se ha reiterado la idea expresada por él, en la IX Cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea, acerca del carácter cada vez más unipolar del actual orden mundial. En esta ocasión a través de la crítica a la decisiva participación norteamericana en un problema que por su naturaleza es europeo.

En los marcos de los festejos por el Cincuenta Aniversario de las Naciones Unidas se efectuó una sui génesis y extremadamente discreta cumbre ruso-norteamericana. Lo más importante de este encuentro fue la reafirmación, por ambas partes, de mantener las relaciones de cooperación en calidad de socios.

El punto central relacionado con el mando de las tropas rusas en las fuerzas internacionales de pacificación en Bosnia sólo recibió un traslado a las manos de los ministros de defensa, lo que indica claramente que ninguno de los mandatarios cedió en las posturas sustentadas.

Moscú solicita emplazar sus tropas con mando independiente, exigiendo que las fuerzas de paz actúen bajo mandato estricto del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que Estados Unidos sostiene que la jefatura general sea de la OTAN, reconociendo el aval de Naciones Unidas sólo en el plano formal.

Lo único positivo al respecto fue la decisión de crear unidades conjuntas en ingeniería, transportes, logística y comunicaciones que tomarán posiciones un mes después que sean dislocadas las tropas de la Alianza. Al mando de estas unidades estará un jefe norteamericano y como segundo un general ruso.

Un análisis de los factores anteriormente expuestos nos reafirma la idea que los vínculos ruso-norteamericanos transitan por su peor momento, a la vez que permite prever una tendencia futura nada optimista en ellos.

Por una parte la influencia que ejercen los republicanos en el Congreso para el recrudecimiento de las presiones sobre Moscú y el predominio de la inclinación antioccidental y euroasiática de la sociedad rusa.

Por otro lado las aspiraciones reeleccionistas de ambos presidentes y la necesidad de presentar ante sus respectivos electorados la mejor imagen, por lo que tienen que enfrentarse a retos de gran envergadura a los que ninguna de las partes parece estar dispuesta a ceder.

LAS RELACIONES DE RUSIA CON EUROPA OCCIDENTAL

Si se tiene en cuenta el papel de los Estados Unidos como núcleo y principal protagonista del mundo occidental, resulta fácil comprender que las relaciones de la Federación de Rusia con el Oeste europeo, ocupa un lugar secundario en el contexto de sus vínculos con Occidente.

Sin embargo los países que integran la Unión Europea constituyen el principal socio comercial de Rusia -con aproximadamente el 37% de su comercio exterior- aunque esto se materialice fundamentalmente en el plano bilateral.

Rusia ha participado como invitada en las últimas cumbres de la Unión Europea, principalmente posterior a su participación en determinados puntos de las cumbres del Grupo de los 7.

Unos días después de su "primer ingreso" a la Asociación para la paz -en junio de 1994- Moscú logró firmar con la Unión Europea un Acuerdo de Cooperación para un futuro Tratado de Libre Comercio, susceptible a revisión en 1998.

En diciembre de ese mismo ano se aprobó el convenio principal que materializaba el Acuerdo, pero tres meses después fue congelado debido a la intervención militar rusa en el conflicto de Chechenia.

Las relaciones de Rusia con la Unión Europea han estado matizadas por el recelo y la desconfianza. La actitud negativa de Moscú frente a los planes de ampliación de la OTAN, los vaivenes de su política exterior y las inconsecuencias domésticas -fundamentalmente en las cuestiones relacionadas con la democracia- han sido factores que han influido negativamente en estos nexos.

Las utopías esgrimidas en la etapa de la Perestroika acerca de la "Casa Común Europea" se han desvanecido irremediablemente, la idea sencillamente impensable. Rusia no sólo no ha entrado en Europa, sino que nadie la está esperando.

Desde 1992 el Kremlin solicitó su ingreso al Consejo de Europa (8), logrando al fin su adhesión en febrero de 1991, recibiendo también un voluminoso paquete de recomendaciones y sugerencias.

En realidad el estado de la democracia en Rusia no está a los niveles de Europa occidental. La propia presencia de 43 partidos en las elecciones legislativas, evidencia la inmadurez de los mecanismos democráticos.

Varios motivos impedían su incorporación al Consejo: primeramente la ausencia de una nueva Constitución, después la presencia de tropas rusas en la solución de los conflictos interétnicos en Moldova y posteriormente la guerra en Chechenia.

El ingreso de Rusia a este organismo regional puede ser interpretado como un apoyo de Occidente a las fuerzas "democráticas" del presidente Yeltsin en pleno proceso electoral y con el antecedente negativo del éxito del Partido Comunista de la Federación de Rusia en los comicios legislativos de 1995.

Otro elemento de las relaciones de Moscú con Europa occidental es la deuda externa de Rusia, la que supera los 120 mil millones de dólares y equivale a 2,5 veces el valor total de sus exportaciones. Solamente por concepto de amortizaciones el país tiene que invertir de 15 a 20 mil millones anualmente. Estas cifras indican que se ha sobrepasado ampliamente el margen de endeudamiento riesgoso para el país.

Con el Club de París tiene una deuda de 35 mil millones. En junio de 1995 se logró renegociar el pago de los intereses, Moscú pagará mil cien millones en lugar de ocho mil que tenía establecido.

Con el Club de Londres su deuda asciende a 25 mil millones a pagar en 20 años con un 7 % de interés. Rusia ha solicitado extender los pagos por 25 años con el 1,5 % de interés.

CONSIDERACIONES FINALES

Una valoración de los elementos anteriormente expuestos nos permite llegar a la conclusión de que los vínculos de la Federación de Rusia con Occidente atraviesan por su peor momento, caracterizado por tensiones y tirantez. El romance vivido ha llegado a su fin y las perspectivas no son muy optimistas.

La ampliación de la OTAN -en tanto desafío fundamental del actual Sistema de Relaciones Internacionales para Rusia- puede conllevar a la conformación y consolidación del Tratado de Seguridad Colectiva de los países miembros de la CEI, lo que podría traer un enfrentamiento de los dos bloques militares y el regreso al período confrontacional.

La tendencia hacia el predominio de la inclinación euroasiática (nacional-patriótica y eslavófilo-aislacionista) sobre la pro-occidental en el diseño y reformulación de los postulados básicos de la política exterior rusa, está produciendo un viraje y radicalización de su proyección externa. Moscú se ha ido moviendo en la dirección de la defensa de sus intereses nacionales.

El éxito del Partido Comunista de la Federación de Rusia en las recientes elecciones legislativas está llamado a influir positivamente en la doctrina de política exterior del Kremlin, incluyendo una posible revisión de sus vínculos con Occidente.


Foto AutorEsta página fue hecha por  Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


©  Orlando, Cárdenas Fernández, Las Relaciones de Rusia y Occidente: ¿Romance o Deterioro?, http://luisdallanegra.bravehost.com/ursseua.htm


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


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(*) ©  Publicado en "Revista de Estudios Europeos", N° 37, Enero-Marzo 1996, Centro de Estudios Europeos, La Habana, Cuba.

(**) Licenciado en Ciencias Filosóficas. Investigador del Programa de estudios Post-soviéticos en el Centro de Estudios Europeos, La Habana, Cuba.

(1) Ver: Informe del Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación de Rusia Segodnia, Moscú, 21 de abril da 1995 (en ruso). 

(2) Tomado de: El País, Madrid, 11 de enero de 1994, p. 4. 

(3) Nos estamos refiriendo a la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCIE), Consejo de Cooperación del Atlántico Norte (CCAN) y la Unión de Europa Occidental (UEO). 

(4) Ver: "Die Romanze mit dem westen ist vorbei." Die Zeit, Nro. 44, Alemania, 27 oktober 1995, p. 3. 

(5) Ver: "La seguridad nacional de Rusia y el START-II", Revista Kentavr, N. 4, Moscú, 1993, p. 50 (en ruso). 

(6) Ver: Segodnia, Mosca, 29 de marzo de 1995 (en ruso).

(7) Ver: Granma, 26 de agosto de 1995. 

(8) El Consejo de Europa es un órgano consultivo integrado por más de 30 paises que encamina su trabajo a la solución de problemas en torno a la demacrada, los derechos humanos, relaciones interétnicos, ecología, etc...