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REALISMO SISTEMICO ESTRUCTURAL

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

INTRODUCCION

Si uno desea diseñar una política exterior, o tomar cualquier decisión en la que el factor externo esté presente, primero debe entender el funcionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país -en términos temporales-. No se pueden tomar decisiones en el marco de un sistema que se desconoce o no se comprende, o de cuyo funcionamiento se tiene un “espejismo” 1.

Para poder conocer el funcionamiento del sistema mundial, describirlo o explicarlo, uno debe ubicarse desde una perspectiva tal, que le permita observarlo tal cual es; debe tener una “cosmovisión” de la realidad. Es imposible explicar la realidad sin conocerla.

La realidad no es lo que nosotros creemos que es, o lo que nosotros queremos que sea. En ningún caso, la realidad se va a comportar según nuestras aspiraciones o intereses si no tenemos en cuenta su forma de funcionamiento 2.

A partir de la cosmovisión, podemos crear una teoría, que llevará la impronta de esa cosmovisión, dependiendo de la corriente dominante.

Una teoría debe tener en cuenta a la realidad y no basarse en preconceptos, cualesquiera que sean y de donde provengan o quien los dicte, que la desconozcan y pretendan que se comporte según los lineamientos de quien o quienes quieran sacar ventaja.

La naturaleza humana, la naturaleza de la sociedad y por ende de la política, muestran una forma de funcionamiento que debe ser contemplada por la teoría. Desconocer esto o forzarlo en un sentido ideológico hace que actuemos de forma errónea sobre la realidad.

Realismo e Idealismo y Teoría de las Relaciones Internacionales

Las escuelas del pensamiento sobre el funcionamiento de la realidad, están divididas en dos corrientes principales que están en pugna:

1) Una de ellas opina que un orden político derivado de principios abstractos e ideales y de carácter universal se puede instituir. Presupone la bondad esencial de la naturaleza humana 3. Establece que la causa de que el orden social no llegue a operar con estos conceptos racionales es la resultante del mal funcionamiento de instituciones o de la perversión de ciertas personas o grupos. La alternativa está en reformar esto a través de la educación y modificación de pautas culturales 4 y en utilizar la fuerza si es necesario para ello 5. La realidad carece de vida y leyes propias, es amorfa y anárquica -en términos de carente de orden- y por lo tanto debe operarse sobre ella. Entonces la teoría procurará diseñar herramientas para modificarla y generar pautas de orden para organizarla. Esta corriente es conocida como “idealismo”.

2) La otra considera que la realidad, imperfecta desde un punto de vista racional, es la resultante de fuerzas que surgen de la naturaleza humana. Que la realidad mejore, depende del entendimiento que se tenga de estas fuerzas, no de ir contra ellas 6. El mundo está basado en intereses diferentes, muchas veces opuestos y de conflictos entre estos intereses; es por ello que los principios morales no alcanzan a realizarse totalmente. Lo que se puede hacer es buscar un equilibrio temporal entre intereses. Esta escuela ve en un sistema de represiones mutuas y equilibrios un principio universal. No se puede aspirar a un bien absoluto, sólo a una convivencia razonable en un contexto naturalmente conflictivo. La realidad tiene vida y leyes propias, tiene una lógica del funcionamiento; se maneja por sus propias leyes, indiferentes a las preferencias humanas. Entonces la teoría tratará de comprender esas leyes y la lógica del funcionamiento y operará en consecuencia, no tratando de modificar la realidad -no es posible modificar lo esencial-, sino procurando que las decisiones saquen el mayor provecho de sus características, con el objeto de obtener el máximo beneficio con el mínimo costo. Esta corriente o cosmovisión, es conocida como “realismo”.

Hay “teorías realistas”, pero el realismo no es una teoría. El “realismo” es una cosmovisión, y como toda cosmovisión es universal. Más allá de que la “realidad” puede ser diferente en distintas partes del mundo, en el “centro” o en la “periferia”, el “realismo” no es diferente en el centro o en la periferia. Cuando uno habla de realismo hace referencia a temas esenciales independientes de las circunstancias de tiempo y de lugar, a las que está sometida la realidad.

Una teoría es realista porque se crea en función de los parámetros establecidos por la cosmovisión realista, no porque habla sobre la realidad. Tiene en cuenta las fuerzas que surgen de la naturaleza humana tal como es y al proceso histórico tal como se ha venido desarrollando atendiendo a esquemas de poder aun cuando se pretendió establecer una moral 7.

Cuando uno se plantea procesos epistemológicos, está yendo a lo esencial. No hay que confundir “realismo” desde el punto de vista epistemológico, con “realidad” como una situación vivida por los países denominados del “centro” en relación a la realidad que viven los países de la “periferia”. Hay realidades distintas, pero el realismo como cosmovisión no hace referencia a una o algunas o todas las realidades, sino que las “corta” a todas ellas mostrando algo que, independientemente de sus diferencias, como realidades, tienen en común esencialmente.

Realismo: ¿Céntrico o Periférico?

La diferencia entre el realismo político y otras escuelas del pensamiento, es profunda. Ha habido mucha confusión y mal entendido y mala interpretación respecto del realismo.

En primer lugar, queda en claro que no es una teoría sino una cosmovisión -más allá de que hay teorías realistas, porque se ajustan a esa cosmovisión-, y por lo tanto, es totalizadora, lo que implica que no hay diferencias entre el “centro” y la “periferia” desde el punto de vista del realismo, más allá de que las “realidades” -en términos de circunstancias de tiempo y de lugar- en uno u otro sean diferentes.

En segundo lugar, el realismo se maneja en función de los intereses dominantes en la media de los poderes que permiten alcanzarlos. El interés es el motor y el “poder” la “variable crítica”. Del mismo modo en que el interés requiere del poder para hacerse posible, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder, en términos de que los valores dominantes, la adopción de normas, su exigibilidad en cuanto a cumplimiento o sanción por incumplimiento, la posibilidad de un orden y su mantenimiento, así como el establecimiento de justicia, requieren de poder; per sé no se alcanzan.

En tercer lugar, el realismo político no ignora la existencia y aplicabilidad de normas de pensamiento diferentes a las de la política; pero abandona a las otras escuelas cuando imponen o subordinan a la política a las normas de pensamiento apropiadas a otras esferas. El realismo político se niega a pensar en términos jurídicos o éticos 8 en temas que tienen que ver con lo político. Es sólo la prudencia la que le pone límites al realismo político. Atendiendo a la situación de la “periferia”, la “prudencia” no sólo es para aquellos gobiernos o decisores que tienen conductas o políticas “opositoras” o de “confrontación” hacia el “hegemón”, sino también para los que las tienen “subordinadas”. No existen “alianzas” entre desiguales. Uno es el que domina, y el otro es el subordinado. Una manera de carecer de prudencia política, es la “ingenuidad” política; salvo que el propósito del decisor esté orientado, no hacia el interés nacional, sino hacia el beneficio personal, entonces no es ingenuidad, sino corrupción.

El realismo está en desacuerdo con las corrientes que pretenden imponer la idea de que el papel del poder en la sociedad -o en cualquier sistema- es nefasto, fundándose en argumentos que desconocen la esencia de la naturaleza humana y del funcionamiento de la sociedad.

El realismo se diferencia de otras escuelas del pensamiento respecto de cómo el mundo debe transformarse. Para el realismo, las transformaciones no vendrán de la confrontación de un ideal abstracto y la realidad política -que tiene sus propias leyes-. Sólo se logran a través de la eficaz manipulación de las fuerzas permanentes que representaron el pasado tal y como encarnarán el futuro.

Porque está preocupado por la necesidad de transformaciones, teniendo en cuenta las leyes propias de la realidad política, el realismo tiene conciencia del significado moral de la acción política, de la misma manera que tiene conciencia de la inevitable tensión entre la disposición moral y los requisitos de una acción política que tenga éxito. No puede haber moralidad sin “prudencia” entendiéndola como la consideración de las consecuencias políticas de una acción aparentemente moral. La ética, juzga las acciones humanas de acuerdo a como se ajustan con la moral vigente; la “ética política” las juzga de acuerdo con sus consecuencias políticas.

Interés y Poder

Es el concepto de interés considerado en términos de la medida del poder de que se dispone, lo que permite abstenernos de llevar a cabo políticas erróneas; porque de la misma manera en que comprendemos que otros actores se manejan en función de sus propios intereses en la medida de sus poderes, debemos hacer lo propio, y manejarnos en función de nuestros propios intereses en términos del poder -y las limitaciones- del que disponemos.

Para el realismo, el interés forma parte de las constantes en la forma de relacionamiento entre los individuos o los grupos. La idea del interés es inmutable, lo que se modifica con las circunstancias de tiempo o de lugar, es su contenido. Es el contexto político y cultural vigente en un momento histórico el que modifica la idea del interés. Es lo mismo que el contexto que determina al poder. Dependiendo de las circunstancias de tiempo y de lugar, el poder puede consistir en cualquier cosa que establezca y mantenga el control del hombre sobre el hombre o de los grupos entre sí.

Tucídides en la Historia de la guerra del Peloponeso, decía que lo único duradero entre los individuos o los grupos es la identidad de intereses o la ausencia de conflicto entre ellos. Se refiere a las causas naturales y a la conducta del hombre para explicar el devenir histórico, antes que como mero producto de la fatalidad o la intervención de los dioses. Al analizar los hechos, va más allá de lo anecdótico para buscar las motivaciones personales de los protagonistas de los mismos, sus ambiciones y sus temores 9.

Lord de Salisbury, Secretario de Estado para Asuntos Externos y de la Commonwealth del gobierno británico, entre 1878 y 1889 tomó de Tucídides la idea y dijo: “Gran Bretaña no tiene amigos ni enemigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes”. El Reino Unido venía manteniendo una política exterior que aplicaba el principio del equilibrio” recogido en el Congreso de Viena de 1815. El objetivo de esta política era evitar el expansionismo de cualquier potencia europea, que pusiera en peligro su hegemonía.

George Washington a su vez, erigió al concepto de los intereses permanentes, como un principio general de su gobierno. Estaba convencido de que el interés era el principio rector y que casi todos los hombres, en mayor o menor medida, estaban bajo su influencia. En su opinión, causas de orden público pueden hacer que los hombres actúen, momentáneamente, de manera desinteresada, pero esto no modifica las conductas esenciales. Para él, habría que cambiar la esencia humana en gran parte, antes de poder cambiar de ruta y cambiar la esencia no es posible. Decía que ninguna institución puede tener éxito, si no construye sobre la verdad originaria de este concepto.

Para Max Weber, las acciones de los hombres, se ven dominadas por intereses materiales e ideales más que por ideas, aunque las imágenes del mundo creadas por estas ideas han servido de incentivo para determinar las vías donde el dinamismo de los intereses continua impulsando a las acciones 10.

l Poder como Variable Central

La naturaleza humana, que constituye la raíz de las leyes que manejan a la política, no ha variado a lo largo de la historia de la humanidad, independientemente de los factores culturales y los acontecimientos civilizatorios. Su existencia y su vigencia, dependen de la “voluntad de poder” 11. No estoy haciendo referencia al poder o a la voluntad en el sentido “competitivo” que se les da en la época moderna, sino a la idea de “autorrealización” y al alcance y logro de las propias potencialidades. Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos. El poder es una expresión del proceso vital, independientemente de que se puede utilizar con otras finalidades, más allá de la “supervivencia”.

Lejos de considerar al poder únicamente como un término “insultante”, que ha de ser aplicado a nuestros enemigos -en términos de que ellos están movidos por el poder, en tanto que a nosotros nos motivan únicamente la benevolencia, la razón y la moralidad- empleo la palabra como descripción de un aspecto fundamental del proceso vital. Si desdeñamos el factor de poder, tal como se tiende a hacerlo generalmente como reacción contra los efectos destructivos del abuso del poder, perderemos valores que son esenciales para nuestra existencia 12. En este sentido, el “poder”, tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades.

Sistema Internacional Estratificado

La palabra poder deriva del latín potere”, que significa “ser capaz”. Al nacer, emergen en nosotros los aspectos cooperativos y de amor de la existencia, junto con los aspectos competitivos y de poder. No es mediante la abdicación de nuestros poderes, sino usándolos de manera cooperativa, como llegamos a ganar la apreciación del mundo y el apoyo de nuestros semejantes. Buena parte de la vida humana puede ser considerada como el conflicto entre el poder por una parte, en términos de formas efectivas de influir sobre los otros, logrando así en las relaciones interpersonales la sensación de la propia significación, y la impotencia por la otra 13.

No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo.

Pero el concepto de poder no sólo se aplica al ser y la vigencia de los actores, sino también a la posibilidad de acción y relacionamiento de los mismos. Como mencioné más arriba, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder. Pretender la autonomía de aquéllas del poder, es considerar que normas, ética, justicia u orden existen y se sostienen per sé. Desde el punto de vista del realismo, esta visión genera una falsa imagen de cómo funciona un sistema, cómo se ordena o como se alcanza la justicia.

os miembros del sistema se manejan en función de sus propios intereses, y los procuran o respaldan en función del poder de que disponen. Esto nos muestra un sistema que no tiende naturalmente hacia el bien común ni al orden, sino hacia los intereses de cada miembro, en forma asimétrica, dependiendo del poder del que dispongan. Esta es la idea básica de “anarquía” del sistema, en el que cada miembro tiende hacia sus propios intereses, en vez de “converger” hacia un orden acordado.

Poder y Política

Esto también hace inteligible a la política exterior. El interés de los decisores está, en primer lugar con los del país 14, más que con el bien común o el orden mundial. No hay motivos éticos -en términos de moral- en la elaboración de la política, sino de interés nacional en el caso del Estado-Nación o de interés corporativo en el caso de empresas, banca, organizaciones de la sociedad civil, etc. La ética juzga la calidad moral de los motivos humanos, en cambio la ética política, juzga las cualidades políticas del intelecto de la voluntad y de la acción. Mide las consecuencias positivas o negativas de esos actos.

Pensando en términos de interés, lo que importa es el “poder” para lograr obtener lo que buscamos o necesitamos y la “regla” es que “otro” no disponga de ese poder para imponernos, impedirnos o alcanzarnos sacando ventajas. Caso contrario, debemos competir o confrontar -pugnar-. La guerra fría es un modelo de pugna entre intereses y poderes, en la que se privilegió la “seguridad” entre los polos enfrentados, subordinando a sus intereses a los “periféricos” en forma asimétrica.

Grandes Poderes y Orden Internacional

La seguridad es uno de los intereses privilegiados; de ella, junto al concepto de territorialidad e imperium es que se establece la idea de “soberanía”. EUA identificó la política externa con la seguridad nacional. Tal vez los países periféricos deberían identificar su política externa con “desarrollo”.

Otro interés privilegiado es el de no carecer de recursos estratégicos y quedar a merced de quienes los tienen 15. Gran cantidad de conflictos tienen que ver con el control de recursos estratégicos. Parte de la expansión y colonización europea en el Siglo XIX, especialmente en Africa, tuvo que ver con el control de recursos estratégicos y mano de obra barata o esclava; de la misma manea que con el dominio de las rutas marítimas para obtener estos recursos y esclavos y poder exportar sus manufacturas; razón por la cual el “liberalismo” era la ideología privilegiada. Lo mismo se puede decir, en el Siglo XX, de la presencia de EUA en el Medio Oriente y sus intervenciones y/o presiones sobre países como Afganistán, Irak, Irán, etc., o el interés en controlar gobiernos en América Latina bajo el lema de defensa de la democracia.

En este caso, el intervencionismo fue legitimado por EUA a través de una moral, que en la guerra fría fue la cruzada anticomunista de Harry Truman y George Kennan. Para Truman la política de contención al comunismo -esbozada por Kennan 16- fue la forma de satisfacer la seguridad y encontrar una vía, o bien de acrecentar su poder, o al menos, de mantener un equilibrio de poderes. Para George W. Bush, la lucha contra el terrorismo. Así, la “moral” de la política exterior de EUA ha sido “nosotros” y “ellos”, los “buenos” y los “malos”, los “libres” y los “opresores” y EUA como el único que puede salvar al mundo 17.

La integración europea ha sido la forma, en la post segunda guerra mundial, de dar pasos progresivos hacia la “construcción de poder” frente al superpoder de EUA, que les impedía participar activamente en las decisiones del mundo occidental, y frente al peligro soviético; y a posteriori, para hacer frente a la crisis petrolera generada por el “impacto” OPEP en 1973, atendiendo a las propias debilidades por carecer de recursos estratégicos como el petróleo.

Niveles de Poder

De acuerdo con Rollo May 18, hay cinco niveles de poder que se hallan presentes como potencialidades:

1) El “poder de ser”, que tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades. Hans Morgenthau habla en términos del “interés nacional mínimo” que tiene que ver con la “supervivencia”. Una Nación o un pueblo no puede aspirar a menos que eso 19.

2) El “poder de la autoafirmación”. No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo. El reconocimiento es importante, y no se obtiene, para el caso de los Estados, meramente en forma diplomática, sino en función del poder que se tenga para operar en un contexto competitivo y conflictivo. En el caso de las sociedades, recibir la atención para sus demandas de parte de quienes los gobiernan. La insatisfacción en estos casos, genera reacciones, con frecuencia, violentas.

3) El “poder de la autoaserción”. Cuando la autoafirmación no produce los resultados buscados, se actúa de forma tal de que sea irresistible que los demás entiendan qué se busca. Es una forma de reacción frente a un ataque o frente a la imposición de que no se pueda ir más allá de lo que se obtiene o se nos es dado.

4) La “agresión”. Cuando la autoaserción es bloqueada, como pasa con muchas minorías -ejemplo: los judíos, o los palestinos, los negros en Sudáfrica, los indígenas en América Latina, etc.- surge una forma más enérgica de reacción. A diferencia de la aserción, que traza una línea y se orienta en la dirección de lo que pertenece, la agresión es una forma de “penetración” en las posiciones de poder o en el territorio de otro y una toma de posesión de parte de esos territorios por el agresor. Se trata de una fase del comportamiento, que existe como potencialidad en todas las personas y, por ende, grupos sociales y que, si se da la situación adecuada, puede desencadenarse en acción.

5) Cuando todos los esfuerzos dirigidos hacia la agresión son ineficaces, se produce la explosión primaria que se conoce como la “violencia”. La situación se hace trágica, cuando muchos pueblos se ven colocados en una situación en la que se les hace imposible lograr significación. Los negros en EUA o en la Sudáfrica del apartheid constituyen uno de los ejemplos más conocidos, en los que la autoafirmación resultaba prácticamente imposible; sin perjuicio de la situación de los indígenas a lo largo de América Latina. En la medida en que la gente se encuentre sometida a un estado “semihumano”, habrá agresión y violencia.

La fuente de la violencia debe ser vista como respuesta a una situación que se percibe como bloqueando y excluyendo toda otra forma de reacción. El mantenimiento de la “ley y el orden”, en muchos casos, son formas de mostrar que no es dado ningún tipo de reacción “fuera de la ley” ya que sólo el Estado tiene el monopolio “legítimo” de la violencia; al menos de la coerción, pero esto esconde situaciones de injusticia que derivarán necesariamente en una explosión de violencia. El abuso del mantenimiento de la ley y el orden bajo el justificativo de que se debe operar dentro de parámetros aceptables -lo que comúnmente se esconde bajo el término de “gobernabilidad”, sin perjuicio de la legitimidad del concepto-, es un motor de desorden.

El Poder de la Autoafirmación

Friedrich Nietzsche dice: “allí donde encontré seres vivos, encontré la voluntad de poder”. Cuando Nietzsche proclama la “voluntad de poder” 20, no se refiere ni al “poder” ni a la “voluntad” en el sentido competitivo de la época moderna, sino más bien a la autorrealización y al cumplimiento de las propias potencialidades. Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos. Para Nietzsche el poder es una expresión del proceso vital.

Poder y fuerza son diferentes. Cuando hay coerción o compulsión hay “fuerza”; poder significa la capacidad de afectar a otros, de influir sobre ellos y de cambiarlos. El poder es siempre interpersonal; si es puramente personal entonces es “fuerza”. Hay algunas situaciones de poder en las que la fuerza, o la coerción o la compulsión es parte integral del poder. Una de ellas es la guerra.

Hay un poder “positivo” y uno “negativo”. El poder positivo se entendería como “potencia” como posibilidad de afirmación, de logro; se transformaría en “resistencia” en algunos casos de reclamo o demanda por situaciones de insatisfacción o de injusticia. El poder negativo se entendería como el “represivo”, poder de policía. Tiende a impedir 21. También podría hablarse del “antipoder” que es el desarrollado por aquellos que forman parte del establishment o se benefician de él o sus políticas y que no permiten que haya “resistencia” o la rechazan de forma tal que aparezca como un “delito”.

Poder como Dominación

En muchos casos, se hace uso del poder para alcanzar el objetivo de dominación total, y para ello se esgrimen principios o una ideología que justifiquen la aspiración de dominación. En el proceso, la ideología permite la conformación de una contradicción entre principios y las realidades. La forma en que en América en general se ha tratado a los indígenas para quedarse con sus tierras llegando a “genocidios” es un buen ejemplo. Hay una negación del poder o un disfraz de su uso, a partir de hitos históricos de formación del Estado, donde pareciera que era necesario llegar a eso.

La ideología es interpretada en términos de “símbolo” 22, que del griego significa “lo que acerca uniendo” y es lo que establece el vínculo entre los humanos 23. Una sociedad requiere un lenguaje común y conceptos comunes. Cuando no se hablan los mismos “lenguajes” ni existe la misma comprensión conceptual, se da el conflicto y la violencia 24.

El concepto de ley y orden es manejado de forma tal que “mi orden” se convierte en “derecho”, sea éste la supremacía del blanco, la supremacía de occidente, etc. La ley y el orden se transforman, de esta manera, en un instrumento de expansión y a la vez en una justificación del mantenimiento del status quo. Esto es lo que genera injusticia y provoca situaciones de inflexibilidad, ya que impide el cambio necesario como para que ocurran los reacomodamientos que satisfagan a los que tienen demandas. Esto, por su parte, contribuye a exacerbar la violencia desde el lado de los insatisfechos y a provocar actitudes revolucionarias 25.

Poder y “contrapoder” o resistencia.

El poder básico surge de la necesidad de un individuo o un grupo de “hacerse valer”. El hombre no se convierte en un “sí mismo” sino en la medida en que puede saberlo, afirmarlo, hacerlo valer; lo mismo pasa con una Nación. A menos que se dé un verdadero enfrentamiento o la posibilidad de un verdadero enfrentamiento, como destaca Paul Tillich 26, el poder de ser permanece oculto.

El poder de ser se pone de manifiesto en las continuas luchas del ser contra el no-ser, como lo expresa Tillich, quien considera como no-ser todos aquellos aspectos que niegan y destruyen el ser y que incluyen el conformismo, que destruye la peculiaridad y la originalidad; la hostilidad, que reduce el coraje, la generosidad y la capacidad de entender al otro; la destructividad y, finalmente, la suerte misma 27.

El monstruo arrollador del Estado sigue su marcha sin prestarle atención al pueblo 28. Hans Morgenthau decía que: “El gobierno de las mayorías, por el cual los hombres han luchado durante siglos, ha creado una situación en la cual se encuentran más impotentes, más ineficaces que hace 150 años para influir sobre su gobierno.” El estado de impotencia en el que se ve sumergida la gente, incuba una agresión que será fuente de violencia. Al despojar de poder a la gente, se promueve la violencia y no el control de la misma. Se la despoja de poder, al impedirle el logro de sus necesidades básicas, al reprimirla por sus reclamos. La violencia es la expresión de la impotencia 29.

Hay situaciones más graves aún, que son el resultado de la violencia del prejuicio y la marginación que genera el racismo u otro tipo de prejuicios humanos, utilizados como política, como el “apartheid” en el caso sudafricano o el “racismo contra los negros”, o el “muro fronterizo” con México en el caso de EUA o el “muro” de Israel con los palestinos, sin dejar de lado otras situaciones como los crímenes de lesa humanidad en el caso de los armenios por los Turcos o de los judíos por la Alemania nazi. Mucha de estas situaciones fueron o son “políticas” o búsquedas para la dominación; como mínimo, del mantenimiento de un status quo para que impere la “ley y el orden” 30. En algunos casos son situaciones culturalmente aceptadas, como el racismo resultante de un supuesto nacionalismo que otorga derechos que favorecen la violencia 31.

Este es un tema importante para entender los procesos de dominación y también los procesos de resistencia. Ambos tienen que ver, desde perspectivas diferentes, incluso opuestas, con el tema del poder.

Una situación peor que la violencia que se puede dar en una sociedad, la constituye el hecho de que sus miembros se encuentren en la condición generalizada de falta de poder de expresión o de logro de las aspiraciones o de satisfacción de las necesidades básicas y no poder encontrar la forma de resolverlo. La sensación de no tener un lugar en su propia sociedad. Esto genera una explosión de violencia, como la dada en EUA por movimientos negros o en Sudáfrica por grupos antiapartheid, por ejemplo. Pero también, muchas de las movilizaciones de resistencia que se han dado en países de América Latina, como el sandinismo en Nicaragua, el FMLN-FDR en El Salvador o las FARC y el ELN -entre otros- en Colombia, tienen que ver con esto.

Poder y Orden

El orden, visto desde la perspectiva idealista, debe ser dado por normas que el hombre genera a partir de una “convergencia de voluntades”. Para el realismo no es así.

El orden, para el realismo, no es la resultante de una “convergencia” de voluntades, sino de mutuas represiones “en forma asimétrica” 32. El orden está subordinado a la “configuración de poder” 33. La tendencia entre los miembros polares del sistema, es a la búsqueda de la “supremacía” por sobre el resto, en la medida de lo posible; si no se puede o en caso de que las ventajas del otro u otros sean importantes, se busca el “equilibrio” con el objeto de lograr un “status quo”: que el otro u otros no avancen más de lo que lo hicieron a la vez que uno no deba retroceder más de lo que ha debido hacerlo.

Por “abajo”, los miembros “periféricos” del sistema, tratan de acomodarse, de forma tal de evitar los procesos de dominación, o al menos que éstos no los limite en sus capacidades y aspiraciones y, en la medida de lo posible, modificar su status quo, de forma tal de “ascender” dentro de la estructura del sistema. Las potencias polares o las dominantes no polares, tratarán de evitar por todos los medios las conductas de “resistencia” o “desobediencia” y cualquier aspiración de modificar el status quo vigente 34.

Como vivimos en un sistema cuya configuración estructural es asimétrica en la que hay una gran mayoría de miembros “periféricos”, entonces, éstos sólo tienen la alternativa de subordinarse, al menos en el corto o mediano plazo y buscar medios -alianzas maximizadoras u otras vías, como por ejemplo, el desarrollo de tecnologías- en el largo plazo que les permita modificar su status quo 35. Las conductas de “desobediencia” o “resistencia” no son la “regla”, ya que muchos decisores consideran que los costos de la subordinación son menores a los de las actitudes “autonómicas”. O, por otra parte, los decisores, por corrupción o conveniencia personal o de clase, responden más a los interesases del “dominante” que a los de la Nación 36.

La Racionalidad en la Política

Una política exterior racional, trata de llevar al mínimo los riesgos y maximizar los beneficios para los objetivos que se están planteando 37.

Esto requiere de la “prudencia” política, o la consideración de las consecuencias políticas de una acción aparentemente moral o excesivamente teñida de la ideología que se ostenta. La ética política considera actuar acorde con la limitación y la necesidad. Consiste por lo tanto en saber medir los obstáculos, las dificultades, los peligros; en conocer las causas de los hechos, procesos o fenómenos y actuar teniéndolas en consideración. Las acciones serán “morales” políticamente, en cuanto quien decida, adquiera o conserve poder, no en beneficio propio, sino en beneficio de aquellos a quienes representa legítimamente 38.

Lo opuesto a prudencia en este caso, sería “ingenuidad” o “puerilidad política”; esa incapacidad para ver la realidad en su dimensión; y en el caso de gran parte de la élite de la periferia que tiene poder de decisión o para instalar y/o controlar a los que van a gobernar, la ingenuidad de que el poderoso los va a considerar y a tratar como a un igual 39. Muchas veces no se trata de ingenuidad, sino de corrupción. El decisor simplemente se “vende” y traiciona los intereses de la Nación, bajo el disfraz de llevar a cabo políticas que, presuntamente, beneficiarán al país.

En la historia de la humanidad no existió un sólo caso en el que una potencia tratara en pie de igualdad a un Estado periférico. Siempre se ha servido de él, de su lealtad y fidelidad, para sus fines propios, a cambio de algún tipo de beneficio o ventaja.

Muchos decisores -y también intelectuales- de países periféricos, observan un “espejismo” de la realidad y toda política es apuntada al espejismo, no a la realidad. Este tipo de ingenuidad política es “autodestructiva” ya que desconoce a la realidad tal como es, y se opera tal como “debería” ser. Es la típica actitud de los “idealistas”, “institucionalistas” “juridicistas”, que consideran que la realidad es algo amorfo y que sólo tendrá orden y orientación, en la medida en que se cree un entramado jurídico-institucional adecuado, a la vez que suponen que todos están dispuestos a “subordinarse” pasivamente a ese entramado jurídico-institucional. Esta perspectiva desconoce que es sólo el poder el que permite la vigencia de ese entramado jurídico-institucional y no que se sostiene por sí mismo. Un buen ejemplo de lo dicho es la forma en que el gobierno de EUA decidió desconocer al Consejo de Seguridad (CS) de la ONU en el caso Irak II en el 2003. También se podrían citar ejemplo anteriores, como el de la Resolución “Unión Pro Paz” o “Unidos Para la Paz”, para el caso Corea en 1950, promovida por el representante del gobierno de EUA en el marco de la Asamblea General (AG) de la ONU, modificando la Carta de ese organismo a su conveniencia sin seguir los procedimientos establecidos por la Carta misma, para llevar a cabo actividades que la Carta le otorga exclusivamente al CS de la ONU. Se han escrito miles de páginas sobre el tema, pero la respuesta estuvo siempre en el “poder” -en este caso, el de EUA- y no en otro lugar. Fue el poder de EUA el que “legitimó” una conducta que había sido considerada “ilegal”.

Dimensión "Cuadrática" del Derecho Internacional

La “norma” no tiene vida propia. Surge de una “sociedad” o “comunidad” que tiene “valores” resultante del entramado de poder vigente, y en función de los mismos, la norma es generada y aplicada. Para que pueda ser creada, exigida en su cumplimiento y sancionarse a quienes no la cumplan, se requiere de poder, caso contrario, carece de vigencia real 40.

Esto no hace al poder ni bueno ni malo, sólo muestra cómo funciona la realidad.

Para los que son “periféricos” en la toma de decisiones mundiales, no les queda otra alternativa que obtener poder por medios “encubiertos”, “subrepticios” o “solapados”.

Si bien los intereses solo se alcanzan con poder, los que no tienen poder -que son más de los dos tercios de los Estados del planeta- deben tratar de “construirlo”. La idea de construcción de poder debe pasar por la prudencia. Conviene que sea una conducta “subrepticia”, para evitar que aquellos que disponen de poder consideren que su seguridad está en peligro y reaccionen en consecuencia.

Japón o la República Federal Alemana en la post segunda guerra mundial, durante la “guerra fría”, lo hicieron por la vía individual y fundamentalmente en un área en la que el gobierno de EUA no podía considerar que fuera peligrosa, el desarrollo de capacidades tecno-industriales y no en el área estratégico-militar, como pretenden países como Corea del Norte o Irán por ejemplo. Los países de Europa occidental 41 lo hicieron por la vía conjunta bajo un criterio sencillo: “la unión hace la fuerza”. No les quedaba otra alternativa. El objetivo de estos países después de la destrucción resultante de la segunda guerra mundial era:

1) No a una tercera guerra mundial;

2) evitar que Alemania quedara afuera de cualquier proceso y volviera a generar una nueva guerra;

3) tratar de recuperar espacio en un contexto en el que EUA era el que controlaba el poder en el mundo occidental, a la vez que estaban en la frontera del “enemigo”: la URSS.

4) Evitar que el “Plan Marshall” dejara de ser un instrumento de reconstrucción y ayuda y se transformara en uno de control y dominación por parte de EUA.

En adelante fueron agregándose nuevos desafíos para fortalecer la unión, como por ejemplo, el que se dio a principios de la década de los ‘70 cuando la OPEP decidió disminuir el flujo petrolero y aumentar su precio, siendo países industrializados totalmente dependientes de la importación de este producto. Sólo la “integración” en términos de “alianza estratégica” o “maximizadora” podía permitir que lograran objetivos que individualmente no hubieran alcanzado y mucho menos, “dependiendo” de EUA, al menos en lo industrial y tecnológico. Sus dirigentes fueron prudentes, pero no “ingenuos”.

Críticas a la Teoría de Hans Morgenthau

Uno de los principales problemas de la teoría de Hans Morgenthau, no es que sea realista -más allá de que las críticas de la gran mayoría de los teóricos y académicos se centran en que el realismo ya está “perimido” y no permite explicar la realidad, proponiendo su reemplazo por otras teorías-, sino que es “atomista”.

Morgenthau no escribió una teoría “sobre el realismo”, sino una teoría sobre el poder “parado” desde una “cosmovisión” realista.

La etapa en que la escribió, el Estado-Nación aún era el actor más significativo en el sistema mundial, a la vez que decidió analizar la toma de decisiones y el poder desde una perspectiva fundamentalmente interestatal, dejando de lado, o ignorando la importancia de la incidencia de la variable “contexto internacional” en el comportamiento de los actores y en la toma de decisiones.

Quiso crear un “mapa” del poder mundial partiendo de la visión de los intereses definidos en términos de poder, que cada uno de los decisores, al interior de los Estados-Nación, tenía. Al no considerar la variable “contexto internacional”, su teoría perdió la perspectiva “holista” o totalizadora del funcionamiento del sistema, razón por la cual se lo ubica dentro de las corrientes “atomistas”, junto a otros teóricos, como Raymond Aron: realista-sociológico-histórico.

Si bien el realismo considera que el interés es la medida constante con la que debe ser juzgada y dirigida la acción política, la conexión entre interés y el Estado-Nación, durante la “macro-etapa” en la que este actor es el dominante 42, es producto de la historia. Nada hay en el realismo que vaya en contra de la presunción de que la división del mundo en Estados-Nación no pueda verse modificada o superada por otro u otros actores que lo acompañen o lo reemplacen 43. Estas transformaciones son la resultante de la natural evolución de la realidad.

La Corriente Sistémica en Relaciones Internacionales

La perspectiva sistémica no vino a reemplazar al realismo, sino a aportar una visión “holista” al análisis de las relaciones internacionales, frente a la denominada “atomista”.

No es que los “sistémicos” son una cosa y los “realistas” otra. La perspectiva sistémica tiene que ver con aspectos metodológicos, pero puede ser una perspectiva sistémica-realista o idealista.

La exaltación de la visión de que nuevas teorías superan al realismo, es no comprender qué es el realismo y qué es una teoría.

Uno de los que ha introducido la perspectiva sistémica en las relaciones internacionales ha sido Morton Kaplan 44, aunque él mismo reconoce que ha desarrollado una teoría desde esa perspectiva, pero que no ha podido hacer una “teoría sistémica” sobre las relaciones internacionales. No obstante ello ha hecho aportes muy importantes.

Es uno de los pocos teóricos de las relaciones internacionales que le da un valor a la “dinámica” del sistema.

En teoría política y particularmente en teoría de las relaciones internacionales, existe una gran preocupación por el cambio, ya que se lo considera un factor “desordenador”, de forma tal que se genera una gran confusión entre el concepto de mantenimiento del orden y la necesidad de la “inmutabilidad” del sistema. El sistema, frente al “cambio”, genera automáticamente mecanismos “reequilibradores” de forma tal de conservarse a sí mismo y al orden. En el ámbito de lo internacional, esto se da a través de los “direccionadores” del sistema, que son los más poderosos y que operan como “árbitros supremos” del mismo. Todos aquellos que están disconformes con el status quo vigente, se transforman en demandantes y en potenciales “desordenadores”; de forma tal que el sistema siempre está sujeto a “impactos” que tienden a “modificarlo”. Morton Kaplan ha contemplado esto y a tal efecto, habla de las “normas transformantes” que son los parámetros dentro de los cuales, el sistema -quienes lo conducen y controlan- tolera algún tipo de cambio.

Todo sistema, para Kaplan, tiene unas característica esenciales del funcionamiento, en consideración de las cuales, se dan los “parámetros de cambio” o “normas transformantes”. A estas últimas, las denomino “líneas de control intrahegemónicas” siguiendo el criterio de Juan Carlos Puig, que las denomina “líneas de ‘borde’ intrahegemónicas” 45.

Línea de Control Intra-Hegemónico

Hans Morgenthau también habla de las situaciones de disconformismo con el status quo vigente que lleva a políticas exteriores “reformuladoras” del orden vigente.

Es importante tener en cuenta los “parámetros de cambio”, especialmente para los países periféricos -aunque no necesariamente en todos los casos 46-, ya que su política exterior debe considerar alcanzar los objetivos con los mínimos costos y evitar toda posibilidad de presiones o sanciones por parte de los que “conducen” al sistema.

Parametros de Permisividad-Libertad de Acción

Ejemplos de falsa apreciación o desprecio sobre la relevancia de los “parámetros de cambio” son, las conductas de países como Corea del Norte, o Irán que buscan “mostrar” poder por una vía que, visiblemente provoca sensibilidad y rechazo a los “direccionadores” y “conductores” del sistema, particularmente EUA, que no obedece al CS de la ONU para invadir Irak (2003) pero lo utiliza para sancionar a quienes desea subordinar 47; la Venezuela de Hugo Chávez en América Latina que confronta abiertamente con el gobierno de EUA; o el caso cubano, cuyo líder Fidel Castro, se apoyó en el poder de la URSS, pero una vez finalizado ese poder de apoyo -desintegración de la URSS en 1991-, los costos aumentaron considerablemente.

Por otra parte, hay países en América Latina que actúan en el otro extremo. Argentina es un ejemplo de ello, ya que durante el siglo XIX y principios del XX ha tenido una política de “subordinación” o “dependencia racional” de la esfera de influencia de Gran Bretaña, y cuando ésta dejó de ser potencia de primer orden después de la primera guerra mundial, la elite dirigente y pensante continuó actuando en función de un “espejismo” sobre las características del funcionamiento del sistema mundial.

Otro caso evidente es la etapa de gobierno de Carlos Menem (1989-1999), que con su Canciller Guido Di Tella, llevaron a cabo lo que definieron como “relaciones carnales” (?) con el gobierno de EUA, implementando una “dependencia o subordinación racional” de la principal potencia de rango mundial, con los costos que eso significa, pero sin ningún beneficio, más allá de toda la publicidad política que el gobierno hizo de haber llevado al país a abandonar el Tercer Mundo e insertarlo en el “primer mundo” (?). El resultado fue atar al país al carro de las decisiones y el interés nacional de EUA en todos los aspectos de la política mundial, a la vez que desnacionalizarlo en su toma de decisiones. En vez de celebrar una “alianza estratégica” con las empresas y banca, como históricamente lo han hecho los países industrializados, permitió que éstas trajeran dinero para obtener rentabilidad mientras la obtuvieran, cuando dejaron de recibirla, partieron hacia otros países. Las empresas nacionales fueron compradas, aun las estratégicas como la petrolera YPF, por otras extranjeras -en el caso de esta última, fue comprada por otra empresa estatal extranjera-, que dejaron a cargo del Estado el pago de las deudas a la vez que generaron, en nombre de la productividad, un gran desempleo, y las utilidades se las llevaron afuera sin invertir absolutamente nada. Carlos Menem decía haber hecho una “revolución”, pero en realidad llevó a cabo una involución 48.

Llevar a cabo tal política exterior, diseñada bajo el lema de “realismo periférico”, nombre dado al viejo esquema de “dependencia racional” implementado por la élite gobernante y pensante del siglo XIX y principios del XX, si de algo careció, fue de “realismo”.

Pensar que el desarrollo de un país pasa por subordinarse a las variables económicas vigentes, abandonando la direccionalidad de la política como eje conductor de un sistema, es caer en la ingenuidad de que quienes controlan los factores de la producción y las finanzas, están pensando en el desarrollo del Estado o en el bienestar de la población.

La economía tiene como objeto central la rentabilidad, y las empresas, al igual que los Estados con la idea de soberanía, están pensando en su propio interés -idea de anarquía: tender hacia sus propios intereses-, con la diferencia de que los Estados están compuestos por todos los miembros, incluyendo a empresas y banca, mientras que las empresas y la banca sólo consideran el interés de sus socios o accionistas.

¿Cuál es el eje desde el que se mira la realidad y la política? Si uno lo mira desde el Estado, independientemente de un mundo altamente transnacionalizado, considera a las personas y su bienestar como uno de sus ejes centrales, a la vez que la rentabilidad de empresas y banca, en tanto exista una “alianza estratégica” entre Estado y sectores económico-financieros, como ocurre en los países altamente industrializados; pero si uno lo mira desde el interés empresarial o bancario, las personas son sólo clientes y consumidores, independientemente de su bienestar y el Estado sólo un gestor de esos intereses.

El realismo como cosmovisión, sea a través de teorías “clásicas” o “modernas” -¿neorrealismo?- sigue siendo realismo. Porque cambien los actores, aumente su número o sean heterogéneos, el realismo como cosmovisión no va a cambiar.

El realismo rehuye subordinar las decisiones a la perspectiva militar o la económica, ya que su visión del poder tiene que ver con la influencia política que un actor ejerce sobre otro -sea entre Estados, entre empresas o entre éstas y aquéllos-. A la vez rechaza toda política de subordinación gratuita. La prudencia política, es la manera de actuar “estratégicamente” en un mundo complejo, donde el poder es una de las variables más difíciles de obtener y manejar.

Una cosa es la “prudencia” política y evitar “confrontar” con la potencia hegemónica u otros actores como empresas y banca, para evitar los costos de ese tipo de política, y otra es someterse servilmente. No debe confundirse el “realismo” político con el determinismo. Los países periféricos deben llevar a cabo políticas teniendo a la prudencia como un principio central, pero deben abocarse a “construir poder” en busca de una autonomía de desempeño; de otra forma, siempre permanecerán en una situación de subordinación y dependencia. Esto requiere de una inteligencia política y también de una “intelligentsia” 49, que muchas veces -ambas- es lo que falta en estos países.

Otro autor, que ha diseñado instrumentos para elaborar una teoría sistémica sobre las relaciones internacionales ha sido Philippe Braillard 50. El aporte de este autor es la construcción de taxonomías, que permitirían generar una teoría sistémica de las relaciones internacionales. En estas taxonomías, se consideran, en diferentes niveles, a los “actores”, el tipo y sus capacidades, la forma en que se relacionan y los ámbitos, la estructura resultante y la manera en que el sistema global, actuando como “ambiente”, condiciona y es condicionado por el/los sistemas/subsistemas.

Ambos autores, han abordado la concepción sistémica, en forma genérica y desde una perspectiva “realista”, ya que le atribuyen a la realidad leyes propias, a la vez que en la estructura muestran cómo opera el poder.

De esta forma observamos que de un sistema simple como el que se dio en casi todo lo largo del siglo XIX, se fue progresivamente pasando a un sistema cada vez más complejo, no sólo por la cantidad, sino también por la heterogeneidad de los actores 51.

Sistema Mundial: Desarrollo Histórico

Esta evolución es la resultante de la dinámica del poder. En algunos casos, como el sistema mundial del siglo XIX que duró casi cien años, hasta la primera guerra mundial, la dinámica fue entre “parámetros” estrechos, establecidos por la “pentarquía” europea. Los organismos internacionales creados desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, no tuvieron nada que ver con la generación de orden, sino que fueron el resultado de la “institucionalización” del orden vigente, generado por los sistemas -quienes lo conducen- que fueron emergiendo.

Características del Mundo y su Orden

Ya a mediados del Siglo XX, la incidencia de los actores transnacionales, con y sin fines de lucro, como empresas, banca y organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil, comenzaron a proliferar, tomando para sí porciones de poder y de espacio en la toma de decisiones, a través de presiones, en áreas que antes ocupaba el Estado en forma prácticamente excluyente 52.

Esto generó que cambiara progresivamente la estructura de poder, la configuración sistémica, pero el realismo no ha cambiado; sigue manteniendo los mismos principios, frente a una configuración sistémica más compleja. La teoría -no el realismo- ha debido adaptarse y comprender estas nuevas variables y configuración. Es más, todo este fenómeno conlleva el posible inicio de una nueva “macro-etapa”, en el que el Estado y sus características, será diverso del “westfaliano” 53; a la vez que el sistema ya no será -prácticamente ya no lo es, al menos en forma exclusiva y excluyente como lo fue históricamente- “interestatal”, toda vez que concurren, en la generación de reglas, una diversidad de actores no estatales, muchos de ellos, con mayor poder que varios Estados juntos. Esto trae como consecuencia cambios necesarios en el Derecho “Internacional”, ya que los actores transnacionales, con y sin fines de lucro, que empujan la generación de reglas en dirección diversa a la que los Estados históricamente han hecho, no pueden participar -por el hecho de no ser “Estados”- de la creación de este tipo de derecho, así como de organismos internacionales, en los que tienen un status de observadores, al menos las ONG’s, pero sin voz ni voto.

El mundo tal como está “institucionalizado” actualmente, refleja una configuración histórica, pero no representa la estructura real.

Evolución Epistemológica del Debate sobre el Tema

En sistema, según Kenneth Waltz 54, es un conjunto de unidades interactuantes:

a) En un nivel, un sistema consiste en una estructura, y ésta es el componente de nivel sistémico que posibilita pensar en las unidades como un conjunto que sea diferente de una mera reunión.

b) En otro nivel, el sistema consiste en unidades interactuantes.

El propósito de la teoría de los sistemas para Waltz -además de hacer complejo su entendimiento-, es demostrar cómo operan e interactúan estos dos niveles, y eso requiere diferenciarlos entre sí. Podemos preguntar cómo se afectan mutuamente A y B y buscar una respuesta, sólo si A y B pueden diferenciarse. Cualquier enfoque o teoría que sea llamado adecuadamente “sistémico” debe demostrar de qué modo el nivel sistémico o estructura, es diferente del nivel de las unidades interactuantes. Si eso no se demuestra, significa -para Waltz- que no hay un enfoque sistémico, ni tampoco una teoría sistémica. Las definiciones de la estructura deben omitir -para Waltz- los atributos 55 y las relaciones de las unidades. Sólo por ese medio es posible distinguir los cambios de estructura y los cambios que se llevan a cabo al interior de esa estructura 56.

Enfoque Sistémico: Waltz

Para Richard Rosencrance, el sistema político internacional tiene un marco de referencia compuesto por cuatro elementos:

1) una fuente