REALISMO SISTEMICO ESTRUCTURAL

Hacia una Teoría Totalizadora de las Relaciones Internacionales

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

INTRODUCCION

Si uno desea diseñar una política exterior, o tomar cualquier decisión en la que el factor externo esté presente, primero debe entender el funcionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país -en términos temporales-. No se pueden tomar decisiones en el marco de un sistema que se desconoce o no se comprende, o de cuyo funcionamiento se tiene un “espejismo” 1.

Para poder conocer el funcionamiento del sistema mundial, describirlo o explicarlo, uno debe ubicarse desde una perspectiva tal, que le permita observarlo tal cual es en sus características concretas; debe tener una “cosmovisión” de la realidad. Es imposible explicar la realidad sin conocerla.

La cosmovisión es una idea de la organización del mundo, que crea el marco o paradigma para las restantes ideas, que inspira teorías o modelos en todos los niveles. Consiste en una serie de principios y conceptos básicos a partir de los cuales se desarrolla todo un sistema. Define nociones comunes que se aplican a todos los campos: la política, la economía, la religión, la moral o la filosofía. Muestra el diseño universal de la realidad en su esencia. No debe confundirse con “doctrina” que comprende la enseñanza de reglas, preceptos y opiniones a partir de una cosmovisión. En la cosmovisión se plantea la esencia de las características y el funcionamiento de la realidad. La doctrina puede comprender tanto un conjunto coherente de enseñanzas o instrucciones basadas en un sistema de creencias, como la “Doctrina Social de la Iglesia” o un conjunto de trabajos que tienen por objeto, exponer o interpretar el derecho, constituyendo una de las fuentes de las ciencias jurídicas; como también puede abarcar principios o posiciones respecto a una materia o cuestión determinadas, como la “Doctrina Monroe” sobre “no intervención de actores extra-continentales en los asuntos internos del hemisferio”, o la “Doctrina Bush” sobre la “intervención preventiva”.

Cuando queremos crear una teoría, no partimos de una doctrina, sino de una cosmovisión a partir de la cual es posible la explicación sobre las características y el funcionamiento de la realidad.

La realidad no es lo que nosotros creemos que es, o lo que nosotros queremos que sea. En ningún caso, la realidad se va a comportar según nuestras aspiraciones o intereses si no tenemos en cuenta su forma de funcionamiento 2.

A partir de la cosmovisión, podemos crear una teoría, que llevará la impronta de esa cosmovisión, dependiendo de la corriente dominante.

Una teoría debe tener en cuenta a la realidad y no basarse en preconceptos, cualesquiera que sean y de donde provengan o quien los dicte, que la desconozcan y pretendan que se comporte según los lineamientos de quien o quienes quieran sacar ventaja.

La naturaleza humana, la naturaleza de la sociedad y por ende de la política, muestran una forma de funcionamiento que debe ser contemplada por la teoría. Desconocer esto o forzarlo en un sentido ideológico hace que actuemos de forma errónea sobre la realidad.

Realismo e Idealismo y Teoría de las Relaciones Internacionales

Las escuelas del pensamiento sobre el funcionamiento de la realidad, están divididas en dos corrientes principales que están en pugna:

1) Una de ellas opina que un orden político derivado de principios abstractos e ideales y de carácter universal se puede instituir. Presupone la bondad esencial de la naturaleza humana 3. Establece que la causa de que el orden social no llegue a operar con estos conceptos racionales es la resultante del mal funcionamiento de instituciones o de la perversión de ciertas personas o grupos. La alternativa está en reformar esto a través de la educación y modificación de pautas culturales 4 y en utilizar la fuerza si es necesario para ello 5. La realidad carece de vida y leyes propias, es amorfa y anárquica -en términos de carente de orden- y por lo tanto debe operarse sobre ella. Entonces la teoría procurará diseñar herramientas para modificarla y generar pautas de orden para organizarla. Esta corriente es conocida como “idealismo”.

2) La otra considera que la realidad, imperfecta desde un punto de vista racional, es la resultante de fuerzas que surgen de la naturaleza humana. Que la realidad mejore, depende del entendimiento que se tenga de estas fuerzas, no de ir contra ellas 6. El mundo está basado en intereses diferentes, muchas veces opuestos y de conflictos entre estos intereses; es por ello que los principios morales no alcanzan a realizarse totalmente. Lo que se puede hacer es buscar un equilibrio temporal entre intereses. Esta escuela ve en un sistema de represiones mutuas y equilibrios un principio universal. No se puede aspirar a un bien absoluto, sólo a una convivencia razonable en un contexto naturalmente conflictivo. La realidad tiene vida y leyes propias, tiene una lógica del funcionamiento; se maneja por sus propias leyes, indiferentes a las preferencias humanas. Entonces la teoría tratará de comprender esas leyes y la lógica del funcionamiento y operará en consecuencia, no tratando de modificar la realidad -no es posible modificar lo esencial-, sino procurando que las decisiones saquen el mayor provecho de sus características, con el objeto de obtener el máximo beneficio con el mínimo costo. Esta corriente o cosmovisión, es conocida como “realismo”.

Hay “teorías realistas”, pero el realismo no es una teoría. El “realismo” es una cosmovisión, y como toda cosmovisión es universal. Más allá de que la “realidad” puede ser diferente en distintas partes del mundo, en el “centro” o en la “periferia”, el “realismo” no es diferente en el centro o en la periferia. Cuando uno habla de realismo hace referencia a temas esenciales independientes de las circunstancias de tiempo y de lugar, a las que está sometida la realidad.

Una teoría es realista porque se crea en función de los parámetros establecidos por la cosmovisión realista, no porque habla sobre la realidad. Tiene en cuenta las fuerzas que surgen de la naturaleza humana tal como es y al proceso histórico tal como se ha venido desarrollando atendiendo a esquemas de poder aun cuando se pretendió establecer una moral 7.

Cuando uno se plantea procesos epistemológicos, está yendo a lo esencial. No hay que confundir “realismo” desde el punto de vista epistemológico, con “realidad” como una situación vivida por los países denominados del “centro” en relación a la realidad que viven los países de la “periferia”. Hay realidades distintas, pero el realismo como cosmovisión no hace referencia a una o algunas o todas las realidades, sino que las “corta” a todas ellas mostrando algo que, independientemente de sus diferencias, como realidades, tienen en común esencialmente.

Realismo: ¿Céntrico o Periférico?

La diferencia entre el realismo político y otras escuelas del pensamiento, es profunda. Ha habido mucha confusión y mal entendido y mala interpretación respecto del realismo.

En primer lugar, queda en claro que no es una teoría sino una cosmovisión -más allá de que hay teorías realistas, porque se ajustan a esa cosmovisión-, y por lo tanto, es totalizadora, lo que implica que no hay diferencias entre el “centro” y la “periferia” desde el punto de vista del realismo, más allá de que las “realidades” -en términos de circunstancias de tiempo y de lugar- en uno u otro sean diferentes.

En segundo lugar, el realismo se maneja en función de los intereses dominantes en la media de los poderes que permiten alcanzarlos. El interés es el motor y el “poder” la “variable crítica”. Del mismo modo en que el interés requiere del poder para hacerse posible, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder 8, en términos de que los valores dominantes, la adopción de normas, su exigibilidad en cuanto a cumplimiento o sanción por incumplimiento, la posibilidad de un orden y su mantenimiento, así como el establecimiento de justicia, requieren de poder; per sé no se alcanzan.

En tercer lugar, el realismo político no ignora la existencia y aplicabilidad de normas de pensamiento diferentes a las de la política; pero abandona a las otras escuelas cuando imponen o subordinan a la política a las normas de pensamiento apropiadas a otras esferas. El realismo político se niega a pensar en términos jurídicos o éticos 9 en temas que tienen que ver con lo político. Es sólo la prudencia la que le pone límites al realismo político. Atendiendo a la situación de la “periferia”, la “prudencia” no sólo es para aquellos gobiernos o decisores que tienen conductas o políticas “opositoras” o de “confrontación” hacia el “hegemón”, sino también para los que las tienen “subordinadas”. No existen “alianzas” entre desiguales. Uno es el que domina, y el otro es el subordinado. Una manera de carecer de prudencia política, es la “ingenuidad” política; salvo que el propósito del decisor esté orientado, no hacia el interés nacional, sino hacia el beneficio personal, entonces no es ingenuidad, sino corrupción.

El realismo está en desacuerdo con las corrientes que pretenden imponer la idea de que el papel del poder en la sociedad -o en cualquier sistema- es nefasto, fundándose en argumentos que desconocen la esencia de la naturaleza humana y del funcionamiento de la sociedad.

El realismo se diferencia de otras escuelas del pensamiento respecto de cómo el mundo debe transformarse. Para el realismo, las transformaciones no vendrán de la confrontación de un ideal abstracto y la realidad política -que tiene sus propias leyes-. Sólo se logran a través de la eficaz manipulación de las fuerzas permanentes que representaron el pasado tal y como encarnarán el futuro.

Porque está preocupado por la necesidad de transformaciones, teniendo en cuenta las leyes propias de la realidad política, el realismo tiene conciencia del significado moral de la acción política, de la misma manera que tiene conciencia de la inevitable tensión entre la disposición moral y los requisitos de una acción política que tenga éxito. No puede haber moralidad sin “prudencia” entendiéndola como la consideración de las consecuencias políticas de una acción aparentemente moral. La ética, juzga las acciones humanas de acuerdo a como se ajustan con la moral vigente; la “ética política” las juzga de acuerdo con sus consecuencias políticas.

Interés y Poder

Es el concepto de interés considerado en términos de la medida del poder de que se dispone, lo que permite abstenernos de llevar a cabo políticas erróneas; porque de la misma manera en que comprendemos que otros actores se manejan en función de sus propios intereses en la medida de sus poderes, debemos hacer lo propio, y manejarnos en función de nuestros propios intereses en términos del poder -y las limitaciones- del que disponemos.

Para el realismo, el interés forma parte de las constantes en la forma de relacionamiento entre los individuos o los grupos. La idea del interés es inmutable, lo que se modifica con las circunstancias de tiempo o de lugar, es su contenido. Es el contexto político y cultural vigente en un momento histórico el que modifica la idea del interés. Es lo mismo que el contexto que determina al poder. Dependiendo de las circunstancias de tiempo y de lugar, el poder puede consistir en cualquier cosa que establezca y mantenga el control del hombre sobre el hombre o de los grupos entre sí.

Tucídides en la Historia de la guerra del Peloponeso, decía que lo único duradero entre los individuos o los grupos es la identidad de intereses o la ausencia de conflicto entre ellos. Se refiere a las causas naturales y a la conducta del hombre para explicar el devenir histórico, antes que como mero producto de la fatalidad o la intervención de los dioses. Al analizar los hechos, va más allá de lo anecdótico para buscar las motivaciones personales de los protagonistas de los mismos, sus ambiciones y sus temores 10.

Lord de Salisbury, Secretario de Estado para Asuntos Externos y de la Commonwealth del gobierno británico, entre 1878 y 1889 tomó de Tucídides la idea y dijo: “Gran Bretaña no tiene amigos ni enemigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes”. El Reino Unido venía manteniendo una política exterior que aplicaba el principio del equilibrio” recogido en el Congreso de Viena de 1815. El objetivo de esta política era evitar el expansionismo de cualquier potencia europea, que pusiera en peligro su hegemonía.

George Washington a su vez, erigió al concepto de los intereses permanentes, como un principio general de su gobierno. Estaba convencido de que el interés era el principio rector y que casi todos los hombres, en mayor o menor medida, estaban bajo su influencia. En su opinión, causas de orden público pueden hacer que los hombres actúen, momentáneamente, de manera desinteresada, pero esto no modifica las conductas esenciales. Para él, habría que cambiar la esencia humana en gran parte, antes de poder cambiar de ruta y cambiar la esencia no es posible. Decía que ninguna institución puede tener éxito, si no construye sobre la verdad originaria de este concepto.

Para Max Weber, las acciones de los hombres, se ven dominadas por intereses materiales e ideales más que por ideas, aunque las imágenes del mundo creadas por estas ideas han servido de incentivo para determinar las vías donde el dinamismo de los intereses continua impulsando a las acciones 11.

El Poder como Variable Central

La naturaleza humana, que constituye la raíz de las leyes que manejan a la política, no ha variado a lo largo de la historia de la humanidad, independientemente de los factores culturales y los acontecimientos civilizatorios. Su existencia y su vigencia, dependen de la “voluntad de poder” 12. No estoy haciendo referencia al poder o a la voluntad en el sentido “competitivo” que se les da en la época moderna, sino a la idea de “autorrealización” y al alcance y logro de las propias potencialidades. Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos. El poder es una expresión del proceso vital, independientemente de que se puede utilizar con otras finalidades, más allá de la “supervivencia”.

Lejos de considerar al poder únicamente como un término “insultante”, que ha de ser aplicado a nuestros enemigos -en términos de que ellos están movidos por el poder, en tanto que a nosotros nos motivan únicamente la benevolencia, la razón y la moralidad- empleo la palabra como descripción de un aspecto fundamental del proceso vital. Si desdeñamos el factor de poder, tal como se tiende a hacerlo generalmente como reacción contra los efectos destructivos del abuso del poder, perderemos valores que son esenciales para nuestra existencia 13. En este sentido, el “poder”, tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades.

Sistema Internacional Estratificado

La palabra poder deriva del latín potere”, que significa “ser capaz”. Al nacer, emergen en nosotros los aspectos cooperativos y de amor de la existencia, junto con los aspectos competitivos y de poder. No es mediante la abdicación de nuestros poderes, sino usándolos de manera cooperativa, como llegamos a ganar la apreciación del mundo y el apoyo de nuestros semejantes. Buena parte de la vida humana puede ser considerada como el conflicto entre el poder por una parte, en términos de formas efectivas de influir sobre los otros, logrando así en las relaciones interpersonales la sensación de la propia significación, y la impotencia por la otra 14.

No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo.

Pero el concepto de poder no sólo se aplica al ser y la vigencia de los actores, sino también a la posibilidad de acción y relacionamiento de los mismos. Como mencioné más arriba, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder. Pretender la autonomía de aquéllas del poder, es considerar que normas, ética, justicia u orden existen y se sostienen per sé. Desde el punto de vista del realismo, esta visión genera una falsa imagen de cómo funciona un sistema, cómo se ordena o como se alcanza la justicia.

Los miembros del sistema se manejan en función de sus propios intereses, y los procuran o respaldan en función del poder de que disponen. Esto nos muestra un sistema que no tiende naturalmente hacia el bien común ni al orden, sino hacia los intereses de cada miembro, en forma asimétrica, dependiendo del poder del que dispongan. Esta es la idea básica de “anarquía” del sistema, en el que cada miembro tiende hacia sus propios intereses, en vez de “converger” hacia un orden acordado.

Poder y Política

Esto también hace inteligible a la política exterior. El interés de los decisores está, en primer lugar con los del país 15, más que con el bien común o el orden mundial. No hay motivos éticos -en términos de moral- en la elaboración de la política, sino de interés nacional en el caso del Estado-Nación o de interés corporativo en el caso de empresas, banca, organizaciones de la sociedad civil, etc. La ética juzga la calidad moral de los motivos humanos, en cambio la ética política, juzga las cualidades políticas del intelecto de la voluntad y de la acción. Mide las consecuencias positivas o negativas de esos actos.

Pensando en términos de interés, lo que importa es el “poder” para lograr obtener lo que buscamos o necesitamos y la “regla” es que “otro” no disponga de ese poder para imponernos, impedirnos o alcanzarnos sacando ventajas. Caso contrario, debemos competir o confrontar -pugnar-. La guerra fría es un modelo de pugna entre intereses y poderes, en la que se privilegió la “seguridad” entre los polos enfrentados, subordinando a sus intereses a los “periféricos” en forma asimétrica.

Grandes Poderes y Orden Internacional


La seguridad es uno de los intereses privilegiados; de ella, junto al concepto de territorialidad e imperium es que se establece la idea de “soberanía”. EUA identificó la política externa con la seguridad nacional. Tal vez los países periféricos deberían identificar su política externa con “desarrollo”.

Otro interés privilegiado es el de no carecer de recursos estratégicos y quedar a merced de quienes los tienen 16. Gran cantidad de conflictos tienen que ver con el control de recursos estratégicos. Parte de la expansión y colonización europea en el Siglo XIX, especialmente en Africa, tuvo que ver con el control de recursos estratégicos y mano de obra barata o esclava; de la misma manea que con el dominio de las rutas marítimas para obtener estos recursos y esclavos y poder exportar sus manufacturas; razón por la cual el “liberalismo” era la ideología privilegiada. Lo mismo se puede decir, en el Siglo XX, de la presencia de EUA en el Medio Oriente y sus intervenciones y/o presiones sobre países como Afganistán, Irak, Irán, etc., o el interés en controlar gobiernos en América Latina bajo el lema de defensa de la democracia.

En este caso, el intervencionismo fue legitimado por EUA a través de una moral, que en la guerra fría fue la cruzada anticomunista de Harry Truman y George Kennan. Para Truman la política de contención al comunismo -esbozada por Kennan 17- fue la forma de satisfacer la seguridad y encontrar una vía, o bien de acrecentar su poder, o al menos, de mantener un equilibrio de poderes. Para George W. Bush, la lucha contra el terrorismo. Así, la “moral” de la política exterior de EUA ha sido “nosotros” y “ellos”, los “buenos” y los “malos”, los “libres” y los “opresores” y EUA como el único que puede salvar al mundo 18.

La integración europea ha sido la forma, en la post segunda guerra mundial, de dar pasos progresivos hacia la “construcción de poder” frente al superpoder de EUA, que les impedía participar activamente en las decisiones del mundo occidental, y frente al peligro soviético; y a posteriori, para hacer frente a la crisis petrolera generada por el “impacto” OPEP en 1973, atendiendo a las propias debilidades por carecer de recursos estratégicos como el petróleo.

Niveles de Poder

De acuerdo con Rollo May 19, hay cinco niveles de poder que se hallan presentes como potencialidades:

1) El “poder de ser”, que tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades. Hans Morgenthau habla en términos del “interés nacional mínimo” que tiene que ver con la “supervivencia”. Una Nación o un pueblo no puede aspirar a menos que eso 20.

2) El “poder de la autoafirmación”. No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo. El reconocimiento es importante, y no se obtiene, para el caso de los Estados, meramente en forma diplomática, sino en función del poder que se tenga para operar en un contexto competitivo y conflictivo. En el caso de las sociedades, recibir la atención para sus demandas de parte de quienes los gobiernan. La insatisfacción en estos casos, genera reacciones, con frecuencia, violentas.

3) El “poder de la autoaserción”. Cuando la autoafirmación no produce los resultados buscados, se actúa de forma tal de que sea irresistible que los demás entiendan qué se busca. Es una forma de reacción frente a un ataque o frente a la imposición de que no se pueda ir más allá de lo que se obtiene o se nos es dado.

4) La “agresión”. Cuando la autoaserción es bloqueada, como pasa con muchas minorías -ejemplo: los judíos, o los palestinos, los negros en Sudáfrica, los indígenas en América Latina, etc.- surge una forma más enérgica de reacción. A diferencia de la aserción, que traza una línea y se orienta en la dirección de lo que pertenece, la agresión es una forma de “penetración” en las posiciones de poder o en el territorio de otro y una toma de posesión de parte de esos territorios por el agresor. Se trata de una fase del comportamiento, que existe como potencialidad en todas las personas y, por ende, grupos sociales y que, si se da la situación adecuada, puede desencadenarse en acción.

5) Cuando todos los esfuerzos dirigidos hacia la agresión son ineficaces, se produce la explosión primaria que se conoce como la “violencia”. La situación se hace trágica, cuando muchos pueblos se ven colocados en una situación en la que se les hace imposible lograr significación. Los negros en EUA o en la Sudáfrica del apartheid constituyen uno de los ejemplos más conocidos, en los que la autoafirmación resultaba prácticamente imposible; sin perjuicio de la situación de los indígenas a lo largo de América Latina. En la medida en que la gente se encuentre sometida a un estado “semihumano”, habrá agresión y violencia.

La fuente de la violencia debe ser vista como respuesta a una situación que se percibe como bloqueando y excluyendo toda otra forma de reacción. El mantenimiento de la “ley y el orden”, en muchos casos, son formas de mostrar que no es dado ningún tipo de reacción “fuera de la ley” ya que sólo el Estado tiene el monopolio “legítimo” de la violencia; al menos de la coerción, pero esto esconde situaciones de injusticia que derivarán necesariamente en una explosión de violencia. El abuso del mantenimiento de la ley y el orden bajo el justificativo de que se debe operar dentro de parámetros aceptables -lo que comúnmente se esconde bajo el término de “gobernabilidad”, sin perjuicio de la legitimidad del concepto-, es un motor de desorden.

El Poder de la Autoafirmación

Friedrich Nietzsche dice: “allí donde encontré seres vivos, encontré la voluntad de poder”. Cuando Nietzsche proclama la “voluntad de poder” 21, no se refiere ni al “poder” ni a la “voluntad” en el sentido competitivo de la época moderna, sino más bien a la autorrealización y al cumplimiento de las propias potencialidades. Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos. Para Nietzsche el poder es una expresión del proceso vital.

Poder y fuerza son diferentes. Cuando hay coerción o compulsión hay “fuerza”; poder significa la capacidad de afectar a otros, de influir sobre ellos y de cambiarlos. El poder es siempre interpersonal; si es puramente personal entonces es “fuerza”. Hay algunas situaciones de poder en las que la fuerza, o la coerción o la compulsión es parte integral del poder. Una de ellas es la guerra.

Hay un poder “positivo” y uno “negativo”. El poder positivo se entendería como “potencia” como posibilidad de afirmación, de logro; se transformaría en “resistencia” en algunos casos de reclamo o demanda por situaciones de insatisfacción o de injusticia. El poder negativo se entendería como el “represivo”, poder de policía. Tiende a impedir 22. También podría hablarse del “antipoder” que es el desarrollado por aquellos que forman parte del establishment o se benefician de él o sus políticas y que no permiten que haya “resistencia” o la rechazan de forma tal que aparezca como un “delito”.

Poder como Dominación

En muchos casos, se hace uso del poder para alcanzar el objetivo de dominación total, y para ello se esgrimen principios o una ideología que justifiquen la aspiración de dominación. En el proceso, la ideología permite la conformación de una contradicción entre principios y las realidades. La forma en que en América en general se ha tratado a los indígenas para quedarse con sus tierras llegando a “genocidios” es un buen ejemplo. Hay una negación del poder o un disfraz de su uso, a partir de hitos históricos de formación del Estado, donde pareciera que era necesario llegar a eso.

La ideología es interpretada en términos de “símbolo” 23, que del griego significa “lo que acerca uniendo” y es lo que establece el vínculo entre los humanos 24. Una sociedad requiere un lenguaje común y conceptos comunes. Cuando no se hablan los mismos “lenguajes” ni existe la misma comprensión conceptual, se da el conflicto y la violencia 25.

El concepto de ley y orden es manejado de forma tal que “mi orden” se convierte en “derecho”, sea éste la supremacía del blanco, la supremacía de occidente, etc. La ley y el orden se transforman, de esta manera, en un instrumento de expansión y a la vez en una justificación del mantenimiento del status quo. Esto es lo que genera injusticia y provoca situaciones de inflexibilidad, ya que impide el cambio necesario como para que ocurran los reacomodamientos que satisfagan a los que tienen demandas. Esto, por su parte, contribuye a exacerbar la violencia desde el lado de los insatisfechos y a provocar actitudes revolucionarias 26.

Poder y “contrapoder” o resistencia.

El poder básico surge de la necesidad de un individuo o un grupo de “hacerse valer”. El hombre no se convierte en un “sí mismo” sino en la medida en que puede saberlo, afirmarlo, hacerlo valer; lo mismo pasa con una Nación. A menos que se dé un verdadero enfrentamiento o la posibilidad de un verdadero enfrentamiento, como destaca Paul Tillich 27, el poder de ser permanece oculto.

El poder de ser se pone de manifiesto en las continuas luchas del ser contra el no-ser, como lo expresa Tillich, quien considera como no-ser todos aquellos aspectos que niegan y destruyen el ser y que incluyen el conformismo, que destruye la peculiaridad y la originalidad; la hostilidad, que reduce el coraje, la generosidad y la capacidad de entender al otro; la destructividad y, finalmente, la suerte misma 28.

El monstruo arrollador del Estado sigue su marcha sin prestarle atención al pueblo 29. Hans Morgenthau decía que: “El gobierno de las mayorías, por el cual los hombres han luchado durante siglos, ha creado una situación en la cual se encuentran más impotentes, más ineficaces que hace 150 años para influir sobre su gobierno.” El estado de impotencia en el que se ve sumergida la gente, incuba una agresión que será fuente de violencia. Al despojar de poder a la gente, se promueve la violencia y no el control de la misma. Se la despoja de poder, al impedirle el logro de sus necesidades básicas, al reprimirla por sus reclamos. La violencia es la expresión de la impotencia 30.

Hay situaciones más graves aún, que son el resultado de la violencia del prejuicio y la marginación que genera el racismo u otro tipo de prejuicios humanos, utilizados como política, como el “apartheid” en el caso sudafricano o el “racismo contra los negros”, o el “muro fronterizo” con México en el caso de EUA o el “muro” de Israel con los palestinos, sin dejar de lado otras situaciones como los crímenes de lesa humanidad en el caso de los armenios por los Turcos o de los judíos por la Alemania nazi. Mucha de estas situaciones fueron o son “políticas” o búsquedas para la dominación; como mínimo, del mantenimiento de un status quo para que impere la “ley y el orden” 31. En algunos casos son situaciones culturalmente aceptadas, como el racismo resultante de un supuesto nacionalismo que otorga derechos que favorecen la violencia 32.

Este es un tema importante para entender los procesos de dominación y también los procesos de resistencia. Ambos tienen que ver, desde perspectivas diferentes, incluso opuestas, con el tema del poder.

Una situación peor que la violencia que se puede dar en una sociedad, la constituye el hecho de que sus miembros se encuentren en la condición generalizada de falta de poder de expresión o de logro de las aspiraciones o de satisfacción de las necesidades básicas y no poder encontrar la forma de resolverlo. La sensación de no tener un lugar en su propia sociedad. Esto genera una explosión de violencia, como la dada en EUA por movimientos negros o en Sudáfrica por grupos antiapartheid, por ejemplo. Pero también, muchas de las movilizaciones de resistencia que se han dado en países de América Latina, como el sandinismo en Nicaragua, el FMLN-FDR en El Salvador o las FARC y el ELN -entre otros- en Colombia, tienen que ver con esto.

Poder y Orden

El orden, visto desde la perspectiva idealista, debe ser dado por normas que el hombre genera a partir de una “convergencia de voluntades”. Para el realismo no es así.

El orden, para el realismo, no es la resultante de una “convergencia” de voluntades, sino de mutuas represiones “en forma asimétrica” 33. El orden está subordinado a la “configuración de poder” 34. La tendencia entre los miembros polares del sistema, es a la búsqueda de la “supremacía” por sobre el resto, en la medida de lo posible; si no se puede o en caso de que las ventajas del otro u otros sean importantes, se busca el “equilibrio” con el objeto de lograr un “status quo”: que el otro u otros no avancen más de lo que lo hicieron a la vez que uno no deba retroceder más de lo que ha debido hacerlo.

Por “abajo”, los miembros “periféricos” del sistema, tratan de acomodarse, de forma tal de evitar los procesos de dominación, o al menos que éstos no los limite en sus capacidades y aspiraciones y, en la medida de lo posible, modificar su status quo, de forma tal de “ascender” dentro de la estructura del sistema. Las potencias polares o las dominantes no polares, tratarán de evitar por todos los medios las conductas de “resistencia” o “desobediencia” y cualquier aspiración de modificar el status quo vigente 35.

Como vivimos en un sistema cuya configuración estructural es asimétrica en la que hay una gran mayoría de miembros “periféricos”, entonces, éstos sólo tienen la alternativa de subordinarse, al menos en el corto o mediano plazo y buscar medios -alianzas maximizadoras u otras vías, como por ejemplo, el desarrollo de tecnologías- en el largo plazo que les permita modificar su status quo 36. Las conductas de “desobediencia” o “resistencia” no son la “regla”, ya que muchos decisores consideran que los costos de la subordinación son menores a los de las actitudes “autonómicas”. O, por otra parte, los decisores, por corrupción o conveniencia personal o de clase, responden más a los interesases del “dominante” que a los de la Nación 37.

La Racionalidad en la Política

Una política exterior racional, trata de llevar al mínimo los riesgos y maximizar los beneficios para los objetivos que se están planteando 38.

Esto requiere de la “prudencia” política, o la consideración de las consecuencias políticas de una acción aparentemente moral o excesivamente teñida de la ideología que se ostenta. La ética política considera actuar acorde con la limitación y la necesidad. Consiste por lo tanto en saber medir los obstáculos, las dificultades, los peligros; en conocer las causas de los hechos, procesos o fenómenos y actuar teniéndolas en consideración. Las acciones serán “morales” políticamente, en cuanto quien decida, adquiera o conserve poder, no en beneficio propio, sino en beneficio de aquellos a quienes representa legítimamente 39.

Lo opuesto a prudencia en este caso, sería “ingenuidad” o “puerilidad política”; esa incapacidad para ver la realidad en su dimensión; y en el caso de gran parte de la élite de la periferia que tiene poder de decisión o para instalar y/o controlar a los que van a gobernar, la ingenuidad de que el poderoso los va a considerar y a tratar como a un igual 40. Muchas veces no se trata de ingenuidad, sino de corrupción. El decisor simplemente se “vende” y traiciona los intereses de la Nación, bajo el disfraz de llevar a cabo políticas que, presuntamente, beneficiarán al país.

En la historia de la humanidad no existió un sólo caso en el que una potencia tratara en pie de igualdad a un Estado periférico. Siempre se ha servido de él, de su lealtad y fidelidad, para sus fines propios, a cambio de algún tipo de beneficio o ventaja.

Muchos decisores -y también intelectuales- de países periféricos, observan un “espejismo” de la realidad y toda política es apuntada al espejismo, no a la realidad. Este tipo de ingenuidad política es “autodestructiva” ya que desconoce a la realidad tal como es, y se opera tal como “debería” ser. Es la típica actitud de los “idealistas”, “institucionalistas” “juridicistas”, que consideran que la realidad es algo amorfo y que sólo tendrá orden y orientación, en la medida en que se cree un entramado jurídico-institucional adecuado, a la vez que suponen que todos están dispuestos a “subordinarse” pasivamente a ese entramado jurídico-institucional. Esta perspectiva desconoce que es sólo el poder el que permite la vigencia de ese entramado jurídico-institucional y no que se sostiene por sí mismo. Un buen ejemplo de lo dicho es la forma en que el gobierno de EUA decidió desconocer al Consejo de Seguridad (CS) de la ONU en el caso Irak II en el 2003. También se podrían citar ejemplo anteriores, como el de la Resolución “Unión Pro Paz” o “Unidos Para la Paz”, para el caso Corea en 1950, promovida por el representante del gobierno de EUA en el marco de la Asamblea General (AG) de la ONU, modificando la Carta de ese organismo a su conveniencia sin seguir los procedimientos establecidos por la Carta misma, para llevar a cabo actividades que la Carta le otorga exclusivamente al CS de la ONU. Se han escrito miles de páginas sobre el tema, pero la respuesta estuvo siempre en el “poder” -en este caso, el de EUA- y no en otro lugar. Fue el poder de EUA el que “legitimó” una conducta que había sido considerada “ilegal”.

Dimensión "Cuadrática" del Derecho Internacional

La “norma” no tiene vida propia. Surge de una “sociedad” o “comunidad” que tiene “valores” resultante del entramado de poder vigente, y en función de los mismos, la norma es generada y aplicada. Para que pueda ser creada, exigida en su cumplimiento y sancionarse a quienes no la cumplan, se requiere de poder, caso contrario, carece de vigencia real 41.

Esto no hace al poder ni bueno ni malo, sólo muestra cómo funciona la realidad.

Para los que son “periféricos” en la toma de decisiones mundiales, no les queda otra alternativa que obtener poder por medios “encubiertos”, “subrepticios” o “solapados”.

Si bien lo que constituye el objeto de los intereses solo se alcanzan con poder, los que no tienen poder -que son más de los dos tercios de los Estados del planeta- deben tratar de “construirlo”. La idea de construcción de poder debe pasar por la prudencia. Conviene que sea una conducta “subrepticia”, para evitar que aquellos que disponen de poder consideren que su seguridad está en peligro y reaccionen en consecuencia.

Japón o la República Federal Alemana en la post segunda guerra mundial, durante la “guerra fría”, lo hicieron por la vía individual y fundamentalmente en un área en la que el gobierno de EUA no podía considerar que fuera peligrosa, el desarrollo de capacidades tecno-industriales y no en el área estratégico-militar, como pretenden países como Corea del Norte o Irán por ejemplo. Los países de Europa occidental 42 lo hicieron por la vía conjunta bajo un criterio sencillo: “la unión hace la fuerza”. No les quedaba otra alternativa. El objetivo de estos países después de la destrucción resultante de la segunda guerra mundial era:

1) No a una tercera guerra mundial;

2) evitar que Alemania quedara afuera de cualquier proceso y volviera a generar una nueva guerra;

3) tratar de recuperar espacio en un contexto en el que EUA era el que controlaba el poder en el mundo occidental, a la vez que estaban en la frontera del “enemigo”: la URSS.

4) Evitar que el “Plan Marshall” dejara de ser un instrumento de reconstrucción y ayuda y se transformara en uno de control y dominación por parte de EUA.

En adelante fueron agregándose nuevos desafíos para fortalecer la unión, como por ejemplo, el que se dio a principios de la década de los ‘70 cuando la OPEP decidió disminuir el flujo petrolero y aumentar su precio, siendo países industrializados totalmente dependientes de la importación de este producto. Sólo la “integración” en términos de “alianza estratégica” o “maximizadora” podía permitir que lograran objetivos que individualmente no hubieran alcanzado y mucho menos, “dependiendo” de EUA, al menos en lo industrial y tecnológico. Sus dirigentes fueron prudentes, pero no “ingenuos”.

Críticas a la Teoría de Hans Morgenthau

Uno de los principales problemas de la teoría de Hans Morgenthau, no es que sea realista -más allá de que las críticas de la gran mayoría de los teóricos y académicos se centran en que el realismo ya está “perimido” y no permite explicar la realidad, proponiendo su reemplazo por otras teorías-, sino que es “atomista”.

Morgenthau no escribió una teoría “sobre el realismo”, sino una teoría sobre el poder “situado” desde una “cosmovisión” realista.

La etapa en que la escribió, el Estado-Nación aún era el actor más significativo en el sistema mundial, a la vez que decidió analizar la toma de decisiones y el poder desde una perspectiva fundamentalmente interestatal, dejando de lado, o ignorando la importancia de la incidencia de la variable “contexto internacional” en el comportamiento de los actores y en la toma de decisiones.

Quiso crear un “mapa” del poder mundial partiendo de la visión de los intereses definidos en términos de poder, que cada uno de los decisores, al interior de los Estados-Nación, tenía. Al no considerar la variable “contexto internacional”, su teoría perdió la perspectiva “holista” o totalizadora del funcionamiento del sistema, razón por la cual se lo ubica dentro de las corrientes “atomistas”, junto a otros teóricos, como Raymond Aron: realista-sociológico-histórico.

Si bien el realismo considera que el interés es la medida constante con la que debe ser juzgada y dirigida la acción política, la conexión entre interés y el Estado-Nación, durante la “macro-etapa” en la que este actor es el dominante 43, es producto de la historia. Nada hay en el realismo que vaya en contra de la presunción de que la división del mundo en Estados-Nación no pueda verse modificada o superada por otro u otros actores que lo acompañen o lo reemplacen 44. Estas transformaciones son la resultante de la natural evolución de la realidad.

La Corriente Sistémica en Relaciones Internacionales

La perspectiva sistémica no vino a reemplazar al realismo, sino a aportar una visión “holista” al análisis de las relaciones internacionales, frente a la denominada “atomista”.

No es que los “sistémicos” son una cosa y los “realistas” otra. La perspectiva sistémica tiene que ver con aspectos metodológicos, pero puede ser una perspectiva sistémica-realista o idealista.

La exaltación de la visión de que nuevas teorías superan al realismo, es no comprender qué es el realismo y qué es una teoría.

Uno de los que ha introducido la perspectiva sistémica en las relaciones internacionales ha sido Morton Kaplan 45, aunque él mismo reconoce que ha desarrollado una teoría desde esa perspectiva, pero que no ha podido hacer una “teoría sistémica” sobre las relaciones internacionales. No obstante ello ha hecho aportes muy importantes.

Es uno de los pocos teóricos de las relaciones internacionales que le da un valor a la “dinámica” del sistema.

En teoría política y particularmente en teoría de las relaciones internacionales, existe una gran preocupación por el cambio, ya que se lo considera un factor “desordenador”, de forma tal que se genera una gran confusión entre el concepto de mantenimiento del orden y la necesidad de la “inmutabilidad” del sistema. El sistema, frente al “cambio”, genera automáticamente mecanismos “reequilibradores” de forma tal de conservarse a sí mismo y al orden. En el ámbito de lo internacional, esto se da a través de los “direccionadores” del sistema, que son los más poderosos y que operan como “árbitros supremos” del mismo. Todos aquellos que están disconformes con el status quo vigente, se transforman en demandantes y en potenciales “desordenadores”; de forma tal que el sistema siempre está sujeto a “impactos” que tienden a “modificarlo”. Morton Kaplan ha contemplado esto y a tal efecto, habla de las “normas transformantes” que son los parámetros dentro de los cuales, el sistema -quienes lo conducen y controlan- tolera algún tipo de cambio.

Todo sistema, para Kaplan, tiene unas característica esenciales del funcionamiento, en consideración de las cuales, se dan los “parámetros de cambio” o “normas transformantes”. A estas últimas, las denomino “líneas de control intrahegemónicas” siguiendo el criterio de Juan Carlos Puig, que las denomina “líneas de ‘borde’ intrahegemónicas” 46.

Línea de Control Intra-Hegemónico

Hans Morgenthau
también habla de las situaciones de disconformismo con el status quo vigente que lleva a políticas exteriores “reformuladoras” del orden vigente.


Es importante tener en cuenta los “parámetros de cambio”, especialmente para los países periféricos -aunque no necesariamente en todos los casos 47-, ya que su política exterior debe considerar alcanzar los objetivos con los mínimos costos y evitar toda posibilidad de presiones o sanciones por parte de los que “conducen” al sistema.


Parametros de Permisividad-Libertad de Acción

Ejemplos de falsa apreciación o desprecio sobre la relevancia de los “parámetros de cambio” son, las conductas de países como Corea del Norte, o Irán que buscan “mostrar” poder por una vía que, visiblemente provoca sensibilidad y rechazo a los “direccionadores” y “conductores” del sistema, particularmente EUA, que no obedece al CS de la ONU para invadir Irak (2003) pero lo utiliza para sancionar a quienes desea subordinar 48; la Venezuela de Hugo Chávez en América Latina que confronta abiertamente con el gobierno de EUA; o el caso cubano, cuyo líder Fidel Castro, se apoyó en el poder de la URSS, pero una vez finalizado ese poder de apoyo -desintegración de la URSS en 1991-, los costos aumentaron considerablemente.

Por otra parte, hay países en América Latina que actúan en el otro extremo. Argentina es un ejemplo de ello, ya que durante el siglo XIX y principios del XX ha tenido una política de “subordinación” o “dependencia racional” de la esfera de influencia de Gran Bretaña, y cuando ésta dejó de ser potencia de primer orden después de la primera guerra mundial, la elite dirigente y pensante continuó actuando en función de un “espejismo” sobre las características del funcionamiento del sistema mundial.

Otro caso evidente es la etapa de gobierno de Carlos Menem (1989-1999), que con su Canciller Guido Di Tella, llevaron a cabo lo que definieron como “relaciones carnales” (?) con el gobierno de EUA, implementando una “dependencia o subordinación racional” de la principal potencia de rango mundial, con los costos que eso significa, pero sin ningún beneficio, más allá de toda la publicidad política que el gobierno hizo de haber llevado al país a abandonar el Tercer Mundo e insertarlo en el “primer mundo” (?). El resultado fue atar al país al carro de las decisiones y el interés nacional de EUA en todos los aspectos de la política mundial, a la vez que desnacionalizarlo en su toma de decisiones. En vez de celebrar una “alianza estratégica” con las empresas y banca, como históricamente lo han hecho los países industrializados, permitió que éstas trajeran dinero para obtener rentabilidad mientras la obtuvieran, cuando dejaron de recibirla, partieron hacia otros países. Las empresas nacionales fueron compradas, aun las estratégicas como la petrolera YPF, por otras extranjeras -en el caso de esta última, fue comprada por otra empresa estatal extranjera-, que dejaron a cargo del Estado el pago de las deudas a la vez que generaron, en nombre de la productividad, un gran desempleo, y las utilidades se las llevaron afuera sin invertir absolutamente nada. Carlos Menem decía haber hecho una “revolución”, pero en realidad llevó a cabo una involución 49.

Llevar a cabo tal política exterior, diseñada bajo el lema de “realismo periférico”, nombre dado al viejo esquema de “dependencia racional” implementado por la élite gobernante y pensante del siglo XIX y principios del XX, si de algo careció, fue de “realismo”.

Pensar que el desarrollo de un país pasa por subordinarse a las variables económicas vigentes, abandonando la direccionalidad de la política como eje conductor de un sistema, es caer en la ingenuidad de que quienes controlan los factores de la producción y las finanzas, están pensando en el desarrollo del Estado o en el bienestar de la población.

La economía tiene como objeto central la rentabilidad, y las empresas, al igual que los Estados con la idea de soberanía, están pensando en su propio interés -idea de anarquía: tender hacia sus propios intereses-, con la diferencia de que los Estados están compuestos por todos los miembros, incluyendo a empresas y banca, mientras que las empresas y la banca sólo consideran el interés de sus socios o accionistas.

¿Cuál es el eje desde el que se mira la realidad y la política? Si uno lo mira desde el Estado, independientemente de un mundo altamente transnacionalizado, considera a las personas y su bienestar como uno de sus ejes centrales, a la vez que la rentabilidad de empresas y banca, en tanto exista una “alianza estratégica” entre Estado y sectores económico-financieros, como ocurre en los países altamente industrializados; pero si uno lo mira desde el interés empresarial o bancario, las personas son sólo clientes y consumidores, independientemente de su bienestar y el Estado sólo un gestor de esos intereses.

El realismo como cosmovisión, sea a través de teorías “clásicas” o “modernas” -¿neorrealismo?- sigue siendo realismo. Porque cambien los actores, aumente su número o sean heterogéneos, el realismo como cosmovisión no va a cambiar.

El realismo rehuye subordinar las decisiones a la perspectiva militar o la económica, ya que su visión del poder tiene que ver con la influencia política que un actor ejerce sobre otro -sea entre Estados, entre empresas o entre éstas y aquéllos-. A la vez rechaza toda política de subordinación gratuita. La prudencia política, es la manera de actuar “estratégicamente” en un mundo complejo, donde el poder es una de las variables más difíciles de obtener y manejar.

Una cosa es la “prudencia” política y evitar “confrontar” con la potencia hegemónica u otros actores como empresas y banca, para evitar los costos de ese tipo de política, y otra es someterse servilmente. No debe confundirse el “realismo” político con el determinismo. Los países periféricos deben llevar a cabo políticas teniendo a la prudencia como un principio central, pero deben abocarse a “construir poder” en busca de una autonomía de desempeño; de otra forma, siempre permanecerán en una situación de subordinación y dependencia. Esto requiere de una inteligencia política y también de una “intelligentsia” 50, que muchas veces -ambas- es lo que falta en estos países.

Otro autor, que ha diseñado instrumentos para elaborar una teoría sistémica sobre las relaciones internacionales ha sido Philippe Braillard 51. El aporte de este autor es la construcción de taxonomías, que permitirían generar una teoría sistémica de las relaciones internacionales. En estas taxonomías, se consideran, en diferentes niveles, a los “actores”, el tipo y sus capacidades, la forma en que se relacionan y los ámbitos, la estructura resultante y la manera en que el sistema global, actuando como “ambiente”, condiciona y es condicionado por el/los sistemas/subsistemas.

Ambos autores, han abordado la concepción sistémica, en forma genérica y desde una perspectiva “realista”, ya que le atribuyen a la realidad leyes propias, a la vez que en la estructura muestran cómo opera el poder.

De esta forma observamos que de un sistema simple como el que se dio en casi todo lo largo del siglo XIX, se fue progresivamente pasando a un sistema cada vez más complejo, no sólo por la cantidad, sino también por la heterogeneidad de los actores 52.

Sistema Mundial: Desarrollo Histórico

Esta evolución es la resultante de la dinámica del poder. En algunos casos, como el sistema mundial del siglo XIX que duró casi cien años, hasta la primera guerra mundial, la dinámica fue entre “parámetros” estrechos, establecidos por la “pentarquía” europea. Los organismos internacionales creados desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, no tuvieron nada que ver con la generación de orden, sino que fueron el resultado de la “institucionalización” del orden vigente, generado por los sistemas -quienes lo conducen- que fueron emergiendo.

Características del Mundo y su Orden

Ya a mediados del Siglo XX, la incidencia de los actores transnacionales, con y sin fines de lucro, como empresas, banca y organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil, comenzaron a proliferar, tomando para sí porciones de poder y de espacio en la toma de decisiones, a través de presiones, en áreas que antes ocupaba el Estado en forma prácticamente excluyente 53.

Esto generó que cambiara progresivamente la estructura de poder, la configuración sistémica, pero el realismo no ha cambiado; sigue manteniendo los mismos principios, frente a una configuración sistémica más compleja. La teoría -no el realismo- ha debido adaptarse y comprender estas nuevas variables y configuración. Es más, todo este fenómeno conlleva el posible inicio de una nueva “macro-etapa”, en el que el Estado y sus características, será diverso del “westfaliano” 54; a la vez que el sistema ya no será -prácticamente ya no lo es, al menos en forma exclusiva y excluyente como lo fue históricamente- “interestatal”, toda vez que concurren, en la generación de reglas, una diversidad de actores no estatales, muchos de ellos, con mayor poder que varios Estados juntos. Esto trae como consecuencia cambios necesarios en el Derecho “Internacional”, ya que los actores transnacionales, con y sin fines de lucro, que empujan la generación de reglas en dirección diversa a la que los Estados históricamente han hecho, no pueden participar -por el hecho de no ser “Estados”- de la creación de este tipo de derecho, así como de organismos internacionales, en los que tienen un status de observadores, al menos las ONG’s, pero sin voz ni voto.

El mundo tal como está “institucionalizado” actualmente, refleja una configuración histórica, pero no representa la estructura real.

Evolución Epistemológica del Debate sobre el Tema

En sistema, según Kenneth Waltz 55, es un conjunto de unidades interactuantes:

a) En un nivel, un sistema consiste en una estructura, y ésta es el componente de nivel sistémico que posibilita pensar en las unidades como un conjunto que sea diferente de una mera reunión.

b) En otro nivel, el sistema consiste en unidades interactuantes.

El propósito de la teoría de los sistemas para Waltz -además de hacer complejo su entendimiento-, es demostrar cómo operan e interactúan estos dos niveles, y eso requiere diferenciarlos entre sí. Podemos preguntar cómo se afectan mutuamente A y B y buscar una respuesta, sólo si A y B pueden diferenciarse. Cualquier enfoque o teoría que sea llamado adecuadamente “sistémico” debe demostrar de qué modo el nivel sistémico o estructura, es diferente del nivel de las unidades interactuantes. Si eso no se demuestra, significa -para Waltz- que no hay un enfoque sistémico, ni tampoco una teoría sistémica. Las definiciones de la estructura deben omitir -para Waltz- los atributos 56 y las relaciones de las unidades. Sólo por ese medio es posible distinguir los cambios de estructura y los cambios que se llevan a cabo al interior de esa estructura 57.

 

Enfoque Sistémico: Waltz

Para Richard Rosencrance, el sistema político internacional tiene un marco de referencia compuesto por cuatro elementos:

1) una fuente disruptiva o entrada;

2) un regulador y

3) una tabla de limitaciones contextuales que traducen a los dos elementos anteriores en

4) resultados.

Los Estados son los disruptores. Más (+) aún si sus élites son revolucionarias y controlan inestablemente una buena cantidad de recursos disponibles, y menos (-) si sus élites son conservadoras y tienen asegurado el control de un suministro restringido de recursos 58.

El regulador aparece en diferentes períodos históricos como una institución tal como el Consejo de Europa, la Liga de las Naciones, Naciones Unidas, etc., o como un proceso informal por el cual algunos Estados se oponen a la acción perturbadora de otros Estados, tal vez por medio de alianzas y de políticas de equilibrio de poder.

El contexto es el conjunto de limitaciones físicas que influye sobre la política -por ejemplo, cantidad de territorio colonizable en una etapa imperialista-.

Enfoque Sistémico: Rosencrance

Stanley Hoffmann -que difiere de su antiguo discípulo Richard Rosencrance y también disiente con Kenneth Waltz- define a un sistema internacional como un esquema de estructuras entre las unidades básicas de la política mundial 59.

Para Hoffmann, el análisis puramente “estructural” del sistema internacional que hace Waltz, que se enfoca sólo sobre el número de “grandes” poderes y sobre la “distribución de capacidades entre las unidades”, dice muy poco 60.

Yo me pregunto ¿qué pasa con el rol de los menos poderosos o los que ofrecen resistencia, porque carecen de poder suficiente para generar reglas y no se encuentran, por su condición, en el “tope” de la estructura del sistema? Hoy hay más de 200 Estados -sin contar al resto de los actores no estatales con incidencia en el régimen y el orden internacional-, lo que significa que el grupo que comprende a los principales actores, o que el grupo de principales sujetos beneficiarios de derechos y obligaciones es aún menor que en el caso de las sociedades intra-estatales.

La estructura según Hoffmann 61, está mayoritariamente determinada por la estructura del mundo -no como para Waltz que es sólo en el “tope” del sistema-. Hoffmann no la define con claridad, aunque reúne todos los elementos que abarcan la problemática relacional tanto entre países poderosos, como entre estos y aquellos que carecen de poder suficiente como para establecer reglas.

Comprender la estructura, según Hoffmann, requiere que uno sepa, no sólo el principio por el cual un sistema es ordenado, “coordinación de las unidades, versus supra y sub-ordinación de las mismas, y los arreglos entre las partes”, sino también saber cuales son los atributos de las unidades 62.

Para Hoffmann, todo sistema internacional tiene tres dimensiones: 1) horizontal, de relaciones entre los principales actores; 2) vertical, que contempla los aspectos jerárquicos; y 3) funcional, los temas y formas que se consideran en las transacciones políticas internacionales. Cada dimensión se mueve conjuntamente y dentro del resto 63.

Metodológicamente Hoffmann sigue la sociología histórica desarrollada por Montesquieu, Alexis de Tocqueville y utilizada por Raymond Aron, que se guía por el método inductivo-empírico 64.

Para Waltz esta metodología es inadecuada, ya que la descripción de un sistema, no se puede desarrollar inductivamente, así como el criterio por el cual los cambios “en” el sistema se diferencian de los cambios “de” sistema 65.

Efectivamente, el método inductivo no puede explicar estos cambios, ya que la inducción no conoce la totalidad del sistema. Tiene una visión “atomizada” del sistema global.

Para Hoffmann, las “comparaciones históricas” muestran cambios importantes entre sistemas; pero corre peligro de decir que es cambio de sistema algo que es un gran cambio dentro del sistema 66.

Si los economistas confundieran los cambios a nivel de la unidad con los cambios a nivel del sistema, afirmarían que una economía competitiva, o un sector oligopólico, cambia su carácter a medida que se producen descubrimientos tecnológicos de importancia o a medida que se producen revoluciones gerenciales dentro de las firmas. Las teorías pueden mejorarse, pero la aplicabilidad de las teorías no puede ponerse en tela de juicio a causa del cambio tecnológico o de los cambios dentro de las firmas 67.

Para Hoffmann, -según Waltz- surge un nuevo sistema cada vez que es posible cambiar la descripción en cualquier sentido importante (?) 68.

Hoffmann sitúa todo dentro de la estructura. Para cada efecto inventa una causa estructural. Como los atributos y la conducta de las unidades son elementos estructurales, las causas a nivel sistémico terminan por entremezclarse con las causas a nivel de la unidad, y estas últimas tienden a ser dominantes.

Define a la estructura, por un lado, según la disposición de las partes (la estructura de poder), y por el otro, según las características de esas partes (la homogeneidad o heterogeneidad de los Estados). Las características concretas de los Estados -la ambición de los gobernantes, los medios que emplean, el grado de integración nacional, las propiedades de las instituciones políticas- todas ellas son parte de la definición de estructura 69.

Para Waltz, situar la configuración de poder y la homogeneidad o heterogeneidad de los Estados en una única definición de estructura, como lo hace Hoffmann, es combinar los elementos situados en distintos niveles de abstracción. Esto impide responder preguntas como:

1) ¿de qué modo la estructura definida como configuración de poder afecta las características de los Estados? y a la inversa,

2) ¿hasta qué punto son sensibles las diferentes estructuras internacionales a las variaciones de la organización interna y de la conducta de los Estados independientes? 70.

Para Hoffmann, lo que es un sistema o aquello en lo que se convierte, no depende de la configuración de poder de los Estados, sino de sus políticas y conductas 71.
 

Estructura Internacional: Hoffmann

Los modelos sistémicos de Morton Kaplan 72 reflejan la suposición de que la estructura de un sistema complejo tiende a determinar el desempeño característico de ese sistema. Hoffmann lo condena por pasar por alto la diversidad de los Estados, por dotar a los sistemas de voluntad propia, por suponer que los sistemas asignan los roles a los actores, por creer que las estructuras plantean las necesidades y determinan los objetivos, y por ignorar a las fuerzas domésticas 73.

Kaplan define a un sistema de acción, como un conjunto de variables tan relacionadas en contraste con su contexto, que las regularidades de conducta descriptibles caracterizan las relaciones internas de las variables individuales con las combinaciones de variables externas 74.

Waltz critica de esta definición, el hecho de que no queda en claro dónde está el límite entre un sistema internacional y el contexto 75. Entiende a las condiciones “contextuales” como el contexto de los Estados, y no al contexto del sistema. El contexto de los Estados es el sistema internacional 76, que permanece en equilibrio, mientras los Estados respeten las “reglas esenciales” del funcionamiento del sistema indicadas por Morton Kaplan en sus “elementos para el análisis” de los sistemas.

Sin embargo, cuando se analiza un subsistema -siendo éste el objeto central de análisis-, como la crisis centroamericana, o del Medio Oriente, etc., el contexto en el que está inserto el sistema objeto del análisis, es el “sistema mayor”, y no necesariamente el mundo. Puede ser, para el caso centroamericano, el contexto del bloque occidental, por ejemplo. Este contexto, no sólo condiciona a los actores, sino también al sistema y, a la inversa, es condicionado por las distintas unidades y subsistemas que buscan un mejor status que el que detentan, o el contexto les permite.

Para Waltz, la estructura de un sistema actúa como límite de las unidades del sistema. Las dispone a comportarse de cierta manera y no de otra, y es por eso que el sistema se mantiene. Caso contrario, el sistema se transforma 77.

La Anarquía como Característica Sistémica para Waltz

Los teóricos “tradicionalistas” como los de orientación “moderna” codifican sus teorías reduciéndolas a las partes interactuantes 78. Tienen una visión “fragmentada” de la realidad.

Los “tradicionalistas” siguen insistiendo en que el carácter “anárquico” de la política internacional es el que marca la distinción entre los campos “interno” -estatal- y “externo” -internacional-, y los “modernistas” lo niegan 79.

En realidad no hay anarquía, sino falta de un “gobierno central” -por lo tanto hay una tendencia al predominio de la soberanía por sobre la imposición de reglas supranacionales o la coordinación para la generación de un orden global-.

Para Waltz una característica que ha persistido es la “anarquía” de la política internacional 80.

Las estructuras, pese a que se mantienen durante largo tiempo -hablo en los términos de dimensión “horizontal” de Hoffmann- no son estáticas, sino dinámicas, ya que alteran la conducta de los actores y afectan el resultado de sus interacciones.

Las estructuras según Waltz pueden cambiar de modo súbito (?) 81. Un cambio estructural -dice- es una revolución -se produzca o no de manera violenta-, y lo es porque da lugar a nuevas expectativas acerca de los resultados que se producirán a partir de los actos y las interacciones de unidades cuya colocación dentro del sistema varía junto con los cambios de estructura. Entre sistemas diferentes, una teoría explica el cambio 82. Una teoría de la política internacional sólo puede tener éxito si se definen las estructuras políticas de manera de identificar sus efectos causales y demostrar de qué modo varían estos efectos cuando cambia la estructura. A partir de la anarquía 83, se infieren -dice Waltz- grandes expectativas acerca de la calidad de la vida política internacional. La distinción entre estructuras anárquicas de diferente tipo permite producir definiciones más estrechas y precisas de los resultados esperados. Consideremos, por ejemplo, los efectos sufridos por los Estados europeos a partir del cambio de un sistema multipolar por otro bipolar. Durante la etapa en que el multipolarismo fue manejado por las grandes potencias europeas, no se podía pensar en términos de integración 84, como se lo hace a partir de que el poder pasó a manos de otros actores extra-europeos 85.

No comprendo cómo pueden cambiar de modo súbito las estructuras sin que cambie el sistema; en el entendimiento de que éste es variable dependiente de aquéllas. Desde ya, se producen cambios en la inserción de los actores al producirse cambios en la estructura. También coincido con que cuando se habla de sistema se hace referencia al interrelacionamiento e intercondicionamiento entre las unidades y esto no presume qué tipo de estructura está vigente -para ello es necesario conocer la configuración de poder-, aunque la forma en que las unidades se interrelacionan e intercondicionan, está “condicionada” por la estructura vigente.

Si para Waltz, cambio súbito, es el producido a la estructura multipolar por la primera guerra mundial, entiendo que lo que súbitamente ocurrió, fue que se puso en tela de juicio la capacidad de la estructura vigente de continuar “comandando” el sistema mundial como lo venía haciendo. Esto no significa que surgiera espontánea y/o súbitamente una nueva estructura. Ni siquiera se perfilaba la estructura bipolar que imperaría a partir de la finalización de la segunda guerra mundial hasta fines de los '80.

Como hipótesis de trabajo, si uno se ubicara como analista internacional a principios de la década de los ‘40, podría decir que las “tendencias mundiales” se orientaban en el sentido de un sistema “multipolar”, conformado por “dos pares de alianzas”: una entre EUA y la URSS y otra por los miembros del “Eje”. Sin embargo, cuando finalizó la 2da G.M. una de las alianzas desapareció, no sólo como tal, sino que sus miembros, por ser derrotados -los miembros del “Eje”- quedaron fuera de la “tendencia multipolar”. Además, la otra alianza, se deshizo, transformándose el sistema, especialmente a partir de 1947, en un bipolarismo basado en la pugna ideológica, en vez de una “diarquía” 86.

Del mismo modo hoy, se perfila una estructura con posibilidades de que se configure un multipolarismo, aunque no se puede asegurar que esa será la estructura -en los términos de dimensión “horizontal” planteados por Hoffmann- rectora del sistema mundial.

Para Waltz, estructuralmente, se puede describir y comprender las presiones a las que están sujetos los Estados. No se puede predecir cómo reaccionarán a las presiones sin conocimiento de sus disposiciones internas. Una teoría sistémica -dice Waltz- explica los cambios entre sistemas, no dentro de ellos (?), y no obstante, la vida internacional dentro de un sistema determinado no es de ninguna manera permanente repetición 87.

No obstante las críticas de Waltz a Kaplan, acerca de que éste ha desarrollado una “concepción” en vez de una teoría sistémica, se podría decir que sí ha encontrado la forma de explicar, no sólo describir, los cambios dentro de los sistemas. A partir de sus “normas de transformación”, que se combinan con conceptos como “impactos modificantes” e “impactos transformantes”, y “procesos homeostáticos”, Kaplan explica los cambios “de” sistema y los cambios “en” el sistema 88.

El hecho de que la estructura para Waltz tenga que ver exclusivamente con la configuración de poder vigente en la “cúpula” del sistema, se debe a que considera que, en política internacional, al igual que en cualquier sistema de auto-ayuda 89, las unidades de mayor capacidad plantean la escena de la acción para las otras, y para sí mismas. En la teoría sistémica -dice- la estructura es una noción generativa; y la estructura de un sistema es generada por las interacciones de sus partes principales. Sería tan ridículo -afirma- construir una teoría política internacional basada en Malasia y Costa Rica como construir una teoría económica de la competencia oligopólica basada en las empresas menores de un sector de la economía. Los destinos de todos los Estados y de todas las empresas de un sistema están mucho más afectados por las acciones e interacciones de los mayores que por las de los menores 90. No obstante, creo que ningún teórico caería en tal ridiculez. Mala la suposición de Waltz. Sí es importante contabilizar el efecto de la “resistencia” de este tipo de Estados sobre la estructura y el sistema, sino caeríamos en la “ridiculez” de que el mundo es sólo lo que pasa en su “tope”.

A la vez afirma Waltz, concentrarse en los grandes poderes no implica perder de vista a los poderes menores. La preocupación por el destino de estos últimos implica prestar una mayor atención a los primeros. La preocupación por la política internacional como sistema implica la concentración en los Estados que causan las mayores diferencias (?). Una teoría general de la política internacional se basa necesariamente (?) en los grandes poderes. La teoría, una vez escrita, también se aplica a los Estados menores que interactúan, en tanto sus interacciones estén aisladas 91 de los grandes poderes de un sistema, ya sea por la relativa indiferencia de estos últimos o por dificultades de comunicación y de transporte 92.

No cabe duda que las verdades de Waltz son verdades de perogrullo, a la vez que su visión es demasiado simplista respecto del rol que le cabe a los Estados menores. Como si estos fueran meros objetos pasivos, que no reaccionan ni resisten en lo más mínimo. Como si los Estados mayores no tuvieran que tratar de atraerlos a sus esferas de influencia, de alguna manera, como para poder establecer un dominio sobre ellos, y un predominio por sobre los otros Estados o actores mayores.

Puede ser que las resistencias y las reacciones de los Estados menores, no sean significativas -el caso de OPEP o de la crisis de los rehenes de Irán y sus efectos, el proceso masivo de descolonización en Asia y particularmente en Africa, muestra que pueden serlo-, pero eso no significa que una teoría de la política mundial -sea sistémica o no- deba concentrarse en los Estados mayores, sin considerar el significado -dentro del marco de la teoría- de los Estados menores.

Es cierto que la teoría, una vez escrita, también se aplica a los Estados menores, pero puede ser una concepción errónea, basada exclusivamente en el rol de los Estados mayores, como si éstos estuvieran solos y totalmente libres de la influencia, resistencia y reacción de los Estados menores, en sus decisiones, pugnas y orientaciones de lo internacional. Pretendiendo ser sistémico Waltz, termina teniendo una visión “atomista”.

El término Estructura, según Waltz, tiene dos significados importantes:

1) puede designar un recurso compensatorio que funciona para producir una uniformidad de resultados a pesar de la variedad de impulsos. Como esas estructuras producen procesos de “nivelación”, los que experimentan los efectos de esa nivelación no necesitan tener conciencia de la estructura ni de cómo se producen sus efectos. Las estructuras de esta clase son agentes que funcionan dentro de los sistemas 93.

Si uno hace comparaciones, en realidad, Waltz, utilizando términos distintos, está hablando de los “procesos homeostáticos” equilibradores del sistema frente a los impactos que pueden producir cambios dentro de los sistemas, a los que se refiere Kaplan 94.

2) En el segundo sentido, estructura designa -para Waltz- un conjunto de condiciones limitativas. Esa estructura actúa como selector, pero no puede ser vista, examinada u observada. Los mercados económicos formados libremente y las estructuras políticas internacionales son selectores, pero no agentes. Como las estructuras seleccionan por medio de la recompensa de algunas conductas y el castigo de otras, los resultados no pueden inferirse a partir de las intenciones ni de las conductas 95.

Una vez más, con diferentes términos, Waltz habla de lo que Morton Kaplan denomina como “normas transformantes”, o Juan Carlos Puig llama “líneas de borde intra-hegemónicas” 96.

Para Waltz, el sistema está compuesto por la estructura y las unidades interactuantes (Ver gráfico sobre “Enfoque Sistémico” según Waltz). La estructura es el componente sistémico que hace posible pensar en el sistema como un todo 97.

La definición de estructura -para Waltz- debe dejar de lado los atributos de los actores, las características de las unidades, su conducta y sus interacciones. ¿Qué es lo que queda entonces? La “relación”, que tiene que ver con la interacción entre las unidades y con la posición de cada una en relación al resto. La definición de estructura debe comprender -según Waltz- la “posición” mutua entre los actores -cómo están dispuestos o posicionados-, ignorando de qué modo se relacionan entre sí 98.

De esto, dice Waltz, se desprenden tres proposiciones:

1) que las estructuras pueden persistir mientras la personalidad, la conducta y las interacciones sufren grandes variaciones, La estructura se diferencia agudamente de las acciones e interacciones 99.

2) Una definición estructural se aplica a dominios de sustancias muy diferentes en tanto y en cuanto tengan disposiciones semejantes de las partes.

3) Como esto último ocurre, las teorías desarrolladas para un dominio particular pueden aplicarse, con algunas modificaciones también a otros dominios.

Una estructura -para Waltz- se define por medio de la disposición de sus partes. Sólo los cambios de disposición son cambios estructurales 100. Un sistema está compuesto por una estructura y por las partes interactuantes 101.

Como la estructura es una abstracción -dice Waltz-, no puede ser definida enumerando características materiales del sistema 102. En cambio debe ser definida por la disposición de las partes del sistema y por el principio de esa disposición 103. La estructura, se define por la disposición o el ordenamiento de las partes del sistema y por el principio rector de esa disposición. Una estructura no es un conjunto de instituciones políticas 104 sino su ordenamiento o disposición, a través de la constitución.

El primer elemento de la estructura es que hay un principio de ordenamiento o disposición de las partes o de un sistema. La supra o sub-ordinación en función de la autoridad que en la realidad otorga el poder legitimador 105.

Los sistemas se transforman si un principio ordenador 106 reemplaza a otro. Trasladarse desde un dominio anárquico hasta otro jerárquico, significa trasladarse de un sistema a otro 107.

El segundo elemento de la estructura, está dado por la disposición de unidades y funciones de las partes que dependen de las jerarquías que tengan.

Los sistemas jerárquicos cambian si las funciones son definidas y asignadas de manera diferente. En el caso de los sistemas anárquicos, el criterio de los cambios sistémicos derivados de la segunda parte de la definición no es válido, ya que el sistema está compuesto por unidades semejantes 108.

El tercer elemento es que, a igual función, la diferenciación está dada por los cambios producidos en las capacidades relativas.

Los cambios de esta distribución son cambios de sistema ya se trate de jerárquicos o anárquicos 109.

Las estructuras políticas dan forma a los procesos políticos. Esto se puede ver si se comparan sistemas diferentes 110.

1. Principios Ordenadores

Para Waltz, las cuestiones estructurales son acerca de la “disposición” de las partes de un sistema. Las partes de los sistemas políticos domésticos se hallan en relaciones de supra/sub/ordinación. Algunas están autorizadas a ordenar, otras deben obedecer. Los sistemas domésticos -Estatales- son centralizados y jerárquicos 111.

Las partes de los sistemas políticos internacionales se hallan en relaciones de coordinación. Formalmente cada una de ellas es igual a todas las demás. Ninguna está autorizada a mandar, ninguna está obligada a obedecer. Los sistemas internacionales son descentralizados y anárquicos.

Lo que no debe tener en claro Waltz, es que, por ser descentralizado y anárquico, el sistema internacional genera “obligaciones” en función de la capacidad de poder. No es cuestión de obligación, en términos de “derecho”, sino en términos de “interés” según la capacidad de poder.

Los principios ordenadores de las dos estructuras son claramente diferentes y, por cierto, contrarios entre sí. Las estructuras políticas domésticas tienen como contrapartes concretas a las instituciones y cargos gubernamentales. La política internacional, por contraste, ha sido llamada “política en ausencia de gobierno” 112.

El primer término de una definición de estructura 113 afirma el principio por el cual se ordena el sistema. Sin embargo, la característica prominente de la política internacional parece ser la falta de orden y de organización. Cómo concebir un orden sin un ordenador y efectos organizativos, sin que haya una organización formal 114.

Si lo que Waltz está planteando es que, orden internacional es aquél que se basa sobre los mismos parámetros que el orden doméstico, de otra manera el principio básico del sistema mundial es la “anarquía”; está en lo cierto. Pero, si se admite que existen principios ordenadores, e incluso -actores- “ordenadores” en el ámbito internacional, aunque el proceso se dé de una manera mucho más “primitiva” que en el marco doméstico, entonces, el principio básico no es la anarquía, sino el orden, más allá de la justicia de este orden 115.

La “anarquía” puede ser el “estado” imperante dentro del que se plantean pautas de orden de alguna manera determinada, pero no el “orden” ni el “principio ordenador”.

Si se lo analiza según el concepto de sistema de Kaplan, en primer lugar, el sistema internacional puede ser caracterizado como un “sistema político sin fuerza legal” 116. Esto no implica la negación de orden, sino la dificultad de la “exigencia” en el cumplimiento de las normas acordadas entre las unidades del sistema internacional, y la dificultad de la “sanción” ante el incumplimiento de esas normas, ya que ¿quién ejerce el poder de policía, si no es el o los actores más poderosos?

En segundo lugar, el sistema internacional “tiende hacia el/los polo/s del/los subsistema/s dominante/s” 117. Esto significa que, “formalmente”, como dice Waltz, las unidades son iguales entre sí, pero en la realidad eso no es cierto; salvo que uno piense en el sistema internacional en un “estado primitivo”, en el que todas las unidades, en un momento inicial (T0) equivalen entre sí. Esto es una suposición, a los efectos de poder comprender procesos, pero no una realidad.

Por lo tanto, hay principios ordenadores, y también existen (actores) “ordenadores”, aunque la justicia no les sea repartida por igual a los que ordenan, que a los que no tienen la capacidad para hacerlo. Es más, la justicia es, según los que “ordenan”, y no según principios universales. Esto de pensar que el “todo” debe funcionar igual que las “partes que lo componen” es un error; aunque esa presunción permita comprender y explicarse los procesos por analogía.

Los sistemas políticos internacionales -dice Waltz, cuya falta de claridad y coherencia es la principal característica de su trabajo- al igual que los mercados económicos, se forman por la coacción de unidades auto-interesadas. Las estructuras internacionales se definen en términos de las unidades políticas primarias de una época, ya sean ciudades-Estado, imperios o naciones. Las estructuras emergen de la coexistencia (?) 118 de los Estados. Ningún Estado pretende participar en la formación de una estructura por medio de la cual tanto él como otros se verán limitados 119.

Al proceso de generación de la estructura, lo llamo “polarización”, o pugna por la configuración del sistema. En la pugna, los actores “polarizadores” procuran imponer, y en el caso que no puedan, tratan de acordar, las reglas -régimen- que regirán cada segmento de las relaciones globales 120.

En los sistemas internacionales, al igual que en los mercados económicos, las estructuras se forman por la “coacción” de sus unidades -dice contradictoriamente Waltz, desconociendo la “coexistencia” a la que hacía referencia con anterioridad-. La política internacional es un dominio en el que todo está permitido; es estructuralmente similar a una economía de mercado 121. Por supuesto, considerando que, a diferencia del marco estatal, no existe un gobierno central. Aunque en las concepciones económicas liberales, la intervención del Estado debe ser mínima, prácticamente nula, por lo que la justicia en el reparto, depende de la “capacidad” que tenga cada uno de manejarse en ese “mercado” 122.

2. Funciones de las Unidades

La anarquía -según Waltz- implica relaciones de coordinación entre las unidades de los sistemas políticos internacionales 123 y eso implica su paridad (?) 124.

Me pregunto, qué relaciones de “coordinación” puede haber entre unidades heterogéneas y asimétricas, desde el punto de vista de sus capacidades, en un contexto carente de una autoridad central. Más bien predominarán las relaciones de dominante/dominado. La coordinación, presuntamente, se dará en el nivel “horizontal” toda vez que haya intereses y objetivos similares, y capacidades que se correspondan. Aún en casos como el de la Unión Europea (UE), también hay, en su interior, permanentes situaciones de imposición y resistencia; igual el caso de la OPEP.

Waltz agrega que los Estados no son ni han sido nunca los únicos actores internacionales. Pero las estructuras no están definidas por todos los actores que florecen dentro de ellas sino por los más importantes 125.

Desde ya que no están definidas por todos los Estados, sino por los que más poder tienen. Lo relevante aquí, es que no todos los actores -con capacidad de acción- extra-estatales son configuradores de la estructura. Sean multinacionales, transnacionales, etc. Aunque sí sabemos que, como en el caso de la banca privada transnacional, tiene una importante incidencia en el establecimiento del régimen, por lo menos en el segmento financiero, conjuntamente, e incluso con algunas ventajas por sobre EUA, Japón y Alemania 126.

Las estructuras están definidas por los actores más importantes dentro de ellas. En esto coincido con Waltz. Pero, desde mi punto de vista, deberíamos aclarar, al menos por ahora, “actores estatales”. Aún no se conoce un sistema mundial cuya estructura ha sido configurada, en forma mixta, por actores estatales conjuntamente con actores no estatales 127, que como característica particular, carecen de territorio y población.

Del mismo modo que los economistas definen el mercado en términos de firmas, Waltz define la estructura de la política internacional en términos de Estados, aunque hayan desde siempre otros actores no estatales.

Estos actores actúan, en la mayoría de los casos, como grupos de presión pero no como “supremos repartidores” -de potencia (podes) e impotencia (no podes)- internos y externos visibles. Aunque la banca privada transnacional, como un factor de poder en el que se ha transformado, puede llegar a constituir un “supremo repartidor”, al menos en el segmento financiero.

Por otra parte, hay que considerar al Estado como un actor en una decisión. La acción del Estado debe ser considerada como la acción realizada por quienes actúan en su nombre 128.

La existencia de EUA, Francia, Egipto o Rusia es más probable que continúe en el tiempo -aunque hay casos de desaparición de Estados, como el Imperio Austro-Húngaro; la URSS; Yugoeslavia- frente a otros actores no estatales, como IBM, Nissan, Ford, Crysler, Shell, etc. 129.

Los Estados son semejantes respecto de las tareas con las que se enfrentan, pero no en sus capacidades de llevarlas a cabo. Las diferencias son de capacidad, no de función 130.

3. Distribución de las Capacidades

Los cambios de la estructura -dice Waltz- modifican las expectativas sobre el comportamiento de las unidades y sobre los resultados que sus interacciones producirán 131.

No se puede esperar el mismo comportamiento ni los mismos límites, en la etapa de la guerra fría que luego de la caída del “muro de Berlín”.

La estructura de un sistema cambia con los cambios de la distribución de las capacidades de las unidades del sistema 132.

Para mi no es así, ya que el impacto producido por la OPEP, si bien provocó efectos importantes en la estructura, el sistema siguió siendo bipolar. De la misma manera, la derrota de EUA en la guerra de Vietnam y la consiguiente ventaja de la URSS en el marco del sudeste asiático, produjo un cambio en el status-quo -posición relativa de los actores- del sistema, pero éste continuó siendo bipolar. La paridad soviética en la carrera nuclear, modificó el status-quo en su beneficio, pero el sistema continuó siendo bipolar.

Hay cambios “en” -no “de”- la estructura, cuando se altera irreversiblemente la organización del sistema y el patrón de interacciones. Cuando también se modifican las reglas del juego al intervenir nuevos actores, entonces se está frente a un cambio “de” sistema 133. En un sistema unipolar o en uno bipolar, el agregado de un nuevo “polo” implica cambio de estructura y de sistema. En el multipolar, esto no necesariamente es así, ya que continúa siendo multipolar. Deben darse los anteriores requisitos analizados.

Aunque las capacidades son atributos de las unidades, la distribución de las mismas no lo es, sino más bien un concepto sistémico 134. No es el carácter ni la función de las unidades los que introducen modificaciones en la estructura, sino por medio de las diferenciaciones que hacemos de ellas según sus capacidades.

Orden Anárquico y Equilibro de Poder

Entre los hombres como entre los Estados, la anarquía -o ausencia de gobierno- está asociada a la violencia. Pero si la ausencia de gobierno está asociada con la violencia, lo mismo ocurre con su presencia, desde el momento en que existe también la resistencia, tanto dentro del Estado como en el contexto internacional 135.

Un sistema nacional no es de auto-ayuda, ya que los gobiernos tienen el uso legítimo de la fuerza, evitando así, el uso privado -particular- de la fuerza y de esa manera las personas no necesitan prepararse para defenderse. El sistema internacional sí es de auto-ayuda 136. Cada Estado debe proveer a su propia seguridad.

Interdependencia e Integración

En un sistema de auto-ayuda las unidades utilizan sus esfuerzos para protegerse de las otras. En un sistema de división de trabajo y la economía la especialización funciona para beneficio de todos aunque no igualitariamente 137.

OTAN, TIAR, en lo militar, la Unión Europea (UE), ALADI, NAFTA, MERCOSUR en lo económico, visto formalmente institucionalizado, o la producción de manufacturas y tecnología por parte del mundo industrializado y la producción de materias primas por parte del mundo subdesarrollado y en vías de desarrollo, visto desde una perspectiva no institucionalizada formalmente, y así otros en diferentes áreas, son ejemplos de sistemas de división del trabajo y la economía.

Sin embargo, en el marco de la Nación, la división del trabajo está estrechamente articulada porque hay integración. La interdependencia existente a nivel internacional hace que la división de tareas sea más laxa 138.

Para Waltz hay dos principios ordenadores, la anarquía y la jerarquía.

Los elementos anárquicos de la estructura 139 -dice Waltz- afectan la posibilidad de cooperación; mientras que los elementos jerárquicos limitan y restringen el ejercicio de la soberanía 140.

Morgenthau en vez de elementos anárquicos, hablaría de los “intereses”, la “pugna de intereses”, o los “intereses disidentes”.

Si se considera, tal como dice Waltz, que el sistema internacional es anárquico porque carece de gobierno central; no es por los elementos anárquicos que no hay cooperación, ya que en el ámbito estatal, hay gobierno central, y existen relaciones de cooperación, conflicto, indiferencia, etc.

Un tercer elemento -a criterio de Waltz-, que podría ser el equilibrio, no es un principio ordenador porque se basa en la anarquía y en la necesidad mínima de supervivencia de los actores 141.

Tal vez -querrá decir Waltz- no es un principio originalmente ordenador, pero todo sistema -bipolar o multipolar- requiere del equilibrio para mantenerse y de mecanismos equilibradores -proceso homeostático según Kaplan 142-; por lo que se trata de un elemento indispensable para que haya orden -aunque no sea el generador del orden-, salvo que el equilibrio se rompa en beneficio del, o los actores que hayan presionado para alcanzar la supremacía, generando una nueva estructura y un nuevo orden. Para Morgenthau el equilibrio de poderes es una forma de alcanzar y mantener el orden 143.

En lo que hace a la supervivencia, en realidad, vista como necesidad mínima, no es un elemento del equilibrio, sino del interés nacional: sobrevivir o desaparecer. En el equilibrio, opera la alternativa de: mantengo el equilibrio porque no puedo avanzar más de lo que avancé, o porque trato de evitar que el otro avance más de lo que lo hizo. Conducta conservadora o statuquista.

Si los Estados desean maximizar el poder -dice Waltz- se unirán al bando más fuerte (?) 144 lo que favorecerá la aparición de una hegemonía. Y agrega, los Estados más débiles, si están libres para elegir, se apiñan al lado más débil pues el más fuerte es el que los amenaza 145.

Se trata de un concepto equívoco, ya que tiene que tratarse de una élite “funcional” a los intereses hegemónicos del más fuerte, para favorecer esa hegemonía; salvo que considere que en el corto plazo esa es la única alternativa, pero que en el mediano y largo plazo puede ir despegándose y alcanzando una inserción más autónoma. Por otra parte, también depende de la funcionalidad de la élite gobernante a los intereses autonómicos, para que realice alianzas con los co-débiles, de manera tal de “maximizar” las posibilidades de desempeño -OPEP es un ejemplo-. En muchos casos, la élite no es funcional a este tipo de alternativas -América Latina tiene un historial de gobiernos con estas características, incluso hoy en día-; por el contrario, considera que juntarse con débiles, “debilita” (!) 146.

Los Estados -dice Waltz- equilibran el poder antes que maximizarlo 147. Se trata de una de esas afirmaciones, al estilo de qué es lo que está primero, si el huevo o la gallina. Los Estados hacen lo que pueden. Si pueden maximizar sus posibilidades lo van a hacer hasta que algo los frene, entonces tenderán al equilibrio, a fin de no perder lo que lograron. La historia está llena de ejemplos de “expansionismo indiscriminado”, así como también de “equilibrios prudentes y statuquistas”. No es necesario usar la imaginación, basta con la memoria histórica.

Un sistema -dice Waltz- tiene una fuerte tendencia al equilibrio (status-quo). La expectativa no es que el equilibrio, una vez conseguido, se mantenga, sino que una vez alterado será restaurado de alguna manera 148.

Sería importante, en primer lugar establecer qué es equilibrio; y en segundo lugar diferenciar los tipos de equilibrio posibles. El concepto equilibrio implica, según el diccionario, nivelación, igualación, uniformización, contrapeso, compensación, igualdad. Pero también implica “estabilización”, que no presupone nivelación o igualdad. De esta manera, encontramos conceptos como “equilibrio mecánico”, que presumen igualdad relativa, compensación; como en el caso del sistema de equilibrio del multipolarismo vigente entre 1815 y 1914 en el contexto europeo o el bipolarismo entre EUA y la URSS entre 1947-1991. “Equilibrio político”, resultante, por ejemplo, del acuerdo alcanzado en el Congreso de Viena de 1815, en el que se pactó el “equilibrio y balance de poder” como factor indispensable para el mantenimiento del orden. Por último, “equilibrio sistémico”; que puede ser “equilibrado” -en el “tope” del sistema- según las características anteriormente mencionadas, pero que también admite un equilibrio “desequilibrado” -en términos “verticales”-, fundado no en la igualdad, el contrapeso o la nivelación, sino en la “estabilización” -del sistema-. Las intervenciones de EUA en América Latina, los golpes de Estado que favoreció o alentó; respondieron a este último concepto de equilibrio del sistema (Interamericano en este caso), aunque el sistema (obviamente) era desequilibrado desde el punto de vista mecánico. Las Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, que operaron en el marco del TIAR o de la OEA -según fuera el organismo de convocatoria- han sido históricamente utilizadas para el mantenimiento del “equilibrio del sistema”, aunque este equilibrio nada tenía de equilibrado desde el punto de vista mecánico, y el “acuerdo político” al que podría haber respondido, se asemejaba más a una presión de la potencia hegemónica, que al consenso alcanzado en el Congreso de Viena de 1815. Lo mismo puede aplicarse a las intervenciones de la URSS directas o a través del Pacto de Varsovia, en Hungría, Checoeslovaquia o Polonia.

Antes, los grandes poderes eran definidos según sus capacidades. Ahora se considera a la capacidad o incapacidad de los Estados para resolver sus problemas, el elemento para considerar su posición internacional.

El poder ya no es homogéneo. Hay actores militarmente preponderantes, pero no económicamente -EUA hoy-. Las diferentes capacidades de una Nación no se refuerzan militarmente 149.

¿Qué capacidad es la que da poder y preeminencia? En principio, un país se convierte en superpoder, cuando lo tratamos como si lo fuera (percepción de lo importante). Esta puede ser la causa por la que, pese a la importancia del eje económico actualmente, aún es EUA el país visto como el superpoder mundial y con capacidad de liderazgo planetario, y no a Japón o Alemania que superan a EUA en los aspectos económicos y tecnológicos, aunque no en el estratégico-militar. No obstante, EUA depende de la tecnología informática japonesa para colocar “cabezas inteligentes” a sus misiles. Esto podría explicarse a partir del concepto de liderazgo y direccionalidad. EUA estuvo acostumbrado en los últimos 50 años a dirigir al bloque occidental, mientras que Japón y Alemania a estar sometidos, en el primer caso a EUA y en el segundo caso, dividida, por la ocupación de EUA y la URSS. Es por ello, que Japón, y Alemania, por más que, actualmente tengan una capacidad de poder similar a EUA en lo económico, carecen de la psicología del líder mundial que direcciona, mientras que EUA, con un poder disminuido, salvo en lo militar, continúa haciéndolo.

El Idealismo-Sistémico-Funcional

El “Buen Gobierno” del Mundo

La perspectiva sistémica ha tenido dos vertientes, la idealista, que la ha orientado hacia el “funcionalismo” y la realista, que la orientó hacia el “estructuralismo”.

El idealismo sistémico, se plantea la posibilidad del orden mundial, a partir de la conformación y perfeccionamiento de organizaciones internacionales y, observando el creciente transnacionalismo, con y sin fines de lucro, la posibilidad del orden, a partir de una “convergencia” entre todos los miembros del sistema en forma cooperativa.

Según la “Comisión del Gobierno Mundial”, en el plano mundial, la acción llevada a cabo por las ONG’s, los movimientos de ciudadanos, las empresas transnacionales y los mercados de capitales integrados, contribuyen al buen gobierno. De acuerdo con estos criterios, el buen gobierno implicaría modalidades de cooperación y de solución de conflictos con protagonistas múltiples, aunque la jerarquía de éstos no se precisa. El buen gobierno refleja realidades institucionales e incluso actitudes individuales muy diversas 150.

Esta “Comisión” rechaza algunos de los postulados del realismo, al hacer hincapié en la importancia de las instituciones en la política internacional. Esta perspectiva tiene una larga tradición doctrinal, que se remonta a David Hume y que trata de determinar científicamente la influencia de las instituciones en la vida de las sociedades. Entre sus postulados, con una visión institucionalista anti-realista, se establece que la sociedad internacional no es anárquica -de acuerdo con esto, no tiende hacia los intereses nacionales y/o soberanos-. A pesar de la ausencia de poder coercitivo legítimo 151, los protagonistas internacionales reconocen la existencia de reglas de juego, aceptan obligaciones, practican la cooperación y actúan de forma previsible a causa de la existencia de mecanismos de regulación formales e informales.

¿Quién cumpliría con la función de “árbitro supremo”, independiente de los más poderosos y con capacidad de mantener o restablecer el orden. Está visto que organismos como la ONU no tienen esa capacidad, sino a través del Consejo de Seguridad, lo que implica que es a través de los “más poderosos”.

Oran Young 152 un neo-institucionalista, con una visión “voluntarista”, considera que la base del buen gobierno la constituye el conjunto de instituciones, leyes, procedimientos y normas que permiten a las personas expresar sus preocupaciones, y luchar en defensa de sus intereses en un contexto relativamente previsible y equitativo. De esta manera, las estructuras internacionales no reflejan exclusivamente las jerarquías de poder, porque las instituciones influyen en la política de los Estados provocando esperanzas, delimitando objetivos, orientando intereses y preferencias.

Encuentra niveles de “igualdad” en el relacionamiento global, difíciles de observar en la realidad.

Ernst-Otto Czempiel habla de la capacidad que poseen los protagonistas para “conseguir que las cosas se hagan”, cuando no disponen de competencias legales de autoridad al respecto. Da como ejemplo la disuasión mediante el terror nuclear que, a su parecer, ha constituido un sistema de gobierno que parece haber favorecido la dictadura 153. Su deseo es sustituirlo por un buen gobierno basado en el desarme y control de los armamentos, que pueda hacer que la democracia prevalezca.

Se trata de una visión ingenua, ya que hasta ahora, el control de armamentos lo pueden lograr Estados poderosos, como EUA por sobre otros, pero nadie puede controlar la proliferación de EUA. Por otra parte, ¿de qué manera se lograría la “democracia” en las relaciones internacionales, en un mundo con una estructura asimétrica?

James Rosenau utiliza el término “buen gobierno” para expresar un sistema de normas. Sostiene la idea de un “buen gobierno sin gobierno” para referirse a las funciones que ha de asumir todo sistema social, pero de las que no se hacen cargo los Gobiernos 154. La sociedad internacional dice, implica un índice cada vez mayor de institucionalización e innumerables mecanismos de regulación, aunque esté desprovista al mismo tiempo de un órgano de poder supranacional.

Rosenau ignora que los organismos internacionales, al carecer de poder propio, ya que el que tienen es provisto por sus miembros en forma asimétrica, son cooptados por los más poderosos. En última instancia, son “funcionales” al orden vigente, resultante de una estructura de poder y no de una convergencia de voluntades surgida de una supuesta “igualdad jurídica” entre los miembros del sistema.

Ya falla al hablar de “sociedad internacional” que implica un alto índice de “racionalidad” en las relaciones, cuando en el sistema mundial predominan los lazos basados en el interés y el poder, mostrando características mucho más primitivas, presentes en la “comunidad” 155. Toda la institucionalización alcanzada durante el siglo XX no alcanza para hacer mínimamente una “sociedad internacional”.

Para Rosenau, un ejemplo típico de “buen gobierno sin gobierno”, es un sistema de gestión dirigido por valores y empresas comunes, que se impone a partir de una lógica consensual y que no exige necesariamente medios coercitivos.

La pregunta que uno se hace frente a esta afirmación, es si hay tal grado de convergencia de voluntades como para que haya un orden mundial descentralizado. Por otra parte, cómo se logra una convergencia de voluntades en un mundo asimétrico.

Rosenau dice que si las acciones de los gobiernos consideran apoyarse en una autoridad formal y en poderes de policía -¿árbitro supremo?-, las acciones del buen gobierno parecen surgir de iniciativas que expresan objetivos comunes.

Entonces la pregunta es ¿quienes establecen o imponen los objetivos comunes? Ya que no surgen de la comunidad total, sino de aquellos que tiene capacidad de “direccionamiento”, que son los menos.

Rosenau insiste en que en la esfera de las relaciones internacionales, el buen gobierno se lleva a cabo, antes que nada, mediante acuerdos y prácticas de los Estados, sobre todo de las grandes potencias. El buen gobierno sería por consiguiente un sistema de normas realizadas por acuerdo de la mayoría, y permitiría que los proyectos colectivos se concretasen sin la autoridad formal y la sanción concreta de los gobiernos.

Insisto con las preguntas: ¿cuántos Estados son “la mayoría”? En un mundo con aproximadamente 200 Estados, por lo menos, la cuarta parte debería tener esa capacidad, como para ser representativos.

Para Rosenau, las organizaciones intergubernamentales, así como las formas de regulación informal o dinamizadas por ONG’s o empresas transnacionales, también formarían parte integrante del buen gobierno.

En general hace una gran mezcla. Una cosa son los “repartidores supremos de poder”, como los grandes Estados, ciertos actores transnacionales, etc., y otra son los “reguladores” de los “repartos” establecidos, tales como las organizaciones intergubernamentales 156.

El neoliberalismo

Hacia fines de los ‘80 se comenzó a concretar un proceso que se venía arrastrando desde principios de los ‘70, generando una nueva definición de la articulación entre el Estado y el mercado y, en un plano más general, entre la autoridad política y la sociedad civil. Ya desde principios de los ‘70 se había comenzado a gestar un desmoronamiento del sistema de Bretton Woods, a partir de la declaración de inconvertibilidad del dólar en oro por parte del gobierno norteamericano de Richard Nixon, que se profundizó con la eliminación de las restricciones a los mercados financieros.

El endeudamiento de los poderes públicos obligó a los gobiernos a “obtener mejores resultados con menos recursos”, así como a utilizar métodos de gestión administrativa copiados del sector privado por considerarse que el rendimiento de éste era mayor. El resultado de todo ello ha sido que en varios países de la OCDE se registró una tendencia a desnacionalizar algunas empresas estatales, e incluso a privatizar algunos servicios públicos.

El FMI y el Banco Mundial (BM), controlados por las grandes potencias económicas, han fomentado la aplicación de programas de ajuste estructural de inspiración liberal. La hegemonía prácticamente universal del mercado capitalista después de la desintegración de la URSS en 1991, ha impedido que emerjan ideologías alternativas a la liberal.

Las sociedades se ven obligadas a adoptar valores establecidos por la ideología dominante. Esto tiende a invalidar las concepciones tradicionales de la soberanía estatal.

Francis Fukuyama en su pensamiento desarrollado en el “Fin de la Historia” considera a esto como que viene a ser el advenimiento de una forma de “consenso planetario” sobre los principios de la democracia liberal, la superioridad del mercado capitalista, y las formas de organización social moderna 157.

Esto, se condice con la dificultad, provisoria, de que asomen ideologías alternativas. Se trata de un problema de poder, no de “consensos”. Resulta muy complejo alcanzar “consensos” en un mundo estratificado.

Richard Rosencrance considera que, en un futuro previsible, “la única civilización internacional digna de tal calificativo será la procedente de la cultura económica dominante del mercado mundial” 158.

La expansión del régimen de la “democracia liberal” se ha convertido, merced al poder de la ideología dominante y de aquellos que la “direccionan”, en una referencia inevitable.

Las concepciones neoliberales han llegado a ser dominantes en las instituciones internacionales, ya que todas se dedican a defender la misma lógica económica y política, inclusive en la UNCTAD 159 que fue creada merced a presiones del Tercer Mundo, en los años ‘60, para impugnar las estructuras internacionales dominantes. Los conceptos económicos clásicos y las perspectivas utilitaristas del siglo XIX relativas a la función limitada del Estado han vuelto a ponerse de moda. En regiones como Africa Subsahariana, el poder conferido por el Estado es un botín que se reparte en función de vínculos de clientelas y etnias 160. Lo propio se puede decir de América Latina donde los gobiernos que emergen y pretenden constituirse en alternativas diferentes al neoliberalismo, son atacados desde adentro y desde afuera.

No obstante ello, el error de estos gobiernos que buscan alternativas, es que continúan con una visión del sistema mundial de los ‘60s y los ‘70s, y las mismas metodologías. Para evitar costosas confrontaciones, sería importante comenzar a generar alternativas integradoras entre las demandas sociales y las aspiraciones de rentabilidad de los sectores empresarios y bancarios. Caso contrario, se va a continuar en un esquema pendular entre gobiernos con posiciones “populistas” y gobiernos con posiciones “empresaristas-bancaristas”, sin llegar a ningún lado.

Realismo-Sistémico-Estructural

El realismo-sistémico-estructural, considera a las instituciones internacionales, como el producto de una estructura de poder que las implementa para cristalizar un orden alcanzado de hecho, resultado de un proceso de “pugna” entre los actores del sistema, en forma asimétrica, y no como las generadoras de ese orden.

Los actores son los que, a través de su poder -asimétrico- y voluntad, asignan a los recipiendarios -los que carecen de poder suficiente- lo que “pueden” y lo que “no pueden”, generando “principios supremos de reparto” o regímenes; mientras que las instituciones internacionales, son las “reguladoras” de los principios de reparto, se encargan de que se cumpla lo que generan los repartidores 161, pero no tienen capacidad de generación de reglas, más allá de que, en algunos casos así parezca 162.

Estos repartidores, son los “árbitros supremos” ya que, al no haber un Estado mundial, la capacidad de “gobierno” del sistema, la ejercen de manera arbitraria, los que más poder tienen, en forma competitiva y, en ciertos casos, conflictiva -caso de la “guerra fría” durante el sistema bipolar- tendiendo a dominar hacia “abajo”, generando esferas de influencia, con la consecuente “resistencia” de “abajo hacia arriba”. Este proceso se da dentro de ciertos parámetros establecidos por la estructura, o configuración de poder vigente o emergente.

Los que están “arriba” tienden al mantenimiento del status quo, mientras que los que están “abajo” buscan diferentes metodologías para cambiarlo. Esto último es lo que he llamado “construcción de poder” o realización de alianzas estratégicas, dependiendo de la metodología o la forma que se busque para alcanzar el objetivo de modificar el status quo propio, con los mínimos costos.

En este contexto han aparecido, dentro de la “macro-etapa” del Estado-Nación, como un signo de cambios substantivos de la macro-etapa, actores no estatales de diferentes características, que intervienen con metodologías diversas a las utilizadas por los Estados-Nación, para generar reglas, mantenerlas, o modificarlas.

En ciertos países altamente industrializados como EUA, algunos europeos o el caso particular de Japón, en el que existe una “comunión” entre el Estado y los grupos privados japoneses, se han dado alianzas estratégicas Estado-corporaciones, de forma tal que mutuamente se apoyan y benefician; hecho que no se da en la periferia, en la que Estados poderosos y directivos de grupos empresariales y de la banca, buscan cooptar a los gobiernos, o imponer gobiernos “funcionales” a sus intereses, de forma tal de poder controlar los recursos de esos países, la mano de obra, el mercado, etc. Los gobiernos de la periferia que resultan funcionales, cumplen con una función “proconsular”, más que de administradores de los asuntos de Estado. Cuando se niegan a cumplir con tal función, son marginados, bloqueados y hasta “golpeados” bajo diferentes justificativos de forma tal que caigan para que su puesto lo ocupe otro que sea funcional.

Arbitro Supremo

Esto hace sumamente compleja la posibilidad de que entre los países periféricos se celebren alianzas estratégicas, que les permita fortalecer la capacidad negociadora y tener un mayor margen de maniobra, no sólo frente a países poderosos, sino también en un contexto mundial altamente transnacionalizado.

El circuito histórico en la macro-etapa del Estado-Nación, para la generación de sistemas internacionales y el orden, estuvo dado por un “proceso de polarización” entre los miembros del sistema en forma “asimétrica” siguiendo criterios estructurales 163, de forma tal de ir generando reglas -régimen- en el marco de los “ejes” básicos de relacionamiento: el económico, el estratégico-militar y el político 164.

Simulación de la Configuración del Sistema Mundial

La forma que adoptará el sistema, está condicionada por la estructura, de manera tal que los miembros del sistema no se interrelacionan e intercondicionan de cualquier manera, sino que siguen los “criterios estructurales”. Es en la estructura donde el decisor debe “leer” cuáles son las características del funcionamiento del sistema, así como cuáles son los “parámetros de cambio” -líneas de control intrahegemónicas- dentro de los cuales su política exterior es razonable, obteniendo más beneficios que costos.

De esta manera, se va generando el régimen, que también condiciona al sistema de manera “institucional”, pero que es condicionado a su vez por la estructura. La “cristalización” de la estructura -cuando el proceso de polarización llega a un punto de saturación: nadie pueda avanzar más de lo que avanzó o retroceder más de lo que lo hizo- y la existencia de régimen, permiten la generación de un orden relativamente estable. Los parámetros de ese orden están dados por la estructura -configuración de poder- y el régimen -marco institucional resultante-.

Dentro de esa configuración sistémica y el orden correspondiente, se dan cambios, pero “entre parámetros” 165. Esta es la resultante natural de los movimientos de reacomodación dentro del sistema. Los que están disconformes con el status quo vigente, tenderán a transformarse en “desordenadores”, ya que buscan, de alguna manera, cambiar el status que les ha tocado por uno mejor. En estos casos, el sistema -quienes lo conducen- genera procesos homeostáticos, que buscan restaurar el equilibrio.

Entender la lógica interna del funcionamiento del sistema -que está en la “estructura” y no en los sistemas institucionales creados como consecuencia-, permite llevar a cabo políticas racionales que resultarán en una maximización de beneficios con mínimos costos.

A esto lleva la perspectiva realista-sistémica-estructural, y no la creencia de que “aliarse” con el hegemón -dependencia racional- otorga ventajas que los que no lo hacen pierden.


Foto AutorEsta página fue hecha por  Luis DALLANEGRA PEDRAZA

*  Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


© Luis DALLANEGRA PEDRAZA, Realismo-Sistémico-Estructural: "Hacia una Teoría Totalizadora de las Relaciones Internacionales", en Revista Reflexión Política, Instituto de Estudios Políticos, Universidad Nacional Autónoma de Bucaramanga, Colombia, Vol. X, Nº 19, Junio del 2008, ISSN: 0124-0781, páginas 6-28.

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com
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1 Hay decisores que desarrollan políticas, pensando que el sistema mundial reaccionará de una forma que no tiene que ver con la realidad. Un ejemplo de ello lo dio la élite dirigente de Argentina de la post primera guerra mundial que siguió actuando como si el eje del poder mundial continuara en Europa, siendo que éste se había desplazado fuera de ella, hacía EUA principalmente y otros países del orbe. Ver Puig, Juan Carlos, Irureta, Hugo, Colombo de Imaz, Delia, Historia Política Contemporánea (1914-1939), (Buenos Aires, Edic. de los Autores, 1968). También Puig, Juan Carlos, “Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana” (Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980).

2 La creación de la Sociedad de Naciones (S de N) después de la primera guerra mundial muestra que, quienes la diseñaron, no tenían un conocimiento cabal del funcionamiento del sistema mundial. Aspiraban a que la realidad se comportara de forma tal que “nunca más la guerra” y establecer pautas de orden, que la realidad no consideraba. El resultado fue la crisis del ‘30 y la segunda guerra mundial, además de una buena cantidad de situaciones conflictivas y/o expansivas que la S de N no pudo resolver por su propia incapacidad.

3 John Locke es un ejemplo.

4 El behaviorismo o conductismo es un ejemplo.

5 El pensamiento de Theodoro Roosevelt, ex presidente de EUA, es un ejemplo, entre otros; particularmente con su discurso al Congreso (6/XII/1904), donde dice: “Aquellos países cuyos pueblos se conduzcan bien pueden contar con nuestra calurosa amistad... El mal comportamiento crónico o una impotencia que resultara en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada, puede en América, como en cualquier otro lugar, requerir en última instancia la intervención de una Nación Civilizada, y en el Hemisferio Occidental, la adhesión a la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos, aunque a regañadientes, en casos flagrantes de mal comportamiento o impotencia, a ejercer un poder de policía internacional”. Ver A History of United States Foreign Policy (Englewood Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1965), Second Edition, págs. 228-229. Otro ejemplo lo da el concepto del presidente George W. Bush (hijo) sobre países que constituyen el “Eje del Mal”, la lucha contra los denominados “Estados Canallas”, Estados “malhechores” (rogue states). Ver Discurso de Bush sobre “La estrategia de Seguridad Nacional de EUA”, 20 de septiembre del 2002. Theodoro Roosevelt, Woodrow Wilson o George Bush llevan a cabo discursos idealistas y políticas realistas. El factor central que permite que esto sea posible es el “poder”. Sin un poder irresistible, esto jamás podría haberse dado de esta manera.

6 Thomas Hobbes es un ejemplo.

7 La expansión de la iglesia católica a lo largo de la historia es un ejemplo del establecimiento de una ética mediante un esquema de poder; en este caso la ética del catolicismo. La colonización española en América acompañada por la iglesia católica que vino a mostrar la “verdadera” religión frente a las existentes, muestra cómo funciona el poder en el establecimiento de una ética. Desde el punto de vista político, la forma en que la expansión europea favoreció la expansión del Estado-Nación, frente a otras formas de organización en el planeta. Ver Foucault, Michel, Un Diálogo Sobre el Poder, (Buenos Aires, Alianza, 1981), especialmente lo que él denomina “régimen de la verdad”.

8 En relaciones internacionales resulta difícil establecer diferencias entre el concepto de “autoridad”, tal como se conoce a través de la idea de “instituciones” en el ámbito estatal, y el de “árbitro supremo”, tal como operan aquellos que disponen de mayor poder, en el ámbito internacional, toda vez que las “instituciones internacionales” carecen de poder propio; éste es provisto por los miembros que las componen, en forma “asimétrica”. En ambos casos, el poder es un instrumento, pero en el caso de la “autoridad”, este poder opera dentro del marco establecido por la institución y no por los intereses del actor que lo detenta. Asimismo, la idea de poder, no sólo es aplicable como “influencia” o como “autoridad”, sino también, y especialmente para los miembros de la “periferia” mundial, mediante el concepto de “autorrealización”, entendiéndola como alcance y logro de las propias potencialidades. El tema del poder, lo he estudiado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Parte I, págs. 15-110. El tema del marco “institucional” internacional, lo he tratado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2001).

9 Cuando se hace referencia a lo ético, no sólo se quiere expresar temas vinculados a la moral o la religión, sino también a la ideología.

10 Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Editorial Gredos, 1992).

11 El pensamiento de Lord Salisbury, el de George Washington, así como el de Max Weber, fue extraído en su esencia de Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 20-21, aunque se ha buscado información en otras fuentes.

12 Quien hace referencia a este concepto es Nietzsche, Friedrich, en Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en barrios casares, M., La Voluntad de Poder como Amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

13 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, pág. 22.

14 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 21-23.

15 En el caso de que no tengan conductas subordinadas a sus intereses personales, traicionando el motivo para el cual fueron elegidos administradores y decisores y se manejen de manera corrupta. En ese caso, es el pueblo el que debe entender qué hacer; aunque muy pocas veces entiende y actúa.

16 Este interés también entra dentro del concepto de “seguridad”.

17 Mister “X”, The Sources of Soviet Conduct, “Foreign Affairs”, July 1947.

18 Ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order: American Foreign Policy since the Cold War, (New York, McGraw Hill, 1978), págs. 17-21.

19 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 44-49.

20 Morgenthau, Hans, Otro “gran debate”: El Interés Nacional de Estados Unidos, American Political Science Review, Vol. LXVI, Nro. 4, Dic. 1952, págs. 961-968. El tema del interés nacional desde el punto de vista d ellos que carecen de poder lo he estudiado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Un Tema “No Debatido”: El Interés Nacional de los Países Subdesarrollados, Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Buenos Aires, CEINAR, Vol. II, Nro. 6, Sept.-Dic. 1976, págs. 23-28.

21 Nietzsche, Friedrich, Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en barrios casares, M., La voluntad de poder como amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

22 Ver, Foucault, Michel, “Un Diálogo sobre el Poder”, (Madrid, Alianza Editorial, 1981), Verdad y Poder: Diálogo con M. Fontana, págs. 136-138. También Goldschmidt, Werner, Introducción al Derecho: La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Bs. As., Depalma, 1968).

23 Símbolo, del griego συν: “con” y βαλλεν:“arrojar” que literalmente significa “lo que acerca uniendo”.

24 Lo contrario de simbólico es “diabólico”: “lo que separa desgarrando”.

25 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, Capítulo 3.

26 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 64-66.

27 Tillich, Paul, Love, Power and Justice: Ontological Analyses and Ethical Applications, (Nueva York, Oxford University Press, 1960), pág. 4.

28 Sobre este tema ver también, Galbraith, John Kenneth, “The Culture of Contentment”, (Edición del Autor). Hay versión en español, “La Cultura de la Satisfacción”, (Bs. As., EMECE, 1992).

29 May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, pág. 23.

30 Arendt, Hannah, On Violence, (Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1969), págs. 7-14.

31 En el caso de la lucha de los negros por sus derechos civiles en EUA, han sido tratados como violentos, en vez de considerar como violento al racismo. Igualmente el caso de los negros en Sudáfrica y su lucha contra el apartheid.

32 El estudio de estas situaciones y cómo surgen es uno de los ejes centrales del libro de May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino.

33 El sistema internacional es naturalmente asimétrico, toda vez que existen algunos Estados que tienen ciertas ventajas comparativas y competitivas sobre otros, sean éstas, recursos naturales estratégicos, desarrollos tecnológicos o capacidad militar, que les permite imponerse por sobre el resto. El turno de los que estén “arriba” y los que se encuentren “abajo” puede variar con las circunstancias de tiempo y de lugar, sino estaríamos perpetuados y congelados en una estructura única e inamovible. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo VIII.

34 La configuración de poder constituye la “estructura” del sistema. Es en la estructura donde está la información sobre el tipo y funcionamiento del sistema y sus características; las “líneas de control intra-hegemónicas”. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 139-170.

35 Sobre la estructura y la funcionalidad en las relaciones de los miembros, ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo X. También, Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, McGraw Hill, 1978), págs. 111-146.

36 Hans Morgenthau es uno de los pocos que ha pensado en su desarrollo teórico en la forma en que los países periféricos pueden modificar su status quo. Ver Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), Cuarta Parte, Capítulo XI. Otro que ha hecho esto, pero desde el punto de vista de la conformación o modificación del régimen internacional ha sido Krasner, Stephen, Structural Conflict: The Third World Against Liberalism, (California, University of California, 1985). Hay una traducción al español: Conflicto Estructural: El Tercer Mundo Contra el Liberalismo Global, (Bs. As., GEL, 1989). Algunos otros consideran que los Estados de la periferia están prácticamente “condenados” al subdesarrollo y la dependencia. Autores como Karl Deutsch opinan que aquellos miembros del sistema que carecen de poder para generar o al menos modificar reglas, son “despreciables” desde el punto de vista del análisis teórico. Deutsch, Karl y Burton, John, International Relations: a General Theory, (Londres, Cambridge University Press, 1965). Ver también Deutsch, Karl, The Nerves of Government. Models of Political Communication and Control, (New York, The Free Press, 1966).

37 Johan Galtung estudió en profundidad esta problemática. Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973). También, Galtung, Johan estudió muy bien este tema en Una Teoría Estructural de la Integración, en "Revista de la Integración", BID/INTAL, Nov. 1969, No 5. Igualmente, O'Donnell, Guillermo y Link, Delfina, Dependencia y Autonomía, (Buenos Aires, Amorrortu, 1973).

38 Muchos Estados (gobiernos de turno) no se plantean objetivos. En general, su política exterior es el resultado de una “reacción” frente a situaciones externas que “impactan”, más que una “acción” en función de un proyecto explícito o implícito. Hay casos en que el establecimiento de un vínculo dependiente, hace que los decisores establezcan su política exterior siguiendo los lineamientos de la potencia hegemónica. Uno se cuestiona hasta qué punto esto puede ser considerado una política externa. Al menos no lo es desde el punto de vista de la “acción” externa; más bien lo es desde el punto de vista de la “reacción frente a demandas o imposiciones externas” o a la “resolución de problemas”.

39 Uscatecu, George, Maquiavelo y la Pasión por el Poder, (Madrid, Guadarrama, 1969), “Libertad en Acto”, págs. 123-124; “Nuevas Perspectivas”, pág. 128.

40 El caso de las “relaciones carnales” con EUA en el gobierno de Carlos Menem con su Canciller Guido Di Tella es un buen ejemplo.

41 Para un mayor desarrollo y profundización del tema ver, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2001), Capítulo XIV.

42 Primero la CECA y luego la Europa de los 6 que fue creciendo hasta la Europa (UE) de los 24 de hoy.

43 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una “Macro-Etapa”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.

44 Ver Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 22. También, “Los Cambios en el Estado Nación”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Capítulos II y III, además de los cambios, se analizan seis hipótesis de trabajo sobre el futuro del Estado.

45 Kaplan, Morton, System and Process in International Politics, (New York, John Wiley and Sons, 1957).

46 Puig “castellaniza” el término inglés “border line”, “frontera”. Puig, Juan Carlos, Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana, (Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980), pág. 148. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Problemática del Orden, en (et al) “Geopolítica y Relaciones Internacionales”, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), pág. 15. Igualmente DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 166-168.

47 El mundo industrializado, frente al “impacto” producido por los países miembros de la OPEP en 1973 muestra que, en este caso, son los países “céntricos” los que tienen que considerar los “parámetros de cambio” para evitar perder sus posiciones.

48 Queda en claro el funcionamiento del poder. Nadie se atrevería a demandar a EUA que no prolifere, pero el Gobierno de este país se atribuye el derecho de sancionar a quienes considera perjudiciales para su Seguridad.

49 La diferencia entre Guido Di Tella, Canciller de Carlos Menem y Rufino de Elizalde, Canciller de Mitre (1962), fue tan solo que este último mantuvo vínculos racionales dependientes de la esfera de influencia de Gran Bretaña, mientras que aquél de EUA.

50 Del latín, intelligentia: personas comprometidas en el trabajo mental y creativo complejo dirigido al desarrollo de ideas.

51 Braillard, Philippe, Théorie des Systémes et Relations Internationales, (Bruxelles, Bruilant, 1977).

52 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 136. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), pág. 138.

53 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Capítulos II y III.

54 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), págs. 28-36.

55 Waltz Kenneth, Teoría de la Política Internacional, (Buenos Aires, GEL, 1988), pág. 63.

56 Es importante ver, qué significación le da a "atributo" de las unidades Kenneth Waltz.

57 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 63-64.

58 Citado en Waltz, Kenneth, Teoría de la Política Internacional, (Buenos Aires, GEL, 1988), pág. 65.

59 Citado en Waltz, Kenneth, Teoría de la Política Internacional, (Buenos Aires, GEL, 1988), pág. 68.

60 Ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, McGraw Hill, 1978), pág. 111.

61 Ibidem, pág. 111.

62 Ibidem, pág. 146, Nota 9.

63 Ibidem, pág. 135.

64  Aron tiene una visión “atomista” del sistema mundial, ya que considera al sistema., no como una totalidad, sino desde las características -sociológico-históricas- de cada uno de sus componentes individualmente. Por ello utiliza el método inductivo-empírico.

65 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 70.

66 El paso del bipolarismo rígido al flexible o el impacto OPEP pueden ser ejemplo de lo dicho. En realidad esos son cambios en el “estado” del sistema y no cambios “de” sistema. Esto lo trabajé en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (et al), La Problemática del Orden, en “Geopolítica y Relaciones Internacionales” (Buenos Aires, Pleamar, 1981) pág. 14.

67 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 70.

68 Ver el ejemplo que daba del cambio “en” el bipolarismo, o del impacto OPEP. Ver Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 71.

69 Críticas de Waltz a Hoffmann. Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 71-72.

70 Críticas de Waltz a Hoffmann. Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 72.

71 Ibidem, pág. 75.

72 Habla de seis sistemas y cuatro subsistemas. En mi, La Problemática del Orden, en "Geopolítica y Relaciones Internacionales", (Buenos Aires, Pleamar, 1981), analizo cada uno de ellos.

73 Hoffmann, Stanley, Teorías Contemporáneas sobre las Relaciones Internacionales, (Madrid, Tecnos, 1963), Parte II, A). Sin embargo, entre los "elementos para el análisis de los sistemas" Kaplan considera las variables clasificatorias, que especifican las características de los actores, las variables de capacidad, que especifican la capacidad física de los mismos, y las variables de información, que consideran lo que un actor puede o no hacer y conoce sobre lo que puede hacer o no. Ver Kaplan, Morton, Sistema y Proceso en Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, "Teorías..", op. cit., págs. 153-154.

74 Ver Kaplan, Morton, Sistema y.., en Hoffmann, Stanley, "Teorías .., op. cit., págs. 148-149.

75 Críticas de Waltz a Kaplan. Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 82.

76 Ibidem, pág. 83.

77 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 89.

78 Son “atomistas”.

79 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 92-93.

80 Ibidem, pág. 100.

81 Me imagino que cuando hace referencia a “estructura” quiere decir el “sistema como estructura” en el contexto de la “estructura internacional” a diferencia del “sistema como las unidades interactuantes”.

82 Pese a las críticas que Waltz le hace a Kaplan, es este último quien explica el cambio y no aquél, que resulta confuso.

83 No se sabe si habla de anarquía en términos de desorden, o de anarquía como la tendencia de los miembros -Estados- del sistema a privilegiar la “soberanía” por sobre el orden supranacional.

84 Imagino que hace referencia a la integración que actualmente alcanzó la Unión Europea (UE).

85 Ibidem, págs. 105-106.

86 Gobierno de dos.

87 Ibidem, pág. 107.

88 Ver Kaplan, Morton, Sistema y Proceso en Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, “Teorías...”, op. cit., págs. 149-155. También ver mi trabajo, donde trato la problemática de los cambios “en” y “de” sistema en La Problemática del Orden, en “Geopolítica y Relaciones Internacionales” (Buenos Aires, Pleamar, 1981) págs. 21-24.

89 Cada cuál debe valerse por sí mismo, no hay gobierno central. Característica de un sistema internacional “anárquico” ya que todos tienden a la defensa soberana y no a la coordinación de voluntades.

90 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 109.

91 Parece que para Waltz, no es relevante la “resistencia” que los actores menores producen hacia los mayores. En estos casos, sus interacciones no están aisladas. Casos OPEP, crisis de la deuda; crisis de los rehenes de Irán; etc.

92 Ibidem, pág. 109.

93 Ibidem, pág. 110.

94 Ver "impactos modificantes" y "proceso homeostático" en Kaplan, Morton, Sistema y Proceso en Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, "Teorías...", op. cit., págs. 149-155.

95 Ver Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 111.

96 Ver Kaplan, Morton, Sistema y Proceso en Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, “Teorías...”, op. cit., pág. 153. Ver Puig, Juan Carlos, Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana, (Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980), pág. 148. Ver Dallanegra Pedraza, Luis, La Problemática del Orden, en (et al) “Geopolítica y Relaciones Internacionales”, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), pág. 15; y en este trabajo el concepto de “líneas de control intra-hegemónico”.

97 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 119.

98 Ibidem, pág. 120.

99 Eso es cierto; pero no es lo más importante. Lo verdaderamente importante es, que la estructura “condiciona” la forma en que se dan las acciones e interacciones; es más, les pone “límites”.

100 Para Morton Kaplan -con quien coincido-, los cambios de disposición, vistos de esta manera, son cambios en el “status quo”, pero la estructura permanece, ya que las “reglas del juego” permanecen inalterables. Por ejemplo, la derrota de EUA en la guerra de Vietnam, es un cambio en el status quo en relación con la URSS en el sudeste asiático, sin embargo, la estructura permaneció bipolar. Del mismo modo, cuando la URSS alcanzó a EUA en la carrera nuclear en los '50. Ver mi La Problemática del Orden, en “Geopolítica y Relaciones...”, op. cit.

101 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 121.

102 En realidad, la estructura no es una abstracción, sino la representación del poder emergente o vigente en un sistema.

103 Ibidem, pág. 121.

104 Esto sería la institucionalización de la estructura, y no la estructura en sí que sería la “configuración de poder vigente”. La ONU no es la estructura internacional, sino su institucionalización, y haciendo referencia a un sistema en particular, el bipolarismo.

105 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 122.

106 Cuando se habla de “principios ordenadores”, se está haciendo referencia a aquellos que establece la “estructura de poder” emergente o vigente, no a las normas, que requieren de aquél para tener vigencia y aplicación.

107 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 150.

108 Ibidem, pág. 150.

109 Ibidem, pág. 150.

110 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 123.

111 A diferencia del sistema internacional, que es descentralizado.

112 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 132. Morton Kaplan la llama “sistema político sin fuerza legal”; ver su System and Process in.., op. cit.

113 Ver más arriba la definición de estructura y el gráfico sobre el enfoque sistémico de Waltz.

114 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 132-133.

115 Ver mi La Problemática del Orden, en “Geopolítica y Relaciones..”, op. cit.

116 Kaplan, Morton, System and Process in.., op. cit. La capacidad legal del Estado también es dificultosa. Por ejemplo, en Chile, el ex dictador Pinochet, siguió manejando al país, pese a los gobiernos civiles, y el ex Jefe de los Carabineros, General Contreras encontró diferentes excusas para no cumplir su condena carcelaria por estar implicado en el asesinato del ex Canciller Letelier, con una gran impotencia por parte del gobierno chileno y expectativa de la comunidad internacional sobre el fin de ese caso.

117 Kaplan, Morton, System and Process in.., op. cit.

118 Me pregunto qué coexistencia hubo entre EUA y la URSS durante los 50 años de bipolarismo, más allá de algunos aspectos puntuales.

119 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 136.

120 Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis El Orden Mundial del Siglo XXI, (Bs. As., Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. VIII y Caps. XI y XII.

121 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 136.

122 Hoy, el Estado se encuentra “debilitado” por la influencia de la supranacionalidad y la transnacionalidad, y el proceso de fragmentación, además de las políticas liberales.

123 Si uno entiende a la "anarquía" en los términos establecidos por el diccionario, que implica carencia o privación de autoridad “an” (privado) “arquía” (gobierno), está haciendo referencia a un tipo de desorden; no hay “coordinación” entre los actores. He trabajado los términos “anarquía” y “caos” en La Problemática del Orden en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (et al) “Geopolítica y Relaciones...”, op. cit., págs. 37-39, como formas de “desorden”. Anarquía, según mi criterio, se da cuando hay una voluntad que procura generar desorden, y caos cuando no hay tal voluntad, sino que el desorden se expande y se escapa de la posibilidad de contenerlo. En el primer caso, la exportación de la revolución cubana por parte de Castro, es un ejemplo de anarquía. El caso Congo de 1960, es un ejemplo de caos. También puede entenderse a la anarquía como la tendencia de los Estados a actuar según sus intereses soberanos. En este caso, la tendencia no es a la “coordinación” como dice Waltz.

124 La “paridad” sólo se da en el “tope” de la estructura, entre actores polares que están en equilibrio “mecánico”.

125 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 140.

126 Ver la parte correspondiente a polarización, régimen y orden en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis El Orden Mundial del Siglo XXI, (Bs. As., Ediciones de la Universidad, 1998).

127 Como dice Hoffmann, “manzanas, naranjas y piedras”; operación que en aritmética es imposible de realizar, ya que no se pueden sumar cosas de género diferente; por ello se creó el álgebra. Ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, McGraw Hill, 1978), pág. 146 Nota 9.

128 Ver Snyder, Richard, Bruck, H.W. y Sapin, Burton, La Génesis de las Decisiones como enfoque del Estudio de la Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, "Teorías Contemporáneas de las Relaciones Internacionales", (Madrid, Tecnos, 1963).

129 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 142.

130 Ibidem, pág. 144.

131 Ibidem, pág. 145.

132 Ibidem, pág. 145.

133 He analizado esto en La Problemática del Orden, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (et al), “Geopolítica y Relaciones Internacionales” (Buenos Aires, Pleamar, 1981) págs. 22-23.

134 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 146.

135 Ibidem, págs. 151-152.

136 Ibidem, pág. 153.

137 Ibidem, pág. 155.

138 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 155.

139 Imagino que hace referencia a la tendencia al predominio de la soberanía por sobre lo supranacional.

140 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 170-171.

141 Ibidem, pág. 178.

142 Kaplan, Morton, Sistema y Proceso en Política Internacional, en Hoffmann, Stanley, "Teorías...", op. cit., pág. 151.

143 Ver su, Política de Poder entre las Naciones: La Lucha por el Poder y por la Paz, (Bs. As., Sudamericana, 1961).

144 Unirse al bando más fuerte, no necesariamente da fortaleza. La UE o la OPEP muestran lo contrario.

145 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 186.

146 Esta era la opinión de Guido Di Tella, Canciller de Carlos Menem, razón por la cual hablaba de “aliarse” (?) con EUA (“relaciones carnales”) y no con América Latina o países de la “periferia”.

147 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., pág. 187.

148 Waltz Kenneth, Teoría de la..., op. cit., págs. 188-189.

149 El caso de la OPEP, o el de la crisis de los rehenes de Irán, que tuvo en vilo al gobierno norteamericano de Carter, costándole su reelección, e incluso la continuidad en el poder al Partido Demócrata, son ejemplos claros de lo dicho.

150 Comisión del Gobierno Mundial, Our Global Neighborhood: the Report of the Commission on global Governance, (Oxford, Oxford University Press, 1995), pág. 14.

151 Que sería el poder de policía capaz de operar como “árbitro supremo”, independiente de los más poderosos, con capacidad de mantener o restablecer el orden.

152 Oran R. Young, “The Effectiveness of International Institutions: Hard Cases and Critical Variables”, en Rosenau y Czempiel, Governance without Government: Order and Change in World Politics, (Cambridge, Cambridge University Press), pág. 160.

153 Ernst-Otto Czempiel, “Governance and Democratization”, en Governance without Government: Order and Change in World Politics, (Cambridge, Cambridge University Press), pág. 250.

154 James N. Rosenau, “Governance: Order, and Change in World Politics”, en James N. Rosenau y Ernst-Otto Czempel, Governance without Government: Order and Change in World Politics, (Cambridge, Cambridge University Press), págs. 3-4.

155 Ver sobre el tema, Tönnies, Ferdinand, Comunidad y Sociedad, (Buenos Aires, Edit. Losada, 1947). Esto fue bien desarrollado por Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, (Bs. As., Depalma, 1974), Vol. I, Parte General. También lo he analizado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. VI.

156 Este es un tema muy bien estudiado por Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, (Bs. As., Depalma, 1974), Vol. I, Parte General.

157 Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, (Penguin Books, 1992), págs. XIV-XV.

158 Rosencrance, Richard, “The Rise of the Virtual State”, Foreign Affairs, Julio-Agosto de 1996, pág. 45.

159 Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés.

160 Sobre el particular ver a Achill Mbembe, “Une économie de prédation. Les rapports entre la rareté matérielle et la démocratie en Afrique subsaharienne” en Foi et développement. Centre Lebret, N° 241, marzo-abril de 1996.

161 El concepto ha sido creado y desarrollado por Goldschmidt, Werner, Introducción al Derecho: La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Bs. As., Depalma, 1968). Puig Juan Carlos, lo continuó en el marco del Derecho Internacional Público en su “Derecho de la Comunidad Internacional”, (Bs. As., Depalma, 1974). El hecho de que consideren estos conceptos en el derecho, se debe a su visión sociológica de la justicia, en vez de puramente normológica como la concepción de Hans Kelsen en su Teoría Pura del Derecho.

162 Un caso en el que generalmente se confunde al regulador con un repartidor, es el FMI.

163 Atendiendo a la configuración de poder emergente o vigente. DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo VIII.

164 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 6-9.

165 DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 108-110.