ESCENARIOS HACIA EL SIGLO XXI
 
©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA *
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La comunidad mundial después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, transita por situaciones y tendencias muy diversas a las que estuvimos acostumbrados a ver entre 1945/47 y 1991. Algunas son novedosas otras estaban latentes y emergen ahora que el sistema bipolar deja de ser el centro del relacionamiento global que obligaba al mundo a que gire alrededor de la pugna capitalismo versus comunismo en un contexto de "guerra fría".

La "agenda mundial" cambia, por el hecho de cambiar las variables principales de configuración y relacionamiento global. Estos temas de agenda tienen la particularidad de que no sólo lo viven algunos países, sino la totalidad en mayor o menor medida, y serán el eje central alrededor del cual girarán los países y sus naciones en el siglo XXI.

Es importante tomar nota de estos grandes temas, a los efectos de no sólo saber con qué mundo nos encontraremos, sino también cuáles serán los principales condicionantes.

Megatemas - La Agenda Mundial

Los principales temas y problemas que han quedado transparentados con la finalización del bipolarismo o que emergen como resultado de esto, tienen que ver con:

Tanto globalización como fragmentación no son políticas promovidas por voluntades, sino la resultante de los hechos. El liberalismo, desde su visión de la realidad, considera que la globalización es una política buscada y necesaria, ya que el mundo no tendría fronteras y constituiría un sólo mercado.

También provoca fragmentación, la imposibilidad del sistema político de manejar al Estado en su totalidad, por encontrarse actores transnacionales manejando regiones o áreas del mismo. Caso Colombia, con el narcotráfico; caso Perú con Sendero Luminoso; México dividido entre Chiapas y el TLC (o NAFTA por sus siglas en inglés), son algunos ejemplos. Otra forma de fragmentación relacionada con el proceso de globalización, es el de los estados provinciales que se vinculan de manera directa con el mundo, más allá del Estado nacional.

Entre medio, se observa una tendencia a la regionalización, fundamentalmente orientada a protegerse de la pérdida de identidad que genera la globalización.

Frente al proceso de globalización, en el que existe el peligro de pérdida de identidad -cultural, política, económica, etc.-, a la vez que se "subrayan" las diferencias, la forma de protegerse podría ser mediante la creación del "Estado-región". No como el caso del MERCOSUR, que en nada se parece a esta figura y cuyo propósito, es evidente, no es proteger al Estado ni maximizar su capacidad de desempeño ni el de la región, sino favorecer al sector privado transnacional; sino como el caso de la Unión Europea (UE).

El regionalismo, no es un índice de la globalización, sino una forma de protección frente a ella.

Pero, en el marco de la globalización, el superdesarrollo tecnológico, especialmente informático y de las comunicaciones, con un alto índice de incidencia en la futura configuración y comportamiento de las relaciones mundiales, muestra una de las caras de la moneda, mientras que en la otra, está la pobreza y la miseria.

Un fenómeno que está produciendo la informática, además de los aspectos negativos que implican el reemplazo de mano de obra y el consiguiente desempleo, es el de la posibilidad de trabajar en casa en contacto remoto con la oficina, la empresa o el instituto, también conocidos como "homeoffice" o "teletrabajo". En EUA la población de los que trabajan en casa representa el 20% del total de la población económicamente activa, equivalente a 36,4 millones de personas, mientras que en Gran Bretaña es el 7%. En EUA, por no tener que trasladarse hacia el trabajo se generan beneficios tales como la disminución en 3 mil millones de horas de desplazamiento en vehículos de combustión, con el consiguiente beneficio al medio ambiente ya que se reduce la contaminación atmosférica 1.800.000 toneladas anuales, y se ahorran 13 mil millones de litros de combustible. (Ver, por ejemplo Revista de computación PC USERS N° 55, Noviembre de 1995, pág. 11; también "COMPUMAGAZINE", N° 88, Buenos Aires, Argentina, Noviembre de 1995, pág. 10.)

Al ser los sistemas políticos, variable dependiente de las características del orden mundial, los Estados deben acomodarse a los cambios vigentes. Esta vez, no es la seguridad -provocada por el conflicto Este-Oeste- sino la rentabilidad el valor más preciado; por lo que los Estados no deben "emblocarse" privilegiando su intervención en aras de la seguridad, sino minimizarse, desregularse y generar pautas favorables al funcionamiento y los intereses del sector privado, productor, inversor y comercializador.

Las características vigentes del orden mundial son las que condicionan la forma en que el Estado resultará funcional al sistema. Si existe un sistema en el que predomina la pugna entre ideologías diversas -tal como ocurrió durante la etapa bipolar 1945/1991- el Estado -cualquiera sea su configuración vigente- tenderá a "emblocarse" para proveer a la seguridad; en el caso de que exista una ideología "ambiental" sin que exista otra en pugna, el Estado tenderá a disminuir su presencia, presionado por los sectores privados que buscan su beneficio y rentabilidad.

No cabe duda que, en este caso, es el sector privado el principal interesado en la disminución del rol del Estado y el principal generador de la "reforma del Estado" en, prácticamente, todo el mundo.

Nadie se pregunta, ni tiene en cuenta a la Nación, su destino, sus necesidades de desarrollo, etc.. Los gobiernos pareciera que sólo tienen en cuenta a la Nación, para el voto y al sector privado -aunque forma parte de la Nación, pero no es toda, ni siquiera representativo de ella- por el poder.

Además, hay otros actores transnacionales, como el narcotráfico, generador también de "lavado de dinero", que manejan al Estado, paralelamente con el sistema político, al punto de llevar a estos últimos a procesos de descomposición y vigencia formal. El caso de Colombia es ejemplificador, aunque no necesariamente el único. Brasil está sufriendo un proceso alarmante de descomposición y de desintegración del poder del Estado, debido al narcotráfico, que se "ocupa" más de los problemas sociales que viven las "favelas" -donde habita el 40% de la población- que el propio gobierno nacional o estadual; por lo que obtiene apoyo de los "favelados" y le genera reglas al gobierno (1).

Existen otros motivos adicionales por los que el Estado y sus sistemas políticos sufren cambios. También las naciones, disconformes con los Estados que, en vez de satisfacerlas en sus objetivos y necesidades, conforme al pacto social -cualquiera sea el tipo de pacto que se haya realizado, siguiendo los criterios de Locke, Hobbes, Montesquieu, Rousseau, Kant, etc..-, ahora roto y sin vigencia, las ha oprimido o abandona su rol específico en materia de protección, seguridad, educación, salud, justicia, bienestar social; por ello, toman en sus manos su propio destino, "destruyendo" a los Estados -modelo desintegración de la URSS, caso Yugoslavia, y otros-, o sin destruirlos, pero utilizando mecanismos de fuerza, como el caso de México con Chiapas -u otros que están en ebullición en varios países latinoamericanos y del resto del mundo industrializado y del "Sur"-; o recurriendo o conformando actores transnacionales como las ONG’s para obtener satisfacción en diferentes áreas -derechos humanos, defensa de los intereses de la mujer, reacción frente al caso de las explosiones francesas en el Atolón de Mururoa; etc.-.

Otro factor de "destrucción" del Estado es la corrupción y los gobiernos mediocres emergentes de sociedades "mediocrizadas". No existe peor corrupción que la mediocridad utilizada como instrumento de manejo y dirección de una sociedad. Gobiernos que están de espaldas con la realidad y con las naciones, a las que sólo utilizan para ser electos y mantenerse encaramados en el poder, pero a las que no satisfacen en sus necesidades y objetivos, culpando de ello a la realidad y al desarrollo tecnológico o a la supuesta ineficiencia de gobiernos anteriores. El "pacto social" generador del Estado-Nación -moderno, que emerge a partir de la Paz de Westfalia de 1648, bajo el concepto de soberanía definido por Bodin-, carece de vigencia y las cosas no se están orientando, al menos en el corto plazo, a la conformación de uno nuevo.

Peter F. Drucker en su "La Sociedad Postcapitalista" a esto le llama "el Estado electorero". Se trata de una democracia eleccionaria, pero no participativa. En esto, el propio pueblo es culpable de permitir que lo atropellen y no defender sus propios intereses, manejándose con expectativas de recibir favores, o dejando en manos de quien supuestamente ha elegido, que resuelva sus problemas sin utilizar mecanismos de control de ninguna especie, en defensa de sus propios intereses de ciudadano y contribuyente.

También la corrupción está relacionada con vínculos con el narcotráfico y el "lavado de narcodólares", como las acusaciones que han recibido los gobiernos de Colombia y de Bolivia.

Las metodologías y formas de corrupción son diversas, y la "creatividad" de los diferentes gobiernos y entornos de gobierno prolifera.

Dentro de esta transnacionalización, hay actores como el narcotráfico -capitalistas espurios-, que no sólo busca controlar mercados y lograr una alta rentabilidad -posiblemente la más alta de todos los procesos económicos vigentes-, sino también, manipular el flujo financiero y las inversiones a través del "lavado de dinero" y manejar, incluso, gobiernos y procesos económicos.

Otros actores transnacionales, como las empresas y los bancos, tienden a crecer en tamaño, gracias a "megafusiones", que en el año 1995, a nivel mundial, superó la cifra de los 650 mil millones de dólares, incluyendo a la banca, las comunicaciones, el entretenimiento y las empresas farmacéuticas.

Por otra parte, el lema de los derechos humanos, también es utilizado como instrumento, por algunos gobiernos, para negociar internacionalmente, como el gobierno norteamericano con el chino y otros países del Asia, para establecer ciertas pautas de relacionamiento comercial o con el gobierno cubano como prerequisito para levantar el bloqueo y el embargo. Este es el equivalente a la política de Wilson de "imponer la democracia, incluso a la fuerza".

Asimismo, los problemas sociales, el desempleo y las situaciones conexas deberán resolverse desde la perspectiva de los derechos humanos y el derecho de los pueblos, ya que el creciente "economicismo" por parte de los gobiernos, que tienden a satisfacer a empresas por sobre las personas, ha hecho que esto se transforme en un problema insolucionable, salvo por el "mercado" gran dios de la política -ideología- actual.

Ahora salen nuevos pensadores de esta problemática que auguran una "lucha entre civilizaciones" como forma en que se diriman los problemas entre el Norte industrializado y civilizado -civilización occidental con sus vertientes europea y norteamericana- y el Sur subdesarrollado y bárbaro.

Además, los problemas en el Sur, emergentes de la finalización del sistema bipolar, que se encontraban latentes en la mayoría de los casos, pero suspendidos o comprimidos por el conflicto principal entre las dos superpotencias dominantes; reflejan situaciones basadas en nacionalismos étnico-religiosos y fragmentación de Estados, como resultante de la opresión colonial vigente desde el siglo XIX y la falta de atención que los Estados -sus gobiernos- han hecho de los objetivos o demandas de las nacionalidades existentes en su interior. El modelo de Yugoslavia es un ejemplo.

No se puede negar que, de este caos de conflictos regionales y locales podrían surgir guerras más importantes. Aún así, la principal amenaza en las próximas décadas no provendrá del exterior sino del interior. Las guerras más factibles se librarán entre grupos armados dentro de una región, -tal vez ni siquiera sean guerras civiles formales-, con o sin la participación (generalmente inútil) de potencias externas. El peligro consiste en la desintegración de las instituciones, de los Estados, las tramas de la sociedad. En otras palabras, la amenaza no está encarnada por algún conquistador externo o tiranía, sino por la anarquía interna y la falta de direccionalidad, agravada por el proceso de globalización externo.

Ya hay decenas de Estados que experimentan este tipo de conflicto interno, que va desde el terrorismo de la guerrilla y el contraterrorismo que mata a unos pocos seres humanos por semana, hasta la destrucción asesina. Los Estados que, en tiempos de paz, no controlan eficazmente parte de su territorio son ahora comunes en tres continentes. Es más, nos familiarizamos con Estados que simplemente ya no existen como tales y, en términos políticos, son simplemente espacios caóticos vacíos con fronteras y delegados ante las Naciones Unidas. Los casos más obvios son Afganistán, Somalia, Liberia. Grandes regiones de Africa al sur del Sahara y varios de los Estados sucesores de la Unión Soviética no están lejos de esta posición; el caso Colombia o incluso Brasil, donde la desintegración del Estado, controlado en distintas áreas por los narcotraficantes y la guerrilla, los escuadrones de la muerte, los sicarios, etc..

A pesar de los gastos masivos en policía y prisiones, ya no se considera que mantengan un grado considerablemente razonable de orden público. El temor del crimen en las calles, los llamados desesperados a la restauración de la ley y el orden, por cualquier medio, se convirtieron en factores importantes en la política de un amplio número de países occidentales. El temor es real. El peligro, aunque a veces exagerado, no es imaginario, como todo ciudadano de Nueva York sabe bien, la amenaza no está relacionada directamente con los gobiernos y los regímenes, sino con el tejido de la sociedad en los Estados modernos; no sólo en EUA, sino también en Europa, América Latina, etc.. Esta amenaza, dadas las condiciones vigentes, inevitablemente aumentará.

El desarrollo tecnológico -ayudado por las políticas neoliberales deshumanizadas, ya que el desarrollo tecnológico existe desde que la humanidad existe. No se puede echar la culpa al desarrollo tecnológico de la estupidez y el egoísmo humano- hace que grandes porciones de fuerza laboral estén sin empleo y, muchas veces, sin posibilidades de conseguirlo, se trate de gente con bajo nivel de capacitación, o con títulos de postgrado. La lógica de una economía global transfiere la producción de los países de salarios altos a aquellos con salarios bajos, de la industria organizada a la industria sin sindicatos. Es una economía edificada sobre la base de la inseguridad humana -inseguridad también generada por este tipo de política económica- y el debilitamiento de la capacidad de los gobiernos -cuando no son funcionales a este tipo de políticas y usan la represión en vez de la solución- para contrarrestarla mediante la seguridad social. Las políticas neoliberales de mercado libre que están en boga producen un incremento asombroso en la brecha entre ricos y pobres. En Manhattan (EUA), un hogar ubicado en el margen del 20 por ciento de ingresos más elevados, en 1980 ganaba, en promedio, 21 veces más que un hogar en el margen del 20 porciento inferior. En 1990 ganaba 32 veces más. Gracias a este tipo de políticas, estas cifras están presentes en las principales ciudades de países latinoamericanos, como Buenos Aires, Santiago de Chile, Río de Janeiro o México D.F..

El fin del comunismo y la crisis de la democracia social dejaron un vacío político. En la actualidad, los sectores con mayores probabilidades de llenar ese vacío, pareciera que son los movimientos de nacionalismos xenófobos y la intolerancia religiosa, visiblemente en aumento. Ya sucedió en una oportunidad, entre las dos guerras mundiales, que los movimientos populistas de la derecha radical movilizaran el descontento y la inseguridad creciente de una era de incertidumbres.

En el marco del relacionamiento Norte-Sur, o se deberán buscar soluciones creativas, o se tendrá que utilizar la represión que permita mantener el "status quo" y los privilegios del mundo industrializado.

Esto es la resultante de que los organismos internacionales -sean estos de seguridad, políticos, económicos o financieros- son variable dependiente de las tendencias del orden mundial; por lo que, al haber cambios mundiales profundos, los organismos vigentes deben adaptarse o ser reemplazados por otros cuyas características reflejen jurídica-institucionalmente las pautas de orden que, de hecho, se alcancen, conformando el régimen y el orden.

Los organismos internacionales existentes han sido creados para un sistema y orden que ha desaparecido y no pueden dar respuesta a la mayoría de las situaciones existentes -basta leer los discursos de la gran mayoría de los gobiernos ante la Asamblea General de la ONU en su 50° Aniversario, Octubre de 1995; donde se refleja esto-. Por otra parte, la reforma de estos organismos no dará solución al problema del nuevo orden. Este surgirá primero de hecho y luego será "institucionalizado" mediante la reforma de los organismos vigentes o mediante la creación de nuevos organismos que reflejen en un marco jurídico-regulatorio-institucional las nuevas realidades.

Es previsible, para los próximos decenios, una expansión de la población mundial, que deberá, conforme proyecciones de las Naciones Unidas, estabilizarse, en la segunda mitad del próximo siglo, en alrededor de 12 mil millones de habitantes -el doble de la población mundial actual-. China deberá alcanzar 1.890 millones en el año 2000; India, 1876 en el año 2015; Nigeria, 580 millones en 2035; Paquistán, 518 millones en 2035; Irán, 420 millones en 2055.

Si esas tendencias estructurales siguiesen los parámetros corrientes, el mundo continuaría por las próximas décadas presentando tasas crecientes de concentración de poder en el Norte y de privación en el Sur, con excepción de algunos casos de auto-desarrollo, como el de China, entre otros. Pero, como ya se mencionó, el statu quo del mundo no podrá alcanzarse, salvo con "represión".

El tema de las migraciones genera conflictos y también problemáticas de derechos humanos, incluso en países que se esgrimen "campeones" de los derechos humanos como EUA. Hablo de la Iniciativa 187 que fue adoptada por el gobierno de California pero que se está federalizando; de cercas de alambrado que se erigen en la frontera con México para evitar que pasen indocumentados hacia EUA, como si se instalara una especie de nuevo muro de Berlín. Estos problemas también asoman en Europa Occidental frente a las migraciones provocadas por búsqueda de mejores horizontes como el caso del Magreb o por conflictos como el caso de Europa del Este.

Por un lado se dan los problemas ecológicos y de medio ambiente, en todas partes, bajo diferentes circunstancias y situaciones provocadas por la deforestación, una industrialización descuidada del medio ambiente, matanza indiscriminada de animales y pesca depredadora; explosiones atómicas, manejo ineficiente o de mala fe de desechos químicos, trasladado en muchos casos a paises del Tercer Mundo; etc.. El planeta sufrirá daños irreversibles, en menos de 50 años, si no son inmediatamente aplicadas medidas apropiadas de una manera drástica.

Por el otro, se observa que las reglas sobre este tema provienen de actores transnacionales no de Estados ni gobiernos. La "supranacionalidad", en este caso, no resulta de la "internacionalidad" sino de la "transnacionalidad".

En el caso de ponerse en práctica una política ecológica apropiada, el crecimiento económico del "Norte" sufriría una sensible reducción. Por otra parte, las medidas de protección del medio ambiente, aunque no deliberadamente, tendrán efectos favorables en el desarrollo del "Sur".

Este es un problema mundial, con un alto índice de repercusión en el mundo industrializado, particularmente Europa Occidental y EUA. El abaratamiento de los costos industriales y el desarrollo tecnológico aumentan la productividad, pero dejan sin trabajo a una creciente masa poblacional, que si no es reabsorbida de alguna manera se transformarán en un foco de conflicto incontenible. El problema del desempleo, no sólo es resultante del avance tecnológico, sino también de políticas económicas inhumanas que no consideran la problemática social en sus números e interés por la rentabilidad.

El Papa Juan Pablo II en su discurso ante la 50ma Asamblea General de la ONU (1995) hizo mención a que debe abandonarse el "cinismo paralizante de los gobiernos" frente a los problemas que vive la sociedad; aludiendo a que la causa no está en el desarrollo tecnológico o en los cambios que vive el mundo, sino en la falta de compromiso de los propios gobernantes para con sus pueblos.

¿Cómo frenar los conflictos sociales derivados del desempleo y la desocupación, en el interior de las propias fronteras del mundo industrializado? Los problemas del "Sur" se pueden mantener alejados, estableciendo fronteras o muros al estilo del de Berlín, como la Iniciativa 187 del gobierno de California (EUA) y los alambrados fronterizos, pero no se pueden establecer fronteras de contención a los problemas sociales internos, a los que hay que agregarles los problemas de drogadicción crecientes y la descomposición social en el interior del mundo industrializado -civilizado (?)-.

El Papa Juan Pablo II en su discurso ante la 50ma. Asamblea General de la ONU (1995) propuso que "La ONU debe transformarse en el centro moral donde todos los países del mundo (...) desarrollen una conciencia compartida...".

¿Qué pasará, incluso con principios y valores alcanzados con gran esfuerzo por los pueblos y que se consideraban universales e inalienables, como ha ocurrido en el ámbito laboral por ejemplo, frente a la "doctrina" de la desregulación vigente, gracias a las políticas neoliberales?

Me refiero a la legislación considerando las 8 horas de trabajo; vacaciones pagas; el aguinaldo; el trabajo de la mujer; de los menores; el trabajo en condiciones de insalubridad; el seguro social; la jubilación; etc., etc.; adoptada en el marco de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y que hoy está cuestionada en la gran mayoría de los países en los que se había transformado en un derecho constitucional.

La alternativa axiológica de los próximos decenios condicionará todas las demás alternativas. O se inicia un moderno social-humanismo, o se llegará a la "barbarización" desde adentro y desde afuera, provocada por minorías privilegiadas, explotadoras de masas destituidas de todo.

Todo proceso de explotación lleva en sí, la semilla de la destrucción del otro y también de sí mismo.


Foto AutorEsta página fue hecha por  Luis DALLANEGRA PEDRAZA

*  Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 255-264.
© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Escenarios hacia el 2000: Megatemas, en “Geosur”, Vol. XVII, N° 203/204, Montevideo, Uruguay, Mar-Abr 1997.

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com
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(1) Sobre el particular ver, por ejemplo Diario Clarín de Buenos Aires (Argentina), 21/Oct/1995, "El Control de las Favelas: Desintegración del Poder del Estado"; "Los Zares de la Droga en Brasil: El Alcalde de Río de Janeiro Tuvo que Negociar con los Narcos", los narcotraficantes le imponen al gobierno municipal el 60% de la mano de obra que utilice ésta; "Otorgan Permiso para Poder Entrar a las Favelas. Brasil: Crece el Poder Narco", las organizaciones criminales controlan el acceso de los empleados telefónicos y los recolectores de basura a los barrios marginales.