LA COMUNIDAD SUDAMERICANA DE NACIONES
Un Libro de Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira
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Alberto J. Sosa **

Mayo 2004

El Profesor Moniz Bandeira, doctor en ciencia política, considerado uno de los mayores especialistas en relaciones internacionales de Brasil, nos introduce en la historia de las relaciones argentino-brasileñas (1870-2002), dentro del marco sudamericano, así como de los condicionantes derivados del rol de los Estados Unidos de América (EUA), a nivel hemisférico primero y mundial después.

Diversos avatares modificaron el contenido y dirección de la relación bilateral durante el recorrido que nos propone este estudioso de la Cuenca del Plata y de las relaciones exteriores de América del Sur. Su trabajo nos permite trazar  un paralelo entre las trayectorias de los diferentes países de América del Sur.

Si bien el esfuerzo intelectual del profesor Moniz Bandeira, se refiere al conjunto de los países iberoamericanos de América del Sur, con énfasis en las relaciones exteriores de los citados Estados, en esta nota nos proponemos sintetizar este trabajo de investigación, de casi 600 páginas, concentrándonos únicamente en los aspectos cooperativos de la relación argentino-brasileña del relato y efectuar comentarios que destacan el rol de Argentina en dicha relación bilateral.

SINTESIS E INTERPOLACIONES

Luego de su incruenta separación del Reino de Portugal, Brasil conserva y aún acrece el territorio que recibe. Es un Estado monárquico, provisto de agencias burocráticas profesionalizadas (diplomacia y fuerzas armadas) que imponen externa e internamente la voluntad social de sus clases dirigentes. La entidad que se  “independiza” en 1822 es el Estado portugués, montado en América del Sur, que durante el siglo XIX ejerce una primacía en la Cuenca del Plata, donde los Estados aún no se habían consolidado en Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, así como tampoco en el resto de América del Sur, excepto Chile durante la administración del Ministro Portales.

Mientras la América hispana se balcaniza durante las guerras de la independencia, la América lusitana preserva su integridad territorial.

La Guerra de la Triple Alianza (1865/70), involucra a los cuatro actores del actual MERCOSUR, en la que Argentina, Brasil y Uruguay se coligan contra  Paraguay.  El Imperio de Brasil se endeuda en exceso a causa de la citada guerra, perdiendo primacía en la Cuenca del Plata y siendo desplazado por una Argentina que pacifica su territorio, mediante un Estado que reivindica el ejercicio monopólico de la fuerza pública, que nacionaliza la ciudad capital, el puerto homónimo y las rentas aduaneras que representan, en esa época, la principal fuente de ingresos fiscales.

Argentina, en las últimas dos décadas del siglo XIX, expandió su frontera económica y estableció un vínculo especial con el Reino Unido, de donde provenía alrededor del ochenta por ciento de la inversión extranjera radicada en el país. En esa etapa de predominio argentino (1880/1930), el país experimenta una prosperidad difícil de encontrar en países situados en la periferia de la geografía económica del mundo. El país vende granos, lanas y carnes al Reino Unido y también a otros países de Europa e importa sus manufacturas.  Brasil, por su lado, vive su primer remezón institucional, con el golpe militar que instaura la I República (1889), un año después que el Emperador Pedro II aboliera la esclavitud. Este país produce y vende café y EUA es el principal destinatario de sus exportaciones. Ambos vecinos producen alimentos (Argentina de clima templado y Brasil de clima cálido o tropical), abasteciendo a dos grandes potencias (Reino Unido y EUA), así obtienen sus divisas. La complementariedad de sus economías allana el acercamiento bilateral, a pesar de la disputa por la hegemonía en la Cuenca del Plata y también en América del Sur.

En esta media centuria (1880/1930) Argentina es anglófila, anti-estadounidense en el ámbito panamericano y en algún modo menospreciativa del resto de América Latina, ya que se consideraba a sí misma como prolongación geográfica de Europa en el Nuevo Mundo y llamada a desempeñar un rol destacado en el mismo. Así fue como en la I Conferencia Panamericana (1889/90) Argentina con la compañía de Chile saboteó el proyecto de unión aduanera hemisférico de EUA, bajo la consigna de que “América es para la Humanidad” (es decir para Europa y específicamente para el Reino Unido), contradiciendo el lema monroísta de “América para los americanos” (es decir para EUA). Brasil, a la sazón apoyó el proyecto de Zollverein (proyecto de Unión Aduanera al estilo de la desarrollada por varios Estados alemanes en 1834), dada su relación especial con EUA, al que utilizaba como contrapeso a la influencia británica, diversificando sus vínculos de dependencia.

La República de Brasil a partir del siglo XX percibió el rol ascendente de EUA y ello explica su acercamiento a dicho país, además de sus relaciones económico-comerciales. El Uruguay batllista tuvo una conducta similar a la de su vecino septentrional, a diferencia de la Argentina que perseveró en sus vínculos con la potencia imperial europea. El notable crecimiento económico de Argentina, modificó la relación de fuerzas en la Cuenca del Plata, en la que el gobierno argentino ejercía influencia en Paraguay, en Bolivia y en Uruguay, aunque éste último también estaba ligado a Río de Janeiro. Además, a nivel militar, la balanza se inclinaba a favor de la próspera Argentina dotada de fuerzas navales y terrestres respetables.

Bartolomé Mitre, cuando ya no era Presidente de la República Argentina y fungía como director del diario La Nación de Buenos Aires, propició en un discurso pronunciado el 20 de Septiembre de 1898, la necesidad de la vinculación fraternal de Argentina, Brasil y Chile ya “que debieran ser la base de una futura unión sudamericana, capaz de resistir todos los embates de la política interna y sobre todo de expulsar de su seno a los dominios imperialistas...” [1]

El Presidente Julio A. Roca sugirió al Presidente de Chile Errázuriz la conveniencia de un Pacto entre Chile, Brasil y Argentina en la reunión que ambos celebraron en Punta Arenas (Febrero 15, 1899) [2]. Roca también visitó Río de Janeiro (8 de Agosto de 1899) para entrevistarse con el Presidente del Brasil Campos Sales [3] y éste retribuyó la visita viajando a Buenos Aires (25 de Octubre de 1900) [4]. Todas estas reuniones se realizaron con el objeto de superar las querellas por la hegemonía en América del Sur y lograr el equilibrio militar.

La proximidad geográfica, la complementariedad económica y la visión estratégica de José María Da Silva Paranhos (Barón de Río Branco), Ministro de Relaciones Exteriores de la I República de Brasil (1902/12), produjeron la primera tentativa seria de alianza estratégica, a través del Pacto del ABC, que coligaba a Argentina y Brasil con la República de Chile. La iniciativa de Río Branco propiciaba un equilibrio militar y una metodología de solución pacífica de controversias, que se suscitasen entre los Estados Partes. Río Branco, recelaba de EUA por su comportamiento en la secesión de Panamá del territorio de la República de Colombia, por su ultimátum al gobierno de Chile en el caso de la empresa Alsop y por la conducta del grupo económico anglonorteamericano, denominado Bolivian Syndicate, en el territorio del Acre (actual estado de la República Federativa del Brasil).

El 25 de mayo de 1915, los Ministros de Relaciones Exteriores de Argentina (José Luis Murature), Brasil (Mauro Müller) y Chile (Alejandro Lira) firmaron en Buenos Aires el Tratado de No Agresión, Consulta y Arbitraje que fue visto con desconfianza en Washington y en otras capitales de América Latina. En rigor, el ABC fue una tentativa de establecer un equilibrio de poderes en el Cono Sur (y en América del Sur), entre los tres países más importantes de la Región y también de configurar una alianza que sirviese de contrapeso a la creciente influencia de EUA. Los gobiernos radicales, sucesores de Roque Sáenz Peña-Victorino de la Plaza, relegaron el Tratado del ABC, por estimarlo una iniciativa brasileña que no favorecía los intereses argentinos. El gobierno de Hipólito Yrigoyen, se manifestaba contrario a toda integración latinoamericana “selectiva” o “parcial”.

Dichas relaciones de confianza permitieron que Argentina, Brasil y Chile opusiesen resistencia  común a la política de EUA, en el caso Alsop (Chile 1909), en el caso de la elección presidencial en Panamá, en la revolución en Nicaragua, la garantía del préstamo a Honduras y cuando las tropas de EUA invadieron territorio mexicano (Veracruz 1915). En éste caso y luego de la Conferencia de las Cataratas del Niágara, el ABC logró una salida negociada de las tropas estadounidenses del territorio azteca. El ABC puede considerarse como un precursor del Grupo de Contadora y su Grupo de Apoyo y el Grupo de Río o G8, resultante de la convergencia de los dos anteriores, creado en 1986.

Así llegamos a la crisis del ´30 (XX), cuando en Argentina se produjo el primer golpe de Estado que desalojó del gobierno al Presidente Yrigoyen e instauró la dictadura de Uriburu y más tarde el gobierno del general Agustín P. Justo. En estos tiempos, la Argentina aún presentaba ventajas económicas y militares respecto de Brasil. Pocos días después del golpe militar argentino (6 de Septiembre de 1930), se produjo un golpe militar en Brasil (3 de Octubre de 1930), liderado por el gobernador de Río Grande del Sur, Getulio Vargas, respaldado por sectores militares nacionalistas que aspiraban a industrializar el país y a relajar la dependencia económico-comercial con EUA. Mientras en Argentina, los grupos económicos tradicionales retornaban al poder político, en Brasil se configuraba un bloque político hegemónico alternativo compuesto por el estamento militar, sectores medios, el proletariado y ganaderos gauchos y mineiros productores de carne y leche para el mercado doméstico. Getulio Vargas firmó el Tratado de Comercio y Reciprocidad con EUA (1934) y el Tratado de Compensaciones con Alemania, que devino su principal proveedora de manufacturas y su segundo mayor cliente de commodities, entre 1934/38. Argentina, por su lado, firmaba el Pacto Roca-Runciman (1933), con el Reino Unido para mitigar la crisis.

En estos años, a pesar de las diferencias respecto de la guerra del Chaco, el Presidente argentino Agustín P. Justo visitó Río de Janeiro (1933) para suscribir diversos Convenios con su homólogo de Brasil como el Tratado de Comercio y Navegación y un Protocolo Adicional que solucionaron el atascamiento existente en las negociaciones sobre trigo y yerba mate.

Sin embargo, lo más destacable fue la firma del Tratado Antibélico de No Agresión y de Conciliación (10 de Octubre de 1933) por Argentina, Brasil, Chile (con reservas), Paraguay, Uruguay y México y el llamado de Vargas y Justo a los Presidentes de Bolivia y de Paraguay para que cesen la “Guerra del Chaco”.

Para Moniz Bandeira, el Tratado Antibélico configuró, bajo ciertos aspectos, la reedición del Tratado de No Agresión, Consulta y Arbitraje (más conocido como ABC,1915), al condenar las guerras de agresión y establecer que los litigios territoriales entre los signatarios debían resolverse a través de métodos de solución pacífica. Por otra parte, este Tratado sentó el principio de la cooperación entre las grandes Repúblicas del Sur. Por su parte, Vargas visitó la Argentina (1935) e inauguró “la avenida Corrientes” (Ciudad de Buenos Aires), que substituyó a la “Corrientes angosta”. Las relaciones bilaterales se acercaron, durante las administraciones de los Presidentes Vargas y Justo.

Cuando se inicia la década de los ´40 (XX) surgen iniciativas en  ambos gobiernos tendientes a configurar una Unión Aduanera. El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Oswaldo Aranha era partidario de que los dos países concretasen un acuerdo abierto a los demás Estados limítrofes y que asegurase a todos, garantías de comercio, después de finalizada la 2ª.Guerra Mundial.

Federico Pinedo, Ministro de Hacienda de Argentina, a su vez, se manifestaba favorable a esta propuesta, por cuanto consideraba necesario no incurrir en actitudes que obstaculizasen las importaciones de los países vecinos, malogrando el desarrollo de un intercambio de recíprocas ventajas. Esta actitud debía ser reemplazada por una política de aproximación económica con Brasil y demás Estados vecinos. Asimismo, reforzando dicha idea, propiciaba el establecimiento de un  régimen de libre intercambio entre los países vecinos del Continente, a través de una Unión Aduanera tan completa como fuera posible. [5]

El “Informe sobre un Programa de Reactivación de la Economía Nacional”, más conocido como Plan Pinedo, donde se propiciaba una Unión Aduanera con Brasil y demás países vecinos, corre en Argentina igual suerte que el Tratado del ABC (1915). El Senado lo aprueba con sólo tres votos en contra,  mientras que la Cámara de Diputados nunca lo trata.

No obstante, Argentina y Brasil  continuaron sus negociaciones y suscribieron un Tratado de Unión Aduanera (21 de Noviembre de 1941), por intermedio de sus respectivos Ministros de Relaciones Exteriores,  Enrique Ruiz Guiñazú y Oswaldo Aranha. Pocas semanas después Japón bombardeó la base estadounidense de Pearl Harbor y a partir de allí los senderos de los vecinos se bifurcan.

El Presidente Perón durante su primera etapa de gestión gubernamental (1946/55) enunció la denominada “Tercera Posición” o política exterior que pretendía resguardar equidistancia respecto de las superpotencias y de sus respectivos esquemas ideológicos. Además, aspiraba a convertir a la Argentina en núcleo de una tercera fuerza en los asuntos internacionales de su incumbencia. Estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y a pesar de ser miembro de la Organización de las Naciones Unidas (1945),  no adhirió a los Acuerdos de Bretton Woods (FMI-BIRF, 1944) ni al Acuerdo General de Tarifas y Comercio  (GATT, 1947). Sin embargo, aprueba (1950) el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947), primer pacto militar de la guerra fría, que vincula a los ejércitos de América Latina con EUA, dentro del contexto de su política de contención del comunismo, en el hemisferio americano, pero no suscribe convenios de asistencia militar con EUA que le otorguen efectividad al TIAR, y la Carta de la Organización de Estados Americanos (Bogotá, 1948).

A nivel sudamericano resucita la iniciativa del ABC, dotándola de un nuevo contenido. En este caso, no se trata solamente de acuerdos de equilibrio en el Cono Sur ni de metodologías de conciliación y arbitraje para la solución de disputas o de acuerdos arancelarios, sino de la creación de un Bloque Político Austral, en el que convergiesen estos tres países, cada uno de los cuales es considerado por Perón como económicamente insuficiente a nivel nacional [6]. Los anteriores proyectos de asociación con Brasil se habían originado en Argentina en el bloque social tradicional (ABC 1915, Pacto Antibélico 1933, Unión Aduanera 1941), en este caso un bloque de poder alternativo (Justicialismo) reformulaba la iniciativa desde una coalición social compuesta por empresarios de capital autóctono, trabajadores sindicalizados y militares. El ABC y la relación Argentina-Brasil adquieren en nuestro país otra dimensión sociológica.

Getulio Vargas recibió respaldo del Gobierno argentino para acceder a su segundo mandato presidencial (1950/54) y designó Embajador en Buenos Aires al “gaucho” Lusardo, quién relató las diversas oportunidades en que el Presidente Perón quiso encontrarse con el Presidente de Brasil y no solamente con Vargas. Glauco Carneiro [7] consideró que existieron seis invitaciones por parte de Perón. Lusardo fue el portador de los convites en cuatro oportunidades y Goulart en una quinta. La primera en Agosto 1945, portador Lusardo. Perón era Vice Presidente, se declaraba admirador de Vargas y quería entrevistarse con él, en la primera oportunidad. Vargas respondió al emisario: “más adelante puede ser, es un caso a ser examinado”; 2º convite 1946, Fazenda Itu, portador Lusardo. Vargas respondió que se encontraba “bajo custodia” y postergó el encuentro; 3º convite, Noviembre 1946, Río de Janeiro, portador Lusardo, quién transmitió por carta la invitación al Presidente Dutra y ofreció como lugar de encuentro la Estancia de San Pedro; 4º convite Fazenda Santos Reis, época probable 1948, portador Lusardo y Getulio nuevamente se excusó; 5º convite, Estancia San Pedro, Diciembre 1950, portador Goulart quién de regreso de Buenos Aires trajo una propuesta de Perón para un encuentro en el talweg del Río Uruguay; 6º convite, Estancia San Pedro, 6 de Enero de 1951, portador Hortensio Quijano, Vicepresidente electo de la Argentina, entrevistó a Getulio Vargas, Presidente electo de Brasil. Vargas le expresó a Lusardo, una vez finalizado el encuentro, que se encontraba complacido con el desarrollo de la reunión, porque Quijano y sus colaboradores eran gente amiga de Brasil.

El gobierno peronista, celebró acuerdos bilaterales con Chile, Bolivia, Paraguay y Ecuador. Creó la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Solidaridad (ATLAS), como contrapeso a la influencia del sindicalismo patrocinado desde Washington o Moscú. A través de los “agregados sindicales”, integrantes del servicio exterior argentino, promovió la “Tercera Posición”, fundamentalmente desde las embajadas situadas en las ciudades capitales de América Latina [8].

El proceso de industrialización impulsado por Getulio Vargas a partir de 1930 con el respaldo de la mayoría de las Fuerzas Armadas logró, a través de la Alianza tejida con EUA durante la 2ª Guerra Mundial, el funcionamiento del complejo siderúrgico estatal de Volta Redonda (1946). Dicho complejo, fue la primera planta para la producción de acero en gran escala instalada en América Latina que posibilitó la expansión de las industrias sustitutivas de importaciones de una amplia gama de bienes de producción y que le proporcionó a Brasil una base material capaz de atender las demandas del desarrollo en sus inversiones intensivas en capital y tecnología. Durante la década de los ´50 (XX), Brasil recibió capitales europeos que forzaron a EUA a invertir para no perder el mercado. La industrialización alcanzó en Brasil un alto grado de integración y diversificación y pasó a moldear el interés nacional, con raíces en el Estado y en sus Fuerzas Armadas. En esta etapa, tanto el Palacio de Itamaraty como las Fuerzas Armadas priorizaron las relaciones con EUA, en detrimento con la Argentina peronista, lo cual contribuyó, sumado a otras causas, a frustrar la formación del Bloque Austral.

La Presidencia de Juscelino Kubitschek consolidó la supremacía de la burguesía industrial que con el Programa de Metas precipitó la industrialización, Kubitschek se negó a ejecutar un programa de estabilización monetaria propuesto por el FMI porque entendía que estancaría el proceso de industrialización brasileño. Dicha actitud lo llevó a romper relaciones con el citado organismo financiero internacional.

A diferencia de Brasil donde el suicidio de Vargas, no significó discontinuidad sino profundización del proceso de industrialización, en la Argentina posterior a la caída de Perón los gobiernos militares, aplicaron medidas monetaristas con el objeto de restaurar la agricultura y garantizar el ingreso de capitales extranjeros. El Presidente Arturo Frondizi, electo en 1958, intentó implementar un plan de desarrollo económico que tendía a lograr el autoabastecimiento del petróleo, a través del aporte de las corporaciones extranjeras. Sin embargo, en Diciembre de 1958, instrumentó un plan de estabilización monetaria exigido por el FMI por el que Argentina se comprometía a la liberación del tipo de cambio y a liberalizar el control de las importaciones.

Durante la primera mitad de la década de los ´60 (XX) Argentina, Brasil, Ecuador, Perú y Bolivia experimentaron sendos golpes de Estado. La intervención de las Fuerzas Armadas en los procesos políticos no respondó sólo a acontecimientos domésticos, sino también de carácter internacional.

Con el advenimiento de la Revolución Cubana, EUA consideró que cabía redefinir las amenazas hemisféricas. El enemigo no era sólo externo (URSS), sino que a partir de la II Declaración de la Habana se había interiorizado. Las Fuerzas Armadas estaban consideradas como agencias armadas profesionales, modernas e idóneas para conducir los destinos de los Estados de América Latina y para implementar acciones de contrainsurgencia para combatir la subversión. “Desarrollo y Seguridad”, “Contrainsurgencia y Acción Cívica” constituían las recetas dictaminadas por EUA para el éxito. No obstante, las gobiernos militares implantados en Argentina y en Brasil, tomaron una vez más senderos distintos. Para esta época Brasil ya había recuperado su hegemonía en América del Sur.

Las relaciones Frondizi-Kubitscheck fueron cordiales y el Presidente argentino respaldó la Operación Panamericana (OPA) del brasileño, tendiente a presionar a la Administración Eisenhower para que adopte un mayor compromiso con el desarrollo de América Latina. Ambos Presidentes coincidieron en que la principal amenaza para la seguridad hemisférica era el subdesarrollo y no el comunismo.  Este clima de comprensión entre Argentina y Brasil, posibilitó la creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y  de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC).

El cierre gradual del mercado europeo y las escasas perspectivas de aumentar las ventas en el mercado de EUA, llevaron a que Argentina y también Brasil, procurasen el acceso a terceros mercados, porque consideraban que EUA no cooperaba satisfactoriamente con su desarrollo económico, como contrapartida a su apoyo en la confrontación con la URSS.

Los Acuerdos de Uruguayana, suscriptos por los Presidentes Quadros (Brasil) y Frondizi en 1961, configuraban la piedra angular de la variante neutralista, dado que la alianza con Brasil proporcionaba a la Argentina respaldo para que pudiese mantener equidistancia y cierta autonomía en el contencioso EUA-Cuba. Este objetivo se evidenció cuando Frondizi al pasar por Río de Janeiro (Septiembre 1961) firmara, por cartas revrsales, con el entonces Presidente Goulart los compromisos asumidos en la Declaración y el Convenio de Uruguayana, ya que los respectivos parlamentos, celosos de las ventajas que podría lograr el otro Estado, se habían negado a ratificarlo. Asimismo, durante la VIII Reunión de Consulta de los Cancilleres Americanos (Punta del Este, Uruguay, 22/31 de Noviembre de 1961), Argentina y Chile apoyaron la propuesta brasileña de “finlandización” de Cuba. Por otra parte, éstos tres países se abstuvieron al votarse la expulsión de Cuba de la OEA, junto con México, Bolivia y Ecuador que, finalmente terminaron adoptando, eufemísticamente, la "exclusión" del gobierno cubano del Sistema Interamericano.

En Argentina, las Fuerzas Armadas le hicieron un golpe de Estado palaciego a Frondizi (1962), poniendo al Presidente Provisional del Senado, José María Guido a cargo; asumiendo el gobierno directamente en 1966 al derrocar a Arturo Illia. La dicotomía agro versus industria, recrudeció con la disputa por la administración de los escasos recursos disponibles, dentro de un contexto de debilitamiento del Estado y protesta social. Los sectores dominantes no pudieron o no supieron llegar a acuerdos y el conflicto prevaleció,  en detrimento del bienestar general. Argentina perdía otra oportunidad en perjuicio de su sociedad y de su rol en el Cono Sur.

A partir de los golpes militares en Brasil (1964) y en Argentina (1966), se produjo un cisma en la relación bilateral que recrudeció con la crisis de las represas de Itaipú y Corpus. Recién en 1979, cuando ambos Estados aún estaban gobernados por sus respectivas Fuerzas Armadas intentaron un reacercamiento a través de la firma del Tratado Tripartito, para superar el conflicto suscitado en torno de las represas. El Presidente Figueiredo (1980), realizó una visita oficial a Buenos Aires (la primera de un jefe de Estado brasileño desde 1935), donde suscribe con el Presidente Videla una serie de Protocolos de Cooperación, incluso en el área militar para la fabricación conjunta de aviones y misiles y en el campo de la energía nuclear. Otros protocolos planteaban la colocación en órbita común a un satélite de comunicaciones, varios acuerdos de abastecimiento entre Siderbras y Fabricaciones Militares de Argentina, la interconexión entre los sistemas eléctricos de los dos países, un acuerdo para evitar la doble tributación y la evasión fiscal, la construcción de un puente internacional sobre el Río Iguazú, un acuerdo sobre cooperación científica y tecnológica, etc.

Durante la Guerra de Malvinas (1982), Brasil defendió el derecho de Argentina sobre las Malvinas y asumió la representación de sus intereses en Londres. El gobierno de Figueiredo mantuvo una posición de neutralidad, aunque imperfecta, favorable en los hechos a la Argentina. El Presidente Figueiredo decidió que el Ministro de Aeronáutica, Délio Jardim de Matos, proporcionase a la Argentina unos doce o catorce Xavantes (cazas a chorro), los primeros fabricados por Brasil y que ya estaban dejando de ser usados por la Fuerza Aérea. No cobró nada por ellos y tal vez no llegaron a entrar en operación por la breve duración del conflicto. Brasil también cedió a la Argentina algunos aviones EMB 111, fabricados por la Embraer, ya usados por la Fuerza Aérea brasileña, a fin de que patrullasen el litoral marítimo y acompañasen los movimientos de la escuadra británica. Los propios oficiales brasileños tuvieron que pilotear tales aparatos, en sus vuelos de rastreo sobre el Atlántico Sur, dado que no hubo tiempo para entrenar a una tripulación argentina.

La cooperación del gobierno de Brasil fue más allá. El gobierno de Figueiredo percibió que a Brasil no le convenía usufructuar de las dificultades que enfrentaba Argentina, por ejemplo ocupando su espacio comercial en la Comunidad Económica Europea (CEE). A Brasil no le interesaba competir y desplazar a su vecino para ganar algunos millones de dólares más, sino suprimir el sentimiento de rivalidad, restablecer la confianza y fomentar las condiciones para una ulterior integración de la Argentina a su espacio económico. El gobierno de Figueiredo ofreció facilidades a la Argentina para que derivase parte de su producción agropecuaria a través de los puertos  de Santos, Paranagua y Río Grande, es decir, de los corredores de exportación que en los años ´70 (XX) competían y reducían la importancia económica y geopolítica de Buenos Aires. De este modo, permitió aliviar alguna de las dificultades argentinas, al eludir el embargo comercial y económico que le impusieron EUA y la CEE. En cambio, Chile con Pinochet, cooperó activamente con Gran Bretaña y EUA.

La derrota de Malvinas precipitó la caída del gobierno militar, posibilitando el retorno de la democracia. El contencioso con EUA y la entonces CEE, así como la asimetría existente entre Brasil y Argentina encaminaron a ésta hacia una cooperación con su vecino.

Brasil fue el país que más creció en el mundo, durante el siglo XX, circunstancia que posibilitó que configurase uno de los parques industriales más integrados del ex Tercer Mundo. El Brasil del año 2000 era 110 veces más grande económicamente que el de 1901 [9].

La Argentina que había conocido una prosperidad inédita en América Latina, así como un nivel de bienestar e integración social desconocidos para los parámetros del ex Tercer Mundo, sino también más allá de estos territorios, luego de sus reveses económicos y lo errático de su política exterior, no estaba en condiciones de competir por el liderazgo de América del Sur.

Cuando asumió la Presidencia de Brasil José Sarney (1985), los gobiernos democráticos de ambos países concordaron estrechar aún más los lazos económicos y comerciales. El 29 de Noviembre de 1985, durante la inauguración del Puente Tancredo Neves, sobre el río Iguazú, los Presidentes Alfonsín y Sarney se reunieron e iniciaron las conversaciones para promover una gradual integración Argentino-Brasileña, para la creación de un Mercado Común, al cual después podrían asociarse otros países y luego, con la unificación creciente del espacio sudamericano, alcanzar el máximo de autosuficiencia en productos esenciales, insumos básicos y bienes de capital, sustituyendo al dólar por una moneda convenio en el intercambio Regional, para diluir las presiones sobre la balanza de pagos. También acordaron intensificar la cooperación para el desarrollo de sectores capaces de producir avances científicos y tecnológicos para el progreso y transformación de sus economías (informática, biotecnología, robótica, energía nuclear, etc), a fin de evitar que Argentina y Brasil quedasen al margen de la revolución científica, permaneciendo como productores de materias primas y de manufacturas de bajo coeficiente técnico. Por último, propugnaron aumentar el poder político y la capacidad de negociación de ambos países, institucionalizando un sistema de consulta bilateral, que prácticamente ya funcionaba, pues en esa época Argentina y Brasil no adoptaban ninguna decisión importante, incluso en términos de política mundial, sin que Alfonsín y Sarney mantuviesen conversaciones telefónicas.

Luego de la firma del Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre Argentina y Brasil (1988), se produjo una profunda mutación en el sistema internacional, cuando los regímenes comunistas se desmoronaron en rápida sucesión y el Muro de Berlín fue derribado (1989), lo cual dio lugar a la reunificación de Alemania (1990). En 1991 colapsó la URSS. Las condiciones políticas también se alteraron en América Latina. Una de dichas manifestaciones fue el agotamiento de las dictaduras militares como subproducto de la guerra fría, facilitando el restablecimiento de la democracia en  todos los países de América del Sur.

La situación económica en Argentina y Brasil se deterioró a lo largo de la década de los ´80 (XX). El problema de la deuda externa, desde la eclosión de México (1982), se agravó y llevó al gobierno de Sarney a decretar una moratoria parcial (Febrero 1987). La fuga de capitales se agudizaba y ocasionaba estancamiento económico en medio de un proceso inflacionario incontrolable. La Argentina donde la inflación había alcanzado un  índice del 200% mensual, estaba próxima al caos y Brasil con un 87% al mes, marchaba en la misma dirección. Dicha crisis redujo la capacidad de América Latina para importar y para atender el servicio de la deuda externa, perjudicando los intereses de EUA, cuyo déficit comercial sumaba en 1986 U$S 170.000 millones, aumentando su deuda externa a U$S 263.000 millones. Japón obtenía un superávit comercial de U$S 86.000 millones (1986) y Alemania de U$S 56.000 millones (1986).

 A fin de pagar deudas, EUA precisaba obtener superávit comercial, razón por la cual el gobierno de Washington, bajo presión de los exportadores, trató de obligar a los países de América Latina a que promovieran unilateralmente la liberalización del comercio exterior.

El Presidente Bush padre anunció (1990) la Iniciativa para las Américas, ofreciendo a los países del hemisferio configurar una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Dicha Iniciativa tenía como objetivo reducir el desequilibrio de la balanza comercial de EUA a través de la apertura de otros mercados, posibilitando el aumento de sus exportaciones de bienes, servicios e inversiones a los Estados de América Latina, sin necesidad de negociar con sus gobiernos y lograr otras concesiones, pues con el predominio sobre esa zona de libre comercio tendría máxima libertad para movilizar bienes y factores de producción (excepto fuerza de trabajo), restringiendo el acceso a su propio mercado doméstico, cuando conviniese, bajo pretextos como riesgos sanitarios, seguridad nacional, etc.

En 1989, el Institute for International Economics de EUA realizó una conferencia de la que participaron economistas de Argentina, Brasil, Chile, México, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia, con el propósito de formular un  diagnóstico y sugerir medidas de ajuste para superar la crisis latinoamericana. En dicha reunión, el economista estadounidense John Williamson presentó un documento con diez propuestas de reforma económica, luego denominado “Consenso en Washington”, acordado entre los miembros del Congreso y de la Administración, así como entre tecnócratas de las entidades financieras internacionales, agencias económicas del gobierno de EUA, el Banco de la Reserva Federal y think tanks.

Los Presidentes Menem (Argentina), Collor de Mello (Brasil) abandonaron el concepto de integración flexible y gradual y precipitaron la configuración de la Unión Aduanera para el 31 de Diciembre de 1994, adaptando los objetivos del Tratado Alfonsín-Sarney (1988) a las políticas de apertura y predominio de los mercados. El proceso de integración asumió un carácter librecambista, de apertura general, sin protección sectorial (aunque con excepciones) y sin comercio administrado (salvo el automovilístico) y abarcó a Paraguay y Uruguay, que junto con Brasil y Argentina celebraron el Tratado de Asunción (Marzo 26, 1991), constituyendo el Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

Como potencia industrial emergente, el objetivo de Brasil consistió en unificar un espacio económico, a través de la integración con Argentina y ampliarlo, favorecido por la contigüidad geográfica, a lo largo de la plataforma continental, cuyo eje Río de Janeiro-San Pablo-Córdoba-Rosario-Buenos Aires, constituía la región de mayor desarrollo de América del Sur. El MERCOSUR representa el núcleo de un probable Mercado Común, base de un Estado supraestatal como la Unión Europea.

EUA, durante la presidencia de William Clinton, propuso en 1994 la formación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ignorando al MERCOSUR como building block, su objetivo era consolidar las reformas neoliberales, acentuando la apertura unilateral de las economías latinoamericanas y la reducción de barreras a sus exportaciones de bienes, servicios y capitales, obteniendo concesiones GATT-plus y compensando el déficit comercial con la UE, Japón, China, etc.

El objetivo de la política comercial de EUA, según Charlene Barshevsky (antecesora de Zoellick como USTR), era “sustentar la prosperidad de EUA, los empleos y la riqueza de las compañias estadounidenses”. No se trataba de propiciar saldos positivos para Argentina, Brasil o los demás países de América del Sur.

Sin duda, el MERCOSUR representa el principal obstáculo para una integración hemisférica subordinada a EUA, porque la resistencia de Brasil no permite (como hizo Argentina) que desmantelen su parque industrial, mediante una nueva y devastadora reducción de tarifas y la carga de crecientes saldos negativos en su balanza comercial.

Brasil, paralelamente al MERCOSUR, se orientó hacia la creación en un plazo de diez años de un Area de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA), mediante la negociación de una red de acuerdos de libre comercio con los Estados sudamericanos del Pacífico. Este proyecto, formulado por Itamaraty y anunciado por el Presidente Itamar Franco (Octubre, 1993), desdoblaba y ampliaba la Iniciativa Amazónica que Brasil había formulado en 1992, después que EUA, Canadá y México firmaran el NAFTA (entró en vigencia en Enero 1, 1994) El objetivo era constituir un contrapeso para el NAFTA, mediante la configuración de un espacio económico sudamericano que tiene en Brasil su núcleo.

El MERCOSUR y el ALCSA se complementan y son convergentes, dado que el progreso del MERCOSUR daría viabilidad al ALCSA y viceversa.

También durante los ´90 (XX) el Palacio de Itamaraty llevó adelante una política que concedió prioridad a los denominados “países-ballena”, es decir los Estados-Continente, demográficamente gravitantes, pesados en sus movimientos, pero que cuando se ponen en marcha sacuden al planeta. Dentro de esta categoría se encuentran la República Popular China, India, Rusia, Sudáfrica, Indonesia y obviamente Brasil, dentro del MERCOSUR-ALCSA. No es lo mismo un mundo gestionado por una superpotencia única que impone las reglas, que un sistema mundial policéntrico, en el que comparten poder desigualmente EUA, la UE, Japón, China, India y otros bloques que puedan consolidar su desarrollo y una relativa independencia.

El Presidente Cardoso organizó la Primera Reunión de Jefes de Estado de América del Sur (Brasilia, Octubre, 2000) que propició la realización de un plan de infraestructura de rodovias, hidrovias, ferrovías, aeropuertos, puertos, corredores bioceánicos, comunicaciones, etc que vincule entre sí a los países miembros de MERCOSUR, de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Chile, contribuyendo a formar un mercado sudamericano.

La Argentina del Presidente Menem, como la del Presidente De la Rúa mostró conductas vacilantes respecto al MERCOSUR y a su relación con Brasil. Hubo momentos en que se sintió tentada por “los cantos de sirena” de EUA, sea para incorporarse al NAFTA, sea para firmar un tratado de zona de libre comercio, a nivel bilateral, imitando el ejemplo de Chile. Así fue que la Administración Bush (h) manifestó que tanto Menem en la Cumbre Hemisférica de Miami (1994), como De La Rúa en la de Québec (2001), se manifestaron propensos a negociar individualmente el ALCA y no dentro del Bloque MERCOSUR.

Lo que continúa es historia reciente.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


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*  Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira, es Abogado, Doctor en Ciencia Política  por la Universidad de São Paulo, Brasil y profesor catedrático de Historia de la Política Exterior de Brasil (jubilado), en  Universidad de Brasilia. Fue profesor visitante en las Universidades de Heidelberg y Colonia, en Alemania, y conferencista en varias otras universidades de Alemania, Inglaterra, Francia, Itália, Portugal y Estados Unidos.

** Especialista en Integración. Mayo del 2004. info@Amersur.org.ar.

[1] Cfr. Capitán NEMO (Guillermo Heins). “El Pacto del ABCP-Argentina-Brasil-Chile-Perú”. Ediciones Argentinas “Condor”. Colección El Mundo de Hoy-Vol.IX. Agentes exclusivos para la venta Editorial Tor s/f, Bs.As. Argentina, pág. 35.
[2] Cfr. Capitán NEMO, Ob.cit. pág.40.

[3] Cfr. Capitán NEMO, ob.cit. página 44.

[4]Cfr. Capitán NEMO, ob. cit. , pág.52.

[5] Cfr. Argentina. Congreso Nacional-C. Senadores Diario de Sesiones Diciembre 17/18, 1940. Informe sobre un Programa de Reactivación de la Economía  Nacional, página 383.

[6] Cfr. Presidente Juan D. Perón. “ El ABC y la Unión Sudamericana”. Discurso pronunciado en la “Escuela Superior de Guerra”, Bs. As., Argentina, Noviembre 11, 1953. www.amersur.org.ar

[7] Cfr. “Lusardo O Último Caudilho”, Editora Nova Fronteira SA, Vol.2, Río de Janeiro, Brasil, Julho 1978, págs. 442/3.

[8] Cfr. Alberto J. Sosa. “Peronismo y Unidad Latinoamericana”. Ed. Fundari, Bs. As., Argentina, Noviembre 1982, págs. 7, 16 y 17  www.amersur.org.ar

[9] Cfr. “O paradoxal século brasileiro” Estado de S. Paulo, Octubre 2003. www.amersur.org.ar