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RELACIONES ARGENTINA, BRASIL, EUA:
¿INTEGRACION O SUBORDINACION?
© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *
Introducción
Frente a los grandes cambios mundiales, Argentina y Brasil, pareciera que aún no tienen en claro qué es lo que deben hacer para resolver su destino, mientras que EUA avanza inexorablemente en su proyecto de expansión, según sus intereses económicos y de seguridad.
La década de los ’90 trajo grandes cambios mundiales que América Latina, en vez de aprovecharlos en su beneficio, no sólo los desperdició, sino que entró en un franco retroceso.
El mundo terminó con el bipolarismo y comenzó a girar, hasta el 11 de septiembre del 2001, alrededor del “eje” económico, con actores relevantes en el contexto europeo y asiático compitiendo vis-a-vis con EUA, que decidió cristalizar en el Consenso de Washington de 1989 el modelo económico de Reagan y Thatcher. El transnacionalismo comenzó a tener una alta incidencia, especialmente en el terreno financiero y comercial. Se inició un proceso de globalización de la economía, con consecuencias importantes para el empleo, las inversiones y el aparato productivo.
América Latina, que durante la década de los ’80 había tenido dificultades económicas por la crisis del endeudamiento, pero que se había orientado a una mayor convergencia en las decisiones políticas para resolver sus problemas con metodologías latinoamericanas, con relativo éxito, en los ’90 volvió a fragmentarse y sus gobiernos a mantener vínculos extraregionales más estrechos que los intra-regionales, haciendo fracasar todo objetivo de establecer lazos más estrechos orientados a fortalecer el desarrollo regional y las posibilidades de una mejor inserción mundial.
Cada uno de los gobiernos, excepto el de Chile con Pinochet, que adoptó desde la década de los ’70 el neoliberalismo, acogió los lineamientos establecidos en el Consenso de Washington de 1989, adaptando sus economías a la ideología dominante neoliberal; abandonando toda posibilidad de convergencia regional y de generación de “alianzas estratégicas” que permitieran a América Latina un cambio de rumbo en su desarrollo y en su inserción dependiente.
En última instancia, la región volvió a sus conductas históricas.
Argentina-Brasil-EUA
La Argentina desde su independencia en el siglo XIX, desarrolló, salvo excepciones, una política exterior de “subordinación racional” en relación con las principales potencias de rango mundial, en un principio Gran Bretaña y después de la segunda guerra mundial, EUA. En relación con América Latina se mantuvo aislada. Cuando se vinculó con estos países u otros del Tercer Mundo, lo hizo desde el pretendido rol de “líder” más que de socio o par. En general, Argentina se ha comportado como una “isla”.
Brasil, ha desarrollado una política exterior de liderazgo regional y de inserción independiente en el contexto mundial.
Tanto Argentina como Brasil, han confrontado bilateralmente y disputado su liderazgo hegemónico en el contexto latinoamericano.
EUA se ha manejado históricamente buscando disciplinar a la región en beneficio de sus intereses económicos y de seguridad, los de sus ciudadanos y empresas localizados en América Latina.
EUA abandonó el tradicional “aislacionismo hegemónico” y se orientó a la conformación de conglomerados regionales, con Canadá primero, luego proponiéndole a México su ingreso [1], para completar el juego con la “Iniciativa para las Américas”.
La Iniciativa para las Américas se basó en dos problemáticas: a) una externa, que tiene que ver con la pérdida de los “socios europeos” que se “cerraron” en su propio proceso integracionista compitiendo con EUA, al igual que Japón y los Nic's [2] asiáticos; por lo tanto se volcó hacia el marco hemisférico tratando de ganar y controlar un mercado importante, pero estableciendo sus propias reglas (Iniciativa).
b) La otra, interna, que sigue, en cierta medida, el criterio avalado por economistas como Peter Drucker, que plantean que para solucionar los problemas económicos de déficit comercial, no lo puede hacer con Japón y los Nic's Asiáticos ni con la UE, sino tratando de vender a América Latina, particularmente bienes de capital.
Además, procura solucionar los problemas de seguridad; esta vez, no como los que se planteaba según los criterios de la Guerra Fría, sino vinculados a problemáticas como el narcotráfico, el medio ambiente, la subversión y el terrorismo, y las crisis sociales.
Así como bajo la hipótesis del “peligro comunista”, la alianza con las corporaciones militares era prioritaria para EUA, actualmente la alianza prioritaria es con las corporaciones económicas privadas para recrear un escenario de libertad de mercados a través de la inversión privada (no de la ayuda de Estado a Estado), de control de las economías y de la creación de una Zona de Libre Comercio.
América Latina -a través de sus dirigentes, ahora civiles- se manifestó más preocupada por formar parte del “primer mundo” y compartir el privilegio de “establecer pautas del orden mundial”, particularmente junto a EUA; sea enviando tropas al Golfo por el conflicto provocado por Irak al invadir Kuwait [3], a Bosnia, adoptando la Iniciativa para las Américas de Bush, como una especie de puerta de acceso a las “inversiones norteamericanas”, recurriendo a la intermediación de EUA en el contexto de la negociación de la deuda externa, o ingresando al NAFTA/TLCAN.
La mayoría de los países duda si mirar al “Norte” o hacia el “Sur”, en el sentido de que cree que encontrarán mayores beneficios en una “alianza” comercial con EUA que con el Mercosur. Además, para muchos, sumarse al Mercosur para negociar después el ALCA será dejar que Brasil decida por ellos, ya que consideran a Brasil como un país “hegemónico” [4]. Lo raro es que consideran como “peligroso” acercarse a Brasil, pero no a EUA.
Organismos latinoamericanos como el Grupo de Río, parecen haber perdido vigencia y fuerza, y la América Latina de los nuevos gobiernos “civiles” [5], pareciera retornar a las viejas buenas épocas de subordinación a las pautas establecidas por la potencia hegemónica [6].
El sector privado “transnacional” ha logrado un gran predominio de las relaciones mundiales, favorecido por la finalización de la pugna Este-Oeste y la desintegración del sistema bipolar basado en la “guerra fría”; quedando también América Latina sumergida bajo la influencia de estos actores; lo que permite entender por qué resultan bienvenidos los gobiernos civiles que sean “funcionales” a los cambios estructurales en el Estado y que favorezcan “privatizaciones”.
Las nuevas tendencias en América Latina durante los ’90 han sido: reestructuración del Estado siguiendo criterios neoliberales, predominio del sector privado en el desarrollo de las principales actividades que anteriormente se consideraban como exclusivas e incluso excluyentes del Estado, llegándose a un proceso de privatizaciones en gobiernos que en décadas anteriores habían adoptado conductas “nacionalizantes”.
Todos estos fenómenos retoman a una América Latina desarticulada e incapaz de adoptar decisiones propias, sea en el nivel individual, como en el nivel regional. Ahora su destino se está tejiendo alrededor de las superestructuras geo-económico-comerciales lideradas en el caso americano por EUA en el marco del NAFTA/TLCAN y promoviendo el ALCA, que trata de afrontar y enfrentar a otras superestructuras como la UE y Japón junto a los Nic's asiáticos.
Integración de América Latina al Mundo
Luego del fin del sistema bipolar, que trajo como uno de los corolarios más importantes, la “globalización” económico-financiera-comercial, se comenzó a hablar crecientemente de la necesidad de la “integración” de las economías de los países de América Latina al mundo, en función del “grado de apertura”.
Desde mi punto de vista, fue una visión errónea, ya que el grado de apertura de la economía, muestra hasta qué punto está en condiciones de competir con otras similares, pero no de “integrarse” a la economía mundial.
En los ’40, ’50, ’60 y parte de los ’70 del siglo XX, el sector metalmecánica y la siderúrgica eran considerados importantes para lograr el “despegue” de las economías hacia el desarrollo, a la vez que el mundo giraba alrededor de estas áreas. América Latina estaba “integrada” a la economía mundial, ya que producía cada uno de los elementos del sector metal-mecánica: las herramientas, las maquinarias herramientas, los motores impulsores de las máquinas herramientas y el equipo de transporte, menos la industria automotriz. Argentina, Brasil y México generaban el ciclo completo, incluyendo la siderúrgica.
Luego de los ‘80 y especialmente en los ’90, sin abandonar
la importancia del sector metal-mecánica, el mundo
comenzó
a girar principalmente alrededor del sector de la microelectrónica,
la informática, la telemática, la robótica, la
telefonía, áreas dominadas tecnológicamente por
Asia. América Latina quedó “desintegrada”
de la economía mundial, ya que importa todo y ni siquiera
arma estos productos, más allá de que su economía
es más “abierta”. Esto beneficia a los Estados que
hacen estos productos y a las transnacionales pero no a las
economías
latinoamericanas, que no por estar más abiertas son más
competitivas.
Relaciones Argentina-Brasil
Argentina y Brasil tienen una historia de conflictos desde el siglo XIX. Su acercamiento recién lo iniciaron a principios de la década de los ’60 con Arturo Frondizi y Janio Quadros, aunque en los ’50 tuvieron algún tipo de aproximación, pero inestable, entre los líderes Juan Perón y Getulio Vargas.
Los gobiernos de Alfonsín de Argentina y Sarney de Brasil, firmaron en 1986 un acuerdo, privilegiando: a) la protección de la democracia recién alcanzada; b) favorecer el desarrollo con bienestar de la población; c) la integración como forma de desarrollo; y d) la solución pacífica de los conflictos; dando los primeros pasos hacia la integración entre ambos países en términos “Sur-Sur”.
El MERCOSUR nació con la firma, en 1995, de los gobiernos de Carlos Menem de Argentina y Fernando Color de Melo de Brasil, aunque dejaron de lado los lineamientos acordados por Alfonsín-Sarney, respetando sólo la protección de los procesos democráticos.
No obstante ello, Menem siempre ha visto al MERCOSUR, más desde un punto de vista comercial que como una “alianza estratégica” y ha estado más interesado en estrechar vínculos con EUA bajo el lema de “relaciones carnales” con el gobierno de Bush padre y luego con el de Clinton, que con América Latina, privilegiando la posibilidad de ingresar al NAFTA/TLCAN y planteando la importancia de la creación de un ALCA, aludiendo al “continentalismo” expresado por el ex presidente Juan Perón.
Dentro del contexto de las “relaciones carnales”, el gobierno de Menem buscó, por todos los medios, lograr que EUA nombrara a la Argentina “aliada preferencial”, al estilo de cómo Nixon-Kissinger lo habían hecho con Brasil en la década de los ’70. Para ello utilizó todos los mecanismos posibles, incluyendo el envío de tropas al Golfo Pérsico, y sumándose al bloqueo económico.
Además anunció la suspensión del proyecto del Misil Cóndor II, que desarrollaba la Argentina con participación de Irak en función de acuerdos confidenciales firmados por el gobierno de Alfonsín con este país en 1985. Se previó, por ejemplo, que la decisión de enviar tropas al Golfo repercutiría a nuestro favor, en problemas tales como los que le ocasionaba al país el proteccionismo a los productos agrícolas estadounidenses, política que impedía un mayor acceso de las exportaciones argentinas al mercado del norte. Una política exterior que, según el Canciller Di Tella, tenía como objetivo acceder al grupo de naciones confiables del mundo y asegurarse el apoyo del Ejecutivo de EUA en las áreas temáticas económicas de la relación bilateral y en los organismos multilaterales donde el voto de EUA era de suma importancia.
A las lecturas incorrectas realizadas por el gobierno de Menem, hay que sumar el hecho de que, en general, la élite dirigente argentina, siempre consideró que la única posibilidad de inserción vital para nuestro país estaba en función de la dependencia voluntaria de quien el gobierno percibiera como potencia mundial ordenadora. Unido a esto, se puede observar la indiferencia hacia potencias alternativas y como resultado, una política de exclusión que no busca maximizar vínculos en diferentes áreas temáticas, con diferentes actores, sino que se maneja unilateralmente. En lugar de “diversificar” la dependencia, con vistas a una mayor autonomía, se ha decidido “racionalmente” estrechar vínculos con “el motor del mundo”.
Después de bastante tiempo y esfuerzo, en 1997 Menem logró que Argentina fuera nombrada “aliada extra-OTAN”. Su designación como aliada extra OTAN constituyó una distinción, pero no significó compromiso particular ni formar parte orgánica en la alianza militar que la OTAN implica ni beneficios especiales para el país en lo económico-comercial y financiero.
El MERCOSUR como proceso integrativo, ha funcionado según los lineamientos establecidos por las transnacionales, como el resto de los procesos integrativos en América Latina desde ALALC (1960) para adelante. En el caso del MERCOSUR, siguiendo los intereses de las transnacionales automotrices y alimentarias, legitimados y legalizados por el marco jurídico-institucional establecido por los Estados parte [7]. MERCOSUR, al igual que los otros procesos integrativos, salvo el Pacto Andino, reemplazado en 1993 por la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que protegía los intereses regionales a través de las Decisión 24 sobre Capital Extranjero, Patentes, Marcas y Regalías [8]; dejó liberado al criterio de cada uno de los países miembros el tratamiento al capital extranjero, en vez de adoptarse criterios comunes.
A partir de 1989, el Consenso de Washington [9] fue el que estableció los lineamientos para las economías regionales, donde las privatizaciones y el papel del capital privado, es central. Por lo tanto, el destino de los procesos integrativos ha quedado subordinado a los criterios establecidos por la OMC de “regionalismo abierto” y los del Consenso de Washington, en vez de constituirse en “proyectos estratégicos de desarrollo e inserción mundial”.
A la historia de permanentes conflictos y pugna hegemónica en el contexto del Cono Sur entre Argentina y Brasil, hay que sumar el hecho de que se disputan el privilegio de ocupar un lugar como miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU. Esto ocurre, incluso habiendo desaparecido el sistema bipolar y finalizada la guerra fría, cuando los temas centrales de agenda mundial, especialmente para países periféricos como los latinoamericanos, pasan por lo económico: deuda externa, inversiones, desempleo, pobreza, desindustrialización y reconversión industrial global, apertura de mercados para los productos regionales, etc., más que por lo estratégico-militar que es de interés de EUA; por lo que tanto Argentina como Brasil, deberían privilegiar el fortalecimiento del ECOSOC, ya que se ocupa de los temas económico-sociales.
Durante la etapa de Fernando Henrique Cardoso, Brasil mostró una mayor vocación por fortalecer el MERCOSUR y negociar desde una posición más fuerte las relaciones con EUA; sin embargo, Menem no se comportó en el mismo sentido, dejando a la vista la falta de convergencia y de coherencia con que funcionaba el proceso integrativo.
Los temas planteados, ayudan a explicar y comprender el
funcionamiento desarticulado del MERCOSUR, la debilidad negociadora
de este proceso y la inexorabilidad con que el ALCA avanza.
Los procesos integrativos
pueden
ser organizacionales o desigualitarios y asociacionales
o
generadores de alianzas estratégicas.
Integración
“Organizacional”: Orden
Impuesto
Integración
“Asociacional”: Alianza
En
algunos casos
es una “Alianza Maximizadora”
Es Homogénea:
Igual problema, igual objetivo
Es Horizontal:
Actores del mismo nivel
Es Igualitaria:
Objeto principal es repartir justicia
Ejemplos:
OPEP; Pacto
Andino
El único proceso integrativo a nivel mundial
que
constituye una alianza estratégica es la hoy Unión
Europea. El resto son áreas
de comercio desarancelizadas o tendientes a desarancelizarse para
facilitar el
comercio mayoritariamente.
América
Latina
desaprovechó toda esa etapa. Ahora tiene que buscar caminos
“competitivos” para
llevar a cabo su desarrollo a través de procesos integrativos,
ya que deben
cumplir con el requisito OMC de
regionalismo
abierto.
El tratado del
NAFTA/TLCAN,
contempla en su articulado varios aspectos similares a los propuestos
por el
AMI.
¿ALCA vs MERCOSUR?
El ALCA de Clinton y Bush hijo, es derivado de la Iniciativa para las América de Bush padre que revivió un viejo proyecto de EUA propuesto en la Primera Conferencia Panamericana en 1889/90 de crear una Unión Aduanera hemisférica, aunque sin éxito en esa época.
La actitud de EUA, particularmente con el fin del sistema bipolar, que le dio primacía en lo estratégico-militar, abandona su aislacionismo histórico, llevando a cabo el proyecto NAFTA/TLCAN y planteando el ALCA, particularmente, por la gran competencia que significan, tanto la UE como el mundo asiático desde el punto de vista comercial.
Mientras los procesos integrativos en América Latina se han movido de manera incoherente y desarticulada, debido principalmente a la inestabilidad de los procesos políticos y a la discontinuidad en la toma de decisiones, el proyecto de EUA avanza inexorablemente.
ESCENARIOS
Alternativas para MERCOSUR
Se podrían plantear diferentes escenarios para el MERCOSUR, dependiendo de la voluntad política y de la convergencia entre sus miembros, de la misma manera en que el “spill over" funcione.
Diversificación de los vínculos regionales
MERCOSUR + Chile = Bioceaneidad – Actuar como área de interconexión entre Europa y Asia. Similar alternativa le daría el ingreso de Perú. Tanto Perú como Chile son miembros de APEC [10], aunque Chile tiene mayor presencia comercial en Asia que Perú.
MERCOSUR + Venezuela = Petróleo – OPEP
MERCOSUR + CAN = Posibilidad de un ALCSA (Area de Libre Comercio Sudamericano), lo que significaría, en principios, el funcionamiento del “spill over” territorialmente hablando y el fortalecimiento en la capacidad negociadora.
También debería ponerse en funcionamiento el “spill over” en la expansión de áreas temáticas, no sólo quedarse en una zona de libre comercio o uniones aduanera, al estilo en que lo fue haciendo Europa.
Producto Bruto Hemisférico
Para analizar la posibilidad de negociar con EUA en el contexto de la creación de un ALCA, o una vez creado, qué posibilidades de maniobrabilidad tiene los países de la región, individualmente o en conjunto, deberíamos tomar como referencia ciertos parámetros, como el Producto Bruto.
Si consideráramos al PBH=100, los porcentajes correspondientes por región y/o país serían los siguientes.
NAFTA/TLCAN: EUA, Canadá, México 84,9 % PBH
EUA: 75,7 % PBH
MERCOSUR: Argentina + Brasil + Paraguay + Uruguay: 10 % PBH
Brasil: 6,7 % PBH
Resto de América Latina y el Caribe: 6,2 % PBH
Canadá: 5,3% PBH
México: 3,9 % PBH
Argentina: 2,2% PBH
Comercio Intra Sistemas
A esto, habría que sumar el hecho de que Brasil tiene una capacidad de importación de alrededor de u$s 60.000 millones, mientras que la Argentina, de menos de u$s 30.000 millones. Los tres países del NAFTA/TLCAN tienen, en conjunto, una capacidad de importación de u$s 1,6 billones (millón de millones). En términos de participación en el comercio internacional, la relación es de uno a diecisiete (1/17).
Las diferencias son muy grandes, el nivel de coherencia y coordinación regional muy bajo, por lo que el único que se beneficiaría sería EUA. América Latina quedaría transformada en una “factoría” para las empresas norteamericanas.
Area de Libre Comercio Americano (ALCA)
Fue propuesta por el gobierno de EUA. Va más allá de las disposiciones establecidas por la OMC. Sigue las pautas del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), que aunque no está en vigencia, favorecería al sector privado transnacional, más que a los países latinoamericanos; y el NAFTA/TLCAN. Abroga toda la normativa sobre compre nacional, provincial o municipal que aún esté vigente
Las discusiones sobre el ALCA se desarrollan en nueve grupos de negociación:
acceso a mercados;
agricultura;
subsidios, antidumping y medidas compensatorias;
políticas de competencia;
servicios;
inversiones;
compras gubernamentales;
solución de controversias;
derechos de propiedad intelectual;
Los grupos que interesan a EUA y también a Canadá son los relacionados con los “nuevos temas”, principalmente: inversiones, servicios, compras gubernamentales, derechos de propiedad intelectual y solución de controversias. MERCOSUR y principalmente Brasil y Argentina están interesados específicamente en todo lo que está relacionado con el “acceso a los mercados” los “subsidios” y el sector “agrícola”.
EUA prioriza la reducción o eliminación arancelaria, porque su arancel de importación promedio es uno de los más bajos de las Américas. Pero tiene 253 medidas para-arancelarias, además de altos subsidios en el sector agrícola, que es uno de los sectores más importantes para América Latina.
Por otra parte, trata por todos los medios de debilitar, aislar y desarticular gobiernos que tengan conductas nacionalistas y regionalistas que impidan su control absoluto sobre América Latina, al estilo de Chávez en Venezuela, o Lula y Kirchner en el Cono Sur.
El problema es cómo se llegaría al ALCA, dado que existe una disparidad de procesos vigentes:
Algunos son Zonas de Libre Comercio, otros Uniones Aduaneras y otros Mercados Comunes, lo que dificulta la creación de un ALCA a partir de su convergencia.
Alternativas a Considerar para el ALCA
ALCA: Tabula rasa. Desaparecerían los procesos integrativos vigentes.
ALCA: Resultado de la convergencia de los procesos actuales.
ALCA: Como sistema principal y los procesos integrativos actuales continuarían por debajo de éste.
Negativa a la creación de un ALCA.
Con el ALCA, EUA, “realizaría su designio histórico de incorporación subordinada de América Latina a su territorio económico y a su área de influencia político-militar”. Esta es la posición del Embajador brasileño Samuel Pinheiro Guimarães [11]. Pinheiro Guimarães considera que el ALCA conducirá a la desaparición del Mercosur.
No obstante ello, el interés de EUA para la formación del ALCA se concentra en el Mercosur, por su poder de compra. Sin Mercosur y, en especial, sin Brasil, el ALCA representará un lucro relativamente pequeño de mercado para EUA
Alternativas a Considerar sin un ALCA
Habría que potenciar la integración a nivel regional en Sudamérica.
El MERCOSUR debería fortalecerse y expandirse hacia un ALCSA para negociar el ALCA en tiempos más amplios. Entretanto, debería vincularse con otras áreas del planeta, como la UE y la ASEAN.
El fortalecimiento del MERCOSUR, debería contemplar la creación de una “alianza estratégica”. El MERCOSUR debe ser un área de convergencia de políticas industriales y agrícolas; integrar proyectos de ciencia y tecnología; pensar estratégicamente una infraestructura común para todos sus países y un banco de fomento y desarrollo. Tendrá que construir instituciones sólidas: mecanismos de solución de controversias adecuados a las necesidades del proceso, y un parlamento elegido por votación directa. Constituir un banco central común y una moneda de la región. Tendrá que ampliar la cooperación cultural y profundizar las relaciones entre sus instituciones universitarias y de investigación científica.
La política exterior del Mercosur, debe estar concertada para insertar a la región en el proceso de globalización, a la vez que encarar los desafíos de las negociaciones sobre el ALCA, ampliar relaciones con la Unión Europea, Asia, y otros bloques y países del mundo.
Escenarios si no se Consideran las Alternativas
MERCOSUR continúa en los niveles actuales y sus miembros adoptan diferentes conductas, individualmente, en relación con ALCA.
MERCOSUR se desintegra y sus miembros pasan, de diferente forma, a formar parte de ALCA.
Kirchner-Lula
El gobierno de Argentina, esta vez, acompañando las iniciativas del de Brasil, con Luiz Inacio “Lula” da Silva, ha puesto como punto central de su agenda, el fortalecimiento y desarrollo del MERCOSUR. Pareciera ser el corolario lógico de un replanteo conceptual respecto de lo que fue la perspectiva dominante en los años ‘90. Vivíamos entonces en un clima de ideas según las cuales el proceso de globalización era un fenómeno lineal, concebido desde afuera hacia adentro. Según esa visión, el país debía abrir su economía de un modo indiscriminado y su crecimiento y modernización serían poco menos que un resultado automático de esa apertura. Tal concepción fracasó, y ese fracaso está en el centro de la crisis generalizada que sufrió la Argentina.
No se trata de reinstalar prejuicios respecto de los procesos de mundialización económica, ni fantasías de desarrollo autárquico o cerrado; hace falta, en cambio, definir un modo de integración al mundo que tenga como eje el interés nacional y regional, redefinido en términos de proyecto productivo, competitividad económica, justicia social y fortalecimiento de la capacidad política de negociación.
El MERCOSUR es la base de un proceso de integración así percibido. Durante años, se desarrollaron procesos negativos, esencialmente vinculados con la falta de políticas orientadas a la conformación de una “alianza estratégica” que lleve a los países latinoamericanos a alcanzar objetivos que individualmente no pueden alcanzar, a la vez que a fortalecer su capacidad negociadora global y mejorar su inserción en el mundo. No ha habido voluntad política orientada en este sentido. Predominó un espíritu comercialista.
Hoy, pareciera haber un nuevo escenario político regional, orientado a la ratificación de la voluntad política de fortalecer al MERCOSUR y avanzar más allá. Al menos, el hecho de que se proponga la conformación de un Instituto Monetario del Mercosur para avanzar en la coordinación macroeconómica y discutir los caminos para una moneda única del bloque aparece como una de las orientaciones centrales. Argentina considera que el lanzamiento de una moneda común para ser utilizada en el comercio exterior y en el turismo sería un paso adecuado en esa dirección y una señal muy valiosa de la definición integradora. En el mismo sentido, se orienta a actualizar y generalizar el arancel externo común y de construir un sistema ágil de solución de controversias, así como de avanzar en el proceso de integración productiva. Por otro lado, es indudable que la integración económica es indisociable de una ingeniería político-institucional que apunte a convertir a la integración en un tema de amplio debate público en cada uno de los países. La premisa central parece estar dada por el avance desde la actual Comisión Parlamentaria Común hacia un Parlamento del Mercosur cuyos miembros, en un plazo razonable, sean elegidos en forma directa por los ciudadanos de los países del área [12].
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por Luis
DALLANEGRA PEDRAZA
* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET). Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005.
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