EL GRUPO DE LOS OCHO Y EL FUTURO DE AMERICA LATINA *

                   Alberto J. Sosa  © **

 Luis Dallanegra Pedraza © ***

INTRODUCCION

El Grupo de los Ocho nace en Río de Janeiro en diciembre de 1986, como un Organismo Permanente de Consulta y Coordinación, en el más alto nivel político, surgido a partir de la convergencia de Contadora (México, Panamá, Venezuela y Colombia) y su Grupo de Apoyo (Argentina, Brasil, Perú y Uruguay).

Además de la solución de los conflictos que se plantean en Centroamérica y el Caribe, el Grupo de los Ocho (G8) se ha asignado el tratamiento de temas como: a) deuda externa; b) la búsqueda de mecanismos para la estabilidad y la consolidación de los sistemas democráticos de la región; c) la modernización de sus propias economías; d) las medidas a adoptar frente al proteccionismo del mundo industrializado; e) el desarrollo y la modernización tecnológica de la región; f) la adopción de una metodología conjunta para la producción y el comercio, frente a la baja de los precios de las materias primas; g) el establecimiento de pautas comunes para un diálogo con EUA; h) la preservación de la paz y la seguridad de la Región a través de mecanismos propios; i) el impulso al proceso de integración Regional. A estos temas se han agregado: j) el problema del medio ambiente; k) el narcotráfico; l) las relaciones culturales latinoamericanas.

El G 8 se inscribe dentro de los Mecanismos de Cooperación política entre los países de la Región y expresa, sin abandonar la vocación integracionista, una vía distinta y  flexible, para alcanzar sus objetivos.

En este trabajo se analizarán brevemente algunos antecedentes históricos; los obstáculos y las condiciones necesarias para la “concertación latinoamericana”; así como los aportes presentes y probables del G8 para definir una nueva inserción y actuación de los países de la Región en el sistema mundial.

1) ANTECEDENTES

1.1)            Bolivarísmo vs. Monroísmo

Tradicionalmente, las relaciones hemisféricas se desenvolvieron dentro del marco del Sistema Interamericano, donde el proyecto “monroísta”, planteado por EUA, predominó por sobre la concepción “bolivarista” porque las políticas exteriores de los Estados latinoamericanos priorizaron las relaciones con Europa y EUA más que con la Región. A partir de la segunda postguerra, las relaciones exteriores latinoamericanas giraron alrededor de hipótesis relacionadas con los intereses y las problemáticas de seguridad de EUA. En los ´80,  luego de la posición adoptada por los países latinoamericanos  vis a vis EUA, en la XVII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en el caso “la Nicaragua de Somoza”, el “bolivarismo” aparentó recuperar posiciones frente al “monroísmo”, aunque en forma desarticulada y sin un proyecto concreto. [i]

1.2) Primera Conferencia de Presidentes

La primera Conferencia de Presidentes en la historia de nuestra Región, ha sido la Conferencia de Presidentes de América de Punta del Este de 1967. [ii]

En esta reunión, además del presidente norteamericano Lyndon Johnson, participaron presidentes de facto como el General Juan Carlos Onganía de Argentina, Humberto Castello Branco de Brasil, y presidentes vitalicios como Anastasio Somoza Debayle de Nicaragua, y Alfredo Stroessner de Paraguay, o el representante especial de Francois Duvalier de Haití; junto a gobiernos democráticos de la Región con escasa -o casi ninguna- vinculación entre sí, como para proponer un proyecto conjunto.

Los discursos fueron  dirigidos al gobierno norteamericano para que abandonara su actitud proteccionista y proveyera a la Región de una mayor financiación; responsabilizándolo de hacer uso de ésta en beneficio de sus propios intereses económicos. En ningún caso América Latina dio la sensación de ser una Región, sino veinte Estados desperdigados sin posición ni proyecto común, con posiciones incluso opuestas hasta desde una perspectiva ideológica. Este fue el caso de Onganía, que defendió su tesis de la seguridad como paso previo al desarrollo, frente a posiciones como las de Eduardo Frei (Chile), Fernando Belaúnde Terry (Perú) o Carlos Lleras Restrepo (Colombia), que consideraron la autoayuda, la ayuda mutua y la integración como instrumentos válidos para lograr el desarrollo latinoamericano.

El documento más importante que se obtuvo de esta reunión fue una “Declaración” con escasa viabilidad.

2) RELACIONES HEMISFERICAS

2.1) Obstáculos a la Concertación

Por parte de EUA, el paradigma tradicional de las relaciones hemisféricas, ha sido el desarrollo y la seguridad. Debido a situaciones como la guerra de Malvinas y el problema con Noriega en Panamá, los militares no resultan funcionales a los EUA y el paradigma se modifica hacia democracia y seguridad.

En general, las hipótesis de conflicto de EUA  tiñeron las relaciones exteriores de los países de América Latina, en los últimos 40 años. Durante la segunda guerra mundial el nazismo; en la postguerra el comunismo soviético como enemigo externo; en la década de los ´60,  con la Revolución cubana, el peligro comunista pasó a ser interno y se desarrollaron las “fronteras ideológicas” y la doctrina de la seguridad nacional. En la actualidad el enemigo sigue siendo la subversión comunista (El Salvador, Nicaragua, Sendero Luminoso), aunque el narcotráfico ha devenido prioridad dentro de las hipótesis de conflicto, en el eje estratégico-militar (Perú, Colombia, Panamá).

El gobierno de Bush (padre) ha considerado como hipótesis de conflicto -en el eje económico- a la deuda externa (probable  multiplicación de los “caracazos”).

Ninguna de las hipótesis señaladas, salvo en aquellos temas vinculados a la problemática económica latinoamericana, constituye, a nuestro juicio, el eje central de la Región, a pesar de que implican también un  problema para ella.

EUA hizo girar a América Latina alrededor de sus hipótesis de conflicto particulares, impidiendo que ésta, individualmente o en conjunto, se ocupara de la solución de sus propios problemas centrales. Desde esta perspectiva, deberían reformularse las estrategias que asignan al problema del narcotráfico en América Latina, un carácter central, ya que su hipotética solución, no modificaría el tradicional e histórico problema del subdesarrollo latinoamericano. Los esfuerzos de la Región deberían volcarse a sus propias prioridades, vinculadas a su problemática de desarrollo económico-social y dentro de ese marco, tratar conjuntamente con EUA el problema del narcotráfico.

2.2) Requisitos para la Concertación entre los Estados de la Región

La concertación requiere de una serie de requisitos que implican una cierta coordinación entre las políticas de los países de la Región en lo que respecta a sus relaciones con el mundo y un consenso en temas centrales, así como en la formulación del ó los paradigmas que conciban para su propia inserción y actuación internacional.

Uno de los principales requisitos está conectado con la estabilidad de los procesos políticos. La emergencia de gobiernos democráticos en la  América Latina de los ´80 y su normal recambio en algunos de estos países - en forma inédita desde hace más de 60 años en algunos casos – ha iniciado una nueva etapa.

El G 8 está constituido por gobiernos democráticos de países latinoamericanos, no interviene EUA como lo hizo en la Reunión de Presidentes de América, de Punta del Este de 1967. Si aconteciera algún hecho que ponga en tela de juicio el proceso democrático en alguno de ellos, el país es suspendido temporariamente hasta que se clarifique o solucione el problema interno.

Pese a que existen organismos que pueden ser idóneos para este tipo de temas y / o problemas, como el Parlamento Latinoamericano, acorde con su estructura y forma de funcionamiento actual, resultan insuficientes e inoperantes para contribuir al sostenimiento de gobiernos democráticos, si alguno de éstos corre peligro o se encuentre frente a algún problema.

El G 8 debe contribuir a consolidar los regímenes democráticos existentes y bregar por su extensión a otros países de la Región, operando en forma conjunta con otros organismos existentes para garantizar la vigencia de este primer requisito de la concertación diplomático – política de la Región.

El segundo requisito es el consenso Regional, sobre determinados temas y/o problemas y la forma de abordarlos. Consideramos que, entre los temas prioritarios de la Región, deberían contemplarse: a) Un proyecto Regional orientado a una mejor inserción internacional que favorezca el desarrollo de la Región, que requerirá una serie de consensos en los siguientes temas: vínculos con EUA y la Zona de Libre Comercio de América del Norte (EUA, Canadá, México); relaciones con la CEE; relaciones con Japón y los Nic´s asiáticos; relaciones con el resto del Tercer Mundo; relaciones con la URSS y demás países socialistas; b) Cooperación e integración Regional; c) Deuda externa; d) Conflictos y su solución ( conflictos hegemónicos, que hacen a la problemática e intereses de seguridad EUA en la Región como El Salvador, Grenada o Nicaragua; conflictos coloniales, como Malvinas, Guayana Esequibo o Bélice; y conflictos bilaterales o limítrofes) [iii];  e) tratamiento del problema del narcotráfico.

Un tercer requisito para la concertación latinoamericana, es el tratamiento de sus crisis y conflictos, a través de una visión y mecanismos propios.

A partir de la XVII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de 1979, para el tratamiento del problema en Nicaragua, la Región adoptó actitudes y soluciones distintas a las asumidas tradicionalmente en las dieciséis reuniones anteriores. Como consecuencia de ello nace en 1983 el Grupo de CONTADORA y en 1985 el Grupo de Apoyo que constituirán el G 8, con una serie de tareas que excede  la solución de los conflictos de la región centroamericana.

Dentro de este contexto se inscribe, a nuestro criterio, la Declaración adoptada en la Asamblea General de la ONU sobre el Atlántico Sur como Zona de Paz y Cooperación Internacional (Resol.41/11), que procura sustraer a esta zona de cualquier conflicto internacional que se engendre. Dicha Declaración podría ser extendida a la Región continental para que cumpla un rol más perfecto y amplio que el que cumple el Tratado de Tlatelolco.  Con ello, se ahorrarían debates sobre futuras hipótesis de conflicto y tornaría innecesario poner en funcionamiento el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) o crear otro distinto, conjuntamente con EUA o a espaldas de él.

América Latina ha formulado, a través del G 8, su propio paradigma, que resume tanto la problemática Regional, como la forma en que los gobiernos consideran que la misma debe ser solucionada: paz, democracia, desarrollo e integración, como fundamentos de la seguridad regional y el bienestar social. [iv]

Sin embargo, la “ paz” continúa siendo un objetivo más que una realidad dado que, con el problema del narcotráfico, los conflictos se han agravado.

 Los gobiernos de la Región, pese a que en sus discursos hablan de integración, en los hechos se manejan con “hipótesis de conflicto” que provocan “autofragmentación”, por ejemplo cuando consideran “enemigos” a sus vecinos.

 Cuando un gobierno se plantea una política exterior o una forma de inserción internacional, busca conectarse con el mundo; al plantearse la política exterior en función sólo de hipótesis de conflicto, lo que busca  es  aislarse del mundo.

 La “democracia”, está amenazada por problemas como el estancamiento económico latinoamericano, la injusticia social, la deuda externa (“caracazos”), así como también por el narcotráfico

 El “desarrollo” continúa siendo el tema postergado de América Latina, ya que aún no hay “consenso” sobre el tipo y formas de alcanzarlo. Además, los países de la Región continúan girando alrededor de las hipótesis de conflicto que plantea EUA o de las soluciones insuficientes(Plan Brady) que les ofrece.

Por otra parte, la integración [v]  a pesar de sus logros parciales, aún no ha verificado signos suficientes de efectivización.

3) LOS APORTES DE LA PRIMERA Y SEGUNDA CUMBRES DEL G 8

No obstante que se declama sobre un “proyecto común latinoamericano” de desarrollo para la Región; en rigor de verdad existe distanciamiento entre los países latinoamericanos: por ejemplo, el acercamiento de México a EUA y la probabilidad de integrar la Zona de Libre Comercio de América del Norte (ZLC) conjuntamente con Canadá; existencia de diferentes posturas en la negociación del tema de la deuda externa; etc.

 En la Primera Cumbre se perfilaron los nuevos paradigmas de los gobiernos democráticos latinoamericanos.

En el tema de la “seguridad”, se establece que ésta se relaciona con la democracia, y el desarrollo económico y social de los países y no se trata de un problema militar, como  tradicionalmente fue planteado por EUA.

A pesar de la desaceleración de los conflictos regionales a nivel mundial, post Cumbre de Reikjavik, no aconteció lo mismo en el caso del conflicto centroamericano (El Salvador-Nicaragua). Para su solución, deben reafirmarse los principios sostenidos por Contadora y Apoyo y las vías de negociación deben comprometer la voluntad política de los gobiernos en conflicto, aprovechando la experiencia y el marco institucional de ONU y OEA. Este proceso de paz, requiere, asimismo, un mayor apoyo por parte de la comunidad internacional.

 En el problema del narcotráfico, se hizo referencia a todas sus etapas: producción, tráfico y consumo indebido ; señalando la corresponsabilidad de los países desarrollados en este problema. Se indicaron los vínculos existentes entre narcotráfico y terrorismo y con otros tipos de delincuencia que se ven reforzados en el tráfico ilícito de armas producidas por los países industrializados. Asimismo, se denuncia el enorme lucro resultante del narcotráfico que circula y se legaliza a través de las plazas financieras internacionales.

En este Primera Cumbre se consideró a los años ´80 como “década perdida”, desde el punto de vista económico. Sin embargo, desde el punto de vista política fue rica, porque se produjo el surgimiento y/o restauración de la democracia en la mayoría de los países de la Región. Por otra parte, a través del G8, se estableció una mayor coordinación entre las políticas exteriores de los países de la Región.

La segunda Cumbre de Presidentes [vi]  puso más el acento en lo “epidérmico” que en lo “substantivo”. Consideró que las  “principales amenazas” para la estabilidad política y el desarrollo económico-social  de América Latina eran la deuda externa  y la evolución desfavorable del comercio internacional;  pero no enfatizó la necesidad del reordenamiento productivo, tecnológico e institucional  (reforma del Estado) de América Latina. No aparecen desarrollados temas como  reconversión industrial, modernización tecnológica, diversificación de la estructura productiva y repatriación de los capitales fugados.

Se hizo hincapié en medidas restrictivas que limitan el acceso de los productos de América Latina a los centros consumidores de los países industrializados de economía de mercado, así como a los subsidios a las exportaciones agrícolas ; se mencionó a las negociaciones que se desarrollan en la  Ronda Uruguay del GATT en torno a los servicios, la propiedad intelectual y las inversiones relacionadas con el comercio.  A este respecto, estimaron prioritario que se cumplan los compromisos de congelamiento y desmantelamiento de obstáculos al comercio incompatibles con los propósitos y principios del GATT; que se definan el alcance y las modalidades de aplicación del principio de trato especial y más favorable a los países en desarrollo, en todas las áreas y aspectos de la negociación; que se reconozca, por otra parte del universo acreedor, el vínculo existente entre deuda externa y comercio  y se adopten medidas operativas; y finalmente que se amplíe y estabilice el acceso de los productos de los países en desarrollo a los mercados internacionales.

La  integración es percibida como un instrumento para transformar y modernizar la estructura productiva de América Latina, utilizando en forma eficiente sus recursos y logrando la captación y creación de nuevas tecnologías. Se aludió a la necesidad de recurrir a diversas herramientas además de la estrictamente comercial, como complementación económica, industrialización, transporte, telecomunicaciones, integración fronteriza, así como nuevas fórmulas que permitan avanzar en materia de financiamiento y de pagos.

En ninguna en las dos Cumbres – en lo que hace a la problemática tecnológica Regional -  se tuvo en cuenta la  creación de “parques tecnológicos”  a fin de vincular a América Latina con la modernización y el cambio tecnológico mundial, al estilo de las zonas existentes en Japón, Taiwan, Singapur, Corea del Sur y  EUA.

4) ALGUNAS CUESTIONES  SOBRE EL ENTORNO HEMISFERICO

a) ¿Qué pasa con el probable ingreso de “las nuevas democracias” (Chile, Paraguay) al G8?

b) ¿ A EUA le interesa el desarrollo y la consolidación de la democracia en América Latina, o le preocupa la cuestión sandinista, la insurgencia salvadoreña, el tema Noriega, el Narcotráfico y la posibilidad de ingreso de México a la ZLC  de América del Norte?

c) No existe un proyecto ni en debate ni en preparación sobre la forma y temas de reorganización y  reinserción de América Latina (o de agrupamiento de Estados) en la nueva dinámica mundial.

d) Para EUA, en lo que hace a la deuda, el problema no es la moratoria, sino la “ingobernabilidad” de un país de la Región, a partir de la probabilidad de situaciones de conflicto social (caracazo) [vii].

e) Las pautas y criterios desarrollados por EUA en temas como la deuda,  narcotráfico, seguridad, etc., tienen más efecto y probabilidades de implementación que las desarrolladas por los latinoamericanos que, en casos como el de deuda, se contradicen entre sí  y pierden fuerza.

5) CONSIDERACIONES FINALES

Resulta importante que los países de la Región a través del G8 puedan comenzar a resolver los problemas comunes a través del empleo de nuevos puntos de vista, utilizando un nuevo lenguaje en sus análisis y seleccionando nuevos caminos e instrumentos para procurar su solución. La “desideologización” podría ser el punto de vista para el análisis, dadas las nuevas tendencias mundiales.

 En la década de los ´80 han habido cambios importantes en el sistema internacional, que obligan a replantearse la forma y el proyecto de inserción de los Estados (o agrupamiento de Estados ) de América Latina.

 Estos cambios están vinculados a los resultados post Reikjavik que, en la relación polo-polo, trajo como consecuencia el desarme global, y en la relación entre  los actores polares y la gran periferia, la flexibilidad e inicio de solución de los principales conflictos con consecuencias internacionales. A la luz de estos cambios se debe considerar la agenda de trabajo del G8; atendiendo  a los temas que  se vienen tratando en las dos reuniones anteriores.

 Desde el punto de vista del accionar Regional, sería importante que los organismos existentes no operen en compartimentos estancos. Para ello, deberían buscarse puntos de convergencia entre los mismos. [viii]

 Además, se deberían tener en cuenta los siguientes grandes cambios internacionales que, a nuestro criterio, se traducen en:

            A)

            1) La reorientación del sistema hacia el eje económico;

            2) el alejamiento de las relaciones del eje estratégico-militar;

            3) el pluralismo existente en el interior no sólo del Tercer Mundo sino incluso dentro de América Latina, como un dato de la realidad; y

            4) el “proyecto ”de orden mundial que se está gestando –dentro del eje político- fundamentalmente vinculado a las características del punto 1), según las connotaciones del punto 3).

            B) una creciente tendencia mundial a la conformación de bloques económicos:

1)      la unificación del mercado de Europa occidental;

2)      Japón y los Nic´s asiáticos, más Australia y Nueva Zelandia y probablemente la República Popular China y los países de ASEAN;

3)      La Zona de Libre Comercio (ZLC) entre EUA, Canadá y el probable ingreso de México;

4)      los países de Europa  oriental -incluyendo la URSS- interesados en asociar el Consejo de Asistencia Económica Mutua (COMECON)  a la CEE;

5)       integración Argentina-Brasil.

            C) Las nuevas tendencias de relacionamiento internacional de la URSS, a través de la  “perestroika” y el “glasnot”, que produjo consecuencias en Polonia y Hungría y en las relaciones de la URSS con Cuba.

            Asimismo, considerar en su agenda los siguientes temas:

1) Los países de América Latina, entre ellos, los miembros del G8, deben redefinir su inserción y actuación dentro del sistema internacional atendiendo a las tendencias en vigencia. A este respecto sería apropiado que dichos países, respetando las diferencias existentes, elaboren objetivos y estrategias conjuntas que favorezcan la solución de sus problemáticas y faciliten su desarrollo.

2) El G8 no debe limitarse a la relación con EUA, sino que debe diversificar el espectro de relacionamiento vinculándose también con otros países que faciliten el acceso  a inversiones productivas de riesgo (v.gr.: CEE, Japón y los Nic´s asiáticos).

            3) si EUA crea una ZLC con Canadá, experimentará algunos cambios en su comportamiento hemisférico.

            La ZLC de América del Norte, y no sólo EUA, debe ser el interlocutor del G8.

            4) debe profundizarse la relación con la URSS y el resto de los países del Tercer Mundo, ya que los países rectores del sistema se manejan conforme a sus intereses, dejando de lado las perspectivas ideológicas que, después de la Cumbre de Reikjavik, carecen de significación.

            5) La CEE, la Cuenca del Pacífico y la relación con Japón y la República Popular China, deben constituir otro aspecto central del sistema de relacionamiento del G8.

 Limitarse a negociar con EUA, omitiendo el destacado rol internacional de los nuevos bloques económicos y de los países miembros del G7 (países industrializados de economía de mercado), implicaría negar las recientes transformaciones operadas en la macroestructura internacional.

 El G8, para  desarrollar el paradigma formulado, en las cumbres celebradas hasta la fecha, debe volcarse a sus propias prioridades vinculadas a su problemática de desarrollo económico-social, fortalecimiento del régimen democrático y del proceso de integración, así como la solución pacífica de sus conflictos.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


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* El presente fue elaborado en 1988. Se mantienen los términos y conceptos de entonces.

** © Abogado (UBA). Docente en Política Exterior Argentina en las Univ. del Salvador y La Plata.  Consultor del CFI en temas de cooperación e integración latinoamericana.  Especialista en Integración.

*** © Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Univ. Nac. de Rosario). Profesor Titular de Teoría de las Relaciones Internacionales y de Política Exterior Argentina en la Universidad del Salvador. Especialista en temas de Relaciones Internacionales y de América Latina.


[i] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis; El Sistema Interamericano y las Relaciones entre EUA y América Latina, en “GEOSUR”. Vol. IV, Nro. 41, Enero 1983.

[ii] Esta fue en realidad , la XI Reunión  de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en el marco del Sistema Interamericano, cuyo propósito central era la evaluación de la Alianza para el Progreso, programa desarrollado por EUA

[iii] A través de Contadora, su Grupo de Apoyo y el G8 los países latinoamericanos han encarado la coordinación de posiciones para la solución de los conflictos de tipo hegemónico. Existe una discoordinación en el caso de los coloniales, y los limítrofes que se tratan toda vez que surgen. No se adoptan  acciones preventivas o soluciones transitorias, en tanto se resuelven otras prioridades que requieran la acción unánime de la Región.

[iv] Ver Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia de 1987

[v] Desde julio de 1986 se ha encarado una nueva vía a partir de los acuerdos entre Argentina y Brasil con la asociación de Uruguay. Aunque promisorios, es prematuro evaluar los resultados de esta experiencia

[vi] Ver Segunda Reunión de Presidentes del Mecanismo de Consulta y Concertación Política; Punta del Este, 1988

[vii] Pareciera que hasta que no se produce un estallido social, EUA no interviene respaldando al país afectado (salvo el caso de México que les interesa particularmente). EUA no tiene una política “preventiva” en relación con la deuda y el desarrollo regional, a pesar de que en el discurso de su gobierno se habla de apoyo a las democracias y que dentro de su nuevo esquema de relaciones hemisféricas, la democracia es el nuevo nombre de la seguridad.

[viii] La Región  se ha manejado de manera “segmentada”. Para resolver sus problemas de infraestructura creó la Cuenca del Plata o el Pacto Amazónico; para profundizar el intercambio comercial ALALC/ALADI; para la solución de sus conflictos, Contadora y luego el Grupo de Apoyo; para coordinar las posiciones respecto de terceros países u organismos internacionales en materia económica o comercial CECLA/SELA; etc.