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Alberto J. Sosa © **
Luis
Dallanegra Pedraza © ***
El Grupo
de los Ocho nace en Río de Janeiro en diciembre de 1986,
como un Organismo
Permanente de Consulta y Coordinación, en el más
alto nivel político,
surgido a partir de la convergencia de Contadora (México,
Panamá, Venezuela y
Colombia) y su Grupo de Apoyo (Argentina, Brasil, Perú y
Uruguay).
Además
de la solución de los conflictos que se plantean en
Centroamérica y el Caribe,
el Grupo de los Ocho (G8) se ha asignado el tratamiento de temas como:
a) deuda
externa; b) la búsqueda de mecanismos para la estabilidad y la
consolidación de
los sistemas democráticos de la región; c) la
modernización de sus propias
economías; d) las medidas a adoptar frente al proteccionismo del
mundo
industrializado; e) el desarrollo y la modernización
tecnológica de la región;
f) la adopción de una metodología conjunta para la
producción y el comercio,
frente a la baja de los precios de las materias primas; g) el
establecimiento
de pautas comunes para un diálogo con EUA; h) la
preservación de la paz y la
seguridad de la Región a través de mecanismos propios; i)
el impulso al proceso
de integración Regional. A estos temas se han agregado: j) el
problema del
medio ambiente; k) el narcotráfico; l) las relaciones culturales
latinoamericanas.
El
G 8 se inscribe dentro de los Mecanismos
de Cooperación política entre los países de la
Región y expresa, sin
abandonar la vocación integracionista, una vía distinta y flexible, para alcanzar sus objetivos.
En este trabajo se analizarán
brevemente algunos
antecedentes históricos; los obstáculos y las condiciones
necesarias para la
“concertación latinoamericana”; así como los aportes
presentes y probables del
G8 para definir una nueva inserción y actuación de los
países de la Región en
el sistema mundial.
1.1)
Bolivarísmo vs. Monroísmo
Tradicionalmente, las relaciones
hemisféricas
se desenvolvieron dentro del marco del Sistema Interamericano, donde el
proyecto “monroísta”, planteado por
EUA, predominó por sobre la concepción
“bolivarista” porque las políticas exteriores de los Estados
latinoamericanos
priorizaron las relaciones con Europa y EUA más que con la
Región. A partir de
la segunda postguerra, las relaciones exteriores latinoamericanas
giraron
alrededor de hipótesis relacionadas con los intereses y las
problemáticas de
seguridad de EUA. En los
´80, luego de la posición
adoptada por
los países latinoamericanos vis a
vis
EUA, en la XVII Reunión de Consulta de
Ministros de Relaciones Exteriores, en el caso “la Nicaragua de
Somoza”, el “bolivarismo” aparentó recuperar
posiciones frente al “monroísmo”, aunque en forma
desarticulada y sin un
proyecto concreto. [i]
La primera Conferencia de Presidentes en la
historia de nuestra Región, ha sido la Conferencia
de Presidentes de América de Punta del Este de 1967. [ii]
En esta reunión, además del
presidente norteamericano Lyndon Johnson, participaron presidentes de facto como el General Juan Carlos
Onganía de Argentina, Humberto Castello Branco de Brasil, y
presidentes
vitalicios como Anastasio Somoza Debayle de Nicaragua, y Alfredo
Stroessner de
Paraguay, o el representante especial de Francois Duvalier de
Haití; junto a
gobiernos democráticos de la Región con escasa -o casi
ninguna- vinculación
entre sí, como para proponer un proyecto conjunto.
Los
discursos fueron dirigidos al gobierno
norteamericano para que abandonara su actitud proteccionista y
proveyera a la
Región de una mayor financiación;
responsabilizándolo de hacer uso de ésta en
beneficio de sus propios intereses económicos. En ningún
caso América Latina
dio la sensación de ser una Región, sino
veinte Estados desperdigados sin posición ni proyecto
común, con posiciones
incluso opuestas hasta desde una perspectiva ideológica. Este
fue el caso de Onganía, que defendió su
tesis de la seguridad como paso previo al
desarrollo, frente a posiciones como las de Eduardo Frei
(Chile), Fernando Belaúnde
Terry (Perú) o Carlos Lleras
Restrepo (Colombia), que consideraron la autoayuda,
la ayuda mutua y la integración como instrumentos válidos
para lograr el desarrollo latinoamericano.
El
documento más importante que se obtuvo de esta reunión
fue una “Declaración” con escasa viabilidad.
2) RELACIONES
HEMISFERICAS
2.1)
Obstáculos a la Concertación
Por
parte de EUA, el paradigma tradicional de las relaciones
hemisféricas, ha sido
el desarrollo y la seguridad. Debido
a situaciones como la guerra de Malvinas y el problema con Noriega en
Panamá,
los militares no resultan funcionales a los EUA y el paradigma se
modifica
hacia democracia y seguridad.
En
general, las hipótesis de conflicto de
EUA tiñeron las relaciones
exteriores de los países de América Latina, en los
últimos 40 años. Durante la
segunda guerra mundial el nazismo;
en la postguerra el comunismo soviético
como enemigo externo; en la década de los ´60,
con la Revolución cubana, el
peligro comunista pasó a ser interno y se desarrollaron las “fronteras ideológicas” y la doctrina
de la seguridad nacional. En
la actualidad el enemigo sigue siendo la subversión
comunista (El Salvador, Nicaragua, Sendero Luminoso), aunque el narcotráfico ha devenido prioridad
dentro de las hipótesis de conflicto, en
el eje estratégico-militar (Perú, Colombia,
Panamá).
El
gobierno de Bush (padre) ha considerado como
hipótesis de conflicto -en el eje económico- a la deuda externa (probable multiplicación
de los “caracazos”).
Ninguna
de las hipótesis señaladas,
salvo en aquellos temas vinculados a la problemática
económica latinoamericana,
constituye, a nuestro juicio, el eje
central de la Región, a pesar de que implican también
un problema para ella.
EUA
hizo girar a América Latina alrededor de sus hipótesis de
conflicto
particulares, impidiendo que ésta, individualmente o en
conjunto, se ocupara de
la solución de sus propios problemas centrales. Desde esta
perspectiva, deberían
reformularse las estrategias que asignan al problema del
narcotráfico en
América Latina, un carácter central, ya que su
hipotética solución, no
modificaría el tradicional e histórico problema del
subdesarrollo
latinoamericano. Los esfuerzos de la Región deberían volcarse a sus propias prioridades, vinculadas a su
problemática de
desarrollo económico-social y dentro de ese marco, tratar
conjuntamente con
EUA el problema del narcotráfico.
La
concertación requiere de una serie de requisitos que implican
una cierta
coordinación entre las políticas de los países de
la Región en lo que respecta
a sus relaciones con el mundo y un consenso en temas centrales,
así como en la
formulación del ó los paradigmas que conciban para su
propia inserción y
actuación internacional.
Uno
de los principales requisitos está conectado con la estabilidad de los procesos políticos. La
emergencia de gobiernos
democráticos en la América
Latina de
los ´80 y su normal recambio en algunos de estos países -
en forma inédita
desde hace más de 60 años en algunos casos – ha iniciado
una nueva etapa.
El
G 8 está constituido por gobiernos democráticos de
países latinoamericanos, no
interviene EUA como lo hizo en la Reunión de Presidentes de
América, de Punta
del Este de 1967. Si aconteciera algún hecho que ponga en tela
de juicio el
proceso democrático en alguno de ellos, el país es
suspendido temporariamente
hasta que se clarifique o solucione el problema interno.
Pese
a que existen organismos que pueden ser idóneos para este tipo
de temas y / o
problemas, como el Parlamento
Latinoamericano, acorde con su estructura y forma de funcionamiento
actual,
resultan insuficientes e inoperantes para contribuir al sostenimiento
de
gobiernos democráticos, si alguno de éstos corre peligro
o se encuentre frente
a algún problema.
El
G 8 debe contribuir a consolidar los
regímenes democráticos existentes y bregar por su extensión a otros países de la Región,
operando en forma conjunta
con otros organismos existentes para garantizar la vigencia de este
primer
requisito de la concertación diplomático –
política de la Región.
El
segundo requisito es el consenso Regional, sobre
determinados temas
y/o problemas y la forma de abordarlos. Consideramos que, entre los
temas
prioritarios de la Región, deberían contemplarse: a) Un
proyecto Regional
orientado a una mejor inserción internacional que favorezca el
desarrollo de la
Región, que requerirá una serie de consensos en los
siguientes temas: vínculos
con EUA y la Zona de Libre Comercio de América del Norte (EUA,
Canadá, México);
relaciones con la CEE; relaciones con Japón y los Nic´s
asiáticos; relaciones
con el resto del Tercer Mundo; relaciones con la URSS y demás
países socialistas;
b) Cooperación e integración Regional; c) Deuda externa;
d) Conflictos y su
solución ( conflictos hegemónicos,
que hacen a la problemática e intereses de seguridad EUA en la
Región como El
Salvador, Grenada o Nicaragua; conflictos
coloniales, como Malvinas, Guayana Esequibo o Bélice; y conflictos bilaterales o limítrofes) [iii]; e) tratamiento del problema del
narcotráfico.
Un
tercer requisito para la concertación
latinoamericana, es el tratamiento de sus crisis y conflictos,
a través
de una visión y mecanismos propios.
A
partir de la XVII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones
Exteriores de
1979, para el tratamiento del problema en Nicaragua, la Región
adoptó actitudes
y soluciones distintas a las asumidas tradicionalmente en las
dieciséis
reuniones anteriores. Como consecuencia de ello nace en 1983 el Grupo
de
CONTADORA y en 1985 el Grupo de Apoyo que constituirán el G 8,
con una serie de
tareas que excede la solución de
los
conflictos de la región centroamericana.
Dentro
de este contexto se inscribe, a nuestro criterio, la Declaración adoptada en
la Asamblea General de la ONU sobre el Atlántico Sur como Zona
de Paz y
Cooperación Internacional (Resol.41/11), que procura sustraer a
esta zona de
cualquier conflicto internacional que se engendre. Dicha
Declaración podría ser
extendida a la Región continental para
que cumpla un rol más perfecto y amplio que el que cumple el
Tratado de
Tlatelolco. Con
ello, se
ahorrarían debates sobre futuras hipótesis de conflicto y
tornaría
innecesario poner en funcionamiento el Tratado Interamericano de
Asistencia
Recíproca (TIAR) o crear otro distinto, conjuntamente con EUA o
a espaldas de
él.
América
Latina ha formulado, a través del G 8, su propio paradigma,
que resume
tanto la problemática Regional, como la forma en que los
gobiernos consideran
que la misma debe ser solucionada: paz,
democracia, desarrollo e integración, como fundamentos de la
seguridad regional
y el bienestar social. [iv]
Sin
embargo, la “ paz” continúa siendo
un objetivo más que una realidad dado que, con el problema del
narcotráfico,
los conflictos se han agravado.
Los
gobiernos de la Región, pese a que en sus
discursos hablan de integración, en los hechos se manejan con “hipótesis de conflicto” que provocan “autofragmentación”,
por ejemplo cuando consideran
“enemigos” a sus vecinos.
Cuando
un gobierno se plantea una política
exterior o una forma de inserción internacional,
busca conectarse con el mundo; al
plantearse la política exterior en función sólo de hipótesis de conflicto, lo que busca
es aislarse del mundo.
La “democracia”, está
amenazada por
problemas como el estancamiento económico latinoamericano, la
injusticia
social, la deuda externa (“caracazos”), así como también
por el narcotráfico
El “desarrollo” continúa siendo
el tema
postergado de América Latina, ya que aún no hay
“consenso” sobre el tipo y
formas de alcanzarlo. Además, los países de la
Región continúan girando
alrededor de las hipótesis de conflicto que plantea EUA o de las
soluciones
insuficientes(Plan Brady) que les ofrece.
Por otra parte, la integración
[v] a pesar de sus logros
parciales, aún no ha verificado signos
suficientes de efectivización.
3) LOS APORTES DE LA PRIMERA Y SEGUNDA CUMBRES DEL G 8
No obstante que se declama sobre un
“proyecto común latinoamericano” de
desarrollo para la Región; en rigor de verdad existe distanciamiento entre los países latinoamericanos:
por ejemplo, el
acercamiento de México a EUA y la probabilidad de integrar la
Zona de Libre
Comercio de América del Norte (ZLC) conjuntamente con
Canadá; existencia de
diferentes posturas en la negociación del tema de la deuda
externa; etc.
En la
Primera Cumbre se perfilaron los nuevos
paradigmas de los gobiernos
democráticos latinoamericanos.
En
el tema de la “seguridad”, se
establece que ésta se relaciona con la democracia,
y el desarrollo económico y social de los países y no se
trata de un problema
militar, como tradicionalmente fue
planteado por EUA.
A
pesar de la desaceleración de los conflictos regionales a nivel
mundial, post Cumbre de Reikjavik, no aconteció lo
mismo
en el caso del conflicto centroamericano (El
Salvador-Nicaragua).
Para su solución, deben reafirmarse los principios sostenidos
por Contadora y
Apoyo y las vías de negociación deben comprometer la
voluntad política de los
gobiernos en conflicto, aprovechando la experiencia y el marco
institucional de
ONU y OEA. Este proceso de paz, requiere, asimismo, un mayor apoyo por
parte de
la comunidad internacional.
En
el problema del narcotráfico, se
hizo referencia a todas sus etapas: producción,
tráfico y consumo indebido ; señalando la
corresponsabilidad de los países
desarrollados en este problema. Se indicaron los vínculos
existentes entre narcotráfico y terrorismo y
con otros
tipos de delincuencia que se ven reforzados en el tráfico
ilícito de armas producidas por los países
industrializados. Asimismo, se denuncia el
enorme lucro resultante del narcotráfico que circula y se
legaliza a través de
las plazas financieras internacionales.
En
este Primera Cumbre se consideró a los años ´80
como “década perdida”, desde el punto de vista
económico. Sin embargo, desde el punto de vista
política fue rica,
porque se produjo el surgimiento y/o restauración de la
democracia en la
mayoría de los países de la Región. Por otra
parte, a través del G8, se
estableció una mayor coordinación entre las
políticas exteriores de los países
de la Región.
La segunda Cumbre de Presidentes [vi]
puso más el acento en lo
“epidérmico” que en lo “substantivo”. Consideró que las “principales amenazas” para la
estabilidad política y el desarrollo económico-social de América Latina eran la deuda
externa y la evolución
desfavorable del comercio internacional; pero
no enfatizó la
necesidad del reordenamiento productivo, tecnológico e
institucional (reforma del Estado) de
América Latina. No aparecen desarrollados temas
como reconversión
industrial, modernización tecnológica,
diversificación de la estructura productiva y
repatriación de los capitales
fugados.
Se hizo hincapié en medidas
restrictivas que
limitan el acceso de los productos de América Latina a los
centros consumidores
de los países industrializados de economía de mercado,
así como a los subsidios
a las exportaciones agrícolas ; se mencionó a las
negociaciones que se
desarrollan en la Ronda
Uruguay del GATT en torno a los
servicios, la propiedad intelectual y las inversiones relacionadas con
el
comercio. A este respecto,
estimaron prioritario que se cumplan los compromisos de congelamiento y
desmantelamiento de obstáculos al comercio incompatibles con los
propósitos y
principios del GATT; que se definan el alcance y las modalidades de
aplicación
del principio de trato especial y más favorable a los
países en desarrollo, en
todas las áreas y aspectos de la negociación; que se
reconozca, por otra parte
del universo acreedor, el vínculo
existente entre deuda externa y comercio y
se adopten medidas operativas; y finalmente que se amplíe y
estabilice el acceso de los productos de los países en
desarrollo a los
mercados internacionales.
La
integración es
percibida como un instrumento para transformar y
modernizar la estructura productiva
de América Latina, utilizando en forma eficiente sus recursos y
logrando la
captación y creación de nuevas tecnologías. Se
aludió a la necesidad de recurrir
a diversas herramientas además de la estrictamente comercial,
como
complementación económica, industrialización,
transporte, telecomunicaciones,
integración fronteriza, así como nuevas fórmulas
que permitan avanzar en
materia de financiamiento y de pagos.
En
ninguna en las dos Cumbres – en lo que hace a la problemática
tecnológica
Regional - se tuvo en cuenta la creación de “parques
tecnológicos” a fin de vincular a América
Latina con la modernización y el cambio tecnológico
mundial, al estilo de
las zonas existentes en Japón, Taiwan, Singapur, Corea del Sur y EUA.
a) ¿Qué pasa con el probable
ingreso de “las nuevas
democracias” (Chile, Paraguay) al G8?
b) ¿ A EUA le interesa el desarrollo y
la
consolidación de la democracia en América Latina, o le
preocupa la cuestión
sandinista, la insurgencia salvadoreña, el tema Noriega, el
Narcotráfico y la
posibilidad de ingreso de México a la ZLC
de América del Norte?
c) No existe un proyecto ni en debate ni en
preparación sobre la forma y temas de reorganización y reinserción de América Latina (o
de
agrupamiento de Estados) en la nueva dinámica mundial.
d) Para EUA, en lo que hace a la deuda, el
problema
no es la moratoria, sino la “ingobernabilidad” de un país de la
Región, a
partir de la probabilidad de situaciones de conflicto social (caracazo)
[vii].
e) Las pautas y criterios desarrollados por EUA en temas como la deuda, narcotráfico, seguridad, etc., tienen más efecto y probabilidades de implementación que las desarrolladas por los latinoamericanos que, en casos como el de deuda, se contradicen entre sí y pierden fuerza.
Resulta importante que los países de
la
Región a través del G8 puedan comenzar a resolver los
problemas comunes a
través del empleo de nuevos puntos de
vista, utilizando un nuevo lenguaje en sus análisis y seleccionando nuevos caminos e instrumentos para
procurar su
solución. La “desideologización” podría
ser el punto de vista para el análisis, dadas las nuevas
tendencias mundiales.
En
la década de los ´80 han habido cambios importantes en el
sistema
internacional, que obligan a replantearse la forma y el proyecto de
inserción
de los Estados (o agrupamiento de Estados ) de América Latina.
Estos
cambios están vinculados a los resultados post Reikjavik que, en
la relación
polo-polo, trajo como consecuencia el desarme global, y en la
relación
entre los actores polares y la gran
periferia, la flexibilidad e inicio de solución de los
principales conflictos
con consecuencias internacionales. A la luz de estos cambios se debe
considerar
la agenda de trabajo del G8; atendiendo
a los temas que se vienen
tratando en las dos reuniones anteriores.
Desde
el punto de vista del accionar Regional, sería importante que los organismos existentes no operen en compartimentos
estancos.
Para ello, deberían buscarse puntos de convergencia entre los
mismos. [viii]
Además,
se deberían tener en cuenta los
siguientes grandes cambios internacionales que, a nuestro
criterio, se traducen
en:
A)
1)
La reorientación del sistema hacia el eje económico;
2)
el alejamiento de las relaciones del eje estratégico-militar;
3)
el pluralismo existente en el interior no sólo del Tercer Mundo
sino incluso
dentro de América Latina, como un dato de la realidad; y
4)
el “proyecto ”de orden mundial que
se está gestando –dentro del eje político-
fundamentalmente vinculado a las
características del punto 1), según las connotaciones del
punto 3).
B)
una creciente tendencia mundial a la conformación de bloques
económicos:
1)
la
unificación del mercado de Europa occidental;
2)
Japón
y los Nic´s asiáticos, más Australia y Nueva
Zelandia y probablemente la
República Popular China y los países de ASEAN;
3)
La
Zona de Libre Comercio (ZLC) entre EUA, Canadá y el probable
ingreso de México;
4)
los
países de Europa oriental
-incluyendo
la URSS- interesados en asociar el Consejo de Asistencia
Económica Mutua
(COMECON) a la CEE;
5)
integración Argentina-Brasil.
C)
Las nuevas tendencias de relacionamiento internacional de la URSS, a
través de
la “perestroika” y el “glasnot”, que
produjo consecuencias en Polonia y Hungría y en las relaciones
de la URSS con
Cuba.
Asimismo,
considerar en su agenda los siguientes temas:
1) Los países de América
Latina, entre ellos, los miembros del G8, deben redefinir su
inserción y
actuación dentro del sistema internacional atendiendo a las
tendencias en
vigencia. A este respecto sería apropiado que dichos
países, respetando las
diferencias existentes, elaboren objetivos y estrategias conjuntas que
favorezcan la solución de sus problemáticas y faciliten
su desarrollo.
2) El G8 no debe limitarse a la
relación con EUA, sino que debe
diversificar el espectro de relacionamiento vinculándose
también con otros
países que faciliten el acceso a
inversiones productivas de riesgo (v.gr.: CEE, Japón y los
Nic´s asiáticos).
3)
si EUA crea una ZLC con Canadá, experimentará algunos
cambios en su
comportamiento hemisférico.
La
ZLC de América del Norte, y no sólo EUA, debe ser el
interlocutor del G8.
4)
debe profundizarse la relación con la URSS y el resto de los
países del Tercer
Mundo, ya que los países rectores del sistema se manejan
conforme a sus
intereses, dejando de lado las perspectivas ideológicas que,
después de la
Cumbre de Reikjavik, carecen de significación.
5)
La CEE, la Cuenca del Pacífico y la relación con
Japón y la República Popular
China, deben constituir otro aspecto central del sistema de
relacionamiento del
G8.
Limitarse
a negociar con EUA, omitiendo el destacado rol internacional de los
nuevos
bloques económicos y de los países miembros del G7
(países industrializados de
economía de mercado), implicaría negar las recientes
transformaciones operadas
en la macroestructura internacional.
El G8, para desarrollar el paradigma formulado, en las cumbres celebradas hasta la fecha, debe volcarse a sus propias prioridades vinculadas a su problemática de desarrollo económico-social, fortalecimiento del régimen democrático y del proceso de integración, así como la solución pacífica de sus conflictos.
Esta página
fue hecha por Luis DALLANEGRA
PEDRAZA
Doctor en
Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad
Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de
Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.
Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas" (CONICET). Director del Centro de
Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina
de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Director de Doctorado en
Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario,
Argentina, 2002-2005.
Arriba
A Integración y Desarrollo
A Debates
A Amersur
*
El presente fue elaborado
en 1988. Se mantienen los términos y conceptos de entonces.
** ©
Abogado
(UBA). Docente
en Política Exterior Argentina en las Univ. del Salvador y La
Plata. Consultor del CFI en temas de
cooperación e
integración latinoamericana. Especialista en
Integración.
***
© Doctor en
Ciencia Política y
Relaciones Internacionales (Univ. Nac. de Rosario). Profesor Titular de
Teoría
de las Relaciones Internacionales y de Política Exterior
Argentina en la
Universidad del Salvador. Especialista en temas de Relaciones
Internacionales
y de América Latina.
[i] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis; El Sistema Interamericano y las Relaciones entre EUA y América Latina, en “GEOSUR”. Vol. IV, Nro. 41, Enero 1983.
[ii] Esta fue en realidad , la XI Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en el marco del Sistema Interamericano, cuyo propósito central era la evaluación de la Alianza para el Progreso, programa desarrollado por EUA
[iii] A través de Contadora, su Grupo de Apoyo y el G8 los países latinoamericanos han encarado la coordinación de posiciones para la solución de los conflictos de tipo hegemónico. Existe una discoordinación en el caso de los coloniales, y los limítrofes que se tratan toda vez que surgen. No se adoptan acciones preventivas o soluciones transitorias, en tanto se resuelven otras prioridades que requieran la acción unánime de la Región.
[iv] Ver Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia de 1987
[v] Desde julio de 1986 se ha encarado una nueva vía a partir de los acuerdos entre Argentina y Brasil con la asociación de Uruguay. Aunque promisorios, es prematuro evaluar los resultados de esta experiencia
[vi] Ver Segunda Reunión de Presidentes del Mecanismo de Consulta y Concertación Política; Punta del Este, 1988
[vii] Pareciera que hasta que no se produce un estallido social, EUA no interviene respaldando al país afectado (salvo el caso de México que les interesa particularmente). EUA no tiene una política “preventiva” en relación con la deuda y el desarrollo regional, a pesar de que en el discurso de su gobierno se habla de apoyo a las democracias y que dentro de su nuevo esquema de relaciones hemisféricas, la democracia es el nuevo nombre de la seguridad.
[viii] La Región se ha manejado de manera “segmentada”. Para resolver sus problemas de infraestructura creó la Cuenca del Plata o el Pacto Amazónico; para profundizar el intercambio comercial ALALC/ALADI; para la solución de sus conflictos, Contadora y luego el Grupo de Apoyo; para coordinar las posiciones respecto de terceros países u organismos internacionales en materia económica o comercial CECLA/SELA; etc.
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