LA INTEGRACION EN LA CUENCA DEL CARIBE:
INSTITUCIONALIDAD Y REALIDAD
©  Tania García Lorenzo (1)


La evaluación del proceso integracionista latinoamericano ha estado generalmente fundamentado por el nivel del comportamiento de las tendencias del comercio intraregional, así como por consideraciones acerca del tipo de acuerdos que han sido adoptados o negociados en la época. La ausencia de información sistémica y sistemática acerca de los flujos financieros y otras dimensiones de las relaciones recíprocas ha impedido hacer una evaluación a fondo de otros aspectos de las relaciones económicas intraregionales e inhibe la posibilidad de analizar el verdadero impacto que los procesos de integración tienen en el desarrollo de la economía de los países que lo conforman.

La Cuenca del Caribe tiene una trayectoria discursiva integracionista de larga data. Sin embargo, existe una corriente de interrelación económica que, aunque muestra una relación comercial tendencialmente creciente, poco responde a la magnitud de la voluntad institucional expresada.

El diagnóstico de las instituciones multilaterales, generalmente aprecia una evaluación positiva hacia la tendencia creciente de esa relación de intercambio y en ocasiones se expone el nivel de afectación por la falta de complementariedad de las economías en cuestión y el efecto en creación o desvío de comercio que provocan la desgravación arancelaria recíproca y los aranceles externos comunes No obstante, parecería interesante producir un acercamiento a otros elementos causales que se encuentran presente en este comportamiento y que son poco tratados en la literatura académica al respecto.

Entorno Internacional

No es objetivo de este trabajo hacer una evaluación detallada de los elementos que caracterizan las corrientes económicas mundiales contemporáneas, no obstante comoquiera que la participación en un esquema integracionista es parte esencial del diseño de inserción externa de cualquier país, resulta imprescindible para el análisis, partir del reconocimiento de que el recrudecimiento de la vocación universal del capital expresado en niveles mayores de transnacionalización ha marcado de forma sustancial la recomposición del sistema de relaciones internacionales, tanto económicas, políticas, y de seguridad del hemisferio que imprime un particular sello al desenvolvimiento de la Cuenca del Caribe.

En nombre del objetivo y contradictorio proceso globalizador pretende consagrarse un sistema de relaciones políticas, económicas, culturales y sociales que al propio tiempo que integra y concentra capitales, produce un efecto marginalizador y excluyente a hombres, pueblos y regiones que no le resulten funcionales, pretendiendo de hecho acercarse a una nueva dimensión del concepto "espacio económico" que cuestiona el Estado-Nación y las nociones de soberanía e independencia a él asociados.

Se perfila en la actualidad una nueva forma de expresarse la política históricamente expansionista del capital norteamericano pero adaptadas a las condiciones de acumulación contemporáneas y a los condicionamientos que la ideología neoliberal ha impuesto al propio funcionamiento económico de los Estados.

Así, los programas de estabilización primero y de ajuste estructural después han producido profundos cambios en las funciones de los Estados latinoamericanos, pasando de un llamado "Estado Benefactor" a un Estado "facilitador del proceso de acumulación de los capitales", lo que inhibe su función empresaria y reguladora, con lo que crea disfuncionalidades contradictorias.

Ejemplo evidente de la incoherencia de las políticas económicas se puede apreciar en la utilización de los instrumentos fundamentales de las política monetaria y crediticia. Las palancas: Control de la tasa de inflación; Tasa de interés y tipos de cambio son utilizadas con objetivos contrapuestos y con efectos esencialmente contradictorios. Resultado: el crecimiento de la economía esta atrapado en esas contradicciones, y la ralentización del crecimiento del PIB, el carácter estructuralmente deficitario y ascendente de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, el nivel creciente de endeudamiento externo, los repuntes ascendentes de los déficits presupuestarios demuestran que se pudieran estar sentando las bases para una nueva ola depresiva en el desempeño económico latinoamericano.

No obstante, en la aplicación de los preceptos tecno-ideológicos del modelo neoliberal, se aprecian evidentes diferencias cuando analizamos su forma de operar en los gobiernos de los países desarrollados.

Los acuerdos intergubernamentales adoptados en la Ronda Uruguay del Gatt consagraron los principios de la arancelización de la política comercial y su disminución sistemática, con lo cual se desprotegen las vías fundamentales de obtención de recursos en divisas. La industria latinoamericana sufre un alto nivel de exposición en el comercio internacional, participando en igualdad de condiciones a las del mundo desarrollado, cuando no existen igualdad de posibilidades dado los niveles de subdesarrollo que hoy tipifican a las economías del continente. Vale recordar que los países desarrollados maduraron las condiciones tecno-productivas de su planta industrial bajo un férreo proteccionismo y no impusieron con su fuerza económica en los foros internacionales, los renovados criterios del "libre cambio" hasta que le resultó necesario al desarrollo del capital.

También ha quedado consagrada, vía privatización, la desregulación estatal de la economía y la desintermediación financiera, lo que unido a la globalización de los flujos de capital y monetarios producto de la supremacía del capital financiero sobre el productivo, cierran el cuadro por el cual entre otros múltiples factores, los Estados latinoamericanos han ido perdiendo soberanía económica, y con ello, instrumentos de conducción efectiva de las economías, generándose un estado creciente de polarización de los ingresos y desempleo y pobreza estructurales de dramáticas dimensiones.

Los modelos económicos aplicados mayoritariamente en América Latina han producido un giro en los referentes de acumulación hacia el sector externo y en nombre de la llamada "modernización" se aplican criterios de desenfrenado aperturismo bajo el argumento de que la mayor liberalización compulsa a niveles crecientes de competitividad, sin reconocer el papel que en este contexto juega la evidente incapacidad demostrada para generar valor agregado con mayor componente tecnológico que, es el elemento principal que marca la dinámica del mercado mundial contemporáneo.

Para América Latina, la eliminación de los aranceles como instrumentos de política económica circunscribe a la política cambiaria y en particular al manejo del tipo de cambio el principal elemento compensador de los abatares del mercado mundial. Se ignora de hecho las funciones de medir la economía, inherentes a esa categoría económica, subestimando los efectos que producen en el desarrollo económico diferencias substanciales entre el tipo de cambio real y el nominal.

El tipo de cambio real mide la capacidad adquisitiva de la moneda y por lo tanto es termómetro de productividad comparada con sus contrapartes fundamentales. El tipo de cambio nominal está sometido a los avatares del mercado y de los diseñadores de política que utilizan esta categoría económica como instrumento de estimulación para determinados fines según sean los objetivos generales de la política económica. Ello hace que su apreciación o depreciación también esté sometida a la voluntad y conveniencia de los grupos financieros fundamentales del país. Por otra parte la dolarización que padece la economía latinoamericana inhibe las funciones dinerarias de la moneda nacional y la capacidad conductual de su política monetaria.

Una política exportadora basada en el abaratamiento de la moneda y no en los parámetros contemporáneos de los mercados dinámicos o una política captadora de recursos a partir de la elevación indiscriminada de las tasas de interés y no por la solidez de su economía, constituyen instrumentos que están condenados al fracaso porque no basan su perspectiva en la creación de riqueza, sino en la obtención de ganancias (2). Es extrapolar mecanismos cortoplacistas de una deficiente conducción microeconómica a la conducción macroeconómica, con las consecuencias que ello conlleva para cualquier país.

Y es que los modelos económicos latinoamericanos no parten de un proyecto de desarrollo nacional que otorgue al mercado interno el verdadero papel que le correspondería, tanto por la sociedad que ampara como por el poder que emergería de una verdadera integración nacional.

La Cuenca del Caribe. Su Historia y posición reclama algunas reflexiones específicas

La Cuenca del Caribe es un entorno internacional heterogéneo, con dimensiones de profundas diferencias, con raíces etno-históricas diferentes, con características e intereses políticos generales similares pero no congruentes, carentes de interdependencia, y cuya historia ha estado marcada por las conveniencias o inconveniencias de los centros hegemónicos de poder fundamentales.

Estados Unidos considera a la Cuenca del Caribe su traspatio natural entendiéndose por ello su área de influencia en la que tiene, bajo su peculiar concepto de juridiccionalidad el "derecho" a intervenir . El auto-otorgado "destino manifiesto", enraizado en su concepción hegemónica en el hemisferio, con toda su intensidad desde hace siglo y medio, se mantiene inalterable en su percepción del papel a jugar en las relaciones interamericanas contemporaneas, aunque bajo nuevas modalidades. La historia de intervenciones militares en el continente lo hace evidente.

Así, como dijera Andres Serbin, las consecuencias de la Guerra fria, la consolidación de la Revolución cubana y su alineación al entonces existente campo socialista; la descolonización del Caribe no hispánico y el desencadenamiento de la crisis centroamericana dieron lugar en términos geo-estratégicos a una marcada relevancia de la Cuenca del Caribe en la política exterior norteamericana en la década de los 70 y 80. Ello llevó a la puesta en práctica en enero de 1984, de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe como forma de rediseñar el sistema de relaciones imperante en el subcontinente.

Sin embargo los cambios en esos contextos han determinado una pérdida de su relevancia estratégica tradicionalmente asociada con la guerra fría y estan siendo reemplazados por temas de diferente alcance estratégico global: narcotráfico, flujos migratorios y amenazas ambientales.

Quiere ello decir que, en consecuencia con las tendencias mundiales descritas, se va expresando un marcado desinterés de Estados Unidos en sus vínculos económicos tradicionales de carácter preferencial. La eventual desaparición de los márgenes de preferencialidad que disfrutan la mayoría de los países en la Cuenca del Caribe amenazan la supervivencia de un grupo de Estados predominantemente vulnerables y de economías frágiles, altamente dependiente de sus vínculos externos.

No obstante Estados Unidos sigue considerando al Caribe su área de influencia y por lo tanto los pasos que realiza no son ignorados por éste. La gran dependencia de Estados Unidos que afrontan los paises que afloran a la Cuenca del Caribe y que tiene una expresión múltiple, económica, militar, convierten a este país en un actor presente en la realidad económica de la Cuenca del Caribe, incluso con una fuerza renovada en los últimos años a partir de las propias necesidades de los Estados Unidos, afectados por su relación-competencia con los países europeos y asiáticos, pero con diferencias sustanciales según los países. No estamos hablando, sin embargo, de una relación interdependiente sino dependiente. O sea, en una relación de subordinación.

Si bien los gobiernos de la mayoría de los países de la Cuenca del Caribe comprenden la necesidad de reconformar una agenda regional, y reconocen la importancia que en ese entorno tiene la consolidación de los vínculos económicos recíprocos, no se aprecia una voluntad de erigirse en espacio económico propio sino en prepararse para subsumirse en una supuesta y esperada integración hemisférica. Y esa agenda regional hoy tiene como soporte un complicado entramado de acuerdos bilaterales y multilaterales institucionales pero una casi inexistente relación económica salvo el caso de los países Centroamericanos cuyos vínculos económicos reales son significativos en el contexto sub-regional.

El CARICOM después de 20 años de constituido, y adoptada una Unión Aduanera alcanza un comercio recíproco del 10,2 %. El llamado Grupo de los Tres es, en la práctica un acuerdo marco tripartito que se refleja despues bilateralmente, pero con una desproporcionada composición del comercio recíproco, determinado por la influencia de terceros en sus proyecciones principales.

Las relaciones de México con el Caribe insular estan determinadas por otras dinámicas: La firma del NAFTA ha desbalanceado el acceso a los mercados y capitales estadounidense y la terciarización dependiente que han producido las economías Caribeñas no han encontrado referentes importantes de complementación en México salvo en dos o tres países.

Ese gran entramado institucional de acuerdos demorará en poder impulsar un marco de acciones concretas que incremente el nivel de intercambio. Sin embargo se despliega un creciente proceso de consulta política y diplomática en la búsqueda de estabilidad de la región y tratando de consolidar alianzas y vínculos regionales frente a las transformaciones hemisféricas y globales. Es en ese contexto que se crea la Asociación de Estados del Caribe en Julio de 1994 y que se encuentra aun en fase de organización de su aparato secretarial, definiciones presupuestarias, etc. La recién celebrada Cumbre de agosto de 1995 dedicada al Comercio, Turismo y Transportes, constituye un primer paso en la dirección de impulsar una nueva relación de intercambio al interior de la Cuenca del Caribe. Los hechos dirán la última palabra.

Por otra parte, la recién concluida ronda de negociaciones, efectuada por Centroamérica, incluido Belice y Panamá con México y el establecimiento del Foro Mesoamericano es un punto a considerar. Comoquiera que sólo está aún en el plano de las intenciones y no se convertirá en realidad hasta que la práctica lo demuestre, la forma en que esta prevista la aplicación de los acuerdos "Tuxtla Gutierrez II" pudieran propiciar una relación conocida como "ejes y rayos" de México hacia Centroamérica y otros países que facilite la articulación de esas economias con los capitales norteamericanos presentes en la economía mexicana. Por otra parte, este posible pero aún cuestionado escenario podría también servir para crear mejores condiciones de expansión al capital mexicano que no tenga condiciones competitivas en el norte, o que vaya siendo desplazado internamente por la recomposición de los espacios económicos internos del país.

La ampliación de los acuerdos fraccionados entre grupos de países dentro de la Asociación de Estados del Caribe, lo que hace en complejizar aun más la ya ardua labor que espera a ese incipiente mecanismo de cooperación si pretende comenzar un proceso de armonización de los acuerdos pre-existentes.

Hay que resaltar, sin embargo que los conductores de estos procesos no ocultan su intención de verse subsumidos en la llamada integración hemisférica. Aunque se declaró en Miami y se refirmó en Denver que ese proceso se iría produciendo cohesionando los esquemas sub-regionales existentes, comoquiera que Estados Unidos sigue siendo un jugador internacional de primera línea, sólo irá articulando países al NAFTA en la medida en que sean funcionales a sus necesidades domésticas y de supremacía hegemónica. No olvidemos que la elegibilidad es una prerrogativa unilateral de los Estados Unidos.

La lista más clara y reciente de condiciones de elegibilidad, que según el Gobierno de los Estados Unidos debe cumplir un país de la Cuenca del Caribe antes de entrar en una negociación de un acuerdo recíproco con los Estados Unidos, está contenida en las estipulaciones de la sección 202 de H:R: 553, todas referidas a las condicionantes marcadas en la OMC o en los TLC, sin embargo añade, entre otras: --Proveer un acceso a su mercado "justo y equitativo" a las exportaciones de los Estados Unidos, además de revestir interés económico para los Estados Unidos; Estar de acuerdo en que el compromiso de integración estará basado en la reciprocidad, sin expectativas de tratamiento "especial y diferencial" por su menor grado de desarrollo" (3).

Tal y como hasta ahora están definidas las cosas, no se trata de una integración hemisférica. Antes bien sería una absorción por Estados Unidos de las economías latinoamericanas sin tener que pagar el costo de las sociedades. Como hace siglo y medio Estados Unidos no desea absorber nuevos territorios sino que resulten manejables como "posesiones". Adquiere las capacidades productivas y de servicios instaladas, abaratadas por la depreciación de las monedas, y el costo social lo asumen los gobiernos que han perdido soberanía y capacidad de actuación, pero pueden cumplir las funciones que le asigna el capital.

La llamada integración hemisférica constituye una versión actualizada de la Enmienda Platt, (4) denunciada abrumadoramente por la práctica económica de los propios Estados Unidos y sometida a los avatares de la política doméstica norteamericana que se litigia entre conservadores y demócratas en el mapa político del país. Hay una continuidad histórica en los objetivos de la política hemisférica de Estados Unidos, al propio tiempo que en su actuación, el capital norteamericano modifica sus mecanismos e instrumentos acorde con los requerimientos del patrón de acumulación contemporáneo.

Los programas continentales desplegados por Estados Unidos, sólo han dejado como resultado más dependencia. Un ejemplo de ello es que la Iniciativa para la Cuenca del Caribe provocó que por cada dólar exportado por el Caribe al mundo, se le compraran a Estados Unidos el 75 %.

El nuevo diseño hemisférico del capital y en este continente del capital norteamericano no le resulta funcional la preferencialidad sino la reciprocidad, en lugar de la protección, la liberalización y en nombre de la competitividad, se propugna la desregulación. El peligro de fraccionamiento nacional y regional es cada vez más evidente.

Hoy no se trata de la integración para el Desarrollo, no se trata del ideario integracionista de nuestros próceres. Sin embargo el dilema está en que, por una parte, ningún país puede enfrentar un programa nacional de desarrollo de forma aislada en las condiciones actuales de acumulación y por otra parte, defender a ultranza los esquemas actuales, a partir de que podría suponer defender un marco institucional que permita enmarcar la acción irrestricta del capital en cierto contexto ordenador resulta cuestionable porque los esquemas de integración han sido remodelados algunos y estructurados otros con mecanismos funcionales al modelo neoliberal de acumulación.

EL MARCO INSTITUCIONAL

Al margen de las divergencias que en el orden conceptual existen alrededor de la categoría "integración", hoy bajo ese rubro se hace necesario analizar una doble dinámica: la acción institucional que se estructura en los esquemas gubernamentales constituidos y la acción práctica de los capitales en el proceso de privatizaciones, fusiones y adquisiciones y que en ausencia de un programa de verdadero desarrollo nacional producen, en la mayoría de los casos, una amplia concentración de los capitales y una articulación dependiente y desnacionalizada.

Comoquiera que es prolija la información disponible sobre el estado de los esquemas de integración existentes, es necesario apuntar solamente que en 1995, los esquemas de mayor comercio intraregional fueron el MCCA y el MERCOSUR, y alcanzaron solo el 24,1% y 22.0% en relación a su comercio total, respectivamente, la Comunidad Andina alcanzó el 11,7 % y el CARICOM el 10,2 %.y el conjunto de la región alcanzó apenas el 19,2 % (5). Vale destacar que estos esquemas han arribado ya a operar con un Arancel Externo Común, lo que supondrá un incremento de sus vínculos comerciales, sin embargo, aunque el MCCA tiene vigente el AEC desde mediados de 1993, sólo ha incrementado su comercio intraregional en 2 % de esa fecha a la actualidad.

Es por ello que, problemas de carácter estructural en el funcionamiento de estas economías pueden estar impidiendo en algunos casos y condicionando en otros los resultados prácticos de los esquemas de integración actualmente vigentes.

En múltiples ocasiones se ha argumentado que la homogeneización de las políticas económicas de los países latinoamericanos propende y es a su vez garantía del éxito del proceso integracionista. Aunque existen líneas generales comunes en el diseño económico latinoamericano, realmente no hay un modelo de aplicación homogéneo, y sí se aprecian diferencias substanciales en distintos componentes de los procesos de reforma, tanto por su intensidad, profundidad y frecuencia como por sus características técnicas (6). No obstante, se desconoce el hecho de que incluso políticas similares aplicadas a realidades concretas diferentes, ofrecen resultados contrapuestos y en ocasiones contradictorios.

Esta realidad también provoca que en su desarrollo económico, los países participantes de un mismo esquema integracionista presentan importantes divergencias y asincronías en el comportamiento de sus ciclos económicos que producen desencuentros entre las políticas concretas y que resultan diferencias relevantes para la relación costos/beneficios de los procesos de integración.

No se trata sólo de la heterogeneidad múltiple que se presenta entre los países miembros de los esquemas de integración, referidos a dimensiones, interdependencias, carácter competitivo y no complementario de sus producciones, etc. (7). Estas divergencias presentan correlaciones de poder, por lo tanto influirían en las relaciones de costo/beneficios entre los miembros de los esquemas pero no tendrían que limitar el incremento del intercambio recíproco.

Se trata de que los ciclos productivos, y las manifestaciones estructurales y funcionales de esos ciclos, tales como el comportamiento de la tasa de inflación, nivel de déficits públicos, estructura de las balanzas de pagos y la evolución del tipo de cambio nominal de las monedas de los países participantes entre otros son distintos y, en consecuencia, las políticas que están obligados a aplicar los gobiernos tienen que ser substancialmente diferentes, afectando las relaciones entre las partes.

La evolución del PBI, entre 1989 y 1995, de países miembros de distintos esquemas integracionistas, presentan comportamientos extremadamente asimétricos y asincrónicos de sus tasas anuales de variación.

El caso del Grupo de los Tres que tiene firmado un Tratado de Libre Comercio es, tal vez, de los más evidentes. Mientras Venezuela pasó de -7.8 %, en 1989 a 6,8 % en 1990, continuando con un comportamiento completamente errático, provocado por la crisis que atraviesa esa economía, México presentaba su propio comportamiento de crisis, pero en años contrapuestos. Colombia ha presentado el comportamiento más estable. En esas condiciones, comoquiera que las crisis financieras que padecen tienen naturaleza y raíces distintas, las vías de salida no son coincidentes por lo que el conjunto de políticas económicas que deberá aplicar cada uno de ellos resultarán contrapuestas y afectarán las relaciones de intercambio del conjunto de los tres países. Los datos demuestran que la firma del Tratado de Libre Comercio cuando menos no ha sido suficiente para obtener resultados relevantes en el comportamiento de los flujos comerciales de estos países.

En el caso que nos ocupa, y para los años 93 y 94, Colombia presenta un saldo deficitario en sus relaciones recíprocas con estos países, lo que resulta lógico puesto que el Bolivar y el Peso Mexicano han tenido un nivel de depreciación mucho más alto que el Colombiano, y ello produce una propensión a la exportación y una contracción de las importaciones al estar encarecidas en su expresión en monedas nacionales devaluadas.

Aunque con niveles diferentes de dispersión, se puede apreciar semejante grados de asincronía en los restantes grupos de integración existentes. Obviamente la circunstancia de crisis por la que han atravesado dos de los tres países del G-3 incluyen elementos de significación en este análisis que reclaman consideraciones en extenso, y también cada uno de los restantes esquemas integracionistas, presentan características causales específicas que reclaman su tratamiento individual. El objetivo que se persigue ahora es la identificación del hecho como similitud, y objeto necesario de análisis en cualquier labor prospectiva al respecto.

Haciendo un análisis comparativo de los indicadores seleccionados en los esquemas que de una u otra forma afloran a la Cuenca del Caribe, se aprecian importantes diferencias en el Grupo de los 3. Mientras México tiene una inflación del 48 %, Venezuela tiene un 52.9 % y Colombia un 20 %. Mientras Colombia produjo una devaluación de su moneda del orden del 18,7 %, Venezuela y México produjeron profundas depreciaciones de sus signos monetarios del orden de 42,4 % y 126,8 % respectivamente. Este provocó que el saldo comercial regional fuera favorable a Venezuela y México y significativamente deficitario para Colombia.

En el caso del CARICOM, las diferencias son significativas, particularmente en los casos de Guyana, Jamaica, Suriname y Trinidad y Tobago. Mientras Guyana tiene un déficit fiscal de 22 % del PBI, Barbados, Bahamas y Trinidad oscilan entre 1 y 3 %. Mientras Jamaica tiene un Indice de Precios al Consumidor promedio 92-94 del 34,3 % y Suriname el 71,1 %, Barbados tiene el 0,6 % Belice el 2.0 %. Niveles altos de inflación plantean una disyuntiva inmediata entre el control de la inflación y el crecimiento del PBI. El control de la inflación y del desequilibrio fiscal casi siempre compele a políticas contractivas, mientras que los países que no tienen esos problemas difícilmente puedan someterse a esos requerimientos en virtud de sus relaciones recíprocas.

Existen otros indicadores de comparabilidad que, dada las características especificas del continente, resultan relevantes para el análisis de la posibilidad de su convergencia económica (8). El promedio de 3 años de la tasa pasiva de interés real de Guyana fue de 23,6 % mientras que la de Jamaica fue de -4 %. La relación de las reservas internacionales entre importaciones, medidas en términos de cobertura de meses de importación fue para Guyana de 6,4 y para Jamaica de 1,4. Resulta obvio que las medidas de política doméstica no pueden tener las mismas prioridades.

Aunque con menores niveles de dispersión, al menos aparente, el esquema centroamericano de integración no está exento de este comportamiento. Honduras presenta diferencias substanciales tanto en el comportamiento inflacionario como de variación del tipo de cambio nominal, así como el saldo de cuenta corriente de la Balanza de Pagos como proporción del PIB. Habría que destacar, sin embargo que es, de todos los esquemas integracionistas, el que menos disgregación tiene en sus indicadores macroeconómicos analizados, lo que resulta significativo si apreciamos que Centroamérica es de hecho el que más relación de intercambio comercial recíproco tiene y que ha producido un importante nivel de elaboración de políticas conjuntas.

No se trata sin embargo de un fenómeno instrumental de las economías, incluso no se resuelve con intentos de la llamada "armonización de las políticas". Es un problema de naturaleza estructural, donde el nivel de apertura de las economías de nuestro continente unido a la ausencia de verdaderos proyectos nacionales, entre otras causas hayan motivado que las políticas no se diseñan con carácter preventivo, sino que se están adoptando a partir del estallido de las crisis o en evitación de su explosión pero luego de ser engendradas.

Resulta evidente que "el desarrollo del modo de producción capitalista no es lineal, sino que, a lo largo del mismo se producen periodos de crisis y de auge que tienen por misión corregir los desajustes que lleva implícito su propio funcionamiento" (9).

No obstante, en el caso de la América Latina, ese comportamiento esta influido por las condicionantes de que su crecimiento económico no ha estado sustentado por un desarrollo, tanto de investigación como innovación tecnológica endogeno. Su ahorro interno es débil, y depende de la afluencia de capital foráneo, de importaciones crecientes para sustentar sus exportaciones. Por lo que sus periodos de recuperación y auge, están sometidos a avatares no siempre administrables por sus políticas y si dependiente de las decisiones de política de sus suministradores de tecnología y capital.

Esa ausencia de convergencia provoca que la relación costo /beneficio sea asimétrica y variable, lo que pudiera explicar que por mucha "voluntad institucional" que expresen los gobiernos, los actores empresariales fundamentales no respondan inclinando sus preferencias.

Un elemento de importancia se refiere a la utilización de las tasas de interés como mecanismo de atracción de recursos. El comportamiento de las tasas de interés real tanto de captación como de colocación no sólo resulta contraproducente por su efecto en la generación de Producto Interno Bruto. Se esta generando una nueva espiral de endeudamiento interna y externa, y ante la ineficacia de los flujos financieros de corto plazo para enfrentar fenómenos estructurales, el déficit fiscal pudiera ser compensado con emisión monetaria lo que llevaría de nuevo a la espiral inflacionaria. A ello puede contribuir la devaluación sistemática de la moneda en tanto se utiliza el tipo de cambio como mecanismo de competitividad en detrimento de su función como medidor de la economía.

De tal suerte, siendo las políticas monetarias parte esencial de los instrumentos de control y conducción de la economía, en su aplicación presenta resultados contradictorios. Los requerimientos contrapuestos del crecimiento y el control de la inflación en el diseño de las políticas económicas han estado presente. En consecuencia, el auge de crecimiento del continente se ha ralentizado, y tiende a presentar una nueva fase de precrisis.

Y es que aún existiendo niveles de intercambio relativamente altos como es el caso de Centroamérica, el diseño de las políticas económicas está principalmente determinado por el impacto que tiene en los países el peso relativo de sus vínculos con la economía norteamericana. Tanto por su cercanía como por el nivel de dependencia que han consagrado los esquemas preferenciales que existen entre los países de la Cuenca del Caribe y Estados Unidos y Canadá, el manejo instrumental y el diseño mismo de las políticas económicas latinoamericanas tiene como prioridad las necesidades derivadas de sus vínculos con Estados Unidos.

En ninguno de los esquemas integracionistas que afloran a la Cuenca del Caribe existe al menos un pais que sirva de polo de atracción en si mismo. El papel que a esos efectos hubiera podido jugar México quedó transformado por su reconversión hacia la economía norteamericana que se consolidó y ha acrecentado con el NAFTA. Cifras recientes del Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática de México indican que entre enero y marzo del presente año, Estados Unidos y Canadá recibieron el 85,9 % de las exportaciones y suministraron el 77,6 % de las importaciones de este país, sin embargo aunque tiene firmado acuerdos de libre comercio con Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile y Venezuela, en el primer trimestre de 1996, colocó en América Latina menos del 8 % de sus exportaciones totales y sólo adquirió en la región el 5 % de sus importaciones (10).

Estos son elementos que no pueden evadirse cuando se trata de medir la eficiencia de los proyectos de integración. Los esfuerzos integracionistas del continente, el andamiaje institucional establecido, la larga lista de declaraciones anunciando una voluntad política de integrarse no se ha visto compensada suficientemente por los volátiles niveles de crecimiento del comercio recíproco.

Y es que la integración económica nunca ha sido pero mucho menos en las condiciones actuales de inserción externa un fenómeno esencialmente comercial. La participación en el mercado mundial contemporáneo y más bien el posicionamiento de rubros dinámicos de exportación en determinados mercados no puede ser lograda sin determinadas condiciones económicas internas, que atañen a todo su funcionamiento estructural, incluso en los vínculos intraregionales.

Esta nueva percepción de la integración ha estado presente en la reformulación que se ha producido en los 90 en los esquemas de integración del continente. Sin embargo, siguiendo la normatividad general del NAFTA, algunos actores pretenden que la estructura conceptual y técnica de los Tratados de Libre Comercio pudieran devenir ejes articuladores de las relaciones económicas recíprocas, con lo cual se estarían estableciendo condicionantes internas y externas y no sólo comerciales. Particular fuerza tienen en esa dirección las normas de origen y la cláusula de trato nacional.

Estos constituyen las bases sobre las que se han reformulados los viejos esquemas y surgidos los nuevos mecanismos integracionistas y que lo que buscan es, consolidar y comprometer un sistema de relaciones determinado. Sistema de relaciones que, comoquiera que se basa en la reciprocidad y no en la cooperación estará signado por las relaciones de poder que se ejercen en el mercado y se proyectan como sello distintivo de las relaciones contemporáneas. Estas relaciones de poder que subyacen en los mecanismos integracionistas contemporáneos pudieran ser refractadas en los ámbitos políticos y militares, si las articulaciones económicas así lo justificaran o demandaran. La historia de América es prolija en ejemplos.

Las asimetrías que existen entre los firmantes de los tratados al interior del hemisferio están enmarcadas en esos contextos, sean estos de Estados Unidos con México como los de México con Centroamérica y aunque en diferente magnitud los de Venezuela y Colombia con el Caribe, porque el reflejo esencial otorgado de tratamiento asimétrico esta dado por los ritmos de desmantelamiento de cualquier rasgo de protección y la búsqueda de mayores niveles de desregulación pero no de subsanación por diversas vías de las diferencias estructurales que son insoslayables en cualquier intento de integración económica vista desde la perspectiva del desarrollo.

Quiere ello decir que los casos en que existen vínculos amplios lo que se busca es consolidar ese sistema de relaciones dependientes. En los casos en que los vínculos deberán incrementarse bajo esos criterios, se comprometerán las relaciones a partir de un sistema que no reconoce realmente y en toda su magnitud, las asimetrías existentes.

LA INTEGRACION VERTICAL

Según Ramiro Guerra (11): "...se ha abierto un nuevo ciclo de expansión económica y de conquista de mercados, que es de la mayor importancia. Hay una necesidad de Tratados Comerciales ventajosos tan intensa como la hubo hace algunos años de concesiones de canales y de Enmiendas Platt. Los "Guantánamos" económicos y las "Zonas del canal" mercantiles son de tanta urgencia, en estos tiempos de depresión y desempleo en los Estados Unidos, como lo fueron las posiciones estratégicas y las vías interoceánicas en otras épocas".

Hoy se está produciendo una yuxtaposición entre los procesos de integración constituidos institucionalmente como esquemas subregionales a partir de los acuerdos de complementación económica, las desgravaciones arancelarias recíprocas y las Uniones Aduaneras constituidas y los procesos que en la práctica se producen como "integración vertical" que en realidad es una integración de capitales o la articulación de ciertos sectores productivos latinoamericanos con los capitales nortemericanos o europeos en su expansión y que estan produciendo una nueva noción de espacio económico. Esta yuxtaposición pretende ser convergente pero aún no lo ha demostrado por sus múltiples dinámicas contradictorias

Como señalara Alberto Arroyo (12). "La inversión extranjera es un complemento necesario, por lo que el problema no debe plantearse como sí o no a la inversión extranjera. El problema es en que condiciones de acuerdo puede jugar un papel en la dinámica del desarrollo nacional, Cómo orientarla según las prioridades nacionales para un desarrollo sustentable, democrático, equilibrado, generador de empleo, distributivo del ingreso y que tienda a disminuir la dependencia tecnológica.

Pero la integración económica supone alcanzar un nivel de interdependencia determinado y su diseño por tanto tiene que ser básicamente funcional al modelo económico que se aplique. En nombre de la integración, concepto identificado con sentido positivo en el discurso de las más variadas corrientes ideológicas, se pueden estar produciendo procesos que no siempre tienen que ser confluyentes con los intereses de los Estados Nación y en particular de las sociedades.

Y es que generalmente se mide la integración por las intervinculaciones comerciales pero no se registra cuál es el vínculo de las fusiones y adquisiciones transnacionales con los mecanismos integracionistas y sus resultados.

Una euforia extraordinaria y desproporcionada tiene lugar en determinados círculos latinoamericanos por lo que se ha dado en llamar el "retorno de América Latina a los mercados de capital"·. Según el Informe de 1995 de la CEPAL: La inversión extranjera en América Latina y el Caribe, señala que "esta masiva entrada de recursos externos ha significado la desaparición de la restricción financiera externa que la región enfrentó durante el decenio de los años 80 y la reversión de las transferencias netas al exterior que caracterizaron la década pasada." Sin embargo del propio informe se evidencia que el 95 % y el 92,5 % de las emisiones internacionales de bonos de los año 93 y 94 se concentraron en 4 paises. Por otra parte, el 94,7 % de las emisiones internacionales de acciones se concentraron en 4 paises tambien. 3 de ellos son los mismos en las dos listas. México, Argentina y Brasil.

De los 100 proyectos de inversión más importantes en el continente en 1993, 86 se concentraron en 5 países (13).

Quiere decir que los flujos de capital no estan llegando a todos los paises y sí se estan concentrando en los llamados "emergentes". Hay una ausencia significativa de la llamada Cuenca del Caribe y más aguda aún, del Caribe Insular.

Pero la concentración no es sólo en el número o en paises determinados que son los de mejores condiciones. Tambien la concentracion es sectorial. De los mismos 100 proyectos de inversion, 60 estan concetrados en 5 sectores. a saber, telecomunicaciones, minería, petroleo y gas, automotriz y electricidad. Otros datos reflejan una clara terciarización de los flujos financieros y una marcada tendencia a la privatización y desregulación cada vez mayor del sector bancario.

Otro rasgo relevante es la ampliación de capitales pero dentro de una misma rama. Las nuevas corrientes de los procesos de privatización permiten apreciar en su estructura sectorial cierta tendencia a la especialización y al control monopólico sobre determinadas ramas.

Un ejemplo fehaciente esta en el proceso de expansión vía privatizaciones que tiene lugar en la industria de bebidas y licores latinoamericano por la Coca Cola, y la Pepsi, buscando no sólo más ventas sino mejorar los niveles de rentabilidad. O la propia expansión del grupo CEMEX. Lorenzo H. Zambrano, ejecutivo principal del cuarto complejo cementero del orbe, opina que el mundo estará dominado por cuatro o cinco grandes actores, en lugar de decenas de propiedad familiar dispersas en cada país. Bajo estos criterios este consorcio esta en un proceso de ampliar sus propiedades que ya incluye posiciones en Panamá, y Trinidad y Tobago, y hasta recibir la presión norteamericana por la Helms Burtom, pretendía extenderse hasta incluir la cementera cubana.

En 1993, el 52 % de las 100 empresas más grandes de América Latina estaban concentradas en los sectores Petroleo, Automotriz, Telecomunicaciones Electricidad, Comercio y alimentación, y su estructura de propiedad era como sigue:
 

Sector Estatal  Privado Local Privado Extranjero
Petroleo  8 3 6
Automotriz
-
3 10
Telecomunicaciones 2 2 3
Electricidad 7 - -
Comercio  1 6 2
Alimentación - 5 4

Vale destacar no obstante que las empresas privadas locales son en muchos casos Joint Ventures con control nacional del paquete accionario, pero no deja de estar presente el capital extranjero y que en los procesos de fusiones y adquisiciones recientes se aprecia una inclinación marcada en algunos países a privatizar el servicio eléctrico.

Es interesante detenernos en algunos de los razonamientos de los llamados "depredadores". Un estudio publicado en América Economía de Mayo de 1995, señala elementos muy interesantes al respecto: los inversionistas buscan empresas dentro de su propio sector, especialmente para entrar a un nuevo mercado o para favorecer una integración vertical; se aseguran financiamiento a un costo razonable; están dispuestos a soportar un entorno recesivo durante algún tiempo, esperando con paciencia la llegada de mejores tiempos, pero neutralizan la posibilidad de expansión de otro grupo o el surgimiento de nuevos competidores. Y qué tipo de presas buscan: Compañías con participación en el mercado y canales de distribución; empresas que tengan un alto endeudamiento, lo que las hace más vulnerables, pero que dispongan de potencial de mercado, idealmente del sector bienes de consumo masivo o exportadores.

Resulta obvio que también se está produciendo en algunos países importantes la privatización de puertos, ferrocarriles y aerolíneas para asegurar los componentes totales de los procesos productivos y comercializadores. Este nuevo estadio de la transnacionalización de los procesos productivos que es uno de los rasgos más sobresalientes de la globalización está en la base de la pérdida de la soberanía y la independencia de los países subdesarrollados.

Otro ejemplo elocuente del nuevo contexto es la expansión de las Zonas Francas Industriales para la exportación que, según estudios realizados, por investigadores caribeños incorporan muy poco valor agregado a la planta industrial latinoamericana.

Esta integración "vertical" no se basa siquiera en la reciprocidad. En nombre de la modernidad y de la competitividad "Es una guerra de todos contra todos", como señalara Andrés Olivos, Gerente Financiero de Andina. En ese contexto se reconoce como natural y propicio que "la productividad crece " gracias a la eficiencia que traen los despidos" (14). Obviamente no crece la productividad.

La propia desregulación de los flujos de capital propicia el mayor descontrol y en ocasiones siquiera el registro de los movimientos de capital en algunos países. Estamos hablando de un fenómeno de magnitudes tales como que los gobiernos no pueden controlar en qué medida la capacidad de desinversión de los flujos contemporáneos puede impactar la Tasa de Acumulación.

Los resultados excluyentes de estos procesos constituyen causa real de los alarmantes niveles de pobreza frente a los cuales los propios funcionarios del Banco Mundial se plantean un programa de atención que logre contener la explosión social que representaría el traspaso de los niveles de sobrevivencia. No puede ignorarse que esta atención tiene un carácter asistencial, lo menos costosa posible y sin pretender enfocarlas desde el punto de vista de una solución estructural.

En que punto pudieran confluir ambos procesos de integración, o sea, el "institucional" y el "vertical". Los Tratados de Libre Comercio como nuevos ejes articuladores de los procesos de integración, pueden ser más funcionales al movimiento de capitales o a la integración vertical que a la integración o interdependencia de las naciones como conjuntos sociales. El crecimiento del comercio intrafirma e intraindustrial así lo verifica.

El rediseño que ha tenido lugar en los esquemas de integracion, con el objetivo de hacerlos mas viables, no ha cambiado la naturaleza esencialmente comercial de su espectro. La corriente de inversión intraregional sigue siendo abrumadoramente minoritaria y aunque ascendente no tiene un fuerza aún que haga variar los patrones de conducción macroeconómica profundamente subordinada al capital norteamericano. El otorgarle al actor empresario un papel relevante en el diseño de los nuevos esquemas no tiene obligatoriamente que significar mayor integración y en ausencia de un proyecto nacional de desarrollo, lo que pudiera es contribuir a una mayor transnacionalización.

Desde la perspectiva del capital el reacomodo operacional que se esta produciendo es el funcional a la vocación universal de ingobernabilidad del capital.

No obstante, desde una perspectiva de desarrollo y ante el hecho de que la globalización de la economía tiene un carácter objetivo, una interrogante válida tal vez sería cuáles son las condiciones mínimas requeridas para alcanzar objetivos de desarrollo económico nacional y participar en el mercado mundial contemporáneo.

A decir del Profesor Jaime Estay, "La globalización económica trae aparejado requerimientos de competitividad, pero en esa dinámica está presente la relación competencia - competitividad - productividad, versus equidad - cohesión social. Pero la globalización no es un fenómeno que llegue de forma estructurada y aunque existen márgenes de limitación de actuación, existe la posibilidad y debería contruirse la posibilidad de que las políticas nacionales erijan estrategias frente a la globalización. Ello resulta indispensable porque su no enfrentamiento atraviesa la vigencia del Estado Nación" (15).

El acercamiento a un diseño económico alternativo en las actuales circunstancias es de alta complejidad pero resulta inevitable. Sin embargo, para que sea realmente alternativo tiene que partir de que el eje o centro del modelo de desarrollo sea la sociedad y no el capital. La alternativa al Estado Neoliberal tiene que ser una alternativa democrática, con una economía también democrática.

El diseño alternativo tampoco puede ser visto como países aislados, por lo que diseñar un modelo de integración funcional a las condiciones alternativas, no podría ser visto sólo como un problema de inserción externa, sino la búsqueda de complementariedades activas de producción - comercialización con niveles de competitividad que permitan niveles aceptables de posicionamientos en los mercados.

Ese proceso de integración debería por tanto contemplar una agenda tal que mantenga la equidad y la justicia social como objetivos en sí mismos.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


Si querés opinar o consultarme, escribime a: luisdallanegra@gmail.com

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©  Tania, García Lorenzo, La Integración en la Cuenca del Caribe: Institucionalidad y Realidad, http://luisdallanegra.bravehost.com/integra/cuencari.htm Año 1996.

(1) Investigadora C.E.A. 12.7.1996. El trabajo que se expone forma parte de la fase inicial y preliminar de la investigación en curso referida a la "Los mecanismos institucionales de la integración y el comportamiento de los ciclos económicos de los países miembros".
(2) Diferenciación de conceptos desarrollada en Wim Dierckxsens, "De la globalización a la Peristroika Occidental". Ed. Dpto. Ecuménico de Investigaciones, San José, Costa Rica, 1994.
(3) Cfr. LC/MEX/L.295. "El Grado de Preparación de los Países Pequeños para participar en el ALCA". CEPAL, Mexico.
(4) Maestro John Saxe-Fernández, Seminario Teoría del Desarrollo, Instituto de investigaciones Económicas UNAM. México. 
(5) Balance Preliminar de CEPAL, 1995. Naciones Unidas, pág. 35.
(6) Osvaldo Rosales, CEPAL Chile, Intervención en el Seminario Internacional "América Latina y Cuba ante la Economía Internacional Contemporanea". 9-11 Julio 1996.
(7) Un análisis de ese carácter sobre la Asociación de Estados del Caribe puede verse en "La AEC: Potencialidades y Desafios". Tania García, Cuadernos de Nuestra América. No. 22, La Habana, Cuba.
(8) En el análisis realizado hasta el momento acerca del comportamiento asimétrico de las economías incorporadas a los esquemas integracionistas se contemplan 40 indicadores. Este análisis forma parte de la investigación en curso ya señalada.
(9) Jesús albarracin, La Economia de Mercado, Editorial Trotta, Madrid.1994.
(10) Fuente Mexico IPS. 17 Julio 1996.
(11) Ramiro Guerra, La Expansión Territorial de los Estados Unidos, pág.466. 1934.
(12) Profesor-Investigador de la UAM-I. Artículo "Inversión Extranjera sin proyecto nacional" en el libro "El Tratado de Libre Comercio. Texto y Contexto. UAM-Iztapalapa.1994. 261 pp.
(13) Revista América-Economía. Edicion Anual 1994/1995.
(14) Ricardo Zisis, Editor. América Economía. Edicion Anual 1995/1996.
(15) Dr. Jaime Estay, Intervención en el Seminario "América Latina y Cuba ante la Economía Internacional Contemporanea". 9-11 julio de 1996.