LA CUMBRE DE LAS AMERICAS Y SU IMPACTO EN EL PROCESO DE FORMACION DE LA ASOCIACION DE ESTADOS DEL CARIBE

NOTAS PRELIMINARES

©  Tania García Lorenzo (1)
Introducción

Con interpretaciones disímiles, la integración económica es un concepto que se encuentra hoy en discursos políticos y en los análisis académicos de las más diversas tendencias. También sucede que bajo el concepto de integración se identifican diferentes procesos: desde una simple operación de comercio corriente hasta la búsqueda de espacios económicos de mayor dimensión.

Sin embargo, en cualquier caso la integración es un proceso complementario, y funcional a las estrategias y "modelos" de desarrollo. Los esquemas de integración que se adoptan actúan como mecanismo de consolidación del tipo de relaciones económicas que se establezcan entre los países participantes. Por ello, el nivel de interdependencia o dependencia que pueda alcanzar estará determinado por las relaciones de poder y subordinación existente entre las partes participantes en la relación integracionista.

El 11 de diciembre de 1994 -durante la Cumbre de las Américas- treinta y cuatro Jefes de Estado y Gobierno del continente americano se comprometieron en crear, a más tardar en el año 2005, un "mercado común de Alaska a la Tierra del Fuego".

Resulta obvio que la formación de tal mercado será un largo y complejo proceso para el cual no todos los países implicados tienen el mismo nivel de preparación, ni siquiera las mismas motivaciones, ni los mismos intereses.

Evaluar este fenómeno desde los mecanismos estructurales que le sirven de punto de partida y sientan las pautas de su evolución, e intentar un ejercicio de predicción de cuáles pudieran ser algunos posibles escenarios del futuro es un reto de envergadura. Las reflexiones que a continuación se exponen están motivadas por ese objetivo.

LAS NUEVAS BASES DE LAS RELACIONES ECONOMICAS INTERNACIONALES.

Los cambios ocurridos en el sistema de funcionamiento del capital a escala nacional e internacional, deben ser el punto inicial de referencia para cualquier evaluación sobre el tópico que nos ocupa.

La forma en que el cambio tecnológico ha impactado la organización de los procesos productivos en sus distintos factores; la creciente interpenetración de las economías nacionales; la nueva estructura y forma de funcionamiento de los mercados financieros y la conformación de mega-mercados entre los países de mayor nivel de desarrollo, son algunas de las características que tipifican el entorno internacional en que se insertan los esfuerzos por lograr una integración económica. En este los distintos actores buscan niveles de competitividad internacionalmente aceptables para las nuevas exigencias del mercado.

La renovada vocación universal del capital logra sus requerimientos de expansión bajo los conceptos de la llamada "liberalización comercial". Esta expresa una filosofía de pretendida acción irrestricta del mercado. El llamado "Libre Comercio", formalmente significa una disminución de las barreras arancelarias, limitaciones de cualquier tipo a las corrientes de capital- sean cuales sean las modalidades- eliminación de cualquier forma de protección. Todo esto, de hecho, impacta el diseño de las políticas económicas domésticas de los países y provoca una subordinación a los requerimientos internacionales adoptados, muchas veces no coincidentes con las necesidades de las sociedades latinoamericanas y caribeñas (2).

Así lo demuestran los resultados de la Ronda Uruguay del GATT, donde se perfilaron los criterios rectores del funcionamiento económico internacional de los próximos años .

Todo esto tiene particular relevancia en la distribución de los costos y beneficios del proceso integracionista. La liberalización comercial implica menos restricciones al comercio internacional y por ello estimula las exportaciones, pero tiene costos para los países que la ponen en práctica porque reduce o elimina los aranceles a las importaciones. Esto, además de reducir sus ingresos fiscales, eleva el nivel de exposición de los productores nacionales. Si los grados de competitividad son muy dispares, se generará mayor propensión a la importación en aquellas economías que tengan menos capacidad de autosostenimiento. América Latina, que en los últimos años ha reducido de forma abrupta y unilateral el instrumental arancelario, presenta un creciente desbalance de bienes que en el caso de la Gran Cuenca del Caribe excede los 20 mil millones de dólares anuales (3).

Para los países de América Latina, y en especial para los de la Gran Cuenca del Caribe (4), la aplicación de las políticas que se desarrollan bajo el concepto de "liberalización" tiene connotaciones dramáticas. Ha significado la transformación de las bases sobre los que se sustentaban los procesos de desarrollo económico y las formas de funcionamiento del capital a escala nacional.

Si en la década de los setenta, frente a sus insuficiencias para autosustentar con ahorro interno sus programas de desarrollo, las naciones de América Latina y el Caribe acudieron a las fuentes de crédito como "colchón" para lograr un crecimiento, la crisis de la deuda provocó una recomposición estructural de los flujos de capital cuyas reglas de operación y alta volatilidad trastornaron el conjunto de las políticas económicas.

La década perdida primero, y el vía crucis de los programas de ajuste estructural después, dejaron como resultado el desplazamiento de América Latina y el Caribe de las corrientes mundiales de comercio y de flujos de capital. Además, incrementaron la marginalización de grandes masas de la población. Esta situación no ha sido superada. El espejismo de recuperación económica, que reflejan las dispares cifras macro-económicas alcanzadas en los primeros años de este decenio no puede ocultar la incertidumbre que rodea el comportamiento económico de la región. La falta de solución a los problemas estructurales de la economía confieren alta volatilidad al crecimiento alcanzado. Tampoco supera la profunda polarización de la distribución del ingreso.

La existencia de una liberalización y desregulación cada vez mayor de las relaciones internacionales (en ocasiones manejadas unilateralmente por algunas potencias mundiales), se acompaña con la existencia de megabloques. En el caso del continente americano estas tendencias se han puesto de manifiesto en la puesta en práctica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus iniciales en inglés). Se evidencian también en la intención de algunos sectores de las clases dominantes en los Estados Unidos de, con la anuencia de la mayoría de los gobiernos del continente, articular un área de libre comercio e inversiones que le permita consolidar su hegemonía sobre la región.

Este será un proceso complejo. No solo por los retos de orden técnico y los provenientes de la diversidad de intereses económicos de los distintos países, sino porque en el interior de los propios Estados Unidos se manifiestan tendencias encontradas entre los grupos de poder que tienen percepciones diferentes sobre los derroteros que debiera seguir la política norteamericana. Ejemplo de esos debates ya se han visto reflejados en el proceso de aprobación del NAFTA, GATT, la llamada Ley de Paridad e incluso para atender las medidas de emergencia ante la crisis mexicana.

DIFERENCIAS SUSTANCIALES EN LA IMPORTANCIA DE AMERICA LATINA PARA LOS ESTADOS UNIDOS Y DE ESTADOS UNIDOS PARA AMERICA LATINA.

La Iniciativa de las Américas como marco general y la posible extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte constituyen la base a partir de la cual los Estados Unidos pretende subordinar, en forma selectiva y gradual, a los países del continente que poseen mayores potencialidades y niveles de competitividad. Ello forma parte de su esquema geopolítico y geoeconómico de actuación en su dinámica de relación-competencia con los megabloques europeos y asiáticos.

La Cumbre de las Américas no es más que un momento en el cumplimiento de esa estrategia.

Según el SELA, los tres propósitos prioritarios para los Estados Unidos son: "primero: asegurar la consolidación de los procesos de apertura comercial y reforma económica en la región. Segundo: mantener un ritmo rápido de crecimiento de las exportaciones norteamericanas a estos mercados y tercero: promover la armonización de políticas en un número de campos que trascienden la protección en frontera o el ámbito comercial en un sentido estricto" (5).

Vale destacar, sin embargo, que la política económica norteamericana en su aplicación resulta incoherente. Mientras los Estados Unidos proclama en la Declaración de la Cumbre de Miami "que una clave para la prosperidad es el comercio sin barreras, sin subsidios, sin prácticas desleales y con un creciente flujo de inversiones productivas", su ejecutoria económica es básicamente contraria a estos postulados.

La evolución del coeficiente de cobertura de las medidas no arancelarias aplicadas por EUA a las exportaciones latinoamericanas no es consecuente con esos postulados (6); los flujos de capital hacia América Latina son fundamentalmente en cartera y de corto plazo. Son capitales básicamente especulativos que se mueven en función de las expectativas económicas generales y teniendo en cuenta los diferenciales de las tasas de interés existentes entre los Estados Unidos y América Latina y el Caribe, así como otros mercados financieros internacionales.

Ello quiere decir que los postulados preconizados en la Cumbre , estarán condicionados fundamentalmente por los intereses domésticos del capital norteamericano. La práctica de su política económica indica que la liberalización se impulsa como criterio válido solo en la medida y ocasión que sirva a los intereses de sus actores domésticos.

Mucho más porque a pesar de que los Estados Unidos proclama una vocación panamericanista, su comercio exterior se concentra en un 60 % en los países integrantes de la OCDE y solo el 15 % se realiza con América Latina. Dentro del continente, más del 50 % se concentra en México.

De otra parte más del 70 % de la Inversión Extranjera Directa (IED) de los Estados Unidos se destina a Europa, Japón y Canadá, mientras que la IED acumulada por EEUU en América Latina, en 1991, alcanzaba sólo el 11 % del total, por demás concentrada en cinco países. Las cifras son elocuentes. EUA no tiene una práctica económica equilibrada e integral para todo el continente y sí selectiva en la región.

Comoquiera que desde el punto de vista geopolítico y de seguridad y a pesar del fin de la guerra fría y el bipolarismo, la región continúa manteniendo determinados intereses para los Estados Unidos, pudiera interpretarse que existe incompatibilidad entre ambos componentes de la política norteamericana.

Sin embargo, los países que serían considerados como elegibles para incorporarse a los acuerdos de libre comercio estarían compelidos, como requisito previo, a producir una radical arancelización de su política comercial y a un proceso de desgravación sustancial de los aranceles, más allá del que ya han ido realizando de forma unilateral para hacerse elegibles.

Ello se traduce en una radical desprotección de los sectores productivos nacionales y, consecuentemente, eleva su exposición en mercados que reclaman altos niveles de competitividad. El nivel de preparación para enfrentar ese reto es en general muy pobre y además dispar. El problema mayor es que Estados Unidos se abroga el derecho de decidir unilateralmente quiénes serán los "elegibles". No hay ningún mecanismo ni continental ni hemisférico que se le contraponga.

Mientras que para los Estados Unidos, América Latina representa solo el 15% de su Comercio Exterior, para América Latina y en especial para los países que afloran al Mar Caribe, los Estados Unidos representa cifras del orden del 70%, 50%, 40%, según el caso (7).

Mientras los Estados Unidos destina sólo el 11% de su flujo de inversión extranjera directa a la América Latina, esos mismos montos significan la fuente fundamental de inversión extranjera directa para esta área (8). La deuda externa es parte de esta relación de dependencia, en tanto los acreedores fundamentales de América Latina son precisamente los bancos norteamericanos. Del mismo modo que son los capitales privados estadounidenses los principales participantes en los flujos de capital de corto plazo que hoy tipifican las fuentes de financiamiento.

Aunque los Estados Unidos es contraparte principal en todos los casos, el nivel de dependencia de los Estados Unidos no es similar en toda la región latinoamericana y caribeña. Sin embargo, su presencia en la estructura de las relaciones internacionales de los países de la Gran Cuenca del Caribe es abrumadora.

Esta histórica dependencia, recrudecida en los últimos años, ha provocado que los rasgos principales del diseño de política económica de los gobiernos de América Latina hayan respondido a las necesidades de la economía norteamericana y no a los requerimientos del comportamiento económico latinoamericano. Quiere decir que América Latina aplica los criterios de liberalización o proteccionismo, política exportadora o de sustitución de importaciones, no en función de sus necesidades estructurales sino respondiendo a la lógica que impone la dinámica del comportamiento económico de los Estados Unidos.

La aplicación de una política tanto proteccionista como liberalizadora responde a objetivos definidos, pero también supone condiciones determinadas fuera de las cuales no es posible alcanzar los objetivos esperados de desarrollo. Una de las razones del permanente fracaso de los modelos de desarrollo aplicados pudiera identificarse precisamente con la incongruencia entre los modelos aplicados y las necesidades y condiciones de las economías latinoamericanas.

Una reflexión aparte reclama la jerarquización que la Declaración y el Programa de Acción de la Cumbre otorgan a la búsqueda de un fortalecimiento de los mercados de capital así como a su apertura, transparencia e integración. A ello se añade el "compromiso de crear mecanismos sólidos que promuevan y protejan el flujo de inversiones productivas en el Hemisferio".

Luego de la crisis de la deuda externa, -en que los bancos fundamentales establecieron provisiones para cubrir el financiamiento de sus cuentas incobrables, limpiando sus carteras-, las fuentes crediticias sufrieron una contracción sin precedentes.

La década de los noventa ha comenzado con una significativa transformación de los montos y estructura de los flujos netos de capital que se reciben en el continente. La inversión en cartera adquiere niveles sin precedentes.

Son flujos de financiamiento especulativos y consecuentemente volátiles que se capitalizan en corto plazo a inusitadas velocidades a costa de desbalancear la cuenta de capital de la Balanza de Pagos.

Según el informe trimestral de octubre de 1994 de "Analistas Financieros Internacionales", Madrid, España, los flujos en Cartera se han multiplicado mientras tienen un comportamiento contractivo los flujos crediticios y un comportamiento intermedio los flujos de inversión directa (9). Este hecho económico contrasta con que las bolsas de valores existentes en el continente, salvo el caso chileno, no capitalizan montos que representen una parte importante del PIB. Vale resaltar que incluso México que tiene una alta monetización tanto de su economía como de su política económica, alcanza solo el 16%. Solamente con fines de comparación se destaca que en los Estados Unidos y Canadá, la proporción de capitalización del Mercado de Valores como proporción del PIB es de 50% (10).

Está por demostrarse que el crecimiento económico de América Latina y el Caribe pueda ser sustentado con flujos de corto plazo. No puede olvidarse que "la nueva afluencia de capital ha tenido una base exógena, en un ámbito de relajación coyuntural de la política monetaria en el área de la OCDE, y la consiguiente baja espectacular de las tasas de interés internacionales, especialmente las de los Estados Unidos al comienzo de los 90" (11).

Resulta significativo que la declaración de la Cumbre, aunque menciona la deuda externa, refiere su único pronunciamiento concreto a "estudiar" el fenómeno cuando, como sabemos, constituye un problema de prioridad para el continente.

Por otra parte la Declaración impulsa de hecho la apertura de la Cuenta de Capital de la Balanza de Pagos cuando existe una tendencia creciente a un enfoque más pragmático al respecto. De acuerdo con este, se aconseja cautela y gradualismo. Incluso algunos llegan hasta cuestionar seriamente la urgencia de abrir la cuenta de capital (12).

LOS ACUERDOS DE LA CUMBRE DE LAS AMERICAS Y LOS ESQUEMAS INTEGRACIONISTAS DE LA GRAN CUENCA DEL CARIBE.

Esa política económica realmente selectiva impacta significativamente los esfuerzos de cooperación y concertación subregionales que han estado llevando a cabo los países Caribeños por consolidar un sistema de relaciones que les permita alcanzar mayor poder de negociación frente a terceros.

Todos los países del área necesitan consolidar un clima de paz y estabilidad política y económica en la región. Lograr una mayor interdependencia económica pudiera ser una de las vías más duraderas en este objetivo.

Esos esfuerzos se manifiestan en el fortalecimiento que a partir de la década de los noventa han tenido los esquemas integracionistas existentes, el Mercado Común Centroamericano y el CARICOM. También en la firma del acuerdo que dio vida al llamado Grupo de los Tres: este pudiera servir para fortalecer los vínculos que ya existen entre los tres países de mayores dimensiones en la subregión: México, Venezuela y Colombia.

A ello se unen el importante entramado de acuerdos institucionales entre los países que componen el Grupo de los Tres, el Mercado Común Centroamericano y el CARICOM. La interrelación de estos tres grupos de países se ha visto formalizada por acuerdos de libre comercio o de complementación económica que pudieran producir un proceso de desgravación arancelaria y de acceso a los mercados recíprocos que podría sentar las bases para una rápida generalización del comercio en la Cuenca.

En ese contexto y con evidentes multipropósitos se produce la firma del Acta Constitutiva de la Asociación de Estados del Caribe el 24 de julio de 1994. Nació así, luego de un intenso proceso negociador, el organismo latinoamericano de consulta, concertación y cooperación de mayor cantidad de países y con una heterogénea composición económica, política y social (13).

La AEC agrupa, en calidad de miembros plenos, a los doce Estados del CARICOM, cinco de Centroamérica, los participantes en el Grupo de los Tres y cuatro Estados independientes no incorporados antes a los esquemas integracionistas conformados en estas áreas geográficas. Adicionalmente, los representantes de los territorios dependientes de Holanda, Francia e Inglaterra están en capacidad de participar en calidad de miembros asociados (14).

Según algunos estimados, la formación de la AEC posibilitaría crear un área económica entre un grupo de países que producen anualmente alrededor de 474 mil millones de U$D, sostienen un intercambio comercial superior a los 140 mil millones de U$D y contarían con un potencial mercado interno cercano a los 200 millones de consumidores(15).

En su Convenio Constitutivo, los Estados contratantes consagraron su disposición a "promover, consolidar y fortalecer el proceso de cooperación e integración regional del Caribe a fin de establecer un espacio económico ampliado que contribuirá a incrementar la competitividad en los mercados internacionales y a facilitar la participación activa y coordinada de la región en los foros multilaterales".

También menciona entre sus propósitos "fortalecer, utilizar y desarrollar las capacidades colectivas del Caribe para lograr un desarrollo sostenido en lo cultural, económico, social, científico y tecnológico; desarrollar el potencial del Mar Caribe por medio de la interacción entre los Estados miembros y con terceros". A esos fines, los gobernantes se han propuesto "promover en forma gradual y progresiva, la integración económica, incluidas la liberalización comercial, de inversiones, del transporte y de otras áreas relacionadas"; la discusión de asuntos de interés común y la formulación de instrumentos de políticas y programas para la cooperación en diversas áreas.

Esta es, evidentemente, la intención de los países. Falta su ejecución. Sin embargo existen elementos de carácter estructural que son necesario tener en cuenta cuando se pretende hacer un análisis sobre el posible comportamiento futuro de esta Asociación.

En primer lugar los países de la AEC muestran un alto grado de heterogeneidad económica. Esto se manifiesta en las significativas asimetrías que se aprecian en el grado de desarrollo industrial, estructuras económicas, dimensiones, fuentes fundamentales de ingreso, etc. Son evidentes las diferencias entre las economías de los países miembros del Grupo de los Tres, y las de las pequeñas islas del Caribe y las de estas con Centroamérica. La distribución geográfica de los macro-indicadores de los países miembros de la AEC así lo muestra. También se aprecia en el diferente nivel de dependencia que tiene el PIB de la inversión extranjera directa, lo que identifica el nivel de autonomía en el manejo de la economía.

En segundo lugar, los miembros de la AEC no presentan un nivel de intercambio que demuestre una interdependencia significativa. En 1991 estos absorbían solo el 7% de sus exportaciones totales y se autoabastecían en un 5,5%, El comercio entre los grupos de países es sumamente débil y además básicamente unidireccional. En general el grupo de los Tres abastece y el resto de los países importa. Centroamérica se ha consolidado como el segundo mercado de importancia para las exportaciones de los países centroamericanos, sólo detrás de los Estados Unidos (16), pero su relación con el Caribe es prácticamente nula.

Resulta paradójico que el grupo de países del Caribe angloparlante, bajo cuya iniciativa se llevó a cabo la constitución de la Asociación de Estados del Caribe, es el único grupo subregional de América Latina que entre 1991 y 1992 no incrementó su tasa de comercio intraregional en relación con su comercio exterior total (17).

Aunque las cifras indican que la dinámica del comercio intraregional ha crecido más que la participación de la región en el comercio mundial, la evolución hacia Uniones Aduaneras de los grupo subregionales pudiera propiciar un incremento del comercio intragrupo subregional pero no necesariamente tendría que producir un incremento del comercio intracontinental.

La inversión extranjera directa intraregional -que es uno de los instrumentos de consolidación de cualquier proceso integracionista-, aunque creciente, aún es irrelevante (18). Esto impone serias limitaciones al incremento sostenido de las relaciones intraregionales.

En tercer lugar es obligado destacar que la desemejanza de las políticas económicas es uno de los rasgos más significativos de las naciones integrantes de la AEC. Existen coincidencias en cuanto a que las estrategias adoptadas persisten en un planteo general de restricciones presupuestarias, profundización de la apertura externa, etc. Sin embargo, las disímiles necesidades e intereses que están determinadas por las diferencias en los comportamientos de los ciclos económicos así como los distintos niveles de dependencia de los Estados Unidos que muestran los países de la Gran Cuenca del Caribe marcan manejos asimétricos y no armonizados de los instrumentos de política económica, en particular de aquellos que tienen que ver con el sector externo de las economías. Tal vez valga la pena adelantar algunos ejemplos.

El Caribe asiste a un profundo cambio en su modelo de acumulación económico. De una economía de plantación (azúcar, banano) ha pasado a priorizar el sector terciario, (turismo, servicios financieros (19) así como la industria maquiladora. A nivel agropecuario pasó de productor de azúcar, café, cacao, tabaco, entre otros, a exportador de frutas y legumbres pero fuertemente atados al mercado de los Estados Unidos. Según diversos analistas, estos cambios han sido estimulados por la puesta en práctica de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe. El turismo constituye un alto porciento de sus ingresos y éste depende del comportamiento de variables exógenas, que van desde la naturaleza (huracanes) hasta el desarrollo económico de los países proveedores de los turistas que los visitan (20). Los diseños de política económica de los países caribeños no pueden ignorar estos determinantes.

Por su parte, los países miembros del Grupo de los Tres tienen, a su vez, dinámicas económicas y asimetrías de significación. Los acontecimientos ocurridos primero en Venezuela con la crisis bancaria y más recientemente en México, este último con una profusa resonancia, demuestra que pretender impulsar el crecimiento con capitales de corto plazo tiene altos riesgos y plantea requerimientos específicos en el manejo de sus instrumentos de política.

Las políticas económicas aplicadas en los países que han sufrido y sufren estos descalabros varían substancialmente de las que necesitan aplicar el resto de los países.

Un escenario de análisis del futuro de la integración de América Latina no puede descartar la posibilidad de que el último de los mecanismos integracionistas subregionales creados no pueda resistir las tensiones y eventuales secuelas que generará esta crisis o quede paralizado y no continúe el impetuoso programa de acciones económicas decisivas hasta que no exista una cierta recuperación de estos acontecimientos.

El comportamiento de las tasas de inflación en la Gran Cuenca del Caribe, aunque en todos los casos es declinante, tiene diferencias significativas y la actitud frente a ellas también es distinta según el país.

Los sistemas de tipos de cambio de los países integrantes de la AEC están atados al comportamiento del dólar de los Estados Unidos o tienen establecido un sistema de flotación independiente, que tiene por referente fundamental al U$D. No puede olvidarse que los intercambios comerciales intraregionales se realizan básicamente en U$D u otra moneda libremente convertible. Después de más de 20 años de esfuerzos integracionistas y a pesar de existir las disposiciones legales e institucionales que lo amparan no existe un mercado relevante de monedas latinoamericanas.

Ello quiere decir que los factores que determinarán el curso de sus políticas tienen profundos desencuentros. Estos son provocados, por una parte, a causa de la insuficiente relevancia en los intercambios intraregionales. Por la otra, su nivel de dependencia de los Estados Unidos limita la posibilidad de producir una verdadera armonización de las políticas económicas. Esto último, como se conoce, constituye un requisito insoslayable para llegar a considerar cualquier esquema integracionista como "un espacio económico real".

Lo anterior nos lleva a pensar que los mayores retos para la consolidación de la AEC provienen de los vínculos de sus miembros con Estados Unidos. Su dependencia del mercado norteamericano convierten a este país en un actor insoslayable del esquema integracionista. En cualquier caso los derroteros de su política impactarán en una medida u otra el avance de sus gestiones.

Ello significa que, aunque el intercambio entre los miembros de la AEC pueda ser creciente, mientras no sea importante en relación con sus vínculos totales, estará condicionado a los intereses que se deriven de sus vínculos con los Estados Unidos y de su prioridad por incorporarse a una zona de libre comercio con este país.

Sin embargo, este es un proceso complejo. Todos los actores nacionales no tienen un comportamiento homogéneo. A decir de John Saxe Fernández, "las relaciones de poder implican la operación de al menos dos partes de una relación de poder que requiere de la consideración de las capacidades tanto del "centro" como de los países del Tercer Mundo....Una nación subordinada nunca es un ente absolutamente controlado y pasivo, siempre existe el potencial para la resistencia y la reacción en cualquier relación" (21).

Como en toda correlación de fuerzas, existen intereses que a partir de estas realidades pretenden consagrar las relaciones de dependencia y subordinación a los Estados Unidos. Ello produciría una desnacionalización de la producción manufacturera e industrial de los países de la región.

Pero existen otros actores que, seguros de que esta relación de dependencia consagraría al Caribe a una marginación de los flujos productivos contemporáneos, buscan el fortalecimiento de los vínculos con el resto de los países de la subregión. Ello, al menos teóricamente, contribuiría a elevar su potencial productivo y negociador.

EL IMPACTO DE LA POLITICA NORTEAMERICANA TAMBIEN SE APRECIA EN LA DINAMICA DE RELACIONES INTERNAS DE LOS PAISES DE LA SUBREGION

Como se conoce, el primer paso concreto de la Iniciativa para las Américas fue el establecimiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ello, de hecho, gravitó tanto en las dinámicas internas de algunos países como en las relaciones de la subregión.

México tiene una significación política y estratégica para los Estados Unidos, en tanto país limítrofe de gran magnitud, e influyente fuerza económica y política dentro del continente, y al propio tiempo su relación económica lo sitúa en el segundo lugar como socio comercial de los Estados Unidos, desplazando de ese puesto a Japón.

Por su parte la importancia de la Cuenca del Caribe para Estados Unidos ha tenido generalmente un carácter geopolítico más que económico. Con el fin de la Guerra Fría la importancia geo-estratégica del Caribe en el juego de prioridades de los Estados Unidos, aunque no ha sido eliminada sí quedó "devaluada".

La prioridad que otorga el texto del TLC a las relaciones con México, en la práctica produce un desgaste de las ventajas aseguradas a los países del Caribe anglófono y a los centroamericanos bajo el esquema de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe .

Los debates alrededor de la llamada Ley de Paridad que homologue las condiciones de acceso a los mercados norteamericanos de los caribeños y mexicanos es parte de ese juego de intereses. La reacción de la Administración de los Estados Unidos de solo apoyar la aprobación de una Ley al respecto siempre y cuando le otorgue capacidad de discriminación y no tenga un carácter automático, pone al descubierto la verdadera naturaleza de la llamada "estrategia hemisférica": La selectividad y esta, a su vez, estará condicionada a la anuencia y eficacia de estos países en la introducción de reformas estructurales acorde con los intereses norteamericanos.

ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

Está por probarse que los procesos integracionistas entre países que tienen significativas asimetrías generen relaciones de real interdependencia y no relaciones de dependencia y subordinación económica. Los ejes articuladores que se basen en estricta reciprocidad resultan altamente peligrosos para los participantes porque las asimetrías estructurales reclaman un tratamiento asimétrico proporcional a las diferencias existentes.

Los recientes acontecimientos en México y aún antes en Venezuela deben llamarnos a la reflexión.

En el caso mexicano, se manifestó lo que ocurre en la mayoría de los acontecimientos macroeconómicos y en especial en los financieros. No existe una causa única, sino la confluencia de diversos factores. La perspectiva de la incapacidad de hacer frente a las obligaciones hizo estallar la crisis. La falta de confianza fue el factor detonante y ese es el ingrediente mayor de la volatilidad, pero las causas estructurales son diversas

Los déficits comerciales, un comportamiento de las tasas de interés sumamente altas para impulsar la captación de capitales, el descanso excesivo de las perspectivas económicas en las afluencias de capitales de muy corto plazo, las carteras vencidas en montos que excedían la capacidad de pago, el sostenimiento de un peso sobrevaluado que estimuló el incremento de las importaciones, la prolongada inestabilidad política y la desconfianza en el comportamiento estable de la economía mexicana, entre otros elementos, pudieron ser algunos de los factores que empujaron al desplome ocurrido.

Estos acontecimientos ocurrieron a un año de la firma del NAFTA. Habría que evaluar si los requerimientos del acuerdo sometieron a la economía mexicana a un nivel de tensión no sostenible para sus condiciones reales. Tal vez al margen de las exigencias del acuerdo, la política económica desplegada por el Gobierno no contempló las compensaciones requeridas para el elevado nivel de exposición al que estaba sometido.

Los procesos de integración económica que se generan con la aplicación de un tratado de libre comercio de la magnitud del NAFTA no generan competitividad sino que imponen retos de competitividad a los actores participantes. Un acuerdo de tal significación entre economías tan dispares son apreciados, preferentemente, por sus aspectos positivos y minimizadas las tensiones a las que se ven sometidas esas economías. Las consecuencias pueden ser fatalmente impredecibles.

Las medidas aplicadas como solución de la crisis hacen emerger a México mucho más dependiente.

La internacionalización de los mercados financieros otorga características particulares al movimiento económico internacional actual. Como mismo la hegemonía de la libra esterlina respondió en el siglo XIX a la hegemonía inglesa, la hegemonía del U$D en el hemisferio representa, pero también sostiene, la hegemonía de los Estados Unidos. El predominio de una moneda es causa y consecuencia de superioridad económica de su emisor, porque puede controlar mediante su manejo el comportamiento futuro de los mercados que se transan en esa moneda.

"Las formas de regulación de la moneda y del sistema financiero no es neutra en términos económicos y políticos; ella ofrece posibilidades distintas de beneficios y grados diferentes de poder a distintos grupos sociales. El control de la moneda es un instrumento de poder porque a través de ella se puede condicionar las acciones sociales; naturalmente al igual que las bayonetas la moneda no se puede utilizar para todo, pero quienes se sientan sobre ella disponen de una capacidad mayor que otros en el sistema social. Ese poder es estructural en el sentido de que una vez creado, condiciona con su presencia la gama de decisiones posibles de los agentes económicos; es, además, coyuntural cuando las medidas en torno a la moneda provocan resultados y reacciones esperados o esperables" (22).

La integración (o interconexión) de los mercados financieros también provoca que, de la misma manera que se produce la afluencia de los capitales en rápida respuesta a los diferenciales de las tasas de interés y de los tipos de cambio, se lleve a cabo una desinversión buscando seguridad en sus resultados. Esto, que es una posibilidad en el mercado que entra en crisis, se traslada con la misma fuerza a otras plazas que a juicio de los operadores puedan entender que tienen una situación parecida. La credibilidad es uno de los pilares sobre los que se sustenta el mercado de capitales de corto plazo y si esa pérdida de credibilidad se refiere a los llamados mercados emergentes, la reacción es de protección inmediata.

Aunque no constituye objeto de análisis en este trabajo, no debemos dejar de mencionar que, como sucediera en los ochenta con la crisis de insolvencia, las crisis financieras ocurridas en México y Venezuela y que pudieran estallar en otros países son la punta visible del iceberg de las deformaciones estructurales que introdujeron los procesos de ajuste estructural en América Latina. Hasta ahora sus secuelas han sido mayor fragilidad de sus economías, mayor endeudamiento y mayor dependencia. Sus costos son hasta el presente incalculables en términos monetarios y de concesiones políticas.

Tal vez en esta ocasión se esté cometiendo el mismo error. A problemas estructurales no se le puede aplicar medidas de corte coyuntural. El costo puede ser alto. Mayor dependencia y mayor marginalidad.

Tal vez todo esto pueda hacer contribuciones aleccionadoras para el debate continental acerca de la dicotomía existente entre la integración hemisférica y la integración continental y sobre la efectividad del eje articulador de los esquemas integracionistas. Los tratados de libre comercio son mecanismos que reconocen el grado de interacción entre las economías que lo firman y elimina los obstáculos a la dinámica de esa tendencia, pero no resuelve sus insuficiencias.

Los conceptos definidos en la Cumbre de las Américas han sido puestos en evidencia por los acontecimientos mexicanos. El análisis de las causas de esta crisis resultará esencial para el proceso negociador que se supone se efectúe en los años 95 y 96.

Urge una fuerte posición cohesionada de los países latinoamericanos participantes. Eso solo se logrará si las contrapartes tienen identificados y materializados sólidos vínculos en sus intereses recíprocos que avale y sustente una fuerte voluntad política conjunta frente a la contraparte. La Gran Cuenca del Caribe tiene la necesidad de generar una posición alternativa que permita realizar las potencialidades de esa subregión. Las posibilidades dependerán de la capacidad que demuestren los gobiernos latinoamericanos.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


Si querés opinar o consultarme, escribime a: luisdallanegra@gmail.com

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©  Tania, García Lorenzo, La Cumbre de las Américas y su Impacto en la Asociación de Estados del Caribe,
http://luisdallanegra.bravehost.com/integra/cuamcari.htm Año 1995.


(1) Investigadora C.E.A. Criterios presentados al Taller "Cumbre de Estudios sobre Las Américas y el Caribe". CELAC 22 al 24.2.95. Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela.
(2) Pedro Monreal, Investigador Titular del Centro de Estudios sobre América. libro "Cuba y las Américas". CEA, nov., 1994.
(3) Balance Preliminar de la Economía Latinoamericana de 1994. CEPAL.
(4) Como definición operacional llamaremos Caribe a las Islas del Mar Caribe más Belice, Guyana, Cayena y Suriname; Como Cuenca del Caribe: al Caribe más los países integrantes de Centroamérica y a la Gran Cuenca del Caribe: a los de este último grupo más los participantes en el llamado Grupo de los Tres.
(5) Estados Unidos y el proceso de liberalización comercial e integración regional en el hemisferio occidental. Un marco de análisis y algunas cuestiones de política. Documento de trabajo de la "Reunión ALADI/CEPAL/SELA de Responsables Gubernamentales de Política Comercial de América Latina y el Caribe." Quito, Ecuador, 10 y 11 de octubre de 1994.
(6) Jaime Estay, Prof. Titular de la Univ. Autónoma de Puebla, México. "La Integración Economica Americana: Encuadre General, Balance y Situación Actual". cuadro estadístico.
(7) Cálculos realizados sobre la base del DOTS. Dic. 1993.
(8) Entre el 75% y 80% de los flujos de IED que entran en América Latina, provienen de los Estados Unidos. Fte. Cálculos efectuados por la autora a partir del Directorio de IED. CEPAL.1993.
(9) Con todos los peligros que esto trae aparejado en el orden de la conducción y estabilidad económica de los países, gobiernos latinoamericanos han sustentado sus estrategias de desarrollo en los flujos de corto plazo y estimulado su sustancial incremento a partir de los diferenciales de tasas de interés con los Estados Unidos. 
(10) Un interesante análisis de este tema se puede encontrar en María Guadalupe Acevedo López, "Mercado de Valores. Una institución que mundializa a las economías latinoamericanas". CELA, UNAM, México y Eugenia Correa en "Los mercados financieros y la crisis en América Latina", , IIE de la UNAM. México.
(11) Robert Devlin, Ricardo Ffrench-Davis y Stephany Griffith-Jones "Repunte de los Flujos de capital y el desarrollo: implicaciones para las políticas economicas".
(12) Idem.
(13) Tania García Lorenzo, "La Asociación de Estados del Caribe. Potencialidades y Desafíos. Cuadernos de Nuestra América. No.22, Dic. 1994.
(14) Los países del CARICOM participantes son Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, St.Kitts & Navis, St. Lucìa, St. Vincent, Trinidad y Tobago. Los participantes de Centroamérica son Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, y Panamá. Los participantes del Grupo de los Tres son México, Venezuela y Colombia. Los cuatro estados independientes no incorporados anteriormente a algún esquema integracionista son Cuba, Rep. Dominicana, Haití y Suriname. Los territorios dependientes de Estados Unidos (Puerto Rico e Islas Vírgenes) no participan por expresa auto-exclusión.
(15) Fuente. Cálculos efectuados a partir de estimaciones de CIECA con información del BID, BDC, CEPAL (Puerto España) y C/LAA Edition.
(16) Centroamérica: Evolución de la Integración Económica durante 1993.CEPAL. 3.8.1994.
(17) "Sólo en el caso de los miembros de la CARICOM se observan tasas similares de crecimiento de las exportaciones intraregionales y extraregionales en 1991 y 1992." El Regionalismo abierto en América Latina y el Caribe: La integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad. CEPAL 13.1.94.
(18) Datos calculados a partir del Directorio sobre Inversión Extranjera en América Latina y el Caribe 1993: Marco Legal e Información Estadística. CEPAL.
(19) Hago la distinción de que se trata de servicios financieros porque los países del Caribe no son una potencia financiera por si mismos y mucho menos sus monedas tienen un alto reclamo internacional sino que facilitan sus territorios como centro de movimientos de capital internacional (off-shore) lo que les brinda altos dividendos por lo lucrativo de esa actividad financiera.
(20) Un interesante análisis puede encontrarse en Pablo A. Mariñez, "Procesos de Integración e identidad cultural en el Caribe". CELA. UNAM INTAL Dic. 1992. 
(21) John Saxe-Fernández. La globalización: Aspectos geoeconómicos y geopolíticos. Ponencia presentada al evento regional Globalización, Integración y Derechos Humanos en el Caribe.Octubre.1994, La Habana, Cuba.
(22) Jorge Schvarzer, "América Latina frente al cambiante sistema internacional: mutaciones, problemas y tendencias." Ponencia presentada al XIX Congreso latinoamericano de Sociología. ALAS Caracas, Venezuela, 30.5.93.