LA ASOCIACION DE ESTADOS DEL CARIBE: POTENCIALIDADES Y DESAFIOS
©  Tania García Lorenzo*


El 24 de Julio de 1994, los Jefes de Estado y/o representantes de 24 países de la Gran Cuenca del Caribe firmaron el Convenio Constitutivo de la Asociación de Estados del Caribe (AEC). Nació así, luego de un intenso proceso negociador el organismo latinoamericano de consulta, concertación y cooperación de mayor cantidad de países y con una heterogénea composición económica, política y social.

La AEC agrupa, en calidad de miembros plenos, a los doce Estados del CARICOM (Mercado Común del Caribe, por sus siglas en inglés), cinco de Centroamérica, los participantes en el Grupo de los Tres y cuatro Estados independientes no incorporados a los esquemas integracionistas previamente conformados de estas áreas geográficas. Adicionalmente están en capacidad de participar en calidad de miembros asociados los representantes de los territorios dependientes de Holanda, Francia e Inglaterra (1).

Según algunos estimados, la formación de la AEC posibilitaría crear un área económica que produce anualmente alrededor de 474 mil millones de dólares, sostiene un intercambio comercial superior a los 140 mil millones de dólares y contaría con un potencial mercado interno cercano a los 200 millones de consumidores (2).

En su Convenio Constitutivo, los Estados contratantes consagraron su disposición a "promover, consolidar y fortalecer el proceso de cooperación e integración regional del Caribe a fin de establecer un espacio económico ampliado que contribuirá a incrementar la competitividad en los mercados internacionales y a facilitar la participación activa y coordinada de la región en los foros multilaterales", y señala entre sus propósitos "fortalecer, utilizar y desarrollar las capacidades colectivas del Caribe para lograr un desarrollo sostenido en lo cultural, económico, social, científico y tecnológico; desarrollar el potencial del Mar Caribe por medio de la interacción entre los Estados miembros y con terceros, a esos fines, los gobernantes se han propuesto promover en forma gradual y progresiva, la integración económica, incluidas la liberalización comercial, de inversiones, del transporte y de otras áreas relacionadas; la discusión de asuntos de interés común y la formulación de instrumentos de políticas y programas para la cooperación en diversas áreas.

El surgimiento de esta institución latinoamericana se produce en un entorno complejo por las cambiantes tendencias mundiales y las transformaciones que han tenido lugar en las políticas económicas que se aplican en el continente, que han atravesado también los esquemas integracionistas y de cooperación latinoamericanos.

El presente trabajo se propone comentar el entorno internacional en que se produce su surgimiento, reflexionar sobre sus potencialidades y someter a análisis algunos de sus desafíos. Los requerimientos de la participación de Cuba se incluirán solo en forma resumida en tanto será abordado en trabajo independiente que se encuentra en fase de elaboración.

EL ENTORNO INTERNACIONAL DE LA AEC

La internacionalización de las economías y la globalización de los mercados, unido a la formación de mega-bloques económico-comerciales que producen procesos de concentración y centralización del comercio, los capitales, la tecnología y las inversiones plantean un serio desafío a las naciones del mundo subdesarrollado. Para estos la subordinación de sus economías a las principales potencias o su marginalización del mercado mundial se presentan, de hecho, como una disyuntiva.

Las políticas económicas que se aplican en la actualidad y que se expresan en diferentes medidas en los procesos de ajuste estructural y de estabilización de corte neoliberal que han tenido lugar en el continente, tienen como sello distintivo la privatización y la desregulación estatal del funcionamiento de la economía. Consecuente con ello se produce una disminución del papel del Estado y una participación cualitativamente superior del empresariado privado como actor fundamental en la economía. En este contexto, la liberalización del comercio y las inversiones es la lógica que se impone en las relaciones económicas internacionales y también en los distintos esquemas integracionistas.

Los recientes resultados de la Ronda Uruguay del GATT reflejan ampliamente estas concepciones. La arancelización de la política comercial, la condena generalizada al subsidio como forma de protección financiera, así como cualquier otra forma de protección aún en los casos de los países subdesarrollados, los acuerdos relativos a la propiedad intelectual que impactan severamente la transferencia de tecnología y el acceso a los adelantos ocurridos en el campo de la informática son muestras de las tendencias que predominan en el mercado mundial.

Lo que constituyó una batalla del mundo subdesarrollado por evitar el proteccionismo que limitaba su acceso a los mercados desarrollados, ha terminado siendo una victoria de estos últimos. La arancelización de la política comercial y la eliminación de las llamadas barreras no arancelarias al comercio sin distinción de las diferencias que existen en cuanto a capacidades técnico-productivas y recursos disponibles, exponen al mundo subdesarrollado a niveles de competitividad que no les resulta posible alcanzar.

La alta movilidad y concentración de los flujos financieros y la volatilidad que han caracterizado en los últimos diez años a los mercados monetarios, ejemplifican algunos de los rasgos distintivos de las tendencias mundiales que más han afectado a las economías de los países subdesarrollados. La ausencia de liquidez y la crisis no resuelta de la deuda externa de estos países han sido también causa directa de los resultados económicos alcanzados.

A la existencia de una liberalización cada vez mayor de las relaciones internacionales, (en ocasiones manejadas unilateralmente por algunas potencias mundiales), se añade la existencia de megabloques. En el caso de latinoamérica y el Caribe estas tendencias se evidencias en la intención de Estados Unidos de, con la anuencia de la mayoría de los gobiernos del continente, articular un área de libre comercio (ALCA) e inversiones que le permita consolidar su hegemonía sobre la región.

La Iniciativa de las Américas como marco general y la extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) constituyen la base, a partir de la cual, Estados Unidos pretende subordinar en forma selectiva y gradual a los países del continente que poseen mayores potencialidades y niveles de competitividad. Ello forma parte de su esquema geopolítico y geoeconómico en su dinámica de relación competencia con los megobloques europeo y asiático.

Los gobiernos de América Latina, por su parte, tratan de consolidar su acceso al gran mercado del Norte y asegurarse de que no recibirán un trato discriminatorio para sus potenciales exportaciones. También buscan la captación de capital extranjero que resultaría de la preferencia por invertir en un país asociado con Estados Unidos.

Hay que destacar, sin embargo, que los requisitos que demanda Estados Unidos para ser "elegible" implica, de hecho, concesiones unilaterales que en modo alguno podrían significar el derecho a reclamar el establecimiento de mecanismos compensadores a los costos del ajuste que a tales efectos deberán realizar las contrapartes latinoamericanas (3).

Arrastrados por estos desarrollos, así como por la puesta en práctica de los postulados neoliberales, la mayor parte de los países del continente se debaten en la disyuntiva de aceptar las reglas del juego planteadas por los círculos de poder norteamericanos o tratar de hacer avanzar acuerdos integracionistas más o menos autónomos que, aunque basados en los mismos parámetros, le permitan mejores términos de negociación con Estados Unidos y/o con otros actores económicos internacionales relevantes.

LA INTEGRACION ECONOMICA EN AMERICA LATINA

Desde los años 60 la integración económica del continente ha sido objeto de análisis permanente en medios políticos y académicos, en tanto ha sido siempre parte integrante del diseño de políticas para el desarrollo, cualesquiera hayan sido las bases doctrinarias que las sustentaran.

Así, al modelo de desarrollo basado en la sustitución de importaciones que buscaba viabilizar el desarrollo regional aprovechando la demanda colectiva de los grupos de países y manteniendo un alto grado de protección externa, correspondió un esquema integracionista "con sentido introspectivo" (4).

El agotamiento de ese modelo implicó la insuficiencia del esquema integracionista asociado que contribuyó escasamente a la superación de las vulnerabilidades externas de los países y en rigor no condujo a la generación de niveles de interdependencia reales entre las naciones (5). Las cifras son elocuentes. En los últimos 20 años, América Latina sólo ha logrado que el 15,3% de sus exportaciones y el 14,5 % de sus importaciones se realicen en el propio continente (6).

A ello contribuyó también de manera importante la ausencia de una corriente financiera recíproca, la cuasi inexistencia de mercados de valores y bolsas y lo que debiera constituir pasos primarios en la búsqueda de una corriente mayor de intercambio: los insuficientes mecanismos de pagos y créditos recíprocos, la no utilización de sus monedas nacionales en los intercambios y el desencuentro en las políticas financieras y cambiarias que afectaban los balances de costos/beneficio del intercambio.

La llamada década perdida de América Latina ('80s), conllevó una paralización de todos los esfuerzos integracionistas, contrario a las tesis existentes de que la integración económica era un recurso de emergencia frente a las crisis.

Los cambios ocurridos en el sistema internacional y las estrategias de desarrollo de corte neoliberal que se aplican en el continente tienen como objetivo su inserción en las corrientes de la economía mundial y, por ello, el eje del debate se mueve hacia cuáles son los medios para lograrlo y cuáles son los requerimientos y posibilidades de competitividad para alcanzarlos. Los dos caminos generalmente identificados son la inserción directa en el mercado mundial cuyo ejemplo es el esquema chileno y la búsqueda de la inserción mundial vía la integración regional.

Estas realidades han llevado a la CEPAL a replantear sus concepciones sobre la integración. El llamado "Regionalismo Abierto" pretende armonizar los conceptos de Desarrollo Productivo con Equidad planteados en años recientes con la búsqueda de una mayor inserción del continente en los mercados mundiales. A decir de la propia CEPAL: "Conciliar la interdependencia nacida de acuerdos especiales de carácter preferencial y aquella impulsada básicamente por las señales del mercado resultante de la liberalización comercial en general" (7).

El modelo de integración, funcional a la estrategia de desarrollo liberalizadora que se aplica en la mayoría de los países de América latina ha sido definida "hacia afuera". Esta redefinición ha implicado nuevos objetivos, nuevo papel en sus actores e incluso nuevos mecanismos e instrumentos en su funcionamiento. La apertura de las economías latinoamericanas y los esquemas que le son funcionales provocarán básicamente una integración de capitales descuidando evidentemente la perspectiva de la creación y fortalecimiento de los mercados nacionales y regionales.

Y es en ese entorno complejo donde se desarrolla el proceso de constitución de la Asociación de Estados del Caribe (AEC).

LA AEC: SUS POTENCIALIDADES

Un antiguo proverbio chino señala que el camino más largo comienza con el primer paso. La firma de su Acta Constitutiva constituye el primer paso para un largo y ambicioso camino por aunar voluntades políticas y económicas de naciones que, a pesar de su cercanía geográfica, su comunidad de intereses y su aproximación histórica y cultural, han vivido separadas. Especial relevancia tuvo en ello el papel desempeñado por las potencias coloniales que desde perspectivas distintas y en virtud de sus vínculos e intereses han ejercido un control sobre los destinos del área.

Todos los países de la Cuenca del Caribe necesitan consolidar un clima de paz y estabilidad política y económica en la región. Lograr una mayor interdependencia económica pudiera ser una de las vías más duraderas en este objetivo.

Si bien el curso de los esquemas integracionistas que son tomados como ejemplo, (el NAFTA, el Mercado Unico Europeo), arribaron al establecimiento del acuerdo institucional después de alcanzar un determinado nivel de interdependencia, no puede negarse el hecho de que un acuerdo de liberalización comercial y de inversiones puede propender a incrementar los intercambios entre sus miembros y a ello puede contribuir la cercanía geográfica que tienen los países que la integran. Esta subregionalización geoeconómica es una de las características básicas que poseen los nuevos esquemas integracionistas.

A partir de los años 90, se ha producido un importante entramado de acuerdos institucionales entre los países que componen el Grupo de los Tres, el Mercado Común Centroamericano y el CARICOM. La interrelación de estos tres grupos de países se ha visto formalizada por acuerdos de libre comercio que producirán un proceso de desgravación arancelaria y de acceso a los mercados recíprocos que podría permitir una rápida generalización del comercio en la Cuenca del Caribe.

El carácter multidimensional del proyecto es evidentemente otra importante ventaja. El Acta Constitutiva incorpora no sólo la dimensión económica. También abarca los problemas del medio ambiente y la protección de los recursos naturales del Mar Caribe como "Patrimonio Regional Compartido", presta especial atención al intercambio tecnológico, la Educación, el deporte, el desarrollo socio-cultural, lingüístico y los sistemas de difusión e información sobre los acontecimientos y las realidades políticas, económicas, sociales y culturales de la región en toda su complejidad (8).

La integralidad que estas dimensiones incorporan a la AEC constituye un rasgo distintivo. Ello implica traspasar de los acuerdos intergubernamentales de carácter económico a una amplia participación de otras esferas de la sociedad así como abrir espacios a los actores gubernamentales y no gubernamentales a ellas asociados.

Aunque no aparece con la misma fuerza que en otros foros, uno de los mayores beneficios potenciales de la AEC lo constituiría la posibilidad de llevar a cabo una labor de concertación de posiciones entre los gobiernos de la subregión. Ello puede resolver el divorcio histórico de ambas zonas geográficas y potencializar así la capacidad negociadora de los países en la zona. Estos representan aproximadamente el 78% del potencial de voto en cualquier foro hemisférico.

Al respecto Andrés Serbín ha señalado: "A diferencia de otras experiencias de regionalización, los procesos de latinoamérica están anclados significativamente en experiencias de concertación política previa. De hecho, la mayor parte de estos procesos está orientada por objetivos e intereses combinados, donde se articulan aspectos políticos, económicos y geopolíticos relevantes al punto de que en la mayoría de los casos, las experiencias recientes de regionalización en América Latina configuran procesos de carácter político-económico, con diferencias substanciales con respecto a otras latitudes" (9).

Las formas y experiencias de concertación previas entre algunos de sus Estados miembros hace que la AEC pudiera ser, en la práctica, el mecanismo que articule al CARICOM, al G-3, a la Comunidad Centroamericana y a los Estados no asociados a éstos. De hecho estas asociaciones previas funcionarán como espacios particulares de concertación al interior de la AEC, favoreciendo la concertación política entre sus miembros (10).

AEC: ALGUNOS DESAFIOS QUE DEBERA ENFRENTAR

Generalmente se acepta que el grado de compromiso que los países que participan en los acuerdos estén dispuestos a asumir depende, entre otros factores, del nivel de desarrollo relativo de sus economías, de su nivel de interdependencia y del grado de complementariedad entre sus estructuras económicas.

Los países de la AEC muestran un alto grado de heterogeneidad. Esto se manifiesta en el grado de desarrollo industrial, estructuras económicas, dimensiones, fuentes fundamentales de ingreso, etc. Son evidentes las diferencias entre las economías de los países miembros del Grupo de los Tres, y las de las pequeñas islas del Caribe y las de estas con Centroamérica.

Cuando evaluamos la estructura geográfica del PIB del conjunto de los países que conforman la AEC se aprecia que el 84,1 % se concentra en el Grupo de los Tres; el 10 % en las islas del Caribe anglófono e hispano parlante y sólo el 5,9 % en Centroamérica. La distribución geográfica de las exportaciones presenta, por su parte, una estructura similar y en el caso de las importaciones (aunque con diferencias menores) también la heterogeneidad está presente.

Esta heterogeneidad también se manifiesta en la significativa diferencia de los niveles de influencia del capital extranjero en el PIB en los diferentes grupos de países.

En el Grupo de los 3, por ejemplo, México tiene una creciente influencia de la Inversión Externa Directa (IED) en el PIB, lo que no es así en el caso de Colombia que ha mantenido niveles estables y relativamente bajos. Venezuela, por su parte, mantiene un ritmo de incremento sostenido pero desde niveles sumamente bajos en comparación con los restantes miembros del G-3.

En el caso de los países que hemos estudiado de Centroamérica la participación del stock de capital extranjero como porcentaje del PIB es también altamente desigual. Costa Rica presenta niveles del orden del 25 % en el quinquenio 1988-1992, mientras que El Salvador y Panamá son de menor nivel (11).

Esto tiene particular relevancia en la distribución de los costos y beneficios del proceso integracionista. La liberalización comercial implica menos restricciones y por ello estimula las exportaciones, pero tiene costos para los países porque reduce o elimina los aranceles a las importaciones y además de reducir sus ingresos fiscales, eleva el nivel de exposición de los productores nacionales. Si los grados de competitividad son muy dispares, se generará mayor propensión a la importación allí donde las economías sean menos competitivas.

Para México, por ejemplo, no significa costo alguno eliminar los aranceles en su comercio con los países de Centroamérica y Caribe. Primero porque no se abastece de esos países y, en segundo lugar, porque ya se comprometió en desgravar su comercio con EUA que representa aproximadamente el 70% de su comercio exterior. A priori un acuerdo de libre comercio al interior de la AEC sería una ganancia neta para México pero seguramente no sería igual para los países de menor nivel de desarrollo relativo, particularmente los del Caribe anglófono.

Existen acuerdos entre los países del MCCA y del G-3 que incluyen la llamada "reciprocidad asimétrica" con carácter temporal, y los acuerdos de los países del G-3 con los del CARICOM contemplan cierto trato asimétrico en su desgravación arancelaria(12). Este es el reconocimiento de la importancia que tienen las significativas diferencias entre los miembros en sus vínculos recíprocos e ignorar este hecho constituye un serio peligro de que se produzca una absorción económica y no una complementación económica entre los miembros del esquema integracionista.

Otro importante desafío es que los miembros de la AEC no presentan un nivel de intercambio comercial que demuestre una interdependencia significativa. Estos absorben sólo el 7% de sus exportaciones totales y se auto-abastecen en un 5,5 %.

El comercio recíproco de los grupos subregionales que integran la AEC es sumamente débil. El comercio del Caribe con Centro América es prácticamente nulo, mientras que el balance neto de su relación con México y Venezuela es importador y concentrado particularmente en Trinidad y Tobago, República Dominicana y Jamaica. La relación de Centro América con el G-3 es también básicamente importadora. En general México, Venezuela y Colombia son suministradores del resto de América Latina pero no se abastecen de esta región ni exportan prioritariamente a ella. Una tradicional explicación ha sido que las producciones son competitivas y no complementarias.

El viejo debate sobre la necesaria coexistencia de producciones complementarias y no competitivas en las estructuras de los fondos exportables de los países pudiera comenzar a variar. A tenor con el modelo "introspectivo" de integración, la complementariedad se convertía de hecho en un requisito de primer orden, en tanto una cierta autarquía pretendía satisfacer las mayores exigencias de la demanda con las producciones nacionales. En las condiciones actuales en que los objetivos de la integración varían, los requisitos tienden a demandar una mayor complementariedad tecnico-productiva, en tanto el objetivo prioritario es la disminución de la vulnerabilidad de su sector externo y la diversificación de las vías de ingreso de monedas internacionales para compensar las pérdidas que pudieran derivarse por los acuerdos de la Ronda Uruguay.

La falta de interdependencia también se manifiesta en otros aspectos. Al comparar la estructura geográfica de los flujos de IED se aprecia una creciente pero aún muy débil corriente de inversión intra-latinoamericana La inversión extranjera directa de América Latina en Colombia se incrementó de 7,2% a 10,8% entre 1988 y 1992, mientras que Venezuela incrementó el mismo indicador de 7,1% a 12,1% entre 1988 y 1991. En el caso de México la presencia del capital inversionista latinoamericano pasó de 4,6% a 8,5% entre 1988 y 1992 (13).

Hasta ahora, las Empresas Transnacionales norteamericanas han sido las principales gestoras de la IED que se ha colocado en la región latinoamericana, por lo tanto, buena parte de ella ha respondido a las estrategias de producción y comercialización que estas empresas suelen adoptar a nivel internacional. Incluso las relativamente escasas IED realizadas por empresas de origen latinoamericano propiamente en otros países de la región, sólo en muy limitadas ocasiones se han regido por pautas que provengan de los procesos de integración (14).

La experiencia indica que los casos de IED intra-regional más exitosos han estado concentrados en la existencia de algún importante recurso natural compartido o por el cual exista demanda en los países vecinos de manera tal que su explotación requiera entendimiento entre las partes interesadas. En muchas ocasiones los proyectos con estos fines aún no prosperan entre otras causas porque ha faltado un esfuerzo integrador tendiente a explorar los posibles objetivos, desarrollarlos sistemáticamente y buscar su financiamiento (15). La intención de la AEC de explotar los recursos de manera sostenible pudiera tal vez materializarse en áreas como energía, transportes, etc.

Tampoco en el pasado tuvieron efecto los acuerdos de integración que indujeran a incrementar la capacidad productiva. Sin embargo, la inserción en el mercado hemisférico y mundial requiere necesariamente de inversiones para poder colocar las mercancías en condiciones de competencia. Las reglas serán las que imperan. Los proveedores reclamarán compromisos de liberalización y la proscripción de restricciones para-arancelarias (16). Ello demandará por parte de los receptores una clara identificación de las estrategias nacionales.

El financiamiento al comercio resulta un punto de obligada referencia. Aunque tiene básicamente que ver con el intercambio de bienes y servicios, su verdadero desarrollo pudiera constituir un primer paso en la consolidación de mercados de capitales entre los países de la región.

La importancia que el tema financiero tiene puede ejemplificarse en dos elementos:

Los sistemas de compensación de pagos que funcionaron en el ámbito del MCCA y del CARICOM permitieron un importante ahorro de divisas mientras la coyuntura internacional fue favorable, sin embargo no resistieron los embates de la crisis de los 80 debido a que los persistentes déficits de algunos de los países agotaron su capacidad financiera (17). Cualquier intento serio de incrementar los flujos comerciales pasa por establecer un sistema de cobros y pagos que facilite las corrientes de intercambio.

El comercio intra-regional se realiza mayoritariamente en dólares de los Estados Unidos y, por lo tanto, su sistema de precios está influido por los altos grados de volatilidad de esa moneda en el mercado monetario internacional. El uso de las monedas nacionales de los países no está generalizado en los cobros y pagos de su comercio recíproco aunque existen acuerdos institucionales al respecto que en la práctica no están funcionando. Esto limita su independencia operacional del curso del comportamiento del sistema monetario internacional que manipulan los principales emisores de monedas libremente convertibles. Es válido reconocer que la sola existencia de acuerdos institucionales no pueden resolver estos problemas. El uso de las monedas nacionales en los cobros y pagos supone la existencia de un mercado monetario intra-latinoamericano que no existe así como una capacidad adquisitiva y de oferta en precios y calidad que justifique la voluntad del comercio en monedas que podrán ser formalmente convertibles pero que la economía real no ha dicho que lo son al no ser efectivamente demandadas en las relaciones internacionales.

Otro elemento en debate entre los analistas del proceso integracionista es la coordinación de las políticas económicas de los países. La teoría de la integración que algunos llaman neo-clásica sitúa la necesidad de la coordinación de las políticas económicas como uno de los requisitos para alcanzar la "Unión Económica". Sin embargo, a tenor con la liberalización que está teniendo lugar en las relaciones económicas internacionales, cualquier esquema que tenga como resultado la generación de mayor interdependencia provocará que las políticas domésticas tengan efectos diversos en las economías intervinculadas. Esto hace suponer que será necesaria la coordinación de las políticas nacionales y particularmente las vinculadas al funcionamiento del comercio exterior desde el inicio del proceso según las metas proyectadas.

La resistencia que ha existido para avanzar en esta dirección está relacionada con que, de hecho, la armonización de las políticas se traduce en una cesión de autonomía o capacidad decisoria de cada uno de los centros de poder de las administraciones de los Estados nacionales (18) pero en la medida en que la interdependencia sea mayor, la sensibilidad a los cambios en las políticas inclinarán en mayor magnitud las balanzas de la relación costo/beneficio del proceso. La pérdida, por supuesto, será para las economías más débiles y subordinadas. La alternativa es por lo tanto, efectuar una coordinación tal que lejos de potenciar las distorsiones existentes, permita corregir las asimetrías.

ESTADOS UNIDOS Y SU RELACION CON LA AEC

Los desafíos de la AEC no están sólo determinados por los elementos mencionados. También y tal vez principalmente sus mayores retos provienen de los vínculos de sus miembros con Estados Unidos. La dependencia que los miembros de la AEC tienen respecto del mercado norteamericano convierten a este país en un actor insoslayable del proceso.

Las tres mayores economías de la gran Cuenca del Caribe tienen una relación comercial relevante con Estados Unidos. Al comparársele con su comercio total, alcanza el 70 % en el caso de México, el 50 % en el de Venezuela y alrededor del 40 % en el de Colombia. Similares son los niveles de dependencia de Centroamérica y de los países del Caribe que participan en la AEC con la sola excepción de Cuba.

La fuente fundamental de inversión extranjera directa para toda la Cuenca del Caribe proviene de los Estados Unidos. La estructura de estos importantes flujos de recursos, demuestra que Estados Unidos sigue siendo el principal inversionista aunque se observa una tendencia ligeramente declinante en el último quinquenio en favor de los flujos de inversión intra-latinoamericano (19).

Ello significa que, aunque el intercambio entre los miembros de la AEC pueda ser importante, estará condicionado a los intereses que se derivan de sus vínculos con los Estados Unidos y de su prioridad por incorporarse a una zona de libre comercio con este país.

La alta dependencia externa que estos países tienen, los torna altamente sensibles a cualquier decisión de la política exterior norteamericana. Por ello los gobiernos de la región no siempre son proclives a sostener una posición de alta confrontación y/o de autonomía frente a Estados Unidos.

En el caso del Caribe esto se pudiera poner de manifiesto si el Congreso de EUA aprueba finalmente la Ley de Paridad que implica que, en algunos sectores, los países beneficiarios de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, recibirán un trato similar que el otorgado a México en el NAFTA. Tal vez si esto sucediera desaparecería una de las presumibles motivaciones de estos países en la Asociación, y se debilitaría la cohesión política colectiva necesaria para enfrentar este proceso.

La propia existencia del NAFTA y el condicionamiento que ello le impone a México, las expectativas sobre el futuro de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe de la que son beneficiarios el Caribe Insular y Centroamérica e incluso las perspectivas sobre los posibles resultados de la Cumbre de las Américas convocada por Estados Unidos, han puesto límites a los pasos que de forma inmediata darán los países en la AEC.

La realización de la Cumbre Hemisférica y la consolidación de un bloque comercial que tenga como eje a Estados Unidos es parte de su esquema geo-económico. Si la AEC se subordina a esos intereses o cuando menos no interrumpe los objetivos perseguidos, Estados Unidos podría mantener como hasta ahora una presencia discreta. No respalda la iniciativa pero no la entorpece agresivamente, ni se compromete directamente (impidiendo la presencia de Puerto Rico entre los firmantes del Acta Constitutiva). Históricamente su política exterior ha sido clara en su posición referente a cualquier iniciativa regional o hemisférica que envuelva no sólo la presencia y participación de Cuba sino que refleje un intento de retomar por vías autónomas los destinos políticos, económicos y sociales continentales (20). Estados Unidos ha asumido frente a la AEC una posición conocida en los medios bursátiles como "wait and see".

Por su parte, los Gobiernos han otorgado muy bajo perfil en el Acta Constitutiva a la posible función de concertación política. Sin embargo, la lógica indica que todo el intento de gestar un espacio económico en la Gran Cuenca del Caribe y el interés generalizado de incorporarse al NAFTA hará necesaria la conciliación de los intereses frente a su actor externo más importante. Para enfrentar estos desafíos los países participantes en la AEC necesitarán de verdadera voluntad política que les permita avanzar en la consecución de los objetivos que se han planteado hasta el momento.

LA PARTICIPACION DE CUBA EN LA AEC

Cuba es uno de los Estados Independientes que ha participado desde sus inicios en el proceso negociador y más tarde en la firma de su Acta Constitutiva. Para el país significa potenciales beneficios pero también retos de envergadura. El carácter abierto de la economía cubana, su alta dependencia del curso de sus relaciones económicas externas, sus limitados recursos naturales, en particular energéticos, unido a la decisión de preservar los valores principales de su sistema económico-social, a pesar del bloqueo impuesto por Estados Unidos y la aguda crisis por la que atraviesa, convierten a la isla en un caso de excepción.

El abrupto rompimiento de los vínculos externos que el país sostuvo durante más de 30 años y que condicionaron su política de desarrollo tanto interna como externa, le ha impuesto no sólo una reorientación de sus mercados tradicionales. Sobre todo le ha impuesto la exigencia de alcanzar niveles de competitividad sin precedentes en su producción nacional. Para ello ha debido enfrentar una reestructuración que ha incluido, hasta ahora, la redefinición de sus ejes de acumulación fundamentales, la incorporación de nuevas fuentes de financiamiento que introduce elementos novedosos en el manejo de la economía nacional y que trasciende a la esfera funcional tanto en el ámbito macro como micro económico.

En ese complejo proceso la incorporación de Cuba a la AEC resulta evidentemente un paso positivo y consecuente con su política de reinserción en el continente latinoamericano. Ampliar su participación en la corriente de acuerdos bilaterales y subregionales que hoy existe en el continente permitirá el fortalecimiento de sus vínculos económicos, políticos y culturales con los países vecinos y de hecho contrarresta los propósitos de Estados Unidos de producir un aislamiento total de la isla. No resulta menos importante la presencia en las "discusiones de asuntos de interés común con el propósito de facilitar la participación activa y coordinada de la región en los foros multilaterales" (21). Resulta obvia la conveniencia de participar en cualquier ejercicio de concertación política de América Latina y del Continente frente a terceros.

De los esquemas regionales y subregionales de integración existentes, Cuba sólo participa en la ALADI como observador y recientemente constituyó una Comisión Conjunta con el CARICOM para trabajar temas específicos, debido a la cual su incorporación a la AEC deviene paso consecuente con su manifiesta vocación política latinoamericanista.

En el plano bilateral el Estado ha firmado siete Acuerdos de Alcance Parcial con países del continente y tres de ellos con los integrantes del Grupo de los Tres. Es necesario tener en cuenta que, según fuentes no oficiales, en América Latina y el Caribe se realizó el 40% del Comercio Exterior total de la Isla en 1993.

En la Asociación de Estados del Caribe participan importantes socios comerciales de Cuba y resultará de sumo interés para el país cualquier acuerdo comercial o productivo que se produzca al interior de la Cuenca del Caribe tanto para su comercio recíproco como para producciones y comercializaciones conjuntas frente a terceros.

Por su ubicación geográfica y por sus capacidades instaladas disponibles, la Isla pudiera también ofrecer condiciones especiales de inversión a capitales medianos y pequeños que no están en posibilidades de competir con grandes conglomerados financieros, la realización de empresas conjuntas, participar en acuerdos bilaterales o subregionales en materia de comunicaciones, energía, transportes incluidos almacenamientos de mercancías en consignación y depósitos de aduana (22).

En ese orden la industria turística sin dudas tendrá una alta prioridad por ser ésta una de las ramas dinámicas con mayores ventajas en la subregión pero donde el Caribe necesita establecer acuerdos para alterar la dirección de los flujos mundiales en tanto la aparición de nuevos destinos y su crecimiento se hace en perjuicio de otras islas del Caribe (23).

La participación de Cuba en la AEC permitiría beneficiarnos de los proyectos regionales conjuntos que se puedan impulsar en su seno, especialmente en el ámbito técnico productivo y de comercialización de productos individuales o en bloques que propicien equilibrar el comercio del país con el área.

Sin embargo, existen elementos estructurales y de concepciones de política económica que reclamarán particular tratamiento de las autoridades competentes. El comercio exterior cubano está siendo sometido a una fuerte reorientación (24) pero sus vínculos en la Cuenca del Caribe están básicamente concentrados en los países del Grupo de los Tres Según cálculos no oficiales, el área del Caribe insular no alcanza siquiera un 5% del intercambio comercial del país mientras que con Centroamérica ha sido históricamente muy limitado. Por otra parte producto de la propia crisis económica por la que está atravesando el país resulta un comercio básicamente importador y por lo tanto no equilibrado.

El establecimiento de relaciones económicas ya sean bilateral o multilateral con un grupo determinado de países en base a la liberalización del comercio y las inversiones reclama un gradual acercamiento de las políticas económicas que las partes apliquen. Esto es así porque el manejo unilateral de los instrumentos fundamentales de política arancelaria, monetaria, financiera y cambiaria incide directamente en el balance de costos/beneficios del proceso integracionista. Cuba estará compelida a efectuar ese balance de forma permanente, incluidas las alteraciones que se producen por las diferencias cambiarias, tributarias y de precios que se mantienen con los principales socios comerciales cubanos, teniendo en cuenta la no convertibilidad de la moneda nacional cubana y las diferencias funcionales en el sector empresarial.

La reforma económica que se viene aplicando en el país tiene entre sus objetivos restablecer los equilibrios macro-económicos mínimos necesarios para alcanzar ritmos de crecimiento auto-sostenidos y sostenibles. La real y plena incorporación de Cuba a esquemas integracionistas pasa por el logro de estos objetivos porque el nivel de estabilidad y eficiencia que reclaman los intercambios comerciales actuales así lo exigen. Se trata, por tanto, de acercar los tiempos de la aplicación del proceso de reestructuración interno y los tiempos de la consolidación del proceso de concertación al interior de la AEC.

La gradual incorporación de Cuba a los acuerdos integracionistas de la subregión puede ser un importante paso en ese objetivo. La afinidad cultural de los países participantes, la cercanía geográfica que beneficia el intercambio comercial y técnico-productivo, unido al carácter preferencial frente a terceros que impulsa el proceso integracionista, pudiera ser el marco primario internacional para una economía que, como la cubana, lucha denodadamente por salir de la recesión más aguda de su historia.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

La constitución de esta Asociación, resulta un hecho trascendente en el contexto económico continental contemporáneo. En la actualidad se están produciendo profundas transformaciones en las tendencias de las relaciones económicas internacionales así como una significativa reformulación de las bases y funciones de la integración económica en las políticas económicas de los gobiernos y en el contexto económico regional. Es por ello que en estos momentos de profundos cambios, la viabilidad o inviabilidad de la AEC significará un importante precedente en la evolución de los criterios integracionistas que se siguen actualmente.

Ello dependerá en una medida apreciable de la voluntad política de sus actores fundamentales aunque resulta necesario repensar si esta es la integración que permitirá realizar las potencialidades del continente.

Si la lógica del mercado, que sirve como base de sustentación del esquema neoliberal da respuesta a las necesidades del capital y no de las sociedades, los esquemas de integración que le son funcionales poco pudieran atenuar los efectos sobre la pobreza y la marginalización. Se trata por tanto de contraponer el concepto de "integración autónoma" al de "integración dependiente"(25). Se trata de repensar y diseñar la Estrategia de Desarrollo Alternativo y su esquema de integración asociado teniendo como telón de fondo las conocidas tendencias mundiales y como objetivo desarrollar las potencialidades del ser humano. Ese es el desafío verdadero.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

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  Tania, García Lorenzo, La Asociación de Estados del Caribe: Potencialidades y Desafíos, http://luisdallanegra.bravehost.com/integra/asocarib.htm Año 1995.


* Investigadora del Centro de Estudios de América (CEA), La Habana, Cuba.
(1) Los países del CARICOM participantes son Antigua-Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, St. Kitts & Navis, St. Lucìa, St. Vincent, Trinidad y Tobago. Los participantes de Centroamérica son Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, y Panamá. Los participantes del Grupo de los Tres son México, Venezuela y Colombia. Los cuatro estados independientes no participantes en acuerdos de integracionistas previos son Cuba, Rep. Dominicana, Haití y Suriname. Los territorios dependientes de Estados Unidos (Puerto Rico e Islas Vírgenes) no participan por expresa auto-exclusión. 
(2) Fuente: Cálculos efectuados a partir de estimaciones de CIECA con información del BID, BDC, CEPAL (Puerto España) y C/LAA Edition.
(3) Un interesante análisis al respecto puede encontrarse en Capítulos del Sela # 37. Oct-Dic. 1993.
(4) Pedro Vuskovic Cespedes, Ponencia presentada al II Ciclo internacional sobre la reestructuración internacional. Mayo 1992.
(5) Cfr. Gerardo Gonzalez. Los dilemas de la Integración-Intervención en el Taller Nacional sobre Integración organizado en el Centro de Estudios de América (CEA) en Julio de 1994.
(6) Anuario Estadístico de la CEPAL, 1992.
(7) Fuente: Regionalismo Abierto en América Latina y el Caribe. La integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad. CEPAL. Stgo. de Chile, enero-1994.
(8) Cfr. Acta Constitutiva de la AEC. Julio 1994. Cfr.
(9) Andrés Serbín, Cuadernos de Coyuntura Caribeña. "El G-3 y la AEC". junio de 1994.
(10) Cfr. Juan Valdes Paz. Concertación Política e Integración Económica. CNA.1994.
(11) Fuente. Directorio de Inversión Extranjera Directa de la CEPAL, Diciembre de 1993.
(12) Fuente. CEPAL. Desarrollo reciente de los procesos de integración en América Latina y el Caribe.
(13) Fuente. Directorio de IED CEPAL 1993. La información disponible ha sido comparable sólo a determinados fines por su poca homogeneidad. Vale aclarar que existen países cuyas regulaciones no compulsan a registros detallados y en ocasiones ello torna complejo el análisis.
(14) Fuente. Los nuevos proyectos de integración en América Latina y el Caribe y la dinámica de la Inversión extranjera directa. CEPAL.
(15) Ibidem.
(16) Ibidem.
(17) El Acuerdo de Santo Domingo, mecanismo financiero de la ALADI que prestaba apoyo financiero a los países con problemas de Balanza de Pagos surgidos a causa del intercambio intra-regional, quedó paralizado en 1983, al generalizarse los déficits entre los paises miembros. También el Fondo Centro-americano del mercado común fue creado en 1981 con el objeto de financiar el pago de los saldos deudores derivaos del comercio intraregional a los pocos años de su creación vió sobrepasada su capacidad financiera y se paralizó en 1987.El sistema multilateral de compensación de pagos de la CARICOM tuvo similar suerte cuando Guyana acumuló una deuda intraregional que se correspondía con la capacidad crediticia total del sistema. Cfr.CEPAL Desarrollo reciente de los procesos de integración en A. Latina y el Caribe. LC-R. 1381.
(18) Cfr. CEPAL Ensayos sobre coordinación de políticas macro-económicas, 1992.
(19) Entre el 75 y 80% de los flujos de IED que entran en América Latina, provienen de los Estados Unidos. Fuente. Cálculos efectuados por la autora a partir del Directorio de IED. CEPAL.1993.
(20) Dr. Davis Lewis, La propuesta para el establecimiento de la AEC: Una evaluación prospectiva.
(21) Acta Constitutiva de la AEC.
(22) Cfr. Discurso del Ministro de Comercio Exterior Ricardo Cabrisas en la IV Expo-Caribe 94. Stgo de Cuba Junio de 1994.
(23) El Caribe es receptora del 2,5% del turismo mundial desde hace 22 años. Esto implica que hay 32 destinos en el Caribe compitiendo por ese 2,5 % del mercado mundial. "El pastel turístico caribeño", Miguel Ceara Hatton, La Revista Económica, 3.9.1994.
(24) En 1993 el 67 % de las exportaciones cubanas se destinaron a Europa y el 14 % a América, mientras que las importaciones provenientes de Europa se ubicaron en un 38 % y las de América en un 47 %. Fuente. CEPAL Cuba: evolución económica durante 1993.
(25) Cfr. Juan Valdes paz, Intervención en el II Ciclo Internacional sobre la Reestructuración Internacional, Mayo 1992.