EL INTERES Y LA SEGURIDAD "NACIONAL" DE EUA
SUS RETOS EN LA POSGUERRA FRIA

©
 
Luis René Fernández Tabío y Lázaro Luis González Morales (*)

  Introducción

La concepción de seguridad nacional y de interés nacional, como es conocida en la etapa de Guerra Fría, no desempeñó siempre la función que tuvo por más de cuarenta años en la formación de la política exterior norteamericana. Distintos trabajos de estudiosos estadounidenses han sido dedicados a la explicación de este importante período de la historia de las relaciones internacionales y no es un objetivo de este ensayo desarrollarlo aquí en detalle. No obstante, se precisa retomar algunos elementos que han sido destacados en el establecimiento de esa concepción, sin duda de crucial importancia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

No siempre la seguridad nacional ha sido el elemento articulador de su política exterior. Robert A. Divine señalaba en el prólogo a la obra de Walter LaFeber, America, Russia, and the Cold War, 1945-1966 una interpretación en alguna de sus partes discutible, pero que evidencia las distintas motivaciones que ha tenido Estados Unidos en distintas etapas de su involucración internacinal:

Desde la Revolución a la Guerra Fría, los estadounidenses han tenido la voluntad de combatir por sus intereses, sus creencias y sus ambiciones. Estados Unidos han ido a la guerra por muchos objetivos, por la independencia en 1775, por el honor y el comercio en 1812, por territorio en 1846, por humanidad e imperio en 1898, por el derecho a la neutralidad en 1917 y por la seguridad nacional en 1941. Desde 1945 la Nación ha estado comprometida en un enfrentamiento mortal por contener el comunismo y defender el modo de vida democrático (1).

Las fricciones diplomáticas y políticas entre Estados Unidos y la Unión Soviética, manifestadas en el proceso de constitución del orden internacional de Posguerra fueron sembrando desconfianza, recelo y hostilidad en los otrora aliados en la lucha contra el eje Roma-Berlín-Tokio, hasta consolidar la "doctrina" de seguridad nacional basada en el objetivo supremo de detener el avance del socialismo que consideraban los estrategas estadounidense como un resultado en parte de los problemas del mundo occidental.

Este enfoque estratégico doctrinal de la política exterior estadounidense se fue perfilando en la misma medida en que fue identificándose a la Unión Soviética no como una potencia más con pretensiones legítimas en el contexto Euroasiático, sino como un Estado portador de un paradigma socio económico antagónico al de Estados Unidos y que por tal motivo, la extensión de la influencia de uno, se producía a la expensas del otro.

No obstante, la visión ideologizada del sistema de relaciones internacional de la Posguerra no tuvo una única manifestación, ni fue absolutamente consensual todo el tiempo. Se presentaron diversas líneas de pensamiento alentadas por elementos que pudieran identificarse tanto como parte del contexto real, expresado sobre todo en la correlación de las potencialidades económicas y militares, así como de aspectos más subjetivos, pero no menos importante en estos ámbitos derivados de la conciencia social y política del ciudadano promedio en Estados Unidos.

La propia elaboración estratégica de la política exterior en la etapa de Posguerra tuvo por lo menos tres "escuelas de pensamiento" (2) más o menos bien diferenciadas, que podrían identificarse con tres etapas de mayor influencia de cada una de ellas antes de la llamada Posguerra Fría que conviene explorar brevemente. Una primera asociada al famoso artículo del señor "X" para la revista Foreign Affairs, que después se identificó como Doctrina Truman. Los enfoques que proliferaron durante estos primeros años de la Guerra Fría, apegados al paradigma inicialmente planteado por Kennan se consideran como "tradicionales" (3). Luego se produce una crítica a estos enfoques por parte de una serie de "revisionistas" que básicamente reprochaban la política estadounidense por ser agresiva y expansiva, sobre todo cuando se trataba de las intervenciones en el Tercer Mundo. Este pensamiento se puede asociar muy bien al fuerte impacto de la derrota en Indochina. Un tercer momento se manifiesta en una corriente "pos revisionista", que de algún modo constituye una vuelta a los principios tradicionales de la contención, sobre todo con respecto al tratamiento de las grandes potencias.

Desde finales de la década de los años 80, el tema de la "nueva estrategia" y las nuevas concepciones de seguridad nacional han constituido formulaciones atractivas en el campo de las relaciones internacionales, en tanto pareciera que Estados Unidos se colocaban como centro hegemónico de un mundo unipolar. Se supone que se ha producido un cambio fundamental, cualitativo, de las relaciones internacionales en tanto desapareció el reto principal que percibía la seguridad nacional de Estados Unidos en la Posguerra: la expansión del comunismo. Muchos ensayos han sido dedicados a tratar de indagar sobre las nuevas características del sistema de las relaciones internacionales, una vez desaparecido el "orden" internacional que había imperado a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial y que se identificó como la etapa de Guerra Fría.

Es bueno recordar que el contexto previo a la Posguerra Fría estuvo marcado por el ascenso de corrientes conservadoras en la política norteamericana, la agudización de la confrontación Este - Oeste y consiguientemente a un aumento de la carrera armamentista entre Estados Unidos y la URSS. Este ambiente de aguda confrontación venía aparejado a un ascenso de las tendencias ideológicas de la política que trataban de entender todos los acontecimientos internacionales de modo bastante esquemático, llegando en los casos extremo a evaluar los resultados de la política de acuerdo a un "juego de suma cero". Es decir, estas interpretaciones ideológicas fueron consistentes con las interpretaciones que se hacían en la etapa de Truman, aunque en los años 80, la Doctrina Reagan se negaba a aceptar los espacios geográficos que había ganado el socialismo y se planteaba el propósito de la reversión.

Este procedimiento de rearticulación del consenso no era del todo nuevo, si bien es bueno identificar el ascenso del reaganismo y las distintas corrientes conservadoras con un aumento del clima de confrontación que sirvió de base para cerrar el debate y concentrar ideológicamente la conciencia política del estadounidense en la expansión del comunismo internacional que pondría en peligro su bienestar y por lo tanto su "seguridad nacional".

La desaparición del socialismo en Europa y la propia extinción de la URSS, luego de la euforia derivada de la sensación de victoria final sobre el socialismo, que llegaba en sus expresiones extremas a proponer un fin de la historia (4), dejó un enorme vacío en los formuladores de la política norteamericana, lógicamente muy difícil de llenar. Las corrientes conservadoras que estaban lidereando el espectro político de Estados Unidos perdían el enemigo principal que les permitió manipular ideológicamente a su favor la política. Aunque se presentaban propuestas de "nuevas estrategias" o "nuevas políticas", e incluso el ex presidente George Bush anunció el advenimiento de un "Nuevo Orden", las elaboraciones teóricas presentadas con premura, no lograban articular una nueva gran estrategia que sustituyera lo que había sido la Doctrina de la Contención, y luego, durante las administraciones de Reagan, la de la Reversión.

Terminada la confrontación con la URSS, Estados Unidos más bien se enfrentaría a una diversidad de "retos a su seguridad", o a su liderazgo global de muy diversa índole. Por lo tanto, las declaraciones del inicio de un "nuevo orden político internacional" no encontraban una respuesta en el orden teórico suficientemente articulada y con frecuencia se trataba de propuestas en pugna que no alcanzaban un consenso.

Este tipo de fenómeno es natural en etapas en que se está operando un proceso de transición de un sistema de relaciones internacionales a otro. Las condiciones nuevas en el orden internacional se derivan los fundamental de cambios drásticos en la correlación de fuerzas políticas, que crean ciertos vacíos de poder y ascenso en la preponderancia de Estados Unidos y por lo tanto, las normas, conceptos y las viejas estructuras institucionales se muestran insuficientes o insatisfactorias para el sistema y requieren de un ajuste.

Si se reconoce esta situación de relativa indefinición, es lógico que las orientaciones fundamentales de la política exterior, bien sea hacia un neoaislacionismo, un neorealismo, o un mayor énfasis en los enfoques ideológicos, se reflejen en conceptos principales de la política exterior, como son la definición del interés nacional y del concepto de seguridad nacional.

Una de las formas de enfocar este asunto es desde la perspectiva de los estudios sobre relaciones internacionales. En términos teóricos, la literatura sobre relaciones internacionales, si bien tiene la limitación de su todavía débil desarrollo como ciencia, podría organizarse en torno a dos temas clásicos que son la seguridad y la gobernabilidad internacional. En este ensayo no es la intención abordar el problema de la gobernabilidad y por ello la exposición se concentrará en el asunto de la seguridad nacional. Se trataría ahora de esclarecer cuáles son los las nuevas tendencias en este tema para Estados Unidos y cómo influye en la formación de su política.

El aspecto de la relación entre la propia existencia de conceptos, o a veces diversas definiciones e interpretaciones de interés y seguridad nacional ha limitado las posibilidades de esclarecer el lugar que ocupan estos conceptos en la formación de la política, si bien en términos teóricos se ha fijado el lugar que se considera ocupan en la política exterior. Sería preciso identificar las motivaciones que pueden hacer variar las percepciones e inclinaciones políticas de una Nación como Estados Unidos y de qué manera los reacomodos de la sociedad norteamericana, van marcando pautas en los nuevos enfoques de política exterior y dentro de esta, del concepto de la seguridad nacional.

La dinámica de los acontecimientos parece evidenciar la complejidad de la política de seguridad nacional en un entorno global mucho más atomizado. Estados Unidos asumirían desde el fin de la Guerra Fría una posición de absoluto predominio en el terreno militar que le serviría de principal sustento a su liderazgo político. El éxito militar y político en la Guerra del Golfo frente a Irak parecía marcar claramente las pautas del ejercicio del liderazgo norteamericano en la Posguerra Fría, pero otras experiencias demostraban cuan complejo y difícil de gobernar podían tornarse escenarios supuestamente sencillos, como la intervención "humanitaria" en Somalia.

En torno a estos asuntos podrían hacerse diversas interrogantes, pero a los fines de este estudio nos basta con plantearnos sólo algunas que pudieran contribuir a esclarecer las bases de esa nueva concepción de seguridad y establecer en qué medida es nueva, o simplemente se trata de la expresión de la vieja doctrina de seguridad, que ahora se expresa en un nuevo contexto internacional. En ausencia de una "justificación", como se presentaba antes de estar combatiendo al comunismo internacional, ahora se requieren otras explicaciones más complejas. Inicialmente, la reacción más sencilla de los estrategas fue establecer una serie de retos a la seguridad nacional, como el narcotráfico, terrorismo, proliferación nuclear, medio ambiente, etc, pero esta respuesta está, evidentemente, muy lejos de fijar un concepto, y mucho menos de servir de sustento a una doctrina.

Otro de las dificultades objetivas que encuentra la definición de seguridad se derivan de los cambios en el entorno, o podría decirse también del contexto en que se realizan las relaciones internacionales. El desarrollo tecnológico, la diseminación de las modernas técnicas de la informática, las transmisiones de señales por satélites, incluidos la televisión que parecen reducir el tamaño del planeta, constituyen un fenómeno que ha promovido a algunos a hablar de la "aldea global". Por ejemplo, uno de los rasgos de las relaciones internacionales actuales es que ahora "las revoluciones, insurgencias y confrontaciones militares, se siguen en la medida en que se desarrollan, en las ciudades y en el interior de la mayor parte del globo" (5). Es decir, los eventos internacionales tienen una repercusión internacional rápida en todas parte del mundo por los medios de información, y ello provoca un impacto al interior de la política de un país que se propone ejercer un liderazgo mundial. Estas nuevas condiciones han cambiado el modo en que se perfilan los intereses nacionales y la seguridad nacional de Estados Unidos?

Para este trabajo se parte de la premisa de que la definición de los intereses nacionales y las concepciones predominantes o más influyentes de la seguridad nacional de Estados Unidos, constituyen elementos cruciales en el proceso de formación de la política exterior debido a que los conceptos de este alcance, sirven para fijar ideológicamente las tendencias fundamentales de la política. En tanto son expresión del pensamiento consensual de las clases dominantes, tanto la definición del interés nacional, como del alcance del concepto de seguridad, establecen límites muy precisos en los cuales deberán moverse los actores dentro del sistema político norteamericano.

En otras palabras:

Como función de la hegemonía, la "seguridad nacional de Estados Unidos, al operar ideológicamente en un plano de legitimación interno y en otro de apuntalamiento doctrinal de la proyección externa, sirve de manto a conceptos interrelacionados como el de nación, Estado nacional, interés nacional, unidad nacional, poder nacional (...) Esto se deriva de la amplitud y elasticidad de las concepciones de "seguridad nacional" estadounidense, que en realidad poseen una connotación transnacional, en el sentido de que insertan en ella escenarios del llamado Tercer Mundo (6).

En situaciones que no son de crisis y ante actores pequeños y no significativos en las relaciones internacionales, estas concepciones se agrupan con mayor facilidad ideológicamente y tienden a expresarse con enorme fuerza, a menos que el país pequeño y poco significativo logre exitosamente cambiar algunas de las condiciones de partida del modelo a su favor.

Un análisis de esta naturaleza puede indicar también cuáles son las variables sobre las que se tendría que actuar para poder influir positivamente sobre la situación concreta que se trate. Asimismo permite establecer cuáles son los principales retos, según son expresados en el discurso político consensual norteamericano, y evaluar las capacidades y límites que se tienen para solucionarlos.

La seguridad nacional en la transición de la Guerra Fría a...

En la actualidad se está produciendo en Estados Unidos una literatura que busca hacer un nueva interpretación de la etapa de Guerra Fría, con el propósito de refinar el análisis con el beneficio del tiempo, la información y los propios resultados que han dado lugar a la Posguerra Fría. Uno de los temas es quién comenzó la Guerra Fría, en lo que se reflejan dos interpretaciones. Una de ellas considera que la política de la Unión Soviética era reactiva a las acciones estadounidenses y se podía explicar en sus motivaciones legítimas como gran potencia. Supuestamente, los estrategas de Estados Unidos "cometieron el error" de considerar que la Unión Soviética buscaba en aquel entonces una dominación global, algo que excedía bastante sus potencialidades (7).La interpretación alternativa es que Estados Unidos necesitaban ese enfoque para consolidar su dominación global frente a un enemigo creíble.

Otros consideran que el balance final de la historia ha dado la razón a los que presentaban un paradigma tan ideologizado de la política pues este ha resultado el mejor modelo para comprender la Guerra Fría, en tanto la política de Stalin estaba encaminada a conseguir ese predominio global que dañaría finalmente las bases de la seguridad nacional de Estados Unidos. En palabras de Norman Podhoretz : "El nombre de esta estrategia de resistencia político militar de dos lados al imperialismo soviético fue la contención, y permaneció como principio rector de la política exterior de Estados Unidos hasta que fue reemplazada dos décadas más tarde, en 1969, por una nueva política y una nueva doctrina presidencial que llevaba el nombre de Richard Nixon (8)."

Las anteriores ideas de un reconocido neoconservador estadounidense reflejaban la crítica al breve lapso distensivo de las relaciones internacionales, derivado de la influencia ganada por el realismo político de Kissinger en el proceso de toma de decisiones de Estados Unidos.

Respecto a esta etapa un especialista cubano señalaba:

El debate sobre las perspectivas estratégicas de Estados Unidos ante el acentuado dinamismo del entorno internacional a finales de los años 80 y sus proyecciones para el siguiente decenio atendía, en lo fundamental, a la consideración de que era necesario concluir el proceso de superación de la crisis de hegemonía norteamericana que se evidenciaba desde los últimos años de la pasada década, caracterizado por la fortaleza nuclear de la URSS y su expansión, la disminución relativa de la capacidad de liderazgo global, las dificultades en controlar los conflictos en el Tercer Mundo (9).

La creciente pérdida de competitividad, en algunas ramas tradicionales como el acero y la industria del automóvil, hacían aparecer una cierta declinación de la economía norteamericana ante los aliados (10). En realidad, el referido declinar era sólo relativo y por lo tanto pudo ser revertido por el ascenso de diversas corrientes conservadoras que acompañaron a Reagan en su victoria presidencial de 1980.

La decisión del presidente Nixon de suprimir la convertibilidad del dólar no era el fin del liderazgo económico de Estados Unidos. Si bien se modificaron algunas importantes condiciones del sistema y se pasaba de la estabilidad de los tipos de cambio a un esquema en que predominaba a la libre flotación, ello no significaba la desaparición del sistema de Bretton Woods que había sido uno de los pilares económicos de la Guerra Fría junto al Plan Marshall (11).

No todos los autores coincidían con esa interpretación del declinar del poderío de Estados Unidos (12), más bien se trataba de una de las teorías de las relaciones internacionales que trataba de explicarse los acontecimientos ocurridos sobre todo a partir de la segunda mitad de la década de los años 70, que evidenciaban por lo menos una pérdida de las posiciones estadounidenses en el mundo (13). Entre estas cabe recordar la victoria del MPLA en Angola apoyado por tropas cubanas frente a Sudáfrica y otros aliados de Estados Unidos en esa región, el triunfo del sandinismo en Nicaragua y el del Movimiento de la Nueva Joya en Granada en 1979, la involucración de la URSS en los acontecimientos internos de Afganistán, la participación de tropas cubanas en la región del Cuerno Africano, la derrota del Sha de Irán y el fiasco del rescate los rehenes, importantísismo aliado estadounidense en el Medio Oriente, hasta ese momento que junto al flujo migratorio incontrolado del Mariel en 1980 contribuyó a la derrota electoral del entonces presidente Carter.

Ante esta situación adversa en el escenario internacional, los enfoques alternativos de la política exterior y de seguridad nacional que surgían en Estados Unidos, estaban condicionados en gran medida por las críticas que habían elaborado una serie de centros e instituciones conservadoras, que comenzaban a retar el pensamiento tradicional de política exterior del "establishment" del Este, encabezado por el "Council on Foreign Relations". En ese contexto, se prestaba atención a diversos problemas que tanto en el orden doméstico como internacional, en el plano de la economía y de la política, enfrentaría ese país en el decenio que se avecinaba. Los mismos se contemplaban en la redefinición estratégica que se operaba en la mencionada coyuntura, y fueron incorporándose al proyecto imperial de política exterior y seguridad, que se prefiguraba con anterioridad al decisivo cambio en la correlación global de fuerzas que se registraría poco tiempo después (14).

Las concepciones neoconservadoras, que tan notables se harían en política exterior, sobre todo en los primeros años de la administración Reagan, si bien presentaban un enfoque ideológico, e incluso mesiánico en algunas presentaciones, demostraron estar basadas en las potencialidades reales de Estados Unidos de aquellos años y las limitaciones que podían tener sus adversarios. Es así que el ascenso en el gasto militar ocasionó algunos problemas a la economía norteamericana, pero resultó un golpe más que demoledor para las ineficiencias de la economía soviética.

Cuando la Unión Soviética lanzó su "nuevo pensamiento en las relaciones internacionales", con el objetivo de crear un clima internacional más relajado que le permitiera un alivio económico a su enorme presupuesto militar, Estados Unidos percibieron esta proyección soviética como un síntoma temprano de su debilidad. Por citar sólo un ejemplo, baste señalar las concesiones que hizo el gobierno de la otrora Unión Soviética en materia de fuerza nucleares y de alcance intermedio durante la primera mitad de 1987 y más tarde en la disminución de sus demandas para imponer restricciones a los programas de defensa estratégica de Estados Unidos (15). Ante esta nueva realidad se presentaron como es usual en la política norteamericana dos tendencias fundamentales que trataban de aprovechar las nuevas condiciones.

Una pretendía reducir los gastos militares y compromisos asociados, llevando a la práctica una política más enfilada a los temas internos para fortalecer económicamente el país en su beneficio y otra más ideológicamente determinada, que sugería mantener o incluso expandir la beligerancia internacional de Estados Unidos ante la nueva postura soviética en política exterior.

Durante la Guerra Fría existía una definición de seguridad nacional derivada de las amenazas militares al Estado, la sociedad y la industria. En las nuevas condiciones de Posguerra Fría existen dos perspectivas que emergen de la discusión de los nuevos "dilemas de seguridad". El primero postula una reducción en el bienestar social para evitar la pérdida de competitividad internacional. El segundo se preocupa por la capacidad de Estados Unidos de llevar adelante guerras frente a diversos adversarios inicialmente desconocidos (16).

Estos enfoques llevarían a un racionalismo de cómo emplear el beneficio de haber ganado la Guerra Fría. Las prioridades en los intereses nacionales y por lo tanto, los acentos para alcanzar la defensa de la seguridad nacional se realizarían en correspondencia con esas interpretaciones. La opción que buscaba recuperar el dinamismo de la economía norteamericana, para hacerla más competitiva ponía el énfasis en las bases perspectivas de la economía de Estados Unidos para ejercer el liderazgo en el próximo siglo. Los otros se preocupaban probablemente más en los retos que en el terreno militar se le pondría en el nuevo contexto al sistema de defensa norteamericano y en ese sentido presentaban una visión más acorde con la de Guerra Fría que había prevalecido hasta ese momento.

En definitiva, como se ha planteado, la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, dejaba sin sustentación la concepción estadounidense de Seguridad Nacional, y por tanto determinaba un reajuste de esta. Lo que queda claro a este nivel del análisis, es que no existe un claro consenso en cuál deben ser los intereses nacionales que Estados Unidos debe defender y cuál será el alcance de su definición de seguridad nacional.

Estos temas se presentan en el debate en medios políticos y académicos entre diversas posturas en las que confluyen los enfoques neoaislacionistas, neorealistas, ideológicos, multilateralistas, entre otros, que configuran el ambiente del pensamiento político al uso en los medios influyentes en el Gobierno estadounidense.

A partir del nuevo lugar de Estados Unidos en la coyuntura internacional de los 90, la redefinición de su espectro de seguridad nacional y de sus consiguientes proyecciones en materia de política exterior y de defensa están matizadas, por la ampliación de un sentido del realismo político que descarta la geopolítica en sentido estrecho y el anticomunismo como pilares alrededor de los cuales se construyó la problemática estratégica y la concepción de Seguridad Nacional durante cuatro décadas.

En la etapa de Posguerra Fría, las proyecciones estratégicas de Estados Unidos se orientan hacia la definición de nuevas alternativas y enfoques más funcionales a los requerimientos de ese país a tono con su creciente poder militar relativo y con los problemas económicos que encaraba en sus esfuerzos por concluir el proceso de restauración hegemónica iniciado a comienzos del mencionado decenio. Ello tenía lugar en un mundo que se tornaba más competitivo y cambiante, en el que se afirmaban tendencias complementarias: de un lado, un acentuado unipolarismo político, asociado al predominio del capitalismo mundial, y de otro, un creciente multipolarismo económico, evidenciado en la capacidad de los aliados imperialistas en este terreno frente a Estados Unidos.

Es decir, se configuraba una etapa de transición hacia un nuevo orden mundial en el cual Estados Unidos redefinía su dominación y liderazgo indiscutible dentro del sistema capitalista, con implicaciones incluso globales a partir de su supremacía militar; de la estabilidad política interna, pero en el cual no estaba totalmente claro el consenso político interno.

La definición del interés nacional

Aunque se ha precisado hasta aquí, que los conceptos de interés nacional y seguridad nacional no están aún suficientemente ajustados a las nuevas condiciones, se pretende avanzar en el problema de la definición del interés nacional, como parte importante de las concepciones de seguridad nacional. Al tratar de profundizar en la definición de interés nacional de Estados Unidos -al igual que para la seguridad nacional-, se enfrenta la ambigüedad de estos términos.

Hans J. Morgenthau, una autoridad en teoría de las relaciones internacionales precisa que: "...el concepto interés nacional guarda similitud con las grandes generalidades de la Constitución [de Estados Unidos] entre la que se destacan, el bienestar general y el proceso establecido (...) su contenido puede recorrer toda la gama de significados que puedan comprender una compatibilidad lógica con el mismo (...) por ende, el concepto de interés nacional incluye dos elementos: uno de ellos es requisito lógico y, en ese sentido necesario, y el otro es de carácter variable y está determinado por las circunstancias" (17).

Es decir, el concepto de seguridad nacional tendría dos componentes, uno más estable, o casi fijo en el tiempo, de carácter más lógico y otro variable, de carácter coyuntural. Siendo así, queda claro que Morgenthau reconoce la posibilidad de que el concepto, si bien supone ser trascendente en una parte de su contenido, también se tiene la posibilidad de apreciar su ajuste temporal en correspondencia a factores coyunturales.

Sobre este mismo problema en cierto sentido coincide el criterio de Bernard Brodie, el cual hace énfasis en el carácter subjetivo que puede tener el término por ser elaborado e interpretado por los hombres al decir: "los intereses vitales no los ha identificado la naturaleza, ni son identificables por algún patrón generalmente aceptado de criterios objetivos. Por el contrario son productos del falible juicio humano (18)."

Lo expuesto por Arnold Wolfers, respecto a las interpretaciones que sobre intereses nacionales y de seguridad nacional que pueden tener las personas independientemente o no de que sean partícipes del proceso de toma de decisiones de política exterior, evidencia un enfoque que enfatiza más bien en las distintas interpretaciones que son expresión de diversas tendencias en la política exterior. En sus palabras: el "interés nacional o seguridad nacional es muy probable que no conlleven el mismo significado para individuos distintos. De hecho pueden carecer de significado preciso (...) aunque de manera imprecisa y muy general, el interés nacional sugiere una dirección política que puede distinguirse entre varias más que se ostentan como alternativas (19).

Otro de los asuntos que se enfrentan al avanzar en la definición de los intereses nacionales de observar y analizar a los que están involucrados en su definición, sus puntos de vista, y a quiénes representan. Es evidente que las anteriores aproximaciones al problema no reconocen claramente la orientación política como base a intereses y orientaciones representativas de la clase dominante en determinada sociedad, sean los actores miembros de esta, o personas identificadas y al servicio de las mismas, que representan sus posturas políticas.

En la práctica sólo una ínfima minoría de personas definen e interpretan cuáles son los intereses nacionales de un país, aunque en cada caso de acuerdo a la forma de funcionamiento del Estado. El ejercicio de la democracia se realiza de modo más o menos directo y las concepciones de seguridad logran reflejar los "intereses nacionales". Como es conocido, distintos sistemas políticos organizan su funcionamiento para que el gobierno represente los intereses de la clase dominante, sea esta una mayoría o una minoría. En el caso de Estados Unidos son el Presidente y su Ejecutivo, incluyendo asesores y agencias gubernamentales, el Congreso, con la influencia especial de algunos subcomités, los que más activa y directamente participan en la elaboración y ejecución de la política exterior. De esta forma, es evidente el peso que tiene la apreciación y los enfoques de los individuos y hasta susintereses (20), que participan en el proceso de toma de decisiones. Ello reconoce la dificultad de conocer e interpretar la política en función de un interés nacional, verdaderamente acorde con los intereses de la nación y no de un sector socioeconómico (21) y político determinado existente en la misma (22).

Asimismo los intereses de las élites políticas que controlan las maquinarias de los partidos republicano y demócrata, tienen su expresión en los enfoques que enjuician el desempeño del rival en el tema de la seguridad nacional.

Un ejemplo de lo anterior queda constatado por una parte, a través del Acta para la Restauración de la Seguridad Nacional, uno de los elementos del republicano Contrato con América, donde se ataca la política de seguridad nacional de la administración Clinton porque este ha fracasado en desarrollar una política de seguridad coherente, ha gastado poco en defensa permitiendo además que fondos del presupuesto de defensa sean utilizados en aspectos no relacionados con esta, ha dejado a Estados Unidos vulnerable ante un ataque de cohetes nucleares, ha tolerado que tropas estadounidense hayan estado bajo comando de la ONU en operaciones de mantenimiento de la paz, y ha fracasado en proporcionar la seguridad adecuada al continente europeo (23).

A su vez, los demócratas sustentan que bajo la administración Clinton, la estructura de las fuerzas armadas de Estados Unidos posibilitará la proclamada necesidad de conducción de dos operaciones como la Tormenta del Desierto, de forma simultánea, probablemente en Corea, y en Asia Sur-Oeste. Las propuestas de la administración Clinton requieren de un incremento de entre 7 y 30 mil millones de dólares anuales para el desarrollo de armas como el avión F-22 (24).

Acerca del aspecto de los intereses individuales de los actores del proceso de toma de decisiones, Roberto González define que "las clases dominantes suelen disfrazar sus peculiares intereses de clase tras el concepto de interés nacional (...) cuyo contenido difiere mucho de una nación a otra, y si para un pequeño estado se sitúa en la defensa de su independencia, de su soberanía e integridad territorial, para ciertas grandes potencias como Estados Unidos, el interés nacional se sitúa bien lejos de sus costas y es concebido con extraordinaria amplitud"... (25) Es decir, "la política exterior de un Estado, por tanto, no la determina un supuesto interés nacional, sino básicamente, los intereses de su clase dominante" (26).

Naturalmente, el grado de abstracción que se emplea en la presentación del problema aquí, no excluye el hecho de que en la conformación de la política exterior norteamericana existen distintos sectores de la clase dominante, si bien no antagónicos, pueden tener distintas prioridades en ciertos momentos en dependencia del grado de "transnacionalización" de su capital. Este aspecto permite explicar en parte los debates en la formulación de la política exterior entre diversas tendencias de la clase dominante que no son en modo alguno homogéneas. De hecho la política exterior tiene que brindar un balance adecuado de los intereses internos y externos del capital monopólico estadounidense .

Desde esta perspectiva una gran potencia mundial en el sistema de relaciones internacionales, como lo es Estados Unidos, sobre la lógica y los intereses de los que participan en el proceso de toma de decisiones, miembros o representantes de su clase dominante, ajustará sus intereses nacionales, según las condiciones y las posibilidades de un momento histórico determinado.

En este período de transición que vivimos, conocido como Posguerra Fría, en la política exterior estadounidense se han de mantener intereses nacionales "definidos" en la etapa de la Guerra Fría. Asimismo cabe reconocer que el entendimiento de cuáles son los intereses nacionales está íntimamente relacionado a la definición de la seguridad nacional. Si el interés nacional precisa qué defender, la seguridad nacional expone cómo defenderlos y por lo tanto debe partir del interés nacional para establecer los medios y procedimientos para preservar y proteger los intereses nacionales de los retos que se le establezcan.

Hacia una definición de seguridad nacional

No sólo porque el mundo se encuentre en una fase de transición en las relaciones internacionales, la definición del concepto de seguridad nacional resulta difícil de plasmar y mucho menos sintetizar en una presentación como esta. Existen variadas interpretaciones y definiciones de acuerdo con las preferencias ideológicas de los autores. Sin lugar a dudas, resulta muy difícil presentar cuáles son los componentes de la Seguridad Nacional en la Posguerra Fría tomando en cuenta que incluso, la concepción de Seguridad Nacional de Estados Unidos en la Guerra Fría, tenía además la dificultad expresada por Jorge Hernández quien precisó que:

...el aparato conceptual inherente al discurso teórico sobre la Seguridad Nacional norteamericana, a pesar de recibir el reconocimiento como doctrina por las Ciencias Sociales en Estados Unidos y en América Latina, no posee un rigor, ni la coherencia, ni la sistematicidad suficiente como para merecer tal término. Lo que registra la historia del pensamiento político norteamericano contemporáneo es, más bien, un abanico de conceptos y definiciones generalmente poco precisas, aunque poseen un eje común, que las emparenta en tanto concepciones cuyo núcleo ideológico es el del hegemonismo imperialista (27).

Según Gerald E. Wheeler, "la Seguridad Nacional para el pueblo norteamericano se refiere a la defensa nacional (...) a la protección de la República contra todos los peligros internos o externos (...) Dada la naturaleza del proceso histórico, el significado de Seguridad Nacional ha cambiado constantemente con el desarrollo de América (EUA), y la Seguridad Nacional ha poseído siempre la cualidad de descubrir las amenazas cambiantes contra la seguridad de la nación (...) En el decursar del proceso de formación de Estados Unidos, su etapa expansionista, y posteriormente imperialista, los enemigos de ese país, o las dificultades que enfrentan con otros países, han sido de hecho problemas de seguridad nacional" (28).

Uno de los enfoques que mayor auge y objetividad alcanzó entre los numerosos estudios que se realizaron para dar una definición de Seguridad Nacional -para EUA-, precisa que "es la capacidad de desarrollar los objetivos de la élite de poder estadounidense sin interferencia de otros países, aunque casi siempre, esos objetivos están más allá de las fronteras de Estados Unidos" (29).

Partiendo de tales valoraciones, todas las líneas maestras de la política exterior de Estados Unidos en la Guerra Fría -desde el Plan Marshall, las guerras de Corea e Indochina, la competición nuclear con la URSS-, estuvo regida por el enfrentamiento con la Unión Soviética y la comunidad socialista, la también denominada confrontación Este -Oeste. El reto entonces sería la definición de los intereses nacionales y la configuración de los patrones de seguridad nacional redefinidos al calor de los debates entre las principales tendencias políticas.

En este aspecto se considera necesario destacar la creciente influencia del pensamiento conservador y neoconservador en la política exterior a partir de los años 80. Hasta ese momento, la política norteamericana se había basado de acuerdo a la visión cronológica de Irving Kristol sobre todo en un enfoque basado en un "Internacionalismo liberal wilsoniano", como "un gran designio para un nuevo orden mundial basado en la autodeterminación, la no agresión, la conciliación y el arbitraje y la "seguridad colectiva" asegurada por una liga de las naciones"; luego en "una versión revisada y depurada del internacionalismo liberal" que guiaba la retórica, mientras la Guerra Fría modelaba una política de contención "modestamente realista"; los aislacionismos de derecha e izquierda y por último un "interés nacional norteamericano" difuso y desarticulado (30).

Como es posible reconocer al inspeccionar la literatura sobre el tema, en particular desde la perspectiva historiográfica, que ha sido muy influyente en los estudios sobre la política de seguridad nacional en Estados Unidos, las definiciones de seguridad nacional y los intereses nacionales han sido impactado tanto por teorías de las relaciones internacionales, sobre todo por la del realismo político, como por definiciones o tendencias de la política exterior de Estados Unidos, como el aislacionismo.

El asunto se complica por diversas razones, entre las que cabe mencionar las diferencias entre la retórica, o el discurso político ideológico y la práctica o el accionar concreto ante los retos o situaciones sobre las cuales los representantes del gobierno norteamericano articulaban las políticas. No son pocos los ejemplos en que una retórica altamente ideológica y doctrinal se acompañaba de un accionar muy mesurado e incluso cabría decir "realista" de la política exterior. Así por ejemplo, la política de Reagan, que marcó pautas en una etapa de presunto declinar de la hegemonía estadounidense, por ser altamente doctrinal, también era catalogada por respetables académicos norteamericanos como vinculada a los patrones del aislacionismo, o a veces incluso realista, como cuando se produjo la retirada de los marines norteamericanos, después de ataques comandos en el Líbano en 1982.

Resulta polémico el empleo e interpretación de un término que parece bastante influyente en los enfoques sobre política exterior estadounidense. El término "aislacionismo" según algunos autores permite explicar el comportamiento internacional de Estados Unidos, o es recomendable como estrategia para la acción durante gran parte de la historia de la política exterior norteamericana en tanto históricamente el asislacionismo en Estados Unidos no ha significado una vuelta hacia adentro, o alejarse del mundo, sino significa "libertad de acción", y especialmente, "la libertad de emplear unilateralmente el poder controlado en cualquier caso en que se ajusta hacerlo". "Funcionarios de la política exterior podrían haber hablado con frecuencia como internacionalistas, pero nosotros hemos actuado tradicionalmente como aislacionistas".

Esta interpretación crítica es fundamentada por Walter LaFeber con los siguientes ejemplos:

Nosotros nunca habíamos actuado tanto como aislacionistas, como en 1954, cuando ayudamos a sacar a nuestro aliado, Francia, de Viet Nam, y nos involucramos en la región, con el poder norteamericano controlado unilateralmente, o cuando nosotros unilateralmente derrocamos al gobierno de Guatemala en ese mismo año, o en 1956, cuando actuamos de forma unilateral contra tres de nuestros más estrechos aliados - Inglaterra, Francia e Israel- para detener la invasión a Egipto y al Canal de Suez (31).

En este mismo trabajo de LaFeber, se precisa que en el pasado se han empleado inadecuadamente las etiquetas políticas por los funcionarios del gobierno, "cuando nos damos cuenta que funcionarios que enfatizan el empleo del poder unilateral y degradan las negociaciones se han llamado exitosamente a sí mismos como "internacionalistas", mientras aquellos (como el Senador Fulbright y George F. Kennan) quienes quisieran controlar unilateralmente el poder de Estados Unidos para fortalecer nuestras alianzas y negociar seriamente con nuestros adversarios han sido llamados neoaislacionistas, por lo que considera que la política de Reagan, al igual que la de la década de los años 50 fue aislacionista en el sentido de tratar de recapturar la libertad de acción unilateral (32).

Respecto a los enfoques que caracterizan a la política exterior estadounidense Henry Kissinger señalaba:

La singularidades que Estados Unidos se han atribuido durante toda su historia han dado origen a dos actitudes contradictorias hacia la política exterior. La primera es que la mejor forma en que Estados Unidos sirven a sus valores es perfeccionando la democracia en el interior (...); la segunda, que los valores de la nación le imponen la obligación de hacer cruzada por ellos en todo el mundo. (...) el pensamiento norteamericano ha oscilado entre el aislacionismo y el compromiso, aunque desde el fin de la segunda guerra mundial hayan predominado las realidades de la interdependencia (33).

En la práctica de la política exterior, Estados Unidos no pueden articular consistentemente sus intereses nacionales y de seguridad a partir de la "cruzada por la democracia" u otros valores norteamericanos y si bien el aislacionismo ha sido un enfoque muy preponderante por la persistencia de mantener el liderazgo y la hegemonía en los asuntos internacionales, las "realidades de la interdependencia" han encaminado a Estados Unidos, como reconoce este tipo de interpretación de inclinación realista, cada vez más a tener en cuenta los enfoques multilaterales, o los "compromisos".

Una definición de interés nacional muy simple pero atractiva, como muchas veces se presentan los enfoques de elementos de tendencia conservadora en Estados Unidos, puede ser la de Patrick J. Buchanan, que demuestra ser particularmente penetrante y útil para mesurar el alcance que de acuerdo a este político debía tener la misma. En síntesis, propone someter a una "prueba fundamental" la definición en cuestión, y preguntarse sí los norteamericanos estarán dispuestos a pelear por ella y no consultar "enfoques ideológicos", que aconsejan como orientación de la política el deseo de "extender la democracia", lo cual no siempre es consistente con los "propósitos nacionales" de Estados Unidos (34).

En las condiciones actuales, uno de los enfoques avanzados del concepto de seguridad nacional, superaría la visión tradicional de la seguridad como la defensa de la autodeterminación, la soberanía y en particular las fronteras o intereses transnacionales, para el caso de un país como Estados Unidos, pero siempre con una visión sumamente afincada en el enfoque militar del concepto, sino una visión ampliada y corregida que toma en cuenta las realidades actuales.

Este enfoque se deriva de los retos a que puede someterse un Estado, que no siempre provienen de un ejército formal, ni pueden ser defendido con las armas. Existen nuevos retos y diversos actores en las relaciones internacionales, que no han sido comúnmente tenidos en cuenta, pero que en la actualidad tienen creciente importancia. En este sentido es válida la aproximación que brinda David B. Dewitt, que sugiere enfocar los estudios estratégicos en algo más que en el empleo de la fuerza militar. La seguridad presume la concentración de desafíos al gobierno y al país fuera de las fronteras, conflictos en que no solamente se necesita el uso de las fuerzas armadas, sino que existen nuevas dimensiones de la seguridad nacional que trascienden estos estereotipos, como son: la degradación ambiental, la posesión de minerales estratégicos, el tráfico de drogas ilícitas, los movimientos descontrolados de altas cifras de capital, flujos migratorios ilegales, epidemias y terrorismo. El problema plantea una contradicción entre una creciente globalización de las relaciones internacionales y al mismo tiempo un ascenso en los sentimientos nacionalistas (35).

El proceso de formación de la política exterior norteamericana avanza en la identificación del interés nacional, acorde con las pretensiones de liderazgo y dominación, pero ajustado a las limitaciones internas y externas que establecen las condiciones reales de su economía, política e ideología y la correlación de fuerzas con el resto de las grandes potencias y otros componentes del sistema de las relaciones internacionales.

Las concepciones estratégicas de seguridad en la Posguerra Fría

En esta parte del trabajo se pretende caracterizar las concepciones sobresalientes en el debate estratégico actual en Estados Unidos. Este debate y las propuestas de concepciones que de él se derivan, son de importancia en el análisis de la formación de la política en la misma medida que contribuyen a la adecuación de los intereses nacionales y pueden modificar las formulaciones de seguridad nacional, o las interpretaciones que de estos conceptos se hacen por las distintas instancias del Gobierno.

El fortalecimiento de la posición de Estados Unidos como potencia mundial ocurrido a finales de la década de los años 80 constituyó uno de los resultados más trascendentales de lo que en aquel momento comenzaba a denominarse Nuevo Orden Mundial, como primera reacción ante los cambios que habían ocurrido, sin que en realidad se hubiera configurado ese "nuevo orden", ni mucho menos existiera una estrategia norteamericana para lidiar en él.

El problema del re ordenamiento del sistema de relaciones internacionales se complica porque no sólo se podría comprender integrando las nuevas tendencias y perspectivas del resto de los actores principales, incluido las potencias en fase declinante y de descomposición, o el de aquellas que están en ascenso, sino los conflictos nacionales y regionales emergentes. Por ello las definiciones estratégicas estadounidenses y sus conceptos de seguridad nacional deben elaborarse a partir, entre otros factores, de las predicciones que de estos eventos se tengan en Estados Unidos, con cierta independencia de la objetividad o calidad de las evaluaciones.

El propósito de definir un "nuevo" discurso político, una "nueva" estrategia, una "nueva" concepción política era el resultado de los cambios que se operaban en importantes actores políticos internacionales que habían servido de base a la concepción bipolar de las relaciones políticas internacionales. Esto determinaba las modificaciones en la posición de Estados Unidos en las relaciones internacionales y coincidía con un proceso de transformaciones bastante profundo que había resultado en un ascenso del conservadurismo y su influencia política en toda la línea.

Se apreciaba una efectiva recuperación de la cuota de liderazgo perdida -sobre todo en las percepciones o imágenes de ese proceso en Estados Unidos, sin negar que existían elementos objetivos- como consecuencia de un complejo proceso en que intervenían no tanto factores internos de la sociedad estadounidense, sino más bien ocurría una revalorización de los EUA ante el debilitamiento considerable del que había sido durante la Posguerra y hasta hace poco, su enemigo principal: la URSS, que junto a los países de Europa del Este, China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba, eran el símbolo del comunismo y su "expansión global".

Los cambios políticos en Europa, habían tenido enorme trascendencia para la redefinición de las bases en que se habían formulado hasta ese momento los más importantes conceptos estratégicos y de "seguridad". Estos conceptos habían prevalecido en los EUA con la tarea suprema de mantener la confrontación "Este-Oeste" para contener y revertir el comunismo, lo cual había constituido el objetivo esencial de su política exterior al frente del mundo occidental.

Las implicaciones de la disolución del bloque soviético desvanecieron el escenario de confrontación militar del teatro de operaciones europeo y en cualquier otra parte del mundo, como lo evidenciaron los acontecimientos del Golfo Arábigo Pérsico (1990-91). De hecho, la hasta entonces alianza militar del Pacto de Varsovia desapareció y la mayoría de sus ex miembros, aspiraban a su incorporación a la OTAN. La sucesora de la URSS en el puesto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha experimentado una crisis económica sumamente profunda y sus capacidades militares fragmentadas han dejado de constituir una amenaza real, si bien la integración de la OTAN y sus funciones sigue siendo uno de los problemas tradicionales de la seguridad nacional norteamericana.

Al mismo tiempo se apreciaba el propósito de algunos miembros del bloque militar -en particular de Estados Unidos- de extender el alcance territorial de sus "misiones militares" a escala global, como se evidenció tempranamente en la reunión de esa organización celebrada a principios de noviembre de 1991. Las bases teóricas de la concepción bipolar del mundo y el propio esquema de la contención comenzaban a deteriorarse desde 1985, cuando la política exterior de la entonces Unión Soviética enunció la necesidad de una "nueva mentalidad política" que supuestamente diluiría la "imagen del enemigo" y permitiría implantar un concepto universal de seguridad que abarcaba los problemas económicos, políticos y sociales de los Estados, pero que eludía la confrontación con Estados Unidos y el resto de los países capitalistas desarrollados para garantizar la paz en el mundo.

En la práctica, estas posiciones impulsadas por la reforma conocida como la perestroika del socialismo en aquel país, no fueron observadas universalmente como patrones de las relaciones internacionales, pues aunque representaron inicialmente un ideario progresivo, fueron percibidas por Estados Unidos como expresión del declinar del "hegemonismo soviético" y después del fracasado intento de deponer al Presidente Gorbachov, se aceleró el curso colaboracionista de la política exterior soviética con respecto a Estados Unidos, lo cual impactó grandemente el contexto político internacional.

La nueva estrategia norteamericana debía tener en cuenta la nueva situación en la correlación internacional de fuerzas y por lo tanto, tendría que rediseñar, correspondientemente, sus objetivos de política exterior. Como es conocido, desde los Padres Fundadores, "quienes veían los asuntos internacionales como una función del equilibrio de poder" (36), la posición tradicional y predominante en la política exterior norteamericana se había inclinado hacia la escuela del "realismo político". Las ideas del realismo político han constituido un principio fundamental para la comprensión de las relaciones internacionales desde la perspectiva estadounidense, aunque no constituyan el único paradigma influyente y su expresión actual, como la de otras corrientes sufra constantes modificaciones.

Tratando de presentar los principios básicos de la política exterior norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial, Irving Kristol considera que pueden identificarse nada menos que cuatro, "que se superponen y entrelazan, mientras se frotan mutuamente a contrapelo". Este autor los enumera en orden cronológico como :

Internacionalismo liberal wilsoniano : un gran designio para un nuevo orden mundial basado en la autodeterminación, la no agresión, la conciliación y el arbitraje y la seguridad colectiva asegurada por una liga de naciones.

Una versión revisada y depurada del internacionalismo liberal, donde el mismo ideal guiaba a nuestra retórica mientras las actualidades de la Guerra Fría modelaban un política de "contención modestamente realista". Con el fin de la Guerra Fría, la retórica ha pasado a enfatizar unilateralmente el "realce de la democracia en el exterior".

Aislacionismo de derecha y de izquierda

Una concepción del "interés nacional norteamericano", difusa y desarticulada, pero que de todas formas "eleva una cierta existencia oculta en nuestro pensamiento" (37).

Es decir, según Irving Kristol se ha venido operando una transformación en los principios básicos de la política exterior desde el internacionalismo wilsoniano, pasando por un realismo moderado al asilacionismo en sus distintas variantes para alcanzar una concepción del interés nacional, en formación.

Sin embargo, desde este ángulo de análisis realista, la comprensión de las relaciones internacionales y de la política de los Estados no reside en principios morales, como es el caso de los idealistas, sino como una lucha entre gobiernos por el cumplimiento de sus "intereses nacionales". Este enfoque supone que cualquier gobierno despliega su política de acuerdo a los componentes de su poder, que constituye la variable principal de la política internacional, en lo que se incluye la posición geográfica, los recursos naturales, el desarrollo de su industria, la población, el potencial militar, el carácter nacional, la integridad moral de la sociedad y la calidad del gobierno y su aparato diplomático (38).

Ello no quiere decir que las concepciones de seguridad nacional y los intereses nacionales de Estados Unidos no tengan en cuenta sus principios ideológicos y que ellos no sean empleados en el proceso de la formación de la política, sino que siempre estos principios, si bien expresan orientaciones a tener en cuenta por los diseñadores y ejecutores de la política, se modulan en la práctica por análisis de costo beneficio, a los que contribuyen no sólo elementos de poder y capacidades para el empleo de la fuerza, sino aspectos del comportamiento social que debe aceptar los costos de la aplicación de determinada política. Es ahí donde ciertamente la definición del interés nacional es trascendental en la formación de la política exterior.

El ejercicio del liderazgo norteamericano se ha visto necesitado de definir objetivos generales y una guía para la acción expresada en un concepto. Sin embargo, hasta el presente los intentos de forjar una estrategia por parte de la administración Bush y después por el presidente Clinton han sido insuficientes. A lo sumo han enunciado y acuñado un "nuevo orden" y han presentado y consolidado una serie de objetivos diversos que con distinto énfasis se han venido empleando en el discurso político en cada situación concreta, pero esos esfuerzos han quedado lejos todavía de la definición de un nuevo patrón de comportamiento estratégico, conceptualmente formulado, apropiado y aplicado por la administración de turno.

Ciertamente la teoría y la práctica política norteamericana han ido aportando algunas claves en este sentido, porque se comprende bien el peligro que representa para una superpotencia que pretende ejercer el liderazgo en las actuales circunstancias, el haberse quedado sin una doctrina para su acción.

Puede comprenderse esta "falta" de la teoría política, o de los formuladores de estrategia en Estados Unidos, por tratarse de una fase de transición de las relaciones internacionales, caracterizada no por el predominio tan claro e indiscutido de una gran potencia en todas las esferas -a pesar de ser el líder mundial y la única superpotencia-, sino por el surgimiento y desarrollo de distintas nuevas potencias y el reacomodo o desaparición de otras que le precedieron, lo que complica enormemente el trazado conceptual de su política.

La ausencia de ese claro concepto de política exterior en las actuales circunstancias y la constante demanda que se ejerce sobre el líder para el cumplimiento de sus funciones, posiblemente sea una de las razones que permiten explicar algunos de los errores más serios de la política exterior en esta etapa de Posguerra Fría.

Después de la euforia que anunciaba la caída del Muro de Berlín, la llamada Revolución de 1989, el supuesto "fin de la historia", se atisbaba o se descubría por académicos, analistas de inteligencia, funcionarios y militares, que la "seguridad nacional" de Estados Unidos tenía ante si enormes obstáculos.

Resulta sumamente ilustrativo el análisis sobre la definición del interés nacional como lo presenta Irving Kristol, porque "es muy difícil para una gran potencia mundial articular una política exterior en ausencia de un enemigo que merezca el nombre de tal. Son, después de todo, los enemigos los que ayudan a definir el interés nacional, cualquiera que sea la forma que dicha definición adopte (39)."

La transición de las formas de socialismo tradicional en la ex URSS y Europa del Este hacia formas capitalistas resultaba muy compleja y de resultados inciertos. De la desaparición de los anteriores estados han ido emergiendo agudos conflictos nacionalistas, étnicos y religiosos, o confrontaciones por delimitación de fronteras, fundamentalmente en Europa Central y Oriental, incluyendo el territorio de Rusia, que poco se distinguen, por su fiereza de los conflictos regionales, de los que antes sólo ocurrían en Asia, Africa o América Latina.

La emergencia de nuevas potencias, de escala inicialmente regional y con una filosofía política propia, distinta a la reconocida y aceptada en Occidente, constituye una importante condición a tener en cuenta y también se suma a los desafios que habrá de enfrentar un liderazgo norteamericano global en las próximas décadas. Tal es el caso de Irak, o el Irán islámico, o de China, países que por sus antiquísimas formaciones nacionales y las bases que sustentan sus proyectos, no puede pronosticarse que cambien radicalmente por su creciente interrelación en términos económicos con el mercado mundial.

La desaparición del mundo bipolar, articulado supuestamente por la confrontación directa e indirecta de dos grandes potencias y sus respectivos aliados han hecho aparecer como nuevos, problemas y realidades pre - existentes. El nuevo orden político internacional podría ser el resultado del reacomodo de estas potencias en medio de una nueva forma de expresión del liderazgo norteamericano que en la actualidad y en el mediano plazo, pareciera manifestarse a veces más de forma multilateral, buscando el consenso o las alianzas regionales o globales, que de modo unilateral bajo la poderosa influencia aislacionista. Pero las interpretaciones de este proceso suelen ser confusas debido a la distancia que se abre entre la retórica y la realidad política y el hecho de que el empleo de los términos resulta a veces complejo. Como destaca John Vázquez "la práctica suele carecer de claridad, de congruencia o de propósito, elementos que invariablemente se encuentran en el reino de las ideas. En parte la razón de lo anterior es que los gobiernos son eclécticos en los conceptos que emplean; sin embargo, y lo que es más importante, no es nada fácil llevar las ideas a la práctica, dadas las pugnas internas y mundiales" (40). Ello no excluye las acciones unilaterales en los casos en que están en juego intereses significativos en su más próxima esfera de influencia geopolítica, siempre y cuando sea capaz de asumir los costos económicos y políticos de su ejecución.

En el actual contexto ha resultado muy difícil a la administración Clinton articular una estrategia de política exterior, si bien se han presentado algunos enunciados que buscan aproximarse a ese objetivo. La prioridad a lo interno en la política y hacia la economía, como tema primordial de la política exterior, fue expresada tempranamente. El propósito fundamental era "revivir" la economía. Se trataba de emplear la política exterior como pivote del desarrollo interno, ampliando las posibilidades de inversiones y comercio de las empresas norteamericanas que así podrían crear mayores empleos.

En esta nueva era nuestra primera prioridad de política exterior es una y la misma: revivir nuestra economía... Yo voy a elevar la economía en la política exterior, crearé un Consejo de Seguridad Económica... y cambiaré la cultura del Departamento de Estado de forma que la economía no sea más el primo pobre de la vieja escuela de la diplomacia (41).

De la anterior prioridad de la política surge un énfasis en la política comercial, que se afincaba en el interés de crear empleos para la economía norteamericana y que naturalmente encontraba una buena justificación en mantener el acceso a los grandes mercados en expansión.

No obstante, la dinámica internacional obligaba en cierto modo a un país como Estados Unidos a reaccionar ante determinados retos a sus intereses de seguridad nacional. No todo el ejercicio político externo norteamericano podría realizarse motivado por el interés de favorecer su economía interna de modo tan estrecho. Tal política tendría la posibilidad de ser aplaudida por el sector de los negocios, sobre todo el de mayor participación en el comercio exterior, pero no se estaría en condiciones de articular una estrategia de política exterior a partir de este precepto.

Surge entonces la pregunta acerca del modo en que debía ser practicado el liderazgo norteamericano. Al respecto existen distintas formulaciones como la llamada Doctrina Tarnoff (42), que podría contribuir al esclarecimiento del proceso de definición en curso de los conceptos de interés nacional y seguridad nacional. Esta llamada doctrina constituye una aceptación de las limitaciones económicas y políticas del poderío norteamericano para afrontar todos los desafíos globales y la preferencia del multilateralismo como forma viable de mantener el liderazgo norteamericano en la Posguerra Fría.

La tesis política de Tarnoff resultaba incómoda para la administración Clinton, que trató rápidamente de distanciarse de tal enfoque, a pesar de constituir uno de las conclusiones más equilibradas para avanzar en la configuración de una nueva estrategia política, por reconocer de forma realista, que Estados Unidos no tenían los recursos suficientes para liderar el mundo.

Las limitaciones presupuestarias que acompañan cualquier involucración política, a menos que se haga con el financiamiento de los aliados, constituye un enorme obstáculo para que la política norteamericana reaccione ante las crisis políticas internacionales proyectadas a lo interno por los medios de comunicación (43).

La praxis de la política norteamericana durante la Guerra del Golfo, la intervención "humanitaria" en Somalia, el caso de Bosnia-Herzegovina y la crisis de Haití y la ulterior invasión, demuestran la tendencia a buscar un consenso internacional y a tratar de obtener un acompañamiento a Estados Unidos, muy importante en términos económicos, pero también políticos. Es lo que en un estudio precedente hemos designado como "seguridad colectiva", como patrón influyente en el funcionamiento del liderazgo estadounidense en la Posguerra Fría, por oposición a un enfoque aislacionista (44).Asimismo la política se ha proyectado de forma global, demostrando una tendencia opuesta al retorno a un aislacionismo tradicional y también a un regionalismo.

Una interpretación aislacionista de la política exterior norteamericana reciente afirmaba:

Los activos más poderosos de Estados Unidos para influir al resto del mundo son su filosofía y las instituciones libres, las ideas del gobierno limitado y la libre empresa que ahora barre el mundo y su proeza económica como nación más productiva del mundo. Estos factores aseguran la influencia de la Nación, con independencia del número y lugar de despliegue de sus soldados. Estados Unidos puede mejor influir en otros mediante medios privados - el comercio, la cultura, la literatura, los viajes y cosas tales (45).

La anterior variante sugiere ejercer la influencia por "medios blandos" de política exterior, que son encaminados por instituciones privadas, pero que su interpretación mas amplia puede incluir hasta las relaciones familiares y personales. En tal interpretación, la empresa privada norteamericana (institución con fines de lucro, otras No gubernamentales, familias, individuos) se transforman en vehículos introductores de los valores norteamericanos.

Es así que un representante del sector de negocios norteamericano a raíz de la discusión sobre la ratificación de la cláusula de NMF a China afirmaba:

Nuestros empleados, administradores y trabajadores chinos están expuestos a los valores occidentales, alentados a pensar independientemente y a ofrecer oportunidades que antes no existían en China (46).

Otra opción para el ejercicio del liderazgo reconociendo las limitaciones sería, según un conocido especialista norteamericano, el establecimiento de un nuevo patrón geopolítico que otorgue preminencia a un enfoque político regional, brindándole una función a las otras potencias de acuerdo al balance de fuerzas y proyectando, en cambio, un enfoque económico global. Esta aproximación al problema recomendaría, por ejemplo, un "nuevo orden de la seguridad en Asia" que consistiría en un multilateralismo en que las potencias asiáticas se darían su propia seguridad (47).

Un objetivo doctrinal y moral actual de la política exterior norteamericana que ha sido enunciado en diversos documentos oficiales del Ejecutivo, es el principio de estimular la democracia en todo el mundo, acompañado por los temas de los "derechos humanos", la "economía de mercado" y el "buen gobierno".

En casos económicamente significativos para Estados Unidos en términos económicos y de seguridad regional asiática e incluso global, la emergencia de China como potencia pone al descubierto cómo opera la contradicción entre los intereses nacionales evaluados de modo realista y los enfoque ideológicos que sugerirían siempre una política confrontacional. Por ejemplo, la prioridad que le había otorgado el presidente Clinton a la economía y a los problemas de la política interna, entró en conflicto con su retórica inicial de campaña electoral en 1992, que hablaba de imponer sanciones a China. En términos teóricos esa contradicción fue expresada por Max Weber en el sentido de que la política debe balancear los intereses nacionales, expresados aquí muy enfáticamente por el predominio de los intereses económicos, sobre los imperativos políticos (48).

La articulación práctica dentro del ejercicio del liderazgo de los principios éticos enunciados por la política externa norteamericana que debe encaminarse a favorecer la estabilidad y desarrollo de los regímenes democráticos y a la vez servir los intereses económicos y de seguridad, que permitan mantener y ampliar el mercado, son con frecuencia objetivos difíciles de conciliar.

Evidentemente, el caso chino probablemente sea la expresión más clara y significativa de esa contradicción y evidencia que la existencia de intereses económicos y de seguridad significativos, hacen superfluos a los derechos humanos, la democracia y las razones humanitarias como componente principal en la configuración o diseño de la política.

De la anterior afirmación no debe derivarse la idea de que la política exterior norteamericana no toma en cuenta los principios de la democracia, los derechos humanos y los problemas humanitarios. Existen evidencias de lo contrario, si bien resulta siempre preferible para los formuladores de política norteamericanos cuando se presenta una coincidencia entre los principios éticos morales de la sociedad norteamericana, presentados en el discurso político de sus dirigentes y sus intereses económicos o de seguridad nacional en determinado país o región. En estos casos se tiene la solución óptima, una política consistente y coherente, retórica y práctica coinciden. Pero resulta difícil definir los intereses nacionales estadounidenses en términos de defender la democracia y el bienestar humano a escala internacional.

Así por ejemplo, la intervención en el Golfo cumplía las dos condiciones. Se podía encasillar a Saddam Hussein como negación de los valores ideológicos norteamericanos, e incluso de las normas internacionales por haber violado la soberanía de Kuwait y al mismo tiempo, en la región del Golfo Arábigo-Pérsico estaban en juego riquezas petroleras significativas para Estados Unidos, sus aliados y la economía mundial.

En cambio, por ejemplo, es sabido que durante la campaña electoral, el presidente Clinton criticó la política de Bush respecto a China en tanto violaba los principios ideológicos de la misma, al mantener un tratamiento de Nación Más Favorecida sin reaccionar al curso de los acontecimientos políticos internos. En el libro de la campaña electoral de Clinton en 1992, puede leerse lo siguiente:

Creemos que la administración Bush cometió un error al extender la concesión comercial de Nación Más Favorecida a la República Popular China antes de que esta alcanzara un avance demostrable en cuanto a los derechos humanos. No debemos recompensar a China con una condición comercial privilegiada cuando ha continuado negociando con bienes producidos por fuerza de trabajo carcelaria y cuando no ha logrado suficiente avance en el respeto por los derechos humanos desde la masacre de la plaza Tiananmen (49).

Es decir, se proponía privilegiar principios de política sobre intereses económicos. Sin embargo, esos intereses han crecido con tal dinamismo desde que se iniciaron las relaciones, que la situación confrontada por el presidente Clinton al momento de la toma de decisiones no le permitió cumplir tan llanamente su promesa y lo condujo por una trama controvertida y ampliamente criticada por su inconsistencia.

En la formación de la política exterior norteamericana han contribuido distintas corrientes de pensamiento que pugnan por convertirse en tendencia predominante. En este estudio ha resultado funcional la que de algún modo se deriva de la contradicción entre los enfoques ideológicos y realistas de la política exterior (50).

Ciertamente estas dos fuerzas que buscan imponerse en cada momento como concepción predominante de la política exterior no se encuentran siempre absolutamente disociadas y en flagrante antagonismo, sino como partes indisolubles de una unidad de contrario de la que resulta en cada caso un balance a favor de una u otra, si bien se reconoce por el conocido historiador Arthur M. Schlesinger, Jr. que "la prioridad de la política de poder sobre la ideología" ha sido reconocida de una forma o de otra por la mayoría de los presidentes norteamericanos de la posguerra desde Truman a Nixon, e incluso Reagan, que se consideraba altamente ideologizado en su discurso, tuvo que refrenar su ímpetu en reiteradas ocasiones entre las que se encuentran precisamente la preferencia por China en lugar de Taiwan (51).

Si se sigue un enfoque ideológico, la política exterior norteamericana debía definir una política semejante para todos y no como sucede en la realidad, que en determinados casos, como es el de China y posteriormente Viet Nam a partir del levantamiento del embargo a principios de 1994, se aplicaba un enfoque predominantemente realista, si bien persistía el debate y la confrontación al interior de la sociedad norteamericana sobre estos asuntos.

La tesis del llamado nuevo orden mundial unipolar merece considerarse en todas sus dimensiones del liderazgo o hegemonía de Estados Unidos en las condiciones actuales, pues desde esta perspectiva, refleja sólo una arista del asunto y no permite comprender la riqueza y complejidad que las relaciones internacionales han adquirido en esta etapa.

El unipolarismo, como expresión de una interpretación del actual momento de las relaciones internacionales desde un enfoque estructuralista, supone implícita o explícitamente que al menos una buena parte de los acontecimientos políticos internacionales pueden ser comprendidos partiendo de que ahora existe una sola superpotencia mundial, del mismo modo que antes se entendían las relaciones internacionales mediante el enfoque Este-Oeste, o de la confrontación entre la URSS y Estados Unidos.

Para evidenciar la insuficiencia de ese paradigma político baste decir que ni siquiera en la etapa de Guerra Fría, donde el bipolarismo imperó, podían entenderse las relaciones internacionales de acuerdo a esa lógica. Reiteradamente se le realizaban críticas acertadas por especialistas de distintas orientaciones políticas, en tanto no se tomaban en cuenta los problemas regionales, o dicho en otros términos, las situaciones concretas de cada país o conflicto determinado.

Por ello, en el mejor de los casos, puede considerarse como un enfoque parcial. Se trataba en definitiva de una distorsión altamente ideologizada de la realidad que alcanzó su máxima expresión a escala global durante la administración de Ronald Reagan. Los enfoques ideológicos se apoyan en un elevado nivel de conflictos internacionales.

El mundo durante aquellos años finales de la Guerra Fría era también un mundo multipolar, si bien existían dos grandes superpotencias mundiales que intervenían directa o indirectamente en casi todos los acontecimientos. Esta tendencia sigue teniendo mayores posibilidades de explicar los eventos internacionales, porque el balance de las potencias involucradas a nivel de las relaciones internacionales constantemente sigue modificándose y enriqueciéndose. No se trata de una estructura estática, a pesar de que aún es cierto de que ninguna de las potencias emergentes está en condiciones de vetar a Estados Unidos con vistas a modificar el actual orden a su favor.

Ello no quiere decir que las potencias y sobre todo las superpotencias, como es el caso de Estados Unidos, no puedan influir considerablemente y en ocasiones alterar los resultados de determinados eventos políticos. Sin embargo, la solución de todos los problemas, ni mucho menos el curso de la historia, puede trazarse o explicarse por una percepción unipolar del mundo. Esta realidad se evidenciaba cada vez que se negociaban los conflictos regionales supuestamente derivados de la confrontación Este-Oeste, y no se lograban resultados si no se contaba con la participación en las negociaciones de los actores locales, que tenían su propia agenda e intereses, bien fuera en el Sudeste asiático, en Africa Austral, o en Centroamérica.

En términos de definiciones estratégicas, que son cruciales en el análisis tanto de las relaciones con potencias emergentes, como de crisis regionales desde las "limpiezas étnicas", pasando por los conflictos nacionales, los llamados problemas humanitarios y todas las variantes de crisis, demuestran que el fin de la Guerra Fría ha hecho a los temas de política exterior confusos. Sin embargo, la respuesta o posición política de Estados Unidos se hace sumamente importante pues sin duda es la única superpotencia mundial y el resto de los países, para definir sus propias posturas, tienden a referirse a la posición del líder.

El concepto de la expansión o el "enlargement" postulado por el Asesor de Seguridad Nacional, Anthony Lake si bien ha sido considerado por algunos como una fórmula actualizada de la política de la contención durante la Guerra Fría sitúa como propósito supremo de la política exterior norteamericana, la extensión de la "comunidad del mundo libre de democracias de mercado" (52).

En su presentación original el asesor de seguridad del Presidente norteamericano, tratando de hacer una contribución doctrinal a los interés nacionales y a la definición de seguridad nacional planteaba cuatro componentes de dicha estrategia:
 

- fortalecer la actual comunidad de economías de mercados donde naturalmente se encuentran Estados Unidos;

- consolidar las nuevas democracias de mercado;

- contrarrestar la agresión y apoyar la liberalización de los Estados hostiles a la democracia y el mercado y por último,

- impulsar la agenda humanitaria norteamericana no sólo para brindar ayuda, sino para contribuir a que la democracia y la economía de mercado echen raíces en regiones de gran preocupación humanitaria (53).


En esa formulación no está suficientemente claro cómo se aplicará la política ni tampoco quiénes son tributarios de ella, sobre todo en sus dos últimos componentes. Pero no cabe duda de que aporta a la formulación de los intereses nacionales norteamericanos y debe tenerse en cuenta.

Un desarrollo teórico reciente del especialista de la Universidad de Stanford, Larry Diamond, ha postulado en lugar del "enlargement" el patrón del "globalismo democrático", apoyado en el gobierno democrático y la seguridad colectiva porque supuestamente, como sucesor de la contención, el globalismo democrático sería la única estrategia de política exterior sucesora de la contención, capaz de reconciliar los intereses vitales de Estados Unidos, sus ideales y sus recursos en la Posguerra Fría (54).

La dificultad de este tipo de formulaciones está asociada al presupuesto de la existencia de un patrón de democracia universalmente aceptado, o como diría Schlesinger: "La vida internacional no tiene tales ámbitos amplios y profundos de consenso moral" porque hasta que "las naciones no lleguen a una moralidad común, no puede haber ninguna ley mundial para regular la conducta de los Estados como hay una ley dentro de las naciones para regular la conducta de los individuos" (55).

No obstante, no puede descartarse que estas propuestas proliferen y en determinado grado se apliquen dentro de los límites prefijados por la propia realidad. De tal suerte, el principio que actualmente la administración demócrata impulsa se refiere a la democracia y ciertamente las fórmulas multilaterales y de seguridad colectiva son sin dudas populares en este gobierno, aunque los problemas de la política no son solamente de palabras o conceptos. Un "globalismo democrático" no podría ser aplicado a otras potencias de manera activa de ningún modo, porque la organización de su sistema político, bien sea China, Japón, Gran Bretaña, o Francia, se funda en otras bases históricas, siempre más antiguas que la que sustentan el credo político estadounidense y que están fuertemente enraizadas en las culturas de esos países. Las bases de un conflicto de esta naturaleza descansa en su condición de potencias, son países miembros del Consejo de Seguridad y por lo tanto, tal "globalismo" no se podría lograr sin su consentimiento.

Es decir, no existe un consenso universal sobre las fórmulas apropiadas de gobierno para cada país y eso es lógico, ya que de lo contrario, si todo el mundo estuviera integrado económica y políticamente bajo un mismo código, no existirían los Estados, ni las divisiones y diferencias nacionales, ni las distintas ideologías, éticas y religiones y en fin, la diversidad de culturas que pueblan la humanidad.

La experiencia reciente demuestra la fuerza de los problemas nacionales y la incapacidad práctica de esa misma comunidad de naciones para lograr acuerdos en distintas situaciones que van desde las muy divulgadas de Bosnia, o las crisis entre las ex repúblicas soviéticas, o de conflictos interétnicos en Ruanda y otros países de Africa, o la dificultad para consolidar un gobierno democrático en un país pequeño y pobre como Haití en el entorno más inmediato de Estados Unidos.

Consideraciones finales

Un modo pragmático de abordar el problema de haberse quedado sin la definición de seguridad nacional que había funcionado en la Guerra fría, resultaba de identificar los nuevos retos y de ahí "construir" el consenso. Tratando de entender esta situación como proceso político, cabe identificar por lo menos cuatro "fases" necesarias para recomponer las bases ideológico políticas de la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, como elemento clave en la formación de política. Estos podrían enumerarse de forma lógica como : identificación de los retos reales a la seguridad ; conocer el reflejo en la conciencia política de la nueva realidad norteamericana ; establecer las discrepancias entre las tendencias políticas de la clase dominante, cuya orientación resulta hacia un ascenso conservador y por último ; tratar de crear un consenso político, al inclinar las percepciones del público estadounidense hacia las posiciones de las élites políticas dominantes.

En el momento actual, el sistema político norteamericano y en particular el que se refiere al proceso de formación de la política exterior, evidencia una situación de inestabilidad caracterizada por la ausencia de un reto significativo que permita articular o recomponer el consenso. En su lugar se ha venido ensayando con un listado de retos que han pretendido sustituir el "reto comunista". Tal es el caso del narcotráfico, el terrorismo y la subversión, la visión ambientalista de la seguridad, la migración descontrolada, la proliferación de armas, el fundamentalismo islámico y la democracia.

Evidentemente, el criterio más abarcador es la democracia, si bien tiene la limitación de no poder aplicarse de manera generalizada en tanto pueden existir, como advirtieron figuras prominentes del neoconservadurismo como J. Kirkpatrick, aliados no democráticos y en segundo lugar, no parece aceptable a escala mundial por más influyente que sea el paradigma norteamericano, ni tampoco su pueblo estaría dispuesto a luchar en todas partes por expandir este "modelo".

El fundamentalismo islámico pareciera corresponderse más con el tipo de reto que representaba la URSS en la Posguerra en tanto se apoya en una filosofía distinta y pretende extenderse, pero ninguna potencia militar existe liberando esa corriente y por lo tanto no es fácil transformarla en una amenaza al poderío de Estados Unidos, ni siquiera en el Medio Oriente y en el Norte de Africa donde es más fuerte.


©  Luis René Fernández Tabío y Lázaro Luis González Morales, EL INTERES Y LA SEGURIDAD "NACIONAL" DE EUA: SUS RETOS EN LA POSGUERRA FRIA, en Política Internacional, http://luisdallanegra.bravehost.com/euacupgf.htm

Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


Home     Arriba      A Debates 

(*) Investigadores del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, Cuba.
(1) Walter LaFeber, America, Russia, and the Cold War, 1945-1966, John Wiley and Sons, Inc., New York, 1967, p. vii.
(2) La clasificación fue asimilada de : Douglas J, Macdonald, "Communist Bloc Expansion in the Early Cold War. Challenging Realism, Refuting Revisionism", International Security, Vol. 20, No. 3 (Winter 1995/1996), pp. 152-158.
(3) Aunque la política de la Conteción se impuso en la práctica como pilar de la política exterior de Estados Unidos , esta doctrina entró en un amplio debate. Carlos Portales, en su artículo "Política exterior norteamericana", cita a Walter Lippman que en su libro The Cold War : A Study In Foreign Policy, publicado en 1947, planteaba que la Contención era una política contraproducente, pues dejaba la iniciativa estratégica a los soviéticos;que comprometía a Estados Unidos a una política indiscriminada, ya que no establecía prioridades entre las diferentes zonas del mundo;que dejaba de lado las posibilidades de acuerdos con los soviéticos, y que implicaba costos y decisiones cuya implementación la harían apta para un sistema de gobierno muy centralizado, pero no para Estados Unidos.Véase:Carlos Portales, "Política Exterior Norteamericana", en América Latina en el Nuevo Orden Económico Internacional, Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). Fondo de Cultura Económica. México. p-21.
(4) Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, New York, Free Press, 1992.
(5) David B Dewitt "The New Global Order and the Challenges of International Security", Building a New Global Order. Emerging Trends in International Security Edited by David Dewitt, David Hagund, John Kirton, Toronto, Oxford, New York, Oxford University Press, 1993, p. 1.
(6) Jorge Hernández. Seguridad nacional y Política Latinoamericana de EUA, CESEU, Universidad de La Habana, 1989, p. 75.
(7) Véase al respecto : Melvyn P. Leffler, A Preponderance of Power. National Security, the Truman Administration and the Cold War, Stanford University Press, Stanford, California, 1992, p. 511.
(8) Norman Podhoretz, The Present Danger,, Simon and Schuster, New York, p.14
(9) Jorge Hernández, Ob. Cit.
(10) Véase Paul Kennedy: The Rise and Fall of Great Powers, Random House, N.Y., 1987.
(11) Robert A. Pollard, La seguridad económica y los orígenes de la Guerra Fría, 1945 - 1950, Ed. Guernika, S.A., 1988, p. 15.
(12) Henry R. Nau, The Myth of Amercia's Decline: Leading the World Economy into the 1990s, Oxford University Press, 1990
(13) La tesis de la declinación hegemónica se le atribuye a: Robert Gilpin, War and Change in World Politics, New York, Cambridge University Press, 1981. también comparte esta tesis Robert Keohane en su libro After Hegemony: Cooperation and Discord in the World Political Economy, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1984. De mucho interJs en este tipo de análisis histórico es la obra de Paul Kennedy, The Rise and Fall of Great Powers, New York, Random House, 1987.
(14) Un panorama al respecto se encuentra en: Isabel Jaramillo "Polít ica exterior norteamericana, perspectiva global, Tercer Mundo", Cuadernos de Nuestra América, La Habana, Núm. 13, julio-diciembre 1989.
(15) Stephen Sestanibich, "Política exterior de Gorvachov, diplomacia en decadencia", Revista Internacional, Vol XXXVII, Washington D.C., enero febrero de 1988, p. 8.
(16) Beverly Crawford, "Hawks, Doves, but no Owls: International Economic Interdependence and Construction of the New Security Dilemma", en: On Security, New York, Columbia University Press, 1995, p.149.
(17) Hans J Morgenthau. "Otro gran debate: El interés nacional de Estados Unidos", en: Relaciones Internacionales. El pensamiento de los clásicos. Editorial Limusa, México, 1994. p-168. 
(18) Bernard Brodie. Guerra y Política. Fondo de Cultura Económica. México. 1978. p-331.
(19) Arnold Wolfers. "La seguridad nacional como símbolo ambiguo", en: Relaciones Internacionales. El pensamiento de los clásicos. Editorial Limusa, México, 1994. p-171.
(20) Según Arnold Wolfers, el interés nacional debe significar que dicha política ha sido creada para promover demandas adscritas a la nación y no a los individuos, o a los grupos subnacionales, o a la humanidad en su conjunto. Además recalca que la política somete a otros intereses a los de la nación. Para más información véase: Arnold Wolfers. "La seguridad nacional como símbolo ambiguo", en: Relaciones Internacionales. El pensamiento de los clásicos. Editorial Limusa, México, 1994. p-171.
(21) David Horowitz, en la introducción a su libro Corporations and The Cold War, expone que las grandes corporaciones y las instituciones financieras que dominan la economía estadounidense, se muestran como clase dominante, con un lugar en el poder e intereses, con una ideología cuya función principal es hacer una explícita identificación de la tradición nacional y el modo de vida norteamericano con sus propios intereses particulares. Véase: David Horowitz, Corporations and The Cold War, Montly Review Press, New York, 1969, p-11-16. 
(22) La importancia de las apreciaciones y los enfoques de las personalidades en el proceso de formación de la política, se evidencian, por ejemplo, en las contradicciones que presentan dos hombres que participan en el proceso de toma de decisiones sobre política exterior de Estados Unidos, el Presidente William Clinton y el senador Jesse Helms, presidente del Comité de Relaciones exteriores del Senado, en cuanto a cómo el funcionamiento de las Naciones Unidas impacta en los intereses nacionales de ese país. Mientras el Presidente Clinton plantea que "la vasta mayoría de los norteamericanos apoyan a las Naciones Unidas, no sólo porque refleja nuestros propios ideales, sino porque fortalece nuestros intereses"; el senador Helms subraya que "las Naciones Unidas se están transformando de una institución de naciones soberanas, en una cuasi-soberana entidad en sí misma. Esta transformación representa obviamente una amenaza a los intereses nacionales de Estados Unidos".
(23) Lawrence J. Korb."Who's in Charge Here?. National Security and The Contract with America." The Brookings Review. Fall 1995. Vol 13, No 4. p-5. 
(24) Michael O'Hanlon. " How To Be Cheap Hawk". The Brookings Review. Summer 1995. Vol 13. No 3. pp 32 -36.
(25) Roberto González. Teoría de las Relaciones Políticas Internacionales. Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 1990. pp. 34-35. 
(26) Ob. cit p-35.
(27) Jorge Hernández. Seguridad Nacional y Política Latinoamericana de EUA CESEU. Universidad de La Habana. 1989. p. 7
(28) Gerald E. Wheeler "National Security". Enciclopedia of American Foreign Policy. Alexander Deconde, editor. Vol.III. Charles Scribuer's sons. New York 1978. p. 623. 
(29) José Miguel Insulza. "La primera guerra fría: percepciones estratégicas de la amenaza soviética (1954-1963)", en: Estados Unidos: Una visión latinoamericana (selección de Luis Mayra), Editores, Fondo de Cultura Económico y CIDE, México, 1984, p-306.
(30) Irving Kristol, "La definición de nuestro interés nacional", en: El Propósito de Estados Unidos de América, Editor: Owen Harries, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1993, p. 50.
(31) Walter LaFaber, "Foreign Policy Assumptions of the Reagan Military Budget", Defense Sense. The Search for a rational Military Policy, Congressman Ronald V. Dellums, Ballinger Publishing Company, Cambridge Massachusetts, 1983, p. 81
(32) Walter LaFaber, Ob. cit.
(33) Henry Kissinger, La Diplomacia, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1996, p.12.
(34) Patrick J. Buchanan, "E.U. de América primero, y segundo y tercero", en: El Propósito de Estados Unidos de América, Ed. Owen Harris, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1993, p.18
(35) David B. Dewitt, "The New Global Order and the Challenges of International Security", en: Building a New Global Order. Oxford University Press, 1993, p. 2.
(36) Arthur M. Schelesinger, Jr. "Los intereses nacionales y los principios morales absolutos", Los ciclos de la historia americana. Ed. REI, Argentina, 1990. p. 86.
(37) Irving Kristol, A., La definición de nuestro interés nacional, en : El propósito de Estados Unidos, Buenos Aires, 1993, p.50
(38) Hans J. Morgenthau. Politics Among Nations, New York, 1967, pp. 106-144. Véase al respecto: Roberto González. "La escuela del realismo político'". Doctrinas en la política exterior norteamericana en la Post-Guerra., Avances de Investigación, No. 1, CEA, La Habana, abril 1980, pp. 18-36. 
(39) Irving Kristol, "La definición de nuestro interés nacional", El propósito de Estados Unidos de América. Nuevos enfoques de la política exterior de Estados Unidos, Compilador Owen Harries, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1993, p. 47.
(40) John Vázquez. "Moral y política", en: Relaciones Internacionales. El pensamiento de los clásicos. Editorial Limusa, México. 1994. p-25. 
(41) (Bill Clinton, August 13, 1992). Harper's Magazine, January 1994, p. 60
(42) "[Seeking a multilateral consensus is] a form of leadership that's quite appropriate at the moment... We don't have the influence [to act unilaterally]. We don't have the inclination to use military force. We certainly don't have the money." Under Secretary of State for Political Affairs/ Peter Tarnoff, May 25, 1993. Harper's Magazine, January 1994, p. 60 
(43) Charles William Maynes. "A Workable Clinton Doctrine". Foreign Policy, Winter 1993-94, p.5
(44) La significación relativa para Estados Unidos y el resto de las potencias del tema de conflicto puede fortalecer una de las dos formas de ejercicio del liderazgo, si bien el elemento consustancial del liderazgo y sobre todo de la hegemonía sería un enfoque unilateral, aislacionista. La "seguridad colectiva" en cierta medida es expresión de la debilidad relativa de Estados Unidos.
(45) Doug Baudow, "Keeping the Troops and the Money at Home", Current History, January 1994, p.13
(46) Patrick E. Tyler. "Chian Welcome U.S. Trade Policy", The New York Times, May 28, 1994.
(47) Charles William Maynes. "A Workable Clinton Doctrine". Foreign Policy, Winter 1993-94, p.8
(48) VJase: George Kennan, "Morality and Foreign Policy", Foreign Affairs, Winter 1985-86.
(49) Bill Clinton; Al Gore. El pueblo es primero. Estrategia para el cambio. Editorial Diana, MJxico DF, febrero de 1993, p.166
(50) Sobre este aspecto pueden verse otros enfoques elaborados por investigadores del CESEU : Graciella Chailloux, "Nuevos fundamentos para las relaciones Estados Unidos - Caribe", ensayo presentado a ILAS, Universidad de Texas, Austin, 1994 ; Rosa López "La guerra fría : un contexto de la relación triangular EUA- Cuba - URSS"
(51) Arthur M. Schlesinger Jr..La polRtica exterior y el carácter norteanericano, en: Los ciclos de la historia americana. Editorial REI, Argentina, 1990, pp. 71 y 74.
(52) Harper's Magazine, January 1994, p.60. También puede adscribirse a otras corrientes de influencia relevante en la política exterior norteamericana, como el internacionalismo wilsoniano, en el sentido que pretende aplicar internacionalmente las normas de Estados Unidos, o como heredera del proyecto democracia dentro de la Doctrina Reagan.
(53) Harper's Magazine, January 1994, p.60
(54) Larry Diamond. "The Global Imperative: Building a Democratic World Order" Current History, Vol. 93, No. 579, January 1994, pp. 1-7.
(55) Arthur M. Schelesinger Jr. Los ciclos de la historia americana. Editorial REI, Argentina, 1990, p. 88.