|
|
2) Procesos de reunificación, como el de Alemania o tendencia a lograrlo, como China, Corea;
3) Procesos de transformación económico-social, como los de China; Federación Rusa.
Podría abundar en procesos que muestran las grandes transformaciones y contradicciones que se dan.
Los sistemas políticos, son variable dependiente de las características del orden mundial por lo que los Estados deben acomodarse a los cambios vigentes –esto no significa que el Estado sea un “sujeto pasivo”, sino condicionado por las características organizativas ambientales del sistema mundial-; a la vez que los cambios en la conformación de los Estados -status- provocan cambios en el sistema y el orden mundial.
Las características vigentes del orden mundial son las que condicionan la forma en que el Estado resultará funcional al sistema; esto significa que favorecerá a su seguridad –v. gr.: conflicto Este-Oeste- o su rentabilidad –v. gr.: pagará la deuda externa, favorecerá la radicación de empresas o la entrada de capitales, etc., que son las que actualmente predominan- (1).
El Estado-Nación está sometido a presiones externas de carácter ideológico y también de orden estructural.
Los factores ideológicos han sufrido variaciones. Durante la etapa bipolar, funcionaban alrededor de una pugna entre dos ideologías alternativas: capitalismo vs comunismo. Con la finalización del bipolarismo, la resultante ha sido el predominio de un mundo “globalizado y planetario” y de la ideología neoliberal que compulsa al Estado –sus gobiernos- a minimizarse en aras de la rentabilidad del sector privado -generador de estas demandas y presiones-.
El valor más preciado en los últimos cincuenta años, dado el conflicto Este-Oeste, fue la seguridad, por lo que el Estado-Nación, garante de la seguridad, estaba “emblocado” privilegiando este factor, por sobre cualquiera otro de carácter económico. De ahí surge la imagen del Estado intervencionista. Hoy, al no haber problemas de seguridad, ya que no hay pugna entre ideologías, la rentabilidad –que es el valor más preciado- requiere la mayor libertad de acción económica, sin un Estado que le genere reglas o, almenos, limite las posibilidades. Por lo tanto, el Estado debe minimizarse, desregularse y generar pautas favorables al funcionamiento y los intereses del sector privado, productor, inversor y comercializador (2). No cabe duda que, en este caso, es el sector privado –particularmente el transnacional- el principal interesado en la disminución del rol del Estado y el principal generador de la “reforma del Estado”.
Las presiones de carácter estructural tienen que ver, fundamentalmente, con la evolución y el desarrollo tecnológico y la multiplicación de actores, que se ve complejizada por el alto índice de transnacionalización.
Los factores tecnológicos inciden en aspectos esenciales del Estado-Nación, como es la soberanía.
Un componente central para definir y entender el concepto de soberanía es la seguridad.
Históricamente las fronteras naturales estaban dadas por una montaña o un río, luego delimitadas por tratados firmados entre los Estados. El mar territorial, bajo el cual está la soberanía territorial del Estado ribereño, luego de varios criterios que fueron variando, se estableció en 12 millas, resultante del tiro de una bala de cañón, criterio avalado por la Conferencia de Derecho Marítimo de Ginebra de 1958. Esto comprende la columna aérea y el fondo del mar. Las 200 millas marinas, son la resultante de la suma del mar territorial, 12 millas, más 188 millas de zona económica exclusiva (ZEE). Asimismo existe un dominio sobre el espacio aéreo que se encuentra por encima de la superficie del territorio. Idem en su “profundidad”, hasta donde pueda ejercerse bajo la tierra (3).
Por supuesto, cuando uno habla de la soberanía, no sólo habla del “imperium” sobre el territorio, sino también del dominio político y económico del Estado.
Con el desarrollo satelital y misilístico, la seguridad territorial se ha hecho cada vez más vulnerable, particularmente para aquellos Estados que carecen de este tipo de capacidades que, salvo Estados Unidos y la ex URSS, y algunos muy escasos otros Estados, no ha alcanzado ningún otro.
Estado-Nación: se multiplicó la cantidad desde su surgimiento a partir de la Paz de Westfalia de 1648, a la vez que fue perdiendo el monopolio del relacionamiento mundial. Para 1999 hay aproximadamente 200 y el informe del Secretario General de la ONU a la Asamblea General en 1994 dice que si se sigue con este nivel de “fragmentación”, es probable que a principios del siglo XXI haya más de 400. El Estado-Nación va perdiendo sus atributos esenciales.
Muy pocos Estados tienen un manejo de la soberanía. Existen algunos que tienen, lo que se podría denominar una “supra-soberanía” y otros, una “soberanía limitada” (7).
Las empresas transnacionales son aquellas que tienen actividad más allá de las fronteras en donde tienen su sede, actúan bajo una unidad mundial de gestión y tienen como objetivo la maximización de beneficios. Su actuación transnacional busca reducir los costos de producción, beneficiándose de las condiciones fiscales, geográficas, sociales más rentables, diversificando sus actividades geográfica y sectorialmente maximizando sus beneficios y repartiendo los riesgos en distintos tipos de producción.
El Instituto de Derecho Internacional, define a las ONG como "grupos de personas o de colectividades libremente creadas por la iniciativa privada, que ejercen, sin animo de lucro, una actividad internacional de interés general, al margen de toda preocupación de orden exclusivamente nacional". Otro requisito es la composición multinacional (11).
Hoy, cuando se quiere hacer referencia a la calidad de “actor”, en el contexto del sistema, se debe recurrir, más que al atributo de soberanía, a criterios de carácter funcional, como la capacidad para generar recursos, la capacidad de generar reglas o modificarlas, o la influencia psicológica para provocar lealtades (12).
Si el sistema es complejo por la gran cantidad y el alto índice de heterogeneidad de los actores, también se vuelve compleja la “estructura” mundial.
Por su parte, uno de los componentes importantes del sistema mundial, el Estado-Nación, está siendo “penetrado” y condicionado por actores transnacionales. En realidad se trata de funciones que anteriormente tenía el Estado-Nación y actores que se encontraban en su interior bajo su control como empresas, bancos, etc., ahora comandan esas funciones; en otros casos se trata de nuevos fenómenos como el narcotráfico.
El control de los procesos productivos; del flujo financiero y el manejo de las inversiones; del manejo de la toma de decisiones en gran cantidad de temas, como medio ambiente, derechos humanos y otros que entran dentro del terreno judicial; la seguridad; se han desplazado del Estado a manos transnacionales.
Los Bancos Centrales poco y nada pueden hacer para controlar el flujo financiero y decidir que el dinero se quede en el país o ingrese al circuito productivo abandonando el especulativo. La actividad económica global no coincide con el trazado de fronteras nacionales (13).
Ahora, las empresas o bancos que antes estaban bajo el control del Estado-Nación presionan sobre éste generándole reglas. En muy pocos casos, como Japón y algunos pocos países asiáticos, Estados Unidos, algunos países de la Unión Europea, se da una “alianza” entre el sector privado transnacional y el Estado, hasta el punto de apuntalarse mutuamente. En la gran mayoría de los casos no ocurre esto y América Latina es un buen ejemplo.
Este fenómeno, de hecho, va acompañado por la creciente influencia e injerencia de la ideología ambiental –no ambientalista, sino la que impera en el contexto global-, que está incorporada a los organismos internacionales y a los organismos transnacionales calificadores de “riesgo país”, que se orientan a fortalecer y consolidar esta tendencia.
Ahora habría que hablar en términos de Estado transnacionalizado. Esto, debido al alto grado de transnacionalización que vive el mundo y a la importancia de los actores transnacionales en el manejo de las reglas y en la orientación de los objetivos. Ahora, los Estados, sus estructuras político-administrativas, sólo son el elemento necesario para que los actores transnacionales logren sus objetivos.
Los Estados-Nación, a través de los gobiernos funcionales a la ideología ambiental, han abandonado sus funciones esenciales, en aras de disminuir el “costo país”. Se han privatizado servicios como educación, salud, previsión social. La seguridad personal está mayoritariamente en manos de grupos privados y el sector público contribuye a que esto se profundice, debido a la disminución de la inversión en seguridad personal.
Ha habido una proliferación de instituciones educativas
privadas
en todos los niveles. Toda institución privada que haya
conseguido
la correspondiente autorización, está obteniendo
rentabilidad
sin dar calidad ni contribuir al desarrollo, al mejoramiento social ni
a la investigación científica; área incluso en la
que el Estado ha disminuido su inversión y descuidado el
significado
que tiene.
Los tribunales que tienen jurisdicción para entender de problemas con empresas que tienen subsidiarias en los países latinoamericanos, o empresas latinoamericanas que tienen deuda con empresas o Estados extraregionales, no se encuentran en América Latina, sino, principalmente, en Estados Unidos que es donde están las casas matrices de esas empresas o en países europeos.
Hay un alto grado de penetración de los Estados-Nación, por actores transnacionales, que los reorienta en el sentido de sus intereses, impidiendo que se alcancen los objetivos del interés nacional general. Salvo Estados muy poderosos, como Estados Unidos, que han establecido un modus vivendi entre el sector público gubernamental y el sector privado, que les ha permitido históricamente coexistir y operar en beneficio mutuo, y algunos otros Estados, tal como mencionaba más arriba; en la gran mayoría de los casos –América Latina es un ejemplo- el sector privado ha operado como un factor de poder, a veces, para imponer conductas al Estado. El “aspecto económico” de los golpes de Estado militar -siempre aliados, salvo algunas excepciones, a los sectores económicos liberales- en América Latina muestra claramente esto.
Si uno observa al sistema mundial desde el punto de vista de los “actores”, en cuanto a cantidad y tipo, debería decir que desde el siglo XIX a la actualidad han variado. El orden mundial del siglo XIX tenía pocos actores y eran Estados. Durante el orden bipolar imperante en el siglo XX, la cantidad de actores estatales más que se duplicó, y además comenzó la influencia de actores transnacionales, particularmente a partir de los ‘60. En la actualidad y hacia el siglo XXI se podría hablar de un mundo, fundamentalmente transnacional con gran cantidad de Estados y, en este último caso, con tendencia a la fragmentación, por un lado, y a la convergencia en conglomerados geo-económico-comerciales, por el otro.
Consecuencia del avance del proceso de transnacionalización, el mundo pareciera estar pasando de un sistema internacional dominado por los conceptos de poder basado en la seguridad militar, a otro basado en las relaciones de interdependencia transnacional (14). Lo que no está en claro, es qué características tendrán esas relaciones de interdependencia -que de todas formas es desigualitaria-.
La visión y orientación –dirección hacia dónde va- del mundo depende de los actores preponderantes. Los militares en el sistema bipolar; los empresarios y banqueros o financistas, en el sistema que se está gestando actualmente. Por lo tanto, la visión del mundo y el “régimen de verdad” -cómo deben verse las cosas según los poderosos (15)- depende de la visión de estos actores preponderantes. Los valores dominantes, el tipo de orden y cómo conservarlo –mantenimiento del status quo en beneficio del “establishment”-.
El orden es diseñado por unos pocos actores, siguiendo, desde ya, las pautas de la estructura vigente. No obstante, hoy son muchos los que intervienen. El mundo se ha atomizado –y vuelto heterogéneo al transnacionalizarse- y el poder se “difunde” –se “atomiza entre muchos”-.
El Estado en el siglo XIX se centraba en el aspecto de la soberanía territorial. Hacia fines del siglo XX crecientemente considera los aspectos étnicos y tecnológicos como factor diferencial, más que el aspecto territorial.
Tal vez, las nuevas tendencias se orientan en el sentido de que, a diferencia del pasado, hoy, las relaciones mundiales son protagonizadas por un creciente número de centros de poder, cuya actuación externa tiende a satisfacer una gama de objetivos mucho más amplia que en el pasado, no sólo a través del Estado-Nación, sino también de la sociedad civil organizada; se desenvuelve en torno a una agenda más compleja y menos jerarquizada; son manejadas por nuevos y múltiples agentes, distintos del Estado-Nación que ponen en juego recursos de poder no tradicionales en un contexto donde los “ejes” de relacionamiento e intereses son mucho más numerosos, cambiantes y entrelazados que antes (16).
La transnacionalización, consistiría en la integración de actores locales a un ámbito de carácter global, cuyo manejo requeriría de una estrategia igualmente global. Para Tomassini, es el carácter global de los ámbitos de acción lo que define la naturaleza transnacional de los actores y no viceversa. Cada vez que se encuentre un actor transnacional, se lo verá actuar en un ámbito transnacionalizado, sea este la religión, la producción moderna o las finanzas (17).
Los Estados-Nación y los actores transnacionales operan de distintas formas en el sistema mundial. Mientras las relaciones interestatales se dan principalmente en el campo diplomático-militar-económico siguiendo criterios de interrelacionamiento que privilegian la soberanía, las relaciones transnacionales centran la acción de los distintos actores en otros segmentos de la realidad, que tienen que ver con el campo económico, social, ecológico, cultural, y forman una trama de relaciones que existe por sí misma como una realidad “transfronteriza” y fuera de todo esquema territorial-soberano (18). Pero también existen actividades vinculadas a lo estratégico-militar de carácter transnacional, toda vez que opera el narcotráfico, la guerrilla, o los grupos étnicos y religiosos que propenden a la fragmentación del Estado en defensa de sus intereses.
Ya no se mantiene la lógica interestatal como punto de referencia básico en las relaciones mundiales y en la configuración del sistema mundial.
La tendencia “transnacionalista” ha incrementado una estrategia de diversificación geográfica de la producción que se orienta a la creación de regiones productivas, independientemente de las “fronteras” nacionales. Estas acciones de las empresas transnacionales están regionalizando la economía mundial (Estados Unidos?Unión Europea?Japón) marginalizando Africa y las zonas mas deprimidas de América Latina y el Caribe, y Asia (19). Operan en el sistema mundial como nuevos actores que, en la mayoría de los casos, superan la incidencia que en el mismo tienen los Estados-Nación.
La banca, los fondos de pensión y de seguro, más que regionalizar, han planetarizado el flujo financiero, marginando a aquellos Estados considerados ”riesgosos” para sus intereses financieros o aquellas regiones –Africa por ejemplo- cuya rentabilidad es baja o nula; más allá de la necesidad que tienen de inversiones para resolver problemas básicos de supervivencia.
En realidad, a nivel universal, es el capital el que se mueve con agilidad. La tierra no se puede mover, aunque los recursos naturales lo hacen, pero su movilidad tiene dificultades, y las personas -trabajadores- son limitadas por sistemas migratorios inmovilizantes. Japoneses en relación con otros asiáticos u occidentales; Estados Unidos con relación a los latinos; los europeos occidentales con relación a los europeos orientales o a los de la región del "Magreb"; etc..
El capital financiero tiene más movilidad que la inversión, por lo que ocupa una posición privilegiada ya que puede eludir a los países en los que está sometido a impuestos o normas onerosas.
Las grandes empresas multinacionales tienen una flexibilidad en la fijación de precios de transferencia y pueden ejercer presión en momentos en que se tomen decisiones de inversión, pero su flexibilidad no es comparable con la libertad de elección que disfrutan los inversionistas de cartera internacionales.
Por ello el capital financiero ocupa un lugar dominante en el mundo actual.
Muchas industrias, como la automovilística, la química, la informática, llegaron a estar dominadas por grandes empresas multinacionales. Los mercados financieros internacionales tardaron un poco más en desarrollarse porque muchas monedas no eran plenamente convertibles y muchos países mantuvieron controles sobre las transacciones de capitales (21).
En América Latina el Chilede Pinochet, es un buen ejemplo del desarrollo del capitalismo autoritario y hoy, la democracia es más formal que real, toda vez que Pinochet, sigue controlando el senado, las fuerzas armadas y el aparato judicial a través de leyes de auto-amnistía decretadas durante su dictadura que aun tienen vigencia y resulta difícil anular.
En el capitalismo global, las fuerzas del mercado no necesariamente empujan a los Estados a la democracia. Los grandes bancos internacionales y empresas multinacionales, están frecuentemente más cómodos con un régimen fuerte y aún autocrático, que es más previsible, que uno democrático -hablo de democracia y no de "procesos electorales" no participativos- que puede cambiar según las presiones electorales (22).
La libertad de información es uno de los elementos que se esgrimen como centrales para que haya democracia. No obstante la libre circulación de la información no necesariamente desembocará en la democracia, sobre todo cuando la gente que vive en países con democracias no cree en la información como principio universal.
Una de las garantías fundamentales de un sistema basado en un Estado de Derecho se encuentra en la independencia del Poder Judicial. Esta debe comenzar por la elección de los miembros del poder judicial, sus fiscales y sus jueces, a partir de métodos democráticos y no a través de decisiones del Poder Ejecutivo.
La democracia no responde simplemente a procesos electorales. Existen "condiciones" que hacen que de una elección, resulte una "democracia". La "condicionalidad" quiere decir que los Estados están obligados a cumplir con las normas internacionales de Derechos Humanos y que ésta sea una "condición" imprescindible de los acuerdos multilaterales o bilaterales que firman.
Desde ya, no debería ser utilizada como instrumento de presión internacional con propósitos políticos para obtener ciertos resultados en las relaciones entre los Estados, ni utilizarse la política de poder para obtener resultados que no pueden ser exigibles a los que ostentan el mayor poder.
Los sistemas electorales no garantizan por si solos ni la participación de la comunidad -los altos índices de abstencionismo, salvo en los pocos casos en los que el voto es obligatorio, no son sino una manifestación de esta realidad-, ni su participación en las decisiones que la afectan. Aunque en América Latina apareció la "ola" de los "procesos democráticos" una vez agotados los procesos dictatoriales, los mismos no son sinónimo de democracia.
En la actualidad existe un delito igualmente grave al de las dictaduras con su ejercicio terrorista del poder estatal, que permanece impune: "la muerte sistemática por privación de derechos humanos elementales": salud, trabajo, alimentación, vivienda. El hambre de los pueblos no es un producto de la naturaleza sino una consecuencia de los actos de gobierno y de la aplicación exclusiva de las leyes del mercado a las relaciones "humanas" (23).
La relación entre capitalismo y democracia es endeble a la vez que ambos responden a principios diferentes.
En el capitalismo el objeto es la riqueza, en la democracia es la autoridad política. Los criterios de medición son diferentes, en el capitalismo la unidad de cuenta es el dinero en la democracia el voto. Los intereses son distintos. En el capitalismo son intereses privados e individuales en la democracia el interés es público (24).
Desde la finalización de la 2da G.M., la cuota del Estado en el PNB en los países industrializados, tomados en conjunto, casi se ha duplicado. A partir de 1980 ha cambiado la corriente; sin embargo la cuota del Estado en el PNB no se ha reducido; lo que ha sucedido es que los impuestos sobre el capital y el empleo se han reducido mientras que el gravamen al consumo ha seguido aumentando. La carga de los impuestos ha pasado del capital al ciudadano. Esto no es lo que se había prometido, pero no se puede decir que es el "efecto no deseado", porque el resultado es justamente como lo pretendían los partidarios del libre mercado (25).
Todo
esto es un proceso. Aún no están claras las
características
definitivas del sistema mundial; tampoco las del nuevo Estado –status-.
Lo cierto, es que el Estado-Nación basado en el concepto de
soberanía,
ya no vuelve bajo las condiciones que conocimos.
*
El Autor nacido en la ciudad de Comodoro Rivadavia, Provincia
de
Chubut (Argentina) en 1944, se licenció y doctoró en
Ciencia
Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional
de Rosario (Rosario, Argentina) 1972. Es profesor universitario,
orientado al área de la Teoría de las Relaciones
Internacionales
desde la perspectiva de los países "Sur", y a la Política
Exterior. Es investigador científico del Consejo
Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de
Argentina.
Arriba
bravenet.com