BASES PARA UNA POLITICA EXTERIOR *
 

©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA **


INTRODUCCION

En una época de crisis internacional generalizada y de permanentes cambios, se hace necesario una creciente diversificación de la política exterior, a los efectos de mantener al mismo tiempo diferentes diálogos con distintos países, a la vez que poder adoptar diferentes soluciones frente a diferentes situaciones, pero siempre manteniendo una posición propia, en vez de adoptar posiciones a último momento como se respondiera al ya tradicional comportamiento coyuntural. Es la única manera de dar respuestas inmediatas a los problemas tanto regionales como globales. Para ello, se hace necesario una inserción clara.

Teniendo en cuenta estos aspectos, la Argentina debe manejarse principalmente en tres planos fundamentales:

a) Sistema de Relaciones Intra-Latinoamericano

El comportamiento tradicional de los países de América Latina se ha caracterizado por sus lazos frágiles en los aspectos internos y por mantener el eje de sus relaciones hacia afuera, más que orientarse a los aspectos de la realidad política, económica, social y cultural de la región.

Las características propias de los procesos políticos latinoamericanos han desestimulado históricamente toda aproximación. Sin embargo, la unificación regional debe ser el resultado, no de un proceso espontáneo sino racional, teniendo en cuenta esa diversidad actual.

Es evidente que América Latina con ALALC primero y luego con ALADI, ha creado un mercado pero no un actor internacional, resultando de esta manera más lucrativo a los inversionistas y empresarios extranjeros que a la región. Lo misma se puede decir del MERCOSUR. Lo que cabria esperarse de una comunidad económica latinoamericana, más que un simple mercado, sería, al menos: 1) aprovechamiento de la inversión externa en beneficio del propio desarrollo; 2) creación de empresas conjuntas que permitan competir en el mercado mundial; 3) el desarrollo de tecnología a nivel regional.

Las bases de la cooperación intrarregional no deben sentarse en los aspectos característicos de la confrontación planteada por EUA -que provocarían la total desunión y el debilitamiento, favoreciendo el intervencionismo y facilitando los hegemonismos en la región- sino en la búsqueda de instrumentos que permitan, por un lado solucionar nuestros problemas regionales, y por el otro, fortalecer nuestro poder negociador en el plano internacional. Esto sólo se puede conseguir, incorporando la diversidad y el pluralismo como un dato esencial dentro del proceso político-económico latinoamericano.

Los Estados de América Latina deben dejar de lado su tradicional aislacionismo –dentro de un globalismo comercialista- y adoptar posiciones conjuntas que les permita encarar, de la mejor manera, las situaciones de cambio internacional a la vez que lograr mejores posiciones que las que detentan hasta el presente. América Latina debe reflejar en su comportamiento externo y en su forma de relacionarse internamente la comprensión y el interés por alcanzar estos objetivos, dejando de lado el típico comportamiento de "guerra fría" de pretender dar solución militar a cualquier problema que se presente en la región, sea por la vía directa o alimentando el aparato intervencionista hemisférico. Las soluciones para los problemas latinoamericanos deben salir de América Latina, a través de verdaderos métodos de consulta, que antes que nada deben agotar las vías políticas.

b) Sistema de Relaciones de la Región con los Países del Norte

Dada la vulnerabilidad política-económica y cultural de la región, y el atraso en el logro de una mayor coordinación en los objetivos externos, a lo que debe sumarse la gran inestabilidad y discontinuidad de los procesos políticos internos –antes por la sucesión de gobiernos civiles con militares, ahora porque los sucesivos gobiernos tienden a deshacer lo que hicieron los anteriores-, América Latina se ve afectada en sus relaciones externas por un proceso interactivo que funciona desde "afuera hacia adentro". Bajo esta ecuación sus posibilidades de desempeño se encuentran entre:

a) la satelización, en la que se carece absolutamente de una política externa como acción externa, actuando en el plano de la supervivencia. El Estado carece de capacidad de desempeño comercial y financiero, debiendo recurrir permanentemente a la ayuda y la deuda externa, quedando anexado a las reglas del juego establecidas desde el exterior y crecientemente manejadas por actores transnacionales;

b) la complementación, en la que la política externa es fundamentalmente de orden defensivo, ya que el Estado debe ajustarse a las pautas establecidas externamente, cumpliendo con un rol específico sin posibilidades de innovación o con posibilidades mínimas. Se da un "espejismo" de desempeño autónomo, pero sujeto a los ciclos de sus relaciones internacionales;

c) la competitividad, etapa en la que prácticamente ningún Estado latinoamericano se encuentra en condiciones individuales de desempeñarse. A través de la cooperación regional y desarrollando la capacidad de innovación por medio de la educación y el desarrollo científico y tecnológico, pueden lograr una mayor autonomía de desempeño e incluso fijar determinadas pautas de participación, en el mediano y largo plazo.

En América Latina hasta el presente existe una gran tendencia a la importación de ideologías de cualquier tipo, así como de conflictos; del mismo modo que se buscan modelos externos que, por su inadecuación provocan distorsiones y frustraciones. Contrariamente a esto, deberá darse prioridad a las propias instancias regionales de formulación de políticas. La brecha tecnológica sólo puede ser vencida con educación y desarrollo científico. Si América Latina no logra hacerlo por sus propios medios, otros Estados o actores transnacionales detentarán el monopolio de la ciencia y la técnica y las manejarán según sus propias pautas. En el mundo moderno, el poderío militar es sólo un factor dentro de la defensa nacional. La seguridad será en realidad sinónimo de desarrollo económico y científico.

Las alternativas para los países de la región en el marco individual, están entre los modelos de satelización o complementación; por lo que a los efectos de ahorrar gastos en inversión, será mejor cerrar las universidades y enviar a los hombres a los talleres como aprendices, "o" desarrollar la educación la ciencia y la técnica en beneficio del país y la región En este último caso, es necesario establecer una ecuación para el desarrollo, asociación convergente entre la industria, la universidad y el poder político. Esto significa desarrollar no sólo las ciencias naturales sino también las ciencias sociales.

Para lograr un verdadero desarrollo y participación internacional, la solución no está en encerrarse en la autarquía nacional, sino construyendo un modelo latinoamericano. La autarquía provoca dispersión de esfuerzos, despilfarro, conduciendo a resultados magros, o bien a la concentración de los medios en un solo objetivo, dejando otros que son importantes e indispensables. 0 América Latina forja su propio proyecto -sin que esto signifique la "confrontación" con los países Norte-, o los países Norte y las transnacionales seguirán organizando su futuro. No se puede pretender un rango mundial sin hacer nada para emprender el camino hacia ese objetivo, salvo tratando de sacar la mayor ventaja de la situación de dependencia.

La renovación de la política regional, provee las bases necesarias para un fortalecimiento de las relaciones intra-latinoamericanas, y para el diálogo extraregional. De esta manera se redefine la posición internacional de América Latina y de acuerdo con esto se sientan las bases para que el sistema de relaciones internacionales de la región sea un proceso que parta de "adentro hacia afuera" y no en el sentido inverso. América Latina debe actuar respecto de las potencias del Norte de manera tal de proponerse, más que tratar de cambiar sus intenciones, hacer que los costos de las políticas que perjudiquen a la región sean mayores que los beneficios que logren los países Norte. Para el logro de estos objetivos los Estados latinoamericanos deberán realizar políticas que tengan en cuenta:

i) ablandamiento de las tensiones existentes dentro de la región tratando de enfocar racionalmente las diferencias;

ii) creación de vínculos de confianza entre los países latinoamericanos;

iii) búsqueda de fórmulas que permitan una clarificación y el establecimiento de los intereses regionales, con vistas a la conformación de un proyecto común.

c) Sistema de Relaciones de la Región con el Resto del Tercer Mundo

América Latina ha sido un importante contribuyente en el desarrollo de conceptos básicos que pueden permitir, en todos los ordenes, el armado de una estructura básica sobre la que podrían actuar los países del Sur, de manera coherente y coordinada.

En el plano jurídico, a través del Panamericanismo, ha sentado una serie de principios relevantes que han enriquecido al Derecho Internacional y que, utilizados en forma sistemática y en favor de los propios países del Sur, pueden contribuir en gran medida a la satisfacción de sus necesidades. Igualmente ha hecho importantes aportes en el campo del comercio internacional, de la cooperación económica, energética, etc., que deben constituir el patrimonio con el que contribuya a los esfuerzas del Sur dentro de su sistema de relaciones, para la construcción de una mayor independencia de desempeño. Para ello, debe elaborar sus propias posiciones y no sólo ser el "eco" de las posiciones de otras regiones.

El factor movilizador en este caso, debe ser la cooperación para el fortalecimiento del poder negociador a través del fortalecimiento de los lazos de los países de la región y del Tercer Mundo en general.

Argentina debe adoptar como característica de su comportamiento internacional, la diversidad y la polivalencia, ajena a todo etiquetamiento; pero también, dentro de esa diversidad y polivalencia, debe situarse en el mundo como país latinoamericano, asumiendo su identidad sin que esto vaya en desmedro de su individualidad. Dentro de este esquema, debe tomar total conciencia de que es inadecuado concebir en la actualidad una América Latina en términos de un único proceso político. La diversidad constituye hoy, una etapa dentro del proceso de formación de la unidad latinoamericana. Sólo respetando y haciendo respetar esa diversidad, se podrán evitar las escisiones y los hegemonismos perjudiciales.

Considerando estos aspectos, la Política Exterior Argentina debe tener en cuenta dos elementos:

1) un horizonte de concentración de su sistema de relaciones, según una escala de prioridades de inserción del país:

a) América Latina, ya que es el contexto geográfico, político, económico, social y cultural inmediato;

b) los países del Tercer Mundo, ya que Argentina es un país Sur dentro del sistema de relaciones mundial. Esto no significa que debe actuar masivamente. Puede vincularse "selectivamente".

2) Un horizonte de proyección de su política externa, que corresponde a orientaciones destinadas a precisar la proyección de la nación en el sistema internacional, adecuando los objetivos a las condiciones internacionales imperantes.

a) Atender a los cambios importantes que se dan en el sistema internacional, adaptando la política externa a las nuevas condiciones internacionales.

i) advenimiento de nuevos centros de poder, en particular de carácter económico;

ii) tendencia del mundo hacia el multipolarismo;

b) Dar preferencia a las políticas de cooperación regional y subregional frente a la problemática planteada por el comportamiento económico de los países industrializados y de los actores transnacionales, especialmente los financieros;

i) decisiones conjuntas frente a la deuda externa global, las inversiones y los modelos de desarrollo, así como para afrontar la problemática –hoy mundial- de desempleo;

ii) adopción de un sistema de seguridad económica colectiva;

iii) dar lugar a un sistema de consulta sobre temas económicos, especialmente vinculados a la contención o prevención de las políticas económicas nocivas para el país y la región;

c) Estimular la investigación científica y técnica, principalmente en el campo básico, a fin de independizar al país en los aspectos vinculados a la transferencia de tecnología, y en lo que respecta a los sistemas políticos y económicos a implementar; procurando realizar la misma política en el plano regional.

Para dar mayor operatividad a estos aspectos, la mejor fórmula sería la adopción de un sistema de interdependencia funcional con los países de América Latina y en general del Tercer Mundo, dado que la gran diversidad y disparidad de problemáticas y desarrollos impediría compatibilizar en su totalidad los objetivos, pero sí aquellos puntos prioritarios o coincidentes que hacen al destino futuro, o a la posibilidad de ascenso en el sistema internacional.

Los objetivos primarios deben estar orientados:

1) a asegurar el desarrollo autónomo a través de una política universalista y pluralista, tanto para el país como en el nivel regional, procurando la adopción de factores instrumentales que permitan la profundización de la proyección en el ámbito internacional;

2) participar activamente en el plano regional a fin de lograr una mayor coordinación de las políticas externas de los países latinoamericanos con vistas a aumentar el poder negociador en el nivel internacional y participar en la adopción de decisiones mundiales. El potencial de un país es igual a su potencial más el de sus aliados, por lo que adoptar políticas solidarias con los demás países de la región y del Tercer Mundo, especialmente aquellos que persiguen los mismos objetivos autonómicos o tienen o tuvieron- las mismas problemáticas (1), permitirá ensanchar las bases del potencial propio;

3) mantener y estimular relaciones políticas, comerciales y culturales con aquellos países fuera de la región, que permitan una mayor proyección Argentina en el sistema internacional, independientemente de factores ideológicos;

4) desarrollar actividades que favorezcan una mayor intervención Argentina y regional en las decisiones internacionales, a fin de asegurar la conformación de un sistema internacional pluralista y flexible que permita una mayor participación de los países menores, acorde con sus intereses nacionales;

5) formar una opinión pública que se compenetre de la idea de este papel del país y la región en la comunidad internacional, contribuyendo a la vez a "interiorizar" la política externa en la política interna.


Foto Autor Esta página fue hecha por Luis DALLANEGRA PEDRAZA

** Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

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BIBLIOGRAFIA

Se adoptó como base metodológica de este trabajo.

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FERRARI, Gustavo, Constantes de la Política Exterior Argentina, en "Economic Survey", (Febrero de 1973), No. 1370.


* ©  Este trabajo es parte de uno mayor, que fue publicado en la Revista "GEOSUR", Vol. IV, N° 43, Montevideo, Uruguay, Abril de 1983. Fue escrito para la etapa de la salida democrática de la Argentina. Se considera que su marco teórico, más allá de los cambios habidos a nivel mundial, tiene vigencia suficiente como para plantear una reflexión. También fue publicado en "DEBATES", Vol. II, Ejemplar 6, Abril de 1998, Editor Luis DALLANEGRA PEDRAZA.

(1) Casos de Venezuela, con la Guayana Esequibo; China con Hong Kong; Japón con las Islas Kuriles; en materia territorial, por ejemplo.