LUCHAR CONTRA LA CORRUPCION

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

La lucha contra la corrupción, que es uno de los temas centrales en el discurso de políticos en campaña y del pueblo en las encuestas, requiere, al menos, de dos grandes cambios:

1) Un pueblo que madure y crezca en su participación político-social;

2) Cambios institucionales significativos, particularmente en el sistema judicial que debe ser verdaderamente independiente y estar lejos de toda influencia política y electoral; así como en el sistema de "controles" al funcionamiento institucional.

CONDUCTA SOCIAL

La sociedad latinoamericana –podría hablar de la sociedad mundial, pero me ocuparé de nuestra región- desde hace años, diría décadas, se queja de la corrupción y el mal manejo que los políticos y funcionarios de gobierno hacen de los asuntos públicos.

Pareciera que nuestros pueblos fueran gobernados por “marcianos” que nos han invadido desde el espacio.

La queja, es la resultante de una manifestación de disconformismo, pero también de la falta de participación. Dejarle hacer a otros. No hacer nosotros sino esperar que los otros hagan lo que “deben hacer”. Cuando vemos que no es así, nos quejamos.

Los políticos, no son marcianos, sino “emergentes” sociales. Salen de nuestra sociedad, son parte de nosotros, son como nosotros. Si son corruptos, no cabe duda que salieron de una sociedad que favorece, o al menos hace la vista gorda frente a la corrupción.

En realidad nos quejamos del tema, no porque haya corrupción, sino porque alcanzó magnitudes que nos perjudican de una manera exasperante. No obstante, entretanto, la corrupción cotidiana y social, sigue tranquila su curso por “debajo”.

¿Acaso no es corrupción cobrar de más o sobrefacturar al por mayor o al por menor? ¿Vender bebidas alcohólicas a menores de edad? ¿Circular con el automóvil a velocidades prohibidas, estacionar donde no está permitido, conducir hablando por el celular, frenar o estacionarse sobre la senda peatonal o cruzar semáforos en rojo? ¿Tirar papeles al piso en vereda y calle, o latas de bebida gaseosa, incluso mientras se circula con el auto, desde la ventanilla, aún habiendo tachos de basura en cada esquina puestos por la autoridad municipal? ¿Vender un producto y no dar ticket o factura para evitar el pago de los impuestos? ¿Comprar un inmueble e indicar en la escritura, de común acuerdo con el Escribano Público, un precio menor para no pagar tasas inmobiliarias o pagarlas de manera reducida? ¿Evadir impuestos, o no pagar las cargas sociales de la empresa, o mandar dinero a bancos en el exterior? ¿Tirar desechos químicos u otro tipo de desechos industriales a los lagos y ríos, contaminando el agua y el medio ambiente? etc., etc..

La lista podría ser larguísima y “nadie” saldría indemne.

Nada nos autoriza a ser corruptos, aunque se trate de un acto mínimo. Carecemos de autoridad para quejarnos y demandar por actos de gobierno, cuando no tenemos una actitud correcta.

Como sociedad debemos crecer, madurar y participar activamente, dando el ejemplo a nuestros hijos en primer lugar -que, a veces, dan mejor ejemplo-, y al resto de la sociedad. De no ser así, nuestros gobernantes, emergentes de nuestra sociedad, se verán liberados de seguir haciendo lo que la misma sociedad hace cotidianamente, aunque tenga magnitudes mayores por el poder de que disponen. Esa magnitud es apañada por la de muchos empresarios que se benefician con políticas gubernamentales corruptas, incluyendo el verse liberados de pagar cargas sociales, dar empleo, contribuir a disminuir la pobreza y traer dinero de afuera -su propio dinero- para invertir en el país.

CAMBIO INSTITUCIONAL

Resulta vergonzoso el que, el denominado Poder Judicial, carezca de poder propio y esté subordinado al poder y capricho del Poder Ejecutivo, sin que el Poder Legislativo –donde están, presuntamente, los representantes del pueblo- haga nada por modificar esto.

En este mundo, sumergido en una gran ola neoliberal, donde el sector privado empresarial y financiero demanda de los Estados “seguridad jurídica” para sus inversiones, se da la paradoja que el pueblo –la Nación- carece de esa seguridad jurídica y que los gobernantes -que Dios y la patria se los demande- no estén sujetos a control alguno.

Los Virreyes, durante la etapa colonial, al final de su mandato eran sometidos a una inspección denominada juicio de residencia.

Inicialmente, todos los virreyes debían pasar su juicio de residencia antes de que tomara posesión del cargo su sucesor, pero en el siglo XVIII estos juicios se realizaban una vez que había regresado a España. En este largo proceso se analizaba el grado de cumplimiento de las instrucciones recibidas a lo largo de su mandato y durante seis meses se investigaba su labor, reuniendo numerosa información a través de diferentes testigos. Otra de las fórmulas empleadas por la corona española para controlar a sus funcionarios, incluido el Virrey, era a través de la inspección conocida con el nombre de “visita”, efectuada por un Visitador, nombrado para el caso por el Rey, que tenía como fin conocer los abusos cometidos por las autoridades, proponiendo las reformas necesarias.

Nuestros gobernantes y funcionarios no están subordinados a ningún control -¿cómo los va a demandar Dios y/o la Patria?-. Son llevados a un juicio y tal vez puestos presos, no cuando roban, sino cuando no son “prolijos” al hacerlo y es muy difícil, aún así, demostrar su conducta corrupta. En general, se van del gobierno llenos de dinero y hacen uso de los medios de comunicación escritos, orales y visuales, para manifestar su mal humor por acusaciones –para ellos- insultantes que se les hace, en el entendido de que son totalmente inmunes impunes- a cualquier juicio, aunque, como en el caso de Pinochet u otros gobernantes latinoamericanos que no le van en saga, hayan atentado salvajemente contra los derechos humanos, o como muchos pseudo demócratas que mediante sus políticas que benefician a sectores empresariales y financieros, atentan -no menos salvajemente- contra los derechos humanos de los que convierten en pobres, indigentes, desocupados o subocupados.

Este es un tema difícil de resolver pero, no cabe duda, debe cambiar y cuanto antes.

Una alternativa es la reformulación o refundación del Estado, particularmente en lo que hace a su sistema de gobierno, adaptándolo a las épocas dinámicas y globalizadas que se están viviendo. La sociedad civil no puede quedar ajena en su participación en la toma de decisiones, siendo tercerizada a través del concepto de "democracia delegativa" o "democracia representativa". Ya no resulta creíble el hecho de que democracia es que el pueblo ponga su voto y luego espere cuatro o seis años a que haya otra oportunidad de expresarse.

La sociedad civil a través de sus organizaciones representativas (ong's, osc), debería ocupar un lugar con vos y voto.

Una posibilidad es que los partidos políticos conserven su acceso al Poder Ejecutivo, pero el Poder Legislativo quede en manos de las organizaciones de la sociedad civil, de forma tal que el sistema de contrapeso de poderes y de controles sea efectivo, y el Poder Judicial sea elegido a través de ternas por las asociaciones de abogados, que deberán ser aprobadas por el Poder Legislativo.

Otra posibilidad es que los partidos políticos conserven el acceso al Poder Ejecutivo y al Senado, mientras que las cámaras de representantes o de diputados queden en manos de las organizaciones de la sociedad civil, utilizándose la misma alternativa para el Poder Judicial propuesta anteriormente.

Cuando se habla de la sociedad civil, no sólo hago referencia a la población, sino también a grupos como el sector empresario, la banca, el comercio, etc. que deberían tener un lugar en la toma de decisiones y en las deliberaciones, a los efectos de evitar degeneraciones en los sistemas de toma de decisiones y de gobierno.

Toda la imaginación y creatividad que se tengan, deben estar al servicio de la sociedad para resolver estos dos grandes temas si queremos ver soluciones reales.


© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Luchar Contra la Corrupción, en Política Internacional, http://luisdallanegra.bravehost.com/lucorrupt.htm
Foto AutorEsta página fue hecha por Luis DALLANEGRA PEDRAZA

*  Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com
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