DOCTRINA MONROE

DOCTRINA MONROE 1823 *, Principio de la política exterior de Estados Unidos de no permitir la intervención de las potencias europeas en los asuntos internos de los países del hemisferio occidental; formulado el 2-X11-1823 por el presidente de Estados Unidos, James Monroe (1758-1823) en los párrafos 7, 48 y 49 de su mensaje al Congreso.


Párrafo. 7. ... El principio con el que están ligados los derechos e intereses de los Estados Unidos es que el continente americano, debido a las condiciones de la libertad y la independencia que conquistó y mantiene, no puede ya ser considerado como terreno de una futura colonialización por parte de ninguna de las potencias europeas.

Párrafo. 48. (... ) En la guerra de potencias europeas por asuntos que les concernían nunca hemos tomado parte, ni sería propio de nuestra política el hacerlo. Sólo cuando nuestros derechos son pisoteados o amenazados seriamente tenemos en cuenta las injurias o nos preparamos para nuestra defensa. Con los movimientos de este hemisferio estamos por necesidad relacionados en forma más inmediata, y por causas que deberían ser obvias para todos los observadores esclarecidos e imparciales. El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente distinto, en este sentido, del de Norteamérica. Esta diferencia se deriva de la que existe entre sus respectivos Gobiernos; y a la defensa de nuestro propio sistema, que ha sido llevada a cabo mediante la pérdida de tanta sangre y riquezas y madurado por la sabiduría de nuestros ciudadanos más ilustres y bajo el cual hemos disfrutado una felicidad sin par, está consagrada toda la nación. Por consiguiente, para mantener la pureza y las amistosas relaciones existentes entre Estados Unidos y aquellas potencias debemos declarar que estamos obligados considerar todo intento de su parte para extender su sistema a cualquier nación de este hemisferio, como peligroso para nuestra paz y seguridad. Pero no interferimos ni interferiremos en las colonias o las dependencias existentes de cualquier potencia europea. Pero en lo que concierne a los Gobiernos que han declarado su independencia y la han mantenido, independencia que después de gran consideración y sobre justos principios, hemos reconocido, no podríamos contemplar ninguna intervención con el propósito de oprimirlas o controlar de alguna manera su destino por parte de cualquier potencia europea, sino como la manifestación de una disposición hostil hacia Estados Unidos...

Párrafo. 49. Nuestra política respecto de Europa que fue adoptada en la primera época de las guerras que durante tanto tiempo agitaron a ese sector del globo... sigue siendo la misma; es decir, no interferir en los intereses internos de ninguna de sus potencias; considerar al Gobierno de tacto como el Gobierno legitimo para nosotros; cultivar relaciones amistosas con él y mantenerlas mediante una política franca, firme y humana, respondiendo en todos los casos a las justas solicitudes de todas las potencias y no aceptando injurias de ninguna. Pero con referencia a esos continentes las circunstancias son clara y eminentemente distintas. Es imposible que las potencias aliadas extiendan su sistema político a cualquier parte de uno y otro continente sin amenazar nuestra paz y seguridad; nadie puede creer que nuestros hermanos sureños, si son abandonados a si mismos, puedan adoptar ese sistema por propia voluntad. Es igualmente imposible, por consiguiente, que nosotros admitamos con indiferencia una intervención de cualquier clase. Si comparamos la fuerza y los recursos de España y los nuevos Gobiernos, y la distancia que los separa, resulta obvio que ella nunca podrá someterlos. Estados Unidos aún considera como su verdadera política dejar actuar por sí mismas a las partes, con la esperanza de que las demás potencias adoptarán la misma actitud.


En el siglo XIX, en opinión del científico mexicano I. Fabela:

La doctrina Monroe fue oportuna en su época ante las manifiestas intenciones de reconquista o conquista de la Santa Alianza en América; pero a fines del siglo XIX se transformó de un instrumento contra las intervenciones europeas en un instrumento de intervenciones de Estados Unidos en América Latina; y con ese carácter fue integrada por decisión unilateral del presidente W. Wilson al art. 21 del Pacto de la Sociedad de Naciones en 1919, lo que causó el alejamiento de esta institución de diversas repúblicas latinoamericanas, menos dependientes de Estados Unidos. El gral. Lázaro Cárdenas dijo entonces:

La doctrina Monroe constituye un protectorado arbitrario, impuesto sobre los pueblos que no lo han solicitado ni tampoco lo necesitan. La doctrina Monroe no es recíproca y, por consiguiente, es injusta. Podrían enumerarse los casos en que la aplicación de la doctrina Monroe ha causado dificultades en las Repúblicas hispanoamericanas.

El mismo estadista, ya como presidente de México declaró el 12-1-1940:

La doctrina Monroe nunca fue reconocida ni pudo serlo por México ni por las demás naciones de la América Hispana; mientras fue sólo la expresión de una política unilateral que los Estados Unidos impusieron, con el doble propósito de excluir de este continente a los países de Europa y de defender sus propios intereses en América. Tal doctrina mal interpretada y aplicada más allá de su original extensión, llegó a convertirse algunas veces en pretexto de intervención.

En julio de 1960 la doctrina Monroe se convirtió en objeto de controversia entre Estados Unidos y la URSS, el motivo fue la declaración del primer ministro de la URSS, N. S. Kruschev en conferencia de prensa, el 12 VII 1960, en defensa de Cuba y la publicación el 19 VII 1960 por el Departamento de Estado de Estados Unidos de la «Declaración sobre la doctrina Monroe», a lo cual reaccionó la agencia Tass el 17 VII 1960 con una amplia declaración, que comprendía entre otras la siguiente afirmación:

... la fórmula «América para los Americanos», que al principio se consideraba como el contenido principal de la doctrina Monroe, la sustituyó Washington ya a fines del siglo XIX por la fórmula de «América para Estados Unidos». En 1904 el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, basándose en esta misma doctrina Monroe, sin ningún escrúpulo proclamó el «derecho» de Estados Unidos a ejercer en América Latina funciones de «policía internacional y a interferirse en los asuntos internos de los países de América Latina.


*  Osmañczyk, Edmund Jan, Enciclopedia Mundial de Relaciones Internacionales y Naciones Unidas, (México, FCE, 1976), págs. 1601-1602.
Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com
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