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Capítulo
II
LOS CAMBIOS EN EL ESTADO-NACION
INTRODUCCION
Las grandes transformaciones mundiales que se
vienen
dando, particularmente desde la caída del Muro de Berlín
en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, que dio lugar al
fin del sistema bipolar (1945/1991), muestran nuevas
características
y tendencias que deben ser tenidas en cuenta, a los efectos de entender
hacia dónde se dirige el nuevo orden mundial, atendiendo a la
modificación
del comportamiento y el funcionamiento del actor central de este
sistema:
el Estado Nación y la aparición de nuevos actores
en la escena, con igual o superior capacidad que aquél y que le
quitan o le hacen perder roles y funciones.
El Estado-Nación ha venido sufriendo
impactos
importantes, de actores supra-estatales, sub-estatales y también
transnacionales, despojándolo de atributos u obligándolo
a compartirlo con el resto de los actores cionados.
Hoy, entidades sub-nacionales y también
actores
sociales, asumen roles y funciones que antes estaban en manos
exclusivas
del Estado soberano.
La soberanía ha sido erosionada desde
“arriba”
–actores
supra-estatales-, desde “adentro” –actores sub-estatales y
sociales-,
y también desde el “costado”, -los actores transnacionales-.
Me ocuparé de analizar estos
fenómenos,
así como de desarrollar algunas hipótesis de trabajo,
respecto
de las posibles tendencias que se pueden dar como consecuencia de los
impactos
y las transformaciones.
EL ESTADO “WESTFALIANO”
Con el surgimiento del Estado-Nación,
cuya
aparición se da con la Paz de Westfalia en 1648, se inician dos
características centrales, la de la “nacionalidad” -identidad-
y la soberanía -el imperium- por un lado, y la “internacionalidad”
por el otro. El “derecho de gentes” de la etapa feudal, se
transforma
en “derecho internacional”, intentando regular el
funcionamiento
del sistema inter-estatal.
El siglo XX agrega nuevas
características.
Con el surgimiento y la proliferación de los organismos
internacionales
gubernamentales, a la internacionalidad se le agrega la “supranacionalidad”.
Esto implica generación de reglas adoptadas por organismos
internacionales
o como resultado de acuerdos multilaterales, que están por
encima
de las normas internas del Estado. Los Estados no pueden generar normas
que contradigan las normas internacionales.
Estos organismos internacionales son de
carácter
mundial, como la Sociedad de Naciones o la ONU, o de carácter
regional
como la OEA o la OUA. De tipo político, como los mencionados
anteriormente;
económico, como CEPAL o los sistemas de integración; o de
seguridad, como OTAN, TIAR, Pacto de Varsovia, etc.
En la segunda mitad del siglo XX, se agrega una
nueva tendencia dominante: la “transnacionalidad”. Esto ocurre
a
partir del surgimiento y la multiplicación en cantidad y tipo de
actores transnacionales: empresas productoras y comercializadoras,
banca,
organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil, fondos de
pensión
o de seguros, etc.
Los actores transnacionales comienzan a cumplir
roles y a tener funciones, que anteriormente eran exclusividad del
Estado-Nación,
generándole obligaciones a éste y, en muchos casos,
transformándose
en actores centrales, generadores de reglas y obligando al
Estado-Nación
a operar como “gestor”, perdiendo de esta manera, la condición
de
actor.
De este modo, nos encontramos con que la novedad
del siglo XX tiene que ver con las nuevas características de
funcionamiento
del sistema mundial, a partir del surgimiento de una
“supranacionalidad”
emergente de la “internacionalidad” y, paralelamente, una
“transnacionalidad”
independiente de la internacionalidad.
Además, este mismo fenómeno, marca
el inicio del fin de una “macro-etapa”, la del
“Estado-Nación”
que seguramente dará lugar a una nueva macro-etapa -nuevo
tipo
de “status” diferente del “Estado-Nación”-, cuyas
características
no están claras, pero sobre las que hay algunas hipótesis
de trabajo.
Algunos elementos característicos del
siglo
XX tienen que ver con la multiplicación de Estados-Nación
hacia mediados del siglo, particularmente por el proceso masivo de
descolonización
en Africa y el Caribe
-década de los ’60- y hacia fines del
siglo, por el proceso, también masivo, de fragmentación
de
Estados, comenzando por la URSS y otros países de Europa
Oriental.
Estas dos etapas estuvieron acompañadas de un proceso creciente
de transnacionalización que completan el fenómeno de
cambio.
En el caso de la URSS, se trataba de un Estado
plurinacional,
por lo que las naciones recuperaron su condición de tales
desintegrando
al Estado.
El proceso de cambio de las características
del Estado-Nación, así como de su transformación
en
un nuevo tipo de Estado –status- no es algo uniforme en todo el
planeta.
A poco más de 350 años de la Paz de
Westfalia, hito que marca el inicio del nacimiento de la macro-etapa
del
Estado-Nación en Europa, asistimos al nacimiento de un nuevo
orden,
que da lugar, a su vez, a un nuevo tipo de Estado, también en
Europa.
Los Estados-Nación se transforman para dar
paso a una nueva modalidad de relacionamiento en la que la convivencia
ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la
conjunción
de intereses muy estables. Pero Europa es sólo una parte del
mundo, más allá de que, durante muchos siglos
significó,
desde el punto de vista de la irradiación de poder, orden y
civilización,
el “centro del mundo”. Gran parte del resto del mundo se asienta en
equilibrios
de poder entre Estados-nacionales a la manera en que Europa se
ordenó
en Westfalia. Otras partes se debaten todavía en guerras de
religión
(o
ideológicas) parecidas a aquellas a las que Westfalia puso
fin
en Europa. Cada una de estas zonas tiene sus reglas, diferentes unas de
otras, y no hay reglas que rijan las relaciones entre las distintas
zonas.
Asistimos a la paradoja de un mundo diverso y a la
vez globalizado y totalmente integrado y comunicado.
Robert Cooper (1)
dice que hoy existen Estados premodernos, modernos y postmodernos.
1) Los estados premodernos mal
cumplen
el principio weberiano (2)
de monopolizar el uso de la fuerza, por lo que resultan más o
menos
caóticos. No pueden generar orden en su propio territorio. No
tienen
un imperium sobre su territorio.
Hay varios Estados en esas condiciones. En Europa,
se podría mencionar, entre otros, el caso de
Yugoslavia.
En América Latina, Colombia, cuyo imperium está
dividido
entre el gobierno oficial, los grupos guerrilleros, los paramilitares,
el narcotráfico y por fuera, Estados Unidos procurando generar
sus
pautas de orden. El caso de
Perú, aunque menos grave, es
otro ejemplo. Lo mismo podríamos decir de Chile, cuyo
poder
esta dividido entre las fuerzas armadas por un lado y el gobierno
elegido
por el otro, que impiden el funcionamiento del Estado de Derecho. Argentina,
más allá de que se la podría calificar como un
caso
atípico, está muy cerca de la premodernidad.
2) Los Estados modernos mantienen
los
principios de soberanía y de no injerencia así como el
monopolio
de la fuerza y dirigen su política exterior en busca de la
hegemonía
o de un equilibrio de poder y, cuando les interesa, piden que la ONU
les
proporcione seguridad colectiva. En esta categoría se incluyen China,
India, Pakistán, Brasil, México, Cuba, Israel,
Irán,
Turquía, Corea del Norte, además de otros.
El caso mexicano podría ser calificado como moderno
desde el punto de vista de sus principios, pero como premoderno
desde el punto de vista del manejo soberano de su economía, ya
que
al estar dentro del NAFTA/TLC se transforma en una factoría de
EUA,
a la vez que el préstamo de 50 mil millones de dólares
recibido
para salir del “efecto tequila” comprometió sus ingresos
petroleros
que sirven como garantía frente a EUA para el pago de este
préstamo.
En materia de conflictos, el caso Chiapas y el “zapatismo”.
Además,
el hecho de estar sujeto, junto a otros Estados latinoamericanos y del
resto del mundo a políticas de “certificación” o
“descertificación”
por parte el gobierno de Estados Unidos quien califica así la
manera
en que se encara la lucha contra el narcotráfico agrega otro
elemento.
En cuanto a Brasil, sus problemas con los “sin tierra” y
grupos
de narcotraficantes que tienen control sobre partes de ciertos
municipios
en Río de Janeiro y otros Estados, lo ubica también entre
los Estados que tienen características mixtas de modernos
y premodernos.
Corea del Norte, con el acercamiento que tuvo con Corea del
Sur
para negociar la unificación, podría pasar a
caracterizarse,
junto con su par, como Estado postmoderno.
3) La mayoría de los Estados
europeos,
ya no son modernos, se han convertido en Estados postmodernos.
Los
Estados postmodernos se caracterizan por ejercer la soberanía de
manera tan flexible que posibilita compartirla, se encuadran en
organizaciones
que regulan la injerencia de unos en los asuntos internos de otros, han
renunciado a usar la fuerza entre ellos y buscan la seguridad a
través
de la mutua vulnerabilidad y de códigos de conducta acordados. Lo
postmoderno consiste en renunciar a la ventaja coyuntural en favor de
la
convergencia estratégica, es decir, en pactar renunciando a lo
unilateral.
Los Estados miembros de la Unión Europea
son los Estados postmodernos por antonomasia, aunque el concepto
también
alcanza a otros países europeos y no europeos como Canadá
y Japón.
La transformación de los estados europeos
en
postmodernos, comenzó tras la segunda guerra mundial
después
de comprobar reiteradamente que la búsqueda de la
hegemonía
terminaba en guerra, que el establecimiento de equilibrios de poder,
antes
o después, también terminaba en guerra y que los sistemas
de seguridad colectiva no lograban evitarla. Por ello, adoptaron
criterios
de convergencia y coordinación de políticas.
La Unión Europea no es un
superestado-continental
que
vienen a reemplazar a los Estados-Nación de Westfalia, es una
agrupación
de Estados postmodernos que pone fin a los intentos de dominio de un
país
europeo -Alemania- sobre el resto y a los inestables equilibrios
de poder en Europa. Es una puesta en común de recursos al
servicio
de un proyecto compartido. Siempre hay un riesgo de volver al
pasado,
pero la UE es ya algo sólido, resultado de la evolución y
de la voluntad de sus pueblos que comparten una sangrienta historia.
Para Zaldívar (3)
Estados Unidos y Rusia, son dos Estados atípicos.
Parte
de Europa es rusa y Rusia es europea en parte, pero tiene
tamaño
y recursos como para valerse por sí sola. Esto la empuja a
seguir
siendo un estado moderno inclinado a relacionarse con otros a
través
de equilibrios y hegemonías. Rusia atraviesa ahora una etapa
traumática
que podría terminar haciéndole retroceder hacia un
status premoderno. También puede ocurrir que Rusia
evolucione
hacia comportamientos postmodernos, base para ello tiene en el profundo
rechazo al recurso a la fuerza que muestra su población.
Una
evolución así de Rusia coincide con el interés
estratégico
de la UE.
Estados Unidos, pese a que se lo califique
como la única superpotencia mundial, dista de ser el centro de
un
mundo unipolar. Una cosa es tener un potencial mayor que el de
cualquier
otro país, y otra disponer de la voluntad interior y de la
legitimidad
exterior necesarias para usarlo cuando se quiera. Con su gran
tamaño,
su heterogeneidad cultural y su corta edad, Estados Unidos es un Estado
que todavía no ha acabado de hacerse. Un Estado atípico
que,
en ausencia de una clara amenaza exterior que le cohesione, encuentra
grandes
dificultades para elaborar y aplicar una política exterior
coherente.
En el futuro inmediato se comportará, a veces, como un Estado
moderno con pretensiones de autoridad extraterritorial y ambiciones
hegemónicas, de acuerdo con una influyente minoría
convencida
de que debe liderar el mundo ya que cuenta con recursos para hacerlo,
otras veces actuará como un Estado premoderno empujado
por sus grupos fundamentalistas opuestos a la globalización, a
la
ONU y dispuestos a teocratizar el Estado.
En pocas palabras, el gran fenómeno de
cambio
en el siglo XX se puede resumir en:
Multiplicación
de Estados-Nación -en muy pocos casos ha habido
unificación:
Vietnam, las dos Alemanias, o el de China, al recuperar Hong-Kong y
Macao,
y en proyecto, las dos Coreas y China con Taiwan-.
Internacionalización
y supranacionalismo;
transnacionalización y transformación
del Estado-Nación, derivando en nuevo tipos de Estados -status o
forma de organización social-. Desarrollo tecnológico
en áreas como la militar, sean armas -capacidad nuclear
generalizada,
misiles de largo alcance- o tecnología espacial
-cohetería
y satélites de todo tipo-, acompañado por una
revolución
en la microelectrónica, la telefonía, la
informática,
que generaron cambios en el concepto y la realidad de la
“soberanía”,
a la vez que una revolución de las comunicaciones, que
derivó,
con el fin del sistema bipolar, en la era de la “globalización”.
Los conflictos, pasaron de ser “internacionales” a
“intra-nacionales”:
problemas étnicos y religiosos, o “transnacionales”:
problema
del narcotráfico y lavado de dinero, terrorismo.
EL ESTADO-NACION COMO UN ACTOR MAS DEL SISTEMA
El Estado-Nación es uno de los tipos de
organización
social. Es el “status” -forma de organización
de
los grupos sociales- organizativo que adopta una sociedad
determinada.
Otros status han sido las ciudades-Estado, los feudos
y seguramente el status actual -Estado-Nación-
evolucionará hacia otras conformaciones organizativas.
Debería aclarar que hay ciertas
particularidades
en lo que llamo Estado-Nación, ya que algunos Estados son
plurinacionales
-o lo eran- como la ex-URSS, España, Bélgica,
etc.;
naciones con más de un Estado, como es el caso, hoy, de las dos
Coreas o de China y Taiwán y también hay naciones sin
Estado,
como los palestinos -al menos por ahora-, entre otros.
No es que el Estado -en términos de
“status”
u organización social institucionalizada- vaya a
desaparecer,
sí el Estado-Nación va a sufrir cambios significativos y
muy probablemente desaparecerá y será reemplazado por
otro
tipo de Estado -status-. Se observan muchas
transformaciones,
de las más variadas, de las que se podría ejemplificar
con
algunas pocas:
1) Procesos
de
fragmentación
como los de Yugoslavia, Checoslovaquia y buena cantidad de
países
africanos, e incluso de “implosión” como lo fue el de la URSS.
En
América Latina, el caso particular de Colombia, muestra que el
gobierno
sólo puede controlar una escasa porción del Estado.
Está
fragmentado el Estado “weberiano” al haber más de un actor que
tiene
el “monopolio” de la coerción. De otra manera ocurre con el caso
chileno, que está dividido entre el poder del gobierno y el
poder
de las fuerzas armadas que unen su lealtad alrededor de Pinochet y su
proceso.
2) Procesos
de
reunificación, como el de Alemania o tendencia a lograrlo, como
China, Corea;
3) Procesos de
transformación
económico-social, como los de China; Federación Rusa.
En este último caso, viene de
una
fragmentación del Estado imperial plurinacional, debilitando al
Estado central al delegarse competencias a las regiones y
repúblicas,
en la etapa de Yeltsin, pero en la etapa Vladimir Putin, con la
aprobación
por la Cámara Baja de la ley de Reforma Centralista, se
contempla
la destitución de los gobiernos regionales si el Kremlin y el
poder
legislativo central lo consideran oportuno
(26).
4) La gran revolución
económico-tecnológica-social que se viene dando en
Asia
desde los ´60s, conocida como el fenómeno de los Estados
Recientemente
Industrializados (ERI o Nic´s por las siglas en inglés).
Hablo de países que hace pocos años uno no se los hubiera
imaginado como competitivos económica, comercial o
tecnológicamente
y también han transformado su estructura social, como Vietnam,
Malasia,
Singapur, Tailandia, etc.. Estos países, en pocas décadas
de este siglo han logrado objetivos, e incluso han producido un impacto
mundial, que no han logrado los países latinoamericanos cuya
industrialización
proviene desde el siglo XIX y que ahora se encuentran en
situación
de retraso.
Podría abundar en procesos que muestran las grandes
transformaciones
y contradicciones que se dan.
Los sistemas políticos, son variable
dependiente
de las características del orden mundial por lo que los
Estados
deben acomodarse a los cambios vigentes; a la vez que los cambios en la
conformación de los Estados -status- provocan cambios en
el sistema y el orden mundial.
Las características vigentes del orden
mundial
son las que condicionan la forma en que el Estado resultará
funcional
al sistema; esto significa que favorecerá a su seguridad -v.
gr.: estar de un lado o del otro en el conflicto Este-Oeste- o su
rentabilidad
-v.
gr.: pagará la deuda externa, favorecerá la
radicación
de empresas o la entrada de capitales, etc.- (27).
El Estado-Nación está sometido a
presiones
externas de carácter ideológico y también
de
orden estructural. Esto es creciente con el fenómeno de
transnacionalización.
Los factores ideológicos han
sufrido
variaciones. Durante la etapa bipolar, funcionaban alrededor de una
pugna
entre dos ideologías alternativas. Con la finalización
del
bipolarismo, la resultante ha sido el predominio de un mundo
“planetarizado”
y de la ideología neoliberal que compulsa al Estado -sus
gobiernos-
a minimizarse en aras de la rentabilidad del sector privado -generador
de estas demandas y presiones-.
El valor más preciado en los
últimos
cincuenta años, dado el conflicto Este-Oeste, fue la seguridad,
por lo que el Estado-Nación, garante de la seguridad, estaba “emblocado”
privilegiando este factor, por sobre cualquiera otro de carácter
económico. Hoy, al no haber problemas de seguridad, ya que no
hay
pugna entre ideologías alternativas, la rentabilidad -que
es el valor más preciado- requiere la mayor libertad de
acción
económica, sin un Estado que le genere reglas. Por lo tanto, el
Estado debe minimizarse, desregularse y generar pautas favorables al
funcionamiento
y los intereses del sector privado, productor, inversor y
comercializador (28).
No cabe duda que, en este caso, es el sector privado
-particularmente
el transnacional- el principal interesado en la
disminución
del rol del Estado y el principal generador de la “reforma del
Estado”.
Las presiones de carácter
estructural
tienen que ver, fundamentalmente, con la evolución y el desarrollo
tecnológico y la transnacionalización.
Los factores tecnológicos inciden
en
aspectos esenciales del Estado-Nación, como es la
soberanía.
Un componente central para definir y entender el
concepto
de soberanía es la seguridad.
Históricamente las fronteras naturales
estaban
dadas por una montaña o un río, luego delimitadas por
tratados
firmados entre los Estados. El mar territorial, bajo el cual
está
la soberanía territorial de Estado ribereño, luego de
varios
criterios que fueron variando, se estableció en 12 millas,
resultante
del tiro de una bala de cañón, criterio avalado por la
Conferencia
de Derecho Marítimo de Ginebra de 1958. Esto comprende la
columna
aérea y el fondo del mar. Las 200 millas marinas, son la
resultante
de la suma del mar territorial, 12 millas, más 188 millas de
zona
económica exclusiva (ZEE). Asimismo existe un dominio
sobre
el espacio aéreo que se encuentra por encima de la superficie
del
territorio. Idem en su “profundidad”, hasta donde pueda ejercerse bajo
la tierra (29).
Por supuesto, cuando uno habla de la
soberanía,
no sólo habla del imperium sobre el territorio, sino
también
del dominio político y económico del Estado.
-------------------------------------------------Gráfico
6

Con el desarrollo satelital y
misilístico,
la seguridad territorial se ha hecho cada vez más vulnerable,
particularmente
para aquellos Estados que carecen de este tipo de capacidades que,
salvo
Estados Unidos y la ex URSS, y algunos muy escasos otros Estados, no ha
alcanzado ningún otro.
Resulta absurdo hablar de la bala de
cañón
y de las 12 millas de mar territorial, y de las fronteras naturales,
con
la capacidad misilística intercontinental, o con la capacidad
satelital
de observar cualquier porción de territorio en el planeta. Estas
fronteras naturales sólo sirven como referente para el
establecimiento
de límites, pero ya no marcan el “imperium” en los
términos
en que la soberanía como seguridad implican. Esto es entendible
en los términos del Estado-Nación del siglo XVIII o XIX,
pero no de la actualidad.
Hay otros adelantos tecnológicos que rompen
con el concepto de fronteras nacionales. Internet, resultante
del
desarrollo de la tecnología informática, es uno de ellos.
Las comunicaciones han revolucionado los vínculos entre las
sociedades
desde todos los puntos de vista, sean culturales, financieros,
ideológicos,
comerciales, etc..
LA REFORMA DEL ESTADO-NACION
No estoy hablando de la reforma administrativa,
sino de las causas estructurales que generan cambios permanentes en el
Estado-Nación.
Hay algunas hipótesis de trabajo
al
respecto, que no son coincidentes, pero que de todas formas significan
elementos para considerar qué es lo que puede pasar con el
Estado-Nación
hacia el futuro y qué características podrá tener
el nuevo Estado -status-.
Zaki Laidi y el Estado (macro)
Región
Una de las hipótesis es manejada por un
Investigador
del Centro Nacional de Investigaciones Científicas
(CNRS)
de París,
Zaki Laidi,
(30)
quien plantea que probablemente estemos en una
etapa similaral
tránsito
entre el Estado feudal y el Estado-Nación; cuya
evolución
sería hacia lo que denomina
Estado-Región. Este Estado-Región
se parecería a lo que hoy es, por ejemplo la
Unión
Europea.
Hasta el momento, más allá de que
hay más de un centenar de procesos integrativos en marcha,
ninguno
reúne los requisitos o funciona al estilo de la Unión
Europea.
Peter Druker (31)
y el
“Mega-Estado”
Hace referencia al mismo tipo de concepto que
Zaki
Laidi. No obstante, su Mega-Estado se acerca más al
imperio colonial,
que a los procesos integrativos que actualmente aspiran a transformarse
en federaciones económicas y que califico de
Estado-Región.
Sin embargo, si se considera que la Unión
Europea
(UE) será el “eje” de poder de todas sus ex-colonias,
EUA del hemisferio americano, y Japón y los “mini-japones”,
seguramente
ejercerán su influencia y dominio sobre la región
asiática,
con excepción, tal vez, de China e India; nos encontramos cerca
de lo que es el imperio colonial, bajo estructuras que se han
configurado
de manera diferente; no ha intervenido la fuerza militar de
dominación,
sino la transnacionalización
(en el sentido de formación
de unidades mayores al Estado-Nación) y el control
económico-tecnológico.
Kenichi Ohmae (32)
y el Estado (micro) Región
También habla en términos de Estado-Región,
pero
sus características no son las de los Mega-Estados, sino la de
las
regiones
al interior del Estado, cuya capacidad productiva constituye el
“motor” o la “locomotora” de la economía, que son las que
verdaderamente
generan el desarrollo y el crecimiento. El resto es arrastrado por
estas
regiones. De esta manera las regiones se interconectarían entre
sí, independientemente del Estado o de las políticas de
su
gobierno central que sólo entorpecerían con su
burocracia.
Algunos ejemplos son:
a) Cataluña, o la “Comunidad Pirenáica” que
involucra
a Cataluña, Navarra, Cantabria, Andorra (este es un Estado)
y el sudeste de Francia, Languedoc y Rousillon.
b) Los tres triángulos de crecimiento de la ASEAN,
Norte,
Sur y el que configuran Brunei (Estado), provincias de
Indonesia,
de Malasia y de Filipinas.
c) La región del Mosa-Rin que comprende provincias de
Holanda, Bélgica y Alemania.
d) En Argentina, el NOA (Nor-oeste de Argentina) que
se
conecta con Chile, Bolivia y Perú buscando salida al
Pacífico
y al mundo asiático; el NEA (Nordeste de Argentina) que
se
conecta con Paraguay, Brasil y Uruguay dentro del marco del MERCOSUR;
la
región patagónica sur que conecta, a través de
Chile,
Atlántico y Pacífico por ruta.
e) En Chile la Zona Franca de Iquique (ZOFRI), que
conecta
al MERCOSUR con el mundo asiático y del pacífico.
f) En Brasil la Zona Franca Industrial de Manaos que vende al
mundo.
Manuel Castells y el Estado-Red (33).
Castells se pregunta, hasta qué punto la
negación
del Estado-Nación no es una nueva exageración del
neoliberalismo,
feliz de anunciar la apertura definitiva de las puertas al campo del
mercado.
No obstante considera, al igual que otros, que el
Estado-Nación parece, cada vez menos capaz de controlar la
globalización
de la economía, de los flujos de información, de los
medios
de comunicación y de las redes criminales.
La unificación electrónica de los
mercados
de capitales y la capacidad de los sistemas de información para
transferir enormes masas de capital en cuestión de segundos
hacen
prácticamente imposible que los Estados y sus bancos centrales
decidan
sobre el comportamiento de los mercados financieros y monetarios, algo
reiteradamente demostrado en las crisis monetarias de la Unión
Europea
desde 1992 y en el sureste asiático en 1997.
Pero hay más. Al perder control sobre los
flujos
de capital, los Estados tienen cada vez mayores dificultades para
cobrar
sus impuestos y, en realidad, en la mayoría de los
países,
están reduciendo la presión fiscal sobre el capital,
reduciendo,
por tanto, los recursos disponibles para su política.
Teniendo en cuenta la creciente disparidad entre
recursos
y gastos del Estado, los Gobiernos han recurrido al endeudamiento en el
mercado internacional de capitales, siendo, por tanto, cada vez
más
dependientes del comportamiento de dicho mercado.
Hay una diferencia entre el fenómeno
provocado
por causas estructurales, que va más allá de las
posibilidades
de los gobiernos y de las naciones y el ceder soberanía de
manera
defensiva, como lo ha hecho la Unión europea, para poder
afrontar
el reto de la globalización.
En la Unión Europea el proceso de
pérdida
de soberanía es patente. Sin embargo, para no ser marginados de
la competencia internacional, los Estados europeos decidieron, aunar
sus
fuerzas, pero al hacerlo han eliminado los últimos restos de
soberanía
económica. Con una moneda única, un Banco Central Europeo
y mercados integrados, no pueden darse políticas
económicas
nacionales. Incluso los presupuestos de cada país tendrán
márgenes muy estrechos entre las obligaciones
históricamente
contraídas
(tales como seguridad social), los criterios de
los mercados financieros y la armonización con los criterios
europeos.
EL ESTADO-RED
Al menos en el ámbito de la Unión
Europea, se ha pasado, según Manuel Castells, a vivir en una
nueva
forma política: el Estado red.
Es un Estado hecho de Estados-Nación, de
naciones sin Estado, de Gobiernos autónomos, de ayuntamientos,
de
instituciones europeas de todo orden -desde la Comisión
Europea
y sus comisarios al Parlamento Europeo o el Tribunal Europeo, la
Auditoria
Europea, los Consejos de Gobierno y las comisiones especializadas de la
Unión Europea- y de instituciones multilaterales como la
OTAN
y las Naciones Unidas.
Todas esas instituciones están,
además,
cada vez más articuladas en redes de organizaciones no
gubernamentales
u organismos intermedios como son la Asociación de Regiones
Europeas
o el Comité de Regiones y Municipios de Europa. La
política
real, es decir, la intervención desde la Administración
pública
sobre los procesos económicos, sociales y culturales que forman
la trama de nuestras vidas, se desarrolla en esa red de Estados y
trozos
de Estado cuya capacidad de relación se instrumenta cada vez
más
sobre la base de tecnologías de información.
Por tanto, para Manuel Castells, no estamos ante
el fin del Estado, ni siquiera del Estado-Nación, sino ante el
surgimiento
de una forma superior y más flexible de Estado que engloba a las
anteriores, agiliza a sus componentes y los hace operativos en el nuevo
mundo con la condición de que renuncien al orden y mando.
Para Castells, aquellos Gobiernos, o partidos,
que
no entiendan la nueva forma de hacer política y que se aferren a
reflejos estatistas trasnochados serán simplemente superados por
el poder de los flujos y borrados del mapa político por los
ciudadanos
tan pronto su ineficacia política y su parasitismo social sea
puesto
de manifiesto por la experiencia cotidiana.
Esta forma de operar en red, no obstante, no
está
funcionando, y pareciera no existir, en el corto o mediano plazo,
voluntad
en ese sentido, en regiones como América Latina, ni qué
hablar
de Africa. Tampoco el mundo asiático, que tiene lazos culturales
y una identidad fuerte, opera como una red.
En el contexto global, la “Trilateral
Comision”
muestra una verdadera red de Estados y empresas multinacionales y una
voluntad
de establecer objetivos comunes para implementar un orden mundial
acorde a sus objetivos.
La Unión Europa no substituye al
Estado-Nación
existente, sino que, por el contrario, es un instrumento fundamental de
su supervivencia a condición de conceder cuotas de
soberanía
a cambio de obtener más voz en los asuntos mundiales y
nacionales
en la era de la globalización. ¿Tendrá
conexión
con la idea del Estado-Región de Zaki Laidi?
Al reflexionar sobre la complejidad y
flexibilidad
crecientes del proceso político europeo,
Keohane y
Hoffman
proponen la idea de que la Unión Europea
"está organizada
esencialmente como una red que supone mancomunar y compartir
soberanía
más que transferirla a un nivel superior" (34)
de carácter supranacional.
Este análisis, desarrollado y teorizado
por
Waever (35),
acerca más la unificación europea a la
caracterización
del
neomedievalismo institucional; es decir,
una
pluralidad
y heterogeneidad de poderes que se solapan o encubren, según
la descripción realizada hace años por
Hedley Bull
y de la que se hacen eco numerosos analistas europeos como Alain
Minc
(36).
Aunque los historiadores pueden poner objeciones
a dicho paralelismo, para Manuel Castells, la imagen del
neo-medievalismo
institucional, ilustra vigorosamente la nueva forma de Estado que
ejemplifican
las instituciones europeas: el
Estado red. Un Estado caracterizado
por compartir la autoridad (es decir, en último
término,
la capacidad de imponer violencia legitimada) a lo largo de una
red.
Una red, por definición, tiene nodos,
no un centro. Los nodos pueden ser de tamaños diferentes y
pueden
estar entrelazados por relaciones asimétricas en la red, de tal
modo que el Estado red impide la existencia de desigualdades
políticas
entre sus miembros. Alemania es el poder económico
hegemónico,
pero Gran Bretaña y Francia poseen mucho más poder
militar
y al menos la misma capacidad tecnológica.
Según Castells, los datos disponibles y
los
debates recientes de la teoría política parecen sugerir
que
el
Estado red, con su soberanía de geometría variable, es la
respuesta de los sistemas políticos a los retos de la
globalización.
La
Unión Europea puede ser la manifestación más clara
hasta la fecha de esta forma de Estado emergente, probablemente
característica
de la era de la información.
No se puede observar esto en América
Latina,
sea la actual o la histórica, cuya característica
dominante
ha sido la fragmentación compartamentalizada. Ni qué
hablar
de Africa, donde se encuentran, al menos, un tercio de los Estados del
planeta.
La idea del Estado-red, podría
entenderse
también como la “coordinación” de las
políticas
entre los distintos estamentos, nacional, provincial, municipal, de
manera
tal que no existe cesión ni imposición, sino
coordinación
en forma de red.
LA EMPRESA RED
Para Castells, no sólo se da un Estado
red,
sino también las empresas operan de esta manera.
La aceleración del cambio
tecnológico,
la necesidad de vincular mercados específicos y la estrategia de
cubrir las apuestas tecnológicas entre diferentes socios
(37)
han inducido la interconexión a todos los niveles de
multinacionales
y medianas empresas en un
modelo de interpenetración de
tecnología,
producción y mercados que Castells definiócomo
la empresa red.
Así, en lugar de oponer las
compañías
estadounidenses o japonesas a las europeas, la globalización de
la información ha conducido al entrelazamiento completo de
investigación,
producción de I+D y distribución entre las zonas,
empresas
e instituciones avanzadas de Estados Unidos, el Pacífico y la
Unión
Europea.
Ahora, la tecnología de la
información
está globalizada de forma asimétrica y la importancia
de las empresas y mercados europeos garantiza que Europa esté
profundamente
integrada en las redes tecnológicas dominantes. Por ejemplo, en
la próxima oleada tecnológica, la ingeniería
genética,
Japón está rezagado; y aunque la I+D es más
dinámica
en Estados Unidos, gigantescas compañías
farmacéuticas
de Suiza, Alemania y Francia, han atraído a algunos
investigadores
estadounidenses y prosiguen las investigaciones de vanguardia iniciadas
en aquel país. De esta forma, aunque es cierto que la
investigación
y producción de tecnología de la información
continúan
estando mucho más avanzadas en Estados Unidos y Japón que
en Europa, el entrelazamiento de las redes de la tecnología
de
la información permite el acceso a las empresas e instituciones
europeas a las nuevas fuentes de conocimiento y aplicación.
En este sentido, la base productiva fundamental de Europa en la era de
la información está verdaderamente globalizada.
Las empresas europeas están produciendo
en
Asia y Estados Unidos.
Parece que un tercio del comercio mundial
consiste
en movimientos de bienes y servicios intraempresas o intrarredes, en
buena
medida invisibles para las estadísticas comerciales (38).
Y las empresas europeas, cuando se enfrentan a una pérdida de
competitividad
en las exportaciones desde sus bases europeas, tienden a invertir en
Estados
Unidos, el Pacífico asiático y América Latina,
tanto
para servir a esos mercados como para exportar a Europa desde los
lugares
de producción, como Singapur.
En 1994-1996, las empresas industriales alemanas
reducían marcadamente sus inversiones en Alemania, mientras que
las incrementaban en todo el mundo, sobre todo en Asia. Por ejemplo, en
1995, la inversión en el extranjero de las
compañías
alemanas casi llegó a duplicarse, alcanzando la cifra
récord
de 32.000 millones de dólares, mientras disminuía la
inversión
en Alemania.
Por lo tanto, para Castells, es el
movimiento
global de la inversión y la constitución de redes de
producción
a través de las fronteras, tanto en manufactura como en
servicios,
lo que caracteriza al proceso de globalización, más
que
un mercado único global.
LA TEMATICA LABORAL
Para Castells, aunque no exista una mano de
obra
global, sí hay un cierto grado de globalización de las
condiciones
laborales. Es decir, con la movilidad creciente del capital y la
interconexión
transnacional del comercio y la inversión, las empresas europeas
pueden invertir en otros países donde los costes laborales sean
inferiores, los sindicatos tengan menor fuerza y, lo que es más
importante, la flexibilidad del trabajo sea la regla. Y tienden a
hacerlo
así cada vez más.
Hablando Castells siempre desde la perspectiva
de
la Unión Europea, ya que este esquema no funciona, al menos en
el
corto o mediano plazo en América Latina o Africa, el proceso de
industrialización mundial, la interconexión de las
empresas
y la interpenetración de los mercados ofrecen a las
compañías
europeas la oportunidad de expandirse a otros lugares para llegar al
mercado
global, en lugar de permanecer en sus territorios nacionales.
Este proceso conduce tendencialmente a la
desinversión
relativa de Europa frente a otras regiones del mundo, sobre todo en la
industria y, se encuentra en las raíces de las crecientes tasas
de desempleo que padece la Unión Europea, en claro contraste con
el crecimiento sustancial del empleo en Estados Unidos y el
Pacífico
asiático en los años noventa.
¿Será que América Latina,
al sufrir un proceso de desinversión provocado por su
endeudamiento
o porque inversores extranjeros compran sus activos, es pasible de un
alto
índice de desempleo también? Lo que es seguro es que, al
no operar como un Estado red, el grado de vulnerabilidad de esta
región
es altísimo.
Lo que es seguro es que, las reglas que durante
tantos años se generaron en la OIT ya no son las que rigen,
ahora
predominan las reglas de la OMC en materia laboral.
EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD NACIONAL
El debate político y los conflictos
sociales
en torno a los modos de controlar y orientar la transformación
de
las sociedades europeas en su proceso de integración gradual en
una economía cada vez más globalizada no puede reducirse
a la oposición elemental entre un neoliberalismo
ahistórico
y un burocratismo público arcaico. En su realidad, este debate
se
expresa en el lenguaje de la era de la información, es decir, en
la oposición entre el poder de los flujos y el poder de la
identidad.
Así, como el proceso de
aceleración
de la integración ha coincidido con el estancamiento del nivel
de
vida, el aumento del desempleo y una mayor desigualdad social en los
años
noventa, generó una reacción defensiva por parte de las
Naciones
frente a los Estados. En Europa, sectores significativos de la
población
tienden a afirmar sus naciones contra sus Estados, a los que consideran
cautivos de la supranacionalidad europea
(39).
El atractivo de la identidad nacional es
más
complicado en otros países, basados en
Estados
plurinacionales,
como es el caso de España, el Reino Unido y Bélgica.
¿Cataluña
o Escocia afirmarían su identidad contra las instituciones
europeas
o, por el contrario, en favor de la Unión Europea, eludiendo
más
que oponiéndose a los gobiernos español o
británico?
(40).
En general, no existe una identidad europea.
Pero
podría construirse, no en contradicción, sino como
complemento
de las identidades nacionales, regionales y locales.
Se trataría de un
proceso de
construcción
social del tipo que Manuel Castells identifica como
identidad
proyecto (41),
es decir, un programa de valores sociales y objetivos institucionales
que
atraen a una mayoría de ciudadanos sin excluir a nadie en
principio.
¿Cómo construir una identidad
latinoamericana?
Hedley Bull (42),
y el Neo-medievalismo
Para Hedley Bull es concebible que los
Estados
soberanos podrían desaparecer y ser reemplazados, no por un
gobierno
mundial sino por uno moderno y secular equivalente, parecido a la
organización
política universal que existió en la Cristiandad
Occidental
en la edad media.
En ese sistema medieval, ningún
gobernante
o el Estado era soberano en el sentido de ser supremo por sobre un
territorio
dado o un segmento dado de la población cristiana; cada
gobernante
tenía que compartir la autoridad con vasallos por abajo, y con
el
Papa y (en Alemania e Italia) anteriormente el Santo
Emperador
romano.
El orden político universal de la
Cristiandad
Occidental representa una alternativa al sistema de Estados sin que
esto
constituya un “gobierno universal”.
Toda la autoridad en la Cristiandad medieval
fue pensada para derivar de Dios y el sistema político era
básicamente
teocrático. En la actualidad, una contraparte al sistema de
la Cristiandad medieval no sería de carácter
teocrático.
Su característica central sería un sistema de
autoridad
heterogénea, solapada u oculta y de lealtad múltiple.
Los Estados soberanos hoy comparten el escenario
de política mundial con otros actores así como en tiempos
medievales el Estado tenía que compartir el escenario con otras
asociaciones.
Si los Estados modernos fueran a compartir su
autoridad
por encima de sus ciudadanos, y su habilidad de ordenar sus lealtades,
por un lado con autoridades regionales y mundiales, y por otro lado con
actores subestatales o autoridades subnacionales, entonces
podría
decirse que una forma neo-medieval de orden político universal
ha
surgido y que el concepto de soberanía dejó de ser
aplicable.
Por ejemplo, se podría imaginar el poder compartido en materia
de
toma de decisiones, por parte de los gobiernos de los países de
América Latina por un lado, con el FMI y el BM, a la vez que con
empresas calificadoras de riesgo país, mientras que por el otro,
con organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil y las
demandas
que sectores marginalizados, como los de los interiores de los
países
de la región hacen para ver satisfechas sus demandas más
elementales por lo que podríamos decir que la noción
de
su supremacía encima del territorio y las personas de los
países
latinoamericanos no tiene fuerza.
Podríamos imaginar que las autoridades o representantes de
las
organizaciones o grupos anteriormente mencionados, disfrutan el rol de
“actores” en la política mundial, se les reconoce tener derechos
y deberes en derecho internacional y dirigir negociaciones.
Podríamos
imaginar que las lealtades políticas de los habitantes de,
cualquier
provincia o región latinoamericana, son tan inciertas como entre
las autoridades de los organismos, organizaciones o grupos arriba
descriptos,
de manera tal que los gobiernos latinoamericanos no podrían
asumir
que disfrutan de cualquier tipo de primacía por sobre los otros.
Si semejante estado de cosas prevaleciera por el globo, esto es
lo
que se podría llamar, siguiendo el criterio de Hedley Bull,
un orden neo-medieval.
Respecto a esta forma de organización
política
universal, Hedley Bull dice que, representar un camino superior al
orden
del mundo incluido en el sistema de los Estados-Nación
sería
que promete evitar los peligros clásicos del sistema de
Estados
soberanos por una estructura de autoridades solapadas que cruzan
lealtades
que unen a todos en una sociedad universal, mientras evitan la
concentración
de poder al mismo tiempo inherente a un gobierno mundial.
Es parecido al Estado-Red de Castells.
Robert Cooper (43)
y el Estado postmoderno
Ya he hecho referencia a esta hipótesis de
trabajo más arriba, que es coincidente con la visión de
Manuel
Castells.
Los Estados-Nación se transforman para dar
paso a una nueva modalidad de relacionamiento en la que la convivencia
ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la
conjunción
de intereses muy estables.
Los Estados postmodernos se caracterizan por
ejercer
la soberanía de manera tan flexible que posibilita compartirla,
se encuadran en organizaciones que regulan la injerencia de unos en los
asuntos internos de otros, han renunciado a usar la fuerza entre ellos
y buscan la seguridad a través de la mutua vulnerabilidad y de
códigos
de conducta acordados. Lo postmoderno consiste en renunciar a la
ventaja
coyuntural en favor de la convergencia estratégica, es decir, en
pactar renunciando a lo unilateral.
Los Estados miembros de la Unión Europea
son los Estados postmodernos por antonomasia, aunque el concepto
también
alcanza a otros países europeos y no europeos como Canadá
y Japón.
CUADRO
II
|
NUEVO TIPO DE ESTADO (Status)
|
Tipo y Autor
|
Estado (macro)
Región
|
Mega-
Estado
|
Estado (micro)
Región
|
Estado-Red
|
Estado
Neo-Medieval
|
Estado postmoderno
Robert Cooper (49)
|
Características
|
El
despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”.
Agrupaciones
de Estados en forma federalizada
La
supra-estatalidad comunitaria, despoja de roles y funciones a los
Estados
miembros.
|
El
despojo de atributos del Estado-Nación, es en forma “piramidal”
y no en forma de “red”.
Estados
con capacidad de controlar grandes regiones de Estados.
|
El
despojo de atributos del Estado-Nación, es por “abajo” y los
“costados”.
Regiones
-fundamentalmente económicas- al interior de los Estados
-sub-estatales- que operan como verdaderos motores y se
conectarían
de manera directa con otras regiones motores de otros Estados
independientemente
del marco estatal.
|
El
despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”, por
“abajo”
y los “costados”.
Interrelacionamiento
entre Estados-Nación, actores supranacionales y regiones
intranacionales
donde no media la superioridad ni la vinculación vertical sino
la
relación a través de nodos de la red. Complementariedad
entre
actores y regiones en diversos niveles.
|
El
despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”, por
“abajo”
y los “costados”.
Gran
similitud con el Estado red de Manuel Castells. Los gobiernos pierden
el
imperium sobre sus Estados. La capacidad de acción le pertenece
a actores intranacionales y supranacionales junto al
Estado-Nación.
|
No
habría despojo de atributos, sino que se compartirían de
manera flexible.
La
convivencia ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en
la conjunción de intereses muy estables. Ejercen la
soberanía
de manera tan flexible que posibilita compartirla.
|
| Modelo: Luis
DALLANEGRA
PEDRAZA |
© DALLANEGRA
PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen
Internacional,
(Buenos Aires, Edición del Autor, 2001)
Si
querés
opinar o consultarme, escribime a: luisdallanegra@netizen.com.ar
A Indice del Libro
Arriba
(1)
Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado
en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario "El
País",
Madrid del 10-Nov-98.
(2)
Max Weber, Economy and Society: An Outline of Interpretative Sociology,
(Berkeley, University of California Press, 1978). Edición en
español,
Economía y Sociedad, (México, FCE, 1964), Segunda
Edición.
(3)
ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario "El
País",
Madrid del 10-Nov-98.
(4)
Ver sobre este tema a George Soros, La Crisis del Capitalismo Global:
La
Sociedad Abierta en Peligro, (Bs. As., Sudamericana, 1999), pág.
138.
(5)
Ver, por ejemplo, George Soros, La Crisis del Capitalismo Global: La
Sociedad
Abierta en Peligro, (Bs. As., Sudamericana, 1999), pág. 135.
(6)
Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del siglo XXI, (Bs. As.,
Edic. de la Universidad, 1998), págs. 168 y sigs.
(7)
Ver sobre este tema a George Soros, La Crisis del Capitalismo Global:
La
Sociedad Abierta en Peligro, (Bs. As., Sudamericana, 1999), pág.
138.
(8)
Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del siglo XXI, (Bs. As.,
Edic. de la Universidad, 1998), la “Simulación del Proceso de
Génesis
y Evolución del Orden Mundial”, pág. 117.
(9)
Ver Garnier, Lydia W., Soberanía Limitada
¿Soberanía
Nacional del siglo XXI?, en Revista “GEOSUR”, Vol. XIX, N° 220,
Montevideo,
Uruguay, Julio-Agosto 1998, págs. 9-20.
(10)
Knight, F.W., The State of Sovereignty and the Sovereignty of States,
(Oxford
University Press, 1992).
(11)
Holsti, K.J., International Politics: A Framework for Analysis,
(Englewood
Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1967), pág. 91.
(12)
Ver FERRER, Aldo, Hechos y Ficciones de la Globalización, (Bs.
As.,
FCE, 1997).
(13)
Ver Laviña, Félix, en "Los Nuevos Actores del Sistema
Internacional"
y "Agenda Internacional", documento presentado al Seminario
Internacional
sobre “Teoría de las Relaciones Internacionales desde la
Caída
del Muro de Berlín a Nuestros Días”, convocado por la
Cátedra
de Teoría General de las Relaciones Internacionales, Facultad de
Derecho de la Universidad de la República y el Instituto Artigas
del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental
del Uruguay, Montevideo, Uruguay, 30-31 de Julio de 1998.
(14)
Ver, por ejemplo, Esther Barbé, "Relaciones Internacionales"
(Madrid,
Tecnos, 1995).
(15)
Ver OHMAE, Kenichi, El Fin del Estado-Nación, (Sgo. Chile,
Andrés
Bello, 1997), pág. 39 y sigs.,
(16)
Lideres del Africa Firman las Bases para la Creación de una
Unión
Africana, CNN en español en internet,
http://www.cnnenespanol.com,
12/Jul/2000.
(17)
Estas son opiniones del sociólogo catalán Manuel
CASTELLS,
vertidas en el diario "El País" de Madrid, del 12-Feb-1999.
(18)
El gobierno norteamericano, en diferentes períodos
históricos,
ha llegado incluso a invadir con sus marines a países
latinoamericanos,
en defensa de los intereses de empresas, cuyas casas matrices se
encuentran
en EUA, siguiendo el criterio del Corolario Theodoro Roosevelt a la
Doctrina
Monroe. Este tema lo he estudiado largamente en DALLANEGRA PEDRAZA,
Luis,
“Relaciones Políticas entre Estdos Unidos y América
Latina:
¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?”, (Buenos Aires,
Edic.
del Autor, 1994).
(19)
Ver Luciano Tomassini, “El Proceso de Transnacionalización y las
Relaciones Externas en los Países Latinoamericanos" en
“Transnacionalización
y Desarrollo Nacional en América Latina" (Bs. As., Gel, 1984).
(20)
Este concepto lo he trabajado en “El Orden Mundial del siglo XXI”, (Bs.
As., Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 47 y sigs.
(21)
Tesis de Huntington en su “Choque entre Civilizaciones”, publicado en
Foreign
Affairs.
(22)
Sobre una hipótesis de trabajo respecto de las tendencias del
sistema
internacional, ver Luciano Tomassini, “El Proceso de
Transnacionalización
y las Relaciones Externas en los Países Latinoamericanos" en
“Transnacionalización
y Desarrollo Nacional en América Latina" (Bs. As., Gel, 1984).
(23)
Luciano Tomassini, “El Proceso de Transnacionalización y las
Relaciones
Externas en los Países Latinoamericanos" en
“Transnacionalización
y Desarrollo Nacional en América Latina" (Bs. As., Gel, 1984).
(24)
Este tema ha sido abordado por Laviña, Félix, en "Los
Nuevos
Actores del Sistema Internacional" y "Agenda Internacional", documento
presentado al Seminario Internacional sobre “Teoría de las
Relaciones
Internacionales desde la Caída del Muro de Berlín a
Nuestros
Días”, convocado por la Cátedra de Teoría General
de las Relaciones Internacionales, Facultad de Derecho de la
Universidad
de la República y el Instituto Artigas del Ministerio de
Relaciones
Exteriores de la República Oriental del Uruguay, Montevideo,
Uruguay,
30-31 de Julio de 1998.
(25)
Esther Barbé, "Relaciones Internacionales" (Madrid, Tecnos,
1995),
pág. 197.
(26)
Ver Diario la Nación, Buenos Aires, 1 de Juli de 2000.
(27)
Ver “Escenarios hacia el 2000: Megatemas”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis,
“El Orden Mundial del siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la
Universidad,
1998), especialmente el megatema número 2 relativo al proceso de
reestructuración del Estado, pág. 255 y ss.
(28)
Este tema ha sido tratado por Frankel, Joseph, International Relations
in a Changing World, (Oxford, Oxford University Press, 1979),
págs.
154-155.
(29)
Sobre el particular ver, por ejemplo, Verdross, Alfred, Derecho
Internacional
Público, (Madrid, Aguilar, 1963), págs. 202-234.
(30)
Zaki Laidi, Investigador del Centro Nacional de Investigaciones
Científicas
(CNRS) de París y Profesor en el Instituto de Estudios
Políticos
de París y en la Universidad Johns Hopkins de Bologna, en su
libro
“El Orden Mundial Distendido: Sentido y Potencia tras la Guerra
Fría”.
Reportaje de Andrea Desormeaux, en el Diario “El Mercurio”, Chile, 12
de
Febrero de 1994.
(31)
Peter Drucker “La Sociedad Postcapitalista”, (Bs. As., Sudamericana,
1993),
pág. 99 y ss.
(32)
Kenichi Ohmae, “El Fin del Estado-Nación”, (Sgo. de Chile,
Andrés
Bello, 1997).
(33)
Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía,
Sociedad
y Cultura, Fin del Milenio, Volumen III, (México DF, Editorial
Siglo
XXI, 1997. Traducción de Carmen Martínez Gimeno. Original
en Inglés año 1997.
(34)
Keohane, Robert 0, y Stanley Hoffman (1991b): "The New European
Community:
Decision Making and Institutional Change", Boulder, Colorado, Westview
Press.
(35)
Waever, Ole (1995): "Identity, Integration and Security, solving the
sovereignty
puzzle in EU studies", Journal of International Affairs, 48 (2),
págs.
1-43.
(36)
Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World
Politics,
(New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254-255.
También, Minc, Alain, "Le nouveau Moyen Age", (París,
Gallimard,
1993).
(37)
Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía,
Sociedad
y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen I,
capítulos
1 y 3.
(38)
Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía,
Sociedad
y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen I,
capítulo
2.
(39)
Waever, Ole (1995): "Identity, Integration and Security, solving the
sovereignty
puzzle in EU studies", Journal, of International Affairs, 48 (2), pigs.
1/43.
(40)
Keating, Michael (1995): "Nations against the State: the new politics
of
nationalism in Quebec, Catalonia and Scotland", Nueva York, St.
Martin's
Press.
(41)
Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía,
Sociedad
y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen II.
(42)
Hedley Bull, The anarchical Society: A Study of Order in World
Politics,
(New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254255.
(43)
Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado
en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario "El
País",
Madrid del 10-Nov-98.
(44)
Zaki Laidi, Investigador del Centro Nacional de Investigaciones
Científicas
(CNRS) de París y Profesor en el Instituto de Estudios
Políticos
de París y en la Universidad Johns Hopkins de Bologna, en su
libro
“El Orden Mundial Distendido: Sentido y Potencia tras la Guerra
Fría”.
Reportaje de Andrea Desormeaux, en el Diario “El Mercurio”, Chile, 12
de
Febrero de 1994.
(45)
Peter Drucker “La Sociedad Postcapitalista”, (Bs. As., Sudamericana,
1993),
pág. 99 y ss.
(46)
Kenichi Ohmae, “El Fin del Estado-Nación”, (Sgo. de Chile,
Andrés
Bello, 1997).
(47)
Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía,
Sociedad
y Cultura, Fin del Milenio, Volumen III, (México DF, Editorial
Siglo
XXI, 1997. Traducción de Carmen Martínez Gimeno. Original
en Inglés año 1997. También,
Borja,
Jordi (1992), "Estrategias para el desarrollo e
internacionalización
de las ciudades europeas: las redes de ciudades", Informe a la CEE,
Barcelona,
Consultores Europeos Asociados. Asimismo, Orstrom Moller, J, (1995):
"The
Future European Model: Economic Internationalization and Cultural
Decentralization”,
Wesport (Conn.), Praeger.
(48)
Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World
Politics,
(New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254255.
También, Minc, Alain, "Le nouveau Moyen Age", (París,
Gallimard,
1993).
(49)
Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado
en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario "El
País",
Madrid del 10-Nov-98.