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Capítulo II

LOS CAMBIOS EN EL ESTADO-NACION

INTRODUCCION

Las grandes transformaciones mundiales que se vienen dando, particularmente desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, que dio lugar al fin del sistema bipolar (1945/1991), muestran nuevas características y tendencias que deben ser tenidas en cuenta, a los efectos de entender hacia dónde se dirige el nuevo orden mundial, atendiendo a la modificación del comportamiento y el funcionamiento del actor central de este sistema: el Estado Nación y la aparición de nuevos actores en la escena, con igual o superior capacidad que aquél y que le quitan o le hacen perder roles y funciones.

El Estado-Nación ha venido sufriendo impactos importantes, de actores supra-estatales, sub-estatales y también transnacionales, despojándolo de atributos u obligándolo a compartirlo con el resto de los actores mencionados.

Hoy, entidades sub-nacionales y también actores sociales, asumen roles y funciones que antes estaban en manos exclusivas del Estado soberano.

La soberanía ha sido erosionada desde “arriba” –actores supra-estatales-, desde “adentro” –actores sub-estatales y sociales-, y también desde el “costado”, -los actores transnacionales-.

Me ocuparé de analizar estos fenómenos, así como de desarrollar algunas hipótesis de trabajo, respecto de las posibles tendencias que se pueden dar como consecuencia de los impactos y las transformaciones.

EL ESTADO “WESTFALIANO”

Con el surgimiento del Estado-Nación, cuya aparición se da con la Paz de Westfalia en 1648, se inician dos características centrales, la de la “nacionalidad” -identidad- y la soberanía -el imperium- por un lado, y la “internacionalidad” por el otro. El “derecho de gentes” de la etapa feudal, se transforma en “derecho internacional”, intentando regular el funcionamiento del sistema inter-estatal.

El siglo XX agrega nuevas características. Con el surgimiento y la proliferación de los organismos internacionales gubernamentales, a la internacionalidad se le agrega la “supranacionalidad”. Esto implica generación de reglas adoptadas por organismos internacionales o como resultado de acuerdos multilaterales, que están por encima de las normas internas del Estado. Los Estados no pueden generar normas que contradigan las normas internacionales.

Estos organismos internacionales son de carácter mundial, como la Sociedad de Naciones o la ONU, o de carácter regional como la OEA o la OUA. De tipo político, como los mencionados anteriormente; económico, como CEPAL o los sistemas de integración; o de seguridad, como OTAN, TIAR, Pacto de Varsovia, etc.

En la segunda mitad del siglo XX, se agrega una nueva tendencia dominante: la “transnacionalidad”. Esto ocurre a partir del surgimiento y la multiplicación en cantidad y tipo de actores transnacionales: empresas productoras y comercializadoras, banca, organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil, fondos de pensión o de seguros, etc.

Los actores transnacionales comienzan a cumplir roles y a tener funciones, que anteriormente eran exclusividad del Estado-Nación, generándole obligaciones a éste y, en muchos casos, transformándose en actores centrales, generadores de reglas y obligando al Estado-Nación a operar como “gestor”, perdiendo de esta manera, la condición de actor.

De este modo, nos encontramos con que la novedad del siglo XX tiene que ver con las nuevas características de funcionamiento del sistema mundial, a partir del surgimiento de una “supranacionalidad” emergente de la “internacionalidad” y, paralelamente, una “transnacionalidad” independiente de la internacionalidad.

Además, este mismo fenómeno, marca el inicio del fin de una “macro-etapa”, la del “Estado-Nación” que seguramente dará lugar a una nueva macro-etapa -nuevo tipo de “status” diferente del “Estado-Nación”-, cuyas características no están claras, pero sobre las que hay algunas hipótesis de trabajo.

Algunos elementos característicos del siglo XX tienen que ver con la multiplicación de Estados-Nación hacia mediados del siglo, particularmente por el proceso masivo de descolonización en Africa y el Caribe -década de los ’60- y hacia fines del siglo, por el proceso, también masivo, de fragmentación de Estados, comenzando por la URSS y otros países de Europa Oriental. Estas dos etapas estuvieron acompañadas de un proceso creciente de transnacionalización que completan el fenómeno de cambio.

En el caso de la URSS, se trataba de un Estado plurinacional, por lo que las naciones recuperaron su condición de tales desintegrando al Estado.

El proceso de cambio de las características del Estado-Nación, así como de su transformación en un nuevo tipo de Estado -status- no es algo uniforme en todo el planeta.

A poco más de 350 años de la Paz de Westfalia, hito que marca el inicio del nacimiento de la macro-etapa del Estado-Nación en Europa, asistimos al nacimiento de un nuevo orden, que da lugar, a su vez, a un nuevo tipo de Estado, también en Europa.

Los Estados-Nación se transforman para dar paso a una nueva modalidad de relacionamiento en la que la convivencia ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la conjunción de intereses muy estables. Pero Europa es sólo una parte del mundo, más allá de que, durante muchos siglos significó, desde el punto de vista de la irradiación de poder, orden y civilización, el “centro del mundo”. Gran parte del resto del mundo se asienta en equilibrios de poder entre Estados-nacionales a la manera en que Europa se ordenó en Westfalia. Otras partes se debaten todavía en guerras de religión (o ideológicas) parecidas a aquellas a las que Westfalia puso fin en Europa. Cada una de estas zonas tiene sus reglas, diferentes unas de otras, y no hay reglas que rijan las relaciones entre las distintas zonas.

Asistimos a la paradoja de un mundo diverso y a la vez globalizado y totalmente integrado y comunicado.

Robert Cooper 20 dice que hoy existen Estados premodernos, modernos y postmodernos.

1) Los estados premodernos mal cumplen el principio weberiano de monopolizar el uso de la fuerza, por lo que resultan más o menos caóticos. No pueden generar orden en su propio territorio. No tienen un imperium sobre su territorio.

Hay varios Estados en esas condiciones. En Europa, se podría mencionar, entre otros, el caso de Yugoslavia. En América Latina, Colombia, cuyo imperium está dividido entre el gobierno oficial, los grupos guerrilleros, los paramilitares, el narcotráfico y por fuera, Estados Unidos procurando generar sus pautas de orden. El caso de Perú, aunque menos grave, es otro ejemplo. Lo mismo podríamos decir de Chile, cuyo poder esta dividido entre las fuerzas armadas por un lado y el gobierno elegido por el otro, que impiden el funcionamiento del Estado de Derecho. Argentina, más allá de que se la podría calificar como un caso atípico, está muy cerca de la premodernidad.

2) Los Estados modernos mantienen los principios de soberanía y de no injerencia así como el monopolio de la fuerza y dirigen su política exterior en busca de la hegemonía o de un equilibrio de poder y, cuando les interesa, piden que la ONU les proporcione seguridad colectiva. En esta categoría se incluyen China, India, Pakistán, Brasil, México, Cuba, Israel, Irán, Turquía, Corea del Norte, además de otros.

El caso mexicano podría ser calificado como moderno desde el punto de vista de sus principios, pero como premoderno desde el punto de vista del manejo soberano de su economía, ya que al estar dentro del NAFTA/TLC se transforma en una factoría de EUA, a la vez que el préstamo de 50 mil millones de dólares recibido para salir del “efecto tequila” comprometió sus ingresos petroleros que sirven como garantía frente a EUA para el pago de este préstamo. En materia de conflictos, el caso Chiapas y el “zapatismo”. Además, el hecho de estar sujeto, junto a otros Estados latinoamericanos y del resto del mundo a políticas de “certificación” o “descertificación” por parte el gobierno de Estados Unidos quien califica así la manera en que se encara la lucha contra el narcotráfico agrega otro elemento.

En cuanto a Brasil, sus problemas con los “sin tierra” y grupos de narcotraficantes que tienen control sobre partes de ciertos municipios en Río de Janeiro y otros Estados, lo ubica también entre los Estados que tienen características mixtas de modernos y premodernos.

Corea del Norte, con el acercamiento que tuvo con Corea del Sur para negociar la unificación, podría pasar a caracterizarse, junto con su par, como Estado postmoderno.

3) La mayoría de los Estados europeos, ya no son modernos, se han convertido en Estados postmodernos. Los Estados postmodernos se caracterizan por ejercer la soberanía de manera tan flexible que posibilita compartirla, se encuadran en organizaciones que regulan la injerencia de unos en los asuntos internos de otros, han renunciado a usar la fuerza entre ellos y buscan la seguridad a través de la mutua vulnerabilidad y de códigos de conducta acordados. Lo postmoderno consiste en renunciar a la ventaja coyuntural en favor de la convergencia estratégica, es decir, en pactar renunciando a lo unilateral.

Los Estados miembros de la Unión Europea son los Estados postmodernos por antonomasia, aunque el concepto también alcanza a otros países europeos y no europeos como Canadá y Japón.

La transformación de los estados europeos en postmodernos, comenzó tras la segunda guerra mundial después de comprobar reiteradamente que la búsqueda de la hegemonía terminaba en guerra, que el establecimiento de equilibrios de poder, antes o después, también terminaba en guerra y que los sistemas de seguridad colectiva no lograban evitarla. Por ello, adoptaron criterios de convergencia y coordinación de políticas.

La Unión Europea no es un superestado-continental que vienen a reemplazar a los Estados-Nación de Westfalia, es una agrupación de Estados postmodernos que pone fin a los intentos de dominio de un país europeo -Alemania- sobre el resto y a los inestables equilibrios de poder en Europa. Es una puesta en común de recursos al servicio de un proyecto compartido. Siempre hay un riesgo de volver al pasado, pero la UE es ya algo sólido, resultado de la evolución y de la voluntad de sus pueblos que comparten una sangrienta historia.

Para Zaldívar 21 Estados Unidos y Rusia, son dos Estados atípicos. Parte de Europa es rusa y Rusia es europea en parte, pero tiene tamaño y recursos como para valerse por sí sola. Esto la empuja a seguir siendo un estado moderno inclinado a relacionarse con otros a través de equilibrios y hegemonías. Rusia atraviesa ahora una etapa traumática que podría terminar haciéndole retroceder hacia un status premoderno. También puede ocurrir que Rusia evolucione hacia comportamientos postmodernos, base para ello tiene en el profundo rechazo al recurso a la fuerza que muestra su población. Una evolución así de Rusia coincide con el interés estratégico de la UE.

Estados Unidos, pese a que se lo califique como la única superpotencia mundial, dista de ser el centro de un mundo unipolar. Una cosa es tener un potencial mayor que el de cualquier otro país, y otra disponer de la voluntad interior y de la legitimidad exterior necesarias para usarlo cuando se quiera. Con su gran tamaño, su heterogeneidad cultural y su corta edad, Estados Unidos es un Estado que todavía no ha acabado de hacerse. Un Estado atípico que, en ausencia de una clara amenaza exterior que le cohesione, encuentra grandes dificultades para elaborar y aplicar una política exterior coherente. En el futuro inmediato se comportará, a veces, como un Estado moderno con pretensiones de autoridad extraterritorial y ambiciones hegemónicas, de acuerdo con una influyente minoría convencida de que debe liderar el mundo ya que cuenta con recursos para hacerlo, otras veces actuará como un Estado premoderno empujado por sus grupos fundamentalistas opuestos a la globalización, a la ONU y dispuestos a teocratizar el Estado.

En pocas palabras, el gran fenómeno de cambio en el siglo XX se puede resumir en:

Multiplicación de Estados-Nación -en muy pocos casos ha habido unificación: Vietnam, las dos Alemanias, o el de China, al recuperar Hong-Kong y Macao, y en proyecto, las dos Coreas y China con Taiwan-. Internacionalización y supranacionalismo; transnacionalización y transformación del Estado-Nación, derivando en nuevo tipos de Estados -status o forma de organización social-. Desarrollo tecnológico en áreas como la militar, sean armas -capacidad nuclear generalizada, misiles de largo alcance- o tecnología espacial -cohetería y satélites de todo tipo-, acompañado por una revolución en la microelectrónica, la telefonía, la informática, que generaron cambios en el concepto y la realidad de la “soberanía”, a la vez que una revolución de las comunicaciones, que derivó, con el fin del sistema bipolar, en la era de la “globalización”. Los conflictos, pasaron de ser “internacionales” a “intra-nacionales”: problemas étnicos y religiosos, o “transnacionales”: problema del narcotráfico y lavado de dinero, terrorismo.

EL ESTADO-NACION COMO UN ACTOR MAS DEL SISTEMA

El Estado-Nación es uno de los tipos de organización social. Es el “status” organizativo que adopta una sociedad determinada. Otros status han sido las ciudades-Estado, los feudos y seguramente el status actual –Estado-Nación- evolucionará hacia otras conformaciones organizativas.

Debería aclarar que hay ciertas particularidades en lo que llamo Estado-Nación, ya que algunos Estados son plurinacionales -o lo eran- como la ex-URSS, España, Bélgica, etc.; naciones con más de un Estado, como es el caso, hoy, de las dos Coreas o de China y Taiwán y también hay naciones sin Estado, como los palestinos -al menos por ahora-, entre otros.

No es que el Estado –en términos de “status” u organización social institucionalizada- vaya a desaparecer, sí el Estado-Nación va a sufrir cambios significativos y muy probablemente desaparecerá y será reemplazado por otro tipo de Estado -status-. Se observan muchas transformaciones, de las más variadas, de las que se podría ejemplificar con algunas pocas:

1) Procesos de fragmentación como los de Yugoslavia, Checoslovaquia y buena cantidad de países africanos, e incluso de “implosión” como lo fue el de la URSS. En América Latina, el caso particular de Colombia, muestra que el gobierno sólo puede controlar una escasa porción del Estado. Está fragmentado el Estado “weberiano” al haber más de un actor que tiene el “monopolio” de la coerción. De otra manera ocurre con el caso chileno, que está dividido entre el poder del gobierno y el poder de las fuerzas armadas que unen su lealtad alrededor de Pinochet y su proceso.

2) Procesos de reunificación, como el de Alemania o tendencia a lograrlo, como China, Corea;

3) Procesos de transformación económico-social, como los de China; Federación Rusa.

En este último caso, viene de una fragmentación del Estado imperial plurinacional, debilitando al Estado central al delegarse competencias a las regiones y repúblicas, en la etapa de Yeltsin, pero en la etapa Vladimir Putin, con la aprobación por la Cámara Baja de la ley de Reforma Centralista, se contempla la destitución de los gobiernos regionales si el Kremlin y el poder legislativo central lo consideran oportuno 22.

4) La gran revolución económico-tecnológica-social que se viene dando en Asia desde los ´60s, conocida como el fenómeno de los Estados Recientemente Industrializados (ERI o Nic´s por las siglas en inglés). Hablo de países que hace pocos años uno no se los hubiera imaginado como competitivos económica, comercial o tecnológicamente y también han transformado su estructura social, como Vietnam, Malasia, Singapur, Tailandia, etc. Estos países, en pocas décadas de este siglo han logrado objetivos, e incluso han producido un impacto mundial, que no han logrado los países latinoamericanos cuya industrialización proviene desde el siglo XIX y que ahora se encuentran en situación de retraso.

Podría abundar en procesos que muestran las grandes transformaciones y contradicciones que se dan.

Los sistemas políticos, son variable dependiente de las características del orden mundial por lo que los Estados deben acomodarse a los cambios vigentes; a la vez que los cambios en la conformación de los Estados -status- provocan cambios en el sistema y el orden mundial.

Las características vigentes del orden mundial son las que condicionan la forma en que el Estado resultará funcional al sistema; esto significa que favorecerá a su seguridad –v. gr.: conflicto Este-Oeste- o su rentabilidad –v. gr.: pagará la deuda externa, favorecerá la radicación de empresas o la entrada de capitales, etc.- 23.

El Estado-Nación está sometido a presiones externas de carácter ideológico y también de orden estructural. Esto es creciente con el fenómeno de transnacionalización.

Los factores ideológicos han sufrido variaciones. Durante la etapa bipolar, funcionaban alrededor de una pugna entre dos ideologías alternativas. Con la finalización del bipolarismo, la resultante ha sido el predominio de un mundo “planetarizado” y de la ideología neoliberal que compulsa al Estado –sus gobiernos- a minimizarse en aras de la rentabilidad del sector privado -generador de estas demandas y presiones-.

El valor más preciado en los últimos cincuenta años, dado el conflicto Este-Oeste, fue la seguridad, por lo que el Estado-Nación, garante de la seguridad, estaba “emblocado” privilegiando este factor, por sobre cualquiera otro de carácter económico. Hoy, al no haber problemas de seguridad, ya que no hay pugna entre ideologías alternativas, la rentabilidadque es el valor más preciado- requiere la mayor libertad de acción económica, sin un Estado que le genere reglas. Por lo tanto, el Estado debe minimizarse, desregularse y generar pautas favorables al funcionamiento y los intereses del sector privado, productor, inversor y comercializador 24. No cabe duda que, en este caso, es el sector privado –particularmente el transnacional- el principal interesado en la disminución del rol del Estado y el principal generador de la “reforma del Estado”.

Las presiones de carácter estructural tienen que ver, fundamentalmente, con la evolución y el desarrollo tecnológico y la transnacionalización.

Los factores tecnológicos inciden en aspectos esenciales del Estado-Nación, como es la soberanía.

Un componente central para definir y entender el concepto de soberanía es la seguridad.

Históricamente las fronteras naturales estaban dadas por una montaña o un río, luego delimitadas por tratados firmados entre los Estados. El mar territorial, bajo el cual está la soberanía territorial de Estado ribereño, luego de varios criterios que fueron variando, se estableció en 12 millas, resultante del tiro de una bala de cañón, criterio avalado por la Conferencia de Derecho Marítimo de Ginebra de 1958. Esto comprende la columna aérea y el fondo del mar. Las 200 millas marinas, son la resultante de la suma del mar territorial, 12 millas, más 188 millas de zona económica exclusiva (ZEE). Asimismo existe un dominio sobre el espacio aéreo que se encuentra por encima de la superficie del territorio. Idem en su “profundidad”, hasta donde pueda ejercerse bajo la tierra 25.

Por supuesto, cuando uno habla de la soberanía, no sólo habla del imperium sobre el territorio, sino también del dominio político y económico del Estado.

-------------------------------------------------Gráfico 6

Factores que generan cambios en el
                  Estado-Nación

Con el desarrollo satelital y misilístico, la seguridad territorial se ha hecho cada vez más vulnerable, particularmente para aquellos Estados que carecen de este tipo de capacidades que, salvo Estados Unidos y la ex URSS, y algunos muy escasos otros Estados, no ha alcanzado ningún otro.

Resulta absurdo hablar de la bala de cañón y de las 12 millas de mar territorial, y de las fronteras naturales, con la capacidad misilística intercontinental, o con la capacidad satelital de observar cualquier porción de territorio en el planeta. Estas fronteras naturales sólo sirven como referente para el establecimiento de límites, pero ya no marcan el “imperium” en los términos en que la soberanía como seguridad implican. Esto es entendible en los términos del Estado-Nación del siglo XVIII o XIX, pero no de la actualidad.

Hay otros adelantos tecnológicos que rompen con el concepto de fronteras nacionales. Internet, resultante del desarrollo de la tecnología informática, es uno de ellos. Las comunicaciones han revolucionado los vínculos entre las sociedades desde todos los puntos de vista, sean culturales, financieros, ideológicos, comerciales, etc.

LA REFORMA DEL ESTADO-NACION

No estoy hablando de la reforma administrativa, sino de las causas estructurales que generan cambios permanentes en el Estado-Nación.

Hay algunas hipótesis de trabajo al respecto, que no son coincidentes, pero que de todas formas significan elementos para considerar qué es lo que puede pasar con el Estado-Nación hacia el futuro y qué características podrá tener el nuevo Estado -status-.

Zaki Laidi y el Estado (macro) Región

Una de las hipótesis es manejada por un Investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de París, Zaki Laidi, 26 quien plantea que probablemente estemos en una etapa similar al tránsito entre el Estado feudal y el Estado-Nación; cuya evolución sería hacia lo que denomina Estado-Región. Este Estado-Región se parecería a lo que hoy es, por ejemplo la Unión Europea.

Hasta el momento, más allá de que hay más de un centenar de procesos integrativos en marcha, ninguno reúne los requisitos o funciona al estilo de la Unión Europea.

Peter Druker 27 y el “Mega-Estado”

Hace referencia al mismo tipo de concepto que Zaki Laidi. No obstante, su Mega-Estado se acerca más al imperio colonial, que a los procesos integrativos que actualmente aspiran a transformarse en federaciones económicas y que califico de Estado-Región.

Sin embargo, si se considera que la Unión Europea (UE) será el “eje” de poder de todas sus ex-colonias, EUA del hemisferio americano, y Japón y los “mini-japones”, seguramente ejercerán su influencia y dominio sobre la región asiática, con excepción, tal vez, de China e India; nos encontramos cerca de lo que es el imperio colonial, bajo estructuras que se han configurado de manera diferente; no ha intervenido la fuerza militar de dominación, sino la transnacionalización (en el sentido de formación de unidades mayores al Estado-Nación) y el control económico-tecnológico.

Kenichi Ohmae 28 y el Estado (micro) Región

También habla en términos de Estado-Región, pero sus características no son las de los Mega-Estados, sino la de las regiones al interior del Estado, cuya capacidad productiva constituye el “motor” o la “locomotora” de la economía, que son las que verdaderamente generan el desarrollo y el crecimiento. El resto es arrastrado por estas regiones. De esta manera las regiones se interconectarían entre sí, independientemente del Estado o de las políticas de su gobierno central que sólo entorpecerían con su burocracia.

Algunos ejemplos son:

a) Cataluña, o la “Comunidad Pirenáica” que involucra a Cataluña, Navarra, Cantabria, Andorra (este es un Estado) y el sudeste de Francia, Languedoc y Rousillon.

b) Los tres triángulos de crecimiento de la ASEAN, Norte, Sur y el que configuran Brunei (Estado), provincias de Indonesia, de Malasia y de Filipinas.

c) La región del Mosa-Rin que comprende provincias de Holanda, Bélgica y Alemania.

d) En Argentina, el NOA (Nor-oeste de Argentina) que se conecta con Chile, Bolivia y Perú buscando salida al Pacífico y al mundo asiático; el NEA (Nordeste de Argentina) que se conecta con Paraguay, Brasil y Uruguay dentro del marco del MERCOSUR; la región patagónica sur que conecta, a través de Chile, Atlántico y Pacífico por ruta.

e) En Chile la Zona Franca de Iquique (ZOFRI), que conecta al MERCOSUR con el mundo asiático y del pacífico.

f) En Brasil la Zona Franca Industrial de Manaos que vende al mundo.

Manuel Castells y el Estado-Red 29.

Castells se pregunta, hasta qué punto la negación del Estado-Nación no es una nueva exageración del neoliberalismo, feliz de anunciar la apertura definitiva de las puertas al campo del mercado.

No obstante considera, al igual que otros, que el Estado-Nación parece, cada vez menos capaz de controlar la globalización de la economía, de los flujos de información, de los medios de comunicación y de las redes criminales.

La unificación electrónica de los mercados de capitales y la capacidad de los sistemas de información para transferir enormes masas de capital en cuestión de segundos hacen prácticamente imposible que los Estados y sus bancos centrales decidan sobre el comportamiento de los mercados financieros y monetarios, algo reiteradamente demostrado en las crisis monetarias de la Unión Europea desde 1992 y en el sureste asiático en 1997.

Pero hay más. Al perder control sobre los flujos de capital, los Estados tienen cada vez mayores dificultades para cobrar sus impuestos y, en realidad, en la mayoría de los países, están reduciendo la presión fiscal sobre el capital, reduciendo, por tanto, los recursos disponibles para su política.

Teniendo en cuenta la creciente disparidad entre recursos y gastos del Estado, los Gobiernos han recurrido al endeudamiento en el mercado internacional de capitales, siendo, por tanto, cada vez más dependientes del comportamiento de dicho mercado.

Hay una diferencia entre el fenómeno provocado por causas estructurales, que va más allá de las posibilidades de los gobiernos y de las naciones y el ceder soberanía de manera defensiva, como lo ha hecho la Unión europea, para poder afrontar el reto de la globalización.

En la Unión Europea el proceso de pérdida de soberanía es patente. Sin embargo, para no ser marginados de la competencia internacional, los Estados europeos decidieron, aunar sus fuerzas, pero al hacerlo han eliminado los últimos restos de soberanía económica. Con una moneda única, un Banco Central Europeo y mercados integrados, no pueden darse políticas económicas nacionales. Incluso los presupuestos de cada país tendrán márgenes muy estrechos entre las obligaciones históricamente contraídas (tales como seguridad social), los criterios de los mercados financieros y la armonización con los criterios europeos.

EL ESTADO-RED

Al menos en el ámbito de la Unión Europea, se ha pasado, según Manuel Castells, a vivir en una nueva forma política: el Estado red.

Es un Estado hecho de Estados-Nación, de naciones sin Estado, de Gobiernos autónomos, de ayuntamientos, de instituciones europeas de todo orden -desde la Comisión Europea y sus comisarios al Parlamento Europeo o el Tribunal Europeo, la Auditoria Europea, los Consejos de Gobierno y las comisiones especializadas de la Unión Europea- y de instituciones multilaterales como la OTAN y las Naciones Unidas.

Todas esas instituciones están, además, cada vez más articuladas en redes de organizaciones no gubernamentales u organismos intermedios como son la Asociación de Regiones Europeas o el Comité de Regiones y Municipios de Europa. La política real, es decir, la intervención desde la Administración pública sobre los procesos económicos, sociales y culturales que forman la trama de nuestras vidas, se desarrolla en esa red de Estados y trozos de Estado cuya capacidad de relación se instrumenta cada vez más sobre la base de tecnologías de información.

Por tanto, para Manuel Castells, no estamos ante el fin del Estado, ni siquiera del Estado-Nación, sino ante el surgimiento de una forma superior y más flexible de Estado que engloba a las anteriores, agiliza a sus componentes y los hace operativos en el nuevo mundo con la condición de que renuncien al orden y mando.

Para Castells, aquellos Gobiernos, o partidos, que no entiendan la nueva forma de hacer política y que se aferren a reflejos estatistas trasnochados serán simplemente superados por el poder de los flujos y borrados del mapa político por los ciudadanos tan pronto su ineficacia política y su parasitismo social sea puesto de manifiesto por la experiencia cotidiana.

Esta forma de operar en red, no obstante, no está funcionando, y pareciera no existir, en el corto o mediano plazo, voluntad en ese sentido, en regiones como América Latina, ni qué hablar de Africa. Tampoco el mundo asiático, que tiene lazos culturales y una identidad fuerte, opera como una red.

En el contexto global, la “Trilateral Comision” muestra una verdadera red de Estados y empresas multinacionales y una voluntad de establecer objetivos comunes para implementar un orden mundial acorde a sus objetivos.

La Unión Europa no substituye al Estado-Nación existente, sino que, por el contrario, es un instrumento fundamental de su supervivencia a condición de conceder cuotas de soberanía a cambio de obtener más voz en los asuntos mundiales y nacionales en la era de la globalización. ¿Tendrá conexión con la idea del Estado-Región de Zaki Laidi?

Al reflexionar sobre la complejidad y flexibilidad crecientes del proceso político europeo, Keohane y Hoffman proponen la idea de que la Unión Europea “está organizada esencialmente como una red que supone mancomunar y compartir soberanía más que transferirla a un nivel superior” 30 de carácter supranacional.

Este análisis, desarrollado y teorizado por Waever 31, acerca más la unificación europea a la caracterización del neomedievalismo institucional; es decir, una pluralidad y heterogeneidad de poderes que se solapan o encubren, según la descripción realizada hace años por Hedley Bull y de la que se hacen eco numerosos analistas europeos como Alain Minc 32.

Aunque los historiadores pueden poner objeciones a dicho paralelismo, para Manuel Castells, la imagen del neo-medievalismo institucional, ilustra vigorosamente la nueva forma de Estado que ejemplifican las instituciones europeas: el Estado red. Un Estado caracterizado por compartir la autoridad (es decir, en último término, la capacidad de imponer violencia legitimada) a lo largo de una red.

Una red, por definición, tiene nodos, no un centro. Los nodos pueden ser de tamaños diferentes y pueden estar entrelazados por relaciones asimétricas en la red, de tal modo que el Estado red impide la existencia de desigualdades políticas entre sus miembros. Alemania es el poder económico hegemónico, pero Gran Bretaña y Francia poseen mucho más poder militar y al menos la misma capacidad tecnológica.

Según Castells, los datos disponibles y los debates recientes de la teoría política parecen sugerir que el Estado red, con su soberanía de geometría variable, es la respuesta de los sistemas políticos a los retos de la globalización. La Unión Europea puede ser la manifestación más clara hasta la fecha de esta forma de Estado emergente, probablemente característica de la era de la información.

No se puede observar esto en América Latina, sea la actual o la histórica, cuya característica dominante ha sido la fragmentación compartamentalizada. Ni qué hablar de Africa, donde se encuentran, al menos, un tercio de los Estados del planeta.

La idea del Estado-red, podría entenderse también como la “coordinación” de las políticas entre los distintos estamentos, nacional, provincial, municipal, de manera tal que no existe cesión ni imposición, sino coordinación en forma de red.

LA EMPRESA RED

Para Castells, no sólo se da un Estado red, sino también las empresas operan de esta manera.

La aceleración del cambio tecnológico, la necesidad de vincular mercados específicos y la estrategia de cubrir las apuestas tecnológicas entre diferentes socios 33 han inducido la interconexión a todos los niveles de multinacionales y medianas empresas en un modelo de interpenetración de tecnología, producción y mercados que Castells definió como la empresa red.

Así, en lugar de oponer las compañías estadounidenses o japonesas a las europeas, la globalización de la información ha conducido al entrelazamiento completo de investigación, producción de I+D y distribución entre las zonas, empresas e instituciones avanzadas de Estados Unidos, el Pacífico y la Unión Europea.

Ahora, la tecnología de la información está globalizada de forma asimétrica y la importancia de las empresas y mercados europeos garantiza que Europa esté profundamente integrada en las redes tecnológicas dominantes. Por ejemplo, en la próxima oleada tecnológica, la ingeniería genética, Japón está rezagado; y aunque la I+D es más dinámica en Estados Unidos, gigantescas compañías farmacéuticas de Suiza, Alemania y Francia, han atraído a algunos investigadores estadounidenses y prosiguen las investigaciones de vanguardia iniciadas en aquel país. De esta forma, aunque es cierto que la investigación y producción de tecnología de la información continúan estando mucho más avanzadas en Estados Unidos y Japón que en Europa, el entrelazamiento de las redes de la tecnología de la información permite el acceso a las empresas e instituciones europeas a las nuevas fuentes de conocimiento y aplicación. En este sentido, la base productiva fundamental de Europa en la era de la información está verdaderamente globalizada.

Las empresas europeas están produciendo en Asia y Estados Unidos. Parece que un tercio del comercio mundial consiste en movimientos de bienes y servicios intraempresas o intrarredes, en buena medida invisibles para las estadísticas comerciales 34. Y las empresas europeas, cuando se enfrentan a una pérdida de competitividad en las exportaciones desde sus bases europeas, tienden a invertir en Estados Unidos, el Pacífico asiático y América Latina, tanto para servir a esos mercados como para exportar a Europa desde los lugares de producción, como Singapur.

En 1994-1996, las empresas industriales alemanas reducían marcadamente sus inversiones en Alemania, mientras que las incrementaban en todo el mundo, sobre todo en Asia. Por ejemplo, en 1995, la inversión en el extranjero de las compañías alemanas casi llegó a duplicarse, alcanzando la cifra récord de 32.000 millones de dólares, mientras disminuía la inversión en Alemania.

Por lo tanto, para Castells, es el movimiento global de la inversión y la constitución de redes de producción a través de las fronteras, tanto en manufactura como en servicios, lo que caracteriza al proceso de globalización, más que un mercado único global.

LA TEMATICA LABORAL

Para Castells, aunque no exista una mano de obra global, sí hay un cierto grado de globalización de las condiciones laborales. Es decir, con la movilidad creciente del capital y la interconexión transnacional del comercio y la inversión, las empresas europeas pueden invertir en otros países donde los costes laborales sean inferiores, los sindicatos tengan menor fuerza y, lo que es más importante, la flexibilidad del trabajo sea la regla. Y tienden a hacerlo así cada vez más.

Hablando Castells siempre desde la perspectiva de la Unión Europea, ya que este esquema no funciona, al menos en el corto o mediano plazo en América Latina o Africa, el proceso de industrialización mundial, la interconexión de las empresas y la interpenetración de los mercados ofrecen a las compañías europeas la oportunidad de expandirse a otros lugares para llegar al mercado global, en lugar de permanecer en sus territorios nacionales.

Este proceso conduce tendencialmente a la desinversión relativa de Europa frente a otras regiones del mundo, sobre todo en la industria y, se encuentra en las raíces de las crecientes tasas de desempleo que padece la Unión Europea, en claro contraste con el crecimiento sustancial del empleo en Estados Unidos y el Pacífico asiático en los años noventa.

¿Será que América Latina, al sufrir un proceso de desinversión provocado por su endeudamiento o porque inversores extranjeros compran sus activos, es pasible de un alto índice de desempleo también? Lo que es seguro es que, al no operar como un Estado red, el grado de vulnerabilidad de esta región es altísimo.

Lo que es seguro es que, las reglas que durante tantos años se generaron en la OIT ya no son las que rigen, ahora predominan las reglas de la OMC en materia laboral.

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD NACIONAL

El debate político y los conflictos sociales en torno a los modos de controlar y orientar la transformación de las sociedades europeas en su proceso de integración gradual en una economía cada vez más globalizada no puede reducirse a la oposición elemental entre un neoliberalismo ahistórico y un burocratismo público arcaico. En su realidad, este debate se expresa en el lenguaje de la era de la información, es decir, en la oposición entre el poder de los flujos y el poder de la identidad.

Así, como el proceso de aceleración de la integración ha coincidido con el estancamiento del nivel de vida, el aumento del desempleo y una mayor desigualdad social en los años noventa, generó una reacción defensiva por parte de las Naciones frente a los Estados. En Europa, sectores significativos de la población tienden a afirmar sus naciones contra sus Estados, a los que consideran cautivos de la supranacionalidad europea 35.

El atractivo de la identidad nacional es más complicado en otros países, basados en Estados plurinacionales, como es el caso de España, el Reino Unido y Bélgica. ¿Cataluña o Escocia afirmarían su identidad contra las instituciones europeas o, por el contrario, en favor de la Unión Europea, eludiendo más que oponiéndose a los gobiernos español o británico? 36.

En general, no existe una identidad europea. Pero podría construirse, no en contradicción, sino como complemento de las identidades nacionales, regionales y locales.

Se trataría de un proceso de construcción social del tipo que Manuel Castells identifica como identidad proyecto 37, es decir, un programa de valores sociales y objetivos institucionales que atraen a una mayoría de ciudadanos sin excluir a nadie en principio.

¿Cómo construir una identidad latinoamericana?

Hedley Bull 38, y el Neo-medievalismo

Para Hedley Bull es concebible que los Estados soberanos podrían desaparecer y ser reemplazados, no por un gobierno mundial sino por uno moderno y secular equivalente, parecido a la organización política universal que existió en la Cristiandad Occidental en la edad media.

En ese sistema medieval, ningún gobernante o el Estado era soberano en el sentido de ser supremo por sobre un territorio dado o un segmento dado de la población cristiana; cada gobernante tenía que compartir la autoridad con vasallos por abajo, y con el Papa y (en Alemania e Italia) anteriormente el Santo Emperador romano.

El orden político universal de la Cristiandad Occidental representa una alternativa al sistema de Estados sin que esto constituya un “gobierno universal”.

Toda la autoridad en la Cristiandad medieval fue pensada para derivar de Dios y el sistema político era básicamente teocrático. En la actualidad, una contraparte al sistema de la Cristiandad medieval no sería de carácter teocrático. Su característica central sería un sistema de autoridad heterogénea, solapada u oculta y de lealtad múltiple.

Los Estados soberanos hoy comparten el escenario de política mundial con otros actores así como en tiempos medievales el Estado tenía que compartir el escenario con otras asociaciones.

Si los Estados modernos fueran a compartir su autoridad por encima de sus ciudadanos, y su habilidad de ordenar sus lealtades, por un lado con autoridades regionales y mundiales, y por otro lado con actores subestatales o autoridades subnacionales, entonces podría decirse que una forma neo-medieval de orden político universal ha surgido y que el concepto de soberanía dejó de ser aplicable.

Por ejemplo, se podría imaginar el poder compartido en materia de toma de decisiones, por parte de los gobiernos de los países de América Latina por un lado, con el FMI y el BM, a la vez que con empresas calificadoras de riesgo país, mientras que por el otro, con organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil y las demandas que sectores marginalizados, como los de los interiores de los países de la región hacen para ver satisfechas sus demandas más elementales por lo que podríamos decir que la noción de su supremacía encima del territorio y las personas de los países latinoamericanos no tiene fuerza.

Podríamos imaginar que las autoridades o representantes de las organizaciones o grupos anteriormente mencionados, disfrutan el rol de “actores” en la política mundial, se les reconoce tener derechos y deberes en derecho internacional y dirigir negociaciones. Podríamos imaginar que las lealtades políticas de los habitantes de, cualquier provincia o región latinoamericana, son tan inciertas como entre las autoridades de los organismos, organizaciones o grupos arriba descriptos, de manera tal que los gobiernos latinoamericanos no podrían asumir que disfrutan de cualquier tipo de primacía por sobre los otros.

Si semejante estado de cosas prevaleciera por el globo, esto es lo que se podría llamar, siguiendo el criterio de Hedley Bull, un orden neo-medieval.

Respecto a esta forma de organización política universal, Hedley Bull dice que, representar un camino superior al orden del mundo incluido en el sistema de los Estados-Nación sería que promete evitar los peligros clásicos del sistema de Estados soberanos por una estructura de autoridades solapadas que cruzan lealtades que unen a todos en una sociedad universal, mientras evitan la concentración de poder al mismo tiempo inherente a un gobierno mundial.

Es parecido al Estado-Red de Castells.

Robert Cooper 39 y el Estado postmoderno

Ya he hecho referencia a esta hipótesis de trabajo más arriba, que es coincidente con la visión de Manuel Castells.

Los Estados-Nación se transforman para dar paso a una nueva modalidad de relacionamiento en la que la convivencia ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la conjunción de intereses muy estables.

Los Estados postmodernos se caracterizan por ejercer la soberanía de manera tan flexible que posibilita compartirla, se encuadran en organizaciones que regulan la injerencia de unos en los asuntos internos de otros, han renunciado a usar la fuerza entre ellos y buscan la seguridad a través de la mutua vulnerabilidad y de códigos de conducta acordados. Lo postmoderno consiste en renunciar a la ventaja coyuntural en favor de la convergencia estratégica, es decir, en pactar renunciando a lo unilateral.

Los Estados miembros de la Unión Europea son los Estados postmodernos por antonomasia, aunque el concepto también alcanza a otros países europeos y no europeos como Canadá y Japón.

CUADRO II

NUEVO TIPO DE ESTADO (Status)

Tipo y Autor

Estado (macro) Región

Zaki Laidi 40

Mega- Estado

Peter Druker 41

Estado (micro) Región

Kenichi Ohmae 42

Estado-Red

Manuel Castells 43

Estado Neo-Medieval

Hedley Bull 44

Estado postmoderno

Robert Cooper 45

Características

El despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”.

Agrupaciones de Estados en forma federalizada

La supra-estatalidad comunitaria, despoja de roles y funciones a los Estados miembros.

El despojo de atributos del Estado-Nación, es en forma “piramidal” y no en forma de “red”.

Estados con capacidad de controlar grandes regiones de Estados.

El despojo de atributos del Estado-Nación, es por “abajo” y los “costados”.

Regiones -fundamentalmente económicas- al interior de los Estados -sub-estatales- que operan como verdaderos motores y se conectarían de manera directa con otras regiones motores de otros Estados independientemente del marco estatal.

El despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”, por “abajo” y los “costados”.

Interrelacionamiento entre Estados-Nación, actores supranacionales y regiones intranacionales donde no media la superioridad ni la vinculación vertical sino la relación a través de nodos de la red. Complementariedad entre actores y regiones en diversos niveles.

El despojo de atributos del Estado-Nación, es por “arriba”, por “abajo” y los “costados”.

Gran similitud con el Estado red de Manuel Castells. Los gobiernos pierden el imperium sobre sus Estados. La capacidad de acción le pertenece a actores intranacionales y supranacionales junto al Estado-Nación.

No habría despojo de atributos, sino que se compartirían de manera flexible.

La convivencia ordenada ya no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la conjunción de intereses muy estables. Ejercen la soberanía de manera tan flexible que posibilita compartirla.




© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), ISBN: 987-43-2776-6.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com   


20 Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario “El País”, Madrid del 10-Nov-98.

21 ZALDIVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario “El País”, Madrid del 10-Nov-98.

22 Ver Diario la Nación, Buenos Aires, 1 de Juli de 2000.

23 Ver “Escenarios hacia el 2000: Megatemas”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), especialmente el megatema número 2 relativo al proceso de reestructuración del Estado, pág. 255 y ss.

24 Este tema ha sido tratado por Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (Oxford, Oxford University Press, 1979), págs. 154-155.

25 Sobre el particular ver, por ejemplo, Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), págs. 202-234.

26 Zaki Laidi, Investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de París y Profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Universidad Johns Hopkins de Bologna, en su libro “El Orden Mundial Distendido: Sentido y Potencia tras la Guerra Fría”. Reportaje de Andrea Desormeaux, en el Diario “El Mercurio”, Chile, 12 de Febrero de 1994.

27 Peter Drucker “La Sociedad Postcapitalista”, (Bs. As., Sudamericana, 1993), pág. 99 y ss.

28 Kenichi Ohmae, “El Fin del Estado-Nación”, (Sgo. de Chile, Andrés Bello, 1997).

29 Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, Fin del Milenio, Volumen III, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997). Traducción de Carmen Martínez Gimeno. Original en Inglés año 1997.

30 Keohane, Robert 0, y Stanley Hoffman (1991b): “The New European Community: Decision Making and Institutional Change”, Boulder, Colorado, Westview Press.

31 Waever, Ole (1995): “Identity, Integration and Security, solving the sovereignty puzzle in EU studies”, Journal of International Affairs, 48 (2), págs. 1-43.

32 Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254-255. También, Minc, Alain, “Le nouveau Moyen Age”, (París, Gallimard, 1993).

33 Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen I, capítulos 1 y 3.

34 Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen I, capítulo 2.

35 Waever, Ole (1995): “Identity, Integration and Security, solving the sovereignty puzzle in EU studies”, Journal, of International Affairs, 48 (2), pigs. 1/43.

36 Keating, Michael (1995): “Nations against the State: the new politics of nationalism in Quebec, Catalonia and Scotland”, Nueva York, St. Martin's Press.

37 Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997) Volumen II.

38 Hedley Bull, The anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254-255.

39 Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario “El País”, Madrid del 10-Nov-98.

40 Zaki Laidi, Investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de París y Profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Universidad Johns Hopkins de Bologna, en su libro “El Orden Mundial Distendido: Sentido y Potencia tras la Guerra Fría”. Reportaje de Andrea Desormeaux, en el Diario “El Mercurio”, Chile, 12 de Febrero de 1994.

41 Peter Drucker “La Sociedad Postcapitalista”, (Bs. As., Sudamericana, 1993), pág. 99 y ss.

42 Kenichi Ohmae, “El Fin del Estado-Nación”, (Sgo. de Chile, Andrés Bello, 1997).

43 Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, Fin del Milenio, Volumen III, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997. Traducción de Carmen Martínez Gimeno. Original en Inglés año 1997. También, Borja, Jordi (1992), “Estrategias para el desarrollo e internacionalización de las ciudades europeas: las redes de ciudades”, Informe a la CEE, Barcelona, Consultores Europeos Asociados. Asimismo, Orstrom Moller, J, (1995): “The Future European Model: Economic Internationalization and Cultural Decentralization”, Wesport (Conn.), Praeger.

44 Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254-255. También, Minc, Alain, “Le nouveau Moyen Age”, (París, Gallimard, 1993).

45 Cooper, Robert, The Post-Modern State and the World Order, 1996, citado en ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario “El País”, Madrid del 10-Nov-98.