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TRANSFORMACIONES
EN
EL SISTEMA:
NUEVOS ACTORES

El conjunto de reglas resultantes –de hecho o normadas, institucionalizadas o no-, derivadas de la generación del régimen en cada uno de los “segmentos de relacionamiento”, pertenecientes al eje económico, el estratégico-militar y el político, constituyen los “parámetros” del orden.
Estos parámetros, son sostenidos por el poder; aunque éste tiene ciertas características particulares, ya que es un poder de policía basado en la capacidad que tiene cada "unidad" del sistema, individualmente -o con sus aliados- de sostener o modificar el régimen en beneficio propio. No hay un "árbitro" global y supremo que pueda encargarse de esto, como ocurre con el poder de policía en el marco estatal.

No hay orden automático. Desaparecido un orden, no emerge uno nuevo en forma inmediata y automática. Se da un complejo proceso, que requiere de bastante tiempo, para que nazca un nuevo orden y se consolide. No obstante, no queda un "vacío". Siguen rigiendo viejas reglas, a la vez que el "proceso de polarización" genera pautas, cuyo grado de permanencia y fortalecimiento o volatilidad, marcan posibles tendencias del nuevo régimen y orden (10).
Para que haya orden debe haber una "autoridad ordenante"; dependiendo asimismo, del grado de "difusión" o "concentración" de la "autoridad" (11), a tal punto que, en el sistema mundial, generalmente, la "autoridad ordenante" es la resultante de la "represión recíproca entre adversarios" -tus límites son los que yo te impongo y a la inversa, en el marco de una “estructura” determinada- o de la "autorepresión de potenciales factores disturbadores" -el “equilibrio del terror” durante la guerra fría es un ejemplo-.
No ocurre, como en el marco estatal, que puede ser la resultante de la “asignación autoritativa de conductas” -según Max Weber (12) o Krasner (13)- de manera vertical. Esto puede ocurrir a través de un organismo internacional; pero los organismos, en realidad son “reguladores” (14), no “repartidores” (15) de reglas; aunque en algunos casos alcancen un relativo grado de autonomía (16).
La reforma de los organismos internacionales, como se plantea para el caso de Naciones Unidas, no genera nuevo orden mundial; sólo permite una actualización de estos organismos a las nuevas tendencias vigentes. De todas formas, el orden debe darse previamente de “hecho” para luego ser institucionalizado -de derecho-.
El derecho no genera orden, sólo lo institucionaliza. No obstante las corrientes idealistas-normativas-institucionalistas-funcionales, consideran que el orden surge de la generación de normas internacionales, sean acuerdos, tratados u organismos internacionales. Un buen ejemplo de lo dicho y del error de esta perspectiva está dado por la Sociedad de Naciones, que pretendió “apuntalar” al orden multipolar que estaba decayendo –en momentos en que era evidente que el sistema se orientaba en otro sentido-, luego de la primera guerra mundial y resultó en la crisis económica del 29/30 y en la segunda guerra mundial.
En la actualidad se pretende reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, incorporando a actores como Japón, Alemania y algún Estado periférico perteneciente a América Latina, Asia y Africa, bajo la creencia de que esto reformulará el orden mundial. Visión tan errónea como la de George Busch luego de la guerra del Golfo Pérsico de 1991, quién vaticinó que había fundado el nuevo orden internacional, para luego tener que desdecirse y argüir que tan sólo se había iniciado su generación.
Dadas las prioridades de la agenda mundial, cuya proyección muestra que pasa por problemáticas vinculadas al eje económico: deuda externa, inversiones, flujo financiero, mercados, propiedad intelectual, servicios, nuevas tendencias industriales, desempleo, pobreza creciente, etc.; -pese a los que opinan que pasa por el eje estratégico-militar, aunque esto puede variar según deriven las tendencias que uno cree muy probables (17)- la reforma de la ONU debería centrar su eje de atención mundial en el ECOSOC (Consejo Económico y Social) y no en el Consejo de Seguridad, aunque éste debería continuar sus funciones para resolver los temas -no centrales- del futuro orden mundial como un área subsidiaria.
El voluntarismo y la percepción de parte de la dirigencia estadounidense, respecto de las tendencias mundiales, vistas aún bajo la óptica estratégico-militar, y el hecho de que es en ese eje donde tiene las ventajas comparativas y competitivas -es el único Estado en el planeta con capacidad militar de alcance mundial, salvo Rusia que, debido a sus problemas económicos graves, es incapaz de seguir sosteniendo su capacidad militar en esos términos, al menos en el corto plazo- y no en el eje económico donde tiene que competir en paridad de condiciones con actores como Japón y los Nic’s asiáticos o con Alemania en el contexto de la Unión Europea; hace que se proyecte desde Estados Unidos, la visión de un mundo unipolar.
En última instancia, el nuevo orden mundial se encuentra aún lejos. Actualmente hay un proceso de “polarización” con el objeto de generar régimen, en el tope de la denominada “Tríada”, con la intervención secundaria de algunos otros actores estatales, a los que no habría que perder de vista en su futuro rol: China, India, Rusia, Ucrania y Bielorrusia -estos tres últimos, individualmente o en forma federada-, entre otros; actores trasnacionales, como la banca privada, los mercados de capitales, las administradoras de fondos de pensión y de seguros, las calificadoras de "riesgo país", en el segmento financiero, que están condicionando el flujo monetario; actores transnacionales empresarios, como Microsoft, AT&T, MCI-WorldCom, Intel, AOL-Time Warner, por ejemplo; y las organizaciones no gubernamentales (Ong’s) y las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil), vinculadas a ciertas áreas como medio ambiente y ecología, derechos humanos y otras áreas que tienen que ver principalmente con temas sociales, que le imponen reglas a los gobiernos a la vez que ocupan espacios que los Estados -los gobiernos- dejan vacíos debido a la “ola” neo-liberal imperante -ideología ambiental-.
Todo esto, siguiendo el criterio de la estructura mundial emergente -diferente de la estructura que imperó en los últimos 50 años-, en términos de configuración de poder vigente, por arriba y en forma “horizontal”, “polarización” entre los miembros del “tope” del sistema –la nueva tendencia muestra un relacionamiento “horizontal” en el tope del sistema de “amigo-adversario” a diferencia del relacionamiento “amigo-enemigo” dominante durante el sistema bipolar-, y en forma “vertical” generando nuevas formas de “dominación” de arriba hacia abajo y de “resistencia” de abajo hacia arriba (18).
Los temas a considerar en el análisis de la importancia de la estructura en la configuración del régimen, contemplan:
1) Cualquier sistema internacional tiene una estructura definible; una configuración de las características de poder e influencia o formas persistentes y dominantes de relaciones subordinadas.
A veces la estructura de una sistema es representada por la concentración de poder en un Estado, que entonces domina otros. En algunas épocas de la historia, el poder se difundía bastante igualmente entre un número grande de Estados de manera que ninguno era capaz de dominar o liderar a los otros por un largo período de tiempo, en otras se dio un marcado dominio de algunos pocos sobre el resto. O la estructura era polar o multipolar, donde dos o más grupos de Estados antagónicos, cada uno liderado por Estados de fuerza superior, actuaron el uno contra el otro. Si uno identifica los "grandes poderes" de cada era, puede analizar cómo adquirieron su posición, y describir la situación de las entidades políticas menores -satélites, neutrales, o compañeros de la alianza renuentes-. Este análisis también requiere una discusión de la estratificación dentro de cada sistema, y los criterios normalmente empleados para distinguir entre "grandes poderes" y unidades menores. Las descripciones de la estructura de cada sistema también incluyen una identificación de los subsistemas mayores, así como las rivalidades más importantes, temas, alianzas, grupos, u organizaciones internacionales.
Un factor novedoso es el alto índice de transnacionalismo y el peso que estos nuevos actores sistémicos tienen en la configuración estructural.
No existe suficiente conocimiento en materia de las teorías de las relaciones internacionales, desarrolladas hasta el presente, como para establecer con relativa precisión, el rol que cumplirán estos nuevos actores en la configuración del sistema, el régimen y el orden, su mantenimiento, o modificación, la generación de conflictos o la resolución de los mismos; así como la forma en que se relacionarán con los Estados o buscarán roles diferentes en la "conducción" del sistema.
2) También debe llevarse a cabo un análisis de cada sistema internacional en cuanto a las formas más comunes de interacción entre las unidades componentes -contactos diplomáticos, comercio, tipos de rivalidades, violencia organizada o guerra-.
Este análisis, debe contemplar también los cambios en el relacionamiento, provocados por las modificaciones en el tipo y número de unidades que conforman el sistema. El régimen ha variado notablemente en el paso de la etapa feudal a la del Estado-Nación.
3) Las interacciones y procesos en la mayoría de los sistemas, se regulan o manejan por reglas explícitas o implícitas o costumbres, los valores principales sobre los que se basan todas las relaciones. Como reguladores de cada sistema, las técnicas e instituciones utilizadas para resolver conflictos entre las principales unidades políticas deben ser también discutidas así como las principales reglas e instituciones que regulan la conducta de la política extranjera contemporánea (19).
Siendo que la estructura es la configuración de poder vigente en el sistema, y éste sufre modificaciones, debido a la multiplicación y heterogeneidad de los mismos; resulta importante comenzar por analizar los cambios que se presentan y las nuevas tendencias, tanto en los actores, como en el sistema, así como las novedades que se dan en la estructura, debido a estos cambios.
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