Realismo Sistémico Estructural

 

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Introducción

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

 

Si uno desea diseñar una política exterior, o tomar cualquier decisión en la que el factor externo esté presente, primero debe entender el funcionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país -en términos temporales [1] -. No se pueden tomar decisiones en el marco de un sistema que se desconoce o no se comprende, o de cuyo funcionamiento se tiene un “espejismo” [2] .

Para poder conocer el funcionamiento del sistema mundial, describirlo o explicarlo, uno debe ubicarse desde una perspectiva tal, que le permita observarlo tal cual es en sus características concretas; debe tener una “cosmovisión” de la realidad [3] . Es imposible explicar la realidad sin conocerla.

La cosmovisión es una idea de la organización del mundo, que crea el marco o paradigma para las restantes ideas, que inspira teorías o modelos en todos los niveles. Consiste en una serie de principios y conceptos básicos a partir de los cuales se desarrolla todo un sistema. Define nociones comunes que se aplican a todos los campos: la política, la economía, la religión, la moral o la filosofía. Muestra el diseño universal de la realidad en su esencia. No debe confundirse con “doctrina” que comprende la enseñanza de reglas, preceptos y opiniones a partir de una cosmovisión. En la cosmovisión se plantea la esencia de las características y el funcionamiento de la realidad. La doctrina puede comprender tanto un conjunto coherente de enseñanzas o instrucciones basadas en un sistema de creencias, como la “Doctrina Social de la Iglesia” o un conjunto de trabajos que tienen por objeto, exponer o interpretar el derecho, constituyendo una de las fuentes de las ciencias jurídicas; como también puede abarcar principios o posiciones respecto a una materia o cuestión determinadas, como la “Doctrina Monroe” sobre “no intervención de actores extra-continentales en los asuntos internos del hemisferio”, o la “Doctrina Bush” sobre la “intervención preventiva”.

Cuando queremos crear una teoría, no partimos de una doctrina, sino de una cosmovisión desde la cual es posible la explicación sobre las características y el funcionamiento de la realidad.

La realidad no es lo que nosotros creemos que es, o lo que nosotros queremos que sea. En ningún caso, la realidad se va a comportar según nuestras aspiraciones o intereses si no tenemos en cuenta su forma de funcionamiento [4] .

De la misma manera, la “cosmovisión” no es la idea del mundo que nos imponen los poderosos que controlan o intentan controlar el funcionamiento del sistema, indicándonos qué está bien y qué está mal. Esto último, debe dictarlo la prudencia, no el hegemón.

Es muy frecuente que predomine la bibliografía de los dominantes en los sistemas educativos universitarios, postuniversitarios e instituciones de investigación de la periferia [5] , en la que se muestra el funcionamiento del mundo, siguiendo criterios que el dominante establece, mostrándolos como “cosmovisión”. El criterio que se “transfiere” desde el “centro” es el de “no es necesario que piensen, nosotros ya lo hemos hecho por ustedes”. De acuerdo con esto, la mayoría de los analistas de la “periferia”, tienen una visión “céntrica” de la problemática mundial, en vez de hacerlo desde la problemática de la “periferia”; especialmente aquellos que han sido formados en el “centro” o tienen algún tipo de vínculos con el centro, “adoptando” sus conocimientos -porque gozan del prestigio de la excelencia que les da el poder independientemente de la “verdad”-, en vez de “adaptarlos”.

Así como el “centro” ignora en sus análisis a la periferia, salvo que lo afecte en lo económico o en su seguridad, la periferia ignora a la periferia al “adoptar” una visión “céntrica”. Los analistas “periféricos” solo ven “problemas” en la periferia, acompañando la visión “céntrica”. Lo que no se tiene en consideración, es que los problemas del “centro” pueden afectar a la periferia, por lo que ésta debe aprender a desligarse del “centro” y generar su propia vía.

A partir de la cosmovisión, podemos crear una teoría [6] , que llevará la impronta de esa cosmovisión, dependiendo de la corriente dominante [7] . La teoría “expresa” a la cosmovisión, sea esta última explícita o implícita. No hay teoría sin cosmovisión.

Una teoría debe tener en cuenta a la realidad y no basarse en preconceptos -que nada tienen que ver con la “cosmovisión”-, cualesquiera que sean y de donde provengan o quien los dicte, que la desconozcan y pretendan que se comporte según los lineamientos de quien o quienes quieran sacar ventaja. En este caso, la teoría iría por un lado, mientras que la realidad por otro.

La naturaleza humana, la naturaleza de la sociedad y por ende de la política, muestran una forma de funcionamiento que debe ser contemplada por la teoría. Desconocer esto o forzarlo en un sentido ideológico, hace que actuemos y decidamos de forma errónea sobre la realidad.

El “realismo-sistémico-estructural” es la “cosmovisión-teoría” que nos permite entender y explicarnos esto.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[1] El sistema mundial es dinámico, por lo que no sólo hay cambios en su interior sino también, por diferentes motivos, cambia el sistema en su totalidad, encontrándonos con características del funcionamiento totalmente distintas. Este tema fue estudiado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Problemática del Orden, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (Coord. y Comp.) “Geopolítica y Relaciones Internacionales”, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), págs. 21-24.

[2] Hay decisores que desarrollan políticas, pensando que el sistema mundial reaccionará de una forma que no tiene que ver con la realidad. Un ejemplo de ello lo dio la élite dirigente de Argentina de la post primera guerra mundial que siguió actuando como si el eje del poder mundial continuara en Europa, siendo que éste se había desplazado fuera de ella, hacía EUA principalmente y otros países del orbe. Ver Puig, Juan Carlos, Irureta, Hugo, Colombo de Imaz, Delia, Historia Política Contemporánea (1914-1939), (Buenos Aires, Edic. de los Autores, 1968). También Puig, Juan Carlos, “Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana” (Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980). También, dentro del concepto de “espejismo”, entra la idea de mundo que imponen o intentan imponer los dominantes desde el “centro”, haciendo que los decisores y también los “pensadores” de la “periferia” operen como si el mundo fuera o funcionara de la manera en que es mostrada en forma sesgada e ideológicamente desde el “centro”.

[3] El término “cosmovisión” es una adaptación del alemán Weltanschauung (Welt, “mundo”, y anschauen, “observar”), una expresión introducida por el filósofo Wilhelm Dilthey -miembro de la escuela hermenéutica- en su obra Einleitung in die Geisteswissenschaften, “Introducción a las Ciencias de la Cultura” 1914. Ver, Freyer, Hans, Teoría del Espíritu Objetivo, (Buenos Aires, Editorial Sur, 1998).

[4] La creación de la Sociedad de Naciones (S de N) después de la primera guerra mundial -cuyo ideólogo fue el entonces Presidente norteamericano Woodrow Wilson- muestra que, quienes la diseñaron, no tenían un conocimiento cabal del funcionamiento del sistema mundial, o tenían un concepto voluntarista no realista. Aspiraban a que la realidad se comportara de forma tal que “nunca más la guerra” y establecer pautas de orden, que la realidad no consideraba. El resultado fue la crisis del ‘30 y la segunda guerra mundial, además de una buena cantidad de situaciones conflictivas y/o expansivas que la S de N -las potencias que la crearon y manejaron, EUA, por decisión de su Senado, terminó no siendo miembro- no pudo resolver por su propia incapacidad y desconocimiento de las características del funcionamiento del sistema mundial en esa época.

[5] En general, en estas instituciones de la periferia no se genera pensamiento propio, sino que a través de la difusión o transmisión del pensamiento generado en el “centro” se busca formar profesionales que operarán en el futuro como conductores o decisores, contribuyendo con el orden “ideado” desde el “centro”. Este tema lo he tratado más profundamente en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Papel de la Universidad y los Científicos Latinoamericanos en Epocas de Crisis”, Revista de Psicología Política, N° 22, Mayo del 2001, Valencia, España, páginas 34-58. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Rol de la Universidad y el Sector Científico en Epocas de Crisis”, Revista “Círculo de Humanidades”, N° 19, Noviembre del 2000, Medellín, Colombia, páginas 43-68.

[6] Toda construcción teórica parte de una “cosmovisión” explícita o implícita previa. No se puede crear una teoría sin tener en claro, previamente, cómo se ve la realidad, como se considera que funciona. Este es un tema previo a resolver y de carácter filosófico.

[7] A partir de la cosmovisión “idealista” la construcción teórica intentará darle forma a la realidad ya que, para ella, ésta es amorfa, carece de vida y de reglas propias. A partir de una cosmovisión “realista” se desarrollarán teorías que comprendan las reglas propias de la realidad, nunca modificarlas, ya que lo esencial es inmodificable. Sólo se pueden construir parámetros, entre los cuales manejarse; de la misma manera que la construcción de una represa sobre un río, no implica modificar las leyes naturales, sino construir “parámetros” dentro de los cuales se puede controlar el agua, contemplando esas leyes naturales.