Realismo Sistémico Estructural

 

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Capítulo VIII

El Concepto de Autonomía como Concepto de Poder

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

 

Johan Galtung hace una distinción entre poder sobre los demás y poder sobre sí mismo. Desde esta perspectiva, las alternativas que podrían ser factibles serían [387] :

1) buscar estrategias que permitan maximizar el poder negociador [388] bajo la perspectiva de que todo proceso de negociación funciona alrededor del quid-pro-quo [389] ;

2) el desarrollo de un poder sobre sí mismo.

Cuando se habla de poder, siempre se piensa en términos de la influencia de un actor sobre otro. La idea es que cuanto más poder tiene X sobre Y, menos tiene Y sobre X y la suma se mantiene constante -suma 0-. El equilibrio se obtendría cuando la suma se divide en partes iguales [390] .

Esta no es la única alternativa de contrapesar el poder. Según Galtung, se puede considerar a la autonomía, o en otros términos, el desarrollo de poder sobre sí mismo, o la capacidad para establecer metas propias -no las metas que nos fijen otros mediante el adoctrinamiento intensivo- y tratar de alcanzarlas. Para ello, es indispensable, previamente, tomar conciencia de la situación de dependencia. Hoy, esto es algo más complejo, toda vez que la transnacionalidad, ya no es un dato, sino un hecho y el relacionamiento no es exclusivamente de Estado a Estado y gobierno a gobierno sino, mayoritariamente transnacionalizado.

De acuerdo con Galtung, la política es el resultado de la coordinación del poder ideológico(o de las ideas o cultura), del poder remunerativo(el que ofrece bienes en un quid-pro-quo) y el poder punitivo(el poder que ofrece males, sanciones o castigos a través de la coerción) [391] .

El equilibrio de poderes -según la concepción de Morgenthau- se logra ejerciendo un “contrapoder” en la dirección opuesta [392] al ideológico(presión ideológica), remunerativo(equilibrio de la dependencia económica) y punitivo(equilibrio militar). Sin embargo, otra alternativa, en los términos de Galtung sería, no resistir mediante el ejercicio de un contrapoder, sino desarrollar más poder sobre sí mismo -juego se sumas variables-,o en otros términos, tratar de inmunizarse frente al poder dominante. Rehusarse a ser receptor del poder del otro.

La categoría autonomía deberá ser uno de los problemas epistemológicos a resolver, sea en contraposición a la categoría equilibrio de poder, complementariamente, o como alternativa a ésta.

Para que se dé poder ideológico, es necesario la sumisión ante quien esgrime el poder, o la desnacionalización cultural. La mejor manera de contrarrestarlo es mediante el desarrollo de la propia identidad de un proyecto autónomo, algo no tan simple de alcanzar, ya que la mayoría de la élite pensante y dirigente en la periferia, está más preocupada por tener buenas relaciones con el establishment-lo que no estaría mal si fuera provisorio mientras subrepticiamente elabora una salida autonómica- que por buscar la autonomía y, en especial, por aliarse estratégicamente con los que se encuentran en la misma condición de subdesarrollo y dependencia.

El poder remunerativo presupone un mecanismo de dependencia [393] , sólo si un país necesita los bienes ofrecidos [394] , concediendo el quid a cambio del quo de la otra parte. Sustituir esta relación de dependencia por la capacidad para arreglarse con los propios recursos [395] -o la autosuficiencia- y el poder remunerativo no logrará su objetivo.

En el caso de América Latina, una región en la que existen recursos estratégicos y no estratégicos, minerales y alimentarios, de la tierra y del mar -está rodeada por dos océanos-, resulta inconcebible -salvo por su mentalidad subordinada y subordinante de su élite dirigente y pensante, con algunas escasas excepciones- que se encuentre en condición de subdesarrollo y dependencia.

El poder punitivo presupone el temor a perder lo que el país tiene e incluso lo que el país es [396] . Sin el miedo a las amenazas de fuerza o a la fuerza misma, el poder punitivo no producirá efecto. Reemplazar el temor por la intrepidez [397] hará posible resistir el poder punitivo.

Si se combinan las tres capacidades, se puede comprender la naturaleza de la autonomía o el poder sobre sí mismo.

Una pregunta que surge con este proceso es: ¿esto no podría llevar al aislamiento de los países periféricos? Cuando deban adoptar relaciones con potencias centrales, de todas formas, ¿no deberían buscar estrategias equilibradoras [398] que les permita negociar desde una mejor posición?

Analizando las cosas bajo la perspectiva del poder sobre otros, la fuente del poder deriva de:

1) algo que uno es: poder de los recursos [399] ;

2) algo que uno tiene: poder de las diferencias [400] ;

3) de la posición en una estructura: poder estructural o poder de relación [401] .

A los países dominantes o hegemones, e incluso a las grandes empresas, les interesa mantener el proceso de dominación. Por lo que resulta importante analizar, según Galtung, en la relación dominación-dependencia, al poder estructural.

En este tipo de poder se distinguen tres aspectos:

1) la explotación;

2) la fragmentación;

3) la penetración.

La combinación de estos tres elementos da como resultado la dominación estructural. En realidad, la explotación según Galtung, es el resultado de los efectos combinados de la fragmentación y la penetración.

1) Explotación

En términos generales, hay explotación si una parte obtiene mucho más del intercambio [402] que la otra. La explotación se produce cuando la suma total de los costos y beneficios difiere para los diversos grupos y algunos grupos obtienen mucho más que otros.

La lucha contra la explotación es una lucha por el cambio de la estructura total y particularmente, de los factores que favorecen la explotación. Esta lucha puede revestir la forma de producir una reestructuración del estado de cosas, de modo tal que los costos y beneficios se distribuyan más equitativamente [403] .

Los factores y procesos económicos han operado en el mundo de tal manera que las tareas estimulantes [404] las realizan los países del centro, mientras que los países de la periferia deben encargarse de los aspectos rutinarios [405] . Esto significa que el centro tiene poder para determinar la cultura destinada a la periferia [406] . En esto, la élite dirigente de la periferia contribuye, ya que si hay un área a la que se descuida, es a la de educación-ciencia y técnica.

Pero además, significa que la periferia, que se encuentra “integrada” al centro en forma dependiente, no realiza actividades orientadas al desarrollo científico-tecnológico, en parte por escasez de fondos y en parte por desinterés, comodidad, ignorancia de los grupos dirigentes, e incluso porque este tipo de actividades no tiene un rédito político en el corto plazo.

2) Fragmentación

Divide et Impera - Métodos

Se presume que aquellos que se encuentran en similar situación de dependencia o debilidad en algún área temática, buscarán unirse en forma de alianza estratégica, para poder alcanzar conjuntamente, lo que individualmente no pueden lograr -modelo Unión Europea-.

Los poderosos, frente a este proceso procurarán:

a) Evitar que los dominados tengan demasiado contacto horizontal y directo entre ellos.

De acuerdo con este principio, el contacto con el mundo exterior debe ser vertical, hacia el centro, antes que horizontal, entre los países de la periferia. Es preciso desconocer cualquier clase de agrupación o concertación organizada [407] .

b) Evitar el contacto multilateral entre la parte dominante y más de una de las partes dominadas.

No reconocer, por ejemplo, sistemas integrados o alianzas, como actores negociadores en conjunto, ya que podrían tener una capacidad maximizada en sus negociaciones y perjudicar los intereses o debilitar la posición de fuerza del dominante.

c) El menor contacto posible entre los demás dominados y el mundo exterior.

El contacto con el mundo exterior -sea con otros poderes dominantes o dominados- también debe pasar por -el visto bueno- el centro [408] .

Los países dominantes se reservan el derecho de tratarse multilateralmente, derecho que niegan a sus subordinados. Esto impide que se organicen.

La única alternativa frente a este tipo de políticas, es buscar la coordinación externa en temas que no caigan dentro de la esfera de la “crucialidad” [409] para los dominantes. Estas conductas implicarían una desconfianza de la potencia dominante y la orientarían, por ende, a una nueva forma de fragmentación o incluso de sanción a los promotores de la coordinación.

La actitud adoptada por la élite dirigente y pensante japonesa en la post guerra, de expandirse en el terreno de la tecnología microelectrónica es un ejemplo de tener conductas solapadas y actuar fuera de la esfera de la crucialidad.

No obstante ello, existen algunos casos que, independientemente de su situación actual, han sido suficientemente exitosos como para romper la estructura de la fragmentación. Un ejemplo que es ilustrativo en este sentido, es el caso OPEP.

Pero además, los países Sur -o periféricos- desde principios de los '60 han desarrollado una buena cantidad de estrategias, tanto en el orden económico, como en el político, que les ha permitido aumentar la cooperación entre ellos, a la vez que coordinar sus posiciones respecto de los países Norte -o centrales-.

El surgimiento del Movimiento de Países No Alineados a principios de los '60, que alcanzó como uno de los grandes objetivos el proceso masivo de descolonización, especialmente en Africa, aunque también en Asia y el Caribe; la conformación de los sistemas de integración económica, tanto en América Latina como en Africa y Asia para la misma época; los esquemas de concertación, tales como CECLA(Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana) a partir de 1964 y SELA (Sistema Económico Latinoamericano), su reemplazante desde 1975 en el nivel latinoamericano, o el Grupo de los 77 en el orden global del Tercer Mundo; un sistema mucho más flexible de cooperación política, orientado fundamentalmente hacia la solución de conflictos internacionales de alcance global como el Grupo de Contadora, reforzado a partir de 1985 por el Grupo de Apoyo y extendido su ámbito de acción a otros terrenos de la cooperación y la concertación, con la conformación del Grupo de Río; etc.

Sin embargo, en la medida en que los países periféricos no logren superar el problema de la fragmentación, tanto en sus causas externas, como internas (autofragmentación [410] ), la operatividad de los principios sostenidos en los foros internacionales -sea en organismos o cumbres gubernamentales-, seguirá postergándose.

A esto contribuyen mucho las élites dirigentes y pensantes, que ponen más el acento en la importancia de cuidar los vínculos con el “centro” y en la irrelevancia de fortalecer los vínculos con la “periferia”.

3) Penetración

Penetración del país dominante dentro de los países dominados.

El poder estructural se vuelve realmente operacional, cuando una Nación se introduce bajo la “piel” de otra a fin de formar las estructuras mismas de esa Nación. Esto reviste diversas formas.

1) Se da una relación entre las élites -de gobierno o privadas, lo importante es que constituyan factor de poder- de los países dominante y dominado. Aquí entran en escena las organizaciones internacionales gubernamentales para desempeñar su rol de grandes igualizadoras, no de países (como parecen pensar quienes confunden gobiernos con naciones), sino de delegaciones gubernamentales, de élites. La igualdad altamente formal que se establece a este nivel, es la que exigen comúnmente las élites de la periferia y éste, suele ser también el límite en que se detienen y no piden más.

El “centro” forma miembros de la “periferia” de manera tal que sus pensamientos sean “funcionales” a sus intereses y a sus propias concepciones y cosmovisiones a la vez que se construyen “lealtades”; provocando, paralelamente, un proceso de desnacionalización en estos países. De esta manera, las potencias centrales han logrado, en una gran medida, que ciertas élites (o contra élites), en los países “periféricos”, miren el mundo -o lo que han considerado como los intereses nacionales de estos países- a través de la óptica elaborada por ellas mediante sus teorías y doctrinas [411] .

Durante décadas se han formado miembros de las fuerzas armadas latinoamericanas con grado de coronel en adelante, en las escuelas militares y de contrainsurgencia norteamericanas, donde se los ha capacitado no sólo e estrategia y doctrina militar, sino también en ciencia política y relaciones internacionales, de forma tal que resultaran verdaderos “procónsules” en los momentos en que se necesitara que hicieran un golpe de Estado para revertir procesos políticos adversos.

También se han formado gran cantidad de economistas en escuelas como las de Chicago o la de Harvard, de manera tal de asegurarse la funcionalidad en los modelos económicos y en el tratamiento a las empresas y el capital extranjero.

Uno de los factores que ha contribuido a la penetración en regiones como América Latina, es el hecho de que predomina el pensamiento “idealista-juridicista-institucionalista”. Desde las potencias “centrales” se generan reinterpretaciones de los principios internacionales, atendiendo a sus propios intereses y poder [412] ; contradiciendo el espíritu legalista basado en la influencia del idealismo normativo con el que los “periféricos”, mayoritariamente, sostienen los principios que son de su interés.

Hay una (sobre)utilización del derecho como instrumento privilegiado de política exterior a la vez que se le da una importancia relativa a la política en términos de relaciones de intereses y poder. La actuación internacional se hace, predominantemente, bajo un enfoque “legalista” totalmente despojado de relevancia política y de la significación que el poder tiene en las relaciones mundiales. Se intenta defender principios, basándose en el puro derecho establecido en las normas e instituciones internacionales, obviando el significado y el rol del poder.

El “realismo”, más allá de que no es entendido, es mal visto. Existe una visión predominantemente “positivista”, como si las normas y las instituciones tuvieran un “poder mágico” que le otorgaran vida propia. El poder es mal visto y se aspira al logro de los objetivos a partir de estructuras legales e institucionales, sin tener en cuenta que el poder es el generador, rector y sostenedor de las mismas [413] .

Los funcionarios son, principalmente, formados en escuelas de derecho. Para ser miembros de las carreras diplomáticas, en la gran mayoría de los países latinoamericanos -además de la histórica pertenencia a familias de abolengo-, se pone como primer requisito ser “abogado”. Las carreras de Ciencia Política o de Relaciones Internacionales, aparecen en terceras o cuartas prioridades, debajo de derecho y ciencias económicas.

Los abogados en América Latina -Argentina es un modelo de ello-, son formados en el puro derecho -totalmente ajenos a la educación multi e inter-disciplinaria-, sin una visión mínima del funcionamiento y la importancia del poder; por lo que al manejar la diplomacia y también la política contribuyen a una deformación de cómo deben actuar los Estados.

Esta es la mejor forma para que resulte imposible pensar en “construir poder” y mantener a los Estados de la “periferia” mundial, a merced del poder y los intereses del “centro”.

2) Tanto en el país dominante como en el dominado, existe una desigualdad básica frente a la estructura y esta desigualdad está distribuida en sí misma de manera desigual. La desigualdad en la periferia es mucho mayor que en el centro. Si no fuese así, no habría mano de obra barata para explotar a los países subdesarrollados.

Estos dos aspectos aunados, son la vía de penetración de la élite del país dominante en la élite de los países dominados. Pero como la desigualdad no es tan evidente en el centro -entre la élite y los que se encuentran en estratos inferiores-, asume a menudo la forma del país entero, total, en el nivel más alto en el sistema internacional, que penetra en el país en el nivel más bajo en el sistema internacional, en su mismo centro y en el nivel de su élite superior.

La penetración se convierte también en una estrategia de fragmentación: mantiene separadas a las dos periferias [414] , ligando a una de ellas mucho más estrechamente con las clases superiores unidas del mundo que con la otra. El caso del NAFTA con México adentro, cuyos trabajadores podrían constituir mano de obra más barata que la norteamericana y, supuestamente, perjudicar las fuentes de trabajo de los trabajadores de este último país.

¿A quién deben fidelidad las élites dirigentes de los países periféricos? Especialmente aquellas élites funcionales a una situación de dependencia o, por el otro lado, disfuncionales a las posibilidades autonomizantes.

En el primer caso, las élites no son leales con sus propias naciones, y el problema a resolver, es el reemplazo de la élite por otra élite. En el segundo caso, las élites son leales declamativamente respecto de sus propias naciones, o al menos de su electorado, pero terminan, por una causa u otra, siendo ineficientes y por ende disfuncionales con los propósitos autonomizantes. En la hipótesis de que esto se resuelva, el problema mayor pasa por convencer a todas las élites de la periferia, de la necesidad de volcar toda su voluntad política, en un esfuerzo conjunto para lograr estrategias verdaderamente efectivas a fin de hacer operativas todas las aspiraciones, que hasta el momento tan sólo han sido declamativas o pura fórmula electoral, o de discurso en los foros internacionales o en las propuestas integrativas.

Condicionantes a la Autonomía de los Países Periféricos

Uno de los factores básicos a tener en cuenta para salir del estado de dependencia u orientarse hacia la autonomía, es tener la conciencia de que se es dependiente, o tener una percepción clara de cuál es la verdadera causa de la situación que están viviendo los países periféricos.

En el caso de América Latina, la mayoría de los gobiernos militares han tenido, tradicionalmente, una percepción de las cosas en las que predominó el problema del avance del comunismo, como una de las causas profundas de nuestras problemáticas, atendiendo principalmente a los “intereses de seguridad” de EUA en el conflicto Este-Oeste, por la “lealtad” generada en su formación y proceso de “desnacionalización” y “deslatinoamericanización” [415] en las Escuelas de contrainsurgencia.

Como sólo las potencias centrales (en este caso EUA) tenían el poder suficiente para proteger globalmente a la región del avance del enemigo (la URSS y a partir de 1961 el eje cubano-soviético), el quid de ser dependientes ha sido lo que los países latinoamericanos han otorgado a cambio del quo de ser protegidos de una dominación peor, como la del comunismo.

También en el terreno económico, “aliarse” [416] al centro industrializado, genera la idea de que se recibirá el beneficio de obtener ciertas ventajas comerciales, financieras e incluso tecnológicas, por sobre otros países.

Lo mismo se puede decir acerca de la percepción de la dirigencia sobre la posibilidad de mejorar la inserción internacional de los países periféricos, si se acercan a los países industrializados o a las potencias centrales y realizan determinadas tareas que son bien vistas por su dirigencia. Existe la creencia de que este tipo de actitudes acarrearán un premio o algún tipo de favores que acelerarán el camino hacia mejores posiciones internacionales. Las “relaciones carnales” durante el gobierno de Carlos Menem en Argentina, con sus pretensiones de llevar al país a pertenecer al “primer mundo”, son un ejemplo paradigmático de esto. En la medida que esta conducta sea gratuita, sin la construcción solapada de un proyecto autonómico, carece de sentido, al menos para la nación, independientemente de que la élite -corrupta por cierto- se vea beneficiada.

Uno de los obstáculos que deben vencer los países periféricos para iniciar su camino hacia la autonomía, es la toma de conciencia de que el problema de la dependencia, pasa por el proceso natural de dominación de las potencias centrales, cualquiera sea su signo ideológico.

Por los mismos motivos, el que la élite dirigente de los países periféricos decida realiza ciertas tareas ventajosas para las potencias centrales en aras de una -supuesta- alianza preferencial -que no necesariamente conseguirá-, constituye un error de apreciación si esta conducta no forma parte de un plan -solapado- concreto para ir escalando hacia posiciones de mayor autonomía aprovechándose de las últimas posiciones alcanzadas [417] .

¿Qué tipo de estrategia desean -o aceptarían- seguir los Estados periféricos para lograr una mayor autonomía de desempeño? ¿Hasta qué punto es factible que los gobiernos adopten políticas de coordinación; lleven a cabo estrategias en común que les permitan resultados medianamente satisfactorios? ¿Qué factores, tanto exógenos como endógenos, impedirían la coordinación de sus posiciones? ¿Cómo evitar que los actores privados y los transnacionales aprovechen en beneficio propio las políticas adoptadas por los gobiernos, individualmente o en conjunto, perjudicando las posibilidades de desarrollo y bienestar de las naciones?

Sería necesario localizar los factores de mayor fuerza integradora y los de mayor debilidad en el seno de las agrupaciones de Estados -acorde con las tendencias vigentes, ya que las condiciones cambian-, y establecer por qué estos factores son fuente de fuerza o de debilidad.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[387] Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973), Cap. III.

[388] Para Torres, Jorge José, maximizar la capacidad de desempeño de la región en el plano internacional, es la finalidad de mayor importancia dentro de la dimensión política de la integración, ver su “El Concepto de Integración Latinoamericana”, (Buenos Aires, Dunken, 2008), págs. 41-53. ISBN: 978-987-02-3477-7.

[389] Una cosa por otra. Tanto me das, tanto te doy.

[390] Por ejemplo el “balance multipolar” o los “sistemas” de alianzas de Bismarck.

[391] Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973).

[392] Desde la perspectiva sistémica, esta es la base del proceso “homeostático” o “restaurador automático” del equilibrio, toda vez que algún “impacto” (por ejemplo una política exterior) provoca modificaciones al sistema.

[393] La dependencia debe ser considerada dentro de un importante conjunto de factores que condicionan todos los aspectos del carácter y la conducta de sus sociedades. Aquellas sociedades que están penetradas por los actores externos -estatales y transnacionales- están en una situación severa de dependencia. Se diferencia de la dependencia de los países industrializados, que está vinculada con la necesidad de determinados recursos o productos. La relación de dependencia se autofortalece. El país puede desarrollarse, pero el desarrollo está pervertido por las fuerzas externas, que moldean sus instituciones políticas, sociales y económicas.

[394] Podría buscarlos en otro lado aunque no fueran de la misma calidad, o encontrar paliativos a esos bienes, como lo han hecho los países industrializados a través del desarrollo científico-técnico y generaron tecnologías alternativas, por ejemplo en materia energética, nuevos materiales, tales como la fibra óptica que reemplaza al cobre; etc.

[395] Caso contrario, Japón hubiera estado condenado al subdesarrollo produciendo arroz y seda, dentro de la división internacional de las tareas basada en la teoría “ricardiana” de los costes comparativos.

[396] Para mostrar el funcionamiento del poder punitivo, habría que hacer una larga lista de casos, como el cubano frente a EUA y todos los países de la región y del mundo que apoyaron y apoyan esa política; el caso de la intervención a Haití; a Panamá en diferentes oportunidades; el de República Dominicana en 1965; el de Hungría y Checoslovaquia en 1956, 1958 y 1968; las presiones para que los países de la periferia adopten una ley de patentes; la forma en que el gobierno de EUA “certifica” o “decertifica” a los países de la región en el tema de la lucha contra el narcotráfico; el caso China en su intento por ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC), que es presionada por el gobierno norteamericano por el tema de los derechos humanos; etc. y así sucesivamente.

[397] En este esquema puede estar inscripto el caso de la crisis de los rehenes en Irán (1979). También el de la nacionalización de la IPC por el gobierno de Velazco Alvarado en Perú (1968) frente a las posiciones norteamericanas de amenaza de aplicación de las Enmiendas Hickenlooper y González. Igualmente el caso de desarrollo tecnológico de  Japón de postguerra, con un esquema de defensa militar prácticamente inexistente.

[398] Por ejemplo agrupaciones regionales, como sistemas de integración, o coordinación de políticas externas ante determinados temas clave.

[399] Ser rico en recursos naturales, o tener una capacidad tecnológica.

[400] Tener productos estratégicos o capacidades científicas o tecnológicas.

[401] Por ej., manejar la información; ocupar una posición importante en la estructura comercial mundial, en la estructura financiera o en la científico-tecnológica; tener capacidad de liderazgo; etc.

[402] Hablo del intercambio relacional global, no necesariamente de productos.

[403] Por ejemplo el planteo dominante a partir de los '70 acerca de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo, a través del fortalecimiento de las relaciones “Sur-Sur” para poder negociar desde una mejor posición en las relaciones “Sur-Norte”.

[404] Desarrollo de tecnologías o manufacturas.

[405] Producción de materias primas o ciertos insumos intermedios.

[406] Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973), págs. 61-66.

[407] No estoy haciendo referencia a un reconocimiento o desconocimiento diplomático, sino de hecho. Caso de los sistemas de integración económica, o los temas vinculados a la seguridad entre América Latina y EUA.

[408] Hacer que el “vértice” de las relaciones externas de los países de la periferia, se encuentre siempre fuera de esa región. Los países latinoamericanos en la etapa virreinal, mantenían contacto entre sí sólo a través de la “Madre” Patria España. En la época de la independencia, los países sudamericanos tenían más contacto con Europa, especialmente Gran Bretaña, que entre sí; a eso se debió en gran medida el fracaso de la convocatoria de Simón Bolívar a una unidad sudamericana; y a eso se debe hoy también el fracaso permanente de los procesos integrativos, que tienen mucho de planteo comercial y prácticamente nada de coordinación en las políticas exteriores. Tradicionalmente en los temas vinculados a la seguridad hemisférica, EUA se reservó el derecho exclusivo de manejarla, no dejando intervenir a ningún otro Estado, aunque fuera un aliado europeo. Esto se ha modificado, particularmente a partir del tratamiento que los países de Europa Occidental le dieron al caso Nicaragua post 1979. Con anterioridad, tampoco un Estado latinoamericano podía adoptar relaciones diplomáticas con un Estado del bloque oriental o de signo ideológico antipático al sistema capitalista. Este es el caso, por ej., de la adopción de relaciones diplomáticas con China comunista por la mayoría de los países latinoamericanos recién después de la “Carta China” jugada por Nixon-Kissinger en la etapa del bipolarismo; nunca antes; tema que se modificó con el fin del sistema bipolar.

[409] Temas que afecten, especialmente sus intereses de seguridad. Ver lo dicho sobre “líneas de control intrahegemónicas”.

[410] Los países latinoamericanos, más allá del “discurso integracionista”, se han mantenido permanentemente “autofragmentados”, toda vez que han privilegiado las variables de conflicto -hipótesis de conflicto bilateral- por sobre las de cooperación y alianza integrativa.

[411] Jaguaribe, Helio ha trabajado muy bien esto: Sociedad, Cambio y Sistema Político, (Buenos Aires, Paidós, 1972). También, Desarrollo Político: Sentido y Condiciones, (Buenos Aires, Paidós, 1972). Igualmente, Crisis y Alternativas de América Latina: Reforma o Revolución, (Buenos Aires, Paidós, 1972). Otro autor que ha trabajado la temática es, Lagos, Gustavo, Tendencias y Perspectivas del Estudio de las Relaciones Internacionales: Tareas para América Latina, en Orrego Vicuña, Francisco (Comp.), “Los Estudios Internacionales en América Latina: Realizaciones y Desafíos”, (Sgo. de Chile, Edit. Universitaria, 1981).

[412] Intervención por razones humanitarias de EUA en Kosovo; o para que el gobierno de EUA proteja a la región del “avance comunista” soviético-cubano durante la guerra fría.

[413] Un buen ejemplo es la total debilidad de la ONU, particularmente de su CS, cuando al gobierno norteamericano de George W. Bush no le convino en su aspiración por invadir Irak (2003).

[414] La del “centro” y la de la “periferia”.

[415] A partir del gobierno de Truman en EUA con el inicio de la “guerra fría”, las fuerzas armadas latinoamericanas dejaron de ser “fuerzas armadas nacionales”, para pertenecer a un “bloque” hemisférico, encabezado por EUA en la lucha contra el comunismo.

[416] Debería quedar en claro de que no existen las “alianzas” entre “desiguales”.

[417] El modelo desarrollado por Japón luego de la segunda guerra mundial hasta llegar a lo que es en nuestros días. Lo mismo con Corea del Sur. No obstante ello, esto implica no sólo proyectos concretos, sino también una disciplina muy dura que, resulta muy dudoso que los pueblos de los países latinoamericanos estén dispuestos a aceptar.