Realismo Sistémico Estructural

 

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Capítulo VII

Construcción de Poder

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

El Diálogo de Melos de la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides muestra que en los procesos de negociación, se utilizan dos categorías muy diferentes:

a) Una de ellas es la de lo justo, y ésta opera sólo cuando hay equilibrio de poderes.

El equilibrio de poderes del sistema multipolar 1815-1914, o la pugna por la supremacía entre EUA y la URSS en el sistema bipolar, son ejemplos.

b) La otra categoría es la de lo posible [dynata], una palabra muy cercana al término “fuerza” [dynamis].

Lo posible, lo que la propia fuerza permite, es lo que imponen los fuertes. A los débiles no les queda más que ceder. Invocar la justicia en estas circunstancias es falta de realismo [364] . No obstante ello, “lo posible” no sólo muestra hasta donde se llega en una circunstancia, sino también promueve hacer algo para modificarlo.

El razonamiento de los melios fue: el sometimiento a Atenas la beneficiará, pero ¿en qué sentido le conviene a Melos quedar sometida a la esclavitud? La respuesta de Atenas fue: la aniquilación total no les conviene a ustedes por razones obvias y tampoco nos conviene a nosotros (una ciudad aniquilada no está en condiciones de pagar tributo). Los melios deben aceptar esa terrible coincidencia de intereses, pues no tienen nada que objetarle a una verdad tan obvia.

Pero si bien lo que plantean los atenienses muestra qué posibilidades tienen, en lo inmediato, los melios, pasado este momento, el tema central es otro: lo relevante es, de qué manera pueden trabajar en el futuro, para salir de la esclavitud ateniense. Similar situación fue la de Japón luego de su rendición incondicional finalizada la segunda guerra mundial.

Si cualquier ciudad logra mantenerse neutral, esto se debe a su poder y al hecho de que, por lo tanto, el imperio ha temido atacarla. La racionalidad del “débil” -en este caso los melios- es que someterse, no sólo acrecentará al imperio, sino que aumentará su seguridad. La seguridad del imperio es esa propiedad en virtud de la cual se hace difícil destruirlo o desmantelarlo y consiste primariamente en el modo cómo es percibido por los posibles agentes de destrucción o desmantelamiento. Por ende, mientras el que está subordinado no atente contra la seguridad del imperio, puede operar libremente para ir labrando su futura autonomía.

Esta es la conducta subrepticia que adoptó la élite dirigente y pensante japonesa desde la rendición en adelante, hasta alcanzar un grado de desarrollo y desempeño, que no sólo no generaba “sensibilidad” en el hegemón -EUA en este caso-, sino que era visto con buenos ojos. Lo mismo la República Federal Alemana durante toda la etapa de la guerra fría.

En el caso de América Latina, las alternativas han estado generalmente, o del lado de conductas de subordinación racional -liberales o neoliberales- o de confrontación -nacionalistas o populistas- bajo diferentes metodologías. El modelo de la “construcción de poder” pareciera no haber estado en la mente de las élites pensantes y dirigentes, demasiado preocupadas o, por obtener los “favores” (?) del dominante y evitar ser sancionados si éste considera que tiene conductas confrontativas, o por ganarse el fervor de los electores que les permite posicionarse en el “poder” estatal por el manejo de las “masas”. En ambos casos, hay una creencia y una ambición de poder. En los primeros, pensando que lo reciben del dominante y en los segundos, de los electores. En ninguno de los dos, están los intereses del Estado en primer lugar, y el sector productivo pasa de ser el aliado dominante -del sector gobernante- al enemigo, en vez de formar parte de una alianza estratégica con los Estados.

En una reseña que hace Rubens Recupero del libro del historiador brasileño, Luiz Alberto Moniz Bandeira sobre las relaciones entre Brasil, Argentina y EUA [365] , dice que frente a la escandalosa desigualdad entre EUA y los países de América Latina, son concebibles tres posturas básicas o sus variantes [366] :

1) La primera fue la de Río Branco con carácter pragmático y utilitario, que mantenía una alianza preferencial no escrita con EUA. A cambio del apoyo diplomático, el Barón de Río Branco contaba con recibir de los estadounidenses amparo o neutralidad en las cuestiones fronterizas, sobre todo con los europeos y soporte al prestigio internacional de Brasil.

En la era de Getulio Vargas, se simplificaba la ecuación en términos de alianza en la segunda guerra mundial, recompensada por la siderúrgica de Volta Redonda, símbolo de la industrialización.

2) Una segunda posición, degeneración de la primera en la concepción extremada e irrealista, así como en el lenguaje desabrido e insultante, fue la del realismo periférico del período de Carlos Menem, la de las relaciones carnales, en su expresión más deshonrosa. La sumisión era explícita y desvergonzada; sin embargo, ni siquiera por eso los servicios prestados fueron retribuidos, como ya se viera antes en la guerra de las Malvinas (1982) y se volvió a repetir en el desdeñoso abandono e indiferencia con que fue recibido el colapso financiero argentino.

3) La tercera es la de la edificación del MERCOSUR, buscando ser extendida a otros sudamericanos, no como gesticulación quijotesca contra EUA sino porque el proyecto se justifica por méritos propios, por lo mucho que tenemos para ganar en complementación económica, integración energética, vinculación física, en suma, porque es a favor de nosotros mismos.

Es la única de las tres actitudes que implica la superación definitiva de la rivalidad estéril entre Brasil y Argentina, en su sustitución por el papel de ambos a favor del desarrollo de los más vulnerables.

En definitiva, independientemente de avances o estancamientos de procesos como el MERCOSUR o la Unión Sudamericana de Naciones, Ricupero promueve la vía conjunta, al estilo europeo, como forma de “creación subrepticia de poder”.

Retomando el razonamiento de los melios, estos hacen referencia a la necesidad de resistirse y no someterse gratuitamente al decir: careceríamos de una elemental excelencia humana, si nos sometiésemos sin ofrecer resistencia” [367] .

Siguiendo los criterios de “prudencia” planteados por Tucídides, el tema central en este caso, no sólo pasa por no someterse “gratuitamente” sino también, por no rebelarse “gratuitamente”, o en otros términos, no llevar a cabo acciones -falta de prudencia- que faciliten la represión del poderoso. Si bien esto no está en el “razonamiento” de todos, al menos está en sus “sentimientos”.

Nadie tiene vocación de sometimiento y la “resistencia” no es cuestión de “racionalidad”, sino de “oportunidad”, como dicen Tucídides y Hobbes.

Tal como opinan los atenienses por boca de Tucídides, el imperativo de la resistencia es minimizable considerando a la prudencia o sensatez, por una parte, y el dominio de la honra y la deshonra -dimensión ética- por otra, si se considera que existen grandes “asimetrías” entre los contendientes y un “desequilibrio de poderes”. Esto sólo es posible cuando existe un equilibrio de poderes [368] .

La idea no es la de confrontar a través de la fuerza [369] , como lo plantean ciertos países como Irán o Corea del Norte, por ejemplo -independientemente de la legitimidad de la defensa soberana-, porque eso los coloca en situación de “marginalidad” [370] ; sino la de llevar a cabo, de manera “solapada” actividades que permitan alcanzar en el mediano-largo plazo, una mayor autonomía de desempeño, tal como lo hicieron Japón y la República Federal Alemana durante la etapa de la guerra fría [371] .

Los poderosos, cuando se trata de las relaciones exteriores, no sólo persiguen su propio interés sino que desnaturalizan el lenguaje y consideran noble lo que les gusta y justo lo que les conviene. Desde un punto de vista realista, esto no sólo sería válido para los poderosos, sino también para los débiles. Claro que se trata de una cuestión de prioridades. Los débiles, deben, en primer lugar, sobrevivir, que es lo más conveniente y luego pensar en cómo lograr lo que consideran justo.

Tucídides muestra cómo los atenienses vuelven a darles a los melios una lección de realismo, al plantearles que el actuar por motivos morales, el hacer algo porque es noble y justo, siempre implica riesgos para uno mismo. Se trata de un gesto noble pero peligroso. Evitar la deshonra es irracional cuando está en tela de juicio la supervivencia. Si la consideración primaria es el propio interés, entonces lo que hay que buscar es evitar el riesgo, vale decir, la propia seguridad.

El moralismo en América Latina ha estado presente permanentemente a través del sostenimiento de principios internacionales como basamento de su política exterior, sin el respaldo del poder, ni la idea de que éste debía construirse, de la misma manera que a través de la creencia de que el derecho internacional o los organismos internacionales son el factor base de su protección.

También forma parte de la racionalidad, el que los débiles o subordinados tengan en cuenta, que no hay que facilitar ni dar motivos para actitudes represivas o intrusivas que permitan que el poderoso haga uso y justificación del derecho a la intervención, basándose en la ley del más fuerte, entendiéndola como el derecho que tendría el fuerte a dominar al débil.

Para Tucídides, el axioma formulado por los atenienses no era normativo sino exclusivamente fáctico: No dice que los fuertes tengan derecho a dominar a los más débiles, sino que esto es simplemente lo que ocurre y ocurre siempre e invariablemente. Pero fuerte, no sólo es el que domina a otro sino también el que es capaz de rechazar a quien quiera dominarlo a él.

Si se es realista, para alcanzar la justicia, no cabe duda que hay que generar poder, porque una cosa es el concepto de justicia y otra cómo se consigue.

Al ser descentralizado y no tener un Arbitro Supremo [372] , el sistema mundial tiene como problema central, la incapacidad de establecer un poder de policía con alcance general, que exija el cumplimiento de las normas y sancione por incumplimiento. El poder de policía lo ejercen los más poderosos, pero no es posible que se ejerza sobre ellos. La justicia -no en términos judiciales, sino equitativos y distributivos [373] -, es la justicia según la interpretación que tienen los más poderosos. Las instituciones [374] funcionan siguiendo el criterio de los más poderosos que, en su interior, se vuelven generadores de reglas e intérpretes de su aplicación. No existe un árbitro global que establezca una jurisdiccionalidad, y tenga un poder de policía, en cuyos límites, queden todos dentro.

Los actores periféricos no son generadores de reglas, y en la mayoría de los casos, ni siquiera reformuladores de las mismas; pero sí deben aprender a jugar el juego de las relaciones mundiales. Primero, para sobrevivir [375] y además, y fundamentalmente, para ir generando poder subrepticiamente, como para modificar su status quo, alcanzar una mayor autonomía de desempeño y poder satisfacer sus demandas. Los que carecen de poder, tienen como única alternativa, aprender a manejarse entre los parámetros dentro de los que el sistema -quienes lo manejan y conducen- considera como conductas aceptables e ir creando poder suficiente como para revertir su situación. No es mal visto el que tiene o genera poder, sino el que tiene o genera poder “amenazante”.

Un corolario del axioma formulado por los atenienses, según Tucídides es: si un Estado no domina a otro, entonces se puede considerar que éste no es lo suficientemente fuerte como para dominarlo; a la vez que, de la percepción de falta de fuerza se puede deducir la posibilidad de que los dominados se rebelen y dejen de serlo.

Más peligroso que las acciones del imperio sobre la periferia son las actividades, abiertas o encubiertas, de los “traidores a la patria”. Las élites gobernantes y pensantes deben estar al servicio del pueblo. Cuando su servicio es adecuado, el pueblo se hace fuerte; cuando su servicio es defectuoso, el pueblo se debilita [376] .

Tucídides hace referencia a la naturaleza humana, eje de su pensamiento realista, al mostrar que es tan natural atacar cuando se es fuerte como defenderse cuando uno se ve agredido, independientemente de la justicia de uno u otro hecho. En ambos casos no hay que descuidar a la prudencia como método rector. De esta manera, los melios al negarse a ceder ante los atenienses estarían cumpliendo con un uso natural, con un nomos, que regula el quehacer humano, aunque no lo hicieron con la prudencia necesaria.

¿Piensa Tucídides, al igual que los atenienses en el diálogo de Melos, que la dimensión moral es puramente ilusoria, que nada tiene que ver con la naturaleza humana como tal?

Podríamos aventurarnos a preguntarnos si no es la naturaleza la que, haciendo uso de leyes perversas, premia al poderoso y castiga al débil, tal como se observa con regularidad en la historia, de manera tal que la justicia termina siendo la resultante caprichosa -o el derivado natural no caprichoso- de quien es el más fuerte.

Tucídides no da respuestas explícitas a este tema. No se pone del lado de los fuertes o de los débiles, sólo muestra cómo funciona la realidad. Se ocupa de presentar personas o situaciones poniéndolas una al lado de la otra, contrastando los hechos, de manera tal de mostrar su cosmovisión en forma totalizadora. Deja entrever, por un lado, un retrato objetivo del imperialismo ateniense, su accionar y consecuencias y también los descuidos, debido a la ambición desmedida de alguno de sus líderes que desembocaron en la derrota frente a Esparta (404 a.C.), mientras que por el otro enfatiza el cúmulo de errores de apreciación en que incurrieron los melios [377] .

Una respuesta, desde el punto de vista del realismo es que, la naturaleza opera de manera tal que para lograr la justicia, satisfacer las demandas insatisfechas, hay que encontrar formas de crear el poder suficiente como para alcanzar ese objetivo. El equilibrio de poderes, parecería ser la forma en que la naturaleza hace que todo alcance su armonía; al menos mientras no haya un “Arbitro Supremo”.

Resulta significativo que Tucídides sea el primero en preocuparse, no sólo por los poderosos, sino por los que carecen de poder.

La Astucia como Poder la “Nesciencia” como Subordinación

Siguiendo el razonamiento de Hobbes [378] , resulta difícil pensar que David -el joven pastor israelita que luchó, mil años antes de Cristo, contra el gigante Goliat quien, debido a su fuerza, creía que podía abusar de todos y fue derrotado con una honda- en el caso de que fuera contemporáneo, siguiera los comentarios de Tucídides en el Diálogo de Melos en su formulación abstracta.

Que David se sometiera gratuitamente carecía de sentido, a la vez que de nada hubiera servido rezarle a Jehová para que la situación cambiara, si sus rezos no hubieran estado acompañados del lanzamiento con precisión de la piedra, que astutamente seleccionó y que le acertó en la frente a Goliat. Lo que un débil debe hacer es aparentar que se somete para ganar tiempo a generar estrategias que le permitan ir logrando en el mediano, largo plazo una autonomía.

Se trata del modelo de la audacia inteligente -del débil- contra la fuerza inflexible -del fuerte-. La verdadera astucia radica en encontrar caminos distintos. Es un permanente proceso “entrópico-heurístico”.

Un modelo similar, es el del caballo de Troya en la Ilíada, donde Homero describe la guerra entre griegos y troyanos. La guerra no se decide por ninguno de los bandos, entonces Ulises tiene la idea de construir un caballo gigantesco y lo hace pasar por un obsequio de los griegos hacia la ciudad de Troya antes de retirarse. Los troyanos creen en el engaño y celebran su victoria. Meten el caballo en la ciudad y festejan sin mesura. Pero el caballo lleva en su interior a la tropa griega esperando el momento adecuado. Cuando los ecos de la celebración se extinguen, los griegos salen de su escondite y atacan a los desprevenidos troyanos.

Dentro de este modelo, también entra el de Ulises -Odiseo en griego- contra el Cíclope Polifemo, hijo del dios Poseidón, que criaba ovejas y cabras, en la isla de Sicilia. En su viaje de regreso desde Troya a Itaca -según narra Homero en la Odisea-, Ulises se detuvo en la isla de Sicilia llevando odres de vino y comida. Entró a una cueva sin saber que era del cíclope Polifemo. Cuando éste regresó, se encontró con que Ulises y sus hombres le habían tomado la leche y comido los quesos, lo que le hizo enojarse y atacarlos. Para calmarlo, Ulises le ofreció vino, emborrachándolo, y al quedarse dormido, Ulises y los suyos le trepanaron el ojo con una estaca de olivo aguzada en su punta, que había sido previamente puesta al fuego y lo dejaron ciego, pudiendo escapar.

Los casos mostrados a través de David o de Ulises están lejos del modelo de Don Quijote que se maneja con el espejismo de luchar contra los molinos pensando que lucha contra gigantes con brazos descomunales. Esta es una visión idealista e ingenua -más allá de sus buenos propósitos- de lo que es la realidad, mientras que Sancho Panza es el realista en esa historia, el que ve las cosas tal cual son, aunque sea también ingenuo. El idealismo y fantasía de Quijote, es diferente de la fantasía de Julio Verne, que imaginó que se podía viajar sumergido en las aguas marinas, y que el hombre podía llegar a la luna y, con el tiempo se hicieron realidad; o con la de aquellos que imaginaron los diversos medios de comunicación inalámbrica intercontinental y aun fuera del espacio; o con los que hicieron posible la fecundación in vitro o la manipulación genética, y tantos otros casos que le dieron sentido a la solicitud de los estudiantes del mayo francés de los ‘60: seamos realistas, pidamos lo imposible [379] .

Hobbes estaba convencido de que, no necesariamente prevalece el más fuerte, y usó el ejemplo de David y Goliat. Lo que le permitió triunfar a David -dice Hobbes-, no fue su fuerza, con la que sí contaba Goliat, sino su práctica, su inteligencia y astucia. Esto es lo que muestra -según Hobbes- que actuó con prudencia, a la vez que expresa cuál es el verdadero significado que le quiere dar el realismo al término.

El individuo -dice Hobbes- depende para su seguridad de su propia fuerza e ingenio, no habiendo más límite para su acción que los que éstas le impongan. A David le preocupaba la justicia -al igual que a los melios en el relato de Tucídides-, y el hecho de que si nadie se enfrentaba a Goliat, no los dejaría vivir en paz. Luego de vencer a Goliat, el comentario de David fue, no sólo hay que estar convencido de que es justo lo que hacemos, sino también saber usar el arma que tengamos. Hobbes interpreta que esta arma es la capacidad, la astucia, la inteligencia, que suplen a la falta de poder material o a la fuerza. Acá es donde Hobbes hace intervenir el criterio de prudencia y dice que la falta de fuerza o poder, puede ser suplida con la inteligencia y la experiencia. La prudencia en Hobbes no es un fin sino un efecto no intencional [380] , algo que se logra mientras buscamos algo diferente, una alternativa que nos permita avanzar o salir de una situación difícil.

Esta fue también la actitud adoptada por las élites pensantes y dirigentes en Japón luego de su rendición incondicional en la post segunda guerra mundial, así como las élites de la Alemania dividida y ocupada por cuatro potencias. En estos casos, se nota que los responsables de esta forma de pensar y actuar son las élites de estos países, sin recursos naturales, pero con criterio y perspectiva de futuro; a diferencia de las élites dirigentes y pensantes de los países periféricos, muchos de los cuales -América Latina es un excelente ejemplo- cuentan con recursos naturales estratégicos y no estratégicos, minerales y alimentarios de la tierra y del mar pero, ideológicamente, se sienten más cerca del centro que de las aspiraciones y necesidades de sus propias naciones, favoreciendo de esta manera la dependencia y el subdesarrollo.

Como vivimos en un sistema cuya configuración estructural es asimétrica en la que hay una gran mayoría de miembros periféricos, éstos sólo tienen la alternativa de subordinarse, en el corto o mediano plazo, pero pueden buscar medios -alianzas maximizadoras u otras vías, como por ejemplo, el desarrollo de tecnologías- en el largo plazo que les permita modificar su status quo [381] .

Resulta importante tener en cuenta, que no cualquiera es Goliat, así como tampoco cualquiera es David.

El Japón de la segunda postguerra mundial demostró su astucia, al mostrar criterios propios y no ir con la corriente. Independientemente de todas las teorías, especialmente las económicas, que hablan sobre la forma de alcanzar el desarrollo y de contribuir con el buen funcionamiento del sistema, especialmente el mercado, los japoneses dejaron de lado la teoría de las “ventajas comparativas” de David Ricardo y comenzaron a desarrollar su propio modelo económico; razón por la cual, hoy no sigue produciendo arroz y seda, sino que es un potencia mundial de primer orden en microelectrónica, además de destacarse en otras industrias, incluso la tecnología de “procesos”.

Las conductas de desobediencia o resistencia no son la regla, ya que muchos decisores consideran que los costos de la subordinación son menores a los de las actitudes autonómicas. De todas formas, hay un tiempo y una racionalidad para cada conducta. El objetivo no debe ser la subordinación, sino el instrumento solapado, a través del cual, se tejen subrepticiamente caminos hacia la autonomía [382] .

También puede ser que los decisores, por corrupción o conveniencia personal o de clase, respondan más a los intereses del dominante que a los de la Nación [383] .

Algunos teóricos, consideran que los Estados de la periferia están prácticamente “condenados” al subdesarrollo y la dependencia [384] . No es el caso de Hans Morgenthau, que en su teoría pensó en alternativas estratégicas para los Estados que carecen de poder [385] . Igualmente en el caso de Johan Galtung y su concepto de la autonomía [386] .



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[364] Gómez-Lobos, Alfonso, El Diálogo de Melos y la Visión Histórica de Tucídides, en Revista Nova Tellus, Universidad Nacional Autónoma de México, Nro. 7, 1989, págs. 9-31.

[365] Moniz Bandeira, Luiz Alberto, Brasil, Argentina y Estados Unidos: “Conflicto e integración en América del Sur, de la Triple Alianza al Mercosur, 1870-2003” (Río de Janeiro, Editora Revan 2003).

[366] Ricupero, Rubens, Triángulo no Siempre Amoroso, en La Onda® Digital, Nº 138, 3-6-2003/9-6-2003, Uruguay, www.laondadigital.com/laonda/laonda/101-200/138/B2.htm. Ricupero fue Ministro de Finanzas brasileño en 1994. Secretario General de la UNCTAD de 1995 a 2004.

[367] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro V, Capítulo 100.

[368] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro V, Capítulo 89.

[369] Las alternativas no son “confrontar” o “subordinarse” como planteaba Guido Di Tella en sus discursos mostrando las ventajas de las “relaciones carnales”; entre esas alternativas, hay una gran gama de posibilidades, algunas de las cuales fueron aprovechadas y utilizadas eficientemente por Japón o la RFA, por ejemplo.

[370] En términos de soledad y aislamiento.

[371] Cuando se desintegró la URSS a fines de 1991 y terminó el sistema bipolar, en EUA muchos dirigentes, especialmente conservadores, dijeron “hemos ganado la guerra fría”. Sin embargo, al asumir Bill Clinton, su jefe de campaña James Carville, llegó a la conclusión de que mientras EUA estaba ocupado en el conflicto Este-Oeste, crecían solapadamente Europa Occidental a través de la construcción de lo que hoy es la Unión Europea y otros actores como Japón en Asia. EUA en el post sistema bipolar, se encontró con que no tenía suficientes ventajas comparativas y competitivas como para ser exclusivo y excluyente. Esto es lo que llevó al jefe de campaña a decir en 1992 “es lo económico estúpido”. Los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 permitieron y fueron utilizados por el gobierno conservador de George W. Bush para revertir el eje rector de construcción de un nuevo sistema y orden del económico-financiero-tecnológico desplazándolo hacia el estratégico-militar y de esa manera “controlar” el orden.

[372] Este tema lo he trabajado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Arbitro Supremo: El Problema del “Gobierno” del Mundo, en Revista “Círculo de Humanidades”, Universidad Autónoma Latinoamericana, Medellín, Colombia, Nº 29, julio del 2008, ISSN: 0122-7823, págs. 7-16.

[373] Aunque en los casos judiciales, también funciona de manera similar. Un ejemplo actual son los Tribunales Penales “especiales” como el de Ruanda o el de la ex-Yugoslavia, sin perjuicio de casos anteriores -Tokio, Nüremberg-, promovidos por EUA, mientras que este país se niega a firmar y ratificar el Tribunal (o Corte) Penal Internacional.

[374] En el marco internacional, vendrían a ser los acuerdos y tratados internacionales y los organismos internacionales gubernamentales.

[375] Para Hans Morgenthau este es el interés nacional mínimo irreductible. MORGENTHAU, Hans J., “Otro gran debate”: el interés nacional de los Estados Unidos, en American Political Science Review, Vol. LXVI, N° 4, dic. 1952, págs. 961-68, Reproducido en Hoffman Stanley H., Teorías Contemporáneas sobre las Relaciones Internacionales, Edit. Tecnos, Madrid 1963, págs. 107-13. Este tema lo trabajé en profundidad, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Un Tema “No Debatido”: El Interés Nacional de los Países Subdesarrollados, en Revista Argentina de Relaciones Internacionales, CEINAR, Buenos Aires, Vol. II, Nº 6, septiembre-diciembre de 1978, págs. 23-28.

[376] Basado en el pensamiento de Sun Tsu “El Arte de la Guerra”, (Madrid, Editorial Trotta, 2007), ISBN 84-8164-492-7.

[377] Wassermann, F.M., “The Melian Dialogue”, Transactions of the American Philological Association, Nº 78, 1947, págs. 25-26.

[378] Hobbes, Thomas, Del Ciudadano y Leviatán, (Madrid, Editorial Tecnos, 1987), Estudio Preliminar y Antología de Enrique Tierno Galván, Traducción de Enrique Tierno Galván y M. Sánchez Sarto. Quien ha estudiado muy bien el tema de la temática de la “prudencia” en Hobbes es Basaure, Mauro, Prudencia y Ciencia en Thomas Hobbes: Crítica Interna para la Crítica Política, Santiago de Chile, Agosto del 2001, Universidad de Chile, PREDES, Documento Nº 2.

[379] Ver análisis de Rabanales, Ambrosio, Idealismo y Realismo en “El Quijote”, (Santiago de Chile, Universidad de Chile, Instituto de Filología, 1998). Académico de número Academia Chilena de la Lengua.

[380] Criterio que también tiene Tucídides.

[381] Hans Morgenthau es uno de los pocos que ha pensado, en su desarrollo teórico, en la forma en que los países periféricos pueden modificar su status quo. Ver Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), Cuarta Parte, Capítulo XI. Otro que ha hecho esto, pero desde el punto de vista de la conformación o modificación del régimen internacional ha sido Krasner, Stephen, Structural Conflict: The Third World Against Liberalism, (California, University of California, 1985). Hay una traducción al español: Conflicto Estructural: El Tercer Mundo Contra el Liberalismo Global, (Bs. As., GEL, 1989).

[382] Ver sobre el tema, Basaure, Mauro, Prudencia y Ciencia en Thomas Hobbes: Crítica Interna para la Crítica Política, Santiago de Chile, Agosto del 2001, Universidad de Chile, PREDES, Documento Nº 2.

[383] Johan Galtung estudió en profundidad esta problemática. Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973). También, Galtung, Johan, Una Teoría Estructural de la Integración, en “Revista de la Integración”, BID/INTAL, Nov. 1969, No 5. Igualmente, O'Donnell, Guillermo y Link, Delfina, Dependencia y Autonomía, (Buenos Aires, Amorrortu, 1973).

[384] Autores como Karl Deutsch opinan que aquellos miembros del sistema que carecen de poder para generar o al menos modificar reglas, son “despreciables” desde el punto de vista del análisis teórico. Deutsch, Karl y Burton, John, International Relations: a General Theory, (Londres, Cambridge University Press, 1965). Ver también Deutsch, Karl, The Nerves of Government. Models of Political Communication and Control, (New York, The Free Press, 1966).

[385] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1963), pág. 254 y ss.

[386] Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973), Cap. III.