Realismo Sistémico Estructural

 

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Capítulo VI

El Poder y la Justicia

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

La justicia, no es una variable dependiente de los conceptos éticos, sino del poder; de la estructura de poder del sistema y los valores alrededor de los que se establece el orden que instauran los poderosos. Las instituciones internacionales lo muestran. Estas son una representación institucionalizada de la estructura de poder, no son “el poder”. Son las que se encargan de mostrar los parámetros dentro de los cuales la estructura considera como aceptable las acciones de los miembros del sistema en las diferentes áreas temáticas.

Como se trata de un sistema cuya característica más significativa es la “descentralización asimétrica”, el rol de “árbitro supremo” lo cumplen los más poderosos y no existe -mientras dure ese sistema- posibilidad de que haya “árbitro” por encima de ellos. Esto también se ve reflejado en las instituciones internacionales, cuya “funcionalidad” tiene que ver con las características estructurales del sistema.

El “realismo” no es negador de la justicia, las normas y las instituciones; sólo plantea que no deben considerarse en forma abstracta, sino con el poder necesario para alcanzarla e implementarla.

Las demandas de justicia, en ningún caso deberían afectar el “equilibrio sistémico” ya que, en el ámbito estatal, afectan la “gobernabilidad” poniendo en tela de juicio la existencia y continuidad del sistema político dominante y en el internacional a la estructura dominante, por lo que se pone en peligro la supervivencia del sistema.

De esta manera, se observa que, en situaciones límite, el sistema -quienes lo controlan y conducen - busca privilegiar el orden por sobre la justicia. El Capítulo VII de la Carta de la ONU es un reflejo de esto. Lo primero y central, es la restauración del orden; de la justicia, se encargará más delante -o no se encargará-, ya que ésta será administrada por los propios ordenadores -del sistema-.

De esta manera, los “débiles” tienen pocas o nulas posibilidades de alcanzar la justicia que reclaman, salvo que puedan modificar la estructura, y este no es un tema sencillo, ni en el corto ni en el mediano plazo.

Razonamientos de Platón, Tucídides, Maquiavelo, Nietzsche

La discusión sobre la justicia es el tema central de dos de los famosos diálogos de Platón: el de la República [327] y el de Gorgias [328] .

Los libros I y II de la República consignan la disputa entre Sócrates y Trasímaco -disputa de carácter universal y siempre actual-, entre los partidarios del derecho y los partidarios del poder; disputa entre quienes piensan que el poder produce derecho y que la justicia, por ende, es simplemente conveniencia para los intereses del poderoso. Trasímaco sostiene, en la República, que “la justicia no es más que el interés del más fuerte”.

En los diálogos entre Calicles y Sócrates en el Gorgias, el primero dice que los que establecen las leyes son los débiles tratando de atemorizar a los hombres más fuertes y a los capaces de poseer mucho, para que no tengan más que ellos. La naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más.

Para Sócrates no se puede llamar a la misma persona indistintamente mejor y más poderosa. No es preciso que los débiles obedezcan al más fuerte, y que los más poderosos sometan a los débiles porque lo establece la ley de la naturaleza. El de Sócrates es un juego retórico, en el que la razón es más importante que la realidad.

El tema central de discusión tal vez, debería ser cómo lograr la justicia si se es débil y no caer en una retórica acerca de la verdad. En esto, si se es realista, no cabe duda que hay que acumular poder, independientemente del concepto que Calicles tiene de lo que es un poderoso.

La tesis ateniense es que si hay dos dioses, individuos o Estados, cualesquiera, y uno supera a otro en poder, entonces el poderoso necesariamente dominará. Lo que les interesa ante todo a los atenienses es aquello que pueden ver con sus propios ojos: que este es el nomos humano, el uso o costumbre que prima entre los hombres. El término griego nomos significa también “ley”, de allí que haya quienes sostengan que los atenienses formulaban aquí lo que se suele llamar “la ley del más fuerte”, entendiéndola como el derecho que tendría el fuerte a dominar al débil.

Calicles en el Gorgias de Platón sostenía una teoría normativa destinada a justificar moralmente ciertos actos de agresión o dominación. Tenía la convicción de que obedecer la ley de la naturaleza no sólo era provechoso, sino también correcto. Creía en el derecho natural del más fuerte y por lo tanto pensaba que cometer injusticia era algo malo desde la perspectiva de lo convencional, no de lo natural [329] .

Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, relata en detalle el encuentro que hoy llamaríamos de “diplomacia unilateral”, realizado entre los enviados prepotentes de Atenas y los representantes de Melos [330] . Atenas explica que no puede permitir que Melos permanezca neutral, ya que no saben si en el futuro cambiarán de posición y se unirán a su enemigo Esparta. Los atenienses le dicen a los Melos:

“Ustedes bien saben, como lo sabemos nosotros, que el derecho, tal como funcionan las cosas en nuestro mundo, es solamente asunto entre iguales en poder, puesto que los más fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben.

Si los atenienses en el Diálogo de Melos estuviesen formulando una teoría normativa estarían violando las restricciones que ellos mismos introdujeron al comienzo del diálogo. El axioma formulado por los atenienses no es normativo sino fáctico. No dice que los fuertes tengan derecho a dominar a los más débiles, sino que esto es simplemente lo que ocurre siempre e invariablemente. Es algo que ha existido y que existirá, a tal punto que si las relaciones de poder cambiaran y los melios llegaran a ser poderosos, éstos harían exactamente lo mismo.

El argumento aparentemente más realista de los melios frente a las presiones de los atenienses, es que los espartanos vendrían en su ayuda para evitar la deshonra, es decir, motivados por un imperativo moral. Aquí el tono se torna sarcástico. Confiar en Esparta es, al igual que la fe en lo divino, mera doxa, opinión infundada, que denota ingenuidad, inocencia y, por ende, necedad o tontería. Los espartanos usan un doble standard. Cuando se trata de su comportamiento al interior de la polis, se ajustan a la excelencia o rectitud moral, pero cuando se trata de relaciones exteriores no sólo persiguen su propio interés sino que desnaturalizan el lenguaje: consideran noble lo que les gusta y justo lo que les conviene.

Es lo mismo que con EUA, que tiene un doble standard, al interior habla de democracia aunque luego del 11 de septiembre del 2001 se ha hecho evidente que no lo cumple y hacia fuera hace uso de todo su poder para imponer su voluntad o la de sus aliados.

Los atenienses vuelven a darle a los melios una lección de realismo [331] . El actuar por motivos morales, el hacer algo porque es noble y justo, siempre implica riesgos. Los atenienses se preparan para concluir las negociaciones con un resumen y una exhortación. A la cordura oponen “la irracionalidad del pensamiento” y ésta consiste en fijarse como meta el evitar la deshonra. La desaparición de una polis, cuando ésta pudo evitarse, es para los atenienses el peor mal.

Los melios antepusieron la ética como moral -qué está bien y qué está mal-, por sobre la ética política -medir la consecuencia de los actos: “prudencia”-.

Los atenienses plantean:

“Quienes no ceden ante sus iguales -quienes luchan por sus derechos cuando hay equilibrio de fuerzas-, quienes se comportan bien ante los más fuertes -quienes no ofrecen resistencia ante una potencia superior- y son mesurados con los débiles -tal como los atenienses lo son con los miembros de la Liga de Délos-, esos son los que más prosperan. Examinen esto y cuando nos retiremos recuerden una y otra vez que ustedes están deliberando por su patria, que es única, y que depende de una sola decisión afortunada o desacertada.

Los melios hicieron caso omiso y los atenienses iniciaron hostilidades.

El problema no sólo es de los melios, sino también de los atenienses. Cuando los melios propusieron mantenerse neutrales, los atenienses argumentaron:

“Si un Estado no domina a otro, entonces se presume que éste no es lo suficientemente fuerte como para dominarlo”.

Caso de EUA con los países periféricos; por ejemplo el bloqueo a Cuba.

Pero, así como el imperio cuida sus intereses y somete al débil, porque si no lo hace éste creería que no puede; el débil debe cuidar sus propios intereses y no los del imperio y hacerle creer que no es peligroso, mientras busca estrategias adecuadas para alcanzar sus objetivos.

Por otra parte, de la percepción de falta de fuerza deriva a su vez la posibilidad de que los dominados se rebelen y dejen de serlo. Otra inferencia que también aparece implícitamente en la discusión, es que los fuertes hacen lo que les permiten sus fuerzas y los débiles no tienen más remedio que someterse. Si los fuertes no logran imponer algo, entonces esto se debe necesariamente a que los que parecían ser débiles en realidad no lo eran. Fuerte es, por definición, el que domina a otro o es capaz de rechazar a quien quiera dominarlo a él.

La teoría por su pretensión de describir el mundo tal como es y no como debería ser, queda también inmunizada frente a cualquier objeción moral. No se trata de que sea bueno o justo que los fuertes dominen a los débiles. Es sencillamente lo que sucede invariablemente.

Otra referencia al axioma sobre el uso del poder aparece en Tucídides [332] , pero esta vez no es un ateniense el que habla sino Hermócrates, un líder siracusano que previendo la invasión ateniense, exhorta a los sicilianos reunidos en Gela [333] en el año 424 a.C., a oponerse a ella. Les dice que no hay que censurar a quienes buscan dominar a los demás; más bien, lo que hay que hacer es impedírselo, pues es un principio indiscutible que en virtud de la naturaleza humana el fuerte domine al débil: que los atenienses pretendan obtener esos beneficios y que tomen sus medidas para ello es cosa perdonable, y yo no censuro a los que desean mandar, sino a los que están demasiado prestos a obedecer; pues por naturaleza la condición humana tiende por doquier a mandar sobre el que cede, pero a guardarse del agresor [334] .

Pero no sólo se necesita poder sino “voluntad de poder”. Pensar que se está bien, es no tener voluntad de cambio.

Los melios al negarse a ceder ante los atenienses estarían también cumpliendo con un uso natural, con un nomos, que regula el quehacer humano: resistir, o al menos, defenderse. Defenderse es natural, pero Tucídides no habla sobre cómo defenderse.

La retórica de la justicia imperial, es que los débiles no tienen nada que hacer enfrentados a la forma descarnada de realismo político que le plantearon los atenienses.

Hermócrates acepta que existe una tendencia de los fuertes a dominar, pero también una tendencia de los débiles a defenderse. Ambas son naturales.

Maquiavelo en el siglo XVI planteaba una perspectiva basada en el derecho natural, en el que los fuertes tienen el derecho a imponer su sentido de justicia. El derecho que el poder otorga, no el que permiten las normas.

Para Maquiavelo el concepto de seguridad prevalece al de justicia. Este es el mismo concepto utilizado por las grandes potencias en su accionar internacional y el que está inscripto en el Capítulo VII de la Carta de la ONU.

Es el concepto esgrimido por Israel en su conflicto con los Palestinos. También el del gobierno colombiano de Alvaro Uribe, al justificar su incursión en territorio ecuatoriano en ocasión del ataque al campamento de Raúl Reyes la madrugada del 1º de marzo del 2008, indicando que la soberanía territorial debe condicionarse a los problemas de seguridad. La tesis de Uribe que esgrimió sobre el tema en la Cumbre de Río, en República Dominicana, reconoce que “se viola la soberanía cuando hay una incursión al territorio”, pero también “hay violación de soberanía cuando desde el otro país (Ecuador) un grupo terrorista dispara contra los ciudadanos del país vecino (Colombia)” [335] .

La seguridad se deriva del equilibrio y estabilidad entre fuerzas, pero como deja al margen las consideraciones éticas, no recurre a su fundamentación en la “justicia”, sino que se derivaría de un cierto “orden”. Su teoría política se preocupa por la seguridad, más que el poder; pero “los hombres no pueden garantizar su seguridad más que con el poder” [336] . Maquiavelo, se acerca a la idea de Trasímaco, de que la justicia es de los más poderosos [337] .

Para Nietzsche, también “la justicia es la buena voluntad entre quienes son aproximadamente igual de poderosos” [338] .

Visto desde estas perspectivas, a los débiles no les queda otro recurso que “construir” poder, sin que esto sea percibido por los poderosos; de otra manera jamás alcanzarán la satisfacción de sus demandas.

Factores que Favorecen la Dependencia y el Subdesarrollo, o Permiten la Autonomía

¿Cómo se explica que países como Gran Bretaña o Japón que, careciendo de recursos estratégicos como los que disponen los países sudamericanos, “hacen lo que pueden”, mientras que países como Argentina -u otros latinoamericanos- con todos los recursos naturales, estratégicos y no estratégicos de que dispone, “sufren lo que deben”.

¿Qué ventajas comparativas tienen países como Gran Bretaña u otros países de Europa occidental o Japón, para alcanzar niveles de potencia, aun careciendo de recursos naturales; o dicho en otros términos, de qué ventajas comparativas carecen países como Argentina o los de América Latina, que con todos los recursos de que disponen, no logran salir del subdesarrollo y la dependencia?

No se trata de recursos naturales, sino humanos. El pueblo, las élites pensantes y dirigentes en países como Gran Bretaña -u otros europeos- o Japón -más allá de aciertos y errores-, tienen un sentido del patriotismo del que carecen pueblo, élite pensante y dirigente en la periferia, que están más enfrascados en mirar y venerar lo externo, que ocuparse heurísticamente de lo interno.

El patriotismo [339] , no debe ser una venda que provoque el choque con el poderoso y su dominación como resultante, como en el caso del Diálogo de Melos, sino el motor movilizador en el sentido de hacer del país algo mejor, con criterios de prudencia. Esto puede implicar ciertos vínculos de dependencia en el corto-mediano plazo, pero no como un fin.

Los procesos de dominación no son resultante unilateral de los imperios, sino co-resultado de la aceptación ingenua, cómplice o corrupta de los periféricos. En Gran Bretaña o Japón no existe criterio de servilismo más allá de la rendición de este último, que no significó entregarse; por el contrario, inmediatamente de rendido, comenzó a planificar el Japón que conocemos hoy, sin por ello oponerse o confrontar con EUA.

En algunos países latinoamericanos, particularmente Argentina, hay mayor orgullo de la “pertenencia” europea -por sus raíces étnicas generadas por la inmigración- y vergüenza por ser latinoamericanos, lo que ha hecho que, no sólo este país, sino la gran mayoría de países latinoamericanos se mantengan aislados del resto y muy cerca de los hegemones, debilitando toda generación conjunta de poder, en una gran crisis de identidad no resuelta.

La construcción de poder requiere de una identidad clara, conciencia de que se es dependiente y deseo de romper con esa situación y voluntad de desarrollo independientemente de la ideología dominante.

En la periferia se “sufre lo que debe” porque se tolera no sólo a los corruptos-que no son personajes aislados, sino emergentes de la sociedad- y vende patria, sino también a los golpistas que, durante la etapa de la “guerra fría” en nombre de la lucha contra el comunismo, han subordinado a los países a los intereses económicos y de seguridad del hegemón y han apuntalado a una élite económica que adoptó modelos externos en aras de su propia conveniencia en vez de generar modelos de desarrollo adecuados para el país. El subdesarrollo en América Latina, Africa o Medio Oriente tiene más raíces internas que externas.

La historia no son sólo los hechos, sino también los procesos y fenómenos [340] .

Para Charles Morazé [341] , los fenómenos están por sobre los hechos en sí. El hombre es el eje, a diferencia de Braudel [342] en el que la naturaleza es central y el hombre es secundario. Para Morazé “la historia debe ser estudiada en función del hombre, beneficiario y rector del progreso; aunque no sea necesariamente la medida de todas las cosas, al menos sólo por él adquieren las cosas su valor. La huella de su paso es difícil de descubrir; no la de los individuos excepcionales, cuyas actitudes, evolución psicológica y eficacia de decisiones son objeto de gran número de documentos, sino la del hombre medio”.

La historia mostrada por Tucídides, muestra una lógica, basada en lo que él llama el “determinismo de las leyes naturales”, pero buscando una forma equilibrada de poder avanzar sin desconocerlas ni ser sometido por ellas.

Hay que pensar que el dicho que plantea “el fuerte hace lo que puede el débil sufre lo que debe”, es en el contexto de una obra que va más allá del Diálogo de Melos y que comprende el tema de la necesidad de que no sólo las colonias, sino el Imperio-Atenas-actúen con prudencia. Por la falta de prudencia generada -en términos de Tucídides-, por la ambición extrema y el orgullo inmoderado, Atenas fue derrotada por Esparta en el 404 a.C. [343] . Melos es a las colonias lo que Sicilia -batalla final en la que cae definitivamente la metrópolis- es al imperio.

Para Gómez-Lobos, Tucídides sugiere en el Diálogo de Melos, una conexión histórica entre la arrogancia de Atenas en esa oportunidad y la destrucción total de su imperio unos años más tarde [344] .

La inmediatez de la acción guiada, o bien por deseos materiales o bien por principios más o menos abstractos, se contrapone al intento de moderación en una acción que antepone la prudencia a la justicia, que no niega la posibilidad de contradicción entre ambas, y que trata de contrarrestar la posible fatalidad de la reacción, intentando controlar la causalidad. De acuerdo con Tucídides, la falta de consideración de las consecuencias de la acción es lo que lleva a los resultados nefastos. La ambición y la codicia para Tucídides, son los factores que hacen que el poderoso pierda la prudencia [345] . Los imperios sólo sobreviven cuando “entienden sus límites”.

Paz, Orden y Equilibrio de Fuerzas

La paz y el orden internacional son una “función” [346] del equilibrio de fuerzas o, en otros términos, de una distribución de poder aproximadamente igual entre la mayoría de las naciones o una combinación de naciones -esto desde ya, en el “tope” del sistema-; a la vez que de la forma en que exista y se ejerza resistencia desde la “periferia”. Este equilibrio no opera automáticamente, sino que requiere que los participantes estén permanentemente alertas, para que los principios del equilibrio operen [347] .

Esto funciona, en tanto los gobiernos en el “tope” de este “sistema de equilibrio” acepten formar parte de un “sistema común de pautas, leyes y formas” que debe ser la base de la política del equilibrio de fuerzas; a la vez que la resistencia de los subordinados se encuentre dentro de un marco razonable -parámetros de cambio o “normas transformantes” en términos de Kaplan- que no genere cambios substanciales.

Los cambios objetivos en el contexto internacional, que incidan en el sistema de relaciones global, pueden traer como consecuencia cambios en la “constelación de poder”.

A esta “constelación de poder” hay que verla, no sólo desde la perspectiva de las relaciones entre los actores polares [348] , sino también de las relaciones entre éstos y la periferia [349] . Desde este último punto de vista deben analizarse, fundamentalmente, las relaciones coloniales y hegemónicas, así como las conductas de resistencia desde “abajo”.

De todas formas, a la complejidad de las relaciones “Norte-Norte” que deben verse vinculadas con las relaciones “Norte-Sur” hay que agregarles la complejidad, no sólo de las relaciones “Sur-Sur”, sino también los fenómenos que en este último caso se dan, como la emergencia de nuevos Estados, resultado del proceso de descolonización, que ha sido una de las grandes características del siglo XX especialmente en su segunda mitad; así como la emergencia de nuevos Estados, consecuencia de la “fragmentación” o “desintegración” de otros; y a la mayor complejidad de la emergencia de “nuevos actores” mundiales “no estatales” como los transnacionales en sus distintas manifestaciones que van desde actores “con fines de lucro”: empresas, banca, etc., hasta actores “sin fines de lucro”: Organizaciones No Gubernamentales, etc., que muestra que no sólo se modifica la “constelación mundial de poder”, sino que se produce un fenómeno de “difusión” o “atomización” del poder, provocando modificaciones en el orden.

Posibilidad del Orden Justo

Resulta muy complejo que haya un punto de equilibrio, entre la distribución del poder, el establecimiento y mantenimiento del orden, y la administración de justicia -en términos equitativos y distributivos-.

Los sistemas internacionales, en términos históricos, han reunido el requisito de establecer pautas de orden-“pax”: pacificación- a través de sus ordenadores, pero este orden ha tenido como característica, que se trata del resultado de la “imposición” por parte de uno o de algunos pocos que concentran el poder entre los miembros del “tope” del sistema -uno (sistema unipolar con orden imperial); dos (sistema bipolar, con orden basado en la pugna por la supremacía de una ideología); o varios (sistema multipolar, con un orden basado en el equilibrio y el balance de poder)-, generando pautas de justicia, según los principios establecidos por los ordenadores, de acuerdo con las características del funcionamiento de cada sistema.

El problema generalizado es que ese orden distribuya justicia, en términos equitativos, para todos, y no desde el punto de vista y según los principios de los ordenadores -que, a su vez, son Estados-. Al no haber un “poder central” [350] que opere como “árbitro supremo”, los Estados polares son “tratados” de manera desigualitaria a su favor, en su beneficio, ya que no hay posibilidad de exigirles el cumplimiento de las normas -que por otra parte, ellos promovieron- o sancionarlos por incumplimiento, al no haber una “autoridad suprema” -salvo la de ellos-.

Para alcanzar el objetivo de una mayor justicia en el orden, tendría que hacerse mediante una “ecuación” muy compleja, que permita un equilibrio entre distribución de poder, establecimiento de orden y administración de justicia. En términos teóricos esto es factible -ver Gráfico sobre “Posibilidad del Orden Justo”- pero, en la práctica, resulta muy difícil y complejo; por ello, al tratamiento de esta temática lo he denominado “teorema”, ya que puede plantearse, aunque resulte difícil de resolverlo.

Surgen una serie de problemas que, al menos debemos enunciar, para ver de qué forma pueden resolverse:

1) El primero de todos tiene que ver con el grado de “concentración/difusión” de poder.

Cuanto más alta es la “concentración” de poder en pocos miembros del sistema, menor la cantidad de “ordenadores” y mayor la de receptores de los “ordenes de reparto”.

2) Esto nos lleva a un segundo problema, que tiene que ver con cómo se alcanza una mayor “difusión” de poder.

Este es un tema que lo plantearon Keohane y Nye en su trabajo sobre la “interdependencia compleja” [351] , pero que no aportaron respuestas. Sólo “presumieron” que se había terminado la etapa de los “hegemonismos” y se iniciaba una nueva de “difusión de poder” e interdependencia compleja. Si bien hubo difusión de poder, particularmente en los ´70, cuando se dio el fenómeno del impacto OPEP y el surgimiento del “transnacionalismo”, no se llegó al fin de los hegemonismos [352] . La tesis de los autores, no se planteaba cómo alcanzar difusión de poder, sino cuán peligroso era esto para potencias como EUA.

Gráfico 15 Concentración-Difusión de Poder

Concentración-Difusión de PoderQueda por resolver el problema de la “percepción” de la élite dirigente -y pensante- de las “potencias menores”, acerca de los procesos, a los efectos de aprovecharse de las debilidades hegemónicas de los “líderes mundiales”, con el objeto de aumentar su autonomía.

3) Un tercer problema tiene que ver con ¿cuán abarcativo es el orden en cuanto a cantidad de actores con rol de “ordenadores” y áreas temáticas que comprende?

Esto es variable, dependiente del grado de concentración/difusión del poder.

4) Un cuarto problema, es ¿cuán distributiva es la justicia?

Si se analiza el tema de la justicia, está en último lugar, ya que lo primero es el grado de concentración/difusión de poder; le sigue el orden, que es la resultante de los “ordenadores” y éstos son tantos como “concentración/difusión” de poder haya. Por último, la justicia está subordinada al orden vigente. Cualquier reclamo fuera del orden vigente, es “desordenador” por lo tanto “desequilibrante” del sistema.

No cabe duda que el poder es la variable crítica y cuando no se tiene, el ingenio debe reemplazarlo. De todas formas, ambos -poder e ingenio- son escasos.

Teorema del Poder y el Orden

En un sistema internacional, en el que el poder de generación de pautas de régimen lo tienen unos pocos -el resto sólo puede resistirse, pero no generar reglas; cuanto mucho modificarlas-, la única alternativa para que el orden contemple las aspiraciones de la mayoría, es que haya una mayor “difusión” del poder [353] .

La modificación de las pautas de poder, en términos de mayor difusión, genera “desorden”. Todo cambio tiende a desordenar-reordenar. Los ordenadores que detentan el poder, buscarán permanentemente que no haya difusión del poder. Tratarán por todos los medios de establecer mecanismos fragmentadores para que la periferia no maximice poder a través de alianzas estratégicas u otras metodologías individuales, a la vez que procurarán imponer gobiernos o apoyar a gobiernos que sean funcionales a estos criterios.

El poder es la variable crítica generadora y “mantenedora” del orden, y el orden vigente tiende a conservarse a través de los mecanismos de mantenimiento, generados por sus ordenadores [354] . Este es el mecanismo utilizado por el Capítulo VII de la Carta de la ONU.

Todo lo que salga de estos parámetros -“normas transformantes” del sistema- resulta “antisistémico”, por lo tanto es sancionable. Operan las pautas establecidas por las “líneas de control intra-hegemónico”. De aquí se saca como corolario que, para que sean legítimos los cambios, se requiere del poder suficiente. En última instancia, el poder no sólo es la variable crítica para “modificar” el orden vigente, sino también la variable “legitimadora”. Esto es lo que hace que el gobierno de EUA o sus aliados europeos estén preocupados por la “proliferación” de ciertos países que no forman parte de su “club nuclear” como Irán o Corea del Norte, mientras ellos proliferan. Es que son los “árbitros supremos”: el poder los legitima.

Teorema del Orden Justo

El orden está primariamente preocupado por la supervivencia; mientras que la justicia lo está por lo ético.

La ética del orden es, como mínimo, la supervivencia, tendiendo al logro del interés propio (naturaleza humana). La supervivencia no se maneja con la justicia sino con la satisfacción de la propia necesidad primaria [355] .

La búsqueda de la justicia dentro de un orden, genera desorden, provocado por los cambios. Por otra parte, el status quo favorece la “justicia de los ordenadores” que para la mayoría del resto puede resultar en injusticia.

Este teorema está íntimamente ligado al anterior, porque se necesita poder suficiente para modificar el orden y alcanzar la justicia en términos distributivos y equitativos.

Gráfico 16 Posibilidad del Orden Justo

Orden Justo

Toda esta actividad “subvierte” el orden, trayendo las consecuencias de una acción sancionadora, a través de la intervención directa de los ordenadores, o mediante la utilización de mecanismos institucionales, generados a través de acuerdos internacionales -v.gr.: OTAN, TIAR, Pacto de Varsovia, ONU, OEA,. etc.-.

La Justicia en Tucídides

En lo que hace a la temática de la justicia, Tucídides no se sirve del deber ser para juzgar al ser, sino que juzga al ser a través de los criterios del ser, sin descuidar el deber ser, pero dejándolo en el terreno del idealismo. En el “ser” actúan fuerzas que podemos controlar y fuerzas que no podemos controlar, por lo que resulta impredecible la manera en que puede actuar o reaccionar el débil y el poderoso.

La forma en que se arbitra la defensa y la seguridad tiene más que ver con criterios empíricos, que con reglas. El que la contraposición entre poder -del dominante- y resistencia -del dominado- no derive en una situación de hostilidad, depende de la forma en que se aplique el poder de un lado y del otro. Tucídides está en desacuerdo con los extremos, ya que autonomía y determinismo mostrarían el punto de conexión -indefinido- entre el realismo y el idealismo, lo que permitiría, a través de la prudencia, la autonomía.

La justicia estaría vinculada a la idea de moralidad. Sólo podemos mantener la noción de moralidad en la medida en que dejemos de pensar en la moralidad como la voz de la parte divina de nosotros mismos y pensar en ella como miembros de una comunidad. Podemos mantener la diferencia entre la moralidad y la prudencia si pensamos en ella no como una diferencia entre un llamamiento a lo incondicionado y un llamamiento a lo condicionado, sino como una diferencia entre un llamamiento a los intereses de nuestra comunidad y un llamamiento a nuestros propios intereses privados, que posiblemente están en conflicto.

Coincido con el planteo que hace Kimana Zulueta cuando se pregunta ¿qué clase de cosas son aludidas en política internacional, cuando se invocan el derecho, la justicia, la libertad, la democracia…? Las relaciones internacionales tienen mucho de los dichos entrecruzados con los hechos. Los dichos y los hechos no siempre se corresponden de forma unívoca, sino equívoca. Lo que se enseña en muchos casos se corresponde con un ideal, pero no con la realidad: pero ¿cuál es la “realidad real”? [356]

Richard Rorty dice que no tenemos ningún acceso permanente a la verdad; todo lo que tenemos son los vocabularios que creamos. Para él, la verdad no existe independientemente de la mente humana, debido a que las aseveraciones no pueden existir o estar ahí afuera [357] . El mundo está ahí, pero la descripción del mundo no. Sólo las descripciones del mundo pueden ser “verdadero” o “falso”; el mundo por sí mismo no puede lograrlo sin la ayuda de las actividades descriptivas de los humanos. Por lo tanto, no descubrimos la verdad, sino que la hacemos con nuestro lenguaje [358] .

Michel Foucault, separa y analiza las estructuras de la realidad y cómo las ciencias humanas la tratan, siguiendo sistemas discursivos. Para Foucault, la “verdad objetiva” se confunde con el “discurso del poder” [359] .

¿Cómo tomar conocimiento real de las leyes naturales entonces?

Michel Foucault [360] dice que no se toma conocimiento directo -de las leyes naturales-, sino a través de las “prácticas humanas” en las que se mezclan: poder, conocimiento, ética, como generadores de identidades y diferencias; la forma en que hacia “adentro” el ser humano busca subjetivarse, a la vez que hacia “afuera” busca diferenciar, mediante técnicas de dominación. En ambos casos utilizando el poder genera una subjetivación y una objetivación, de la misma manera en que Nietzsche hablaba de voluntad de poder” en términos de autorrealización, de “ser” y autoafirmarse [361] .

De esta forma hay diferencia entre la realidad que está fuera del ser humano y el proceso discursivo que utiliza el ser humano para operar en esa realidad, ser sí mismo y diferenciarse de los demás de manera tal de conservar su lugar en el mundo y el poder.

Para J. J. Rousseau, las leyes naturales también surgen a la vista a través de las actitudes humanas. Las conductas cooperativas, del mismo modo que la ambición y la desconfianza forman parte de la esencia de los seres humanos [362] . Su diferencia con Spinoza [363] , es que mientras que para éste la conducta humana está relacionada directamente con su naturaleza imperfecta, para Rousseau está relacionada a la imperfección de la organización social.

Más allá de todo, lo real es que independientemente de la retórica y el discurso, las leyes de la naturaleza están ahí y no pueden ser soslayadas.

Para Tucídides, la derrota de Atenas por Esparta, como resultado final de la Guerra del Peloponeso, es el triunfo de la “ambición impaciente” por sobre la “racionalidad”. Esta es su manera de mostrar cuál es el grado de presencia, incidencia y de contundencia de las leyes naturales.

La posibilidad de lograr un equilibrio entre naturaleza y racionalidad -razón vs. pasión- pareciera lejana, debido a la cantidad de contextos que hay que tener en cuenta, la cantidad de situaciones y de discursos. De todas formas, está la posibilidad, dentro de la indefinición y ésta posibilidad estaría dada por la “prudencia”.

La narración de Tucídides trasciende lo concreto para tratar de establecer una forma de evitar el fracaso, haciendo ver que hay que tomar conciencia de la falta de certeza sobre el punto exacto entre racionalidad y pasión. Esto puede ser resuelto, en cierta medida, siguiendo los criterios de Hobbes, mediante la capacidad, la astucia, la inteligencia, por sobre todo por la experiencia.

No es la ética la que establece los límites, en términos de principios morales, sino la prudencia, en términos de realismo que, sin negar los principios morales, tiene en consideración las consecuencias como el elemento guía. La idea de justicia no es negada, sino sacada del lugar de lo necesario para ponerla en el lugar de lo posible.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[327] Platón, La República, (Buenos Aires, Edic. Libertador, 2005).

[328] Platón: Diálogos. Volumen II. Gorgias, (Madrid, Editorial Gredos, 2003), ISBN 978-84-249-0081-6.

[329] Platón: Diálogos. Volumen II. Gorgias, (Madrid, Editorial Gredos, 2003), ISBN 978-84-249-0081-6.

[330] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro V, Capítulos 84-116.

[331] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro V, Capítulos 107 y 109.

[332] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro IV Cap. 61.

[333] Comunidad siciliana.

[334] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro IV, Capítulos 58-64.

[335] Marcia, Facundo, Tensión en la Cumbre de Río, en BBC Mundo en español, 7-3-2008, http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_7284000/7284382.stm. También, Marcia, Facundo, “Cuando hay Voluntad se Puede”, en BBC Mundo en español, 9-3-2008, http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_7285000/7285984.stm.

[336] Maquiavelo, Nicolás, Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio (Madrid, Alianza Ed., 1987), pág. 29.

[337] Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, (Buenos Aires, Marymar, 1974), Cap. XVIII.

[338] Nietzsche, Friedrich, Genealogía de la Moral (Barcelona, Ed. Laia, 1981), Disert. 1 Cap. 13.

[339] Hablo en los términos de Nietzsche o Tillich de autorrealización y autoafirmación, no de patriotismo faccioso e intolerante o pueril.

[340] Este es el eje del relato de Tucídides en su “Historia de la Guerra del Peloponeso”; trata de sentar un precedente para que los gobernantes futuros no cometan los errores de Atenas.

[341] Morazé, Charles, La Lógica de la Historia (Madrid, Siglo Veintiuno de España, 1970).

[342] Braudel, Fernand, La Historia y las Ciencias Sociales, (Madrid, Alianza Editorial, 1968).

[343] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro VIII (63-72) y (89-98).

[344] Gómez-Lobos, Alfonso, El Diálogo de Melos y la Visión Histórica de Tucídides, en Revista Nova Tellus, Universidad Nacional Autónoma de México, Nro. 7, 1989, págs. 9-31. Alfonso Gómez-Lobos es Ph. D. (Munich). Profesor en la Universidad de Georgetown y Director del Programa de Estudios en Grecia de la misma Universidad. Para Gómez-Lobos es altamente probable que el Diálogo de Melos -por las características de los relatos- haya sido escrito después del año 404 a.C., es decir, con posterioridad a la derrota final de Atenas.

[345] Es la situación vivida por EUA en la guerra de Vietnam en los ‘70, así como en Afganistán e Irak en la actualidad.

[346] Son dependientes de cómo esté estructurado el equilibrio de fuerzas. Para ello es importante conocer la estructura del sistema mundial vigente. Ver la parte dedicada a la estructura.

[347] Ver Morgenthau, Hans, The Danger of Détente, en “The New Leader”, October 1, 1973.

[348] Para un análisis en profundidad de las relaciones entre los actores polares y la configuración de poder resultante, que condiciona el tipo de sistema y de orden mundial, ver, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998),  el capítulo correspondiente a estructura y el de los “Ejes de Relacionamiento Mundial”.

[349] Ver Stoessinger, John G., El Poderío de las Naciones, (México, Gernika, 1980), págs. 83 a 89 passim.

[350] El único momento en la historia en que se puede decir que la comunidad internacional fue centralizada, es durante la etapa de la Edad Media, en que el poder de la iglesia por sobre los principados, actuaba como un “mediador” y “ordenador”, al la capacidad de quitar el poder al príncipe mediante la excomunión. Esto comienza a resquebrajarse hacia el siglo XVI, con el surgimiento del Estado-Nación, ya que el rey puede lograr mayor autonomía interna y externamente, romper la subordinación que tenía con el Papa. Ver Puig, Juan Carlos, Irureta, Hugo, Colombo de Imaz, Delia, Historia Política Contemporánea (1914-1939), (Buenos Aires, Edic. de los Autores, 1968), pág. 14.

[351] Keohane, Robert O. y Nye, Joseph S., Poder e Interdependencia: La Política Mundial en Transición, Buenos Aires, GEL, 1988).  Traducción. Herber Cardoso.

[352] Este tema lo analicé en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. VI.

[353] Ver Gráfico sobre “Posibilidad del Orden Justo”; ver capítulos dedicados a la “Problemática del Poder” en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998).

[354] Ver más atrás “equilibrio” y también “líneas de borde intra-hegemónicas” o “líneas de control intra-hegemónico”.

[355] Ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, Mc Graw-Hill, 1978), particularmente Cap. III.

[356] Zulueta, Kimana, Realismo Consecuencialista: Una Crítica a los Absolutos, www.aecpa.es/congreso_05/archivos/area1/GT-01/ZULUETA-Kimana(UAM).pdf.

[357] No confundir con el “idealismo” de Platón en su “Mito de las Cavernas”; para Rorty hay una “realidad” afuera de la mente del hombre.

[358] Rorty, Richard, Contingency, Irony, and Solidarity, (Cambridge, Cambridge University Press, 1989). También Rorty, Richard, Philosophy and the Mirror of Nature, (Princeton, Princeton University Press, 1979).

[359] Foucault, Michel, “The Subject and Power,” en Huber Dreyfus and Paul Rabinow, “Michel Foucault: Beyond Structuralism and Hermeneutics”, (Chicago, University of Chicago Press, 1982), págs. 208-213.

[360] Foucault, Michel, Un Diálogo sobre el Poder, (Madrid, Alianza, 1981). Ver también Foucault, Michel, “El Orden del Discurso”, (Barcelona, Tusquets Editores, 1999) Trad. A. González Troyano, donde analiza las complejas relaciones entre el saber y el origen del poder. Asimismo Foucault, Michel, “La Historia de la Sexualidad”, (Madrid, Siglo XXI, 1977) Tres Tomos. Igualmente Foucault, Michel, “Vigilar y Castigar”, (Madrid, Siglo XXI, 1973).

[361] Nietzsche, Friedrich, Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La voluntad de poder como amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[362] Rousseau, J. J., Discurso Sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres, (Valencia, Ediciones Tilde, 1997), 2da. Edición, págs. 197, 221-223.

[363] Spinoza, Baruch, Etica Demostrada Según el Orden Geométrico, (Madrid, Tecnos, 2007).