Realismo Sistémico Estructural

 

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Capítulo V

El “Motor Direccionador” y el “Motor Propulsor”

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Interés y Poder

Es el concepto de interés considerado en términos de la medida del poder de que se dispone para alcanzarlo, lo que permite abstenernos de llevar a cabo políticas erróneas; porque de la misma manera en que comprendemos que otros actores se manejan en función de sus propios intereses en la medida de sus poderes, debemos hacer lo propio, y manejarnos en función de nuestros propios intereses en términos del poder -y las limitaciones- del que disponemos.

Para el realismo, el interés forma parte de las constantes en la forma de relacionamiento entre los individuos o los grupos. La idea del interés es inmutable, lo que se modifica -con las circunstancias de tiempo o de lugar- es su contenido. Es el contexto político y cultural vigente en un momento histórico el que modifica la idea del interés [271] . Es lo mismo que el contexto que determina al poder. Dependiendo de las circunstancias de tiempo y de lugar, el poder puede consistir en cualquier cosa que establezca y mantenga el control del hombre sobre el hombre o de los grupos entre sí.

Tucídides en la Historia de la guerra del Peloponeso, decía que lo único duradero entre los individuos o los grupos es la identidad de intereses o la ausencia de conflicto entre ellos. Se refería a las causas naturales y a la conducta del hombre para explicar el devenir histórico, antes que como mero producto de la fatalidad o la intervención de los dioses. Al analizar los hechos, fue más allá de lo anecdótico para buscar las motivaciones personales de los protagonistas de los mismos, sus ambiciones y sus temores [272] .

Lord de Salisbury, Secretario de Estado para Asuntos Externos y de la Commonwealth del gobierno británico, entre 1878 y 1889 tomó de Tucídides la idea y dijo: “Gran Bretaña no tiene amigos ni enemigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes”. El Reino Unido venía manteniendo una política exterior que aplicaba el principio del equilibrio” recogido en el Congreso de Viena de 1815. El objetivo de esta política era evitar el expansionismo de cualquier potencia europea, que pusiera en peligro su hegemonía.

George Washington a su vez, erigió al concepto de los intereses permanentes, como un principio general de su gobierno. Estaba convencido de que el interés era el principio rector y que casi todos los hombres, en mayor o menor medida, estaban bajo su influencia. En su opinión, causas de orden público pueden hacer que los hombres actúen, momentáneamente, de manera desinteresada, pero esto no modifica las conductas esenciales. Para él, habría que cambiar la esencia humana en gran parte, antes de poder cambiar de ruta y cambiar la esencia no es posible. Decía que ninguna institución puede tener éxito, si no construye sobre la verdad originaria de este concepto [273] .

Para Max Weber, las acciones de los hombres, se ven dominadas por intereses materiales e ideales más que por ideas, aunque las imágenes del mundo -cosmovisión- creadas por estas ideas han servido de incentivo para determinar las vías donde el dinamismo de los intereses continua impulsando a las acciones [274] .

El Poder como Variable Central

Ser-Afirmarse-Imponerse

La naturaleza humana, que constituye la raíz de las leyes que manejan a la política, no ha variado a lo largo de la historia de la humanidad, independientemente de los factores culturales y los acontecimientos civilizatorios. Su existencia y su vigencia, dependen de la “voluntad de poder” [275] .

No estoy haciendo referencia al poder o a la voluntad en el sentido “competitivo” que se les da en la época moderna, sino a la idea de “autorrealización” y al alcance y logro de las propias potencialidades.

Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos [276] .

El poder es una expresión del proceso vital, independientemente de que se puede utilizar con otras finalidades, más allá de la “supervivencia”.

En el gráfico sobre el Sistema Internacional Estratificado, se busca mostrar la configuración de poder del sistema -cualquiera sean sus características-, expresado en la “estructura” en el gráfico sobre la Simulación del Proceso de Génesis y Evolución del Orden Mundial.

Lejos de considerar al poder únicamente como un término “insultante”, que ha de ser aplicado a nuestros enemigos -en términos de que ellos están movidos por el poder, en tanto que a nosotros nos motivan únicamente la benevolencia, la razón y la moralidad- empleo la palabra como descripción de un aspecto fundamental del proceso vital. Si desdeñamos el factor de poder, tal como se tiende a hacerlo generalmente como reacción contra los efectos destructivos del abuso del poder, perderemos valores que son esenciales para nuestra existencia [277] . En este sentido, el “poder”, tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia -lo mínimo a lo que se puede aspirar, en términos de Hans Morgenthau- y la satisfacción de las necesidades.

Gráfico 12 Sistema Internacional Estratificado

Sistema Internacional Estratificado

Los países periféricos se encuentran mayoritariamente en esta condición, por lo que sus élites pensantes y dirigentes deberían desarrollar procesos heurísticos que les permita avanzar más allá de la supervivencia, de manera tal de alcanzar inserciones más favorables [278] .

La palabra poder deriva del latín potere”, que significa “ser capaz”. Al nacer, emergen en nosotros los aspectos cooperativos y de apego por la existencia, junto con los aspectos competitivos y de poder. No es mediante la abdicación de nuestros poderes, sino usándolos de manera afirmativa y positiva, como llegamos a “ser” en el mundo.

Nadie, naturalmente, tiende a “subordinarse”; en última instancia, hará creer que lo hace, para alcanzar su objetivo y evitar que otros -con más poder- lo impidan [279] . Buena parte de la vida humana puede ser considerada como el conflicto entre el “poder” por una parte, en términos de formas efectivas de influir sobre los otros, logrando así en las relaciones interpersonales e intergrupales la sensación de la propia significación, y la “impotencia” por la otra [280] .

Gráfico 13 Política Exterior

Política Exterior

No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de mantener o alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo.

Pero el concepto de poder no sólo se aplica al ser y la vigencia de los actores, sino también a la posibilidad de acción y relacionamiento de los mismos. Como mencioné más arriba, no existen normas, ética, orden o justicia sin poder. Pretender la autonomía de aquéllas del poder, es considerar que normas, ética, justicia u orden existen y se sostienen per sé. Desde el punto de vista del realismo, esta visión genera una falsa imagen de cómo funciona un sistema, cómo se ordena o como se alcanza la justicia.

Los miembros del sistema se manejan en función de sus propios intereses, y los procuran o respaldan en función del poder de que disponen. Esto nos muestra un sistema que no tiende naturalmente hacia el bien común ni al orden, sino hacia los intereses de cada miembro, en forma asimétrica, dependiendo del poder del que dispongan. Esta es la idea básica de “anarquía” del sistema, en el que cada miembro tiende hacia sus propios intereses, en vez de “converger” hacia un orden acordado.

Poder y Política

Esto también hace inteligible a la política exterior. El interés de los decisores está, en primer lugar con los del país [281] , más que con el bien común o el orden mundial. No hay motivos éticos -en términos de moral- en la elaboración de la política, sino de interés nacional en el caso del Estado-Nación o de interés corporativo en el caso de empresas, banca, organizaciones de la sociedad civil, etc. La ética juzga la calidad moral de los motivos humanos, en cambio la ética política, juzga las cualidades políticas del intelecto, de la voluntad y de la acción. Mide las consecuencias positivas o negativas de esos actos. Tucídides advertía sobre la importancia de tener en cuenta a la historia como un modelo a seguir y no cometer los mismos errores, sea por parte del imperio, como por parte de las colonias [282] .

Gráfico 14 Grandes Poderes y Orden Mundial

Grandes Poderes

Frente a una lógica excluyente, cerrada, existe también una lógica relativista, acogedora, abierta. Es esta última lógica la que trata de poner sobre la mesa Tucídides, para explicar qué sucedió con Atenas en la guerra del Peloponeso, y para avisar a posteriores hacedores de la política internacional, para no cometer los mismos errores, que llevaron a la caída. Con este fin, Tucídides contrapuso a la vía preponderante (que llevó a la caída del imperio) otra vía secundaria, alternativa, de acción, que expresa una posibilidad entre muchas. Estableció una estructura y los mecanismos para su ruptura.

Pensando en términos de interés, lo que importa es el “poder” para obtener lo que buscamos o necesitamos y la “regla” es que “otro” no disponga de ese poder para imponernos, impedirnos o alcanzarnos sacando ventajas. Caso contrario, debemos competir o confrontar -pugnar-. La guerra fría es un modelo de pugna entre intereses y poderes -relativamente simétricos-, en la que se privilegió la “seguridad” entre los “polos” enfrentados, subordinando a sus intereses a los miembros “periféricos” en forma asimétrica.

En este caso, la seguridad es uno de los intereses privilegiados; de ella, junto al concepto de territorialidad e imperium es que se estableció la idea de “soberanía” -en términos “westfalianos”-. EUA identificó la política externa con la seguridad nacional. Tal vez los países periféricos deberían identificar su política externa con “autoafirmación y desarrollo”.

Otro interés privilegiado es el de no carecer de recursos estratégicos y quedar a merced de quienes los tienen [283] . Gran cantidad de conflictos tienen que ver con el control de recursos estratégicos. Parte de la expansión y colonización europea en el Siglo XIX, especialmente en Africa, tuvo que ver con el control de recursos estratégicos y mano de obra barata o esclava; de la misma manea que con el dominio de las rutas marítimas para obtener estos recursos y esclavos -mano de obra sin costo- y poder exportar sus manufacturas; razón por la cual el “liberalismo” era la ideología privilegiada y no otra. Lo mismo se puede decir, en el Siglo XX-XXI, de la presencia de EUA en el Medio Oriente y sus intervenciones y/o presiones sobre países como Afganistán, Irak, Irán, etc., o el interés en controlar gobiernos en América Latina bajo el lema de defensa de la democracia [284] .

En este caso, el intervencionismo fue legitimado por EUA a través de una moral, que en la guerra fría fue la cruzada anticomunista de Harry Truman y George Kennan. Para Truman la política de contención al comunismo -esbozada por Kennan [285] - fue la forma de satisfacer la seguridad y encontrar una vía, o bien de acrecentar su poder, o al menos, de mantener un equilibrio de poderes. Posteriormente y durante prácticamente cincuenta años, se conoció como la “guerra fría”. Para George W. Bush, la lucha contra el terrorismo. Así, la “moral” de la política exterior de EUA ha sido “nosotros” y “ellos”, los “buenos” y los “malos”, los “libres” y los “opresores”, los Estados “normales” y los Estados “fallidos” y EUA como el único que puede salvar al mundo [286] .

La integración europea ha sido la forma, en la post segunda guerra mundial, de dar pasos progresivos hacia la “construcción -solapada- de poder” frente al superpoder de EUA, que les impedía participar activamente en las decisiones del mundo occidental, y frente al peligro soviético; y a posteriori, para hacer frente a la crisis petrolera generada por el “impacto” OPEP en 1973, atendiendo a las propias debilidades por carecer de recursos estratégicos como el petróleo.

Situaciones que Favorecen las Conductas Antisistémicas

Niveles de Poder

De acuerdo con Rollo May [287] , hay cinco niveles de poder que se hallan presentes como potencialidades:

1) El “poder de ser”, que tiene que ver con la “existencia”. Este poder es básico para la supervivencia y la satisfacción de las necesidades. Hans Morgenthau habla en términos del “interés nacional mínimo” que tiene que ver con la “supervivencia”. Una Nación o un pueblo no puede aspirar a menos que eso [288] .

La carencia de poder genera “impotencia”, que termina siendo el motor disparador de conductas anti-sistémicas, aunque esto no ocurre en todos los casos. El “carácter nacional” o la predisposición para actuar o reaccionar de una manera determinada, es un factor a considerar en esto y va desde la total subordinación hasta la búsqueda de salidas autonómicas prudentes o carentes de este ingrediente.

La “creación” de poder es importante, ya que no se puede participar de un juego, en el que sólo se cumplen reglas, pero no se pueden modificar. Eso es como no tener control sobre los propios recursos y que la política exterior sea una constante reacción frente a “impactos externos” en términos de Morton Kaplan.

Autores como Carr [289] abordan esta temática, cuando se plantean una profunda crítica al idealismo plasmado en la S de N que derivó en la Segunda Guerra Mundial, ya que el derecho internacional público no fue el dique de contención a las luchas por el poder entre las potencias internacionales, así como tampoco sirvió para resolver los problemas de los débiles. Carr centró su estudio en las realidades del poder y la búsqueda de autonomía y por sobre todo de justicia por parte de la gran periferia. En su época ya hablaba de fortalecer los lazos transnacionales, no entre los Estados-Nación, sino más bien entre los individuos que, sin importar sus orígenes, compartían intereses comunes por los cuales luchar a escala global, fenómeno para lo cual utilizó el ejemplo del Movimiento de los Trabajadores y que en la década de los ‘70 sería retomado por autores como Joseph Nye y Robert Keohane, enmarcados en la interdependencia compleja y el transnacionalismo.

La Cumbre del Milenio de Naciones Unidas (2000) ha puesto de manifiesto que estos planteamientos son de plena actualidad, pero también queda en evidencia su dificultad. Al observar que el Estado se ve “demandado” por un lado, por las exigencias que le impone la “globalización” y por el otro, por los planteos que se establecen en la Cumbre del Milenio para resolver los problemas sociales, se llega a la conclusión de que acceder a las demandas de uno, es contradecir las demandas del otro, ya que ambos son incompatibles. El Estado, se ve imposibilitado de resolver los problemas de la gente; ésta debe recurrir a otras formas, tales como la organizaciones de la sociedad civil [290] .

2) El “poder de la autoafirmación”. No sólo hay que ser, sino también afirmar el ser, alcanzar un desarrollo adecuado. Ya no se trata de la supervivencia, sino de alcanzar un nivel determinado en un contexto social o dentro de un sistema, como el internacional, por ejemplo. El reconocimiento es importante, y no se obtiene, para el caso de los Estados, meramente en forma diplomática, sino en función del poder que se tenga o se alcance para operar en un contexto competitivo y conflictivo y tener capacidad, al menos, de modificar las reglas. En el caso de las sociedades, recibir la atención para sus demandas de parte de quienes los gobiernan. La insatisfacción en estos casos, genera reacciones, con frecuencia, violentas.

En relaciones internacionales se ha utilizado el concepto de “autodeterminación” o la elección de la vía propia, buscar eliminar o, al menos, sortear los obstáculos que impiden el propio desarrollo. La autodeterminación no es un derecho que se concede jurídicamente, sino que se alcanza a través de la creación propia de poder.

3) El “poder de la autoaserción”. Cuando la autoafirmación no produce los resultados buscados, se actúa de forma tal de que sea inexorable que los demás entiendan qué se busca. Es una forma de reacción frente a la imposición de que no se pueda ir más allá de lo que se obtiene o se nos es dado.

4) La “agresión”. Cuando la autoaserción es bloqueada, como pasa con muchas minorías -ejemplo: los judíos, o los palestinos, los negros en la Sudáfrica del apartheid, los indígenas en América Latina, etc.- surge una forma más enérgica de reacción. A diferencia de la aserción, que traza una línea y se orienta en la dirección de lo que pertenece, la agresión es una forma de “penetración” en las posiciones de poder o en el territorio de otro y una toma de posesión de parte de esos territorios por el agresor. Se trata de una fase del comportamiento, que existe como potencialidad en todas las personas y, por ende, grupos sociales y que, si se da la situación adecuada, puede desencadenarse en acción.

5) Cuando todos los esfuerzos dirigidos hacia la agresión son ineficaces, se produce la explosión primaria que se conoce como la “violencia”. La situación se hace trágica, cuando muchos pueblos se ven colocados en una situación en la que se les hace imposible lograr significación. Los negros en EUA o en la Sudáfrica del apartheid constituyen uno de los ejemplos más conocidos, en los que la autoafirmación resultaba prácticamente imposible; también la situación de los indígenas a lo largo de América Latina. En la medida en que la gente se encuentre sometida a un estado “semihumano”, habrá agresión y violencia.

La fuente de la violencia debe ser vista como respuesta a una situación que se percibe como bloqueando y excluyendo toda otra forma de reacción.

El mantenimiento de la “ley y el orden”, en muchos casos, son formas de mostrar que no es dado ningún tipo de reacción “fuera de la ley” ya que sólo el Estado tiene el monopolio “legítimo” de la violencia; al menos de la coerción, pero esto esconde situaciones de injusticia que derivarán necesariamente en una explosión de violencia.

El abuso del mantenimiento de la ley y el orden bajo el justificativo de que se debe operar dentro de parámetros aceptables -lo que comúnmente se esconde bajo el término de “gobernabilidad”, sin perjuicio de la legitimidad del concepto-, es un motor de desorden.

La “gobernabilidad” en el contexto internacional, se maneja con parámetros ideológicos, de forma tal de mantener “disciplinados” a los miembros de la periferia y no se conviertan en anti-sistémicos. No sólo hay que proteger al sistema -los que lo conducen- sino también la ideología del sistema.

Lo que la sociedad puede llegar a hacer, no lo hacen los Estados ya que, por un lado se los margina para debilitar toda posibilidad de que puedan generar daño al sistema y, por el otro, se busca instalar grupos funcionales en el poder, de manera tal que frenen toda posibilidad de reacción: el apoyo al gobierno blanco, pese al apartheid en Sudáfrica, ya que eran un bastión para la lucha contra el avance soviético en la región; la cantidad de golpes de derecha en América Latina bajo el lema de “cruzada contra el comunismo”; etc.

Que gobiernos como el de Salvador Allende puedan favorecer el avance del comunismo, genera dudas, más allá de que las reglas deberían manejarse de forma tal de que los cambios de gobierno -y de políticas- sean a través de las urnas, no generando golpes de Estado; pero que gobiernos como el de Perón (1946-55) o el de Arturo Illia (1960-63) por ejemplo, favorecieran el avance comunista no resulta creíble. Lo que sí ha ocurrido, es que los golpes que los derribaron, permitieron el ingreso de empresas y banca extranjera con ventajas para ellas no para el país y prebendas para los golpistas. La lucha contra el comunismo en realidad fue el justificativo para la represión social; lo relevante son las políticas económicas que se adoptaron, favorecedoras de los intereses de las empresas y banca extranjera instaladas en el país a costa del debilitamiento del Estado. Lo mismo ocurrió en el resto de América Latina [291] .

El Poder de la Autoafirmación

Friedrich Nietzsche dice: “allí donde encontré seres vivos, encontré la voluntad de poder”. Cuando Nietzsche proclama la “voluntad de poder” [292] , no se refiere ni al “poder” ni a la “voluntad” en el sentido competitivo de la época moderna, sino más bien a la autorrealización y al cumplimiento de las propias potencialidades. Esto mismo ocurre con las naciones, que de alguna manera requieren del poder para “ser” y autoafirmarse como tales frente a otras, a la vez que lograr sus propios objetivos. Para Nietzsche el poder es una expresión del proceso vital.

En el Príncipe, Nicolás Maquiavelo contextualizando en la lucha entre reinos y la coyuntura de la formación del Estado Moderno, visualiza los conflictos entre los nacientes Estados-Nación por autoafirmarse y también por imponerse [293] .

Para Tillich, el poder es necesario en el sentido de la “autoafirmación dinámica de la vida”. Poder significaría la forma en que una voluntad busca realizarse, no en el sentido de dominio sino de autoafirmación. Para Tillich “el ser es el poder del ser” [294] .

Poder y fuerza son diferentes. Cuando hay coerción o compulsión hay “fuerza”; poder significa la capacidad, en primer lugar, de manejar lo propio frente a las aspiraciones de los otros, además de afectar a otros, de influir sobre ellos y de cambiarlos. El poder es siempre interpersonal; si es puramente personal entonces es “fuerza”. Hay algunas situaciones de poder en las que la fuerza, o la coerción o la compulsión es parte integral del poder. Una de ellas es la guerra.

Hay un poder “positivo” y uno “negativo”. El poder positivo se entendería como “potencia” como posibilidad de afirmación, de logro; se transformaría en “resistencia” en algunos casos de reclamo o demanda por situaciones de insatisfacción o de injusticia. El poder negativo se entendería como el “represivo”, poder de policía. Tiende a impedir [295] . También podría hablarse del “antipoder” que es el desarrollado por aquellos que forman parte del establishment o se benefician de él o sus políticas y que no permiten que haya “resistencia” o la rechazan de forma tal que aparezca como un “delito”.

Poder como Dominación

En la medida de lo posible, se hace uso del poder para alcanzar el objetivo de dominación y si es dable, total; y para ello se esgrimen principios o una ideología que justifiquen y/o encubran la aspiración de dominación. En el proceso, la ideología permite la conformación de una contradicción entre principios y las realidades. La forma en que en América en general se ha tratado a los indígenas para quedarse con sus tierras llegando a “genocidios” es un buen ejemplo. Hay una negación del poder o un disfraz de su uso, a partir de hitos históricos de formación del Estado, donde pareciera que era necesario llegar a eso.

La ideología es interpretada en términos de “símbolo” [296] , que del griego significa “lo que acerca uniendo” y es lo que establece el vínculo entre los humanos [297] . Una sociedad requiere un lenguaje común y conceptos comunes. Cuando no se hablan los mismos “lenguajes” ni existe la misma comprensión conceptual, se da el conflicto y la violencia [298] .

El concepto de ley y orden es manejado de forma tal que “mi orden” [299] se convierte en “derecho”, sea éste la supremacía del blanco, la supremacía de occidente, etc. La ley y el orden se transforman, de esta manera, en un instrumento de expansión y a la vez en una justificación del mantenimiento del status quo. Esto es lo que genera injusticia y provoca situaciones de inflexibilidad, ya que impide el cambio necesario como para que ocurran los reacomodamientos que satisfagan a los que tienen demandas. Esto, por su parte, contribuye a exacerbar la violencia desde el lado de los insatisfechos y a provocar actitudes revolucionarias [300] .

Tucídides en su Guerra del Peloponeso [301] dice que, una ciudad no puede gozar de un régimen democrático en su interior e imponer su prepotencia tiránica hacia fuera. El imperialismo, en todas sus formas, es incompatible con una auténtica democracia. Los atenienses no dejaron de cobrar conciencia de ello y Cleón acabó por expresar su convicción de que “la democracia es incompatible con los métodos necesarios para mantener el imperio” [302] .

Esto deja ciertos corolarios:

1) Uno de ellos es que, para mantener la dominación, el hegemón necesita tener gobiernos funcionales en la periferia.

2) Otro corolario es que, los gobiernos de países periféricos que sostienen la dominación e ideológicamente la legitiman con una élite pensante funcional a ello, nunca van a llevar a cabo políticas que saquen al país de su situación de subordinación y dependencia. Tiene que darse cierta “atadura” entre dominantes y dominados, para que este proceso perdure.

Poder y “contra-poder” o resistencia

El poder básico surge de la necesidad de un individuo o un grupo de “hacerse valer”. El hombre no se convierte en un “sí mismo” sino en la medida en que puede saberlo, afirmarlo, hacerlo valer; lo mismo pasa con una Nación. A menos que se dé un verdadero enfrentamiento o la posibilidad de un verdadero enfrentamiento, como destaca Paul Tillich [303] , el poder de ser permanece oculto.

El poder de ser se pone de manifiesto en las continuas luchas del ser contra el no-ser, como lo expresa Tillich, quien considera como no-ser todos aquellos aspectos que niegan y destruyen el ser y que incluyen el conformismo, que destruye la peculiaridad y la originalidad; la hostilidad, que reduce el coraje, la generosidad y la capacidad de entender al otro; la destructividad y, finalmente, la suerte misma [304] .

El monstruo arrollador del Estado sigue su marcha sin prestarle atención al pueblo [305] . Hans Morgenthau decía que: “El gobierno de las mayorías, por el cual los hombres han luchado durante siglos, ha creado una situación en la cual se encuentran más impotentes, más ineficaces que hace 150 años para influir sobre su gobierno.” El estado de impotencia en el que se ve sumergida la gente, incuba una agresión que será fuente de violencia. Al despojar de poder a la gente, se promueve la violencia y no el control de la misma. Se la despoja de poder, al impedirle el logro de sus necesidades básicas, al reprimirla por sus reclamos. La violencia es la expresión de la impotencia [306] .

Hay situaciones más graves aun, que son el resultado de la violencia del prejuicio y la marginación que genera el racismo u otro tipo de prejuicios humanos, utilizados como política, como el “apartheid” en el caso sudafricano o el “racismo contra los negros”, o el “muro fronterizo” con México en el caso de EUA o el “muro” de Israel con los palestinos, sin dejar de lado otras situaciones como los crímenes de lesa humanidad en el caso de los armenios por los Turcos o de los judíos por la Alemania nazi. Mucha de estas situaciones fueron o son “políticas” o búsquedas para la dominación; como mínimo, del mantenimiento de un status quo para que impere la “ley y el orden”. En el caso de la lucha de los negros por sus derechos civiles en EUA, han sido tratados como violentos, en vez de considerar como violento al racismo. Igualmente el caso de los negros en Sudáfrica y su lucha contra el apartheid. Para los gobiernos de EUA o de Gran Bretaña, era mucho más importante el rol del gobierno blanco en Sudáfrica en su condición de bastión en la lucha contra el avance del comunismo soviético-cubano en la región, que el problema del “apartheid”. En algunos casos son situaciones culturalmente aceptadas, como el racismo resultante de un supuesto nacionalismo que otorga derechos que favorecen la violencia [307] .

Este es un tema importante para entender los procesos de dominación y también los procesos de resistencia. Ambos tienen que ver, desde perspectivas diferentes, incluso opuestas, con el tema del poder.

Una situación peor que la violencia que se puede dar en una sociedad, la constituye el hecho de que sus miembros se encuentren en la condición generalizada de falta de poder de expresión o de logro de las aspiraciones o de satisfacción de las necesidades básicas y no poder encontrar la forma de resolverlo. La sensación de no tener un lugar en su propia sociedad. Esto genera una explosión de violencia, como la dada en EUA por movimientos negros o en Sudáfrica por grupos anti-apartheid, por ejemplo. Pero también, muchas de las movilizaciones de resistencia que se han dado en países de América Latina, como el sandinismo en Nicaragua, el FMLN-FDR en El Salvador o las FARC y el ELN -entre otros- en Colombia, o los grupos indígenas en diferentes países de la región, tienen que ver con esto.

Poder y Orden

El orden, visto desde la perspectiva idealista, debe ser dado por normas que el hombre genera a partir de una “convergencia de voluntades”. Para el realismo no es así.

El orden, para el realismo, no es la resultante de una “convergencia” de voluntades, sino de mutuas represiones “en forma asimétrica” [308] . El orden está subordinado a la “configuración de poder” [309] . La tendencia entre los miembros polares del sistema, es a la búsqueda de la “supremacía” por sobre el resto, en la medida de lo posible; si no se puede o en caso de que las ventajas del otro u otros -actores polares- sean importantes, se busca el “equilibrio” con el objeto de lograr un “status quo”: que el otro u otros no avancen más de lo que lo hicieron a la vez que uno no deba retroceder más de lo que ha debido hacerlo.

Por “abajo”, los miembros “periféricos” del sistema, tratan de acomodarse, de forma tal de evitar los procesos de dominación, o al menos que éstos no los limite en sus capacidades y aspiraciones y, en la medida de lo posible, modificar su status quo, de forma tal de “ascender” dentro de la estructura del sistema [310] . Las potencias polares o las dominantes no polares, tratarán de evitar por todos los medios las conductas de “resistencia” o “desobediencia” y cualquier aspiración de modificar el status quo vigente [311] .

La política exterior, abarca y transita por todas estas situaciones.

Tucídides y el Poder

Muchos, interpretando literalmente las palabras de Tucídides en el “Diálogo de Melos” [312] , consideran que el dicho: los poderosos hacen lo que pueden los débiles sufren lo que deben”, implica “sometimiento” del más débil al más fuerte liso y llano.

Eso es el resultado de una pereza intelectual.

De acuerdo con Hobbes, dentro de las leyes naturales, está la de que un hombre no puede renunciar al derecho de resistirse cuando siente que está en peligro su existencia. Dentro de esta ley natural, está la astucia para saber cómo reaccionar de forma tal que su defensa no implique ir en contra de su existencia o seguridad, porque el hombre elige por naturaleza el mal menor, que es el peligro de muerte al resistir, antes que el mayor, que es la muerte cierta y presente al no resistir [313] .

¿Qué sufrimiento merece el que es débil, atendiendo a la frase de Tucídides? Cuando habla de “sufrir lo que se debe”, no está hablando de un mandato, sino de la falta de prudencia del débil, de su ingenuidad ante la idea de esperanza de que algo va a ocurrir que volcará las cosas a su favor. En este sentido, se trata de una ilusión, de una falta de realismo [314] . Pero también tiene que ver con la ignorancia, con la incapacidad o la falta de astucia para realizar acciones que permitan modificar el status quo del que se encuentra en situación de inferioridad o de subordinación.

Sufren lo que deben, los que son incapaces de pensar por sí mismos y permiten que otros piensen y decidan por ellos -en el terreno cultural e intelectual, la desnacionalización y la adopción de criterios externos, en vez de “adaptarlos” para buscar el beneficio propio, como ha hecho, por ejemplo, Japón-. Ese es el objeto de la acción externa y de la política exterior sino, se sufren las consecuencias [315] .

Para lo que hay que prepararse es para alcanzar la autonomía en condiciones adversas, no para depender del hegemón, ya que esta condición es la dada. Al hegemón no hay que otorgarle lo que desea, sino hacerle creer que se acepta la subordinación mientras, subrepticiamente, se buscan caminos estratégicos para la autonomía. La capacidad para lograr la autonomía se desarrolla aprendiendo a enfrentar las dificultades, acumulando experiencia suficiente como para operar con astucia. Las ideas, son fuerzas. Recostarse en la idea de dependencia, alimenta la debilidad [316] .

La gran mayoría de los países periféricos “sufren lo que deben” porque sus poblaciones, su élite pensante y dirigente -que no sólo son emergentes de esas poblaciones sino que, a su vez, tienen incidencia sobre el destino de ellas-, están pendientes de los valores y pensamiento externo, desvalorizando y desechando el pensamiento, las potencialidades y las capacidades internos o la posibilidad de su desarrollo autónomamente o tomando como modelo lo externo, pero “adoptándolo” como frecuentemente se hace, en vez de “adaptarlo” en beneficio propio.

“Sufren lo que deben” quienes son incapaces de pensar o suprimen la posibilidad de alternativas a la situación de subordinación y dependencia en la que se encuentran; quienes confunden la condicionalidad de la dependencia con la condicionalidad de la prudencia; quienes dejan en manos de otros su propio destino, sin ejercer controles o buscar alternativas propias; los que confunden destino con fatalidad -contra lo que está Tucídides, cuando dice que no son los dioses sino las leyes naturales las que controlan el devenir histórico- en vez de considerarlo como una construcción de futuro. Los pueblos pueden tener conductas dependientes, porque dejan en manos de sus dirigentes su destino, pero éstos y los grupos pensantes, no pueden tener conductas ni pensamientos dependientes; su función es llevar adelante al país hacia un mejor destino [317] .

“Sufren lo que deben”, los pueblos que desprecian o descuidan el desarrollo científico; no sólo desde el punto de vista de la inversión, sino también del apoyo y la utilización del conocimiento; los que no piensan porque el poderoso lo ha hecho por ellos y lo consideran, a ciegas, como la mejor alternativa; los que dejan que los corruptos los gobiernen, sin controlarlos; particularmente porque los corruptos no son seres extraños que cayeron inadvertidamente, sino que son emergentes de una sociedad transgresora y sin parámetros de convivencia. La falta de ética es factor de subdesarrollo. “Sufren lo que deben”, los pueblos que esperan que llegue el líder, el caudillo para que los salve, sin hacer nada por sí mismos; los que tienen espíritu dependiente y débil; las sociedades que carecen de dirección y proyecto propio y dejan en manos de otros, su destino.

Para Albert Einstein, pensando en la necesidad de un Estado judío -que en esos momentos no existía- y en el conflicto con los árabes, la incapacidad de coexistencia entre ambos pueblos significa no haber aprendido nada durante los dos mil años de sufrimiento y por lo tanto, los judíos, “merecen” todo lo que les suceda: “Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos” [318] . ¿Deben los Palestinos someterse, por el hecho de ser débiles, más allá de la justicia de su reclamo? ¿Su reclamo deja de ser justo porque es hecho a través de actores como Hamas? ¿Si no fuera Hamas el actor reclamante, los Palestinos alcanzarían el objetivo de su propio Estado? Durante la etapa de Arafat, no lo lograron.

Los que sufren lo que deben no son predestinados; hay ciertas condiciones que se dan, que tiene que ver con lo cultural e incluso lo religioso, y también con las características de la élite dirigente y pensante.

La posibilidad de que un grupo social “sufra lo que debe” o se oriente en la dirección de salir de la situación de dependencia y lograr una mayor autonomía, está íntimamente relacionado, en términos de Hans Morgenthau con el “carácter nacional” o la predisposición de una Nación, -no de un gobierno en particular- a reaccionar de una manera determinada u orientarse en una dirección que la beneficie o no [319] . Esto mismo es visto desde otra perspectiva por Raymond Aron, cuando habla de la “naturaleza de las comunidades”, para mostrar cómo una sociedad tiene capacidad para actuar o no en un contexto mundial complejo y hostil. Dependiendo de la naturaleza social, Raymond Aron considera que se adoptarán conductas de subordinación o de expansión [320] . Herbert Kelman hace referencia a esto desde la perspectiva de las “características societales”, para mostrar la predisposición de una sociedad a reaccionar de una manea determinada [321] . Autores como Alfred Fouillée también han trabajado la predisposición de los grupos sociales, según su cultura y características civilizatorias a orientarse en la dirección del sometimiento y el no hacer nada, dejando en manos del destino todo, o reaccionar en busca de la libertad [322] .

La construcción de poder, implica salvar todas estas situaciones, lo que es una tarea mayúscula y sumamente difícil de encarar.

¿Buenos y Malos? ó ¿Poderosos y Débiles?

La historia de la humanidad se ha dedicado a esconder, desde distintas perspectivas, las diferencias entre poderosos y débiles a través de la idea de buenos y malos. Esta radicalidad tiene sustento en conceptos de origen religioso que afirman que la sociedad se divide en buenos y malos: los buenos son los que gobiernan y dirigen y los malos los que se oponen a ellos.

Lo que ha llevado hacia esta postura radical de enfrentamiento es una idea milenaria que se ha puesto de manifiesto en distintas culturas a lo largo de la historia, con mucha fuerza en Oriente, pero también en Occidente. Se trata del dualismo cosmogónico. Es una dicotomía que separa y confronta la realidad y como tal juzga también a las personas porque piensa que hay dos principios primigenios contrapuestos: el bien y el mal.

Es cierto que tenemos cierta tendencia al dualismo por nuestra espontánea percepción dual de las cosas; el problema surge cuando vemos las cosas como contradictorias, sin posibilidad de términos medios. En lógica estudiamos que en las relaciones de oposición, lo contradictorio no admite término medio, pero en cambio, los contrarios sí. Por ejemplo, la diferencia entre vida y muerte es neta. No hay una persona media viva; o está viva, o no lo está y cuando no lo está la llamamos muerta. Estos son conceptos contradictorios. En cambio, entre el día y la noche puede haber una gradación como el amanecer o el atardecer. Entre el negro y el blanco puede admitirse una escala de grises. Estos son conceptos contrarios. La contradicción no admite equívocos. La contradicción es la clave del discurso, del pensamiento correcto, de la lógica, y se basa en un antiguo principio ontológico donde al ser se le opone el no-ser. En el pensamiento y bajo las reglas de la lógica, la contradicción evita muchos errores y absurdos, pero el plano de la realidad no es tan neto como podría llegar a serlo la formulación que se enuncia en un juicio lógico.

En la filosofía este dualismo cosmogónico ha adquirido rango ontológico en distintos momentos, como en el maniqueísmo. El dualismo plantea un juego de opuestos, que se presenta como algo intrínseco de la misma naturaleza, de tal forma que es inútil enfrentarse a ella. Esa necesidad de oposición conduce a una visión fatalista de la vida.

La clave dualista de la vida lleva a establecer categorías absolutamente opuestas, y por ende, extremistas. Si el extremismo se traslada al plano moral, sobre todo en cuestiones que admiten matices, es fácil cometer más errores que aciertos. Utilizar categorías dualistas ha sido una de las formas de facilitar el enfrentamiento y simplificar el juicio moral. Lo han utilizado no solamente las grandes tiranías de la historia, sino también muchos de los países democráticos. La estrategia consiste en catalogar como “malo” al adversario, y ver en el oponente todo lo que es malo, perverso, abominable, execrable. Por tanto, nuestra naturaleza inmediatamente busca evitarlo, eliminarlo y destruirlo.

El maniqueísmo de la perspectiva de “choque de civilizaciones” de Huntington [323] , es un ejemplo del que, seguramente surgieron también conceptos como Estados “malhechores” o “villanos” (rogue states), Estados “fallidos”, etc., nada de “Estados soberanos”.

Si uno se forma un juicio concreto y simple, bueno o malo, es más fácil aceptarlo o rechazarlo. De esta manera, es fácil conducir a la gente. Por eso tienen tanto éxito esas explicaciones simples de realidades complejas que, por supuesto no explican sino que toman la parte por el todo y la reducen. Es un tipo de sofisma. ¿Quién se niega a eliminar algo malo?, si es malo, es que no tiene que existir.

Si juzgamos a un Estado o ideología como mala, inmediatamente tomamos una postura con respecto a ella. Lo malo no nos atrae, ni nos gusta, ni nos conviene.

Para Nietzsche, los conceptos de “bueno” y “malo” no tuvieron en su origen el sentido que les ha dado la moral cristiana. “Bueno” significó aristocrático, noble, privilegiado y “malo” significó vulgar, plebeyo, bajo; justo al contrario de lo que significan en la moral cristiana. Son los poderosos, los superiores los que se consideran a sí mismos como buenos. El “malo” es el que no actúa, el que no afirma, el que no goza, es una conclusión negativa, lo que es mezquino, vulgar, la inactividad, la debilidad y la impotencia. “Bueno” es el señor, el fuerte, el creador; “malo” es el débil, el esclavo, el pasivo [324] .

De acuerdo con Nietzsche la fuerza es quien puede, la voluntad de poder es quien quiere. No se trata de buenos o malos. La voluntad de poder es el poder sobre uno mismo, algo que es necesario para la creatividad.

Es el poder -quienes lo detentan- el que decide lo que está bien o mal. Foucault hace referencia a esto en términos de “régimen de la verdad” [325] , lo correcto es lo que el poder establece que es correcto. Lo que hace que el poder se sostenga, que sea “aceptable”, en última instancia, es a través de su “discurso”. El régimen de “verdad” que impera en la sociedad, los tipos de discurso que acoge y que hace funcionar como verdaderos y falsos, el modo como se sancionan unos y otros, las técnicas y procedimientos que están valorizados para la obtención de la verdad, el estatuto de quiénes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero o erróneo [326] .

La ideología califica, pero el poder muestra la realidad.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[271] Este tema lo he trabajado a través del concepto de “Esencia y Accidente del Relacionamiento Societal e Inter-Societal”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. VIII.

[272] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989).

[273] El pensamiento de Lord Salisbury, el de George Washington, fue extraído en su esencia de Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 20-21, aunque también se ha buscado información en otras fuentes.

[274] Weber, Max, “La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo”, (Barcelona, Ediciones Península, 1997), 15ª Edición. Max Weber pertenece a la escuela estructuralista.

[275] Quien hace referencia a este concepto es Nietzsche, Friedrich, en Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La Voluntad de Poder como Amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[276] Es lo que hizo EUA durante los siglos XVIII y XIX.

[277] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, pág. 22.

[278] La búsqueda de una “movilidad hacia arriba” ha sido trabajada por Jaguaribe, Helio en “The New Interimperial System”, en Deutsch, Karl W., Fritshc, Bruno, Jaguaribe, Helio, Markovits, Andrei S. (Eds.), Problems of World Modeling: Political and Social Implications, (Cambridge, Massachusetts, Ballinger Publishing Co., 1977), Cap. X.

 

[279] Es lo que hicieron Japón y Alemania después de la segunda guerra mundial. Le hicieron creer a EUA que se ajustaban totalmente a sus lineamientos de no expandirse, mientras generaban, subrepticia o solapadamente, poder en áreas no sensibles para la superpotencia. Ese y no otro es el significado de la “prudencia”. Prudencia no tiene que ver con subordinarse, como algunos pretenden plantear, sino con buscar los objetivos propios sin generar sensibilidad en el/los hegemón/es o quien/es pueda/n sentirse afectado/s y reaccionar negativamente a nuestros intereses y aspiraciones; por más legítimos que estos sean.

[280] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 21-23.

[281] En el caso de que no tengan conductas subordinadas a sus intereses personales, traicionando el motivo para el cual fueron elegidos administradores y decisores y se manejen de manera corrupta. En ese caso, es el pueblo el que debe entender qué hacer; aunque muy pocas veces entiende y actúa, ya que en la gran mayoría de los casos no tienen conductas “participativas”, lo que facilita y alienta la corrupción.

[282] Ver su “Historia de la Guerra del Peloponeso”, (Madrid, Akal, 1989).

[283] Este interés también entra dentro del concepto de “seguridad”.

[284] Que de acuerdo con la “Carta Democrática Interamericana”, adoptada en Lima, Perú, -casualmente- el 11 de septiembre del 2001, es una democracia “delegativa” o “representativa” -que favorece la “cooptación” de los gobiernos por parte de actores externos, como en general se ha dado-, no “participativa”, como debería ser para que el pueblo pueda defender sus intereses, ejercer un mayor control y evitar las conductas corruptas de sus administradores y la injerencia solapada o abierta de otros actores.

[285] Mister “X” (seudónimo utilizado por George Kennan), The Sources of Soviet Conduct, “Foreign Affairs Journal”, July 1947.

[286] Ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order: American Foreign Policy since the Cold War, (New York, McGraw Hill, 1978), págs. 17-21.

[287] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 44-49.

[288] Morgenthau, Hans, Otro “gran debate”: El Interés Nacional de Estados Unidos, American Political Science Review, Vol. LXVI, Nro. 4, Dic. 1952, págs. 961-968. El tema del interés nacional desde el punto de vista de los que “carecen de poder” lo he estudiado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Un Tema “No Debatido”: El Interés Nacional de los Países Subdesarrollados, Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Buenos Aires, CEINAR, Vol. II, Nro. 6, Sept.-Dic. 1976, págs. 23-28.

[289] CARR, Edward H., La Crisis de los Veinte Años (1919-1939): una introducción al estudio de las relaciones internacionales, (Madrid, La Catarata, 2004).

[290] Esto lo analiza muy bien, Rezende, María José, As Múltiplas Implicações da Efetivação da Democracia Hoje: os Desafíos Vindos á Tona no Relatório do Desenvolvimento Humano de 2002 das Nações Unidas, en “Reflexión Política, UNAB, Bucaramanga, Colombia, Vol. 10, Nº 20, Diciembre del 2008, págs. 29-43. ISSN: 0124-0781. También FURTADO, Celso, O capitalismo global, (Río de Janeiro, Paz e Terra, 2001), pág. 39.

 

[291] Este tema lo he trabajado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Sistema Político Latinoamericano”, en Revista Reflexión Política, Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional Autónoma de Bucaramanga, Colombia, ISSN 0124-0781, Vol. V, Nº 10, Dic. 2003, págs. 6-30. También, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias Políticas en América Latina en el Contexto Mundial del Siglo XXI: Hacia una Teoría Política Realista-Sistémica-Estructural sobre América Latina”, en Espiral, Universidad Autónoma de Guadalajara, México, Septiembre-Diciembre del 2008, Vol. XV, Nº 43, ISSN: 1665-0565, págs. 79-121.

[292] Nietzsche, Friedrich, Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La voluntad de poder como amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[293] Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, (Buenos Aires, Marymar, 1971). Ver también, Uscatescu, George, Maquiavelo y la Pasión del Poder, (Madrid, Guadarrama, 1969).

[294] Tillich, Paul, Love, Power and Justice: Ontological Analyses and Ethical Applications, (Nueva York, Oxford University Press, 1960). Hay versión en español, Amor, Poder y Justicia, (Barcelona, Ediciones Ariel, 1970), pág. 55.

[295] Ver, Foucault, Michel, “Un Diálogo sobre el Poder”, (Madrid, Alianza Editorial, 1981), Verdad y Poder: Diálogo con M. Fontana, págs. 136-138. También Goldschmidt, Werner, Introducción al Derecho: La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Bs. As., Depalma, 1968).

[296] Símbolo, del griego συν: “con” y βαλλεν:”arrojar” que literalmente significa “lo que acerca uniendo”.

[297] Lo contrario de simbólico es “diabólico”: “lo que separa desgarrando”.

[298] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, Capítulo 3.

[299] En términos de ordenamiento, no de mandamiento.

[300] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, págs. 64-66.

[301] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro III, Cap. 37.

[302] Capelleni, Angel J., Falacias de la Democracia Representativa, en “Un Mundo sin Fronteras”, Caracas 1992, http://pushin2hard.multiply.com/journal/item/97. También, Zulueta, Kimana, Realismo Consecuencialista: Una Crítica a los Absolutos, www.aecpa.es/congreso_05/archivos/area1/GT-01/ZULUETA-Kimana(UAM).pdf.

[303] Tillich, Paul, Love, Power and Justice: Ontological Analyses and Ethical Applications, (Nueva York, Oxford University Press, 1960). Hay versión en español, Amor, Poder y Justicia, (Barcelona, Ediciones Ariel, 1970), pág. 4.

[304] Sobre este tema ver también, Galbraith, John Kenneth, “The Culture of Contentment”, (Edición del Autor). Hay versión en español, “La Cultura de la Satisfacción”, (Bs. As., EMECE, 1992).

[305] May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino, pág. 23.

[306] Arendt, Hannah, On Violence, (Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1969), págs. 7-14.

[307] El estudio de estas situaciones y cómo surgen es uno de los ejes centrales del libro de May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino.

[308] El sistema internacional es naturalmente asimétrico, toda vez que existen algunos Estados que tienen ciertas ventajas comparativas y competitivas sobre otros, sean éstas, recursos naturales estratégicos, desarrollos tecnológicos o capacidad militar, que les permite imponerse por sobre el resto. El turno de los que estén “arriba” y los que se encuentren “abajo” puede variar con las circunstancias de tiempo y de lugar, sino estaríamos perpetuados y congelados en una estructura única e inamovible. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo VIII.

[309] La configuración de poder constituye la “estructura” del sistema. Es en la estructura donde está la información sobre el tipo y funcionamiento del sistema y sus características; las “líneas de control intra-hegemónicas”. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 139-170.

[310] En términos acotados: configuración “particular” del poder emergente o vigente del sistema. Particular, porque caracteriza a un solo tipo de sistema y sólo ese. En términos amplios: configuración de poder y de dominación vigente por parte de los actores polares y de reacción y resistencia por parte de los miembros hegemonizados/hegemonizables. El tema de la estructura lo he trabajado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. X. También, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), Cap. I.

[311] Sobre la estructura y la funcionalidad en las relaciones de los miembros, ver Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, McGraw Hill, 1978), págs. 111-146.

[312] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Diálogo de Melos, Libro V (Capítulos 84-116). Historia de la invasión de la isla de Milo por Atenas en el 416 antes de Cristo.

[313] Hobbes, Thomas, Del Ciudadano y Leviatán, (Madrid, Editorial Tecnos, 1987), Capítulo XIV. Estudio Preliminar y Antología de Enrique Tierno Galván, Traducción de Enrique Tierno Galván y M. Sánchez Sarto.

[314] El idealismo como cosmovisión se plantea alternativas que están más vinculadas al deber ser, basado en principios que se sostendrían solos, por el hecho de ser justos, en vez de basarse en el poder, por ello cae en este tipo de conceptualizaciones erróneas.

[315] Sun Tsu muestra este tipo de pensamiento al hablar de que “la mejor victoria es vencer sin combatir y ésa es la distinción entre el prudente y el ignorante”, en su “El Arte de la Guerra”, (Madrid, Editorial Trotta, 2007), ISBN 84-8164-492-7. Introducción.

[316] Fouillée, Alfred, Libertad y Determinismo, (Buenos Aires, Atalaya, 1947), Cap. I.

[317] Aristóteles planteando la relación entre potencia y acto, muestra la diferencia conceptual entre libertad y determinismo. Aristóteles, Física, (Madrid, Gredos, 1995), Libro Tercero, Cap. I. Traducción: Guillermo R. de Echandía. También ver, Fouillée, Alfred, Libertad y Determinismo, (Buenos Aires, Atalaya, 1947), Cap. II.

[318] Carta de Albert Einstein a Chaim Weismann, Presidente de la Organización Sionista Mundial, el 25 de Noviembre de 1929, debido a las dudas mostradas por los judíos después del mandato emitido por la Sociedad de Naciones a favor de la creación de un Hogar Nacional judío en Palestina.

[319] Ver Morgenthau, Hans, Política de Poder entre las Naciones: La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1960), págs. 173-179.

[320] Aron, Raymond, Paz y Guerra entre las Naciones (Madrid, Revista de Occidente, 1968), pág. 31.

[321] Kelman, Herbert, Societal, Attitudinal and Structural Factors in International Relations, Journal of Social Issues, Vol. XI, Nº 1, 1955, págs. 42-56.

[322] Fouillée, Alfred, Libertad y Determinismo, (Buenos Aires, Atalaya, 1947).

[323] Huntington, Samuel P., El Choque de Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial, (Buenos Aires, Paidós, 2001). Este tema lo trabajé en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2001), págs. 119-123.

[324] Nietzsche, Friedrich, Así Habló Zaratustra, (Madrid, Alianza Editorial, 1972). También, Nietzsche, Friedrich, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La voluntad de poder como amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[325] Foucault, Michel, Un Diálogo Sobre el Poder, (Buenos Aires, Alianza, 1981), págs. 143-145.

[326] Este tema lo he trabajado en forma más extensa en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo III.