Realismo Sistémico Estructural

 

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Capítulo III

Críticas a la Teoría “Realista” de Hans Morgenthau

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Uno de los principales problemas de la teoría de Hans Morgenthau, no es que sea realista-más allá de que las críticas de la gran mayoría de los teóricos y académicos se centran en que el realismo ya está perimido y no permite explicar la realidad, proponiendo su reemplazo por otras teorías-, sino que es atomista.

Morgenthau no escribió una teoría sobre el realismo, sino una teoría sobre el poder situado desde una cosmovisión realista, siguiendo un método inductivo-empírico, a los efectos de ir construyendo, lo que llamó, un “mapa” del esquema del poder mundial de una manera dinámica.

Describió a través de seis principios las bases del realismo político, pero su preocupación central ha sido el poder como variable crítica para alcanzar los objetivos y lo incluye, junto al interés, en su segundo principio que constituye, según él, el principio central.

Para Morgenthau, el orden es el resultado de las represiones mutuas a través del equilibrio de poderes, y los más débiles deben realizar “alianzas maximizadoras” [56] para lograr sus objetivos y/o evitar la dominación.

La etapa en que escribió su teoría, el Estado-Nación aun era el actor más significativo en el sistema mundial, a la vez que decidió analizar la toma de decisiones y el poder desde una perspectiva fundamentalmente interestatal, dejando de lado o ignorando la importancia de la incidencia de la variable contexto internacional en el comportamiento de los actores y en la toma de decisiones.

Quiso crear un mapa del poder mundial partiendo de la visión de los intereses definidos en términos de poder [57] , que cada uno de los decisores, al interior de los Estados-Nación, tenía. Al no considerar la variable contexto internacional, su teoría perdió o careció de la perspectiva holista o totalizadora del funcionamiento del sistema, razón por la cual se lo ubica dentro de las corrientes atomistas, junto a otros teóricos, como Raymond Aron: realista-sociológico-histórico [58] .

Si bien el realismo, según Morgenthau, considera que el interés es la medida constante con la que debe ser juzgada y dirigida la acción política [59] , la conexión entre interés y el Estado-Nación, durante la macro-etapa en la que este actor ha sido el dominante [60] , es producto de la historia. Nada hay en el realismo que vaya en contra de la presunción de que la división del mundo en Estados-Nación no pueda verse modificada o superada por otro u otros actores que lo acompañen o lo reemplacen [61] . Para Morgenthau, estas transformaciones son la resultante de la natural evolución de la realidad.

Esto es particularmente importante, ya que a partir de la década de los ’60 del siglo XX comienzan a tener peso en las decisiones mundiales, especialmente en el terreno económico-comercial-financiero, las empresas multi y transnacionales, a tal punto que, las decisiones al interior de los Estados en materia de política doméstica y exterior, están íntimamente vinculadas a los intereses, capacidad de presión y de direccionamiento de estos actores no estatales y crecientemente no controlados por los Estados, salvo a través de “alianzas estratégicas”, llevadas a cabos por algunos países industrializados, de mutua seguridad y mutuo beneficio. Para esa misma época, aunque de manera más lenta y débil, pero efectiva igualmente, la sociedad civil organizada institucionalmente (ONG’s) se transformó en un factor de presión, direccionando las decisiones hacia sus propios intereses y aspiraciones, generando obligaciones en los Estados, en temas tales como derechos humanos, medio ambiente, etc.

El realismo como cosmovisión, sea a través de teorías clásicas o modernas -¿neorrealismo?- sigue siendo realismo. Porque cambien los actores, aumente su número o sean heterogéneos, el realismo como cosmovisión no va a cambiar.

Rehúye subordinar las decisiones a la perspectiva militar o la económica, ya que su visión del poder tiene que ver con la influencia política que un actor ejerce sobre otro -sea entre Estados, entre empresas o entre éstas y aquéllos-. A la vez rechaza toda política de subordinación gratuita. La prudencia política, es la manera de actuar estratégicamente en un mundo complejo, donde el poder es una de las variables más difíciles de obtener y manejar [62] .

Una cosa es la prudencia política y evitar confrontar con la potencia hegemónica u otros actores como empresas y banca, para eludir los costos de ese tipo de política, y otra es someterse de manera servil y gratuita, sin obtener ningún beneficio de la relación. La idea de “prudencia” está vinculada al concepto de adaptación al medio vigente, para no caer en las consecuencias que la realidad esconde en sus leyes naturales y no a la noción de resignación.

No debe confundirse el realismo político con el determinismo [63] . El hecho de que las leyes naturales sean las rectoras de la realidad, no significa la imposibilidad de lograr los objetivos, sino considerarlas como los parámetros dentro de los cuales es posible que se logren.

Los países periféricos deben llevar a cabo políticas teniendo a la prudencia como un principio central, pero deben abocarse a construir poder en busca de una autonomía de desempeño; de otra forma, siempre permanecerán en una situación de subordinación y dependencia. Esto requiere de una inteligencia política y también de una intelligentsia [64] , que muchas veces -ambas- es lo que falta en estos países.

Política Exterior Realista

Dentro de su “Política de Poder entre las Naciones”, Morgenthau trató exhaustivamente a la política exterior en sus diferentes manifestaciones, ya que se trata de la forma en que se relacionan e intercondicionan los actores en el contexto mundial y expresan sus intereses en función del poder. Para Morgenthau, independientemente de los objetivos materiales de la política exterior: adquisición o control de fuentes de materias primas estratégicas, control de rutas marítimas, cambios territoriales, etc., siempre llevan consigo un intento por alcanzar el control de la acción de los otros mediante la influencia sobre sus ideas y percepciones.

Más allá de los ejemplos históricos aportados por él, resulta interesante su tipología y su conceptualización, ya que puede ser revestida por otros ejemplos.

Para Morgenthau, la política doméstica y la internacional son dos manifestaciones del mismo fenómeno: la lucha por el poder. Tanto la política doméstica como la exterior siguen tres modelos básicos de acción política, buscando:

1) conservar poder;

2) adquirir o incrementar poder;

3) demostrar poder.

No existen divergencias en este triple modelo. No operan en forma estanca; se puede transitar por ellos, dependiendo de las circunstancias y posibilidades o se puede operar en diferentes áreas temáticas, dependiendo de la situación o conveniencia: la política, la económica, la militar, la jurídica. Se puede ceder en unos casos y avanzar o presionar en otros. En algunos casos pueden responder a situaciones reales ajenas a la voluntad del decisor y en otros a motivaciones de los decisores.

1) Política de Status Quo

Una nación cuya política exterior tiende a “conservar poder” y no al cambio de la distribución del poder en su favor, persigue una política de status quo [65] . Equivale a una política conservadora a nivel doméstico.

La Sociedad de las Naciones fue establecida con el propósito del mantenimiento de un status quo particular. Intentó mantener con vida las “alianzas” adoptadas en el siglo XIX, dentro de una organización legal general. Sin embargo, el fracaso de la S de N es la resultante de la miopía de la élite gobernante de la época, especialmente en Europa, sobre las tendencias de la estructura [66] mundial.

En el caso del sistema bipolar, el status quo es un punto en el movimiento del péndulo entre el expansionismo de los actores polares que buscan sacar ventajas y las políticas preventivas, cuando consideran que estas ventajas pueden ser perdidas. Cuando no se puede avanzar más de lo que se avanzó, lo inteligente es conservar la posición frente al resto, antes que perder espacio [67] . La guerra fría fue una etapa de constante expansión y status quo, en términos “horizontales”, entre EUA y la URSS, especialmente en el terreno estratégico-militar, y de mantenimiento del status quo en términos “verticales”, tendiente a impedir que cualquier conducta disfuncional [68] de los miembros del ámbito hegemónico, otorguen beneficios al enemigo (EUA o la URSS) [69] . El mantenimiento del status quo en una región en la que se tiene presencia hegemónica, es una forma de mantenimiento del orden, frente a las demandas o aspiraciones de los subordinados -por ejemplo la Doctrina Monroe establecida por EUA en el hemisferio [70] -.

Durante los siglos XVIII y XIX en Europa, el equilibrio de poderes ha sido utilizado con la doble finalidad del mantenimiento del status quo y también del imperialismo.

La “Pax” [71] o el “restablecimiento del orden” es una forma típica de conservación o recuperación del status quo [72] . Es procurar y lograr que todo vuelva al momento anterior a la situación conflictiva que detonó el desorden [73] . Es alcanzada a través de tratados y/o de instituciones internacionales, pero su eficacia y continuidad dependen de la vigencia de la estructura internacional y no a la inversa.

2) Adquisición o Incremento del Poder

Una nación cuya política exterior tiende a la “adquisición de un mayor poder” del que posee [74] , procurando un cambio de la relación de poder existente, o un cambio favorable en el status quo del poder, persigue una política de:

a) “construcción o adquisición de poder” -si no se dispone del mismo para alcanzar sus objetivos o la supervivencia, que es lo mínimo a lo que puede aspirar un Estado [75] -;o de

b) “expansión del poder” o una política de “imperialismo” [76] .

Se trata de actores, situaciones y posibilidades diferentes, en el caso de “crear” o “adquirir” poder, que en el del “expansionismo” o “imperialismo”.

a) Construcción o Adquisición de Poder

En un sistema [77] cuyas tendencias naturales es a la configuración estratificada, ya que algunos de sus miembros, debido a ventajas comparativas tales como, una capacidad militar, un recurso natural estratégico, una capacidad industrial o tecnológica, etc., pueden imponerse por sobre el resto [78] , los que están “arriba” tienden al mantenimiento del status quo, mientras que los que están “abajo” buscan diferentes metodologías para cambiarlo en beneficio de su mejor inserción.

La mayoría de los actores buscan la supervivencia y su consolidación como tales, en un contexto en el que resulta difícil o imposible -en el corto o mediano plazo- alcanzar sus objetivos. La gran periferia mundial se encuentra en esta situación, en diferentes grados.

Si no resulta posible la alternativa de aumentar autónomamente el poder, está la posibilidad de “agregar el poder de otros” al poder propio: vínculos horizontales [79] .

La construcción o adquisición de un recurso escaso, que pocos tienen y que resulta difícil de obtener, como es el poder, es uno de los grandes desafíos de la creatividad, para todos, pero especialmente para los miembros periféricos del sistema.

No se trata de llevar a cabo carreras armamentistas, sino de realizar políticas de crecimiento y consolidación, no necesariamente en el terreno militar. Una alianza no forzosamente es un método de converger para el mantenimiento del equilibrio de poderes frente a otro u otros, o para confrontar contra un Estado o grupo de Estados, aunque haya sido una de las formas utilizadas con frecuencia históricamente, como en el caso de los sistemas de seguridad colectivos [80] .

Se trata de una política de conveniencia, no necesariamente de principios, en la que no debe exponerse la independencia de aspiraciones y objetivos, sea frente a quien desea fortalecerse -con quien/es hay que llevar a cabo políticas subrepticias o solapadas- como con quien entabla la alianza -se debe buscar la mutua conveniencia y beneficio-.

Durante los siglos XVII y XVIII principalmente, las alianzas se realizaban ad hoc, con el objeto de participar específicamente para el propósito que se efectuó; una vez alcanzado, dejaba ipso facto de existir [81] . Otto von Bismark, se ha caracterizado por la celebración, a nombre de Prusia, de este tipo de alianzas, en un contexto en el que era el Estado más débil [82] .

En ciertos casos, no es necesario llegar a compromisos tales como una alianza, se pueden manejar a través de “consensos”. En América Latina -aunque no han funcionado para la finalidad para la que han sido creados- la adopción de mecanismos como CECLA (Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana) y luego SELA (Sistema Económico Latinoamericano, que tenía una función interna de búsqueda de métodos para alcanzar el desarrollo y externa de coordinación y fortalecimiento de la capacidad negociadora, o función CECLA del SELA) han tenido como propósito manejarse a través del esquema de consensos. CECLA alcanzó ciertos objetivos al principio del gobierno de Richard Nixon, mediante el “Consenso de Viña del Mar” de 1969, al punto que Nixon decidió adoptar la política que denominó del “socio maduro”; pero la “madurez” de la región duró muy poco y no pudo reaccionar cuando al poco tiempo (1971), el gobierno de Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro y elevó en un diez porciento los aranceles a la adquisición de productos perjudicando al comercio regional [83] . El problema de la inestabilidad de los sistemas políticos y la discontinuidad de las medidas de gobierno, ha hecho que estos mecanismos fracasaran. Lo mismo ha pasado con el Grupo de los 77 [84] , un mecanismo de concertación adoptado por los países en desarrollo para articular sus posiciones en las negociaciones en áreas como el comercio, la industria, la alimentación, la agricultura, la energía, materias primas, finanzas y asuntos monetarios, en Naciones Unidas. Surgió en Nueva York en 1963 en el marco de las negociaciones de la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), para conciliar posiciones, aunque su creación formal fue el 15 de junio de 1964, en Ginebra. Para autores como Stanley Hoffmann, el liderazgo del Grupo de los 77 ha sido más sobresaliente por su efervescencia ideológica que por su capacidad de contrabalancear el orden mundial [85] .

La operancia o inoperancia de una alianza depende, en cierta medida, de la comunidad fundamental de intereses, de la capacidad de ponerlos en acción y de su continuidad, de manera tal de que se llegue a los objetivos deseados, tratando de evitar los costos, tanto externos, dados por las políticas preventivas de hegemones afectados o temerosos de que afecten a sus intereses económicos o de seguridad [86] , como internos, generados por discontinuidades en las políticas y en los gobiernos de los participantes [87] .

Este es un tema central a considerar: la posibilidad o no de adquisición o construcción de poder. El permanente estado de fragmentación desde afuera -rol del hegemón- y desde adentro -actividad de los procónsules [88] - es un factor muy poderoso que impide que la periferia alcance capacidad de construir poder.

La celebración de alianzas estratégicas de carácter “horizontal”, es uno de los mecanismos para adquirir un poder que, individualmente, sería sumamente difícil de alcanzar, al estilo de la OPEP, o de la Unión Europea, por ejemplo; aunque el caso de Japón, es un ejemplo de construcción de poder por la vía individual, así como el de China [89] .

La diferencia que hay entre las alianzas estratégicas al estilo de la OPEP frente a las alianzas del tipo de la UE, es que en el primer caso se trata de un juego suma cero: lo que uno gana el otro lo pierde, generando una situación de confrontación o de búsqueda de recuperación por parte del perdedor; en cambio en el segundo caso el juego es de sumas variables: lo que uno gana el otro no necesariamente lo pierde, lo que favorece el crecimiento y la adquisición de poder en forma subrepticia.

Toda alianza implica compromisos, a la vez que requiere que existan necesidades y objetivos en común; en la medida en que esto exista y se mantenga, la alianza es posible -no necesariamente tiene que estar formalizada en un tratado-, sino corre peligro de deshacerse o no funcionar. En muchos casos se dan factores que hacen que no sea posible llevar a cabo alianzas y menos de carácter estratégico entre miembros periféricos [90] . Entre estos factores se encuentran:

i) la percepción de que la vía individual es la más adecuada;

ii) la idea de que la carga de los compromisos que surgen de una alianza son un contrapeso frente a las ventajas que se esperaría conseguir;

iii) la creencia de que los vínculos con el hegemón son más ventajosos;

iv) la desconfianza existente entre los diferentes gobiernos de una misma región o que tienen la misma problemática;

v) la inestabilidad y/o discontinuidad de las políticas y/o gobiernos.

La política exterior, histórica y actual, de la mayoría de los países de América Latina, se inscribe en estos factores.

La construcción de una alianza, en términos estratégicos, implica que los miembros parte, tienen conciencia que sólo a través de ésta es que podrán conseguir sus aspiraciones y objetivos, ya que individualmente resulta imposible. Si hay comunidad de intereses, la alianza no agrega nada, ya de hecho hay voluntad para operar en forma convergente [91] . El objeto de una alianza comprende fortalecer la capacidad de negociación de sus miembros en un contexto complejo; lograr objetivos de desarrollo; generar proyectos propios en las diferentes áreas. No obstante ello, en general, predominan los procesos individuales; los vínculos preferenciales con el hegemón, en parte, debido a percepciones de las élites dirigentes y pensantes y en parte, porque los factores de poder, especialmente los económico-comerciales-financieros, obtienen ventajas que no están dispuestos a delegar o postergar en aras de un mayor desarrollo del Estado; también influye poderosamente la subordinación ideológica, debido a la formación de líderes políticos y militares [92] y de académicos en el “centro”, que terminan “adoptando” en vez de “adaptar” lo que han aprendido [93] . Las potencias centrales y hegemónicas aprovechan esta mecánica, ya que logran tener dentro de los países periféricos a perfectos “procónsules”, a la vez que les sirve también para mantenerlos fragmentados.

Como se puede observar, son varios los frentes en los que hay que operar para construir poder sin fracasar en el intento.

Tucídides afirmaba que “la identidad de intereses es la liga más segura entre Estados y entre individuos”. Lord de Salisbury, George Washington, Max Weber entre otros coinciden [94] ; pero en la periferia, no sólo resulta muy difícil alcanzar esto, sino que parece que está empeñada -sus élites- en mantenerse fragmentada y subordinada al hegemón buscando vínculos preferenciales.

A esto contribuye la falta de un carácter nacional; una élite política no consubstanciada con los intereses nacionales y desvinculada de los factores de poder locales; factores de poder en el área económica-comercial y financiera preocupados fundamentalmente por sus intereses, lo que resulta legítimo, pero que impide el avance de la nación en la misma dirección; la falta de una élite intelectual generadora de pensamiento y que tenga capacidad de influir en la élite política y en los factores de poder locales; y una población carente de espíritu, de ambiciones, del deseo de empujar en la dirección de que se hagan factibles sus aspiraciones; una población dependiente de que haya un líder que decida por ella y cuando no lo hay, queda a merced de los acontecimientos como si tratara de la fatalidad [95] . En países como Alemania, Rusia, EUA, Gran Bretaña, Japón, China, entre otros muy pocos, el carácter nacional es un factor central en la generación de su destino, su expansión, su recuperación y avance si es que les ha tocado vivir situaciones adversas.

El “centro” está atento permanentemente a cualquier actividad tendiente a la generación de poder en la periferia, que pueda debilitar su control hegemónico. Esto forma parte de la naturaleza del funcionamiento de todo sistema: tratar de avanzar y obtener ventajas y evitar que otro avance y nos quite ventajas. Aquí está el gran desafío para la periferia y también la relevancia del accionar subrepticio. Toda acción visible que genere la sensación en el “centro” de que corre peligro su seguridad o intereses, inmediatamente será vista como una amenaza y el “centro” -que es el “conductor” del “sistema”- buscará por todos los medios conjurarla [96] , desautorizándola, para marginarla en el contexto global, y si resulta necesario, intervendrá directamente.

En el marco del sistema global, donde los grandes poderes buscan sacar ventajas y para mantenerlas procuran un sistema de equilibrio de poderes, se dan sistemas locales de equilibrio de poderes -o subsistemas interrelacionados, cada uno de ellos buscando un equilibrio de poder- cuyo objeto es lograr con cierta autonomía del sistema global, los objetivos de desarrollo y fortalecimiento de sus capacidades.

En la política griega de la era pre-cristiana, se formaban Ligas contra Atenas, Esparta o Tebas cuando una u otra representaba la potencia dominante. Por otra parte, los enemigos fenicios y etruscos de los griegos se unían para defender sus intereses vitales [97] .

La autonomía de los sistemas -o subsistemas- locales de equilibrio de poder es más notable que su subordinación al sistema dominante. Cuanto más distantes estén -estratégicamente- del centro de la lucha por el poder, mayor su autonomía y posibilidad de logro de sus objetivos. Contrariamente, cuanto más conectado está un subsistema de equilibrio de poder local, con el sistema dominante, tanto menor es la oportunidad de funcionar de forma autónoma y tanto más se inclinará en la dirección del equilibrio e intereses dominantes [98] .

Esto se perfiló en América Latina, por ejemplo, a través de la creación del Pacto Andino mediante el Consenso de Cartagena en 1969, cuyo objetivo era crear un “subsistema” dentro del sistema de ALALC [99] . La idea era alcanzar objetivos propios, pero en su conjunto, lograr un relativo equilibrio frente a los tres “grandes” de la región, Argentina, Brasil y México. El fracaso tuvo que ver una vez más, con la inestabilidad de los gobiernos y la discontinuidad de las políticas.

En el caso de la Europa de la segunda postguerra, la conformación de la alianza y el sistema de equilibrio local, se llevó a cabo con conocimiento y aceptación de EUA que veía en el proceso integrativo un propósito de reconstrucción, mientras que se ocupaba del conflicto Este-Oeste. Pero una vez finalizado el sistema bipolar, EUA se encontró con que no era el poder mundial exclusivo y excluyente, al menos en lo económico-comercial-financiero-tecnológico, sino que tenía que competir vis-a-vis con la UE y con el mundo asiático.

La inteligencia de la élite de Japón en la etapa de la segunda postguerra, fue dejar en manos de EUA su defensa y seguridad, ocupándose de la conformación de la futura superpotencia tecnológica sin que EUA viera en Japón a un competidor.

Tanto en el caso europeo como en el japonés, las conductas solapadas rindieron grandes frutos, pero esto requiere de objetivos claros y de una élite -política, intelectual, industrial, agrícola-ganadera, comercial-, esclarecida y consubstanciada con los intereses, fundamentalmente del país y también de la región o de aquellos países que, aunque no estén en la región, convergen en cuanto a problemáticas y objetivos.

Ejemplos de subordinación y/o absorción de subsistemas de equilibrio de poder local al sistema dominante, pueden ser la creación de la Alianza para el Progreso en la década de los ’60 para evitar el giro a la izquierda en la región latinoamericana. De la misma manera los planes Baker (1983) y luego Brady (1989) para el tratamiento de la deuda externa por parte de EUA, para evitar la posible conformación de un club de deudores regional a partir de la adopción del Consenso de Cartagena para el Tratamiento de la Deuda Externa en 1985. También la Iniciativa para la Américas propuesta por Bush (padre) que luego se transformó en la propuesta de un ALCA por el presidente Clinton, para evitar el fortalecimiento latinoamericano a través de la convergencia que generaban Contadora, el Grupo de Apoyo y el Grupo de Río en los ’70 y ’80. Más allá de la oposición que los gobiernos latinoamericanos hicieron al ALCA, el gobierno de EUA ha resuelto el tema firmando TLC’s bilaterales, de forma tal de ir progresivamente alcanzando el mismo objetivo. Mientras que EUA tiene varias estrategias alternativas, América Latina carece de ellas.

Así como dentro del concepto de alianza, entran procesos como los encarados por países como los de la OPEP, o los de la actual Unión Europea, ya que en ambos casos, se busca, externamente, fortalecer la capacidad negociadora, a la vez que, internamente, lograr objetivos que individualmente no se alcanzarían, no entran procesos como la llamada “integración” en América Latina -más allá de discursos y declaraciones-, que sólo busca la desgravación arancelaria para liberar el comercio que, en realidad, es controlado, junto a los procesos productivos, mayoritariamente por las subsidiarias de transnacionales, más que por las empresas locales en función de “proyectos nacionales”. No existe “alianza estratégica” entre Estados y empresas, como se ha dado históricamente en las potencias industriales, en las que ambas partes, sin necesidad de firmar acuerdos por escrito, se apoyan mutuamente, obteniendo un beneficio. Estados Unidos ha llegado a sancionar, bloquear e incluso invadir países periféricos invocando el Corolario Theodoro Roosevelt a la Doctrina Monroe, en defensa de los intereses de empresas, cuyas casas matrices tienen sede en su territorio [100] .

En el marco regional, podría entrar en el concepto de alianza estratégica el proceso del “ABC” generado por Argentina, Brasil y Chile durante los gobiernos de Perón, Getulio Vargas e Ibáñez del Campo que iba más allá de lo económico-comercial, aunque también lo contemplaba. Sin embargo, no pasó de ser un proceso cuya duración fue la de los gobiernos.

Un subsistema estratégico en el contexto de América Latina lo puede llegar a constituir la convergencia de comunidades indígenas, cuyos objetivos concretos de desarrollo económico-social, protección del ecosistema y recuperación de su identidad étnico-política muestran un crecimiento coherente y constante.

Cambios Estructurales en el Sistema de Equilibrio de Poder

Debido a ciertas ventajas comparativas, que en circunstancias de tiempo y de lugar, es que el sistema se dirige en la dirección de los que mayor capacidad tienen. De esta manera, históricamente se dan “ciclos” de configuraciones sistémicas con características propias. También, es debido a ciertas ventajas comparativas, en circunstancias de tiempo y de lugar, que hacen que desde “abajo” surjan cambios que, tal vez no modifiquen la estructura del sistema en sus aspectos esenciales, pero pueden modificar las reglas del funcionamiento de esa estructura [101] .

El Japón de la segunda postguerra, es un buen ejemplo del aprovechamiento de una ventaja comparativa para generar cambios en las reglas del funcionamiento de la estructura del sistema. Progresivamente fue transformándose en un “polo” tecnológico en el mundo asiático, provocando cambios y nuevas tendencias dentro de la gran estructura bipolar.

En la vía individual, la China del post-bipolarismo, muestra que gran parte de las reglas del funcionamiento del sistema pasan por su capacidad industrial y comercial.

Los países miembros de la OPEP a partir de 1973, configuraron un sistema de “alianza estratégica”, alrededor de un producto vital para el desarrollo industrial, que generó una revolución en el terreno energético y modificó substancialmente las reglas del funcionamiento de la estructura en el “eje” económico-financiero-tecnológico, independientemente de la continuidad de la estructura global en el “eje” estratégico-militar en una pugna bipolar-bibloques. En América Latina, para la época, se intentaron alianzas estratégicas con propósitos similares, a través de las “Asociaciones de Países Productores de Materias Primas” sobre productos que no eran de carácter estratégico, por lo que no hubo éxito esperado ya que, muchos eran perecederos, algunos como la bauxita o el hierro también eran producidos en el mundo industrializado y otros, como el caso del cobre, países como Gran Bretaña o EUA tenían una acumulación de stocks suficiente como para lanzar al mercado y regular su precio [102] .

Los países de la hoy UE, lograron recomponer su capacidad decisional global a partir de la convergencia en una alianza estratégica múltiple, luego de haber dejado de ser el “eje” de poder mundial, generando modificaciones en las reglas del funcionamiento de la estructura bipolar primero, e incidiendo en la actual configuración mundial con su peso.

A mediados de los ’50 en el siglo XX, surgió un nuevo tipo de actor, no estatal que fue creciendo en su capacidad para generar reglas del juego dentro del sistema, pasando de ser grupos de presión a verdaderos factores de poder. Las empresas industriales y de servicios de carácter transnacional así lo muestran pero, fundamentalmente la banca, con su capacidad casi exclusiva y excluyente de generar reglas del funcionamiento financiero que escapan al control de Estados poderosos como EUA, los europeos o asiáticos. Para la misma época, comenzó a surgir de la sociedad civil una forma de expresión de sus quejas y demandas que se fue cristalizando alrededor del concepto de organizaciones no gubernamentales (ONG’s) en áreas como el medio ambiente, los derechos humanos, el papel de la mujer en la sociedad, la política y el trabajo, etc., operando, en un principio como grupos de presión con un alto poder de direccionamiento en la toma de decisiones, al punto tal que, ciertos temas como los enumerados, no pueden quedar fuera de la agenda gubernamental, a la vez que a partir de esta expresión los Estados se vieron obligados a crear organizaciones internacionales gubernamentales que comprendan esas temáticas: el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) es un ejemplo, e incluso organismos judiciales como la Corte Europea de Derechos Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, etc.

Hoy el sistema ya no es internacional o inter-estatal, dado el alto índice de transnacionalización existente. A la vez, ciertas instituciones como el derecho internacional, se ven afectadas, dado que se trata de un derecho “entre Estados” dentro de un sistema en el que el Estado-Nación ya no es más el actor exclusivo y excluyente del sistema, toda vez que gran cantidad de reglas del funcionamiento del sistema son generadas o manejadas por actores transnacionales. En esto, los Estados que han alcanzado a realizar “alianzas estratégicas” -no necesariamente escritas- con los actores transnacionales, son los que mejores posibilidades de operar tienen en el sistema mundial.

El poder global se va redistribuyendo, no sólo en la cantidad, sino también en el tipo de actores [103] .

América Latina, tiene recursos naturales estratégicos y no estratégicos, minerales y alimenticios, en la tierra y en el mar. De lo que carece, que sí tienen países como Japón o Alemania por ejemplo, es proyecto, políticas y una dirigencia con capacidad de direccionar. La incapacidad de América Latina no pasa por la falta de recursos, sino por la falta de proyectos; peor aún, porque se subordina conscientemente a proyectos foráneos que convienen a quienes los desarrollan pero no a la región, por falta de un pensamiento propio.

Factores para la Convergencia

Las alianzas estratégicas no son sólo de carácter económico, también hay alianzas de tipo estratégico-militar como la OTAN o el ex Pacto de Varsovia. Dentro de este esquema excluyo a tratados como el TIAR, el ex Pacto de Bagdad o CENTO, o la ex OTASE/SEATO o al ANZUS, ya que no se trata de alianzas auténticas, sino de tratados firmados entre el hegemón y países de su esfera de influencia con el propósito de proteger, fundamentalmente los intereses de seguridad de aquél, en este caso en la guerra fría, a la vez que han servido -este es el caso característico del TIAR- para que el hegemón mantenga, internamente, a los miembros de su ámbito hegemónico disciplinados, haciendo uso del mismo tratado para intervenirlos, si fuera necesario [104] . Estos últimos tratados, en realidad sirven para el mantenimiento del status quo o para la expansión; aunque los mayores, como la OTAN o el ex Pacto de Varsovia, también sirvieron para adquirir poder frente al “enemigo”.

Los intereses y las acciones políticas que los sirven, para llevar a cabo alianzas, pueden comprender:

a) Hacer frente a desafíos externos e internos, a través de la convergencia de intereses y problemáticas idénticos.

Para que haya una real convergencia, Luciano Tomassini [105] dice que hay que tener en cuenta tres variables esenciales:

i. Grado y forma en que los países que integran una región perciben su identidad en el contexto internacional.

Los países que constituyen una agrupación regional, toman conciencia de su identidad internacional, cuando deben dar respuesta a un desafío externo. Entendemos que la política externa es establecida en función de percepciones de lo que el país es como tal y por la definición de sus aspiraciones y necesidades, así como la forma práctica de defender sus intereses y concretarlos en el plano internacional. En tal sentido debemos preguntarnos:

i.a. Cómo define cada país sus aspiraciones y necesidades; y

i.b. qué forma utiliza para defender sus intereses y concretarlos en el plano internacional.

En América Latina se creó el Grupo de Río en 1986 con este tipo de propósitos, sin embargo, su “agenda” fue cooptada por los intereses de EUA en la región y los intereses latinoamericanos quedaron en segundos niveles. Esto es la resultante de la discontinuidad de las políticas por parte de los gobiernos y la falta de objetivos claros.

ii. Grado de coherencia y coordinación existente entre las políticas exteriores de los países de la región.

Es posible que el conjunto de países persiga el mismo objetivo a través de políticas similares, pero sin que medie una coordinación entre esas políticas. Hay que tener en cuenta que en la historia se sucedieron, y se sucederán en el futuro, distintos gobiernos, cuyas políticas pueden variar radicalmente. La “voluntad política” de implementar políticas externas en coordinación con los demás Estados, es una consideración previa a tener en cuenta.

iii. Grado y signo de la interacción existente entre estos países, con énfasis en el predominio de las relaciones de cooperación por sobre las de conflicto.

Las relaciones recíprocas de los miembros de una subregión pueden ser mínimas, como consecuencia de que sus principales intereses se encuentran fuera de ella -falta de cooperación o inexistencia de vías de cooperación entre ellos- o porque los conflictos -de cualquier orden- existentes entre ellos, impiden un mayor acercamiento o cooperación en determinados temas importantes para el aumento del poder negociador de la región y por ende para una mayor autonomía de desempeño por la vía de la cooperación.

El caso de los países de la OPEP, que trataron de evitar que los precios del petróleo continuaran siendo controlados por las empresas transnacionales, o de la que hoy es la UE, cuyos países originalmente tuvieron que reconstruirse después de la guerra, a la vez que tratar de evitar que se genere una tercera guerra mundial, a lo que posteriormente debieron agregar el poder hacer frente al impacto provocado por los países de la OPEP; muestra que los requisitos anteriores han estado presentes. Los europeos se han caracterizado por tener una historia de conflictos, pero han tomado la decisión consciente de que o debían priorizar la resolución de los conflictos intra-europeos, manteniéndose en un estado de permanente fragmentación, o llegar a una convergencia de voluntades, para poder maximizar su capacidad de desempeño en un contexto mundial en el que perdieron poder, e individualmente ninguno de los Estados estaba en condiciones para operar.

Esto no ha sido así en lo que se llama “integración latinoamericana” en sus diversas manifestaciones: Cuenca del Plata, ALALC/ALADI, MERCOSUR, etc. Ha habido una permanente fragmentación y conflictividad entre los miembros por encima de los objetivos de convergencia.

b) Ser complementarios:

Como los sistemas de coproducción -o producción conjunta o cooperación para la producción- industrial llevados a cabo, principalmente, en la Comunidad Económica Europea -hoy Unión Europea-, que permitió que algunos países o empresas entraran en ciertas industrias o mercados sin tener que llevar cabo la inversión original y el desarrollo del conocimiento que hicieron sus socios en la coproducción o cesión de mercado, a cambio de otro beneficio que otorgan en compensación.

La coproducción es la vinculación contractual entre dos o más centros de decisión, que pueden ser dos o más Estados, empresas o Estados con empresas, que se reúnen con el objeto de negociar y salvaguardar sus intereses mutuos y poner en común aportes específicos en condiciones definidas.

La puesta en común de los aportes puede ser para la realización de un proyecto en conjunto, conservando las respectivas partes su independencia en las decisiones o la creación de una nueva entidad cuya administración será manejada conjuntamente en proporción a las respectivas participaciones. La distribución de los frutos de la empresa en común puede hacerse de diferentes maneras [106] :

i) participación en los beneficios por ambas partes, en proporción a las participaciones respectivas;

ii) participación en el producto o productos resultantes de la empresa en común;

iii) participación en los mercados (en este caso pueden ofrecer sus respectivos mercados nacionales y/o hacer cesión de los mercados en los que operan);

iv) una combinación de los puntos anteriores.

Los fines de la coproducción asociativa también pueden ser múltiples:

1) producción;

2) instalación de nuevas industrias;

3) investigación industrial y tecnológica;

4) incremento del poder con el objeto de competir con otras empresas dentro del sector;

5) penetrar en nuevos mercados;

6) adquisición de conocimientos técnicos necesarios para iniciar una nueva actividad industrial;

7) una complementación de los fines anteriores.

Cada parte opera en lo que tiene un mayor potencial, bajando costos ya que se introducen en áreas desconocidas, a través de la asociación coproductiva con los que la manejan. Ejemplos hay múltiples [107] .

También acuerdos de complementación como los que en la década de los ’70 Argentina encaró, por ejemplo, con Venezuela, otorgando tecnología para el hierro y el petróleo, asesoramiento técnico y capacitación de mano de obra, conocimiento -know how- en agricultura y ganadería y maquinaria agrícola, a cambio de petróleo a precios preferenciales [108] .Más allá de que por la dictadura militar esto fracasó, el principio fue muy bueno. Argentina podía entregar tecnología “adecuada” [109] frente a la “sofisticada” que entregaban países como EUA, Canadá, Rusia, o Francia, lo que le daba una ventaja comparativa y competitiva.

b) Expansión del Poder

Se trata de actores con aspiraciones hegemónicas y/o coloniales. Cuando una nación tiene claras ventajas sobre otra u otras, perseguirá una política que busque un cambio permanente en las relaciones de poder en su propio beneficio. Estos no construyen alianzas estratégicas para adquirir poder, sino sistemas de seguridad colectivos, en los que ellos son la cabeza conductora, para asegurarse, no sólo que logran su objetivo de expansión o, al menos de control, sino también, que su “aliados” -ejemplo OTAN [110] - o “subordinados” -ejemplo TIAR [111] - en el sistema de seguridad colectivo, no entorpezcan o perjudiquen sus intereses, sino que sean “funcionales”.

En lo que hace a la OTAN, cuyo objeto -protegerse del comunismo soviético- ya ha desaparecido, la tesis de Rick Rozoff [112] es que el futuro del orden mundial en el siglo XXI, es que EUA y la UE están estrechando lazos en el marco de esta organización, para revivir el proceso expansivo global que se vio limitado con la segunda guerra mundial y particularmente Yalta. En su criterio, las principales potencias occidentales han creado equivalentes modernos del Congreso de Viena de 1815 y del Congreso de Berlín de 1878.

El primero se efectuó hacia el fin de las Guerras Napoleónicas con la inminente derrota de Napoleón Bonaparte en Waterloo y fijó el fundamento de la Santa Alianza y su nuevo orden de la época, que debía asegurar que nunca los tronos europeos volvieran a ser desafiados por la amenaza del republicanismo. La interpretación que se da posteriormente a 1991 -desintegración de la URSS- ha recreado la proscripción de la forma republicana de gobierno y la ha aplicado al comunismo y a otras variantes del socialismo y por cierto a cualesquiera partidos políticos y movimientos populares que puedan defender los intereses de la mayoría, dentro de Europa o fuera de ella, frente a elites transnacionales euro-atlánticas.

El segundo modelo, el del Congreso de Berlín, fue la apertura a la alteración de las fronteras nacionales en los Balcanes y el comienzo de la disputa por Africa, que sería lanzada después en la Conferencia de Berlín de 1885.

Según Rozoff, EUA-OTAN-UE tienen la misión conjunta de establecer “una nueva forma de gobierno mundial en la cual la OTAN, la UE y otras importantes organizaciones internacionales tienen que jugar un papel” [113] . George W. Bush en la cumbre de la OTAN en Bucarest en abril del 2008 dijo que “la OTAN ya no es una alianza estática… Ahora es una alianza expedicionaria que envía sus fuerzas por todo el mundo… Europa debe revocar el amargo legado de Yalta, y eliminar las falsas fronteras que dividieron el continente durante demasiado tiempo” [114] . Barack Obama no modificó la posición de EUA sobre este tema. Habla de la necesidad del “cambio para enfrentar los desafíos en el Siglo XXI, mientras que los principios que fundaron la alianza y la OTAN se mantienen inalterables” [115] .

Dos semanas después de finalizada la cumbre, el Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov dijo que la OTAN se proponía usurpar el rol y las funciones de Naciones Unidas: “Es… un intento por formar una cierta unión global con un núcleo occidental que desea reivindicar casi todas las funciones de la ONU” [116] .

Bajo el concepto de asistencia recíproca establecido por el Art. 5, todos los miembros de la OTAN están obligados mutuamente. Este Artículo fue invocado por el gobierno de EUA y puesto en práctica después de 11 de septiembre del 2001. La UE también está ineludiblemente vinculada con EUA, y en realidad subordinada.

Sea en el caso de la adquisición de poder, como en el de la expansión o el imperialismo, con diferentes objetivos, se busca “reformular” el sistema. El que está disconforme con el status que le toca, usa como argumento la insatisfacción que genera su situación -en diferentes áreas- y aspira a alcanzar básicamente justicia. Fundamentalmente buscan la autodeterminación, la consolidación de su condición de actor en el sistema [117] . El expansionista o imperialista, esconde o disfraza tras una ideología su propósito de dominio. Hace aparecer su accionar como una misión, como el destino manifiesto, la responsabilidad sagrada, el deber de una religión -el islamismo en la etapa de la expansión árabe, o el cristianismo durante la etapa de la colonización europea en América-, la bendición de la civilización occidental, etc.

Las políticas imperialistas, no recurren al derecho internacional tradicional, ya que éste constituye un freno -al menos en los principios- a sus aspiraciones -favorece el status quo-, por lo que los actores que las llevan a cabo, construyen un nuevo cuerpo legal que justifique el expansionismo, basándose en el derecho natural. Contra las limitaciones e injusticias que el derecho internacional impone -a sus intereses de seguridad y sus aspiraciones expansionistas- favoreciendo el status quo que debe ser modificado, el Estado imperialista invocará un derecho superior que corresponda a las exigencias de la justicia deseada -que nada tiene que ver con lo equitativo y distributivo-. Es el derecho natural el que se acomoda a las necesidades ideológicas del imperialismo.

Para tener en claro los aspectos doctrinarios del derecho natural justificador de conductas imperialistas, resultan interesantes los argumentos utilizados en el Siglo XVI por Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas sobre la forma correcta de “cristianizar” a las sociedades indígenas. Para ellos, y la sociedad de la época, se trata de pueblos que desconocen el orden justo de la ley natural y profesan costumbres bárbaras. Por ello, Sepúlveda considera que es propio del derecho natural y por tanto del orden mismo de las cosas que los menos prudentes y sabios obedezcan a los más prudentes y capaces. En apoyo de su tesis cita numerosos pasajes de la Biblia, además de las obras de autores como Aristóteles en su Etica a Nicómaco y Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica. Este último dice que los fieles deben remover todo obstáculo a la fe dominando a los infieles mediante la guerra santa, no para que crean, ya que no se puede obligar a creer, sino para impedir que obstaculicen el desarrollo de la fe. Sepúlveda defiende así la necesidad de hacer la guerra a los indios alegando que se trata de una nación que atenta contra los preceptos de la ley natural con su idolatría y esto es intolerable para cualquier pueblo “civilizado”. Para practicar la justicia correctamente es preciso sentar las bases de una sociedad bien ordenada de acuerdo con los preceptos del derecho natural. En el caso de los indios, no hay más remedio que asumir el desagradable deber de emprender una guerra que lleve el amor cristiano a pueblos oprimidos por la ignorancia y el mal hacer de sus dirigentes y sabios. El derecho natural defendido es el derecho natural tal y como lo entienden los pueblos civilizados, es decir cristianos. Sepúlveda se niega a reconocer la capacidad de los indígenas para percibir lo más elemental del derecho natural al hacer constar, que tienen ritos religiosos y costumbres bárbaras. Dice que El derecho natural da pues la razón a aquellos pueblos que, por simples motivos de generosidad, se lanzan a implantar su dominio sobre pueblos bárbaros, no con el fin de obtener un provecho material... sino más bien para cumplir un deber de humanidad al desarraigar sus costumbres tan contrarias al derecho natural…” [118]

Este tema, también es planteado por Tucídides [119] , sólo que no justifica el derecho natural del más fuerte sobre el débil, sino que argumenta que la situación del más débil se debe a la falta de cohesión -convergencia de intereses que derive en alianzas estratégicas formales o no formales- con los de su misma condición, para fortalecerse, a la vez que a la falta de recursos y equipamiento suficientes.

En la época contemporánea, los argumentos de Theodoro Roosevelt reclamando ante el Congreso, el derecho de EUA a intervenir en otros Estados a los efectos de hacerse responsable del orden en interés de la civilización [120] . En su discurso decía:

“Aquellos países cuyos pueblos se conduzcan bien pueden contar con nuestra calurosa amistad. (...) El mal comportamiento crónico o una impotencia que resultara en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada, puede en América, como en cualquier otro lugar, requerir en última instancia la intervención de una Nación Civilizada, y en el Hemisferio Occidental, la adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos, aunque a regañadientes, en casos flagrantes de mal comportamiento o impotencia, a ejercer un poder de policía internacional”.

También, el nuevo paradigma desarrollado por el gobierno de George W. Bush, frente a la legítima defensa establecida en el Artículos 51 de la Carta de la ONU, bajo el concepto doctrinario de “intervención preventiva” es ejemplo válido.

Pero la expansión del poder no sólo es en el área estratégica-militar, también pasa por el área económica-tecnológica-comercial y financiera.

Los cambios estructurales en el sistema de equilibrio de poder también operan desde “arriba”.

El Consenso de Washington planteado por el gobierno norteamericano en 1989 a través de instituciones internacionales como el FMI y el BM [121] , para obligar a los países periféricos a adoptar modelos económicos neoliberales, siguiendo los criterios iniciados por los gobiernos de Ronald Reagan (Presidente de EUA 1981-89) y Margaret Thatcher (Primera Ministra de Gran Bretaña 1979-90) y probado inicialmente en Chile durante la dictadura de Pinochet (1973-1990), muestra la orientación, en la que Estados industrializados, en connivencia con actores transnacionales y usando organismos internacionales como respaldo institucional, establecen pautas de ordenamiento que favorecen el expansionismo.

El surgimiento de organismos internacionales en la etapa postbipolar, del tipo de la OMC que, por una parte, muestran la inoperancia de organismos como la OIT ya que el concepto de trabajo es redefinido, a la vez que inaugura otro concepto que es el de “regionalismo abierto” que rompe con el modelo GATT de permitir que los sistemas integrativos fueran abiertos al interior, pero protegidos respecto de terceros Estados, permitiendo a sus miembros encontrar formas para alcanzar un desarrollo que les diera una mayor capacidad de desempeño y de negociación. El “regionalismo abierto” favorece el libre comercio, pero no el desarrollo, más allá de que el neoliberalismo postula esto ideológicamente.

3) Demostrar Poder

Una nación cuya política exterior tiende a “demostrar el poder” que tiene, sea con el propósito de mantenerlo o de incrementarlo, persigue una política de prestigio [122] . Se trata, principalmente, de una manifestación de respaldo a las posiciones y aspiraciones. Lo que otros piensan sobre nosotros, es tan importante como lo que somos. En general tiene más peso la idea que los demás tienen sobre el poder que disponemos -o nuestras debilidades-, que el poder efectivo del que se dispone. Es tratar de generar un cambio de mentalidad en los otros de forma tal que se manejen por las imágenes más que por los hechos [123] .

La política de prestigio, raramente es el objetivo primario de una política exterior. El objetivo último tiene que ver con la esencia del poder y el apoyo a una política exterior de status quo o de expansionismo. En lo que hace a la “adquisición de poder”, va en contra del concepto de “prudencia” el hacer uso de la política de prestigio. Sólo los egocéntricos se inclinan a seguir este tipo de política por sí misma.

Los observadores o analistas de asuntos internacionales que, por lo general desprecian la importancia del poder, tienden a tomar el tema del “prestigio” en asuntos internacionales, con demasiada ligereza; pero los Estados deben descansar sobre su propio poder -más el de los aliados- para la protección de su existencia y/o el logro de sus objetivos, por lo que no pueden dejar de lado el efecto que un logro o pérdida de prestigio ejercerá sobre su posición en la escena internacional. La política exterior de un Estado es siempre el resultado de la estimación de las relaciones de poder en diferentes áreas temáticas. Lo que no significa que se vive haciendo “pulseadas” con otros miembros del sistema, sino que tiene que ver con la capacidad de llevar a cabo objetivos o de impedir los de los otros en la medida en que no convengan o sean perjudiciales. La primera función de la política de prestigio, es influir sobre las valoraciones que el resto hace respecto de nuestras capacidades y posibilidades en diferentes áreas temáticas [124] .

La manera en que los gobiernos de Ronald Reagan y la Primera Ministra Margaret Thatcher, lograron instalar el neoliberalismo globalmente, muestra el poder de la política de prestigio. El Estado que lleve a cabo políticas proteccionistas o de corte socialista, es visto como anti-sistémico y no como un país soberano.

Una política de prestigio obtiene su objetivo, cuando el Estado que la lleva a cabo obtiene tal reputación de poder, como para poder evitar utilizarlo.

Desde el punto de vista estratégico-militar, la guerra fría giró alrededor de la política de prestigio -en la capacidad estratégica-militar- entre EUA y la URSS. La incapacidad -económica-financiera- de la URSS de continuar con la carrera fue el inicio de la perestroika y el glasnost que derivaron en el corto plazo -traición de por medio de Yeltsin, respaldado por el gobierno de EUA- en su desintegración. La política anti-terrorista del gobierno de George W. Bush se basó fundamentalmente en la política de prestigio y en la manifestación de quiénes no lo tenían o estaban desprestigiados por ser considerados “ejes del mal” o “Estados fallidos” y por lo tanto todo el poder del que disponían o que buscaban adquirir, era nefasto para la comunidad mundial. De esta manera, Bush “reinstaló” la política de “contención” de Truman y estableció la pauta de que o se estaba con EUA o se era terrorista o se apoyaba al terrorismo. Igualmente, los diferentes gobiernos norteamericanos utilizan como instrumento la lucha contra el narcotráfico haciendo uso de la “certificación” o “decertificación” de los Estados, dependiendo de sus propios intereses y del grado de funcionalidad del gobierno de turno para con sus intereses estratégicos. Gran Bretaña, perdió su prestigio imperial, sin el uso de la más mínima fuerza, a manos del líder indio, Mahatma Gandhi, que logró la independencia de su país mediante la “resistencia pasiva”.

El mayor logro de política de prestigio por parte de los gobiernos norteamericanos, está dado por la emulación al imperio romano, del establecimiento de gobiernos proconsulares en la región -militares o civiles-, de forma tal que sean funcionales a sus intereses económicos y de seguridad, a la vez que éstos, terminan aislando a aquellos que llevan a cabo políticas disfuncionales para los intereses de EUA.

Toda política de prestigio puede caer en la total ineficacia, si se construye sobre apariencias más que sobre substancia, a la vez que en el caso de que ésta se substancia sobre valores no aceptados globalmente por la comunidad mundial, o al menos por los líderes que la direccionan, como el desarrollo de armas de destrucción masiva, por ejemplo en el caso de Corea del Norte o, presuntamente, por Irán.

Poder y Acción Política

Cualquiera de los tres modelos básicos planteados, está vinculado al poder, sea para conservarlo, para adquirirlo o expandirlo o para demostrar una capacidad.

No hay acción política sin poder. Es imposible llevarla a cabo sin él, sea para consolidar posiciones, para ganar espacios, para resolver situaciones, en áreas temáticas como el comercio, medio ambiente, derechos humanos, deuda externa, inversiones, etc.

La acción siempre está escudada en principios que se sostienen o en un marco legal: comercio libre, integración, defensa de los derechos humanos o del medio ambiente, justicia, etc. Los que aspiran a la autodeterminación, usan los principios o el marco legal, como el hilo conductor que legitimaría su aspiración; los que buscan expandirse, utilizan los principios o el marco legal como escudo para disfrazar sus aspiraciones. Esto da lugar al “doble standard” de demandar de otros conductas que, por diferentes motivos no son seguidas por el demandante, sea en materia de derechos humanos, de desarrollo armamentista, apertura comercial, etc. Ejemplo de doble standard: EUA promoviendo la creación de Tribunales Penales [especiales] Internacionales, como el de Tokio o Nuremberg, o para la ex-Yugoslavia o Rwanda, pero negarse a ser parte del Tribunal Penal Internacional para que los ciudadanos norteamericanos, civiles o militares no sean juzgados. Es más, presiona a otros países para que firmen acuerdos bilaterales en los que se comprometan a entregar al gobierno norteamericano y no al TPI, a ciudadanos norteamericanos que se encuentren en situación de posible juzgamiento. También las políticas promovidas por EUA en materia de derechos humanos en otros países, cuando ocurren situaciones como Abu Graib o Guantánamo, entre otras.

Si se habla de política exterior, pero no se llega mediante ella a la autodeterminación, la consolidación o la expansión, en realidad no hay acción política, no hay siquiera política. Sostener principios sin acción y una estrategia para la acción, carece de significado.

La idea no es juzgar la política desde el punto de vista ético-moral, sino construir o adquirir poder suficiente como para alcanzar lo que se aspira e impedir que el otro lo logre si nos afecta. Esta es la ética prioritaria de la política; la que realmente permitirá ir en la dirección que se desea; sobre lo bueno o malo de lo actuado, se encargará el otro.

Es parte de la naturaleza de la política, empujar al actor en la escena de la política, a utilizar ideologías a fin de disfrazar el fin inmediato de su acción: construir, adquirir, consolidar o expandir poder en diferentes áreas. La valoración estará dada porque, los opuestos a quienes lleven a cabo estas acciones, considerarán que está mal siendo que ellos también llevan a cabo esas acciones en las mismas o distintas áreas. De esta manera, siempre habrá acusaciones por parte de quien se vea perjudicado o vea una competencia en el otro, de que se están llevando a cabo políticas imperialistas, o proteccionistas, o que atentan contra la seguridad o los intereses económicos, comerciales, financieros, etc.: EUA o la ex-URSS en mutuas acusaciones; EUA acusando sobre el tema de derechos humanos a Cuba, cuando hace uso de Guantánamo para la tortura; EUA acusando a Corea del Norte o Irán por el desarrollo de armas de destrucción masiva, cuando es el principal generador de éstas; mutuas acusaciones de proteccionismo entre Argentina y Brasil en el contexto del MERCOSUR, a partir de la crisis financiera detonada a mediados del 2008, cuando siempre han estado compitiendo hegemónicamente, en vez de aliarse para actuar con mayor capacidad en un mundo complejo; etc. En algunos casos es un disfraz de las propias aspiraciones, en otro, como Irán y Corea del Norte, muestra falta de prudencia política -no saber disfrazar, no saber llevar a cabo políticas solapadas-, mientras que en otros, como las acusaciones entre los países de la periferia, es la muestra de una falta de visión de la estructura del sistema y de la esencia de la política, acentuando su propio debilitamiento y favoreciendo las políticas de los hegemones -sean Estados o transnacionales-.

En algunos casos, poner a los principios como el eje central, puede constituir el “motor” para llevar a cabo políticas o recuperar posiciones perdidas. Eso no es falta de realismo, sino una estrategia para alcanzar objetivos que de otra manera sería difícil o imposible.

James Carter, se vio fuertemente influenciado desde el inicio, por la percepción de los ciudadanos de una seria desconfianza en el gobierno y en especial del Poder Ejecutivo luego del desgaste de la Guerra en Vietnam y el escándalo de Watergate en el gobierno de Richard Nixon. Además, se vio afectado por los vestigios de la inflación, la crisis del petróleo y la pérdida de confianza en las instituciones. Debido a esto la política estadounidense se dirigía a un período de aislacionismo en la arena internacional por lo que Carter enfocó su política exterior hacia la defensa de los Derechos Humanos y a la creación de una compleja interdependencia a través de lazos morales y de derechos humanos en los países del tercer mundo en la búsqueda de restaurar la confianza en la primacía estadounidense en el mundo.

Henry Kissinger sostiene la relevancia de la utilización de principios desde el realismo. Para él, EUA debería hacer un consenso moral en vez de imponer la democracia para lograr un sistema de equilibrio de poder parecido al del siglo XIX, haciendo referencia al Congreso de Viena de 1815 [125] . Cuando Kissinger habla de consenso moral, está diciendo que la supervivencia del equilibrio de poder se basa en ese consenso para que no haya desafíos provenientes de dentro de su propio dominio.

Los países periféricos también utilizan, con frecuencia, los principios como paliativo a la carencia de poder. Desde ya, se trata de principios importantes y necesarios, como la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, etc.; lo erróneo es que, paralelamente, no construyen el poder que respalde a esos principios para que sean efectivos. La Asamblea General de la ONU ha adoptado una multiplicidad de principios que convienen a los países periféricos, muchos de los cuales se han efectivizado, como la descolonización por ejemplo, acompañada del concepto de autodeterminación; pero los nuevos Estados independientes siguen girando alrededor de las reglas planteadas por los poderosos en el contexto mundial, en la gran mayoría de áreas temáticas, como comercio, inversiones, seguridad, etc. Esto no hace malo a los principios, sino erróneo el no respaldarlos con poder. Los principios per se no tienen vida propia.

De la “Intervención Preventiva” a la “Negociación Preventiva”

El cambio de gobierno en EUA pareciera traer aparejado un cambio de política y de relacionamiento -una perestroika a la norteamericana- con el mundo por parte de este país, basándose en principios multilaterales.

Algunos de los conceptos expresados, por el Presidente Barack Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton permiten esbozar una nueva imagen de las relaciones internacionales en este nuevo período.

La Secretaria de Estado, Hillary Clinton habló de la generación de un “poder inteligente” para enfrentar los problemas globales, que abarcan problemáticas desde el cambio climático hasta el terrorismo. Planteó que EUA debe construir un mundo con más socios y menos adversarios [126] , ya que no puede resolver los problemas más urgentes por sí sólo y el mundo no puede resolverlos sin EUA. De esta manera, “el poder inteligente será la vanguardia de la diplomacia”. Para ello habrá que llevar a cabo una aproximación más pragmática en materia de política exterior “basada en principios y pragmatismo, no en rígida ideología”.

En su discurso de asunción, el presidente Barack Obama generó la sensación de que EUA abandonaba la doctrina de la “intervención preventiva”, dado que orienta su política exterior hacia la idea de la “negociación preventiva”. Hizo hincapié en el liderazgo estadounidense, pero un tipo de liderazgo muy distinto al del gobierno de Bush. Para Obama, el poder militar por sí solo no puede proteger a Estados Unidos. Opina que debe llevarse a cabo un crecimiento del poder mediante su “uso prudente” y la importancia de la fuerza del ejemplo.

La manera de generar un “poder inteligente”, implica interactuar con regímenes opositores, a los que EUA les extenderá “una mano si están dispuestos a deshacer su puño”. Contrariamente al período de Bush, para Obama, la fuerza de Estados Unidos “proviene no sólo del poder de nuestras armas y la escala de nuestra riqueza, sino de nuestros valores perdurables. Estados Unidos no puede prometer corregir todo lo incorrecto en el mundo. Sin embargo, podemos prometer utilizar todos los elementos del poder estadounidense para proteger a nuestro pueblo y para promover nuestros intereses e ideales, comenzando con una diplomacia estadounidense de principios, enfocada y sostenida”.

Planteó pautas de una política exterior menos alimentada por un unilateralismo basado en la supremacía bélica, y más fundamentada en la comprensión política de los fenómenos.

De todas formas, queda en claro que desea mantener la posición imperial cuando expresa buscar el “cambio para enfrentar los desafíos en el Siglo XXI, mientras que los principios que fundaron la alianza y la OTAN se mantienen inalterables” [127] . Tal vez no estamos frente a un nuevo cambio de paradigma, sino de estrategia.

Una Periferia “Inteligente”

Está claro qué es poder inteligente para un país como EUA desde el punto de vista del gobierno de Barack Obama.

Según Joseph Nye [128] , el poder inteligente es la capacidad de combinar el poder duro de la coerción o el pago con el poder blando de la atracción hacia una estrategia exitosa. En términos generales, Estados Unidos logró esta combinación durante la Guerra Fría. Nye define “poder blando” como la habilidad de un país de influir en los eventos a través de la persuasión y la atracción, más que la coerción militar o financiera.

Pero no se pueden seguir los mismos parámetros para países que son periféricos.

¿Qué significa crear “poder inteligente” para países como los latinoamericanos? La definición de Nye no resulta válida para los países sin poder. ¿Cómo se implementaría la persuasión y la atracción?

En primer lugar, poder inteligente para la gran masa de países periféricos, implica no “debilitarse gratuitamente”. Por sobre todo, no “fragmentarse” horizontalmente, ni ser “cabeza de puente” de los intereses del hegemón en la periferia.

Dos elementos centrales para hacer uso de poder inteligente en la periferia:

i) no confrontar con el hegemón abiertamente;

ii) Evitar la fragmentación y dispersión regional, porque eso facilita el debilitamiento.

Usando la astucia, como plantea Hobbes, se podría buscar invertir en diplomacia de contacto con las sociedades, no sólo con gobiernos para generar confianza.

Maquiavelo es un ejemplo del estudio del poder inteligente. Se interesó más por lo que el poder hace que por lo que el poder es. Puso el acento en los objetivos a alcanzar y en los medios más adecuados según lo dicta la prudencia [129] .Michel Foucault plantea que “el poder no es una institución, no es una estructura ni una fuerza de la que dispondrían algunos: es el nombre que se le da a una situación estratégica compleja en una sociedad dada” [130] .

La “periferia” debería aprender a generar un poder inteligente para enfrentar y resolver sus propios problemas, los de su agenda, no los de la agenda del “centro”. El problema no está en el centro, sino en la misma periferia, en la falta de criterio y de compromiso de su élite dirigente y pensante.

El “centro” ha aprendido a desplazar a la periferia sus problemas y conflictos, de manera tal que se diriman en ella, para no tener que soportar el desgaste de forma directa, de esta manera, la periferia siempre ve postergado el resolver sus problemas centrales, para hacerse cargo de los que le delega el centro [131] .

Los principios que sostenga, no deben ser para confrontar con el “centro”, sino para lograr su propio desarrollo y una mayor capacidad de negociación. Esto requiere que aprenda a interactuar con regímenes -periféricos- que tienen perspectivas diferentes. Hay una cultura muy arraigada en América Latina, en sus pueblos y gobiernos, que la mantiene en un constante estado de fragmentación: “mi proyecto no tiene que ver con el resto de la región”, o “mi enemigo es mi vecino”. La idea de integrarse para fortalecer la capacidad de desempeño frente a un desafío externo -o interno-, parece no existir en América Latina. Es más importante la lucha entre vecinos por problemas de límites que los problemas de subdesarrollo, dependencia, pobreza, desempleo, deuda externa, desindustrialización, desnacionalización, etc. La fragmentación debilita, favoreciendo a los intereses de los actores transnacionales y de las grandes potencias.

La integración -que podría llegar a ser una forma de desarrollar poder inteligente-, en los años que van desde los ´60, ha sido un fracaso como instrumento de maximización de capacidad negociadora en el contexto internacional, o de facilitar el desarrollo de objetivos en el marco regional. También ha sido un fracaso como mero instrumento para agilizar el comercio, ya que son las subsidiarias de empresas transnacionales que operan en los países de la región, las que controlan el proceso, obligando a los gobiernos -o siendo favorecidas por gobiernos funcionales a estos intereses y no a los de sus naciones- a ser gestores de sus intereses, más que actores de procesos propios o regionales.

La integración, en términos de “alianza estratégica”, desarrolla intereses comunes entre los Estados y posibilita la reducción o elimina las posibilidades de conflictos que alteren la paz y la seguridad regionales, como se alcanzó en Europa. La integración es funcional al objetivo de una región en paz [132] .Simón Bolívar, en su convocatoria a un Congreso en Panamá para 1826, promovía la “construcción” de paz y de poder por parte de las Repúblicas sudamericanas [133] .

Los gobiernos de la región deben dejar de “mirar hacia arriba” expectantes de que EUA o los grandes inversores internacionales les solucionarán sus problemas, y busquen en la unión regional un proyecto de desarrollo, de resolución de sus problemas y de inserción internacional, a la vez que desarrollar maneras de evitar que sus políticas o la carencia de ellas, se transformen en instrumento que favorezca la fuga de los capitales.

América Latina es una región rica en recursos naturales, minerales y alimenticios, de tierra y de mar, estratégicos y no estratégicos. Tiene mejores condiciones naturales que los países asiáticos, e incluso que los europeos. No obstante, tanto asiáticos como europeos encontraron formas de desarrollo, debido a la existencia de una élite -pensante y dirigente- conductora de los intereses de esos países e integradora de los intereses de los diferentes sectores.

Esto es lo que no hay en América Latina. Los gobiernos latinoamericanos -salvo excepciones- están más interesados en recibir la complacencia de los líderes de los países dominantes o de las grandes corporaciones, que en el desarrollo de sus pueblos. Buscan imitar las economías asiáticas con mano de obra barata, en vez de desarrollar los recursos naturales y humanos que hay en la región.

Sería importante que se llegue a acuerdos básicos en América Latina para alcanzar ciertos objetivos de desarrollo e inserción internacional. Esto, desde ya, requiere de un pueblo maduro políticamente para “participar” activamente -del que América Latina aun está lejos- y que exija y controle a sus gobiernos [134] .



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Realismo-Sistémico-Estructural: La Política Exterior como "Construcción" de Poder, (Córdoba, Edición del Autor, 2009) ISBN: 978-987-05-6072-2


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

[56] Una forma de construcción de poder, como la que llevó a cabo, por ejemplo, la que es hoy Unión Europea, o la OPEP.

[57] Segundo principio y principio central del realismo político según Hans Morgenthau.

[58] Aron, Raymond, Paz y Guerra entre las Naciones, (Madrid, Alianza, 1985).

[59] Henry Kissinger opina de igual manera. La política exterior debe basarse en el poder y el interés nacional, antes que en principios morales abstractos o cruzadas políticas. Kissinger, Henry, Diplomacia, (México, FCE, 1996), ISBN: 968-16-4747-5.

[60] Sobre el tema de la “macro-etapa” del Estado-Nación y la posibilidad de que esté llegando a su fin ver, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una “Macro-Etapa”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.

[61] Ver Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 22. También, “Los Cambios en el Estado Nación”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Capítulos II y III, además de los cambios, se analizan seis hipótesis de trabajo sobre el futuro del Estado.

[62] Ver sobre el tema a Hobbes, Thomas, Del Ciudadano y Leviatán, (Madrid, Editorial Tecnos, 1987).

[63] Esta ha sido una de las grandes preocupaciones de Tucídides en su “Historia de la Guerra del Peloponeso”, la posibilidad de manejarse autónomamente y romper con el “determinismo” impuesto por las “leyes naturales”.

[64] Del latín, intelligentia: personas comprometidas en el trabajo mental y creativo complejo dirigido al desarrollo de ideas.

[65] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 126-128.

[66] Configuración de poder.

[67] En toda negociación, es el procedimiento para no perder posiciones, mientras no se pueda avanzar.

[68] Este tema lo trabajé en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Sistema Político Latinoamericano”, en Revista Reflexión Política, Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional Autónoma de Bucaramanga, Colombia, ISSN 0124-0781, Vol. V, Nº 10, Dic. 2003, págs. 6-30. También, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias Políticas en América Latina en el Contexto Mundial del Siglo XXI: Hacia una Teoría Política Realista-Sistémica-Estructural sobre América Latina”, en Espiral, Universidad Autónoma de Guadalajara, México, Septiembre-Diciembre del 2008, Vol. XV, Nº 43, ISSN: 1665-0565, págs. 79-121.

[69] Por ejemplo, caso cubano a partir de 1961 en el bloque occidental o Hungría 1956-58, Checoslovaquia 1968, en el bloque oriental.

[70] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 63, 83, 128. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Bs. As., Edic. del Autor, 1994), ISBN 950-43-5524-2, págs. 13-15.

[71] Si un régimen asegura el mantenimiento o restablecimiento del orden, el resultado es la pacificación -“Pax”-; si además de asegurar el orden, realiza la justicia, el corolario es la “Paz”. Ver Goldschmidt, Werner, Introducción al Derecho. La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Buenos Aires, Depalma, 1968), pág. 353.

[72] Un ejemplo lo dan los Tratados de Paz de Versalles de 1919 y la creación de la Sociedad de Naciones; aunque muestran que la visión de las tendencias en cuanto a la configuración de la estructura mundial (configuración de poder emergente o vigente) era errónea, ya que el status quo no se mantenía, toda vez que se desembocó en la segunda guerra mundial, sin contar con la crisis del ’30 en lo económico-financiero y la gran cantidad de situaciones que escaparon a la Sociedad de Naciones como marco institucional para el mantenimiento o el restablecimiento del status quo. La política exterior en la etapa de entre-guerras, en Europa y EUA -fuera de la S de N- giró alrededor de estas temáticas fundamentalmente y de la búsqueda del mantenimiento del status quo, aunque Alemania a partir de 1933, Italia y su expansión sobre Somalia y Etiopia en 1937, Japón y su política de expansión sobre China 1932 y 1936, así como Rusia, que a partir de 1923 se transformó en la URSS y en 1939 invadió Finlandia, se encargaron de mostrar que la estructura (configuración de poder emergente o vigente) se orientaba en una dirección diferente, independientemente del marco institucional. La emergencia de una nueva estructura internacional “bipolar”, luego de la segunda guerra mundial, mostró que la dinámica del sistema depende de la forma en que se logra la distribución del poder y no de la actividad de las instituciones. El caso Irak II en el 2003 que termina de desahuciar al CS de la ONU, es otro ejemplo claro en el que la estructura de poder va en una dirección diferente al marco jurídico-institucional (que, evidentemente ha perdido vigencia).

[73] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 60. Este tema lo trabajé en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Problemática del Orden, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis (Coord. y Comp.) “Geopolítica y Relaciones Internacionales”, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), págs. 1-39.

[74] El que posee puede ser mínimo o ninguno, para mantener su supervivencia o el logro de sus objetivos.

[75] Nietzsche, Friedrich, trabaja esta temática en, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La Voluntad de Poder como Amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[76] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 128-131.

[77] No me refiero a ningún sistema internacional específico, sino a cualquiera. La tendencia natural es a la búsqueda de ventajas por parte de quienes tienen ciertas capacidades que saben explotar por sobre el resto.

[78] Este tema lo he trabajado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), especialmente Cap. VIII.

[79] Estos son temas estudiados por Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961). También, Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973). Igualmente, Galtung, Johan, Una Teoría Estructural de la Integración, en “Revista de la Integración”, BID/INTAL, Nov. 1969, No 5.

[80] Los sistemas de seguridad colectivos no reemplazan al principio de equilibrio de poder, sino que lo reafirman en la forma de una alianza universal contra cualquier agresor potencial. La seguridad colectiva difiere del equilibrio de poder en el principio de asociación por virtud del cual se forma la alianza. En el equilibrio de poderes, los miembros contemplan sus intereses individuales, mientras que en la seguridad colectiva todos contemplan la situación que vive un miembro como si fuera de todo el grupo. Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 262-263.

[81] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 253.

[82] Etchepareborda, Roberto, Historia de las Relaciones Internacionales Argentinas, (Buenos Aires, Pleamar, 1978).

[83] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Bs. As., Edic. del Autor, 1994), ISBN 950-43-5524-2, Cap. XI.

[84] Hoy lo conforman 130 Estados.

[85] Hoffmann, Stanley, Primacy or World Order, (New York, McGraw Hill, 1978), págs. 86-87.

[86] He aquí la importancia de las conductas solapadas.

[87] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 253.

[88] Políticos, académicos u otros que, operando e influenciando desde su posición en el ámbito interno, son funcionales a los intereses del hegemón u otros actores, tales como empresas transnacionales y banca.

[89] Independientemente de los ejemplos dados aquí, Morgenthau plantea esta metodología. Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 241-242, 246-268.

[90] América Latina es una región cuya historia muestra una gran discontinuidad de políticas e inestabilidad de gobiernos, a la vez que una constante fragmentación -por fuera (divide et impera) como por dentro, debido a las desconfianzas y/o divergencias entre los gobiernos-, que hace que las políticas de y entre estos países no converjan. Históricamente ha habido muchos discursos “integracionistas”, pero los hechos han ido en dirección opuesta, o le han llamado “integración” a la liberación del comercio, pero no a la creación de una “alianza estratégica”, orientada al fortalecimiento de la capacidad negociadora y a posibilitar objetivos de desarrollo. Similar situación se observa en regiones como Africa, Medio Oriente o Asia, de forma tal que las alternativas de que hayan convergencias en la periferia y entre regiones periféricas, son muy complejas, más allá de las razones de su necesidad.

[91] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 247.

[92] La formación de militares latinoamericanos en West Point y las Escuelas de contrainsurgencia norteamericanas desde la época del gobierno de Truman hasta el fin de la guerra fría, que generó la desnacionalización del concepto de defensa nacional, para transformarlo en defensa continental, aunque en realidad se trataba de la defensa de los intereses de seguridad y económicos del hegemón en el conflicto Este-Oeste. Gran cantidad de golpes de Estado en América Latina fueron liderados por militares formados en estas escuelas.

[93] De esto tienen mucha responsabilidad las instituciones académicas de formación y de investigación de la región. Este tema lo he trabajado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Papel de la Universidad y los Científicos Latinoamericanos en Epocas de Crisis, Revista de Psicología Política, N° 22, Mayo del 2001, Valencia, España, páginas 34-58. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Rol de la Universidad y el Sector Científico en Epocas de Crisis, Revista “Círculo de Humanidades”, N° 19, Noviembre del 2000, Medellín, Colombia, páginas 43-68.

[94] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 20-21.

[95] Estos temas han sido considerados como importantes por Tocqueville, Alexis de, La democracia en América (Madrid, Alianza, 2006), Bismarck, Otto, en sus Memorias. Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 173-182. También, Fouillée, Alfred, Libertad y Determinismo, (Buenos Aires, Atalaya, 1947).

[96] Morton Kaplan, estudia muy bien este mecanismo a través de lo que denomina “normas transformantes”, en su System and Process in International Politics, (New York, John Wiley and Sons, 1957), págs. 3-20.

[97] Toynbee, Arnold J., A Study of History, (New York & London, Oxford University Press, 1947), Vol. IV, pág. 226, citado en Thompson, Kenneth W., Toynbee and the Theory of International Politics, en Political Science Qarterly, New York, Vol. LXXI, Nº 3, Sept. 1956, págs. 365-386.

[98] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), págs. 269-272.

[99] La idea de ALALC en el pensamiento de la CEPAL liderada por Raúl Prebisch, era llevar a cabo, a través de la economía de escala y del mercado ampliado, un salto cualitativo que permitiera, en conjunto, lograr objetivos de desarrollo en la región.

[100] Este tema lo he trabajado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Bs. As., Edic. del Autor, 1994), ISBN 950-43-5524-2.

[101] Kaplan, Morton, System and Process in International Politics, (New York, John Wiley and Sons, 1957), págs. XI-XVII. Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), Cap. XXI.

[102] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis y otro, Aptitud de los Estados Latinoamericanos para Adoptar Decisiones Conjuntas, en “Revista Argentina de Relaciones Internacionales”, CEINAR, Buenos Aires, Vol. III, Nº 7, Enero-Abril 1977, págs. 5-19.

[103] Este tema lo analicé en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una “Macro-Etapa”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), especialmente Caps. II y III.

[104] Maquiavelo advertía que no había alianza entre desiguales, sino uno que domina y otros u otros que se someten, más allá que en algunos aspectos y en el corto plazo, pueden beneficiarse. El Príncipe, (Buenos Aires, Marymar, 1974), Cap. XXI. También lo advierte Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), pág. 251.

[105] Tomassini, Luciano, Tendencias Favorables o Adversas a la Formación de un Sistema Regional Latinoamericano, en “Estudios Internacionales”, Vol. VIII, No 29, Enero-Marzo, 1975.

[106] Demonts, R., La Coproducción, en “Boletín de la Integración”, BID/INTAL, Nº 16, 1967, págs. 98-106. También, Bye, Maurice, Cooperación en la Producción y Convergencia de los Sistemas Económicos, en “Boletín de la Integración”, BID/INTAL, Nº 8, 1966, págs. 2-16.

[107] Este tema lo he trabajado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Asociación Argentina con el Grupo Andino, en “Revista Argentina de Relaciones Internacionales”, CEINAR, Buenos Aires, Vol. I, Nº 1, Enero-Abril 1975, págs. 60-76.

[108] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Venezuela, América Latina y Argentina, en “Revista Argentina de Relaciones Internacionales”, CEINAR, Buenos Aires, Vol. II, Nº 4, Enero-Abril 1976, págs. 47-55.

[109] Ver CACTAL (Conferencia sobre Aplicación de la Ciencia y la Tecnología al Desarrollo de América Latina) celebrada en Río de Janeiro 1972 sobre la temática. ONU, “La función de las patentes en la transmisión de tecnología a los países en desarrollo”, New York, 1974, E/3961/Rev. 1. También, UNCTAD, “Informe del Grupo Intergubernamental sobre Transferencia de Tecnología”, Segundo Período de Sesiones, Ginebra, 29 enero-9 febrero 1973, TD/B/424.

[110] Aunque con la expansión hacia el Este, hay una buena cantidad de subordinados en calidad de (pseudo) “aliados”. En este caso, el objetivo central de EUA es el de evitar, primariamente, la posible recomposición de la ex URSS o la posible influencia de Rusia y el de los ex miembros de la URSS que se adhirieron a la OTAN, el de buscar protegerse de posibles futuras intenciones rusas de recomponer la URSS.

[111] El TIAR nunca funcionó como una “alianza” y mucho menos para la “asistencia recíproca”, en los términos en que este tipo de alianzas lo implica, sino como un instrumento para “disciplinar” al hemisferio en beneficio de los intereses de seguridad -especialmente durante la etapa del conflicto Este-Oeste- y económicos de EUA, sus ciudadanos y las empresas con casa matriz en ese país, pero con subsidiarias localizadas en la región. DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Bs. As., Edic. del Autor, 1994), ISBN 950-43-5524-2.

[112] Rozoff, Rick, EU, NATO, US: 21st Century Alliance For Global Domination, en Global Research, Stop NATO, February 19, 2009, http://www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=12348.

[113] Giampaolo Di Paola, ADN Kronos International, Italia, 13 de febrero del 2009.

[114] USA Today, 1 de abril de 2008

[115] Coloane, Juan Francisco, La nueva política exterior de Estados Unidos, en Argenpress, 9-2-2009, http://www.argenpress.info/2009/02/la-nueva-politica-exterior-de-estados.html.

[116] Interfax, 17 de abril de 2008.

[117] Nietzsche, Friedrich, trabaja esta temática en, “Voluntad de Poder”, en Barrios Casares, M., La Voluntad de Poder como Amor, (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1990).

[118] Chaparro, Sandra, Pasiones políticas e imperialismo: la polémica entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, Vol. 14, 2001, págs. 149-171.

[119] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989, Libro I, Capítulos 5-6.

[120] Ver A History of United States Foreign Policy (Englewood Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1965), Second Edition, págs. 228-229.

[121] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. VIII.

[122] La idea de prestigio, en este caso, no busca connotar status, sino capacidad para alcanzar objetivos o rechazar las aspiraciones de adversarios o enemigos.

[123] Morgenthau, Hans, La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1961), Cap. IV. Este tema fue muy bien estudiado también por May, Rollo, Fuentes de la Violencia, (Buenos Aires, Emece, 1972), Traducción de María Isabel Guastavino.

[124] El tema de los subsidios agrícolas en la UE o EUA para los países latinoamericanos, es un ejemplo de cómo el status quo de aquellos predomina por sobre todo planteo que los latinoamericanos hagan, incluso en foros como la OMC; lo que hace pensar en que deben buscar mecanismos de adquisición de poder, que les permita -teniendo en consideración la idea de prudencia- modificar ese status quo. La integración en América Latina en nada sirve para este objetivo, en realidad es una forma de “liberación del comercio” -al estilo “regionalismo abierto” establecido por el modelo neoliberal y regimentado por la OMC- aprovechado por las subsidiarias de transnacionales que operan en la región, pero no una alianza estratégica -al estilo de la UE-, para fortalecer su posición negociadora en el contexto mundial. Está claro que lo “justo” no es lo relevante, si el poder no lo establece así y ahí está la medida valorativa de la política de prestigio.

[125] Kissinger, Henry, Diplomacia, (México, FCE, 1996) ISBN: 968-16-4747-5. También, Kissinger, Henry, Un Mundo Restaurado (México, Fondo de Cultura Económica, 1973).

[126] Raymond Aron planteaba que “pretender un máximum de seguridad, es querer el máximum de poder, o sea, el mayor número de aliados y el menor número de enemigos”. Aron, Raymond, Paz y Guerra entre las Naciones (Madrid, Revista de Occidente, 1968).

[127] Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos, en Rebanadas de Realidad, 27-1-2009, http://www.rebanadasderealidad.com.ar/departamento-09-03.htm.

[128] Nye, Joseph S. Jr., Soft Power: The Means to Success in World Politics, (New York, Public Affairs, 2004), ISBN: 1-58648-225-4.

[129] Uscatescu, George, Maquiavelo y la Pasión por el Poder, (Madrid, Guadarrama, 1969)

[130] Foucault, Michel, Un Diálogo sobre el Poder, (Madrid, Alianza, 1981), págs. 7-20.

[131] Autores como Toynbee, Arnold opinan de esta manera. A Study of History, (New York & London, Oxford University Press, 1947), Vol. III, pág. 311, citado en Thompson, Kenneth W., Toynbee and the Theory of International Politics, en Political Science Qarterly, New York, Vol. LXXI, Nº 3, Sept. 1956, págs. 365-386.

[132] Torres, Jorge José, La Concepción Predominante Sobre la Integración Latinoamericanana Entre 1960 y 1990, en “Integración en IDEAS” publicación del IDELA/Universidad Nacional de Tucumán, http://academia.unse.edu.ar/13pg/mims/TPI/lp/CONCEPC.LATINOAM.%20INTEGRACION.PDF. También, Torres, Jorge José, “El Concepto de Integración Latinoamericana”, (Buenos Aires, Dunken, 2008), págs. 47-48. ISBN: 978-987-02-3477-7

[133] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o “unidad” Americana?” (Bs. As., Edic. del Autor, 1994), Capítulo II.

[134] Esto es lo que entra dentro del dicho de Tucídides, “… los débiles sufren lo que deben”.