Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

Home






Capítulo VII

TRANSFORMACION DEL DERECHO INTERNACIONAL CRISTIANO-EUROPEO

EN DERECHO INTERNACIONAL UNIVERSAL

La Sociedad

La expansión de Occidente por América, Asia y Africa tuvo como consecuencia que se fuera extendiendo a esas regiones el derecho de la comunidad internacional europea. El proceso se cumplió sin dificultades con respecto a las colonias europeas en América que se emanciparon de las respectivas metrópolis: Estados Unidos y los nuevos Estados de la América luso-hispana.

La colonización del Nuevo Mundo por pueblos europeos (España, Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda) trajo consigo una gran dilatación del ámbito espacial de validez del DIP cristiano-europeo. Pero no surgió un sujeto extra-europeo del DIP hasta que no se separaron de la metrópoli inglesa, en 1776, las trece colonias norteamericanas, que no solo reconocieron, a raíz de su independencia, el DIP cristiano-europeo, sino que contribuyeron decisivamente a su posterior desarrollo.

Estados Unidos ejerció una especial influencia sobre el derecho de la neutralidad y la renovación del arbitraje, que volvió a ser un medio de la política internacional desde la firma del tratado de arbitraje con Inglaterra, el llamado tratado Jay, del 19 de noviembre de 1794.

En Iberoamérica la secesión de las colonias españolas y portuguesas (1810-1825) tuvo como resultado el nacimiento y reconocimiento de varios nuevos sujetos americanos del DIP, pero totalmente influenciados por la perspectiva jurídica europea y por los valores de la religión católica, que terminaron avasallando las civilizaciones y culturas preexistentes.

RELACIONES CON PUEBLOS NO OCCIDENTALES

La Edad Media

Durante toda la Edad Media, los Estados europeos debieron enfrentar a pueblos hostiles establecidos sobre la otra margen del Mediterráneo. En primer término, fueron los árabes. Lograda su unidad gracias a una nueva religión predicada por el profeta Mahoma, sus sucesores (califas) intentaron la empresa de conquistar el mundo para Alá. Los ejércitos sarracenos, imbuidos de fervor religioso, se expandieron por el Asia Menor; conquistaron Armenia, Persia y gran parte del Turquestán, y llegaron hasta a amenazar al Occidente cristiano en sus baluartes católico y bizantino. La ola invasora fue detenida, por Carlos Martel en el 732 y, en Oriente, por el Emperador León el Isáurico en el 717. Bajo Harún al Raschid (786-809), califa de Bagdad, el mundo musulmán llegó a constituir un extenso imperio en los flancos de la cristiandad.

En los siglos siguientes, turcos selyúcidas y luego otomanos tomaron en sus manos la conducción del Islam. Fueron los ejércitos Otomanos, que en 1453 se apoderaron de la capital bizantina, cuyas murallas habían resistido durante tanto tiempo oleadas constantes de pueblos enemigos. Constantinopla se convirtió así en la capital del imperio turco, y el vencedor, el sultán Mohamed II, invadió Italia meridional. Sus sucesores continuaron la expansión, anexaron los restos del antiguo imperio árabe y se hicieron califas de todo el Islam. Bajo Solimán el Magnífico, el imperio turco alcanzó su apogeo. Sus ejércitos derrotaron a los húngaros en Mohacs y casi tomaron a Viena en 1529. Sólo la unión de los Estados cristianos ante el enemigo común pudo frenar su expansión. En Lepanto (1571) la flota de la “liga cristiana” destruyó a la otomana, y desde entonces el imperio de los sultanes comenzó a decaer y pronto dejó de significar un peligro para la cristiandad.

Esta visión de luchas continuas y aparentemente sin tregua no debe hacernos perder de vista el hecho de que hubo siempre una comunicación entre infieles y cristianos. El Levante constituía, el paso obligado para el comercio de la seda, las especias, los perfumes y las materias colorantes. Los pactos comerciales fueron frecuentes entre gobernantes árabes y cristianos. También frecuentaron las relaciones políticas. Aun haciendo abstracción de las derivadas de las mismas guerras que se sucedieron: treguas, compromisos bélicos, canje de prisioneros, etc., hay que mencionar tratados sobre relaciones pacíficas y hasta alianzas.

Las alianzas con los infieles eran consideradas pecaminosas, pero ello no fue obstáculo para que príncipes cristianos, como los reyes franceses, se entendieran con el sultán y hasta le pagaran tributo para ganarse su benevolencia.

La historia de la política internacional europea en los siglos XVI, XVII y XVIII demuestra que Turquía formaba parte de la comunidad de Estados independientes y aceptaba, como ellos, las bases fundamentales del régimen imperante.

El entendimiento franco-turco de la época se fundamenta en la simple mecánica del equilibrio, que esquematiza el proverbio de Confucio: “El enemigo de tu enemigo es tu amigo”. Las razones políticas de esas buenas relaciones entre Francia y Turquía se originan esencialmente en la desconfianza, y aun el odio, que inspiraba al Islam la política ultracatólica de la realeza española.

En 1689 China firmó con Rusia un tratado mediante el que los rusos obtuvieron libertad de comercio siempre que estuviesen provistos de una autorización en regla. Además, se concedió autorización para que todos los años una caravana de comerciantes pudiera llegar hasta Pekín. Este mismo país firmó en 1843 tratados que establecían un régimen de capitulaciones con Gran Bretaña, y luego, en 1844, con Estados Unidos. Observaciones similares podrían hacerse con respecto a Japón, Siam (hoy Tailandia), Afganistán, Persia [160].

El Siglo XIX

No obstante, recién en 1856 se admitió en el “concierto europeo” al primer Estado no cristiano: Turquía [161], lo que implicaba su vinculación al DIP europeo común, siendo así que hasta entonces las relaciones con Turquía venían regulándose por normas convencionales concertadas con distintas potencias y normas consuetudinarias particulares.

En la segunda mitad del siglo XIX fueron reconocidos también de manera general como sujetos del DIP, Estados asiáticos no cristianos: el imperio del Japón, que desde su victoria sobre Rusia (1905) se convirtió en séptima gran potencia, y luego China, Siam (hoy Tailandia), Afganistán y Persia (hoy Irán) que ya antes habían concertado tratados con distintos Estados europeos.

Pero el DIP no llegó a ser realmente universal hasta después de la Primera Guerra Mundial [162].

Los Valores

HUMANIDAD CIVILIZADA, BARBARA Y SALVAJE

Este hecho de que en la práctica los Estados europeos mantenían relaciones con Estados de otras culturas no pudo ser dejado de lado por los internacionalistas europeos del siglo XIX, a quienes, el mesianismo de que hacían gala en cuanto a la valoración de la cultura occidental europea, repugnaba la idea de considerar a Estados asiáticos y africanos en pie de igualdad con los europeos.

Por aquella época la solución doctrinal del problema que se consideraba más acertada era la enunciada por Lorimer [163]. Este internacionalista decía que como fenómeno político, la humanidad formaba tres esferas concéntricas: la humanidad civilizada, la humanidad bárbara y la humanidad salvaje [164]. Esta situación autorizaba a las naciones civilizadas a otorgar un reconocimiento, que variaba según los casos. La humanidad civilizada requería un reconocimiento político pleno; la bárbara, un reconocimiento político parcial; la salvaje, un reconocimiento natural o puramente humano. Este último se aplicaba a pueblos o tribus todavía en estado salvaje o semisalvaje, en tanto que el reconocimiento parcial correspondía a aquellos Estados no europeos que, si bien tenían estabilidad política, no habían alcanzado el mismo grado de civilización que Europa. Según Lorimer, estos Estados eran: Turquía, Persia, Afganistán, Siam (hoy Tailandia), China, y en África, Marruecos y los pequeños Estados musulmanes sobre el Mediterráneo. Si bien Japón también se hallaba incluido en esta categoría, adelantaba que muy pronto iba a ser objeto de reconocimiento pleno.

CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA UNIVERSALIZACION

Estructura de Poder

¿Cómo llegó a producirse esta extensión automática del régimen de la comunidad de Estados europeos?

Para Spengler la historia se halla estereotipada en la mente del pensador occidental dividida en Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna. Este esquema hace girar las grandes culturas en torno del “mundo occidental”, como si fuera el centro de todo el proceso universal, al igual que el sistema de Ptolomeo.

Una perspectiva “copernicana” de la historia mostraría en la Antigüedad a Occidente junto a la India, Babilonia, China, Egipto, la cultura árabe y la cultura mexicana, sin adoptar en modo alguno una posición privilegiada.

Sin embargo, los internacionalistas, -o pseudo internacionalistas- dan generalmente por sentado que, siendo la cultura europea la más avanzada, es de esperar que el derecho de la comunidad internacional europea se extendiera al universo como uno de los beneficios de la civilización.

La explicación sociológica radica en dos elementos fundamentales:

1) La distribución del poder mundial en el siglo XIX centrada en Europa, que impedía a los recién llegados contestarlo en los hechos.

2) El carácter “primitivo” [165] del DIP, que dejaba subsistentes el orden interno de los Estados, cuya soberanía era el eje central y no la comunidad y su orden o bien común y, en el fondo, sólo significaba un compromiso mínimo de convivencia.

El derecho internacional actual es el producto de la civilización occidental greco-cristiana. El derecho regional de Europa en su principio, se extendió a través del mundo entero, paralelamente con la civilización occidental.

Cabe plantearse si los mundos jurídicos de otras culturas y civilizaciones se adaptarán al derecho que les fue impuesto o bien, si el derecho internacional occidental entrará sólo como uno de los ingredientes en el futuro derecho internacional universal, como una síntesis de los criterios valorativos del conjunto de las civilizaciones contemporáneas.

Mientras el DIP sea el derecho básico de la comunidad internacional, primitivo como es, no habrá posibilidades [166]. No obstante, la globalización puede ser un factor decisivo en una “unificación impositiva”, dada por los más poderosos.

Con la gran capacidad tecnológica alcanzada por otras civilizaciones como las del mundo asiático, ¿hasta qué punto continuará el predominio de la estructura de orden y marco institucional occidental? De la misma manera, ¿cuál será el futuro del DI dado el alto grado de transnacionalización existente así como de transformación de las características y forma de operar del Estado-Nación?

El problema que se plantea principalmente, tiene que ver con la justicia que traza el régimen internacional impuesto por el mundo occidental. Una revolución estaría dada por el crecimiento del poder de otros Estados no occidentales y el alto grado de transnacionalización que se da, especialmente a partir del surgimiento de organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil.

LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES Y EL ORDEN

Los organismos internacionales gubernamentales, son vistos como agencias del orden, pero en realidad, constituyen los aspectos institucionales del régimen [167], estableciendo los “parámetros” dentro de los que el orden se da.

El orden -en términos genéricos- es el marco que establece los límites, dentro de los que los Estados se desempeñan buscando sus objetivos, limitados por el poder establecido en la “estructura” [168] internacional.

Las organizaciones internacionales gubernamentales institucionalizan pautas que fueron alcanzadas previamente de hecho, a través del proceso de polarización [169]. Si la estructura internacional varía, los organismos internacionales creados dentro de ese marco deben variar necesariamente, adaptándose o desapareciendo para dar lugar a otros que sean representativos de las nuevas pautas vigentes.

Las organizaciones internacionales gubernamentales, por un lado, deben ser “funcionales” a los intereses de los miembros según los propósitos y objetivos para los que fueron creadas; por el otro, repiten la estructura internacional en los niveles de decisiones, más allá del esquema “un Estado un voto” [170].

ESTRUCTURA DE LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

Las organizaciones internacionales, son actores, creados por otros actores: los Estados; pero carecen de “medios” propios [171]. Por lo tanto, los medios se los otorgan los miembros. Pero al interior de los organismos, se produce el proceso de “polarización” propio del sistema internacional, por lo que estos son controlados por aquellos actores que más poder tienen, estratificándolos. La justicia, por lo tanto, es entendida y repartida por los actores polares y hacia el resto, pero no les es repartida a estos. No hay un “poder de policía” supremo que esté por sobre la totalidad de los Estados, incluso los más poderosos.

La estructura de las organizaciones internacionales es básicamente similar. Todos los miembros están representados en función del principio de igualdad soberana, un Estado, un voto. Hay algunos organismos que se basan en el sistema de voto ponderado y que terminan representando mejor a la realidad de la estructura de poder. El FMI y el Banco Mundial entran dentro de este esquema, donde el peso del voto es en función de los aportes de cada miembro.

La “direccionalidad” de organismos como el FMI está clara, ya que la forma de voto ponderado transparenta el esquema de poder. En organismos internacionales donde no existe este sistema de votación, no resulta tan claro, sin embargo también hay una direccionalidad dada por el poder y no por la decisión mayoritaria.

Naciones Unidas se orienta en el sentido de la minoría constituida por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y no por el voto mayoritario alcanzado democráticamente en la Asamblea General, toda vez que tiene valor de recomendación, pero no resulta obligatorio su cumplimiento. Es más, el voto mayoritario de la AG de la ONU no puede modificar o desviar las decisiones del CS de la ONU [172]. Cuando el CS de la ONU esté desempeñando las funciones asignadas por la Carta de la ONU respecto de una controversia o situación, la AG de la ONU no puede hacer siquiera recomendaciones sobre la controversia o situación [173].

El hecho de que el Tercer Mundo lograra decisiones mayoritarias en el seno de la AG de la ONU, en temas de su interés, como no intervención, descolonización, derechos de los pueblos, o la Carta de Derechos y Deberes entre los Estados dentro del marco de la búsqueda de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo, o la soberanía sobre los recursos naturales, etc., tuvo escasa significación en cuanto a sus logros, dado el poco poder de decisión y también por el hecho de que siempre se mantuvieron fragmentados, sea porque los de “arriba” los fragmentaron, o por motivos que tienen que ver entre ellos mismos.

Un buen ejemplo lo da la toma de decisiones en el marco del Sistema Interamericano, en el que, sea en la OEA o en el TIAR, América Latina siempre constituyó mayoría frente a EUA. No obstante ello, EUA haciendo uso de su capacidad de presión sobre los diferentes gobiernos, amenazando con recortar créditos o préstamos, o votar contrariamente en organismos internacionales como el BID, BM, FMI, etc., ha conseguido que las decisiones suyas fueran las que prevalezcan. En este caso no es cuestión de voto mayoritario -que en general no lo ha habido- sino de capacidad de desempeño independiente [174].

El TIAR sólo se utilizó para intervenir en un país latinoamericano, siguiendo los criterios basados en los intereses de seguridad o económicos de EUA, nunca según los intereses o necesidades de un país latinoamericano. El hecho de que no pudo ser aplicado en la guerra de las Malvinas de 1982 es un muy buen ejemplo de lo dicho.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[160] Hoy Irán.

[161] En virtud del Tratado de París del 30 de marzo de 1856 “la Sublime Puerta quedaba admitida a participar de los beneficios del Derecho público y del Concierto Europeo” (art. 7).

[162] Ver Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), págs. 37-41. También Ver Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, Vol. I, Parte General, (Buenos Aires, Depalma, 1974), págs. 41-89.

[163] Ver Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, Vol. I, Parte General, (Buenos Aires, Depalma, 1974), págs. 60-62.

[164] El pensamiento de Huntington en su “Choque entre civilizaciones” no está lejos de este criterio. Después del 11 de septiembre del 2001, el presidente norteamericano George W. Bush expresa, con su política internacional, el pensamiento de Huntington, a la vez que el de gran parte de los gobiernos conservadores norteamericanos.

[165] Por la carencia de “racionalidad” debido a la inexistencia de un “pacto” que le diera cuerpo, al estilo, por ejemplo, del Estado-Nación.

[166] Ver Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), págs. 37-41. También Ver Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, Vol. I, Parte General, (Buenos Aires, Depalma, 1974), págs. 41-89.

[167] He estudiado el concepto de Régimen en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Bs. S., Ediciones de la Universidad, 1998), Caps. XI y XII. También en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial; Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001).

[168] He estudiado el tema de la Estructura en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. X. Ver más arriba el gráfico sobre “Régimen y Orden”.

[169] Ver “proceso de polarización” en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 141 y ss.

[170] Esquema que no se da en organizaciones basadas en el sistema de “voto ponderado” como es el caso del FMI.

[171] Este tema fue estudiado por Figari, Guillermo Miguel, Las Organizaciones Internacionales como Actores Internacionales, en “Revista Argentina de Relaciones Internacionales”, Vol. III, N° 9, Set/Dic 1977.

[172] Ver el Capítulo IV de la Carta de la ONU para corroborar lo dicho.

[173] Ver Art. 12 de la Carta de la ONU.

[174] Sobre la toma de decisiones en el Sistema Interamericano, ver, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).