Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo IV

TRANSICION ENTRE REGIMEN Y ORDEN

Como mencionaba en la introducción, no hay orden internacional sin régimen. El régimen es la base sobre la que se sustenta el orden, a la vez que los “parámetros” dentro de los que se asienta y opera.

Gráfico 11 Génesis del Orden Mundial

Génesis y Evolución del Orden Mundial

El régimen es generado por los miembros del sistema, “siguiendo criterios estructurales”, en cada uno de los segmentos que componen los “ejes” de relacionamiento. Los “criterios estructurales” están dados por las características que adopta la estructura de poder en sus reracionamientos, “horizontal” en el “tope” del sistema, de pugna por la primacía o competencia entre los actores polares y “vertical”, de “arriba hacia abajo” en el proceso de dominación y de “abajo hacia arriba” en el proceso de desobediencia y resistencia.

Los miembros del sistema se relacionarán siguiendo al régimen, en función de las características estructurales, que operarán como “factores estabilizadores” del orden. Estos factores estabilizadores dados en la estructura, operarán entre los actores polares, a los efectos de mantener el equilibrio y entre éstos y los miembros de los ámbitos hegemónicos, en forma “bi-direccional” -de “arriba hacia abajo” y de “abajo hacia arriba”- a través de las “líneas de control”.

La dinámica del sistema estará dada por la “pugna” -si es que existe conflicto entre ideologías alternativas- o “competencia” entre los actores polares y por la búsqueda de la satisfacción de demandas por parte de los miembros de la periferia, que al reclamar justicia, generan situaciones de desorden que se busca resolver siguiendo las pautas del régimen.

De esta manera, el régimen es el que establece los “parámetros” para que se genere y mantenga el orden.

El “orden” es el conjunto de parámetros -dados por el régimen-, entre los cuales se sustentan las relaciones entre los miembros del sistema y se busca concretar las aspiraciones.

Implica la “frontera” entre las “aspiraciones” y las “limitaciones”. Marca una expectativa de aspiraciones y logros entre parámetros.

Este orden, siguiendo los “criterios estructurales” [110], es la resultante de las “represiones mutuas” [111] entre los Estados y no de una “convergencia de voluntades” [112].

ORDEN MUNDIAL

CARACTERISTICAS

El orden internacional no se basa tanto sobre el consenso de sus participantes como sobre el hecho físico de que los Estados coexistan y no pueden escapar de la interacción. Esto se vuelve más complejo, en la medida en que aumenta el número y varía el tipo de actores intervinientes.

El balance de poderes es una forma de orden mundial para algunos autores [113]. No obstante, pareciera que todo se ve desde la perspectiva de los actores que pueden establecer ese balance. No se tienen en cuenta las relaciones “verticales” que muestran los procesos de dominación y también los de subordinación/resistencia de “abajo hacia arriba”.

Otros lo ven como un proceso institucional basado en reglas del derecho internacional. El “idealismo-juridicista” que ha imperado largamente en la forma de pensar las relaciones mundiales es el eje de este pensamiento. La Sociedad de Naciones creada en 1919 es un buen ejemplo de este tipo de pensamiento. De la misma manera la idea de que reformar la ONU se alcanzará un nuevo orden.

Las características del sistema internacional, en términos de estabilidad y cambio tienen que ver:

1) con que la composición del sistema sufre cambios, debido a que algunos actores polares decaen, por diferentes motivos y otros nuevos emergen; por ende, se producen cambios en la estructura;

2) los grandes cambios tecnológicos -presentes en la historia de la humanidad-, que durante el siglo XX han sido revolucionarios y permitieron que las grandes potencias pudieran adoptar nuevos criterios de expansión global, refinando la forma de actuar como “colonizadores”.

Cada sistema tiene un orden característico. En el siglo XIX el equilibrio y balance de poderes; en el siglo XX, el sistema de seguridad colectivo contra el “fluctuante” balance de poderes dominante en el orden del siglo XIX. La autodeterminación, la integridad territorial, la independencia política. En el siglo XXI, se perfila la apertura de los mercados, la seguridad jurídica al inversor, la estabilidad económico-financiera; la expansión de la OTAN hacia Europa del Este; la creación de un sistema de seguridad y defensa europeo propio y paralelo a la OTAN [114].

Autores como Frankel [115], hablan de sistemas “estables” y sistemas “revolucionarios”. Desde mi punto de vista, se trata de sistemas -a lo que Frankel llama sistemas estables- y transiciones intersistémicas -a lo que Frankel llama sistemas revolucionarios-.

Todo sistema tiene un período de formación, evolución, decadencia y desaparición. Durante toda esa etapa, tiende a mantener el “equilibrio sistémico”, actuando permanentemente en “defensa propia”. Para que emerja un nuevo sistema, se deben dar una serie de requisitos, que ocurren en la etapa que llamo de “transición intersistémica” y Frankel denomina “sistema revolucionario” por los grandes cambios que se dan en esta etapa [116].

INSTRUMENTOS Y ORGANISMOS DEL SISTEMA MUNDIAL

Los Estados actúan de manera tal de asegurar primariamente sus intereses nacionales por sobre los del sistema global, según sus propias capacidades.

Si uno observa al sistema mundial puede percibir cuán compleja es la conexión entre los roles individuales y los globales.

Teóricamente, todos los Estados actúan sobre la base de una igualdad soberana, como si fueran iguales en todos sus aspectos. De hecho, difieren no sólo en el poder, sino también en sus sistemas políticos e instituciones, en las ideologías que profesan, en las actitudes que adoptan frente al orden mundial, en la cultura e incluso los valores dominantes, etc.

No obstante, si uno observa las cosas como se están dando actualmente, hay una tendencia a uniformar todo, a través de mecanismos de aislamiento y de presión, siguiendo los criterios de las “líneas de control intra-hegemónicas”, de manera tal de que no haya tales diferencias en lo político, económico, e incluso institucional, salvo en el poder.

Dentro del marco de las organizaciones internacionales gubernamentales, los actores polares tienen la capacidad de no someterse al mandato de estos organismos o de sus miembros. Durante el sistema bipolar por ejemplo, ¿cuál sería el valor de proscribir la guerra nuclear o cualquier otra arma de destrucción masiva, si un gran poder se negara a someterse?

Los superpoderes y otros poderes intermedios, pueden ser comparados con los “señores feudales” que no consideran someterse a todas las normas generales de comportamiento [117].

Los Estados débiles, por su lado, encuentran dificultades de acción, aunque a veces buscan la “protección” de los más poderosos (por ejemplo, Pakistán en Inglaterra frente a India) generando una relación de dependencia similar a la de los “vasallos” en el sistema feudal. A veces, son absorbidos por estos poderes.

Los organismos internacionales gubernamentales en estos casos poco y nada pueden hacer, ya que su estructura normativa ha sido creada de manera tal de no sancionar a los poderosos sino a los que no tienen poder y que no forman parte de la estructura de “gobierno” del organismo, como el CS de la ONU o que tienen el “voto ponderado” en el organismo como el FMI por ejemplo. EUA negándose a la creación del Tribunal Penal Internacional, junto a China y otros. Esto ocurre porque no existe en el sistema mundial, un “árbitro supremo” que esté por encima, incluso, de los más poderosos, por lo que el “arbitraje” es llevado a cabo por los más poderosos.

El sistema legal es el instrumento más valorado para la expresión del orden social; pero el comportamiento humano es regulado también por muchas otras normas no-legales, como la moral, la costumbre, e incluso por las creencias y la ideología [118].

Algunos prefieren poner por encima de todo a los principios. Lo cierto es que las sociedades se diferencian en cuanto al grado en que permiten una variedad de conductas.

La “sanción” social varía, dependiendo de la consideración que se haga de cómo afectan ciertas conductas a esa sociedad. Incluso la interpretación puede llegar a ser confusa, ya que puede considerarse de una manera totalmente opuesta ciertos principios, como la defensa de los derechos humanos por las dictaduras en América Latina y por los que han tenido conductas contestatarias a esas dictaduras. Hoy, en países como Chile, Argentina, Uruguay y otros existe un profundo desacuerdo sobre quiénes han atentado contra los derechos humanos, si los grupos que hoy los demandan y que fueron torturados o desaparecieron por haber tratado de subvertir el orden o si los militares que hicieron abuso del poder durante largas dictaduras.

Resulta difícil poner en funcionamiento la ley en estos casos y ejercer sanciones, incluso las morales. Lo mismo ocurre con los modelos económicos neoliberales y la problemática del desempleo y el subempleo y la exclusión social.

Lo mismo se puede decir de situaciones donde la religión interviene, como es el caso de países del Medio Oriente, donde la religión y su interpretación del mundo, de las conductas humanas, las conductas sociales y de las cosas en general, es el eje central de la vida y generadora también de disputas milenarias entre los pueblos.

Dentro del marco estatal, el orden es manejable en cierta media, ya que el Estado tiene el monopolio de la coerción, lo haga de manera justa o injusta. Pero en el ámbito internacional, al no existir un “estado mundial” o una comunidad centralizada, el monopolio de la coerción lo tienen los más poderosos que se transforman en “árbitros supremos”.

Las políticas y el derecho de vencedores y vencidos es un ejemplo, caso del Tratado de Paz de Versalles impuesto a Alemania.

Gráfico 12 Reglas y Sanción Social

Reglas y Sanción Social

Respecto de los problemas coloniales que se han dado a nivel global rigen los mismos criterios. Malvinas es un ejemplo entre muchos, en que los poderosos manejan las reglas y los que no tienen poder deben subordinarse a ellas mientras no puedan revertir la situación. Lo mismo podría decirse de los casos del Esequibo para Venezuela o de Belice para Guatemala.

Incluso se puede dar el caso de devolverse el territorio bajo situación colonial, al país reclamante, pero ponerle reglas sobre cómo debe manejarlo y administrarlo. Hong-Kong es un buen ejemplo de cómo Gran Bretaña, como potencia colonial, no sólo explotó territorio chino, sino que se lo devuelve luego de un centenar de años con condiciones y la comunidad internacional, mayoritariamente, aceptó y aprobó este procedimiento.

La legitimidad de las conductas a veces termina reemplazando a la legalidad, toda vez que se puede legitimar conductas que son ilegales, como intervenir en los asuntos internos de otro Estado, hecho que es considerado ilegal, pero legitimarlo porque se pretende salvar a ese país de un “mal mayor”. EUA ha hecho uso y abuso de esta conducta a lo largo del Panamericanismo [119]. La invasión de EUA a Panamá y la detención y el juicio a Noriega es un ejemplo, otro es la intervención de la OTAN sin conocimiento de la ONU a Kosovo. También, la invasión estadounidense a Grenada en 1983; el bombardeo de Trípoli. En ninguno de estos casos Estados Unidos solicitó permiso a Naciones Unidas, sólo se dedicó a llevar a cabo el objetivo de defender lo que consideraban sus intereses nacionales; son ejemplos del rol de los poderosos en la ideología, la justicia y la ética del sistema.

Cuando no existe oposición relevante por parte de otros Estados, sea por falta de número o por falta de poder de oposición, la conducta de los poderosos termina siendo legitimada permanentemente.

El hecho de que la política del apartheid haya dominado en South Africa y la Asamblea General de la ONU nada haya podido hacer a través de su voto, muestra el dominio de las grandes potencias y el mantenimiento de sus políticas acorde con sus intereses y no con principios internacionales, como el respeto a los derechos humanos, por ejemplo. También el que las dictaduras militares o civiles hayan sido sostenidas por los diferentes gobiernos norteamericanos, siendo que ahora demanda la defensa de la democracia. Aún así, nada ha dicho el gobierno de EUA de casos como Fujimori en Perú, y nada hacen los gobiernos latinoamericanos al respecto tampoco. Avalar supuestas democracias electorales que desindustrializan a los países latinoamericanos, pero que no respetan los derechos humanos de los trabajadores a los que desemplean en aras de un mayor manejo del mercado, en realidad controlado por la banca y las empresas transnacionales, es algo conveniente para quienes controlan el sistema, pero a eso, por más que reúna ciertos requisitos formales, no se le puede llamar democracia.

Donde se observa con mayor evidencia, la capacidad de los países poderosos de imponer su voluntad, sin que se les pueda imponer a ellos, es en relación con el manejo que hacen de determinadas reglas que exigen del resto de los países del mundo, pero que se niegan a cumplir, ni siquiera en el ámbito de organismos internacionales como la ONU. Por ejemplo, la negativa de la derecha republicana estadounidense a ratificar el Tratado de Prohibición de Experimentos Nucleares es una manifestación de la voluntad de Estados Unidos de definir unilateralmente las normas de la vida internacional haciendo caso omiso del derecho desde el apogeo de su poder militar y económico, y se inscribe en su campaña para desacreditar a la ONU. A mediados de octubre de 1999 el Senado de EUA rechazó el Tratado sobre Prohibición Total de Ensayos Nucleares (CTBT, por las siglas en inglés). El voto en el Senado confirma la voluntad de intervención unilateral de EUA y su rechazo al multilateralismo, especialmente el simbolizado por la ONU.

Habían transcurrido apenas unas semanas desde los bombardeos de la OTAN sobre Serbia y los responsables estadounidenses reprochaban a la ONU su incapacidad para restablecer, aunque más no fuera, una apariencia de paz en Kosovo y en el resto de Yugoslavia. Sólo después de constatar su fracaso, EUA admitió a regañadientes que la ONU, hasta entonces hecha a un lado, tenía un rol que cumplir en la instauración de un acuerdo que organizara la retirada de las tropas yugoslavas y creara un protectorado internacional en Kosovo.

El verdadero problema es que diferentes gobiernos de todo el mundo tengan que reclutar por separado una fuerza de intervención de más de 3 mil hombres, porque EUA bloquea desde siempre la creación de una policía internacional o de una fuerza permanente de intervención rápida de la ONU capaz de actuar preventivamente bajo la autoridad del secretario general en una región de crisis [120].

Al volverse hacia la OTAN para ratificar la guerra aérea librada contra Yugoslavia, EUA violó claramente el derecho internacional y la Carta de la ONU, que estipula que sólo el Consejo de Seguridad puede autorizar el recurso a la fuerza.

Asimismo, al impedir el envío de una fuerza de paz de la ONU a Dili mientras su aliado indonesio no hubiera otorgado su acuerdo, EUA se mantuvo fiel a sí mismo, porque nunca tuvo en cuenta las resoluciones de la ONU que recuerdan la completa ilegalidad de la ocupación de Timor Oriental por Yakarta [121].

Tal como se dan las cosas en el mundo, seguramente seguirán habiendo violaciones a los derechos humanos, como en Timor Oriental o en Kosovo, que harán necesaria una intervención internacional en un Estado soberano o en un territorio ilegalmente ocupado por otro Estado soberano. Pero sólo la ONU tiene derecho a tomar decisiones de esa gravedad. Al actuar solo, EUA pregona su desprecio por las otras naciones.

Para comprender la actitud de EUA, hay que remitirse a la historia de los imperios en el apogeo de su poder y de su influencia. Sucesivamente, todos ellos han tratado de rescribir las normas globales según las cuales se proponen administrar el mundo, imponer lo que cabría denominar “la ley del Imperio”.

Tucídides describe a los griegos, preocupados por garantizar la estabilidad de su imperio, conquistando la isla de Melos [122] y gobernándola de acuerdo a principios completamente diferentes de los de la democracia ateniense. El imperio romano actuó de la misma manera. El imperio británico, no se comportó de otro modo en sus dos siglos de dominación. En la cúspide de su poder militar, económico y político, EUA quiere a su vez definir las normas de la vida internacional.

La ley del imperio significa para EUA una dispensa respecto de acuerdos internacionales a los que exige que los otros se sometan.

Sólo 58 Estados de los 200, han aceptado la autoridad de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), para intervenir en los litigios que puedan surgir entre ellos. De los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, sólo Gran Bretaña aceptó la jurisdicción. EUA y Francia no la han aceptado [123].

También se manifiesta en el rechazo por parte del gobierno norteamericano del nuevo Tribunal Penal Internacional (TPI), para juzgar los crímenes de guerra y genocidio. El gobierno estadounidense explicó, cuando se aprobó el TPI en Roma, en julio de 1998 [124], con la aprobación de 102 países, que “el tribunal pone en riesgo a quienes cargan con la responsabilidad del mantenimiento de la paz y la seguridad internacional”.

El 14 de junio del 2000, los senadores republicanos Jesse Helms y John Warner y los congresistas Tom Delay y Floyd Spence, presentaron un proyecto de ley que, previendo aplicar sanciones contra los Estados que ratifiquen la creación de la Corte Penal Internacional. Las mismas consistirían, fundamentalmente, en la retirada de ayuda militar y no afectarían a todos los países ratificantes por igual, ya que quedarían excluidos los Estados considerados “aliados” [125].

Con la pretensión de garantizar la inmunidad especial para los soldados norteamericanos que participen en maniobras conjuntas o acciones en el exterior, el gobierno norteamericano demanda de todos los Estados que firmen y ratifiquen el Tratado del Tribunal Penal Internacional, que firmen con EUA un convenio bilateral exceptuando a los soldados norteamericanos de ser juzgados por crímenes de guerra [126].

El TPI se constituyó con el objeto de recibir denuncias, procesar y juzgar crímenes de guerra y actos de genocidio. Comenzó a funcionar en julio del 2002, al recibir la adhesión de una mayoría de los países firmantes del Tratado de Roma, que le dio origen, pero aún quedan muchas dudas sobre su implementación. Este tratado prevé excepciones a su jurisdicción en caso de existir tratados bilaterales de inmunidad y es esta cláusula, incorporada por la presión de los EUA, la que el gobierno norteamericano esgrime para condicionar la asistencia y participación militar a todos los países que hayan adherido al TPI. Esto incluye desde el envío de Cascos Azules a zonas en conflicto, como es el caso de los Balcanes, hasta la ayuda a Colombia para la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla. EUA también exige acuerdos bilaterales adicionales para las misiones que lleven a cabo en el marco de la OTAN, algo que ya logró con Israel, Rumania y Colombia. La condicionalidad planteada por EUA, lleva a una peligrosa colisión entre intereses y jurisdicciones y representa un equívoco precedente que lesiona principios básicos del derecho internacional como la igualdad jurídica de los Estados.

La política de intimidación por parte de EUA es coherente con el imperialismo judicial que la potencia hegemónica exhibe alrededor del mundo. En este caso su objetivo está dirigido a lograr que la Corte Penal Internacional quede bajo la esfera del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde tiene derecho de veto. De ese modo podría legítimamente eludir las sentencias que le resulten adversas. Pretende, además, que sus representantes diplomáticos y soldados afectados a misiones de paz estén dotados de inmunidad de jurisdicción; todo lo cual traduce, en definitiva, el rechazo a renunciar voluntariamente a una porción de soberanía.

La ley del imperio aparece también claramente en la negativa de EUA a firmar la convención de 1997 que prohíbe las minas antipersonales. La organización que desarrolló la campaña por la firma de esa convención recibió el Premio Nóbel de la Paz. Los dirigentes estadounidenses aplaudieron, deplorando las muertes provocadas por las minas abandonadas en todo el mundo por naciones irresponsables. Pero no por eso dejan de exigir que se los exceptúe y se les permita disponer de esos aparatos de muerte en la zona desmilitarizada de Corea y alrededor de la base estadounidense de Guantánamo en Cuba.

El unilateralismo de Washington se manifiesta también a propósito de la campaña por la protección de los niños en tiempo de guerra. La Convención de los Derechos del Niño de 1994 refleja la inquietud mundial respecto de la utilización de los jóvenes como combatientes o como trabajadores, sirvientes o esclavos paramilitares. EUA es el único país del mundo, junto con Somalía, en negarse a ratificar la convención.

La pretensión de una “superioridad moral” por parte de Washington resulta confirmada también por su negativa a firmar o ratificar una serie de textos internacionales, especialmente la Convención de la ONU sobre Derechos Económicos y Sociales, la Convención sobre los Derechos de las Mujeres, la Convención sobre Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos. EUA tampoco firmó los protocolos adicionales de 1977 a las Convenciones de Ginebra de 1949, que amplían la protección de las poblaciones civiles en tiempo de guerra. Por otra parte, Washington sigue rechazando la Convención sobre el Derecho al Mar de 1982, aunque durante la negociación consiguió múltiples ventajas para su flota militar. Pero se niega a aceptar la jurisdicción del órgano de mediación previsto por el texto, así como rechaza la explotación de los recursos del mar en beneficio de la humanidad.

La más clara ilustración de la ley del imperio tal vez se encuentre en la manera en que EUA le quitó a la ONU el poder de decisión sobre las intervenciones internacionales a favor de un recurso legal a la OTAN.

En 1995 la Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright designó públicamente a la ONU como “herramienta de la política exterior estadounidense” [127].

En 1996, cuando EUA bombardeó Irak, el gobierno norteamericano pretendió que ya no necesitaba resoluciones de la ONU para justificar los ataques aéreos. En diciembre de 1998, pese a la opinión en contrario de la mayor parte de los Estados miembros del Consejo de seguridad, EUA con el apoyo del Reino Unido desató la operación “Zorro del desierto”.

De allí en más, abandonó por completo a la ONU. Sustituyó la exigencia legal de una autorización de la ONU para todo uso de la fuerza por la utilización de la OTAN [128].

Gráfico 13 Poder, Orden y Justicia Mundial

Poder, Orden y Justicia Mundial

EL ORDEN EN LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

En la comunidad internacional, a diferencia del orden al interior del Estado, los objetivos de “seguridad”, “cumplimiento de los tratados”, “estabilidad en la soberanía”, no son perseguidos directamente por los hombres, sino confiados a la responsabilidad de los Estados -quiénes actúan en su nombre- que estos han creado [129].

Hoy, incluso, los Estados lo confían a organismos internacionales gubernamentales, generándose un marco institucional global, pero dependiente de la estructura de poder vigente. De esta manera, coexisten tres marcos:

1) el internacional-interestatal;

2) el internacional-institucional, sea global o regional; y

3) el transnacional, que ha crecido mucho, en algunos casos, a expensas de los otros dos.

Los gobiernos se encuentran frente a un “desdoblamiento funcional”. Por un lado, se encargan del establecimiento y mantenimiento del orden en el ámbito interno, de acuerdo con las normas constitucionales, y a la vez, se transforman en “co-legisladores” en el ámbito internacional, pero “individualmente responsables” del cumplimiento de las normas que acuerdan con otros gobiernos [130].

A diferencia de los Estados, donde rige la “estructura de la subordinación” en el marco del derecho, el sistema internacional se maneja por la “estructura de la coordinación desigualitaria, ya que los Estados, a diferencia de los individuos, colegislan pero son individualmente responsables de la implementación de las normas que adoptan, y se manejan con criterios individuales y soberanos de acuerdo con su poder.

Hoy, con el proceso de “transnacionalización” de las relaciones mundiales, el desdoblamiento funcional se está “invirtiendo”, ya que las normas se han “transnacionalizado” -como resultado de la intervención creciente de actores de esta categoría, en la conformación del “régimen”-, generando reglas al interior de los Estados. La ecología es un buen ejemplo de lo dicho, aunque hay una gran cantidad de áreas en las que se podría decir lo mismo. Hoy, quien tenga un problema de derechos humanos no recurre a “su” Estado, sino a “su” ONG [131]; lo mismo pasa con las mujeres y sus problemáticas, etc.

Cuando un hecho no afecta seriamente al interés nacional, entonces generalmente se actúa en función de la moral más que en función de otros objetivos [132]; caso contrario, el interés nacional será el que prevalezca.

Los Estados difieren de los individuos, en términos de que aquellos no están “sujetos” a la ley. El derecho internacional, a diferencia de la ley a nivel nacional, no está por “encima” de los Estados, sino que se trata de una norma “entre” Estados [133]. Esto es lo que impide que haya una “sanción” concreta a nivel internacional.

Los Estados se asumen soberanos por lo que no reconocen autoridad superior. La motivación por la que el senado norteamericano decidió no ratificar al Pacto de la Sociedad de Naciones, que fuera ideado por su presidente Wilson, fue que “no hay ley suprema por sobre la ley federal”. No obstante, el gobierno norteamericano, a leyes federales como la Helms-Burton las impone, como si fueran ley internacional.

Es necesario delegar soberanía para que el derecho internacional genere obligación a un Estado. En última instancia, es una cuestión de voluntad, de confianza y de que los Estados consideren que todos están en pie de igualdad. Esto, ya es una cuestión de poder. La igualdad no se puede asumir jurídicamente en situaciones como las que se viven en el sistema mundial.

George Schwarzenberger hace un análisis del derecho internacional desde una perspectiva sociológica y plantea tres categorías:

1) La primera es la que llama “ley de poder”. Consiste en las reglas que ayudan a mantener el armazón político, las jerarquías existentes basadas en el poder. A esta categoría pertenecen las normas que aseguran la independencia de los Estados y la no interferencia en sus asuntos domésticos; tratados de paz; acuerdos de límites; alianzas; etc.

2) La segunda categoría comprende la “ley de reciprocidad” que regula las áreas menos vitales para los propósitos del poder; donde los Estados buscan acomodar los intereses de otros Estados para obtener beneficios recíprocos. Este es el más numeroso grupo de normas internacionales que cubren muchos campos: las inmunidades diplomáticas y la extradición; el comercio y las comunicaciones; las limitaciones a la guerra.

3) La tercera categoría se encuentra todavía en una fase rudimentaria. Es el “derecho de la comunidad internacional” [134]. Ejemplos de este derecho: la regulación del comercio de los esclavos, o de los ríos internacionales; las normas de buena vecindad económica en el Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT, hoy reemplazado por la OMC) [135].

El sistema internacional está totalmente descentralizado y no posee ninguna “legislatura”, pero no obstante incorpora la regla fundamental: pacta sunt servanda que permite a los Estados desarrollar el derecho internacional a través de numerosos tratados recíprocos. Algunos arreglos y cláusulas se repiten en los tratados que regulan un tema o materia dado y a menudo sirven como una base para la ley fundada en la costumbre internacional.

Otra consecuencia importante de la descentralización del sistema internacional es la “ausencia de una autoridad ejecutiva central” que podría dar fuerza a la ley. Los Estados retienen el último derecho del uso de la fuerza y acudir a la guerra, conservando una jurisdicción exclusiva sobre los temas domésticos; a pesar de los esfuerzos hechos, la intervención nunca se estableció como una institución legal.

Dentro del sistema internacional basado en el equilibrio de poderes, la ley internacional fue bastante adecuada. Durante la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, se desarrolló gradualmente un sistema bastante comprensivo de reglas. La moderación general y aceptación del sistema, hicieron practicable la “ley de poder”, a pesar de su naturaleza rudimentaria. Los intereses recíprocos dieron lugar a un desarrollo rápido de tratados, sobre todo con respecto al comercio, mientras las numerosas conferencias y las instituciones permanentes empezaron a extender la “ley de comunidad”.

Gráfico 14 Categorías del Derecho Internacional

Categorías del Derecho Internacional: George Schwarzemberger

Cuando el sistema de equilibrio de poderes empezó a declinar en el siglo veinte, los esfuerzos por extender “la regla de la ley” para desarrollar cortes internacionales, y extender la ley internacional a la prohibición del uso de la fuerza comenzó a fallar. La ley es una expresión de orden social y sólo es marginalmente un elemento formativo dentro de él. La razón principal por qué estos esfuerzos fallaron fue que los reformadores confundieron la ley de poder con otros grupos de normas.

Las leyes de reciprocidad y de la comunidad podrían desarrollar y sólo podrían prosperar contra el fondo de la seguridad, asegurado por el funcionamiento del equilibrio de poderes. Cuando esta seguridad desapareció y la ley de poder tuvo que ser ajustada a un nuevo sistema internacional -el bipolar-, cualquier esfuerzo por extender normas de la comunidad al campo de poder resultó sumamente ingenuo [136].

A partir del surgimiento del sistema bipolar, el derecho internacional se ha expandido y especializado, pero también ha perdido mucho de su significado tradicional.

Las distinciones básicas entre las materias domésticas e internacionales han desaparecido y las diferencias entre actos públicos y privados se han vuelto borrosas. Muchas reglas vinculadas a la jurisdicción territorial o al derecho de la guerra y la neutralidad han sido violadas al punto de nulificarlas. Los problemas vinculados a armas nucleares, el espacio ultraterrestre, la explotación de los fondos marinos o la propaganda política, no han sido resueltos.

A esto habría que agregarle el alto grado de transnacionalidad que alcanzaron los acontecimientos mundiales, lo que hace mucho más complejo el derecho y la línea divisoria entre público y privado.

Una proporción importante del nuevo derecho internacional, se orienta en la forma del derecho de las instituciones internacionales.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[110] Los “criterios estructurales” son la resultante de la “configuración de poder vigente o emergente” en el sistema. Ver este tema en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Introducción, pág. 6 y passim.

[111] Esta perspectiva es sostenida, entre otros autores, por Liska, George, War and Order: Reflections on Vietnam and History, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1968), pág. 24. Morgenthau, Hans, con su esquema de “Equilibrio de Poderes” sostiene la misma perspectiva. Ver su “Política de Poder entre las Naciones: La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1963).

[112] Esta perspectiva es sostenida por ejemplo, por Frank Tannembaum, quien considera que el equilibrio de poderes no representa el comportamiento normal de los Estados. Ver su “The Balance of Power versus the Co-ordinate State”, en Political Sciences Quarterly, LXVII, 1952, pág. 175.

[113] Por ejemplo, Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 157 y ss.

[114] Ver Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 158.

[115] Un análisis sobre qué caracteriza al sistema internacional “estable” o “revolucionario” lo hace Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 158 y ss.

[116] Este tema lo he estudiado en profundidad en “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Bs. S., Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. XV “Los Cambios Sistémicos”.

[117] Este tipo de análisis también es hecho por autores como Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 167 y ss.

[118] Autores como Frankel le dan un valor significativo a esta temática, Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 170 y ss.

[119] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994); ver también, para otros ejemplos a , Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 172 y ss.

[120] Ver Bennis, Philiss (Investigadora del Institute for Policy Studies de Washington D.C.), La Ley del Imperio, en “Le Monde Diplomatique”, el Dipló, Buenos Aires, Diciembre de 1999, pág. 13. Traducción de Marta Vasallo.

[121] Ver Noam Chomsky, “Timor: entre el horror y el olvido” Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, octubre de 1999.

[122] Milo o Melos, isla situada al sureste de Grecia, en el mar Egeo; forma parte del archipiélago de las Cícladas. La escultura helenística Venus de Milo fue hallada en esta isla en 1820.

[123] Francia fue condenada por ensayos nucleares en el Atolón de Mururoa 1974 y no aceptó el fallo de la CIJ. EUA fue condenado en 1986 por su responsabilidad en el minado de aguas territoriales nicaragüenses y tampoco aceptó el fallo de la CIJ. No hubo poder de policía para exigir el cumplimiento de estos fallos. Ver Chemillier-Gendreau, Monique (Profesora de Derecho Internacional de la Universidad de París VII) “El Orden Jurídico Internacional: ¿Una Quimera?, en “Le Monde Diplomatique”, Le Dipló, Buenos Aires, Agosto de 1999, págs. 6-7.

[124] EUA fue uno de los siete que votó en contra, junto a Israel, Libia, Irak, China, Qatar y Sudán.

[125] Martín, Lozada, Justicia Universal versus Imperialismo Judicial, Le Monde Diplomatique, Le Dipló, Enero del 2001.

[126] Ver “Polémico reclamo de inmunidad jurídica”, en Diario Clarín de Buenos Aires, 6 de Septiembre del 2002.

[127] Washington Times, 13-12-95.

[128] Ver Bennis, Philiss (Investigadora del Institute for Policy Studies de Washington D.C.), La Ley del Imperio, en “Le Monde Diplomatique”, el Dipló, Buenos Aires, Diciembre de 1999, pág. 15. Traducción de Marta Vasallo.

[129] El Estado, es una “entelequia jurídica”. Es una figura creada por el hombre, en función de la existencia de un territorio, una población (la Nación) y el poder suficiente para la vigencia de este Estado. En términos aristotélicos, el Estado, en realidad, son las “constituciones”. Es el resultado del “pacto” que hicieron los hombres -de acuerdo con la concepción de Hobbes, Locke, Kant, Rousseau o Montesquieu-, para acordar la estructura que los cobijará y representará. Cuando ese “pacto” pierde vigencia (diferencia entre constitución formal y constitución real), debe “refundarse” el Estado, a través de un nuevo “pacto”, una nueva constitución, que refleje la nueva estructura (configuración de poder vigente al interior del Estado) y el proyecto de país que se quiere. No obstante ello, muchas constituciones son reformadas, sin considerar los hechos, las realidades; son sólo modificaciones jurídicas.

[130] El “desdoblamiento funcional” es un concepto desarrollado por George Scelle. La teoría de Scelle está desarrollada en su “Théorie et practique de la fonction exécutive en Droit lnternational” en Recueil des cours de la lére Académie de Droit International (1936, I), tomo 55 y sus “Régles générales du Droit de la paix”, en Recueil... op. cit., (1933, IV), tomo 46, págs. 657 y ss. Este tema lo he analizado en, La Problemática del..., op. cit., pág. 4. También ver Vincent, R.J., No Intervención y Orden Internacional, (Buenos Aires, Marymar, 1976), pág. 326.

[131] Gran cantidad de grupos de derechos humanos en diferentes países, se unieron a los “lobbies” internacionales, para modificar el status en su país y “quebrar” al dominante.

[132] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 175.

[133] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 176.

[134] Juan Carlos Puig habla en términos de Derecho de la Comunidad Internacional, ya que considera que el derecho internacional se encuentra aún en un estado embrionario. Ver su Derecho de la Comunidad Internacional, (Buenos Aires, Depalma, 1974).

[135] Schwarzenberger, George, Power Politics, (London, Stevens & Sons, 1964).

[136] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), págs. 178-179.