Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo II

RELACIONAMIENTO ENTRE ESTRUCTURA Y ORDEN

Hay una visión fragmentada del funcionamiento del sistema, particularmente en el marco del sistema internacional, ya que en el contexto interno del Estado se tiene más en cuenta la correlación entre poder y norma.

Existe una visión dominantemente jurídico-idealista [59] del funcionamiento del sistema internacional. Pareciera que, para comenzar, la realidad careciera de “vida propia” y de una lógica del funcionamiento; que todo depende de la “voluntad” de quienes le pueden dar algún tipo de orden a esa realidad. Por otra parte, también predomina la creencia de que el orden es la resultante de una “convergencia de voluntades” [60], toda vez que se ve al rol de los Estados en los organismos internacionales como “un Estado un voto”.

No obstante la realidad no se condice con estos criterios. Es más, resulta obvio que los organismos internacionales, de hecho, también resultan estratificados en la forma en que funcionan, toda vez que no disponen de medios propios sino de los que sus miembros les dan, por lo que terminan orientándose e interpretándose sus normas, según los intereses y aspiraciones de los más poderosos.

Las instituciones internacionales, cuya proliferación se dio recién hacia la segunda mitad en el siglo XX, terminan reflejando en su ordenación normativa y en su funcionalidad, la estructura de poder vigente.

Si uno hace un análisis histórico, puede observar que el orden siempre siguió los lineamientos dados por la estructura de poder.

Creo que sería conveniente tener una visión más cercana a la realidad para poder describir, explicar y comprender el funcionamiento del sistema. Esta visión debe considerar que la norma no surge de cualquier lugar, sino que sale de una sociedad en particular, que tiene unos valores dominantes -establecidos por la estructura de poder dominante- que incidirán en la conformación de la norma. Esta norma se aplicará sobre esa sociedad en concreto y para ello requiere de un poder de policía, que exija su cumplimiento y que sancione por su incumplimiento a todos por igual [61].

En el contexto mundial, tanto histórico, como actual, el aspecto más débil y menos tenido en cuenta es el que contempla al poder de policía, que existe, pero está dado por los actores más poderosos; no hay un poder central que opere como árbitro supremo.

EL REGIMEN COMO “PARAMETRO” DEL ORDEN

El régimen contempla, la forma en que se relacionan los actores atendiendo al ejercicio del poder y los valores -o ideología dominante- alrededor de los cuales ocurre o predomina este relacionamiento, los métodos para resolver los problemas que se presentan y la manera de dirimir los conflictos entre los actores.

Una definición genérica de régimen internacional consideraría:

1) El conjunto de principios, normas, reglas, pautas o procedimientos y valores que rigen el relacionamiento de las unidades componentes en un segmento o área de relacionamiento determinado, atendiendo al ejercicio del poder, y que son acordadas o impuestas entre los actores preponderantes, con la resistencia -o aceptación- de los que se encuentran en su esfera de influencia;

2) La forma en que los actores preponderantes, que se encuentran conduciendo al sistema, por consenso o por imposición, establecen métodos de resolución de los problemas que surgen en cada uno de esos segmentos; y

3) Las pautas que se establecen para solucionar los conflictos entre los distintos actores o unidades, en relación con una problemática vinculada a cada segmento [62].

La generación del régimen sigue un “patrón direccionador”, dado por la estructura de poder. Ningún actor, por más poder que tenga, dispone de un control absoluto, ya que, a nivel “horizontal” hay otros que disputan con él los objetivos y la posibilidad de generar e imponer las reglas, y a nivel “vertical”, existen actores que se resisten a las conductas impositivas de diversa manera.

El análisis del régimen consta de tres grandes áreas de indagación que se caracterizan por distintos temas de análisis:

a) La creación de las nuevas reglas por los actores siguiendo pautas ideológicas dominantes [63]. El aspecto central del proceso de transición;

b) Las reglas mismas. El resultado del proceso de transición;

c) La aceptación o el rechazo de las reglas, que los actores definen durante la fase de transición. El núcleo característico del proceso de consolidación.

Durante la etapa de “transición inter-sistémica” -decadencia de un sistema y orden mundial y emergencia de uno nuevo- la actividad más significativa es el proceso de “polarización” entre las unidades del sistema, siguiendo criterios estructurales -atendiendo a la configuración del poder vigente en forma piramidal-, cuyo objeto central es la generación del -nuevo- régimen [64].

Hablo del poder vigente en forma piramidal, ya que el grado de “difusión” del poder, no es suficiente como para posibilitar la intervención de todos los miembros del sistema -creciente en número y tipo- en paridad de condiciones en la generación de reglas -régimen- [65].

La difusión del poder se da de una manera heterogénea en cuanto al tipo de actores, ya que no se difunde sólo entre los Estados, sino entre otros actores no estatales, como las ONG's y las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil), por ejemplo, o las empresas, la banca, los fondos de pensión y de seguro, etc.; lo que provoca que la búsqueda de la justicia se reparta entre actores con intereses y motivaciones diversos.

Gráfico 8 Ejes y Segmentos de Relacionamiento Mundial

Ejes y Segmentos de Relacionamiento Mundial

El régimen se expresa a través de acuerdos, de la costumbre y de organismos internacionales que pueden tener en consideración uno y otro criterios.

El mantenimiento y la aplicación del régimen se encuentran presentes en los principios y las normas mismas, así como la posibilidad de su cambio. Los tratados, así como las cartas constitutivas de los organismos internacionales establecen los mecanismos de sanción en caso de incumplimiento, y también la forma de modificación de esas normas o cartas constitutivas.

Si las cosas fueran tan simples como esto, todo resultaría más fácil, particularmente para los que carecen de poder suficiente y reclaman justicia a sus aspiraciones. El voto mayoritario de los miembros de un organismo internacional -que muchas veces resulta casi imposible de alcanzar para casos de cambio de sus cartas constitutivas-, no es suficiente para lograr el objetivo de cambio de régimen, ya que los actores más poderosos, manejan otros mecanismos más sutiles y a la vez contundentes para mantener la división de la periferia disconforme y por lo tanto debilitada, a la vez que para generarles la sensación de que los mecanismos sancionadores o de marginación les generará más costos que los beneficios que obtendrán con las conductas que adoptan.

Asociaciones “horizontales” orientadas a “maximizar” la capacidad de desempeño y negociación, al estilo de la OPEP, o de la hoy Unión Europea, no frecuentan y, en muchos casos se debilitan internamente, como lo fue el caso de la OPEP que malgastó o dilapidó los grandes ingresos que obtuvo por exportación petrolera a partir de los impactos producidos en 1973 y 1979, debido a la corrupción y malos manejos de sus gobiernos.

Gráfico 9 Características de Funcionamiento del Régimen

Características de Funcionamiento del Régimen

Tratar de contrarrestar el poder y la influencia de los más poderosos resulta complejo de esta manera, ya que las élites de la periferia son, en muchos casos cooptadas por la élite del centro, operando según los criterios establecidos por el centro.

Sea porque operan los mecanismos de cooptación, sea porque se hace uso de la fuerza por parte de los actores polares, la modificación del status quo en el sistema resulta difícil de conseguir desde la periferia. Las estrategias a utilizar requieren operar en el largo plazo y, preferentemente a partir de sistemas de alianzas, ya que la vía individual -caso de Japón, China y algunos países asiáticos o de Alemania- resulta muy compleja.

LOS PAISES DE LA PERIFERIA Y EL REGIMEN MUNDIAL

Los países de la periferia, están expuestos a las oscilaciones de un sistema internacional del que no pueden sustraerse pero sobre el cual ejercen tan sólo un control limitado. La excepción a esta generalización, está dada por países que son tan grandes como para poder limitar las interacciones externas, especialmente China, India, Brasil, y unos pocos Estados en desarrollo más pequeños que tienen estructuras sociopolíticas y económicas flexibles y efectivas que les permiten adaptarse a las condiciones internacionales, tales como los países de industrialización reciente (PIR o Nic por sus siglas en inglés) del sudeste de Asia: Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Malasia, Tailandia, Hong Kong, etc.

Los Estados de la periferia han adoptado una gama de estrategias para afrontar su subdesarrollo y su vulnerabilidad. Las estrategias dirigidas primordialmente a aliviar la vulnerabilidad son las que más frecuentemente se juegan en los foros internacionales dedicados al establecimiento o el mantenimiento de los regímenes internacionales [66].

Si al régimen lo definimos, básicamente, por los principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisión en torno de los cuáles convergen las expectativas de los actores, tendríamos que aclarar que los principios constituyen el conjunto coherente de afirmaciones teóricas acerca de cómo funciona el mundo; las normas especifican los estándares generales de conducta y las reglas y los procedimientos de toma de decisión se refieren a las prescripciones específicas de conducta de áreas claramente definidas.

Por ejemplo, un régimen internacional liberal para el comercio se basa en un conjunto de principios económicos neoclásicos que demuestran que la utilidad global se maximiza por medio del libre flujo de productos. La norma básica de un régimen comercial liberal es que las barreras tarifarias y no tarifarias deben reducirse y, en última instancia, eliminarse. Las reglas y los procedimientos de tomas de decisión se especifican en el GATT/OMC.

Los principios y las normas definen el carácter básico de cualquier régimen. Aunque las reglas y los procedimientos de toma de decisión pueden cambiarse sin alterar la naturaleza fundamental de un régimen, no ocurre lo mismo con los principios y las normas.

Los regímenes establecen esquemas de conducta aceptables. Coordinan la toma de decisión. Los cambios de los regímenes pueden alterar el control y la distribución de los recursos de poder entre los actores del sistema internacional. Cada Estado desea más control sobre los regímenes internacionales con el objeto de lograr que sus propios valores básicos e intereses sean más seguros [67].

Como grupo, los países subdesarrollados y en vías de desarrollo han respaldado principios y normas que legitimarían modos de distribución más “autoritativos” -en función de la “autoridad” no del autoritarismo- que orientados al “mercado” [68]. La distribución autoritativa involucra la distribución directa de los recursos por parte de las autoridades políticas, o la atribución indirecta por medio de la limitación de los derechos de los actores no estatales, incluyendo las corporaciones privadas. Un régimen con orientación de mercado es aquel en el cual la atribución de recursos está determinada por las capacidades y las preferencias de los actores individuales que tienen el derecho de manejarse según las propias estimaciones de sus mejores intereses.

Para los países de la periferia, los regímenes internacionales autoritativos son atractivos porque suministran flujos de transacción más estables y predecibles que los regímenes de mercado [69].

Los shocks y las presiones externas son amenazantes para los países en desarrollo a causa de que sus recursos y sus capacidades de adaptación son muy limitados. Los Estados de la periferia persiguen cambios básicos de los principios y normas. En los ´70 cuestionaron el orden liberal existente, por medio del pedido de un Nuevo Orden Económico Internacional más justo (NOEI). No obstante, finalizado el sistema bipolar, el Consenso de Washington de 1989 ha sido el “libreto” para darle mayor fuerza a la ideología liberal y los gobiernos de los países periféricos, independientemente de su discurso, lo han aplicado sin discusión [70], adoptando orientaciones netamente de mercado.

Históricamente, los países de la periferia, han procurado, en primer lugar, alterar las instituciones internacionales existentes, o crear otras nuevas que fueran más congruentes con sus principios y normas preferidos. En segundo lugar, han presionado para lograr regímenes que legitimen la confirmación unilateral de la autoridad soberana por parte de los Estados individuales.

Durante la etapa bipolar, los países de la periferia, han demandado una mayor participación en los foros globales. Respaldaron las organizaciones universales con procedimientos de toma de decisión según el sistema de “un Estado, un voto”. Presionaron para lograr la creación de nuevas burocracias más sensibles a los regímenes basados en la asignación autoritativa. Por ejemplo, en el área del comercio, la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo, conocida por sus siglas en inglés) fue creada como contrapeso del GATT (Acuerdo General de Tarifas y Comercio, conocido por sus siglas en inglés), hoy reemplazado por la OMC; que era percibido por los países en desarrollo como una institución comprometida con el enfoque de orientación de mercado.

De todas formas, el principio de “un Estado, un voto” puede lograr ciertos regímenes, pero el tema está en la capacidad de aplicación. Existe poca cohesión entre los países de la periferia como para llevar adelante objetivos conjuntos. Además, muchos gobiernos de la periferia mantienen lazos de afinidad con élites del “centro” más que con otros países de la periferia, dificultando o impidiendo lisa y llanamente la posibilidad de ganar un mayor poder de negociación.

La actitud de los gobiernos de Argentina -etapa de Carlos s. Menem- y de Uruguay –etapa de Batlle- respecto del MERCOSUR, al que consideran como innecesario para negociar la creación del ALCA, a diferencia del gobierno brasileño, es un ejemplo entre muchos.

La segunda estrategia de los países de la periferia ha sido respaldar a los regímenes internacionales que legitimen el derecho de los Estados individuales a ejercer control soberano sobre un rango amplio de actividades. Han procurado aumentar la cantidad de actividades que son universalmente aceptadas como sujetas al control unilateral del Estado. Por ejemplo, los países latinoamericanos encabezaron la lucha destinada a conseguir la extensión de zonas económicas exclusivas en el océano. Asegurándose la aceptación internacional de este derecho en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Mar, los países costeros en desarrollo pudieron conseguir mayores beneficios económicos y más control del que hubieran logrado si se hubieran reconocido límites más estrechos. Al aceptar los reclamos de derechos de propiedad unilateralmente afirmados por parte de los países en desarrollo, la comunidad internacional redujo considerablemente los costos del cumplimiento. De manera similar, en su trato con las corporaciones multinacionales, han procurado, conseguir la legitimación de los controles nacionales, aunque ha sido prácticamente en vano.

Los objetivos regimentales perseguidos por los países de la periferia se han orientado a limitar el poder de mercado del Norte, por medio del incremento de las prerrogativas soberanas, ya sea mediante organizaciones universales internacionales en las que cada Nación tiene un solo voto, o por medio de la ampliación del rango de actividades exclusivamente sometidas al deseo soberano unilateral de los Estados en desarrollo.

Las demandas asociadas con las propuestas de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo, que revistieron mayor importancia a mediados de los años ´70, son la manifestación más clara de los esfuerzos por reestructurar los regímenes internacionales con orientación de mercado. El NOEI y las propuestas relacionadas con él cubrían un amplio rango de áreas temáticas que incluían el comercio, productos de primera necesidad, ayuda, deudas, soberanía sobre los recursos naturales, código de conducta para las empresas multinacionales. El planteo por un NOEI más justo fue la culminación de los esfuerzos que la periferia había emprendido en la década de los ´40. Sin embargo este proceso se ha diluido totalmente con la finalización del sistema bipolar y la implementación del Consenso de Washington de 1989, a la vez que la creación de la OMC y sus reglas y, desde ya, el surgimiento de gobiernos periféricos, “funcionales” a este proceso.

El interés en alterar los regímenes internacionales por parte de los países de la periferia ha sido función de tres variables:

1) la naturaleza de las organizaciones internacionales existentes;

2) la capacidad de formular un sistema de ideas coherentes que establezca la agenda de las negociaciones internacionales y cimente la unidad de la periferia; y

3) la actitud y el poder declinante del Norte, especialmente de Estados Unidos, con respecto a las demandas del Sur y a los foros en los que estas demandas se han formulado.

1) La naturaleza de las estructuras regimentales existentes, incluyendo las organizaciones internacionales, ha ejercido influencia sobre la capacidad que tienen los Estados de la periferia de asegurarse un entorno gobernado por asignaciones autoritativas y no de mercado. La ventaja institucional lograda por la periferia ha sido la aceptación del principio de la igualdad soberana de los Estados [71].

De todas formas, este principio ha tenido escaso valor en el momento de aplicación, ya que los Estados poderosos tienen metodologías sutiles para mantener fragmentados a los países de la periferia y para hacerlos votar en su favor ciertos temas que son de su interés.

Antes del siglo veinte, los grandes poderes eran aceptados como los actores dominantes del sistema, que poseían derechos de acción unilateral negados a los Estados más pequeños: el principio de la primacía de los grandes poderes dominaba al de la igualdad soberana. En el sistema actual, el principio de igualdad soberana predomina sobre el de la primacía de los grandes poderes desde el punto de vista institucional, pero en los hechos, son los poderosos los que establecen las pautas.

Naciones Unidas, como organismo de alcance mundial, sigue en la Asamblea General, el principio de la igualdad soberana. Este principio rige, pero con la excepción del caso de las instituciones financieras internacionales y del Consejo de Seguridad. Las posibilidades que tiene la Asamblea General de incidir en las decisiones del Consejo de Seguridad son nulas.

Los países de la periferia lograron la creación de nuevos organismos tales como UNCTAD y UNIDO (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial). En áreas en las que las instituciones existentes limitaban el acceso, como la Antártida, los países de la periferia han tenido poco éxito.

Para los Estados en desarrollo, las situaciones más atractivas han sido aquellas en las que los regímenes internacionales existentes, respaldados por el Norte, ya incluían normas de asignación autoritativa y no de mercado. Si los países en desarrollo lograban asegurarse el acceso a esos regímenes, podían hacer reclamos de recursos que les hubieran estado prohibidos dentro de un mundo con orientación de mercado.

2) La segunda variable que afecta la capacidad de los países en desarrollo de lograr sus regímenes internacionales preferidos, ha sido la coherencia de los argumentos ideológicos utilizados para racionalizar y justificar sus demandas.

El grado de coherencia en las posturas y tomas de decisiones en los gobiernos de la periferia ha sido relativo. Si bien, los Estados en desarrollo estuvieron, en general, en desacuerdo con los regímenes liberales con orientación de mercado, el hecho de que sus sistemas políticos hayan sido inestables, con grandes cambios en su orientación tanto ideológica como en la toma de decisiones, debido, fundamentalmente a golpes de Estado -la mayoría de los cuales ha sido apoyado o promovido desde países del “centro”-, ha generado situaciones de constante “corsi e ricorsi”, no sólo entre gobiernos civiles y militares o de una orientación y otra, sino también de gobiernos que apoyaron -en connivencia con las élites del “centro”, las empresas multinacionales y la banca- políticas neoliberales, versus los que adoptaron posturas nacionalistas, las que fueron siempre mal vistas por el “centro” y las grandes empresas y, por lo tanto, atacadas por diferentes medios y medidas.

Las primeras actuaciones de los países de la periferia, estuvieron limitadas a criticar tan sólo partes del orden liberal, y a llamar la atención con respecto a las áreas en las que los Estados desarrollados habían violado sus propios principios liberales.

A partir del trabajo de Raúl Prebisch en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas) a fines de la década de los ´40, los voceros de la periferia desarrollaron un conjunto de argumentos que atribuían la mayor responsabilidad del subdesarrollo al funcionamiento del sistema internacional, y no a las características específicas de los países en desarrollo o a las políticas adoptadas por sus líderes. Esta línea argumentativa fue desarrollándose y propagándose con el tiempo, basándose tanto en el análisis marxista como en otros análisis económicos convencionales. La capacidad de la periferia de presentar una visión coherente del mundo -que pintara la explotación de la periferia como rasgo inherente de la economía global- suministró un argumento lógico para el planteo de demandas al Norte, ayudó a que el Grupo de los 77 (brazo económico del Movimiento de Países No Alineados, formado en la primera reunión de la UNCTAD) coordinara sus programas en varias áreas temáticas, y redujo los costos de negociación entre los países en desarrollo al sugerir específicas propuestas de políticas.

A principios de la década de los ´70, el mundo industrializado estaba a la defensiva en todos los foros internacionales de importancia. La agenda era establecida por la periferia. La hegemonía de la que gozaron las doctrinas liberales en el primer período de posguerra había sido totalmente socavada. Era rechazada por casi todos los líderes de la periferia y cuestionada por muchos grupos específicos, incluyendo algunos creadores de políticas, en el Norte.

Hubo una relativa unidad de criterios, dentro de un contexto “golpista” en la periferia que pretendía asegurar el mantenimiento del control desde el centro, en muchos casos bajo el lema de luchar contra el avance del comunismo soviético-cubano.

Con la aparición y aplicación del Consenso de Washington de 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, el centro ya no necesitó promover golpes de Estado para controlar a la periferia y evitar que alcanzara algún nivel de coherencia que fortaleciera su poder negociador. Es más, se le comenzó a restar poder a las fuerzas armadas, que podían adoptar posturas nacionalistas en algunos casos -el caso Venezuela con Chávez es un ejemplo- y a apoyar a postulantes de partidos políticos con posibilidades de ganar mayoritariamente las elecciones, de manera tal de cooptarlos para que apliquen las políticas establecidas en el “libreto” del Consenso de Washington de 1989. En América Latina este objetivo fue logrado, a tal punto en que, adalides seguidores del pensamiento de Prebisch [72] y de un pensamiento latinoamericanista como, por ejemplo Fernando Henrique Cardoso, al llegar al gobierno, aplicaron políticas neoliberales. Lo mismo ha pasado con el socialista Gustavo Lagos en Chile, con su “socialismo de mercado”.

La periferia se encuentra hoy más fragmentada que nunca y su coherencia es en favor de los intereses del “centro” y de las empresas multinacionales, la banca y las calificadoras de riesgo país, y no de las necesidades, aspiraciones y problemas de los pueblos de la periferia.

No sólo no se orientan en el sentido de modificar el régimen en beneficio propio, sino que lo están avalando, más allá de reclamar, que el modelo liberal debe ser más benigno con la problemática social -que el propio modelo ha creado-.

3) La variable final que condiciona el grado de éxito logrado por la periferia en su intento de asegurarse regímenes internacionales basados en la asignación autoritativa ha sido el poder del Norte, especialmente de Estados Unidos.

Esto cambió con el tiempo. Estados Unidos emergió de la Segunda Guerra Mundial en una posición extraordinariamente dominante. Su producto bruto interno era tres veces mayor que el de su principal rival, la Unión Soviética. Tenía el monopolio de las armas nucleares. Gozaba de ventajas tecnológicas con respecto a sus principales competidores en la mayoría de los sectores industriales.

Con el transcurso del tiempo su predominio se erosionó. Los europeos y los japoneses se recuperaron. La Unión Soviética y otros países lograron producir armas nucleares. Los japoneses alcanzaron y, en algunos casos, sobrepasaron a Estados Unidos en casi todas las industrias tecnológicamente avanzadas. Se incrementó dramáticamente la dependencia del suministro energético importado. Vietnam socavó el consenso doméstico que había respaldado a la política exterior norteamericana [73]. El eje del poder mundial se trasladó desde el Atlántico hacia el Pacífico.

El principio de los años ´70 demostró ser el momento más propicio para que el mundo en desarrollo lanzara un ataque importante contra el orden liberal internacional que había sido tan asiduamente cultivado por los creadores de políticas norteamericanas. Estados Unidos había sido la fuerza propulsora de las organizaciones internacionales creadas tras la finalización de la segunda guerra mundial.

Para un poder hegemónico, el propósito de esas organizaciones es legitimar sus preferencias y valores. A pesar de la autonomía formal de esas organizaciones, Estados Unidos tenía gran influencia sobre las decisiones específicas y las políticas generales de todas las organizaciones internacionales de importancia durante los años ´50.

La descolonización socavó la influencia norteamericana. En Naciones Unidas y en otras organizaciones internacionales cambiaron las mayorías votantes y la orientación del voto. Los Estados de la periferia cuestionaron tanto los valores subyacentes como las específicas preferencias políticas de Estados Unidos. Sin embargo, esto no condujo a una renuncia inmediata de Estados Unidos a las instituciones existentes.

A pesar de una creciente incapacidad de influir sobre las decisiones de Naciones Unidas y de otros foros internacionales, Estados Unidos no se marchó. Pero sí sacó del ámbito de la ONU aquellos temas en los que su interés nacional podía verse disminuido y los trató en el nivel bilateral.

Durante los años ´60, el Sur no se había fusionado en un bloque votante disciplinado ni tampoco había presentado un programa coherente que abarcara varias áreas temáticas. La debilidad de los países de la periferia, resulta de su incapacidad de influir unilateralmente a la vez que de formar alianzas “horizontales” estratégicas razonables para lograr un mayor peso de negociación.

Los Estados industrializados son capaces de influir sobre el entorno internacional y de adaptarse internamente. Los países industrializados más pequeños ejercen poca influencia sobre la estructura global de las transacciones, pero sus economías políticas domésticas les permiten adaptarse.

Al cambiar la naturaleza de los regímenes internacionales, los líderes de la periferia esperan crear un entorno más estable y predecible. El éxito de los países en desarrollo en la obtención de sus objetivos regimentales ha dependido de la naturaleza de las instituciones existentes, de su capacidad de articular un punto de vista coherente y de la disposición del Norte, particularmente de Estados Unidos, de tolerar foros internacionales que produzcan resultados indeseados. Estos dos últimos factores explican por qué el conflicto Norte-Sur alcanzó tanta intensidad a mediados de los años ´70. En ese momento, el Sur había desarrollado una efectiva posición ideológica, los foros internacionales estaban disponibles, y Estados Unidos aún estaba comprometido con las negociaciones globales.

Esta interpretación de la conducta del Sur se basa en un enfoque estructural, de la política internacional, enfoque que sostiene que la conducta de los Estados está determinada por sus capacidades de poder relativas. Los países del Sur no detentan ninguna moralidad nueva o superior, ni sus políticas son menos razonables que las del mundo industrializado. Se comportan de la misma manera en la que los Estados se han comportado siempre; intentan maximizar su poder, su capacidad de controlar el propio destino.

Los reclamos del Grupo de los 77 se han basado en la igualdad de los Estados soberanos y han sido hechos por el Estado y sólo por el Estado, no por los ciudadanos individuales. Para los países en desarrollo, la reestructuración de los regímenes era una estrategia atractiva, particularmente a principios de los años ´70, a causa de su falta de capacidades de poder nacional, su posibilidad de quebrantar la hegemonía ideológica del Norte, y el acceso que les suministraban las organizaciones internacionales [74].

Históricamente, los regímenes nuevos se crean con mayor facilidad ante la existencia de Estados hegemónicos que poseen un importante poder ideológico, militar y económico-tecnológico. Los países de la periferia, sin embargo, pueden esgrimir poderosos argumentos ideológicos para legitimar sus preferencias, pero carecen de capacidades nacionales militares y económicas-tecnológicas y, por sobre todo, por falta de cohesión en las relaciones Sur-Sur.

La realidad post-bipolar, muestra un panorama, en el que la “uniformidad” de aplicaciones de políticas en la periferia, no es un índice de cohesión ni de coherencia, sino de “subordinación vertical” con “fragmentación horizontal”. Las “contraestrategias” del mundo industrializado y los actores transnacionales, como la banca, los inversores, las empresas y las calificadoras de riesgo país, son superiores a las estrategias, débiles y carentes de alternativas planteadas desde la periferia.

El Sur no ha abandonado los reclamos de un Nuevo Orden Económico Internacional más justo, pero lo hace desde la aceptación de la ideología liberal y no cuestionándola o proponiendo alternativas.

Cuando los intereses mutuos son altos, esos cálculos pueden conducir a relaciones cooperativas. Cuando los intereses específicos no se hallan presentes, la interacción decae. Esto último ha sido prácticamente la regla en la periferia, y modificar esta cultura resulta difícil.

La élite de la periferia se ha formado y educado, mayoritariamente, en el “centro” y se ha imbuido, no sólo de sus conocimientos, sino también de sus puntos de vista -sean militares durante la etapa “golpista” como civiles, especialmente en el área de la economía y las finanzas-. De esta manera, al “centro” le resulta cada vez más fácil implementar sus políticas. Ya no necesitan promover golpes de Estado, basta con que los funcionarios responsables de la toma de decisiones en la “periferia” sean “funcionales” a sus intereses y procuren aplicar políticas que les convenga.

Como el arma más poderosa en el mundo globalizado actual es el conocimiento, los países de la periferia carecen de poder, ya que no le dan importancia a este tema. Como invierten lo mínimo en educación y en ciencia y tecnología, los que quieren una buena educación se van al “centro” a formarse y cuando regresan, aplican las políticas y los modelos que aprendieron en el “centro” en crudo, sin adaptarlos a los intereses y necesidades de la periferia, favoreciendo los intereses del centro -beneficiándose con esa actitud- y dándole una orientación a la globalización, la de los que manejan las ideas y el conocimiento [75].



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[59] Ver “Realismo e Idealismo” en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2001), Capítulo IV.

[60] Por ejemplo, Tannembaum, “The Balance of Power versus the Co-ordinate State”, Political Science Quarterly, N° LXVII, 1952, págs. 195-197. También su “The American Tradition in Foreign Relations”, Foreign Affairs, 1951.

[61] Ver más adelante, “Declinación Cuadrática del Derecho Internacional”.

[62] Esta definición fue elaborada por mí en función de la conceptualización hecha por Joynt Carey B., y Corbett Percy E., Theory and Reality in World Politics, (Pittsburgh, PA, University of Pittsburgh Press, 1978), pág. 68.

[63] Los principios, pautas y valores dominantes.

[64] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), Parte II.

[65] Este tema lo estudie con profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), págs. 70 y 203.

[66] En la interdependencia, el poder medido en términos de recursos o de potencial resulta diferente del poder medido en términos de influencia sobre los resultados. Sensibilidad: implica grado de dependencia de elementos o factores que manejan otros. Cuanto mayor la dependencia, mayor la sensibilidad. Implica grados de respuesta dentro de una estructura política ¿con qué rapidez los cambios en un país ocasionan cambios, con determinado costo, en otro país y cuál es la magnitud de ese costo? Vulnerabilidad: implica, capacidad de respuesta y maniobra a situaciones de dependencia externa. La dimensión de vulnerabilidad de la interdependencia se apoya en la disponibilidad relativa y en el costo de las alternativas que los actores deben encarar. Los efectos inmediatos de los cambios externos generalmente reflejan sensibilidad ante la dependencia. La dependencia a la vulnerabilidad sólo puede medirse por el costo que implican los ajustes efectivos a un medio que ha cambiado durante cierto lapso de tiempo. Los que son menos capaces de modificar sus respectivas situaciones mediante un cambio de políticas, continuarán siendo vulnerables a los costos impuestos por los acontecimientos externos. La pregunta clave para determinar la vulnerabilidad consiste en saber con cuánta eficacia las nuevas políticas podrán aportar suficientes respuestas y a qué costo.

[67] Ver Gilpin, Robert, War and Change World Politics, (New York, Cambridge University Press, 1981), pág. 50.

[68] Este tema lo he tratado en “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 76-78.

[69] Es el caso, por ejemplo, de la UNCTAD -que sigue los criterios del régimen basado en el principio autoritativo- vs. GATT -que sigue los criterios del régimen de mercado-.

[70] Esto requirió, desde ya, de gobiernos periféricos “funcionales” a la aplicación de estas pautas.

[71] Esta igualdad soberana, es jurídica, ya que no lo es desde el punto de vista del poder.

[72] El pensamiento de Prebish era del tipo “estructural”, donde la industria y la empresa tenían un rol importante, frente al pensamiento “monetarista” dominante en el esquema neoliberal.

[73] Ver Krasner, Stephen D., Conflicto Estructural: El Tercerr Mundo contra el Liberalismo Global, (Buenos Aires, GEL, 1989), págs. 18-19. También Lowenthal, Abrahan, El Fin de la Presunción Hegemónica, en “Estudios Internacionales”, (1977), Vol. I, N° 37.

[74] Ver Krasner, Stephen D., Conflicto Estructural: El Tercerr Mundo contra el Liberalismo Global, (Buenos Aires, GEL, 1989), págs. 18-19.

[75] Ver, por ejemplo, Bunge, Mario, Desarrollo, ¿sin ciencia, técnica ni universidad innovadoras?, en Diario la Nación, Buenos Aires, 2 de Abril del 2001.