Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XXII

MAS ALLA DEL ESTADO-NACION Y LA SOCIEDAD CIVIL

El Estado-Nación está siendo crecientemente debilitado por actores externos e internos, y transformado, al punto tal, que ha iniciado su camino de degradación total y de transformación hacia otro tipo de Estado -status-. La sociedad civil, al ver que el Estado-Nación ha dejado de cumplir con su función de satisfacer sus demandas, toma en sus propias manos su destino; en algunos casos en forma traumática, al ver que el Estado-Nación no estaba para satisfacer sus demandas sino para oprimirla y terminó destruyéndolo, caso URSS en 1991, o Yugoslavia, mientras que en otros, busca salir del estado de marginación en el que se encuentra, por diferentes medios.

El sistema y los actores tradicionales del sistema, los Estado-Nación, están cambiando y orientándose en el sentido que los “vectores” de direccionamiento dados por las fuerzas mayores les van generando. En el caso del sistema mundial, los Estados más poderosos y los actores transnacionales de la más diversa característica; mientras que en el caso de los Estados-Nación que tienen “soberanía limitada”, el direccionamiento y las transformaciones, son dados por los Estados con “súper-soberanía” y también por actores privados, sean empresas, banca, calificadoras de riesgo país, etc., que buscan minimizarlo y readaptarlo de manera tal de lograr una mayor rentabilidad, generando consecuencias para la Nación, como pobreza, desempleo, subempleo, endeudamiento, desinversión, migraciones, etc. El sistema se dirige hacia la globalización, provocada por el desarrollo tecnológico, en las comunicaciones y la informática, pero orientada o direccionada por la ideología dominante, el neoliberalismo, que procura que esta globalización “uniformice” la forma en que los Estados deban responder a los intereses de los grupos de poder económicos y financieros dominantes.

Los sectores de poder económico y financiero, utilizando la tecnología y la informática aprovecharon el achicamiento de las distancias y la instantaneidad de la información, para romper las fronteras y penetrar con sus intereses. La “globalización”, en realidad, no es igualitaria, ni en sus logros, ni en cuanto a las características de quienes globaliza. La homogeneidad dista de ser la característica principal del mundo. Lo único verdaderamente globalizado es la “heterogeneidad”, aunque se pretenda una “uniformidad” en el comportamiento y funcionamiento de las economías y los mercados. No debe confundirse globalización, con uniformización.

Los sectores de poder, buscan la globalización mediante un mecanismo de destrucción-reconstrucción-reorganización que se extiende a todo el planeta. El Consenso de Washington de 1989, entre otros libretos de “régimen de la verdad”, cumple con esta función.

Frente a estas orientaciones, los intelectuales, parecen tener una postura indiferente y acrítica [452]. En muchos casos, complacientes y justificantes de lo que los “vectores” direccionadores pretenden. Algunos, persuadidos de que la globalización -vista en los términos de la ideología dominante-, es “inevitable”, buscan ideas y encuentran alguna razón para legitimar el poder, en vez de buscar razones y respuestas. El “poder” les ofrece a estos, ventajas, a veces, en forma de subvención, de puestos, de privilegios e incluso prestigio. Lo considerado como “inevitable” se plantea como el “régimen de la verdad”, como el “pensamiento único”. En realidad, se trata de la traducción a términos ideológicos y con pretensiones de universalidad, de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular, las del capital internacional. No es necesario que el pseudo intelectual sea original, sólo sigue al pensamiento único. Organismos como el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, la OMC, se encargan de que el “régimen de la verdad” se cumpla, o de lo contrario, aplican severas penas o marginan a quienes no cumplan. La Universidad, los centros o institutos científicos -escasos, con poco presupuesto y desorganizados- de los países periféricos, que deberían ser los que se ocupen de la función de orientación y direccionamiento, están ausentes. Sólo se encargan de producir profesionales que serán absorbidos por el establishment para sus funciones, mientras que los que se dedican a la investigación científica, en el mejor de los casos, realizan análisis o descripciones de los acontecimientos, con escasa o nula visión crítica, en la mayoría de ellos, de una manera totalmente acrítica y pseudo intelectual, justificando a la ideología dominante. En realidad, el “pensamiento” llega, ya empaquetado y para ser utilizado, desde los centros de poder, sean Universidades o centros científicos de los países poderosos, o a través de los organismos internacionales, y en los países periféricos es utilizado sin cuestionarlo. El caso del Consenso de Washington de 1989 es un buen ejemplo de lo dicho. Se ha generado y enquistado una intelectualidad o pseudo-intelectualidad “mercenaria”, que lucra justificando la ideología imperante o las políticas del establishment, logrando presupuestos significativos a cambio de esta conducta servil. La Universidad, en la periferia, ha perdido la “universalidad” y se ha transformado -especialmente la privada- en una “servidora” de los intereses del poder, sea político, económico o financiero. Si la Universidad no cumple con la función de ser creativa, de establecer en qué dirección debe moverse la sociedad, se transforma en una mera transmisora de conocimientos, que otros, generan. De esta manera, permite que las sociedades de la periferia, continúen en situación de estancamiento y favorecen que la “magia” de la ideología imperante sea la que dé las respuestas que el conocimiento debería dar. De esta manera, la Universidad no está cumpliendo con la función de “liderazgo direccional”. Tampoco el sector científico. El liderazgo racional [453] -frente al liderazgo carismático o “caudilllesco”- debe ejercerlo la Universidad y su aparato científico-tecnológico. Esto, en la periferia, bajo el lema de rentabilidad y privatizaciones para alcanzar la eficiencia, se ha debilitado por sus gobiernos, que están más interesados en los vínculos con la élite del centro que por los problemas de sus propias Naciones a las que, supuestamente, representan; e incluso, han privatizado sin establecer los más mínimos controles en su funcionamiento o en el servicio que cumplen [454]. En vez de ser la Universidad la que salga a la calle a dar servicios a la sociedad, la empresa, el gobierno; la que diga qué es lo que hay que hacer, hacia dónde ir, qué decidir, opinar -desde un punto de vista científico- sobre lo que se está haciendo y decidiendo, ser la que genere proyectos de investigación y plantee modelos de desarrollo alternativos; está totalmente ausente de todo esto y se limita a producir profesionales. En vez de decirle al político qué tiene que hacer, invita al político a que dicte clases o dé conferencias en sus claustros, preguntándole qué clase de Universidad pretende o avalando sus posturas políticas para obtener favores durante su gobierno. La Universidad y las instituciones científicas constituyen el mejor recurso, la mejor inversión para construir el futuro de los países periféricos y, sin embargo, son los sectores más descuidados y de conducta más errática.

Esto, favorece que la direccionalidad del orden, se oriente en el sentido de los que detentan el poder de establecer qué es bueno y qué es malo, el “régimen de la verdad”, según sus intereses.

LA EDUCACION DE LA GLOBALIZACION

La comunidad mundial se encuentra en una etapa prolongada de crisis [455] con cambios drásticos que producen efectos perjudiciales en vastos sectores sociales del planeta. América Latina no sólo no está exenta de este fenómeno, sino que vive la situación paradójica, por un lado, dada por la orientación de las fuerzas económicas del mercado y empresariales transnacionales que generan crecimiento en estos sectores gracias al avance y la utilización masiva de tecnología; por el otro, la insatisfacción de las demandas sociales, a las que antes les daba respuesta el Estado que, a través de las políticas implementadas por sus gobiernos, hace ya un tiempo ha abandonado su rol histórico, permitiendo que sea el mercado -o tal vez dejándolo en sus manos a propósito- el que resuelva a su manera todas estas problemáticas. Como resultado de todo esto, se han generado una serie de situaciones, como el aumento de la brecha entre la capa más rica y la más pobre; un crecimiento de la pobreza a índices desconocidos históricamente; un crecimiento inconcebible del desempleo y subempleo, generado por políticas mal trazadas de privatizaciones y el despido indiscriminado generado por los nuevos dueños de las empresas que buscan rentabilidad con bajo costo; un creciente endeudamiento del Estado que a través de sus gobiernos -cada vez menos representativos y que ya no responden a la sociedad sino a las fuerzas económicas dominantes, más allá de que manejen los parámetros de gobernabilidad- ha asumido el costo de la deuda privada también.

GOBERNABILIDAD O COMO “ABSTRAERSE” DE LO SOCIAL

La gobernabilidad es la capacidad de los gobiernos de satisfacer o controlar las demandas, de generar consenso a través de las instituciones, de forma tal de no perder tanto como para poner en peligro la legitimidad del régimen; la capacidad para hacer cumplir sus decisiones, de dar respuesta a las demandas, que se vinculan principalmente con la estabilidad de los gobiernos en la medida de los objetivos del régimen. El concepto de gobernabilidad comprende parámetros tales como, legitimidad y también eficiencia. La legitimidad está dada, por un lado, por el voto popular, que en la mayoría de los casos, es captado de manera engañosa, a partir de discursos con dimensión social, pero que en ningún caso es implementado, ya que los partidos que acceden al gobierno obedecen a la “ideología imperante”, el neoliberalismo, que deja todas las respuestas en manos de las fuerzas del mercado. Por otra parte, la legitimidad puede estar dada, no por el consenso mayoritario, sino por la fuerza. Desde un punto de vista “externo”, la legitimidad de estos gobiernos, está dada por el reconocimiento que otros gobiernos y organismos internacionales hacen de ellos. La eficiencia, se relaciona más con hacer las cosas en función de la rentabilidad económica, en beneficio de los sectores empresarios y la banca, que buscan asegurarse la “seguridad jurídica” -que no le es dada al trabajador o al desempleado, al jubilado, al consumidor engañado, etc.- a sus inversiones, que con la resolución de las problemáticas sociales que son mencionadas en los discursos partidistas, pero nunca implementadas, ya que el Estado está vedado de intervenir en estos casos. De esta manera, la gobernabilidad tiene que ver con el mantenimiento del orden en beneficio de la eficiencia rentable, independientemente de la representatividad de los que gobiernan, al menos de la representatividad formal alcanzada a través del acto electoral mediante promesas al pueblo que luego no son cumplidas. Se encuentra más cerca de la pugna política por el poder que de la resolución de los problemas del país.

La permanente preocupación por la gobernabilidad, cada vez que ocurren manifestaciones populares de disconformismo, tiene más que ver con la expectativa acerca de cómo reaccionarán los mercados frente a este tipo de “desórdenes”, esto es, si el inversor se quedará, se irá o dejará de elegirnos, y no con resolver los problemas del país, por ejemplo, usando el ahorro interno en vez de depender del capital extranjero.

El grado de gobernabilidad está más dado por actores, factores y presiones externas que por los factores internos.

MODELOS ECONOMICOS DE IMITACION

En la búsqueda por alcanzar la rentabilidad y lograr ubicar al país en los puestos de “elegibilidad” para los inversores, a través de los parámetros trazados por las “calificadoras -transnacionales- de riesgo país”, la dirigencia latinoamericana busca imitar los modelos económicos asiáticos basados en un bajo costo de su mano de obra, complementando todo con la adquisición de nueva tecnología por parte de las empresas privatizadas, que implica una mayor eficiencia, rentabilidad y aumento de la productividad a partir de la disminución de la mano de obra, generando desempleo masivo y creciente subempleo. Los modelos económicos asiáticos, se hicieron a partir de países que carecen, en su gran mayoría, de materia prima y que, muchos, tienen o tuvieron gobiernos autoritarios, mientras que la región latinoamericana tiene todo tipo de recursos naturales, minerales y alimentarios, estratégicos y no estratégicos. Se desperdicia lo que se tiene y se procura armar modelos a partir de algo que para otros escasea y a nosotros nos sobra pero que permitimos que otros -gobiernos o transnacionales- exploten.

LIDERAZGOS CARISMATICOS

Toda esta situación genera desesperanza y desorientación en gran parte de la población, que sigue votando a una dirigencia que promete resolver la problemática social creciente, a partir de políticas, que mantienen obligatoriamente el modelo económico adoptado, que responde a la ideología imperante y dominante a nivel mundial: el neoliberalismo. El resultado es el agravamiento de la problemática social y la insistencia por parte de la dirigencia política, aconsejada (?) por los sectores empresarios y sus “econometristas”, de que se debe continuar con el rumbo y profundizar las medidas de “desregulación” social y laboral, para que el mercado, a partir del crecimiento de la economía, termine “derramando” el necesario bienestar a la población que, para nada debe ser asumido nuevamente por el Estado, so pena de retornar a las viejas épocas -dicen los que sostienen la ideología- de ineficiencia. De esta manera, la sociedad, en vez de participar activamente en la construcción de su propio destino, queda sumergida en la intermediación paternalista de dirigentes carismáticos, que prometen “favores” sociales, tal cual dádiva, a cambio de votos [456].

Esta “irracionalidad social” se mantiene, no sólo alimentada por falsas promesas, sino también por esas dádivas, que dan respuesta a situaciones coyunturales, que dejan -temporariamente- conformes a los demandantes, los que dan, por su parte, respuesta afirmativa al pedido de apoyo electoral, bajan los niveles de presión social dados por el disconformismo, que podrían generar situaciones de “ingobernabilidad” y eliminan toda posibilidad de que se genere una cultura social participativa que abandone estas prácticas paternalistas.

Al caudillo le conviene que el sistema educativo no funcione, o tenga un bajo perfil, a la vez que sea un mero transmisor de conocimientos y no generador de pensamiento e ideas. De esta manera mantiene el control y se maneja con la “magia” de su liderazgo carismático que otorga favores que tienen que ser devueltos con lealtad.

Hoy, el nexo entre los ciudadanos y sus líderes se tornó muy frágil.

La población, es generalmente poco clara en relación con sus propias preferencias. Lo que el pueblo dice dentro de los grupos de interés o en las encuestas de opinión se basa a menudo en pareceres que pueden cambiar al cabo de poco tiempo frente a nuevos eventos o nuevos argumentos. Sólo saben que están mal, que tienen carencias. Sin embargo, la gente, especialmente en los países desarrollados, como los europeos, ha descubierto la abdicación del poder por parte de sus supuestos líderes. Sin tener en cuenta las elecciones, puede obtener lo que quiere, poniendo en acción manifestaciones de masa, bloqueando los puertos o las refinerías de petróleo u otros lugares. Estas manifestaciones les resultan fácilmente organizables con la ayuda de la telefonía celular y de Internet. En el caso de América Latina lo hace a través de agrupaciones u organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil, pero no con tal grado de efectividad como ocurre en los países europeos. El poder de los líderes se revela crecientemente inconsistente. Las elecciones se han transformado en una simple instantánea de los estados de ánimo pasajeros. Nos encontramos sumergidos en una “democracia electorera” y no participativa y representativa [457]. Las organizaciones no gubernamentales (ONG´s), a partir de estas situaciones de falta de representatividad por parte de los políticos y los partidos, constituyen un elemento crecientemente importante de la sociedad civil. Las ONG´s se mueven como si estuvieran en el lugar del gobierno o, al menos, en el del Parlamento, como expresión de la voluntad popular. No faltan los ejemplos de una nueva política por parte de la gente, a través de los referéndums, las “manifestaciones espontáneas”, o las actividades de las ONG´s.

Los políticos han perdido el contacto con la gente. Son incapaces de reconocer los cambios en las preocupaciones de la población y éste es el motivo por el cual, no bien son elegidos, su legitimidad es puesta en duda. Al menos, su representatividad, ya que los poderes económicos y financieros transnacionales e internacionales, los “legitiman” con su apoyo, o su “cooptación”. De alguna manera, el nexo entre los ciudadanos y sus líderes se tornó cada vez más frágil. Esto es particularmente cierto en relación con los partidos políticos, incapaces de recoger las opiniones populares y de canalizarlas a través de un verdadero liderazgo. De este modo, las opiniones de amplios grupos no sólo quedan sin ser escuchadas en los canales oficiales, sino que persisten a través de los años. El Parlamento ya no es la verdadera tribuna nacional [458]. El pueblo, los dirigentes sindicales -que están más preocupados por mantener un poder que van perdiendo, que por resolver los problemas de los trabajadores y los desocupados o subocupados- en una sociedad con honda raíz carismática, como es la latinoamericana, están a la expectativa de que aparezca un caudillo que lidere a las masas hacia un destino mejor. De esta manera se ha generado una simbiosis pueblo-caudillo que mantiene paralizados a nuestros países, bajo la creencia de que son fuerzas extrañas las que nos detienen y no la mediocridad y los intereses espurios de los caudillos que usan al pueblo para subir y perpetuarse en el poder.

El liderazgo “caudillesco” ha sido positivo en momentos de crisis, de grandes cambios, o de necesidad de alcanzar la independencia en el siglo XIX, pero luego debe desarrollarse un proyecto a partir del cual, logren nuestros países una mejor inserción en el contexto mundial, a la vez que resuelvan las problemáticas internas y los caudillos están preparados para conducir, pero no para generar proyectos, mucho más en un mundo crecientemente complejo como el actual.

FALTA DE UN LIDERAZGO “RACIONAL”

El sector educativo, en sus diferentes niveles -preescolar, primario, secundario, universitario, postgrados-, que históricamente ha sido tratado en forma secundaria -salvo excepciones- por los gobiernos de la periferia, ha entrado también dentro de todo este proceso, en la mayoría de los países latinoamericanos, mediante el régimen de privatizaciones, bajo el lema de la búsqueda de una mayor eficiencia, debilitándose -debido a las nuevas políticas gubernamentales- la educación que había sostenido históricamente -aunque de manera muy descuidada- el sector público, pasando a ser una “inversión de riesgo” asumida por el sector privado que entró en el “negocio” de la educación sin ningún tipo de controles poder de policía- por parte del Estado, en cuanto a la calidad de la educación o al nivel de los educadores. De esta manera, la calidad educativa ha disminuido y el objetivo principal, especialmente en las Universidades privadas, es que el alumno pague su cuota y, a cambio, reciba un título profesional, que muy probablemente no le servirá para desempeñarse, ya que, por un lado, todo está regido por el mercado, que busca rentabilidad con disminución de costos y procura tener a la mano de obra, aun la especializada o súper especializada, en la cuerda floja para poder controlarla; por el otro, los gobiernos, parecen no ver los grandes cambios mundiales [459] que se vienen gestando desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y del fin del sistema bipolar en 1991, de manera tal que dejan en manos del mercado la respuesta a todo, en vez de generar mecanismos, especialmente de tipo educativo, como para “reconvertir” a la sociedad, al sector laboral, a fin de que, progresivamente, vaya ingresando dentro de los nuevos parámetros dictados por los cambios estructurales que se van dando.

La Universidad latinoamericana, no forma futuros líderes, ni pensadores, ni investigadores, sino “profesionales” que ejerzan, no que piensen [460]. La Universidad no asume, dentro de su presupuesto, el desarrollo de proyectos de investigación. Se premia a aquellos que se van a formar o a perfeccionar afuera del país en Universidades europeas o norteamericanas, que regresan imbuidos de una forma de pensar, que no se condice con las necesidades, aspiraciones o resolución de las problemáticas latinoamericanas, atendiendo a una perspectiva propia, o de la periferia en general, sino con los intereses de esos países e instituciones educativas. Estos profesionales, formados afuera, terminan siendo altamente capacitados, pero pierden el sentido de nacionalidad y de identidad [461] y, por sobre todo, de proyecto nacional y/o regional, a cambio de un convencimiento y lealtad para con concepciones cuyo interés está -vista desde el “centro”- más cerca de la dominación de la periferia que de la ayuda externa. Estas instituciones -norteamericanas o europeas-, hacen uso de la “globalización” para imponer su pensamiento y dirección en el contexto mundial y lo van logrando, ayudadas por la gente que va de la “periferia” a formarse y regresa con la convicción de que ese es el camino. Ejemplos, son la escuela económica de “Chicago” de larga data en la conformación de modelos económicos para América Latina -impuestos de manera autoritaria a partir de gobiernos militares- particularmente en Chile, Argentina, Brasil, México; o la de Harvard que forma profesionales que implementan su pensamiento en la periferia mundial, sea América Latina -en los mismos países donde también busca mostrar sus ventajas comparativas la Escuela de Chicago-, la actual Federación Rusa o el mundo asiático.

El sector científico, que siempre ha estado solitario y ha hecho todo con mucho esfuerzo, y que fue asumido, aunque de manera muy elemental, por el Estado en América Latina, ya que el sector privado poco o nada ha aportado y lo que hace, es en beneficio propio; también se ve sujeto a una disminución en el presupuesto y a amenazas de privatización por parte de las autoridades gubernamentales bajo el pretexto de lograr mayor eficiencia.

Lo llamativo del caso es que, este pensamiento, no es generado por “marcianos” que nos han invadido y pretenden imponernos su punto de vista, sino por gente que emerge de la misma sociedad en la que nosotros vivimos, pero que no responde a esa sociedad sino a una ideología impuesta por el sector privado trasnacional al que le molesta un Estado fuerte, y por otros Estados poderosos que necesitan de una periferia fragmentada, subordinada y servil y se apoyan en la élite de la periferia que es “funcional” a este tipo de proyectos. Se ha generado la sensación de que gran parte de los países de la periferia son inviables, salvo que adopten políticas neoliberales recetadas por el mundo industrializado, los organismos multilaterales a los que pertenecen la gran mayoría, pero que son controlados por el voto ponderado de los países más poderosos, y los actores transnacionales, especialmente empresas, fondos de pensión o de seguros, calificadoras de riesgo y banca.

Al no existir una fuerte capacidad creativa en la periferia, se terminan importando, no sólo ideologías, sino también bibliografía y modelos de pensamiento y acción, que se utilizan para formar a la dirigencia -o “ilustrar” a una dirigencia que se regodea de ser ignorante y de tener el poder que reciben por tener “lazos” con la élite del “centro”- que conducirá a estos países hacia un destino que está más cerca de los intereses del “centro” que de la satisfacción de las demandas y las necesidades de los pueblos de la “periferia”.

Los sistemas de selección de académicos han desaparecido casi en su totalidad. Las cátedras son otorgadas “a dedo”, a cambio de cierta “funcionalidad” e identificación con el sistema, independientemente de que haya, o no, capacidad. No hay mecanismos serios ni confiables para mantener a los profesores en sus puestos, ni para echarlos. Hablo de que se vean obligados a publicar por lo menos un artículo científico o una monografía por año, que, por otra parte resulta difícil de publicar, ya que las revistas científicas no abundan y son cooptadas por grupos. Existe un divorcio entre lo que es el profesor -que en general, en la Universidad, es un profesional que dedica parte de su tiempo a la enseñanza, ya que la cátedra no da para vivir- y el investigador científico. Hay una gran tendencia a la transmisión de conocimientos que otros generan, particularmente -en el área de las ciencias sociales- de EUA o de Europa. Lo mismo ocurre con los organismos estatales de desarrollo científico, que impiden, o castigan a los investigadores que tienen varias horas de cátedra, ya que, supuestamente distraen ese tiempo del que debería ocupar en la investigación científica, favoreciendo, de esta manera un divorcio entre la generación del conocimiento y su difusión.

En la “era del conocimiento” nuestros países no pueden continuar girando alrededor del liderazgo de caudillos populares, sino de una racionalidad necesaria, en la que el pueblo cumpla con la función de participar activamente en la construcción de su futuro.

Eso, sólo se logra con educación.

Un país en el que la educación no es importante, en el que el desarrollo científico es débil y carente de apoyo, está subordinado a los poderes de turno, sean los internos o los internacionales. Difícilmente pueda construir su futuro. Esos países son mantenidos en esa condición por los grupos internos que se benefician con un pueblo ignorante y dependiente a la vez que por otros países y/o grupos externos que se benefician con la situación de dependencia en la que se encuentran.

Esta es la historia de la gran periferia mundial.

Esta -más que los motivos materiales, como la carencia de recursos naturales- es la verdadera causa de la dependencia. Frente a esto, la Universidad, no está cumpliendo con la función de “liderazgo direccional”. Tampoco el sector científico. El liderazgo racional -frente al liderazgo carismático o “caudilllesco”- debe ejercerlo la Universidad y su aparato científico-tecnológico.

Esto, que en América Latina, bajo el lema de rentabilidad y privatizaciones para alcanzar la eficiencia, se ha debilitado por sus gobiernos -que muchas veces, aunque parezca paradójico y hasta ridículo, manifiestan mayor preocupación por el estado económico comprometido de clubes de fútbol que por los problemas sociales o de la educación-, e incluso privatizado sin establecer los más mínimos controles en su funcionamiento o en el servicio que cumplen.

Los políticos se manejan con la soberbia de los que detentan el poder y prescinden del conocimiento de los especialistas. Creen que porque están informados lo saben todo. Confunden información con saber qué hacer. En el mundo de hoy, cualquiera accede a la información, no obstante, saber qué hacer con ella, sólo puede el que está preparado. Confunden conducción de las masas, con gobierno.

La Universidad latinoamericana no puede darse el lujo de dejar que la región quede a merced de la suerte que los caudillos le den, o que actores, como las empresas transnacionales, calificadoras de riesgo o la banca privada sean las que le impriman la dirección y el proyecto de vida. No debe confundirse globalización, con uniformización. Nuestros países, nuestros pueblos, necesitan y merecen modelos propios y, en la medida de lo posible, personalizados. No podemos copiar modelos o recetas externos y aplicarlos porque para otros son buenos o a otros les conviene.

La Universidad y el sector científico -que deberían estar unidos en la misma institución-, constituyen el “cerebro” activo de una sociedad. Si la Universidad no cumple con la función de ser creativa, de establecer en qué dirección debe moverse la sociedad, pierde la razón de ser, para transformarse en una mera transmisora de conocimientos, que otros generan. De esta manera, permite que nuestras sociedades continúen en situación de estancamiento y favorecen que la “magia” de la ideología imperante sea la que dé las respuestas que el conocimiento debería dar.

Más allá de la cantidad de recursos naturales que tiene, si queremos cambios en nuestra sociedad, esa que viene sufriendo un proceso de degradación inconcebible, ya que aún no ha alcanzado el nivel de “crisis” en términos de punto de inflexión entre el fin de un proceso y el inicio de otro, es necesario hacer una revolución, en términos de cambio de estructuras. Esta revolución, debe comenzar por el conocimiento acerca de qué debemos hacer y hacia dónde dirigirnos y debe asumirla e iniciarla el aparato científico-educativo.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[452] Ver “La Globalización Prefiere Intelectuales Reaccionarios”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 9 de Febrero del 2001.

[453] Ver Weber, Max, Economy and Society: An Outline of Interpretative Sociology, (Berkeley, University of California Press, 1978).

[454] Ver Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973), Cap. III. También, O´Donnell, Guillermo y Link, Delfina, Dependencia y Autonomía, (Buenos Aires, Amorrortu, 1973). Asimismo, Kariel, Henry S., A la Búsqueda del Poder: El Pensamiento Político del Siglo XX, (Buenos Aires, Troquel, 1967). Y Stoessinger, John G., El Poderío de las Naciones, (México, Gernika, 1980).

[455] Cuando hablo de “crisis” me refiero al punto de inflexión entre el fin de una etapa y el comienzo de otra, cualquiera sea la dirección que adopte, según la ideología y el proyecto dominantes.

[456] Siguiendo el modelo tipológico desarrollado por Max Weber de liderazgos carismáticos, racionales y legales. Ver su Economy and Society: An Outline of Interpretative Sociology, (Berkeley, University of California Press, 1978).

[457] Ver Peter F. Druker, La Sociedad Postcapitalista, (Buenos Aires, Edit. Sudamericana, 1993).

[458] Sobre esta temática, ver Dahrendorf Ralf, (Politólogo. London School of Economics), “Los Políticos Están cada vez más Lejos de la Gente”. Copyright Clarín y La Repubblica, 2000. Traducción: Franca González Serra. Martes 3 de Octubre del 2000.

[459] Hablo de los cambios de carácter estructural provocados por la evolución de la ciencia y la tecnología y que se trasparentan recién luego de la finalización del sistema bipolar basado en bloques impermeables, no los generados por el predominio de la ideología neoliberal, aunque tienen incidencia también.

[460] Ver “La Educación de Valores: Reto para la Universidad Finisecular”, publicado en Boletín Internacional del Instituto Internacional de Integración, Convenio Andrés Bello, Octubre del 2000, Año XI, N° 115, págs. 89.

[461] Muy pocos son los que regresan con el espíritu de usar sus conocimientos, adaptándolos a la resolución de las problemáticas locales y regionales y, en general, no logran insertarse, ya que no encuentran respuesta ni reconocimiento por parte de las instituciones públicas.