Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XIX

EVOLUCION DEL SISTEMA Y SU INCIDENCIA EN LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES

EL RETO HACIA EL FUTURO

NUEVA TRANSICION INTERSISTEMICA – 1991 EN ADELANTE

Una prueba de la medida en que ha finalizado un mundo estrictamente internacional es el diferente carácter que tienen los conflictos hoy. Las disposiciones de la Carta de la ONU de 1945, daban por supuesto que la agresión externa, es decir, el ataque de un Estado a otro, constituiría la amenaza más grave. Pero en los últimos decenios ha habido muchas más víctimas de guerras civiles, por motivos étnicos, religiosos; terrorismo; situaciones vinculadas al narcotráfico y lavado de dinero, que conflictos internacionales. Todavía no se han adaptado las instituciones internacionales a esta nueva realidad. Lo mismo cabe decir del ámbito económico. Los arreglos institucionales de la segunda posguerra suponían que el mundo estaría integrado por economías nacionales independientes que realizarían transacciones externas en calidad de partes independientes. La mundialización contradice todas esas expectativas. El régimen comercial cada vez tiene que tratar más con asuntos habitualmente de carácter interno que con las barreras fronterizas. Igualmente puede decirse sobre la insistencia para que se construya un nuevo entramado financiero [373]. Sí está claro, más allá de que se le pueda poner reglas al sistema financiero y a los que manejan las inversiones, que el régimen financiero mundial es generado y direccionado por los inversores por encima de la voluntad de los Estados, que han perdido soberanía y capacidad para controlarlo a través de sus bancos centrales o ministerios de economía.

¿La globalización económica trae como consecuencia la globalización jurídica? Bajo la influencia de la internacionalización y de la desregulación, el papel del juez va creciendo. Por lo tanto, la lógica de las nuevas regulaciones económicas -y también políticas- alía al mercado con el juez en una concepción donde el liberalismo económico inscribe las relaciones jurídicas entre los individuos en una simple lógica contractual, donde el interés colectivo representado por los Estados se vuelve secundario [374].

Las tendencias hacia un nuevo orden, en general muestran novedades marcadas por un creciente transnacionalismo y un decreciente control de los actores estatales e internacionales; salvo aquellos directamente controlados por los super-Estados y que son de interés de los actores transnacionales, como la OMC, el FMI, el BM, la OTAN, por ejemplo.

Un área en la que se observa ese creciente transnacionalismo, además de la de las finanzas y el comercio, es la de la justicia penal.

EL INICIO DE LA TRANSICION

LA CUMBRE DE REYKJAVIK 1985

En 1985 se llevó a cabo una Cumbre en Reykjavík entre el presidente norteamericano Ronald Reagan y el Primer Ministro soviético Mikjail Gorbachov. En esta Cumbre acordaron reducir los arsenales nucleares (continuación de Start) así como flexibilizar los conflictos internacionales en los que uno u otro intervenía directa o indirectamente dentro del marco de la pugna Este-Oeste. Con este acuerdo se marcó el inicio de la finalización de la “segunda guerra fría”, que había comenzado en 1980, cuando Reagan lanzó su Iniciativa de Defensa Estratégica, conocida vulgarmente como “Guerra de las Galaxias”, tratando de reeditar la “Doctrina Truman” de contención al comunismo, para acabar definitivamente con la URSS. Ambos gobernantes se encontraban con sus economías exhaustas, como para continuar con la carrera armamentista; aunque EUA, merced a la declaración unilateral del presidente Richard Nixon en 1971, de inconvertibilidad del dólar en oro, abandonando el sistema monetario de Bretton Woods, logró tener a la economía del bloque occidental, como “colchón” de sus ciclos económicos; ventaja de la que careció la URSS, por lo que se debilitó más rápidamente. Los acontecimientos se desarrollaron rápidamente. Tanto los acuerdos de Reykjavík, como los cambios en la política interna e internacional de Gorbachov, mediante lo que denominó la “Perestroika” o nuevo relacionamiento internacional de la URSS, y el “Glasnost” o mayor transparencia en la política interna, produjo cambios que, en lo internacional se reflejaron en una mayor distensión. Se iniciaron procesos de negociación y pacificación, en áreas en las que no se preveía que podría ocurrir, como en el Medio Oriente el acercamiento entre Israel y la OLP; que Sudáfrica se retirara de Namibia y ésta alcanzara el status de Estado independiente, a la vez que se iniciara el camino hacia un gobierno multirracial por primera vez en la historia sudafricana; que Cuba se retire de Angola; las elecciones en Nicaragua, que derivaron en el desarme de la “contra”, de la misma manera que el proceso de negociación entre el gobierno salvadoreño y el FMLN-FDR; etc.

CONSENSO DE WASHINGTON DE 1989

Previo al fin del sistema bipolar, se comenzaron a gestar pautas para el futuro del Estado-Nación en la periferia y, especialmente, del funcionamiento de las economías. Estas pautas, no se consensuaron de manera global, sino que fueron la resultante de directivas de funcionarios y académicas norteamericanos, y funcionarios del FMI y del BM. El Consenso de Washington estableció una serie de medidas para que los países de América Latina apliquen como receta, de manera tal que sus economías y Estados se adapten a las pautas de la ideología dominante. Se trata, en definitiva de uno de los elementos de régimen, donde se encuentran las pautas establecidas por EUA y los organismos económicos internacionales cooptados por este país. Se plantean 10 instrumentos de política para llevar adelante el objetivo de un sistema capitalista mundial basado en la libertad del mercado para operar, donde predominan los más “aptos”, en una especie de “darwinismo social”, donde la vida social se concibe gobernada por las leyes de la competencia y del conflicto, llevando a una selección natural de la supervivencia del más apto y a la eliminación del más débil.

Se confiaba que con el Consenso y como consecuencia de la globalización, iban a aumentar las tasas de crecimiento económico y que iba a disminuir significativamente le pobreza y la inseguridad. Que el flujo de capital y el crecimiento de las exportaciones promoverían el desarrollo de sectores con un uso intensivo de la mano de obra. Eso no ocurrió. En muchos países aumentó el desempleo formal o el empleo informal, o ambos. Sin embargo, es una muestra clara de la “direccionalidad” que adopta el sistema, dada por el poder [375].

FIN DEL BIPOLARISMO - DESINTEGRACION DE LA URSS - 1991

En 1989 se produjo la caída del Muro de Berlín, generando el acercamiento primero y luego la reunificación entre las “dos Alemanias”, un hecho impensable, aún en las hipótesis más descabelladas. Este fue el comienzo del fin del sistema bipolar. La situación de presión que se encontraba latente en el interior de la URSS, provocó que “explotara” en 1991, causando su desintegración en repúblicas independientes. Con este episodio, se dio fin al sistema bipolar, más allá que a los acontecimientos posteriores se los califique de “postguerra fría”, por haber sido el acontecimiento más significativo de ese sistema. A partir de ahí, pasamos a una etapa de “transición inter-sistémica”, donde la actividad más significativa es el proceso de polarización entre los miembros del sistema en sus diversos estratos, con el objeto de tratar de imponer sus propias reglas -régimen-. Mientras el proceso de polarización continúe y no se agote, el régimen estará en construcción y el orden será aún inestable, impredecible y basado en pautas de corto plazo [376].

Los organismos internacionales han ido perdiendo capacidad reguladora, debido a que fueron creados para un sistema que ya no existe. Aquellos organismos, de alcance mundial o regional, en diferentes áreas temáticas, que los “polarizadores” -viejos y nuevos- están interesados en mantener porque los favorece en sus objetivos, siguen operando con eficiencia, como el FMI, el BM, la OTAN, etc. Otros, pierden su capacidad reguladora o mediadora y su existencia resulta más formal que real. El paradigma lo constituye la OIT, que existe formalmente, pero sus reglas no se cumplen en ningún caso. La OMC tiene mayor intervención en el futuro laboral que la OIT. Naciones Unidas ha ido en decadencia, y los casos “guerra del Golfo” (1991) y Kosovo (1999) muestran la incapacidad del organismo para intervenir en el establecimiento, mantenimiento o restablecimiento del orden. Es más, quedó demostrado que la ONU es una organización de alcance mundial, pero controlada por algunos miembros del Consejo de Seguridad, que son los que más poder tienen y que direccionan al sistema mundial en el sentido de sus intereses. El caso Afganistán (2001) lo demuestra.

Las organizaciones internacionales deberán adaptarse, o desaparecerán y serán reemplazadas por otras organizaciones que reflejen al nuevo sistema y orden mundial. Su reforma, per se, carece de valor ordenador, si no reflejan las nuevas tendencias establecidas por la estructura y el régimen.

NUEVAS TENDENCIAS

El fin del bipolarismo no sólo trajo el fin de un sistema y el tránsito hacia uno nuevo, sino también grandes novedades respecto de las características y el funcionamiento del sistema y cambios en el Estado-Nación. El sistema deja de ser exclusiva y excluyentemente “inter-estatal” y se transforma en un sistema heterogéneo, donde el Estado-Nación pasa a ser un miembro más, y en muchos casos, no el más importante; al menos, la mayoría de los Estados que carecen de poder suficiente como para establecer o incidir en la generación de reglas.

Por otra parte, comienza el fin de una “macro-etapa”, la del Estado-Nación. Se producen importantes transformaciones en el Estado-Nación de carácter estructural, más allá de las reformas que propone la ideología neoliberal imperante. Aún no está claro qué tipo de Estado -status- reemplazará al Estado-Nación; no obstante, seguramente no se basará en los atributos soberanos y territoriales, e incluso de nacionalidad, que caracterizaron al Estado-Nación [377]. Por su parte, el sistema se vuelve más complejo, debido, no sólo a la multiplicidad de actores, sino también a su heterogeneidad.

Las relaciones en el “tope” de la estructura del sistema, dejaron de ser “amigo-enemigo”, con el fin del bipolarismo, para transformarse en relaciones “amigo-adversario” en un sistema cuyas tendencias son multipolares y a la vez heterogéneas. El “eje” político se relaciona con el “eje” económico para la generación del nuevo sistema mundial, y el “eje” estratégico-militar pasa a ser un “eje subsidiario” en el sistema de relaciones global, más allá de que EUA pretende mantener al sistema girando alrededor de este último eje, debido a su capacidad preeminente como “policía” mundial. Esto último, particularmente luego de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, en el que el “enemigo” es el terrorismo y aquellos Estados que patrocinen o encubran a los terroristas. Tal vez EUA logre que las tendencias sistémicas se consoliden en la vinculación del eje político con el estratégico-militar; aunque esto aún no es definitivamente seguro.

Los actores transnacionales del más diverso tipo, orientados a obtener lucro, han crecido en número y capacidad, independizándose en su rol del Estado-Nación, al punto de transnacionalizar una gran cantidad de funciones que antes eran de exclusividad del Estado, tales como la orientación del flujo financiero. También se han ido transnacionalizando la generación de nueva tecnología, las patentes y los procesos industriales, más allá de la alianza estratégica que hay entre algunos Estados poderosos y los actores transnacionales, en mutuo beneficio.

Gráfico 23 Generadores del Orden Mundial

Generadores del Orden Mundial

La sociedad civil que había comenzado a manifestarse de alguna manera en la década de los ´70, cobró fuerza en sus demandas y accionar, multiplicándose la actividad “corporativa” en defensa de sectores que son marginados o simplemente no considerados por las políticas de Estado.

De esta manera, el Estado-Nación por un lado, que progresivamente ha ido abandonando su rol de actor para transformarse en gestor, los actores transnacionales con fines de lucro por el otro que han crecido en poder de decisión, y la sociedad civil que comienza a tomar en sus manos su propio destino, en un tercer lugar, constituyen los miembros del nuevo sistema mundial, heterogéneo, pero del que saldrán las nuevas pautas de orden mundial.

Si el mundo en el siglo XX se orientó en el sentido del establecimiento, el mantenimiento y el restablecimiento del orden y generó instituciones gubernamentales para ello, a expensas de la justicia internacional; el gran desafío del mundo del siglo XXI, dado fundamentalmente por la sociedad civil mundial, es el establecimiento del orden con justicia.

1998 Y EL TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL (TPI)

Mientras el eje del poder va en un sentido, la búsqueda de justicia va en otro, pero sin capacidad suficiente para llevar a cabo su objetivo de ser global.

En realidad, es la “estructura” del sistema la que establece los criterios dentro de los cuales los miembros podrán operar. Esto lo hace a través de ciertos “valores parámetro” o “líneas de control intra-hegemónicas” [378]. Toda vez que un miembro del sistema busca mayor justicia para sus propios intereses dentro del orden establecido, lo que está haciendo es generar modificaciones al orden, que si van más allá de los parámetros tolerados, genera reacciones “sancionadoras” y “re-equilibradoras” por parte del sistema -léase, quienes lo conducen-.

Alcanzar un equilibrio razonable entre el orden vigente, el poder de que disponen los miembros del sistema -la estructura del sistema- y la justicia, es algo complejo, en un mundo en el que la estratificación es la característica central [379]. Esta característica impide que haya una justicia equitativa y distributiva para todos los miembros del sistema. Hay algunos pocos que tienen capacidad de “imponer”, pero a los que no se les puede imponer sanciones ni una justicia equitativa. Este es el caso del TPI y las actitudes de ciertos Estados, como EUA, China y otros, que quieren ser los que establezcan las pautas de la justicia, pero no subordinarse a ellas.

Esto forma parte del juego del poder y el orden, natural en todo sistema.

Paradójicamente, mientras hay una tendencia cada vez más generalizada a “internacionalizar” la justicia penal, existe, por el lado de países como EUA -no hablo de cualquier país sino de uno con capacidad imperial-, una tendencia a hacer que la justicia pase por sus tribunales federales. Situaciones como la invasión a Panamá y el juzgamiento del ex-presidente Noriega en tribunales norteamericanos y su encarcelamiento en EUA es un ejemplo contundente. También la extradición de ciudadanos colombianos para ser juzgados en EUA por tráfico de drogas, o la aplicación internacional de leyes como la Helms-Burton, la Damato, la Torriceli, o iniciativas estaduales, como la 187 o la 209 del gobierno de California contra los inmigrantes indocumentados, etc. [380].

Frente a eso, el caso Pinochet [381]; el caso del ex militar argentino Ricardo Miguel Cavallo represor en la ESMA (escuela de Mecánica de la Armada) y su extradición por el gobierno mexicano a España a pedido del juez español Baltasar Garzón [382]; o el caso de juicio en ausencia de 7 militares argentinos en un tribunal en Roma, condenando a dos de ellos a cadena perpetua y al resto a diferentes penas de cárcel, por el secuestro y asesinato a ciudadanos italianos durante la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983: Guillermo Suárez Mason, Omar Santiago Riveros, Juan Carlos Gerardi, Luis José Porchetto, Alejandro Puerta, Oscar Héctor Maldonado y Roberto Julio Rossin [383]; muestran la tendencia a la “inter o transnacionalización” de la justicia penal y también al fin de la impunidad.

También hay una tendencia por parte de Estados Unidos y otros poderes del mundo occidental, a colocar en el terreno jurídico los conflictos políticos, lo que en ciertos casos permite procesar a criminales de guerra y dictadores, pero también a someter a los Estados soberanos a la economía de mercado, o adoptar sanciones desproporcionadas contra un país vencido.

El papel creciente del derecho en el sistema internacional representa un fenómeno de múltiples facetas. Permite a la vez enjuiciar a los dictadores y a los criminales de guerra, maniatar a los Estados soberanos en el marco de la economía de mercado (por ejemplo, el Acuerdo Multilateral sobre las Inversiones, AMI) o imponer sanciones siguiendo criterios parciales a ciertos países, como Irak [384], al mismo tiempo que borra las fronteras entre lo político y lo jurídico.

La realidad de los procesos abiertos por el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya luego del conflicto en la ex-Yugoslavia y por el de Arusha (Tanzania) respecto de Ruanda (TPR), significa un avance decisivo en la lucha contra la impunidad de los crímenes de guerra. Pero esos dos ejemplos son apenas los balbuceos de una justicia penal internacional, que no se podría extender a ciertos países del planeta, tales como EUA o los europeos occidentales. En realidad se trata de la generación de tribunales para casos particulares -tienen el rol de “tribunales especiales”-, lo que impediría que se creen tribunales para casos en los que EUA estaría involucrado. Esto es lo que haría el Tribunal Penal Internacional del que EUA huye bajo el justificativo de que es más político que jurídico.

En una resolución del 27 de junio de 1950, de la Asamblea General de la ONU se había manifestado la intención de crear una jurisdicción penal mundial permanente [385]. Sin embargo, recién en julio de 1998, con la firma de la Convención de Roma, se decidió la creación de esa Corte. No obstante, la futura Corte Penal Internacional (CPI) fue rechazada, entre otros, por Estados Unidos, Israel y China, entrando en vigencia, a partir de la ratificación número 60 en julio del 2002, pero no para Estados como EUA.

El debate político-jurídico provocado por las condiciones de detención del general Augusto Pinochet en el Reino Unido sobre la base de un proceso iniciado por el juez de instrucción español Baltazar Garzón, sin duda se cerró prematuramente. El primer fallo de la Cámara de los Lores, que el 25 de noviembre de 1998 rechazó la inmunidad del dictador, apareció como un progreso decisivo en el enjuiciamiento de los criminales de lesa humanidad de todo el mundo. Pero luego, lo formal se impuso a la cuestión de fondo. En 17 meses de trámites, se prepararon las condiciones de su evacuación por razones “humanitarias” a través del decreto de expulsión del 2 de marzo del 2000.

El debate mundial que se suscitó, tuvo su origen en la negativa inicial de los dirigentes políticos chilenos, presionados por las fuerzas armadas, a asumir sus responsabilidades de enjuiciar a Pinochet en los tribunales de su país, descargándolas sobre la justicia británica [386]. La dirigencia chilena estaba más preocupada por el compromiso firmado en el momento de la transición del mando, de no revisar lo actuado por los militares durante su gobierno en aras de la “gobernabilidad”, que de hacer justicia. Una vez más el poder es el que muestra hacia donde se dirigen los acontecimientos.

Inmunidad y extraterritorialidad

Otro tema que está escapando a la soberanía del Estado, es el de la “jurisdicción territorial” de la justicia penal. Hablo, desde ya, para el caso de crímenes de lesa humanidad, que no pueden prescribir, dado su aberración y no se puede interponer la jurisdiccionalidad territorial como justificativo de protección del criminal, fundamentalmente ante el hecho de que no es juzgado en los tribunales de su país por diferentes motivos: caso de acuerdo entre políticos y militares de no revisar lo actuado para que haya salida electoral en Chile y proteger la “gobernabilidad”; caso de las leyes de Punto Final y Obediencia debida en Argentina, a lo que hay que sumar la amnistía otorgada por el ex presidente Carlos Menem, a los militares juzgados, sentenciados y encarcelados.

La inmunidad, con la cual Augusto Pinochet se pretendió investido al momento de su detención en Londres, constituyó una clara expresión de cómo ciertos criminales procuran ampararse en cuestiones formales, tal como el cargo que ostentaban al momento de consumar sus aberrantes actos, para de ese modo eludir toda responsabilidad penal.

La evolución experimentada por el derecho internacional humanitario, tiende, sin embargo, a no reconocer ningún tipo de inmunidad respecto de ciertos crímenes internacionales que por su gravedad ofenden a las más elementales nociones de justicia y humanidad. Tanto es así, que el artículo 4° de la Convención para la Prevención y Sanción del Crimen de Genocidio (1948) establece que los individuos que hayan cometido cualquiera de los actos constitutivos de genocidio serán castigados, sean gobernantes, funcionarios o particulares. Esta tendencia está presente en los dos tribunales internacionales ad-hoc creados por el Consejo de Seguridad en la década de los noventa: el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia y para Ruanda. Inclusive el artículo 27 del Estatuto de la Corte Penal Internacional establece que, el cargo oficial detentado por una persona acusada, sea en calidad de Jefe de Estado o de Gobierno, miembro de un gobierno o parlamento, representante elegido o funcionario de gobierno, en ningún caso la eximirá de responsabilidad penal ni constituirá motivo para reducir la pena que le correspondiese [387]. No obstante, la tendencia mundial, gobiernos, como el argentino de Carlos Menem, y también de De La Rua, en sus oportunidades, pretendieron, defender el principio de territorialidad de la ley penal [388].

Hay otros casos donde se observa un debilitamiento del “control soberano” sobre la justicia. En julio del 2000, el Sedov, el mayor velero del mundo, nave escuela rusa en misión de interés general, fue inmovilizado varias semanas, violando la inmunidad diplomática, a solicitud de un acreedor suizo, por decisión de una instancia arbitral sueca, pidiéndose el embargo de los bienes de la embajada de la Federación Rusa en Francia. La Cancillería francesa vio su papel limitado a explicar a las autoridades rusas que en Francia la justicia es independiente del Estado.

El principio de inmunidad, fundador de las relaciones internacionales, apareció sólo como un elemento entre otros del debate judicial. Pero la elaboración de las inmunidades diplomáticas a través de la historia constituyó un paso esencial en la instauración de relaciones de confianza, de contactos regulares y pacíficos entre los Estados [389].



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[373] Ver “Informe del Milenio”, ONU, Asamblea General, Tema 49 b) del Programa, A/54/200, distrib. General, Español, 27 de Marzo del 2000.

[374] Ver Jean-Paul Jean, “La Justicia, ¿Pilar o Muleta de la Democracia?”, Le Monde Diplomatique, Le Dipló, Enero 2001.

[375] Este tema lo he desarrollado y analizado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Capítulo VIII.

[376] El tema del “orden de la transición intersistémica” lo estudié en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 233.

[377] Esta temática la he tratado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. II.

[378] Ver este tema en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 131-135.

[379] Ver el “Teorema del Poder, el Orden y la Justicia” en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 202-203.

[380] Esta temática la he tratado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XIV.

[381] Ver el tratamiento de este caso, en profundidad, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XIV.

[382] Ver “Derechos Humanos: el ex Represor de la ESMA Detenido en México”, Diario Clarín, Buenos Aires, 17/1/2001.

[383] Ver CNN en español (http://www.cnnenespanol.com), “Condenan a Cadena Perpetua en Italia a dos Generales Argentinos”, 6/12/2000.

[384] Ver Phyllis Bennis, “La ley del imperio” Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, diciembre de 1999.

[385] Ver Monique Chemillier-Gendreau, “El orden jurídico internacional, ¿una quimera?”, Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, Agosto de 1999.

[386] El caso Pinochet, lo he tratado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XIV.

[387] Martín, Lozada, Justicia Universal versus Imperialismo Judicial, Le Monde Diplomatique, Le Dipló, Enero del 2001.

[388] Ver sobre esta temática a Bidart Campos, Germán: “La Persecución Penal Universal de los Delitos de Lesa Humanidad”, Revista La Ley, 23 de Agosto del 2000.

[389] Ver Jean-Paul Jean, “La Justicia, ¿Pilar o Muleta de la Democracia?”, Le Monde Diplomatique, Le Dipló, Enero 2001.