Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XVII

EL FIN DE UNA MACRO-ETAPA

La historia de la humanidad tiene ciclos largos y ciclos cortos, que podría denominar, macro-etapas y micro-etapas. Hubo una macro-etapa imperial, una de la ciudad-Estado, una feudal y la última que estamos transitando y pareciera estar llegando a su fin, es la macro-etapa del Estado-Nación.

  Gráfico 21 Macro-Etapas/Micro-Etapas

Evolución del Sistema Internacional: "Macro-Etapas/Micro-Etapas"

Dentro de esas macro-etapas, se suceden micro-etapas sistémicas. El “actor central”, en este último caso, el Estado-Nación, ha dado lugar a diferentes ciclos sistémicos dentro de su macro-etapa.

  Gráfico 22 Miembros del Sistema Mundial

Miembros del Sistema Mundial

Por ello, en los dos últimos siglos, hemos asistido a dos sistemas y dos transiciones inter-sistémicas. El sistema multipolar eurocéntrico, entre 1815 y 1914, transición inter-sistémica que duró desde fines de la primera guerra mundial hasta fines de la segunda guerra mundial, en que emergió el sistema bipolar, cuya duración fue hasta 1991, en que se desintegró la URSS y pasamos nuevamente a una nueva transición inter-sistémica, sin visualizarse aún el nuevo sistema.

En las últimas décadas, se vienen dando ciertas características que nos hacen pensar que la macro-etapa del Estado-Nación está llegando a su fin y este actor será reemplazado por otro Estado -status organizacional- con características diferentes de las del Estado-Nación.

EL SISTEMA GLOBAL

  CAMBIOS EN EL SISTEMA MUNDIAL

El sistema mundial del siglo XXI, tiende a configurarse con ciertas características diferenciales respecto de los sistemas anteriores que han imperado.

El hecho de que, con anterioridad, los actores transnacionales no hayan tenido ningún rol o apenas hayan operado como un factor de presión en las características de configuración y funcionamiento del sistema mundial, tiene mucho que ver con esto, a la vez que, en sistemas anteriores, más allá de que el Estado-Nación tenía un papel monopólico en el marco del relacionamiento, desde un punto de vista cuantitativo, no era un actor numeroso. Este es otro hecho diferencial en el sistema mundial que se perfila, particularmente a partir del proceso masivo de descolonización y en una segunda etapa, a partir de la desintegración de la URSS y el proceso de “fragmentación” que continúa en diferentes regiones, contrastado con procesos de reunificación, como el de Alemania, y de convergencia política-comercial, como el de la Unión Europea.

Las tendencias que se observan en la configuración del sistema mundial hacia el siglo XXI, conllevan las siguientes características:

1) Una multiplicación de los actores y diversificación en cuanto al tipo, generando una gran heterogeneidad en la forma de relacionamiento del sistema y provocando disfunciones en el marco institucional interestatal.

2) Cambio del tipo de actores. No sólo hay una mayor proliferación en la cantidad de Estados-Nación, con grandes cambios y disminuciones en cuanto a sus atributos, a la vez que una generación de disfunciones en la forma de operar el Estado-Nación y en la “gobernabilidad” al interior del mismo, sino también una proliferación de actores transnacionales, de diferente tipo, capacidad e incidencia. Históricamente, el relacionamiento mundial, era monopólicamente de carácter “inter-estatal”.

3) Un alto índice de transnacionalización en la toma de decisiones y en las relaciones globales. Los actores transnacionales no sólo operan como grupos de presión en el marco estatal, sino que han alcanzado, en gran cantidad de casos, la capacidad de operar como factores de poder. El sistema financiero global es un ejemplo evidente. También los actores transnacionales que tienen incidencia en telefonía, informática, microelectrónica; en áreas como derechos humanos o medio ambiente; o actores de carácter espurio, como el terrorismo, el narcotráfico o la corrupción, que de estos dos últimos existe lavado de dinero en cantidades multimillonarias que inciden en el funcionamiento de las economías estatales y de la economía mundial, a la vez que ambos tienen incidencia en el funcionamiento de los gobiernos, unos porque intentan comprar -o compran definitivamente- a los candidatos o funcionarios, otros porque se corrompen -o son corruptos-. En estos últimos ambos casos, resulta muy complejo eliminarlos o erradicarlos, sea porque el capitalismo no puede luchar contra el capitalismo de manera fácil, a la vez que existen mecanismos muy débiles -carencia de Estados de derecho sólidamente fundados- para erradicar a los actores espurios.

4) Distinta manera de operabilidad del sistema. El interrelacionamiento e intercondicionamiento característico del sistema, se ha hecho más complejo, debido a la proliferación de unidades intervinientes y a su heterogeneidad. Antes se interrelacionaban Estados con Estados, ahora el interrelacionamiento es heterogéneo, agregándose actores de carácter transnacional y supra-Estatal. También se dan numerosos casos de actores subnacionales o regiones, que se conectan directamente entre sí prescindiendo -aunque no contradiciendo- de los gobiernos centrales. Esto incide en la capacidad y funcionalidad de los organismos internacionales, que pretenden operar de la misma manera que en las épocas en que el Estado-Nación era el actor monopólico, siendo que éste ha ido perdiendo control y manejo de gran cantidad de las operaciones que estaban en su exclusiva esfera de influencia [347]. El tema de la moneda -sistema financiero-, es un buen ejemplo.

5) Modificación de pautas territoriales y de soberanía. Por un lado, tiene que ver con la seguridad. Con el desarrollo de la tecnología misilística intercontinental, la capacidad de control satelital, e incluso internet, las fronteras dejaron de ser “cercos” de seguridad para los Estados-Nación. Por el otro, tiene que ver con el funcionamiento del sistema financiero. Por ejemplo el “imperio” de influencia monetaria frente a los viejos imperios territoriales. La soberanía de los Estados-Nación es el único límite a la expansión financiera; no obstante, muy pocos Estados-Nación están en condiciones de poner límites o incluso, de manejar la moneda. Además la expansión financiera tiene directa incidencia sobre las personas más que en términos geográficos, por lo que los Estados ven debilitada su capacidad de control sea para que entre en determinadas condiciones y se dirija a determinadas áreas -por ejemplo circuito productivo- o para evitar que salga en forma de fuga de capitales [348].

6) Crece la complejidad de la estructura mundial -configuración de poder vigente en el sistema mundial [349]- al no funcionar más con los actores estatales en forma monopólica. El creciente número y heterogeneidad de actores, complejiza el funcionamiento, a la vez que se observa que el Estado-Nación va cediendo espacio a actores transnacionales en la toma de decisiones y en la generación de reglas -régimen mundial- e incluso en los conflictos, que antes eran interestatales y ahora son mayoritariamente intranacionales y transnacionales, por ejemplo el impacto del terrorismo.

7) No hay una correspondencia entre el marco institucional internacional vigente y la estructura de poder transnacional dominante. Si bien ciertos organismos internacionales contemplan la existencia e incidencia de los actores transnacionales, como el Banco Mundial (BM) con la Corporación Financiera Internacional (CFI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), que financian al sector privado, ya que el BM o el BID, por sus Cartas Constitutivas, sólo pueden financiar a Estados, esto no refleja a la estructura mundial en su funcionamiento.

El FMI y el BM fueron concebidos para hacer posible el comercio mundial en un mundo desprovisto de movimiento internacional de capitales; el BM para compensar la ausencia de inversión directa y el FMI la ausencia de crédito financiero para contrarrestar los desequilibrios del comercio. Hoy, el capital financiero opera de manera independiente de estos organismos y también de los bancos centrales de los países [350].

  LOS ACTORES Y LA GENERACION DEL REGIMEN MUNDIAL

El Estado-Nación, de acuerdo con la concepción vigente desde la Paz de Westfalia de 1648, ha perdido vigencia en cuanto a conceptos, tales como: soberanía, monopolio de las relaciones mundiales, etc.

Habría que considerar aspectos importantes, como la multiplicación de los Estados, a la vez que se han incorporado a la arena mundial otros actores, de variada categoría pero de tipo transnacional, lo que le da una característica de heterogéneo al sistema mundial -ya no exclusivamente “internacional”- [351].

El “sistema mundial” cada vez es más complejo. Ya no se puede definir a partir del relacionamiento entre Estados y de las características otorgadas por éstos. Desde el momento en que el Estado-Nación ha sufrido transformaciones en sus atributos esenciales y se encuentra mezclado e influido por actores transnacionales, y también a nivel supra-estatal, el sistema mundial muestra también el resultado de este nuevo fenómeno.

El concepto de soberanía originario, basado en el modelo de Estado-Nación del Siglo XVI, planteaba como prerrequisito, para autores como Knight [352] la independencia, la autosuficiencia y la delimitación geográfica; para Holsti [353] la “impermeabilidad territorial” y la “independencia política”. Hoy, salvo para Estados como EUA, algunos países europeos, -en general los Estados de la Comunidad Europea renuncian a su soberanía para alcanzar objetivos de carácter comunitario, no obstante, algunos de ellos, como Alemania, Francia, Gran Bretaña, por ejemplo tienen, individualmente, capacidad de desempeño soberano global-, Rusia, Japón, China, y algunos otros pocos Estados, estos requisitos prácticamente han desaparecido.

Cuando se quiere hacer referencia a la calidad de “actor”, en el contexto del sistema, se debe recurrir, más que al atributo de soberanía, a criterios de carácter funcional, como la capacidad para generar recursos, la capacidad de generar reglas o modificarlas, o la influencia psicológica para provocar lealtades [354]. Ahora habría que hablar en términos de Estado transnacionalizado. Esto, debido al alto grado de transnacionalización que vive el mundo y a la importancia de los actores transnacionales en el manejo de las reglas y en la orientación de los objetivos. Ahora los Estados, sus estructuras político-administrativas, sólo son el elemento necesario para que los actores transnacionales logren sus objetivos.

La tendencia dominante se orienta alrededor del poder y las leyes del mercado independientemente y a espaldas de las necesidades y demandas humanas, que según esas leyes, deberán ser resueltas sin intervención del Estado. El mundo se caracteriza por la revolución tecnológica, la globalización económica, la liberalización sostenida de los mercados financieros y comerciales, la filantropía caritativa para resolver los problemas de la gente a cambio del rol histórico que hoy está abandonando el Estado, la estabilidad geopolítica cogestionada por los países poderosos en el marco de la ONU, condicionada por el poder de policía de la OTAN, el repliegue sobre los mercados centrales, la incorporación selectiva y controlada de economías emergentes y el tratamiento pragmático y específico de las crisis cuando y donde vayan surgiendo por organismos supra-estatales, como el FMI. Estas son las características dominantes en los debates en foros donde se concentra el poder y el pensamiento mundial, como el de Davos [355].

EL ESTADO-NACION DESARTICULADO Y PENETRADO

Hay un alto grado de penetración de los Estados-Nación, por actores transnacionales, que los reorienta en el sentido de los intereses de estos últimos, impidiendo que se alcancen los objetivos del interés nacional general. El proyecto central en la mayoría de los Estados de la “periferia” -América Latina es un área selecta de esa periferia, a diferencia de Africa que es considerada desahuciada- se centra en la “estabilidad” monetaria y la posibilidad de “dolarización” de la economía o proceder a la devaluación e ir a un sistema de cambio flotante, alcanzar el grado de inversión -investment grade-; mientras que los temas sociales son secundarios y abandonados al funcionamiento y las leyes del mercado. No existe en esta periferia -a diferencia de Europa- una conducta “defensiva” sea frente al proceso de globalización en defensa del Estado-Nación o para el desarrollo de proyectos conjuntos de desarrollo. La idea de un Estado Federal, un Estado-Región, o de un Estado-Red en el que converjan los objetivos básicos de desarrollo, de resolución de los problemas y los conflictos y de búsqueda de una mejor inserción mundial, no existe en esta periferia. Esta es su cultura histórica y las élites actuales proceden de la misma forma [356].

Salvo Estados muy poderosos, como Estados Unidos, que han establecido un modus vivendi entre el sector público gubernamental y el sector privado, que les ha permitido históricamente coexistir y operar en beneficio mutuo [357], y algunos otros Estados, como Japón, u otros en Europa; en la gran mayoría de los casos -América Latina es un ejemplo- el sector privado, incluso el nacional, ha operado como un factor de poder, a veces, para imponer conductas al Estado. El aspecto económico de los golpes de Estado militar en América Latina -siempre aliados, salvo algunas excepciones, a los sectores económicos liberales- muestra claramente esto.

Si uno observa al sistema mundial desde el punto de vista de los “actores”, en cuanto a cantidad y tipo, debería decir que desde el siglo XIX a la actualidad han variado. El orden mundial del siglo XIX y principios del XX, tenía pocos actores y eran Estados-Nación. Durante el orden bipolar imperante en gran parte del siglo XX, la cantidad de actores estatales más que se duplicó, y además comenzó la influencia de actores transnacionales, particularmente a partir de los ‘60. A fines del siglo XX y hacia el siglo XXI se podría hablar de un mundo, fundamentalmente transnacional con gran cantidad de Estados y, en este último caso, con tendencia a la fragmentación, por un lado, y a la convergencia en conglomerados geo-económico-comerciales, por el otro. Consecuencia del avance del proceso de transnacionalización, el mundo pareciera estar pasando de un sistema internacional dominado por los conceptos de poder basado en la seguridad militar, a otro de carácter mixto basado, por un lado en las relaciones de interdependencia transnacional [358] y por el otro en un centralismo estratégico-militar controlado por EUA en el marco de la OTAN. No está en claro, qué características tendrán las relaciones de interdependencia -que de todas formas es desigualitaria-.

La visión y orientación -dirección hacia dónde va- del mundo, depende de los actores preponderantes. Los militares en el sistema bipolar; los empresarios y banqueros o financistas, en el sistema que se está gestando actualmente, aunque en materia de seguridad, EUA es el que tiene el monopolio. Por lo tanto, la visión del mundo y el “régimen de verdad” -cómo deben verse las cosas según los poderosos [359]- depende de la visión e intereses de estos actores preponderantes. Los valores dominantes, el tipo de orden y cómo conservarlo -mantenimiento del status quo en beneficio del “establishment”-.

El orden es diseñado por unos pocos actores, siguiendo, desde ya, las pautas de la estructura emergente o vigente. No obstante, hoy son muchos los que intervienen. El mundo se ha atomizado -y vuelto heterogéneo al transnacionalizarse- y el poder se “difunde” -se “atomiza entre muchos”-; aunque el “poder principal”, en términos estatales, pareciera tenerlo EUA, particularmente en el eje estratégico-militar, a juzgar por cómo se conduce y maneja las relaciones globales, después de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001.

El Estado en el siglo XIX se centraba en el aspecto de la soberanía territorial. Hacia fines del siglo XX y principios del XXI, crecientemente considera los aspectos étnicos [360] y tecnológicos como factor diferencial, más que el aspecto territorial.

Tal vez, las nuevas tendencias se orientan en el sentido de que, a diferencia del pasado, hoy, las relaciones mundiales son protagonizadas por un creciente número de centros de poder, cuya actuación externa tiende a satisfacer una gama de objetivos mucho más amplia que en el pasado, no sólo a través del Estado-Nación, sino también de la sociedad civil organizada; se desenvuelven en torno a una agenda más compleja y menos jerarquizada; son manejadas por nuevos y múltiples agentes, distintos del Estado-Nación que ponen en juego recursos de poder no tradicionales en un contexto donde los “ejes” de relacionamiento e intereses son mucho más numerosos, cambiantes y entrelazados que antes [361].

La transnacionalización, consistiría en la integración de actores locales de distintas zonas geográficas, que tienen un objetivo común de carácter global. Los que tienen problemas de derechos humanos, la mujer, el medio ambiente, son ejemplos válidos de conductas corporativas que unen a personas en intereses comunes más allá de fronteras y nacionalidades. También es un actor transnacional aquél que opera más allá de las fronteras nacionales y cuyos actos traen consecuencias globales. Los Estados-Nación y los actores transnacionales operan de distintas formas en el sistema mundial. Mientras las relaciones interestatales se dan principalmente en el campo diplomático-militar-económico siguiendo criterios de interrelacionamiento que privilegian la soberanía, las relaciones transnacionales centran la acción de los distintos actores en otros segmentos de la realidad, que tienen que ver con el campo económico, social, ecológico, cultural, y forman una trama de relaciones que existe por sí misma como una realidad “transfronteriza” y fuera de todo esquema territorial-soberano [362]. Pero también existen actividades vinculadas a lo estratégico-militar de carácter transnacional, toda vez que opera el narcotráfico, la guerrilla, el terrorismo, o los grupos étnicos y religiosos que propenden a la fragmentación del Estado-Nación en defensa de sus intereses.

Ya no se mantiene la lógica interestatal como punto de referencia básico en las relaciones mundiales y en la configuración del sistema mundial. La tendencia “transnacionalista” ha incrementado una estrategia de diversificación geográfica de la producción que se orienta a la creación de regiones productivas, independientemente de las “fronteras” nacionales. Estas acciones de las empresas transnacionales están regionalizando la economía mundial (Estados UnidosUnión EuropeaJapón) marginalizando Africa y las zonas más deprimidas de América Latina y el Caribe, y Asia [363]. Operan en el sistema mundial como nuevos actores que, en la mayoría de los casos, superan la incidencia que en el mismo tienen los Estados-Nación. La banca, los fondos de pensión y de seguro, más que regionalizar, han planetarizado el flujo financiero, marginando a aquellos Estados considerados “riesgosos” para sus intereses financieros o aquellas regiones -Africa por ejemplo- cuya rentabilidad es baja o nula; más allá de la necesidad que tienen de inversiones para resolver problemas básicos de supervivencia.

EL DERECHO “INTERNACIONES”

Si el Estado-Nación cambia, el derecho internacional -entre las Naciones- también debe hacerlo. Aunque resulte obvio el comentario, es importante aclarar que el derecho internacional es la resultante de los acuerdos entre los Estados, de manera bilateral, multilateral, o a través de los organismos internacionales -gubernamentales- que ellos crean. No obstante, están surgiendo normas, que generan -o intentan generar- obligaciones, pero que no son el resultado de acuerdos internacionales.

Con los cambios mundiales que se dieron de manera abrupta a partir de la desintegración de la URSS en 1991, pero que se venían gestando desde algunas décadas antes, el derecho internacional que ya venía incorporando el derecho espacial, el derecho del mar, el derecho humanitario internacional, el derecho económico internacional y otras áreas temáticas, generando ramas especializadas, fue sufriendo una evolución en el tratamiento de las relaciones mundiales.

La transnacionalización, por un lado y la creciente injerencia de Estados Unidos en los asuntos mundiales, por el otro, a partir de la desintegración de la URSS, plantean la posibilidad de la emergencia de nuevas formas de regulación de carácter global. Hay una pérdida de poder de las Cancillerías y una mayor injerencia privada en las relaciones exteriores. Se da una mayor influencia e intervención por parte del mercado y de la sociedad civil, aunque formalmente continúe en manos de los gobiernos centrales. Las organizaciones no gubernamentales (ONG’s) y otros actores transnacionales, han demostrado tener poder por sobre los Estados, aún los más poderosos, a la vez que generan pautas que no han podido establecerse a través de organismos internacionales que, por otra parte, estos últimos, sólo tienen capacidad de regulación, pero no de generación de normas -régimen-. Uno no se imagina a actores transnacionales “firmando tratados” -Microsoft, Intel, General Motors, Sony, MCI-WorldCom, etc.-, instrumentos que, por otra parte, forman parte de las relaciones internacionales -entre naciones- y no transnacionales. Esto hace pensar en la relevancia creciente de actores privados y del derecho privado con trascendencia externa -derecho “internacional” privado [364]-, por sobre el derecho internacional público, resultante del acuerdo entre Estados.

Otro fenómeno importante que se está dando, es el poder normativo y judicial que genera EUA a partir de la presión sobre algunos países para que extraditen a ciertos individuos, nativos de estos países, para ser juzgados en tribunales norteamericanos. El caso Noriega, ex presidente de Panamá es un ejemplo, pero hay muchos otros casos no tan resonados. El caso Pinochet, detenido en Gran Bretaña, con pedido de extradición por España y otros Estados europeos y reclamado para su juzgamiento bajo la “soberanía” jurisdiccional de Chile (?) por su gobierno, constituye un caso muy particular, pero que extiende la extraterritorialidad más allá del poder de EUA, ya que fue la sociedad civil chilena y española las que hicieron el reclamo. El gobierno norteamericano se toma atribuciones, como las de ejercer presión sobre otros Estados a partir de “certificaciones”, por ejemplo, como es el caso de calificar a otros países por los resultados de su lucha contra el narcotráfico. Hay una lista de 32 Estados que reciben el calificativo de haber sido “certificados” o “descertificados”, según si el gobierno norteamericano está conforme o no. Lo mismo hace en el área de derechos humanos, pese, y más allá de la competencia de Naciones Unidas. Esto significa que la “ley federal” norteamericana se estaría transformando en una ley internacional. Después de la primera guerra mundial, cuando el presidente Wilson propuso la creación de una Sociedad de Naciones, el senado norteamericano rechazó el ingreso de Estados Unidos a este Pacto aduciendo que “no hay ley internacional por sobre la ley federal norteamericana”.

Otra actividad es la de generar la figura de que el Consejo de Seguridad de la ONU, debido a la carencia de tropas propias de la ONU -artículo 43 de la Carta de la ONU-, le “encarga” al gobierno norteamericano que asuma ese rol -caso guerra del Golfo Pérsico de 1991, como uno de los ejemplos que se podrían citar- favoreciéndose de esta manera que EUA asuma el rol de “policía mundial”, a la vez que estableciéndose un criterio “militar” de las relaciones mundiales y hacia dónde debería orientarse el futuro orden, según la interpretación del interés nacional norteamericano. Más grave aún es cómo EUA está reemplazando a la ONU con la OTAN, particularmente luego del caso Kosovo de 1999 y, en especial, después de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001.

LAS NUEVAS CARACTERISTICAS DEL DERECHO INTERNACIONAL

Hasta ahora estamos acostumbrados a pensar en un derecho internacional basado en la voluntad exclusiva de los Estados. La emergencia de nuevos actores y sujetos internacionales, en muchos casos con mayor capacidad y poder que grupos de Estados, nos obliga a considerar la generación de voluntad normativa a partir de estos nuevos sujetos. El sujeto estatal, por ahora en el único caso de Estados Unidos, debido a una capacidad particular, reorienta la generación normativa del marco federal al marco internacional rompiendo con el esquema de George Scelle [365] de que la norma internacional emerge del “desdoblamiento funcional” resultante de la voluntad entre Estados, aunque bajo la responsabilidad individual de que se cumpla lo acordado, toda vez que, en este caso, surge de la voluntad de un solo Estado, y esto produce un nuevo fenómeno normativo internacional. Tal vez, debido a las nuevas características que adopta el Estado, el derecho internacional dé paso al surgimiento del derecho de la “comunidad” internacional. Un derecho comunitario en el que todos los actores convergerían. Deberíamos hablar de un “derecho internacional revolucionario” dado los cambios que la propia realidad le imprime a los actores, las relaciones, los fenómenos y las decisiones; fundamentalmente a la heterogeneidad creciente de los actores intervinientes.

SISTEMA DE PREGUNTAS

Frente a estas transformaciones, quedan muchas preguntas para hacerse, fundamentalmente en lo que hace a la forma en que se organizará el sistema mundial y al tipo de orden que se generará. Entre otras, podríamos hacernos las siguientes:

·     ¿Qué sistemas políticos predominarán dadas las grandes transformaciones que sufre el Estado-Nación, más allá de la influencia de la ideología ambiental?

·     ¿Qué tipo de modelo económico predominará, independientemente de que el capitalismo es el que domina actualmente, dado las diferentes características que tiene en EUA, Europa y Asia?

·     ¿Cuál es la “usina” de la que surgen las nuevas reglas?

·     ¿Cómo se va gestando el nuevo régimen global?

·     ¿Quiénes intervienen en la generación del régimen si el Estado-Nación está en transformación e intervienen gran cantidad de actores no estatales?

·     ¿Qué nuevo tipo de organismos internacionales deberán generarse para contemplar estas transformaciones y la participación de todos los actores?

·     ¿Qué nuevo tipo de marco jurídico-institucional o derecho comunitario deberá generarse para favorecer la transición hacia el nuevo tipo de Estado?

·     ¿El modelo del derecho comunitario europeo será aplicable al resto de los países del planeta, dado que la Unión Europea marca la tendencia de vanguardia en la transformación del Estado-Nación?

·     ¿Qué nuevas características adoptará la política exterior, en general; y en particular, al intervenir como grupos de presión o factores de poder, actores transnacionales sean empresas, ONG´s u OSC?

·     ¿Qué política exterior tendrán los actores transnacionales y cómo se expresará?

·     ¿Qué nuevas características tendrá el relacionamiento entre actores, dado la multiplicidad y heterogeneidad de los mismos?

·     ¿Qué conflictos principales se darán, y cuales serán sus características centrales?

·     ¿Que rol tendrán los actores multinacionales y transnacionales en el sistema de relaciones?

·     ¿Qué nuevos sistemas de seguridad y de solución de conflictos surgirán, y qué características tendrán, dado que ya no existe -al menos en el corto y mediano plazo- una contra-ideología, dentro de un contexto como el bipolar, para requerir de sistemas de alianzas permanentes?

·     ¿Cuáles serán las nuevas características de “funcionalidad” o “disfuncionalidad” de los sistemas políticos?

·     ¿Qué incidencia tendrán las nacionalidades y grupos religiosos, a la vez que las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) y las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), en la reconfiguración del sistema y en la conformación del régimen?

Independientemente de las respuestas, todo marco jurídico-institucional carece de validez real si no se ve reflejado previamente y cristalizado en los hechos.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

Si querés opinar o consultarme, escribime a: luisdallanegra@gmail.com
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[347] Ver sobre este tema a George Soros, La Crisis del Capitalismo Global: La Sociedad Abierta en Peligro, (Buenos Aires, Sudamericana, 1999), pág. 138.

[348] Ver, por ejemplo, George Soros, La Crisis del Capitalismo Global: La Sociedad Abierta en Peligro, (Buenos Aires, Sudamericana, 1999), pág. 135.

[349] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), págs. 168 y sigs.

[350] Ver sobre este tema a George Soros, La Crisis del Capitalismo Global: La Sociedad Abierta en Peligro, (Buenos Aires, Sudamericana, 1999), pág. 138.

[351] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), la “Simulación del Proceso de Génesis y Evolución del Orden Mundial”, pág. 117.

[352] Knight, F.W., The State of Sovereignty and the Sovereignty of States, (Oxford University Press, 1992).

[353] Holsti, K.J., International Politics: A Framework for Analysis, (Englewood Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1967), pág. 91.

[354] Ver, por ejemplo, Esther Barbé, “Relaciones Internacionales” (Madrid, Tecnos, 1995).

[355] Estas son opiniones del sociólogo catalán Manuel CASTELLS, vertidas en el diario “El País” de Madrid, del 12-Feb-1999.

[356] Ver “Los Cambios en el Estado-Nación” en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. II.

[357] El gobierno norteamericano, en diferentes períodos históricos, ha llegado incluso a invadir con sus marines a países latinoamericanos, en defensa de los intereses de empresas, cuyas casas matrices se encuentran en EUA, siguiendo el criterio del Corolario Theodoro Roosevelt a la Doctrina Monroe. Este tema lo he estudiado largamente en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

[358] Ver Luciano Tomassini, “El Proceso de Transnacionalización y las Relaciones Externas en los Países Latinoamericanos” en “Transnacionalización y Desarrollo Nacional en América Latina” (Buenos Aires, Gel, 1984).

[359] Este concepto lo he trabajado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 47 y ss.

[360] Tesis de Huntington en su “Choque entre Civilizaciones”, publicado en Foreign Affairs.

[361] Sobre una hipótesis de trabajo respecto de las tendencias del sistema internacional en términos de la incidencia del transnacionalismo, ver Luciano Tomassini, “El Proceso de Transnacionalización y las Relaciones Externas en los Países Latinoamericanos” en “Transnacionalización y Desarrollo Nacional en América Latina” (Buenos Aires, Gel, 1984).

[362] Este tema ha sido abordado por Laviña, Félix, en “Los Nuevos Actores del Sistema Internacional” y “Agenda Internacional”, documento presentado al Seminario Internacional sobre “Teoría de las Relaciones Internacionales desde la Caída del Muro de Berlín a Nuestros Días”, convocado por la Cátedra de Teoría General de las Relaciones Internacionales, Facultad de Derecho de la Universidad de la República y el Instituto Artigas del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Uruguay, 30-31 de Julio de 1998.

[363] Esther Barbé, “Relaciones Internacionales” (Madrid, Tecnos, 1995), pág. 197.

[364] En realidad no existe un derecho internacional privado, sino un derecho privado nacional con conexiones extranjeras.

[365] Este tema lo he analizado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Problemática del Orden, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), pág. 4. También en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), págs. 135-145.