Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XVI

ORDEN, PODER Y MARCO INSTITUCIONAL

El orden en toda sociedad, es el patrón de comportamiento que sustenta los objetivos elementales y primarios de la vida social. El orden en estos términos, es mantenido por el sentido de interés común en esos objetivos elementales o primarios; por reglas que prescriben el patrón de comportamiento y por instituciones que hacen que estas reglas sean efectivas.

El hecho de la vulnerabilidad humana a la violencia y su propensión a acudir a ella, lleva al hombre, al sentido del interés común en restringir la violencia. El hecho de la interdependencia humana para satisfacer las necesidades materiales, lo lleva a percibir un interés común por asegurar el respeto por los acuerdos. El hecho de la escasez de los recursos lo lleva al interés común de mantener una estabilidad en la posesión de los mismos. Este sentido del interés común puede ser la consecuencia del temor. Puede derivar del cálculo racional de que necesariamente, dadas las limitaciones para mantener los objetivos elementales en la vida en sociedad requiere de actitudes recíprocas. Esto muestra un sentido de valores comunes más que de intereses comunes. Deberíamos distinguir entonces, conceptualmente, entre el orden y las reglas para mantenerlo. Las reglas serían un instrumento para el orden, el interés común y los valores serían los que contribuyen a generarlo.

Las reglas, reflejan los intereses dominantes en una sociedad o sus principales temores o preocupaciones, como evitar o protegerse de la violencia, o la búsqueda de estabilidad en la propiedad, etc.

En el caso del Estado-Nación, el gobierno se distingue de otras instituciones sociales -como la familia o los grupos- por el hecho de que posee el monopolio legítimo de la fuerza. Esto ocurre en el marco de un sistema centralizado. El caso del sistema mundial, en el que la descentralización es la característica, resulta complejo identificar quién tiene el monopolio legítimo de la fuerza para el establecimiento o mantenimiento del orden.

No ha sido Naciones Unidas la que ha generado el orden, sino la que lo institucionaliza a partir de un sistema bipolar emergente, en el que los poderosos establecieron las pautas de orden. La ONU se encarga de mantenerlo o restaurarlo, a través de su CS que refleja la estructura de poder vigente en el sistema bipolar.

El orden en el Estado-Nación, es consecuencia, entre otras cosas, del gobierno; mientras que el orden “entre” los Estados no se establece con estos criterios, dado que el sistema mundial es “anárquico”.

El sistema mundial, no sólo no tiene un gobierno, sino que tampoco tiene un sistema legislativo y judicial. La generación de normas en el sistema mundial es la resultante de una actividad co-legislativa entre los miembros del sistema, pero que demanda de una responsabilidad individual, acorde con el poder que cada uno dispone, para exigir el cumplimiento de esas reglas acordadas o para sancionar por incumplimiento [329].

Las instituciones internacionales que se han creado y que han proliferado en el siglo XX, siguen los criterios de co-legislación, pero no tienen capacidad independiente y suprema de exigir el cumplimiento o de sancionar por incumplimiento a todos por igual, ya que carecen de medios propios. Los medios son provistos por sus miembros y utilizados y aplicados, siguiendo los criterios de la estructura mundial, esto es, los organismos internacionales muestran jurídicamente una igualdad, pero políticamente están estratificados en función del poder diferencial de los miembros. En última instancia, el orden es generado y mantenido por los más poderosos, que legitiman su accionar, a partir de una ideología así como de las instituciones que se crean en conjunto, pero que ellos dominan de alguna manera, sea por votos ponderados -ejemplo del FMI- o a través de otros mecanismos más sutiles.

El alto grado de institucionalización alcanzado en el siglo XX hizo presumir que el sistema mundial se transformaba en una “sociedad”, abandonando los criterios de “comunidad” que tiene todo sistema “anárquico”. Sin embargo, ese alto grado de institucionalidad, aún sigue siendo elemental, desde el punto de vista del establecimiento y el mantenimiento del orden global. La institucionalización del sistema no ha sido acompañada del poder de policía supremo adecuado para exigir el cumplimiento o sancionar por incumplimiento a todos por igual. Siguen siendo los más poderosos los que establecen las reglas y se encargan de mantenerlas, aún burlando a los organismos internacionales. El caso de la intervención de la OTAN, liderada por EUA, a espaldas de la ONU en el caso Kosovo (1999) grafica lo dicho.

En el contexto de la comunidad mundial, la institución primaria son los Estados soberanos. Por ello es que los Estados tienen la función de hacer las reglas o legislar. Los Estados soberanos, al legislar, actúan como “repartidores de potencia -esto se puede- o impotencia -esto no se puede-”, generando “órdenes de reparto” o regímenes. Los más poderosos son los “repartidores supremos”, ya que son sus reglas las que prevalecen. Los organismos internacionales son los encargados de la aplicación de las reglas, por lo que cumplen con el papel de “reguladores”. Puede ser que haya organismos internacionales que operen con tal grado de independencia relativa que parezcan cumplir con el rol de supremos repartidores, como el FMI o la OMC. No obstante ello, estos organismos no han generado las reglas, sino sus miembros siguiendo los criterios estructurales; ellos sólo las están aplicando y encargándose de que se cumplan.

Los órdenes de reparto se pueden orientar a generar:

1) Regímenes fundacionales o constitucionales, cuyo objetivo es establecer las bases de una comunidad de Estados.

2) Regímenes de coexistencia, orientados a establecer las bases mínimas de coexistencia en función de los principios fundamentales, tales como el legítimo uso de la fuerza por parte de los Estados soberanos, sólo para la legítima defensa; o el principio de no intervención en los asuntos internos o externos de otros Estados. Estos principios se basan generalmente en el concepto de pacta sunc servanda.

3) Regímenes de cooperación, en el terreno económico, social, medioambiental, de las comunicaciones, etc.

Cada Estado tiene su propia interpretación de las reglas, sean legales, morales u operacionales. Incluso en el caso de reglas legales, los Estados confían en sus propios consejeros legales, y no hay ninguna manera conclusiva en la que las discordancias sobre la interpretación de esa norma puedan ser dirimidas por una autoridad independiente. Puede ser que un Tribunal Internacional de Justicia o una Corte Internacional interprete esa norma; el tema está en que los Estados decidan subordinarse a esa interpretación si no les conviene y tienen poder suficiente como para no hacerlo, aún habiendo pactado subordinarse a ese Tribunal [330]. Claro está que, de no tener poder suficiente, lo importante no será interpretar la norma, sino cumplirla o quedar marginado, ya que el sistema -quienes lo conducen o controlan- se encargará de corregir o sancionar. El sistema mundial ha alcanzado cada vez más mecanismos para establecer controles, pero siempre según los criterios estructurales. Las calificadoras de riesgo país, se encargan que los países periféricos que no cumplen con ciertos requisitos en su economía, sean mal calificados para recibir inversiones y los organismos internacionales como el FMI o el BM se encargan de que estos Estados sigan ciertos criterios para que sus economías se encaucen. Las calificadoras de riesgo país operan como actores independientes, con poder suficiente como para imponer pautas de conducta de las cuales resulta difícil abstraerse por parte de los Estados periféricos. En última instancia, sean actores estatales o transnacionales los que impartan las reglas, seguimos girando alrededor del esquema de poder. Las calificadoras de riesgo país responden a uno de los nuevos tipos de actor preponderantes, el inversor, ya que el Estado, especialmente el que tiene “soberanía limitada” debe operar como un gestor de los intereses privados ya que perdió su condición de actor soberano.

Los Estados emprenden la tarea de legitimar las reglas, en el sentido de promover la aceptación de ellas como valiosas en su propio derecho, empleando sus poderes de persuasión y propaganda para movilizar apoyo para ellos en la política mundial. En general, esta actividad la hacen, o a través de difusión de ideologías, o en el marco de organismos internacionales. También los Estados emprenden la tarea de cambiar o adaptar las reglas para cambiar las circunstancias y lo hacen, en ausencia de una autoridad legislativa competente. El proceso masivo de descolonización, particularmente centrado en Africa, generó nuevas reglas o las redefinió, como por ejemplo: descolonización, no intervención, derechos de los pueblos, autodeterminación. Desde ya, la adaptación de las reglas a las nuevas circunstancias forma parte del proceso por el que el orden es mantenido, pero también todo cambio de reglas genera un cierto desorden. De la misma manera, los Estados también emprenden la tarea de proteger las reglas; particularmente aquellas orientadas a sostener el orden que les interesa. Aquí puede darse un choque respecto de qué tipo de regla favorece el orden y debe ser protegida, atendiendo a los intereses de los Estados. Se protegerán conjuntamente aquellas reglas que defiendan un interés común.

Los más poderosos protegerán aquellas reglas que:

a) Preserven el balance general de poderes -en un sistema multipolar- o de disuasión nuclear entre poderes nucleares -en un sistema bipolar o imperial-;

b) Que se orienten a la resolución de los conflictos entre Estados -pero mantendrán el monopolio de ser jueces y parte-;

c) Que limiten el control de armamentos y fuerzas armadas en interés de la seguridad mundial -no obstante se reservarán el derecho de proliferar o de cumplir con el rol de “policías mundiales”-;

d) Que limite o suavice las demandas de los Estados insatisfechos;

e) Que afiance y mantenga la aprobación de los poderes más pequeños en la asunción por los grandes poderes de derechos especiales y responsabilidades.

Estas no son reglas prescriptas por las reglas de coexistencia o por las fundacionales. Muchas de ellas incluso, más allá de que favorezcan al orden, contradicen al derecho internacional [331].

Los organismos internacionales, como instituciones internacionales, se encargan de mantener el orden, pero eso, no necesariamente garantiza la justicia. Los organismos internacionales, aquellos de alcance mundial, tales como la ONU, generan imagen de totalidad, aunque el orden de repartos no alcance para la totalidad, sino para los subordinados.

TRANSITO DEL ORDEN INTERESTATAL AL DE ACTORES HETEROGENEOS

A partir del siglo XVII, el sistema mundial tuvo a la primacía del Estado-Nación como principio organizador del orden político. El Estado-Nación desplazó las formas premodernas de organización política, tales como la ciudad-Estado o los feudos. Simultáneamente, el mercado se ha transformado en la forma dominante de las relaciones desplazando a otras formas de intercambio, como la reciprocidad, la redistribución y las economías imperiales. El mercado ha sido, en un principio, regulado por el Estado-Nación, mientras mantenía el monopolio de la producción y la comercialización; hasta que ciertos actores privados se comenzaron a transnacionalizar y a ganar autonomía en su capacidad productiva y comercializadora y, posteriormente, incluso en el terreno financiero. Estado y mercado, tienen lógicas propias, e interactúan entre sí. Para el Estado, las fronteras territoriales y la soberanía constituyen la base necesaria de la autonomía nacional y la unidad política; para el mercado, es necesaria la eliminación de todos los obstáculos políticos y de otro tipo que entorpezcan sus operaciones. La lógica del mercado lleva a radicar las actividades económicas donde son más productivas y provechosas, mientras que la lógica del Estado tiende a captar y controlar el proceso de crecimiento económico y acumulación de capital [332].

Hoy, el Estado-Nación ha dejado de ser el actor monopólico alrededor del cual se organiza el orden político global, e incluso el actor dominante en esas relaciones, siendo desplazado por actores privados transnacionales en una importante cantidad de temas que tienen que ver con las relaciones, el intercambio y la organización económico-comercial-financiera, política e incluso social [333].

Lo que resulta complejo es imaginarse un sistema heterogéneo, en el que intervienen actores de diferente tipo y que, a su vez, contribuyen, desde su perspectiva y con su poder, a la generación del régimen y al establecimiento y mantenimiento de pautas de orden.

Actores diferentes, como los Estados-Nación; transnacionales, como la banca, los fondos de pensión o las calificadoras de riesgo país, o de carácter productivo y tecnológico, como los productores de computadoras, telefonía o software; o transnacionales de otro tipo, como las ONG´s en materia de derechos humanos o de medio ambiente, o las vinculadas a la mujer; configuran el sistema mundial moderno, dándole una característica de heterogeneidad y a la vez, cada uno contribuye, desde su perspectiva y según su poder -aunque los que son no-estatales no formen parte de las instituciones internacionales-, a la generación del régimen mundial y del orden. En algunos casos, hay empresas transnacionales que conforman “alianzas” estratégicas con ciertos Estados, toda vez que mutuamente se otorgan ventajas y apoyo [334], pero éstas, a su vez, de manera directa, o a través de los Estados con los que mantienen su alianza estratégica, presionan sobre el resto de los Estados, para obtener el máximo beneficio con el mínimo costo, so pena de marginarlos o, incluso, sancionarlos de manera directa o a través de los Estados con los que mantienen la alianza [335]. La alianza estratégica es para obtener mutuos beneficios, pero la empresa puede hacer uso de su capacidad de presión para obtener ventajas, incluso del Estado con el que mantiene la alianza, para que movilice sus recursos en su beneficio. Un ejemplo, entre otros, es el de las farmacéuticas que presionan sobre el gobierno de EUA para que presione sobre otros Estados en el tema de la ley de patentes. En otros casos, ciertos actores transnacionales, como las ONG´s, en materia de derechos humanos o de medio ambiente, por ejemplo, operan independientemente de alianzas estratégicas con los Estados-Nación. Presionan sobre éstos, más allá del poder del que dispongan los Estados. La transnacionalidad de las ONG´s, es diferente a la transnacionalidad de las empresas, toda vez que, en el primer caso, está dada por la búsqueda de la resolución de demandas insatisfechas de grupos o personas independientemente de la nacionalidad a la que pertenezcan. En el caso de las empresas, la transnacionalidad está dada por la forma en que un actor opera y se expande en varias naciones. En una medida creciente, se ha venido dando una transferencia en la capacidad de toma de decisiones del Estado-Nación hacia otros actores, disminuyendo su capacidad soberana de forma involuntaria.

El sistema ya no es, monopólicamente internacional” y el régimen no es exclusivamente la resultante de las decisiones y la voluntad de los Estados-Nación. Los actores no estatales han dejado de operar como grupos de presión, para transformarse en factores de poder y actores a la par y, en algunos casos, superiores al Estado-Nación. La “estructura”, en términos de configuración de poder, se hace más compleja, al no ser una estructura conformada exclusivamente por Estados-Nación.

Las nuevas características que se observan, muestran:

1) Una multiplicación de los actores y diversificación en cuanto al tipo, generando una gran heterogeneidad en la forma de relacionamiento del sistema y provocando disfunciones en el marco institucional interestatal.

2) Cambio del tipo de actores. No sólo hay una mayor proliferación en la cantidad de Estados-Nación, con grandes cambios y disminuciones en cuanto a sus atributos, a la vez que una generación de disfunciones en la forma de operar el Estado-Nación y en la “gobernabilidad” al interior del mismo, sino también una proliferación de actores transnacionales, de diferente tipo, capacidad e incidencia.

3) Un alto índice de transnacionalización en la toma de decisiones y en las relaciones globales. Los actores transnacionales no sólo operan como grupos de presión en el marco estatal, sino que han alcanzado, en gran cantidad de casos, la capacidad de operar como factores de poder. El sistema financiero global es un ejemplo evidente. También los actores transnacionales que tienen incidencia en telefonía, informática, microelectrónica; en áreas como derechos humanos o medio ambiente; o actores de carácter espurio, como el narcotráfico o la corrupción, que de ambos existe lavado de dinero en cantidades multimillonarias que inciden en el funcionamiento de las economías estatales y de la economía mundial; así como el terrorismo.

4) Distinta manera de operabilidad del sistema. El interrelacionamiento e intercondicionamiento característico del sistema, se ha hecho más complejo, debido a la proliferación de unidades intervinientes, a su heterogeneidad y también a los “diferentes niveles” de operabilidad: internacional, transnacional, supranacional, etc. Esto incide en la capacidad y funcionalidad de los organismos internacionales, que pretenden operar de la misma manera que en las épocas en que el Estado-Nación era el actor monopólico. El tema de la moneda -sistema financiero-, es un buen ejemplo.

5) Modificación de pautas territoriales y de soberanía. La capacidad de control satelital, e incluso internet, muestran que las fronteras dejaron de ser “cercos” de seguridad para los Estados-Nación. Además, el funcionamiento del sistema financiero se ha transnacionalizado, escapando al control de los Estados. La soberanía de los Estados-Nación es el único límite a la expansión financiera; no obstante, muy pocos Estados-Nación están en condiciones de poner límites o incluso, de manejar la moneda. La expansión financiera tiene directa incidencia sobre las personas más que en términos geográficos, por lo que los Estados ven debilitada su capacidad de control sea para que entre en determinadas condiciones y se dirija a determinadas áreas -por ejemplo circuito productivo- o para evitar que salga en forma de fuga de capitales [336].

6) Crece la complejidad de la estructura mundial -configuración de poder vigente en el sistema mundial [337]- al no funcionar más con los actores estatales en forma monopólica. El creciente número y heterogeneidad de actores, complejiza el funcionamiento, a la vez que se observa que el Estado-Nación va cediendo espacio a actores transnacionales en la toma de decisiones y en la generación de reglas -régimen mundial-.

7) No hay una correspondencia entre el marco institucional internacional vigente -organismos internacionales- y la estructura de poder transnacional dominante.

¿Cómo reflejar este fenómeno en un sistema mundial global, abstrayéndonos de las características históricas “estatalistas” a las que estábamos acostumbrados para analizar todo sistema?

Estamos acostumbrados a un mundo en el que la fuerza, particularmente la militar, es la que impone o mantiene el orden. Por ello, nos resulta difícil pensar en un sistema en el que hay actores heterogéneos, muchos de ellos, que no disponen de territorio real, sí de territorio “virtual” y, a su vez, que no disponen de fuerza armada para imponer su voluntad.

Los organismos internacionales tienen, necesariamente, que adaptarse a estos cambios para reflejarlos. El derecho no genera orden, sólo lo institucionaliza [338]. Los hechos resultantes del proceso de configuración del sistema mundial y su orden, deben ser reflejados en el marco institucional. Un marco institucional que no lo hace, resulta obsoleto, más allá de las expectativas o aspiraciones que algún sector pueda tener, como por ejemplo el laboral a nivel mundial respecto de la OIT, que ya no tiene vigencia, más allá de su existencia formal, toda vez que las reglas las impone la OMC.

Los organismos internacionales son “variable dependiente” de las tendencias del orden mundial, por lo que al haber cambios mundiales profundos, los organismos vigentes, desaparecerán y serán reemplazados por otros, o se trasformarán siendo adaptados a las nuevas características que tenga el nuevo orden. Al haber cambios mundiales en la estructura de seguridad, la económica y la política, deberán cambiar organismos (o su funcionamiento) como Naciones Unidas u OTAN, en materia de seguridad y estabilidad internacional; GATT/OMC en comercio; FMI en lo que hace a flujo financiero y balance de pagos, y Banco Mundial vinculado a la orientación del crédito para el desarrollo; de la misma manera en que las características del “régimen” cambian y los lineamientos “políticos” del orden global. En el caso de Naciones Unidas, cómo incorporar a una organización creada para ser integrada por Estados soberanos, representados por sus gobiernos, a actores independientes que pueden llegar a tener tanto o más peso que los representantes de los gobiernos. El problema ya se venía presentando con motivo de la creciente influencia de las ONG´s en la vida de la ONU desde comienzos de los años ochentas.

La Carta de la ONU sólo se refiere en forma lateral a estas organizaciones al señalar en su artículo 71 que el Consejo Económico y Social (ECOSOC) “podrá llevar a cabo consultas con ONG´s que se ocupen de asuntos de la competencia del Consejo”. Esa función de carácter consultivo y esporádico ha dado lugar a una influencia creciente de las ONG´s sobre las conferencias mundiales auspiciadas por la ONU así como algunas comisiones orgánicas del ECOSOC como las relacionadas con derechos humanos o cuestiones de medio ambiente. La nueva valoración de la importancia de las ONG´s en Naciones Unidas fue bien expresada por Boutros Ghali en 1995: “Las Naciones Unidas son un foro obvio de concentración, no sólo entre gobiernos sino entre gobiernos y organizaciones no gubernamentales” [339].

En EUA las ONG´s significan el 8% del PBI y proporcionan el 10% de los empleos [340].

Pero no sólo las ONG´s deben ser contempladas en una organización mundial futura, sino también otros actores, cuya incidencia hoy es tan relevante como la que tuvieron los Estados-Nación en 1945, ya que están generando una revolución en las más diversas áreas. Si no fuera por la informática y las comunicaciones -hablo no sólo de los fenómenos, sino también de las empresas que los impulsaron- no existiría la actual revolución en el flujo de los capitales, o la sociedad civil o los países periféricos, continuarían en la periferia, totalmente marginados y sin posibilidad de incidencia, el conocimiento sería exclusivo y excluyente de una élite, no se tendría conocimiento de las situaciones de derechos humanos, como actualmente, no hubiera aumentado el flujo de comercio en los términos en que lo hizo en los últimos años, o el movimiento de capitales, etc. El sistema internacional no puede seguir operando de manera exclusiva y excluyente a través de los gobiernos de los Estado-Nación, dejando de lado a aquellos actores que tienen incidencia en todos los temas en los que el Estado-Nación ya no la tiene o se encuentra totalmente debilitado o dependiente de estos actores. Los organismos internacionales, deberían reflejar en el marco institucional, la gran red formada por actores que operan desde diferentes niveles, pero que se interconectan.

Los organismos internacionales deberían orientarse en el sentido de compatibilizar las pautas de orden, con las de justicia y no continuar imponiendo pautas de orden a costa de la justicia o imponiendo una justicia que no es la que demanda la gran mayoría de los actores. La forma en que operan las ONG´s, la sociedad civil se orienta en este sentido y debe ser reflejado en la estructura institucional. Organizaciones como la ONU, ya no pueden girar alrededor de un Consejo de Seguridad que se maneja con la fuerza a partir de una élite pequeña, sobre la que no puede incidir, ni siquiera la Asamblea General con su voto mayoritario.

SATISFACCION DE DEMANDAS EN UN MUNDO HETEROGENEO

Avanzar de un sistema plural hacia uno unitario resulta algo políticamente indeseable. Dentro de los Estados, se han avasallado los intereses y las aspiraciones de algunos de los varios subgrupos y minorías. Las presiones para una solución supranacional más amplia para los problemas nacionales, coincide con las presiones para encontrar soluciones subnacionales de los problemas particulares de los subgrupos nacionales. Una transferencia mayoritaria o aún solamente substancial del poder a una autoridad supranacional podría agravar más los conflictos existentes subnacionales y podría agregar a ellos una nueva y aún más importante capa de conflictos nacionales. Hay, sin embargo, un tercer futuro orden internacional posible que podría combinar algunos rasgos de los dos órdenes planteados y podría, por lo tanto, ser más factible y eficaz que ambos. Por la falta de un término mejor, podría llamarse “manejo mixto”. Por un lado, estaría basado sobre el sistema pluralista de actores mixtos, con los Estados siendo los más importantes entre ellos; por el otro, podría introducir un elemento de planificación racional para el orden internacional, tanto en el nivel global como en el regional.

Es posible interpretar la situación, como siendo un estado inicial de tal sistema. Los Estados aún ocuparían una posición central como entidades soberanas con el poder último de las decisiones políticas, pero sus autoridades son rápidamente ajustadas en dos direcciones:

1) delegando ambos a algunos cuerpos más amplios -globales y regionales- para tratar los problemas con los que el Estado se encuentra desvalido; y

2) hacia abajo, donde la percepción de las minorías es de descontento y presiona para recibir satisfacción.

Gráfico 20 Demandas de Orden Mundial

Demandas de Orden Mundial

Para evitar debates áridos sobre la soberanía y sus choques, es posible pensar en tal sistema en términos de las necesidades funcionales y de lo que puede ser considerado comisión indirecta, no a través de aceptar autoridades supra o transnacionales, sino a través de una completa despolitización de ciertas actividades políticas menos sensitivas y haciéndolas correr por las organizaciones internacionales o transnacionales [341].

¿QUE TIPO DE ORDEN ES EL MEJOR?

¿Habría que optar entre las alternativas “balance de poder” o sistema de “seguridad colectiva”? O estas alternativas se dan dependiendo del tipo de sistema: multipolar permite balance de poderes, bipolar tiende a los sistemas de seguridad colectivo. ¿Acaso no sería mucho más importante tener en cuenta la cantidad de actores que componen el “tope de la estructura del sistema” que si se trata de un sistema basado en balance de poderes o de seguridad colectiva? ¿No sería más importante ver si hay o no difusión de poder? [342]

Autores, como Joseph Frankel, le llaman “períodos altamente revolucionarios” a lo que yo denomino “transición intersistémica” [343]. No cabe duda que al no funcionar la estructura, los cambios se suceden rápidamente ya que el sistema ya no está más “sostenido” por la estructura y, hasta que ésta no se regenere, no habrá nueva “estabilidad” y los cambios serán la constante.

El Balance de poderes establecido por el Consejo de Seguridad de la ONU no funcionó, ya que estaba condicionado por el balance de poderes basado en el “equilibrio del terror” entre EUA y la URSS anulando las posibilidades de contrabalance del resto de los miembros del CS de la ONU. En cuanto la URSS alcanzó la capacidad de un “segundo golpe” con su fuerza nuclear, en términos de sobrevivir a un ataque nuclear norteamericano y poder contraatacar, el orden bipolar giró alrededor de este nuevo “equilibrio” [344]. El orden, en estos términos, no giró alrededor de la ONU, sino de la OTAN, otros sistemas de seguridad colectivos del bloque occidental, y el Pacto de Varsovia en el oriental, así como de las conversaciones bilaterales sobre limitación de armas estratégicas (SALT) y sobre la mutua reducción del balance de fuerzas (MBFR). A la ONU le correspondió, conducida por los intereses de las dos superpotencias, las conferencias internacionales globales sobre el desarme [345].

La creación de la OTAN y el Pacto de Varsovia fueron la “apuesta” a la incapacidad del funcionamiento de la ONU como mantenedora del orden.

El balance de poderes no funcionó durante la etapa bipolar, debido a la carrera nuclear, que empató entre las dos superpotencias, pero hubo otros actores, como China, Francia, Inglaterra, y una cantidad importante de otros países del mundo que desarrollaron una capacidad nuclear de alcance regional, provocando que el TNP que fue impuesto por EUA y la URSS, no funcionara. Se generaron una cantidad importante de organismos internacionales para institucionalizar reglas, algunos de los cuales funcionaron adecuadamente y otros no, dependiendo de la voluntad de las superpotencias [346].

En el multipolarismo la cooptación de estados periféricos fue colonial y neocolonial, pero los Estados que estaban bajo la esfera de influencia de otra superpotencia no eran vistos como enemigos, en cambio en el sistema bipolar, o se estaba con una superpotencia o se era el enemigo de ésta.

En el bipolarismo la actitud de los países del Tercer Mundo fue variada. Pero el grueso adopto la conducta de no-alineamiento, liderada e ideada por los indios y los yugoslavos. El Movimiento de Países No Alineados permitió hechos como la descolonización masiva en Africa, por ejemplo.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[329] George Scelle, es el mentor de este criterio que denominó “desdoblamiento funcional”. Esto es debido a que en el ámbito interno, los gobiernos legislan según las pautas constitucionales y en el ámbito internacional se transforman en colegisladores en tanto firman acuerdos internacionales. La teoría de Scelle está desarrollada en su “Théorie et practique de la fonction exécutive en Droit lnternational” en Recueil des cours de la lére Académie de Droit International (1936, I), tomo 55 y sus “Régles générales du Droit de la paix”, en Recueil... op. cit., (1933, IV), tomo 46, págs. 657 y ss. Este tema lo he analizado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Problemática del Orden, (Buenos Aires, Pleamar, 1981), pág. 4.

[330] Francia fue condenada por ensayos nucleares en el Atolón de Mururoa 1974 y no aceptó el fallo de la CIJ. EUA fue condenado en 1986 por su responsabilidad en el minado de aguas territoriales nicaragüenses y tampoco aceptó el fallo de la CIJ. No hubo poder de policía para exigir el cumplimiento de estos fallos. Ver Chemillier-Gendreau, Monique (Profesora de Derecho Internacional de la Universidad de París VII) “El Orden Jurídico Internacional: ¿Una Quimera?, en “Le Monde Diplomatique”, Le Dipló, Buenos Aires, Agosto de 1999, págs. 6-7.

[331] Ver Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), págs. 53 y ss.

[332] Ver Heilbroner, Robert L., The Nature and Logic of Capitalism, (New York, W.W. Norton, 1985), págs. 94-95.

[333] Ver, por ejemplo, Gilpin, Robert, La Economía Política de las Relaciones Internacionales, (Buenos Aires, GEL, 1990), págs. 14-15.

[334] Ver Gilpin, Robert, La Economía Política de las Relaciones Internacionales, (Buenos Aires, GEL, 1990), págs. 257-259.

[335] Basta revisar la historia de las intervenciones en el Sistema Interamericano, para encontrar ejemplos de lo dicho. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

[336] Ver, por ejemplo, George Soros, La Crisis del Capitalismo Global: La Sociedad Abierta en Peligro, (Buenos Aires, Sudamericana, 1999), pág. 135.

[337] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 168 y ss.

[338] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), pág. 207.

[339] Ver, Pellicer, Olga (Directora del Instituto Matías Romero de Relaciones Exteriores en México), “Difícil avance hacia la ONU del siglo XXI”, en Le Monde Diplomatique Edición México, http://www.monde-diplomatique.fr/mx/.

[340] Ver “Dialogar con las ONG”, en Diario La Nación, Buenos Aires, 15 de Abril del 2001.

[341] Ver , Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), págs. 210-211.

[342] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 161; se pregunta también esto.

[343] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 161.

[344] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 203; sostiene esto.

[345] Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 204.

[346] Sobre el tema ver Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 165.