Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XV

EL PROBLEMA DEL ORDEN Y LA JUSTICIA

El orden no es el único valor al que aspiran los seres humanos. La justicia es un valor, en muchos casos más buscado que el orden en sí. Un orden que no contemple al concepto de justicia, es un orden coercitivo, es una dominación arbitraria [320].

En primer lugar, deberíamos plantearnos cómo establecer una compatibilidad o equilibrio entre orden y justicia, atendiendo a esta última en términos de equidad y distribución, en el marco mundial.

El sistema mundial, está fundamentalmente orientado a establecer o mantener el orden prioritariamente, por sobre la justicia que este orden pueda dar o garantizar. No obstante, en el sistema global, aquellos que tienen poder suficiente para imponer el orden, se orientan en el sentido de garantizar el status quo, ya que están satisfechos con el estado de cosas, mientras que los que no tienen poder suficiente como para establecer el orden, ni siquiera para modificarlo, se orientan, aunque “no necesariamente”, en el sentido de adoptar políticas reformistas, de manera tal de cambiar su situación y mejorar su inserción, o resolver sus demandas no satisfechas. Digo “no necesariamente”, porque no todos los miembros del sistema que carecen de poder para establecer pautas de orden, se orientan en el sentido de modificarlo. Muchos, perciben que pueden obtener ventajas del status quo vigente. Además, resulta muy complejo establecer un cierto grado de coordinación “horizontal” de manera tal de sumar capacidad de negociación para modificar el orden imperante en aras de una mayor justicia equitativa y distributiva. Esto se debe a que desde las potencias polares, se procura mantener el estado de fragmentación en la periferia, de manera tal de evitar que puedan unirse para lograr maximizar su capacidad negociadora, y esto comprende, apoyar a los gobiernos funcionales a esto. Esto significa, que muchos gobiernos de la periferia, estarán más interesados en conectarse con la élite del centro que con la élite de la periferia, en aras de maximizar la capacidad de negociación y modificar el status quo vigente para conseguir una mayor justicia equitativa y distributiva [321].

En general, la justicia, administrada desde “arriba”, no es distributiva ni equitativa, sino que tiende a garantizar que se satisfacen las demandas, toda vez que los demandantes cumplen con ciertos requisitos, caso contrario, no se otorgará lo que se demanda. En tanto el demandante no cumpla con los requisitos que se les impone, no logra su objetivo.

Para que los de “abajo” logren justicia para sus demandas o intereses, desde su punto de vista, deben tener suficiente poder o aliarse, de manera tal de maximizar las posibilidades de logro de sus objetivos insatisfechos. Esto último, es lo complejo de lograr a nivel “horizontal”, salvo excepciones, como las de la OPEP o la creación de la UE, que no se ha repetido en ningún proceso integrativo llevado a cabo en la periferia.

Además, existe una creencia, generalizada, de que el derecho internacional, a través de los tratados o acuerdos que se firmen, o los organismos internacionales, son los encargados de dar y garantizar la justicia. En la medida en que se cumplan los tratados o compromisos internacionales, se obtendrá la justicia necesaria. O los propios organismos internacionales se encargarían de ello. Esto muestra una visión distorsionada del funcionamiento del sistema internacional, que se basa en relaciones de poder y no en “convergencia de voluntades”. Pretender que un organismo internacional, que se orienta en la dirección que le imprimen los más poderosos, resuelva las demandas no satisfechas de aquellos que no tienen capacidad de poder dentro o fuera del organismo y que sólo cuentan con el poder de su voto, muestra una perspectiva poco relista de cómo son las cosas. Esto anula el concepto del “interés nacional”; y los Estados -al menos los poderosos-, se guían por el interés nacional, no por el bien común. Los Estados menos poderosos están más interesados en el bien común, por el hecho de que necesitan obtener respuestas a sus demandas no satisfechas, pero no es gracias a la vigencia de una ética del bien común como lo van a conseguir, sino a que obtengan una capacidad de maximización de su poder negociador.

Hay que distinguir entre la justicia y la ley. La ley es un componente de la justicia, no la justicia [322]. La referencia a justicia está estrechamente conectada con la justicia conmutativa o la justicia recíproca, que establece compensaciones entre las partes, y la justicia distributiva, o la justicia evaluada en conjunto a la luz del interés común o bien común de la sociedad, que asigna a cada miembro de la comunidad una parte adecuada de los quehaceres y bienes comunes. La justicia conmutativa se observa en el reconocimiento de derechos y deberes por un proceso de intercambio o negociando; es la forma en que un individuo o el grupo reconoce los derechos de otros a cambio del reconocimiento de los propios. En la medida en que el proceso de negociación entre individuos o grupos sea igual, se darían iguales derechos caso contrario, alguien obtendría más que otros, lo que generaría una asimetría y una situación de injusticia. La justicia distributiva, por contraste, no ocurre a través de un proceso de trato entre los miembros individuales, sino por una decisión de la sociedad en su conjunto, considerando el bien común o interés común. La política mundial en la era presente es, principalmente, un proceso de conflicto y cooperación entre Estados que tienen sólo el sentido más rudimentario del bien común del mundo en conjunto, y es, por consiguiente, preeminentemente el dominio de ideas de justicia conmutativa en lugar de la justicia distributiva. El tema principal de disputa sobre la justicia en asuntos internacionales será encontrado en el esfuerzo de los Estados soberanos, a través de un proceso de demanda y contra demanda, para establecer entre ellas qué derechos y deberes se reconocerán y cómo se aplicarán. Pero el concepto de la justicia distributiva también toca una parte en la discusión de la política mundial, y es ejemplificado por la idea de que la justicia requiere un traslado de recursos económicos de los países ricos a los más pobres [323].

Se distinguiría entre lo que puede llamarse:

1) justicia internacional o interestatal;

2) justicia individual o humana; y

3) cosmopolita o justicia mundial.

1) En el caso de la justicia “interestatal” -entre Estados- está reflejado el tema del respeto a la soberanía y la independencia, mientras que en la “internacional” -que tiene que ver con las Naciones independientemente de los Estados, toda vez que hay naciones sin Estado como los Palestinos o Estados multinacionales como Rusia o la ex URSS- se contemplan conceptos como derecho a la autodeterminación, derechos de los pueblos.

En muchos casos, los derechos de los Estados entran en conflicto con los derechos de la Nación, por lo que la justicia interestatal no es la misma que la internacional. Un ejemplo de las diferencias se puede observar en el caso de la reclamación soberana sobre las islas Malvinas por parte de la Argentina. El gobierno reclama la soberanía pero no reconoce el derecho a la autodeterminación de los kelpers -habitantes de las Malvinas- bajo el argumento de que se trata de una población trasladada por los británicos, no originaria de las islas.

En el caso de Estados como la URSS o Yugoslavia, el derecho a la autodeterminación de las naciones que tomaron en sus manos su propio destino por considerar a estos como opresores, terminó atentando contra la soberanía y destruyendo a los Estados.

2) La justicia individual o humana, está más cerca del concepto de justicia “internacional”. Se contemplan los derechos y los deberes de la persona. Tiene en cuenta los derechos humanos y todo lo que se oriente en el sentido de protegerlos y defenderlos o de sancionar a quienes atenten contra ellos. Hoy existen tribunales o cortes internacionales de derechos humanos en varias partes del mundo.

En la concepción positivista internacional, siempre se ha considerado que los Estados son los sujetos del derecho internacional, mientras que los individuos son objetos, que reciben la justicia en el marco del Estado. Esto pueda dar lugar a situaciones arbitrarias por parte de los Estados -sus regímenes políticos- en relación con los derechos de las personas.

Una elevación de principio de los individuos a la categoría de sujetos de derecho internacional, se alcanza, si los individuos, cuyos derechos fundamentales han sido violados, disfrutasen de un derecho individual de acceso ante un organismo internacional, contra el Estado culpable. No obstante, hoy este concepto está cambiando. Un paso en este sentido fue dado por el procedimiento de petición introducido por el convenio europeo de derechos humanos en el que los individuos afectados tienen calidad de partes.

Figuras como derechos de los refugiados, derecho de asilo, etc., muestran la orientación a una justicia internacional que comprende el derecho de los individuos en ciertas situaciones. Los juicios de Nuremberg, o el caso Pinochet entre otros, muestran una tendencia creciente a considerar globalmente las situaciones que atentan contra los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad. El interés en crear un Tribunal Penal Internacional, más allá de las trabas que Estados como EUA o China, entre otros, ponen, prueba esta tendencia [324]. Esto limita la soberanía de los Estados a favor de los derechos de las personas y de las naciones.

3) La categoría de justicia cosmopolita o justicia mundial tiene que ver con la idea de qué es correcto o bueno para el mundo como un todo. No tiene que ver con los fines o valores comunes de la comunidad de Estados, sino los de la comunidad mundial en su conjunto, de toda la humanidad.

Los temas que las organizaciones no gubernamentales (ONG´s) tratan desde hace pocas décadas, vinculados a problemáticas que escapan a la geografía del Estado-Nación, que tienen en cuenta el problema de los derechos humanos, los problemas ecológicos, los de la mujer, etc., a los que habría que agregar otras temáticas como el de la escasez de agua potable, la pobreza, etc., convergen en el interés de la humanidad. No sólo tienen que ver con la cooperación entre los Estados, o con los derechos -o deberes- individuales, sino con la solidaridad mundial.

  EL PROBLEMA DE LA COMPATIBILIDAD ENTRE ORDEN Y JUSTICIA

El problema de la compatibilidad entre orden y justicia tiene que ver principalmente con que, si es posible, o aceptable que se alcance la justicia internacional, arriesgando el orden internacional. Esto está vinculado a la idea de cuál es prioritario, si la justicia o el orden [325].

Se podría pensar que:

1) Desde una perspectiva “conservadora”, hay un conflicto entre los valores del orden y los de la justicia en la política mundial, y habría que priorizar al orden por sobre la justicia. Se trataría de un sistema internacional en el que el “orden mínimo” o la coexistencia es lo máximo que puede esperarse, y en el que las demandas por un “orden óptimo” amenazan el área pequeña de acuerdo general en el que esta coexistencia se construye.

La Carta de la ONU, que fue escrita por los principales poderes, considera a la paz y la seguridad como un objetivo primario de la organización, mientras que los derechos humanos como un objetivo secundario. Los Estados periféricos, por su parte, tratan de que esa relación sea inversa [326].

Desde la perspectiva de las potencias polares, el proceso masivo de descolonización en Asia luego de la segunda guerra mundial y particularmente en Africa a partir de los ´60, ha generado desorden y también violencia, a la vez que modificado ciertas reglas, al votar estos nuevos Estados, resoluciones en la AG de la ONU, orientadas a la descolonización, la no intervención, el derecho de los pueblos, la autodeterminación, etc., lo que modificó el tono resolutorio de ese organismo que antes estaba cooptado por EUA para el mantenimiento del status quo.

2) Desde una perspectiva “revolucionaria”, existe un conflicto inherente entre los parámetros del orden mundial vigentes y los logros de la justicia, pero consideran la valoración prioritaria de la justicia por sobre el orden imperante.

Esta es la perspectiva de los países asiáticos y africanos en el proceso de descolonización y su posibilidad de cooptar la AG de la ONU con sus resoluciones -que no obstante carecieron de fuerza en muchos casos por falta de poder de implementación, aunque no es el caso de la descolonización-; así como su demanda de un mundo sin bloques, planteada en la Cumbre de Bandung en 1955 y orientada a su implementación a partir del Movimiento de Países No Alineados desde los ´60 en adelante, llegando, incluso, en la década de los ´70, a plantear las pautas para un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo. Recién a partir de fines de la década de los ´70, cuando se planteó el caso Nicaragua en la XVII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (1979), el representante venezolano planteó que seguir manteniendo el principio de no intervención, cuando el dictador Somoza no garantizaba el respeto de los derechos humanos en el país, era ponerse de espaldas con el pueblo nicaragüense. Esto modificó la orientación de la Reunión, que decidió votar en ese sentido [327].

3) Desde una perspectiva “progresista”, no existiría conflicto entre orden y justicia en la política mundial. Esta perspectiva se orienta a plantear que, corregir las situaciones de injusticia, constituye el verdadero medio de fortalecer el orden internacional.

Se podría pensar que, a partir de la Cumbre de Reykjavík en Finlandia, entre Ronald Reagan y Mikjail Gorbachov en 1985, en la que acordaron el desarme nuclear progresivo y la resolución de todos los conflictos internacionales en los que tuviera que ver el conflicto Este-Oeste, hubo un acercamiento entre la satisfacción de demandas de justicia y el fortalecimiento del orden. Lo acordado en esta Cumbre, significó que, al poco tiempo, en todos los puntos del planeta, comenzaron a retirarse tropas y a iniciarse negociaciones de paz, incluso en regiones en las que era inimaginable, como en el Medio Oriente entre Israel y los Palestinos. Cuba retiró sus tropas de Angola, Sudáfrica se retiró de Namibia y esta colonia se independizó, a la vez que al poco tiempo, se terminó el apartheid en Sudáfrica y, por primera vez, se eligió un gobierno negro, Nelson Mandela, que había estado preso durante 27 años por el gobierno blanco. Se inició un proceso de negociación y pacificación en Centroamérica, en Nicaragua y El Salvador entre guerrillas y gobierno. En Alemania se cayó en 1989 el Muro de Berlín y al poco tiempo hubo una unificación entre las dos Alemanias, lo que para 1989 constituía una hipótesis descabellada. Etc. Estos procesos, han permitido que estas regiones se puedan insertar en la comunidad mundial desde una perspectiva diferente, relacionándose de otra manera, a la vez que esto contribuyó a una mayor estabilidad en el orden global.

Paradójicamente, este proceso orientado a una mayor estabilidad y paz en el mundo, se encontró con que, para fines de 1991, la política de Glassnost iniciada por Gorbachov en 1985, junto con la Perestroika en el contexto internacional, sirviera, no para modificar la manera en que se desarrollaba la política al interior de la URSS, sino para que las Repúblicas a su interior, usaran esto como instrumento de su liberación de una opresión de décadas, provocando que la URSS se desintegrara y, con ello, desapareciera uno de los dos polos del sistema bipolar y con ello, el sistema que había imperado durante 50 años. A partir de allí, se pasa a una nueva “transición intersistémica” y, desde ya, a una nueva reconfiguración del sistema y el orden.

Podría considerarse que, independientemente de las perspectivas planteadas, tendría que alcanzarse un consenso general, de que todo cambio debe orientarse hacia una mayor justicia generalizada. De todas formas, desde la perspectiva de los países más poderosos, existe el temor de que esos cambios les quiten poder y dominio, a la vez que, gran parte de los miembros de la periferia, consideran que el orden imperante sólo favorecerá a unos pocos y nunca repartirá justicia equitativa y distributiva.

El equilibrio entre orden y justicia, evidentemente, no se logra por el consenso, sino por el poder. Si los miembros de la periferia no reúnen poder suficiente -individual o conjunto- como para alcanzar los cambios -de manera no necesariamente traumática o confrontativa- que satisfagan sus demandas de justicia, esos cambios no llegarán desde “arriba”. Japón en lo individual, la hoy UE en conjunto, han logrado cambios significativos para sus destinos de una manera no traumática. Ambas, hoy, una en forma individual, la otra en forma conjunta, son potencias de primer orden.

Por otra parte, la comunidad mundial no está institucionalmente preparada para administrar justicia. Los tribunales internacionales de justicia carecen de poder de policía para exigir el cumplimiento de sus laudos o sentencias o para resolver situaciones complejas de conflicto, muchos de los cuales tienen que ver con demandas de territorios usurpados; otros con conflictos étnicos o religiosos o con situaciones de derechos humanos. Tribunales, como el Penal Internacional que podrían entender casos como los de crímenes de lesa humanidad, son resistidos por potencias como EUA por temor a que sus soldados sean juzgados en paridad de condiciones con los de otros Estados.

Organismos Internacionales como la ONU, en que su CS toma decisiones permitiendo que un miembro permanente que sea parte en un conflicto pueda votar o vetar sobre el caso, ocupando el rol de juez y parte, no muestran mucha predisposición a la administración de justicia en términos equitativos o distributivos o al establecimiento de una paz justa, más allá de que pretenden mantener el orden, pero según el criterio de los poderosos.

Situaciones como las de India, recuperando el territorio de Goa, usurpado colonialmente por Portugal en 1510, pueden ser consideradas como casos de demanda de justicia por medios que atentan contra el orden internacional. No obstante, como la toma de la región fue exitosa para India fue, en última instancia, reconocida. Lo mismo puede decirse de Argentina intentando recuperar las islas Malvinas, usurpadas colonialmente por Gran Bretaña en 1833, a través de una intervención militar, que no tuvo el éxito de india con Goa, por lo que provocó que Gran Bretaña endureciera la posición sobre la discusión de la soberanía. No obstante, Naciones Unidas no está suficientemente preparada para hacer justicia en casos como estos, dado la complejidad de los mismos. Por otra parte, existe una tendencia global a sancionar a quien busca recuperar por la fuerza algo que le pertenece, más que sancionar a quién lo obtuvo por la fuerza con anterioridad, como es el caso de las potencias coloniales o de los Estados con conductas imperialistas.

Los organismos internacionales contribuyen al orden, sea en aras de la paz, la estabilidad monetaria, el desarrollo, el comercio, etc., pero no a la justicia. Repiten la estructura mundial, en vez de complementarla de manera tal de orientarse a garantizar la justicia en un marco de orden establecido por la estructura de poder. Esto requeriría que los organismos internacionales tuvieran poder propio para transformarse en verdaderos árbitros supremos, en vez ser cooptados por los más poderosos, tema que ha sido complejo de resolver hasta el momento.

Más allá de ello, la consideración de prioridad sobre el orden o la justicia o la posibilidad de alcanzar un “equilibrio” entre ambos, gira alrededor de los valores que se privilegien [328]. Si un sistema internacional gira alrededor de la pugna por la primacía entre dos ideologías alternativas, el valor dominante será la seguridad, por lo que la justicia será satisfecha en la medida en que no atente contra la seguridad del sistema; en cambio, si el sistema gira alrededor del eje económico y el valor privilegiado es la rentabilidad, la justicia será satisfecha en la medida en que los demandantes mantengan modelos o procesos económicos que no atenten contra esa rentabilidad.

Ambas situaciones se observan en los últimos 60 años en que hemos transitado por un sistema bipolar basado en la guerra fría y actualmente nos encontramos en una transición intersistémica, con características dominantes en el eje económico, privilegiándose la rentabilidad; aunque, luego de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, EUA ha llevado las cosas al terreno del predominio del eje estratégico-militar. Durante la etapa bipolar, eran apoyados por los grandes poderes de manera directa o a través de los organismos internacionales aquellos países que contribuían a la seguridad del bloque en el conflicto Este-Oeste y eran sancionados aquellos que, a su criterio, no eran funcionales. Hoy, reciben créditos, préstamos, son beneficiarios de inversiones o calificados como países aceptables, aquellos que mantienen modelos o proceso económicos funcionales a los intereses de rentabilidad de los grandes poderes y de las empresas o banca; caso contrario, son marginados. Y, a partir del los hechos del 11 de septiembre del 2002, reciben apoyo o son ubicados como enemigos, aquellos Estados que contribuyen a la lucha contra el terrorismo.

Los valores, son los valores “dominantes”. Son aquellos que el “vector de poder” establece o privilegia, independientemente de los valores que pretendan privilegiar otros en aras de una mayor justicia, pero que carecen de poder suficiente.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[320] Esta es la idea de San Agustín en De Civitate Dei, IV, 4, citado en Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), pág. 18.

[321] Este tema lo traté en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. VII.

[322] Ver la “Declinación ´Cuadrática´ del Derecho Internacional” en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autoir, 2001) pág. 135 y ss..

[323] Ver Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), págs. 80-81. La idea de justicia conmutativa y distributiva estaba presente en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, bajo la idea de que el orden no puede garantizar la paz duradera, sino contempla el respeto de los derechos del hombre. Citado en Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), 17.

[324] Este tema lo he tratado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XIV.

[325] Este tema lo planteé en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XII”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), a través de lo que denominé el Teorema del Poder, el Orden y la Justicia, págs. 201-203.

[326] Ver Mazrui, Ali, Towards a Pax Africana, (London, Weidenfeld & Nicolson, 1967).

[327] Este tema lo traté en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Bs. As., Edición del Autor, 1994), Cap. XVI.

[328] Este esquema es sostenido por Mazrui, Ali, Towards a Pax Africana, (London, Weidenfeld & Nicolson, 1967), pág. 137.