Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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PARTE II

LA PROBLEMATICA DEL ORDEN:

ORDEN MUNDIAL

GENESIS Y CARACTERISTICAS 

Capítulo XII

II VISION POLITICA DEL ORDEN

  EL ORDEN MUNDIAL: CARACTERISTICAS

  A) ORDEN SOCIAL

El orden en la vida social, no tiene que ver con un modelo determinado a seguir o una regularidad del comportamiento en las relaciones entre las personas o grupos, sino un modelo que lleva a un resultado particular, un arreglo de vida social tal que promueve ciertas metas o valores.

i) Tiene que ver con un equilibrio de intereses y demandas satisfechas entre partes diferentes y a veces discordantes, cada una desde su posición, intereses y valores [240]. Desde esta perspectiva, puede darse orden en ciertos términos y desorden en otros, dependiendo de los intereses, los valores o la posición.

¿Cuáles podrían ser objetivos, intereses o valores compartidos en una sociedad, por los cuales el orden debería ser considerado un objetivo en común?

a) Toda sociedad busca seguridad frente a la violencia;

b) busca que las promesas o los acuerdos una vez adoptados sean cumplidos;

c) busca asegurarse cierta estabilidad en sus posesiones o que no se verá sometida a desafíos sin límites.

d) Los miembros de la sociedad civil, buscan seguridad no sólo desde el punto de vista de sus vidas, sino también estabilidad laboral, resolver problemas de salud, vivienda, educación, etc.

e) Los sectores empresarios y financieros buscan rentabilidad y seguridad jurídica a sus inversiones o a la instalación de sus empresas o subsidiarias.

f) Los Estados, especialmente los que no tienen poder -que son más de los dos tercios de los Estados del mundo-, buscan, en gran medida, cierta justicia distributiva en los temas de relacionamiento global, sean que comprendan intercambios, como aplicación de normas o penalizaciones.

ii) En general, cuando se habla de orden en términos sociales, se hace referencia al imperio de principios de conducta y/o de reglas. Se lo define en términos de obediencia a reglas de conducta u obediencia a las leyes.

De hecho, el concepto de orden en la vida social se encuentra estrechamente conectado con la conformidad al comportamiento humano sujeto a normas de conducta. Esto implica la existencia de prohibiciones: reglas que prohíben la violencia, el crimen, el incumplimiento de los contratos. El orden en la vida social, debería existir, en principio, sin necesidad de reglas. Debería considerarse a las reglas como una extensión y no como parte del concepto de orden [241].

iii) Otra visión, tiene que ver con que las conductas que son “ordenadas” son conductas predecibles. De esta manera, el “statuquismo” es bien visto, mientras que las conductas que promueven cambios, reformas, que revolucionan el sistema, son mal vistas.

No obstante, pretender un “statuquismo” puro es un absurdo, toda vez que siempre hay quienes están disconformes con el estado de cosas que les toca y pretenden modificarlas en beneficio de una mayor justicia. Por lo tanto, tenderán a generar cambios que atentarán contra el status quo vigente.

Todo sistema se encuentra sometido a impactos y busca un equilibrio, entre lo que está dispuesto a ofrecer y las demandas de los disconformes.

 B) ORDEN INTERNACIONAL

Un primer elemento a tener en cuenta, es que el sistema internacional está lejos aún de ser considerado una “sociedad” como ocurre en el contexto interno del Estado. Se acerca más al concepto de “comunidad” que de “sociedad” [242].

Además, el sistema internacional esta compuesto por “unidades independientes” que se relacionan entre sí de forma desigual, y que tienden hacia sus propios intereses soberanos según su poder y no en el sentido de una convergencia orientada a conformar un orden.

Características del sistema internacional son: la anarquía -los Estados tienden en el sentido de su soberanía y no del bien común o el orden global- y la descentralización. En realidad, el sistema internacional está “centralizado” en el sentido de los “subsistemas o polos dominantes”, pero no porque haya un “gobierno central” en términos de “árbitro supremo”.

Adicionalmente, el sistema actual, ya no puede ser calificado de exclusivamente “internacional”, toda vez que se ha vuelto heterogéneo al comprender a los actores estatales y también una gran variedad de actores transnacionales.

El “orden” es dado por un conjunto de parámetros –generados por el régimen-, entre los cuales se sustentan las relaciones entre los miembros del sistema y se busca concretar las expectativas y las aspiraciones.

Este orden, siguiendo los “criterios estructurales” [243], es la resultante de las “represiones mutuas” [244] entre los Estados y también de “auto-represiones” [245] y no de una “convergencia de voluntades” [246].

Por supuesto, resulta muy importante tener en cuenta esos “criterios estructurales”, ya que el sistema mundial al no ser uniforme, sino estratificado, se mueve siguiendo los criterios de la “ley del paralelogramo” [247].

  LOS CRITERIOS SOBERANOS

El sistema internacional está compuesto por Estados soberanos que se relacionan e intercondicionan, siempre, siguiendo “criterios estructurales”.

Cada uno de estos Estados tiene un gobierno y sostiene soberanía sobre el territorio propio -o el que considera propio y mantiene disputa con otro u otros Estados-. Esta soberanía, en el marco interno implica el “imperium” o la supremacía sobre las otras autoridades dentro de su territorio y sobre su población. La soberanía en los aspectos externos no muestra supremacía, pero sí independencia de las autoridades extranjeras.

Esto existe desde el punto de vista normativo, aunque no necesariamente desde el punto de vista fáctico. La supremacía y la independencia operan de manera distinta, dependiendo de los Estados, particularmente de su status en el proceso de estratificación internacional. Aquellas comunidades políticas independientes, que reclaman su derecho soberano, pero que no pueden sostenerlo en la práctica, no pueden ser consideradas “Estados” propiamente dichos [248].

Esto no sólo ocurre actualmente; hay ejemplos históricos de estas situaciones. Los reinados y principados del mundo cristiano occidental en la edad media no pueden ser considerados Estados, debido a que no tenían soberanía interna dado que sus autoridades no eran supremas sobre sus territorios y poblaciones y no poseían soberanía externa ya que no eran independientes del Papa o en algunos casos del Emperador del Sacro Imperio Romano [249].

Las relaciones entre los Estados pueden ser de cooperación, de conflicto, de neutralidad, de indiferencia, en diferentes áreas, tales como la política, la económica, la cultural, la ideológica, la militar, etc. Esto es lo que constituye el “sistema internacional”. Pero, aunque la gran mayoría de los autores no lo menciona, también se dan relaciones de subordinación y, como contrapartida, de hegemonía o dominación, a las que habría que aludir.

  CARACTERISTICAS DEL SISTEMA INTERNACIONAL

Habría que diferenciar un “sistema internacional de Estados soberanos”, de un “sistema internacional conformado por Estados dominantes”. En este último caso, un Estado -o algunos- mantiene supremacía o superioridad por sobre el resto. El imperio romano ilustra el concepto de “sistema de Estado dominante” [250]. Igualmente puede decirse del imperio británico, del soviético, del norteamericano, etc.; aunque con diferentes características entre ellos. El imperio norteamericano se parece más al imperio romano y el soviético estuvo más cerca del imperio macedonio, por lo verticalista y militarista; aunque, con el gobierno de George W. Bush, el imperio norteamericano se ha “militarizado” al mejor estilo “macedonio”.

El sistema internacional es naturalmente estratificado. No existe sistema internacional igualitario entre sus miembros [251], salvo que lo queramos conceptuar jurídicamente. No obstante, esa idea es una falacia, toda vez que el derecho requiere del “poder de policía” para exigir su cumplimiento o para sancionar por incumplimiento. El derecho sin poder carece de valor y lo que caracteriza a un sistema es, justamente la “estructura”, que representa la configuración de poder vigente o emergente [252].

El sistema de ciudad-Estado griego clásico, por ejemplo, y el posterior reino Helenístico, es un testimonio acerca de que el Estado tiende a ser hegemón [253].

Autores como Keohane y Nye [254] opinan que ha llegado el fin de las hegemonías. El mundo hoy es interdependiente, dado la alta difusión de poder existente. Sin embargo, salvo entre los actores transnacionales, que existe una alta difusión de poder, en el contexto de los Estados-Nación, aún existe una alta concentración de poder y predominan los hegemonismos. Para que en un mundo de aproximadamente 200 Estados, como el de hoy, se pueda hablar de difusión de poder, deberían haber, por lo menos 50 Estados -la cuarta parte- con capacidad de generar reglas y establecer pautas de orden. No obstante no es así [255]. En temas como el económico, son muy pocos y en el eje estratégico-militar, prácticamente EUA tiene la capacidad excluyente de establecer reglas. Paradójica o contradictoriamente, Joseph Nye, que a fines de los ’80 hablaba junto a Keohane del “fin de los hegemonismos”, ahora habla de la formación del “imperio” [256].

En un “sistema de Estados dominantes”, el dominante es el que tiene, en términos reales, soberanía, o “súper-soberanía”; el resto tiene, lo que podríamos llamar “soberanía limitada” [257]. Para hacer una mejor clarificación del tema, podríamos decir que un “sistema internacional” es un “sistema compuesto por actores y subsistemas de Estados”. Estos últimos constituyen en sí, “sistemas de Estados dominantes” o Estados con “esferas de influencia”. La Commonwealth es descriptiva de ello; EUA en el contexto hemisférico -aunque su capacidad hegemónica es global-, es otro ejemplo. Claro está que hay subsistemas, como la hoy Unión Europea, o la OPEP, cuya capacidad no es relevante tanto en lo hegemónico, sino como “alianzas maximizadoras”.

Las teorías tienden a configurarse alrededor de “sistemas de Estados independientes” que interactúan, dejando de lado a los Estados que no tienen ese tipo de capacidad, por su situación de subordinados, dependientes y sin poder suficiente. En realidad, estas teorías no observan al sistema mundial tal como es, sino que sólo giran alrededor de los que tienen poder y una gran incidencia sobre la generación de reglas. Desprecian, por considerarlos poco importantes en su incidencia al sistema, a los Estados que tienen poco poder.

Situaciones como la independencia de India del imperio británico a fines de los ‘40, el proceso masivo de descolonización en Africa en los ‘60; el impacto producido por el grupo de países de la OPEP en los ‘70; la forma en que Japón se recuperó después de la rendición incondicional en 1945 y llegó a ser potencia mundial al cabo de 30 años, al igual que la República Federal Alemana, pese a su ocupación militar por EUA; la forma en que los países de Europa Occidental, luego de una guerra devastadora se recuperaron y lograron, en conjunto, conformar una potencia de primer orden, como es la hoy Unión Europea; muestran que no pueden dejarse de lado a este tipo de países.

Gráfico 16 Sistema Internacional Estratificado

Sistema Internacional Estratificado

Estos países, han desarrollado “paliativos” a su carencia de poder, y no necesariamente a través de capacidades militares. Lo hicieron a través del desarrollo de conocimiento y/o de alianzas maximizadoras de carácter estratégico.

Mientras organismos como la ONU se encargaban de mantener el orden en beneficio de quienes manejaban la estructura del sistema -EUA y la URSS en el sistema bipolar-, acompañados, -o desautorizados- por la OTAN y otros sistemas de seguridad colectiva en el bloque occidental, y el Pacto de Varsovia en el oriental, y fueron incapaces de generar una verdadera igualdad, más allá de la jurídica; estos países desarrollaron sus propias capacidades o generaron organismos que les permitiera maximizar su capacidad de desempeño en el contexto mundial imperante.

En tanto no existe un “sistema internacional de Estados soberanos”, por el alto grado de estratificación, tampoco puede hablarse de una “sociedad internacional”. No se dan los requisitos para que haya tal sociedad. Existe lo que podríamos llamar una “comunidad internacional”. El sistema mundial se acerca más al concepto de “tribu” -capacidad y posibilidad de imponerse mutuamente conductas entre los actores; el más fuerte es el “cacique”- que de “Estado” -predominio de vínculos racionales- [258].

Una sociedad de Estados existe cuando un grupo de Estados, consciente de ciertos intereses comunes y los valores comunes, forma una “sociedad” en el sentido que ellos se conciben estar vinculados por un conjunto común de reglas en sus relaciones con el otro, y comparten el funcionamiento de instituciones comunes [259].

Salvo la Unión Europea, con algunas dificultades aún, el sistema internacional no reúne, ni ha reunido esos requisitos. Tal vez la OPEP podría entrar dentro de este criterio. En realidad, el sistema mundial se comporta como una comunidad, basada en las decisiones del/los más fuerte/s.

En la comunidad, prevalecen las relaciones en función de las “capacidades”. La atribución de recursos está determinada por las capacidades y preferencias de los actores individuales que se manejan según sus propias estimaciones de sus mejores intereses [260].. Son los lazos de poder los que predominan, mientras que en la sociedad, este poder está limitado por la “racionalidad de la institucionalidad”. En la comunidad, lo que prevalece es la capacidad de imponer conductas a partir del poder, más que la racionalidad. La tribu opera típicamente de esta manera. Los más fuertes son los que mandan y establecen las pautas de funcionamiento de la agrupación. No existe un marco institucional que limita el poder.

Hay autores que consideran que el sistema internacional ha transitado por los caminos “comunitarios” pero, luego de 1945, se reunieron los requisitos para que exista una “sociedad internacional” debido a que la multiplicidad de Estados existentes se considera, desde un punto de vista jurídico-institucional, recíprocamente iguales. Esta sería la resultante del nacimiento de la ONU en 1945, que integra normas surgidas del principio de “autolimitación” de los Estados, estructurando además, diversos organismos de cooperación política, económica y militar, cuya complejidad y variedad constituirían la base regulatoria de la sociedad internacional [261].

Yo no estoy de acuerdo con este criterio, por lo expuesto más arriba, a la vez que considero que ésta, continúa siendo una visión “juridicista” e idealista, carente de realismo. El sistema mundial, si bien tiene elementos que tienden a constituirlo como sociedad, especialmente su marco institucional que propende a ser global, tiene como problema central, la incapacidad de establecer un “poder de policía” con alcance general. El poder de policía lo ejercen los más poderosos, pero no es posible que se ejerza sobre ellos. La justicia se entiende y aplica, según la interpretación que tienen los más poderosos. Las instituciones funcionan siguiendo el criterio de los más poderosos que, en su interior, se vuelven generadores de reglas e intérpretes de su aplicación. No existe un “árbitro global” que establezca una “jurisdiccionalidad”, y tenga un “poder de policía”, en cuyos límites, queden todos dentro [262]. La negativa del senado norteamericano a ratificar el ingreso de EUA a la Sociedad de Naciones, al aludir que “no hay ley internacional por sobre la ley federal norteamericana” [263], es un ejemplo. Otro, entre tantos, lo constituye la negativa del gobierno norteamericano a ratificar el Tribunal Penal Internacional.

Se podría llegar a decir que hay un sistema internacional y, en algunos casos, varias “sociedades internacionales” que conforman ese sistema. Algunas de estas “sociedades internacionales” son provisionales y duran el tiempo que los intereses en común establezcan. En muchos casos, los asociados lo hacen alrededor de un área temática, como la defensa, casos OTAN o Pacto de Varsovia, u otras áreas, como las asociaciones de productores de materias primas, caso OPEP. Hoy hay una cantidad importante de procesos integrativos en marcha -más allá de la Unión Europea, que es el único que ha alcanzado un grado de evolución y madurez importante-, como APEC, NAFTA/TLCAN, Mercosur, etc., pero aún así no se puede decir que haya o estemos cerca de lo que es una sociedad internacional global, o que estos procesos, en sí, constituyan o funcionen como una sociedad [264].

Más allá de que vivimos en un mundo globalizado, existen -y existieron- diferentes civilizaciones y algunas de ellas, o actores dentro de determinadas civilizaciones dominantes, como la occidental, se manejan con criterios no de convivencia globales, sino de dominación global. Un ejemplo es la perspectiva planteada por Huntington [265] con su “choque entre civilizaciones” como alternativa al fin de la pugna entre ideologías de la guerra fría [266]. En 1880, el jurista escocés James Lorimer también expresaba su doctrina ortodoxa de que la humanidad estaba dividida en una humanidad civilizada, una humanidad bárbara y una humanidad salvaje. La humanidad civilizada comprendía a las Naciones de Europa y América. La humanidad bárbara comprendía a Asia -Turquía, Persia, Siam (hoy Tailandia), China, Japón -, y la humanidad salvaje era el resto [267]. En general, la historia de la humanidad, es la búsqueda de la dominación de unas civilizaciones sobre otras.

Hoy, la ideología dominante -el neoliberalismo por si quedan dudas- habla de la inevitabilidad del mundo globalizado y lo absurdo de adoptar conductas proteccionistas; sin embargo, mientras duró la guerra fría, EUA y la URSS, se encargaron de que la globalización no funcionara y sancionaban a cuanto Estado pretendiera tener vínculos globales, especialmente con potencias o países del “otro bloque”. Todo debía cuadrarse a la ideología del bloque. Una vez desaparecido el sistema bipolar, la conveniencia de las potencias dominantes cambió, por lo tanto, el mundo debe orientarse en ese sentido -tal cual lo establece la “ley del paralelogramo”- desautorizando lo que pretenda ir en sentido diferente.

QUE REQUISITOS DEBEN DARSE PARA DECIR QUE HAY ORDEN

En general, se plantea que no existe orden internacional, cuando se dan períodos de cambios altamente dinámicos. No obstante ello, las relaciones continúan y también la toma de decisiones. Tanto Estados como empresas y banca, deben continuar tomando decisiones sobre sus intereses y para ello requieren de ciertos parámetros de referencia. Por ello resulta importante saber cuáles son las pautas que rigen las relaciones.

Durante la “transición intersistémica” se puede decir que existe, en cierta medida, un orden, aunque éste carece de los parámetros entre los cuales pueden oscilar los cambios y, por lo tanto, resulta poco confiable por ser inestable, impredecible, y de muy corto plazo. Esto ocurre, porque la mayoría de los actores intenta imponer sus propias pautas y reglas, o tratando de resistirse; polarizando -o intentando polarizar- siguiendo los “criterios estructurales”, en su propio beneficio. Mientras este proceso de polarización no termine y se agote, no podrá decirse que existe un orden basado en parámetros estables dentro de los cuales pueden oscilar de manera confiable y predecible las relaciones globales y que funcionen, de manera eficiente, los mecanismos estabilizadores.

Gráfico 17 Orden de la Transición Intersistémica

Orden de la Transición Intersistémica

Para manejarse en la toma de decisiones durante esta etapa, hay que observar cada “micro-momento” a lo largo de la etapa de transición -hablo en términos del corto plazo, de la coyuntura que emerge-, y observar si las pautas emergentes constituyen una nueva tendencia o simplemente un acontecimiento coyuntural [268]. Esta lectura constante del funcionamiento del sistema, permite tomar decisiones, sin caer en el error de creer que las pautas de orden vigente o emergente, son de carácter permanente [269].

Hay autores como Hedley Bull [270], que dudan de la existencia del orden a nivel mundial, toda vez que el sistema mundial está lejos de constituirse en una “sociedad”. Plantea que el orden resulta complejo, toda vez que las relaciones mundiales se basan en ciclos de conflicto y paz.

Más allá de la dificultad de establecer un orden característico de una sociedad, en la que predominen los lazos racionales, los parámetros dentro de los cuales oscilan las relaciones mundiales, que son establecidos por la “estructura” en términos del poder y por el “régimen” en términos de las reglas, pueden ser considerados como orden, aunque éste dure un ciclo. Ese ciclo, depende de la estabilidad y la vigencia del sistema y su estructura.

Las pautas a considerar para decir que existe, en cierta medida, un orden, deberían contemplar:

- Deben haber ciertos parámetros de referencia, aunque sean tácitos;

- Los procesos y pautas no deben constituir una situación coyuntural, sino ir marcando ciertas tendencias constantes;

- Debe existir un mecanismo estabilizador que funcione;

- Debe existir una capacidad de exigir el cumplimiento de las pautas y una sanción mínima, así como el conocimiento de su existencia.

DIFERENTES TIPOS DE ORDEN

El orden tiene “correlación” con el tipo de sistema. Cada sistema tiene un orden que se corresponde con aquél, ya que el orden es variable dependiente de la “estructura” del sistema y del régimen vigente.

Como punto de partida para analizar los distintos tipos de orden más sobresalientes, habría que considerar que es imposible estudiar la problemática del orden, sin tener en cuenta las causas de desorden, y sus distintas formas.

Además, tendremos que tener en claro, que el orden elemental, no es la total ausencia de uso de la fuerza; por lo que sostener un orden elemental, no es ponerse a evitar el uso de la fuerza, sea ésta defensiva u ofensiva. Digo esto, ya que el problema del orden, implica la existencia de un poder de policía, que en una comunidad internacional descentralizada, evidentemente será ejercido por las potencias principales, ya sea en el ámbito mundial, regional o local.

La vinculación existente entre orden y sistema, consiste en que, mientras este último se mantiene a sí mismo y evoluciona como resultado no intencional de las interacciones en la comunidad internacional; el orden debe ser constantemente controlado, ya que no es la resultante no intencional de las interacciones, sino que es función de la acción volitiva y coordinada o no de los Estados. Digo coordinada o no, ya que en definitiva, la coordinación dependerá del grado de afinidad, así como también del grado de equilibrio existente entre los distintos poderes interactuantes, en sus “intenciones” para establecer un sistema de reglas del juego.

Los distintos tipos de orden, variarán, de acuerdo al grado de concentración o difusión de la autoridad [271].

De esta manera, encontraríamos que:

1) varían en el grado en que ejercerán represión por medio de una autoridad ordenante; o

2) por represión recíproca entre adversarios.

En este segundo caso, se considera que existen actores en pugna por imponer un tipo de orden según su concepción; o

3) por auto-represión de potenciales disturbadores del orden.

Una auto-represión, que es función de la capacidad y compulsión a anticipar respuestas a acciones enemigas del orden o la justicia, tal como se los entiende en ese momento.

Los distintos tipos de orden, pueden variar también en la medida en que son aptos para controlar el desorden resultante de la interacción de los Estados.

De esta manera, se pueden dar cinco tipos de orden mundial:

1) El primer tipo de orden mundial, tanto por su antigüedad, como por su simplicidad, es el imperial.

Se lo puede definir por la existencia de una potencia tanto material, como culturalmente preponderante. Los ejemplos más típicos, a que se puede aludir son: el Egipto antiguo, en el mediterráneo oriental; Roma en el Mediterráneo; China en su órbita en los períodos en que abarcó tanto a Vietnam como a Corea; más recientemente, el Sacro Imperio Romano bajo Carlos V; Francia bajo Luis XIV y Napoleón y Gran Bretaña bajo Lord Palmerston y Lord Beaconsfield; estos últimos como pretensiones parciales de rol imperial [272].

Durante la etapa bipolar 1945-1991, se dio un orden de un orden inter-imperial, conformado por las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, en una lucha por la primacía mundial [273].

En este último caso cuando hablo de imperios, me refiero a “súper Estados”, siendo éstos, Estados que exceden a los demás en tamaño, alcance de su poder y sentido de sus tareas en el ámbito internacional. El alcance de sus intereses en el sentido de interés nacional, que más bien sería el interés imperial, no solo contempla la defensa y seguridad de sus propias fronteras nacionales, sino también de las “fronteras “ de sus ámbitos hegemónicos.

Las actuaciones tanto de EUA, en Guatemala en 1954, o República Dominicana en 1965, el bloqueo a Cuba, la intervención a Grenada en 1983, etc., en el Bloque Occidental, como de la URSS, en Hungría, en 1956 y 1958, Checoslovaquia en 1968, etc., en el Bloque Oriental, han sido con el propósito de proteger el orden impuesto por ellos en su rol de potencias polares del sistema. La guerra de Vietnam, significó para Estados Unidos, su primera “guerra imperial”.

2) El segundo tipo de orden, lo constituye la pugna por la primacía entre dos, o raramente más, aspirantes al rol imperial. George Liska las denomina “contiendas hegemónicas”.

El orden se da por “represión recíproca” entre los principales aspirantes al rol imperial.

Históricamente existieron contiendas hegemónicas entre, Esparta y Atenas, los Habsburgos de España y Austria contra los Valois y Borbones de Francia; entre la Francia Continental-Marítima contra la Inglaterra Marítima-Continental; y entre la Rusia Zarista y la Alemania Imperial, contra la Inglaterra Parlamentaria. En el siglo XX, la principal contienda hegemónica estuvo dada durante el período conocido como de la “guerra fría” entre Estados Unidos “capitalista” y la Unión Soviética “comunista”. Se trató de una contienda donde el factor ideológico jugó un papel preponderante, con algunas pequeñas etapas de “coexistencia”.

El orden inter-imperial al que aludo en el primer caso, estuvo dado por la pugna por la primacía entre las dos superpotencias.

En este caso, debemos hablar de orden en dos sentidos:

a) el orden intra-hegemónico, en el que ejercen su voluntad disciplinante las respectivas potencias. Podemos encontrarnos con bloques jerarquizados, semi-jerarquizados, o no jerarquizados, depende esto del tipo de relaciones entre potencia hegemónica-miembros del ámbito hegemónico.

Este tipo de relación, está vinculado a las “líneas de control intra-hegemónicas” [274]: parámetros dentro de los que, los miembros de la esfera de influencia de un actor polar, pueden operar libremente sin que sean vistos por el actor polar como peligrosos para sus intereses económicos o de seguridad. Superados esos parámetros, se ponen en funcionamiento mecanismos rectificadores y sancionadores o los miembros de la esfera de influencia no recibirán los beneficios que otorga el sistema a través de su régimen.

b) El otro sentido, es el que comprende al orden inter-hegemónico; el resultante de la interacción entre las dos grandes cabezas de bloque. En este caso, se dan líneas de control, pero éstas son inter-hegemónicas, y describen el límite de seguridad hasta donde puede ejercer su total influencia cada uno de los actores polares. Esto muestra el grado de efectividad y confiabilidad, que las grandes potencias tenían por Naciones Unidas, como organismo mundial encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, desde el punto de vista en que establecieron “bloques de seguridad” para la protección de los intereses de sus distintas áreas hegemónicas, tales como OTAN, TIAR, CENTO, OTASE, ANZUS y por el lado soviético, el Pacto de Varsovia.

No es caprichoso el hecho de que los principales conflictos localizados con repercusión internacional, se han dado sobre esa “línea de control” que dividía al bloque oriental del occidental. La crisis de Corea, la guerra de Vietnam, el conflicto árabe-israelí, la crisis de las dos Alemania. Todos estos conflictos, se dieron a lo largo de la longitud de esta línea de control imaginaria, conformada por los Tratados de Seguridad.

¿Qué tipo de orden puede ser aquél que está conformado por la “pugna por la primacía”? En realidad, caben serias dudas sobre la existencia de orden alguno desde el momento en que éste está constituido por una lucha por imponer la voluntad de un súper-actor sobre el otro.

Por un lado, se puede plantear que esta situación no comprende orden, en términos expresos, sino que esa lucha por la primacía es el camino que ambas superpotencias han seleccionado para establecer -imponer- un orden mundial [275]. De todas formas, si bien existe un orden elemental, este es “no-consolidado”. Se consolidará, recién, cuando haya un acuerdo entre los dos principales protagonistas, o uno de ellos se imponga sobre el otro.

Por otra parte, desde una perspectiva “holista” de la comunidad internacional, las relaciones entre las dos superpotencias, han constituido, sea en forma tácita, o de manera expresa, un orden [276]. Sí, se ha dado un orden tácito. Un ejemplo de ello es el hecho de que ninguna de ambas superpotencias se haya atrevido a inmiscuirse en los asuntos internos del otro bloque, sea en los casos de las pretensiones autonomistas de Hungría (1956-1958) o Checoslovaquia (1968). El caso cubano tuvo otras características. En este tipo de situaciones, una pregunta relevante es, en qué momento de una tendencia autonomizante por parte de un actor intra-hegemónico, puede ser apoyado por la potencia del otro bloque, ejerciendo su influencia. La respuesta fue dada efectivamente por la situación planteada por Cuba a fines de 1961, con la declaración “urbi et orbi” de Castro de su marxismo-leninismo, requisito indispensable para que la URSS considerara a Cuba un miembro del bloque y por lo tanto concurriera en defensa de un aliado.

El acuerdo tácito de no intromisión, se refiere a los aspectos político-militares, por lo que, si bien Cuba pasó a formar parte del bloque oriental, las acciones soviéticas en Cuba debieron reducirse a la ayuda material no militar. Esto explica la crisis generada en 1962 por el traslado de misiles a territorio cubano, que fue resuelto mediante un proceso de negociación en el que EUA aceptó retirar sus misiles de Turquía que apuntaban contra Moscú a cambio del retiro de los misiles soviéticos en Cuba que apuntaban a Washington y al Canal de Panamá.

En los aspectos expresos de la constitución del orden, Yalta, Potsdam, etc., constituyeron ejemplos suficientes. Más recientemente, la firma del Tratado Antártico en 1959; la firma del Tratado sobre Prohibición de Experiencias Atómicas en la Atmósfera en 1963; o el tratado relativo al Espacio Ultraterrestre de 1967; etc., conforman un orden elemental en el ámbito mundial, en temas puntuales.

La particularidad del orden en el sistema bipolar, caracterizado por la pugna entre dos ideologías opuestas, deja como corolario que:

1) existe un orden elemental;

2) no existen cuestionamientos respecto del orden mundial entre las dos superpotencias, desde el momento en que sus diferencias ideológicas las lleva, sea por la guerra fría, o por métodos distensivos, a una lucha por la primacía.

Desde el punto de vista del orden “intra-hegemónico”, debemos considerar las relaciones “verticales”, vistas en ambos sentidos, desde “arriba hacia abajo” y desde “abajo hacia arriba”.

En el primer caso, tiene que ver con el proceso de dominación de los actores polares y la búsqueda de cooptación de miembros del otro bloque o de actores que aún no están alineados en uno u otro bloque.

Desde el punto de vista de “abajo hacia arriba”, los miembros de los ámbitos hegemónicos, o los actores aún no hegemonizados, buscan tener -aunque no necesariamente- el mayor margen de maniobra para sus intereses [277].

Este “margen de maniobra” está limitado por las “líneas de control intra-hegemónicas”, o “parámetros de cambio”.

Si bien en todo sistema hay líneas de control intra-hegemónico, cada sistema tiene las propias, que son características de la configuración sistémico-estructural emergente o vigente.

Un sistema bipolar basado en la relación -horizontal en el tope del sistema- amigo-enemigo, tiene a la “seguridad” como el valor más preciado, girando alrededor del “casamiento” entre el eje político y el estratégico-militar, teniendo al eje económico como subsidiario, y tendrá elementos que componen las líneas de control intrahegemónico diferentes a las de un sistema multipolar que se basa en la relación -horizontal en el tope del sistema- amigo-adversario, por lo que la “rentabilidad” es el valor más preciado ya que gira alrededor del “casamiento” del eje político con el económico y tiene al eje estratégico-militar como subsidiario [278].

La “funcionalidad” o “disfuncionalidad” de los gobiernos de los países hegemonizados, tendrá características diferentes, dependiendo del predominio, en el “tope del sistema”, de las relaciones amigo-enemigo o amigo-adversario que particularice la configuración sistémica y el orden y, por ende, del “valor más preciado” por los actores polares.

Es evidente, que toda actitud contestataria, lleva como propósito procurar una mayor autonomía de acción. Por lo que nos encontraremos con que determinados actores, al adoptar una tendencia autonomizante -tendencia hacia la autonomía- lo harán -en un sistema bipolar- de dos maneras básicas:

1) el secesionismo;

2) la heterodoxia.

A su vez, toda tendencia autonomizante, para que se constituya en una verdadera autonomía, depende de la viabilidad nacional [279]: capacidad de desempeñarse en términos relativamente autónomos.

En el caso de los pocos actores, que por algún motivo no han sido hegemonizados, una alternativa para tener margen de maniobra, ha sido la política “pendular”. Oscilar entre una potencia polar y la otra, no dándole ventaja a ninguna y tratando de sacar ventajas de ambas. Esta ha sido la actitud de la India de Nehru y también la de Egipto en la etapa de Nasser.

En el secesionismo, lo que hacen los miembros del ámbito hegemónico, es cortar todos los lazos con la potencia hegemónica, de manera tal de independizarse. Esto requiere de una capacidad suficiente como para resistir todas las presiones que el actor hegemónico ejerza, orientadas a recuperar al miembro independizado, así como la situación de marginalidad a la que puede verse envuelto.

China, a principios de los ‘60 adoptó una conducta secesionista respecto de la URSS. Su capacidad de maniobra le permitió mantener su actitud independiente, e incluso tuvo aspiraciones de transformarse en un tercer actor polar, sin grandes logros. Se la llegó a conocer como el “tigre de papel”.

Cuba a partir de la revolución castrista-guevarista, se secesionó de EUA, pero su falta de viabilidad nacional para mantener su actitud independiente, la obligó a buscar apoyo en la “otra alternativa” en el sistema bipolar, la URSS.

Hubo intentos fallidos de secesionismo por parte de Hungría en 1956 y 1958 y Checoslovaquia en 1968.

En el caso de la conducta heterodoxa, el actor, miembro de un ámbito hegemónico, reserva en su accionar internacional, para su decisión, aquellos aspectos que considera de interés nacional, pero no obstante ello, no rompe con los lineamientos fundamentales del bloque al que pertenece. Desde ya, la reserva de los aspectos que son de interés nacional, es hasta el punto en que no se planteen situaciones de carácter “crucial”; o sea, aquellas situaciones en que pueda estar en peligro el equilibrio del bloque, y que la potencia hegemónica procurará evitar, recurriendo incluso a la fuerza.

Un ejemplo de heterodoxia, lo constituyó la Francia de De Gaulle, especialmente durante su segundo período de gobierno, y estuvo dado principalmente por su renuncia a firmar el Tratado de Prohibición de Experiencias Atómicas en la Atmósfera de 1963, así como por su salida de la órbita de la OTAN en 1966.

El comportamiento francés durante el gobierno de Giscard d’Estaing, de no consulta a su “aliado” norteamericano sobre el comportamiento a adoptar respecto de la crisis del Medio Oriente y la invasión soviética a Afganistán en 1979, implicó una actitud heterodoxa, fundamentada en el interés del gobierno francés de implementar su accionar externo en función del interés nacional.

En América Latina, el Pacto Andino -hoy Comunidad Andina de Naciones (CAN)-, en sus comienzos, constituyó un buen ejemplo de comportamiento heterodoxo [280].

Perú, durante el gobierno de la denominada Revolución Peruana, liderada por Velazco Alvarado, es otro ejemplo de heterodoxia.

3) El tercer tipo de orden, es el Equilibrio de Poderes. El orden basado en el equilibrio y balance de poderes, tiene como correlato al sistema multipolar; aunque un sistema bipolar también puede buscar el mantenimiento del equilibrio [281], en tanto que uno u otro polo no consiga la “supremacía”, pero no funciona el mecanismo de balance o contrabalance, al tratarse de bloques impermeables y manejarse con sistemas de alianzas permanentes.

¿Qué se entiende por equilibrio de poderes? En primer lugar, puede entenderse en términos de “distribución” de poder entre varios Estados; una capacidad más o menos equivalente entre varios Estados. También se lo puede entender como una “política”, que se podría interpretar como la “concertación” llevada a cabo entre varios Estados con el propósito de establecer un sistema de “balance” en sus relaciones, para mantener el equilibrio del sistema. Un ejemplo fue el Congreso de Viena de 1815, en el que los Estados europeos establecieron las bases del orden europeo, -y por lo tanto mundial, ya que era “eurocéntrico”-, dentro de un sistema multipolar, a partir de la política del “balance de poderes” [282].

Hasta ahora, el único ejemplo de este tipo de orden, históricamente hablando, es el que predominó en el concierto europeo de naciones durante el siglo XIX, hasta la Primera Guerra Mundial, en que se fracturó. El sistema mundial post-bipolar a partir de 1991, pareciera tender también, a un orden basado en el equilibrio y balance de poderes, dado su tendencia multipolar centrada en el eje económico, pero con una mayor complejidad, dada la mayor cantidad de Estados y la heterogeneidad de los actores intervinientes en el sistema; a la vez que EUA tiende a que el sistema gire alrededor del eje estratégico-militar, donde tiene sus ventajas comparativas y competitivas de manera exclusiva y excluyente; particularmente a partir del 11 de septiembre del 2001.

Durante la etapa del bipolarismo, el sistema, cuya característica central ha sido la pugna por la primacía, también giró alrededor de un equilibrio de poderes, dentro del marco de la carrera armamentista; pero este tipo de equilibrio, que ha sido statuquista, en términos de “evitar que el otro saque ventajas si no se puede avanzar”, no puede basarse en la política del “balance”, ya que el sistema, se maneja en términos de “bloques impermeables” y alianzas permanentes, a la vez que, la característica central del sistema no ha sido la búsqueda del equilibrio, sino la “pugna por la primacía”. El equilibrio se establece, cuando ninguno de los dos puede avanzar y teme que el otro pueda sacar ventajas. Para que la política del balance funcione, las alianzas deben ser temporarias, caso contrario, se entorpece la posibilidad de realizar “contra-alianzas” orientadas al restablecimiento del equilibrio. Los bloques no pueden ser impermeables, por las mismas causas, y el sistema no puede girar alrededor del concepto de la pugna por la primacía entre dos ideologías opuestas y alternativas.

En los sistemas multipolares, también existen relaciones “verticales” y líneas de control intra-hegemónicas, pero se basan en criterios deferentes al sistema bipolar, dado que la seguridad no es el valor más preciado, al no existir la pugna entre ideologías opuestas. El margen de acción de los actores periféricos se amplía, al no existir bloques cerrados e impermeables y también al haber mayor cantidad de polos con los que pueden vincularse y “diversificar” los vínculos de dependencia.

Frente a las conductas independientes de los actores periféricos, el grado de permisividad de los actores polares hacia los miembros hegemonizados se vincula con temas vinculados al eje económico, como limitar el acceso al crédito o a los préstamos en forma directa o en organismos multilaterales de pago, o cerrarles el mercado a la exportación de sus productos llegando, incluso al bloqueo económico-comercial; o calificando sus economías como no beneficiarias de la recepción de inversiones, etc.

En este sistema -como en los otros- puede darse un “equilibrio sistémico”, en términos de mantenerse las características centrales de funcionamiento del sistema, pero existir un “desequilibrio distributivo” [283]. El “equilibrio de poderes” se da en el “tope” del sistema, pero no en el sistema global. De esta manera, los que están disconformes con el estado de cosas, buscarán llevar a cabo -aunque no necesariamente- “alianzas maximizadoras”, para poder negociar desde una mejor posición con los actores más poderosos [284].

Los procesos integrativos generados a nivel mundial, que superan el centenar, no constituyen, en su gran mayoría, alianzas maximizadoras, sino que operan como “áreas de comercio desarancelizadas”, que benefician los intereses de las empresas que operan en esas áreas. La Unión Europea (UE) es el único proceso integrativo, a nivel mundial, que reúne este requisito. Otro proceso es la OPEP, aunque con grandes problemas de objetivos y también de corrupción en sus gobiernos.

En general, las periferias, terminan siendo manejadas por grupos que son más funcionales a los intereses de la dirigencia del “centro”, los sectores empresariales, financieros y de poder, que a establecer lazos “horizontales” para maximizar la capacidad de negociación y lograr una mayor autonomía frente a las decisiones o presiones del “centro”. Los que procuran adoptar conductas independientes, en general corren por su cuenta y, en general, quedan aislados.

En el siglo XIX, la dirigencia sudamericana concentró sus lazos con Europa y se mantuvo fragmentada regionalmente, impidiendo cualquier tipo de posibilidad de celebrar alianzas “horizontales”. El fracaso de la convocatoria de Simón Bolívar al Congreso de Panamá de 1826 y otros sucesivos, convocados por diferentes países con propósitos similares, corrobora esto [285].

También, toda la problemática existente entre los gobiernos de Argentina y Brasil, sea en la etapa de Carlos Menem o de Fernando De La Rua para el primero de estos países, en relación con el MERCOSUR y la creación del ALCA (Area de Libre Comercio Americano), en el que han mostrado, de manera evidente, el interés en debilitar el proceso regional, en beneficio de la creación del proceso hemisférico, muestra que existe cierta dirigencia en la periferia, cuya cultura política, no se orienta a apoyar o generar alianzas horizontales maximizadoras, sino a unirse a los más poderosos, en la creencia de que esto les dará ventajas, o porque sacan “ventajas sectoriales” de ello. Lo mismo podría decirse de los diferentes gobiernos chilenos que han manifestado su interés por ingresar al NAFTA/TLCAN y no al MERCOSUR. Igualmente podría hablarse de los gobiernos militares que han proliferado por décadas en América Latina y que, en su gran mayoría, salvo ciertas excepciones como las de Velazco Alvarado en Perú, o las de Ovando y Torres en Bolivia o la de Omar Torrijos en Panamá, se han orientado en el sentido de los intereses de seguridad y económicos de EUA en el hemisferio y de las grandes empresas multinacionales, más que los de la región, manteniendo políticas de fragmentación regional y no de favorecer la integración en ninguno de los aspectos. En el caso de los gobiernos africanos, la firma de los tratados comerciales con las ex madres patrias coloniales [286], privilegiando esos vínculos neocoloniales, más que la posibilidad de la integración “horizontal” y maximizadora de poder negociador.

El hecho de que los gobiernos latinoamericanos se hayan manejado con los criterios establecidos por el Consenso de Washington de 1989 [287], en vez de hacerlo a partir de proyectos propios o de un consenso latinoamericano -desde ya inexistente- para resolver los problemas de desarrollo, dependencia e inserción internacional, muestra el alto grado de penetración del pensamiento rector del “centro” en la élite dirigente de la periferia, que se los convence y se mantiene a sus naciones subordinadas a la idea de que no existe otra salida, o mejor salida que esa.

Esto hace que, sea por razones de seguridad, en el sistema bipolar, o de rentabilidad, en el sistema multipolar, el “centro” mantenga un estado de cosas que provoca que en la periferia se dificulte el establecimiento de lazos horizontales estrechos que maximicen su capacidad de desempeño y negociación.

Puede ser que, en el futuro, la tendencia creciente de establecimiento de lazos horizontales en forma de red que va tejiendo la “sociedad civil”, vaya cambiando esto, en reemplazo al tradicional relacionamiento exclusivo y excluyente de gobierno a gobierno entre Estados-Nación [288].

4) El cuarto tipo de orden, es el que se compone de “represiones institucionalizadas”.

Esto significaría que todos los actores de la comunidad internacional, actuarían como control de las acciones del resto de los actores, pero dentro de un sistema institucionalizado, tal como la Organización de las Naciones Unidas, pero con capacidad, por parte de esta última, de ser “árbitro supremo”.

Históricamente, el ejemplo está dado por la Sociedad de Naciones, antecedente de la ONU, aunque en ambos casos, esta capacidad no ha sido ejercida en debida forma por ninguna de las dos.

El problema que se plantea con las organizaciones internacionales, es que son “actores internacionales” conformadas por “otros actores”, que son sus Estados miembros. Estas Organizaciones, tienen sus objetivos, que se encuentran en sus cartas constitutivas, pero para el logro de los objetivos, es indispensable disponer de “medios” y, en realidad, éstos, no son propios, sino los que le otorgan los Estados miembros. Para complicar aún más las cosas, los Estados miembros, también tienen sus objetivos y, en algunos casos, si bien expresaron su voluntad coincidente con los objetivos de la organización al firmar el tratado o carta constitutiva, pueden llegar a diferir por razón de circunstancias, o por cambios en el gobierno etc., o también puede ocurrir, que determinados Estados miembros, cuyo poder es relevante, pretendan que los objetivos de la organización sean semejantes a los objetivos que ellos detentan. Aquí nos encontramos con que, dentro de una organización internacional, se produce un proceso polarizador, mediante el que los Estados más poderosos -polos-, pretenden manejar la organización de acuerdo con sus intereses, desvirtuándose, de esta manera, los propósitos reales propuestos en la carta constitutiva. Por ello, coincido con George Liska, en que este tipo de orden, es prácticamente una utopía, al menos en el corto y mediano plazo [289].

Las represiones institucionalizadas han funcionado, hasta ahora, en forma “vertical”, pero no en forma global. Los Estados poderosos no son pasibles de las sanciones que ellos buscan aplicar al resto.

5) El quinto tipo de orden, es la “ausencia total de un poder centralmente ordenante, o de relaciones de poder centralmente convergentes”. Algunos focos de orden local, en un mar de desorden.

La comunidad internacional tiene como una de sus características, su descentralización. Carece de un “gobierno mundial”. No obstante ello, el papel “ordenador” le compete a aquél o aquellos actores que disponen de mayor poder. Sin embargo, cuando las relaciones entre los actores de mayor poder, llegan a una “mutua anulación” de sus capacidades ordenadoras en el ámbito mundial, ya que su principal preocupación es la de “resolver” los problemas de desorden existentes más que la de “ejercer su presencia” como potencias ordenadoras, entonces nos encontramos con una situación, en la cual se carece de un “poder centralmente ordenante, o de relaciones de poder, centralmente convergentes” como las que caracterizaron por ejemplo, a gran parte del período de la “guerra fría”.

En este caso, según Liska, nos encontraríamos ante un interregno, cuya resultante derivaría en cualquiera de los órdenes anteriormente mencionados, dependiendo de la estructura emergente.

Este tipo de orden, es el que predominó en la última etapa del bipolarismo, hacia fines de los ´70 y el resto de los ´80. Lo podemos confirmar, si hacemos una observación atenta de determinadas regiones, como por ejemplo, Medio Oriente, Sudeste de Asia, Centroamérica y Caribe, Atlántico Sur, Región de Africa del Sur y Meridional, etc.

¿NUEVAS TENDENCIAS EN LA CONFORMACION DEL ORDEN?

La última etapa del siglo XX mostró tendencias, que generan presunciones de grandes cambios en la conformación y funcionamiento del sistema mundial.

El sistema mundial está crecientemente conformado por una multiplicidad y heterogeneidad de actores que operan en diversos niveles: internacional, supranacional, transnacional, subnacional e incluso en forma mixta. Estos actores e instituciones, están cada vez más articulados en redes de organizaciones no gubernamentales u organismos intermedios. La política real, se desarrolla en esa red de Estados y otros actores, cuya capacidad de relación se instrumenta cada vez más sobre la base de tecnologías de información.

Se comienza a dar paso a una nueva modalidad de relacionamiento en la que la convivencia ordenada no se basa en el equilibrio de poderes, sino en la conjunción de intereses.

Esta red supone mancomunar y compartir soberanía más que transferirla a un nivel superior [290] de carácter supranacional. Este análisis, desarrollado y teorizado por Waever [291], acerca más la idea de que el interrelacionamiento entre los actores a nivel mundial, se orienta en el sentido de una pluralidad y heterogeneidad de poderes que se solapan o encubren.

Una red, por definición, tiene nodos, no un centro. Los nodos pueden ser de tamaños diferentes y pueden estar entrelazados por relaciones asimétricas en la red, de tal modo que la red impide la existencia de desigualdades políticas entre sus miembros [292].

El Estado red, con su soberanía de geometría variable, es la respuesta de los sistemas políticos a los retos de la globalización. La Unión Europea puede ser la manifestación más clara, hasta la fecha, de esta forma de Estado emergente, probablemente característica de la era de la información.

No se puede observar esto en América Latina, sea la actual o la histórica, cuya característica dominante ha sido la fragmentación compartimentalizada. Ni qué hablar de Africa, donde se encuentran, al menos, un tercio de los Estados del planeta y viven mayoritariamente en un estado de supervivencia.

La idea de la red, podría entenderse también como la “coordinación” de las políticas entre los distintos estamentos, nacional, provincial, municipal, internacional, transnacional, de manera tal que no existe cesión ni imposición, sino coordinación en forma de red.

Este es un proceso que se genera de manera desigual y en el que aún hay actores que tratan de evitar la generación de la red o de cooptarla. Esto se observa en la política de Estados, como EUA que pretenden, por todos los medios, llevar las cosas al terreno de su dominio absoluto e imperial. Por otro lado, están los Estados en los que se da esta característica de red de relacionamiento y se orientan en el sentido de operar así, como lo es la UE. Están aquellas regiones, como la latinoamericana, donde se dan relacionamientos de actores de distinto tipo y en diferentes niveles, pero que está totalmente ajena al proceso, y ni siquiera pretende aprovecharlo. Por último, están esas regiones que viven en un estado de supervivencia, entre las que está más de un tercio de los Estados del mundo, particularmente, Africa, muchos países del Asia central y algunos de América Latina.

DIFERENTES TIPOS DE DESORDEN

Bajo este titulo, lo que pretendo considerar, son las distintas circunstancias frente a las que se verá el orden internacional debido a demandas, presiones, impactos producidos por actores o por circunstancias que se escapan de las manos de los “ordenadores”.

Es evidente, que si todos aquellos actores que tienen una participación activa en la comunidad internacional, en un momento determinado, se encuentran conformes con el estado de cosas existente, se observa una estabilidad en el orden internacional. Además, puede ser que ese estado de “conformidad” existente, se deba, no tanto a la satisfacción plena de las aspiraciones del actor, sino a la total imposibilidad de modificar su situación relativa, en virtud de que el grado de permisividad internacional, y/o la capacidad para adoptar actitudes contestatarias, se encuentre dentro de márgenes estrechos [293]. Por lo que la estabilidad, estará dada fundamentalmente, por la acción disciplinaria del poder o poderes ordenadores.

Procesos como la descolonización masiva en Asia, después de 1945 y en Africa, particularmente a partir de los ´60, generan “impactos desordenantes”. También situaciones como la revolución cubana a partir de 1959 y su “exportación” hacia América Latina y Africa. Situaciones como la crisis del Congo en 1960. La conformación de grupos de países que buscan modificar la política mundial de alguna manera, como el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77, brazo económico del MONOAL, o de modificar su status quo, como los países de la OPEP. Acontecimientos de crisis interna, que se expanden al resto de la región, como la guerrilla en El Salvador o del Sandinismo en Nicaragua, que atentaban contra la posibilidad de control hegemónico por EUA en esa región. Hechos como la guerra en Yugoslavia y la gran cantidad de conflictos étnicos y religiosos en Europa y Africa; etc. Muestran formas de desorden que atentan contra el equilibrio y la estabilidad del sistema.

Estas situaciones provocan inestabilidad internacional, ya que se dan modificaciones no sólo en el estado y la situación del sistema internacional, sino también en el status-quo; y si el proceso revisionista pretende reestructuraciones, pues, también se observarán cambios en las reglas del funcionamiento de la estructura e incluso en el orden. Si todo impacto al sistema, es relativamente controlado, tan sólo nos habremos encontrado con un cambio de equilibrio en el sistema, pero éste continuará siendo el mismo, y se retornará a una relativa estabilidad. Si el proceso llega a un punto, en que se torna incontrolable, entonces derivará en desorden internacional. El desorden controlado es intrínsecamente manejable, mientras que el desorden difuso, puede llegar a volverse incontrolable.

Para observar la situación respecto del orden, o las circunstancias del/los desórdenes, es necesario detectar la identidad del conflicto dominante ya que es un condicionante de las relaciones internacionales en cuanto a su orientación futura.

Básica e históricamente, nos encontramos con dos tipos de desorden [294]:

1) la anarquía;

2) el caos.

La anarquía, consiste en actos controlados por una voluntad e inteligencia política identificable. Si no se la reprime, puede dar lugar a la anarquía internacional.

En el sistema bipolar, el mantenimiento del orden se ha llevado a cabo por bloques de carácter defensivo, como la OTAN, la Organización del Tratado de los Países del Centro (CENTO), en el Medio Oriente, -dejó de existir con la guerra entre Irak e Irán-; la Organización del Tratado del Sudeste de Asia (SEATO u OTASE), que dejó de existir con la firma de la “paz” en Vietnam; la Organización del Tratado de Australia, Nueva Zelanda y EUA (ANZUS), que dejó de existir al ser denunciada por Nueva Zelanda, y el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) en el hemisferio americano, que es el más antiguo de los bloques defensivos y quedó en desuso al quedar demostrado que sólo EUA podía utilizarlo en su beneficio, ya que era inaplicable para América Latina, y la guerra de las Malvinas de 1982 lo demostró. Como contrapartida, en el bloque oriental, el Pacto de Varsovia, hoy inexistente. Los organismos como la ONU o la OEA han operado como foros de tratamiento de las problemáticas conflictivas, o como mediadores. En última instancia, las intervenciones las han hecho o los marines norteamericanos, u organismos de seguridad colectivos.

Ejemplos de anarquía:

La exportación de la revolución cubana hacia América Latina o Africa durante los ‘60 y parte de los ‘70. Aquí existe una voluntad e inteligencia política identificable, que bajo la concepción de “extender al mundo el comunismo” o “liberar al mundo de la opresión colonialista”, adopta objetivos expansionistas, utilizando como medio la creación de focos de desorden en aquellas regiones donde hay un vacío de poder, o donde se plantean situaciones conflictivas.

El impacto producido por la OPEP en 1973 y 1979 también entra dentro de esta categoría, ya que el objeto era lograr mantener el precio del petróleo estable o evitar que fuera en baja y, para ello, sacaron de las manos de los “ordenadores” o “controladores” la capacidad de manejo de precios y del flujo petrolero. Esto pudo ser paliado por el mundo industrializado, luego de diez años de desarrollo de tecnologías energéticas alternativas a costa de un gran perjuicio para ellos y para muchos Estados subdesarrollados importadores de petróleo. La consecuencia de esta política, derivó, a posteriori, en la crisis de la deuda en 1982.

El caos consiste en acciones que son el resultado del descontrol de situaciones de crisis. Si se las permite difundirse, dan lugar al caos.

Cuando los problemas domésticos, ya sean de carácter tribal, de clases, étnicos, religiosos, ideológicos, sean comunales o regionales, se extienden en forma imprevisible, se provoca la destrucción interna del orden, y a su vez, puede hacer estallar un caos internacional acumulativo, en áreas, donde el orden es precario.

El orden mundial está en juego, cuando este tipo de desorden no permanece aislado, ramificándose en el exterior, volviendo muy difícil para las potencias ordenadoras, el hacerle frente.

Ejemplos de caos:

El problema planteado por el Congo en 1960, en el que se vio envuelta Nigeria, en virtud de la internacionalización del caos. Las fuerzas de la ONU intervinieron, pero con poco éxito, y el resultado, en definitiva, fue la división en Congo (Brazzaville) y Congo (Kinshasa) luego Zaire. Luego del retiro de la ONU, hubo una intervención unilateral por parte de EUA, para restaurar el orden.

Otro ejemplo de caos, fue la situación de conflictos en El Salvador y Nicaragua en Centroamérica, que atentaban contra la estabilidad de esa región. También el caso de Yugoslavia en el marco de Europa del Este.

La anarquía y el caos, son tan peligrosas como el vacío de poder, ya que éste implica la inexistencia de un poder ordenador. Lo que debe evitarse, es el derrumbe total de la distribución de poder, hasta el punto en que las posibilidades de orden sean prácticamente nulas, cayéndose entonces en un caos mundial.

La “pacificación”, o “Pax”, implica el restablecimiento del orden en una región, pero no necesariamente la satisfacción de las demandas de aquellos que han generado un desorden con sus reclamos. Para que haya “Paz”, el orden debe estar acompañado de justicia [295].



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[240] Este es el pensamiento de San Agustín, en “La Ciudad de Dios” Cap. XII, citado en Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 4.

[241] Ver sobre el tema a Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 7.

[242] Ver los Criterios Básicos de Organización y Gobierno Comparados en el Contexto del Estado y del Sistema Internacional en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. VI.

[243] Los “criterios estructurales” son la resultante de la “configuración de poder vigente o emergente” en el sistema. Ver es tema en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Introducción, pág. 6 y passim.

[244] Esta perspectiva es sostenida, entre otros autores, por Liska, George, War and Order: Reflections on Vietnam and History, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1968), pág. 24. Morgenthau, Hans, con su esquema de “Equilibrio de Poderes” sostiene la misma perspectiva. Ver su “Política de Poder entre las Naciones: La Lucha por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1963).

[245] Este ha sido el caso, por ejemplo, de EUA y la URSS en la carrera nuclear, en la que ninguno de los dos se animó a iniciar un ataque, porque la destrucción del otro, podía significar su propia destrucción. La “guerra fría” se caracterizó por “mutuas represiones” y por “auto-represiones”.

[246] Esta perspectiva es sostenida por ejemplo, por Frank Tannembaum, quien considera que el equilibrio de poderes no representa el comportamiento normal de los Estados. Ver su “The Balance of Power versus the Co-ordinate State”, en Political Sciences Quarterly, LXVII, 1952, pág. 175.

[247] Ver en este mismo trabajo bajo ese título.

[248] Ver sobre el tema a Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 9.

[249] Ver sobre el tema a Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), págs. 8-9.

[250] Ver Wight, Martin, Systems of States, (Leicester University Press and London School of Economics, 1977), Cap. I.

[251] Este tema lo he tratado bien en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Parte II, especialmente Cap. VIII. Holsti, K.J., International Politics: A Framework for Analysis, (New Jersey, Prentice Hall Inc., Englewood Cliffs, 1977), Parte VI, Cap. 12, opina de esta manera.

[252] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. X.

[253] Ver Wight, Martin, Systems of States, (Leicester University Press and London School of Economics, 1977), Cap. I.

[254] Keohane, Robert O., y Nye, Joseph S., Poder e Interdependencia: La Política Mundial en Transición, (Buenos Aires, GEL, 1988).

[255] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XVII.

[256] Joseph S. Nye Jr., “The Paradox of American Power”, (New York, Oxford University Press, 2002).

[257] Sobre este tema, ver Garnier, Lydia W., Soberanía Limitada ¿Soberanía Nacional del siglo XXI?, en Revista “GEOSUR”, Vol. XIX, N° 220, Montevideo, Uruguay, Julio-Agosto 1998, págs. 9-20.

[258] Sobre la diferencia entre comunidad y sociedad, ver Tönnies, Ferdinand, Comunidad y Sociedad, (Buenos Aires, Losada, 1947).

[259] Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 13.

[260] Ver sobre este tema, Krasner, Stephen, Structural Conflict: The Third World Against Liberalism, (California, University of California, 1985). Hay una traducción al español: Conflicto Estructural: El Tercer Mundo Contra el Liberalismo Global, (Buenos Aires, GEL, 1989). pág. 15.

[261] Por ejemplo, Silva, Héctor R., La Comunidad Internacional, (Buenos Aires, Depalma, 1984), págs. 7-9.

[262] Este tema lo he estudiado en profundidad en “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. VI.

[263] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Relaciones Políticas Entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio Monroista O Unidad Americana?”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994), Cap. VII.

[264] En esto coincide Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 15.

[265] Huntington, Samuel, “The Clash of Civilizations”, Foreign Affairs, 1994.

[266] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), bajo el título: “De Mister “X” a Mister “H”“.

[267] Lorimer, James, The Institutes of the Laws of Nations, (Edimburg, 1883) Vol. I, págs. 101-103, citado en Bull, Hedley, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977), pág. 38.

[268] Ver, como ejemplo, el cuadro de tendencias elaborado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 269-271; así como los escenarios planteados en el mismo libro, págs. 264-268; o en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial, Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XVII.

[269] Esto lo he analizado en “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Capítulo XVI.

[270] Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 2.

[271] Ver Liska George, War and Order, Reflections on Vietnam and History, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1968), especialmente el Capítulo 11.

[272] Ver Liska Ceorge, War and Order, Reflections on Vietnam and History, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1968), pág. 23.

[273] Ver Liska George, Imperial América: The International Politics of Primacy, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1967), Capítulo 11.

[274] Ver este tema en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 131-133 y 187-189.

[275] De esta manera opina, por ejemplo, Figari Guillermo Miguel, Las Organizaciones Internacionales desde el punto de vista de la Política Internacional, trabajo de investigación realizado en el Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR), Buenos Aires, 1980.

[276] Esta es la opinión de Puig Juan Carlos, en “Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana”, Editado por Instituto de Altos Estudios de América Latina, (Caracas, Venezuela, Universidad Simón Bolívar, 1980), págs. 140-155.

[277] Hay casos en que la élite gobernante de un país periférico considera que los costos de conductas autonómicas son mayores que los obtenidos con posturas subordinadas en relación con la potencia hegemónica. Carlos Menem en la Argentina, quien, a través de su canciller Guido Di Tella, llevó a cabo una política hacia EUA de relaciones “carnales” es un ejemplo suficientemente elocuente. Este ejemplo es válido para muchos dirigentes de países periféricos.

[278] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), pág. 114 y ss.. Sobre las “Líneas de Control Intra-hegemónico”, ver pág. 131 y ss.. El concepto de relacionamiento “amigo-enemigo” y “amigo-adversario”, fue desarrollado por Aron, Raymond, Paz y Guerra entre las Naciones, (Madrid, Alianza Editorial, 1985), atendiendo a los “factores políticos” y a los “factores ideológicos” que intervienen en las relaciones internacionales.

[279] Sobre el tema de la “viabilidad nacional” ver Jaguaribe Helio, Desarrollo Económico y Desarrollo Político, EUDEBA, Buenos Aires, 1968.

[280] La CAN siguiendo los lineamientos de la OMC de “regionalismo abierto” es el abandono de ese comportamiento heterodoxo.

[281] Raymond Aron lo llamó “equilibrio del terror”, en su Paz y Guerra entre las Naciones, (Madrid, Alianza Editorial, 1985).

[282] Sobre el tema ver Hoffmann Stanley, “Equilibrio de Poder”, en Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, (Madrid, Editorial Aguilar, 1974), págs. 313-316.

[283] Un buen ejemplo de esto es el Sistema Interamericano que giró alrededor de la OEA y el TIAR.

[284] Este es el caso de la CEE en los ’60 o la OPEP en los ’70.

[285] Sobre el particular ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

[286] Diferentes Tratados de Lomé y Yaoundé.

[287] Este tema lo he tratado en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial; Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001).

[288] Ver en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial; Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), el “Estado-Red”. Estos criterios están desarrollados en Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, Fin del Milenio, Volumen III, (México DF, Editorial Siglo XXI, 1997. Traducción de Carmen Martínez Gimeno. Original en Inglés año 1997. También, Borja, Jordi (1992), “Estrategias para el desarrollo e internacionalización de las ciudades europeas: las redes de ciudades”, Informe a la CEE, Barcelona, Consultores Europeos Asociados. Asimismo, Orstrom Moller, J, (1995): “The Future European Model: Economic Internationalization and Cultural Decentralization”, Wesport (Conn.), Praeger. Igualmente ZALDÍVAR, Carlos Alonso, “En un Mundo Roto”, Diario “El País”, Madrid del 10-Nov-98. Otras variantes, Kenichi Ohmae, “El Fin del Estado-Nación”, (Sgo. de Chile, Andrés Bello, 1997). También Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (New York, Columbia University Press, 1977). Chapter 10, pages 254-255. Igualmente, Minc, Alain, “Le nouveau Moyen Age”, (París, Gallimard, 1993).

[289] Sobre el tema de las Organizaciones Internacionales, vistas desde el punto de vista de su participación como actores internacionales, ver el trabajo de Figari, Guillermo Miguel, Las Organizaciones Internacionales como Actores Internacionales, en Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Año III, N° 9, Setiembre-Didembre, 1977, págs. 24 a 41.

[290] Esta es la opinion de Keohane, Robert 0, y Stanley Hoffman: “The New European Community: Decision Making and Institutional Change”, Boulder, Colorado, Westview Press, 1991.

[291] Waever, Ole, “Identity, Integration and Security, solving the sovereignty puzzle in EU studies”, Journal of International Affairs, Vol. II, N° 48, 1995, págs. 1-43.

[292] Tal vez, frente a las grandes tendencias de cambio mundial, habría que pensar en la generación de organismos internacionales cuyas decisiones se adopten en un esquema de red, para evitar que los más poderosos manipulen a estos organismos en beneficio propio, como ocurre con la ONU.

[293] Ver “Líneas de Control Intra-Hegemónico” en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998).

[294] Liska George, War and Order, Reflections on Vietnam and History, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1968), págs. 28-51.

[295] Ver Goldschmidt Werner, Introducción al Derecho. La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Buenos Aires, Depalma, 1968), pág. 353.