Tapa Fin de una Macro-Etapa

 

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Capítulo XI

INSTITUCIONES, ORDEN, STATUS QUO Y RESISTENCIA

El objeto central de las organizaciones internacionales, como la ONU ha sido, en los hechos, fundamentalmente, el mantenimiento del “status quo”.

En un mundo, cuya característica es la dinámica, especialmente porque hay Estados disconformes con el status que les ha tocado, éstos buscan mejorar la situación en la que se encuentran, generando cambios desestabilizadores en el sistema mundial [225]. ¿Cómo hacer para que haya una estabilidad relativa y a la vez permitir los cambios suficientes como para que cada Estado logre su objetivo de alcanzar el status deseado en la estructura mundial? ¿Hasta qué punto, el resto, particularmente los que “conducen” y controlan el sistema estarían dispuestos a que esto ocurra?

¿Por qué no hacer uso de los organismos internacionales como para alcanzar ese status quo de forma tal que no peligre el sistema tal como los Estados más poderosos lo controlan? [226]

Una cosa es lo legal, -lo permitido y lo prohibido- y otra es la forma en que los Estados más poderosos hacen uso de las interpretaciones de las normas para sus fines particulares haciendo figurar a las organizaciones internacionales como las generadoras de orden y no de sus intereses propios [227].

Además, hay que hacer diferencia entre la “pacificación” -PAX-, que está orientada al establecimiento o mantenimiento del orden, independientemente de la justicia que represente para las partes en conflicto y la “paz”, que implica el establecimiento del orden, pero con justicia para las partes en conflicto o para los generadores de la situación de desorden debido a la búsqueda de un cambio en su status quo.

Los que generan desorden, pueden estar atentando contra el status quo internacional, aunque eso no necesariamente debe ser considerado algo malo. Malo es para quienes controlan y se benefician del status quo, pero no para quienes buscan mejorar su situación. El caso del impacto producido por los países miembros de la OPEP es un buen ejemplo. Produjeron desorden, perjudicando al mundo industrializado y también a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo importadores de petróleo, en aras de encontrar justicia a sus demandas. Encontrar un “equilibrio” que satisfaga a todos, es muy complejo [228].

El caso es que la OPEP tuvo poder suficiente para llevar adelante su objetivo, a través de una alianza maximizadora o proceso integrativo de carácter asociacional [229]; aunque luego, la incompetencia de sus miembros y también la corrupción corrió contra los miembros, particularmente las naciones de los países miembros; pero hay muchos casos en los que quienes buscan justicia para sus aspiraciones carecen del poder necesario y los “mecanismos correctores” que se les aplican “pacifican”, en términos de recuperar el status quo, pero a la vez impiden el logro de la justicia deseada por parte de quien o quienes provocan el impacto al sistema.

Otro ejemplo, es Microsoft que generó una revolución mayor, al hacer que el mundo y los ejes centrales de relacionamiento mundial, giren alrededor de la informática, las comunicaciones, la telefonía, la robótica. En este caso, se trata de un generador de orden alternativo y no de un desordenador.

El sistema tiende al mantenimiento del status quo en defensa propia -debemos hablar siempre en términos de quienes conducen al sistema- y adopta todo tipo de mecanismos y medidas para su mantenimiento -proceso homeostático- frente a los “impactos” provocados por quienes procuran modificarlo en beneficio de un mejor status [230].

Naciones Unidas, como organismo de alcance mundial, a través de su Consejo de Seguridad, se encargó del mantenimiento del orden en el marco global, mientras que la OEA y el TIAR cumplieron esa función, en beneficio de los intereses de seguridad y económicos de EUA [231], en el contexto regional hemisférico. El FMI y el BM lo hicieron en el ámbito monetario y el GATT -hoy OMC-, en lo comercial -el GATT fue un sistema de régimen de mercado a diferencia de los organismos internacionales mencionados anteriormente que se manejan con el criterio de “asignación autoritativa de conductas”; aunque el FMI y el BM se manejan con el sistema de “voto ponderado” y la OMC por el de “Comisiones Especiales”- [232].

En última instancia, los organismos internacionales llegaron en el siglo XX para suplir, de una manera menos traumática, la función colonial que las grandes potencias del sistema multipolar mantuvieron en el siglo XIX.

Institucionalizaron, o fueron el marco institucional del régimen establecido por los grandes poderes [233]. Se encargaron que los “repartos de potencia e impotencia” [234] establecidos por las grandes potencias fueran cumplidos, asumiendo el rol de “reguladores” [235]. Los actores más poderosos cumplen con la función de repartidores de potencia -se puede- e impotencia -no se puede-, mientras que los organismos internacionales cumplen con la función de reguladores o administradores de los órdenes de reparto establecidos.

Estas organizaciones internacionales son diferentes a sistemas como la OPEP, e incluso a la hoy Unión Europea, ya que estos últimos tienen como objeto central operar como “alianzas maximizadoras”. Estas alianzas, buscan, “asociativamente”, lograr objetivos que individualmente los Estados miembros no lograrían en el marco regional o en el contexto mundial, mientras que los organismos internacionales cumplen con la función de “administradores”.

Hay muy pocas alianzas maximizadoras y, en general, no hay cultura política en ese sentido, a la vez que las grandes potencias se encargan de mantener en vigor el principio de “divide et impera”, acompañadas por gobiernos de la “periferia” que son “funcionales” a esto.

América Latina y el proceso comercialista que ha desarrollado desde comienzos de los ´60, -ALALC/ALADI, MERCOSUR, Pacto Andino/CAN, MCCA, CARIFTA-CARICOM, etc.- en nada se parece a una alianza maximizadora. El Pacto Andino, en sus comienzos (1969) intentó operar como una “alianza maximizadora”, pero quedó aislado totalmente, sea en el contexto mundial, como latinoamericano. Chile con Pinochet fue el primero en asestarle un golpe mortal a través del Decreto del Ministerio de Relaciones Exteriores N° 600. Hoy, transformado en Comunidad Andina de Naciones (CAN) opera según el criterio neoliberal de “regionalismo abierto” establecido por la OMC.

Estos procesos, en general, sólo constituyen “áreas de comercio desarancelizadas” aprovechadas y explotadas por las empresas multinacionales. Los propios gobiernos latinoamericanos, son, en su mayoría, funcionales a estos procesos -y también gran parte de la intelectualidad o pseudo-intelectualidad que avala todo esto- y no piensan en términos de celebrar alianzas maximizadoras. La cultura política en América Latina se ha movido en el sentido de que “mi enemigo es mi vecino” y eso ha mantenido una cuasi natural desintegración o estado de fragmentación permanente de América Latina, favoreciendo a los intereses de los actores transnacionales y de las grandes potencias.

Debemos hacer una diferenciación de los organismos, según su característica y finalidad:

1) ONU, OEA, FMI, BM, BID, OMC etc., son administradores globales o regionales del orden, pero controlados por los más poderosos de acuerdo a las características y criterios de la estructura internacional.

2) OTAN, TIAR, SEATO, CENTO, ANZUS, Pacto de Varsovia, etc., son organismos de seguridad liderados por la potencia del bloque en función de sus intereses de seguridad. Hoy queda en pie la OTAN y es utilizada como instrumento de orden por parte de EUA. El TIAR tiene existencia formal, pero no real.

3) OPEP y UE constituyen ejemplos de alianzas maximizadoras.

Como organismos internacionales no gubernamentales, pero que tienen una capacidad creciente de generar pautas de orden, deberíamos agregar una nueva categoría:

4) Las ONG´s (Organizaciones No Gubernamentales) y las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil).

Dada la dinámica del sistema mundial en el siglo XX, provocada fundamentalmente:

a) por la expansión explosiva del desarrollo tecnológico que genera cambios extraordinarios;

b) por el aumento en el número de Estados y también de actores no estatales que alcanzan un rol significativo en el establecimiento de reglas o en su modificación; los organismos internacionales y sus instrumentos para el establecimiento y el mantenimiento del orden no han sido capaces frente a esos cambios [236].

Durante los 50 años de bipolarismo, fueron las dos superpotencias las que se encargaron, de mantener un status quo constante y frenar todo tipo de cambio, basándose en la pugna ideológica inter-bloques, pese al empuje del desarrollo tecnológico y al crecimiento económico y tecnológico de otros actores, como los países de la CEE -hoy UE- y en Asia, particularmente de Japón, Corea del Sur y Taiwán -y a posteriori los denominados Estados de Industrialización Reciente o NIC´s por sus siglas en inglés-, o a impactos en el eje económico, como el producido por los países de la OPEP en 1973 y en 1979.

Los organismos internacionales, como la ONU, nada pudieron hacer frente a esto, ya que al ser “controlados” por los actores polares, su direccionalidad mantuvo ese rumbo, cumpliendo funciones de mantenimiento del orden o de resolución de conflictos o situaciones en temas que no contradijeran la bipolaridad del sistema o los intereses globales de las súper-potencias.

Es interesante ver la forma en que evolucionó uno de los conflictos tradicionales más grandes: el Arabe-Israelí. Naciones Unidas prácticamente poco y nada tuvo -ni tiene- que ver con la resolución del mismo, más allá de ser el organismo en el que se adoptaron resoluciones que deberían ser tomadas -rol de regulador-. Luego de un largo período de guerras en 1947, 1956, 1967 y 1973 -guerra de Yom Kippur, coincidente con el embargo petrolero de la OPEP-, y un permanente estado de “guerra fría”, el conflicto recién entró en un cono de negociación bilateral a partir de la Cumbre de Reykiavik de 1985 entre Reagan y Gorbachov, donde decidieron flexibilizar los conflictos internacionales en los que uno u otro intervenía directa o indirectamente dentro del marco de la pugna Este-Oeste. No obstante ello, con la desintegración de la URSS en 1991 y el fin del sistema bipolar, EUA adoptó un rol de “mediador-partidario” de Israel. El conflicto entre Israel y los palestinos tiene como base “seguridad por territorio”.

En el terreno económico, el orden adoptado en Bretton Woods en 1944, del que surgieron organismos como el FMI -balance y equilibrio monetario- y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), hoy BM -fomento para el desarrollo-, al que debió agregarse en el terreno comercial una organización internacional de comercio que, por falta de acuerdo, derivó en el surgimiento del GATT y recién OMC a partir de la Ronda Uruguay del GATT; fue puesto en tela de juicio por la declaración de inconvertibilidad del dólar en oro por parte del gobierno de Richard Nixon en 1971, generando su propio orden monetario.

Grupos como el G7 y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) son los que han tomado decisiones sobre el rumbo de la economía en el mundo occidental -supremos repartidores de potencia e impotencia- quedando organismos como el FMI y el BM como reguladores de los órdenes de reparto establecidos por los grupos poderosos. Hoy, el FMI ha pasado a desempeñar el rol de “calificadora pública de riesgo país”, a la vez que de “síndico” de los acreedores.

En la actualidad deberíamos agregar, en el terreno de los supremos repartidores, a numerosos actores transnacionales como la banca privada, los fondos de pensión y de seguro, las calificadoras de riesgo país y, desde ya, una diversidad de empresas.

Grupos como la CEE -hoy UE- y la OPEP pudieron actuar como fuerzas relativamente independientes, en términos de lograr sus objetivos, mientas que muy pocos Estados individualmente pudieron operar de esta manera. La República Federal Alemana ha sido uno y puede agregarse a Japón y algunos Estados de Industrialización Reciente (Nic´s por sus siglas en inglés) en Asia.

Otros procesos generados en regiones, tales como América Latina; me refiero a ALALC, luego ALADI, MCCA, CARIFTA/CARICOM, Pacto Andino, hoy CAN, MERCOSUR, etc., no han servido como grupos, ni operado como tales, para maximizar la capacidad de desempeño, aumentar el poder negociador o producir impactos en el sistema internacional, al menos en los términos de la hoy UE o de la OPEP, más allá de los errores cometidos por los países miembros de esta última organización.

Se puede decir que en el eje económico, más allá de que el sistema bipolar giró, esencialmente, alrededor del eje estratégico-militar, si hubo movilidad ascendente tendiente a la generación de un relativo equilibrio y balance de poderes.

El Tercer Mundo, durante los ´70, no alcanzó grandes objetivos en el terreno económico; al menos no fue tan exitoso como en el de la descolonización [237]. Apostó, dentro del marco del conflicto Norte-Sur, a la búsqueda de un nuevo orden económico internacional más justo (NOEI), pero sin ningún éxito. Hubo más “desentendimientos horizontales -relaciones Sur-Sur- que en el terreno vertical -relaciones Norte-Sur-”.

Hacia el futuro, los conflictos entre los hegemonizados seguirán relacionados a las problemáticas históricas, como límites, migraciones, problemas vinculados a conductas nacionalistas, o por problemas étnicos o religiosos, etc.; lo que entorpecerá, como lo ha hecho hasta ahora la posibilidad de “integración” (?) -hay más un discurso, instalado desde hace más de 40 años, que una orientación en ese sentido- en el nivel “horizontal” [238].

Frente a las demandas desde el Sur por un NOEI, los países industrializados otorgaron ayuda suficiente, como para calmar los ánimos, pero no como para que el orden económico fuera más justo; a su vez, el debilitamiento en las relaciones Sur-Sur, dado por conductas subimperialistas y de auto-fragmentación contribuyó a que nada se lograra.

La etapa que se inició a principios de los ´70 tras el desmantelamiento del sistema de Bretton Woods por la declaración del entonces presidente Richard Nixon de inconvertibilidad del dólar en oro, que se caracterizó por la regulación del intercambio y el control de los movimientos de capital, hoy se define con el término de “globalización” y está ligada a la “política neoliberal”: ajuste estructural; “reformas” -que deben contar con el “beneplácito de EUA”-, en gran parte del Tercer Mundo y, después de 1990, también en otros lugares, como en India y en las “economías en vías de transición”. Muchos economistas califican de “edad de plomo” a la etapa de la globalización, que produjo en todo el mundo un deterioro de los parámetros macroeconómicos standard (tasa de crecimiento, productividad, inversión de capital, etc.) y acentuó la desigualdad. En los países más ricos del mundo, los salarios de la mayor parte de la población quedaron estancados, cuando no disminuyeron. La jornada de trabajo sufrió un drástico aumento, mientras que las prestaciones de los sistemas de previsión y seguridad social fueron objeto de recortes. La evolución de los indicadores sociales entró a mediados de la década de los setenta en un sostenido declive. Por lo general, se habla de la globalización contemporánea como de una expansión del “libre intercambio”, pero se trata de una expresión errónea. En buena medida, la gestión de los “intercambios” está concentrada y corresponde, de hecho, a transferencias inter-empresarias y a otras operaciones análogas. A esto se suma una fuerte tendencia, extendida en todo el mundo económico, a establecer oligopolios y alianzas estratégicas entre empresas, paralelamente con una fuerte presión al sector estatal en el sentido de que se socialicen los riesgos y los costos. Los acuerdos internacionales de “libre intercambio” se basan en complejas tramas de medidas liberalizadoras y proteccionistas, que permiten a las grandes empresas obtener enormes ganancias en muchos sectores que son de importancia vital (por ejemplo, el de productos farmacéuticos), mediante el recurso de vender a precios de monopolio medicamentos que se desarrollaron gracias a la contribución sustancial del sector público. En esta etapa, la gran expansión de las transferencias especulativas de capitales de corto plazo, impuso graves limitaciones a las opciones de planificación de los gobiernos.

La naturaleza del “intercambio” sufrió una profunda transformación respecto de los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. Lo que está surgiendo es un sistema de “mercantilismo corporativo” en el cual las decisiones sobre la vida social, económica y política se concentran cada vez más en manos de grupos de poder privados, exentos de toda responsabilidad social [239].



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una "Macro-Etapa", (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[225] Ver “Teorema del Poder, el Orden y la Justicia”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 202 y ss.

[226] Ver “Líneas de Control Intra-hegemónicas”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998).

[227] EUA haciendo uso de la OTAN para invadir Kosovo aduciendo razones humanitarias, es un ejemplo, de la misma manera que cuando invadió Irak por pedido del CS de la ONU, o al invadir Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo, y buscar el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein en Irak bajo el concepto de que genera armas de destrucción masiva, cuando, en realidad, se sabe que busca controlar el petróleo en la región.

[228] Ver “Teorema del Poder, el Orden y la Justicia”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 202 y ss.

[229] Ver tipos de integración en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Imperativo de la Integración Latinoamericana: Integración Solución-Integración Problema”, en GEOSUR, Vol. II, N° 14, Octubre 1980, Montevideo, Uruguay.

[230] Quien ha estudiado muy bien este tema es Kaplan, Morton, System and Process in International Politics, (New York, John Wiley and Sons, 1957), Political System.

[231] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

[232] Aunque en la OMC figuren una mayoría de países subdesarrollados, se trata de un organismo no electivo, controlado por burócratas de los países poderosos con capacidad de generar decisiones. Las reglas de la organización las propone y aprueba primero el grupo “QUAD”, formado por EUA, Canadá, la Unión Europea y Japón. Ver Gabeta, Carlos, Socialresistencia, “Le Monde Diplomatique”, el Dipló, Buenos Aires, Diciembre de 1999, pág. 3.

[233] Ver por ejemplo, Dieterich Steffan, Heinz, La Crisis de los Intelectuales: La Crisis en las Ciencias Sociales, (Buenos Aires, Editorial 21 SRL, 2000), págs. 21-22.

[234] Sobre el particular, ver por ejemplo, Goldschmidt, Werner, Introducción al Derecho: La Teoría Trialista del Mundo Jurídico y sus Horizontes, (Buenos Aires, Depalma, 1968). También Puig, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, (Buenos Aires, Depalma, 1974), Vol. I, Parte General.

[235] Encargados de que se cumpla lo que los “supremos repartidores” establecen.

[236] Sobre este tema ver, por ejemplo, Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 200.

[237] Ver , Frankel, Joseph, International Relations in a Changing World, (New York, Oxford University Press, 1979), pág. 207.

[238] En realidad los gobiernos de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, se plantean a los procesos integracionistas más como mercados ampliados a través de la desgravación tarifaria, que como un instrumento de “maximización de la capacidad de desempeño o negociación” frente al mundo industrializado. Además, la mayoría de los gobiernos de estos países son más funcionales y tienen más vínculos con el mundo industrializado que con los gobiernos de los países que tienen situaciones o condiciones similares; ya que del mundo industrializado reciben préstamos, créditos, inversiones o son deudores; mientras que los países vecinos son posibles competidores, e incluso “conflictores”. La típica política vigente en América Latina de “mi enemigo es mi vecino”, debido mayoritariamente a conflictos de límites o carreras armamentistas. Impera el criterio de que “juntarse con pobres es sumar pobreza”. Entretanto, el mundo industrializado sigue en relación a la periferia la política de “divide et impera”.

[239] Ver Chomsky, Noam, “La Globalización Tiene Poco de Libre Mercado”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 2 de Febrero del 2001.