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Las elites del centro lograron que las elites de la periferia dejaran de lado los modelos de sustitución de importaciones; aunque, luego de una década de graves problemas sociales, económicos y laborales, se vuelven a aplicar en gran parte de los países periféricos.
Esto resulta de generar la convicción de que lo que se está planteando es el camino hacia la verdad, y no la imposición de una ideología. A esto se lo llama “régimen de la verdad” [154], a diferencia de la búsqueda de la verdad en términos filosóficos. Para generar esta imagen, se hace uso de los medios de comunicación.
En su condición de método general de propagación de mensajes, la comunicación es un vehículo privilegiado de ideologías, a cuya estructura se adapta a la perfección, una idea preconcebida, un análisis recortado y parcial de la realidad que permite hacerla más cómoda, con el objeto de transmitir convicción.
El desarrollo de las “ciencias” de la comunicación hace plausible la hipótesis según la cual, vivimos tiempos ideológicos sin percibirlo, tiempos aparentemente razonables, pero donde los criterios de la razón tienden a un único aspecto doctrinario. Los grandes interrogantes del presente, por otra parte, parecen expresarse mediante categorías ideológicas: a favor o en contra de la globalización, del liberalismo, del desarrollo sostenible, del pacifismo, del imperialismo, del unilateralismo, etc. Regresaron incluso las categorías de bien y de mal.
Las ideologías no desaparecieron del mundo a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989, pero el triunfo pragmático de la economía de mercado tendió a hacernos olvidar que el capitalismo era al mismo tiempo un sistema concreto de organización y una ideología.
Algunos consideran que las actuales convulsiones del sistema, que los males de los países de América Latina y, en términos generales, del mundo subdesarrollado, son consecuencia de causas externas: la globalización, los organismos internacionales, la explotación capitalista, la supremacía del capital financiero, la separación de lo económico y lo social, etc., y que ninguno se debe a causas internas, como por ejemplo la ineficacia de los regímenes políticos, la corrupción, o el hecho de que los regímenes dejan de ser representativos a los intereses nacionales y se vinculen interesadamente con factores de poder o con élites del mundo industrializado [155].
Otro error es el que proyecta una imagen caótica del sistema internacional, como si éste no tuviese reglas, normas y capacidades diferenciales de disciplinamiento y represalia, y como si cada país pudiera actuar según sus intereses soberanos, sin temer por las consecuencias de sus actos. En realidad, no hay vacío normativo, sino carencia de poder de policía supremo [156]. Este es ejercido por los más poderosos según su propia interpretación de lo que debe ser el orden y no según pautas de justicia equitativas y distributivas [157].
Existirían cinco grandes cambios que habrían modificado radicalmente las condiciones de funcionamiento del sistema financiero internacional:
1) Las innovaciones tecnológicas que alteraron el modo de funcionamiento de los mercados financieros. Tales innovaciones tienen que ver con los avances de la informática y la microelectrónica, y sus aplicaciones en el terreno de las telecomunicaciones y la ingeniería de sistemas.
2) El gigantesco aumento del tamaño de los mercados financieros mundiales, medido por los volúmenes transados, la variedad de operaciones concebibles, el número de nuevos centros financieros y el de los individuos directamente vinculados a las finanzas internacionales.
3) La radical transformación experimentada por los bancos, cuya función de intermediación entre depositantes y prestatarios se vio eclipsada por la tendencia a invertir en operaciones de alto riesgo y alta rentabilidad.
4) La emergencia de Asia, y principalmente de Japón y China, y, en menor medida otros “tigres asiáticos”, como componentes fundamentales de la economía mundial e involuntarios jugadores en el sistema especulativo global. Uno de esos jugadores, dentro del contexto global, es la mafia, el “crimen organizado”, el narcotráfico, actores de creciente importancia en el sistema financiero internacional. Estimaciones indican que la mafia “lava” en las diferentes plazas del sistema unos 900.000 millones de dólares al año tan sólo como producto del tráfico de drogas, excluyendo la venta ilegal de armas, materiales atómicos y lo producido por la inmigración ilegal y las redes de prostitución.
5) La incapacidad de los bancos centrales para llevar a cabo sus responsabilidades globales de monitoreo y supervisión del sistema financiero y su reemplazo por la regulación automática a cargo de las fuerzas del mercado [158].
Una de las consecuencias del ascenso de la burguesía financiera internacional al puesto de comando del proceso de acumulación capitalista ha sido la subordinación de los otros sectores de la economía al imperio del capital financiero. Las tasas de interés constituyen la ganancia de esta fracción del capital. Dado que ésta controla gran parte de los recursos monetarios requeridos por el proceso productivo, las tasas de interés fijadas por los oligopolios financieros, maximizan sus beneficios al paso que perjudican al resto de los sectores de la economía. Una de las consecuencias de esta situación es la cronificación de fuertes tendencias de estancamiento o recesivas en la economía debido al alto costo del dinero. El predominio del capital financiero impone a los demás agentes económicos otro rasgo sumamente negativo, la operación en el corto plazo para las transacciones que se realizan, lo que presiona sobre los tiempos de valorización del capital industrial distorsionando sus potencialidades de creación de riqueza [162].
La hegemonía del capital financiero, tiene también un impacto negativo sobre la estabilización del régimen democrático, toda vez que sus posibilidades de prosperar dependen de que obtenga permanentemente rentabilidad, independientemente de las políticas de Estado. En la medida en que subsistan la desregulación, la apertura comercial y la liberalización financiera, el capital puede realizar negocios ventajosos y obtener ganancias aún en un contexto económico signado por la recesión, la caída de los consumos populares y el desempleo de masas. Mientras la prosperidad del viejo capital industrial de la etapa “fordista”, tenía como una de sus principales condiciones la existencia de un alto consumo de masas, las requeridas por el capital financiero se encuentran totalmente disociadas del bienestar colectivo o de los consumos populares; de ahí su carácter parasitario. La estabilidad keynesiana de posguerra se basó en: paz social y respeto a los derechos de propiedad privada a cambio de pleno empleo, y redistribución progresiva de los ingresos. La prosperidad del mercado interno y el alto poder de consumo de las masas eran tanto una “conquista” de los trabajadores como una garantía de la rentabilidad empresaria y de la estabilidad del pacto político “socialdemócrata” de posguerra. Nada de esto tiene sentido ahora bajo el predominio del capital financiero. Su fortuna no depende del dinamismo del mercado interno [163].
Mientras el capital industrial se encuentra ligado al espacio nacional y debe, por lo tanto, elaborar estrategias de largo plazo, congruentes con la maduración de sus inversiones, el capital financiero se halla completamente liberado de tales restricciones y opera con independencia de su base nacional y en un horizonte temporal de muy corto plazo. Si en el primer caso el capital industrial se convierte en una especie de “rehén” del país, su mercado interno y eventualmente su gobierno, en el caso del capital financiero, es éste quien tiene de rehén a países, mercados internos y gobiernos [164].
La supremacía del capital financiero comprende actualmente:
-instituye una modalidad de acumulación en donde las ganancias del capital son independientes del crecimiento general de la economía. Esto refuta la tesis liberal que afirma que es el capital quien genera crecimiento económico. La experiencia internacional de los últimos veinte años enseña que éste puede prosperar y sus ganancias agigantarse sin que se produzca el crecimiento económico.
-tiene impactos macroeconómicos que acentúan la pobreza, la desigualdad social y la inequidad económica, provocando desempleo masivo, pauperización y exclusión social tanto a escala nacional como internacional.
-distorsiona el proceso económico al someter a todo el sistema a las estrategias del segmento especulativo del capital [165].
Se estima que alrededor del 95% del capital que se moviliza por los circuitos financieros internacionales es de carácter especulativo [166].
a) Las instituciones económicas surgidas de los acuerdos de Bretton Woods firmados en 1944, que dieron nacimiento al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y, poco después, al GATT, ya que no se alcanzó, en principio, un acuerdo para crear una OMC.
b) Un conjunto de instituciones políticas y administrativas, generadas bajo la ONU: FAO, UNESCO, OIT, OMS, PNUD, UNICEF, etc. En el marco hemisférico, la iniciativa más importante fue la OEA.
c) Un sistema de alianzas militares concebidas para establecer una “línea de control inter-hegemónico” [168] capaz de garantizar la contención de la amenaza soviética, y cuyo ejemplo más destacado ha sido la creación de la OTAN. En el caso hemisférico esta política se plasmó en la firma del TIAR, acompañado de la Escuela Interamericana de Defensa, las Conferencias de Ejércitos Americanos, que permitieron que EUA pudiera disciplinar a la región y cuidar sus intereses económicos y de seguridad [169].
Si durante la Guerra Fría, fueron las instituciones políticas y militares del orden mundial las que desempeñaron la función articuladora general de la dominación, a partir del predominio del capital financiero y la crisis y descomposición de la URSS y el fin del sistema bipolar, se produjo un desplazamiento del centro de gravedad político de EUA hacía las instituciones de carácter económico, particularmente durante la etapa de Bill Clinton, dado que necesitaba recuperar competitividad económica frente a Europa y Asia. Entretanto, se inició también un proceso expansivo en el contexto estratégico-militar -¿paradójicamente?-, incorporando a la OTAN a países que estuvieron bajo la esfera de influencia soviética, iniciándose el proceso de desarticulación del rol de la ONU en el contexto mundial.
En relación con la OTAN, el gobierno de Clinton, ante la imposibilidad de obtener en el marco de la ONU la aprobación para su política en Yugoslavia en 1999 -caso Kosovo-, optó por servirse de la OTAN. A partir de esta experiencia, se sucedió el caso Irak en el 2003, en el que el gobierno de George W. Bush decidió actuar unilateralmente contra la voluntad del CS de la ONU.
Por otra parte, también se dio un fortalecimiento del BM y el FMI, debilitando, a su vez, las instituciones internacionales de interés para los países de la periferia: salida de EUA y el Reino Unido de la UNESCO durante el período de Reagan y Thatcher; la retención del pago de las cuotas de sostenimiento financiero de la ONU; significativos recortes en los presupuestos de agencias en las que los países del Tercer Mundo tenían voto mayoritario, como la OIT, UNESCO, UNIDO, UNCTAD.
En 1974 la AG de la ONU adoptó la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, un cuerpo legal en el cual se establecía el derecho de los gobiernos a “regular y ejercer su autoridad sobre las inversiones extranjeras” así como “regular y supervisar las actividades de las empresas multinacionales.” Se reafirmaba el derecho de los Estados a “nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de los inversionistas extranjeros” [170]. La Carta fue acompañada por la elaboración de un “Código de Conducta para las Empresas Multinacionales” y la creación de un Centro de Estudios de la Empresa Transnacional, ambas iniciativas destinadas a favorecer el mejor conocimiento y el control público de los nuevos actores de la economía mundial y orientado a sentar las bases de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo. Desde 1970 el Foro Económico Mundial venía reuniéndose en Davos, pero la correlación mundial de fuerzas acallaba sus voces y no lograba impedir, esta toma de posición de la ONU dada por el voto mayoritario de los países del Tercer Mundo en la AG. La correlación de fuerzas, en realidad era mayoritaria desde el punto de vista de los votos, pero no del poder real.
Una vez afianzada la hegemonía del capital financiero, se abolió la citada Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados y el Código de Conducta y se liquidó el Centro de Estudios de la Empresa Transnacional. Suerte similar corrieron las iniciativas también surgidas en aquellos años, tendientes a democratizar las comunicaciones mediante la creación de un Nuevo Orden Informativo Internacional [171].
En los ‘90 el debate se orientó a temas ajenos a los intereses de la periferia. Adoptar un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) que significaría la legalización de la dictadura, que de facto ejercen los grandes oligopolios en los mercados, porque la soberanía de los Estados en materia legal y jurídica quedaría por completo relegada y subordinada a las imposiciones de las empresas [172].
La UNCTAD que fue diseñada por Raúl Prebisch a mediados de los ‘60 con el propósito de atenuar el impacto del GATT sobre los países del Tercer Mundo, fue sometida a similares recortes y restricciones jurisdiccionales. Sólo puede brindar asistencia técnica a los países subdesarrollados en aspectos comerciales y hacer algo de investigación, pero tiene expresamente prohibido ofrecer consejos de política a esos países. Esa es la tarea asignada al BM, el FMI y la OMC.
Un conjunto de funciones que antes se encontraban en manos de la UNCTAD, OIT, UNESCO, fueron expropiadas por los organismos de Bretton-Woods. La política laboral la fija la OMC en lugar de la OIT; los temas educativos son también objeto de preferente atención y monitoreo por el BM y no por la UNESCO; la problemática de la salud fue también en gran medida extraída de la OMS y puesta al cuidado del BM y el FMI, al igual que las políticas sociales y previsionales en donde ambas instituciones cooperan con la OMC en fijar los parámetros de lo que debe hacerse en esas materias. Por su parte, el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la ONU fue despojado de sus prerrogativas y jerarquías [173].
Cabe destacar que el ECOSOC, es el que comprende la mayoría de los temas de la agenda mundial: pobreza, desempleo, endeudamiento, problemas de agua potable, migraciones, crecimiento demográfico, inversiones, desarrollo económico-social, etc.; no obstante, no es de interés de las grandes potencias, ni de los actores transnacionales que sea este órgano el que se ocupe del “gobierno” de los asuntos mundiales y sí el Consejo de Seguridad.
El FMI se rige por un sistema de voto calificado que coloca el poder decisional en manos del capital y principalmente del representante norteamericano. EUA tiene el 17,35 % del poder de voto mientras que Japón sólo controla el 6,22 % de los votos. Cualquier decisión importante requiere una mayoría calificada del 85 % de los votos del directorio. Pero EUA tiene poder de veto. El conjunto de países de la UE tiene 23,27 % de los votos, pero carece de unidad suficiente como para modificar la voluntad de EUA.
Los países miembros de la UE nunca votaron unánimemente en contra de una iniciativa de EUA, en el seno del directorio del FMI. El voto europeo fue invariablemente fragmentado, con Gran Bretaña cumpliendo su papel de “socio” de los intereses norteamericanos [174].
Esto también se observa en el marco de la OMC. Un análisis sobre las disputas comerciales muestra que sobre 46 casos de conflictos comerciales EUA perdió 10 y ganó 36 [175]. Estas son las instituciones supranacionales que hoy constituyen el embrión de un “gobierno mundial”.
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