Tapa Orden Mundial Imperial

 

Home






Capítulo VIII

TENDENCIAS ECONOMICAS POST-BIPOLARES

INTRODUCCION

Con la desintegración de la URSS en 1991 que dio fin al sistema bipolar, al no haber una ideología alternativa, el liberalismo capitalista se globalizó, imponiendo su modelo. Los modelos de desarrollo global giran alrededor de los modelos de desarrollo establecidos por los países industrializados centrales. No hay modelos de desarrollo periféricos que permitan hacer uso de las ventajas comparativas y competitivas de esos países.

Las elites del centro lograron que las elites de la periferia dejaran de lado los modelos de sustitución de importaciones; aunque, luego de una década de graves problemas sociales, económicos y laborales, se vuelven a aplicar en gran parte de los países periféricos.

Esto resulta de generar la convicción de que lo que se está planteando es el camino hacia la verdad, y no la imposición de una ideología. A esto se lo llama “régimen de la verdad” 158, a diferencia de la búsqueda de la verdad en términos filosóficos. Para generar esta imagen, se hace uso de los medios de comunicación.

En su condición de método general de propagación de mensajes, la comunicación es un vehículo privilegiado de ideologías, a cuya estructura se adapta a la perfección, una idea preconcebida, un análisis recortado y parcial de la realidad que permite hacerla más cómoda, con el objeto de transmitir convicción.

El desarrollo de las “ciencias” de la comunicación hace plausible la hipótesis según la cual, vivimos tiempos ideológicos sin percibirlo, tiempos aparentemente razonables, pero donde los criterios de la razón tienden a un único aspecto doctrinario. Los grandes interrogantes del presente, por otra parte, parecen expresarse mediante categorías ideológicas: a favor o en contra de la globalización, del liberalismo, del desarrollo sostenible, del pacifismo, del imperialismo, del unilateralismo, etc. Regresaron incluso las categorías de bien y de mal.

Las ideologías no desaparecieron del mundo a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989, pero el triunfo pragmático de la economía de mercado tendió a hacernos olvidar que el capitalismo era al mismo tiempo un sistema concreto de organización y una ideología.

Algunos consideran que las actuales convulsiones del sistema, que los males de los países de América Latina y, en términos generales, del mundo subdesarrollado, son consecuencia de causas externas: la globalización, los organismos internacionales, la explotación capitalista, la supremacía del capital financiero, la separación de lo económico y lo social, etc., y que ninguno se debe a causas internas, como por ejemplo la ineficacia de los regímenes políticos, la corrupción, o el hecho de que los regímenes dejan de ser representativos a los intereses nacionales y se vinculen interesadamente con factores de poder o con élites del mundo industrializado 159.

        ESTRUCTURA DE PODER

Las definiciones que contemplan la existencia de un mundo “interdependiente” basado en Estados nacionales soberanos, que se representan de manera igualitaria en el marco de la ONU u otras instituciones internacionales; niegan la asimetría constituyente del actual orden mundial y la ilusión formalista que hace que países como Costa de Marfil o Nicaragua sean considerados como “iguales” a EUA o Alemania.

Otro error es el que proyecta una imagen caótica del sistema internacional, como si éste no tuviese reglas, normas y capacidades diferenciales de disciplinamiento y represalia, y como si cada país pudiera actuar según sus intereses soberanos, sin temer por las consecuencias de sus actos. En realidad, no hay vacío normativo, sino carencia de poder de policía supremo 160. Este es ejercido por los más poderosos según su propia interpretación de lo que debe ser el orden y no según pautas de justicia equitativas y distributivas 161.

        CAPITAL FINANCIERO COMO ACTOR GLOBAL

El eje fundamental del capitalismo contemporáneo pasa por la circulación financiera. Keynes estaba en desacuerdo con esto. Lo consideraba una involución del capitalismo hacia su forma más parasitaria y especulativa simbolizada en la figura del rentista. Hasta hace relativamente pocos años el ahorro de las naciones circulaba casi íntegramente dentro de los confines de las instituciones financieras nacionales. Existirían cinco grandes cambios que habrían modificado radicalmente las condiciones de funcionamiento del sistema financiero internacional:

1) Las innovaciones tecnológicas que alteraron el modo de funcionamiento de los mercados financieros. Tales innovaciones tienen que ver con los avances de la informática y la microelectrónica, y sus aplicaciones en el terreno de las telecomunicaciones y la ingeniería de sistemas.

2) El gigantesco aumento del tamaño de los mercados financieros mundiales, medido por los volúmenes transados, la variedad de operaciones concebibles, el número de nuevos centros financieros y el de los individuos directamente vinculados a las finanzas internacionales.

3) La radical transformación experimentada por los bancos, cuya función de intermediación entre depositantes y prestatarios se vio eclipsada por la tendencia a invertir en operaciones de alto riesgo y alta rentabilidad.

4) La emergencia de Asia, y principalmente de Japón y China y, en menor medida, otros “tigres asiáticos”, como componentes fundamentales de la economía mundial e involuntarios jugadores en el sistema especulativo global. Uno de esos jugadores, dentro del contexto global, es la mafia, el “crimen organizado”, el narcotráfico, actores de creciente importancia en el sistema financiero internacional. Estimaciones indican que la mafia “lava” en las diferentes plazas del sistema unos u$s900 mil millones al año tan sólo como producto del tráfico de drogas, excluyendo la venta ilegal de armas, materiales atómicos y lo producido por la inmigración ilegal y las redes de prostitución.

5) La incapacidad de los bancos centrales para llevar a cabo sus responsabilidades globales de monitoreo y supervisión del sistema financiero y su reemplazo por la regulación automática a cargo de las fuerzas del mercado 162.

        CAPITAL FINANCIERO COMO ACTOR HEGEMONICO

Uno de los rasgos centrales del capitalismo contemporáneo, es que la riqueza creada en los procesos productivos es distribuida y asignada en función de los criterios y parámetros establecidos por la esfera financiera. Obsesionado por la liquidez, el capital monetario despliega conductas basadas en la euforia o el pánico de los mercados 163. Dicho en otros términos: el dinero virtual que se mueve en los mercados cambiarios mundiales tiene una movilidad absoluta precisamente porque no cumple ninguna función económica. Como además no financia nada, su comportamiento se aparta de cualquier lógica o racionalidad. Por eso es sumamente volátil y fácil presa del pánico desatado por un rumor o un acontecimiento inesperado 164. O también, conductas erráticas, impredecibles irracionales 165. Estos rasgos así como la volatilidad e inestabilidad que los acompañan no dejan de transmitirse a la economía en su conjunto, con los consiguientes perjuicios para la población.

Una de las consecuencias del ascenso de la burguesía financiera internacional al puesto de comando del proceso de acumulación capitalista ha sido la subordinación de los otros sectores de la economía al imperio del capital financiero. Las tasas de interés constituyen la ganancia de esta fracción del capital. Dado que ésta controla gran parte de los recursos monetarios requeridos por el proceso productivo, las tasas de interés fijadas por los oligopolios financieros, maximizan sus beneficios al paso que perjudican al resto de los sectores de la economía. Una de las consecuencias de esta situación es la cronificación de fuertes tendencias de estancamiento o recesivas en la economía debido al alto costo del dinero. El predominio del capital financiero impone a los demás agentes económicos otro rasgo sumamente negativo, la operación en el corto plazo para las transacciones que se realizan, lo que presiona sobre los tiempos de valorización del capital industrial distorsionando sus potencialidades de creación de riqueza 166.

La hegemonía del capital financiero, tiene también un impacto negativo sobre la estabilización del régimen democrático, toda vez que sus posibilidades de prosperar dependen de que obtenga permanentemente rentabilidad, independientemente de las políticas de Estado. En la medida en que subsistan la desregulación, la apertura comercial y la liberalización financiera, el capital puede realizar negocios ventajosos y obtener ganancias aún en un contexto económico signado por la recesión, la caída de los consumos populares y el desempleo de masas. Mientras la prosperidad del viejo capital industrial de la etapa “fordista”, tenía como una de sus principales condiciones la existencia de un alto consumo de masas, las requeridas por el capital financiero se encuentran totalmente disociadas del bienestar colectivo o de los consumos populares; de ahí su carácter parasitario. La estabilidad keynesiana de posguerra se basó en: paz social y respeto a los derechos de propiedad privada a cambio de pleno empleo, y redistribución progresiva de los ingresos. La prosperidad del mercado interno y el alto poder de consumo de las masas eran tanto una “conquista” de los trabajadores como una garantía de la rentabilidad empresaria y de la estabilidad del pacto político “socialdemócrata” de posguerra. Nada de esto tiene sentido ahora bajo el predominio del capital financiero. Su fortuna no depende del dinamismo del mercado interno 167.

Mientras el capital industrial se encuentra ligado al espacio nacional y debe, por lo tanto, elaborar estrategias de largo plazo, congruentes con la maduración de sus inversiones, el capital financiero se halla completamente liberado de tales restricciones y opera con independencia de su base nacional y en un horizonte temporal de muy corto plazo. Si en el primer caso el capital industrial se convierte en una especie de “rehén” del país, su mercado interno y eventualmente su gobierno, en el caso del capital financiero, es éste quien tiene de rehén a países, mercados internos y gobiernos 168.

La supremacía del capital financiero actualmente:

  • instituye una modalidad de acumulación en donde las ganancias del capital son independientes del crecimiento general de la economía. Esto refuta la tesis liberal que afirma que es el capital quien genera crecimiento económico. La experiencia internacional de los últimos veinte años enseña que éste puede prosperar y sus ganancias agigantarse sin que se produzca el crecimiento económico.

  • tiene impactos macroeconómicos que acentúan la pobreza, la desigualdad social y la inequidad económica, provocando desempleo masivo, pauperización y exclusión social tanto a escala nacional como internacional.

  • distorsiona el proceso económico al someter a todo el sistema a las estrategias del segmento especulativo del capital 169.

Se estima que alrededor del 95% del capital que se moviliza por los circuitos financieros internacionales es de carácter especulativo 170.

        DE BRETTON WOODS AL ACUERDO MULTILATERAL DE INVERSIONES

A partir de la finalización de la segunda guerra mundial, la diplomacia norteamericana se dedicó a diseñar y poner en funcionamiento un conjunto de instituciones intergubernamentales, destinadas a preservar la supremacía de los intereses de EUA y regular el funcionamiento del sistema internacional, para asegurar su adecuada gobernabilidad 171.

Si durante la Guerra Fría, fueron las instituciones políticas y militares del orden mundial las que desempeñaron la función articuladora general de la dominación; a partir del predominio del capital financiero y la crisis y descomposición de la URSS y el fin del sistema bipolar, se produjo un desplazamiento del centro de gravedad político de EUA hacía las instituciones de carácter económico, particularmente durante la etapa de Bill Clinton, dado que necesitaba recuperar competitividad económica frente a Europa y Asia.

Se dio un fortalecimiento del BM y el FMI, debilitando, a su vez, las instituciones internacionales de interés para los países de la periferia: salida de EUA y el Reino Unido de la UNESCO durante el período de Reagan y Thatcher; la retención del pago de las cuotas de sostenimiento financiero de la ONU; significativos recortes en los presupuestos de agencias en las que los países del Tercer Mundo tenían voto mayoritario, como la OIT, UNESCO, UNIDO, UNCTAD.

En 1974 la AG de la ONU adoptó la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, un cuerpo legal en el cual se establecía el derecho de los gobiernos a “regular y ejercer su autoridad sobre las inversiones extranjeras” así como “regular y supervisar las actividades de las empresas multinacionales.” Se reafirmaba el derecho de los Estados a “nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de los inversionistas extranjeros” 172. La Carta fue acompañada por la elaboración de un “Código de Conducta para las Empresas Multinacionales” y la creación de un Centro de Estudios de la Empresa Transnacional, ambas iniciativas destinadas a favorecer el mejor conocimiento y el control público de los nuevos actores de la economía mundial y orientado a sentar las bases de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo. Desde 1970 el Foro Económico Mundial venía reuniéndose en Davos, pero la correlación mundial de fuerzas acallaba sus voces y no lograba impedir, esta toma de posición de la ONU dada por el voto mayoritario de los países del Tercer Mundo en la AG. La correlación de fuerzas, en realidad era mayoritaria desde el punto de vista de los votos, pero no del poder real.

Una vez afianzada la hegemonía del capital financiero, se abolió la citada Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados y el Código de Conducta y se liquidó el Centro de Estudios de la Empresa Transnacional. Suerte similar corrieron las iniciativas también surgidas en aquellos años, tendientes a democratizar las comunicaciones mediante la creación de un Nuevo Orden Informativo Internacional 173. En los ‘90 el debate se orientó a temas ajenos a los intereses de la periferia. Adoptar un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) que significaría la legalización de la dictadura, que de facto ejercen los grandes oligopolios en los mercados, porque la soberanía de los Estados en materia legal y jurídica quedaría por completo relegada y subordinada a las imposiciones de las empresas 174.

La UNCTAD que fue diseñada por Raúl Prebisch a mediados de los ‘60 con el propósito de atenuar el impacto del GATT sobre los países del Tercer Mundo, fue sometida a similares recortes y restricciones jurisdiccionales. Sólo puede brindar asistencia técnica a los países subdesarrollados en aspectos comerciales y hacer algo de investigación, pero tiene expresamente prohibido ofrecer consejos de política a esos países. Esa es la tarea asignada al BM, el FMI y la OMC. Un conjunto de funciones que antes se encontraban en manos de la UNCTAD, OIT, UNESCO, fueron expropiadas por los organismos de Bretton-Woods. La política laboral la fija la OMC en lugar de la OIT; los temas educativos son también objeto de preferente atención y monitoreo por el BM y no por la UNESCO; la problemática de la salud fue también en gran medida extraída de la OMS y puesta al cuidado del BM y el FMI, al igual que las políticas sociales y previsionales en donde ambas instituciones cooperan con la OMC en fijar los parámetros de lo que debe hacerse en esas materias. Por su parte, el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la ONU fue despojado de sus prerrogativas y jerarquías 175. El ECOSOC comprende la mayoría de los temas de la agenda mundial: pobreza, desempleo, endeudamiento, problemas de agua potable, migraciones, crecimiento demográfico, inversiones, desarrollo económico-social, etc.; no obstante, no es de interés de las grandes potencias, ni de los actores transnacionales que sea este órgano el que se ocupe del “gobierno” de los asuntos mundiales y sí el Consejo de Seguridad.

        (DES)GOBIERNO DE LAS INSTITUCIONES POLITICAS GLOBALES

En los últimos veinte años se ha producido un desplazamiento de los centros de decisión internacional desde agencias e instituciones como la ONU, hacia otras de naturaleza tecnocrática, que imponen políticas a través del proceso de las “condicionalidades” a los países que monitorean, y sólo rinden cuenta ante los ejecutivos de sus propios gobiernos y que carecen de control popular de las decisiones que allí se toman y que afectan la vida de millones de personas. Este es el caso, de las instituciones nacidas de los acuerdos de Bretton Woods, el FMI y el BM.

El FMI se rige por un sistema de voto calificado que coloca el poder decisional en manos del capital y principalmente del representante norteamericano. EUA tiene el 17,35 % del poder de voto mientras que Japón sólo controla el 6,22 % de los votos. Cualquier decisión importante requiere una mayoría calificada del 85 % de los votos del directorio. Pero EUA tiene poder de veto. El conjunto de países de la UE tiene 23,27 % de los votos, pero carece de unidad suficiente como para modificar la voluntad de EUA. Los países miembros de la UE nunca votaron unánimemente en contra de una iniciativa de EUA, en el seno del directorio del FMI. De acuerdo con las últimas reformas que entraron en vigencia en noviembre del 2010, las operaciones cotidianas del FMI están a cargo del Directorio Ejecutivo, que tiene 24 miembros. Los 5 accionistas mayoritarios: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido, más otros 3: China, Rusia y Arabia Saudita, asignan un directivo cada uno. El resto de países deciden los 16 miembros restantes. De esta manera, los países ricos tienen un poder de decisión abismal comparado con el de los subdesarrollados. El FMI se rige por un sistema de voto calificado que coloca el poder decisional en manos del capital y principalmente del representante norteamericano. EUA en 1947 tenía el 31,1% del poder de voto total. En 1959 pasó a tener el 25,4%; 1981 el 19,1%; luego el 17,81 y en la actualidad bajó al 16% del poder de voto total; mientras que Japón pasó de 5,54 al 6,3% de los votos. China quedó en el tercer lugar pasando del 2,29 al 6,07%. Como resultado del reequilibrio de las cuotas, además de China, Brasil, India y Rusia se encontrarán entre los 10 principales accionistas. A cada país se le asignaron 250 votos iniciales, más uno por cada 100 mil dólares de cuota o subscripción. Estas se calcularon inicialmente en base al PIB, las reservas de divisas y el peso del comercio exterior. Los cálculos se revisan cada cinco años y han ido variando las posiciones relativas de los distintos países. A lo largo de estos 50 años el porcentaje de votos de Europa, Japón y los países en desarrollo exportadores de petróleo ha aumentado, y el de Estados Unidos ha disminuido. Los porcentajes de votos varían dependiendo de las regiones y el grado de desarrollo: Países industrializados 59,15%; Europa este y ex-URSS 7,50%; Países en desarrollo 33,34% 176. Cualquier decisión importante, inicialmente se tomaba con el 70% de los votos, pero a partir de las reformas de 1976, se requiere una mayoría calificada del 85 % de los votos del Directorio, pero EUA tiene poder de veto. El conjunto de países de la UE tiene 23,27 % de los votos, pero carece de unidad suficiente como para modificar la voluntad de EUA. Los países miembros de la UE nunca votaron unánimemente en contra de una iniciativa de EUA, en el seno del directorio del FMI. El voto europeo fue invariablemente fragmentado, con Gran Bretaña cumpliendo su papel de “socio” de los intereses norteamericanos 177. El FMI no refleja el poder financiero y comercial real actual, toda vez que EUA tiene más poder de voto que China por ejemplo. Esto también se observa en el marco de la OMC. Un análisis sobre las disputas comerciales muestra que sobre 46 casos de conflictos comerciales EUA perdió 10 y ganó 36 178. Estas son las instituciones supranacionales que hoy constituyen el embrión de un “gobierno mundial”.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Construcción de un Orden Mundial Imperial, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6267-7


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

158 Este tema lo he tratado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. III.

159 Fitoussi, Jean-Paul, (Economista y filósofo, profesor del Instituto de Estudios Políticos, Paris), “Un Mal Regreso de las Ideologías, en Diario Clarín, Buenos Aires, 23 de Abril del 2003. Reproducido del Le Monde. Traducción de Cecilia Beltramo.

160 Cuando hablo de un poder de policía supremo, no me refiero al poder de los poderosos, sino a la capacidad suprema de organismos internacionales de establecer pautas de orden y de hacerlas cumplir o de sancionar por incumplimiento. Esto es inexistente, toda vez que los organismos internacionales, para lograr sus fines dependen de la “estructura” de poder de sus miembros.

161 Ver más arriba, el gráfico sobre la “posibilidad del orden justo”.

162 Strange, Susan, Mad Money When Markets Outgrow Governments, (Ann Arbor, The University of Michigan Press, 1998) págs. 9-10.

163 Chesnais, Francois, A Mundializacao do Capital, (Sao Paulo, Xamá Editora, 1996), pág. 16.

164 Druker, Peter, “The Global Economy and the Nation-State”, en Foreign Affaire, Vol. 76, N° 5, September-October 1997, pág. 162.

165 Strange, Susan, Mad Money When Markets Outgrow Governments, (Ann Arbor, The University of Michigan Press, 1998) pág. 1.

166 Chesnais, Francois, A Mundializacao do Capital, (Sao Paulo, Xamá Editora, 1996), pág. 16.

167 Boron, Atilio A., El Nuevo Orden Imperial y Como Desmontarlo, en Seoane, José y Taddei, Emilio (Compiladores), Resistencias Mundiales: De Seattle a Porto Alegre, (Buenos Aires, CLACSO, 2001).

168 Held, David, “Regulating Globalization? The Reinvention of Politics”, en Internacional Sociology, Vol. 15, 2000, pág. 398. También, Yashpal, Tandon, “Global Governance and Justice”, in Volker Rittenberger, ed. Beyond Anarchy: International Cooperation and Regimes, (Oxford, Oxford University Press, 2001).

169 Boron, Atilio A., El Nuevo Orden Imperial y Como Desmontarlo, en Seoane, José y Taddei, Emilio (Compiladores), Resistencias Mundiales: De Seattle a Porto Alegre, (Buenos Aires, CLACSO, 2001).

170 Strange, Susan, Casino Capitalism, (Oxford, Blackwell Publishers, 1986).

171 Chomsky, Noam, “Poder en el Escenario Global”, en New Left Review (Edición en español), Enero del 2000. También, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas Entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

172 Panitch, Leo, “The New Imperial State”, en New Left Review, Marzo-Abril del 2000, pág. 11.

173 Boron, Atilio A., El Nuevo Orden Imperial y Como Desmontarlo, en Seoane, José y Taddei, Emilio (Compiladores), Resistencias Mundiales: De Seattle a Porto Alegre, (Buenos Aires, CLACSO, 2001).

174 Este tema lo desarrollé en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una Macro-Etapa, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), Cap. I.

175 Boron, Atilio A., El Nuevo Orden Imperial y Como Desmontarlo, en Seoane, José y Taddei, Emilio (Compiladores), Resistencias Mundiales: De Seattle a Porto Alegre, (Buenos Aires, CLACSO, 2001).

176 FMI, Ficha Técnica, 5-11-2010, http://www.imf.org/external/np/exr/facts/spa/quotass.htm.

177 Brzezinski, Zbigniew, The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives, (New York, Basic Books, 1997), págs. 28-29.

178 Alternatives Economiques, N° 47, Primer Trimestre del 2001, París, Francia, pág. 33.