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Powell consideró que “la coalición tiene que desempeñar el papel principal”.
Se observaron los importantes cambios en la estructura internacional generados por la actitud unilateral de EUA en el caso Irak. Por causa de ello, se abrió una profunda grieta en el seno de la OTAN, y los esfuerzos de reconstrucción de Irak parecieran no facilitar una resolución sencilla al tema.
Según Europa, la ONU debía tener cabida en cuatro tareas básicas:
1) La validación legal del nuevo gobierno que sustituyera al de Saddam Hussein a través de una resolución del CS. Sin ese requisito, cabrían impredecibles consecuencias jurídicas contra la nueva administración y los negocios que ella adjudique o administre.
2) El manejo de la asistencia humanitaria.
3) El control del petróleo; y
4) El control de la reconstrucción.
Tanto Francia, Rusia como Alemania vieron con aprensión la actitud del gobierno de Bush cuando, casi al inicio de la guerra, adjudicó contratos a empresas que estuvieron ligadas a funcionarios de la Casa Blanca [664].
El Canciller francés Dominique de Villepin dijo que “Creemos que las Naciones Unidas deben desempeñar un papel central, sea político o económico. (...) La ONU es la única organización internacional que puede legitimar la reconstrucción de Irak”. De todas formas, el gobierno norteamericano se manifestó renuente a dejar en manos de otros, que no tuvieron que ver con la guerra, el manejo del país petrolero, argumentando que había arriesgado las vidas de sus soldados y gastado miles de millones de dólares para prepararlo para lo que llamó un gobierno representativo. Invitó a sus aliados a contribuir con los gastos de la ayuda humanitaria. El plan de EUA era que un administrador norteamericano, el teniente general retirado Jay Gardner, manejara Irak en conjunción con fuerzas de EUA y Gran Bretaña hasta que EUA pudiera establecer una “autoridad iraquí interina” con poderes limitados. Gran Bretaña, el mayor aliado de EUA en la guerra contra Irak, enfatizó la necesidad de dejar el poder en manos del pueblo iraquí cuanto antes. El Secretario de Relaciones Exteriores británico, Jack Straw, aclaró que su país quería que la ONU desempeñara un papel similar al que tuvo en Afganistán, donde supervisó la conferencia que nombró al nuevo gobierno de Kabul y su asunción en el 2001. El gobierno británico buscaba un protagonismo mayor de la ONU porque le ayudaría a tender puentes con sus socios europeos, heridos por su pro-americanismo. Powell, en tanto, señaló que la OTAN podría proveer fuerzas de paz para el período de posguerra en Irak [665].
El gobierno norteamericano expresó que quería pagar la reconstrucción con el crudo de Irak. La administración estadounidense manifestó que quería de hecho instalar en Irak a un alto ejecutivo petrolero norteamericano para que supervisara la producción y exploración iraquí. Los expertos iraquíes que se encontraban fuera del país serían contratados para manejar las futuras ventas de crudo. Pero Francia, Gran Bretaña y Rusia se opusieron y buscaron que se respetaran sus contratos petroleros firmados con el gobierno de Saddam Hussein antes de la guerra.
El presidente de turno del CS de la ONU, el mexicano Adolfo Aguilar Zinser, dijo que ese órgano había expresado su compromiso para con el principio de que “el petróleo iraquí les pertenece a los iraquíes”. La perspectiva de que EUA ejerciera el control sobre la industria petrolera iraquí aumentó la oposición extranjera a los planes de posguerra de EUA y reforzó las sospechas, alimentadas sobre todo en los días de debate en la ONU previos al inicio de la guerra, de que la Casa Blanca lanzaba su ofensiva militar básicamente para apoderarse del crudo de Irak, que tiene las segundas reservas del mundo.
Tanto Rusia como Francia, Gran Bretaña y otros miembros del CS buscaron preservar el manejo de la ONU de la industria petrolera iraquí y evitar que fuera manejada por EUA [666].
En una aparente diferencia pública con el gobierno estadounidense, el Primer Ministro británico, Tony Blair, anunció en una carta abierta a los iraquíes que su país iba a ser dirigido por ellos mismos y no por EUA, Gran Bretaña o la ONU: “Después que el régimen de Saddam Hussein caiga, el trabajo de construir un nuevo, libre y unido Irak va a comenzar. (...) Un pacífico y próspero Irak que será gobernado por la gente de Irak. (...) Nuestras tropas se irán lo más rápido posible. No van a estar más allá de lo necesario. (...) El dinero del petróleo iraquí será para los iraquíes. Va a ser usado para construir prosperidad para ustedes y sus familias”. Con su carta abierta, el Primer Ministro británico contradecía los planes de EUA de imponer una administración estadounidense basada especialmente en el ejército en Irak. Pero también cerraba la puerta a que la ONU gerenciara Irak políticamente, como lo pidieron los gobiernos europeos: “Nuestro deseo es avanzar lo más rápido posible a un gobierno interino dirigido por los iraquíes” [667].
En la “Cumbre Sobre la Guerra” celebrada en Belfast, a principios de abril del 2003, pareciera que la posición internacionalista de Tony Blair y las “palomas” del Departamento de Estado norteamericano tuvieron éxito en lograr que George W. Bush aceptara darle a la ONU un papel relevante en la organización gubernamental de Irak. Durante una conferencia de prensa en el castillo de Hillsborough, Bush lo definió en términos de “provisión de alimentos, ayuda humanitaria, contribuciones y la sugerencia de nombres para la formación del gobierno interino que servirá hasta que aparezca el verdadero gobierno. (...) Cuando decimos un papel vital para las Naciones Unidas queremos decir un papel vital en todos los aspectos de la misión. (...) Es evidente que hay cierto escepticismo en Europa de que realmente hablo en serio cuando digo esto. Saddam Hussein sabe ahora que yo hablo en serio.”
La etapa de postguerra se había acordado manejarla en tres fases:
1) En el primer período, las fuerzas armadas norteamericanas y británicas retendrían el control de la seguridad, mientras la administración de los servicios públicos, la infraestructura y la asistencia sanitaria quedaba en manos de la Oficina Norteamericana para la Reconstrucción y Ayuda Humanitaria (ORHA).
2) La formación de la Administración Interina iraquí, que no tendría poderes ejecutivos, sólo trabajaría en coordinación con la ORHA. De ella participarían tanto exiliados iraquíes como aquellos oficiales menores del Partido Baath (de Saddam) que demostraran no haber participado de pleno en el gobierno.
3) La última fase sería el paso hacia un gobierno representativo en el que intervendrían todas las facciones y tribus iraquíes, como ocurrió en Afganistán, para luego llamar a elecciones abiertas.
Bush también reconoció que Tony Blair tenía razón cuando le advertía que la reconstrucción de Irak no sería barata y que necesitaría, por lo tanto, de los recursos de la comunidad internacional. Por otra parte, la preocupación de Blair también se concentró en que Jacques Chirac y Gerhard Shröder no insistieran en su posición de no “legitimar” la agresión contra Irak mediante una resolución de la ONU [668].
Otro tema central ha sido el de los refugiados y desplazados. El Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) fue el que llevó a cabo el tratamiento de este tema. Conjuntamente con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se construyeron campos para albergar a los desplazados internos en Dohuk, Erbil y Sulaimaniyah, al norte de Irak.
Más de un 60 por ciento de la población de Irak dependía para su supervivencia de las raciones alimentarias que provenían del Programa Petróleo por Alimentos, establecido en 1995. En virtud de ese programa, la población de Irak ha recibido desde entonces el valor de casi 27.000 millones de dólares en suministros y equipo humanitario. La aplicación del programa ha sido vigilada por el Comité de Sanciones del CS de la ONU, encargado de autorizar el suministro de alimentos, medicinas y otros artículos de índole humanitaria.
La obligación de proteger a la población civil y dar socorro a las víctimas fue una obligación vinculante para toda fuerza beligerante. El Cuarto Convenio de Ginebra señala que los que tienen control efectivo de cualquier territorio son responsables de satisfacer las necesidades humanitarias de su población y se les requiere que mantengan el diálogo y la cooperación con las organizaciones internacionales que trabajan en el socorro humanitario [669].
Lo correcto, lo necesario y lo justo, según Powell, era apoyar a la coalición desplegada en Irak. Como Colombia, Costa Rica, la República Dominicana, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá, más allá de que sus posiciones hayan estado más ligadas a cuestiones domésticas que al derrumbe del régimen, y de las estatuas, de Saddam Hussein. La guerra contra el narcoterrorismo, en un caso; los acuerdos de libre comercio, en los otros. La Argentina, no entró en los agradecimientos “por su valiente postura en pro de lo que es correcto, lo que es necesario y lo que es justo”.
Dejó entrever, que Irak no está tan lejos militarmente de Colombia. Puso en un plano de igualdad a Irak con Cuba, reparando en Chile, demorado su acuerdo de libre comercio, y en México, demorado su acuerdo migratorio. Gobiernos que habían sido puntales, en el CS de la ONU.
Lejos de las represalias, al menos en público, Powell admitió que EUA no puede solo. No pudieron en Irak, por el rechazo popular, y tampoco pueden en América Latina. Sobre todo, con los ánimos caldeados contra ellos [670].
La estrategia de EUA, entre otros temas, continuará orientada a propiciar el cambio de régimen en aquellos países que considere problemáticos o peligrosos y lo hará, fundamentalmente por medio de la coerción diplomática y militar.
Después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 EUA identificó dos zonas de diferente significación para sus intereses en América Latina:
1) La amplia Cuenca del Caribe, que cubre el Caribe insular, Panamá, Centroamérica y México, que forma parte del perímetro externo de defensa estadounidense y, por lo tanto, la extensión de su seguridad interna. Los niveles de autonomía de esta subregión tenderán a reducirse y las tensiones entre EUA y Cuba seguramente se incrementarán.
2) En Colombia y en la frontera colombo-venezolana, EUA localizó una zona de alto riego terrorista y en la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil, ubicó una zona de riesgo potencial en términos del terrorismo.
Intentará
achicar la diferencia entre gobiernos latinoamericanos funcionales
a los intereses económicos y de seguridad de EUA y las
sociedades y gobiernos latinoamericanos críticos respecto de sus
políticas y se aprovechará de la falta de convergencias,
coordinación de políticas y consensos básicos que
hay entre los gobiernos de la región, tanto
históricamente como en la actualidad.
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