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Por su parte, el Imperio no puede ser concebido como una república universal, una red de poderes y contrapoderes estructurados en una arquitectura inclusiva y sin límites. No puede haber conductas contestatarias, porque no serían toleradas.
Las manifestaciones que se han llevado a cabo en todo el mundo, por parte de la sociedad civil (febrero del 2003), contra la intervención de EUA en Irak [369] y las declaraciones del Movimiento de Países No Alineados contra la guerra en Irak en la Cumbre de Kuala Lumpur, Malasia (Febrero del 2003), 116 Estados, más de los dos tercios de los Estados del planeta, lo que constituiría la voluntad de la comunidad internacional, mostraron el desacuerdo con la voluntad del gobierno de EUA de constituirse en imperio, pero también la debilidad para frenar su voluntad.
Las manifestaciones no se comunican entre sí, pese a ser hipermediatizadas, en televisión, en internet y en cualquier otro medio imaginable. Nos enfrentamos a la paradoja de la incomunicabilidad.
En el interior de los países de la periferia existe un divisionismo. Por un lado las naciones, con sus necesidades, sus demandas y también su ingenuidad, por el otro los gobiernos que son más funcionales al modelo dominante -por algo logran apoyo internacional a sus candidaturas- y a los organismos multilaterales de pago a la vez que a la concepción de mundo que tiene EUA.
No se da una construcción de propias capacidades, sino más bien, un ataque a las capacidades de otros o a los efectos de las políticas que otros aplican; por lo que no hay una verdadera construcción de poder para crecer.
El tema es que, sin construcción de poder, no hay soberanía. La soberanía no puede estar sujeta al gobierno de otros [370]. Y lo que está pasando desde hace años, es justamente esto [371].
El cambio de paradigma se observa cuando de una situación característica de “anarquía” del sistema internacional -todos los Estados tienden hacia sus intereses soberanos- se pasa hacia una forma de “centralización subordinada” en la que el poder de policía no lo tiene el Estado-Nación, sino otros actores o un Estado más poderoso. El “orden” ya no es la resultante de las “mutuas represiones” soberanas, aunque asimétricas, sino de la subordinación de la mayoría al más poderoso.
Frente al concepto de “choque entre civilizaciones”, dónde queda el concepto de “autodeterminación”.
El derecho a la auto-determinación de las naciones subordinadas se ha expresado como un derecho a la secesión del control de las potencias dominantes. De este modo las luchas anticoloniales utilizaron el concepto de Nación como un arma para derrotar y expulsar al ocupante enemigo. El concepto de Nación también sirvió como instrumento para detener el discurso dominante que consideraba a los pueblos y culturas dominadas como inferiores.
Este derecho queda perimido al debilitarse el concepto de soberanía frente a la “mundialización” desigual. Al igual que en la etapa de la colonización de América, que todo se veía desde el punto de vista de la civilización del colonizador y lo mejor era poner a los indios bajo el control y tutela de la verdadera religión y su cultura. La “civilización occidental” comandada por EUA tiene las mismas pretensiones con el planeta. El debilitamiento de la soberanía se ve acentuado ahora con los nuevos criterios paradigmáticos de construcción del orden: “Eje del Mal”; “Estados Canallas”.
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