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El modo en que la efectividad del nuevo poder es demostrada no tiene nada que ver con el viejo orden internacional, ni sirve para los instrumentos e instituciones del viejo orden.
Durante su formación, el nuevo poder debe demostrar la efectividad de su capacidad de intervención, al mismo tiempo que se construyen las bases de su legitimación. De hecho, la legitimidad del nuevo poder está, en parte, basada directamente sobre la efectividad de su “uso de la fuerza”. En este campo, la Doctrina Rumsfeld plantea la “novedad, cuando habla, justamente, de la capacidad de operar en “dos frentes” al mismo tiempo [333].
De todas formas, la “intervención moral” se ha convertido en una fuerza de avanzada de la intervención imperial. Esta intervención prefigura al estado de excepción desde atrás. La intervención moral sirve como un primer acto que prepara el escenario para la intervención militar. En esos casos, el despliegue militar es presentado como una acción policial sancionada internacionalmente. La protección de los derechos humanos es el mejor ejemplo; aunque hay otros, como la “certificación” o “descertificación” por parte del gobierno de EUA, de ciertos países por su contribución a la lucha contra el narcotráfico, o en la lucha contra el terrorismo.
En la actualidad, la intervención militar es cada vez menos un producto de decisiones emanadas del viejo orden internacional e incluso de las estructuras de la ONU. En general, es dictada unilateralmente por EUA, y luego, les solicita a sus “aliados” -cuya capacidad no es la misma- la puesta en marcha de un proceso de contención armada y/o represión del considerado enemigo del Imperio. Estos enemigos son, con frecuencia, llamados terroristas, una reducción conceptual enraizada en una mentalidad “policial”.
La relación entre prevención y represión es particularmente clara en el caso de intervención en conflictos étnicos. Un segundo ejemplo de la represión preparada mediante la acción preventiva son las campañas contra los grupos corporativos de negocios, o “mafias”, en particular aquellos involucrados en el tráfico de drogas.
Las cortes internacionales o supranacionales están forzadas a seguir esta línea. Los ejércitos y la policía imperiales, se anticipan a las cortes y preconstituyen las reglas de la justicia que las cortes deben aplicar. Las intervenciones toman la forma de acciones policiales porque están destinadas a mantener un “orden interno” que tiene que ver con el Imperio. Por ello EUA se ha encargado de que se creen “tribunales especiales”, como el de la ex-Yugoslavia o el de Ruanda, pero no se subordina al Tribunal Penal Internacional, más allá de que ya alcanzó su vigencia el 1° de julio del 2002.
Las que tradicionalmente se llamaron prerrogativas de la soberanía del Estado-Nación, parecen estar trasladándose al Imperio. De todas formas, van tomando una forma diferente. Por ejemplo, la función soberana de desplegar fuerzas militares era llevada a cabo por los Estados-Nación modernos, y ahora conducida por el Imperio, pero, la justificación para dichos despliegues ahora descansa sobre un estado de excepción permanente, y los propios despliegues toman forma de “acciones policiales”. Otras prerrogativas reales tales como aplicar la justicia tienen la misma forma.
La constitución del Imperio no está siendo formada sobre la base de ningún mecanismo contractual o apoyado en tratados, ni desde ningún origen federativo. No está surgiendo un “Estado mundial”; hay un proceso creciente de dominación estructural, pero no basado exclusivamente en la fuerza, sino en diversas formas de legitimación del poder. La construcción comprende aspectos económicos, industriales, de comunicaciones, jurídico-institucionales, militares, etc. Se trata de una forma de “globalización” del poder del más poderoso.
Dicho en términos de Max Weber acerca de las formas de legitimación del poder, el salto cualitativo que presenta el Imperio en esta definición consiste en la mezcla de:
1) elementos típicos del poder “tradicional”;
2) una extensión del poder “burocrático”; y
3) una dominación, porque para Weber la dominación carismática es esencialmente irracional y emotiva, no responde a reglas, es desrutinizada, definida por el “carisma” que se alza como un poder de efectividad de las intervenciones imperiales [334].
El imperio se reproduce en cada uno de los Estados que controla, cooptando sus sistemas políticos con gobiernos funcionales a sus intereses imperiales.
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Guerra fría: paradigma central, guerra total contra
el comunismo,
o a la inversa, contra el capitalismo.
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Post-bipolarismo: oposición frontal a países
que EUA percibe como obstáculos para la construcción de
su Imperio.
Fin de la “Macro-Etapa” del Estado-Nación. Finaliza el Estado “Westfaliano” y dejan de regir sus principios. |
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Desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, la guerra
contra el terrorismo se convirtió en el instrumento de una
estrategia de dominación planetaria.
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Tres características definen el nuevo paradigma que
el gobierno
de EUA trata de imponer: 1) creciente unilateralismo; 2)
subversión profunda de las normas internacionales; 3)
militarización sistemática de los diferendos [335].
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Desarme global EUA-URSS a partir de los acuerdos de
Reykiavik de
1985 y resolución pacífica de los conflictos
internacionales localizados, que tuvieron que ver con el conflicto
Este-Oeste.
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EUA participó originariamente en los principales
convenios que permiten bloquear o vigilar el armamento de los miembros
de la comunidad internacional, pero se rehúsa a someterse, en
materia de armas químicas o biológicas, a los mecanismos
de control previstos en el protocolo de 1995, en el marco del Convenio
de 1971. En 1999 el senado
de EUA excluyó toda ratificación del tratado de
limitación de armas nucleares.
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Territorialidad y jurisdiccionalidad de la ley penal.
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EUA desafía a la justicia internacional en la medida
en que ésta no se somete a sus intereses. Promueve la
creación de tribunales especiales, como el de la
ex-Yugoslavia, el de Ruanda, toda vez que sus competencias quedan
circunscriptas y pueden contribuir a la eliminación de
regímenes hostiles; incluso propone crear un tribunal especial
para Irak; pero se opone al Tribunal Penal Internacional, previsto en
el Acuerdo de Roma de 1998 y que entró en vigencia
en julio del 2002. Una vez ocurrido esto, el gobierno de EUA
comunicó al Secretario General de la ONU que no estaba vinculado
a los objetivos de ese Tribunal; además, amenazando retirarse de
todas las campañas de paz de la ONU, logró que el CS
tomara una decisión el
13-7-2002 que garantiza la “inmunidad” de los soldados estadounidenses
ante el TPI. En su objetivo de expansión de la OTAN hacia el
Este,
exigió que los ingresantes firmaran convenios bilaterales con
EUA
de no extradición y juicio en el TPI. La UE, mediante un acuerdo
de los Ministros de Relaciones Exteriores del 30-9-2002, también
aceptó la redacción de un texto que permite a sus
miembros
firmar con EUA acuerdos bilaterales que otorguen inmunidad a los
estadounidenses.
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Ha generado leyes con alcance extraterritorial, como
la Helms-Burton para Cuba, la D’Amato para Libia e Irán, que
sanciona a las compañías extranjeras que mantengan
vínculos con esos países.
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Decidió no ratificar el Protocolo de Kyoto de
protección del medio ambiente.
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GATT y el “regionalismo protegido”.
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Violando disposiciones de la OMC en mayo del 2002
decidió aumentar las tarifas aduaneras para proteger a sus
productores de acero; a la vez que el gobierno federal otorga subsidios
al sector agrícola -esto también lo hace la UE-.
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Declaración Universal sobre los Derechos Humanos de
la ONU
en 1948.
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En el ámbito de los derechos de las personas, no ha
ratificado el Protocolo contra las Minas Antipersonales. Tampoco el
Convenio sobre Derechos del Niño de la ONU (1989), ni el
Acuerdo de la ONU sobre los derechos Económicos, Sociales y
Culturales (1966), ni el Convenio sobre la Eliminación
de Formas de Discriminación contra la Mujer (1979), ni
el protocolo de 1989 que completa el acuerdo dirigido a prohibir la
ejecución de menores, que todavía se practica en EUA, al
igual que en Arabia Saudita, Irán, Nigeria y República
del Congo.
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Guerra Fría y “contención del comunismo”.
Interregno de construcción de la “coexistencia pacífica”.
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Más allá de que el principio de no injerencia
y la
no recurrencia a la fuerza siguen sustentando el orden internacional,
EUA
ya no se siente obligado a respetarlos cuando esos principios van
contra sus
intereses. En Septiembre del 2002 [336], reemplaza la
doctrina de “containment and deterrence” (contención
y disuasión) por la de “preemptive attacks”, ataques
preventivos, contra grupos terroristas o países percibidos como
amenaza. El concepto de “guerra preventiva” se traduce en: “Debemos
adaptar el concepto de amenaza inminente a las capacidades y objetivos
de nuestros adversarios hoy. Los Estados canallas y los terroristas
no tienen intención de adecuarse a los métodos
clásicos para atacarnos (...) EUA es favorable desde hace
mucho tiempo a una reacción anticipada cuando se trata de
responder a una amenaza que apunta hacia la seguridad nacional [337].
Cuanto más grave es la
amenaza, mayor es el riesgo de inacción, y más importante
es tomar medidas preventivas para garantizar nuestra defensa, aun
cuando subsistan dudas sobre el momento y el lugar del ataque enemigo.
Para impedir o prevenir que esos actos sean perpetrados, EUA se reserva
la posibilidad, dado el caso, de actuar por anticipado”. “La guerra
contra el terrorismo no será vencida en la defensiva”.
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| Durante el sistema bipolar, la OTAN, junto a otros sistemas de seguridad colectiva constituyeron el instrumento de “contención” a la URSS, que utilizó como sistema de defensa al Pacto de Varsovia. Estos sistemas de seguridad colectiva constituyeron una “apuesta” a la imposibilidad de la ONU a mantener la paz y la seguridad internacional. | Luego del fin del bipolarismo (1991) EUA expandió la OTAN como instrumento de disciplina global y la utilizó en casos, como el Kosovo 1999 o Afganistán en el 2001. En el caso Irak II (2003) al ver el gobierno norteamericano que parte de sus socios en la OTAN no le respondían incondicionalmente, decidió adoptar un nuevo sistema de intervención: las “coaliciones ad hoc”. |
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Legítima Defensa: Art. 51 Carta de la ONU.
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El gobierno de EUA instrumentaliza el derecho internacional
con el fin de cubrir sus agresiones con un velo de legalidad y
legitimidad, mostrando que hace justicia.
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La forma en que EUA plantea la resolución de los
conflictos, empuja hacia una militarización sistemática
de los conflictos, para lo que su gobierno utiliza dos vías: 1)
la multilateral, recurriendo al Capítulo VII de la Carta de la
ONU que autoriza el uso de la fuerza; y 2) la unilateral, cuando desea
actuar sólo, como en el
caso Afganistán, o no obtiene apoyo de la comunidad
internacional como en Irak en 2003.
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Hasta 1990 era muy raro que se recurriera al capítulo
VII de la Carta de la ONU, ya que el sistema bipolar bloqueaba el
empleo de la fuerza en las relaciones internacionales.
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El Capítulo VII de la Carta de la ONU fue puesto en
total funcionamiento con la intervención de EUA en la guerra del
Golfo en 1991. Desde entonces, inspira cada vez más las
decisiones del CS de la ONU, incluyendo la Resolución 1441 (2002)
sobre el tema de la inspección de armas en Irak.
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El intervencionismo unilateral por parte de EUA tiene
tradición, en muchos casos, utilizando el Corolario Teodoro
Roosevelt a la Doctrina Monroe de 1902. Los casos República
Dominicana (1965), o Grenada (1983) son ejemplo de
esto. Otros casos de intervención unilateral son: Nicaragua
apoyando a la “contra” para debilitar al gobierno sandinista;
Panamá (1990) para derrocar al gobierno de
Noriega y juzgarlo en tribunales norteamericanos; Somalía; en
la campaña “Zorro del Desierto” contra Irak en 1998 y toda vez
que decidió bombardear las zonas de exclusión en ese
país;
al bombardear Afganistán y Sudán en respuesta a atentados
contra sus embajadas en Nairobi y Dar-Es-Salaam (1998) y
también
en la guerra de Afganistán (2002).
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Si bien el principio de legítima defensa se encuentra
en el Artículo 51 de la Carta de la ONU, EUA se rehusó a
pedir al CS de la ONU autorización para bombardear.
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Antes de la desintegración de la URSS en 1991, las
doctrinas tenían que ver con la “destrucción total” o con
la “retaliación limitada”.
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Ha finalizado la etapa del mantenimiento o el
restablecimiento de la paz, por medio de la “disuasión”. La
militarización de los conflictos, comprende también una
modificación en la doctrina militar. En la etapa post-bipolar
EUA diseña un nuevo enemigo: los “Estados ilegales”, como
antecedentes del “Eje del Mal”. Reestructura su aparato militar, en
principio, para hacer frente a dos conflictos importantes y
después del 11 de septiembre del 2001, a cuatro conflictos
medianos al mismo tiempo, considerando la ocupación de una
capital enemiga para imponer un gobierno. Esto va contra la
soberanía de los Estados tradicionales.
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En el terreno de las operaciones militares, EUA privilegia
las tropas locales, como el ELK en Kosovo o la “Alianza del Norte” en
Afganistán, para preservar a sus soldados.
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Pareciera que los objetivos centrales son: 1) dominio sobre
los recursos energéticos del planeta; 2) la construcción
del Imperio.
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Su prioridad inmediata es controlar a los países
árabes, apoyado por concepciones como “choque entre
civilizaciones” de Samuel Huntington, que le ofrece una
legitimación ideológica.
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Contrapeso y equilibrio de poderes -o equilibrio del
“terror”- EUA-URSS.
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Todo esto ocurre en el marco de una actitud débil por
parte del resto de los poderes mundiales.
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Modelo: Luis DALLANEGRA PEDRAZA
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La lucha contra la desigualdad es una lucha por el cambio de la estructura total y particularmente, de los factores que la favorecen. Esta lucha puede revestir la forma de producir una reestructuración del estado de cosas, de modo tal que los costos y beneficios se distribuyan más equitativamente [339].
Los factores y procesos económicos han operado en el mundo de tal manera que las tareas estimulantes [340] las realizan los “países del centro”, mientras que los “países de la periferia” deben encargarse de los aspectos rutinarios [341]. Esto significa que el “centro” tiene poder para determinar la cultura destinada a la “periferia” [342].
Pero además, significa que la “periferia”, que se encuentra “integrada” al centro, no realiza actividades orientadas al desarrollo científico-tecnológico, en parte por escasez de fondos y en parte por desinterés, comodidad, ignorancia de los grupos dirigentes, e incluso porque este tipo de actividades no tiene un rédito político en el corto plazo.
Divide et Impera - Métodos
a) Evitar que los países dominados tengan demasiado contacto “horizontal” y directo entre ellos; especialmente una interacción económica y comercial. De acuerdo con este principio, el contacto con el mundo exterior debe ser vertical, hacia el “centro”, antes que horizontal, entre los países de la “periferia”. Es preciso desconocer cualquier clase de agrupación o concertación organizada [344].
EUA logró en América Latina mantener este tipo de vinculación “vertical” a partir de golpes militares que generaron gobiernos “proconsulares” que fueron “funcionales” a sus intereses económicos y de seguridad durante la “guerra fría”. En la etapa post-bipolar, modificó su forma de procurar gobiernos afines, mediante el apoyo a la democracia “controlada”. Gobiernos surgidos por las urnas mediante el voto mayoritario, pero que sigan con los criterios económicos y de seguridad planteados por EUA, por ejemplo, en el Consenso de Washington de 1989 [345], legitiman las políticas que se siguen y resultan mejor vistos por sus pueblos que las dictadura militares. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos en la etapa post-bipolar respondió a estos criterios, salvo excepciones que han sido perseguida por los gobiernos norteamericanos, caso Chávez en Venezuela o Lula en Brasil y, desde ya, dejadas a manos de sus propio destino por el resto de los gobiernos de la región, cuyas aspiraciones son las de tener buenas relaciones con el gobierno de EUA bajo el criterio de que obtendrán ventajas.
b) Evitar el contacto multilateral entre la parte dominante y más de una de las partes dominadas [346].
c) El menor contacto posible entre los demás dominados y el mundo exterior. El contacto con el mundo exterior -sea con otros poderes dominantes o dominados- también debe pasar por el visto bueno del “centro” [347].
Los países dominantes se reservan el derecho de tratarse multilateralmente, derecho que niegan a sus subordinados. Esto impide que se organicen.
La única alternativa frente a este tipo de política, es buscar la coordinación externa en temas que no caigan dentro de la esfera de la “crucialidad” [348]. Estas conductas implicarían una desconfianza de la potencia dominante y la orientarían, por ende, a una nueva forma de fragmentación o incluso de sanción a los promotores de la coordinación.
No obstante ello, existen algunos casos que, independientemente de su situación actual, han sido suficientemente exitosos como para romper la estructura de la fragmentación. Un ejemplo que creo es ilustrativo en este sentido, es el caso OPEP, más allá de que, lamentablemente, los ingresos obtenidos por los gobiernos, fueron manejados de manera corrupta, en vez de generar desarrollo, educación, investigación científica, etc.
Pero, además, los países “Sur” desde principios de los ‘60 han desarrollado una buena cantidad de estrategias, tanto en el orden económico, como en el político, que les ha permitido aumentar la cooperación entre ellos, a la vez que coordinar sus posiciones respecto de los países “Norte”. No obstante, luego de fines de los ‘80, particularmente a partir de la aplicación del Consenso de Washington y la desintegración de la URSS, esto se terminó.
El poder estructural se vuelve realmente operacional cuando una Nación se introduce “bajo la piel” de otra a fin de formar las estructuras mismas de esa Nación. Esto reviste diversas formas y debe distinguirse la subversión, que es la penetración desde la “periferia”, de la superversión que es la penetración desde el “centro”.
1) Se da una relación entre las élites -de gobierno o privadas, lo importante es que constituyan factor de poder- de los países dominante y dominado. Aquí entran en escena las organizaciones internacionales gubernamentales para desempeñar su rol de grandes “igualizadoras”, no de países (como parecen pensar quienes confunden gobiernos con naciones), sino de delegaciones gubernamentales, de élites. La igualdad altamente formal que se establece a este nivel, es la que exigen comúnmente las élites de la periferia y éste, suele ser también el límite en que se detienen y no piden más.
2) Tanto en el país dominante como en el dominado, existe una desigualdad básica frente a la estructura y esta desigualdad está distribuida en sí misma de “manera desigual”. La desigualdad en la “periferia” es mucho mayor que en el “centro”. Si no fuese así, no habría mano de obra barata para explotar a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.
Estos dos aspectos aunados, son la vía de penetración de la élite del país dominante en la élite de los países dominados. Pero como la desigualdad no es tan evidente en el “centro” -entre la élite y los que se encuentran en estratos inferiores-, asume a menudo la forma del país entero, total, en el nivel más alto en el sistema internacional, que penetra en el país en el nivel más bajo en el sistema internacional, en su mismo centro y en el nivel de su élite superior [349].
La pregunta clave es: ¿a quién deben fidelidad las élites dirigentes de los países “Sur”? Especialmente aquellas élites funcionales a una situación de dependencia o, por el otro lado, disfuncionales a las aspiraciones autonomizantes de los países “Sur”.
En el primer caso, las élites no son leales con sus propias naciones, y el problema a resolver, es el reemplazo de la élite. En el segundo caso, las élites son leales declamativamente respecto de sus propias naciones, o al menos de su electorado, pero terminan, por una causa u otra, siendo ineficientes y por ende disfuncionales con los propósitos autonomizantes. En este caso, el problema pasa por convencer a las élites de que los costos de su ineficiencia son mayores que los que deberían afrontar con una postura autonomizante -y “cobrarles” ese costo, por cierto, sino predominaría la impunidad-. A su vez, en la hipótesis de que esto se resuelva; el problema mayor pasa por convencer a todas las élites del “Sur”, de la necesidad de volcar toda su voluntad política, en un esfuerzo conjunto para lograr estrategias verdaderamente efectivas a fin de hacer operativas todas las aspiraciones, que hasta el presente tan sólo han sido declamativas o pura fórmula electoral, o de discurso en los foros internacionales, con el objeto de ver qué se puede obtener mediante la política de “crear culpas morales” a las potencias centrales, o a la evolución tecnológica.
Desde el punto de vista de los factores externos que condicionan las aspiraciones de los países “Sur”, la combinación de la explotación más la fragmentación más la penetración, es igual al poder estructural. Uno de los términos que definen a esta combinación, es dominación. ¿De qué modo una estructura de dominación sirve como un instrumento de poder? Se trata, evidentemente, de algún tipo de poder estructural, pero ¿de qué modo sirve como un medio para los tres canales de poder? ¿Cómo crea la identificación, la dependencia y el temor, en contraposición al respeto de sí mismo, la autosuficiencia y la intrepidez?
Parecería que una estructura de dominación es, precisamente, más que cualquier otra cosa, el medio para que otros países se vuelvan susceptibles al poder del país dominante. El punto fundamental es no dejar a los países dominados ninguna alternativa, dejarlos como solitarios satélites suspendidos del extremo de las cuerdas extendidas desde el centro del “centro” hasta el centro de la “periferia”, y tratar de que estas cuerdas hagan las veces de cordón umbilical.
La clave básica para la estructura de dominación y su funcionamiento es la dependencia. En este contexto, significa que el “centro” proporciona algo que la “periferia” 1) considera indispensable; 2) piensa que no podrá obtener en otra parte. Y esto, se relaciona mucho con la identificación: la “periferia” (sus decisores), piensa que estos elementos son indispensables porque le enseñaron a pensar así [350], porque ha adoptado y se ha adaptado a la cultura del “centro”. El poder estructural o la dominación sirven, en otras palabras, para corroer la autonomía o para impedirla.
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