Tapa Orden Mundial Imperial

 

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Capítulo XVIII

 
El eje estratégico-militar, tiende a “bipolarizar” o “unipolarizar” al sistema mundial. En este eje, EUA tiene ventajas comparativas y competitivas exclusivas y excluyentes. Más allá de que pueden existir otros actores con capacidad militar, Rusia sería el único actor con capacidad de competir y limitar las posibilidades de EUA en el corto-mediano plazo, pero debe resolver su situación económica, para poder soportar la carga de una nueva carrera militar. La UE no tiene suficiente capacidad militar, como para transformarse en una alternativa, al menos en el corto y mediano plazo.

El hecho dominante de nuestro tiempo, es el cambio que hubo del sistema internacional creado en 1648 por el Tratado de Westfalia a un nuevo sistema en proceso de gestación. Los principios de Westfalia basaban el orden en la soberanía de los Estados y definían a la agresión como el cruce de las fronteras internacionales por parte de unidades organizadas. El 11 de setiembre del 2001 introdujo un nuevo desafío planteado por la “privatización de la política exterior” a manos de grupos no gubernamentales apoyados de forma tácita o directa por Estados tradicionales. Entonces habría que redefinir los principios clásicos de la política exterior.

LA CONSTRUCCION ACTUAL DEL IMPERIO

Lo que estamos viviendo hoy, es otra fase en los ciclos repetitivos regulares de las formas de configuración sistémica. No hay “fin de la historia”, sino cambios cíclicos evolutivos [287].

¿Los imperios constituyen una etapa dentro de las configuraciones sistémicas?

Atendiendo a los ciclos históricos, tal vez deberíamos considerar los ciclos de George Liska [288] que dice que siempre el mundo deriva en configuraciones imperiales independientemente del tipo de configuración sistémica que esté transitando [289].

La construcción del imperio por parte de EUA, se habría iniciado con Teodoro Roosevelt en 1902, cuya intervención era en defensa de los ciudadanos o empresas norteamericanos, atendiendo a sus intereses económicos y de seguridad. Una segunda etapa la habría desarrollado Woodrow Wilson, que hablaba de intervenir en bien de la civilización, a la vez que opinaba que si era necesario había que establecer la democracia a la fuerza. La tercera etapa se estableció con Franklin Roosevelt, que incorporó al resto de los Estados del hemisferio en el intervencionismo, inaugurando el principio de “intervención colectiva” y el de consulta, a la vez que el de asistencia recíproca -los tres “pilares” del “monroísmo” en las relaciones interamericanas-. No obstante ello, ha sido EUA el que estableció qué era crisis y qué no y no el resto de los países del hemisferio que sólo han atinado a votar según los “premios o castigos” que ofrecía el gobierno norteamericano. Una cuarta etapa estaría dada con la disolución de la URSS y el proceso de globalización. Cada una de estas etapas, marca un paso adelante hacia la realización de la soberanía imperial de EUA [290].

Al finalizar el bipolarismo, EUA tenía preparado un nuevo tipo de iniciativa hegemónica que consolidaría la cuarta fase, en la que se debería encontrar con otros competidores en el terreno económico, como la CE -pronto UE- y el mundo asiático, pero no en el terreno estratégico-militar.

En los años de la declinación de la guerra fría -post Reykiavik 1985-, EUA tomó la iniciativa de asumir un poder de policía internacional. La Guerra del Golfo en enero de 1991 fue la primera vez que ejerció este poder en forma total; poco después, ese mismo año, el bipolarismo llegaría a su fin.

La importancia de la Guerra del Golfo de 1991, deriva del hecho de que presenta a EUA como la única potencia capaz de administrar la justicia internacional, no en función de sus propios motivos nacionales sino en nombre del derecho global. La policía mundial de EUA actúa por interés imperial. En este sentido, la Guerra del Golfo, de acuerdo con las declaraciones de George Bush, anunció el nacimiento de un “nuevo orden mundial”. De todas formas, la legitimación del nuevo orden imperial no puede basarse sólo en la efectividad de la sanción legal y la fuerza militar para imponerla. Debe desarrollarse mediante la producción de normas jurídicas internacionales que sostengan el poder del actor hegemónico de un modo legal y durable. De esta forma, el proceso constitucional imperial que se inició en la etapa de Woodrow Wilson alcanzó la madurez. Entre el mesianismo de Wilson y las iniciativas político-económicas internacionales del New Deal de Franklin Delano Roosevelt, se crearon una serie de organizaciones internacionales que legitimaron un motor supranacional de acción jurídica. El ingreso de EUA a la segunda guerra mundial significó el establecimiento del New Deal coincidiendo con la crisis de los imperialismos europeos y lo proyectó a la escena del gobierno mundial como un modelo sucesor, alternativo. Esto estuvo acompañado con el crecimiento y expansión militar de EUA en el marco del bloque y compitiendo con la URSS a nivel mundial.

En esta etapa, se fue dando un proceso de crecimiento y descentralización económico, mientras EUA y la URSS continuaban pugnando por mostrar su superioridad militar. La descentralización de la producción tiene que ver con el crecimiento de Japón y algunos otros Estados en Asia y la creación y fortalecimiento de la CEE, a la vez que la forma en que las transnacionales comenzaron a operar y a globalizarse. En la periferia se inició el proceso de descolonización, primero en Asia -post ‘45- y luego, masivamente en Africa -década de los ‘60- y el Caribe -década de los ‘70-, generando una mayor presión y resistencia desde “abajo”, merced al ingreso masivo de los nuevos Estados a la AG de la ONU y la modificación de sus resoluciones hacia principios tercermundistas; también al surgimiento del Movimiento de Países No Alineados (MONOAL), cuyos principios fueron delineados en la Cumbre de Bandung en 1955 y su primera Cumbre se celebró en 1960 en Belgrado, Yugoslavia; la creación del Grupo de los 77, brazo económico del MONOAL, etc. No obstante ello, EUA supo sacar mayores ventajas. Los Estados de la periferia procuraron desarrollar internamente el modelo económico de Estado de Bienestar del New Deal, que había desarrollado EUA. Sin embargo, más allá de cierta “convergencia” entre los países de la periferia, continuaron fragmentados y débiles. No alcanzaron a generar un “paradigma” propio. Se limitaron a luchar contra la política de bloques en el marco de capitalismo o comunismo, sin tener o desarrollar modelos de desarrollo propios. La periferia continuó siendo la “periferia” de ambos modelos de desarrollo dominantes, más allá de la creación y acción del MONOAL, o los procesos integrativos, que fueron más bien liberadores del comercio en beneficio de las subsidiarias de las transnacionales localizadas, que “alianzas estratégicas” para resolver los problemas de subdesarrollo y dependencia.

Por la falta de capacidad, por parte de los Estados de la periferia, para establecer modelos propios de desarrollo y de actuar conjuntamente, más allá del MONOAL, EUA terminó sacando ventajas y en algunos casos la URSS y también las multinacionales que tomaron a los nuevos Estados como nuevos mercados bajo el control neocolonial. Estas, usaron sus recursos naturales y su mano de obra barata.

En agosto de 1971, el presidente Richard Nixon desacopló el dólar del patrón oro, declarando su inconvertibilidad y generando el patrón dólar, aplicando adicionalmente, un sobrecargo del 10% a todas las importaciones. La totalidad de la deuda de EUA fue empujada hacia Europa. Esta operación se realizó sólo en virtud del poder económico y político de EUA [291]. Para fines de los ‘70, las corporaciones transnacionales comenzaron a establecer firmemente sus actividades en todo el planeta. Se volvieron el motor fundamental de la transformación económica y política. Esta actividad la desarrollaron, en su gran mayoría en una “alianza estratégica” no escrita con EUA que buscó comandar los movimientos y las operaciones.

La cuarta etapa se dio, no por el fracaso de la URSS en el contexto de la “Guerra de las Galaxias”, la carrera nuclear o la exploración espacial, como dijo Ronald Reagan, ya que hubiera sido capaz de enfrentarse a sus adversarios desde el punto de vista militar y tecnológico; pero su economía y su capacidad de expansión en el mercado mundial no eran competitivas. No pudo competir, donde los verdaderos conflictos de poder se desarrollaban, y no pudo afrontar los desafíos de la productividad comparativa de los sistemas económicos, a la vez que su economía ya no podía sostener la carga de la carrera en el eje estratégico-militar.

Al finalizar el sistema bipolar, con la desintegración de la URSS en 1991, cuya característica central fue la guerra fría, EUA se orientó a cumplir el papel de garantizar y agregar eficacia jurídica a este complejo proceso de la formación de un nuevo derecho supranacional. De esta forma, EUA comienza a suplir el rol de las organizaciones internacionales asumiendo el papel de generador de un nuevo orden mundial, pero haciendo uso de su capacidad militar, capacidad que las organizaciones internacionales no tuvieron, ni tienen. Así, mientras la UE se expande hacia el Este económicamente, EUA se expande hacia el Este con su propuesta de orden basado en el eje estratégico-militar, a través de la OTAN. En todos los conflictos regionales del final del siglo XX, desde Haití al Golfo Pérsico, a Somalía y Bosnia, EUA legitimó su intervención militar.

Estamos experimentando una primera fase de la transformación de la frontera global en un espacio abierto de “soberanía imperial”.

En la etapa postbipolar, se comenzó a diseñar el plan de expansión imperial. En 1992, Richard Cheney, como Secretario de Defensa de EUA, emitió un documento -elaborado en parte por Paul. D. Wolfowitz, que era su Subsecretario- en el que definía que la primera misión política y militar de EUA consistía en impedir la emergencia de algún poder rival, en Europa, Asia y en la extinta URSS. En aquel entonces, el presidente George Bush, padre de George W., no aceptó la idea. Pero, el 3 de junio de 1997, un grupo compuesto por Jeb Bush, hermano de George W.; Richard Cheney; Francis Fukuyama, el teórico del fin de la historia luego del derrumbe de la URSS [292]; I. Lewis Libby, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld y otros, la resucitó, lanzando el Project for the New American Century [293], que proponía aumentar los gastos en defensa, fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los “regímenes hostiles a los intereses y valores” americanos, promover la “libertad política” en todo el mundo y asumir para EUA el papel exclusivo en la tarea de “preservar y extender un orden internacional amigable para nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios” [294].

Esta construcción de la soberanía imperial se hace con un súper-Estado en alianza estratégica con determinados actores transnacionales, especialmente, petroleras y el complejo militar-industrial. No hay predominio o exclusividad del Estado, al estilo del Imperio Romano.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Construcción de un Orden Mundial Imperial, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6267-7


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


[287] Este tema lo he estudiado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), Cap. VIII, “Simulación del Proceso de Génesis y Evolución del Orden Mundial”. Ver también Gráfico 17 “Esencia y Accidente del Relacionamiento Societal e Inter-Societal”, pág. 120.

[288] Liska, George, Imperial America, The International Politics of Primacy, (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1967).

[289] Ver más arriba, bajo el título “Tipos de Orden Alternativos”.

[290] Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre EUA y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edición del Autor, 1994).

[291] Ver Calleo, David y Rowland, Benjamin, America and the World Political Economy: Atlantic Dreams and National Realities (Bloomington, Indiana University Press, 1973), págs. 87-117. También, Coffey, Peter, The World Monetary Crisis (New York, St. Martin´s Press, 1974), págs. 25-42.

[292] Fukuyama, Francis, The End of History and the Last Man, (New York: Free Press, 1992).

[293] Proyecto para el Nuevo Siglo Americano.

[294] Ver Moniz Bandeira, Luiz Alberto, ¿Cómo se Construye una Guerra?, en Diario Clarín, Buenos Aires, 27 de Febrero del 2003.