Tapa Orden Mundial Imperial

 

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Capítulo XIV

LA DEUDA DEL IMPERIO

Estancada, con tendencia deflacionaria y con un nivel de endeudamiento muy superior al de la UE y Japón, la economía estadounidense es altamente vulnerable. La caída de los índices bursátiles por tres años consecutivos, la reducción de la tasa de ganancia media y la tendencia a la baja del valor del dólar, adelantaron un cambio de sentido de los capitales excedentes, alejándose de EUA. Fue una sacudida para la ola especulativa de los años ‘90, cuando se había renovado la actividad de los grandes actores del sistema: los más importantes bancos mundiales de inversión, las empresas de auditoria, las firmas de relaciones públicas, los gigantes de la publicidad y los más prestigiosos estudios jurídicos.

La invasión a Irak, puso de manifiesto que la ventaja comparativa y competitiva de EUA no está en el eje económico, sino en el estratégico-militar. El presupuesto militar de EUA, de alrededor de 400.000 millones de dólares anuales, es prácticamente equivalente al acumulado por todos los demás Estados del planeta. No obstante, el gobierno de George W. Bush ha insistido en orientar su economía al gasto militar.

Entre los elementos de la estructura financiera, el nivel de endeudamiento es el más preocupante. En el 2001, la deuda de EUA representaba el 31 % del PBI mundial; la de la UE el 26% y la de Japón el 12%. Tres regiones del mundo donde crece la deflación, en un contexto de contracción de la producción y del comercio. La industria mundial, opera con el 65% de su capacidad de producción, salvo en China 225.

El dólar, perdió el 12% de su valor con relación a una canasta de otras monedas desde enero del 2000 y el 26% frente al Euro desde el año 2000, una de las caídas más fuertes del período posterior a la segunda guerra mundial. Estos elementos, combinados con un desempleo en aumento -la cifra oficial ha pasado del 4,4% en febrero del 2000 al 6,4% en febrero del 2003, según la Oficina del Trabajo de Estados Unidos-, un estancamiento de los salarios y un consumo que se mantiene con dificultades, muestran un gran declive en la economía norteamericana.

La deuda de EUA, tiene tres aspectos:

1) La evolución del stock de la deuda durante cuatro decenios. La deuda puede descomponerse en cinco rubros:

a) la deuda pública;

b) la deuda de los hogares;

En el caso de las empresas:

c) la deuda no financiera;

d) la deuda financiera interna;

e) la deuda financiera externa.

2) El déficit de la balanza de transacciones corrientes.

3) La evolución de la posición de inversión internacional.

        EVOLUCION DE LA DEUDA

El aumento del stock de la deuda es muy grande: entre 1980 y el 2002 pasó de 3,6 billones -millones de millones- a 30 billones de dólares. El rasgo más significativo es el crecimiento de la deuda financiera interna de las empresas, que ha pasado de 53.000 millones de dólares a 7,62 billones de dólares, es decir el 72% del PBI de EUA. Uno de los motores de este salto gigantesco fue la moda de las fusiones y adquisiciones financiadas con préstamos. Moda que se observó particularmente durante las dos décadas que van de 1980 a 1998, especialmente en el sector bancario, cuya concentración no ha alcanzado todavía su límite 226. No obstante ello, el volumen de fusiones y adquisiciones de activos se eleva a 2,4 billones de dólares.

Tanto por su amplitud como por su ritmo, estas anexiones, financiadas con crédito barato, no tuvieron precedentes en la historia. No obstante, las anexiones están distribuidas de manera muy desigual, ya que los países subdesarrollados, aunque representan el 84% de la población mundial, solo tienen el 26% de las 500 primeras empresas mundiales, según la clasificación de Fortune, y el 16% en el ranking del Financial Times (2003).

El aumento del endeudamiento de los hogares muestra que el consumidor estadounidense vive a crédito. En cuatro décadas este endeudamiento ha pasado de 200.000 millones de dólares en 1964, a 7,2 billones en el 2002, el 72% del PBI. En 1985 representaba el 26% del ingreso individual, y hacia fines del 2002 el 40%.

Esta degradación de la tasa de ahorro es uno de los síntomas de la degeneración de la economía estadounidense, en tanto el ahorro y la inversión están entre los principales ingredientes de la acumulación del capital. Según el banco Morgan Stanley, la tasa de ahorro nacional neta -total del ahorro de los hogares, de las empresas y del Estado, relacionado con el PBI- ha alcanzado su nivel histórico más bajo hacia fines del 2002, cuando fue de 1,6%, es decir menos de un tercio del promedio de los años ‘90, y la sexta parte del promedio de los años ‘60 y ‘70.

El déficit fiscal en constante expansión, al cual recurre el gobierno de George W. Bush 227, hará caer aún más la tasa. En el primer semestre del 2000 -gobierno de Bill Clinton-, el presupuesto federal mostraba un excedente del 2,3% del PBI, y la tasa de ahorro era del 6,4%; en el tercer trimestre del 2002, el déficit era del 1,8%.

El elemento importante del endeudamiento de EUA, es el rápido deterioro de su balanza de transacciones corrientes 228. Haciendo una comparación con la situación de los pagos de la cuenta corriente durante el apogeo del Imperio Británico, antes de la primera guerra mundial, y la de EUA hoy, se puede observar que, en las décadas anteriores a la primera guerra mundial, el excedente corriente del Reino Unido era del 4% de su PBI. El de EUA, con una estructura financiera frágil, arrastra un déficit corriente crónico del 5% de su PBI.

En la década de los ‘90 el impulso de la demanda interna fue posible por un endeudamiento externo no controlado, que permitió financiar las importaciones, que no dejaron de aumentar durante los últimos 15 años y superan en 42% al valor de las exportaciones. Reducir esa brecha resulta muy complejo, por la falta de competitividad de los productos estadounidenses en los mercados mundiales, a pesar de la depreciación del dólar. Para hacer frente a un déficit de cuenta corriente de 500.000 millones de dólares, que tiene un incremento anual del 10%, es necesario tener entradas de por lo menos 2.000 millones de dólares por día hábil, lo que equivale al 76% del excedente de la balanza de transacciones corrientes del mundo. Si bien los capitales extranjeros siguen llegando a los mercados financieros de EUA, lo hacen a un ritmo menor. A partir de la mitad de los años ‘90 el volumen de los activos privados extranjeros en acciones, pegó un salto, alcanzando su punto más alto, de un billón de dólares, en el año 2000 -año del crash del Nasdaq 229- para volver a caer ahora a 500.000 millones de dólares.

Ya se observan los primeros signos de salida de capitales extranjeros de los mercados financieros estadounidenses. Es aún leve, pero podría transformarse en significativo a causa de las guerras programadas por el gobierno norteamericano para después de la campaña contra Irak, en Medio Oriente y en otras partes del mundo.

EUA se ha vuelto totalmente dependiente de las entradas de capitales extranjeros para financiar su liberalidad fiscal. Los inversores extranjeros tienen más del 18% de la capitalización bursátil de los activos estadounidenses a largo plazo, y el 42% del stock de bonos del Tesoro. Estas sumas podrían salir instantáneamente del país para buscar rentabilidad en otros mercados, siguiendo los criterios de la ideología dominante y del propio Consenso de Washington.

        DEFICIT EXTERNO

El rendimiento de los activos estadounidenses, más elevado que en otras partes del mundo, ha financiado hasta ahora el déficit de cuenta corriente, pero estos activos comienzan a perder su atractivo. EUA tiene el privilegio exclusivo de tomar crédito en su propia moneda y la posibilidad de devaluar su deuda. Ninguna otra nación tiene esta prerrogativa que, en una coyuntura de contracción de los mercados financieros, bien podría ser transitoria. Estos déficit en caída deterioran la posición de inversión internacional neta de EUA, es decir, la diferencia entre sus activos públicos externos y sus compromisos externos. En un lapso relativamente corto, entre 1999 y el 2002, esta posición se degradó considerablemente, ya que la diferencia negativa ha pasado de 1,9 a 2,5 billones de dólares, como resultado de la acumulación del déficit en la cuenta corriente.

        DESIGUALDAD EN AUMENTO

Las fisuras de la infraestructura financiera estadounidense no han impedido que explotaran las desigualdades. Los más ricos han tenido pérdidas en la caída bursátil, pero las diez mil familias con más altos ingresos poseen tantos activos como los veinte millones de familias más pobres.

En las primeras 500 sociedades mencionadas en la clasificación de Fortune (2003), la relación entre los salarios anuales, ajustados por inflación, de los presidentes, directores y gerentes por un lado, y los de los obreros por otro, era en 1970 de 1 a 40; en la actualidad es de 1 a 1.250. En 1950 los impuestos sobre las sociedades representaban el 25% del presupuesto federal; en el 2001 solamente el 8,9%.

Un endeudamiento que escapa a cualquier control y desigualdades forman parte del cuadro clínico de una enfermedad del orden social de EUA. Los propios mercados comienzan sirviendo de termómetro a la cotización del dólar: “Algo ha pasado en la primavera del 2002. De golpe, los mercados cambiaron de paradigma. Comenzaron a inquietarse por la imposibilidad de seguir sosteniendo los desequilibrios ‘gemelos’ de EUA, es decir el considerable déficit de la cuenta corriente desde hace años, y el déficit fiscal, que ha hecho su aparición recientemente a causa de la caída de los impuestos y del aumento de los gastos. En el 2003 el crecimiento estadounidense debía ser el doble del francés, pero la inquietud sobre los déficit se mantiene. Se ha franqueado un umbral psicológico. Más allá de un cierto nivel, la aprehensión con respecto a los desequilibrios le gana al optimismo en cuanto al desempeño de la economía” 230.

        HEGEMONIA CON DINERO AJENO

La reconstrucción de Irak requerirá una fuerte inyección inicial de capital extranjero. ¿Estados Unidos puede proveer el efectivo necesario, aunque sea en la forma de dinero del sector privado? La respuesta es “sí”, siempre que otros países estén dispuestos a prestárselo. Porque lo cierto es que EUA no es sólo la principal economía del mundo: también es el principal deudor. Su poderío militar está apuntalado por capital extranjero.

En el apogeo de los imperios europeos, cuando los ingleses controlaban buena parte de Medio Oriente, se suponía que la potencia dominante era un acreedor, que invertía grandes sumas de su propio ahorro en el desarrollo económico de sus colonias. Gran Bretaña, banquero mundial hasta 1914, nunca tuvo que preocuparse por una corrida de la libra en esa época.

Pero EUA, que derroca “regímenes bandidos” primero en Afganistán y luego en Irak, hoy es el principal deudor del mundo. Esto podría desembocar en una frágil Pax Americana, si los inversores extranjeros reducen su participación en la economía estadounidense, cambiando quizás sus dólares por fortalecidos euros.

Las colocaciones extranjeras en EUA hoy alcanzan unos 8 billones de dólares de los activos financieros del país. Es el resultado del abultamiento del déficit en las sucesivas balanzas de pagos, que totaliza unos 3 billones desde 1982. En el 2002, el déficit de la balanza de pagos -la brecha entre el dinero que entra al país y el que sale- fue de un 5% del PBI.

¿Estados Unidos está atado al capital extranjero? La respuesta es “sí”, y esto se aplica más al gobierno que al sector privado. Los inversores externos hoy concentran casi dos quintos de la deuda federal en manos privadas, es decir, el doble que hace 10 años, según el Tesoro.

Kenneth Rogoff, economista jefe del FMI, aludió a esa dependencia diciendo que a él le preocuparía mucho si un país en desarrollo tuviera grandes rojos de cuenta corriente año tras año, de, por ejemplo, un 5% ó más. EUA no es un mercado emergente, pero algo de ese cálculo igual se aplica.

Servir de motor del crecimiento global, aspirar a ser un imperio liberal pero actuar como un mercado emergente; ¿hasta qué punto puede ser duradero?

Cuando EUA quiso ejercer el poder por medios financieros con su diplomacia del dólar en la década de los ‘20, gran cantidad de capital estadounidense fue exportado al resto del mundo. Los inversores de EUA prestaron miles de millones a economías de otros países, especialmente de América Latina y Europa central. Para 1938, el valor bruto de los activos de EUA en el exterior ascendía a 11.500 millones de dólares. Tras haber financiado a los vencedores de ambas guerras mundiales, EUA financió también la reconstrucción de los perdedores en tiempos de paz.

El ejemplo más famoso de exportación de capital de EUA fue el Plan Marshall. El crédito estadounidense siguió impulsando la recuperación económica internacional por 20 años. De 1960 a 1976, EUA tuvo superávit de balanza de pagos por casi 60.000 millones. Luego las cosas empezaron a cambiar, sobre todo con Ronald Reagan, si bien los déficit de cuenta corriente “reaganianos” hoy pueden parecer insignificantes.

Algunos economistas consideran que la transformación de acreedor a deudor no debe inquietar. El capital fluye hacia EUA, simplemente porque es un buen lugar para invertir. Como sea, los inversores externos parecen conformarse con rendimientos mucho menores cuando invierten en EUA, que los rendimientos que aceptan los estadounidenses cuando invierten en otros continentes. Es lo único que explica por qué EUA siempre recibe un ingreso mayor por sus inversiones externas del que paga a los extranjeros que ponen dinero en activos estadounidenses.

Cuando el último imperio de habla inglesa dominaba al mundo cien años atrás, la exportación de capital constituyó la base de su poder. De 1870 a 1914, los flujos netos de capitales desde Londres oscilaron en un 4-5 % del PBI. En vísperas de la primera guerra mundial, los flujos de capital llegaron al 9%. Esto no era solamente un notable desvío de ahorros británicos al exterior, sino también un intento importante de transformar la economía mundial invirtiendo en infraestructura comercial -diques, ferrocarriles y telégrafos- en los países de la periferia.

De 1865 a 1914, la proporción del ahorro de Gran Bretaña que fue a Africa, Asia y América Latina fue casi tanta como la que quedó en la metrópoli. El beneficio de la hegemonía británica fue que alentó a los inversores a poner su dinero en países pobres.

También les dio a los británicos poder real sobre el resto del mundo. El poderío inglés en Egipto no comenzó con la ocupación militar en 1882. Desde antes, los inversores venían armando sus tenencias de activos egipcios. Un buen ejemplo es el Canal de Suez.

Esto marcaría una diferencia básica entre la era del imperio británico en Medio Oriente y la actualidad, cuando EUA aspira a remodelar la región. Primero, porque la actual distribución geográfica de las inversiones externas de EUA no deja entrever una predisposición natural a poner dólares en el desierto. De la inversión extranjera directa, más de la mitad está en Europa, frente a sólo un 1% en Medio Oriente. Segundo, no puede haber garantía de que los inversores externos estarán siempre dispuestos a poner una parte tan alta de su ahorro en bonos públicos de EUA y otros valores de bajo riesgo.

Desde la creación del euro, los inversores tienen una amplia gama de valores en los cuales invertir. Los bonos europeos podrían resultar atractivos si los extranjeros, además de los europeos empiezan a considerar que el euro puede ser más seguro que el dólar 231.

Luego de un mal debut en enero de 1999, marcado por una larga caída en su valor que asustó a los dirigentes europeos, el euro ha recuperado prácticamente todo el terreno perdido frente al dólar. Ahora se cotiza a alrededor de u$s 1,15 por euro. Lo más importante, es que el euro ha ganado en estatura como refugio para los inversores y otros gobiernos. El dólar sigue siendo la moneda de respaldo en el mundo, de los operadores del petróleo y de las bolsas y el respaldo fundamental en reservas externas de los bancos centrales desde Bruselas hasta Bagdad. Pero el euro gana terreno como divisa para emitir bonos en esa denominación y como divisa alternativa de reserva, en particular en los países del sudeste asiático con poblaciones predominantemente musulmanas.

Hay fondos que estaban invertidos en activos con denominación en dólares que se están pasando a activos en euros.

De 1995 a 1999, el 53 % de todos los bonos corporativos se emitió en dólares y sólo el 20 % en las monedas de los 12 países europeos que actualmente usan el euro. Pero en los cuatro años desde que se comenzó a cotizar la moneda común el 44 % de los nuevos bonos globales se ha emitido en euros, casi equiparando el 48 por ciento que corresponde a emisiones en dólares. También hay evidencia de que los bancos centrales, especialmente en algunos países asiáticos, comienzan a diversificar sus reservas para reducir la dependencia del dólar. El banco central de Indonesia ha incrementado sus tenencias de euros. Indonesia se opuso a la guerra contra Irak. Un cambio similar se ha dado en Arabia Saudita y otros países de Medio Oriente. En Malasia, el primer ministro, Mahathir Mohammad, sugirió que la empresa petrolera estatal, Petronas, pase a hacer sus operaciones en euros en vez de dólares.

Según el FMI, el 68 % de las reservas en moneda extranjera del mundo era en dólares en el 2001.

La zona del euro ya tiene 300 millones de habitantes; tendría más de 450 millones si Gran Bretaña, Suecia y los países de Europa Central adoptaran la divisa 232.

La visión de George W. Bush de un mundo remodelado por la fuerza militar según las necesidades de EUA tiene como corolario, que el lanzamiento militar será financiado por europeos y japoneses. Eso le da influencia a europeos y a Japón en la política estadounidense.

        IR A LA GUERRA A TODA COSTA

La Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, inventarió tres tipos de gastos en la guerra de EUA contra Irak: los militares propiamente dichos, que oscilarían entre 50.000 y 150.000 millones de dólares; los de la posguerra, es decir aquellos vinculados con la ocupación o el “mantenimiento de la paz”, la reconstrucción y los desplazamientos de la población, que serían del orden de los 100.000 a 600.000 millones de dólares y, finalmente, los gastos por las consecuencias de la guerra como, por ejemplo, el impacto de un aumento importante de los precios del petróleo sobre la economía estadounidense en caso de conflicto prolongado, lo que podría llegar a 1,2 billones de dólares 233. Contrariamente a lo ocurrido en la primera Guerra del Golfo (1990/1991), EUA no contó con la generosidad de sus aliados. El costo de aquella campaña fue de 62.000 millones de dólares y fue pagado por Arabia Saudita, Kuwait y, en menor medida, por Japón y Alemania 234. La situación actual es diferente, ya que EUA ha debido multiplicar promesas y donativos costosos sólo para reunir aliados y constituir apoyos logísticos.

Varios países lograron sacar provecho de su participación en el esfuerzo de guerra o, como en el caso de Israel, de su no participación. Turquía, que debía servir de retaguardia para las tropas estadounidenses, logró obtener la suma de 14.500 millones de dólares y, además, la garantía de EUA de contener a los kurdos iraquíes 235. También Israel reclamó 4.000 millones de dólares de ayuda militar suplementaria y el aval para un préstamo de 8.000 millones de dólares 236.

Esta actividad belicista se produce en un contexto económico norteamericano que sigue deteriorándose. El desempleo del 6% de la población activa estadounidense, ha alcanzado el nivel más alto desde 1994. El crecimiento económico bajó alrededor del 1% a fines del 2002, mientras se prolonga la caída bursátil. Desde la elección del presidente George W. Bush el dólar perdió el 15% de su valor frente al Euro, y el monto de las inversiones extranjeras en EUA disminuyó el 85%. Aumentó la caída de los gastos de los hogares, el derrumbe de la confianza de los consumidores y la contracción del sector industrial.

La estrategia económica de la administración Bush tiene dos componentes: el keynesianismo de guerra y una baja masiva de impuestos, cuyas características tienden a acentuar el aumento del déficit público. En el 2001, la Casa Blanca preveía para el 2004 un excedente presupuestario de 262.000 millones de dólares. Un año más tarde, esa cifra fue revisada hacia abajo, como consecuencia de una primera reducción de impuestos unida a la desaceleración económica. Ese excedente se tornó en un déficit modesto de 14.000 millones de dólares. Después se habló de un déficit de 307.000 millones de dólares, antes de la guerra contra Irak, de las consecuencias de una caída de los impuestos de 637.000 millones de dólares en 10 años y del nuevo aumento del presupuesto de defensa.

Los gastos militares estadounidenses son superiores a los del conjunto de los 191 países del planeta 237.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Construcción de un Orden Mundial Imperial, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6267-7


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

225 Clairmont, Frederic F., (Economista), “Una Deuda que Amenaza al Imperio”, en Le Monde Diplomatique, el Dipló, Buenos Aires, Abril del 2003, Vol. IV, N° 46.

226 El tema de las fusiones y adquisiciones de bancos lo analicé en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), págs. 101-105.

227 Las estimaciones varían de 304.000 a 375.000 millones de dólares para el 2003, y entre 307.000 y 425.000 millones de dólares para el 2004, sin contar el costo de la guerra contra Irak.

228 La balanza de transacciones corrientes representa la diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios y la diferencia de las transferencias financieras. Cuando un país compra en el extranjero más de lo que le vende, debe financiar la diferencia con préstamos, lo que aumenta en otro tanto su deuda externa.

229 El índice Nasdaq, de las acciones de empresas tecnológicas, alcanzó su punto máximo: 5.048 puntos, el 10 de marzo del 2000. Para el 2003 se encuentra por debajo de los 1.300 puntos.

230 Entrevista a Christian de Boissieu, (Profesor en la Universidad París 1 y Vicepresidente del Consejo de Análisis Económico), en Le Fígaro Économíque, París,19 de Marzo del 2003.

231 La Superpotencia Deudora, en Diario La Nación, Buenos Aires, 27 de Abril del 2003. Reproducido del The New York Times.

232 Landler, Mark, (del The New York Times), El euro, la Moneda de Moda en el Mundo Captó la Confianza de los Inversores, en Diario La Nación, Buenos Aires, 19 de Mayo del 2003. Traducción de Gabriel Zadunaisky.

233 Carl Kaysen (et al), “War With Irak: Costs, Consequences, and Alternatives”. American Academy of Arts and Sciences, 2002, www.amacad.org/publications/monographs/War-withIrak.pdf.

234 Les Dividendes de L’Opération Boudier du Desert, Le Monde díplomatíque, París, noviembre de 1990.

235 Turquía ya había solicitado 40.000 millones de dólares por los perjuicios sufridos durante la Guerra de 1991. El Parlamento turco, había rechazado la ratificación del acuerdo.

236 Business Week, Nueva York, 10 de Marzo del 2003.

237 Fareed Zakaria, “Why America Scares the World”, Newsweek, Nueva York, 24 de Marzo del 2003.