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La invasión a Irak, puso de manifiesto que la ventaja comparativa y competitiva de EUA no está en el eje económico, sino en el estratégico-militar. El presupuesto militar de EUA, de alrededor de 400.000 millones de dólares anuales, es prácticamente equivalente al acumulado por todos los demás Estados del planeta. No obstante, el gobierno de George W. Bush ha insistido en orientar su economía al gasto militar.
Entre los elementos de la estructura financiera, el nivel de endeudamiento es el más preocupante. En el 2001, la deuda de EUA representaba el 31 % del PBI mundial; la de la UE el 26% y la de Japón el 12%. Tres regiones del mundo donde crece la deflación, en un contexto de contracción de la producción y del comercio. La industria mundial, opera con el 65% de su capacidad de producción, salvo en China [226].
El dólar, perdió el 12% de su valor con relación a una canasta de otras monedas desde enero del 2000 y el 26% frente al Euro desde el año 2000, una de las caídas más fuertes del período posterior a la segunda guerra mundial. Estos elementos, combinados con un desempleo en aumento -la cifra oficial ha pasado del 4,4% en febrero del 2000 al 6,4% en febrero del 2003, según la Oficina del Trabajo de Estados Unidos-, un estancamiento de los salarios y un consumo que se mantiene con dificultades, muestran un gran declive en la economía norteamericana.
La deuda de EUA, tiene tres aspectos:
1) La evolución del stock de la deuda durante cuatro decenios. La deuda puede descomponerse en cinco rubros:
a) la deuda pública;
b) la deuda de los hogares;
En el caso de las empresas:
c) la deuda no financiera;
d) la deuda financiera interna;
e) la deuda financiera externa.
2) El déficit de la balanza de transacciones corrientes.
3) La evolución de la posición de inversión internacional.
Tanto por su amplitud como por su ritmo, estas anexiones, financiadas con crédito barato, no tuvieron precedentes en la historia. No obstante, las anexiones están distribuidas de manera muy desigual, ya que los países subdesarrollados, aunque representan el 84% de la población mundial, solo tienen el 26% de las 500 primeras empresas mundiales, según la clasificación de Fortune, y el 16% en el ranking del Financial Times (2003).
El aumento del endeudamiento de los hogares muestra que el consumidor estadounidense vive a crédito. En cuatro décadas este endeudamiento ha pasado de 200.000 millones de dólares en 1964, a 7,2 billones en el 2002, el 72% del PBI. En 1985 representaba el 26% del ingreso individual, y hacia fines del 2002 el 40%.
Esta degradación de la tasa de ahorro es uno de los síntomas de la degeneración de la economía estadounidense, en tanto el ahorro y la inversión están entre los principales ingredientes de la acumulación del capital. Según el banco Morgan Stanley, la tasa de ahorro nacional neta -total del ahorro de los hogares, de las empresas y del Estado, relacionado con el PBI- ha alcanzado su nivel histórico más bajo hacia fines del 2002, cuando fue de 1,6%, es decir menos de un tercio del promedio de los años ‘90, y la sexta parte del promedio de los años ‘60 y ‘70.
El déficit fiscal en constante expansión, al cual recurre el gobierno de George W. Bush [228], hará caer aún más la tasa. En el primer semestre del 2000 -gobierno de Bill Clinton-, el presupuesto federal mostraba un excedente del 2,3% del PBI, y la tasa de ahorro era del 6,4%; en el tercer trimestre del 2002, el déficit era del 1,8%.
El elemento importante del endeudamiento de EUA, es el rápido deterioro de su balanza de transacciones corrientes [229]. Haciendo una comparación con la situación de los pagos de la cuenta corriente durante el apogeo del Imperio Británico, antes de la primera guerra mundial, y la de EUA hoy, se puede observar que, en las décadas anteriores a la primera guerra mundial, el excedente corriente del Reino Unido era del 4% de su PBI. El de EUA, con una estructura financiera frágil, arrastra un déficit corriente crónico del 5% de su PBI.
En la década de los ‘90 el impulso de la demanda interna fue posible por un endeudamiento externo no controlado, que permitió financiar las importaciones, que no dejaron de aumentar durante los últimos 15 años y superan en 42% al valor de las exportaciones. Reducir esa brecha resulta muy complejo, por la falta de competitividad de los productos estadounidenses en los mercados mundiales, a pesar de la depreciación del dólar. Para hacer frente a un déficit de cuenta corriente de 500.000 millones de dólares, que tiene un incremento anual del 10%, es necesario tener entradas de por lo menos 2.000 millones de dólares por día hábil, lo que equivale al 76% del excedente de la balanza de transacciones corrientes del mundo. Si bien los capitales extranjeros siguen llegando a los mercados financieros de EUA, lo hacen a un ritmo menor. A partir de la mitad de los años ‘90 el volumen de los activos privados extranjeros en acciones, pegó un salto, alcanzando su punto más alto, de un billón de dólares, en el año 2000 -año del crash del Nasdaq [230]- para volver a caer ahora a 500.000 millones de dólares.
Ya se observan los primeros signos de salida de capitales extranjeros de los mercados financieros estadounidenses. Es aún leve, pero podría transformarse en significativo a causa de las guerras programadas por el gobierno norteamericano para después de la campaña contra Irak, en Medio Oriente y en otras partes del mundo.
EUA se ha vuelto totalmente dependiente de las entradas de capitales extranjeros para financiar su liberalidad fiscal. Los inversores extranjeros tienen más del 18% de la capitalización bursátil de los activos estadounidenses a largo plazo, y el 42% del stock de bonos del Tesoro. Estas sumas podrían salir instantáneamente del país para buscar rentabilidad en otros mercados, siguiendo los criterios de la ideología dominante y del propio Consenso de Washington.
En las primeras 500 sociedades mencionadas en la clasificación de Fortune (2003), la relación entre los salarios anuales, ajustados por inflación, de los presidentes, directores y gerentes por un lado, y los de los obreros por otro, era en 1970 de 1 a 40; en la actualidad es de 1 a 1.250. En 1950 los impuestos sobre las sociedades representaban el 25% del presupuesto federal; en el 2001 solamente el 8,9%.
Un endeudamiento que escapa a cualquier control y desigualdades forman parte del cuadro clínico de una enfermedad del orden social de EUA. Los propios mercados comienzan sirviendo de termómetro a la cotización del dólar: “Algo ha pasado en la primavera del 2002. De golpe, los mercados cambiaron de paradigma. Comenzaron a inquietarse por la imposibilidad de seguir sosteniendo los desequilibrios ‘gemelos’ de EUA, es decir el considerable déficit de la cuenta corriente desde hace años, y el déficit fiscal, que ha hecho su aparición recientemente a causa de la caída de los impuestos y del aumento de los gastos. En el 2003 el crecimiento estadounidense debía ser el doble del francés, pero la inquietud sobre los déficit se mantiene. Se ha franqueado un umbral psicológico. Más allá de un cierto nivel, la aprehensión con respecto a los desequilibrios le gana al optimismo en cuanto al desempeño de la economía” [231].
En el apogeo de los imperios europeos, cuando los ingleses controlaban buena parte de Medio Oriente, se suponía que la potencia dominante era un acreedor, que invertía grandes sumas de su propio ahorro en el desarrollo económico de sus colonias. Gran Bretaña, banquero mundial hasta 1914, nunca tuvo que preocuparse por una corrida de la libra en esa época.
Pero EUA, que derroca “regímenes bandidos” primero en Afganistán y luego en Irak, hoy es el principal deudor del mundo. Esto podría desembocar en una frágil Pax Americana, si los inversores extranjeros reducen su participación en la economía estadounidense, cambiando quizás sus dólares por fortalecidos euros.
Las colocaciones extranjeras en EUA hoy alcanzan unos 8 billones de dólares de los activos financieros del país. Es el resultado del abultamiento del déficit en las sucesivas balanzas de pagos, que totaliza unos 3 billones desde 1982. En el 2002, el déficit de la balanza de pagos -la brecha entre el dinero que entra al país y el que sale- fue de un 5% del PBI.
¿Estados Unidos está atado al capital extranjero? La respuesta es “sí”, y esto se aplica más al gobierno que al sector privado. Los inversores externos hoy concentran casi dos quintos de la deuda federal en manos privadas, es decir, el doble que hace 10 años, según el Tesoro.
Kenneth Rogoff, economista jefe del FMI, aludió a esa dependencia diciendo que a él le preocuparía mucho si un país en desarrollo tuviera grandes rojos de cuenta corriente año tras año, de, por ejemplo, un 5% ó más. EUA no es un mercado emergente, pero algo de ese cálculo igual se aplica.
Servir de motor del crecimiento global, aspirar a ser un imperio liberal pero actuar como un mercado emergente; ¿hasta qué punto puede ser duradero?
Cuando EUA quiso ejercer el poder por medios financieros con su diplomacia del dólar en la década de los ‘20, gran cantidad de capital estadounidense fue exportado al resto del mundo. Los inversores de EUA prestaron miles de millones a economías de otros países, especialmente de América Latina y Europa central. Para 1938, el valor bruto de los activos de EUA en el exterior ascendía a 11.500 millones de dólares. Tras haber financiado a los vencedores de ambas guerras mundiales, EUA financió también la reconstrucción de los perdedores en tiempos de paz.
El ejemplo más famoso de exportación de capital de EUA fue el Plan Marshall. El crédito estadounidense siguió impulsando la recuperación económica internacional por 20 años. De 1960 a 1976, EUA tuvo superávit de balanza de pagos por casi 60.000 millones. Luego las cosas empezaron a cambiar, sobre todo con Ronald Reagan, si bien los déficit de cuenta corriente “reaganianos” hoy pueden parecer insignificantes.
Algunos economistas consideran que la transformación de acreedor a deudor no debe inquietar. El capital fluye hacia EUA, simplemente porque es un buen lugar para invertir. Como sea, los inversores externos parecen conformarse con rendimientos mucho menores cuando invierten en EUA, que los rendimientos que aceptan los estadounidenses cuando invierten en otros continentes. Es lo único que explica por qué EUA siempre recibe un ingreso mayor por sus inversiones externas del que paga a los extranjeros que ponen dinero en activos estadounidenses.
Cuando el último imperio de habla inglesa dominaba al mundo cien años atrás, la exportación de capital constituyó la base de su poder. De 1870 a 1914, los flujos netos de capitales desde Londres oscilaron en un 4-5 % del PBI. En vísperas de la primera guerra mundial, los flujos de capital llegaron al 9%. Esto no era solamente un notable desvío de ahorros británicos al exterior, sino también un intento importante de transformar la economía mundial invirtiendo en infraestructura comercial -diques, ferrocarriles y telégrafos- en los países de la periferia.
De 1865 a 1914, la proporción del ahorro de Gran Bretaña que fue a Africa, Asia y América Latina fue casi tanta como la que quedó en la metrópoli. El beneficio de la hegemonía británica fue que alentó a los inversores a poner su dinero en países pobres.
También les dio a los británicos poder real sobre el resto del mundo. El poderío inglés en Egipto no comenzó con la ocupación militar en 1882. Desde antes, los inversores venían armando sus tenencias de activos egipcios. Un buen ejemplo es el Canal de Suez.
Esto marcaría una diferencia básica entre la era del imperio británico en Medio Oriente y la actualidad, cuando EUA aspira a remodelar la región. Primero, porque la actual distribución geográfica de las inversiones externas de EUA no deja entrever una predisposición natural a poner dólares en el desierto. De la inversión extranjera directa, más de la mitad está en Europa, frente a sólo un 1% en Medio Oriente. Segundo, no puede haber garantía de que los inversores externos estarán siempre dispuestos a poner una parte tan alta de su ahorro en bonos públicos de EUA y otros valores de bajo riesgo.
Desde la creación del euro, los inversores tienen una amplia gama de valores en los cuales invertir. Los bonos europeos podrían resultar atractivos si los extranjeros, además de los europeos empiezan a considerar que el euro puede ser más seguro que el dólar [232].
Luego de un mal debut en enero de 1999, marcado por una larga caída en su valor que asustó a los dirigentes europeos, el euro ha recuperado prácticamente todo el terreno perdido frente al dólar. Ahora se cotiza a alrededor de u$s 1,15 por euro. Lo más importante, es que el euro ha ganado en estatura como refugio para los inversores y otros gobiernos. El dólar sigue siendo la moneda de respaldo en el mundo, de los operadores del petróleo y de las bolsas y el respaldo fundamental en reservas externas de los bancos centrales desde Bruselas hasta Bagdad. Pero el euro gana terreno como divisa para emitir bonos en esa denominación y como divisa alternativa de reserva, en particular en los países del sudeste asiático con poblaciones predominantemente musulmanas.
Hay fondos que estaban invertidos en activos con denominación en dólares que se están pasando a activos en euros.
De 1995 a 1999, el 53 % de todos los bonos corporativos se emitió en dólares y sólo el 20 % en las monedas de los 12 países europeos que actualmente usan el euro. Pero en los cuatro años desde que se comenzó a cotizar la moneda común el 44 % de los nuevos bonos globales se ha emitido en euros, casi equiparando el 48 por ciento que corresponde a emisiones en dólares. También hay evidencia de que los bancos centrales, especialmente en algunos países asiáticos, comienzan a diversificar sus reservas para reducir la dependencia del dólar. El banco central de Indonesia ha incrementado sus tenencias de euros. Indonesia se opuso a la guerra contra Irak. Un cambio similar se ha dado en Arabia Saudita y otros países de Medio Oriente. En Malasia, el primer ministro, Mahathir Mohammad, sugirió que la empresa petrolera estatal, Petronas, pase a hacer sus operaciones en euros en vez de dólares.
Según el FMI, el 68 % de las reservas en moneda extranjera del mundo era en dólares en el 2001.
La zona del euro ya tiene 300 millones de habitantes; tendría más de 450 millones si Gran Bretaña, Suecia y los países de Europa Central adoptaran la divisa [233].
La visión de George W. Bush de un mundo remodelado por la fuerza militar según las necesidades de EUA tiene como corolario, que el lanzamiento militar será financiado por europeos y japoneses. Eso le da influencia a europeos y a Japón en la política estadounidense.
Varios países lograron sacar provecho de su participación en el esfuerzo de guerra o, como en el caso de Israel, de su no participación. Turquía, que debía servir de retaguardia para las tropas estadounidenses, logró obtener la suma de 14.500 millones de dólares y, además, la garantía de EUA de contener a los kurdos iraquíes [236]. También Israel reclamó 4.000 millones de dólares de ayuda militar suplementaria y el aval para un préstamo de 8.000 millones de dólares [237].
Esta actividad belicista se produce en un contexto económico norteamericano que sigue deteriorándose. El desempleo del 6% de la población activa estadounidense, ha alcanzado el nivel más alto desde 1994. El crecimiento económico bajó alrededor del 1% a fines del 2002, mientras se prolonga la caída bursátil. Desde la elección del presidente George W. Bush el dólar perdió el 15% de su valor frente al Euro, y el monto de las inversiones extranjeras en EUA disminuyó el 85%. Aumentó la caída de los gastos de los hogares, el derrumbe de la confianza de los consumidores y la contracción del sector industrial.
La estrategia económica de la administración Bush tiene dos componentes: el keynesianismo de guerra y una baja masiva de impuestos, cuyas características tienden a acentuar el aumento del déficit público. En el 2001, la Casa Blanca preveía para el 2004 un excedente presupuestario de 262.000 millones de dólares. Un año más tarde, esa cifra fue revisada hacia abajo, como consecuencia de una primera reducción de impuestos unida a la desaceleración económica. Ese excedente se tornó en un déficit modesto de 14.000 millones de dólares. Después se habló de un déficit de 307.000 millones de dólares, antes de la guerra contra Irak, de las consecuencias de una caída de los impuestos de 637.000 millones de dólares en 10 años y del nuevo aumento del presupuesto de defensa.
Los gastos militares estadounidenses son superiores a los del conjunto de los 191 países del planeta [238].
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