Tapa Orden Mundial Imperial

 

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Capítulo XIII

DEPENDENCIA GLOBAL DE LA ECONOMIA NORTEAMERICANA

Más de medio siglo después de su fundación, es claro que el FMI no ha cumplido con su misión. No hizo lo que supuestamente debía hacer: aportar dinero a los países que atravesaran coyunturas desfavorables para permitirles acercarse nuevamente al pleno empleo; pese a que el conocimiento y la comprensión sobre los procesos económicos se ha incrementado durante esos sesenta años, y pese a que las crisis en el mundo han sido más frecuentes y, con excepción de la del ‘30, más profundas. Alrededor de un centenar de países han entrado en crisis. Muchas de las políticas recomendadas por el FMI, en particular las liberalizaciones de los mercados de capitales, contribuyeron a la inestabilidad global. Cuando un país sufría una crisis, los fondos y programas del FMI no estabilizaban la situación, y en muchos casos la empeoraban, especialmente para los más subdesarrollados. Incumplió su misión original de promover la estabilidad global; tampoco acertó en las nuevas misiones que emprendió, como la orientación de la transición de los países comunistas hacia la economía de mercado 214.

Las ideas e intenciones en la creación de las instituciones económicas internacionales fueron evolucionando con los años y se convirtieron en algo muy diferente. La orientación keynesiana del FMI, que subrayaba los fallos del mercado y el papel del Estado en la creación de empleo, fue reemplazada por la sacralización del libre mercado en los ‘80, como parte del nuevo “Consenso de Washington” de 1989, entre el FMI, el BM y el Tesoro de EUA, sobre las políticas “correctas” para los países subdesarrollados, que marcó un enfoque completamente distinto del desarrollo económico y la estabilización 215. De todas formas la mayoría de los países industrializados, particularmente EUA y Japón edificaron sus economías mediante la protección de algunas de sus industrias, hasta que fueron lo suficientemente fuertes como para competir con compañías extranjeras. Forzar a un país en desarrollo a abrirse a los productos importados que compiten con los elaborados por alguna de sus industrias, en general, ha demostrado que tiene consecuencias nefastas. Los controles de capital son otro ejemplo: los países europeos bloquearon el flujo de capitales hasta los años ‘70. No obstante, a los países en desarrollo, con un sistema bancario que apenas funciona, se los obligó a abrir sus mercados. La rápida liberalización de los mercados de capitales, del modo recomendado por el FMI, significó dejarlos a merced de los intereses corporativos y permitir la degradación del Estado.

        LOS MODELOS ECONOMICOS FMI Y BM

Si los mercados se abren a la competencia muy rápidamente, antes del establecimiento de instituciones financieras fuertes, entonces los empleos pueden ser destruidos a más velocidad que la creación de nuevos puestos de trabajo. En muchos países, los errores en secuencia y ritmo condujeron a un desempleo creciente y una mayor pobreza 216.

Tras la crisis asiática de 1997 las políticas del FMI exacerbaron los trastornos en Indonesia y Tailandia. Las reformas liberales en América Latina tuvieron relativo éxito en algunos casos, un ejemplo muy citado es Chile, aunque si bien cumple con los requisitos de la ideología dominante, el grado de desarrollo del país, en lo industrial y social es muy bajo.

En los problemas del FMI y las demás instituciones económicas internacionales, subyace un problema de Gobierno: quién decide qué hacer. Las instituciones están dominadas no sólo por los países industrializados más ricos sino también por los intereses comerciales y financieros de esos países, lo que se refleja en las políticas de esas instituciones. La elección de sus presidentes simboliza esos problemas y con demasiada asiduidad ha contribuido a su disfunción. Aunque casi todas las actividades del FMI y el BM tienen lugar hoy en el mundo subdesarrollado, estos organismos siempre están presididos por representantes de los países industrializados. Debido a la crisis financiera del 2008, es que el FMI se ocupa por primera vez de monitorear y dar recetas a países industrializados, particularmente los de la Unión Europea. Por costumbre o acuerdo tácito el Presidente del FMI siempre es europeo, y el del Banco Mundial siempre es norteamericano. Estos son elegidos a puerta cerrada y jamás se ha considerado un requisito que el Presidente posea alguna experiencia sobre el mundo en desarrollo. Las instituciones internacionales no son representativas de las naciones a las que sirven.

Los problemas también derivan de quién habla en nombre del país. En el FMI son los Ministros de Hacienda o Economía y los gobernadores o directores de los bancos centrales. En la OMC son los Ministros de Comercio. Cada uno de estos ministros se alinea estrechamente con grupos particulares en sus propios países. Los Ministros de Comercio reflejan las inquietudes de la comunidad empresarial, tanto los exportadores que desean nuevos mercados abiertos para sus productos como los productores de bienes que compiten con las importaciones. Estos grupos, aspiran a mantener todas las barreras comerciales que puedan y conservar todos los subsidios cuya concesión hayan obtenido presionando al Congreso. Los Ministros de Hacienda o de Economía y los gobernadores o directores de los bancos centrales suelen estar muy vinculados con la comunidad financiera; provienen de empresas financieras y, después de su etapa en el gobierno, allí regresan. Estas personas ven naturalmente el mundo a través de los ojos de la comunidad financiera. Las decisiones de cualquier institución reflejan naturalmente las perspectivas e intereses de los que toman las decisiones; por ello es que las políticas de las instituciones económicas internacionales, a menudo, se ajusten en función de intereses comerciales y financieros de los países industrializados avanzados.

Lo mismo ocurre con los intelectuales y académicos. Gran parte de los que tienen acceso al poder, lo logran porque se han graduado en universidades extranjeras, especialmente en EUA o algunas europeas -muy pocos, escasísimos, en asiáticas-, a la vez que por adoptar una actitud intelectual “mercenaria”, que los beneficia con financiaciones para sus proyectos. El haber estudiado en universidades extranjeras no desmerece, si el objeto es llevar nuevos o mejores conocimientos para adaptarlos a la realidad local en orden a mejorarla. De esta forma el pensamiento del “centro” y su ideología “penetra” en la “periferia” con muy pocas posibilidades de que se modifiquen estas perspectivas, toda vez que los intelectuales o académicos que se han graduado en sus propios países, carecen de posibilidades de especializarse o de desarrollar proyectos de investigación, ya que hay poca o ninguna financiación para desarrollar criterios alternativos, a la vez que esto les impide tener acceso al poder. De la misma manera tienen pocas oportunidades los intelectuales graduados -o postgraduados- en universidades extranjeras que quieren adaptar sus conocimientos a la realidad local. Muchos, al no encontrar cabida, se vuelven a ir al exterior. Se termina generando un círculo vicioso que crece, con pocas o nulas posibilidades de salir de él. El “régimen de la verdad”, termina siendo el que predomina 217.

Para los campesinos de los países subdesarrollados que se esfuerzan para pagar las deudas contraídas por sus países con el FMI, o el empresario preocupado por los aumentos en el impuesto sobre el valor agregado, establecidos a instancias del FMI, el esquema actual de esta organización es de tributación sin representación. En el sistema internacional de la globalización bajo la égida del FMI crece la desilusión a medida que los pobres en Indonesia, Marruecos o Papúa-Nueva Guinea ven reducirse los subsidios al combustible y los alimentos; y los de Tailandia comprueban que se extiende el sida como resultado de los recortes en gastos sanitarios impuestos por el FMI. Lo mismo podría decirse de América Latina.

Sin alternativas, sin vías para expresar su inquietud, para instar a un cambio, la gente se perturba. Tal vez las calles no son el sitio para discutir cuestiones, formular políticas o anudar compromisos, pero las protestas han hecho que funcionarios y economistas en todo el mundo reflexionen sobre las alternativas a las políticas del Consenso de Washington en tanto que única y verdadera vía para el crecimiento y el desarrollo; ya que las universidades y los centros científicos de la periferia no han servido para ello.

Queda claro, no sólo para los ciudadanos corrientes, sino también para los que elaboran políticas, y no sólo en los países en desarrollo sino también en los desarrollados, que la globalización tal como ha sido puesta en práctica no ha conseguido lo que sus partidarios prometieron que lograría. En algunos casos ni siquiera ha generado crecimiento, y cuando lo ha hecho, no ha proporcionado beneficios a todos; el efecto neto de las políticas estipuladas por el Consenso de Washington ha sido favorecer a la minoría a expensas de la mayoría, a los ricos a expensas de los pobres. En muchos casos los valores e intereses comerciales han prevalecido sobre las preocupaciones acerca del medio ambiente, la democracia, los derechos humanos y la justicia social 218. La globalización sigue la ley del paralelogramo 219.

        FMI-BM-OMC: GOBIERNO ECONOMICO MUNDIAL

La experiencia estadounidense en el siglo XIX constituye un buen paralelo de la globalización actual, y el contraste ilustra los éxitos del pasado y los fracasos del presente. Durante el siglo XIX, cuando los costos de transporte y comunicación cayeron y los mercados, antes locales, se expandieron, se formaron nuevas economías nacionales y con ellas llegaron empresas nacionales que hacían sus negocios en todo el país. Pero los mercados no se desarrollaron libremente por sí mismos: el Estado norteamericano desempeñó un papel crucial y moldeó la evolución de la economía. El Gobierno de EUA estableció amplios grados de intervención económica cuando los tribunales interpretaron de modo lato la disposición constitucional que permite al Gobierno Federal regular el comercio interestatal. El Gobierno Federal empezó a regular el sistema financiero, fijó salarios mínimos y condiciones de trabajo y finalmente montó sistemas que se ocuparon del desempleo y el bienestar, y lidiaron con los problemas que plantea un sistema de mercado.

En la actualidad, con la caída constante en los costos de transporte y comunicación, y la reducción de las barreras creadas por los seres humanos frente al flujo de bienes, servicios y capitales, aunque persisten barreras importantes al libre movimiento de trabajadores, se da un proceso de globalización análogo a los procesos anteriores en los que se formaron las economías nacionales. No hay “gobierno mundial”, responsable ante los pueblos de todos los países, que supervise el proceso de globalización de modo comparable a cómo los gobiernos de EUA y otras naciones guiaron el proceso de nacionalización. En vez de ello, hay un sistema que se podría denominar: Gobierno Global sin Estado Global”, en el cual un pequeño grupo de instituciones: BM, FMI, OMC y unos pocos participantes, los Ministros de Finanzas, Economía y Comercio, estrechamente vinculados a algunos intereses financieros y comerciales, controlan el escenario 220. ¿Se pueden cambiar algunas de las reglas en beneficio del mundo subdesarrollado? Existen formas de modificar el régimen generado por los países más poderosos, o aprovecharlo en su propio beneficio por parte de los países de la periferia 221.

        CRISIS ECONOMICA GLOBAL

La crisis económica se manifiesta en dos niveles:

1) El financiero, de especial incidencia en los años ‘90. Las crisis asiática de 1997, la rusa de 1998 y la brasileña de 1999 son ejemplos claros. La Argentina a principios del Siglo XXI es otro ejemplo. Una característica central de esta etapa es la difusión de la crisis financiera en países que no la conocían, como Japón o los del sudeste asiático.

2) Se refiere a la economía de EUA; porque en los años ‘90 se creyó que con la “nueva economía” se había encontrado un nuevo régimen de crecimiento, liderado por las tecnologías de la información y apoyado por los mercados financieros, que traería crecimiento y prosperidad estables.

La gran novedad de los años ‘90 fue el casamiento entre la informática y la información -Internet-, que facilita la gestión de las empresas y los bancos y la transmisión de la información. El impacto de la crisis se da principalmente a través del deterioro de los balances financieros. Las empresas de la “nueva economía” invirtieron demasiado, lanzaron acciones en el Nasdaq 222 y se endeudaron. La consecuencia fue la pérdida de riqueza de los ahorristas, la disminución de las tasas bursátiles y la quiebra de grandes firmas como fue el caso Enron.

La ilusión de la “nueva economía” se fundó en el hecho de que desde mediados de la década de los ‘80 se buscaba un sucesor al régimen “fordista”, basado en la producción en grandes fábricas de bienes de carácter uniforme para el consumo masivo. Se creyó que sería el modelo “toyotista” japonés, que modernizaba la producción al permitir la salida de productos en series menores -just in time- y más diferenciadas según las distintas clientelas. A partir de 1995, aparece el boom de la informática en el Silicon Valley y muchos gobernantes y empresarios pensaron que el porvenir estaba allí. Hubo un flujo de capitales financieros del mundo entero hacia el mercado norteamericano, pero cuando se advirtió que las nuevas firmas no eran tan rentables, el mercado se dio vuelta.

La relación salarial “fordista”, que estuvo en el corazón del modelo de crecimiento hasta los años ‘70, disminuyó a partir del auge de las políticas monetarias conservadoras, de tal manera que el ingreso de los asalariados se volvió muy sensible a la coyuntura: las industrias licenciaron y despidieron, y la gente se empleó en el sector de los servicios o en nuevos sectores, con salarios más bajos, más precariedad y sin sindicalización. Surgieron formas muy desiguales de la relación laboral, bien distintas de la uniformidad salarial del “fordismo”.

Esta transformación fue acompañada por el auge del neoliberalismo. La quiebra de Enron, mostró algo escandaloso; los trabajadores lo perdieron todo: empleo, fondos de pensión, participación accionaria en la empresa.

Si tomáramos al pie de la letra al Consenso de Washington de 1989 y las versiones de ajuste posteriores, el derrumbe de Argentina marcaría el fracaso de ese modelo, porque se aplicaron todas las recetas: privatización de las empresas estatales, disminución del gasto público, privatización de las jubilaciones, apertura al capital internacional, abolición de las barreras aduaneras.

Fue un éxito para algunos agentes muy poderosos del sector privado, pero fue un gran fracaso público de las elites dirigentes. En la medida en que no se puede aceptar que los niños que se mueren de hambre son el precio que se paga para que algunos se conviertan en millonarios, es un gran fracaso. Los argentinos ricos al mandar sus dólares a EUA, contribuyeron a la riqueza norteamericana y a la suya propia, agravando aún más la crisis económica argentina.

En el caso de Argentina, EUA y Europa tienen dos roles distintos. Los norteamericanos se especializaron en todo lo que tiene que ver con las finanzas, mientras que los europeos trajeron tecnologías en lo que tiene que ver con servicios públicos. Por lo tanto, los europeos siguen siendo industrialistas, mientras que los norteamericanos tienen una lógica en extremo financiera. Por eso hay conflicto de intereses.

Sobre cómo van las cosas a nivel global tiene que ver con el tema de la llamada “gobernabilidad mundial”. Para los norteamericanos, todo va bien, a excepción del terrorismo. Para los europeos, nada está bien: inestabilidad financiera, pérdida de influencia de aquellas instituciones que defienden la salud y el trabajo, acentuación del subdesarrollo de las naciones más pobres y de las desigualdades y, sobre todo, el carácter no multilateral de la gestión de los grandes problemas internacionales. Hay muchas oposiciones entre europeos y norteamericanos. Pero durante los períodos de crisis, la reacción más rápida viene de EUA, que impone las soluciones.

El hecho de que el FMI pare su financiamiento puede ser interpretado de varias maneras. Una es la preeminencia del núcleo que plantea que no hay que ayudar a los que quiebran, porque se crea un problema de “riesgo moral”. La segunda es que, desde la crisis asiática, el FMI no tiene más paradigmas tan rigurosos como a principios de los años ‘90.

La relación entre la política y la economía es un viejo mito. Para los liberales, el Estado sólo puede hacer daño a la economía. La paradoja es clara: ¿cómo es que en EUA el Estado interviene tanto? Bush es un republicano y, sin embargo, impulsa muchas medidas económicas desde el Estado, para compensar las crisis provocadas por el mercado. El otro punto importante es que los políticos tuvieron demasiada confianza en las finanzas. Cuando los países fueron hacia la liberalización financiera, más grave resultó la crisis. En aquellos países que resistieron -como Taiwán, India, China, Chile, Malasia-, los políticos no dejaron entrar a los capitales de corto plazo y la crisis fue mucho más moderada.

La globalización es el discurso que generaron las multinacionales norteamericanas para lograr abrir todos los mercados de los países emergentes. Utilizaron a los Estados y las organizaciones multilaterales para conseguir esa apertura. De tal manera que para ellos, efectivamente, los Estados débiles eran la premisa favorable para negociar condiciones de acceso más fáciles. Hay un doble discurso. Por un lado, se pretende que el mundo tiene igual receta, pero las medidas de ajuste son para los países de la periferia. Un ejemplo es cuando en EUA la “burbuja” financiera estalla, bajan las tasas de interés, para evitar que todos los bancos quiebren. Cuando lo mismo ocurre en Corea del Sur, el FMI recomienda subir las tasas de interés, lo que aumenta las quiebras de los bancos 223. El objetivo era simplemente abrir los bancos coreanos al capital multinacional. De tal manera que es cierto que hay un Estado estratégico en el centro y Estados débiles en la periferia. La globalización es una falsa convergencia.

No hay un debate en la periferia acerca de qué gana la sociedad abriéndose o cerrándose en cada caso; por ejemplo si abrirse o no a los capitales de corto plazo si se trata de un país emergente, o abrirse al capital productivo y directo a condición de que se lo controle. Abrirse a los capitales especulativos, genera riqueza en el corto plazo, pero ese capital se va y genera todavía más pobres que cuando entró. Hay que contar con las propias fuerzas e intentar recomponer las bases productivas.

El mercado gana cuando la sociedad no es capaz de generar compromisos institucionales para organizarse. Si la sociedad está muy dividida, muy conflictuada, muy corporativizada, las elites utilizan el mercado para atomizarla y segmentarla 224.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Construcción de un Orden Mundial Imperial, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6267-7


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com

214 Gerard Caprio Jr., (et. al., Eds.), Preventing Bank Crises. Lessons from Recent Global Bank Failures. Proceedings of a Conference Co-sponsored by the Federal Reserve Bank of Chicago and the Economic Development Institute of the World Bank, (Washington D.C., Edit. Development Studies, World Bank, 1998).

215 El tema del Consenso de Washington lo he analizado en profundidad en, DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. VIII.

216 Stiglitz, Joseph E., El Malestar en la Globalización, (Buenos Aires, Taurus, 2002), pág. 48.

217 Este tema lo he analizado en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Papel de la Universidad y los Científicos Latinoamericanos en Epocas de Crisis”, en Revista Española de Psicología Política, N° 22, Mayo del 2001, págs. 77-87.

218 Stiglitz, Joseph E., El Malestar en la Globalización, (Buenos Aires, Taurus, 2002), págs. 49-50.

219 Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una “Macro-Etapa”, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), Cap. I.

220 Stiglitz, Joseph E., El Malestar en la Globalización, (Buenos Aires, Taurus, 2002), págs. 51-52.

221 Este tema lo he analizado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), págs. 75-91.

222 Indice de la Bolsa de Nueva York sobre la “nueva economía”. En este índice están las empresas vinculadas a la microelectrónica, la informática, la telefonía, internet, etc.

223Ver Stiglitz, Joseph, El Malestar en la Globalización, (Buenos Aires, Taurus, 2002).

224 Ver Thwaites Rey, Mabel, “Si la Sociedad no Puede Organizarse, Gana el Mercado”. Reportaje a Robert Boyer, Director de investigaciones del Centro Nacional de Investigación Científica y de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Francia. Dictó conferencias en el CEIL-PIETT/CONICET, el IADE y las Universidades de Buenos Aires y La Plata. Diario Clarín, Buenos Aires, 12 de Enero del 2003.