El Orden Mundial del Siglo XXI

 

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Capítulo VII

EL PODER

EL CONCEPTO DE AUTONOMIA
COMO CONCEPTO DE PODER

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Debe hacerse una distinción entre poder sobre los demás y poder sobre “sí” mismo.

Por ello, voy a analizar las dos alternativas que, desde mi punto de vista, podrían ser factibles: 1) buscar estrategias que permitan maximizar el poder negociador a fin de “equilibrar” las capacidades respecto de los actores mayores (esto no necesariamente implica alcanzar el mismo poder ya que, entiendo, que todo proceso de negociación funciona alrededor del quid-pro-quo). 2) La “perspectiva de la autonomía” o lo que Johan Galtung llama el desarrollo de un “poder sobre sí mismo” 232.

Cuando se habla de poder, siempre se piensa en términos del poder de un actor sobre otro. La idea es que cuanto más poder tiene “X” sobre “Y”, menos tiene “Y” sobre “X” y la “suma” se mantiene constante -suma 0-. El equilibrio se obtendría cuando la suma se divide en partes iguales 233. Sin embargo, esta no es la única alternativa de contrapesar el poder. Se puede considerar a la “autonomía”, o en otros términos, el desarrollo de poder sobre sí mismo. La capacidad para establecer metas propias -no las metas que nos fijen otros mediante el adoctrinamiento intensivo- y para tratar de alcanzarlas. Para ello, es indispensable, previamente, tomar conciencia de la situación de dependencia. Hoy, esto es algo más complejo, toda vez que la transnacionalidad, ya no es un dato, sino un hecho y el relacionamiento no es exclusivamente de Estado a Estado y gobierno a gobierno sino, mayoritariamente transnacionalizado.

La política, es el resultado de la coordinación del poder ideológico (o de las ideas o cultura), del poder remunerativo (el que ofrece bienes en un quid-pro-quo) y el poder punitivo (el poder que ofrece males o castigos a través de la fuerza militar o la sanción coercitiva) 234.

El equilibrio de poder se logra ejerciendo un contrapoder -según la concepción de Morgenthau- en la dirección opuesta 235 al ideológico (presión ideológica), remunerativo (equilibrio de la dependencia económica) y punitivo (equilibrio militar). Sin embargo, otra alternativa sería, no resistir mediante el ejercicio de un contrapoder, sino desarrollar más poder sobre sí mismo, o dicho en otros términos, tratar de “inmunizarse” frente al poder dominante. Esto es, rehusarse a ser receptor de poder.

                  Gráfico 13
Poder como Autonomía

La categoría autonomía deberá ser uno de los problemas epistemológicos a resolver, sea en contraposición a la categoría equilibrio de poder, complementariamente, o como alternativa a ésta.

Para que se dé poder ideológico, es necesario la sumisión ante quien esgrime el poder, o la desnacionalización cultural. La mejor manera de contrarrestarlo es mediante el desarrollo de la propia identidad de un proyecto autónomo.

El poder remunerativo presupone un elemento de dependencia 236, sólo si un país necesita los bienes ofrecidos 237, concediendo el quid a cambio del quo de la otra parte. Sustituir esta relación de dependencia por la capacidad para arreglarse con los propios recursos 238 -o la autosuficiencia- y el poder remunerativo no logrará su objetivo.

El poder punitivo presupone el temor a perder lo que el país tiene e incluso lo que el país es 239. Sin el miedo a las amenazas de fuerza o a la fuerza misma, el poder punitivo no producirá efecto. Reemplazar el temor por la intrepidez 240 hará posible resistir el poder punitivo.

Si se combinan las tres capacidades, se puede comprender la naturaleza de la autonomía o el poder sobre sí mismo.

Una pregunta que me surge con este proceso es: ¿esto no podría llevar al aislamiento de los países Sur? Cuando deban adoptar relaciones con potencias centrales, de todas formas, ¿no deberían buscar estrategias equilibradoras 241 que les permita negociar desde una mejor posición?

Analizando las cosas bajo la perspectiva del poder sobre otros, la fuente del poder deriva de: 1) algo que uno es: poder de los recursos 242; 2) algo que uno tiene: poder de las diferencias 243; 3) de la posición en una estructura: poder estructural o poder de relación 244.

Lo que me interesa analizar, desde el punto de vista de la relación dominación-dependencia, es el poder estructural.

En este tipo de poder se distinguen tres aspectos: 1) la explotación; 2) la fragmentación; 3) la penetración. La combinación de estos tres elementos da como resultado la dominación estructural. En realidad, la explotación es el resultado de los efectos combinados de la penetración y la fragmentación.

1) Explotación

En términos generales, hay explotación si una parte obtiene mucho más del intercambio 245 que la otra. La explotación se produce cuando la suma total de los costos y beneficios difiere para los diversos grupos y algunos grupos obtienen mucho más que otros.

La lucha contra la explotación es una lucha por el cambio de la estructura total y particularmente, de los factores que favorecen la explotación. Esta lucha puede revestir la forma de producir una reestructuración del estado de cosas, de modo tal que los costos y beneficios se distribuyan más equitativamente 246.

Los factores y procesos económicos han operado en el mundo de tal manera que las tareas estimulantes 247 las realizan los “países del centro”, mientras que los “países de la periferia” deben encargarse de los aspectos rutinarios 248. Esto significa que el “centro” tiene poder para determinar la cultura destinada a la “periferia” 249.

Pero además, significa que la “periferia”, que se encuentra “integrada” al centro, no realiza actividades orientadas al desarrollo científico-tecnológico, en parte por escasez de fondos y en parte por desinterés, comodidad, ignorancia de los grupos dirigentes, e incluso porque este tipo de actividades no tiene un rédito político en el corto plazo.

2) Fragmentación

Divide et Impera - Métodos

a) Evitar que los países dominados tengan demasiado contacto “horizontal” y directo entre ellos; especialmente una interacción económica y comercial. De acuerdo con este principio, el contacto con el mundo exterior debe ser vertical, hacia el “centro”, antes que horizontal, entre los países de la “periferia”. Es preciso desconocer cualquier clase de agrupación o concertación organizada 250.

b) Evitar el contacto multilateral entre la parte dominante y más de una de las partes dominadas 251.

c) El menor contacto posible entre los demás dominados y el mundo exterior. El contacto con el mundo exterior -sea con otros poderes dominantes o dominados- también debe pasar por -el visto bueno- el “centro” 252.

En la teoría de las esferas de influencia, existe un acuerdo tácito: “si el otro polo se mantiene lejos de mis satélites, me mantendré lejos de los suyos” 253. Pero los países dominantes se reservan el derecho de tratarse multilateralmente, derecho que niegan a sus subordinados. Esto impide que se organicen.

La única alternativa frente a este tipo de política, es buscar la coordinación externa en temas que no caigan dentro de la esfera de la “crucialidad”. Estas conductas implicarían una desconfianza de la potencia dominante y la orientarían, por ende, a una nueva forma de fragmentación o incluso de sanción a los promotores de la coordinación.

No obstante ello, existen algunos casos que, independientemente de su situación actual, han sido suficientemente exitosos como para romper la estructura de la fragmentación. Un ejemplo que creo es ilustrativo en este sentido, es el caso OPEP.

Pero además, los países “Sur” desde principios de los '60 han desarrollado una buena cantidad de estrategias, tanto en el orden económico, como en el político, que les ha permitido aumentar la cooperación entre ellos, a la vez que coordinar sus posiciones respecto de los países “Norte”.

El surgimiento del Movimiento de Países No Alineados a principios de los '60, o la conformación de los sistemas de integración económica, tanto en América Latina como en Africa y Asia para la misma época; los esquemas de concertación, tales como CECLA (Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana) a partir de 1964 y SELA (Sistema Económico Latinoamericano), su reemplazante desde 1975 en el nivel latinoamericano, o el Grupo de los 77 en el orden global del Tercer Mundo; un sistema mucho más flexible de cooperación política, orientado fundamentalmente hacia la solución de conflictos internacionales de alcance global como el Grupo de Contadora, reforzado a partir de 1985 por el Grupo de Apoyo y extendido su ámbito de acción a otros terrenos de la cooperación con la conformación del Grupo de los 8; etc.

Sin embargo, como anticipé, esta es la variable crítica en una teoría “Sur” de las relaciones mundiales. En la medida en que los países “Sur” no logren superar el problema de la fragmentación, tanto en sus causas externas, como internas (autofragmentación 254), la operatividad de los principios sostenidos en los foros internacionales -sea en organismos o cumbres gubernamentales- desde hace ya varias décadas, seguirá postergándose.

3) Penetración

Penetración del país dominante dentro de los países que serán dominados.

El poder estructural se vuelve realmente operacional cuando una Nación se introduce “bajo la piel” de otra a fin de formar las estructuras mismas de esa Nación. Esto reviste diversas formas y debe distinguirse la subversión, que es la penetración desde la “periferia”, de la superversión que es la penetración desde el “centro”.

1) Se da una relación entre las élites -de gobierno o privadas, lo importante es que constituyan factor de poder- de los países dominante y dominado. Aquí entran en escena las organizaciones internacionales gubernamentales para desempeñar su rol de grandes “igualizadoras”, no de países (como parecen pensar quienes confunden gobiernos con naciones), sino de delegaciones gubernamentales, de élites. La igualdad altamente formal que se establece a este nivel, es la que exigen comunmente las élites de la periferia y éste, suele ser también el límite en que se detienen y no piden más.

2) Tanto en el país dominante como en el dominado, existe una desigualdad básica frente a la estructura y esta desigualdad está distribuida en sí misma de “manera desigual”. La desigualdad en la “periferia” es mucho mayor que en el “centro”. Si no fuese así, no habría mano de obra barata para explotar a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.

Estos dos aspectos aunados, son la vía de penetración de la élite del país dominante en la élite de los países dominados. Pero como la desigualdad no es tan evidente en el “centro” -entre la élite y los que se encuentran en estratos inferiores-, asume a menudo la forma del país entero, total, en el nivel más alto en el sistema internacional, que penetra en el país en el nivel más bajo en el sistema internacional, en su mismo centro y en el nivel de su élite superior 255.

La penetración se convierte también en una estrategia de fragmentación: mantiene separadas a las dos periferias 256, ligando a una de ellas mucho más estrechamente con las clases superiores unidas del mundo que con la otra. En términos cotidianos y en un lenguaje políticamente más significativo: ¿a quién debe fidelidad la clase trabajadora europea, a las clases superiores europeas o al proletariado mundial? 257 El mismo ejemplo podría citarse para el caso norteamericano, particularmente ahora con el caso del NAFTA con México adentro, cuyos trabajadores podrían constituir mano de obra más barata que la norteamericana y, supuestamente, perjudicar las fuentes de trabajo de los trabajadores de este último país.

Pero la pregunta clave es: ¿a quién deben fidelidad las élites dirigentes de los países “Sur”? Especialmente aquellas élites funcionales a una situación de dependencia o, por el otro lado, disfuncionales a las aspiraciones autonomizantes de los países “Sur”.

En el primer caso, las élites no son leales con sus propias naciones, y el problema a resolver, es el reemplazo de la élite. En el segundo caso, las élites son leales declamativamente respecto de sus propias naciones, o al menos de su electorado, pero terminan, por una causa u otra, siendo ineficientes y por ende disfuncionales con los propósitos autonomizantes. En este caso, el problema pasa por convencer a las élites de que los costos de su ineficiencia son mayores que los que deberían afrontar con una postura autonomizante -y “cobrarles” ese costo, por cierto, sino predominaría la impunidad-. A su vez, en la hipótesis de que esto se resuelva; el problema mayor pasa por convencer a todas las élites del “Sur”, de la necesidad de volcar toda su voluntad política, en un esfuerzo conjunto para lograr estrategias verdaderamente efectivas a fin de hacer operativas todas las aspiraciones, que hasta el presente tan sólo han sido declamativas o pura fórmula electoral, o de discurso en los foros internacionales, con el objeto de ver qué se puede obtener mediante la política de “crear culpas morales” a las potencias centrales, o a la evolución tecnológica.

Desde el punto de vista de los factores externos que condicionan las aspiraciones de los países “Sur”, la combinación de la explotación más la fragmentación más la penetración, es igual al poder estructural. Uno de los términos que definen a esta combinación, además de “imperialismo”, es dominación. ¿De qué modo una estructura de dominación sirve como un instrumento de poder? Se trata, evidentemente, de algún tipo de poder estructural, pero ¿de qué modo sirve como un medio para los tres canales de poder? ¿Cómo crea la identificación, la dependencia y el temor, en contraposición al respeto de sí mismo, la autosuficiencia y la intrepidez?

Parecería que una estructura de dominación es, precisamente, más que cualquier otra cosa, el medio para que otros países se vuelvan suceptibles al poder del país dominante. El punto fundamental es no dejar a los países dominados ninguna alternativa, dejarlos como solitarios satélites suspendidos del extremo de las cuerdas extendidas desde el centro del “centro” hasta el centro de la “periferia”, y tratar de que estas cuerdas hagan las veces de cordón umbilical.

La clave básica para la estructura de dominación y su funcionamiento es la dependencia. En este contexto, significa que el “centro” proporciona algo que la “periferia” 1) considera indispensable; 2) piensa que no podrá obtener en otra parte. Y esto, se relaciona mucho con la identificación: la “periferia” (sus decisores), piensa que estos elementos son indispensables porque le enseñaron a pensar así 258, porque ha adoptado y se ha adaptado a la cultura del “centro”. El poder estructural o la dominación sirve, en otras palabras, para corroer la autonomía.

CONDICIONANTES A LA AUTONOMIA DE LOS PAÍSES “SUR”

No obstante ello, hemos visto -especialmente en este último método de la dominación estructural- que uno de los factores básicos a tener en cuenta para salir del estado de dependencia u orientarse hacia la autonomía, es tener la conciencia de que se es dependiente, o tener una percepción clara de cuál es la verdadera causa de la situación que están viviendo los países “Sur”.

En el caso de América Latina, la mayoría de los gobiernos militares han tenido, tradicionalmente, una percepción de las cosas en las que predominó el problema del avance del comunismo, como una de las causas profundas de nuestras problemáticas. En definitiva, como sólo las potencias centrales (en este caso EUA) tenían el poder suficiente para proteger globalmente a la región del avance del enemigo (URSS), el quid de ser dependientes ha sido lo que los países latinoamericanos han otorgado a cambio del quo de ser protegidos de una “dominación peor”, como la del comunismo. También en el terreno económico, “aliarse” 259 al centro industrializado, genera la idea de que se recibirá el beneficio de obtener ciertas ventajas financieras e incluso tecnológicas, por sobre otros países.

Lo mismo se puede decir acerca de la percepción de la dirigencia sobre la posibilidad de mejorar la inserción internacional de los países periféricos, si se acercan a los países industrializados o a las potencias centrales y realizan determinadas tareas que son bien vistas por su dirigencia. Existe la creencia de que este tipo de actitudes acarrearán un “premio” o algún tipo de favores que acelerarán el camino hacia mejores posiciones internacionales.

Entiendo que, independientemente de la pugna entre las potencias polares, uno de los obstáculos que deben vencer los países “Sur” para iniciar su camino hacia la autonomía, es efectivamente, la toma de conciencia de que el problema de la dependencia, no pasa por la pugna ideológica entre las superpotencias, sino por el proceso “natural” de dominación de las potencias centrales, cualquiera sea su signo ideológico.

Por los mismos motivos, el que la élite dirigente de los países “Sur” decida realiza ciertas tareas ventajosas para las potencias centrales en aras de una “alianza preferencial” -que no necesariamente conseguirá-, constituye un error de apreciación si esta conducta no forma parte de un plan concreto para ir escalando hacia posiciones de mayor autonomía aprovechándose de las últimas posiciones alcanzadas 260.

Una pregunta crucial es: ¿qué tipo de estrategia desean -o aceptarían- seguir los Estados “Sur” para lograr una mayor autonomía de desempeño? ¿Hasta qué punto es factible que los gobiernos adopten políticas de coordinación; lleven a cabo estrategias en común que les permitan resultados medianamente satisfactorios? ¿Qué factores, tanto exógenos como endógenos, impedirían la coordinación de sus posiciones? ¿Cómo evitar que los actores privados y los transnacionales aprovechen en beneficio propio las políticas adoptadas por los gobiernos, individualmente o en conjunto, perjudicando las posibilidades de desarrollo y bienestar de las naciones?

Sería necesario localizar los “factores” de mayor fuerza integradora y los de mayor debilidad en el seno de las agrupaciones de Estados -acorde con las tendencias actuales, ya que las condiciones cambian-, y establecer por qué estos factores son fuente de fuerza o de debilidad.

HIPOTESIS DE CAMBIO DE LOS ESTADOS MENORES

Toda política implementada en el ámbito interno de los Estados “menores” 261, tendiente a producir transformaciones que los lleven a modificar su status internacional implicará, por lo menos, tres alternativas básicas:

1ra Hipótesis: Se produciría un desequilibrio, como consecuencia del triunfo de fuerzas sociales internas progresistas que pugnan por el establecimiento de un modelo político que satisfaga en un plazo relativamente corto, las aspiraciones y necesidades esenciales. Modelo que sustituye al practicado tradicionalmente por la élite dirigente que ha perdido posibilidades de continuación.

No obstante ello, el mantenimiento de un status quo que beneficie a la élite doméstica tradicional, está asegurado por el interés de las fuerzas de la élite internacional, directamente beneficiaria del equilibrio interno y externo existente dentro del actor en cuestión, garantizando de esta manera la estabilidad, o un cambio “gatopardista” 262.

Es previsible que, en buena medida, la nueva élite del actor menor, recientemente sacudido por el fenómeno revolucionario, encontrará difícil conciliar sus mejores propósitos e intereses 263, con el orden externo imperante, correspondiente y correlativo al orden interno ya superado. En estas condiciones, es muy probable que los nuevos dirigentes tiendan a buscar dentro del proceso externo, actores capaces de apoyar las posiciones domésticas en curso de implantación. De esta manera impugnan el status quo 264.

En los últimos tiempos, con la tendencia creciente al surgimiento de ONG’s que buscan defender derechos e intereses de diferentes sectores -derechos humanos, la mujer, etc.- se produce un fenómeno “desestatalizado” de resolución de conflictos -por diferentes vías-, entre grupos que buscan el cambio para mejorar su situación y grupos tendientes al mantenimiento del status quo.

2da Hipótesis: Contrariamente a lo anterior, se supone el triunfo de las fuerzas políticas tradicionalistas en el escenario de los actores menores, trayendo como consecuencia la neutralización de las fuerzas sociales progresistas y el consecuente mantenimiento, no sólo del status quo, sino del correspondiente equilibrio interno y externo 265.

3ra Hipótesis: La menos probable; que la élite imperante en los Estados “menores”, lleve a cabo iniciativas que conduzcan o desemboquen en una vía de contínuo progreso evolutivo que, al cabo de varias décadas produzca ciertas transformaciones que mejorarían el status interno e internacional del actor 266.

Tradicionalmente, las élites de las potencias dominantes, han buscado imperativamente restablecer el equilibrio interno, parcial o gradualmente alterado por la acción disidente de algunos actores situados en su área de influencia, dando apoyo y satisfacción a los poderosos grupos internos que le son adictos en los demás Estados “menores” de dicha área y obligándolos a prestar su apoyo o consecuente neutralidad en el momento en que avancen las impugnaciones del status quo 267.

Los dominantes cuentan con estrategias tendientes a impedir los riesgos de autonomización de sus dependientes y de su absorción por otros dominantes. La estrategia básica es la satelización (“divide et impera”) 268, o fragmentación de acuerdo con Galtung.

Esto es típico en América Latina, Asia y Africa, en que el dominante monopoliza las relaciones -militares, económicas, culturales, etc.- con cada dependiente, en tanto éstos quedan aislados hasta de sus propios codependientes 269.

De esta manera, el dominante genera subsistemas políticos respaldados por tratados internacionales, mediante los que delimita su zona de influencia en la que otros dominantes no pueden introducirse 270 y, a su vez, está dispuesto al recurso de la violencia física para sancionar y encausar al “descarriado” 271 o a los condicionantes económicos 272.

Por ende, en la medida en que los dependientes superen el aislamiento en que los ha colocado su dominante (alianza contra el dominante 273), pueden “pensar” en común sus recursos de poder y, con ello, introducir un cambio fundamental en su situación. Esto se podrá lograr sólo a partir del reconocimiento por parte de los dependientes, de su condición de tales y de su posición débil.

Los dependientes, ya tienen suficientes principios aprobados en el seno de los foros internacionales. Del mismo modo que ya han intentado y conocen -al menos teóricamente- la mecánica de las estrategias autonomizantes. Para salir de la situación de dependencia -si es que la élite dirigente, realmente está interesada en hacerlo-, necesitan salir del terreno de la declamación y, fundamentalmente, de la “autofragmentación”.

CONTRAESTRATEGIAS

Es evidente que frente a todas las estrategias que se intenten llevar a cabo, surgirán contraestrategias por parte de las potencias dominantes. Creer que los problemas de los países “Sur” se solucionarán despertando la buena voluntad de los dominantes, es caer en el terreno de la ingenuidad, a la vez que no comprender la naturaleza de las relaciones mundiales.

Las contraestrategias generalmente están orientadas en tres sentidos:

1) Tratar de mantener el sistema de aislamiento satelizado.

2) La aplicación de severas sanciones (incluso por vía militar) contra aquellos sectores o naciones que jueguen un papel protagónico en la promoción de la alianza de dependientes.

3) Una contraestrategia menos obvia, es la del establecimiento de un Estado “proconsular” o aliado preferencial. La nación proconsular adquiere una posición particularmente dependiente respecto del dominante, pero a la vez, y en función de ello, comienza a ejercer una dominación relativa sobre sus “codependientes” 274 en una actitud funcional respecto de la potencia hegemónica.

Hasta ahora, sólo existe un conjunto de principios de política que, per se, no constituyen una política internacional de los países “Sur”, debido fundamentalmente a la falta de coordinación de sus políticas, lo que impide que esos principios sean operativos.

Por el otro lado, las estrategias autonomizantes aplicadas históricamente, han tenido el defecto de verse debilitadas, fundamentalmente, por la falta de voluntad política de los decisores de los países “Sur” de sostener posiciones conjuntas o de afrontar, en cierta medida los costos de aplicación de estas estrategias frente a los costos de la dependencia misma 275. Parece haber una pérdida o una inexistencia de confianza en el esfuerzo propio conjunto de los países “Sur”, frente al poder del “Norte”.

La orientación de las políticas de los Estados “Sur” -al menos en el terreno individual- pone más el acento en las diferencias metodológicas que en las diferencias de orden sustantivo respecto de las potencias dominantes. De esta manera, en realidad se está jugando a sacar la mayor ventaja de la situación dependiente que a buscar una vía autonómica.

Las transformaciones mundiales resultantes de la finalización del sistema bipolar y el surgimiento de esta gran ola neoliberal que actualmente impera, provocan que los principios alcanzados por los países “Sur” no sólo se debiliten y pierdan vigencia frente a los nuevos acontecimientos, sino que los propios Estados -gobiernos- vuelvan a fragmentarse volcándose hacia los nuevos polarizadores o se vean debilitados por el proceso de transnacionalización.

LA PROBLEMATICA DEL PODER Y EL ORDEN EN LOS PAISES DEL TERCER MUNDO

Alcanzar una estructura -en términos de organización mental- desde la cual poder explorar el “mundo exterior”, comprender y explicar los hechos, procesos y fenómenos internacionales, resulta sumamente difícil. Se puede armar esta estructura desde la filosofía política, o desde otras perspectivas, como la historia o el psicoanálisis.

En todos los casos -con las dificultades que cada una tiene- se busca resolver el problema de la “percepción” 276 de la realidad.

Los descubrimientos de la ciencia están condicionados por la estructura mental, así como por lo que ha afectado o afecta a la estructura. Por supuesto, esta estructura debería teóricamente coincidir con la realidad física; pero la “percepción” la condiciona. Por ello, muchos confían más en una ciencia empírica, libre de todo basamento especulativo 277.

Más allá de ello, la ciencia no es una ilusión a pesar de la incidencia de la percepción. Sí es una ilusión suponer que podemos lograr de otra manera lo que la ciencia nos brinda 278.

La estructura desde la que se organiza el estudio de lo internacional ha estado girando desde los pre-socráticos hasta la actualidad, alrededor de dos conceptos básicos: 1) el origen y las causas del conflicto y 2) la posibilidad de establecer una paz estable y duradera.

Profundizando un poco más en el tema del conflicto, en el sentido de, qué circunstancias internacionales generan conflicto -más allá de si éste es algo esencial o no a la conducta humana o a las relaciones sociales-, se podría decir que habrían dos básicas: 1) el conflicto por el poder y 2) el conflicto por el orden.

En el estilo realista, la búsqueda del poder, muestra la visión del mundo de la política internacional 279; en el idealismo, lo es la búsqueda del orden en términos de deber ser 280, sin importar qué características tiene la realidad sobre la que se establecerá ese orden. No obstante, la relación entre poder y orden en la política mundial, es de naturaleza dialéctica. Por lo tanto ambos conflictos deben ser reconocidos como dos caras de la misma moneda 281.

Aquí se encontraría la esencia de las relaciones mundiales; esencia que adoptará diferentes formas históricas. Durante el bipolarismo se ha centrado en el conflicto Este-Oeste y en el Norte-Sur, especialmente bajo las figuras de capitalismo vs. comunismo y colonialismo vs. anticolonialismo. En la actualidad adoptará nuevas formas, pero la esencia perdura.

A estos conceptos organizadores que conforman la esencia de la política mundial, hay que agregarles un tercero, que tiene que ver con la forma cómo se perciben las naciones entre sí y cómo verdaderamente son. Esto, ya que los conflictos entre las naciones no se dan sólo por razones objetivas, sino también que inciden las “ficciones” o imágenes que los hombres crean, que tienen que ver con la ideología y el nacionalismo 282.

Este último tema nos deriva en uno nuevo, que tiene que ver con quiénes actúan en nombre de las naciones en la política mundial y cuál es el impacto de la opinión pública en el proceso de toma de decisiones a nivel nacional e internacional. Esto exige que haya que hacer una diferencia entre los que deciden y los “influenciados” que tienden a percibir el mundo en términos de imágenes basadas en sus propias necesidades, en el “deber ser” necesario 283.

La opinión pública, no está, en el promedio, en condiciones de comprender las complejas realidades de las relaciones mundiales. Sólo conoce sus necesidades, pero no cómo alcanzar su solución. Por lo tanto, está a “merced” de quien actúa en su nombre -y de los lobbies que se manejan según sus intereses particulares, que van desde grupos nacionales y extranjeros hasta gobiernos- y, desde ya, de su propia evolución, educación, información y madurez.

Esto resulta más difícil aún, si se habla de sociedades reprimidas, sea por razones ideológicas, religiosas, u otros motivos, o de sociedades que son “distraídas” con imágenes de un mundo según los intereses y percepciones de quiénes las representan y deben confiar en ellos.

Ni siquiera puede influir mediante las elecciones, ya que en los países del Tercer Mundo -en el Primer Mundo también suele ocurrir- es frecuente que haya un discurso electoral y luego los gobernantes hacen cosas distintas, a veces todo lo contrario a lo prometido, sea porque se deben a quiénes financiaron sus campañas, sea porque no tuvieron una visión clara de la realidad, sea porque las presiones externas de actores más poderosos o hegemones y la falta de apoyos de los “pares” impiden mantener la posición, o incluso, porque no hay alternativas electorales.

Los que actúan en nombre de la Nación, en el caso de los países del Tercer Mundo van, generalmente, desde dictadores civiles o militares, hasta gobiernos llamados “democráticos” porque han sido elegidos mediante las urnas, aunque no necesariamente favorezcan la “participación” que la democracia implica, o no tengan una Nación “participativa” -por falta de cultura política- que los estén presionando permanentemente para exigir que generen políticas que favorezcan los “intereses nacionales”.

De esta manera, los gobiernos terminan orientando las relaciones externas de sus países, acorde con la “percepción” que tienen del mundo, de lo que pasa en él, de cuál es la inserción de su país y de qué es lo que más lo beneficia, sin atender a lo que se considera el interés nacional, ya que éste, no resulta de un “debate” nacional, sino de una imposición de la élite gobernante o de actores transnacionales o extra-nacionales, que inciden sobre los gobernantes 284.

Esto produce una gran distorsión entre la percepción de la élite gobernante que considera que los problemas y las prioridades del país deben manejarse según el criterio manejado por ese grupo -y la influencia de los lobbies- y las necesidades de la Nación, vinculadas a su situación de dependencia, endeudamiento, vinculación neo-colonial, perjuicio comercial, o atadura crediticia o financiera.

La relevancia de los intelectuales -¿élites?- del Tercer Mundo es prácticamente nula, debido a que no constituyen un lobby; a que carecen de poder y/o de influencia suficiente; a que son anulados por las preferencias de la élite gobernante, de manejarse con visiones de grupos intelectuales provenientes de los países “influyentes”, o los “monos sabios” 285 locales que buscan poder acomodándose con los que están en el “turno”; o las propias élites gobernantes han sido educadas o capacitadas en los países centrales, sean hegemones o ex-Madres Patrias, con criterios que no se condicen con las necesidades y prioridades de la periferia.

Más grave aún, la mayoría de los intelectuales -y pseudo intelectuales o “monos sabios”- del Tercer Mundo, son educados en la periferia con planes armados a imagen y semejanza de los “centros” y siguiendo programas y bibliografías desarrolladas en estos países, ya que el nivel de investigación científica y creación en la “periferia”, particularmente en ciencias sociales -que es el tema que más directamente influye en lo que estoy tratando-; que muestran una visión del “centro” de lo que pasa en la “periferia” y de cómo se deben resolver sus problemas o satisfacer sus necesidades; o sino, reciben educación en el “centro” o formación superior -postgrados y/o doctorados- que luego es utilizada en bruto, en vez de ser adaptada y aprovechada según las necesidades de generar una verdadera élite intelectual que saque a la periferia de la condición en que se encuentra, sin que esto deba significar necesariamente rupturas traumáticas, como el caso de China, Cuba u otros.

También debe considerarse que esto es favorecido por las élites gobernantes, y que toda conducta contraria, sea por intelectuales o grupos dentro de la Nación, es considerada como “subversiva” 286 a fin de ser inmediatamente “desacreditada”. La “libertad” se transforma así en un concepto vacío de contenido y acomodado según los intereses, e incluso los caprichos de las élites gobernantes.

No existe interés en el “centro” por que haya una producción intelectual creativa en la periferia, ya que el proceso de dominación estructural 287 así lo exige. De la misma manera, las élites gobernantes de la periferia no lo necesitan, debido a que lo que requieren se los provee el centro o se forman en el centro. Así se ahorran gastos en invertir en educación -que no sea profesional- y en investigación científica -hablo del ámbito de las ciencias sociales en este caso-.

El proceso más detractor de todos, es el “autoritarismo” -no necesariamente militar- ya que éste impide toda posibilidad de orientar a los países según los intereses nacionales. Este autoritarismo puede adoptar una ideología de izquierda o de derecha, pero el verdadero perjuicio está antes en el autoritarismo más que en la ideología.

Justificaciones de autoritarismo para luchar contra “ideologías extrañas” son lo común para mantener bajo el proceso de dominación a los países de la periferia, bajo la excusa de futuras democracias limpias de todo proceso nocivo. Esta ha sido, por ejemplo, la excusa para imponer y apoyar dictaduras militares o civiles por parte del gobierno norteamericano de Reagan en el caso de América Latina 288. Y esta ha sido la forma de establecer y/o mantener el orden en el marco mundial y/o regional durante el bipolarismo.

Para evitar este tipo de situaciones, habría que comenzar por evitar “percepciones” basadas en criterios “oscurantistas”, y esto requiere un “control” sobre los procesos educativos. Al menos, evitar que sean destruidos como formadores, y utilizados como mera pauta de generación de profesiones, vacías de un pensamiento creativo e innovador. La realidad social -mundial o estatal- no se divide en “buenos y malos”. Esto sería muy simple, ya que eliminando a los malos, o lo que es malo o nocivo -como el proteccionismo, el armamento, el comunismo o el capitalismo, la monarquía, etc.- estaría todo solucionado, y la historia de las relaciones mundiales -la historia de la humanidad- ha demostrado que no es así 289.

Algo es seguro: el orden no es un problema militar, es un problema esencialmente político. Pueden haber circunstancias internacionales -tipos de sistema- en las que predomine la pugna ideológica y la problemática estratégico-militar, por ejemplo, el sistema bipolar. Pero no hay que confundir estos procesos, con la esencia de la política mundial.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998) ISBN: 950-99572-9-1


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


232 Galtung, Johan, La Comunidad Europea: Una Superpotencia en Marcha, (Buenos Aires, Nueva Visión, 1973), Cap. III.

233 Por ejemplo el "balance multipolar" o los "sistemas" de alianzas de Bismarck.

234 Galtung, Johan, La Comunidad.., op. cit.

235 Esta es la base del proceso "homeostático" o "restaurador automático" del equilibrio, toda vez que algún "impacto" (puede ser una política exterior) provoca modificaciones al sistema.

236 Como dije más arriba, la dependencia de los países menos desarrollados, debe ser considerada dentro de un importante conjunto de factores que condiciona todos los aspectos del carácter y la conducta de sus sociedades. Aquellas sociedades que están penetradas por los actores externos -estatales y transnacionales- están en una situación severa de dependencia. Se diferencia de la dependencia de los países industrializados, que está vinculada con la necesidad de determinados recursos o productos. La relación de dependencia se autofortalece. El país puede desarrollarse, pero el desarrollo está pervertido por las fuerzas externas, que moldean sus instituciones políticas, sociales y económicas.

237 Podría buscarlos en otro lado aunque no fueran de la misma calidad, o encontrar paliativos a esos bienes, como lo han hecho los países industrializados a través del desarrollo científico-técnico y generaron tecnologías alternativas, por ejemplo en materia energética, nuevos materiales en general, tales como la fibra óptica que reemplaza al cobre; etc.

238 Caso contrario, Japón hubiera estado condenado al subdesarrollo produciendo arroz y seda, dentro de la división internacional de las tareas basada en la teoría de los costes comparativos.

239 Para mostrar el funcionamiento del poder punitivo, habría que hacer una larga lista de casos, como el cubano frente a EUA y todos los países de la región y del mundo que apoyaron y apoyan esa política; el caso de la intervención a Haití; a Panamá en diferentes oportunidades; el de República Dominicana en 1965; el de Hungría y Checoeslovaquia en 1956, 1958 y 1968; las presiones para que los países de la periferia adopten una ley de patentes; o el caso China para poder ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC), que es presionada por el gobierno norteamericano por el tema de los derechos humanos; etc. y así sucesivamente.

240 En este esquema puede estar inscripto el caso de la crisis de los rehenes en Irán (1979). También el de la nacionalización de la IPC por el gobierno de Velazco Alvarado en Perú (1968) frente a las posiciones norteamericanas de amenaza de aplicación de las Enmiendas Hickenlooper y González. Igualmente el caso de Japón de postguerra, con un esquema de defensa militar prácticamente inexistente.

241 Por ejemplo agrupaciones regionales, como sistemas de integración, o coordinación de políticas externas ante determinados temas clave.

242 Personalidad dominante o ser rico en recursos naturales, o tener una capacidad tecnológica.

243 Poder adquisitivo, o tener muchos armamentos o productos estratégicos o capacidades científicas o tecnológicas.

244 Por ej., manejar la información; ocupar una posición importante en la estructura comercial mundial, en la estructura financiera o en la científico-tecnológica; tener capacidad de liderazgo; etc.

245 Hablo del intercambio relacional global, no necesariamente de productos.

246 Por ejemplo el planteo dominante a partir de los '70 acerca de un NOEI más justo.

247 Desarrollo de tecnologías o manufacturas.

248 Producción de materias primas o ciertos insumos intermedios.

249 Galtung, Johan La Comunidad.., op. cit., págs. 61-66.

250 No estoy haciendo referencia a un reconocimiento o desconocimiento diplomático, sino de hecho. Caso de los sistemas de integración económica, o los temas vinculados a la seguridad entre América Latina y EUA.

251 No reconocer, por ejemplo, sistemas integrados o alianzas, como actores negociadores en conjunto, ya que podrían tener una capacidad maximizada en sus negociaciones y perjudicar los intereses o debilitar la posición de fuerza del dominante.

252 Hacer que el “vértice” de las relaciones externas de los países de la periferia, se encuentre siempre fuera de esa región. Los países latinoamericanos en la etapa virreinal, mantenían contacto entre sí sólo a través de la “Madre” Patria España. En la época de la independencia, los países sudamericanos tenían más contacto con Europa, especialmente Gran Bretaña, que entre sí; a eso se debió en gran medida el fracaso de la convocatoria de Simón Bolívar a una unidad sudamericana; y a eso se debe hoy también el fracaso permanente de los procesos integrativos, que tienen mucho de planteo económico y prácticamente nada de coordinación en las políticas exteriores. Tradicionalmente en los temas vinculados a la seguridad hemisférica, EUA se reservó el derecho exclusivo de manejarla, no dejando intervenir a ningún otro Estado, aunque fuera un aliado europeo. Esto se ha modificado, particularmente a partir del tratamiento que los países de Europa Occidental le dieron al caso Nicaragua post 1979. Con anterioridad, tampoco un Estado latinoamericano podía adoptar relaciones diplomáticas con un Estado del bloque oriental o de signo ideológico antipático al sistema capitalista. Este es el caso, por ej., de la adopción de relaciones diplomáticas con China comunista por la mayoría de los países latinoamericanos recién después de la "Carta China" jugada por Nixon-Kissinger; nunca antes.

253 Esto ocurre particularmente en un sistema bipolar.

254 Los países latinoamericanos, más allá del “discurso integracionista”, se han mantenido permanentemente “autofragmentados”, toda vez que han privilegiado las variables de conflicto -hipótesis de conflicto bilateral- por sobre las de cooperación y alianza integrativa.

255 Por ej., el apoyo de los trabajadores norteamericanos a la guerra de Vietnam, del mismo modo que los trabajadores franceses y el apoyo a su país en la guerra de Argelia.

256 La del "centro" y la de la "periferia".

257 Este fue el razonamiento del "socialismo revisionista" de Alemania, Italia y Francia en la primera guerra mundial, que se decidió por el "nacionalismo" alemán, italiano o francés, antes que por el "internacionalismo" marxista. Eduard Bernstein en Alemania, Claudio Mazzini en Italia, Jean Jaurés en Francia, Karl Kautsky en Alemania, fueron exponentes de este pensamiento frente al de Marx y Engels.

258 Por ejemplo, la formación de los oficiales de las fuerzas armadas latinoamericanas en academias norteamericanas, especialmente entre los ‘40 y los ‘80, no sólo en temas militares o de contrainsurgencia, sino también en economía, política, etc. También la formación de economistas latinoamericanos, o de cualquier país del mundo, en las escuelas de Chicago o de Harvard.

259 Debería quedar en claro de que no existen las “alianzas” entre “desiguales”.

260 El modelo desarrollado por Japón luego de la segunda guerra mundial hasta llegar a lo que es en nuestros días. Lo mismo con Corea del Sur. No obstante ello, esto implica no sólo proyectos concretos, sino también una disciplina muy dura que, resulta muy dudoso que los pueblos de los países latinoamericanos estén dipuestos a aceptar, mucho menos si requiere de gobiernos represivos como el coreano por ejemplo.

261 Con Estados "menores" quiero significar a aquellos que no tienen capacidad de decisión internacional, sea porque no pueden ser generadores de reglas del juego o modificadores de éstas en beneficio de una mejor inserción. Esto, en todos los ejes de las relaciones mundiales: el económico-financiero-tecnológico, el estratégico-militar y el político. De esta manera entraría una gran gama de Estados, de diferentes grados de estratificación, pero que responden al parámetro básico de incapacidad de generar reglas o, al menos, modificarlas.

262 Por ejemplo el caso de Noriega en Panamá, hombre de confianza del gobierno norteamericano, hasta que adoptó conductas que podían perjudicar los intereses de ese país; por lo que intervinieron y lo juzgaron bajo la ley norteamericana, acusándolo de narcotraficante. Otro caso, es el de Haití, en el que los militares se tornaron molestos al gobierno norteamericano, ya que generaban situaciones de tensión, al punto de que migraban “balseros” haitianos hacia las costas estadounidenses. Este no era como el caso de los balseros cubanos, que podían encontrar apoyo en los cubanos de Miami, sino gente pobre, sin recursos y de los que tenía que hacerse cargo el propio gobierno de EUA. Por otra parte, las presiones del presidente derrocado Aristide, hicieron que el gobierno norteamericano interviniera, para poner fin a una situación molesta; en ningún momento, para que se hiciera justicia o se resolvieran los problemas de desarrollo. Un caso diferente, es el de “Chiapas” en México, en que la élite gobernante del perpetuado PRI busca negociar con el EZLN, pero tratando de resolver la situación de conflicto, no de resolver la problemática social.

263 En el caso en que se presenten fracturas entre los nuevos dirigentes, por ejemplo: caso Nicaragua con la Junta sandinista de coalición en 1979.

264 En el caso cubano, la carencia de oportunidades de encontrar un apoyo dentro del bloque occidental a su postura autonomizante, obligó a Castro a volcarse hacia el bloque oriental, ingresando en la esfera de influencia soviética, bajo la condición impuesta de tener que adoptar la doctrina marxista. En el caso nicaragüense, potencias intermedias como las europeas, Canadá y los Estados que componen el Grupo de Río -o de los 8-, prestaron apoyo al proceso bajo ciertas condiciones que garantizaron el no ingreso de este país en el bloque oriental, más allá de las relaciones que su gobierno mantuvo con el bloque oriental.

265 Este es el caso de la caida de Arbenz en Guatemala (1954), por un golpe de Estado provocado por Castillo Armas con intervención de Honduras, Nicaragua y EUA. También el caso de la "disolución" de la revolución peruana en 1968, con la asunción de Morales Bermúdez luego de un golpe de Estado palaciego. Entran también dentro de este esquema, la mayoría de los golpes de Estado hechos por las fuerzas armadas latinoamericanas, con el "visto bueno" o el apoyo de EUA, a los gobiernos civiles. Actualmente, es el caso de la “ola” neoliberal imperante.

266 No obstante, esto se dio en el denominado "milagro japonés". Excluyo de esta alternativa a casos como el de Corea del Sur, ya que el desarrollo se llevó a cabo a costa de un alto grado de represión.

267 Este es el caso de las presiones norteamericanas a Honduras, El Salvador, Costa Rica y otros Estados del área centroamericana, en relación con el conflicto de Nicaragua. Sobre un análisis profundo respecto de estas hipótesis presentadas, ver González Aguayo, Leopoldo, Equilibrios y Desequilibrios en el Orden Internacional, en "Relaciones Internacionales", Enero-Julio 1979, Vol. VII, No 24/25, págs. 39-45.

268 Ver O'Donnell, Guillermo y Link, Delfina, Dependencia y Autonomía, (Buenos Aires, Amorrortu, 1973), pág. 49.

269 Esta situación de aislamiento, en un sistema multipolar, donde la variable ideológica es secundaria, se hace a través de la monopolización de los vínculos económicos y la generación de lazos que hagan que el dependiente se vea imposibilitado de tener relaciones profundas con otros actores, que les permita llevar a cabo proyectos autonómicos que los independice del dominante; en un sistema bipolar, donde la ideología es el "factor catalisador del sistema de relaciones" el aislamiento se efectiviza generando un régimen de sanciones a los que transgredan la variable ideológica. Estos son los casos de Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Grenada en (1983), Hungría (1956-1958), Checoeslovaquia (1968), etc.

270 Doctrina Monroe por ejemplo; Sistema Interamericano institucionalizado por TIAR (1947) y OEA (1948) y una Resolución anticomunista lograda por el gobierno norteamericano en la X Conferencia Panamericana, (Caracas 1954); actualmente la creación de un ALCA (Area de Libre Comercio Americano), etc.

271 Sistema de Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en el Sistema Interamericano convocadas mediante el TIAR o la Carta de la OEA.

272 Bloqueo a Nicaragua o al Panamá de Noriega por EUA, bloqueo a Argentina por la CEE durante la guerra de las Malvinas o a Irack por la comunidad internacional por la invasión a Kuwait; presiones norteamericanas -atendiendo a la demanda de las empresas- sobre los gobiernos para que adopten una Ley de Patentes; etc.

273 Esto no significa, necesariamente, una política de oposición conflictiva -como muchos con bastante escasa imaginación aducen-, sino la realización de alianzas que permita a los dependientes maximizar la capacidad de desempeño en relación con el dominante.

274 El Japón actual, en sus primeras épocas; Brasil durante el período Nixon-Kissinger; México con el Caribe; etc. Actualmente, una metodología utilizada, es la de las democracias “controladas”.

275 Las discusiones sobre el pago, no pago o pago bajo determinadas condiciones de la deuda externa a través de la conformación de un "club de deudores" o la adopción de estrategias de negociación conjunta, sin que esto implique la formación de un club de deudores, ha dejado bien en claro esta situación.

276 La Percepción tiene tres componentes: 1) las creencias que se tienen; 2) los valores que se detentan; 3) la información que se obtiene que es, a su vez procesada según los valores y las creencias.

277 En términos de hipotético-deductivo.

278 Ver Kariel, Henry S., A La Búsqueda del Poder: El Pensamiento Político del Siglo XX, (Buenos Aires, Troquel, 1967), pág. 46).

279 Lo importante es lo que la realidad es en sí, su “lógica” propia.

280 No importa cómo es la realidad, sino que se trata de “encapsularla” en una estructura jurídico-idealista.

281 Stoessinger, John G., El Poderío .., op cit., pág. 460.

282 Stoessinger, John G., El Poderío .., op cit., pág. 460-61.

283 Esto constituiría un "Corolario" de la percepción. Ver Lippman, Walter, Public Opinion, (New York, McMillan, 1922). También Almond, Gabriel, The American People and Foreign Policy, (New York, Harcourt, 1950). Del mismo autor y Coleman, James, The Politics of the Developing Countries Areas, (Princeton, N.J., Princeton University Press, 1960).

284 He estudiado el tema del "inerés Nacional" en Un Tema No Debatido: "El Interés Nacional de los Países Subdesarrollados", en "Revista Argentina de Relaciones Internacionales, Buenos Aires, "CEINAR", Vol. II, No 6, Set-Dic 1976, págs. 23-28. Ver también Stoessinger, John G., El Poderío .., op cit., pág. 465. Igualmente Almond Gabriel y Coleman James, The Politics of Developing.., op.cit., pág. 535.

285 Para darse una idea de cómo son y actúan, sugiero ver la película -o la serie- el “Planeta de los Simios” en todas sus versiones.

286 Uno sólo, es considerado un loco, algunos pocos, son considerados subversivos, muchos tienen la razón, si es que tienen el poder para llevarla a cabo y producir las modificaciones, ya que desde arriba, tratarán de quebrarlos.

287 Modelo Imperio Romano.

288 Adalid de este tipo de pensamiento ha sido Jeane J. Kirkpatrick, Dictadura y Contradicción, (Bs. As., Sudamericana, 1982).

289 Ver Kenneth Waltz, El Hombre, El Estado y la Guerra, (Bs. As., Nova, 1970).