|
|
|
|
GENERACION
DEL ORDEN A TRAVES DE LOS EJES ©
Luis DALLANEGRA PEDRAZA
Todo orden mundial responde a ciertos parámetros de nacimiento, desarrollo y mantenimiento y declive para ser reemplazado por otro orden diferente del anterior. La creencia generalizada es que este proceso está sometido a abatares impredecibles, carentes de toda lógica. Además, que a todo orden, una vez que desaparece por algún motivo, guerra, desaparición de uno de los actores principales, etc., le sucede "automáticamente" un orden nuevo. Intentaré demostrar que no hay orden automático, a la vez que el proceso de generación del mismo sigue una "lógica" propia, que podemos seguir atendiendo a ciertos "elementos esenciales" que son los que permanecen y muestran un continuum histórico, y "elementos accidentales", que son los que muestran los cambios en las diferentes eras de la historia humana. En uno de los dos ejes de relacionamiento mundial 333 con poder material propio, es donde se produce el “proceso de polarización” -o de “repolarización” durante la “transición inter-sistémica”- generador de sistemas mundiales. El “eje” político, se “vinculará” con uno de los dos ejes con poder material propio, con el fin de poder llevar a cabo su “plan” de orden de manera efectiva, pero de acuerdo con las características de “hecho” planteadas en el eje vinculante durante el proceso de polarización. Independientemente del “vínculo” o “casamiento” entre el eje político y alguno de los otros dos, el eje que resta -el no vinculado- también opera, pero “auxiliarmente”, subordinado a las características “impuestas” por el sistema de vínculos vigente (Ver Gráfico N° 18 sobre “Características que Adquiere el Orden Mundial Dependiendo del “Eje” con el que se Vincula el Eje Político”). Esto significa que, si el orden es la resultante del vínculo entre el eje político con el eje estratégico-militar, el funcionamiento del eje económico girará alrededor de la “lógica” del vínculo antes descripto. Contrariamente, si el orden es la resultante del vínculo entre el eje político con el eje económico, el funcionamiento del eje estratégico-militar girará alrededor de la “lógica” de este último vínculo. En el siglo XIX y principios del XX (1815-1914, imperio del sistema multipolar, con “casamiento” del eje político con el eje económico) los conflictos y la seguridad -el eje estratégico-militar era el no vinculado- tuvieron que ver, fundamentalmente, con situaciones de carácter económico; v. gr.: desarrollo colonial, apropiación de territorios, mano de obra esclava o servil, dominio sobre recursos naturales, dominio de los mares, patrón oro, etc.; todo bajo un modelo de orden -con ideología- “liberal” -sin contra-ideología en pugna, como ocurrió en la etapa bipolar entre capitalismo y comunismo-. La “seguridad” era un problema “individual”, no colectivo. Los “sistema políticos” debían ser funcionales al “orden vigente”, so pena de ser “intervenidos” -ver más atrás el Gráfico sobre los “Tipos de Orden Mundial”-. Hoy, con tendencias mundiales girando alrededor del eje económico y con una configuración orientada hacia la estructura “multipolar” -por el momento es una “tríada”-, se observa que las características -en lo esencial- del funcionamiento del sistema, se disponen según las pautas antedichas. Durante el período del sistema bipolar (1945/47-1985/89/91 334, con “casamiento” del eje político con el eje estratégico-militar) la economía -el eje económico era el no vinculado- giró, principalmente, alrededor de procesos que tuvieron que ver con la “seguridad”, v.gr.: industria armamentista (o complejo militar-industrial), desarrollo científico y tecnológico espacial, desarrollo armamentista atómico y nuclear, etc. Esto no implica que el desarrollo económico para el bienestar no haya tenido vigencia ni importancia. Pero estaba detrás de la seguridad. El desarrollo y el bienestar eran “variable dependiente” de la seguridad. En un sistema “bipolar”, el orden es la resultante, generalmente, del vínculo entre el eje político y el eje estratégico-militar. La variable ideológica es el “factor catalisador” del sistema de relaciones -relación “amigo-enemigo”-. Los conflictos tienen una honda raíz ideológica-militar-de seguridad. La actitud de las potencias rectoras, en relación con los Estados menores, es “hegemónica”, dado que, por la preponderancia de una pugna ideológica entre los “actores polares”, deben conformar “bloques cerrados” 335. Cuanto mayor es la pugna entre los actores polares 336, mayor es la “rigidez” -o menor la flexibilidad- entre el actor polar y los miembros de su ámbito hegemónico. Esto significa que el grado de “permisividad” por parte del actor polar, a las conductas autonómicas de un miembro de su ámbito hegemónico, será muy estrecho; permisividad que tendrá como límites a su vez, al grado de “capacidad” del miembro del ámbito hegemónico para resistirse o actuar de manera relativamente independiente. De esta manera, el grado de permisividad queda condicionado por la capacidad de poder del miembro no polar que realiza conductas independientes, y en la medida en que puede desarrollar esa capacidad. Esta última se mide en términos del potencial propio más el de los aliados que logre, no sólo para llevar a cabo su conducta independiente, sino también para contener las presiones de la potencia hegemónica, orientadas a modificar ese comportamiento -ver más arriba el título “Límites a las conductas autonómicas”-. La resultante de la relación entre el “grado de permisividad” de la potencia hegemónica y el “grado de capacidad” del miembro del ámbito hegemónico, se denomina, en términos de Morton Kaplan “normas de transformación” de un sistema. Son las que establecen los “valores parámetro” (dentro de los que el cambio resulta aceptable) o las “leyes de cambio” del sistema dinámico 337, dadas unas “normas esenciales” del funcionamiento del sistema. Estas “normas de transformación” relacionan las normas esenciales del funcionamiento del sistema -aquellas que tienen que ver con las características de ese sistema en particular- con los valores parámetro 338. En última instancia, establecen el “marco” o los “límites” dentro de los que el sistema (quiénes lo controlan y conducen) acepta cambios en su dinámica. Siguiendo a Juan Carlos Puig 339, defino a esta “relación” como “línea de control intra-hegemónico” 340 (Ver Gráfico sobre Líneas de Control Intra-Hegemónico). Esta línea de borde 341 o línea fronteriza -no geográfica-, para mí, línea de “control”, se sitúa en un punto imaginario ubicado entre el grado de permisividad por parte de la potencia hegemónica a las conductas independientes de los miembros de su ámbito hegemónico y el grado de capacidad de los miembros del ámbito hegemónico para resistir. Toda conducta que vaya más allá de este límite -punto de “crucialidad”-, será sancionada por el sistema, entiéndase, por quien controla el sistema (la potencia hegemónica). Como se observa, los “sistemas políticos” -que son una “variable” dependiente del sistema mundial y el orden resultante- deben ser “funcionales”, -en este último caso, en términos de sistema bipolar-, a las problemáticas de “seguridad” planteadas por la pugna ideológica entre los actores polares, so pena de ser “intervenidos” 342, o a las problemáticas de “rentabilidad” planteadas por la “competencia” en el marco del “eje económico” entre los actores polares, so pena de verse perjudicados en el terreno financiero, comercial, o industrial, con medidas punitivas de diferente orden, que van desde entrar en “listas de no elegibles” -para las inversiones por ejemplo-, hasta el bloqueo económico. Gráfico 20 La pugna entre EUA y la URSS durante todo el período del sistema bipolar, pero particularmente durante la guerra fría, fue una pugna por el control o el dominio para establecer e imponer al resto de los actores, las normas esenciales de la “organización mundial” 343. El instrumento de paz mundial ha sido la “seguridad colectiva”, no el desarrollo de los pueblos. Estados Unidos ha sido el gran “productor” de seguridad en el bloque Occidental y la URSS en el Oriental. En un sistema “multipolar”, el orden es la resultante, generalmente, del vínculo entre el “eje” político y el “eje” económico. La variable ideológica no es preponderante 344 -predominan los “factores políticos” en el marco de la relación “amigo-adversario”-. Los conflictos están vinculados a problemáticas de carácter económico 345. La actitud de las potencias rectoras, en relación con los Estados menores, es “colonial”, ya que predomina el interés por el control “espacial”, de los recursos naturales, así como de los mercados. La conducta de las potencias europeas en relación a Africa y Asia a fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX; la de Inglaterra en relación a Sudamérica en forma neocolonial o la de EUA en relación a Centroamérica y el Caribe español (siglos XIX y XX); o en 1990-91 -post-bipolarismo- en relación al conflicto en el Golfo Pérsico, provocado por la “percepción” del gobierno norteamericano de la invasión de Irak a Kuwait; en la que se buscó asegurar su “control” sobre el área petrolera más importante del mundo; son ejemplo de lo dicho. EUA adoptó, en relación a países como Vietnam, u otros en el Caribe o Centroamérica -como Grenada o Nicaragua, por ejemplo- conductas “hegemónicas”, ya que se trataba de la potencia rectora del bloque occidental, en forma indiscutida, en el marco del sistema bipolar. La conducta de EUA en el Golfo Pérsico, nada tiene que ver con la de un actor hegemón -no hubo problema de seguridad o conflicto ideológico a dirimir o solucionar-, sino con la de una potencia colonial que procura ejercer una ventaja comparativa desde el punto de vista militar -función de “policía mundial” y establecimiento de bases norteamericanas en distintos países del Medio Oriente-, a la vez que monopolizar el control sobre el petróleo en relación al resto de las potencias económicas con las que tiene que competir. Este puede ser un buen instrumento para ir a la “mesa de negociaciones” del orden mundial y esgrimirlo como elemento de “canje” frente a ventajas que otros tienen, particularmente, en el eje económico, y que EUA no tiene, al menos en paridad de condiciones. En un sistema multipolar, el orden se basa en el equilibrio o balance de poder. Las alianzas son temporarias 346. Si las alianzas fueran “permanentes”, se anularía la “regla del balance para el mantenimiento -o restablecimiento- del equilibrio” y la existencia del sistema peligraría. La seguridad es individual. Depende de cada uno de los miembros polares del sistema; dado que no se pueden conformar “bloques de seguridad colectivos” -como en el sistema bipolar- en aras de poder mantener el equilibrio y contrabalancearlo permanentemente 347. La “línea de control intra-hegemónico” en un sistema multipolar sigue criterios diferentes que en un sistema bipolar; particularmente porque la “variable ideológica” no funciona como “factor catalisador” del sistema de relaciones; existe ideología pero entra en una prioridad secundaria, al no estar en “pugna” con otra que le disputa la supremacía. No quiero decir que no existe ideología, sino que no cumple una función central en la competencia entre los actores polares; ni el grado de “permisividad” a las conductas independientes (líneas de control intra-hegemónicas) o contestatarias de los miembros del ámbito hegemónico, se basa en la problemática de “seguridad” de la potencia rectora, como en el caso del bipolarismo, en el que el eje central, es la pugna entre los “hegemones” por alcanzar la “supremacía” -de su ideología-, según una “cosmovisión” mundial. Predomina la relación “amigo-adversario” en el nivel de relacionamiento Polo-Polo; por lo que el relacionamiento “polo-miembros del ámbito hegemónico” no establece pautas “excluyentes” como en el caso del bipolarismo donde rige el criterio “o estás conmigo o estás contra mí” 348. El grado de “permisividad” establece referentes tales como, apertura del mercado, garantía a las inversiones, establecimientos de pautas económicas acorde con los intereses del hegemón o los actores privados -multinacionales o transnacionales- que actúan -o no- en “alianza” con el hegemón; etc. El incumplimiento de estas pautas, hace pasible, a ese país o grupo de países, de sanciones tales como, no recibir inversiones, préstamos o créditos; cierre del mercado a los productos que exporte; que no se instalen empresas o se retiren las existentes; etc. No obstante lo dicho, los miembros que pertenecen a una “esfera de influencia”, pueden “diversificar” sus vínculos de dependencia con otros actores polares, sin que ocurran graves problemas -aunque se presume que recibirán presiones-, de manera tal de sacar ventaja de esa situación, con vistas a obtener el máximo beneficio y, a la vez, encaminarse a una futura mayor autonomía de desempeño 349. Ejemplo de las características dichas, fue el sistema multipolar imperante entre 1815 (Congreso de Viena en el que se pactó el equilibrio político imperante durante la existencia de ese sistema) y 1914, 1ra G.M. Estas mismas características se vienen “asomando” desde los '80, en que los sistemas de seguridad colectivos comenzaron a perder vigencia 350 y, se presume que imperarán en el futuro sistema mundial una vez que se consolide, si es que continúa este esquema basado en el vínculo del “eje político” con el “eje económico” y el “eje estratégico-militar” como “eje servicio” del vínculo antes mencionado. En un sistema bipolar, no se puede alcanzar un “orden global” -Ver Gráfico sobre Características del Mundo y su Orden según los Períodos Históricos- sino dentro de cada uno de los bloques, hegemonizados por cada uno de los actores polares en pugna 351. Las alianzas son permanentes y la seguridad es colectiva. Gráfico 21 JUSTICIA INTERNACIONAL No existe un “poder legislativo” -un Parlamento- a nivel internacional; independientemente de que se haga referencia al sistema bipolar o multipolar. Los que deciden en nombre de los actores 352 actúan como “colegisladores” pero, estos actores son individualmente responsables de la aplicación y cumplimiento de las normas acordadas 353. El derecho “no produce orden”, sino que “institucionaliza” al sistema una vez que se consolida el vínculo de “hecho” 354, y opera acorde con los valores e intereses de quiénes “controlan” el sistema 355. No hay una verdadera “justicia institucional”. Con esto, quiero hacer referencia a la justicia que pudiera impartir un organismo internacional, como es el caso de Naciones Unidas (ONU) en los últimos 50 años o la Sociedad de Naciones (S de N) entre 1919 y 1939. Estos organismos, son actores, creados por otros actores: los Estados; pero carecen de “medios” propios. Por lo tanto, los medios se los otorgan los miembros. Pero al interior de los organismos, se produce el proceso de “polarización” propio del sistema internacional, por lo que estos son controlados por aquellos actores que más poder tienen, estratificándolos. La justicia, por lo tanto, es entendida y repartida por los actores polares y hacia el resto, pero no les es repartida a estos. No hay un “poder de policía” supremo que esté por sobre la totalidad de los Estados, incluso los más poderosos. En este sentido, el sistema internacional se encuentra muy por detrás del sistema estatal. El derecho internacional está aún en un estado embrionario 356, en lo que hace a la posibilidad de aplicación, o sanción por incumplimiento. La justicia “institucional” opera hacia “abajo”, no hacia “arriba”. Los laudos -sentencias- de la Corte Internacional de Justicia (CJI), en realidad, no son cumplidos generalmente por los actores polares, así como las sanciones establecidas por organismos como Sociedad de Naciones (caso invasión de Japón a China; Italia a Etiopía o Rusia a Finlandia); Naciones Unidas; o el caso del TIAR, en el que Argentina, durante la guerra de las Malvinas, logró alcanzar el voto casi unánime para condenar a EUA por su apoyo a Gran Bretaña, pero no se dispusieron sanciones de ninguna especie, ya que ningún Estado latinoamericano, ni la región en su conjunto hubiera podido -carencia de poder- aplicárselas a EUA, aunque éste sí utilizó el TIAR cuantas veces lo consideró conveniente para intervenir en un Estado, entre 1947 y los '80. El mismo ejemplo se puede dar en el caso de la URSS haciendo uso del Pacto de Varsovia para intervenir en algún Estado del bloque, como lo hizo en los casos de Hungría (1956-58) y en Checoeslovaquia (1968).
|
|||||
| |
© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998) ISBN: 950-99572-9-1
|
|||||
bravenet.com