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EL PODER COMPOSICION DEL PODER ©
Luis DALLANEGRA PEDRAZA
El poder es un término “multívoco” que no puede ser conceptualizado de una única manera. Siempre se dan relaciones de poder, diferenciándose por el predominio e intervención de factores predominantemente ideológicos -modelo guerra fría- o predominantemente políticos 125. Para tener una lectura “totalizadora” de las relaciones de poder, deben observarse tanto las que se establecen a nivel interpolar, “horizontalmente”, como las que se llevan a cabo “verticalmente” entre los polos y los miembros hegemonizados/hegemonizables, hacia “abajo” -proceso de dominación- y hacia “arriba” -proceso de resistencia-. Tanto en el nivel “horizontal” como en el “vertical” el ejercicio de poder de uno, presume el de “contrapoder” por parte del otro o los otros; sea para “polarizar” 126 entre actores polares o para resistirse por parte de los no polares y de los “hegemonizados/hegemonizables”. ¿Cuáles son los límites del contrapoder? ¿De qué manera se ejerce para que sea efectivo? RELACIONES HORIZONTALES Y VERTICALES SEGUN TIPO DE SISTEMA Como se observa, los “sistemas políticos” -que son una “variable” dependiente del sistema y el orden resultante- deben ser “funcionales”, en este último caso, a las problemáticas de “seguridad” planteadas por la pugna ideológica entre los actores polares, so pena de ser “intervenidos” 127. La pugna entre EUA y la URSS durante todo el período del sistema bipolar, pero particularmente durante la guerra fría, fue una pugna por el control o el dominio para establecer e imponer al resto de los actores, las normas esenciales de la “organización mundial” 128. En un sistema “multipolar”, el orden es la resultante, generalmente, del vínculo entre el eje político y el eje económico. La variable ideológica no es preponderante 129. Los conflictos están vinculados a problemáticas de carácter económico 130. La actitud de las potencias rectoras, en relación con los Estados menores, es “colonial”, ya que predomina el interés por el control “espacial”, de los recursos naturales, así como de los mercados. La conducta de las potencias europeas en relación a Africa y Asia a fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX; la de Inglaterra en relación a Sudamérica en forma neocolonial o la de EUA en relación a Centroamérica y el Caribe español (siglos XIX y XX), o en 1990-91 en relación al conflicto en el Golfo Pérsico, provocado por la “percepción” del gobierno norteamericano sobre la invasión de Irak a Kuwait, son ejemplo de lo dicho. EUA adoptó, en relación a países como Vietnam, u otros caribeños o centroamericanos -como Grenada o Nicaragua, por ejemplo- conductas “hegemónicas”, ya que se trataba de la potencia rectora del bloque occidental, en forma indiscutida. Sin embargo, la conducta de EUA en el Golfo Pérsico, nada tiene que ver con la de un actor hegemón -no hay problema de seguridad o conflicto ideológico a dirimir o solucionar-, sino con la de una potencia colonial que procura ejercer una ventaja comparativa desde el punto de vista militar, a la vez que monopolizar el control sobre el petróleo en relación al resto de las potencias económicas con las que tiene que competir. Este puede ser un buen instrumento para ir a la “mesa de negociaciones” del orden mundial y esgrimirlo como elemento de “canje” frente a ventajas que otros tienen, particularmente, en el eje económico, y que EUA no tiene, al menos en paridad de condiciones. En un sistema multipolar, el orden se basa en el equilibrio o balance de poder. Las alianzas son temporarias 131. Si las alianzas fueran “permanentes”, se anularía la “regla del balance para el mantenimiento -o restablecimiento- del equilibrio” y la existencia del sistema peligraría. La seguridad es individual. Depende de cada uno de los miembros polares del sistema; dado que no se pueden conformar “bloques de seguridad colectivos” en aras de poder mantener el equilibrio y contrabalancearlo permanentemente 132. Ejemplo de las características dichas, fue el sistema multipolar imperante entre 1815 (Congreso de Viena en el que se pactó el equilibrio político imperante durante la existencia de ese sistema) y 1914, 1ra G.M. Estas mismas características se vienen “asomando” desde los '80, en que los sistemas de seguridad colectivos comenzaron a perder vigencia 133. Contrariamente, en un sistema bipolar, no se puede alcanzar un “orden global” sino dentro de cada uno de los bloques, hegemonizados por cada uno de los actores polares en pugna 134. Las alianzas son permanentes y la seguridad es colectiva. No existe un “poder legislativo” -un Parlamento- a nivel internacional. Los que deciden en nombre de los actores 135 actúan como “colegisladores” pero, estos actores son individualmente responsables de la aplicación y cumplimiento de las normas acordadas. GENERACION Y APLICACION DEL PODER La generación y la aplicación del poder debe verse tanto en términos de la “estructura global”, como en una o varias “áreas temáticas” diferenciadas. Hasta ahora hemos estado trabajando con el concepto de “ejes básicos de relacionamiento mundial”, divididos en “segmentos” 136. En principio, los actores polares, ejercen poder “globalmente”, generando “reglas” en todas las áreas temáticas o segmentos de relacionamiento. No obstante, si tomáramos cada uno de esos segmentos, veríamos que tienen una modalidad propia de generación y aplicación de poder 137. La pregunta es: ¿el poder es aplicable “globalmente”, independientemente del “segmento” de donde provenga? 138 ¿Es “canjeable” el poder de un segmento para ser aplicado a situaciones o aspiraciones en otros segmentos? ¿Se puede “construir” poder a partir de un segmento hasta alcanzar poder “global”? 139. Podríamos introducir un nuevo interrogante, que nos derivaría en otra forma de conceptualización del poder, sin que se niegue la anterior: ¿se puede no ser pasible de poder? ¿Puede un Estado -persona o grupo social- liberarse del poder de otro o no estar subordinado al poder de otro? 140 Gráfico 7
Además, deberíamos hacer una diferencia entre el “poder relacional”, en términos de capacidad de cambiar los resultados o de afectar la conducta de otros dentro de un régimen determinado -esto es sin modificar el régimen- y el “metapoder”, o capacidad de cambiar las reglas del juego -modificar el régimen vigente- 141. Los resultados pueden cambiarse tanto alterando los recursos de los que disponen los actores individuales, como cambiando los regímenes que condicionan la acción. Japón y Alemania, haciendo uso del “poder relacional” cambiaron y alcanzaron objetivos importantes, dentro del régimen vigente. Los países de la OPEP, a través del “metapoder” modificaron el régimen en varios segmentos del “eje” económico. El “poder relacional” acepta las metas y las estructuras institucionales existentes. El desafío es lograr metas de manera eficiente, dentro de ese contexto 142. Un ejemplo es la negociación de la deuda externa, siguiendo los criterios establecidos por la banca transnacional acreedora, el “Club de París”, las reglas del FMI y los requisitos del Plan Baker/Brady. De la misma manera los acuerdos de “Stand By” que los Estados celebran con el FMI, donde procuran sacar las máximas ventajas, sin modificar el régimen vigente. Igualmente las relaciones de intercambio entre el mundo industrializado y el mundo subdesarrollado en lo que hace al intercambio de recursos. El “metapoder” rechaza las metas y estructuras institucionales existentes, promoviendo nuevas metas -mejorar los ingresos por parte de los países petroleros a partir de la modificación del precio- e incluso nuevas instituciones -los países del tercer mundo promoviendo un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) más justo-. Entra en este concepto la cantidad de asociaciones creadas sobre otros productos, como hierro, bauxita, banano, café, azúcar, etc. 143. Analizaré la problemática del poder a partir de tres perspectivas teóricas: A) Poder y contrapoder; B) Poder en términos de “estructura global” y poder por “áreas temáticas”, y la “construccion del poder relacional o del meta-poder”; y C) La “autonomía” o el “poder sobre sí mismo”.
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© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998) ISBN: 950-99572-9-1
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