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EVOLUCION DEL DEBATE TEORICO-EPISTEMOLOGICO
SOBRE LAS RELACIONES INTERNACIONALES

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

Capítulo VIII

I. LA PROBLEMATICA FILOSOFICO-POLITICA

Nuestra "Imagen" de la Realidad

En este marco deseamos desarrollar la perspectiva desde la cual observamos la realidad.

No vemos la realidad tal cual es, sino que tenemos "imágenes" de ella 112. Por lo tanto, la forma en que nos la expliquemos o intentemos actuar sobre ella, depende de las imágenes que tengamos, desde la perspectiva filosófico-política.

En términos generales, existen dos perspectivas o cosmovisiones básicas:

Cuadro IV

IMAGENES

(REPRESENTACIÓN QUE TENEMOS DE LAS COSAS)

CAUSAS DEL CONFLICTO Y DE LA PAZ

1ra. EL HOMBRE

(REPRESENTATIVO DE LA IMAGEN: SPINOZA)

Las causas importantes de los conflictos se encuentran en la naturaleza humana y en el comportamiento del hombre. Los conflictos se originan en el egoísmo, en los impulsos agresivos mal dirigidos, en la estupidez. La otras causas son secundarias y deben ser interpretadas a la luz de estos factores.

PESIMISTAS

OPTIMISTAS

1ra Tendencia

La realidad es imperfecta. Momentáneamente se pueden llevar a cabo los medios para restringir las fuerzas del mal, pero la expectativa de un resultado general y permanente bueno, no existe, ya que se conocen los efectos corruptores de un defecto esencial.

2da Tendencia

En condiciones diferentes los hombres se comportan de distinta manera (Spinoza).

La realidad es buena y la sociedad básicamente armoniosa. Los conflictos son causados por situaciones pasajeras que pueden solucionarse. El hombre puede ser modificado para bien.

2da. ESTRUCTURA DE LOS ESTADOS

(REPRESENTATIVO DE LA IMÁGEN: KANT)

La organización interna de los Estados, constituye la clave para la comprensión de la paz y de la guerra. Las fallas de los Estados dan origen a guerras entre ellos.

PESIMISTAS

OPTIMISTAS

Los defectos de algunos o todos los Estados dan origen a las guerras, y la simple eliminación de esos defectos no permitiría lograr la paz perpétua.

1ra Tendencia

La reforma de los Estados es el requisito sine-qua-non de la paz.

1ra Subtendencia

Liberales y utilitaristas

2da Subtendencia

Socialistas revisionistas. Substituyen la revolución por la evolución.

2da Tendencia

La paz sobrevendrá con la desaparición de los Estados (marxistas convencionales que siguen a Marx y Engels).

3ra. SISTEMA INTERNACIONAL

(REPRESENTATIVO DE LA IMAGEN: ROUSSEAU

Cuando hay muchos Estados soberanos, en cuyas relaciones carecen de un sistema legal susceptible de ser puesto en vigor, y cada uno de ellos juzga sus humillaciones y ambiciones según los dictados de su propia razón o sus deseos; es inevitable que surjan conflictos que a veces pueden desembocar en una guerra. En estos casos, cada Estado debe confiar en sus propios medios, cuya eficacia, debe constituir una preocupación constante a fin de lograr un resultado favorable en caso de conflicto. "En la anarquía, no existe una armonía automática".

PESIMISTAS

OPTIMISTAS

1ra. Tendencia

Equilibro de poderes (Morgenthau)

2da Tendencia

Federación mundial con controles supraestatales (Rousseau).

1ra Tendencia

Actuar sobre las tres imágenes

2da Tendencia

Establecer una política de coordinación (Tanembaun).

Luis DALLANEGRA PEDRAZA

1) EL CONFLICTO COMO ALGO ACCIDENTAL Y ANORMAL

Si creemos que la causa de los problemas o conflictos que ocurren en la sociedad nacional, o en el contexto mundial y la posibilidad de establecer pautas estables y duraderas de paz, dependen de circunstancias anormales, debidas, por ejemplo, a imperfecciones en la conducta humana, o en la estructura y funcionamiento de los Estados, o de las relaciones entre éstos en el contexto internacional, entonces nos orientaremos a "eliminar" esas causas, en la creencia de que hecho esto, alcanzaremos una paz, estable y duradera.

Todos nuestros esfuerzos, las teorías que desarrollemos, contemplarán, o se basarán en esta perspectiva.

a) La Naturaleza Humana

Dentro de esta corriente se encuentran autores como los behavioristas o conductistas, que opinan que las guerras son el resultado de las conductas de los hombres, por lo que habría que cambiarlas, para que se comporten de manera pacífica.

Las soluciones van desde exhortaciones ético-religiosas, a cambios en los sistemas educativos o en las pautas culturales 113.

Emile Durkheim proponía la "prevención" de los males por parte de los estadistas 114, y la "curación" cuando la situación conflictiva había aparecido 115. John Dewey planteaba que la filosofía tiene como función proyectar una idea o un ideal, para que sea utilizado como método de comprensión y rectificación de los males sociales 116.

Harold Lasswell consideraba que había que adoptar actitudes preventivas para evitar los conflictos. Esto no se logra organizando los gobiernos, sino reorientando las mentes de aquellos que más influencia tienen en la sociedad 117.

Lawrence Frank recomienda un mayor conocimiento de otras culturas, a fin de tener actitudes más tolerantes. Para él, la guerra es una institución social y no un producto de la naturaleza humana 117.

Margared Mead coincide con Frank y dice que la gente se reta a duelo si en su sociedad existe dicha costumbre. El juicio mediante combate desaparece, dando lugar al juicio por jurado, cuando la gente percibe los malos efectos del viejo sistema y formula otro mejor.

La guerra como el duelo y el juicio por combate, es sólo una invención conocida por la mayoría de las sociedades humanas, que permite a sus integrantes aumentar su prestigio o vengar su honor. Las soluciones estarían en conocer otras culturas, y buscar las modificaciones de nuestras culturas en función de lo bueno que encontremos en las otras a fin de eliminar las tendencias agresivas imperantes 118.

Para Isaiah Berlin las respuestas a los problemas no se encuentran en soluciones racionales, sino en la eliminación de esos problemas 119.

Para Alexander Leighton no hay que quedarse con los síntomas, sino descubrir las causas. Lo mismos opinan el psicólogo social James Miller y el psicólogo T.H. Pear 120.

Klineberg se pregunta ¿las mentes de quienes hay que cambiar, las de las élites o las de las masas? Las tensiones que provocan los conflictos internacionales, ¿surgen en la mente de la masa popular, o sólo tiene importancia cuando influyen en los dirigentes responsables de la política internacional de cada país? Para Klineberg ambas, de distinta manera son importantes 121.

Para Borberg el error reside en los dirigentes de las grandes potencias. En dos oportunidades -dice Borberg-, hombres mentalmente inadaptados fueron llevados a posiciones de tanto poder que les era posible sumir a la mayor parte del mundo en horribles guerras. ¿Debemos librar necesariamente -se pregunta Borberg- guerras ideológicas o en busca de dominios a mediados del siglo XX, cuando la ciencia puede resolver casi todos nuestros problemas? El centra su esperanza en la idoneidad cada vez mayor de los expertos en salud mental, quienes considerarán al dirigente que declara: "mi ideología o vuestra muerte", como una personalidad obsesiva, dominante y no integrada, que lucha en realidad contra su propio egoísmo infantil. En otras palabras, "se trata de un paciente, pero armado".

¿Cómo utilizar los resortes científicos, para que tales personalidades no alcancen el poder?

George Kisker propone que habría que evitar, en primer lugar, que los individuos psicológicamente anormales alcancen posiciones de poder (?). Deberíamos reconocer -dice Kisker- que es necesario seleccionar a los dirigentes políticos sobre la base de otros elementos que no sean la emoción 122, los manejos políticos (?) o los accidentes históricos (?) 123.

b) La Estructura del Estado

Las guerras se pueden reducir o eliminar para siempre mediante la reforma de los Estados.

¿De qué manera deberían cambiarse las estructuras de los Estados? ¿Qué definición de Estado bueno serviría como norma? ¿Cuál sería el Estado modelo? 124

Karl Marx consideraba "bueno" al Estado que posee los medios de producción. Immanuel Kant lo definía de acuerdo con principios abstractos del bien. Woodrow Wilson según el grado de autodeterminación nacional y organización democrática moderna.

Todos coinciden en que si los Estados se reformasen, se lograría la paz mundial.

Marx creía que los Estados desaparecerían poco después de su socialización. El problema de la guerra, si se la define como conflicto violento entre Estados, no existiría ya.

Kant creía que los Estados republicanos, aceptarían voluntariamente ser gobernados, en sus acuerdos, por un código de leyes instituido por ellos mismos.

Wilson sugería diversos requisitos para la paz: una mayor comprensión internacional, seguridad colectiva, desarme, y una confederación mundial de Estados 125.

Para los liberales -particularmente ingleses- del siglo XIX, la forma interna de los Estados determina su comportamiento externo. La iniciativa individual era el motor del sistema, y la competencia en un mercado libre constituia su elemento regulador.

Adam Smith sentó los lineamientos del liberalismo inglés y John Stuart Mill lo llevó a su punto culminante.

Para Adam Smith -como para John Stuart Mill- "el esfuerzo uniforme, constante e ininterrumpido de todo hombre por mejorar su condición, principio del que deriva la opulencia pública, la nacional y la privada, es lo suficientemente poderoso como para mantener el curso natural de las cosas hacia el mejoramiento, a pesar del despilfarro de los gobiernos y de los más graves errores de la administración".

Adam Smith estaba convencido de que las desigualdades artificiales eran producto de la interferencia del gobierno, que atacó todas las funciones de gobierno, excepto las de carácter estrictamente policial, y llegó a aprobar calurosamente la derogación de leyes contra el acaparamiento y el monopolio, a pesar de que éstas servían para mantener el mercado libre 126.

Para Jeremias Bentham, cuanto más viven los hombres en sociedad, más sensibles son a las sanciones morales. De esa manera cada día son más virtuosos, hasta que un día alcanzarán la perfección. Para él, las restricciones a los individuos -por parte de los gobiernos- son algo más que molestas negaciones personales de libertad, porque envenenan las fuentes mismas del mejoramiento social 127.

David Ricardo se manifestaba de manera similar a Adam Smith, aunque definía el problema de manera diferente. Para él, los terratenientes y no los empresarios, son los que poseen intereses antagónicos con los de la clase obrera y la empresaria 128. Los beneficios de los terratenientes aumentan, no debido a sus propios esfuerzos, sino merced al aumento de la presión que ejerce la población en la tierra. Los consideraba "parásitos" que se alimentan con el producto creciente del capital y el trabajo.

Para John Stuart Mill, el liberalismo utilitario pasó de proscribir la acción del Estado, a prescribir las acciones del Estado que resultan recomendables. El Estado eficiente es el Estado bueno. Una sociedad libre, no produce ni mantiene automáticamente las condiciones consideradas como requisito previo como para que funcione eficazmente el elemento regulador del mercado libre 129.

El Criterio Liberal de las Relaciones Internacionales

El deber primordial del Estado para Treitschke -un antiliberal- era "mantener el poder en el exterior y la ley en el interior". Creía que la primera obligación del Estado debía ser "su ejército y sus leyes, con el objeto de proteger y de reprimir a la comunidad de sus ciudadanos".

Lo mismo había dicho Adam Smith -un liberal-, el Estado se ocupa externamente de la defensa e internamente de la justicia.

Concuerdan en la definición de los deberes del Estado, pero difieren respecto a qué acciones son necesarias para cumplir con esos deberes.

En contraste con Hobbes, el problema del orden interno fue fácil para los liberales a causa de sus suposiciones optimistas sobre el hombre y la sociedad.

En oposición a Treitschke el problema de la seguridad externa también les fue fácil, debido a sus suposiciones optimistas sobre las características de los Estados y de la comunidad internacional.

Para Adam Smith, consideraba que la clase empresaria se aprovechaba de su situación económica con el objeto de acrecentar su beneficio, mediante medidas monopólicas, a expensas de las clases terrateniente y obrera.

Como en el caso de Hobbes los liberales aceptan que el Estado desempeñe funciones necesarias; también consideran con Treitschke que la guerra es el medio de cisivo para resolver las disputas que se suscitan entre las naciones. La guerra desempeña, en las Relaciones Internacionales, la misma función del Estado en cuestiones de política interna.

Adam Smith reconoce, con una sola excepción, insignificante "que todo lo que es motivo de litigio legal puede ser causa de guerra". Jeremías Bentham reconoce la necesidad de que los Estados recurran a veces a la guerra para vengar una afrenta, por la misma razón que los individuos deben recurrir a veces a la tribunales. Spencer hace la siguiente analogía: "los policías son soldados que están solos; los soldados son policías que actúan conjuntamente" 130.

Los liberales aceptan la necesidad del estado y luego lo circunscriben.

El bienestar de la población mundial puede aumentar sólo si aumenta la producción.

Para Thomas Paine la democracia es, por sobre todas las formas que puede adoptar el Estado, la forma más pacífica. Si el pueblo pudiese controlar la política, habría paz 131.

Para Kant si se le diese la oportunidad de hablar a aquellos que más sufren en la guerra, la incidencia de ésta se reduciría drásticamente 132.

Para Woodrow Wilson, al igual que para Jeremías Bentham, la opinión pública constituye la sanción más eficaz, para la paz. Wilson, -a la vez que Sir Robert Cecil- propuso un tribunal común de justicia que debería resolver las diferencias entre las diversas naciones, si bien ese tribunal no podría poser poderes coercitivos (?) 133

De esta manera resulta imposible exigir el cumplimiento de la ley internacional, y menos sancionar por incumplimiento; a la vez que las sentencias jamás se cumplirían, al menos por parte de aquellos Estados que tienen poder suficiente para infligir la ley, pero poder exigir a los que no tienen tanto poder, para que las cumplan.

La forma en que Sir Robert Cecil considera que serán efectivas las decisiones del tribunal, es a través de la opinión pública (?). Los Estados refractarios serían marginados del concierto de las naciones en opinión de Jeremías Bentham (?). La idea es que si los gobernantes responden a los deseos del pueblo, la opinión pública funciona eficazmente como sanción. la misma opinión tiene James Mill 134.

Para llevar a la práctica el ideal liberal de las Relaciones Internacionales, los Estados deben cambiar. ¿Cuáles deben ser los mecanismos de cambio?

Un no intervencionismo según Kant, Cobden y Brihgt o un intervencionismo mesiánico, según Paine, Mazzini, Woodrow Wilson. En ambos casos hay elementos de idealismo y de realismo 135.

Cobden , como Kant, demostró una gran desconfianza a las revoluciones, de la misma manera que una gran confianza a la evolución. Las reformas internas se presentarían gradualmente, por medio de la educación y no repentinamente, mediante la violencia. Sólo en el primer caso se produce el progreso. Así como Cobden rechaza las revoluciones en el marco interno, rechaza la intervención en el contexto internacional 136.

Kant creía que hasta las guerras, que agotan los recursos de las naciones en pugna, y las amenazas de guerra, que obligan a los Estados a otorgar a sus ciudadanos la libertad necesaria para fortalecerse, acelerarían el advenimiento del sistema republicano y de la paz. John Stuart Mill era de la misma opinión 137.

Gladstone , tanto como Cobden consideraban que el libre comercio contribuiría a la paz del mundo, así como el equilibrio de poderes 138 en Europa.

Mazzini decía que no tenía ningún sentido predicar el laissez faire en materia de relaciones internacionales cuando no todos los Estados lo practican. Quienes lo hacen quedan a merced de los que no lo hacen. Este es un probelma que se les platea a los liberales no intervencionistas.

Mientras Cobden y Bright utilizarían la fuerza en las relaciones internacionales, sólo cuando fuera necesario para asegurar la democracia del país; Paine, Mazzini y Woodrow Wilson -liberales intervencionistas- irían a la guerra para lograr que el mundo fuera democrático 139.

A medida que se desarrollaba la primera guerra mundial, Wilson convocaba a una guerra del presente contra el pasado, del bien contra el mal, una guerra que pudiera poner fin al funesto poder de las autocracias y establecer la libertad y la justicia para los pueblos del mundo. Se plantaba para el futuro sólo dos caminos: o tener una Liga de Naciones por medio de la cual cada país contribuiría a preservar la paz mundial sin construir nuevas flotas, o adquirir la flota más grande del mundo. Para Wilson no había término medio 140.

Collingwood debido a la situación vivida con Hitler, opinaba que "la paz es una buena causa de guerra". La existencia de un Estado agresivo constituye un peligro para los Estados pacíficos. Por lo tanto compete a los Estados pacíficos "purificar al mundo" y transformar a la guerra en un medio no para la seguridad del Estado sino una cruzada para establecer las condiciones en la que todos los Estados puedan coexistir en paz 141.

Mao Tse Tung opinaba de la misma manera que los liberales occidentales, ya que hablaba de "hacer la guerra contra la guerra". Esta tesis fue desarrollada por segundo en la jerarquía del partido comunista chino en la década de los '30, Liu Shao Chi quien planteaba que los pueblos del mundo debían luchar unidos para liberarse de la opresión capitalista 142.

Bajo estas perspectivas, la guerra y la paz son los productos, respectivamente, de los Estados malos y buenos. ¿Cómo hacer para que los Estados lleguen a ser buenos?

Probablemente los malos Estados provoquen la guerra. ¿Los buenos Estados producen la paz?

Cobden planteaba el arbitraje como método para resolver los conflictos entre los Estados. De la misma opinión era William Howard Taft (ex presidente de EUA) que incluso plantea "prohibir la guerra" 143.

Este tipo de soluciones presume que prevalezca la razón sobre la fuerza, mientras que en el ámbito interno de los Estados,los problemas se resuelven por medio de instituciones que combinan la razón con la fuerza 144.

La mayor parte de los liberales había considerado que las organizaciones internacionales eran innecesarias y peligrosas; hasta que Wilson provocó un cambio a partir de su propuesta de crear una Sociedad de Naciones que realizaría funciones de gobierno.

La paz dependería de la "fuerza organizada"; pero esta fuerza sería distinta de la del "equilibrio de poderes" 145. El ideal de Wilson era una "comunidad de poderes"; y cuando se hubiera logrado la comunidad internacional democrática, la nueva fuerza de la opinión pública reemplazaría a la vieja, compuesta por ejércitos y armadas nacionales. Para Wilson, "la autodeterminación produciría la democracia" 146.

Nos preguntamos cómo se favorecería esa autodeterminación, con tanta intervención en aras de alcanzar -o imponer- la democracia.

El Socialismo Internacional

Marx y Engels forman parte de la versión socialista de la segunda imagen.

El criterio socialista plantea que los Estados capitalistas causan la guerra. Revolucionar los Estados, destruir el capitalismo e instalar el socialismo traerá la paz.

El sistema capitalista de producción hace surgir dos clases antagónicas: la burguesía y el proletariado. El Estado capitalista representa el control del sistema de gobierno en favor de la burguesía. El Estado capitalista coloca a la lucha de clases bajo un cierto grado de control, sin ponerle fin. La guerra es la manifestación externa de la lucha de clases interna, con lo que el problema de la guerra coexiste con la organización capitalista de los Estados. El socialismo abolirá la guerra para siempre 147.

La importancia de Marx y Engels no reside en la idea de que el fin de la guerra se encuentra en el fin de los Estados, sino en el hecho de que la teoría marxista subordina el problema de la guerra y la paz al triunfo del proletariado revolucionario, cuando los hombres no vivan ya en Estados sino que estén unidos en una asociación libre y apolítica.

Una pregunta interesante sería si un mundo con todos Estados socialistas sería pacífico.

Los Partidos Socialistas Durante la Primera Guerra Mundial

La "Segunda Internacional" intentó convertir la premisa de Marx acerca del interés común del proletariado, en un programa de acción para preservar la paz de Europa.

Con el apoyo de muchos socialistas franceses e ingleses, Jean Jaurés y Keir Hardie reclamaron un programa positivo de aplicación inmediata, para obligar a los Estados capitalistas a vivir en paz.

Entre los socialistas se arraigó la convicción de que la democracia social sería un instrumento eficaz contra la guerra. Pero no resultó así. El partido socialdemócrata alemán, el más importante partido socialista, no sólo no se opuso a la guerra que comenzó en 1914, sino que apoyó unánimemente los créditos de guerra para el gobierno burgués alemán. Los partidos socialistas de otros Estados que se vieron envueltos en la guerra, también apoyaron a sus gobiernos.

Con el estallido de la guerra, la aparente armonía que se había logrado en las declaraciones de paz de la Segunda Internacional, desapareció para dar lugar a los conflictos de intereses e intenciones que residían bajo su superficie.

Como existía acuerdo con respecto al hecho de que los socialistas podían apoyar a sus propios paises con la conciencia tranquila, cuando estos emprendían una guerra defensiva, el problema acuciante pasó a ser ¿qué se entendía por guerra defensiva? En Inglaterra, Francia y Alemania, la mayoría de cada partido afirmó clara y rápidamente que., para sus paises, la guerra era defensiva.

Los socialistas europeos declaraban basarse en la doctrina fundamental del movimiento obrero internacional, que en todo momento reconocía el derecho de los pueblos a la independencia y la defensa nacional; y al mismo tiempo, condenaban todas las guerra de conquista.

Karl Kautsky en 1907 planteaba que todas las naciones y el proletariado de cada uno de ellas está interesados en evitar que el enemigo trasponga sus fronteras y traiga consigo el horror y la devastación de la guerra. Como nadie puede aseverar con autoridad quién es el agresor y quién el agredido, ni en dónde reside el interés internacional del proletariado, cada nación deberá salvar su pellejo como pueda. La guerra debe ser defensiva

Las resoluciones de la Segunda Internacional no prohibieron la participación del proletariado en guerras defensivas; pero en estas resoluciones se reflejaba la convicción de que una guerra europea constituía la señal para que todos los partidos socialistas se uniesen en un movimiento internacional en contra de la guerra, y no para que cada partido se lanzase en defensa de su suelo patrio. ¿Qué interés podían tener los socialistas en defender sus Estados burgueses?

Jean Jaurés consideraba que si el socialismo debe perfeccionarse dentro de los ámbitos de una nación, ésta, en consecuencia, debe ser defendida.

El comportamiento de los trabajadores durante la primera guerra mundial, demostró que no había un proletariado internacional, sino partidos socialistas nacionales.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Evolución del Debate Teórico-Epistemológico sobre las Relaciones Internacionales, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1997).


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


112Una "imagen" es la representación que nos hacemos de las cosas. Este es el planteo de Platón en su "Mito de las Cavernas". También es la tesis de Waltz, Kenneth, en El Hombre, el Estado y la Guerra, (Buenos Aires, Nova, 1970).

113Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 54.

114Nos preguntamos quién es el estadista para juzgar lo que es bueno y lo que es malo. Quién controla al estadista para que no tenga conductas desviadas.

115Ver su "La Sociología y las Reglas del Método Sociológico" (Buenos Aires, Dédalo, 1959) pág. 75.

116Ver su "La Reconstrucción de la Filosofía", (Madrid, La Lectura) págs. 107-142.

117Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 62.

118Ibidem, págs. 62-64.

119Berlin, Isaiah, Political Ideas in the Twentieth Century, in "Foreign Affairs", Vol. XXVIII, (1950), págs. 356-357.

120Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 68.

121Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 72.

122El líder carismático, que es el que predomina en la elección de gobierno por parte de las masas quedaría eliminado. El problema es que no sabemos cómo resolvería esto Kisker, ya que la masa debería hacer una profunda selección racional de los candidatos.

123Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 74.

124Estados Unidos, con sucesivos gobiernos que utilizaron como justificativo, luchar en bien de la civilización, en favor de la democracia, contra el mal del totalitarismo comunista, a favor de los derechos humanos, se auto-calificaron como modelos y con este justificativo intervinieron y provocaron guerras.

125Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 97.

126Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 97 y 103.

127Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 98-100.

128Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 103.

129Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 106.

130Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 109-112.

131Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 115.

132Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 115.

133Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 115-116.

134Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 116.

135Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 117-118.

136Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 118.

137Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 119.

138Luego veremos en la tercera imagen, que Morgenthau es partidario del equilibrio de poderes, como forma de mantener la paz, aunque él no es optimista (desde el punto de vista filosófico-político), como Cobden o Gladstone.

139Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 123-124.

140Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 125.

141Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 126.

142Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 127.

143Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 131.

144Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 132.

145Funcionalismo versus realismo.

146Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., pág. 133.

147Ver Waltz, Kenneth, El hombre, el..., op. cit., págs. 141-142.