Tapa EUA-America Latina

 

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CAPITULO IX

BASES PARA UN NUEVO SISTEMA DE RELACIONES INTERAMERICANO

©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

En 1944 se había celebrado una Conferencia entre EUA, el Reino Unido y la URSS, en Dumbarton Oaks (1), con el propósito de establecer los lineamientos para la creación de una organización mundial. Los Estados latinoamericanos se habían resentido por el hecho de que Estados Unidos no los hubiera consultado antes de concurrir a esta reunión, ya que existía el peligro de que se profundizara la división entre un EUA potencia, ocupando un papel relevante en los asuntos mundiales, y una América Latina débil y temerosa de esa posición dominante, dadas las experiencias que habían vivido durante el período panamericano.

Otro de los motivos de resentimiento fue el hecho de que EUA comunicó intempestivamente a Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, que debían declarar la guerra a Alemania y Japón, si deseaban ser invitados a la reunión de San Francisco en la que se establecería la organización mundial (2).

Estos, motivos de preocupación suficiente para los latinoamericanos, los llevó a pedir una Reunión de Consulta con el fin de tratar el futuro del Sistema Interamericano a la luz del proyecto elaborado en Dumbarton Oaks, así como analizar los problemas económicos de post guerra. Por otra parte, se deseaba tratar el problema de la Argentina, ya que existía una situación de enfrentamiento entre este país y EUA.

El principal motivo del enfrentamiento partía de la base del no reconocimiento, por parte de EUA del gobierno argentino de Edelmiro J. Farrel, debido a que estaba apoyado por grupos, denominados "germanófilos". Esto, iba en contra de los principios democráticos sostenidos en las dos anteriores Reuniones de Consulta. Además, EUA confiaba en la posibilidad de solucionar esta situación a través de una acción colectiva; otro de los principios que se había inaugurado en las Reuniones de Consulta mencionadas. Con el fin de apoyar esta iniciativa, un uruguayo -el Dr. Rodríguez Larreta, Ministro de Relaciones Exteriores- propuso a los demás gobiernos Americanos una política de intervención colectiva contra cualquier miembro del Sistema Interamericano que violase repetidamente los derechos esenciales del hombre y que dejase de cumplir con sus obligaciones internacionales. La pretendida doctrina, evidentemente estaba orientada hacia Argentina, ya que no cumplía con sus compromisos internacionales al no haber declarado la guerra al Eje, y no sostenía, o más bien contradecía los principios democráticos que eran la columna vertebral del Sistema Interamericano. EUA anunció su apoyo a la propuesta en forma inmediata.

Cabe recordar que en la Séptima Conferencia Panamericana (Montevideo, 1933), al firmarse la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados, se había estipulado que "ningún Estado tiene derecho de intervenir en los asuntos internos o externos de otro". A su vez, en el Protocolo Adicional Relativo a la No Intervención, firmado durante la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz (Buenos Aires, 1936), se declaró como "inadmisible la intervención de cualesquiera de las Repúblicas Americanas, ya fuera en forma directa o indirecta y por cualquier motivo, en los asuntos internos o externos de las demás" (3). Por lo tanto, no había sido prohibida específicamente la intervención colectiva, ya que había sido reemplazada la acción unilateral por la responsabilidad colectiva (4).

Esto creó temores entre los países latinoamericanos, ya que luego de haber logrado establecer el principio de no intervención, veían que podía ser utilizado a través de la propuesta de Rodríguez Larreta en contra de ellos, mediante intervenciones de EUA en sus asuntos internos, con el apoyo de otros Estados latinoamericanos; apoyo que podría conseguir mediante la coerción. Esto explica la tercera causa aducida para realizar una Reunión de Consulta por parte de los latinoamericanos, así como también el pedido argentino en tal sentido.

Hasta el momento, EUA se había negado a tal Reunión, pero al tomar conciencia de que las relaciones se estaban deteriorando cada vez más, accedió a que se celebrara a principios de 1945. De todas formas, y con el propósito de que Argentina no participara, trató de que fuera sólo entre aquellos países que habían cooperado en los esfuerzos que habían significado la guerra. Para que así fuera, la idea era realizar una Reunión fuera del ámbito de la Unión Panamericana.

La Conferencia de Chapultepec

La Conferencia se celebró en el palacio de Chapultepec, en la ciudad de México, entre los meses de febrero-marzo de 1945, y se denominó: "Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz". Entre los puntos tratados en Dumbarton Oaks, dos -entre otros- tenían el consenso de los Estados latinoamericanos: 1) Conveniencia de resolver las controversias y cuestiones de carácter interamericano, preferentemente, según métodos y sistemas interamericanos, en armonía con los de la Organización Internacional General; y 2) Conveniencia de dar adecuada representación a América Latina en el Consejo de Seguridad. Estos puntos tenían como principal propósito, reducir el papel predominante de las grandes potencias.

Las Resoluciones más importantes de esta Conferencia, estaban vinculadas al futuro del Sistema Interamericano: Resolución VIII "Asistencia Reciproca y Solidaridad Interamericana"; Resolución IX "Reorganización, Consolidación y Fortalecimiento del Sistema Interamericano". Esto vendría más adelante, con la Reunión que se celebraría en Río de Janeiro donde se firmaría el TIAR y, posteriormente, con la Novena Conferencia Panamericana de Bogotá (1948), donde nacería la OEA.

La Resolución VIII, conocida como "Ley de Chapultepec", declaraba que "...la seguridad y solidaridad del Continente se efectúan lo mismo cuando se produce un acto de agresión contra cualquiera de las naciones americanas por parte de un Estado no Americano, como cuando el acto de agresión proviene de un Estado contra otro u otros Estados Americanos..." Recordemos que de la Declaración emanada en la Reunión de La Habana, se hablaba de "agresión de un Estado no Americano contra un Estado Americano". EUA insistió en incluir que "La Declaración y la Recomendación anteriores establecen un acuerdo regional para tratar asuntos concernientes al mantenimiento de la paz y seguridad internacionales susceptibles de acción regional en este hemisferio. Tal acuerdo y actos y procedimientos pertinentes deberán ser compatibles con los principios y propósitos de la Organización General Internacional, cuando ella se establezca." Esto, que ya había sido tratado en las propuestas de Dumbarton Oaks, significaba que ninguna organización de carácter regional podía tomar ninguna medida sin la autorización del Consejo de Seguridad de la Organización Mundial. Es curioso que, cuando EUA procuró por todos los medios evitar una influencia sobre el Sistema Interamericano por la Liga de las Naciones, ahora se encargaba, por todos los medios también, de lograr tal influencia por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es evidente que su papel como potencia mundial le llevó a modificar su "óptica" en este aspecto.

El Plan Militar de Truman o las Bases de la Doctrina de la Seguridad Nacional

También queda reflejada la tendencia de EUA a crear un bloque político-militar bajo su control, particularmente en los principios del Acta de Chapultepec, donde se encuentran no sólo loas postulados aprobados en las Conferencias Panamericanas en tiempos de paz, sino también las Resoluciones de las Reuniones de Consulta de tiempos de guerra. Estas Resoluciones fueron originadas por situaciones extraordinarias y se extendían al período post bélico. Su inclusión en calidad de principios fundamentales del panamericanismo en un documento único, demuestra que EUA tenía como objetivo la creación de un bloque militar. Esta idea está aún más claramente expresada en la recomendación de crear un acuerdo militar permanente entre las Repúblicas Americanas para la lucha "contra el peligro de agresión después de la firma de la paz" (5).

Por propuesta de EUA en la Conferencia, fue cambiado el status de la Junta Interamericana de Defensa y convertida en órgano permanente (asesor) adjunto al Consejo Directivo de la Unión Panamericana.

Pero, como si esto fuera poco para EUA, el 6 de mayo de 1946, el Presidente Truman, envió al Congreso, para su estudio, un "Plan de Cooperación Militar de Repúblicas Americanas", que contemplaba la creación de un ejército único, cuyo aprovisionamiento estaría por completo de EUA. Los países latinoamericanos rechazaron el Plan Truman, por ello, la Secretaría de Defensa de EUA, a fin de poder establecer un control sobre los ejércitos latinoamericanos, por lo menos en forma indirecta, estableció un sistema de acuerdos militares bilaterales; el envío a los países, en base a acuerdos, de misiones militares; intercambio de oficiales; la fundación de escuelas militares especiales para cadetes latinoamericanos; envío de instructores, etc..

En caso de aprobación del ejército único, estas fuerzas armadas de los veinte países latinoamericanos perderían su carácter nacional y se convertirían en parte de un enorme ejército y de una poderosa flota de EUA. Las necesidades de defensa latinoamericanas serían supeditadas a objetivos de política exterior de la estrategia de la fuerzas, realizada por EUA. En febrero de 1947, la Junta Interamericana de Defensa, prácticamente aprobó el plan, concretándolo. La Junta recomendó crear en el marco del sistema panamericano, un órgano latinoamericano permanente de representantes de los Estados; organizar un intercambio de planes operativos y de misiones militares; alargar los acuerdos sobre bases militares, etc.. Esto significó el inicio de lo que se conoció posteriormente, como Doctrina de la Seguridad Nacional, a través de la que se desnacionalizó el concepto de defensa nacional por el de defensa continental (6).

Luego de agotados los acuerdos principales de la Conferencia, se trató el "problema" de la Argentina. En la Resolución LIX se declaraba: "...que la Conferencia espera que la Nación Argentina cooperará con las demás Naciones Americanas, identificándose con la política común que éstas persiguen y orientando la suya propia hasta lograr su incorporación a las Naciones Unidas como signataria de la Declaración Conjunta formulada por ellas. (...) que el Acta Final de la Conferencia queda abierta a la adhesión de la Nación Argentina, siempre de acuerdo con el criterio de esta Resolución, y autorizar al Excelentísimo Señor Licenciado Esequiel Padilla (Ministro de Relaciones Exteriores de México) Presidente de la Conferencia para que comunique al Gobierno Argentino, por conducto de la Unión Panamericana las resoluciones de esta Asamblea."

El Gobierno Argentino respondió adhiriéndose al Acta de Chapultepec por Decreto del 27 de marzo de 1945 (7).

En resumen, a través de las resoluciones aprobadas en la Conferencia, se evidencia el afianzamiento de las posiciones de EUA -monroismo- en el hemisferio en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial (8).

Los Problemas Económicos Latinoamericanos

Los Estados latinoamericanos habían solicitado la celebración de una Conferencia sobre asuntos económicos, cuya denominación sería "Conferencia Técnica Económica Interamericana", que debía llevarse a cabo para el mes de junio de 1945 en Río de Janeiro.

México, que ya había venido insistiendo en los problemas económicos como elemento fundamental para la seguridad del Continente, retomó la iniciativa. Junto a este país estaban Argentina, Chile y Cuba; este último país, debido especialmente al uso que hacía EUA de su cuota azucarera como elemento de presión para el logro de reclamos al gobierno cubano. Incluso, en la Conferencia de Río sobre Mantenimiento de la Paz y Seguridad del Continente, se llegó a solicitar -aunque en vano- que se incluyera la prohibición de amenazas y agresiones de carácter económico, dentro de las caracterizaciones de la amenaza y agresión (9). Este principio, evidentemente estaba orientado a cubrirse de toda agresión coercitiva por parte de EUA.

La delegación de Ecuador por su parte, manifestó en tal oportunidad que América Latina debía tener su Plan Marshall. También apoyaron a este país -además de los mencionados- Bolivia y Paraguay. No obstante ello, el Secretario de Estado norteamericano Marshall, contestó a los latinoamericanos que las circunstancias de Europa eran diferentes a las latinoamericanas, que requerían un plan distinto y más a largo plazo, prometiendo que EUA se enfrentaría vigorosamente a los problemas económicos de América Latina. Sin embargo, nada se hizo en Río de Janeiro, postergando el tema -como de costumbre- para una Reunión futura (10)



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre EUA y América Latina: ¿Predomicio "monroista" o Unidad Americana? , (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1994), ISBN: 950-43-5524-2.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


(1) Nombre del barrio situado en Washington D.C..

(2) Debe recordarse que con Argentina se encontraba prácticamente enfrentado, al punto de la casi ruptura de relaciones diplomáticas, debido a su neutralidad.

(3) Ver CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema..., op. cit., pág. 174. El tema también está tratado en Conil Paz, Alberto y Ferrari, Gustavo, Política Exterior Argentina (1930-1962), (Buenos Aires, Círculo Militar, 1971), págs. 130-144. Igualmente Peterson, Harold F., La Argentina y los Estados Unidos, (Buenos Aires, Eudeba, 1970), págs. 501-522. De acuerdo con Summer Welles, la proposición de Uruguay., se contemplaba en todas partes como inspirada por EUA. Ver Where are we Heading, (New York, 1946), pág. 226. En Silva, Carlos Alberto, La Política Internacional de la República Argentina, (Buenos Aires, Edic. Ministerio del Interior de la República Argentina, 1946), págs. 825-915, se encuentran publicados todos los documentos, declaraciones y actas de sesiones de la República Argentina, relativos a la Reunión de Consulta de Panamá, La Habana, Río de Janeiro, México y la declaración de guerra a las potencias del Eje; así como los mensajes radiofónicos emitidos por el Presidente de la Nación, para explicar al pueblo las razones de las actitudes adoptadas.

(4) Ver en Anexo B (B.15.).

(5) Ver Matos Ochoa, Sergio, El Panamericanismo..., op. cit., págs. 154.

(6) Ibídem, págs. 155-156. Sobre el tema de la seguridad nacional, ver Barros, Alexandre S.C., The Diplomacy of National Security: South American International Relations in a Defrosting World, en Hellman, Ronald y Rosenbaum, John (editores), "Latin America: The Search for a New International Role", (New York, John Wiley and Sons, 1975), Vol. I, especialmente págs. 136-137.

(7) Silva, Carlos Alberto, La Política Internacional de la ..., op. cit., 911-912. También sobre el tema de la Conferencia de Chapultepec ver Puig, Juan Carlos, Les Principles du Droit..., op. cit., en el que se analizan los principios emanados de las distintas Conferencias y Reuniones Interamericanas -incluyendo la de Chapultepec- que pueden llegar a constituir un Derecho Internacional Americano.

(8) Ver Anexo B (B.26.). Con posterioridad a la Reunión de Chapultepec, se celebró una Conferencia Especializada en Washington (1946), sobre expertos para la protección de los derechos de autor. Ver Serie sobre Tratados No 9, op. cit., pág. 82.

(9) Recién se logrará con las reformas al TIAR en 1975, aunque este nuevo TIAR no obtuvo las ratificaciones necesarias para su puesta en vigencia.

(10) Ver CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema..., op. cit., págs. 183-184.