Tapa EUA-America Latina

 

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CAPITULO VI

EL PRINCIPIO DE NO INTERVENCION Y LA SOLUCION PACIFICA DE LOS CONFLICTOS

©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

La principal preocupación de América Latina seguía siendo el tema de la no intervención, al que se oponía sistemáticamente EUA, aludiendo a que las principales dificultades de los países de la región no provenían de agresiones externas, sino del interior de esos países, en los que los gobiernos son inestables debido a situaciones permanentes de convulsión interna. En definitiva, los intentos de "panamericanizar" la Doctrina Monroe, terminaron siendo cooptados por EUA en su beneficio, a través de la Política del Buen Vecino lanzada por Franklin Delano Roosevelt y los "principios de consulta" y de "responsabilidad colectiva" que dio lugar a la "intervención colectiva", adoptados en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz (Buenos Aires, 1936).

A este tema, se agregaron el de la solución pacífica de los conflictos -aunque los propios países de la región no lograron ponerse de acuerdo sobre los procedimientos y EUA se mantuvo en una posición reticente a cualquier forma supranacional que limitara su manejo externo- y el tratamiento de los problemas económicos y comerciales, de interés central para América Latina, pero que EUA permanentemente eludía.

Sexta Conferencia Panamericana

Se celebró en La Habana en 1920 y asistieron 21 Estados. No hubo ausentes. El temario de la Conferencia era: 1) organización de la Unión Panamericana; 2) asuntos de naturaleza jurídica interamericana; 3) problemas de comunicaciones; 4) cooperación intelectual; 5) problemas económicos; 6) problemas sociales; 7) informes sobre tratados, convenios y resoluciones aprobados en Conferencias anteriores; y 8) Conferencia futuras.

En lo que hace a la organización de la Unión Panamericana, había quedado demostrado hasta el momento el interés por parte de EUA de evitar todo debate político en el seno de las Conferencias. Por otra parte, la conducción de la organización era llevada a cabo tradicionalmente por el Secretario de Estado de EUA, lo que implicaba significativamente que también era manejada por este país, según sus propios lineamientos. Además, tampoco estaban dispuestos los Estados latinoamericanos a conceder funciones de carácter político a un órgano que era manejado por EUA. Esto llevó a México a proponer que se le prohibiese a la Unión Panamericana expresamente ejercer funciones políticas, lo que fue aceptado.

En lo que respecta al Consejo Directivo, se resolvió que el "gobierno de la Unión Panamericana deberá quedar investido en el Consejo Directivo, compuesto por los representantes que los gobiernos americanos nombren". El nombramiento podía caberle a los representantes diplomáticos de los respectivos países ante Washington (1). Una vez más quedaban excluidos todos aquellos Estados que no tuvieran representación diplomática en Washington, por cualquier motivo.

En cuanto a los asuntos de naturaleza jurídica, estaban coronados por la propuesta hecha por la Comisión de Jurisconsultos de Río de Janeiro que contenía la cláusula de no intervención. Se consideraba entre los latinoamericanos, que la principal causa de una falta de cooperación interamericana se debía al intervencionismo norteamericano.

Hubo una propuesta por parte del delegado peruano para reemplazar a la de Río de Janeiro por una declaración anterior (1916) sobre los derechos y obligaciones de los Estados, y formulada en esa oportunidad por el Instituto Americano de Derecho Internacional. Provocó serias discusiones entre los latinoamericanos, pero el delegado norteamericano la encontró aceptable, ya que no hacía referencia al tema de la intervención. Ante el desacuerdo, se propuso, en principio, que se archivara para ser discutido durante la Séptima Conferencia, pero el delegado salvadoreño logró que se aprobara la cláusula de no intervención.

Hubo debates muy enconados, y según Connell-Smith, las actas debieron rehacerse, ya que los delegados se dijeron hasta malas palabras. En el curso del debate, el presidente de la delegación norteamericana, Hughes, defendió la posición de su país, alegando: "enfrentémonos a los hechos. la dificultad de existir, en cualesquiera de las repúblicas americanas, no es de agresión externa. Se trata de una dificultad interna. De vez en cuando surge una situación sumamente deplorable y lamentable, en que no opera la soberanía cuando por algún tiempo, en ciertas regiones, no existe gobierno alguno (...) ¿Qué hemos de hacer cuando un gobierno se desmorona y los ciudadanos americanos ven peligrar su vida? ¿Hemos de permanecer inactivos y ver que los maten porque un gobierno, por circunstancias fuera de su control y por las que no puede ser hecho responsable sea ya incapaz de proporcionarles una protección razonable? (...) Es un principio de ley internacional que en casos tales un gobierno tiene plena justificación en tomar medidas -yo lo llamaría interposición temporal- con el fin de proteger las vidas y la propiedad de sus ciudadanos. Yo podría firmar que no se trata de intervención. En los libros de texto puede verse que esto no es intervención (...) Indudablemente Estados Unidos no puede renunciar a su derecho de proteger a sus ciudadanos. Las leyes internacionales no pueden cambiarse a través de las resoluciones de Esta Conferencia (...) Los derechos de las naciones son permanentes, pero las naciones tienen obligaciones, al mismo tiempo que disfrutan de los derechos"(2).

Si bien era un derecho -en términos del delegado de EUA- el proteger a sus ciudadanos y propiedades, era un derecho que sólo EUA podía ejercer, porque tenía el poder de hacerlo. Además, asoma una vez más, el verdadero sentido que EUA le daba a la Doctrina Monroe; esto es, la proyección hemisférica de sus intereses nacionales ya que, evidentemente, estaban más preocupados por mantener un orden regional, que por la posibilidad de un ataque externo.

El delegado de Cuba, Ferrara, apoyando lo dicho por el presidente de la delegación norteamericana, advirtió que el principio de la no intervención que se suponía que debía garantizar la autodeterminación, era un arma de doble filo, ya que podía convertirse en un medio para perpetuar en el poder a los tiranos (3). Irónicamente, el gobierno cubano fue intervenido por EUA en 1933.

El tema de la no intervención volvería a ser tratado en la Séptima Conferencia Panamericana.

Otro punto de importancia dentro del ámbito de las relaciones jurídicas interamericanas, lo constituyó el de la conciliación y arbitraje, estableciéndose mediante una Resolución la celebración de una Conferencia Especial. También se condenaron los actos de agresión, pero no se definieron, ni se adoptaron previsiones para sancionar a los agresores.

Se adoptaron convenios codificando ramas de leyes internacionales, tales como: 1) situación de los extranjeros; 2) Tratados; 3) funcionarios diplomáticos; 4) funcionarios consulares; 5) neutralidad marítima; 6) derecho de asilo; 7) derechos y obligaciones de los Estados en caso de guerras civiles; 8) en el campo del Derecho Internacional privado se adoptó el Código de Bustamante.

En cuanto a los problemas económico-comerciales, al discutirse el Convenio cuyo propósito era la organización de la Unión Panamericana, surgieron dos temas importantes: 1) el interés por promover -por parte de los Estados latinoamericanos- una creciente conciliación de los intereses económicos; y 2) solucionar el problema de las excesivas barreras al comercio interamericano, especialmente por causa del proteccionismo norteamericano (Ley Smoot-Hawley). En el preámbulo del convenio, se reconocía la "igualdad jurídica y la completa independencia de las Repúblicas Americanas" .

Las tarifas establecidas por EUA, perjudicaban especialmente al comercio argentino, motivo por el cual, el presidente de la delegación de este país manifestó el deseo de incluir en el Convenio una declaración, oponiéndose al excesivo proteccionismo norteamericano. Por supuesto, EUA se opuso a esto y Argentina no tuvo eco por parte del resto de las repúblicas americanas, salvo en tono muy débil, de algunas de ellas. Incluso el propio gobierno argentino decidió no apoyar su posición, para conservar las buenas relaciones con EUA, lo que hizo que su representante retirara su propuesta. No obstante ello, Argentina no ratificó el Convenio (5). Uno de los temas de relevancia para los Estados latinoamericanos -los problemas económicos- recibiría el primer golpe (6).

Conferencia Internacional Americana de Conciliación y Arbitraje

Entre la Sexta y la Séptima Conferencias, se celebraron dos Conferencias Especializadas, de las que surgieron cinco instrumentos jurídicos y una Convención abierta a la firma en la Secretaría General. La primera fue la Conferencia Internacional Americana de Conciliación y Arbitraje, que se celebró en Washington en 1929. No asistió la República Argentina. Se adoptaron tres instrumentos vinculados con el tema de la pacificación de las relaciones interamericanas: 1) Convención General de Conciliación Interamericana (B.4.), que agregó al Pacto Gondra funciones conciliatorias para las comisiones que se contemplaba crear a través del mismo, dando además poder a las comisiones permanentes, para realizar estas funciones sin que les fuera solicitado, hasta que quedara establecida la Comisión ad hoc. Esta última requería de la cooperación de las partes en disputa.

La Convención fue firmada por todos los Estados y ratificada por 18. Argentina, que como dijimos, no asistió a esta Conferencia, se adhirió a la Convención (7).

2) Tratado General de Arbitraje Interamericano (B.5.), mediante el cual, todos los Estados se comprometían a someter a arbitraje todos los problemas de carácter jurídico, incluyéndose: a) la interpretación de Tratados; b) problemas de leyes internacionales; c) todo hecho que constituya una violación a una obligación internacional; d) la naturaleza y extensión de las reparaciones que deben hacerse por violación a las obligaciones internacionales.

Las controversias en la jurisdicción interna de cualquiera de las partes, fuera del control de las leyes internacionales, y las que afecten a terceras partes, quedaron excluidas del Tratado.

El Tratado no previó la creación de una Comisión Permanente que pudiera actuar a iniciativa de una de las partes en disputa, tal como era el caso de la Convención sobre Conciliación. La cooperación entre las partes es esencial para lograr el arbitraje, lo que equivale a ponerse de acuerdo acerca de llevar las disputas a arbitraje mediante un Tratado.

EUA firmó y ratificó este Tratado (8), pero con reservas que lo privaron de su obligatoriedad. Las repúblicas americanas lo firmaron y/o ratificaron, en la mayoría de los casos, con reservas, debilitando de esta manera el Tratado (9).

3) Protocolo de Arbitraje Progresivo (B.6.), cuya finalidad es procurar que las partes del Tratado abandonen formalmente, parcial o totalmente las reservas que hicieron. De esta manera progresivamente se podría extender el alcance del Tratado (10).

La segunda reunión que se llevó a cabo, fue la Conferencia Panamericana de Marcas de Fábrica, que se celebró en Washington en 1929, de la que emanaron dos instrumentos: 1) Convención General Interamericana de Protección Marcaria y Comercial (B.7.) y 2) Protocolo sobre Registro Interamericano de Fábrica (B.8.) (11).

Con posterioridad, el 6 de Octubre de 1930 se adoptó una Convención sobre la Reglamentación del Tráfico Automotor (C.1.), quedando abierta para su firma en la Secretaría General de la Unión Panamericana (12).

Nueva Aproximación a la Realidad Interamericana

No obstante los objetivos comunes de los latinoamericanos, vinculados a temas tales como no intervención, desarrollo económico-comercial, solución pacífica de los conflictos, etc., no había unidad en América Latina. Esto queda de manifiesto con posterioridad a la Sexta Conferencia Panamericana, oportunidad en que el Secretario de Estado norteamericano, Hughes, declaraba que dudaba de la existencia de una entidad denominada América Latina por un lado y EUA por el otro. En otras palabras, dudaba de la existencia de un concierto de Estados latinoamericanos.

Indudablemente, a lo largo del período que va desde la Primera Conferencia, ha habido un mayor estrechamiento de relaciones, pero no por ello, éstas llegaron a ser armónicas. No existía un mecanismo de defensa mútua, aunque hasta el momento tampoco había sido objetivo del Sistema Interamericano el crearlo. Sí lo era el arreglo pacífico de las disputas y, como hemos comprobado anteriormente, la efectividad de los instrumentos en el período en que tuvieron vigencia para los que los ratificaron, fue prácticamente nula. Durante el período surgieron controversias graves, como las de Tacna y Arica entre Chile y Perú, o la controversia entre Bolivia y Paraguay sobre el Chaco Boreal en 1928, llevando posteriormente a la guerra entre ambas partes. Para este caso, se aplicó el Pacto Gondra, aunque hubo otra serie de procedimientos, tales como mediación por parte de Argentina (Saavedra Lamas), y hasta la intervención de la Sociedad de Naciones para buscar una solución al conflicto, que finalmente se logró con la firma de un Tratado de Paz en Julio de 1938 (13).

Por otro lado, pese a que se han firmado instrumentos, tales como marcas de comercio y de fábrica; patentes de invención; uniformidad de nomenclatura para la clasificación de mercaderías; aviación comercial; propiedad literaria y artística; no se puede hablar realmente de una cooperación económica, en el sentido de abordar los temas que realmente significan un problema para los países del Sistema, especialmente los latinoamericanos.

Por el contrario, la "diplomacia del dólar", entre 1925-30 se vio subrayada por la imposición de préstamos innecesarios, por parte de los bancos neoyorquinos, ayudados por visitas hechas por el profesor Kaemmerer a varias repúblicas americanas, con intereses leoninos y grandes deducciones por concepto de comisiones (14).



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre EUA y América Latina: ¿Predomicio "monroista" o Unidad Americana? , (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1994), ISBN: 950-43-5524-2.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


 

(1) Ver CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema..., op. cit., págs. 92-93.

(2) Ibídem, págs. 94-95. Ver en Capítulo IV el discurso de Honorio Pueyrredón.

(3) Ibídem, pág. 95.

(4) Ibídem, pág. 92.

(5) Ibídem, pág. 92.

(6) Los instrumentos jurídicos firmados se encuentran en el Anexo A (A.22., A.23., A.24., A.25., A.26., A.27., A.28., A.29., A.30., A.31., A.32.).

(7) Ver Anexo B (B.4.). Ver Serie sobre Tratados No 16, Tratados y Convenciones Interamericanos de Paz, OEA/Ser. X/2, (Español), Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, Washington D.C., 1972, págs. 10-13. Ver también Serie sobre Tratados No 5, Estado de los Tratados y Convenciones Interamericanos, Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, Revisado al 30 de Setiembre de 1976, último informe de la OEA, pág. 13.

(8) Ver Anexo B (B.5.).

(9) Bolivia, Costa Rica, Paraguay y Uruguay, lo firmaron con reservas y no lo ratificaron. Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, República Dominicana, EUA y Venezuela, lo ratificaron con reservas. Argentina, como dijimos, no asistió a la Conferencia y tampoco adhirió al Tratado.

(10) Lo firmaron todos los Estados miembros, menos Argentina que no asistió a esta Conferencia y no adhirió a la Convención ni al Tratado. Lo ratificaron sólo 10 Estados: Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, República Dominicana y Venezuela. Brasil que había ratificado sin reservas tanto la Convención como el Tratado, sólo firmó el protocolo, sin ratificarlo. Lo mismo pasó con Panamá, Perú y Cuba. El presente Protocolo, así como la Convención sobre Conciliación y el Tratado General de Arbitraje, han sido derogados por el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá - 1948 - A.42.), aunque sigue rigiendo entre aquellos Estados que no han ratificado el Pacto. Ver, Serie sobre Tratados No 16, op. cit., págs. 22-23. Ver también Serie sobre Tratados No 9, Tratados y Convenciones Interamericanos: Firmas, Ratificaciones y Depósitos, con notas explicativas, Washington D.C., 1961, págs. 57-59 y Serie sobre Tratados No 5, op. cit., pág. 13.

(11) Ver Anexo B (B.7. y B.8.).

(12) Ver Anexo C (C.1.).

(13) Ver Puig, Juan Carlos, Irureta, Hugo y Colombo de Imaz, Delia, Historia Política Contemporánea, op. cit., págs. 106-107.

(14) Ver Cuevas Cancino, Francisco, Roosevelt y la Buena Vecindad, (México, FCE, 1954), pág. 116.