Tapa EUA-America Latina

 

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1ra ETAPA

PERIODO DE CONFORMACION DE LAS CONCEPCIONES BASICAS

(1823/26-1889/90)

©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA *


CAPITULO II

ESTABLECIMIENTO DE UN NUEVO SISTEMA DE RELACIONES

El Panamericanismo

A través del Panamericanismo EUA no sólo intentó desplazar progresivamente a Gran Bretaña de su esfera de influencia en Sudamérica, sino que también fue creando un conjunto de normas del comportamiento que regirían el sistema de relaciones entre el país del norte y América Latina a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Ciertamente estamos hablando de dos actores: por un lado EUA y por el otro América Latina. Este sistema de relaciones conocido como Sistema Interamericano adoptó un conjunto de normas del comportamiento. Pero lo importante en este caso es saber cuáles fueron los aportes de cada una de las partes y, por sobre todo, cuál fue el "aporte" que predominó, poniendo el acento al sistema.

A.1) LA DOCTRINA MONROE

El primer antecedente, desde el punto de vista de la contribución por parte de EUA a la conformación de un Sistema Interamericano, es la Doctrina Monroe (1823).

La podemos interpretar en dos sentidos: a) como una declaración unilateral con proyección hemisférica de la política norteamericana del aislacionismo, con el objeto de establecer pautas de orden, en función de sus intereses económicos y de seguridad; y b) como una Estrategia a los efectos de evitar cualquier avance europeo en el nuevo mundo.

El elemento rector de esta doctrina es la no intervención. Pero desde el punto de vista norteamericano ha sido proclamada bajo un espíritu unificador; mientras que el mismo principio en la mente de los gobiernos latinoamericanos nació de la desunión del continente. Para estos últimos se trata de un principio que marca la defensa y la búsqueda de la convivencia entre los Estados de América Latina por un lado y EUA por el otro; pero no es un principio de cooperación o generalizador de un sistema-tal como se interpreta la propuesta de Monroe- sino de defensa.

No obstante ello, un sistema está conformado por elementos de cooperación (1) y no por los de defensa. La no intervención implica un no hacer, en términos de respeto a la soberanía; por lo que habrá convivencia en la medida en que se respeta la soberanía de los demás. La cooperación, por el contrario, implica un hacer. Poner al servicio de todos, aquellos elementos que se tienen en común. Desde ya esto es factible, cuanto más homogénea es la composición del sistema, ya que la heterogeneidad llevará en la relación la posibilidad de una vinculación coercitiva por sobre la consensual.

En definitiva, el sistema que estamos estudiando está compuesto por actores totalmente heterogéneos, por lo que basan su convivencia fundamentalmente en el principio de defensa de su soberanía, más que en la cooperación como elemento rector del sistema (2).

Un ejemplo claro lo da el Corolario Theodoro Roosevelt a la Doctrina Monroe (1904) en el que habla igualmente de la no intervención en sí, pero se reclama este derecho para EUA a los efectos de hacerse responsable del orden en interés de la civilización (3).

No obstante lo dicho sobre la Doctrina Monroe, no ha habido defensa continental por parte de EUA frente a la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833 -sin olvidar que ya habían sido invadidas por una fragata norteamericana en 1831- así como tampoco la hubo frente al bloqueo a Venezuela en 1902 por las armadas de Italia, Gran Bretaña y Alemania para cobrar compulsivamente la deuda pública que este país tenía con aquellos gobiernos, motivando el pronunciamiento del Canciller argentino Luis María Drago bajo el principio de que: "la deuda pública no puede dar lugar a intervención armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea"(4). Drago hacía referencia en su comunicación al gobierno norteamericano, que este principio ya estaba proclamado en la Doctrina Monroe. La respuesta del gobierno de EUA (5) fue que impediría la intervención de cualquier potencia extra-americana para el cobro de las deudas contractuales, pero intervendrían ellos mismos a los efectos de que se haga la justicia del caso. Lo importante, en este caso, para EUA, no era proteger a un país bajo una situación como la que vivía Venezuela, sino evitar que la actitud coercitiva asumiera la forma de adquisición de territorio por una potencia no americana.

EUA, para esta época, mantenía una actitud aislacionista, que recién rompió con los inicios del Panamericanismo. Su campo de acción principal, en tanto y en cuanto respetara las inversiones británicas, era Centroamérica y el Caribe (español); mientras que Gran Bretaña tenía como esfera de influencia al resto del subcontinente a través de una política neocolonial basada en relaciones comerciales asimétricas, e inversiones.

Dadas las circunstancias de la época, era muy probable que EUA interviniera en un Estado Americano -hablamos para estos tiempos de los centroamericanos y del Caribe- que el hecho de correr en defensa de un Estado Americano que corriera el peligro de una invasión por un Estado extra-Americano (6); especialmente si éste era Gran Bretaña.

Además, en 1901, EUA y Gran Bretaña habían firmado el Tratado Hay-Pauncefote -que anulaba el Clayton-Bulver de 1850-, en el que se establecía una división expresa de "esferas de influencia", al otorgarle a EUA la responsabilidad por la construcción de un canal interoceánico en el Istmo de Panamá, a la vez que por la seguridad de la región. Este era un motivo valedero por el que EUA podría no querer entrar en conflicto con Gran Bretaña (7).

A.2) LA PROPUESTA DE BOLIVAR

La contrapartida, como aporte para establecer un sistema de relaciones dentro del ámbito interamericano, está comprendida a mi criterio por las reuniones hispanoamericanas, celebradas previamente al inicio del Panamericanismo.

Los planes de Simón Bolívar para la cooperación internacional a diferencia del "sistema americano" pensado por Monroe, se basaban en una Hispanoamérica protegida de Europa y EUA, pero con vínculos más estrechos con Gran Bretaña.

El temor de las Repúblicas latinoamericanas estaba íntimamente vinculado al espíritu de la Santa Alianza, cuyo propósito fundamental -respecto de América- era la recuperación de las ex-colonias. Esto permite una mayor comprensión de la Doctrina Monroe y de los intentos de unificación bolivarianos, a los efectos de encontrar una forma de protección en América.

La historia de las relaciones hispanoamericanas desde el punto de vista de su contribución a la creación de un Sistema Interamericano se puede resumir a través de los resultados de cuatro conferencias que se celebraron durante el período anterior al inicio del Panamericanismo. Las características de estas conferencias fueron varias y se pueden contar como importantes los siguientes: 1) significaron un esfuerzo de unión frente a amenazas externas que pudieran poner en peligro la independencia de América Latina; 2) conformaron una causa común ante el temor del expansionismo norteamericano, especialmente a través del ejemplo que observaron en la guerra entre EUA y México y las actividades "filibusteras" de William Walker en América Central; 3) un intento por protegerse frente a la creciente amenaza que significaba para Hispanoamérica, las actividades de España en el nuevo continente, especialmente al volver a tomar posesión de Santo Domingo en 1861, y la guerra que posteriormente entabla con Chile, Ecuador y Bolivia y más adelante con Perú con el fin de asegurar su imperio; etc. (8).

Otra característica de relevancia es que, la asistencia a estos Congresos o Conferencias ha sido muy reducida (9).

Los Congresos a que hacemos referencia son: 1) el Congreso de Panamá de 1826, convocado por Simón Bolívar, cuyos propósitos eran múltiples:

a) Mancomunar esfuerzos frente a peligros comunes con vistas a la creación de un sistema de defensa y seguridad regional;
(Nunca se alcanzó a implementar un sistema de defensa regional. El TIAR, no entra dentro de este esquema, ya que ha sido creado para los intereses de seguridad de EUA y como un organismo “disciplinador” de gobiernos disfuncionales)
b) Establecer contactos que permitan una cooperación e intercambio comercial más estrecho;
(La propuesta integrativa que aún no se ha podido implementar en América Latina, más allá de la gran cantidad de intentos)
c) La adopción de mecanismos que permitan la conciliación en casos de disputas a fin de resolver pacíficamente los conflictos en la región;
(Nunca se pudieron establecer mecanismos efectivos para la resolución pacífica de los conflictos en la región. La OEA no ha servido para ello. Hablo de los conflictos territoriales, sean limítrofes como coloniales)
d) Creación de alianzas que permitan trazar la marcha de las relaciones de América en el mundo (10).
(La creación del Grupo de Río en 1986 puede responder a esta propuesta, aunque ha sido cooptado por EUA, aprovechando la desarticulación latinoamericana, para establecer sus propias prioridades)

A este Congreso asistieron representantes de Colombia, Perú, Centroamérica y México, aprobándose un Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua; primer antecedente del TIAR, de los sistemas integrativos y del actual Grupo de Río (G8). Fue firmado por los países participantes, pero ratificado únicamente por Colombia, recién en 1837.

El objeto principal de este tratado era sostener un pacto perpetuo ofensivo y defensivo para mantener la integridad de la soberanía e independencia de todas las repúblicas americanas contra toda dominación extranjera. Entiendo para este caso, que el término "extranjera" incluía también a las posibles actitudes que pudiera adoptar EUA.

El representante enviado a último momento por EUA, cuyo único propósito era adoptar una actitud absolutamente neutral, no llegó sino finalizado el Congreso. Argentina, luego de largas cavilaciones, no envió delegado (11).

2) En 1847 el gobierno de Perú cursó una invitación para la celebración de un Congreso en Lima, que se denominaría posteriormente Primer Congreso Internacional Americano, al que asistieron Bolivia, Chile, Ecuador, Nueva Granada y Perú. Argentina nuevamente no participó en este Congreso y las razones aducidas por su gobierno (Juan Manuel de Rosas, encargado de los asuntos exteriores de la Confederación), fueron las extraordinarias circunstancias en las que se encontraba el país, que le impedían ocuparse de los asuntos de la magnitud de las que se ocuparía este Congreso. El propósito de este Congreso era el establecimiento de una solidaridad americana frente a posibles ataques extra-continentales. Las "extraordinarias circunstancias" que estaba viviendo Argentina en esos momentos, eran la intervención armada de Francia y Gran Bretaña, que llevó al bloqueo del puerto de Buenos Aires (12).

3) El tercer Congreso se celebró en Santiago de Chile en 1856; conocido como Congreso Continental. El resultado fue la firma de un Tratado Continental. Los asistentes y firmantes fueron Perú, Ecuador y Chile, adhiriéndose posteriormente Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Nueva Granada y Venezuela. Argentina no participó, y ante la invitación para adherirse al Tratado Continental, se negó. Los propósitos eran semejantes a los buscados en el Primer Congreso Americano de Lima. Como había ocurrido hasta el momento, privó la posición aislacionista de Argentina por sobre la fuerza unitiva del pensamiento de Bolívar.

La idea era estrechar vínculos entre los pueblos y gobiernos, para evitar en lo sucesivo todo género de guerras. No había en este caso -ni en ninguno de los anteriores- cesión de soberanía, ni ataduras, sino verdaderas intenciones de cooperación; sin embargo, la contestación de Argentina ante esta invitación en particular fue: "El gobierno argentino no tiene motivos para admitir la existencia de esa amenaza, ni cree que serían suficientes los medios que se proponen para conjurar ese peligro si realmente existiese. La América Independiente es una entidad política que no existe ni es posible constituir por combinaciones diplomáticas. (...) Sólo podría existir esa amenaza en el caso de una liga europea contra la América, y esto no es posible... Esa liga no podría hacerse a nombre de los intereses materiales y comerciales de la Europa, porque esos intereses están en armonía con los de las naciones americanas, y no habría poder humano que pudiera crear un antagonismo que no tendría razón de ser" (13).

4) En 1864, la ocupación de las islas Chinchas por España, hizo que Perú convocara a un Segundo Congreso Internacional Americano, que se celebró en Lima en 1865. Los propósitos eran similares a los de los Congresos anteriores. Participaron del mismo, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Venezuela y Perú. Argentina no envió representante oficial, pero destacó un observador, Sarmiento, que iba de paso como Embajador a Washington.

El resultado efectivo de estos cuatro Congresos ha sido que no se firmó ningún tratado, o acuerdo, por la cantidad de Estados suficiente, como para que entraran en vigencia y fueran efectivos.

El corolario, en definitiva, fue que América Latina ingresaba al sistema como un actor fracturado. México se encontraba prácticamente bajo la esfera de influencia de EUA. Brasil, mantenía serias disputas con Argentina a la vez que se aliaba a EUA reconociendo su predominio, ante la idea de que oponerse al país del Norte significaba aislarse y depender en mayor medida de Gran Bretaña (política del barón de Río Branco). Argentina, por el contrario, mantuvo una política de oposición a EUA y de estrecha alianza con Gran Bretaña, a la vez que durante el Panamericanismo intentó liderar a América Latina, sin éxito.

Otro aspecto que atentaba contra la unidad latinoamericana, eran los constantes conflictos territoriales entre los Estados de la región a los que se sumaba la carencia de mecanismos efectivos de solución pacífica de los conflictos (14).



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre EUA y América Latina: ¿Predomicio "monroista" o Unidad Americana? , (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1994), ISBN: 950-43-5524-2.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


(1) Digo, "principio de cooperación" como el elemento que se hallaba en el pensamiento de Monroe, pero no estoy seguro de que estuviera en su espíritu, o al menos no creo que estuviera en el de los que aplicaron su Doctrina.

(2) Contrariamente, en un sistema donde los actores tienen un alto grado de "homogeneidad", al menos en cuento a su composición, es más probable que predominen las fuerzas centrípetas por sobre las centrífugas y también habrá menos reparos en la protección de los derechos soberanos. Este tema ha sido muy bien analizado por CASTAÑEDA, Jorge, México y el Orden Internacional (México, El Colegio de México, 1956).

(3) CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema Interamericano, (México, FCE, 1971), págs. 34-35. También está muy bien analizado por Puig, Juan Carlos y Colombo de Imaz, Delia, Panamericanismo "por inercia": 1889-1910, en "Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas", Universidad Nacional de Rosario (Argentina), Vol. XXI, No 41/42, 1972, pág. 160. La parte del discurso de Theodoro Roosevelt al Congreso (6/XII/1904) que resulta de interés a los efectos de su Corolario dice: "Aquellos países cuyos pueblos se conduzcan bien pueden contar con nuestra calurosa amistad. (...) El mal comportamiento crónico o una impotencia que resultara en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada, puede en América, como en cualquier otro lugar, requerir en última instancia la intervención de una Nación Civilizada, y en el Hemisferio Occidental, la adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos, aunque a regañadientes, en casos flagrantes de mal comportamiento o impotencia, a ejercer un poder de policía internacional". Ver A History of United States Foreign Policy (Englewood Cliffs, N.J., Prentice Hall, 1965), Second Edition, págs. 228-229.

(4) La pregunta es: podía dar lugar a la intervención, o por lo menos "presiones" por parte de una potencia americana, como EUA? Desde el momento en que el gobierno de EUA manifestó que se encargaría de que se hiciera la justicia del caso; justicia que implicó poner en caución las aduanas venezolanas hasta que se cumpliera con el compromiso con las potencias europeas, la Doctrina Drago, en principio no "protegería" a un país americano de este tipo de intervenciones o presiones.

(5) Dada por el Secretario de Estado John Hay (1903).

(6) Una manifestación clara del sentido que EUA le daba a la Doctrina Monroe está en la respuesta a una solicitud de José Rondeau -Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina- sobre la aplicación de la Doctrina Monroe, en el caso de que en la guerra entre Argentina y Brasil, éste recibiera apoyo de alguna potencia europea. El presidente Adams contestó que, la declaración de Monroe no comprendía a las guerras entre los Estados Americanos y no podía ser invocada por una Nación latinoamericana. Ver Peterson, Harold F., La Argentina y los Estados Unidos 1810-1960, (Buenos Aires, Eudeba, 1970), pág. 97.

(7) Ver CASTAÑEDA, Jorge, México y el Orden Internacional (México, El Colegio de México, 1956). También, CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema Interamericano, (México, FCE, 1971). Asimismo, PUIG, Juan Carlos, COLOMBO de IMAZ, Delia, Panamericanismo "por inercia" (1889-1910), en "Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas" (1972), Univ. Nac. de Rosario, Vol. XXI, Nro. 41/42. Igualmente, DRAGO, Luis María, La República Argentina y el Caso Venezuela, (Buenos Aires, 1903).

(8) Bolívar no estaba de acuerdo al principio, en invitar a EUA, principalmente porque pensaba que su ingreso a la Liga -propuesta en el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua- impediría obtener el apoyo de Inglaterra. No obstante, más adelante admitió que se formulase la invitación, de acuerdo con el gobierno de México -el proponente inicial- indicando en sus instrucciones al ministro en Washington que se declararan de interés continental las máximas del mensaje del presidente Monroe, enunciadas de la siguiente manera: 1) Procurar poner término a toda especie de colonización europea en el Continente Americano; 2) denunciar la aplicación de los principios constitutivos de la Santa Alianza, como perjudiciales a la paz y seguridad de EUA. Sin embargo, pese a las propuestas de enviar delegados por parte del presidente Adams y el Secretario de Estado Clay, el Congreso norteamericano expresó su reticencia, entre otros motivos por: 1) la situación en Cuba y Puerto Rico, cuya independencia sostenían las naciones latinoamericanas, mientras que EUA preveía la posibilidad de establecer intereses y de ejercer influencia y control en ambos países; 2) la Doctrina Monroe, que en el Congreso de Panamá se pretendía consagrar como norma de derecho internacional, en tanto que en el Senado de EUA se objetaba este punto de vista, pues se afirmaba que la doctrina debería mantenerse como una política de EUA. Finalmente decidieron enviar un representante, pero con instrucciones de no ligarse por vínculos contractuales con los Estados latinoamericanos; sólo debía concretarse a apoyar la construcción de un canal interoceánico, la libertad de cultos, el respeto a la propiedad privada, la libertad de los mares y todo cuanto estime en favor de la pacificación del continente. Las instrucciones completas, sea respecto del Canal de Panamá, como en relación con la situación de Cuba y Puerto Rico, se encuentran en Martínez, Ricardo A., De Bolívar a Dulles, (México, Edit. América Nueva, 1959), págs. 206-220. Ver también Matos Ochoa, Sergio, El Panamericanismo a la Luz del Derecho Internacional, (Caracas, Univ. Central de Venezuela, 1980), 227-237. Asimismo, Caicedo Castilla, José J., El Panamericanismo, (Buenos Aires, 1961), pág. 23.

(9) Haití, Brasil y Chile, no asistieron al Congreso de Panamá; el primero por ser totalmente ignorado y los otros dos, pese a haber sido invitados por el gobierno de Colombia, no participaron. Argentina fue la gran ausente en todos los Congresos, salvo el el Segundo Congreso Internacional Americano de Lima (1864/65), al que envió como "observador" a Domingo F. Sarmiento, que iba de paso para ocuparse de la embajada en Washington. Esta ha sido en esa época y hasta la actualidad -salvo excepciones- la política tradicional de este país, cuyo comportamiento aislacionista respecto de América Latina, está relacionado al hecho de tener -como en el caso de la mayoría de los Estados de la región- sus intereses más importantes -comercio, adquisición de tecnología, inversiones, deuda, lineamientos ideológicos o de seguridad- fuera del subcontinente. Durante el siglo XIX y gran parte del XX, estuvo vinculada con Europa, especialmente Gran Bretaña. Ver PUIG, Juan Carlos, La Política Exterior Argentina y sus Tendencias Profundas, en "Revista Argentina de Relaciones Internacionales" CEINAR, Enero-Abril (1975), Vol. I, No 1, págs. 15-16.

(10) García, Eduardo A., La Política Internacional de la República, (Buenos Aires, Emecé, 1964), págs. 27-31. También Caicedo Castilla, José J., El Panamericanismo, (Buenos Aires, 1961), págs. 3-21.

(11) En ocasión de la invitación de Bolívar al Congreso de Panamá, Forbes (Encargado de Negocios de EUA en Buenos Aires), ejerció su influencia sobre Rivadavia, dándole cuenta de que EUA enviaría un agente y no un ministro. Rivadavia estuvo de acuerdo; aún más, le contestó que estaba "decidido a no apartarse en lo más mínimo de la dirección de EUA que, en razón de la sabiduría y experiencia de su gabinete, así como de su gran carácter nacional y de su fuerza, debían tomar la dirección de la política americana". Nota de Forbes al Secretario de Estado Clay, 20 de marzo 1826, NA, D S, Desp. Arg. II. Ver Peterson, Harold F., La Argentina y ...op. cit., pág. 110. También Puig, Juan Carlos, Colombo de Imaz, Delia e Irureta, Hugo, Historia Política Contemporánea (1914-1939), (Buenos Aires, Edic. de los autores, 1968), págs. 63-66.

(12) No obstante su negativa, Rosas había solicitado apoyo al gobierno de EUA a fin de que fuera aplicada la Doctrina Monroe frente a la intervención anglo-francesa, pero, salvo declaraciones de apoyo de ciertos sectores de la opinión pública norteamericana, nada obtuvo del gobierno. Ver Peterson, Harold, La Argentina ..., op. cit., págs. 150-158. También Whitaker, Arthur, The United States and the Southern Cone: Argentine, Chile and Uruguay, (Cambridge, Harvard University Press, 1976), págs. 355-358. De todas maneras, Rosas mantenía un trato secreto y relaciones comerciales provechosas con Gran Bretaña. Ver Whitaker, Arthur, The United States ..., op. cit., pág. 115. Asimismo, Laviña, Félix y Baldomir, Horacio, El Proceso Histórico de la Diplomacia Interamericana y la Vigencia de sus Principios, (Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria, 1978), pág. 115.

(13) Carta enviada por el Canciller Rufino de Elizalde al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú el 10 de noviembre de 1862. El texto completo se encuentra en "La Política Exterior de la República Argentina", (Buenos Aires, Centro de Estudios de Derecho Internacional Público, Univ. de Buenos Aires, 1931), págs. 50-53. Ver también Puig, Juan Carlos, La Política Exterior Argentina..., op. cit., pág. 15.

(14) Ver CONNELL-SMITH, Gordon, El Sistema..., op. cit.; PUIG, Juan Carlos, La Política Exterior Argentina y sus Tendencias Profundas, en "Revista Argentina de Relaciones Internacionales" CEINAR, (1975), Vol. I, No 1. PUIG, Juan Carlos, COLOMBO de IMAZ, Delia, IRURETA, Hugo, Historia Política Contemporánea (1914-1939), (Buenos Aires, Edic. de los Autores, 1968).