Tapa EUA-America Latina

 

Home






CAPITULO I

EL SISTEMA DE RELACIONES EN EL SIGLO XIX

©  Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

    A) POTENCIAS RECTORAS DEL SISTEMA
En el siglo XIX el mundo era "eurocéntrico" con una estructura multipolar y con un orden basado en el equilibrio o balance del poder entre las grandes potencias europeas. Los gobiernos del resto de los Estados eran simples recipiendarios de las reglas establecidas por las potencias europeas y su capacidad para establecer o modificar las reglas del juego era prácticamente nula.

Dentro del esquema del balance del poder, Gran Bretaña procuró actuar en forma autónoma a través de un comportamiento aislacionista respecto del Continente. No obstante ello, en relación con los países extra-europeos procuró utilizar su poder a fin de evitar la recuperación de las ex-colonias en América por parte de España, de la misma manera que procuró vetar todos los intentos de anexión por el resto de los países europeos. De esta manera, Gran Bretaña se transformó en un guardián del equilibrio europeo.

Las características principales en este período muestran una comunidad abierta, ya que cualquier Estado podía aspirar a su ingreso al "Club de las Grandes Potencias" con sólo contar con el poder necesario, debiendo, por supuesto, respetar las reglas del juego del equilibrio; la seguridad era individual. Cada Estado debía protegerse a sí mismo; mientras que la responsabilidad era colectiva (1). De todas formas no era muy sencillo ingresar al Club de las Grandes Potencias. Los únicos Estados que lo hicieron a principios del siglo XX fueron EUA y Japón.

    B) ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XIX
Estados Unidos mantuvo el papel de Estado periférico durante este siglo pese a su importante desarrollo industrial y marítimo. Su política externa fue aislacionista, adoptando un proteccionismo en materia comercial y una autonomía heterodoxa respecto de Gran Bretaña. No obstante ello, pese a que no hubo acuerdo expreso, siguió las mismas pautas británicas de evitar la intervención europea en América. Este es el espíritu de la Doctrina Monroe.

Pese a su actitud aislacionista, procuró aprovechar al máximo las debilidades de las potencias europeas, a fin de encontrar un camino autónomo.

    C) AMERICA LATINA
Desde su independencia ingresó en la esfera de influencia europea, especialmente Gran Bretaña, manteniendo relaciones comerciales y financieras. De esta manera los países de la región se transformaron en proveedores de materias primas, a cambio de manufacturas e inversiones en las principales actividades.

El comportamiento adoptado fue de carácter "clientelista" (2). Los Estados más débiles adoptaron una política de dependencia paracolonial, mientras que los mayores, como Argentina, México, Brasil y Chile una dependencia de tipo nacional (3).

    D) DIVISION DE ESFERAS DE INFLUENCIA EN AMERICA LATINA
Desde mediados del siglo XIX y en virtud del comportamiento heterodoxo norteamericano, se inició una confrontación entre EUA y Gran Bretaña respecto de América Latina. De todas formas no se trató de un enfrentamiento directo, sino de intentos norteamericanos de fortalecer su capacidad autónoma de comportamiento. El expansionismo norteamericano en México, tolerado por Gran Bretaña bajo la reciprocidad de abstenerse de interferir en Sudamérica es un ejemplo.

Con posterioridad, el inicio del Panamericanismo a fines del siglo XIX y el envío de una fuerza naval al puerto de Río de Janeiro con el fin de asegurar la descarga de productos norteamericanos, en desafío al bloqueo establecido por los revolucionarios pro monárquicos que contaban con apoyo británico, muestran los claros intentos del país del norte de adoptar una autonomía de comportamiento.

Con el Tratado Hay-Pauncefote, quedó en claro el reconocimiento tácito de la hegemonía de EUA en Centroamérica y el Caribe hispánico, a la vez que asumía la responsabilidad de respetar las inversiones británicas en la región y sus intereses en Sudamérica (4).



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Relaciones Políticas entre EUA y América Latina: ¿Predomicio "monroista" o Unidad Americana? , (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1994), ISBN: 950-43-5524-2.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).

e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


(1) Ver PUIG, Juan Carlos, Derecho de la Comunidad Internacional, (Buenos Aires, Depalma, 1974).

(2)  DREKONJA, Gerhard, Aproximaciones a la Política Exterior Latinoamericana, en "Mundo Nuevo", Revista de Estudios Latinoamericanos, (Instituto de Altos Estudios para América Latina, Univ. Simón Bolívar, julio-diciembre 1980), Vol. III, Nro. 9/10. También BAILEY, Norman, Latin American in World Affairs, (New York, 1967).

(3) PUIG, Juan Carlos, Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana, (Caracas, Univ. Simón Bolívar, 1980). También Jaguaribe, Helio, Dependencia y Autonomía en América Latina, en "La Dependencia Político-Económica de América Latina", (México, Siglo XXI, 1970. Asimismo, Jaguaribe, Helio, Desarrollo Político: Sentido y Condiciones, (Buenos Aires, Paidós, 1972). Contrariamente al concepto de la "Teoría de la Dependencia", para que se produzca la dominación, es preciso contar con la disfuncionalidad de la élite local, lo que lleva a la idea de que las relaciones externas no constituyen determinantes absolutos, no son un agente exclusivo de la dependencia. La situación de dependencia se debe tanto a una dinámica externa, como interna y, en este último caso, depende de la idiosincrasia de la élite dirigente. Cuando se habla en términos de dependencia para-colonial, se está haciendo referencia a un estado de soberanía formal, ya que el gobierno no constituye otra cosa que un apéndice del aparato gubernativo de la estructura de pode real de otro Estado ("metrópoli", "potencia dominante", "centro imperial", etc.). La dependencia nacional se da cuando los grupos que detentan el poder real, racionalizan la dependencia y, por consiguiente, se fijan fines propios que pueden llegar a conformar un "proyecto nacional". En este caso, la dependencia es "aceptada" racionalmente, tratando de sacar de ella el máximo provecho, en algunos casos, para lograr una mayor autonomía futura. La diferencia con la dependencia para-colonial, es que, en aquél caso, se fijan ciertos límites a la relación dependiente, mientras que en este último caso no.

(4)  Ver RIPPY, Fred J., Rivalry of the US and Great Britain over Latin-América (1808-1830), (Baltimore, The Johns Hopkins Press, 1929). MERCK, Frederick, Manifest Destiny and Mission in American History. A Reinterpretation, (New York, Knopf, 1963). Del mismo autor, La Doctrina Monroe y el Expansionismo norteamericano, (Buenos Aires, Paidós, 1966). GREVILLE, J.A.S., Great Britain in the Isthmian Canal, in "The American Historical Review" (1965), Tomo LXI. PUIG, Juan Carlos y COLOMBO de IMAZ, Delia, El Movimiento por la Unidad Interamericana. Ensayo de Sistematización en base al Método Estructural, en "Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas" (1970) Tomo XIX, Nro. 37/38.