Tapa Conflicto en Colombia

 

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Negociar Confianza

La negociación tiene que ver con factores psicológicos y con la prudencia. Lo que se hace es “negociar confianza”, en términos de pensar que una de las partes no está perdiendo las posibilidades, mientras la otra está sacando todas las ventajas. La necesidad de obtener beneficios y la confianza de que el resultado sea equitativo, asegurando que otros no obtengan ventajas, mientras nosotros asumimos los costos.

Más allá de la falta de una verdadera convergencia, quien ha planteado que las guerrillas obtienen mayores ventajas que las fuerzas armadas e incluso que la Nación, ha sido el ex-Presidente y Senador en ejercicio, Alvaro Uribe Vélez. Sea en un caso o en el otro, con mayor o menor medida, su idea ha sido exterminar a las guerrillas, que desaparezcan de la escena. Además, ha mostrado su interés por establecer las bases de su poder en el contexto global de Colombia, de manera tal de, no sólo implantar las reglas sobre las cuales debe alcanzarse la “pacificación”, sino también, qué criterios deben seguirse para llevar adelante los destinos del país. En última instancia, “que quede en claro que es él quién manda en Colombia, y su gente y nadie más”. Los resultados del plebiscito dejaron ver esto, y el hecho de que el Presidente Santos haya decidido hacer algunas modificaciones al Acuerdo de Paz, pero, en última instancia, firmar cuanto antes, ha hecho que Uribe reaccionara y pidiera su destitución.

Resulta evidente, que no ha sido el país el que acordó la pacificación con las FARC, sino un sector, el que se encuentra en el Gobierno, lo que puede variar, si hay cambio de gobernante.

Las FARC -según lo abordado en su X Conferencia-, parecieran estar conformes con el proceso alcanzado, más allá de la cantidad de negativas que ha hecho el Gobierno desde un comienzo en el proceso de negociaciones; pero los miembros del ELN que están en el inicio del proceso, han hecho importantes críticas. Principalmente, de que es el Gobierno el que obtiene todas las ventajas y las guerrillas los costos y con ellas, la sociedad civil colombiana, que pierde mucho, ya que se le ha negado la participación activa y no se han contemplado sus demandas.

El proceso sólo se orientó en la dirección de la desmovilización y el desarme de la guerrilla; ningún cambio al sistema político, al modelo económico ni a la doctrina de la seguridad nacional. En el proceso de negociación entre el Gobierno de Santos con las FARC -al igual que con los anteriores Gobiernos-, no se ha alcanzado el nivel de confianza mutua ya que, salvo en los temas formales de Agenda, no ha habido una verdadera convergencia en cuanto a los objetivos para alcanzar la Paz. El resultado final, es que los sectores en el poder -gobernando o en la oposición-, son los que han ganado con este proceso y la sociedad civil, en general en sus diferentes sectores, han quedado afuera.

No caben dudas de que Santos adoptó un sistema “Transaccional” de resolución de conflictos, negando e, incluso, impidiendo la alternativa “transformacional” que, en última instancia, fue inquirida por los sectores insurgentes en su búsqueda de una negociación al conflicto y, desde ya, por los diferentes sectores de la sociedad colombiana, que permanentemente han intentado enviar mensajes de cambio y transformación para que se alcancen los objetivos de Paz con justicia social.

Todo fue dirigido hacia una “Paz negativa”, en los términos de  ausencia o finalización de un conflicto violento. Se ha logrado un cese el fuego, unas pautas para la desmovilización, el desarme y la reinserción de la guerrilla, pero, los cambios para alcanzar una Paz auténtica, que llevarían a una “Paz positiva”, para construir un nuevo país incluyente, no se han dado.

El caso del conflicto en Colombia, ha sido planteado históricamente y, en especial, por el Gobierno de Santos, como el problema de un país que tiene grupos anti-sistémicos, que impiden su normal desenvolvimiento.

Los distintos procesos encarados, se han ido truncando, en la medida en que todo desembocó en un planteo de “los buenos y los malos”. Una cosa es mostrar que “nosotros somos los buenos” y “los que no son como nosotros son los malos”, y otra es la situación de desastre social, atraso y subdesarrollo que hay en Colombia. Más allá de la problemática militar -que es una consecuencia más que una causa-, en ningún momento se han encarado los motivos estructurales generadores de conflicto. Que haya guerrillas, no es la causa de los conflictos o de los problemas en el Estado, sino la resultante de la ausencia -no militar, sino económico-social- de éste.

Importantes sectores de la población colombiana que representan a comunidades como la afrocolombiana, la indígena, los pequeños campesinos, los pequeños mineros, los desplazados internos y fuera del país, los familiares de las víctimas de todos los sectores, que han quedado fuera del proceso de negociación -en todos los casos encarados por los diferentes Gobiernos-, y que, además, no se sienten representados ni por los grupos guerrilleros ni por el Gobierno, han manifestado de diferente manera sus problemáticas, necesidades y aspiraciones que, según el Gobierno, fueron escuchadas y tenidas en cuenta, pero de manera tangencial, más que estructural.

La Paz debería ser la resultante del funcionamiento adecuado del Estado en términos de Pacto Social. En Colombia -y en general en América Latina- el Estado no funciona de manera que el Pacto Social opere, estableciendo y manteniendo la equidad, por lo que se ha transformado en el principal responsable de la conflictividad.

Ha quedado establecido que la realidad de Colombia, es la de un Estado fallido, carente de República, en términos de que no cumple con las funciones básicas para las que un Estado ha sido creado -en la misma medida que la gran mayoría de los Estados latinoamericanos-, y con una sociedad desarticulada y dependiente. Más allá de que sea “pacificado” -”Pax”-, si no se llevan a cabo cambios estructurales, continuará siendo un Estado fallido.

Orígenes y Causas de la Guerra

En los últimos sesenta años, ha habido una guerra civil, que es la continuación de las guerras habidas durante doscientos años, desde la independencia del país. Es la continuación, por cuanto las causas que originan la guerra actual son las mismas que originaron las guerras anteriores que se dirimían entre liberales y conservadores.

Mientras los procesos de Paz -teóricamente- deberían ir en la dirección de resolver, no sólo el conflicto, sino también las causas estructurales que le dieron origen y lo han alimentado durante décadas, los distintos Gobiernos en Colombia -incluyendo el de Santos, que ha sido el que ha alcanzado un Acuerdo Final-, han llevado a cabo medidas, políticas y recursos legales, que favorecen la perpetuación de sus posiciones ideológicas, alientan a los grupos corporativos que los apoyan, e impiden cualquier cambio profundo que los afecte en sus posiciones de privilegio.

Hay una tendencia natural a tratar de ascender socialmente en la escala de poder y de aceptación que, no sólo se traduce en el nivel personal, sino también en el de los grupos sociales. Los Gobiernos en los países periféricos, están más predispuestos a ser bien vistos y aceptados por los grupos de poder globales, que por los propios electores. Esto se observa también en América Latina y particularmente en Colombia.

Los Gobiernos en América Latina, están más conectados con los negocios y la rentabilidad o con la movilización de las masas -dependiendo de su ideología y percepción-, que con la realización de un proyecto de país, que tenga en consideración las características y funcionamiento del sistema mundial, para hacerlo posible.

Desde el Gobierno siempre se ha generado una imagen de que no existe correlación entre el malestar social y la guerra civil, ubicando a los grupos guerrilleros siempre en el lugar de “bandas criminales” o “bacrim.

El pueblo -como en la mayoría de países latinoamericanos- con demandas, pero sin capacidad de presión, expresión y organización; siempre esperando que sea el líder o el Gobierno el que resuelva las situaciones, aunque estos se manejan entre los típicos parámetros de un sistema en equilibrio estable: generar cambios sólo para mantener la estabilidad del sistema -tal cual está organizado y conducido por las élites dominantes-, no para la satisfacción de las demandas sociales.

Cada vez resulta más evidente, que no hay una relación en términos de representatividad y legitimidad, entre el malestar del pueblo, e incluso las posiciones ostentadas por los grupos progresistas de izquierda y los grupos guerrilleros, más allá de que estos dicen llevar a cabo su lucha en nombre del pueblo.

El Subdesarrollo como Forma de Vida

Existe un divorcio total entre Gobiernos y sectores de la intelectualidad -aún de aquellos que pertenecen a instituciones del Estado como las Universidades, los Consejos Nacionales de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, los Institutos Nacionales de Tecnología Agropecuaria, etc.-, ya que se desaprovecha el conocimiento de los grupos tradicionales y de aquellos sectores campesinos -y también pesqueros- que mantienen un know how que favorecería el desarrollo, no sólo el crecimiento de estos países. Los Gobiernos -en su gran mayoría- están más concentrados en vincularse y proteger los intereses de los sectores de poder, bajo la idea de rentabilidad y lograr inversiones, que en ser verdaderos administradores y protectores de los recursos de los pueblos, para alcanzar objetivos legítimos de desarrollo y bienestar social. La izquierda, aún en el Gobierno, también está divorciada de la intelectualidad, o alimenta a la intelectualidad que desarrolla teorías afines con su ideología, en vez de trabajar sobre la realidad y su dinámica.

El conocimiento es una de las formas más significativas en la historia de la humanidad, para la construcción de poder. El discurso -de derecha o de izquierda- es una forma de difusión, pero carece de sentido si está lleno de ideología y carente del conocimiento necesario para alcanzar el cambio y las transformaciones deseadas. Países como Japón y la República Federal Alemana -que después de 1990 pasó a ser Alemania unificada-, han entendido este concepto y construido poder, desde la rendición incondicional en la post segunda guerra mundial y careciendo de recursos naturales -a diferencia de América Latina- hasta alcanzar desde el punto de vista económico, tecnológico e incluso político internacional posiciones importantes.

Ni del lado de la derecha, ni de la izquierda, tienen un proyecto realista a largo plazo para Colombia. Cada uno está concentrado más en su ideología que en las características y funcionamiento del sistema mundial en el que está inserto el país y sus posibilidades de desarrollo. La derecha está aislada del pueblo y la izquierda lo tiene más para legitimar su ideología que para satisfacer sus demandas y problemas.

Identidad

Las sociedades latinoamericanas han sufrido un proceso de “glotofagia”, que las ha dejado carentes de identidad y objetivos propios, por lo que van en la dirección de lo que se les plantea como adecuado y necesario y no de sus aspiraciones y objetivos. Esto ha traído como consecuencia, el que la élite dirigente en estos países, no consideren positivo o relevante el pensamiento de la gente indígena u originaria, que está vinculado con la idea de atraso. Son sociedades incapaces de construir un destino propio porque piensan con una identidad impuesta por los colonizadores y neocolonizadores. La dirigencia está más vinculada al pensamiento del neocolonizador que al de su propia sociedad.

Identidad Política

El principal problema en Colombia está dado por la pugna entre dos élites oligárquicas: los tradicionales ruralistas versus la oligarquía urbana emergente.

La realidad de las contradicciones en la sociedad colombiana, está mostrando que el denominado “poder terrateniente tradicional” no ha sido derrotado en Colombia, ni reemplazado por una nueva “oligarquía urbana” empeñada en creer que el proceso de Paz con las FARC, restablecerá el viejo esquema Gobierno-Oposición de Virgilio Barco, donde la oposición, sin armas, discutirá políticamente desde la cárcel o el cementerio, la reforma agraria y demás temas que sean favorables al Gobierno.

La supuesta contradicción entre Juan Manuel Santos, representante de la oligarquía urbana y Alvaro Uribe, representante de la oligarquía rural, no sería más que una lucha electorera por ver quién se queda finalmente con el Gobierno y su jugoso e inagotable presupuesto.

La “oligarquía tradicional” intenta imponerle a la “oligarquía urbana” sus condiciones. En el Congreso de la Nación, se observa la distribución de miembros de uno y otro sector, que operan en pugna por sus aspiraciones y objetivos. Entre medio de esta pugna por el poder, está el pueblo y sus diferentes sectores y grupos étnicos, que nada consiguen con el proceso de pacificación implementado en Colombia.

Estado

Queda totalmente comprobada la tesis, para el caso de los conflictos intraestatales, de que la alternativa relevante a considerar, es que “el sistema” está agotado -o no ha alcanzado a desarrollarse y completarse- y deba ser reformulado el Estado colombiano y el sistema político. No existen más salidas que la reforma, dadas las características de inmadurez que tiene el Estado colombiano y, más allá del “electoralismo”, la “democracia” totalmente parcializada vigente.

Colombia, -como América Latina en general- no alcanzó a configurar el Estado-Nación a lo largo de la historia, sino que tuvo que seguir los modelos impuestos desde afuera, planteados por las potencias coloniales en primera instancia y las hegemónicas a partir de las independencias. Resulta evidente que, frente a las grandes transformaciones del Estado, Colombia -al igual que la región- es arrastrada desde los sectores de poder global, desde afuera y también desde adentro, sea estableciendo las reglas o cooptando a la elite pensante y dirigente responsable del direccionamiento y conducción del Estado. Frente a esto, tanto en lo histórico, como en la actualidad, las izquierdas, tienen más un discurso basado en una doctrina, que una teoría política.

Los Gobiernos son elegidos y legitimados formalmente por la Nación pero, sus decisiones o se orientan o son influidas por los sectores corporativos -internos o externos- más poderosos. En esto también influye la degradación de las funciones gubernamentales de los Estados, mediante el factor corrupción, la ignorancia y la mediocridad e incompetencia, presentes en gran medida en la dirigencia política.

La democracia colombiana es una democracia fallida, toda vez que se recirculan los mismos partidos y personalidades en el poder, con un sistema que se basa en lo meramente electoral, sin prácticamente ninguna participación social.

Es el Estado el generador principal de conflictos, tanto en Colombia como en la gran mayoría de los países de la región, debido a su ausencia, la corrupción, a la violencia política impuesta por los partidos y las clases dominantes, a la exclusión política y social, a las políticas que se vuelcan o en la dirección de las preferencias y ventajas del inversor, el empresario, la banca, o en el caso de las izquierdas populistas, generando políticas excluyentes de sectores empresariales, terratenientes y banca, que favorecen con modelos redistributivos-clientelares a importantes sectores de la sociedad, pero que generan una conflictividad con los grupos que manejan el capital.

Colombia no es ni un país democrático ni un Estado moderno. Su democracia es de una notable baja calidad, fracturada por el fraude, la violencia, el clientelismo y la compra de votos, lo que rompe el nexo de control entre ciudadanos y “representantes”. El Estado no controla el monopolio de la violencia, es incapaz de conseguir recursos -la recaudación de impuestos como porcentaje del PIB es similar a la de Egipto, Ghana o Benín en Africa- y carece de una administración burocrática moderna, con excepción de unos pocos casos.

Deben darse cambios estructurales en el funcionamiento del Estado, empezando por un proceso de depuración previa de las tres ramas del poder público, que permita desligar al Estado de las estructuras mezquinas e interesadas que han socavado la legitimidad de las instituciones. Sólo de esta manera, se renovará la confianza de la sociedad en el Estado. La “pacificación”, en el corto plazo, dará un respiro a los sectores dominantes, pero en el mediano-largo plazo, mostrará las fisuras y liberará nuevos conflictos o los mismos, por las causas pendientes no resueltas, aunque sea por metodologías diferentes. Lo relevante, es que el país seguirá girando alrededor de un espiral de estancamiento sin dirección, tanto en lo interno como en su inserción mundial.

La historia de América Latina es un espiral de corsi e ricorsientre capitalismo neoliberal y populismo de corte socialista o estatista -entrecortados por golpes de Estado, militares o civiles-, sin salida en ninguna dirección.

Uno de los grandes temas no resueltos en América Latina, es que haya Gobiernos -cuyas políticas tengan continuidad en el tiempo- que busquen una convergencia equilibrada entre los intereses y aspiraciones del sector empresarial y financiero -interno e internacional con incidencia interna- y las aspiraciones, demandas y necesidades de los sectores sociales.

También está claro que no hay alternativas positivas, en el corto o mediano plazo, que hagan presumir que la región, y en el caso particular de Colombia, adoptará políticas que la lleven a un desarrollo sustentable y una mejor inserción en un sistema globalizado y dinámico.

La guerrilla, que se propuso transformar armas por política, no tiene en claro cómo alcanzar sus objetivos de transformación. Hay más preguntas para hacerse que respuestas para darse:

- ¿De qué forma piensa la izquierda que podrá alcanzar los objetivos de una “democracia con justicia social”, utilizando los mismos mecanismos de exclusión del neoliberalismo, pero a la inversa?

- ¿De dónde se obtendrá el capital que se redistribuirá, si no se piensa contar con los sectores empresariales ni con la inversión extranjera?

- ¿Cómo se piensa llevar adelante una democracia con justicia social, en un mundo en el que el capitalismo es el dominante en los sistemas de producción, si el objetivo es generar una fractura entre los objetivos del gobierno socialista con los grupos o sectores -empresa, banca- internos y/o externos capitalistas?

- ¿Se piensan repetir modelos como el del “socialismo del siglo XXI” venezolano, que se ha visto obligado a negociar con la oposición, buscando mediación internacional, para poder mantenerse en el poder, pero teniendo que hacer cambios suficientes para no sucumbir; o buscar desde un comienzo metodologías más equilibradas e inclusivas, que permitan al capital alcanzar sus objetivos y a la sociedad poder desarrollarse?

El Gobierno ha dicho que la discusión sobre cómo alcanzar la Paz con justicia social, pertenece a una tercera etapa -la de la construcción de la Paz- que tendría lugar una vez que los rebeldes ya hayan depuesto las armas. Las negociaciones, tal como han sido encaradas, muestran que esto es imposible, por lo que la Paz pareciera también algo poco posible.

Los indígenas Nasa, plantearon la necesidad de que se contemple el principio de la diversidad de perspectivas y posiciones, que deben ser respetadas y escuchadas. Desde su perspectiva y la de muchos otros sectores de la sociedad colombiana, ni el Gobierno ni las FARC hablan en nombre de la gente, por ende no hablan de la Paz. La “Paz” de la que hablan Gobierno e insurgencia en La Habana, es una y la de los pueblos es otra. Que sea factible e implementable la “diversidad de perspectivas y posiciones”, es una cuestión de participación activa y constante, algo que la sociedad colombiana ha demostrado no tener, más allá de paros y demandas. Es una tarea que deberá llevarse a cabo en el mediano-largo plazo y requiere constancia, educación cívica y convergencia social y sectorial, elementos inexistentes en la actualidad.

El Gobierno se ha planteado las cosas en el sentido de alcanzar una “Paz Controlada”, o “cómo Controlar el Escenario de la Paz”. Para ello ha pensado principalmente en temas como un nuevo estatuto para la policía o en aumentar el presupuesto para las fuerzas armadas, no en resolver los problemas sociales, que son la causa estructural del conflicto. Esta ha sido su perspectiva durante todo el proceso de negociaciones con las FARC y ha cumplido, de la misma manera que dejará en manos del mercado y los inversores, la posibilidad de desarrollo económico-social de Colombia.

De no lograrse durante las negociaciones Gobierno-ELN sentar las bases para una real Paz con justicia social, que no fue posible con las FARC, será pura ilusión que, una vez desarmada la insurgencia, se pueda iniciar la era de transformaciones aplazadas. Para el Régimen, cualquier medida que contemple algo de bienestar para la clase popular se constituye en una línea roja.

“Paciencia Estratégica” para la Izquierda

Una de las causas del fracaso de la izquierda, es que pretende alcanzar todo de una vez, debido a que no han construido una visión estratégica; además de carecer de una teoría política, para conocer cómo funciona el sistema -político-económico-financiero-social- interno e internacional, y cómo poder generar cambios en su favor, sin que los costos sean mayores que los beneficios esperados.

En política, si no se tiene la prudencia suficiente y claridad en cuanto a cómo opera la realidad, se termina desembocando en una sucesión de errores, cuyos costos son mayores que los beneficios que se buscan. No se trata de ostentar una ideología y procurar instalarla e implementarla, con sólo la idea de que se tiene la razón y el modelo o las políticas vigentes, son erróneas y malsanas para la sociedad. La realidad de los sistemas políticos, no opera de esa manera. Hay una “direccionalidad” basada en el “poder” y quien sepa manejar esos componentes, logrará su objetivo si usa la inteligencia política, cuya base es la “prudencia”.

En el caso de los partidos de izquierda en Colombia -como en el resto de América Latina-, hay un divisionismo y fragmentación manifiesto, por motivos superficiales, que muestran el total desconocimiento del funcionamiento del sistema político en términos de “realismo” y que permite que los partidos de derecha, ocupen fácilmente los espacios y controlen el espectro de tomas de decisiones en todas las áreas.

Evidentemente, no son suficientes los pactos o convenios programáticos. Siempre habrá interpretaciones, énfasis, manejos y aplicaciones diferentes de acuerdo a la formación ideológica de las fuerzas y personas que participan de la experiencia política. Se requiere un diseño estratégico unificado. Es necesario construir conjuntamente objetivos, metas precisas, fases y procedimientos. Es indispensable un plan concertado.

El pueblo espera y necesita un nuevo proyecto político que le de forma y concreción a sus aspiraciones y necesidades. Hay conciencia popular en esa dirección, pero no hay organización ni liderazgo -del tipo racional-legal, en términos de Max Weber-.

Mientras Colombia continúe fragmentada, entre una sociedad dividida en diferentes sectores, que saben lo que no quieren, pero no cómo conseguir lo que buscan; la guerrilla, que pretende cambios, pero que no tiene modelos político-económico suficientemente eficientes para lograr cambios, a la vez que opera como si lo hiciera en nombre del pueblo, cuando gran parte de éste no se siente representado ni por Gobierno ni por guerrilla; Gobiernos, que siguen los criterios típicos del neoliberalismo de buscar aumentar la productividad, a partir de la mano de obra barata, venta de commodities y establecer pautas político-económico-sociales que sean atractivas para el inversor pero que no garanticen el bienestar social mínimo; difícilmente se llegue a la Paz y a una relativa estabilidad, basada en cambios progresivos y progresistas.

Estado y Defensa Nacional

El gasto en defensa no debería ser mayor al de la inversión social; de la misma manera en que no se puede vivir en una constante Doctrina de “Seguridad Nacional” y con Leyes de “Seguridad Ciudadana” orientadas a reprimir toda manifestación democrática de demanda.

Mientras guerrilla y sociedad civil -cada uno desde su perspectiva-, pretenden alcanzar una democracia con justicia social, el Gobierno colombiano ha dejado de manifiesto a través de su Ministerio de Defensa que las fuerzas armadas no sólo no se reformarán, sino que se fortalecerán para el postconflicto, aumentándose el presupuesto en defensa y seguridad.

Pueblo

El pueblo no sólo no es partícipe de su propio destino, por falta de participación activa o por dejar en manos del “líder” o de los políticos, el manejo de los asuntos públicos sin reparar en las consecuencias; sino que tampoco es “soberano” en los términos en que la Constitución del Estado establece. Tampoco es “soberano” en términos reales, debido a su falta de participación y desconocimiento de las consecuencias de ello, a la vez que debido a la cultura caudillista imperante en toda la región latinoamericana.

La falta de participación de la sociedad civil y la inercia social, en Colombia -como en el resto de América Latina- que genera un statu quo perverso, está dada y facilitada por una “cultura del satisfecho” --en los términos de John Kenneth Galbraith-, que se trata de dos caras de una misma moneda:

1) una de ellas muestra el egoísmo miope de quienes viven satisfechos de su prosperidad y/o status económico-financiero, e ignoran a quienes han quedado marginados y privados de ayuda para cambiar su suerte;

2) la otra cara está dada por una gran mayoría de necesitados, que se acomodan de manera conformista, debajo del beneficio que reciben de los Gobiernos -de manera clientelar- que otorgan ayuda social, viviendas baratas, servicios médicos, paquetes alimentarios, etc.

Intelectualidad

Hay un divorcio -desde la derecha y desde la izquierda, cada una su manera- entre Gobiernos e intelectualidad, que está totalmente ausente de la generación de pensamiento alternativo y direccionamiento de las sociedades latinoamericanas.

La intelectualidad en América Latina, y en particular en Colombia, está ausente en la construcción de su destino. Esto está acompañado o se da, debido al desinterés de las élites de poder por aquellos que se forman localmente, mientras que le da un gran valor al pensamiento e ideología de los sectores del poder dominantes mundialmente. Dentro de la identidad latinoamericana está el desprecio por lo local y la admiración por el pensamiento y la acción del dominante, dado por el proceso de “glotofagia” al que hacía mención.

La posibilidad de que se construya el destino del país, desde adentro, con proyectos de mediano-largo plazo, forma parte de las utopías, ya que los políticos, en general, viven del proyecto de corto plazo y de escalar y mantenerse en el poder, vinculándose con los grupos corporativos internos y externos que los favorecen.

Justicia

El Gobierno, a través de la Justicia Transicional y la insistencia en generar un Fuero Penal Militar, buscó establecer diferencias tajantes entre lo que ha hecho el Estado a través de los diferentes Gobiernos en la historia de Colombia, y las demandas generadas por los grupos insurgentes y cómo deben ser tratados, no sólo sus demandas, sino también sus miembros desde el punto de vista judicial.

La idea del Gobierno, al promover la negociación con la guerrilla, ha sido, fundamentalmente, para que, siguiendo ciertos criterios dados por la Comisión de Política Criminal, se creara una Comisión de la Verdad, que ponderara entre el deber de justicia y las penas alternativas, e incluso la transición de los grupos ilegales hacia partidos políticos “orientados a defender sus banderas por medios no violentos”. De esta manera, puede continuar con su modelo político-económico y social y si los miembros de las guerrillas están en desacuerdo con ellos, entonces deben ir a elecciones, y si logran ganar, generar los cambios, en la medida en que puedan.

Los “compromisos internacionales” del Gobierno con organismos como la CPI, Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre otros, no sólo lo obligan a cumplir con una justicia aplicable a las guerrillas, sino también aplicable a todos los miembros de la fuerza pública y del Gobierno, algo que realiza de manera diferencial. Si estos organismos internacionales fueran tan selectivos, como lo es el Gobierno -en realidad los diferentes Gobiernos hasta el presente-, no estarían administrando justicia, sino impunidad selectiva.

Mientras el Gobierno plantea una “justicia punitiva”, las FARC han hablado de una “justicia restaurativa”. El tema de la justicia punitiva, ha sido uno de los inamovibles del ex-Presidente Uribe por lo que promovió el “No” en el plebiscito y presionó en el proceso de reformas al Acuerdo final de Paz. Si él o algún aliado suyo llega a asumir el Gobierno en el futuro, podría buscar generar cambios en esta dirección.

Para pensar en términos de justicia, hay que plantearse las cosas desde los orígenes y causas de la guerra. De esta forma, el problema no pasa porque un sector provocó la guerra, sino que ésta ha sido consecuencia de que el Estado -los Gobiernos que actúan en su nombre- ha estado ausente y ha sido opresor, impidiendo la justicia social. Ni Santos ni Uribe han pensado en esa dirección.

Rol de Estados Unidos en el Proceso de Negociaciones

Los Acuerdos entre el Gobierno y las FARC e incluso con el ELN, han estado permanentemente bajo la lupa del Gobierno de Estados Unidos.

El Plan Colombia, con todos sus relanzamientos y nuevas denominaciones, ha fracasado totalmente en su lucha contra las drogas y por establecer bases de desarrollo social razonables. De todas formas, no caben dudas de que el Gobierno de Estados Unidos continuará operando como “árbitro” en la región y vigilando por sus intereses económicos y de seguridad.

Objetivos a Lograr

Que la guerrilla haya luchado durante, prácticamente, medio siglo contra gobiernos y políticas que consideró injustos y anti patrióticos o vende patria, para plantear que, si toma el poder, instalará una forma de “Socialismo del Siglo XXI”, demuestra que carece de una idea clara de las características y el funcionamiento del sistema político, sea nacional como internacional.

Indiscutiblemente, autores como Tucídides, Thomas Hobbes o Nicolás Maquiavelo que manejan conceptos como “astucia” y “prudencia”, los tomarían como ejemplo de lo que “no debe hacerse” en política.

Dejemos de lado la [buena] intencionalidad de darle o devolverle al pueblo lo que la oligarquía le quita, y defender los intereses soberanos, que forman parte de la retórica discursiva de las izquierdas, particularmente en América Latina. En el siglo XXI -y aún en el siglo XX-, mantener una retórica de confrontación, sin tener el poder suficiente para lograr los objetivos, es el equivalente a apostar al fracaso de lo que se intenta lograr.

Del mismo modo que la derecha neoliberal es excluyente, las izquierdas lo son, y ni una ni las otras son lo más conveniente para Gobernar en América Latina y conseguir objetivos de soberanía y desarrollo. Llevar a cabo políticas que sean más integradoras de los objetivos y aspiraciones de todos los sectores de la sociedad y que estén revestidas de la prudencia necesaria y la astucia para manejarse en un mundo donde la estructura de poder es la que dicta las reglas, debería ser la metodología a encarar. De otra forma, la “Paz” -en este caso a Colombia- nunca llegará, ya que sólo se cambiarán derechas por izquierdas, pero siempre habrá rehenes y conflictividad latente.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Paz o Pax” en América Latina: Conflicto en Colombia, (Córdoba, Edic. del Autor, 2017), ISBN: 978-987-33-2238-9, eBook, CDD 327.1


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET) 1988-2013.
e-Mail: luisdallanegra@gmail.com