Tapa Conflicto en Colombia

 

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Parte V

Capítulo XXXVII

El Postconflicto

Hay que evaluar en qué medida esta oportunidad de negociación de un proceso de Paz, bajo el Gobierno de Juan Manuel Santos, es tan diferente de los anteriores intentos de Paz frustrados, tanto desde el lado de las guerrillas, como del Gobierno.

Debe considerarse, que el proceso comienza con la negociación guerrillas-Gobierno, pero esto marca sólo el inicio de la “Paz” -si es que de “Paz” se trata y no de “pacificación”- posible -no sólo la desmovilización y reinserción de las guerrillas-, ya que todo debe continuar con la participación de la totalidad de los sectores en todas las áreas. La Colombia del postconflicto, no puede seguir siendo, en ninguno de los aspectos, la que ha sido hasta el presente.

El Gobierno plantea que con el silenciamiento de los fusiles llega la resolución de todos los problemas de la sociedad. Para la guerrilla, negociación no equivale a desmovilización, lo que no necesariamente significa que su objetivo sea usar la Mesa de Diálogos para ganar tiempo y fortalecerse militarmente, a la vez que buscar ser vista desde la perspectiva política, como gran cantidad de sectores dentro y fuera del Gobierno -actual y anteriores- consideran. Con ese razonamiento, se podría plantear una tercera alternativa: ni acumulación de poder 1432, ni desmovilización con mero abandono de armas, sino negociación del modelo de Estado-Nación incluyente que debería surgir de ese proceso. Por otra parte, también se podría aseverar, con el mismo criterio de análisis, que los diálogos pueden ser utilizados por el Gobierno de turno, para llevar a cabo un proceso “gatopardista”, mientras busca fortalecerse militarmente -como en los hechos lo ha estado haciendo, observando la manera en que distribuye su presupuesto en defensa y seguridad para los próximos años- y ganar espacio político interno e internacional que genere confianza, especialmente en futuros inversores y organismos multilaterales de crédito, que estén a la expectativa de que se termine el conflicto.

Esto es lo que ha pasado -de un lado y del otro- durante las negociaciones llevadas a cabo en los períodos de Belisario Betancur en el que se dio un fallido cese el fuego en La Uribe en 1984, o en las conversaciones de Caracas y Tlaxcala entre 1991-92 bajo el Gobierno de Gaviria, o las negociaciones del Cagüán entre 1998-2002 unilateralmente finalizadas por el Gobierno de Pastrana, dando lugar al inicio del Plan Colombia. La excepción es que el ex-Presidente Belisario Betancur, durante los diálogos reconoció “las causas del conflicto interno”, mientras que los sucesivos Gobiernos las han ignorado y desconocido el carácter político de la guerrilla, calificándola de amenaza terrorista e imponiendo un modelo, que pone como condición la suspensión unilateral de hostilidades, desmovilización y desarme. Juan Manuel Santos, reconoció la “existencia de un conflicto” en Colombia, aunque de carácter “estrictamente armado”, no de orden político-económico-social 1433, a diferencia de su antecesor, Alvaro Uribe Vélez que hablaba de “ataques terroristas” y de “bacrim” en el sentido de bandas criminales. De todas formas, que Juan Manuel Santos diga que la crisis en Colombia deriva, estrictamente, de la lucha militar por el poder, además de desconocer el trasfondo del conflicto, equivale a intentar tratar las consecuencias y síntomas de la problemática, sin resolver las causas que los generan, que no están en el desarme de la guerrilla, ya que esto sólo resuelve lo militar, pero no lo político-económico-social.

El Gobierno de Alvaro Uribe decidió no negociar con las FARC, sino buscar su derrota militar -teniendo como Ministro de Defensa a Juan Manuel Santos-, y hacerlo con el ELN en La Habana con intenciones de obtener su desmovilización, sin lograr su objetivo en ninguno de los dos casos.

El Gobierno de Juan Manuel Santos, al menos, en lo substantivo, pareciera no haber aprendido de los procesos anteriores. Su estrategia de “negociar bajo el fuego” resulta buena como instrumento de presión, pero deja a la vista que su intensión está lejos de modificar sus políticas neoliberales, menos aún de refundar Colombia.

Un postconflicto basado en la desmovilización de la guerrilla, que pasaría a operar con “las reglas democráticas” como dicen desde el Gobierno, participando desde un partido político que obtenga los votos necesarios para generar cambios, parece más de lo mismo, por lo visto dentro de la misma Colombia a través de lo que fue el M-19, hoy Polo Democrático Alternativo. Más allá de sus posibilidades de participación, el llamado “juego democrático” es el mismo, todo se reduce a “cantidad de votos”, pero Colombia continúa su camino trazado por los sectores corporativos. Otros modelos, como el de El Salvador, muestran que, si bien la izquierda, con tiempo, logró llegar al Gobierno, no necesariamente esto significa cambios en la política, en el modelo económico y en el Estado.

Por otra parte, tampoco parece viable un postconflicto en el que se alcance a refundar Colombia mediante una Asamblea Constituyente.

La incógnita es, si una vez firmados los Acuerdos con los grupos insurgentes, qué garantía habrá de que sean implementados tal como se firmen, toda vez que, los sectores del poder, no se desmovilizan, continúan en el Congreso, con capacidad de influir sobre el Poder Ejecutivo ante cualquier Acuerdo que se firme.

Por lo visto en las negociaciones encaradas desde los diferentes Gobiernos, que derivaron en fracasos, el objetivo, de un lado, es la desmovilización y el sometimiento a las reglas del sistema, y del otro, no ceder, salvo que hayan cambios radicales. Siguiendo esta línea, no habrá postconflicto o éste será “turbulento”.

Problemas del Postconflicto

Que haya sectores contarios al proceso de negociación, impide que haya Paz y que el denominado “postconflicto” sea tal, toda vez que existe un sector de la nación, con una porción de poder significativo, como para hacer que todo vuelva nuevamente a la conflictividad.

Uribe, su “Centro Democrático” y las posiciones que ostenta, evidencian que su interés no está en la Paz, sea por cómo se finalice con la guerrilla y se la reincorpore a la sociedad, como por los cambios profundos que no sólo la guerrilla, sino que diferentes sectores de la sociedad colombiana buscan.

El Desarme de las FARC será un Largo Proceso

Andrés Paris, uno de los Delegados de las FARC en La Habana, planteó que en un proceso de Paz con el Gobierno de Colombia, presupone el abandono de las armas como un “largo proceso” que deberá ser rodeado de garantías:

Nadie ha planteado en las FARC, ni se lo hemos dicho al Gobierno en ningún momento, que va a haber un solo momento de entrega de armas. Repetimos, nadie va a tener la foto de la entrega de armas de las FARC. El desarme lo vemos como un largo proceso”.

El desarme no será un acto unilateral de la guerrilla; deben darse ciertas garantías de parte del Gobierno, ya que en un anterior proceso de Paz en la década de los ‘80, cientos de desmovilizados fueron asesinados.

El Punto de dejación de armas está superpuesto o entrelazado con el Punto de garantías políticas. Los sectores de la ultraderecha quieren hacer asociar el fin del conflicto a la entrega de las armas, pero ésta es una distorsión mediática para encerrar el compromiso de la Paz sólo en un gesto unilateral de la guerrilla y esconder la obligación que tiene el Gobierno de hacer las transformaciones” sociales y políticas. Es un “absurdo entregar armas en un día”.

Cuando fue discutida la reforma agraria en la Mesa de Diálogo -Primer Punto de la Agenda de Paz, consensuado en mayo del 2013-, los Delegados del Gobierno dijeron que necesitaban tiempo para hacer los cambios.

Ellos hablan que esos cambios no pueden ser en tiempos tan breves, hablan de diez años, pero cuando se habla de entrega de armas, nos dicen ‘eso lo podríamos hacer en un día’. Esto es absurdo. El proceso de transformación de fuerza guerrillera en partido político es lo que va a producir la desaparición de las armas, no la entrega de las armas. La entrega de las armas no existe como figura ni está en el lenguaje ni en nuestro diccionario. Está explicada en los términos que he mencionado. La pretensión de desarmar a la guerrilla, es el camino más corto para que los enfrentamientos armados continúen; la derecha pasará a aplastar a cualquier fuerza insurgente que por adelantado entregue las armas si no se ha hecho un compromiso global entre el Estado y la insurgencia para cambiar las circunstancias que generan la confrontación armada”.

En las negociaciones en La Habana:

No es poco lo que hemos avanzado, hay que considerarlo como un acumulado de verdadero oro lo que hemos alcanzado las dos delegaciones del Gobierno y la guerrilla. Es la experiencia más avanzada con respecto a anteriores intentos.

Quedó pendiente para cerrar el tema de la participación política, la amenaza del “paramilitarismo”. El paramilitarismo sigue vivo en Colombia a pesar de que el ex-Presidente Alvaro Uribe (2002-2010) desmovilizó a grupos paramilitares de derecha 1434.

“Pax” y Entrega de Armas

El Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, manifestó, durante el Congreso Nacional Comunal en Medellín, que la Paz se conseguirá únicamente si las FARC se desmovilizan al igual que todos los grupos armados de Colombia:

La desmovilización de las guerrillas es necesaria para la Paz, si no hay una dejación verificable de armas por parte de las guerrillas, de las FARC y ojalá también del ELN, si eso no se da evidentemente, no hemos llegado a la terminación del conflicto. En La Habana no vamos a llegar a la Paz, vamos a hacer todos los intentos para llegar a un Acuerdo para la terminación del conflicto. El Gobierno Nacional no va a entrar a una fase de construcción de Paz, si no hay pruebas claras, verificables para el Gobierno y para todos los colombianos, de que las guerrillas han puesto sus armas fuera de uso. Esa es una condición necesaria, pero no es suficiente”.

Jaramillo también puso énfasis en que no podía pasar con las FARC lo mismo que sucedió con el proceso de desmovilización de las autodefensas, “porque la lógica es de No Repetición”.

Necesitamos que aquí en Colombia, en los territorios, la gente, las comunidades y, en particular, las Juntas de Acción Comunal, le digan a todos en los Municipios, en los Corregimientos, en las Veredas: queremos la Paz ya” 1435.

Las FARC y la Entrega de Armas

En el mes de septiembre del 2015, Iván Márquez dijo desde La Habana, que habían entregado al Gobierno un “paquete de propuestas básicas que esperan conclusión”, a la vez que estaban listos para “abordar y discutir” los procedimientos para el “tránsito de organización alzada en armas a movimiento político abierto”.

Dijo que se continuaban “construyendo consensos” sobre el cese el fuego bilateral y definitivo y la dejación de armas, aspectos sobre los que una Subcomisión compuesta por militares, elaboraba propuestas a la Mesa de negociación desde hacía meses. También:

Las partes están “a las puertas de un entendimiento” en el “decisivo” tema de justicia, que hasta ese momento impedía que se pudiera cerrar el Punto de la Agenda sobre la Reparación de las Víctimas: “Está cerca, sin duda, el cierre del Acuerdo sobre el Punto de Víctimas, puesto que el insoslayable asunto de Reparación dispondría en el sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición de mecanismos para entregar satisfacción a las víctimas del conflicto”.

A pesar de esos avances, para que se logre una verdadera Paz en Colombia es “urgente” esclarecer el fenómeno del paramilitarismo y su desarticulación, “porque con guerra sucia el post-Acuerdo constituiría una mentira”.

Este tema debía ser tratado por todos los colombianos, por lo que las FARC expresaron su conformidad con la celebración de un Foro, bajo el auspicio del Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional de Colombia y la Representación de Naciones Unidas:

Para que el movimiento social y político vierta su opinión sobre la Mesa, ya que la Paz es un asunto de toda la sociedad en su conjunto que requiere la participación de todos”.

Resaltaron la importancia de que:

Se dejen sentir plenamente las voces de la ciudadanía, la palabra del pueblo mediante sus organizaciones sociales y políticas opinando y decidiendo sobre el rumbo del proceso de Paz y el destino de Colombia” 1436.

Mecanismos de “Desescalamiento” del Conflicto para la Construcción de la Paz

En la etapa en que aún no están dados todos los Acuerdos, pero que se comenzó a discutir el cese bilateral del conflicto, tendiente a la forma de un Acuerdo Final, se han hecho algunas propuestas, planteadas especialmente por sectores que buscan el fin del conflicto, más que la Paz en Colombia, o que entienden que Paz es igual a fin del conflicto y no a resolución de las causas estructurales que lo detonaron y mantuvieron.

Entre las propuestas, se habló de implementar tres mecanismos para desescalar el conflicto, por ambas partes -Gobierno y guerrillas-, orientados a desactivar definitivamente la violencia asociada con la guerra civil y crear condiciones favorables para la construcción de la Paz en Colombia.

1) Las FARC, que ya llevaron a cabo un cese efectivo y unilateral del fuego, deberían renunciar definitivamente a toda actividad criminal en la que estén involucrados sus integrantes y frentes. Para ello, la guerrilla debe romper sus vínculos con grupos del crimen organizado para la explotación de rentas ilegales en diferentes regiones del país (Cauca, Putumayo, Antioquia, Córdoba, Cúcuta, entre otras). Deben abandonar las actividades extorsivas en Departamentos como Huila, ya que generan un fuerte costo a su imagen política, dado que les resta seriedad y legitimidad a sus esfuerzos por demostrar un compromiso con el proceso de Paz.

No sólo deben desvincularse del narcotráfico, la extorsión, el pillaje o la minería ilegal, también deberían cuidar que los grupos con los que realizan acuerdos tácticos en esas regiones, no sean sus propios verdugos en el futuro.

2) Las FARC podrían dar un aporte definitivo al cierre del conflicto y la construcción de la Paz, a través del desminado de territorios y regiones. Esto favorecería la no repetición de hechos victimizantes de civiles y combatientes en el país, a la vez que permitiría superar uno de los principales obstáculos para el retorno de las víctimas a sus territorios, generando condiciones para la reconciliación y el desarrollo de las zonas rurales.

El 7 de marzo del 2015, se llegó a un Acuerdo entre las FARC y el Gobierno para elaborar mapas de riesgo, en los que se identifiquen aquellas áreas donde hay presencia de minas antipersona y munición que aún no ha explotado, con el fin de proyectar un desminado efectivo; tema en el que la responsabilidad no es única de la insurgencia, sino que también compromete de lleno al Gobierno.

3) El Estado, en su conjunto, debe comprometerse con la protección efectiva y oportuna de líderes sociales, defensores de derechos humanos, integrantes de comunidades indígenas y afrocolombianas, así como sectores políticos opositores, como por ejemplo Marcha Patriótica. Prevenir los asesinatos y castigar las amenazas y persecuciones contra miembros de estos sectores, establecería precondiciones para una Paz estable y duradera 1437.

Financiación del Postconflicto

Un tema que carece de la claridad necesaria en torno al proceso de Paz entre Gobierno y guerrilla en La Habana, es el de la financiación del postconflicto. Miembros de la Comisión de Paz, aseguraron que no hay recursos para la etapa que sigue, en caso de firmarse el fin de la guerra; preocupación que según el Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, no tiene justificación pues “el compromiso que tiene el Gobierno es que todo lo acordado tendrá financiación”.

En este contexto, surgió una propuesta por parte del Alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, reconocido como dirigente del sector privado vinculado a lo social. En diciembre de 1998 el entonces Presidente Andrés Pastrana lo nombró Gerente del Plan Colombia, cuando la intención inicial era administrar los recursos del Fondo de Inversión para la Paz, buscando impulsar acciones para el desarrollo de las zonas afectadas por el conflicto. También fue uno de los creadores de “VallenPaz”, proyecto orientado al apoyo de familias campesinas y desplazadas del Valle del Cauca y Nariño para el desarrollo de proyectos productivos de agricultura, con asesoría técnica y apoyo en la comercialización en las ciudades capitales. Propuso crear un fondo, al estilo del que se hizo para la reconstrucción del Eje Cafetero tras el terremoto del 25 de enero de 1999, que maneje los recursos públicos y privados y apoye proyectos productivos para los desmovilizados.

Hay estudios que muestran que en el postconflicto aumentan los índices de violencia urbana. La historia de El Salvador y Guatemala muestra que después de un proceso de desmovilización, mucha gente que ha estado mucho tiempo actuando dentro de un proceso conflictivo, al reinsertarse debe ser ocupada laboralmente a la vez que requiere de un proceso de readaptación psicosocial, que no siempre se lleva a cabo, por lo que aumentan los índices de inseguridad. Esa ha sido mi experiencia como observador internacional de la CIAV-OEA en el proceso de desmovilización de la guerrilla “contra” en Nicaragua en 1990. La falta de readaptación psicosocial y de reinserción laboral, ha generado problemas posteriores 1438.

La preparación para el postconflicto, requiere de inversiones del Estado y el sector privado y de la cooperación internacional, a través de un ente independiente, que maneje con diligencia y limpieza todo el esfuerzo económico y evite que se utilicen los fondos con fines políticos o de clientelismo, a la vez que asegure que los fondos vayan directamente a las áreas correspondientes, evitando las intermediaciones 1439.

Siendo el petróleo, el gas y los recursos mineros la principal fuente de la riqueza nacional, es normal que los movimientos de la izquierda social quieran focalizarse en la disputa por los excedentes económicos generados por la denominada “Locomotora Minera”, que son monopolizados por minorías sociales plutocráticas. Las rentas fiscales generadas por los hidrocarburos y la minería, equivalentes a cuarenta billones de pesos (u$s 20 mil millones), que ingresan al Estado anualmente, incluidas regalías regionales, no están atendiendo las agudas necesidades de amplios sectores populares. Muchos de esos fondos están parando en los bolsillos de una clase política corrupta que se los apropia con la contratación fraudulenta 1440.

Alcaldes Reclaman Financiación del Postconflicto

Los Alcaldes de diferentes regiones, coinciden en que la Paz sólo se consolidará en lo local, y exigen un verdadero compromiso del Gobierno Nacional.

Postconflicto fue quizá la palabra que más pronunció el Presidente Juan Manuel Santos durante su gira por seis países europeos, buscando respaldo político al proceso de Paz y creando el ambiente para la formación de un fondo para canalizar recursos a ser utilizados en la compleja etapa de consolidación de la Paz, después de la firma del Acuerdo con las guerrillas. En esencia, según los expertos, se trata de garantizar la efectiva reinserción de los combatientes a la vida civil y, atendiendo a la premisa de que las víctimas son el eje de las negociaciones.

Según Diego Bautista, asesor de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en Colombia, el fin del conflicto:

Implica un verdadero reconocimiento del Estado Social de Derecho y radica en la transformación del país desde lo territorial. No puede ser con fórmulas preconcebidas desde Bogotá, sino pensadas y construidas desde las regiones. Se trata de cerrar la brecha entre lo urbano y lo rural, de transformar los territorios, de unir esfuerzos entre lo público y lo privado, de revisar muchas estructuras locales”.

Es importante saber qué se piensa en esas zonas donde se va a vivir el postconflicto, donde tendrán que convivir los que dejaron las armas, quienes fueron sus víctimas y todos esos ciudadanos que aún guardan la esperanza de que ahora sí, en aras de la Paz, llegue la educación, la salud, los servicios públicos y el bienestar a las zonas que han padecido el abandono del Estado.

Jorge Arias, Alcalde de Caloto, pueblo del norte del Cauca, ubicado en plena zona de guerra con las FARC, planteó:

En los pueblos pequeños, la comunidad y las administraciones locales sentimos que todo está amarrado a Bogotá, y que las posibilidades de generar dinámicas que permitan poder aportar desde lo local y lo regional son muy escasas. Nosotros podemos aportar mucho a la Paz, más cuando hemos sufrido con más fuerza los rigores de la guerra. El Gobierno debe concretar la inversión integral. En las regiones hay mucha pobreza y exclusión, y si eso no es superado, el conflicto va a continuar”.

Para Diana Mendoza, Alcaldesa de Cabuyaro (Meta):

La Paz requiere recursos. El Gobierno debe hacer una revisión de la manera en que vamos a ejecutar acciones inmediatas, sin tanto protocolo. Los Organos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD) han complejizado muchísimo las acciones de los Gobiernos locales y regionales. Ese tipo de trabas hace que no se puedan dar respuestas efectivas a las necesidades de la gente”.

Héctor José Quintero, burgomaestre de Girón (Santander), manifestó que los Municipios se quedan muchas veces cortos por todas las exigencias frente a los desplazados y las víctimas, que seguramente aumentarán con los desmovilizados de la guerrilla.

El Municipio de Tierralta (Córdoba), albergó el proceso de desmovilización de las autodefensas en el corregimiento de San José de Ralito. Su Alcalde Carlos Arturo Cogollo, dijo que por lo menos quinientos ex-paramilitares deambulan por las calles, sin oportunidades de empleo, y son muchos los que han ido a parar a las bandas criminales. La administración se quedó sola y no tiene recursos para atenderlos. A algunos les dieron tierras, pero el mismo Estado se las quitó porque tienen procesos de extinción.

Fuimos sede de las negociaciones con las AUC y eso no le dejó nada al Municipio. Todo quedó igual o peor. No hubo inversión social seria. Nosotros tenemos muchas expectativas en las conversaciones con las FARC, pues el Presidente ha prometido mayores recursos, sobre todo para el agro. Tierralta tiene más de cinco mil kilómetros cuadrados y sabemos que los campesinos, que son los que terminan alimentando a los grupos ilegales, son los que requieren la mayor atención. Estamos esperando las directrices, pero debo decir que no estamos preparados todavía, y hasta pienso que el Gobierno tampoco”.

Elkin Bueno, Alcalde de Barrancabermeja y Presidente de la Federación Nacional de Municipios (FedeMunicipios), consideró que si bien las iniciativas como la Ley de Víctimas, la reforma de equilibrio de poderes y la lucha contra la corrupción son pasos para consolidar la Paz, aún falta mucho por hacer:

El Gobierno va a tener que trabajar duro de la mano con los Gobiernos locales, para que eso no sea un nuevo foco de violencia, para que la gente cuyo negocio ha sido la guerra, se reincorpore a la vida civil y sea útil a la sociedad. Hay que pensar en capacitación, empleo digno y estabilidad. Y del otro lado está el garantizar justicia, reparación, verdad y no repetición a quienes han sido víctimas.

Gilberto Toro, Director Ejecutivo de FedeMunicipios advirtió:

El Gobierno y el Congreso deben entender que crear condiciones estables para la Paz, pasa por los Municipios y que por eso hay que confiar en los Alcaldes, fortalecer la institucionalidad, pensar que cuatro años no son suficientes para ejecutar planes de desarrollo que generen las condiciones de bienestar y prosperidad que la gente necesita. Hay que tener visión de largo plazo”.

Si bien se viene trabajando con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en proyectos de capacitación y sensibilización, eso no es suficiente. “Las reformas que se están aprobando en el Congreso tienen que mirar al Municipio como el aliado del Gobierno para la Paz. Y no se está teniendo en cuenta. Aquí se promulgan leyes con una visión cortoplacista y así es muy difícil hacer las transformaciones estructurales que necesitamos para contribuir al desarrollo y la Paz del país”.

El postconflicto y la Paz territorial, están íntimamente ligados con una real descentralización y con reformas profundas que lleven la prosperidad y el bienestar a todas las regiones de Colombia 1441.

¿El Gobierno hará modificaciones al sistema político y el modelo económico en el postconflicto, para que esto sea posible?

El Sector Privado y el Postconflicto

El Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, pidió a empresarios de la Cámara de Comercio de Bogotá, que tengan una visión “mucho más ambiciosa” del papel que desempeñarán dentro del postconflicto.

Les explicó que en un proceso de Paz, no basta con la desmovilización y la reincorporación de los subversivos, e invitó a los empresarios a pensar en su rol más allá de contratar a ex-combatientes para reintegrarlos en la sociedad. El sector empresarial es el que más se va a beneficiar en un eventual postconflicto.

La visión del papel del sector empresarial tiene que ser mucho más ambiciosa e ir mucho más allá del problema, ya suficientemente complejo, de la reincorporación de unas guerrillas. Hay que pensar en otro tipo de alianzas para trabajar en este tema regional”.

Se debe pensar en cómo establecer de forma conjunta “un modelo de participación más directa de los empresarios en el proceso de construcción de Paz” 1442.

Los Contribuyentes Deberán Asumir el Costo del Postconflicto

Según cálculos del Congreso de la República, la primera etapa del postconflicto le costará al Estado noventa billones de pesos (alrededor de u$s 31 mil millones) en los primeros diez años.

Se aplicarían a restaurar la vida de quince millones de personas que han padecido por décadas los rigores de la guerra; en infraestructura, educación, salud, procesos productivos y normalización de tierras.

Los aportes que tenga que dar el Gobierno, saldrán de impuestos adicionales para la Paz o el postconflicto, de la misma manera en que se han establecido impuestos para la guerra 1443.

Los beneficios del postconflicto prometen ser buenos. Según el Departamento Nacional de Planeación, el PIB puede aumentar uno o dos puntos porcentuales más, lo que no necesariamente implica que ese crecimiento se utilizará en desarrollo y bienestar social. También debe evitarse que la conflictividad con las guerrillas que se termina, sea reemplazada por la actividad de las “bacrim”.

El Senador Antonio Navarro, desmovilizado del M-19 y desde esa época, activo promotor de diálogos con las guerrillas, estudió el tema, y le presentó al Ministro para el Postconflicto, Rafael Pardo, un plan de Presencia Integral del Estado en el Territorio (PIET), que requiere de una inversión de urgencia de un billón y medio de pesos (aproximadamente u$s 514 millones), para el desarrollo rural, la transformación de la economía y la priorización de la inversión social; una justicia con jueces itinerantes y conciliadores en equidad y una seguridad que debe prestar la fuerza pública con una lógica distinta, ocupar el territorio. Si esto no ocurre las “bacrim” ocuparán el espacio que dejen las FARC.

Se trata de un proyecto que no será fácil, dado que el Estdo ha estado ausente en los últimos dos siglos en esas regiones.

Se necesitarían veinticindo técnicos por cada mil familias, y habría que cubrir en la primera etapa unas trecientas noventa mil familias rurales. Deberán ser quipos en los cuales dieciseis de sus integrantes, deberán estar capacitados en asistencia técnica, dos en acceso a mercado, dos en acceso a crédito, dos en la formalización de la propiedad y dos o tres en organización comunitaria. Hay que organizar equipos que visiten a las familias de estas zonas.

Debería llevarse a cabo una actualización catastral en esas zonas. Luego, deben implementarse programas de substitución de cultivos ilícitos con paquetes técnicos alternativos: cacao, pimienta negra, arroz, plátano, etc. Cultivos que permitan comenzar una transición a la economía legal. Se deben mejorar y hacer vías de comunicación rurales con participación comunitaria. Mientras más participe la comunidad, más va a defender sus proyectos y se empezará a cerrar la brecha entre comunidad y Estado. 

Hay que priorizar los programas sociales existentes, los de vivienda, “Familias en Acción”, la atención a la tercera edad. Eso es marginal en muchas regiones del país. Cuando se hace referencia a priorización de programas también debe tenerse en cuenta la educación y la salud.

Fondos de la UE para Colombia

La Unión Europea ha prometido inversiones para el postconflicto, pero bajo la implementación de un complejo sistema de verificación que reúne, entre otros recursos, auditorías, evaluación de cumplimiento de metas y verificaciones en el terreno que pueden condicionar la continuación de los apoyos futuros, frente a la posibilidad de que ciertos sectores oportunistas, traten de aprovecharse y sacar sus propios beneficios.

La primera inversión de la UE en el postconflicto, se orientará al desarrollo agrícola sostenible. Se invertirán quinientos setenta y cinco millones de euros. También invertirá en planes de cuidado de los recursos naturales, desminado humanitario, desarrollo local y pedagogía para la Paz.

El paquete reúne los fondos de cooperación previstos en el fondo fiduciario Fondo Columba de la UE (noventa millones de euros), en el instrumento de contribución a la estabilidad y la Paz (dieciocho millones de euros) y en los préstamos que ofrece el Banco Europeo de Inversiones (cuatrocientos millones de euros). Además de la cooperación en curso (sesenta y siete millones de euros para el período 2014-2017).

Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, dijo que la Comunidad tiene un interés altísimo en el éxito del proceso de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC:

Estamos comprometidos en acompañar a Colombia en toda la etapa del posconflicto y por eso firmamos acuerdos muy importantes de cooperación financiera. La colaboración política también ha sido estrecha y muy importante. Colombia es el país latinoamericano con el que hemos tenido más intercambio. Con el presidente Santos me he reunido incontables veces y esto es una prueba de amistad y trabajo conjunto”.

También resaltó a Colombia como un socio clave en las relaciones con Latinoamérica, el Caribe y la CELAC.

Eamon Gilmore, enviado de la Unión Europea para el proceso de Paz, le dijo que aunque todavía no se habían especificado todos los proyectos para los que se usarían los primeros recursos de cooperación, sí se sabía que irían en estrecha relación con la Estrategia de Respuesta Rápida y, por lo tanto, otro de los Convenios que se firmaría iría destinado a financiar una estrategia para mejorar la infraestructura rural.

Gilmore explicó que el término cooperación internacional:

Se debe interpretar como algo mucho más amplio que los fondos que la Unión Europea entrega para el posconflicto. Es una amistad que se ve reflejada en las relaciones comerciales y políticas. Anticipamos que con la consolidación de la Paz habrá un gran crecimiento de exportaciones e importaciones gracias el Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y Colombia”.

De acuerdo con el enviado especial de la UE para el proceso de Paz, Eamon Gilmore, la tenencia de la tierra es uno de los problemas que originó el conflicto armado:

Los colombianos esperan una significativa mejora en su calidad de vida y el desarrollo económico y social es parte importante de ese bienestar”. 

Una de las necesidades más urgentes de las comunidades rurales es que se les garantice la tenencia legal de la tierra. Para impulsar esta iniciativa se firmó un Acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El proyecto pretende legalizar el acceso a títulos de propiedad, para que los campesinos accedan a créditos, subsidios de vivienda e incentivos agropecuarios. 

Se buscará una solución legal para las comunidades étnicas que viven en zonas de parques nacionales. Para esto se designó la entrega de tres millones doscientos mil de euros en la primera etapa, pero se estima que el proyecto costará cuatro millones. Se priorizarán poblaciones indígenas y campesinas que viven en terrenos que están dentro de áreas protegidas en los parques Sierra Nevada de Santa Marta, Catatumbo Barí, Cocuy, La Paya, Nevado del Huila y el Santuario de Fauna Acandí, Playón y Playona.

Uno de los objetivos más importantes es el Plan de Desminado Humanitario, en el que se impulsará la acreditación de la primera organización civil colombiana capacitada para llevar a cabo estas labores. Se pretende recoger las lecciones aprendidas durante el proceso de desminado humanitario llevado a cabo en las Veredas El Orejón, en Briceño, Antioquia, y Santa Helena, en Vistahermosa, Meta. 

A este proyecto se le asignaron un millón ochocientos mil euros para apoyar labores de Desminado Humanitario en seis Municipios a definir que forman parte de una lista de veinte que ya fueron elegidos como prioriarios. Estos tienen un desafío adicional, ya que son zonas conflictivas, con fuerte presencia de grupos armados y minas antipersonal. Como lo primordial es consolidar la información y aumentar las organizaciones de desminado, el primer esfuerzo debe ser para fortalecer la institucionalidad.

Otro de los proyectos que recibirán los recursos es denominado Desarrollo Local Sostenible en zonas marginadas de Colombia (DLS). La iniciativa impulsará el mejoramiento de seiscientas cincuenta microempresas rurales y se legalizará la tenencia de tierra de cuatro mil quinientas familias campesinas y de minorías étnicas (indígenas y afrocolombianas) que viven en las áreas protegidas del Sistema de Parques Nacionales Naturales. 

La iniciativa arranca con tres proyectos piloto en la Amazonia, el Pacífico y el Caribe, regiones clave para el posconflicto. El programa cuesta veinte millones ochocientos mil euros, de los que ya se entregaron cinco millones para la primera etapa. El proyecto estará a cargo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Eamon Gilmore explicó que este tipo de proyectos, busca acabar con el hambre en los sectores rurales y luego impulsar la producción agrícola del país. 

Muchos campesinos colombianos sufren necesidades en medio de un territorio vastamente rico, si se les dan los medios para producir de forma eficiente resolverían sus problemas y luego dinamizarían la economía local”.

La presencia de radios comunitarias en los territorios y su influencia como medios legitimados por las comunidades y entes del Estado hace que los medios se conviertan en un actor importante para la construcción de una cultura de Paz y convivencia en el nuevo escenario del país en el posconflicto. Por esta razón, la UE firmó un convenio con la Red Cooperativa de Medios de Comunicación Comunitarios de Santander (Resander), por dos millones, de euros para fortalecer las emisoras comunitarias. Se trata de garantizar que estos medios de comunicación cuenten con personal formado en el tema de construcción de Paz y convivencia, y produzcan y emitan programas y mensajes que convoquen la participación y estimulen el diálogo sobre lo que implicará para el país entrar en el posconflicto. El proyecto beneficiará a cuatrocientas emisoras comunitarias, se capacitará a cincuenta colectivos de producción radial en cincuenta emisoras de Municipios que forman parte de la Red.

Temas de Fondo en el Postconflicto

Uno de los temas de fondo del llamado postconflicto es el agrario. El Punto Uno de la Agenda en los diálogos de Paz entre las FARC y el Gobierno “Política de Desarrollo Agrario Integral”, constata que el asunto agrario es la piedra angular para las dos partes, en aras de alcanzar una Paz sostenible y duradera. No atenderlo, significa perpetuar las raíces más profundas que dieron origen al conflicto armado. Sin embargo, a partir de lo acordado se abren muchas preguntas por resolver:

    ¿Cómo implementar estos Acuerdos?

    ¿Qué reglas del juego deben crearse para llevarlos a cabo?

    ¿Cuáles de los diseños existentes no funcionan y deben transformarse?

Un primer paso para abordar estas preguntas no resueltas, es realizar un diagnóstico serio de aquellas reglas del juego que permiten la concentración de las tierras o de su uso, que promueven la asignación política de los derechos de propiedad rural y que han incentivado la privatización de la seguridad.

Sin duda alguna, en un país como Colombia, que tiene un indice Gini rural de 0,86, que lo ubica en el segundo lugar con mayor desigualdad en América Latina, y un despojo de tierras que supera los ocho (8) millones de hectáreas, queda en claro que son varios los diseños institucionales que generan problemas, y que agudizan la inestabilidad e inseguridad de los derechos en el campo.

En este sentido son muchas las “cajas negras” que aún deben develarse. Aunque existen aportes de académicos y tomadores de decisiones, que analizan los mecanismos que llevan a esta asignación tan inequitativa e ineficiente, permanecen invariables en el tiempo varias de las fórmulas a través de las cuales el Estado ha planeado promover la inclusión y el desarrollo agrario, sin desenlaces favorables. Temas como el papel de los notarios, las reglas de asignación de baldíos, el papel de las autoridades locales en la acumulación y uso de las tierras para grandes terratenientes, la brecha que impone altos costos a los campesinos para lograr sus derechos sobre la tierra, son aspectos álgidos que deben revisarse en esta coyuntura. Si bien algunos podrían argumentar que no están directamente relacionados con la transición hacia la Paz, sí constituyen reglas del juego que han sido utilizadas en tiempos de Paz y tiempos de guerra para acumular tierras, con efectos nefastos sobre la equidad y el desarrollo agrario.

Además de esta revisión profunda de los diseños institucionales que ya existen y que no están generando los efectos deseados, el siguiente paso es preguntarse por aquello que no existe aún y que es fundamental para generar la inclusión social y el crecimiento agrario. Aquí ya existen varios consensos, tales como: la necesidad de fortalecer la institucionalidad agraria, actualizar el catastro rural, aumentar la inyección de recursos del campo, promover una política agraria para la Paz. Pero todos estos aspectos deben llenarse de contenido y aún no están resueltos los “cómo” de esa implementación. Deben adoptarse medidas que estén a la altura de las exigencias del postconflicto.

Algunos audaces ya están haciendo propuestas que califican como “novedosas”, para desarrollar las zonas rurales apartadas de Colombia; se trata del proyecto de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (ZIDRES). Esta iniciativa llevada ante el Senado, no provee una planeación a futuro de la adquisición y uso de las tierras en el país, de Acuerdo con sus características y potencialidades, ni promueve la inclusión y la equidad de los diversos sectores, sino que propone repetir viejos esquemas de dominio indirecto donde el Estado entrega la tarea de “desarrollar” las zonas marginales a los privados, perdiendo su papel protagónico y quedándose rezagado. En este tipo de esquemas, las ventajas comparativas quedan para los “grandes” socios privados, mientras que para los pequeños campesinos quedan pequeñas ganancias a cambio de asumir todos los riesgos. Aquí el Estado ya no es garante, sino que se convierte en un Estado al margen, prestamista, que subsidia créditos, un Estado impotente ante las lógicas del mercado.

La historia de Colombia está llena de experiencias de dominio indirecto, en las que el Estado se retira para que los privados asuman su misión. Habría que observar los pobres resultados alcanzados con la reforma agraria basada en el mercado que se propuso a partir de 1994, como ejemplo. El Estado se volvió pequeño y perdió protagonismo, delegando en el mercado o en privados lo que no quiso proveer. ¿Por qué seguir empecinados en este tipo de proyectos y no en la creación de una política nacional del campo, en la que se planee el uso y acceso de la tierra a largo plazo y en la que el Estado juegue un papel activo al promover equidad y desarrollo?

Pensar las respuestas no sólo es tarea de los actores implicados de manera directa en la negociaciones en La Habana. Por el contrario, la sociedad civil y la academia están en la obligación de aportar al debate y pueden hacerlo al comparar experiencias internacionales, al promover el análisis sobre la problemática rural en el país y al proponer posibles alternativas para la implementación de los Acuerdos 1444.

FAO Pidió Poner Atención a Agricultura Familiar en Colombia

El Director de la Organzación de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) José Graziano, manifestó su apoyo al plan del Gobierno “Colombia Siembra”, que busca sembrar un millón de hectáreas nuevas en el país, las que se sumarían a los siete millones que en total existen en la actualidad.

Graziano anunció un convenio entre la institución que dirige y el Ministerio de Agricultura, a través del cual la FAO prestará acompañamiento y recursos, para establecer un sistema de monitoreo del campo, que permitiría mantener actualizadas las cifras del sector rural, y reformular la manera como la Cartera fomenta la agricultura familiar.

Según Graziano, los agricultores familiares:

Pueden tener su potencial productivo elevado inmediatamente. No es un programa para largo plazo. Nos dará respuestas muy rápida esa inversión que queremos hacer”.

La FAO resalta la agricultura familiar como clave para la erradicación del hambre en las zonas rurales, y pone particular énfasis en que los mercados locales deben integrarse, y que las comunidades consuman aquello que producen. En el encuentro entre Graziano y el Ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, se estableció como meta, que treinta porciento de las compras públicas se haga a pequeños productores para asegurar sus ingresos.

El Director de la FAO subrayó que Colombia es una de las tres potencias de producción de alimentos de la región, con deforestación cero, junto con Brasil y Paraguay. Se refiere a deforestación cero, porque en el país hay gran cantidad de baldíos improductivos 1445.

La Vía Electoral en Colombia ¿Contribuye a Satisfacer las Demandas Sociales?

La vía electoral en Colombia -como en la mayoría de países de América Latina-, es un escenario dominado por la maquinaria electorera, la corrupción, el clientelismo, con medios oficiales con encuestas acomodadas y hasta donde los muertos votan. En el caso colombiano habría que agregar, el paramilitarismo como herramienta de Estado, la judicialización de líderes populares y la discrecionalidad “legal” del Procurador General de la Nación, que puede decidir quién continúa y quien no, a la vez que eliminar de la vida política a través de su sistema de “inhabilitación” 1446.

En las elecciones legislativas del mes de marzo del 2014, ganó la abstención por, aproximadamente, el cincuenta y seis porciento en ambas Cámaras y la más alta desde 1994, los votos anulados que superaron el dieciséis porciento del total en el Senado y el quince porciento en las elecciones para la Cámara, y el voto en blanco fue de poco más del cinco porciento, aunque en las elecciones para el Parlamento Andino, superó a todos los partidos en contienda con treinta y seis porciento de la votación 1447.

Se observa un alto índice de fragmentación de los Partidos tradicionales y la aparición de nuevos Partidos, algunos personalizados en un caudillo más que en una ideología, estableciendo una atomización de Partidos y una dispersión de listas. Cada vez hay más Partidos, la izquierda se dividió en dos, los Verdes y el Polo, y reapareció la “Unión Patriótica” 1448, que no se alía con “Marcha Patriótica”, mostrando que las diferentes variantes en las posiciones son más importantes que el proyecto que presuntamente plantean.

Los conservadores quedaron divididos entre los partidarios del Presidente Juan Manuel Santos y los seguidores de la alianza estratégica Uribe-Pastrana. El Presidente que en el 2010 obtuvo ochenta y nueve Senadores para sacar adelante sus proyectos de corte neoliberal, avanzar en el Fuero Penal Militar, la Ley de Justicia y Paz, la reforma a la justicia etc., como consecuencia de las elecciones legislativas de marzo del 2014, solo cuenta con cincuenta y dos Senadores seguros en el marco de una alianza 1449.

Queda evidenciado que, como en la mayoría de países de América Latina, no hay políticas de Estado, sino de Gobierno con una oposición fuera de todo parámetro de gobernabilidad.

El resultado de la llamada “izquierda electoral”, donde el Polo Democrático Alternativo perdió tres Senadores y varios Representantes a la Cámara, y los votos obtenidos por la Unión Patriótica, muestran que no maneja la “maquinaria electorera”, sumado a la carencia de un proyecto concreto, más allá de las demandas de justicia social y la oposición al neoliberalismo, lo que le impide alcanzar posiciones que permitan reorientar las políticas en Colombia. Las posibilidades de aplicabilidad del Punto Segundo de la Agenda de Paz, vinculado a “Participación Política”, parcialmente aprobado en La Habana, son escasas.

La apertura democrática como tal no existe. Los espacios se reducen; “la batalla de ideas” brilla por su ausencia; los candidatos alternativos con opción no se divisan, de la misma manera que en el resto de la región latinoamericana.

Las alternativas frente a esto son:

a) continuar con la lucha para demostrar la inconformidad con el sistema político tal cual está, y buscar imponer la Paz;

b) alcanzar reformas profundas a través de una Asamblea Constituyente, en la que participe todo el pueblo y que no sea cooptada por los sectores corporativos de poder en Colombia.

Una y otra, pareciera que carecen de una auténtica viabilidad, desde el momento en que el poder está en manos de quienes pueden tomar todas las decisiones y cuentan con legitimidad interna -por el poder- e internacional, por el interés de los sectores corporativos -gubernamentales, intergubernamentales y bancarios-empresariales- globales. La lucha popular va perdiendo oportunidades, en la medida en que no se transforma en una toma de conciencia ciudadana general y participación correspondiente y consolidada.

Congreso: Impera la Derecha y la Izquierda no logra obtener Poder Electoral

La izquierda colombiana no alcanzó a ser significativa. El Polo Democrático Alternativo, consiguió cinco Senadores y tres Representantes, mientras que la Alianza Verde obtuvo cinco curules en el Senado y seis en la Cámara de Representantes.

Los corolarios más importantes que se pueden extraer de estas elecciones legislativas, tan significativas, porque se llevaron a cabo en medio del proceso de Negociación de Paz en La Habana, tienen que ver:

1) Con la baja participación del pueblo en las elecciones -menos de la mitad de la población con capacidad de emitir voto-, y en la promoción de su propio destino;

2) Colombia es un país en el que la derecha controla la realidad política y económica -dispone de una teoría política para gobernar- y por ende, la posibilidad de condiciones de vida en lo social.

Los votos alcanzados por los partidos de centro izquierda, hacen pensar que aún están lejos de constituir una alternativa de poder, desde el punto de vista numérico, además de que están fragmentados entre sí y carecen de un proyecto significativo para llevar adelante verdaderas políticas de Estado. Su discurso e ideología -mucha doctrina y dogmatismo y poco realismo- supera su capacidad para llevar adelante verdaderas políticas de transformación y de participación integral e integradora.

El Polo Democrático Alternativo logró cinco curules en el Senado, tres menos que en las elecciones del 2010, lejos de ser el partido que disputó la segunda vuelta de la elección presidencial en el 2006 con Carlos Gaviria como candidato. En la Cámara de Representantes, el resultado fue inferior: pasó de cinco curules a tres. La Alianza Verde, partido que incluye a tendencias de izquierda como la Unión Patriótica, los progresistas del Alcalde Gustavo Petro y algunos otros grupos, logró conservar las cinco curules en el Senado obtenidas en el 2010. La renaciente Unión Patriótica no logró ningún curul. La izquierda conjunta, para el caso de operar en alianza estratégica -lo que no ocurre en los hechos-, logró en total diez Senadores y nueve curules en la Cámara de Representantes. En Colombia -y en general en América Latina- la izquierda es una minoría, con poco apoyo electoral y convocatoria y sin posibilidades de ser una fuerza política decisiva de cara a las elecciones a la Presidencia de la República.

La izquierda ha dejado de manifiesto su disconformidad con las elecciones legislativas, tal como se han llevado a cabo. Una de las primeras críticas, se vincula con la falta de legitimidad de lo que el Gobierno llamó “fiesta democrática”, debido a que de treinta y dos millones de electores, sólo participaron catorce millones, lo que muestra un abstencionismo del cincuenta y siete porciento, cifra similar a los promedios históricos de abstención en elecciones en Colombia. A este hecho, debe agregarse la cantidad de votos nulos y no marcados, que muestran la ignorancia de la población para marcar los tarjetones de voto; incluyéndose los votos en blanco, que no han sido como se esperaban, pero vistos desde el punto de vista electoral, si constituyeran una fuerza, significarían seis Senadores.

Para la izquierda, lo que ha triunfado, es la “máquina electoral del Gobierno”, dividida en el “militarismo” oficialista y una pseudo oposición planteada por el “paramilitarismo” de Uribe Vélez, logrando además, la “inmunidad” -que no debería ser utilizada para la “impunidad”- 1450 que le dan los fueros parlamentarios frente a los juicios que hay en curso contra él.

La izquierda ha tenido pocas posibilidades, y a los candidatos de la Unión Patriótica, “les ha tocado hacer su campaña en medio del hostigamiento militar y paramilitar”, sin financiación y sometidos a persecución, lo que ha derivado en que no obtenga ninguna curul. Esto les hace pensar en “si se justifica continuar legitimando electoralmente la farsa electoral del régimen”, en medio del apabullamiento represivo, a la vez que se hace indispensable corregir autocríticamente ese camino táctico 1451.

Las razones del abstencionismo, de acuerdo con la izquierda, son varias:

- el desprestigio del Congreso;

- la apatía política que se fomenta desde las alturas del poder, porque entre menos vote la gente es mayor la posibilidad de que los partidos tradicionales se perpetúen;

- pesa una pequeña fracción de abstencionistas que desprecian la vía electoral como forma de lucha revolucionaria.

No existe una cultura política que sea estimulada desde el Estado dominante -o los “dominantes del Estado”-, para que la gente entienda el significado de la participación ciudadana como vía de cambio. Se afianza la idea de la antidemocracia, de la violencia desde las alturas del poder, del fraude y los vicios de la politiquería, que hacen ver como imposible la utilidad de esa vía.

Los votos nulos, obedecen al complicado sistema electoral. El tarjetón -boleta electoral en otros países- es inmanejable y complicado de entender; facilita el fraude, la suplantación del votante y que se impongan modalidades delictivas de compra de votos. Se requiere una profunda reforma electoral democrática y creativa por sobre todo, que purifique el voto y aleje las prácticas clientelistas y corruptas de la politiquería tradicional. La reforma electoral debe ir junto a la reforma política 1452.

Más allá de ello, la necesidad de mayor conciencia y participación social, no sólo en Colombia sino también en toda América Latina, es uno de los factores de que se den estos resultados de predominio, por un lado de una derecha neoliberal corporativa y por el otro de un populismo -pseudoizquierdista- clientelar retardatario 1453.

La Verdadera Batalla Electoral en Colombia

La batalla por las elecciones presidenciales a mediados del 2014, no ha sido por el modelo económico, ni por el modelo social, ni siquiera por el modelo de seguridad. Fue por el modelo político.

La polarización de la campaña ha sido producto de que la tensión entre el modelo político tradicional colombiano -el institucionalista- y el nuevo -el caudillista- entró en una fase de contradicción aguda. La tensión surgió con la derrota del bipartidismo y el triunfo de un proyecto político caudillista en el 2002 -liderado por Alvaro Uribe Vélez-, que proponía solucionar los problemas colombianos por la vía de la autoridad. Así como el instrumento de acción del institucionalismo ha sido el clientelismo, el del caudillismo es el populismo. Ambos son atajos latinoamericanos clásicos, que pretenden resolver los problemas de gobernabilidad que presentan sistemas políticos bajos en legitimidad.

El caudillismo aprovechó la degradación paulatina de las instituciones por la falta de continuidad de las reformas iniciadas en la Constitución de 1991, al punto que no sólo no combate los cinco grandes temas-problema colombianos, sino que tiende a perpetuarlos:

    la violencia;

    la corrupción;

    la desigualdad;

    la impunidad; y

    la informalidad.

Alvaro Uribe Vélez ha fustigado sistemáticamente las instituciones, empezando con los partidos políticos en el 2002; siguió con el Ejecutivo, eliminando ministerios, suplantándolos con su personalismo y clientelismo; continuó con la justicia; en las elecciones últimas se lanzó contra el Poder Legislativo, cuando sus antiguos aliados no quisieron acompañarlo; y podría terminar de desprestigiar completamente las instituciones atacando el sistema electoral. Busca el rechazo de los ciudadanos a las instituciones para que sólo quede el “remedio” del caudillismo, y desemboque en una constituyente para “enderezar” las instituciones por vía de mayor poder presidencial.

Juan Manuel Santos representa el institucionalismo de la tradición liberal, convencido de que a pesar de sus grandes imperfecciones, las instituciones colombianas son superiores a las de los países de la región y han permitido una mayor estabilidad política y económica. En lugar de recurrir al modelo de los países andinos, insiste en reformarlas desde el propio sistema. La Paz es un requisito para desactivar la anestesia de la guerra sobre la pluralidad ideológica que, en última instancia, es la que tiene frenada las reformas.

La explicación para que una parte de la clase dirigente -normalmente institucionalista y aterrorizada con el populismo- apoye la forma atenuada de populismo de Alvaro Uribe, ha sido debido a que se convenció que su fórmula de mantener la guerra contra el comunismo, es la mejor manera de garantizar el mantenimiento del statu quo, porque teme que la Paz le abra espacios a la izquierda. La guerra se convirtió en un instrumento inmoral, pero seguro, para frenar los cambios.

Pese a que el “establishment” está dividido, y frente a los avances del modelo caudillista, el institucionalismo conserva el poder de la gobernabilidad gracias a que el clientelismo aún controla más de la mitad del Congreso 1454.

Elecciones Presidenciales en Colombia

Con una abstención de casi sesenta porciento, Oscar Iván Zuluaga del Centro Democrático -“uribismo”- obtuvo el 29,26 porciento de los votos, mientras que el Presidente Juan Manuel Santos consiguió el 25,68 porciento. En tercer lugar quedó la candidata del Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, con un 15,53 porciento, muy cerca de Clara López del Polo Democrático Alternativo, que alcanzó un 15,23 porciento. En el último lugar se situó Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde, con un 8,28 porciento.

Se produjeron muchos y poderosos remezones políticos. El mapa político colombiano cambió. El Presidente Juan Manuel Santos se debilitó, el “uribismo” ganó espacio, el proceso de Paz quedó en aprietos y la abstención creció. Los movimientos menores, como el Polo Democrático, el Partido Conservador y los Verdes obtuvieron una ventana al protagonismo político mayor a la que esperaban.

Santos, que llegó al poder en el 2010 con los votos del “uribismo”, en las elecciones del 2014, obtuvo menos de la mitad de los votos. Los colombianos están insatisfechos con el rumbo del país y con sus dirigentes.

Santos no ha sabido o no ha podido construir una base política propia y poderosa, pese a haber hecho grandes esfuerzos por diferenciarse de la herencia política de Uribe.

O los colombianos, en su mayoría, no están de acuerdo con el proceso de Paz, o no les interesa lo suficiente, o necesitan que se lo presenten de una manera distinta. El gran abstencionismo que se ha venido produciendo en las elecciones y que fue el principal protagonista en las que se llevaron a cabo, tanto para la Legislatura como las presidenciales en el 2014, muestra que la sociedad civil no tiene ninguna predisposición a participar de manera activa en la construcción de su propio destino.

Veinte de los treinta y tres millones de ciudadanos en condiciones de votar, decidieron no hacerlo, lo que muestra que, más allá de la pasividad respecto de la construcción de su futuro, rechazan la “guerra sucia” entre Santos y el “uribismo”, y condenan la falta de respuestas de los candidatos, a problemas concretos de su vida diaria.

El debilitamiento de los candidatos tradicionales, les ha dado una oportunidad a los que tienen propuestas progresistas, aunque más como resultado de las carencias de aquéllos que de la fortaleza o al crecimiento de éstos. La candidata del izquierdista Polo Democrático Clara López, y la del Partido Conservador Marta Lucía Ramírez, superaron lo que las encuestas pronosticaban y sacaron, cada una, cerca del quince porciento de los votos, unos dos millones de votos por partido. Al representar cerca de una tercera parte del electorado, alcanzaron un gran poder de negociación con los candidatos tradicionales para orientar las políticas y las decisiones en una dirección más compatible con sus aspiraciones.

Para la izquierdista Clara López, los comentarios del candidato “uribista” Oscar Iván Zuluaga de suspender el proceso de negociación con las FARC y demandar un cese el fuego unilateral inmediato, el desminado y el no reclutamiento de menores, como condición para continuar con la negociación, resultó un cambio de las reglas del juego a la vez que un ultimátum. Marta Lucía Ramírez candidata por el partido conservador, expresó su apoyo directo a Oscar Iván Zuluaga en la segunda vuelta, pero dijo que el problema de Colombia era que se turnan en el poder unas pocas familias siempre, los Uribe, los Santos, los Vargas Lleras y eso impide que haya una verdadera democracia.

El comentarista político Ramiro Bejarano, dijo en el portal “La Silla Vacía” 1455:

A Santos le sería más fácil conquistar indecisos, dado que muchos temen el regreso del “uribismo”. En la primera vuelta, la gente vota por quien le gusta y en la segunda por quien le conviene.

La Paz se quedó sin Consenso

De acuerdo con el resultado de las elecciones presidenciales en primera vuelta, los niveles de aceptación de Santos y su modelo de Paz con las FARC, muestran que quedó sin consenso.

La historia colombiana de los últimos doscientos años ha sido de muchas guerras civiles -sesenta y cinco-. Todas ellas han terminado con la derrota de uno de los contendores. Las guerras del siglo XIX, cerraron al termino de esa centuria, con el triunfo militar de los conservadores y la proyección de la construcción del Estado nacional mediante la aprobación de la Constitución de 1886, que centralizó el poder político y le fijó un papel preponderante a la iglesia católica mediante la firma de un Concordato que le otorgó un monopolio en la educación, la familia y la cultura dogmática de la sociedad.

La guerra de los mil días -17 de octubre de 1899 al 21 de noviembre de 1902- no fue la excepción y terminó con la severa derrota de los liberales, algunos de los cuales se incorporaron a los Gobiernos posteriores en el marco de esquemas de unidad republicana. También trajo como consecuencia la separación de Panamá el 3 de noviembre de 1903.

Sólo la guerra de los años ‘50 del siglo XX, que dejó quinientas mil víctimas, se acabó por un Acuerdo entre las élites de los partidos liberal y conservador, dando paso a una formula de consenso político que se conoció con el nombre de “Frente Nacional”. Sin embargo, algunos grupos que fueron excluidos, se convirtieron en el germen de la prolongada contienda bélica que ha persistido hasta la actualidad. Son los núcleos agrarios asociados a las FARC y el ELN.

Otras agrupaciones guerrilleras de origen urbano, campesino e indígena que brotaron en los años ‘70, como el M-19, el Ejército Popular de Liberación (EPL), la Corriente de Renovación Socialista (CRS), la Autodefensa Obrera (ADO) y el Quintín Lame, fueron doblegadas por las fuerzas militares estatales, obligando su incorporación a los parámetros del Estado constitucional.

La Mesa de La Habana ha realizado un sinnúmero de reuniones y Foros, pero su aceptación no ha sido unánime en Colombia. Un sector muy influyente de la vida política, encabezado por el ex Presidente Alvaro Uribe Vélez, ha cuestionado duramente el modelo de Paz.

Las zonas de amplio triunfo de Oscar Iván Zuluaga en los departamentos del Meta, Caquetá, Arauca y Putumayo, son las de mucha presencia insurgente, donde Santos prácticamente carece de influencia electoral. Zuluaga prometió que suspendería la Mesa de Negociación de La Habana y pensaría en nuevos contactos, si las FARC aceptaban sus condiciones cercanas a la derrota y el sometimiento militar. Adicionalmente, los avances parciales alcanzados en la Mesa de La Habana, han sido el resultado de un proceso bilateral, sin intervención de amplios sectores de la sociedad colombiana, generando un gran malestar 1456.

¿De qué “Paz” se Habla?

Juan Manuel Santos, auto-convertido en adalid de una cruzada por la Paz -“pacificación”, con más propósito de generar ambiente para el inversor, que de dar respuesta a demandas insatisfechas-, buscó convencer al mundo que quien lo vote se aseguraba un pasaporte a la tranquilidad, la seguridad y un futuro más que deseable.

Oscar Iván Zuluaga, expresó:

Queremos la Paz” para que los campesinos puedan trabajar sin presiones, los estudiantes hacer lo mismo en sus aulas y los obreros generar mayor productividad junto a los empresarios.

En última instancia, una manera alternativa de “pacificación”, no de verdadera “Paz”.

Para los políticos de las “democracias representativas”, tanto la abstención, como los votos en blanco o anulados, no significan casi nada. A lo sumo, “gente descontenta que nunca falta” o, como dijo Santos en campaña, “siempre habrá algunos pocos que no se conforman con el país que estamos construyendo”; comentario que, por lo general, hacen la gran mayoría de políticos latinoamericanos de la derecha o la pseudoizquierda populista.

La “Paz”, se convirtió en la consigna del momento. Como si fuera una gigantesca ola que todo lo inunda, los candidatos hablaron de “Paz”, las corporaciones mediáticas, los empresarios, la burguesía colombiana, y hasta importantes fragmentos del progresismo, que frente a la situación electoral, dieron señales evidentes -no tenían otras alternativas-, de que votar por Santos era apostar a no entorpecer ni truncar el camino hacia la Paz -desde ya, vista por cada uno de los sectores, de una manera diferente y no como un proyecto nacional generador de políticas de Estado-. Entre los argumentos que se utilizaron, estuvieron los pasos dados por el Presidente en instalar la Mesa de Diálogo en La Habana.

Más allá del discurso, las últimas décadas del conflicto político y armado colombiano, muestran que Juan Manuel Santos, confeso derechista, que primero militó en el Partido liberal y luego formó el Partido de la “U”, fue Ministro del Conservador Andrés Pastrana, y entre el 2006 y el 2009 ocupó el Ministerio de Defensa bajo la Presidencia de Alvaro Uribe Vélez, su rival en el proceso de Paz.

En esa época del Plan Colombia y el Plan Patriota, en que se abrieron las puertas a más bases norteamericanas en el territorio, también hubo hechos que no pueden ser anulados por la euforia “pacificadora” del candidato de la “U” y su colega “uribista”. Fueron tiempos de guerra cruel y sangrienta, donde las poblaciones campesinas se vieron aterrorizadas por el paramilitarismo de las llamadas “Autodefensas”, cubiertas por el ejército que controlaban Uribe y Santos, la quema de viviendas y sembradíos, y miles de ciudadanos desaparecidos. El terror era cotidiano. Desde el poder del Estado se incorporó, con total impunidad, la figura del “falso positivo”, por el que cientos de personas fueron asesinadas bajo la falsa acusación de guerrilleros. En esas circunstancias, poco se diferenciaban ambos contrincantes de la cita electoral. A ninguno de los dos se les ocurrió hablar de “Paz” cuando aviones del ejército colombiano monitoreados por miembros de inteligencia de Estados Unidos asentados en la base de Manta (Ecuador), violaron, el 1º de marzo del 2008, la soberanía ecuatoriana y bombardearon el campamento del Comandante y negociador de las FARC Raúl Reyes, matándolo junto con varios de sus hombres e hiriendo gravemente a un grupo de jóvenes visitantes del lugar. Eran tiempos en que Reyes estaba haciendo gestiones muy bien encaminadas para avanzar hacia eventuales conversaciones Gobierno-guerrilla.

Algo parecido ocurrió el 4 de noviembre del 2011, mediante otro ataque contra el campamento de Alfonso Cano. El Jefe guerrillero fue muerto en la “Operación Odiseo”. En ese entonces, Juan Manuel Santos Gobernaba el país. Uribe dijo:

Hay momentos en que, por encima de las diferencias, todos los colombianos nos sentimos unidos respaldando el accionar del Gobierno contra los terroristas”.

Ni uno ni el otro, mostraron diferencias a la hora de emprender acciones policiales y militares violentas contra el campesinado, los indígenas, los estudiantes y los obreros, cada vez que las organizaciones populares realizaron movilizaciones. Esta misma actitud belicista, es la que llevó a Santos en las dos elecciones celebradas en el 2014, a no aceptar la propuesta de las FARC de respetar un cese el fuego bilateral mientras se celebraran los comicios y, por el contrario, el ejército colombiano aprovechó el cese el fuego unilateral para atacar posiciones de la insurgencia.

Tanto Santos como el tándem Uribe-Zuluaga no pueden hacer que todos olviden ese pasado de Terrorismo de Estado que los tuvo como protagonistas, extrayendo en las elecciones del 2014 de sus galeras la palabra “Paz”. Santos aceptó llevar adelante negociaciones en La Habana con las FARC, presionado por un sector de la burguesía colombiana, deseosa de calma y mayor estabilidad, para seguir haciendo buenos negocios, pero también hay diálogo, debido a la constante movilización popular; aún por aquellos que no se sienten representados ni apoyan a la guerrilla.

Ni Santos ni sus Ministros han demostrado interés en solucionar las demandas estructurales: políticas, sociales y económicas que vive Colombia. Se ha avenido a dialogar, pero para que se alcance la Paz, es necesario realizar cambios muy profundos, que no han mostrado disposición en concretar ninguno de los dos aspirantes a la Presidencia en ese momento.

Los militantes de Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, diferentes sectores de la sociedad, plantearon que la Paz implica mucho más que el “desarme” de la guerrilla, y repudiaron el bastardeo de la palabra que hicieron los candidatos. Apuntaron a que no alcanzaba con hablar de Paz sino que había que llenarla de contenido. Para ello, era necesario impulsar cambios profundos, que dejaran atrás la vieja Colombia y edificar una nueva nación, donde estén insertados los que viven excluidos.

Para muchos, la Paz implica concretar una Asamblea Constituyente, donde todos discutan lo que le hace falta a Colombia; liberar a los presos políticos; realizar la Reforma Agraria y atender las demandas del campesinado; abandonar el injerencismo estadounidense y exigir que se retiren del país las bases militares 1457.

Ganó el Deseo de Paz no los cuatro años de Gobierno de Santos

Utilizando como argumento, el proceso de Paz con las FARC y las conversaciones exploratorias con el ELN, y la promesa de llegar a un Acuerdo para el fin del conflicto, Santos fue apoyado en la segunda vuelta electoral por su Partido de la “U”, el Partido Liberal y parte de la izquierda colombiana y por ochenta altos líderes empresariales.

Juan Manuel Santos obtuvo la reelección -en segunda vuelta- con el 50,95 por ciento de los votos que se traduce en siete millones ochocientos mil novecientos ochenta y seis votos. El “uribista” Oscar Iván Zuluaga alcanzó el cuarenta y cinco por ciento, que se traduce en seis millones novecientos cinco mil un votos 1458.

A la falta de participación de los ciudadanos en los procesos electorales, el Gobierno de Juan Manuel Santos manifestó su pretensión de resolverla mediante reformas a la Constitución, en las que se buscaría motivar a la participación democrática mediante la exigencia del certificado electoral a quien aspire a cualquier cargo público 1459. Sea obligatorio o libre el voto, la apatía social no cambiará y menos aún la dependencia y subordinación al liderazgo caudillista -de derecha o izquierda- que, como siempre, operará de manera clientelar. La participación ciudadana, no se obtiene con el “voto obligatorio”, sino con educación política y compromiso por el futuro, su propio futuro; algo que en América Latina es prácticamente inexistente, dada la cultura de vivir de los commodities y tratar de ser buenos “proveedores y mercados periféricos”.

Un Mandato para la Paz

El reelegido Presidente Juan Manuel Santos y el Vicepresidente electo Germán Vargas Lleras, celebraron con sus familias y con la palabra “Paz” escrita en la palma de sus manos.

Las alianzas -cortoplacistas- funcionaron y Juan Manuel Santos logró dar vuelta las cifras electorales de la primera vuelta, para convertirse en el Presidente elegido para el cuatrienio 2014-2018. Su triunfo en las urnas constituyó la primera derrota del ex-Presidente Alvaro Uribe y, de paso, políticamente deslindó a Santos de manera definitiva de cualquier influencia de quien fuera su mentor para llegar a la primera magistratura del Estado en el 2010.

La ventaja de Juan Manuel Santos tuvo como factor determinante, el apoyo de la izquierda democrática y de varios sectores de opinión de diversas tendencias políticas, como los Verdes, con un solo propósito: respaldar el proceso de Paz con las FARC en La Habana, y el desarrollo de la fase exploratoria para emprender Diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Esta alianza debía obligar a Santos a desarrollar un mandato social, como lo recalcó la ex-candidata presidencial del Polo Democrático Clara López, aunque difícilmente sea así, tratándose de un neoliberal, que considera que es el “mercado” el encargado de resolver los problemas 1460.

Esa franja de opinión en favor de la Paz y en contra de la ortodoxia “uribista”, representada en el candidato Oscar Iván Zuluaga, explica en parte la forma como decreció el abstencionismo electoral. En la primera vuelta del 25 de mayo, más del sesenta porciento de los colombianos no participaron en los comicios. En esta oportunidad la abstención quedó cerca del cincuenta porciento, que de todas maneras ha sido muy alta. El voto en blanco, que en algún momento se perfiló como una opción de protesta entre quienes estaban en desacuerdo con los candidatos, siguió siendo muy bajo y apenas alcanzó el cuatro porciento: un poco más de medio millón de votos.

La otra realidad política del triunfo de Santos, fue la victoria de la convergencia de partidos de origen liberal. Con Santos llegó también a la Casa de Nariño, en calidad de Vicepresidente electo, Germán Vargas Lleras, a pesar de ser la cabeza visible de Cambio Radical. De igual modo, por el apoyo suministrado por el oficialismo liberal, manifiesto en el ex-Presidente César Gaviria y su hijo Simón Gaviria, el Senador saliente Juan Fernando Cristo o el ex-Presidente Ernesto Samper.

En contraste, por el lado del conservadurismo, las cosas no quedaron muy claras. La división que empezó en su convención nacional de enero del 2014, se mantuvo hasta el final del proceso electoral. Su candidata, Marta Lucía Ramírez, terminó en el “uribista” Centro Democrático, mientras que buena parte de sus congresistas apoyaron al Presidente Santos en su campaña reeleccionista.

En su discurso de victoria, el Presidente Santos anunció que su intención para los siguientes cuatro años sería formar una “selección nacional de Gobierno” -emulando el fútbol, como es típico en América Latina-, indicando que había llegado con más experiencia y con tareas pendientes:

Que en cuatro años nadie se arrepienta de haber votado por nosotros (...), gobernaré con el mayor respeto por mis adversarios políticos. De eso se trata la Paz. No reconozco enemigos, no guardamos rencor y propongo que desterremos para siempre el odio y la violencia de nuestra democracia”.

A la vez mandaba un mensaje directo a las FARC y al ELN, instándoles a llegar al fin del conflicto con “seriedad y decisión”; postura que chocó con la del ex-Presidente Uribe, en total desacuerdo con el proceso de Paz encarado por Santos, e hizo un duro pronunciamiento público, acusando a Santos de:

Haber impulsado, en nombre de la Paz, “la mayor corrupción de la historia, caracterizada por abuso de poder, entrega de sumas de dinero a parlamentarios para compra de votos, propaganda ilegal y violación de la Ley de Garantías”.

El ex-Presidente anunció que el Centro Democrático seguiría su tarea y reanudaría el trabajo para cumplir con su agenda legislativa:

Debemos levantarnos en contra de la pedagogía del miedo convertida en política (...) seremos fieles a nuestras convicciones de patria, no a la trampa vencedora”.

Oscar Iván Zuluaga -candidato “uribista”-, al reconocer su derrota, reiteró los mismos propósitos: “la lucha continúa”, fue su mensaje central, y anunció que se dedicaría a la organización del Centro Democrático que, después del proceso electoral, “es la nueva alternativa política para los colombianos”.

La victoria reeleccionista de Santos dejó ver también, el protagonismo de una nueva generación de líderes que acompañaron su proyecto político reeleccionista. Carlos Fernando Galán, Gina Parody o David Luna, entre otros, quienes fueron decisivos para revertir, en favor de su candidato, los resultados en Bogotá. No sólo fue un aporte de las franjas de opinión o de la izquierda democrática. Además, de las filas del liberalismo, Cambio Radical y la “U”, especialmente, surgieron importantes figuras, claves para la transición hacia una nueva política, enfocada hacia la Paz.

El pulso político entre el “uribismo” y el “santismo” -¿dos proyectos de país, o dos grupos de élites en pugna?- se saldó, en esta oportunidad -de forma muy ajustada y con apoyo estratégico de la izquierda-, en favor del segundo, aunque seguramente se volverán a encontrar para resolver con una pulseada de poder, el futuro político del país 1461, sin posibilidad de participación e incidencia de los sectores sociales débiles.

Marta Lucía Ramírez del Partido conservador que apoyó a Oscar Iván Zuluaga, dijo que Santos concentró todo en la Paz, cuando Colombia necesita urgentemente reformas en educación, salud, justicia. Algunos Senadores, como Antonio Navarro Wolf de la Alianza Verde, también consideraron que estos temas eran tan urgentes como la Paz.

¿Acaso la Paz, no se trata de la resolución de los problemas sociales, entre los que están salud, educación, justicia, además de trabajo, seguridad, vivienda, etc.; o estos temas son algo paralelo y ajeno a la idea de una “Paz” que -en última instancia-, en los hechos se trata de “pacificación”, basada en actividades de desarme, reinserción, judicialización para satisfacer la Verdad, la Justicia y la Reparación y luego encargarse del tipo de país que la gente reclama o seguir con el país bajo el modelo vigente?

El mandato para la Paz, tiene diferentes interpretaciones, porque para los sectores progresistas, implica cambios profundos en las políticas de Estado vigentes y hacia el futuro; para el Gobierno de Santos y otros sectores de la derecha, el Estado debe continuar con su rumbo, y Paz significa que se desmovilice la guerrilla.

La Derecha se “repartió” el Poder y la Izquierda se Acopló al más Flexible

Después de una muy reñida y cruda batalla electoral entre los que buscan la Paz -o la “Pax”- y los que no ven mejores alternativas a la guerra, ganó el Presidente Juan Manuel Santos otro período presidencial 2014-2018, con una ventaja de casi un millón de votos. Un triunfo del “uribista” Zuluaga, implicaba el regreso a los ocho años (2002-2008).

La candidatura del Presidente Santos adquirió un perfil alternativo con el apoyo de la izquierda democrática y del movimiento social, que entendió el desafío planteado por los grupos más retardatarios y violentos de la sociedad tradicional en la que se agrupan sectores sociales de grandes terratenientes, latifundistas y ganaderos violentos. Los retos para terminar el conflicto y la construcción de la Paz, se vinculan, desde la perspectiva de la izquierda democrática y la mayoría de los sectores sociales minoritarios, con la protección del medio ambiente ante la agresividad del modelo minero -implementado y defendido por el Presidente Santos-; con un crecimiento económico con justicia y equidad social.

Es importante ver, hasta qué punto el movimiento social aprovecha la oportunidad de que el Presidente Santos haya necesitado de su apoyo electoral para acceder a un segundo período, y profundizar su unidad -por el momento, circunstancial- y lucha por hacer de la propuesta progresista y de izquierda una alternativa real 1462.

La derecha se repartió el poder por casi mitades:

i) una derecha más flexible y obligada electoralmente a ser negociadora -Santos-; y

ii) otra con una posición firme con un ala -la “uribista”- inflexible.

En el primer caso, perteneciente a la élite urbana y en el segundo a la élite rural.

La izquierda, perdedora en primera vuelta -que continúa dispersa y circunstancialmente se unió-, se acopló en la segunda vuelta a quien garantizara la continuidad del proceso de Paz, ya que carece de una verdadera teoría política y de estrategias para gobernar. Ganó el deseo por la Paz, no el buen Gobierno de Juan Manuel Santos -según las declaraciones de Claudia López del Partido Verde-.

La intelectualidad de izquierda -en general en América Latina-, tiene posturas demasiado doctrinarias y dogmáticas -símbolo de la anti-intelectualidad, ya que la característica ideal tiene que ver con la duda y la postura crítica-, que impiden el diseño de verdaderas alternativas y de una teoría explicativa basada en la realidad que pueda derivar en una teoría para la acción, y no en el pensamiento doctrinario tradicional.

Hay que destacar que, aunque disminuyó el abstencionismo en la segunda vuelta en nueve puntos, aún es alto, ya que el cincuenta y dos por ciento del electorado no participó, dejando en manos de los que manejan el poder, el destino de Colombia y su propio destino. Esto subraya una de las grandes debilidades en América Latina, la falta de participación y compromiso social, lo que favorece que los grupos de élite ocupen los espacios de poder y direccionen las políticas según su parecer y conveniencia.

No hay frenos ni controles auténticos. Esto es destacado por una característica central de la política en Colombia, que no escapa en los demás países latinoamericanos, el personalismo y el caudillismo verticalista. Es cierto que las organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil son representativas de los intereses, necesidades y demandas de los diferentes sectores de la sociedad, contrariamente a lo que pasa desde hace años con los partidos políticos, pero éstos tienen representación electoral y participación en el Congreso y en los ministerios, mientras que las ONG’s carecen de esa representación. A esta altura de los acontecimientos políticos y de las transformaciones en el Estado, debería institucionalizarse una participación de los representantes de la sociedad civil.

La parte que sirve del apoyo de los Partidos progresistas al triunfo de Santos es que, finalmente, luego de cincuenta años, el Gobierno se decide a llevar a cabo medidas -aunque sean “gatopardistas”- para satisfacer las demandas sociales.

¿Ni Santos ni Uribe ni FARC, Progresismo Democrático?

En las elecciones presidenciales en segunda vuelta, no se venció totalmente a Uribe, que continuó fortalecido ya que, de las elecciones parlamentarias del 2014 a las presidenciales, tuvo un incremento del trescientos cuarenta y dos porciento, contando con apoyos económicos y regionales importantes. Un buen porcentaje se alimentó de los que odian a las FARC. Hicieron su aporte las familias de los militares y de los que añoran la Seguridad Democrática de las acciones espectaculares “contra el terrorismo”. Otros, los más pobres e ignorantes, identifican a Uribe con los subsidios de “familias en acción” y otros programas sociales. También, la población de los Departamentos petroleros, castigó a Santos por su Ley de Regalías.

En el caso del Presidente Santos, su crecimiento fue menor del doscientos treinta y seis porciento. La Costa Caribe, especialmente Atlántico y Córdoba, el Cauca, Valle y Nariño y Bogotá aportaron un porcentaje importante de la ventaja obtenida. El aporte de la izquierda y el progresismo fue muy importante para el logro de Santos. Sin embargo, especialmente en la Costa Atlántica, la compra de votos y el clientelismo en toda su expresión, jugaron un gran papel en el incremento de votos logrados por Santos. El aparato y poder burocrático se movió y logró importantes resultados en esa región.

Las cifras muestran que el “uribismo” es un proyecto político que está nuevamente en expansión. Uribe tiene intactas sus fuerzas al interior del Estado, tanto a nivel nacional como regional y local. En especial, cuenta con una fuerte influencia en las fuerzas armadas, la Procuraduría e importantes instancias judiciales. Logró conectarse con amplios sectores de la población, identificando la política de “Paz” con la sumisión del Gobierno a la guerrilla y a los supuestos intereses “castro-chavistas”. El miedo a la opresión de las FARC jugó un papel determinante en la estrategia de Oscar Iván Zuluaga.

El aporte del progresismo, de la izquierda y de otras reservas democráticas independientes, fue fundamental para el triunfo de Santos, pero no logró hacerse bien visible. Unicamente en el Cauca se logró conformar una Convergencia por la Paz y la Democracia, que unificó a la mayoría de los sectores independientes, alternativos, progresistas y de izquierda para llamar a votar sin complejos por Santos. En todo el país y en Bogotá, cada sector se sumó o adhirió a la campaña de Santos sin construir convergencias que permitieran hacer valer su papel en bloque o en forma unificada. Entre los votos obtenidos por Santos en la segunda, vuelta existe un gran porcentaje de “votos contra Uribe”. El miedo a un régimen totalitario, a su posición guerrerista, a las mafias que Uribe representa y a la posibilidad de un conflicto con Venezuela, movieron a muchos a votar por Santos, aunque no tuvieran grandes expectativas en su Gobierno. También, el anhelo de Paz puesto en el proceso de negociación en La Habana.

La mayoría de los votos han sido contra las FARC. Los de Zuluaga, de rechazo directo. Los de Santos, en su gran mayoría, “para salir más rápido y en forma incruenta de ellas” -frase de Claudia López, Senadora electa de Alianza Verde-. La derrota relativa de Uribe y el triunfo precario de Santos, constituyeron una derrota política para las FARC y un mensaje para que no se creyeran ni los intérpretes ni los representantes de las necesidades populares.

Uribe logró avanzar. Conocedor de que tiene una fuerza organizada y centralizada, demostró que se conecta con amplios sectores inconformes, canalizó gran parte del paro cafetero y agrario, y tiene en las familias de las fuerzas militares y de los sectores de población vulnerable una votación cautiva. La confrontación entre Santos y Uribe continúa vigente.

La izquierda y el progresismo, así fuera en medio de grandes debates, inocultables vacilaciones y una enorme dispersión, no sólo mostró la capacidad de algunos de sus líderes -Clara López y Gustavo Petro- para sintonizarse con amplias capas de la población en torno a la conquista de la Paz y la defensa de la democracia, sino que al darle su apoyo a Santos quedaron en una posición inmejorable para avanzar y consolidar su unión de cara a las elecciones locales y regionales del 2015, así como de las presidenciales del 2018. Otro tema es que se mantengan y consoliden en sus posiciones y logren el objetivo, al menos electoral.

En términos políticos la contradicción entre Santos y Uribe sigue vigente. La discordia es entre el respeto de mínimas normas democráticas o su violación sistemática; entre el avance del proceso de Paz o su saboteo; entre un proyecto burgués de “apertura democrática” o la oposición latifundista-terrateniente a cualquier cambio; entre la concesión de algunas reivindicaciones a campesinos de zonas de colonización o su identificación como entrega del país a las guerrillas; entre la obtención de un nuevo clima para la legitimación de la protesta social o la instrumentalización de la guerra para evitar el avance de la organización popular; entre la “Paz limitada” y la guerra abierta; entre las buenas relaciones con los países vecinos o la desestabilización de la región al servicio de fuerzas neoconservadoras. La lucha es entre defender una democracia recortada o permitir el fortalecimiento de un régimen totalitario que proyecta una dictadura fascista. La izquierda democrática, carece de poder de convocatoria suficiente como transformarse en un árbitro, frente a esas posturas de la derecha.

En términos económicos y sociales la contradicción será entre un Gobierno relativamente débil y los movimientos populares que ya se preparan para cobrar su contribución en la reelección. Tendrán que reorganizar sus fuerzas que quedaron vulneradas en los paros del 2013 y 2014, y se pondrán a la tarea de presionar la firma de los Acuerdos de Paz y el rechazo a los planes neoliberales que el Gobierno mantiene y quiere presentar como grandes transformaciones cuando no son más que reformas “gatopardistas”. El Gobierno de Santos no va a renunciar a su modelo neoliberal. En la medida en que el movimiento popular apriete, va a buscar atenuar la presión del “uribismo” contemporizando con él. Santos ha sido vacilante y débil frente a Uribe.

Ante el avance del movimiento social, va a hacer lo que siempre ha hecho la burguesía colombiana: conciliar con el gran latifundismo y con la extrema derecha. Las vacilaciones de la izquierda, que no es capaz de ponerse completamente a la altura de los acontecimientos y no se atreve a cobrar con decisión su participación en el nuevo Gobierno -con su propio programa y propuestas concretas-, le facilita el campo de acuerdos a Santos con los “uribistas”.

Cooptar hacia el Gobierno a representantes del Centro Democrático, es un falso debilitamiento del “uribismo”, porque ese proyecto político depende exclusivamente del liderazgo de Uribe. Santos va a utilizar a figuras como Antanas Mockus para presentarlos ante el gran público como cuotas del progresismo y la izquierda. Alrededor de los proyectos de “postconflicto” le dará participación en su Gobierno a algunas figuras secundarias del progresismo, la Alianza Verde y personas independientes con cercanías a la izquierda. La izquierda perderá -por falta de proyecto concreto y de decisión- la oportunidad de hacer visibles sus propuestas ante el conjunto de la población. Las organizaciones políticas y sociales de carácter popular deben impulsar procesos autónomos e independientes sin renunciar al Frente Amplio. Existen condiciones para consolidar un verdadero Movimiento Democrático que se ponga como principal objetivo el de ser Gobierno, a nivel nacional, regional y local. Requiere de la elaboración y aprobación de programas concretos, que no sean excluyentes, que contemplen el rescate de los recursos naturales, la reformulación de la locomotora minero-energética, la renegociación de los TLC’s, en defensa del medio ambiente, la reforma agraria democrática, contra la tercerización laboral, por salud y educación públicas, por la desprivatización de las empresas de servicios públicos, por la industrialización de las materias primas, etc.

Deben tener mente abierta para enfrentar la situación. Se puede y debe actuar en un Frente Amplio pero, debe ser en forma unificada y con gran sentido de independencia política. Algunos mínimos sectores de la burguesía y pequeña-burguesía representados por “liberales demócratas”, van a mantenerse aliados al movimiento popular y democrático siempre con la intención de moderar sus pretensiones para “no debilitar a Santos” y “no hacerle el favor a Uribe”. El movimiento popular debe aprovechar la situación para impulsar, fortalecer y consolidar nuevas formas de poder popular o Democracia Directa, “constituyentes populares” de carácter amplio e incluyente, consultas populares, veedurías ciudadanas, y múltiples formas de organización que sirvan de apoyo y sustento a un verdadero “Proceso Constituyente desde Abajo”, que sea el soporte político-reivindicativo de las grandes transformaciones que requiere Colombia 1463.

El Congreso está Controlado por Uribe-Santos

Santos ha sido derrotado estratégicamente, por el avance disciplinado de las fuerzas políticas comandadas por Uribe Vélez, alcanzando una gran influencia en los medios de comunicación, las Cortes de Justicia, la Procuraduría, las agremiaciones empresariales, las asociaciones de militares en los cuarteles y en retiro, los altos mandos militares, etc.

La oligarquía dominante, como clase social opuesta a cualquier cambio en la estructura de la sociedad que eventualmente pudiera surgir del proceso de La Habana, está obligando al Presidente Santos a que acepte, aún contra su voluntad, la recomposición política bajo la jefatura política única de Uribe Vélez: Santos ganó las elecciones presidenciales, pero perdió la Presidencia del Senado, el control de cincuenta y dos Senadores que votaron por Uribe Vélez y el Procurador, a lo que se debe agregar el silencio del Vicepresidente Vargas Lleras.

Al menos, en la actualidad, y hasta que no haya cambios importantes, hay un Congreso “uribo-santista”, en el que la izquierda no tiene ninguna posibilidad.

“Paciencia Estratégica” para la Izquierda

Una de las causas del fracaso de la izquierda, es que pretende alcanzar todo de una vez, debido a que no han construido una visión estratégica; además de carecer de una teoría política, para conocer cómo funciona el sistema -político-económico-financiero-social- interno e internacional y cómo poder generar cambios en su favor, sin que los costos sean mayores que los beneficios esperados.

En política, si no se tiene la prudencia suficiente y claridad en cuanto a cómo opera la realidad, se termina desembocando en una sucesión de errores, cuyos costos son mayores que los beneficios que se buscan 1464. No se trata de ostentar una ideología y procurar instalarla e implementarla, con solo la idea de que se tiene la razón y el modelo o las políticas vigentes, son erróneas y malsanas para la sociedad. La realidad de los sistemas políticos, no opera de esa manera. Hay una “direccionalidad” basada en el “poder” y quien sepa manejar esos componentes, logrará su objetivo si usa la inteligencia política, cuya base es la “prudencia” en términos de conocer las consecuencias que implican los actos que se llevan a cabo 1465.

En el caso de los Partidos de izquierda en Colombia -como en el resto de América Latina-, hay un divisionismo y fragmentación manifiesto, por motivos superficiales, que muestran el total desconocimiento del funcionamiento del sistema político en términos de “realismo” y que permite que los partidos de derecha, ocupen fácilmente los espacios y controlen el espectro de toma de decisiones en todas las áreas.

Evidentemente, no son suficientes los pactos o convenios programáticos. Siempre habrá interpretaciones, énfasis, manejos y aplicaciones diferentes de acuerdo a la formación ideológica de las fuerzas y personas que participan de la experiencia política. Se requiere un diseño estratégico unificado. Es necesario construir conjuntamente objetivos, metas precisas, fases y procedimientos. Es indispensable un plan concertado.

El pueblo espera y necesita un nuevo proyecto político que le de forma y concreción a sus aspiraciones y necesidades. Hay conciencia popular en esa dirección, pero no hay organización ni liderazgo -del tipo racional-legal, en términos de Max Weber 1466-.

Con la caída del muro de Berlín (1989) y la desintegración del bloque soviético (1991), la lucha armada como instrumento de cambio y revolución social y política, perdió sustento. El mundo occidental generó una globalización, que direcciona, y países como Estados Unidos y sus socios en la OTAN, tienen las herramientas y la capacidad para aventajar esos intentos haciendo uso de estrategias, como los “conflictos de baja intensidad”, las guerras de cuarta generación y las “guerras sucias”. Así fue el caso en Nicaragua con la guerrilla “contra” incentivada y apoyada por el Gobierno norteamericano de Ronald Reagan y de la misma manera, a través del Plan Colombia y la instalación de bases militares norteamericanas, se ha hecho en Colombia. No obstante, esto no necesariamente implica el éxito del modelo contrainsurgente. Para el caso de la insurrección zapatista en el sur de México, se transformó convenientemente en un levantamiento simbólico, basado fundamentalmente en la fuerza organizativa de los pueblos indígenas; este es el caso de Bolivia, que ha alcanzado importantes transformaciones desde la convergencia del movimiento indígena, más allá de que Evo Morales, como líder -carismático-, tienda a eternizarse en el poder, auto-endiosándose, en vez de adoptar conductas de liderazgo racional-legal -como Mandela lo hizo en Sudáfrica-, para ir proveyendo de instrumentos de cambio y avance en los diferentes estratos y sectores de la sociedad boliviana.

Las movilizaciones populares en América Latina, frente al avance del neoliberalismo basado en la “globalización” capitalista, fueron importantes, pero desorganizadas y carentes de un liderazgo con una teoría política que les permitiera lograr objetivos concretos. El neoliberalismo, “mutante” para encontrar resquicios donde mantenerse vigente, continúa, mientras que la izquierda sólo logra objetivos clientelares de corte populista 1467, pero ninguna transformación substantiva.

Países como Brasil, liderados por actores como “Lula” Da Silva y Dilma Rousseff, cuya idea ha sido tratar de insertar al país en un contexto mundial crecientemente complejo y dinámico, en el que las políticas sociales no pueden oponerse a las necesidades y aspiraciones de desarrollo económico-comercial-financiero y de los sectores que manejan la inversión, así lo han comprendido. No obstante su actitud más prudente y flexible, este país tiene muchos problemas que resolver y una situación de declive en relación con los niveles alcanzados, y el grave conflicto generado por la corrupción que puso en manos de la derecha de Michel Temer el Gobierno y los destinos del país.

Los Gobiernos latinoamericanos, están demasiado acostumbrados a vivir de las ventajas que otorga la exportación de commodities en momentos en que el precio internacional es creciente, pero las ganancias, en vez de invertirlas en industrialización, educación, investigación científica y tecnológica, autoabastecimiento de alimentos, las dilapidan, favorecen o no controlan la fuga de capitales, son corruptos o favorecen la corrupción, de manera tal que cuando los precios están en baja, entran en un nuevo ciclo de crisis sin haber alcanzado prácticamente nada de lo que el discurso prometía.

En Colombia se quiere derrotar los TLC’s, hacer la reforma agraria democrática, impulsar un reordenamiento territorial descentralizado, derrotar las políticas neoliberales privatizadoras en educación, salud y servicios públicos y demás reivindicaciones populares, pero no hay un plan y una estrategia concretos. No basta ser Gobierno, ya que se puede tener el poder, pero sin proyecto concreto, que sea realista y que pueda concretarse en un contexto dinámico, como lo es el mundo globalizado del siglo XXI, las posibilidades de continuar son prácticamente nulas. Se pierde mucho tiempo y esfuerzo político para no alcanzar los objetivos, desgastándose frente a la sociedad que apoya y que tiene esperanza de salir de una vez por todas.

La historia de la izquierda populista en América Latina, es así hasta la actualidad. Como decía Albert Einstein: pretender que se den cambios, insistiendo en el mismo camino y método, es un absurdo.

Para comenzar a avanzar en la dirección correcta, habría que buscar convergencias y tratar de sumar a las fuerzas políticas y sociales que con toda claridad y transparencia les interese un proyecto de cambio, que incluya lo social. Empresarios cansados de la corrupción, liberales socialdemócratas que no ven en el neoliberalismo una salida, profesionales de todas las áreas que sufren la precariedad de los empleos y el monopolio de los contratos, científicos e intelectuales inconformes con la mediocridad de los gobernantes y que tengan voluntad de contribuir a diseñar un proyecto, en vez de generar “teorías a pedido” para lograr presupuesto para sus planes y prestigio, etc. Armar un proyecto realista y de convergencia, requiere de paciencia, prudencia y realismo. Pensar en el mediano-largo plazo y saber negociar diferenciando lo principal -que es lo que substantiva y estructuralmente se busca- de lo accesorio.

Por último, pero no menos importante, tener en consideración que en la propia sociedad, en el propio país -no sólo en el exterior- habrá sectores y/o fuerzas que tengan una visión diferente e incluso opuesta, que buscarán frenar todo avance que se interponga en sus objetivos, a la vez que encontrar la forma de instalar los propios. Hacer política es entender esto.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Paz o Pax” en América Latina: Conflicto en Colombia, (Córdoba, Edic. del Autor, 2017), ISBN: 978-987-33-2238-9, eBook, CDD 327.1


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET) 1988-2013.
e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


1432 En el contexto de esta parte de la pregunta, habría que establecer si la guerrilla entra o no dentro del concepto de “derecho a la rebelión” y en qué medida, para el caso de que una parte significativa de la sociedad la considere representativa. Por lo que algunos sectores expresan, particularmente los indígenas, no se sienten representados, lo que no obsta para que ellos también expresen sus quejas y demandas al Gobierno, así como grupos de campesinos y de desplazados. El tema del “derecho a la rebelión” lo trato en específico, más arriba en este libro, en la Parte II.

1433 Gaitán, Ulises, Paz, ¿Cuál?, en ELN, Voces de Colombia, 24-2-2014, https://www.eln-voces.com/index.php/es/voces-del-eln/militancia/821-Paz-cual.

1434 “El desarme de las FARC será un largo proceso”: Andrés París en entrevista para la AFP, en Anncol, Agencia Noticias Nueva Colombia, 26-8-2014, http://anncol.eu/index.php/colombia/proceso-de-Paz-en-colombia/7749-el-desarme-de-las-FARC-sera-un-largo-proceso-andres-paris-en-entrevista-para-la-afp.

1435 “En La Habana no vamos a llegar a la Paz”: Alto Comisionado para la Paz, en Diario El Espectador, Bogotá, 16-11-2014, http://www.elespectador.com/noticias/Paz/habana-no-vamos-llegar-Paz-alto-comisionado-Paz-articulo-527944.

1436 FARC dicen estar listas para iniciar discusión sobre entrega de armas, en Diario El Espectador, Bogotá, 17-9-2015, http://www.elespectador.com/noticias/paz/FARC-dicen-estar-listas-iniciar-discusion-sobre-entrega-articulo-586816.

1437 Ortega Poveda, Pablo Alberto, Investigador de CERAC, ¿Cómo desescalar el conflicto para la construcción de Paz?, en Diario El Espectador, Bogotá, 4-3-2015, http://www.elespectador.com/noticias/Paz/desescalar-el-conflicto-construccion-de-Paz-articulo-547558.

1438 Dallanegra Pedraza, Luis, Relaciones Políticas entre Estados Unidos y América Latina: ¿Predominio “monroista” o Unidad Americana?, (Buenos Aires, Edic. del Autor, 1994), ISBN 950-43-5524-2, Caps. XXVII, XXVIII, XXIX.

1439 En base a información del Artículo: La propuesta de Rodrigo Guerrero, alcalde de Cali: ‘Un FOREC para el postconflicto’, en Diario El Espectador, Bogotá, 26-8-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/un-forec-el-postconflicto-articulo-513021.

1440 Duque Giraldo, Horacio, Colombia: Paz, entre el acelerador presidencial y la cautela guerrillera, en Kaosenlared.net, 2-9-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina-sp-1870577476/al/colombia/95168-colombia-Paz,-entre-el-acelerador-presidencial-y-la-cautela-guerrillera.

1441 García Segura, Hugo, Reflexiones en la Cumbre de Alcaldes: El postconflicto visto desde las regiones, en Diario El Espectador, Bogotá, 8-11-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/el-postconflicto-visto-regiones-articulo-526576.

1442 Comisionado de Paz pide a empresarios aportar más en postconflicto, Diario El Espectador, Bogotá, 22-4-2015, http://www.elespectador.com/noticias/Paz/comisionado-de-Paz-pide-empresarios-aportar-mas-posconf-articulo-556479.

1443 Información de Muñoz Cepeda, Jorge, El costo del postconflicto para los colombianos, en Diario El Espectador, Bogotá 20-5-2016, http://www.elespectador.com/noticias/paz/el-costo-del-posconflicto-los-colombianos-articulo-633367. También, http://loqueimporta.co/el-precio/.

1444 Vargas Reina, Jénniffer, (Investigadora Asociada del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria), Tierra y Paz: inclusión social para una Paz sostenible, en Diario El Espectador, Bogotá, 25-5-2016, http://colombia2020.elespectador.com/economia/tierra-y-paz-inclusion-social-para-una-paz-sostenible.

1445 Postconflicto en Colombia costaría US$ 31.000 millones, en Diario El Espectador, Bogotá, 22-9-2016, http://www.elespectador.com/noticias/paz/posconflicto-colombia-costaria-us-31000-millones-articulo-656200.

1446 Este tema lo he tratado más arriba en el Capítulo XXXIII.

1447 Wallace, Arturo, Colombia: Juan Manuel Santos pierde la mayoría en el Senado, en BBC Mundo en Español, 10-3-2014, http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140309_uribe_gana_y_pierde_elecciones_legislativas_aw.shtml. También, Uribe, el gran ganador de las elecciones, en Diario El Espectador, Bogotá, 9-3-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/uribe-el-gran-ganador-de-elecciones-articulo-479676. Igualmente, Los claroscuros de la izquierda, en Diario El Espectador, Bogotá, 9-3-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/los-claroscuros-de-izquierda-articulo-479734. Asimismo, Pinzón Sánchez, Alberto, Reflexión de las elecciones: “Lucha de masas y nada de aventuras”: Alberto Pinzón, en Anncol, Agencia Noticias Nueva Colombia, 10-3-2014, http://anncol.eu/index.php/opinion/2012-09-09-22-19-25/6265-reflexion-de-las-elecciones-lucha-de-masas-y-nada-de-aventuras-alberto-pinzon.

1448 Muñoz de Gaviria, Ana Milena, Reflexiones postelectorales, en Diario El Espectador, Bogotá, 13-3-2014, http://www.elespectador.com/opinion/reflexiones-postelectorales-columna-480493.

1449 “En Colombia no es posible y viable la vía electoral”, Necesitamos Claridad, en Anncol, Agencia Noticias Nueva Colombia, 11-3-2014, http://anncol.eu/index.php/anncol/editorial-anncol/6280-necesitamos-claridad-editorial-anncol.

1450 El tema de la “inmunidad” requiere de un gran debate, no sólo en Colombia, sino en toda América Latina, ya que se utiliza para la “impunidad”. Habría que deslindar el tema de la inmunidad para los actos y las decisiones que se toman en uso de la función, de la inmunidad para liberarse de los actos de corrupción o delictivos, la que debería perderse automáticamente, en la medida en que estos queden evidenciados. Por otra parte, aquellos que se encuentren con situaciones judiciales en curso, hasta que no hayan sido aclaradas, aún cuando no medie sentencia, deberían quedar fuera de la contienda electoral -provisional o definitivamente-, para evitar que la “inmunidad” que el cargo otorga, le proteja falsamente de su condición de judicializado. De la misma manera en que se ha avanzada bastante en materia de derechos humanos -aunque no lo suficiente- debería avanzarse en materia de delitos de corrupción -en la que están implicados tanto la derecha como la izquierda-, llevándolos al rango de “lesa humanidad” e “imprescriptibilidad”.

1451 Wallace, Arturo, Colombia: Juan Manuel Santos pierde la mayoría en el Senado, en BBC Mundo en Español, 10-3-2014, http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140309_uribe_gana_y_pierde_elecciones_legislativas_aw.shtml. También, Uribe, el gran ganador de las elecciones, en Diario El Espectador, Bogotá, 9-3-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/uribe-el-gran-ganador-de-elecciones-articulo-479676. Igualmente, Los claroscuros de la izquierda, en Diario El Espectador, Bogotá, 9-3-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/los-claroscuros-de-izquierda-articulo-479734. Asimismo, Pinzón Sánchez, Alberto, Reflexión de las elecciones: “Lucha de masas y nada de aventuras”: Alberto Pinzón, en Anncol, Agencia Noticias Nueva Colombia, 10-3-2014, http://anncol.eu/index.php/opinion/2012-09-09-22-19-25/6265-reflexion-de-las-elecciones-lucha-de-masas-y-nada-de-aventuras-alberto-pinzon.

1452 Pierde la democracia: Carlos Lozano, ex candidato por la UP al Senado, en Anncol, Agencia Noticias Nueva Colombia, 13-3-2014, http://anncol.eu/index.php/anncol-debate/6301-pierde-la-democracia-carlos-lozano-candidato-por-la-up-al-senado.

1453 Al estilo de la Venezuela de Chávez y Maduro y la Argentina de los Kirchner.

1454 Forero Tascón, Alvaro, La verdadera batalla electoral, en Diario El Espectador, Bogotá, 25-5-2014, http://www.elespectador.com/opinion/verdadera-batalla-electoral-columna-494465.

1455 En base a Fajardo, Luis, Las cinco cosas que cambian con la elección del domingo en Colombia, en BBC Mundo en español, 26-5-2014, http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/05/140526_colombia_elecciones_analisis_lf.shtml.

1456 En base a Duque Giraldo, Horacio, Colombia: Paz se quedó sin Consenso, en Kaosenlared.net, 28-5-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/88712-colombia-Paz-se-quedó-sin-consenso.html.

1457 En base a Aznárez, Carlos, Colombia: ¿De qué Paz se está hablando?, Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo, reproducido en Kaosenlared.net, 1-6-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/88983-colombia-¿de-qué-Paz-se-está-hablando?html.

1458 Santos ganó segunda vuelta en Colombia, en Kaosenlared.net, 15-6-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/90137-santos-ganó-segunda-vuelta-en-colombia.html.

1459 Nuevo Congreso de la República: Eliminar la reelección y quitar facultades al Procurador, primeros proyectos polémicos en nuevo Congreso, en Diario El Espectador, Bogotá, 21-7-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/eliminar-reeleccion-y-quitar-facultades-al-procurador-p-articulo-505615.

1460 El que fuera Presidente de Argentina Carlos S. Menem, en la campaña por su segundo mandato en 1995 utilizó el lema “ha llegado la hora social”, para ganar las elecciones, y la mayoría, totalmente ingenua, decidió votarlo, sin considerar que al haber tenido un primer mandato neoliberal en los hechos, difícilmente adoptaría políticas desde el Estado, sino que dejaría -como efectivamente lo hizo- todo en manos del mercado.

1461 Con información del Artículo, Un mandato para la Paz, en Diario El Espectador, Bogotá, 15-6-2014, http://www.elespectador.com/noticias/politica/un-mandato-Paz-articulo-498570.

1462 En base a Duque Giraldo, Horacio, Colombia: Santos II, en Kaosenlared.net, 15-6-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/90121-colombia-santos-ii.html.

1463 En base a Dorado, Fernando, Colombia: Elecciones de junio 15: Triunfo parcial de Santos, derrota relativa de Uribe y avance del movimiento democrático, en Kaosenlared.net, 20-6-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/90487-colombia-elecciones-de-junio-15-triunfo-parcial-de-santos-derrota-relativa-de-uribe-y-avance-del-movimiento-democrático.html.

1464 En base a la lectura del artículo de Dorado, Fernando, Colombia: Paciencia estratégica, en Kaosenlared.net, 7-12-2014, http://www.kaosenlared.net/america-latina-sp-1870577476/al/colombia/101733-colombia-paciencia-estratégica, que va en una dirección opuesta al razonamiento que desarrollo.

1465 Este es un concepto desarrollado en el siglo IV a.C. por Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989); también abordado por Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, (Buenos Aires, Marymar, 1974).

1466 Max Weber, Economía y Sociedad, (México, FCE, 1964), Segunda Edición.

1467 El “chavismo” en Venezuela -más allá de haberse presentado como “alternativa” frente a los partidos tradicionales oligárquicos (Acción Democrática y COPEI), en estado de descomposición y corrupción-; el “kirchnerismo” en Argentina, son modelos de esto.