Tapa Conflicto en Colombia

 

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Capítulo X

Marco Teórico

Derecho a la Rebelión

La Resistencia como Algo Natural

La resistencia se encuentra presente en todo sistema y no se trata de algo bueno o algo malo, sino simplemente de algo que forma parte de la naturaleza de las relaciones. Nadie es indiferente a la insatisfacción o a la opresión; a la vez que todos aspiran a cambiar su status con el objetivo de mejorar su posición, en la medida de lo posible.

El tema de la “resistencia” es bastante poco analizado y mal considerado. Las acciones “impositivas” 304 no se dan de manera terminante. Siempre hay una resistencia a toda imposición, en cualquier orden de la vida 305. Esta resistencia es velada o abierta, débil o fuerte, aislada o en forma de alianzas, acompañada de demandas concretas o no; pero siempre está presente, toda vez que algún actor o conjunto de actores desea impedir que otros saquen ventajas o les quiten ventajas.

La “resistencia” forma parte de las características del funcionamiento de todo sistema, de la misma forma que la búsqueda de dominación.

Si la resistencia supera el marco previsible 306, entonces estamos frente a un proceso de polarización” del sistema; ya deja de ser una “resistencia” y uno de los polos terminará superando al otro si no se puede mantener el “equilibrio”.

Lo que hace que un régimen 307 se sostenga, que sea “aceptable” o “irresistible”, es a través de su “discurso” 308. Ese discurso tiene que ver con el régimen de la “verdad” que impera en la sociedad: los tipos de discurso que acoge y que hace funcionar como verdaderos y falsos, el modo como se sancionan unos y otros, las técnicas y procedimientos que están valorizados para la obtención de la verdad, el estatuto de quiénes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero 309.

La Resistencia como Forma de Encontrar un Equilibrio más Justo

Una forma de “resistencia”, es la de los países miembros de la OPEP -de abajo hacia arriba- al manejo de los precios por parte de las grandes empresas petroleras y el mundo industrializado, como instrumento de generación de cambios, para romper el statu quo y obtener justicia. Otra es la del mundo industrializado -de arriba hacia abajo- frente al impacto producido por la OPEP, como forma de evitar cambios y mantener el statu quo. La de la banca privada transnacional, frente a los deudores, por temor a la quiebra. La de los pueblos oprimidos por la dictadura nazi o fascista alemana o italiana; la de la India de Mahatma Gandhi y Nehru frente al colonialismo británico, a la vez que los pueblos africanos frente al colonialismo europeo; la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos dada por los negros, liderados por Martin Luther King; o la de la Sudáfrica de Nelson Rolihlahla Mandela contra el apartheid y para alcanzar un Gobierno de los negros. En Sudáfrica, Mandela se opuso a los sectores extremistas de su partido que querían exterminar a la “minoría blanca”. Pero, así mismo, derrotó a quienes en la lucha por acabar con el apartheid, renunciaban a la conquista de una democracia plena, como primer paso hacia lograr la equidad social y económica para su pueblo. Así unificó a todos, negros y blancos, superando la segregación racial y un conflicto de larga data. La de las nacionalidades frente al yugo soviético; etc. Hay gran variedad de ejemplos, actuales o históricos y de la más diversa vertiente, incluyendo a pueblos pequeños y/o débiles o a países poderosos frente a la actitud aliada de débiles, como el caso del mundo industrializado y los países de la OPEP 310.

Una larga tradición de científicos políticos, ha dicho que el problema no es por qué se rebela la gente, sino por qué no lo hace.

Todo sistema tiene tendencia a crear “anticuerpos” en la medida en que se generan demandas insatisfechas o, a la inversa, en la medida en que se van dando procesos de opresión que van forjando insatisfacciones. El punto de equilibrio entre las demandas y la satisfacción o represión de las mismas, es lo que constituye el “orden”. Esto no significa que vaya acompañado de justicia. Sólo es garantía que el sistema mantiene el equilibrio y la “gobernabilidad”.

La gran dificultad consiste en calificar a la resistencia, de forma tal que entre dentro de los procesos considerados como “válidos” 311. En general la tendencia de los sectores dominantes en un sistema es a deslegitimar las conductas de resistencia, tratando de invalidarlas y de legitimar la represión en aras de mantener un statu quo que los satisface, pero no a todos los miembros del sistema. La ideología 312 es el principal factor calificador de lo que está bien o no para la sociedad.

En la Constitución colombiana, el derecho de resistencia no aparece escrito. Sin embargo, el artículo 94 de la Constitución de 1991 advierte que la enunciación de los derechos contenidos en el texto constitucional y en los instrumentos jurídicos internacionales vigentes “no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”. Por lo tanto el derecho a resistir no es un derecho negado por el hecho de no estar escrito. Se trata de un derecho no enunciado o innominado 313.

Generación de Anticuerpos

A cada “acción”, en todo sistema se da una “reacción”, sólo parametrable por factores culturales que, cuando dejan de funcionar, procede la anarquía y la fuerza. De la misma manera que en biología, la protección del cuerpo -sistema biológico- se da mediante la generación de “anticuerpos”, en toda sociedad -sistema social-, ocurre lo mismo.

Los sistemas, en general, son desiguales, porque algunos de sus miembros tienen ventajas que les permite estar por sobre el resto, o las utilizan para profundizar esas ventajas por sobre el resto 314. Desde el punto de vista “hobbesiano” no hay sistema perfecto si no funcionan de manera eficiente los “controles”.

Frente a la tendencia globalizadora y neoliberal, y el debilitamiento y desarticulación del Estado-Nación, por el avance de la tecnología y la acción transnacional, crece, aunque todavía de manera desarticulada, la resistencia social. Las resistencias ya no son marginales, sino que actúan en el centro de un sistema que se va abriendo en redes y se va expresando a partir de diferentes sectores, según las problemáticas que se plantean.

El hecho de hablar de resistencia, no necesariamente significa hablar de “izquierda” en el sentido ideológico, aunque toda resistencia esté a la izquierda del proceso dominante; sino de demanda insatisfecha y reclamo por justicia. No obstante las luchas aparezcan como antisistémicas, no se realizan meramente contra el sistema imperial o la mundialización o globalización. No son simples fuerzas negativas. También expresan, alimentan y desarrollan positivamente sus propios proyectos o perspectivas. Todo nuevo sistema tiene nuevas formas de resistencia.

Sólo cuando la resistencia provoca una “crisis” en el sistema, es que sobreviene un cambio substantivo. La crisis, es el punto de inflexión entre una etapa o modelo que se agota o termina, por diversas circunstancias, y el inicio de una nueva etapa o modelo, cualquiera sea la ideología que lo controle. Sólo así hay cambio. De otra forma, sólo hay malestar y destrucción dentro del modelo, pero no hay crisis.

De acuerdo con el pensamiento de Spinoza, si sólo cortamos la cabeza tiránica del cuerpo social, nos quedaremos con el cuerpo deforme de la sociedad. Lo que necesitamos es crear otro cuerpo social, lo que es un proyecto que va mucho más allá del rechazo y la resistencia 315.

La Resistencia como Delito

El derecho de resistencia deviene en delito de rebelión que, como parte de la resistencia, se criminaliza. Los Estados desconocieron el primigenio derecho a la resistencia y a la rebelión, consignando en sus códigos penales lo que hoy se conoce como delito político que es el mismo derecho a la resistencia. Es decir, por voluntad de los Estados -los Gobiernos que los manejan en su turno-, se convirtió el ejercicio de un derecho en una conducta delictiva.

Al llevarse a cabo el análisis del delito político, debe hacérselo dentro de un sistema democrático real y no dentro de un sistema democrático formal, como es el caso de la mayoría de los países latinoamericanos, donde no existe el principio de separación de las ramas del poder público -República-, que garanticen un control armónico entre las mismas; donde las libertades -no sólo de expresión, prensa, etc., sino también las de trabajo y bienestar social- son una formalidad; donde no existe una verdadera soberanía popular, siendo objeto y no sujeto de Estado, o sea, el pueblo al servicio del Estado y donde los Derechos Humanos están relativizados. En las democracias formales, hay un simulacro de respeto por lo social, cuando en realidad se avasallan los derechos elementales de las poblaciones en beneficio de los grupos que buscan el enriquecimiento y la rentabilidad. En las democracias reales, donde existe la alternancia, formas de participación y de reclamo, resulta difícil que se den delitos políticos.

La lucha por los Derechos Humanos no puede considerarse como un delito, mucho más aún, cuando Estados como Estados Unidos, invaden países -como por ejemplo, lo fue el caso de la invasión a Kosovo en la ex Yugoslavia- con el argumento de que lo hacen para defender los Derechos Humanos de los habitantes, que no están garantizados por el Gobierno.

En los Estados socialistas no es aceptado el delito político, por considerarse al sistema socialista como el más avanzado en sus relaciones económicas, políticas y sociales. Toda reacción en este caso es calificada de delitos contrarrevolucionarios y no políticos.

“Demonización” de la Resistencia

La “verdad” está caracterizada por cinco rasgos históricamente importantes 316:

1) La verdad está centrada sobre la forma del discurso científico, su vigencia y su respeto -o pseudocientífico y justificador de la ideología dominante-, y sobre las instituciones que lo producen.

En lo países de la periferia 317 el desarrollo científico es muy pobre y se le da poca o nula importancia 318. En la mayoría de los casos, las Relaciones Internacionales han sido monopolizadas por: los miembros de las fuerzas armadas, que las han reducido a una mera interpretación geopolítica -o pseudo-geopolítica- particularizada en, lo que fue en su momento, el conflicto Este-Oeste; en las hipótesis de conflicto con países vecinos; el problema calificado como “terrorismo”; por los abogados, que han reducido a la Política Internacional a un Marco Jurídico encerrado en el Derecho Internacional vigente; por los periodistas que la han reducido a las noticias “espectaculares” especialmente de carácter bélico, centrando sus análisis (?) en la información de coyuntura. Ahora los economistas reducen las Relaciones Internacionales a conceptos de mercado.

El grado de ideologización -o anti-ideologización deberíamos decir- ha hecho que esta ciencia estuviera vedada o limitada en cuanto a su desarrollo científico, por parte de personas que pudieran poner en tela de juicio las interpretaciones del “establishment”.

De esta manera, las Relaciones Internacionales, así como la Ciencia Política y otras ciencias sociales como la Sociología por ejemplo, no tuvieron desarrollo científico en los países periféricos, por temor, por parte de la élites dirigentes, a que se pudiera escapar el control de sus manos y se desarrollaran pautas “subversivas” del orden que ellas controlan, o creen controlar ya que su existencia -la de las élites dirigentes- y permanencia, no se debe a razones autónomas, sino a que fueron puestas o autorizadas a instalarse y apoyadas por la potencia hegemónica o los factores de poder imperantes en el país, más allá de las metodologías formales a través de las que hayan accedido al Gobierno.

Como corolario de esto, el conocimiento de los hechos, procesos y fenómenos internacionales globales y la problemática externa de los países periféricos, son conocidos según procesos científicos -modelos- llevados a cabo en algunos países desarrollados; hecho que no invalida la calidad de la ciencia, pero si la limitación en cuanto a la interpretación -desde el “poder” o desde el “Norte”- de los fenómenos que ocurren en la periferia -el “no” poder-, las causas y su posible solución.

Manteniendo el control del conocimiento, se puede mantener el control de los países periféricos. Esa es la verdadera dependencia, mucho más importante aún, que la dependencia material 319. Y hay élites funcionales a este tipo de subordinación en los países dependientes; no sólo élite política sino también académica. Se trata de aquellos que “adoptan” sin “adaptar” el pensamiento del dominante.

Control del conocimiento y élites funcionales a ese fenómeno, son requisitos sine-qua-non para la dependencia y subordinación.

También es corolario de este punto, el hecho de que los “intelectuales” no son deseables -sí los pseudointelectuales- en sociedades como estas.

Cuando menciono a los intelectuales, no hablo de intelectuales “antisociales”, que usan su conocimiento contra la posibilidad de desarrollo y la movilidad social ya que estos son tan nefastos, como la dirigencia que impide que haya un desarrollo científico en la sociedad.

El intelectual, además de analizar y ser crítico con la sociedad, tiene un compromiso ético directo de involucrarse personalmente con los problemas de su tiempo. Es un “faro” en la sociedad.

Con las grandes transformaciones mundiales, América Latina vive desafíos nuevos y complejos, que demandan la creatividad política, y que un pensamiento crítico, analice, discuta y proponga. Esto supone la movilización de los intelectuales.

2) Está sometida a una constante incitación económica y política. En otros términos, se necesita de la verdad tanto para el modelo económico como para el poder político, que en los países periféricos está vinculada a un esquema de dependencia económica y a una concepción política que la favorece, en cuanto a su implementación y en cuanto a la presión necesaria como para que nada ni nadie se oponga a este esquema.

3) Es objeto, bajo diversas formas, de una inmensa difusión o de información cuya extensión es relativamente amplia en el cuerpo social, a pesar de algunas limitaciones estrictas.

Esta información, sigue los lineamientos indicados en los puntos anteriores, de manera tal de lograr, mediante su difusión, una conciencia “totalizadora” de la sociedad, como para que no haya posibilidad de que la concepción vigente tenga flancos débiles.

La forma en que los medios de comunicación masiva han evolucionado, hasta tal punto que se puede unir al planeta mediante una red de información, mostrando una verdad, la que -Gobiernos, grupos de poder o corporaciones- desean instalar.

También están emergiendo redes, como internet que podrían dar mayor independencia al manejo de la información por parte de las personas. Esto haría más transparente al flujo de la información y menos dependiente de la voluntad -cualquiera que sea- de los Gobiernos 320.

4) Es producida y transmitida bajo el control, no exclusivo pero dominante, de algunos aparatos políticos y económicos.

No creo necesario tener que explicar el significado de lo dicho en este punto. Cabe tanto para la verdad planteada por una y otra cabeza de bloque en la pugna ideológica Este-Oeste durante el sistema bipolar, como para las concepciones económicas o los intereses de Estados, corporaciones multinacionales y transnacionales en un sistema multipolar; o para embarcar al planeta en la lucha contra el terrorismo como eje central de las relaciones mundiales, como lo ha planteado el Gobierno norteamericano luego del 11 de septiembre del 2001; por dar algunos ejemplos.

5) Por último, es la apuesta de todo un debate político y de todo un enfrentamiento social: las luchas ideológicas.

En la mayoría de los casos, las sociedades periféricas viven bajo tal grado de represión, que el debate político -no hablemos de un debate ideológico ya que sería un gran logro- es prácticamente imposible y seguramente considerado como un hecho subversivo.

En realidad, los problemas políticos de los intelectuales, especialmente en las sociedades periféricas, no son problemas que deban considerarse en términos de ciencia/ideología, sino en términos de verdad/poder.

El problema principal, entonces, para sacar a los países dependientes del estado en que se encuentran es, además de tomar conciencia de que se es dependiente, establecer las bases de cómo cambiar el régimen de producción de verdad” haciéndolo operar en beneficio de una ruptura de la dependencia. Esto significaría desligar al régimen de verdad, de la hegemonía social, económica-financiera, cultural, política, en el interior de los cuales funciona en beneficio de los grupos que lo controlan -en vez de la sociedad-, que son, a su vez, controlados por los hegemones y los factores de poder 321. Esto implica, no sólo un proceso de “deconstrucción” del régimen de verdad dominante, sino también la construcción de uno nuevo en su reemplazo. Esto debe ir acompañado de la “construcción de poder”, que permita aplicar y sostener al nuevo régimen de verdad 322.

¿La Izquierda Otorga a la Oposición el mismo Derecho a la Rebelión?

La demonización de la resistencia no es patrimonio de la derecha, la izquierda también opera de la misma manera, frente a quienes se oponen a sus políticas.

Cada sector se maneja en función de una ideología y también en función de los intereses sectoriales; en la medida en que no esté dispuesto a negociar ciertas condiciones de convivencia, será sujeto a actividad desestabilizadora por parte de la oposición.

Por ejemplo, el caso de Venezuela con un Gobierno de izquierda socialista, frente a una oposición con modelo neoliberal. Con demandas diferentes, las revueltas de estudiantes venezolanos, brasileños, ancianos nicaragüenses o indígenas bolivianos, tienen el denominador común de haber surgido, sin banderas partidarias claras, complicando a Gobiernos de partidos de izquierda.

La manera como ha reaccionado la izquierda en el poder frente a las protestas, unas veces con repudio y otras con desconcierto, refleja la dificultad para admitir que la movilización popular también puede ser usada en su contra. Las izquierdas consideran que la calle les pertenece, que las demandas que se hacen desde la calle son demandas hacia el poder y ese poder generalmente es “reaccionario”, “de derecha” o “fascista”. Frente a las protestas sociales, las reprimen, hablan en contra y adoptan un vocabulario similar al usado por la derecha.

Los distintos presidentes latinoamericanos, han actuado de forma disímil frente a las exigencias callejeras. La Presidenta brasileña Dilma Rousseff, pidió “escuchar las calles” y responder a los reclamos. En la Nicaragua presidida por el sandinista Daniel Ortega, causó irritación en el 2013 el desalojo a la fuerza de ancianos que reclamaban por pensiones. En Bolivia, con Evo Morales, primer Presidente indígena del país, hubo choques de policías con indígenas opuestos a la construcción de una carretera. Argentina tuvo protestas callejeras convocadas mediante redes sociales contra el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El Presidente venezolano, Nicolás Maduro, afirmó que en su país había un plan de golpe de Estado de corte fascista detrás de las protestas, que fueron iniciadas por estudiantes y luego ganaron apoyo social y político.

Heinz Dieterich, un sociólogo alemán, autor del concepto de “socialismo del siglo XXI” utilizado por Hugo Chávez, sostuvo que Maduro “se equivoca totalmente en no presentar un proyecto estructural de solución de los problemas”. Los Gobiernos están encapsulados en sus propias estructuras y los canales de comunicación con las necesidades populares funcionan en un solo sentido: desde arriba hacia abajo. No tienen sensores para lo que quieren los movimientos sociales y los ciudadanos. Esto obliga a los ciudadanos a llevar la protesta a la calle o asumir formas de disidencia más fuertes.

Algunos atribuyen el descontento social en países de la región gobernados por la izquierda, al deseo de muchos de conseguir nuevas mejoras tras años de programas sociales que, por ejemplo en Brasil, sacaron a millones de la pobreza. Pero la situación económica se ha complicado en varios de estos países, con menor crecimiento y recursos fiscales limitados, con el agravante de que, históricamente, dependen del precio de las materias primas en el mercado mundial, que cuando está en alza los favorece, pero cuando bajan, generan situaciones de crisis, sin que hayan establecido políticas de largo plazo en educación, ciencia y técnica, industrialización, generación de un área agrícola que permita generar alimentos de forma autosustentable, etc.

Las manifestaciones, también deben observarse desde las expectativas de cambios que la izquierda generó durante años pero que han quedado truncas 323.



© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Paz o Pax” en América Latina: Conflicto en Colombia, (Córdoba, Edic. del Autor, 2017), ISBN: 978-987-33-2238-9, eBook, CDD 327.1


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET) 1988-2013.
e-Mail: luisdallanegra@gmail.com


304 En el sentido de “imposición autoritaria”.

305 Foucault, Michel, Un Diálogo Sobre el Poder, (Buenos Aires, Alianza, 1981), pág. 82.

306 Parámetros dentro de los que el sistema considera aceptable cualquier conducta que lo pueda afectar.

307 Entendido como forma en que se maneja o se gobierna el sistema.

308 Foucault, Michel, Un Diálogo..., op. cit., pág. 137.

309 Foucault, Michel, Un Diálogo..., op. cit., págs. 143 y 145.

310 El tema de la resistencia lo he trabajado en, Dallanegra Pedraza, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998), ISBN: 987-96035-0-8, pág. 34. También en, Dallanegra Pedraza, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), ISBN: 987-43-2776-6, págs. 65-66. Igualmente en, Dallanegra Pedraza, Luis, Reformulación del Orden Mundial: El Fin de una Macro-Etapa, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2003), ISBN: 987-43-6266-9, Cap. I.

311 En algunos casos, la validez está establecida en la Constitución Nacional, no obstante ello, las interpretaciones a posteriori que hacen los Gobiernos, pueden considerar como no válidas las formas de protesta, como huelgas, paros, etc., aunque estén contempladas en la Constitución como derechos: v.gr.: Constitución de Colombia de 1991, Título II, Cap. I y Cap. II; Constitución Nacional Argentina, Art. 14 bis. En los casos de la resistencia a Gobiernos que no satisfacen los Derechos Humanos desde diversas perspectivas, como la social, laboral, libertad de expresión, de prensa, incluso el derecho a la vida, resulta un poco complejo establecer una calificación. Sin embargo, en la gran mayoría de los países, aun con Gobiernos denominados “democráticos” porque ha habido al menos elecciones, este tipo de problemáticas se dan y con muchísima frecuencia.

312 En términos de “régimen de verdad” de Foucault.

313 Título I, El Delito Político en Colombia, Capítulo I, Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor, Derechos Human Rights, 2-12-2002, http://www.derechos.org/nizkor/colombia/libros/dih/cap1.html#a.

314 En los términos de Freud, Sigmund, El Malestar en la Cultura, 1929, en Obras Completas, (Barcelona, Edit. Orbis, 1988), Volumen XXI.

315 Ver: Spinoza, Baruch, “Ethics”, en The Collected Works of Spinoza, (Princeton, Princeton University Press, 1985), Vol. 1. También, Negri, Antonio, The Savage Anomaly, (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1991), Trad. Michael Hardt.

316 Foucault, Michel, Un Diálogo..., op. cit., pág. 143.

317 Del mundo subdesarrollado, en vías de desarrollo, Tercer Mundo.

318 Hablo siempre en términos de las ciencias sociales.

319 Cabe destacar, que la dependencia de países como los latinoamericanos, no es de carácter material, ya que se trata de una región que tiene recursos naturales estratégicos y no estratégicos, alimentarios y minerales, en la tierra y en el mar. No obstante, o están inexplotados o son explotados por otros Estados o subsidiarias de corporaciones transnacionales, con la aprobación y complicidad de los Gobiernos. De lo que sí carece la región, es de proyecto a largo plazo y de una élite pensante y dirigente, comprometida con un futuro mejor para la región y su población.

320 El caso de Wikileaks, fundado por Julian Assange, quien hizo públicos miles de documentos secretos. No obstante, su acción, que transparenta decisiones, es criminalizada a la vez que se intenta desautorizar su actividad, acusándolo de abuso sexual en Suecia. También el caso de los documentos filtrados por el ex-analista de inteligencia de Estados Unidos Edward Snowden, en el que se muestra la manera en que el Gobierno norteamericano, a través de su Agencia Nacional de Seguridad (NSA), puso en marcha operaciones de inteligencia y espionaje masivas alrededor del mundo, incluidos sus aliados. Los “Panama Papers” llevados a cabo por periodistas de diferentes partes del mundo operando en red, que muestran los fondos ocultos de los poderosos en paraísos fiscales.

321 Ver Foucault, Michel, Un Diálogo..., op. cit., págs. 145.

322 Sin construcción de poder -de manera solapada-, es imposible sostener cualquier nuevo régimen de verdad. Sólo como ejemplo, tener en cuenta la cantidad de Resoluciones adoptadas por la Asamblea General de la ONU, en las que los países periféricos, o del Tercer Mundo, han votado mayoritariamente, sobre temas tan importantes, como no intervención, autodeterminación, derechos de los pueblos, etc.; sin embargo, su implementación ha sido prácticamente nula debido a la falta de poder para sostener estos principios y aplicarlos efectivamente. El principio que logró mayor efectividad fue el de “descolonización”, pero la falta de preparación y capacidad de los pueblos descolonizados, los llevó a vínculos neocoloniales con las ex-potencias que los controlaban.

323 Lissardy, Gerardo, La ambivalencia de la izquierda de América Latina frente a las protestas, en BBC Mundo en Español, 24-2-2014, http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/02/140224_america_latina_protestas_izquierda_ch.shtml.